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Nº 124 JULIO-SEPTIEMBRE 2009 S U M A R I O

PANORAMA 3 UNA ALTERNATIVA A LA GEOMETRÍA VARIABLE MARIANO GONZÁLEZ 9 OBAMA Y LAWRENCE DE ARABIA: CAMINOS DE AUDACIA Y DE AMBIGÜEDAD ANTONIO R. RUBIO PLO

CON LUPA 14 LOS PRIMEROS CUATRO AÑOS DE BENEDICTO XVI ANTONIO FONTÁN

IDENTIDAD, GÉNERO E IDEOLOGÍA 26 LA IDENTIDAD PERSONAL Y SEXUAL. REFLEXIONES SOBRE UN DEBATE ACTUAL ÁNGELA APARISI MIRALLES 33 GÉNERO SIN IDEOLOGÍA ANA MARTA GONZÁLEZ

GENERACIONES INTERACTIVAS 49 NUEVAS TECNOLOGÍAS. NUEVOS RETOS EN LA PROTECCIÓN DE LA INFANCIA ARTURO CANALDA GONZÁLEZ 57 ¿CÓMO SON LAS GENERACIONES INTERACTIVAS? XAVIER BRINGUÉ SALA 64 DERECHO E INTERNET JORGE VILLARINO MARZO

PERSONAJES 69 KARL ROVE, EL «ARQUITECTO» DE GEORGE W. BUSH ANTONIO NÚÑEZ MARTÍN 84 WILHELM VON HUMBOLDT, PENSADOR UNIVERSAL, ESPÍRITU INDEPENDIENTE MARCOS SUÁREZ SIPMANN

CULTURA EN REALIDAD 91 SOROLLA Y MATISSE, DUELO DE VISIONES DE LUZ MEDITERRÁNEA JESÚS GARCÍA CALERO 107 LA VIDA SOÑADA POR LOS HOMBRES… Y POR EL CINE JULIO RODRÍGUEZ CHICO 117 LA MALDICIÓN DE LOS MALDITOS: ENTRE EL VOLCÁN Y EL HUMO ÁNGEL PEÑA 125 EL NUEVO MUSEO DE LA ACRÓPOLIS BEGOÑA CASTIELLA 133 LA IMAGEN DE TINTÍN EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL CARLOS D´ORS FÜHRER 139 EL PIANO A CUATRO MANOS JUAN ORTIZ DE MENDÍVIL 142 ORBIS TERTIUS MIGUEL HERRERO DE JÁUREGUI

LIBROS 144 MULTILATERAL NO RIMA CON MULTIPOLAR (AUNQUE LO PAREZCA) JAIME OTERO ROTH 151 MEMORIAS A MEDIAS CONCEPCIÓN ALONSO DEL REAL 158 EL ARTE EN EL PERIODO DE ENTREGUERRAS FEDERICO LÓPEZ TERRA 161 DEL ANGLICISMO AL CONCILIO VATICANO I JOSEP IGNASI SARANYANA 164 UN PUBLICISTA DE COMBATE ANTONIO SÁNCHEZ-GIJÓN


Una alternativa a la geometría variable M A R I A N O G O N Z Á L E Z P E R I O D I S TA

El curso político termina con tan mal sabor de boca como empezó. Estamos ante un continuo estéril, un distanciamiento entre los principales actores de la vida pública, con efectos paralizantes ante posibles iniciativas para beneficio de todos los ciudadanos, al margen de su ideología o de la comunidad autónoma a la que pertenezcan. El paradigma de esta dispersión de la autoridad y falta de coordinación entre poderes lo encarna la Unidad de Emergencias o grupo de intervención rápida en caso de catástrofes, que necesita ser previamente autorizada para actuar en determinadas zonas de España. Mejor que no haya incendios. Nos vamos acostumbrando al paisaje de lo que llaman los políticos geometría variable: socios distintos para cada ocasión. Claro que ese concepto se parece más a las pequeñas ferias de otros tiempo, en donde tratantes de ganado compraban a las diez un rocín que vendían a las doce, tras descubrir que flojeaba de remos. Así es posible atender intereses de parte y de partido, pero imposible remover obstáculos para el bienestar de millones de ciudadanos.

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ANTECEDENTES

Y sin embargo, no estamos condenados a tan torpe sistema. Antecedentes sobran. Desde las primeras elecciones democráticas (1977) hasta hoy, la correlación de fuerzas parlamentarias viene siendo muy parecida. Dos partidos políticos se hacen, una y otra vez, con más del 90% de los escaños del Congreso. En esas condiciones nació la Constitución, precedida de los Pactos de la Moncloa, la reforma de la Justicia y la configuración del Poder Judicial, la descentralización del Estado en las comunidades autónomas, la modernización del Ejército, quedó encarrilado definitivamente un marco jurídico de relaciones Iglesia-Estado, basadas en el respeto mutuo entre la esfera política y la espiritual, ingresó España en todos los organismos mundiales representativos —el de mayor repercusión social y económica, la Unión Europea— y, ya en 2002, se concertó no negociar jamás políticamente con ETA. ¿Acaso es ya imposible hallar círculos de confianza entre los dos partidos que polarizan el voto ciudadano? ¿Qué justifica la trifulca permanente entre esas dos plataformas de poder parlamentario? También ahora esos dos grupos suman el 92% de votos en la Cámara Baja. L A V O L U N TA D E L E C T O R A L

Nunca los mimbres fueron mejores para reemplazar esa subasta de la geometría variable y para diseñar espacios de encuentro entre los dos grandes protagonistas de la política, esos agentes que, a fin de cuentas, deciden todo lo importante. Primer dato. Hay dos partidos aglutinadores del 83,75% de los votos emitidos en las elecciones de 2008, en total 21,2 millones de votos, el 92% de los escaños en el Congreso. Otros dos grupos menores, pero también nacionales —IU y UPyD—, apañan juntos 1,2 millones de votantes, el 5% de los votos. La suma daría un 88,75% en porcentaje de voto y 22,4 millones de papeletas en manos de partidos ajenos a lo que Felipe González apellidó con precisión «nacionalismos excluyentes». Frente a ese gran bloque, los votantes estrictamente nacionalistas —incluidos los 164.255 de Coalición Canaria— se quedan en el exiguo 4

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porcentaje del 6,31% y 1,5 millones de votos. Conclusión: la voluntad electoral está inapelablemente inclinada hacia los partidos que, al menos teóricamente, defienden intereses generales, no específicamente regionalistas ni ideológicos. Al tiempo, las elecciones del pasado junio al Parlamento Europeo confirman la anterior tendencia: el 80,7% de los votos —87,2 incluyendo a IU y UPyD— se adscriben a partidos de ámbito nacional. Segundo. Como acaba de recordar el presidente de Nueva Revista1, todos los presidentes autonómicos, menos el canario, pertenecen a uno de los dos partidos nacionales. (El de Navarra se asimila a uno de ellos más que al otro). En consecuencia, los acuerdos entre partidos de ámbito nacional tendrían más posibilidades que nunca de ser negociados multilateralmente —también por las fuerzas gobernantes en las comunidades autónomas— y por lo tanto de ser aplicados bajo la batuta de una efectiva coordinación. Volviendo a los antecedentes, quien piense que la derecha y la izquierda vivieron días de vino y rosas en la crianza del Estado de Derecho se equivocan. Había oposición y se seguía gobernando en beneficio de todos. Así se garantizó, la libertad de enseñanza, con la incorporación de la iniciativa de particulares, se puso en marcha la televisión privada, la mayoría de empresas públicas fueron privatizadas, las nuevas comunidades autónomas recibieron financiación, con el suavizante de la solidaridad entre ellas, se universalizó la protección social y se dio estabilidad al sistema de pensiones, por ejemplo. Excelente balance. La política de los hechos, de la cooperación entre administraciones para dar soluciones es el gran reto del momento, en lugar de los enfrentamientos sobrevenidos por la memoria histórica, la naturaleza nacional de los territorios, el vaciamiento de instituciones como el matrimonio o la familia, la desprotección de la vida humana antes de nacer, o los suntuosos gastos en asesores, automóviles para altos cargos y apertura de embajadas y delegaciones autonómicas en el extranjero. VIENTOS DE CAMBIO

Dado que en ninguno de los apartados anteriores hubo ni habrá conformidad, dirijamos la mirada hacia algunos efluvios de cambio que se detectan en el panorama. La inauguración de la conexión de los trenes del JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Metro con los de Cercanías, en la madrileña Puerta del Sol, ha reclamado inusitada atención. Más de 50.000 personas la visitaron al día siguiente de ser inaugurada. Y ha servido para que el partido gobernante reconociera que una estación tan grandiosa fue ideada por otro Gobierno, el de 1996, y concluida por el actual Ese mismo Ejecutivo ha pactado con el nuevo presidente gallego —militante del partido adversario— inversiones para llevar el AVE a dicha comunidad en 2010. Por fin. Seopan, patrona de la construcción, ha ofrecido —y Moncloa lo ve con simpatía— aportar los dos tercios de una monumental inversión —30.000 millones de euros— para obras públicas si el Estado hace de avalista. En medio de la crisis aún sin control. Curiosamente, las tres acciones tienen como hilo conductor al nuevo Ministro de Fomento, José Blanco, el hasta hace sólo unos meses azote oficial del socialismo gobernante contra la derecha. Blanco se ha entendido con Esperanza Aguirre, firme continuadora en los últimos años del estilo desacomplejado del aznarismo; con Alberto Núñez Feijoó, el discreto y templado amigo de Mariano Rajoy, que ha puesto sentido común en las relaciones de Galicia con la nación española y acepta la mano tendida por las empresas privadas para acometer las infraestructuras necesarias para reactivar la economía. E S PA C I O S D E C O N F I A N Z A

Son tres ejemplos, todo lo aislados que se quiera, incluso no exentos de segundas intenciones (el PSOE corteja Madrid) pero significan la creación de espacios de entendimiento entre los opuestos. Tal vez, la alternativa a la búsqueda de aliados para mantenerse en el poder, por el enervante método de la geometría variable, sea, por un lado, la identificación de problemas que afectan a la generalidad de los ciudadanos, residan donde residan. Y después, el recurso a las bondades del bipartidismo, que también las tiene. Las necesidades crean por sí solas círculos virtuosos de confianza, plataformas de entendimientos, agrupación de voluntades. Recuérdese el orgullo con que todos los españoles transitaban por la ultramoderna T-4 de Barajas, a pesar de la disputa por la foto entre autoridades ministeriales y autonómicas durante la inauguración. ¿Acaso no hizo más por la integra6

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U N A A LT E R N AT I V A A L A G E O M E T R Í A V A R I A B L E

ción social el rutilante aeropuerto barcelonés que todas las soporíferas escaramuzas, previas a la financiación autonómica catalana? La apertura de una nueva etapa, con predominio de la gestión sobre el debate ideológico —nada que ver con la prevalencia de la tecnocracia— obtendría fácilmente la colaboración de las dos principales fuerzas políticas y las simpatías de sus 22 millones largos de votantes. Porque el vencimiento de las dificultades reportaría ventajas a todos los ciudadanos, no sólo a la clientela de un bando. Especialmente aplicable sería este nuevo estilo a las grandes obras públicas, como las comunicaciones. Un ejemplo: las conexiones con Francia por el País Vasco no necesitan dosis de nacionalismo ni de españolismo, sino inversiones, trabajo y sentido común. El efecto será inmediato, en riqueza y en empleo. GESTIONAR BIEN

Sigamos con el baño de realidad. El torneo entre Barcelona y Madrid para ver quién tiene el mejor salón del motor, la pasarela de moda más rumbosa o el aeropuerto capaz de atraer a todos los pasajeros del mundo, podría resolverse teniendo como norte el buen servicio a los usuarios, en lugar de la etiqueta política que define al gestor o el idioma en que se expresa. Y lo mismo si en lugar de armar camorra acerca de quién administra mejor los transportes de Cercanías, o los aeropuertos, se centra el objetivo en tener contento al viajero. O si en vez de exigir a las azafatas de los aviones que hablen en mallorquín se cuidaran los buenos modales con todos los turistas. Por aquí es posible caminar juntos los dos grandes partidos, y el aplauso de las mujeres y los hombres corrientes está asegurado. Hay multitud de asuntos que a la inmensa mayoría de los ciudadanos sólo les importa verlos bien resueltos, sin vencedores ni vencidos. Sucede con la enseñanza. La calidad de este servicio preocupa a todos los padres de familia. La mayor parte de ellos no esperan de la escuela una enseñanza perfecta de la lengua autonómica, sino del español y del inglés. Ni que sepan todos los agravios causados por los enemigos a sus héroes locales, o hasta dónde llega la frontera de su comunidad. Desean que adquieran sólidos conocimientos de historia, geografía, biología, matemáticas JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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y lengua. Y que si obtiene un título universitario no tenga luego que examinarse para portero de discoteca y ganar mil euros. ¿Tan difícil es negociar soluciones a los problemas ordinarios? No, si se acepta que los partidos de ámbito nacional han sido votados por la gran mayoría de los electores precisamente por confiar que atenderían a las necesidades generales, no a los particularismos de una u otra comunidad. Toda esta estrategia de bajar a la calle para buscar puntos de unión es aplicable al uso del agua, a la urgencia de disponer de fuentes energéticas realistas y de bajo coste, a las necesidades de las personas con dependencia y a los mayores, a la igualdad de derechos y deberes, la racionalización en la atención sanitaria o la eficacia de los servicios prestados por las cajas, sin esperar a que cada autonomía haga valer sus intereses partidistas. LOS NUEVOS POLÍTICOS

Por último, esta novedosa —por escasamente practicada— fase de atención al discurrir de la vida real, la política de las cosas concretas, lo que repercute en el común de los ciudadanos, requiere políticos de otro talante que el «oficial». Gentes como Gómez Navarro, en las Cámaras de Comercio. José María Barreda, Patxi López, Juan Vicente Herrera, Núñez Feijoó, Pedro Sanz o Miguel Sanz en el liderazgo de comunidades autónomas. Alcaldes como Ruiz-Gallardón y Rita Barberá, empeñados en mejorar las infraestructuras y los servicios de dos grandes capitales. Y por qué no, inclusos banqueros como Emilio Botin, abiertos a la innovación, dialogantes a derecha e izquierda, de firmes convicciones empresariales que plantan cara a la crisis, sin aguardar al Boletín Oficial del Estado. ¿O hemos de aguardar a la revisión del capitalismo por la socialdemocracia? 

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Nueva Revista. n.º 123. Junio 2009.

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Obama y Lawrence de Arabia: caminos de audacia y ambigüedad A N T O N I O R . R U B I O P L O A N A L I S TA D E R E L A C I O N E S I N T E R N A C I O N A L E S

En las semanas que precedieron a la toma de posesión de Barack Obama, todos querían conocer al mínimo detalle los gustos y aficiones del presidente electo. La obamanía, que sigue dominando mayoritariamente en medios de comunicación americanos y extranjeros, buscaba saber como si de valiosos tesoros se tratara, cuáles eran las películas, los actores o los libros favoritos del nuevo presidente. En concreto, se mencionaron algunas películas, y en primer lugar Lawrence de Arabia. Dada la opacidad que rodea al mundo de la política, la dificultad de percibir al político como hombre en una época en la que una vida puede configurarse por medio de una estrategia de marketing, cualquier dato puede ser un indicio para el analista, que con frecuencia suele percibir la escena política como una especie de linterna mágica, en la que es difícil distinguir lo real de lo virtual. Cabe preguntarse qué ve Obama en este filme épico, apología de un héroe tan tenaz como solitario. En cualquier caso, el coronel Lawrence era un ambicioso, alguien que se complacía en identificarse como un hombre peligroso porque soñaba con los ojos abiertos y de este modo podía convertir sus sueños en realidad, según escribiera en Los siete pilares de la sabiduría, libro de enigmático título, propio de alguien que había bebido en fuentes bíblicas, pero que prefería creer que su redención era obra exclusiva de sí mismo. Con todo, se puede encontrar un episodio en la autobiografía de Obama, La audacia de la esperanza, que se diría inspirado por haber visto la conocida película sobre Lawrence. El autor relata un suceso que seguramente habrá sucedido en muchos colegios y entre muchos adolescentes: unos compañeros ponen a prueba el valor de otro, obligándole a que un fósforo encendido se apague entre las puntas de sus dedos. Lo vemos al comienzo de la película, pues Lawrence lo hace ante el asombro de JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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sus compañeros de armas. Uno de ellos le pregunta ingenuamente en qué consiste el truco, y obtiene la sorprendente respuesta de que hay que comportarse como si no doliera. Estamos ante un hombre que quiere ser dueño absoluto de su destino y que está preparándose para la llegada de los padecimientos físicos o morales. Parece que quiere alzarse por encima de la condición humana, y lo entenderemos mejor si sabemos que Así hablaba Zaratustra de Nietzsche figuraba entre los libros favoritos de Lawrence, aunque también estuvieran entre ellos Los hermanos Karamazov de Dostoievski, si bien el militar británico no sacara de aquí destellos de esperanza, y Moby Dick de Herman Melville. Por cierto, la novela de la gran ballena blanca está también entre los libros favoritos de Barack Obama. No nos gustaría creer, sin embargo, que el presidente pueda admirar al obstinado y trágico capitán Achab, un ejemplo más de esos transgresores que consideran la realidad como su principal enemigo. ¿ES SIEMPRE RECOMENDABLE LA AUDACIA?

De Thomas Edward Lawrence podemos valorar sus apreciaciones sobre la guerra de guerrillas, y en particular su artículo de 1920 en The Sunday Times sobre la revuelta árabe en Mesopotamia contra los británicos, pues sus escritos merecieron el interés del Pentágono en las fases más violentas de los atentados contra la ocupación de Irak. Pero hay que mostrarse más cautelosos sobre otros aspectos de la actuación de Lawrence. La audacia, por sí misma, no es el único método para conseguir unos fines. La esperanza de la audacia también tiene sus riesgos. Pero Obama, y una gran mayoría de espectadores con él, admirarán en el filme como la «locura» de Lawrence de cruzar un inmenso desierto para atacar por tierra el puerto de Áqaba, en el que unos inmóviles cañones turcos apuntan al mar. Es una victoria espectacular, aunque no decisiva para la marcha de la guerra porque se realiza en un frente marginal. Se pueden valorar positivamente los hechos audaces, pero no deberían ser determinantes de las conductas, y mucho menos en nuestra época, en la que algunos no distinguen los límites entre la autoafirmación y la imprudencia. Un audaz como el coronel Lawrence es un buen estratega del momento presente, pero no suele serlo para el después. No es el hombre para todas las estaciones sino el 10

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O B A M A Y L AW R E N C E D E A R A B I A : C A M I N O S D E A U D A C I A Y A M B I G Ü E D A D

hombre para todos los medios de comunicación. Recordemos que leyenda del coronel británico fue alimentada por la literatura y el cine, pese a que la rebelión árabe jugara un papel muy secundario en el Oriente Medio de la Primera Guerra Mundial. Con todo, es evidente que Obama coincide con Lawrence en la consagración mediática, muy próxima al modelado de otro icono de la cultura pop. La historia de su vida, que nos ha contado en La audacia de la esperanza, ofrece un atractivo argumento para Hollywood, y hace algún tiempo se dijo que el propio presidente habría pensado en Will Smith para encarnarle ante las cámaras. Por lo demás, hay otros aspectos de la trayectoria de Lawrence que no son recomendables para servir de modelo al presidente Obama. El héroe del desierto se empeña en cabalgar contra el viento, oscilando entre dos fidelidades incompatibles: la del Imperio británico y la de los árabes que quieren establecer una nación independiente. Su alianza contra los turcos es meramente coyuntural, pero cuando aquéllos sean derrotados, aflorarán con toda su fuerza los intereses de Londres en la región, en paralelo al establecimiento de un «hogar nacional» para los judíos en Palestina. ¿Cómo combinar el principio de libre determinación de los pueblos, proclamado en los catorce puntos de Wilson, con la extensión de las zonas de influencia británicas? Pese a todo, Lawrence consiguió que el emir Feisal, futuro rey de Irak y desalojado por los franceses de sus pretensiones al trono de Siria, fuera invitado a la Conferencia de Paz de París. Pero era un tipo de invitación muy poco activa, de esas en las que hay aguardar en una habitación de hotel las decisiones que otros han tomado. No sorprende, por tanto, que Hussein, jerife de La Meca y padre de Feisal, rechazara toda relación con el coronel al considerarle un embaucador. No importa que sea deliberada o un efecto no deseado de las circunstancias: la ambigüedad siempre pasa factura. CUANDO LA AMBIGÜEDAD SE UNE AL REALISMO

Hay quien dice que Obama desarrolló una campaña electoral de éxito porque supo cultivar la ambigüedad, brindando una forma de entender la política que debía superar todo partidismo, y de hecho funcionó porque también hubo conservadores que se decantaron públicamente por el candidato afroamericano. En cambio, ¿vuelve el Obama presidente a sus JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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orígenes de senador militante en el ala izquierda del partido demócrata? Aunque algunos de sus discursos pudieran hacerlo creer, Obama no es la reencarnación del idealismo wilsoniano. Antes bien, un realismo, más propio de Nixon y Kissinger, se impone en su política exterior, en la que ofrece buscar intereses comunes con sus adversarios, sin predicar en ningún momento la buena nueva de la democracia universal. Nos recuerda el modelo histórico en las relaciones internacionales, propuesto por Joseph Nye: el de la Inglaterra victoriana, democracia parlamentaria, pero a la vez gran potencia, capaz de convivir con otras potencias, aunque sean autoritarias, en un sistema del equilibrio, ayer europeo y quizás mañana, planetario. Con todo, si buscáramos un paradigma en esa ambigüedad atribuida a Obama, la encontraríamos sobre todo en Lincoln. Acaso sea el presidente más admirado por el actual inquilino de la Casa Blanca, imitado hasta en su táctica de nombrar un equipo de rivales para formar parte del gobierno. En un caso, miembros de la Administración Clinton, en otro, los oponentes dentro del propio partido para optar a la candidatura republicana a la presidencia. Lincoln destacaba como cualidad en el político «una fría, calculadora y desapasionada razón», perfectamente compatible con la inteligencia, la moralidad y el respeto a la Constitución y a las leyes. Este planteamiento abre caminos de ambigüedad, entendida ésta como una valoración de las distintas perspectivas de un mismo asunto, que evite mostrar públicamente las contradicciones. En cualquier caso, tanto Lincoln como Obama aman el gran vehículo de la ambigüedad: la palabra. La ambigüedad se pone hoy a prueba en el mismo escenario geográfico que fue testigo del éxito y fracaso de Lawrence. Los adversarios del senador Obama destacaron que entre sus viejas amistades estuviera el profesor palestino Rashid Jalidi, de la universidad de Chicago, pero el candidato viajó entonces a Israel, cosa que no hizo en su reciente gira por Arabia Saudí y Egipto, para recordar que EEUU es el principal aliado del Estado judío. Es evidente que el presidente buscaba una tribuna de amplias resonancias mediáticas, y la encontró en la universidad de El Cairo, con la diferencia de que ya no se dirigía a los árabes, como Lawrence, sino al mundo musulmán. El nacionalismo árabe, balbuciente en la época del coronel, tuvo su máximo esplendor con el egipcio Nasser, pero ha venido a menos con la difusión del panislamismo. 12

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Sin embargo, el discurso de Obama parece tener más el destino de los discursos de Cicerón que los de Demóstenes. En el primer caso, los romanos alababan la fuerza y la belleza de su retórica, pero no se movilizaron para salvar a la agonizante república. En el segundo, los atenienses se mostraban dispuestos a resistir a Filipo de Macedonia aunque fracasaran en su intento. Hoy hacen falta los hechos, y no bastan las palabras de hombres carismáticos. Decía Lawrence que los árabes creen más en las personas que en las instituciones, pero ahí está precisamente el problema porque eso puede llevar a creer a algunos que la libertad y la democracia no son valores humanos de alcance universal. Obama hizo bien en recordar en su discurso de El Cairo que no son sólo valores americanos, y que la democracia no puede quedar reducida, tal y como sucede en algunos países, a periódicas consultas electorales. Habría que subrayar que la democracia se distingue por su manera de tratar a los seres humanos. En ese sentido, se puede utilizar el barómetro de la libertad religiosa o el de los derechos de las mujeres, en especial su libre acceso a la educación, aspectos ambos que Obama sí resaltó en su discurso. A Barack Obama le puede acechar la tentación de dejar en un segundo plano los valores que forman parte del legado histórico de su país, sobre todo si la Realpolitik determina su política exterior. Esto perjudicaría también los intereses americanos, aunque el realismo se haya inventado precisamente para defenderlos. Sin embargo, también corre el riesgo de dejarse llevar por otro enemigo que influyó negativamente en la trayectoria de Lawrence. Según el historiador Karl E. Meyer, el coronel estuvo influido por ese demonio de la popularidad que vive en todos nosotros, una especie de frenesí por el afán de renombre. No sería un modelo adecuado para el presidente de la única superpotencia. 

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Los primeros cuatro años de Benedicto XVI ANTONIO FONTÁN

S A N P E D R O Y S A N PA B L O E N S U S B A S Í L I C A S

Cuando en enero de 1952 se publicó en Roma el primer volumen de las Exploraciones bajo la Confesión de San Pedro en el Vaticano se pudo decir que, con la segura ayuda de la ciencia, una vieja tradición se había transformado en Historia. Yo mismo lo escribí precisamente con esas palabras dos años más tarde, comentando un excelente libro de la BAC en que el prestigioso arqueólogo Kirschbaum contaba, con un estilo suelto y buen pulso narrativo, las vicisitudes de los trabajos de los sabios y sus sucesivos descubrimientos a varios niveles por debajo de la Confesión de San Pedro en la Basílica vaticana. Se había hallado el lugar de la tumba de San Pedro, metros más metros menos, en donde desde hacía siglos se creía que estaba. Esa era para los cristianos cultos la noticia romana del año y para historiadores y arqueólogos la respuesta a no pocas preguntas para las que hasta entonces no se había encontrado una explicación satisfactoria. ¿Por qué precisamente allí, e incluso violentando la disposición del terreno, con tanto empeño y tan dilatado esfuerzo, durante casi mil quinientos años la cristiandad, convencida de que se edificaba sobre la tumba de San Pedro, se había propuesto y finalmente había logrado alzar en ese espacio un gran templo dedicado al Príncipe de los Apóstoles? 14

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El 28 de junio de 2009 casi se ha repetido un hecho semejante al que se había vivido más de medio siglo antes. Bajo el papa Pío XII, y en buena medida por su constancia y aliento, se había hallado en 1950 el lugar de la tumba de San Pedro. Ahora, con Benedicto XVI, otra tradición de la era apostólica se ha transformado también en Historia. Se ha encontrado la sepultura de San Pablo. La novedad consiste en que, antes de que sabios especialistas publiquen en eruditas y concienzudas disertaciones el curso y los resultados de sus trabajos, ha sido el propio papa Benedicto, actuando como un reportero que refiere con detalle y con rigor un acontecimiento, el que ha querido informar, personalmente él, de este hallazgo a los cristianos, a la gente culta e incluso a los mas ilustrados de los turistas que en lo sucesivo visiten la llamada Ciudad Eterna.

El paralelismo de las vidas de los dos apóstoles, su vinculación con Roma y la común veneración de ambos en la Urbe, hace pensar que la «profunda emoción» que llenaba el ánimo de Benedicto XVI en su discurso del día 28 era un sentimiento muy arraigado, ya desde antes, en lo más íntimo de su personalidad.

En el discurso de clausura del «año Paulino» decretado por el Pontífice para conmemorar el segundo milenario del nacimiento de San Pablo, que año o lustro más o menos debió ocurrir en torno al nueve después de Cristo, Benedicto XVI, como si por un momento se hubiera revestido de su antigua toga doctoral de profesor, ha contado el gran descubrimiento en los siguientes términos: «Esta tarde se concluye el año conmemorativo del nacimiento de San Pablo. Nos encontramos recogidos ante la tumba del apóstol, cuyo sarcófago, conservado bajo el altar papal, recientemente ha sido objeto de un análisis científico. En el sarcófago, que no había sido abierto nunca en tantos siglos, se hizo una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino. Se encontraron también granos de incienso rojo y de sustancias JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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proteicas calcáreas. Además, se han descubierto pequeñísimos fragmentos óseos, que han sido sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que, sin saber la procedencia, han afirmado que pertenecían a una persona que vivió entre los siglos I y II. Lo cual parece confirmar la unánime y no controvertida tradición de que se trata de los restos mortales del apóstol Pablo. Todo esto llena nuestro ánimo de profunda emoción». Es seguro que el Papa, que había autorizado, o incluso promovido, el estudio arqueológico, e indudablemente habría seguido muy de cerca los sucesivos pasos de la investigación, cuando se encontró bajo el suelo de la Basílica el sarcófago que describiría en su discurso del 29 de junio, pudo con bastante probabilidad prever cuáles iban a ser sus resultados. Probablemente, lo largo del año paulino si no antes, los estudiosos y el Pontífice se habían formado una idea de la trascendencia de unas conclusiones positivas. El paralelismo de las vidas de los dos apóstoles, su vinculación con Roma y la común veneración de ambos en la Urbe, cabeza de las cristiandades de todo el orbe, hace pensar que la «profunda emoción» que llenaba el ánimo de Benedicto XVI en su discurso del día 28 era un sentimiento muy arraigado, ya desde antes, en lo más íntimo de su personalidad. Quizá esa emoción pudo en algún momento verse turbada por un asomo de inquietud de que no fuera a salir todo tan bien como se esperaba y se había previsto. Pero afortunadamente no ha sido así. El feliz descubrimiento de San Pablo Extramuros y lo que enseñan sin palabras las piezas estudiadas, su probable cronología y las conclusiones que de todo ello se deducen presentan un cierto paralelismo con lo que se sabe de la tumba de Pedro en el Vaticano. Cuando se confrontan unas investigaciones con las otras se advierte que la secular, o más bien milenaria, tradición que asocia a los dos principales apóstoles y los hace inseparables era algo que vivían los cristianos de Roma en la primera centuria de nuestra era y que, ahora, «con la ayuda de la ciencia», como decía el Papa, se ha transformado también en Historia. E L PA PA B E N E D I C T O Y S U S E N C Í C L I C A S

Benedicto XVI, en sus cuatro años de pontificado no ha sido un Papa dedicado a la Historia, ni siquiera a la «sagrada historia» de la Iglesia. Ha sido y es el Pastor «universal» de la Iglesia católica y un maestro de la humanidad 16

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en todos los sentidos de esta polisémica expresión: hermano mayor de las otras confesiones cristianas, promotor de la paz entre los pueblos, guía moral de la sociedad civilizada, a la vez que viajero incansable que ha probado que tiene algo que decir y algo que aconsejar para que las mujeres y los hombres de este mundo resuelvan sus problemas o, por lo menos, se propongan hacerlo. A los pocos días de dar al mundo la noticia del hallazgo de la tumba de San Pablo, a casi dos mil años de su muerte, y sólo unas semanas después de su regreso de Tierra Santa, el papa Benedicto ha ofrecido al mundo su tercera carta encíclica, que, por excepción en estos solemnes documentos pontificios, está dirigida no sólo a los católicos sino «a todos los hombres de buena voluntad».

Hasta ahora Benedicto XVI ha publicado tres encíclicas, de las que se puede decir que son como tres grandes capítulos de una teología de la Trinidad y tres respuestas operativas y prácticas, inspiradas por las tres virtudes que la doctrina cristiana llama teologales.

Es bastante significativo que el Papa haya regalado al presidente Obama en su visita a la Santa Sede un ejemplar de esta tercera encíclica primorosamente encuadernado. (Se supone que en inglés, porque el presidente le prometió empezar a leerlo esa misma tarde en su vuelo de Roma a Ghana). Las tres primeras palabras del texto latino de la encíclica —Caritas in Veritate—, que como es tradicional sirven de título al documento pontificio, están inspiradas en la afirmación de San Pablo de que es necesario unir la verdad con la caridad, y a la inversa la caridad con la verdad. «La verdad —dice el Papa— es la luz de la razón y de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad. Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo». Encíclica, una voz griega que significa algo así como «carta circular», se llama tradicionalmente desde hace un par de siglos a estos solemnes JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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escritos con que los papas enseñan a los cristianos y ofrecen a todo el mundo las respuestas de la Iglesia a cuestiones, generalmente de cierta actualidad, que tiene planteadas la sociedad humana y que guardan relación con la fe y la moral. Hasta ahora Benedicto XVI ha publicado tres encíclicas, de las que se puede decir que son como tres grandes capítulos de una teología de la Trinidad y tres respuestas operativas y prácticas, inspiradas por las tres virtudes que la doctrina cristiana llama teologales. El asunto central de que se ocupa el primero de estos tres solemnes documentos es nada menos que Dios: quién o qué es ese Dios, Padre y creador del universo y del hombre. La respuesta es «amor» —Deus caritas est—. La gran virtud teologal que así lo enseña a los cristianos y sería capaz de ilustrar con tan sabia doctrina a todos los humanos, es la Fe. Algo semejante se podría afirmar de la segunda encíclica del papa Benedicto, Spe salvi, —Salvados por la esperanza—. El que salva a la humanidad es Jesucristo, el Dios Hijo de la Divina Trinidad. La virtud que anima a los hombres y les guía a esa salvación final es la segunda de las teologales del catecismo cristiano, la Esperanza. C A R I TA S I N V E R I TAT E

La nueva encíclica completa el ciclo temario de estas enseñanzas de Benedicto XVI. Las versiones civiles de la caridad cristiana son la fraternidad humana, la solidaridad social y la responsabilidad de todos los hombres y mujeres de este mundo en la suerte de los demás, hermanos suyos también, por diversas que sean sus patrias, su cultura y el color y las facciones de sus rostros. Su presencia en el seno del mundo y en el seno de la Iglesia es la voz del Espíritu —del Espíritu Santo— y la virtud teologal que los une a los cristianos entre sí, y con la Iglesia, es la Caridad. Esa hermandad universal es anterior a todas las diferencias que han tomado forma y estructura a lo largo de la historia y aun antes, en los oscuros y misteriosos milenios de la existencia de seres humanos en la tierra, en los que no se puede con propiedad hablar de historia. Es de notar el amplio desarrollo que en esta tercera encíclica hace el Papa de dos referencias de pasado y de presente, que son muy significativas del propósito y de la estructura de este documento. 20

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Una es la alta estimación de la encíclica Populorum Progressio publicada por Pablo VI en 1967, que manifiesta el papa Benedicto destacando su importancia —y casi trascendencia— histórica. El actual Pontífice reafirma su «convicción de que la Populorum Progressio merece ser considerada como la Rerum novarum de la época contemporánea» y que «ilumina el camino de la humanidad en vías de unificación». También podía haber dicho en ese lugar que la humanidad de nuestros días, con conciencia o sin conciencia de ello, se encamina a una verdadera «globalización». Unas páginas más adelante, la nueva encíclica examina las cuestiones éticas, políticas y económicas que plantea esa «globalización», de las que unas pueden generar o fomentar el desarrollo de que ya hablaba Pablo VI,

«El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral. No basta progresar sólo desde el punto de vista económico o tecnológico [...]. Una sociedad cada vez más globalizada hace a los hombres más cercanos, pero no más humanos» (Caritas in veritate).

y otras dificultarlo dando lugar a fenómenos sociales empobrecedores como en el campo cultural el «eclecticismo» y su casi inmediata derivación que sería el predominio del «relativismo». «El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral. No basta progresar sólo desde el punto de vista económico o tecnológico». En 1967 el gran tema para Pablo VI era el desarrollo de los pueblos, de todo el hombre y de todos los hombres, el tránsito de condiciones menos humanas a condiciones más humanas. La otra notable referencia en varios de los capítulos de la actual encíclica es la frecuente contraposición entre «desarrollo» y «subdesarrollo». Las causas de este último, según Pablo VI, no son sólo, ni principalmente de orden material sino que se encuentran en otras dimensiones del hombre: en el desentendimiento de los deberes de solidaridad, o en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos: «una sociedad cada vez más globalizada hace a los hombres más cercanos, pero no más humanos». JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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El mundo actual, el de Benedicto XVI, no es ya el de Pablo VI. Basta considerar que entonces la actividad económica, la actividad productiva y las inversiones extranjeras se movían en confines limitados, de modo que no en pocos, sino más bien muchos países el Estado podía gobernar el curso de la economía de la nación. Por el contrario, ahora, el poder político de esos mismos Estados se ve limitado en su soberanía por el nuevo contexto internacional económico, comercial y financiero. El «desarrollo humano» en nuestro tiempo, según la nueva encíclica, no puede ser una simple continuación del que deseaba Pablo VI y que efectivamente ha sacado de la miseria a millones de personas y ha hecho posible que muchos países participen efectivamente en la política internacional. Nuestro tiempo no es el de hace cuarenta años. «Las fuerzas técnicas que se mueven, las interrelaciones planetarias, los efectos perniciosos sobre la economía real de una actividad financiera mal utilizada y en buena parte especulativa, los imponentes flujos migratorios, frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente, o la explotación sin regla de los recursos de la tierra, nos inducen hoy —insiste el Papa— a reflexionar sobre las medidas necesarias para solucionar problemas, que no sólo son nuevos respecto a los afrontados por Pablo VI, sino que sobre todo tienen un efecto decisivo para el bien presente y futuro de la humanidad». Por eso no basta para progresar un desarrollo económico o tecnológico, sino que tiene que ser auténtico e integral. «El nuevo contexto económico, comercial y financiero internacional, con la movilidad de los capitales y de los medios de producción, tanto materiales como inmateriales —dice el Papa—, ha modificado el poder político de los Estados. Es previsible, además, que se fortalezca la participación en la política nacional e internacional de la actuación de organizaciones de la sociedad civil y es de desear que haya mayor participación en la res publica de los ciudadanos». La movilidad laboral y el desempleo, que mina la libertad de las familias y de las personas, deben recordar a gobernantes y ciudadanos que «el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad». «Los costes humanos, como enseña no sólo la moral sino también la ciencia económica, son también costes económicos, e inversamente las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos». 22

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LOS PUEBLOS: DERECHOS Y DEBERES

La solidaridad ha de entenderse como exigencia planetaria para las personas y las sociedades. Igual ocurre con el respeto a la vida: «La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo». No falta un recuerdo a que la sabiduría de la Iglesia ha invitado siempre a no olvidar la realidad del pecado original ni siquiera en la interpretación de los fenómenos sociales y en la construcción misma de la sociedad. En su tercer capítulo —Fraternidad, Desarrollo, Sociedad civil— se concluye que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios En sus siguientes capítulos, la encíclica insiste en que «la solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber».

Si de Populorum Progressio de Pablo VI pudo decirse que fue la Rerum novarum del siglo XX, Caritas in Veritate, publicada a principios de la actual centuria, es para los cristianos y, en general, para mujeres y hombres de buena voluntad, un programa y guía para dirigir el pensamiento y la acción en el siglo XXI.

Pero ese principio que nadie discute exige una nueva reflexión sobre los derechos y deberes, en la que no se debe olvidar que «la exacerbación de los derechos conduce a un olvido de los deberes. Compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos». En la que podría llamarse segunda parte de Caritas in Veritate, el Papa insiste en la importancia que tienen para el progreso el crecimiento demográfico y la apertura a la vida; en la imprescindible necesidad de la ética para el correcto funcionamiento de la economía, en la cooperación internacional para el desarrollo económico y humano; en la relación del hombre con el ambiente natural que es un don de Dios. «La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. La doctrina social de la Iglesia JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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—dice Benedicto— ha nacido para reivindicar esa “carta de ciudadanía” para la religión cristiana». Fuerzas que en gran medida son automáticas e impersonales, ya provengan de las leyes del mercado o de políticas de carácter internacional no garantizarán nunca plenamente un verdadero desarrollo. «Son precisos operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común». La bioética, concretamente, es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral. «La razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de la propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas», como se dice en la Instrucción Dignitatis personae. Pablo VI recordaba que el hombre solo no puede fundar un verdadero humanismo. Pero Benedicto XVI añade que si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de los hijos de Dios, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo al servicio de un humanismo cristiano y verdadero. Teología y moral, filosofía política, económica y social con la sabiduría milenaria y la experiencia de la Iglesia y el acreditado magisterio de Benedicto XVI se dan cita en esta encíclica Caritas in Veritate. Se podría decir que si de Populorum Progressio de Pablo VI pudo decirse que fue la Rerum novarum del siglo XX, Caritas in Veritate, publicada a principios de la actual centuria, es para los cristianos y, en general, para mujeres y hombres de buena voluntad, un programa y guía para dirigir el pensamiento y la acción en el siglo XXI. E L Q U I N T O A Ñ O D E L PA PA B E N E D I C T O

Durante los cuatro primeros años de su pontificado Benedicto XVI, siguiendo el ejemplo de sus predecesores, Pablo VI y Juan Pablo II, ha sido un Papa viajero que ha protagonizado hasta doce viajes apostólicos fuera de Italia, que le han hecho recorrer casi todas las partes del mundo. Ha estado dos veces en Alemania (Colonia y Regensburg), y una en Polonia, en Turquía, en España (Valencia), en Brasil, en Austria, en los Estados Unidos (donde acudió también a la Organización de las Naciones Unidas), en Australia, en Francia. Y ya en este mismo año de 2009 ha visitado tres 24

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repúblicas de África y durante sus siete días de Tierra Santa, Jordania, Israel y los territorios palestinos. Como cabeza de la Iglesia y sucesor de Pedro ha creado cardenales, ha recibido Jefes de Estado y personalidades públicas, ha acudido casi todas las semanas a las grandes audiencias públicas de los miércoles de San Pedro y además de pronunciar y publicar varios cientos de homilías y los solemnes discursos de las grandes jornadas del año cristiano, ha publicado innumerables escritos teológicos y pastorales y sorprendió a los propios católicos dando a la luz el Jesús de Nazaret en que él, Papa ya, escribe sabia y elocuentemente como el sabio teólogo y escriturista que fue antes de su elección pontifical, llevando su libro a la plaza pública de las librerías y los comentarios profesionales de los críticos y los estudiosos. También ha tenido que tomar decisiones, consoladoras unas y dolorosas otras, en asuntos internos de la Iglesia. En ellas no se sabe qué es más de admirar si la caridad que ha desplegado en casos difíciles, o las muestras de sincera humildad con que ha dejado asombrados a cristianos y no cristianos por la naturalidad y sencillez con que ha acertado a producirse. Los católicos y muchos cristianos de otras confesiones le veneran, los grandes de este mundo —políticos, intelectuales, las personalidades de todo orden y los sabios— le respetan. Y casi todos los jefes espirituales y líderes de otras confesiones cristianas y de otras religiones se honran con su trato y agradecen las atenciones que les dispensa. Los medios de comunicación se refieren habitualmente a Benedicto XVI con creciente consideración. 

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La identidad personal y sexual: reflexiones sobre un debate actual Á N G E L A A PA R I S I M I R A L L E S C AT E D R ÁT I C A D E F I L O S O F Í A D E L D E R E C H O

La identidad personal es una realidad compleja, con múltiples aspectos, significados y funciones. En términos generales, remite a la dimensión más intrínseca y original de la persona, a las claves que le permiten comprenderse a sí misma y entender su lugar en el mundo. Siguiendo a Erikson, podría definirse como «la habilidad para experimentarse a uno mismo como algo que tiene continuidad y consonancia, y de actuar en consecuencia». Para este autor, presupondría la «certeza de mantener una continuidad interna», así como «una adecuada integración personal y social, unida a la capacidad de asunción de un cierto rol». Podemos referirnos a la identidad desde dos perspectivas complementarias: la objetiva y la subjetiva. Desde un punto de vista objetivo, la identidad implica una realidad dada, que se asume y de la que, progresivamente, se toma conciencia. Ciertamente, no hemos elegido el nombre, sexo, constitución somática, temperamento, raza, familia, nacionalidad, cultura o contexto histórico y social en el que se desarrolla nuestra existencia y que, por otro lado, nos confieren una impronta fundamental. En este sentido, sería adecuado reconocer una identidad colectiva, en la que se inserta la individual. No obstante, es evidente que, por otro lado, la libertad permite, a cada persona, reorganizar los elementos recibidos de 26

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un modo original. Ello nos sitúa ante el aspecto subjetivo de la identidad. En esta segunda acepción, la identidad es, en suma, el resultado de una historia única e irrepetible, porque cada persona es diferente. El individuo humano, a lo largo de su trayectoria vital, se reinventa a sí mismo, aunque dentro de unos límites finitos. Por ello, desde este segundo punto de vista, se podría definir la identidad como el resultado de un proyecto vital racional, en el que existe una cierta continuidad entre la realidad recibida y la reelaboración personal de la misma. Las fases psicológicas evolutivas de la identidad pueden entenderse a la luz del «principio epigenético». Sabemos que la epigénesis es un concepto de la embriología que indica el desarrollo continuo de un órgano, según un plan preestablecido, de modo armónico, en relación con todos los demás órganos. El desarrollo personal, después del nacimiento, acontece de modo análogo: en general, cada elemento tiende a aparecer en un momento determinado (proper rate) y según cierto orden de sucesión (normal sequence). La identidad lograda sería el resultado de la armónica integración de cada uno de estos elementos. Se manifestaría a través de un bienestar psicosocial, unido a la íntima seguridad de ser reconocido y aceptado por los demás. Julián Marías señala que el pensamiento de Occidente ha oscilado entre el idealismo —que entiende al hombre como res cogitans o yo puro— y el biologismo —que lo percibe como algo que emerge evolutivamente y sin diferencia radical de la animalidad—. En el fondo, se observa que se ha tendido a pensar en el hombre como si se tratase de una cosa. Por ello, sólo se han podido captar dimensiones teóricamente elaboradas de la identidad personal, pero difícilmente se ha accedido a la propia realidad de la persona. Sin embargo, como señala el mismo autor, el ser humano «no es una cosa, ni un organismo, ni un animal sino, previamente a todo ello, algo mucho más hondo: una estructura de la vida humana». Y se puede descubrir tal estructura únicamente a través del análisis de la propia vida. Esta es la zona de la realidad a la que Marías llama «estructura empírica». Estamos, ciertamente, ante elementos empíricos, pero estructurales y previos, por lo tanto, a cada biografía concreta, ya que son su presupuesto. Ya Aristóteles había descubierto que, entre lo esencial y lo accidental, había algo que caracterizaba a la especie hombre. Afirmaba que todos los hombres, y sólo los hombres, tienen esas propiedades. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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IDENTIDAD PERSONAL E IDENTIDAD SEXUAL

En las últimas décadas se ha cobrado conciencia de la relevancia de la identidad sexual en el conjunto de la identidad personal. Su raíz última es la condición sexuada del ser humano. Es evidente que, desde un punto de vista biológico, la persona se sitúa en la existencia como varón o como mujer. Masculinidad y femineidad son, por ello, estructuras de la persona humana. Tal realidad existencial se constituye en identidad cuando es reconocida por uno mismo y por el entorno social. Es evidente que la identidad sexual tiene un origen biológico. El ser humano, de modo natural o innato, se desarrolla diferenciándose en cuerpo humano masculino y femenino. Este proceso de dimorfismo tiene su origen ya en la gametogénesis. Los gametos que aporta a la fecundación el organismo del varón y el de la mujer son claramente diferentes. El cromosoma X o Y del gameto masculino determinará el sexo cromosómico del nuevo individuo, ya que el femenino siempre tiene el cromosoma sexual X. A su vez, el sexo cromosómico determinará el sexo gonadal y éste el hormonal, con todas sus consecuencias posteriores. Esta realidad biológica encierra, en sí misma, un profundo significado personal. Spaemann denomina «identidad natural básica» a la dimensión biológica de la persona. Dicha dimensión natural —el organismo—, permite que el ser humano sea «en todo momento reidentificable desde fuera». Se trata de un indicio crucial: la identidad personal corporal, la identidad sexual y las identidades familiares que se desprenden de esa realidad —maternidad, paternidad, filiación y fraternidad— se encuentran encarnadas en un organismo, y marcarán radicalmente la vida de la persona. En definitiva, la condición sexual de la persona es una característica que —al menos, desde el punto de vista biológico— acompaña al ser humano desde su mismo origen y a lo largo de toda su existencia. La identidad sexual de la persona se manifiesta, principalmente, a través de su comportamiento sexual. En este sentido, se puede constatar que la conducta sexual del ser humano no depende forzosamente del instinto —de la biología, de la naturaleza—, sino que se encuentra mediada por la libertad. La identidad biológica es un presupuesto insoslayable en el camino personal de búsqueda y formación de la propia identidad. Por ello, se puede sostener que, desde una perspectiva estrictamente biológica, la 28

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identidad sexual humana está inacabada. El sexo, el género, la orientación sexual y el sexo psicológico designan las distintas dimensiones de una única identidad sexual de la persona. Identidad que, por otro lado, trasciende la dimensión biológica y la sociopsicológica, aunque se apoya en ellas. Estamos ante una realidad que se puede vislumbrar, con mayor profundidad, desde una perspectiva antropológica y filosófica. En principio, la legislación de los distintos países asume la realidad descrita sin problemas. Tras el nacimiento, al niño o niña se le asigna un sexo que viene determinado por sus caracteres sexuales. Tal identidad sexual tendrá relevancia jurídica, especialmente en el Derecho de familia. El conflicto se plantea cuando existen discrepancias entre el sexo biológico y el psicológico —o conciencia de la propia identidad sexual—. Tal sería el caso, por ejemplo, del transexualismo. Éste puede ser considerado como una disforia de la identidad sexual, asociada a un deseo persistente de poseer las características físicas y los papeles sociales que connotan el otro sexo biológico. LA PERSONA COMO UNIDAD COMPLEJA

Hemos señalado que es posible aproximarse a la identidad desde dos perspectivas —la objetiva y la subjetiva—, y que ambas se complementan. Sin embargo, como también se ha indicado, el pensamiento de Occidente ha tendido hacia esquemas disyuntivos de razonamiento: libertad o igualdad; individuo o sociedad; libertad o biología, cultura o naturaleza... Este planteamiento ha afectado, profundamente, al modo de entender al ser humano y a su propia identidad. Se suele considerar que el hombre es pura corporeidad —exclusivamente la res extensa de Descartes— o, por el contrario, puro espíritu, libertad o razón —la res cogitans—. Tal modo de concebir a la persona afecta, lógicamente, a la manera de enfocar su identidad: ésta vendría exclusivamente determinada por la biología —los elementos recibidos— o, por el contrario, sería el resultado de la nuda conciencia del yo —una libertad omnímoda—, que, incluso, podría llegar a desplazar a la realidad. Una identidad muy centrada en la capacidad racional —o dimensión espiritual que, evidentemente, caracteriza al ser humano y lo diferencia de todos los demás seres—, no abarca verdadera, e integralmente, lo que es la persona. Tampoco lo logra una identidad JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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focalizada, exclusivamente, en la dimensión biológica. Tales visiones sesgadas tienen como consecuencia, a su vez, concepciones reduccionistas y disyuntivas de la sexualidad humana. Muchas de estas visiones emergen, con claridad, en el debate jurídico actual sobre la identidad sexual y, más en concreto, ante la cuestión de la homosexualidad o el transexualismo. En las últimas décadas, los distintos sistemas jurídicos han evolucionado desde posturas radicalmente biologicistas hasta concepciones puramente sociopsicológicas en relación al reconocimiento de la identidad sexual. Para las primeras, dicha identidad sexual dependerá, exclusivamente, de un específico desarrollo orgánico. Ciertamente, el dato biológico es el presupuesto básico, pero resulta insuficiente tomado aisladamente y, de manera especial, en los supuestos de estados intersexuales (en los que existe una ambigüedad sexual por distintas razones: genéticas, hormonales, etc.). En el otro extremo, las visiones puramente sociopsicológicas reducen la identidad sexual a la autoconciencia personal y social. Tal es, por ejemplo, la situación en Inglaterra desde la aprobación de la Gender Recognition Act, que entró en vigor el 4 de abril de 2005. Dicha normativa reconoce, legal y registralmente, las distintas identidades sexuales que una persona pueda adoptar en su vida —con independencia del sexo biológico—, sin requerir ningún tipo de intervención quirúrgica. También en España, la Ley 3/2007, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, parte de una visión exclusivamente sociopsicológica de la identidad sexual. El artículo 4.1.a de dicha normativa establece como criterio fundamental para determinar la identidad sexual de una persona «la identidad de género sentida por el solicitante o sexo psicosocial». En consecuencia, para llevar a cabo la inscripción, o rectificación registral del sexo en los casos de transexualismo o disforia de sexo, es suficiente el dictamen de un psicólogo, sin requerirse, por ejemplo, el informe de un médico. Desde esta perspectiva, la identidad sexual se desgaja del sexo biológico, para apoyarse, exclusivamente, sobre un sustrato subjetivo y variable. Este proceso desembocará, paradójicamente, en la pérdida de la trascendencia jurídica de la identidad sexual: el sexo resulta irrelevante para el Derecho, especialmente para el Derecho de familia. Así se advierte en España en la Ley 13/2005, por la que se modifica el Código Civil en materia de 30

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derecho a contraer matrimonio. La orientación sexual va ocupando, progresivamente, el lugar de la identidad sexual. En nuestra opinión, este planteamiento es, no sólo reduccionista o dualista, sino también una abstracción: el orden jurídico presupone un sujeto de derecho en el que el sexo no cuenta para nada. Frente a ello, consideramos que la persona no es sólo biología, ni sólo autoconciencia, sino una unidad muy compleja. Dicha realidad es la que el Derecho debe acoger. Los resultados científicos actuales indican que existen, fundamentalmente, dos factores esenciales en el origen y desarrollo de la identidad sexual humana, el biológico y el socio-psicológico. La maduración armónica de un ser humano implica su integración. Tal integración está confiada al esfuerzo y a la libertad personal de cada individuo. Por ello, sólo un criterio no disyuntivo, que integre adecuadamente estas dimensiones, puede servir de principio para determinar la identidad sexual personal en los casos de alteraciones con origen, tanto biológico como sociopsicológico. EN BUSCA DE LA ARMONÍA

La persona, para conocer la realidad, necesita diferenciarla. Ya Heráclito afirmaba que «los hombres no son capaces de tomar junto lo que siempre está junto» porque el ser humano no posee la capacidad de conocerlo todo a la vez. Con ello quería significar que el logos, aunque en sí es unitario, tiene una dimensión histórica, o si se quiere, quasimaterial. Por ello, los saberes científicos son un instrumento muy valioso, que facilita este tipo de conocimiento especializado y fragmentado. No obstante, hay que señalar el peligro de que, posteriormente, no seamos capaces de remitir el conocimiento de la parte al todo en la que está inserta, a la realidad a la que pertenece. Algo de ello sucede hoy con el conocimiento de la persona humana y, en concreto, de su identidad. Como señalan Arregui y Choza, en relación a su persona, el hombre adquiere un conocimiento que «no es resultado de un acto único y total sino de un proceso que se distiende en el tiempo». Por ello, este saber es esencialmente histórico y acontece bajo la forma de la experiencia. También Scheler afirmaba que «no poseemos una idea unitaria del hombre», debido a que «la multiplicidad siempre creciente de ciencias especiales que se ocupan del hombre, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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ocultan la esencia del hombre mucho más que la iluminan». Esta dificultad fue también puesta en evidencia por Heidegger, quien reclamaba la necesidad de recuperar la visión ontológica de lo real. Lo anteriormente señalado cobra especial relevancia en lo referente a la identidad sexual de las personas. Para situarla adecuadamente en el contexto de la identidad personal es importante no dividir al ser humano en compartimentos estancos, sino, por el contrario, ser capaz de integrar lo que, en apariencia, puede aparecer disgregado. Por ello, el reto está en otorgar a las distintas dimensiones que confluyen en el ser humano un significado armónico, que evite los dualismos reduccionistas. Una visión integral de la persona, en la que su modo de ser [factum] influye sobre su modo de vivir [faciendum], y viceversa, es más razonable que una visión dualista donde los actos [faciendum] someten e instrumentalizan la realidad dada o recibida [factum]. En consecuencia, frente a las tradicionales posiciones dualistas, el nuevo paradigma debe ser de carácter integral. Tal concepción unitaria entiende a la persona como una unidad inescindible entre cuerpo y espíritu, entre dimensión corporal, autonomía y racionalidad, pasando así del antagonismo a la complementariedad de los opuestos. 

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Género sin ideología A N A M A R TA G O N Z Á L E Z

En ciertos ambientes que cabe calificar de «socialmente conservadores» se ha hecho habitual el mirar con sospecha la palabra «género», cuyo origen y desarrollo se asocia, con razón, a ambientes «socialmente progresistas». En estas reflexiones quisiera despegarme de los unos y los otros, sin otro fin que lograr un mayor discernimiento de los aspectos positivos y negativos entrañados en el discurso de género. Como es sabido, el concepto de género fue introducido por vez primera por el psiquiatra y psicoanalista Robert Stoller, quien en su obra Sex and Gender (1968) lo empleó para referirse a la conciencia que una persona tiene del ser femenino o masculino. Esta distinción fue luego asumida por la socióloga británica Ann Oakley para criticar la visión tradicionalista según la cual la mayoría de las diferencias sociales entre hombres y mujeres se basan en la naturaleza. A partir de ahí, un tema básico de la crítica feminista ha consistido en mostrar que la mayor parte de esas diferencias, aceptadas pacíficamente como «naturales» eran, de hecho, un producto del proceso de socialización, en el que iba entrañada la sistemática subordinación de las mujeres a los hombres. Ya esta simple presentación del término pone de manifiesto que, efectivamente, en las investigaciones de género se deslizan con mucha

Ana Marta González es profesora titular de Filosofía Moral en la Universidad de Navarra, y directora de la línea Culture and Lifestyles del Social Trends Institute. Entre sus publicaciones más recientes figuran: Contemporary Perspectives on Natural Law. Natural Law as a Limiting Concept, Ashgate, Aldershot, 2008. Gender Identities in a globalized world, Humanities Press, Amherst, 2008; Claves de ley natural, Rialp, Madrid, 2006; y Moral, razón y naturaleza. Una investigación sobre Tomás de Aquino (Eunsa, 2006, 2.ª ed.) JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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frecuencia elementos ideológicos, por lo demás fácilmente reconocibles, y que en último término conducen a subordinar el estudio de la realidad social e histórica al avance de un objetivo social, la igualdad, a todos los efectos, de mujeres y hombres. Sin embargo, enfrentarse a los estudios de género exclusivamente desde esta óptica, es decir, como si todo lo que se dice fuera producto exclusivo de un interés preconcebido, impide advertir los aspectos de la realidad social y cultural acerca de los cuales la perspectiva de género nos ha hecho particularmente conscientes, así como apreciar, en su justa medida, las transformaciones políticas y sociales que ha puesto en marcha, algunas de las cuales son francamente deseables. El resultado es que todos aquellos que califican la perspectiva de género como un producto meramente ideológico se hacen ellos mismos sospechosos de la acusación de ideología. Porque, de hecho, no se detienen a discernir en profundidad el interés ideológico que anima muchos de esos estudios, de los fenómenos sociales que esa perspectiva, interesada o no, permite poner de relieve, desvelando, en muchos casos, incoherencias manifiestas entre los valores que públicamente decimos profesar y las prácticas sociales que de hecho promovemos. En este sentido, parece importante esforzarse por discernir los elementos ideológicos presentes en el discurso de género de aquellos otros que simplemente perfilan objetivos sociales deseables, o, al menos, objetivos cuya legitimidad no puede discutirse sin elevar a la categoría de norma social para el presente una forma de realizar la diferencia de género propia de épocas pasadas, y, en definitiva, sin introducir en la vida social una rigidez incompatible con la flexibilidad que, para bien y para mal, caracteriza a las sociedades contemporáneas. De lo contrario, resultaría que, frente a una ideología «progresista», que, despegada por completo de la naturaleza, se nos presenta comprometida con el avance de la igualdad, sin más discernimiento, nos encontraríamos, de hecho, con una ideología «conservadora», que, comprometida con una defensa de un orden social pretérito, que identifica erróneamente con lo natural, se ve incapaz de advertir los distintos modos culturales que puede adoptar la diferencia de género a lo largo de la historia.

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GÉNERO SIN IDEOLOGÍA

QUÉ ES IDEOLÓGICO EN LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

Lo ideológico del discurso de género reside en que con mucha frecuencia viene presidido por una voluntad expresa de anular la diferencia de género, sobre la hipótesis de que ésta es inseparable de determinadas estructuras culturales y sociales mediante las cuales se ha perpetuado históricamente la dominación de un género sobre otro (léase, de los varones sobre las mujeres). A partir de aquí, la estrategia seguida para anular la diferencia es patente: comienza alimentando la conciencia de que la diferencia entre lo femenino y lo masculino ha servido para reforzar, a lo largo de la historia, determinadas prácticas sociales de dominación de los varones sobre las mujeres. Continúa mostrando prolijamente las diversas formas de opresión

Parece importante esforzarse por discernir los elementos ideológicos presentes en el discurso de género de aquellos otros que simplemente perfilan objetivos sociales deseables, objetivos cuya legitimidad no puede discutirse sin elevar a la categoría de norma social para el presente una forma de realizar la diferencia de género propia de épocas pasadas.

y dominación padecidas históricamente por las mujeres. Y, una vez puestos sobre la mesa estos elementos, que en sí mismos constituyen únicamente una perspectiva particular sobre la complejidad del acontecer histórico, la conclusión se impone por sí misma: con el fin de superar la dominación de los unos sobre las otras es preciso también superar la diferencia de género, encaminándonos todos hacia un escenario —evidentemente utópico— de igualdad y libertad. El tenor mismo del discurso de género, en todo caso, pone de manifiesto que, al emplear esta palabra, tenemos en mente, sobre todo, una cualidad —o constelación de cualidades— que, en principio asociadas con la diferencia sexual, interesan únicamente porque representan una pauta de diferenciación social, como por lo demás ocurre con muchas otras cualidades —ser más o menos rico, más o menos poderoso, más o menos listo, más JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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o menos fuerte...—. Pues bien, lo ideológico del discurso de género reside en considerar que la misma diferencia de género constituye una realidad social intrínsecamente opresiva, como lo fuera en otro momento la diferencia de propiedad para Rousseau o Marx, o como, en general, pudiera serlo cualquier diferencia que señale una razón de superioridad o excelencia de unos hombres sobre otros. Pues —seamos claros al respecto— en contra de lo que suele afirmarse —a menudo sin otro fin que sosegar espíritus inquietos—, la diferencia, toda diferencia, puede constituir una razón de superioridad o inferioridad, de mayor o menor excelencia, en el desempeño de determinadas tareas, y, por tanto, en el reconocimiento social obtenido a raíz de tal desempeño. Lo cual, sin embargo, no es lo mismo que afirmar que sea causa sistemática de opresión, como enseguida veremos. De cualquier forma lo importante es advertir que el problema con la «ideología de género», no lo constituye tanto la diferencia de género como la diferencia sin más. Y por ello, lo que se impone, mucho antes que una crítica a la ideología de género, es una crítica a la ideología igualitarista. Lo que se impone, mucho antes que preocuparse por refundir los conceptos de sexo y género, que podría significar perder de vista la complejidad social implícita en esta ecuación, es una reflexión sobre la diferencia sin más, con la vista puesta en el papel que ésta desempeña en la constitución misma de la sociedad humana. DIFERENCIAS Y SOCIEDAD

Concretamente, se impone preguntar dos cosas: ¿Es posible la sociedad humana sin diferencias de alguna clase? ¿Entraña la diferencia necesariamente alguna forma de superioridad? La respuesta a la primera pregunta parece negativa: aunque, mediante el artificio político, logremos crear un espacio en el que los seres humanos, sustancialmente iguales, se traten entre sí como «libres e iguales», dicho artificio político no puede ocultar otras diferencias naturales, no sustanciales, sino simplemente cualitativas, que lo anteceden; así, unos son más fuertes y otros más débiles, unos más dotados para unas tareas y otros para otras, unos hombres, otros mujeres, etc. Ahora bien, es natural que esas diferencias, de un modo u otro, se abran paso en la vida social, no sólo en forma de actividades desplegadas con mayor o menor fortuna, 38

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sino también en forma de reconocimiento social. No sería imposible impedirlo sin forzar la naturaleza de las cosas o, lo que es lo mismo, sin la interposición de una autoridad tiránica. Con ello se adelanta ya la respuesta, afirmativa, a la segunda de las preguntas. Sí: la diferencia entraña alguna forma de superioridad o excelencia. Cabría añadir: si la diferencia es sustancial, la superioridad es sustancial; si la diferencia es política, la superioridad es política; si la diferencia es cualitativa, la superioridad o excelencia es cualitativa. Sin embargo, la superioridad o excelencia entrañada en una diferencia no constituye por sí misma un motivo de opresión; a lo sumo puede constituir un motivo de respeto y honor. Pues crecer es, en buena parte, diferenciarse y encontrar la propia medida, más allá del baremo más o menos ideal, más o menos mediocre, que se nos impone desde fuera.

El desarrollo de la perspectiva de género sí ha servido para llamar la atención sobre variaciones históricas y culturales de los arquetipos de lo femenino y lo masculino, y, en esa medida, debería servir para enriquecer nuestra comprensión de la realidad social, y de los diversos modos en que lo femenino y lo masculino intervienen en su composición.

Así, resulta patente que, en determinados contextos sociales, tener o no una determinada cualidad, y tenerla de una manera no convencional sino personal, es lo que realmente «marca la diferencia», constituyendo una razón de superioridad o excelencia de unos individuos sobre otros. Lejos de afirmar que nos debemos honor por ser iguales, Tomás de Aquino señala, siguiendo a Aristóteles, que sólo se debe honor a los superiores o a los que sobresalen por alguna excelencia. Al mismo tiempo, sin embargo, conviene notar que, dentro de la sociedad humana, esa superioridad o excelencia es siempre relativa, porque, en otros contextos, donde estén en juego otros bienes o tareas, la excelencia bien puede caer del lado de otros individuos diferentes. Precisamente en esto fundamenta Tomás el honor que nos debemos unos a otros. Así, el hecho de JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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reconocer que los hombres merecen honor por ser superiores, no por ser iguales, no le impide añadir que todos los hombres merecen honor, en la medida en que «en cualquier hombre hay algo por lo que se lo puede considerar superior, según aquellas palabras de Flp 2,6: “pensando cada uno por humildad que los otros son superiores a él”. Y según esto todos deben buscar ser los primeros en honrar a los demás» (s.th.II.II.q. 103, a. 2, ad 3). En consecuencia, la diferencia, cualquier diferencia, entraña cierta superioridad o excelencia, que, entre los hombres, es siempre relativa a determinados contextos, pero que en todo caso basta para que nos rindamos honor los unos a los otros, y nos animemos los unos a los otros a ser consecuentes con esa excelencia peculiar. Para ambas cosas, ciertamente, hace falta humildad —virtud de la que estamos todos necesitados—. En todo caso, de acuerdo con este planteamiento, para que una diferencia —da igual que sea la diferencia de inteligencia, fuerza, género, raza, etc.— llegara a constituirse estructuralmente, no en motivo, pero sí en ocasión de una completa dominación de unos hombres sobre otros, sería preciso prescindir de la pluralidad de contextos en que discurre la vida humana, o al menos privilegiar uno de ellos sobre los restantes de tal manera que los valores propios de ese contexto particular monopolizaran ilegítimamente los valores propios de otros contextos diferentes. Probablemente esto ha ocurrido siempre. Así, es bastante comprensible que una sociedad guerrera privilegie los valores y las virtudes del guerrero; una sociedad comercial, privilegia los valores y virtudes del hombre de negocios; a su vez, una sociedad mediática se queda extasiada ante los famosos —según la atinada definición: «gente conocida por ser conocida»—. En sí misma, esta mayor valoración o reconocimiento de determinadas actividades no tiene por qué resultar conflictiva mientras se den dos condiciones: por un lado, que la actividad en cuestión esté socialmente justificada —los guerreros cumplían una función para el bien común, en cierto modo también los hombres de negocios; más difícil me resulta ver la función que cumplen los famosos...— y, por otro, que las restantes actividades sean también objeto de adecuado reconocimiento social, en la medida en que también contribuyen al bien común. Sin embargo, la mayor valoración de determinadas actividades empieza a resultar conflictiva cuando su conexión con el bien común deja 40

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de resultar evidente, y cuando, por otra parte, las demás actividades no son especialmente valoradas, ni por sí mismas (tal vez porque su desempeño se considera, con razón o no, poco creativo, en una sociedad que ante todo valora la creatividad y la iniciativa; o poco lucrativo cuando todo se mide por la capacidad adquisitiva; o poco «brillante», en una sociedad fascinada por los esplendores de la imagen), ni en razón de su contribución al bien común. Si, en estas condiciones una parte de la población se encuentra sistemáticamente confinada al ejercicio de estas actividades puede, con razón, considerarse oprimida, sobre todo si, entre tanto, ha ido asimilando, como parte de su cultura ambiental la idea, por lo demás verdadera, de que somos iguales en dignidad y derechos. Aquí conviene recordar que, desde la Antigüedad, este ha sido siempre el punto de arranque de los movimientos contrarios al orden social

La diferencia, cualquier diferencia, entraña cierta superioridad o excelencia, que, entre los hombres, es siempre relativa a determinados contextos, pero que en todo caso basta para que nos rindamos honor los unos a los otros, y nos animemos los unos a los otros a ser consecuentes con esa excelencia peculiar.

vigente: reclamar un cambio que traiga cierta igualación, sea la de los esclavos, sea la de los extranjeros, sea la de los siervos de la gleba, etc. Más aún: una de las grandes novedades —perennes novedades— de la historia humana es la idea de que todos los seres humanos, sin distinción de raza, sexo, religión posición social, etc., son iguales ante Dios. Esta idea, que distingue al cristianismo de otras religiones, fue como la levadura que adelantó la fermentación de ideas de justicia implícitas ya en algunas formulaciones de la filosofía griega y el derecho romano. Así, no es extraño que a lo largo de la historia, pacientemente, sin necesidad alguna de suscribir el fervor revolucionario, pero en tensa sintonía con ideas compartidas en una sociedad y de acuerdo con las posibilidades reales, el cristianismo haya promovido y sostenido formas de igualdad en la educación, en el uso de la riqueza, en los derechos civiles, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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en la participación en los asuntos públicos, etc. Lo que este proceso pone en claro, en todo caso, es que la justicia no se impone por sí sola, si no hay agentes que la hagan suya y la promuevan con sus palabras y sus obras. D I S C U R S O I G U A L I TA R I O , P R Á C T I C A S D I S C R I M I N AT O R I A S

Donde faltó visión, así como el tesón paciente, pero decidido, de trabajar por la justicia, hizo su aparición la revolución. Así, fue la confluencia de un discurso de igualdad, como el que se abrió paso en la cultura occidental desde el siglo XVIII, con prácticas sociales y culturales que de hecho negaban esa igualdad lo que inspiró las revoluciones modernas, o lo que en los años sesenta del siglo XX desembocó en la batalla por los derechos civiles de la población negra en Estados Unidos. Si en la actualidad proliferan las historias y los relatos que tratan de hacernos conscientes de la contribución anónima de la gente de color al desarrollo de la civilización occidental, tal cosa no debe verse simplemente como un discurso ideológico, sino como un homenaje a una triste verdad, durante mucho tiempo soterrada, y de la que ahora somos más conscientes. Y algo similar cabría decir de las historias que tratan de mostrar en qué medida el desarrollo de esta misma civilización depende también del «trabajo oscuro» de muchas mujeres. Ahí se localiza la famosa frase de «detrás de un gran hombre hay una gran mujer». Lo que el discurso de género pone de manifiesto, sin embargo, es que el reconocimiento de este trabajo oscuro no es suficiente; que en ocasiones sirve indirectamente al propósito de retener a las mujeres precisamente en el ámbito de la vida privada, cuando igualmente podrían desarrollar otras muchas actividades, aportando a la vida pública cualidades y modos de hacer que varios siglos de presencia unilateralmente masculina no han conseguido introducir. En suma, que, si bien es cierto que «detrás de un gran hombre hay una gran mujer», algunas mujeres, por razones perfectamente legítimas, tal vez prefieran ocupar de vez en cuando el puesto delantero, y si ese es el caso, hay que considerar opresiva la práctica social que se lo impide. Lo que la perspectiva de género viene a discutir, en definitiva, son los planteamientos que, temerosos de los riesgos que entrañan el cambio social y cultural, cierran el paso a las mujeres a la vida pública, parapetándose en la idea de que el lugar natural de la mujer es la casa, y que toda 42

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modificación de expectativas en este sentido contraviene dicho orden natural. En última instancia, lo que los argumentos de género subrayan es que esas apelaciones a «lo natural» con frecuencia no son sino un modo de pasar por alto que hay estructuras y prácticas muy arraigadas que, en distintas esferas de la vida social, y en la mentalidad esclerótica de muchas personas (tanto hombres como mujeres), siguen favoreciendo la adjudicación de responsabilidades a los varones, impidiendo la entrada de las mujeres, al menos en la proporción que se corresponde con su tantas veces destacada preparación y competencia académica. Ciertamente, el rendimiento teórico de la perspectiva de género es limitado: se reduce a proporcionar una clave heurística para enfrentarse al análisis social y cultural con un propósito previamente definido: desvelar las estructuras de dominación construidas en torno al género. Pero que de hecho

El punto teórico más frágil de los discursos de género estriba en un escaso refinamiento conceptual, que lleva a considerar la dominación como algo inevitablemente derivado de la diferencia, para concluir a continuación que la anulación de la diferencia es el único camino para superar la dominación.

las ha habido, más aún, que las hay, parece indudable. Ahí está el famoso «techo de cristal», contra el cual de nada sirve «ser una mujer de talento». Precisamente esta expresión —«mujer de talento»— invitaría a responder con la ironía de Simone de Beauvoir: «Dicen que ya se ha alcanzado la igualdad porque hay mujeres de talento en lugares de poder. Nada más falso: la igualdad se habrá conseguido cuando incluso haya mujeres tontas en lugares de poder». Aunque en los últimos tiempos se hayan dado pasos notables en este lamentable sentido, lo verdaderamente sorprendente es que apenas llame la atención la frecuencia con la que hombres manifiestamente incompetentes —digámoslo sin eufemismos: hombres manifiestamente tontos— ocupan posiciones de poder, o que simplemente lo hagan porque «ahí no se ve bien una mujer». Esto es significativo de que, efectivamente, en muchas cosas se usa todavía una doble vara de medir. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Desde hace más de veinte años las estadísticas sobre resultados académicos coinciden en señalar que los mejores expedientes, así como la madurez y capacidad de decisión en el trabajo, están de lado del las mujeres y, sin embargo, su presencia en esas posiciones es todavía muy escasa. En cualquier caso, el punto teórico más frágil de los discursos de género estriba en un escaso refinamiento conceptual, que lleva a considerar la dominación como algo inevitablemente derivado de la diferencia, para concluir a continuación que la anulación de la diferencia es el único camino para superar la dominación. Esta hipótesis es radicalmente problemática por utópica, pues olvida que la diferencia —no sólo la diferencia de género sino cualquier diferencia— acompaña necesariamente el despliegue de la vida social, de forma que el intento de suprimir una diferencia significa únicamente introducir otra. Irónicamente, esta problemática fusión, típicamente ideológica, de «diferencia» y «dominación», que presenta la dominación como algo que fluye «inevitablemente» de la diferencia, se asemeja demasiado a los que argumentan a favor de un orden social pretérito apelando a su presunta «naturalidad». Unos y otros parecen desconocer el dinamismo connatural a la razón práctica, su capacidad de enfrentar situaciones nuevas y desarrollar soluciones acordes con unos principios intelectuales y morales, que el contexto social y cultural puede eventualmente oscurecer, pero nunca acallar definitivamente. En este sentido, de manera colateral, el desarrollo de la perspectiva de género sí ha servido para llamar la atención sobre variaciones históricas y culturales de los arquetipos de lo femenino y lo masculino, y, en esa medida, debería servir para enriquecer nuestra comprensión de la realidad social, y de los diversos modos en que lo femenino y lo masculino intervienen en su composición. MODALIDADES HISTÓRICAS DE LO FEMENINO Y LO MASCULINO

En efecto, la perspectiva de género ha venido a resaltar que, más allá de la diferencia biológica entre los sexos —que la ideología de género tiende a menospreciar en exceso, cuando indudablemente es parte de la explicación de la mayor presencia de ciertas inclinaciones y aptitudes en un género que en otro—, lo masculino y lo femenino son categorías o arquetipos que adoptan formas históricas y culturales diversas. 44

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A partir de ahí, la ideología de género concluye ilegítimamente que son meras formas históricas y culturales, por lo general opresivas y, por tanto, dignas de desaparición. Pero cabe prescindir de este último proceso mental para quedarnos simplemente con lo primero: lo femenino y lo masculino se realizan de forma diversa en las distintas sociedades y culturas. Y estas realizaciones sociales y culturales afectan a la misma psicología de los hombres y las mujeres protagonistas de esos cambios, pues procesos sociales y psicológicos se coimplican mutuamente. En efecto: no sería difícil argumentar, por ejemplo, que la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral en la segunda mitad del siglo XX ha comportado también la adopción por su parte de roles antes considerados masculinos, y que, en el curso de esta adopción, ellas mismas han desarrollado rasgos psicológicos antes mayoritariamente atribui-

En momentos de cambio, en que las prácticas heredadas entran en crisis, la iniciativa cae del lado de las personas que descubren un valor, y deciden vivir libre y responsablemente conforme a él.

dos a los hombres, pero que, en manos de las mujeres, adquieren una modalidad diferente. Paralelamente, y relacionado con lo anterior, se encuentra también la progresiva adopción, por parte de los varones, de roles domésticos antes principalmente asociados a las mujeres, con lo que tal cosa supone de desarrollo, entre los varones, de rasgos psicológicos antes mayoritariamente atribuidos a las mujeres —pero que ahora, desarrollados por los hombres, adquieren también una modalidad diferente—. Pero, en parte, ha sido la misma evolución social en otros aspectos lo que ha provocado estos cambios. Así, la disminución de las profesiones que requieren un esfuerzo físico y el aumento de aquellas que se apoyan en las relaciones sociales y la comunicación —proceso que comienza ya en el siglo XVIII, con el desarrollo de la sociedad comercial— han permitido que muchos hombres desarrollen puntos de vista y modos de trato antes considerados femeninos. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Entiendo bien que la referencia al «antes», para caracterizar «lo masculino» y «lo femenino», podría causar cierta inquietud a quienes desearían fijar de una vez por todas el contenido de lo «femenino» y lo «masculino», y medir la mayor o menor masculinidad o feminidad conforme a esos criterios fijos enumerados en una tabla. Me temo, sin embargo, que eso es tanto como desear fijar lo que constituye la naturaleza humana, más allá de la abstracta referencia a la racionalidad —en la que va, por cierto, implícita, la referencia al cuerpo: los ángeles no son racionales sino intelectuales—. La verdad es que, al igual que la racionalidad abre el camino a una pluralidad de modos históricos y culturales de realizar la naturaleza humana, así también, los modos culturales en los que se plasma la diferencia de género en las distintas sociedades humanas son variados. Por supuesto, hay diferencia. Pero de ella cabe decir algo parecido a lo que dice Heráclito de la naturaleza: «La naturaleza gusta de ocultarse». Y se oculta, de hecho, detrás de la cultura. Del mismo modo, la diferencia entre varones y mujeres siempre está presente, pero los modos concretos en que se abre paso y se manifiesta en la vida social y la cultura varían a lo largo del tiempo. Si, con la vista puesta en las realizaciones históricamente más recientes de lo femenino y lo masculino, nos aventurásemos a realizar un diagnóstico de la presente situación cultural, podríamos describir el proceso por el que pasan nuestras sociedades contemporáneas diciendo que, en su conjunto, tanto en el ámbito público como en el privado, han venido experimentando una progresiva nivelación de «lo femenino» y «lo masculino», que contrasta con la marcada diferencia de ambos aspectos en otras épocas históricas. Este diagnóstico, a su vez, podría servir de base para efectuar valoraciones de distinto signo. Pues lo que desde el punto de vista de los adultos puede considerarse positivo —que tanto varones como mujeres desarrollen la dimensión pública y la privada de su personalidad—, podría no serlo desde el punto de vista de los niños, cuya maduración emocional, tal y como ha mostrado el psicoanálisis, depende en buena medida de que adviertan una neta diferencia entre lo masculino y lo femenino en las primeras etapas de su desarrollo. Sin embargo, la misma situación admite otra lectura diferente. Ésta iría en la línea de mostrar que la progresiva nivelación de los roles sociales, y 46

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el desarrollo de actitudes psicológicas asociadas a ellos, por parte de hombres y mujeres, no tiene por qué conducir realmente a la anulación de la diferencia, sino más bien a que ésta, por natural imposible de erradicar, llegue a manifestarse de otro modo, tanto en el ámbito público como en el privado. Cuál sea ese modo no puede definirse a priori, pues es algo llamado a adquirir concreción en el ejercicio mismo de la vida personal y social. Pero lo que sí es cierto es que, en este preciso momento histórico, no cabe marcha atrás: para bien y para mal, no cabe que las mujeres se retiren de la vida pública y no cabe que los hombres se retiren de la vida privada. Muy al contrario, sólo cabe facilitar lo más posible que ambos se embarquen en las dos dimensiones de la vida, y descubran por sí mismos de qué manera la aportación de ambos puede enriquecer la vida familiar y social. En momentos de cambio, en que las prácticas heredadas entran en crisis, la iniciativa cae del lado de las personas que descubren un valor y deciden vivir libre y responsablemente conforme a él. 

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Nuevas tecnologías. Nuevos retos en la protección de la infancia ARTURO CANALDA GONZÁLEZ DEFENSOR DEL MENOR EN LA COMUNIDAD DE MADRID

Las nuevas tecnologías han marcado decisivamente el devenir de nuestra sociedad en los últimos años. De una tecnología de «compartimentos estancos», donde la radio, la televisión, los ordenadores y la telefonía tenían su propio protagonismo de forma individual, hemos evolucionado hacia una tecnología de «amalgama», donde ya resulta muy difícil distinguir dónde acaba el teléfono móvil y dónde empieza el ordenador personal. Las diferentes tecnologías se integran entre sí como si fueran un todo y alrededor de estos sofisticados elementos de comunicación se han generado diversas formas de entender la vida. El correo ha pasado a ser electrónico, la fotografía ahora es digital, el dinero es de plástico y nuestra vida empieza a ser de todos gracias a las redes sociales. Si no estás en Tuenti o Facebook, simplemente no existes. Esta realidad se hace mucho más palpable en nuestros hijos ya que, por razones de edad, no han convivido con los sellos de correos, con la película fotográfica o con las cabinas telefónicas de fichas. Nuestros hijos han nacido «digitalizados», con las ventajas que ello supone; Pero también con serios inconvenientes que empezamos a constatar desde distintos ámbitos de protección de la infancia. El concepto de desamparo como elemento determinante a la hora de intervenir cuando se trata de menores de edad es algo que no tiene discusión. Pero a la vista de la realidad actual quizá deberíamos plantearnos una nueva acepción del término e incorporar como elemento indicativo de una posible necesidad de protección el «desamparo tecnológico». Entendido éste no como la falta de medios tecnológicos sino como aquellas situaciones de riesgo para un menor provocadas por un uso inadecuado de las nuevas tecnologías. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Cuando en los años ochenta los niños empezábamos a utilizar los primeros ordenadores personales los riesgos que como usuarios asumíamos eran prácticamente inexistentes. Ojos rojos como consecuencia de una prolongada exposición a monitores de rayos catódicos y problemas derivados del sedentarismo ante una pantalla que poco nos ofrecía, salvo rudimentarios juegos y un aburrido sistema operativo. No existían las redes sociales y la comunicación entre ordenadores era el privilegio de unos pocos. En definitiva, un apasionante mundo por descubrir. La única forma que alguien tenía para contactar con nosotros, adolescentes de los ochenta, era a través del teléfono, que como estaba en medio del pasillo y sonaba de forma estridente, suponía una garantía para nuestros padres, que en ese mismo momento «ponían la antena». Pero hoy las cosas son bien distintas para nuestros hijos. En la gran mayoría de los hogares españoles, el ordenador personal con pleno acceso a Internet está en la habitación de los niños. Se ha convertido en una magnífica niñera electrónica que les mantiene entretenidos durante largos ratos y gracias a las redes sociales pueden tener millones y millones de amigos que escapan a cualquier control por parte de los padres. Además, el ochenta por ciento de los chavales mayores de diez años tienen teléfono móvil y la gran mayoría, teléfono móvil con acceso a Internet. Si a esto añadimos que el círculo se cierra con las consolas de videojuegos y con una oferta televisiva sin precedentes, la cosa se complica sobremanera. En especial a la hora de controlar o supervisar el uso que se hace de toda esta tecnología por parte de los más pequeños. Esta nueva realidad nos configura también nuevas necesidades de protección de la infancia que hay que ir implementando no sólo en la relación de padres a hijos, sino que las administraciones están ante un verdadero reto que en la mayoría de los casos ni siquiera tiene soporte legal. La variedad de casos que analizamos en el día a día de nuestra institución es impresionante: usurpación de cuentas de correo electrónico, acoso escolar, delitos contra la intimidad de los menores, pornografía infantil, facturas telefónicas excesivas, publicidad no deseada, estafas, suplantación de personalidad, malos tratos, pederastia. Una panoplia de situaciones que, en muchos casos, conllevan una actuación rápida y eficaz ya que se dispone de los instrumentos legales para ello. Pero en otros 50

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muchos casos, como por ejemplo la apología de la anorexia y la bulimia No deja de ser chocante que mieno la apología de la pederastia, esa tras las administraciones se gastan actuación se ve ralentizada ante la cantidades muy importantes en la falta de un tipo legal que nos per- prevención de la anorexia y la bulimita actuar. En España, este tipo de mia, sea realmente difícil cerrar pá«apologías» no están tipificadas ginas web en las que se enseña a como delito, a diferencia de lo que las niñas a vomitar o a perder kilos ocurre, por ejemplo, con la apolo- de forma acelerada. gía del terrorismo, y perseguir a los responsables se convierte en una tarea poco menos que imposible. No deja de ser chocante que mientras las administraciones se gastan cantidades muy importantes en la prevención de la anorexia y la bulimia, sea realmente difícil cerrar páginas web en las que se enseña a las niñas a vomitar o a perder kilos de forma acelerada. Y que para hacerlo tengamos que recurrir a veces a la ficción de considerar a los administradores de esas páginas como autores de un delito contra la salud pública o de un delito de inducción al suicidio. Por ello se hace realmente necesario modificar el Código Penal para que, al igual que sucede en Francia, estas conductas sean punibles. El teléfono móvil se ha convertido en una herramienta indispensable para la gran mayoría de nosotros. Cuando lo olvidamos o se nos queda sin batería nos sentimos realmente incómodos y algunos son capaces de volver sobre sus pasos no vaya a ser que en el trayecto de casa a la panadería se pierdan una llamada importante. Lo cierto es que los adultos normalmente empleamos el terminal como un instrumento más de nuestro trabajo diario. Con la tecnología 3G la cantidad de información a la que se accede mediante el teléfono móvil se ha multiplicado por diez y ya a nadie le llama la atención ver cómo una persona descarga archivos de correo electrónico a gran velocidad mientras come un sandwich o mientras espera en la parada del autobús. Pero he aquí que los niños y adolescentes utilizan esos terminales de una forma algo distinta a como lo hacemos los adultos. En primer lugar, para ellos no es una herramienta de trabajo sino un elemento más de ocio. En segundo lugar, llevar el teléfono móvil más moderno y más sofisticado se ha convertido en un JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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signo diferenciador importante. Con independencia del coste que suponga y que en la gran mayoría de los casos es sufragado por los padres. Si además tenemos en cuenta que los móviles cada vez incorporan cámaras fotográficas y de vídeo de mayor calidad, el mundo que se ofrece a nuestros hijos es realmente atractivo. Así, no es extraño que cuando un adolescente observa una situación digna de ser inmortalizada con su cámara, haga un uso compulsivo de la misma y que las fotos obtenidas sean «subidas» de forma inmediata e irreflexiva a su perfil del Tuenti. Esto está generando multitud de denuncias ante el Defensor del Menor o la Fiscalía. Denuncias que casi siempre manifiestan la utilización indebida de imágenes de menores que atentan contra la dignidad de sus protagonistas. Las agencias de Protección de Datos están realizando una importante labor pedagógica para prevenir este tipo de prácticas pero no debemos olvidar que estamos hablando de niños y que muchas veces son absolutamente inconscientes de que están cometiendo un delito. Como inconscientes son de que esa imagen que han colgado en la red puede ser vista de una forma «algo distinta» a como ellos la ven. Este es quizá uno de los campos donde más difícilmente podemos actuar los adultos, ya que no es habitual que nuestros hijos nos consulten cada vez que quieran subir una fotografía. Por ello se hace indispensable que hablemos con ellos y que les abramos los ojos de manera que piensen un poco antes de subir nada a la red. Que valoren y reflexionen sobre las consecuencias de colgar una fotografía humillante o con contenido que pueda ser malinterpretado. No podemos convertirnos en un vestigio de la censura previa pero sí que podemos, y debemos, orientarles. La patria potestad también hay que ejercerla en el mundo virtual. Hay una vieja receta que siempre funciona y que es infalible no sólo en este sino en casi todos los órdenes de la vida. Me refiero a la educación en valores que, en contra de lo que algunos pudieran pensar, también sirve para el mundo digital. Es más, yo diría que es precisamente en ese mundo digital donde es más necesario educar en valores. Muchos chicos no se atreverían a criticar a otros compañeros si tuvieran que hacerlo cara a cara. Por eso es tan fácil el acoso digital y por eso tiene consecuencias tan nefastas. No sólo por lo duro que puede llegar a ser sino por la 52

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universalización del hecho en el mundo virtual. Lo que antes quedaba La completa implantación de la telereducido al patio del colegio ahora visión digital terrestre necesariapermanece disperso y al alcance de mente debe llevar aparejada la creacualquiera que acceda a la red. Es ción de una nueva ley audiovisual muy importante educar a los niños que recoja estas nuevas realidades desde pequeños en el respeto a los pero que, sobre todo, incorpore un mayores y a los compañeros, ense- régimen sancionador eficaz. ñarles a empatizar, inculcarles la cultura del esfuerzo y hacerles comprender que en la vida a veces se gana y a veces se pierde. Pero, sobre todo, hay que darles mucho cariño y apoyo. La parte más delicada de las redes sociales es la que se refiere a la ingente cantidad de información que nuestros hijos cuelgan en ellas. No tanto las fotografías cuanto sus datos personales, preferencias, conversaciones con amigos —a veces muy íntimas— y otros aspectos que a cualquiera de nosotros nos ruborizarían. Datos que en algunos casos pueden estar comprometiendo su propia seguridad o la de su familia. Por eso es importante también darles una mínimas pautas de comportamiento para evitar, en la medida de lo posible, que den más información de la necesaria. La televisión también ha entrado con fuerza en la era digital. Es evidente que el apagón analógico va a suponer una mayor oferta de canales y de mejor calidad (en la señal, no en los contenidos). Pero también supone una verdadera integración de la televisión digital con la red y con la telefonía móvil. Nuestros hijos ya pueden ver televisión bajo demanda en sus terminales telefónicos y esto supone un nuevo reto para los padres, tanto por el coste como por lo difícil que va a resultar ahora controlar a qué programas o series acceden con su teléfono móvil. Las grandes cadenas de televisión han visto claramente el negocio y las series de culto que han enganchado a miles de adolescentes pueden seguirse por Internet e incluso se puede interactuar con ellas. Los televisores digitales vienen provistos de un sistema de discriminación de contenidos basado en una codificación por edades que deben tener todos los programas. Con los receptores analógicos este sistema de supervisión no era posible y pese a que con los receptores digitales sí que lo es, a día de hoy se trata JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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de un sistema totalmente inútil. Las cadenas no codifican los programas y por tanto el sistema de discriminación no entra en funcionamiento. Por ello, el gobierno debe plantearse seriamente la exigencia de esta codificación como una verdadera iniciativa destinada a la protección de los menores. La completa implantación de la televisión digital terrestre necesariamente debe llevar aparejada la creación de una nueva ley audiovisual que recoja estas nuevas realidades pero que, sobre todo, incorpore un régimen sancionador eficaz. Hoy sale barato no respetar los horarios de protección infantil fijados en la Directiva de Televisión sin Fronteras. Los ingresos que las grandes cadenas obtienen por la publicidad son bastante mayores que las sanciones previstas en la actual ley. Y en los casos más graves de incumplimiento no se conoce todavía a ningún responsable político que haya amenazado a una cadena con retirarle la licencia. En definitiva, nos enfrentamos a nuevos retos derivados de verdaderas situaciones de desprotección en las que el legislador no había pensado. Y por ello el esfuerzo necesario para atajarlas es doble. Por un lado, hay que legislar de manera que se pueda actuar en defensa de los derechos de los más pequeños en estos nuevos ámbitos. Por otro, hay que incorporar en el currículo una verdadera asignatura de nuevas tecnologías que enseñe y prevenga a los alumnos. No podemos poner puertas al campo. Por muy digital que sea el campo y por muy lógicas que sean las puertas. 

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¿Cómo son las generaciones interactivas? X AV I E R B R I N G U É S A L A P R E S I D E N T E D E L C O N S E J O A C A D É M I C O A S E S O R D E L F O R O G E N E R A C I O N E S I N T E R A C T I VA S

En octubre de 2008 se publicó el informe: La generación interactiva en Iberoamérica (Ariel-Fundación Telefónica), hito que constituye el primer estudio internacional sobre el uso de diversas pantallas entre menores de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, México, Perú y Venezuela. Las respuestas y opiniones de 25.467 escolares —algunos en la infancia, otros en plena adolescencia y los más mayores superando esa etapa— permiten caracterizarles como la primera generación interactiva latinoamericana, al mismo tiempo que constituyen una fuente de conocimiento de gran valor en la identificación de los problemas nucleares que serán el objetivo fundamental de este proyecto. A continuación, nos referimos brevemente a los rasgos característicos de la generación interactiva. 1 . U n a g e n e r a c i ó n e q u i p a d a . Todas las previsiones indican cómo el sec-

tor del ocio y del entretenimiento va a ser uno de los campos con mayor crecimiento mundial en los próximos años. De forma quizá silenciosa una generación provoca parte de estas tendencias: el adolescente —en muchos casos niño todavía— está consiguiendo equiparse para responder a sus necesidades interactivas. Algunos datos de posesión son indicio de ello: el 61% de los niños encuestados (6-9 años) y el 65% de los adolescentes, 10-18 años, declararon poseer un ordenador en casa; el 40% de los más pequeños y el 46% entre los mayores afirmó disponer de una conexión a Internet en su hogar; el 42% de los pequeños y el 83% de los adolescentes, por último, poseen un teléfono móvil propio. Sin embargo la posesión, a veces dificultada por las condiciones económicas, no limita el acceso a estas tecnologías interactivas: el 63% de los encuestados de seis años navega por la red, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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porcentaje que alcanza el 96% a los 17 años, lo que confirma la afinidad de este grupo de edad con los dispositivos digitales. 2 . U s o m u l t i f u n c i o n a l d e l a s p a n t a l l a s . Desde una visión adulta cabe

pensar que cada medio, cada pantalla tiene asignado un cometido bien definido: el televisor sirve principalmente para entretener o informar, el teléfono móvil para comunicarse, los videojuegos para satisfacer necesidades lúdicas, Internet para buscar información y apoyar la faceta más importante —en tiempo y por naturaleza— de los más pequeños: la escuela. Sin embargo, por encima de esta percepción la generación interactiva parece definir las pantallas de forma integrada y multifuncional. De algún modo son medios capaces de dar respuesta a fines muy definidos: por ejemplo, Internet les sirve en sus tareas escolares pero, sobretodo, les brinda la posibilidad de una conexión permanente con todo lo que les interesa, basta ver los usos más frecuentes relacionados con la descarga de música, películas, etc. Puede que el teléfono móvil se haya inventado para hablar pero también es posible comunicarse de otras maneras: mensajes de texto, envío de fotos y vídeos. Parece que lo principal de un videojuego es jugar; sin embargo, si es en red mucho mejor, con posibilidad de chatear y navegar como parte de la actividad lúdica. En definitiva, la generación interactiva exprime y experimenta con las pantallas para servir a dos aspectos esenciales de su vida: el ocio y la relación social. 3. Una generación multitarea. A pesar de la profusión de pantallas en la

vida de la generación interactiva se muestra capaz de prestarles atención al mismo tiempo que realiza otras tareas. Los datos han confirmado la simbiosis entre un público con dificultades para mantener la atención en una única tarea y unos medios que claramente ofrecen una lectura no lineal. El 70% de los mayores declara comer mientras la televisión está encendida, y en un 39% de los casos hacer la tarea. Incluso un 15% afirma navegar y ver la televisión simultáneamente. El teléfono móvil se mantiene encendido mientras están en clase para el 54% de los casos, mientras que acompaña a su tiempo de estudio en un 78% de las ocasiones.

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4 . U n a g e n e r a c i ó n p r e c o z . La experiencia televisiva indica cómo este

medio tardó varias décadas en ocupar gran parte de la vida y el tiempo de millones de espectadores. Sin embargo, en el ámbito interactivo el mismo fenómeno está adquiriendo una velocidad vertiginosa: los datos confirman cómo cada vez más se acorta la edad de acceso a las pantallas: por ejemplo, sobre la muestra reseñada casi seis de cada diez de los mayores afirman haber obtenido su móvil antes de los doce años. 5 . E l l a s , r e l a c i ó n ; e l l o s , a c c i ó n . Una mirada a los datos en función del género permite establecer una diferencia básica entre chicos y chicas. Los primeros ven en las pantallas un medio para corresponder a lo que más les interesa: la necesidad de acción. La mayor penetración de los videojuegos, la preferencia sobre una oferta lúdica basada en la competición; el acceso a determinados servicios y contenidos en Internet así lo han confirmado. En el otro extremo se sitúan las féminas y su principal preferencia por un uso relacional de las pantallas: suelen chatear más, prefieren el teléfono móvil a otros medios que no permiten tanta interacción con sus iguales y son jugadoras preferiblemente de títulos que les permitan construirse en un entorno de relación social. 6 . D e la ciberadoles cencia a la ci berm adurez . La edad es una variable que permite tipificar rasgos esenciales en la generación interactiva. La frontera de los 12 años parece marcar —o más bien reflejar— la entrada en la ciberadolescencia: por ejemplo, los usos de Internet varían a favor de todo aquello que permita una conexión constante con el grupo de iguales; el móvil supera el 50% de penetración, y los videojuegos dejan de ser un juego para convertirse en una relación —competitiva o social— con amigos y desconocidos. Entre los que son dos o tres años mayores, parece producirse un cambio en los perfiles de uso y valoración de las diversas pantallas, entrando quizá en un estadio de cibermadurez. La novedad del videojuego se atenúa y gana peso la televisión, incluso frente a Internet. Los consumos se moderan y los medios parecen encontrar otros fines: por ejemplo, se utiliza mejor Internet para estudiar.

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7. Una generación movilizada . Sin obviar el actual peso de la gran pan-

talla o el uso multifuncional que hacen de todas ellas, se perfila un futuro dominado por el teléfono móvil. Es la pantalla que les acompaña a todas partes y la que les sirve de nodo para gestionar todas sus actividades y cabe pensar que el ritmo actual de desarrollo e innovación de la tecnología móvil les facilitará pronto una herramienta de bolsillo capaz de integrar lo que ahora encuentran en las diversas pantallas: contenidos, ocio e interacción social. 8 . U n a g e n e r a c i ó n e m a n c i p a d a . Dos son las cuestiones fundamentales

que apoyan este principio: la consolidación de la cultura del dormitorio o la realidad de unos adolescentes que viven en un hábitat propio, aislado de la vida familiar y en muchas ocasiones equipado para abrirse de forma global a un universo interactivo, y el acceso en solitario a las pantallas como la forma más habitual de uso y aprendizaje de los escolares encuestados. Sin embargo, pese a que en muchas ocasiones esta autonomía está fomentada por los adultos, un 27% de los adolescentes, por ejemplo, recibió el celular de manos de sus padres sin pedirlo, lo cierto es que su preferencia de consumo de medios y pantallas es claramente social: el 36% de los encuestados prefieren jugar acompañados que solos, y el 51% también opta por ver la televisión acompañado, aunque eso suponga no elegir el contenido. 9 . A p r e n d o e n l a e s c u e l a , n a v e g o e n l a c a l l e . Aunque las diferencias

por países existen, lo cierto es que se aprecia una tendencia clara al acceso a Internet desde el hogar. Sin embargo, en el caso de la generación interactiva en Iberoamérica se da una situación de contraste que implica que al mismo tiempo que un porcentaje significativo de niños aprenden y utilizan Internet en la escuela —30% acceden desde ella y el 19% cita a un profesor como fuente de aprendizaje— el uso más habitual sea en un lugar público, ajeno al contexto educativo en el que se ha adquirido el conocimiento y a la realidad familiar en la que se vive. Los cibercafés aparecen como un lugar estratégico en el uso de Internet de estos menores para el 48% de los jóvenes entre 10 y 18 años.

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10. Mediación familiar . Como hemos visto en lo largo de las páginas an-

teriores, el significativo acceso en solitario a las pantallas no impide demostrar la existencia de familias interactivas: son evidentes los beneficios que consiguen en su cotidiano empeño por acompañar a los menores en sus usos de las tecnologías. Sin embargo, a pesar de esta esperanza, queda mucho camino por recorrer. Son todavía pocos los progenitores implicados en esa mediación familiar, perdiendo la oportunidad de ser referente educativo también en este ámbito crucial. Junto a esto, también se observa cierta fractura digital entre padre y madre: En algunos casos, el primero es referencia educativa para la generación interactiva, opción muy minoritaria para las madres. Sin frivolizar en los evidentes problemas que esto plantea también se abre una oportunidad: padres y madres pueden recuperar espacios y tiempos perdidos si transforman la generación interactiva en familias interactivas. 11. La escuela: referencia actual y potencial. Aunque queda mucho camino por recorrer, además de las evidentes carencias económicas y técnicas, el ámbito escolar iberoamericano está haciendo un gran esfuerzo para adaptar e integrar el uso de las tecnologías de la comunicación y la información como elemento clave para alcanzar sus objetivos educativos. Los equipos docentes muestran una gran flexibilidad para afrontar las dificultades que plantea equipar centros educativos, formar profesores o cambiar sistemas y formas de trabajo personal y colectivo muy arraigados. La encuesta realizada indica algunas diferencias claras entre los escolares que navegan y aprenden el uso de la red en el colegio frente a los que no lo hacen. Los escolares con acceso a Internet desde sus aulas hacen un uso más intensivo —en tiempo, en servicios y contenidos—. Asimismo, manifiestan una mayor pericia como usuarios, le reconocen mayor utilidad y la consideran imprescindible en un porcentaje más alto; reconocen en un porcentaje mayor aspectos positivos como el ahorro de tiempo o el aumento de las posibilidades en la comunicación que les ofrece, pero también negativos como que el riesgo de generar cierto aislamiento o adicción. En definitiva, la escuela tiene mucho que decir en la formación de la generación interactiva y su voz comienza a escucharse con fuerza.

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«Aquel niño rodeado de ambiente de cariño y seguridad, con intereses y amigos correctos, y dedicado a actividades saludables en sus horas de ocio, tiene una pequeña posibilidad de que la televisión le provoque efectos no desados». Esta cita, extraída de uno de los estudios pioneros sobre los efectos de la televisión en los menores, escrita en 1961, pone de manifiesto la oportunidad de replantear retos educativos existentes. Dicho de otro modo, la llegada masiva de la tecnología interactiva abre un nuevo panorama de posibilidades al tiempo que suscita una oportunidad formativa a la que en su momento supuso la aparición del televisor. Y para afrontar esta nueva realidad, interconectada, global y cambiante, es preciso —tal como recordábamos al principio— el esfuerzo de todos los implicados en este nuevo escenario: menores, padres, educadores, empresas y agentes sociales.

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El siglo XXI pasará a la historia —igual que ocurrió en el XVI con la imprenta— por marcar una revolución en el ámbito de la comunicación globalizada y la proliferación de pantallas cada vez más personalizadas. En el centro de este huracán tecnológico se sitúan, en primer lugar como usuarios, los menores definidos como nativos digitales o la primera generación interactiva. Al mismo tiempo, les acompañan en esta dimensión quienes tienen la responsabilidad de tutela educativa sobre ellos, fundamentalmente, padres, madres y profesores. Y afecta de modo amplio a agentes sociales, empresas y investigadores en su afán de mejorar, porteger y entender mejor a la primera «generación interactiva». Dicho de otro modo, la relación entre los menores y las pantallas plantea un escenario de retos y oportunidades educativas hasta ahora desconocidas y que, tanto en su origen como en su solución deben abordarse desde un punto de vista globalizado, cooperativo e interdisciplinar. En este sentido, el pasado mes de diciembre se constituyó en Madrid el Foro

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Generaciones Interactivas cuyos fundadores son: Telefónica, la Universidad de Navarra y la Organización Interamericana de Universidades. La misión del Foro es promover la investigación, formación, divulgación y puesta en marcha de iniciativas legislativas y autorreguladoras en el ámbito del menor y la sociedad de la información que permita que todos los actores implicados (niños y LA GENERACIÓN adolescentes, padres, educadores, leINTERACTIVA gisladores, administraciones públiEN IBEROAMÉRICA . cas, empresas y asociaciones) pueNIÑOS Y ADOLESCENTES dan mejorar su trabajo respetando la ANTE LAS PANTALLAS naturaleza de sus fines (educativos, Editorial Ariel. legislativos, comerciales, etc.) Colección Fundación Telefónica, 337 páginas Por otro lado, las actuaciones del Foro se estructuran en tres ejes: – Investigación: desarrollo de proyectos de investigación interdisciplinares e internacionales. – Formación y educación: desarrollo de planes formativos para profesores, padres, escolares, voluntarios, agentes sociales; elaboración de materiales didácticos para educar en el uso responsable de las TIC – Sensibilización y divulgación: organización de conferencias y sesiones dirigidas a distintos públicos. Publicación de estudios científicos y monografías. Difusión a la opinión pública de noticias sobre el Foro y su ámbito de actuación. Por último, el Foro cuenta con un comité directivo presidido por don Iñaki Urdangarín y un comité académico asesor dirigido desde la Universidad de Navarra y, en la actualidad, desarrolla el proyecto Generaciones Interactivas en: Argentina, Chile, Perú, Colombia, Brasil, México, Venezuela, Uruguay, Ecuador, Guatemala, y España. 

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Derecho e Internet JORGE VILLARINO MARZO LETRADO DE LAS CORTES GENERALES

Uno de los grandes retos del mundo del Derecho es que tiene que hacer frente a la cambiante realidad social, a las respuestas que la sociedad demanda. Esta característica se ha visto incrementada notablemente como consecuencia de la caída de las fronteras en el plano económico, social, cultural e incluso político en determinadas áreas. Sin lugar a dudas, el factor probablemente más determinante en este cambio ha sido el de las nuevas tecnologías y más concretamente la aparición de Internet como un fenómeno global que ha afectado al núcleo mismo de las relaciones humanas y, cómo no, a los instrumentos que determinan o al menos regulan las mismas, entre los cuales ocupa un lugar muy especial el Derecho. Pocas personas más indicadas en España para abordar esta materia como el profesor García Mexía, catedrático de Derecho y Gobierno de Internet en la Universidad Internacional de La Rioja y experto en la materia desde hace diez años, como demuestra su condición de profesor visitante sobre la materia en el College of William and Mary. La perspectiva desde la que afronta esta obra es la de una demostración de que el Derecho de Internet ha asumido tal crecimiento en los últimos años que exige de su reconocimiento académico y ello en un ámbito tan global como el del continente europeo. Se trata de un reto difícil por cuanto el objeto de la materia es voluble y cambiante, pero además lo es a una velocidad que escapa a la fijación de la palabra escrita. Quizá este dato haga que el autor y la editorial Netbiblo tengan que asumir en un futuro más o menos próximo la publicación de una nueva edición. Se trata de una obra descriptiva, inductiva y valorativa; cualidades todas ellas que deberían informar una obra de naturaleza jurídica. La obra es descriptiva por cuanto gira en torno a la normativa europea sobre la materia, entendiendo el calificativo de europea tanto en el más integrador de la Unión como en el más amplio del Consejo de Europa. Qué duda cabe que sólo a través de una visión global de la materia y de una estrecha coope64

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ración entre Estados pertenecientes al menos a ámbitos geográficos más Internet hace que amplios sectores o menos homogéneos, se podrá de nuestro ordenamiento hayan hacer frente, siquiera de manera in- visto totalmente desbordadas sus cipiente, a este nuevo campo de re- categorías jurídicas. gulación. Así, uno de los vectores que afloran de manera intermitente en la obra es el de los problemas derivados de la legislación aplicable y la jurisdicción competente. El anonimato que caracteriza al mundo de Internet llama a una estrecha cooperación jurídica, que se ha demostrado compleja en ámbitos con un alto grado de integración como la Unión Europea y que plantea demasiados interrogantes si pensamos más allá. También es inductiva por cuanto está construida extrayendo las consecuencias que se derivan de las diferentes soluciones que han ido dando los diversos tribunales europeos, llamando a las puertas de una suerte de construcción principialista del Derecho, probablemente el único camino posible para la regulación de muchas de las materias que por su viveza, insistimos, excluyen las posibilidades de actuación de la norma escrita. Los denominados principios generales del Derecho gozan de universalidad en muchos casos a pesar de vivir en sistemas jurídicos muy diversos, y la universalidad es el objetivo, por muy irrealizable que sea, que debe tener la regulación de una realidad que es global como ninguna otra, puesto que Internet constituye el elemento que lleva a la globalidad de cualquier otro elemento de la realidad susceptible de tratamiento jurídico. A todo ello se añade lo valorativo. El autor no pierde la oportunidad de pronunciarse sobre cuestiones polémicas, ponderando los derechos enfrentados y meditando las respuestas que aporta. Qué duda cabe que para muchos Internet hace que amplios sectores de nuestro ordenamiento hayan visto totalmente desbordadas sus categorías jurídicas. La dificultad, que no rehúye el autor, es ver cómo aplicar esas viejas categorías a nuevas exigencias. Es una labor de finura y ponderación apoyada sobre pronunciamientos judiciales que junto con el rigor técnico de un buen jurista informan todas y cada una de las páginas de esta obra. La obra no olvida el soporte tecnológico, puesto que el conocimiento de la técnica es un prius lógico de una obra de esta naturaleza. Se hace JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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con un estilo y extensión ajustados, quedando de manifiesto que ocupa un lugar auxiliar, no por ello excluible, del conjunto de la obra. Analiza el derecho de Internet desde todas las visiones posibles, tanto positivas, con las amenazas, y oportunidades, que han surgido para nuestros derechos y libertades en Internet, centrándose en aquellos que se ven afectados directamente por la DERECHO EUROPEO red, y los retos que el Estado asume DE INTERNET a través de su Administración con inPABLO GARCÍA MEXÍA mejorables oportunidades de interacNetbiblo, Oleiros (La Coruña), ción con el ciudadano, pudiendo 2009, 288 páginas contribuir a la transformación de la burocracia en eficacia, objetivo por excelencia que ha ocupado al quehacer diario del aparato del Estado en los últimos años. Pero también atiende a las visiones negativas, con el tratamiento de un fenómeno como el de la cibercriminalidad caracterizado por el dato de que la red es el elemento vertebrador de la comisión de la conducta típica. Bien es cierto que esta cuestión adolece de la falta de regulación en la Unión Europea a pesar de los numerosos intentos que existen de construcción de un Derecho Penal Europeo que tendría en esta materia uno de sus retos más apasionantes. Quizá la excesiva cercanía al texto y los principios informadores del Derecho Penal dificultan las apreciaciones valorativas en esta cuestión que podrían ser afrontadas en futuras ediciones. Mención expresa merece el tratamiento que da a la propiedad intelectual y a la superación de las viejas reglas de protección de este derecho, desbordado por la tecnología cambiante. Cualquier lectura diaria de un periódico nos hace ver que estamos ante el debate por excelencia con noticias y polémicas diarias. El autor no rechaza adoptar una postura, defendiendo la protección de derechos, denunciando el lucro que algunos obtienen de 66

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DERECHO E INTERNET

la creación y el esfuerzo ajeno bajo el supuesto amparo de excepciones Cualquier lectura diaria de un periómuy concretas a los derechos de autor dico nos hace ver que estamos ante y sus derechos afines. La propiedad el debate por excelencia con notiintelectual es concebida sobre la base cias y polémicas diarias. del ordenamiento internacional como inclusiva de la propiedad industrial que analiza desde la vertiente de la competencia desleal, de la protección de los signos distintivos de las empresas y del interés último de defensa de los derechos del usuario y consumidor. Precisamente este último aspecto, la protección del consumidor, informa su tratamiento de otros ámbitos que no deja de lado y que vienen marcados por la oportunidad de negocio, dedicando una parte del libro al comercio electrónico y a las diferentes modalidades de contratación electrónica; sin olvidar aspectos muy concretos como el de la publicidad en la red o las repercusiones tributarias derivadas de la actividad de negocio en Internet, que han conllevado excepciones generales a la normativa impositiva de la Unión. La mejor doctrina ha sido incorporada, tanto española como extranjera, fundamentalmente anglosajona, con una notable influencia de la doctrina norteamericana. No abusa el autor del volumen de información que ya existe sobre esta materia, sino que ha realizado una cuidada selección de las obras consultadas que además son citadas con ponderación, demostrando que el autor tiene un trasfondo de conocimiento que va más allá de la cita ocasional y forzada, siendo ésta ajustada a las exigencias propias de cada momento. Además está bien equilibrada por cuanto el orden seguido responde a un esquema lógico en cuanto a la distribución de los diferentes capítulos y también en la ordenación interna de cada uno de ellos, recurriendo cuando es necesario a detenerse a modo de excurso en materias novedosas o de especial interés para el lector, caso del tratamiento del uso de Internet en el trabajo o, es obligado por mi parte reseñarlo, algunos apartados concretos como el de la denominada copia personal, cuya lectura arroja luz sobre una materia sobre la que en ocasiones hay pronunciamientos poco documentados y valoraciones demasiado simplistas. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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En definitiva, cualquier persona que se acerque a este apasionante mundo debe tener esta obra como una de sus lecturas preferentes: por su originalidad, pues al menos quien suscribe no conoce una obra similar; por su didáctica, puesto que los especialistas en la materia encontrarán una construcción sistemática y los que se inicien un inmejorable acercamiento por su claridad y carácter explicativo, y por su practicidad, puesto que quienes se dediquen a la práctica de este sector, desde el ámbito judicial o del asesoramiento jurídico, encontrarán en su lectura soluciones que de otro modo exigirían largas horas de búsqueda e investigación. Quizá en el momento de escribir estas líneas el desarrollo tecnológico haya desbordado ya algunos de sus contenidos normativos, pero me atrevo a decir que no así la riqueza de sus datos jurisprudenciales y los aspectos valorativos, cuyo rigor contribuye al interesante debate que, me atrevo a decir, existirá todavía durante muchos años. 

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Karl Rove, el «arquitecto» de George Bush Casi todos los hombres pueden resistir la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder. Abraham Lincoln

ANTONIO NÚÑEZ MARTÍN

«La pasada semana tomé un café con el hombre más poderoso de América. Me refiero por supuesto a Karl Rove», escribe en enero de 2003 un periodista del Cleveland Plain. Rove es una de las figuras más fascinantes de la historia política americana de los últimos años. Señalado por todos como el arquitecto de las victorias republicanas de George W. Bush en 2000 y 2004, se ha caracterizado durante toda su vida por una concepción estratégica de la política y por el dominio de muchas de las técnicas electorales modernas, lo que ha puesto en práctica en campañas políticas

Antonio Núñez Martín es director de Programas de Executive Education y Director del Programa de Liderazgo para la Gestión Pública del IESE. Licenciado en Empresariales por CUNEF, posee un Executive MBA por el IESE y un Master in Public Administration por la Kennedy School of Government de Harvard, donde es el Presidente del Harvard Hispanic Leadership Forum. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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de todo tipo y, especialmente como asesor principal del presidente, perteneciendo a su íntimo «triángulo de acero» junto a Joe Allbaugh, jefe de Gabinete, y Karen Hughes, jefe de Prensa de la Casa Blanca. La figura de Rove, como la de cualquiera de este nivel, tiene legiones de admiradores y de detractores, que critican su utilitarismo, su obsesión «por no dejar prisioneros vivos» o sus presuntas malas artes, acusándole de haber aprendido de Nixon la máxima de que el fin siempre justifica los medios. Su currículo es impresionante y ha ido unido a la familia Bush desde que, en los años setenta, conoció a Bush padre y empezó a trabajar con él para ser después una pieza clave en la designación de su hijo como gobernador de Texas, y posteriormente en su camino hacia la Casa Blanca. Durante la mayor parte de su carrera como asesor político ha trabajado casi exclusivamente para campañas de candidatos republicanos, destacando las de Bush (además de las elecciones presidenciales las elecciones para gobernador de Texas de 1994 y 1998), el congresista y senador Phil Gramm en 1982 y 1984, el gobernador de Texas Bill Clements en 1986, el gobernador Rick Perry para la Comisión de Agricultura de Texas en 1990, el senador John Ashcroft en 1994 y el senador John Cornyn en 2002. En este artículo repasaremos algunos de los hitos de su vida y su forma de entender la política. DE NIÑO GENIO A CEREBRO DE GEORGE W BUSH

De cara inocente, con ojos azules, piel fina y pelo rubio, Karl Rove es agresivo, inteligente, perspicaz, afable, irónico, extrovertido, brillante y divertido. Él mismo se autodefine: «soy competitivo y me gusta ganar». Y como dice un miembro de su equipo en la Casa Blanca: el resto del equipo somos razonablemente competentes, pero él es el genio de la operación. Tiene una espectacular curva de aprendizaje, y el presidente del poderosísimo lobby ATR (Americanos por la Reforma Fiscal), Grover Norquist, señala que el aspecto más impresionante de Rove es su adaptabilidad. Sabe cuidar los detalles pequeños, como lo demuestran un par de anécdotas: cuando el director de la Oficina de la Casa Blanca para las Iniciativas basadas en la fe tuvo una operación, Rove fue a ver a su familia, se quedó toda la noche de vela en el hospital y encargó comida para la familia. De la misma forma, cuando se retira Lawrence Lindsey, director del Consejo Económico Nacional, escribe una carta a sus hijos diciéndoles que todavía son jóvenes, pero que 70

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KARL ROVE, EL «ARQUITECTO» DE GEORGE BUSH

cuando crezcan sabrán lo que su padre ha hecho por el presidente y deberían estar muy orgullosos de él. Tiene una gran riqueza intelectual autodidacta, y devora una cantidad ingente de libros, como muestran las gigantescas estanterías que ha hecho construir en su nueva casa en DC para poder albergar sus 148 cajas de volúmenes. Entre sus favoritos se cuentan El Federalista de Imagen de Karl Rove en uno de sus múltiples viajes Alexander Hamilton, James Madison y John Jay, La conciencia de un conservador de Barry Goldwater, En busca de un orden 1877-1920 de Robert H. Wiebe, Populismo y elitismo: política en la era de la igualdad de Jeffrey Bell, Nuestro país de Michael Barone, Suelo libre, trabajo libre, hombres libres: La ideología del Partido Republicano antes de la guerra civil de Eric Foner y El forjador de reyes de Leonard Lurie. Otros libros clásicos que le han marcado son Teoría de los sentimientos morales de Adam Smith y La democracia en América de Alexis de Tocqueville. Pero quizás lo que más llama la atención es la relación que mantiene con el presidente Bush, de una profunda lealtad y amistad. Aunque se conocen desde hace más de veinte años, Rove le sigue llamando señor, y en su trabajo ha procurado siempre fortalecer y dar certeza moral a su «candidato», intentando poner en práctica la máxima taoísta de que lo primero debe ser alinear el poder detrás de tu candidato. Por su parte, Bush le define como un amigo inteligente, único y muy competente. La confianza del presidente ha sido tan fuerte que, como ejemplo, durante una reunión con el presidente surcoreano, Roh Moo-hyun, celebrada en mayo de 2003, se hizo acompañar exclusivamente por Rove y por la entonces consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice. FAMILIA, EDUCACIÓN Y ENTRADA EN LA POLÍTICA

Karl Christian Rove nació en Denver, Colorado, el 25 de diciembre de 1950. Ante la pregunta sobre cuándo empezó su obsesión por estar dentro del JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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poder presidencial, en un panel en el American Enterprise Institute, no dudó en responder que el mismo día de su nacimiento. Es el segundo de cinco hijos y tuvo una infancia traumática. Su padre biológico abandonó la familia cuando Rove y su hermano mayor eran jóvenes. Después se enteraría, durante una cena con sus tíos, que el hombre que había conocido no era su padre biológico, y que tanto él como su hermano mayor Eric eran los hijos de otro hombre. Ya siendo un personaje público, Rove ha expresado en ocasiones una gran admiración por su padre adoptivo. Años más tarde, en 1981, sufrió otra difícil experiencia cuando su madre se suicidó en Reno, Nevada. Al Describir sus años en la escuela Rove dice: «Yo era el perfecto empollón: tenía un maletín y unos zapatos Hush Puppies [tradicionales de los escolares norteamericanos]. Era delgado y ajeno a cualquier moda». Su vocación por la política se manifestó desde bien temprano: ya en la escuela, cuando no había cumplido los 10 años, apoyó la candidatura de Nixon contra Kennedy en las presidenciales de 1960. Poco después, en el Olympus High School, sería elegido presidente de su consejo de estudiantes. En el otoño de 1969, Rove ingresó a la Universidad de Utah, con una beca de mil dólares, para estudiar ciencia política, y se unió a la fraternidad Pi Kappa Alpha. Mientras, a través del Instituto de Política Hinckley, realizaba una pasantía en el Partido Republicano de Utah. S U PA S O P O R E L C O L E G I O R E P U B L I C A N O

Muy pronto, en junio de 1971 y hasta principios de 1973, Rove abandona la universidad para ocupar un puesto pagado como director ejecutivo del comité del Colegio Nacional Republicano. El colegio es una iniciativa del partido que aglutina a un grupo relativamente pequeño de jóvenes, inconformistas y valiosos, que confían en el resurgimiento de la derecha política. El puesto le ayuda para tejer una amplia red de contactos en todo el país y se rebelaría como un elemento clave para el control que pasado el tiempo llegaría a ejercer sobre el partido. Joe Abate, entonces presidente del colegio, se convirtió en su mentor. Rove viaja mucho como responsable de la Escuela de Gestión de Campañas, participando como instructor en seminarios para la formación de los conservadores en campus de todo el país. La Escuela de Verano de 1973, en la cuenca del lago de Ozarks (Missouri), fue bastante polémica. 74

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KARL ROVE, EL «ARQUITECTO» DE GEORGE BUSH

El 10 de agosto, en medio del escándalo de Watergate, el Washington Post publica unas grabaciones de varios seminarios de formación en los que Rove anima a usar técnicas sucias. Nixon solicita al FBI que investigue el asunto y uno de los testigos firma una declaración jurada en la que dice haber escuchado una «anécdota similar a la descrita en el Washington Post pero que se trata de un suceso divertido contado en una pausa de café». Ya desde este puesto de director ejecutivo participó activamente en la campaña presidencial de Richard Nixon en 1972. Tras la victoria, decide presentarse a las elecciones de presidente del colegio, abandona su puesto de director y dedica cinco intensos meses a la campaña. El 6 de septiembre de 1973, el entonces presidente del Partido Republicano, George H. W. Bush, ratifica a Rove como el nuevo presidente del Colegio Republicano, cargo que ocupa desde 1973 hasta 1975, aprovechando para asistir a la Universidad George Mason en Washington. S U P R I M E R E N C U E N T R O C O N G E O R G E W. B U S H

Cuando ocupa el cargo de asistente especial de Bush, Rove realiza pequeñas tareas personales para él. En noviembre de 1973 le pide que lleve las llaves del coche familiar a su hijo George W. Bush, que se encontraba de visita en casa durante un descanso de la Harvard Business School. Era la primera vez que los dos se reunieron, y Rove recuerda años después: «Tiene un gran carisma y puedo recordar perfectamente cómo vestía: botas de cowboy, vaqueros y chaqueta de la Guardia Nacional». Posteriormente Rove es contratado como asistente especial del órgano de dirección del partido, el Comité Nacional Republicano, puesto que deja en 1974 para convertirse en asistente ejecutivo para el copresidente, Richard D. Obenshain. En 1976, Rove es nombrado director de Finanzas para el Partido Republicano de Virginia, que hasta ese momento tenía escasa experiencia en recaudación de fondos (quien?: Rove o el partido: queda ambiguo). Se traslada a Richmond y al cabo de un año ha conseguido recaudar más de 400.000 dólares (el equivalente a unos cinco millones actuales), usando principalmente campañas de correo. Rove se casa con Valerie Mather Wainwright, perteneciente a una familia acomodada y con buenas relaciones sociales en Texas, donde se traslada en enero del 77. Pero el matrimonio no duró mucho y se divorcian a principios de 1980. En aquellos JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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años Karl se matriculó a la Universidad de Texas en Austin, pero finalmente no consigue el titulo, porque le faltaba un curso de matemáticas. Años más tarde, en 1986, se casa por segunda vez con Tara Darby Hickson, diseñadora gráfica que acababa de superar un cáncer y con la que tiene un hijo en 1989, Andrew Madison Rove. L A S P R I M E R A S C A M PA Ñ A S P O L Í T I C A S

En Texas, Rove inicia su trabajo como asistente legislativo de Fred Agnich, un representante estatal. Más tarde, en 1977, conseguiría un trabajo como director ejecutivo del Fund for Limited Government en Houston, dirigido por James A. Baker, quien más tarde ocuparía varios puestos de responsabilidad como secretario del Tesoro y secretario de Estado con el presidente George H. W. Bush. Este think tank se convertiría en la base para la campaña de Bush para la nominación republicana en 1980. En 1977, Rove fue la primera persona contratada por George H.W. Bush para su fallida campaña presidencial, que finalmente acabó como candidato vicepresidencial. Ronald Reagan fue quien ganó las elecciones, y Rove fue despedido en medio de una campaña de filtración de información a la prensa. Al mismo tiempo, su trabajo con Bill Clements durante la elección para gobernador de Texas de 1978 sirvió para ayudar a su candidato a convertirse en el primer gobernador republicano de Texas en más de cien años. Ese mismo año, Rove asesoró a George W. Bush durante su infructuosa campaña para el Congreso de Texas. Tras las elecciones Rove se convirtió en director adjunto del gabinete del gobernador (1979- 1980) pasando a ser representante estatal y asistente ejecutivo para el gobernador de Texas entre 1980 y 1981. KARL ROVE & CO Y EL MAILING DIRECTO

En 1981, Rove fundó una empresa de consultoría política llamada Karl Rove & Co., con la que trabajaría hasta 1999 en cientos de campañas. Al comienzo, en la mayoría de éstas su papel se centraba en la recaudación de fondos por correo, algo en lo que había sido pionero durante su etapa de Virginia. Es importante entender la influencia que tendrá esta técnica de marketing con tan poco glamour en su forma de diseñar e implementar su estrategia política: su modo de comunicar es a través de una carta larga que resalta algunos puntos, más que un mensaje rodeado de connotacio76

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nes como hace la televisión; su objetivo principal es conseguir fondos y para ello suele acompañar la carta un sobre para enviar el donativo para la campaña. La clave del éxito está en identificar muy bien al público destinatario de las cartas, más que abarcar universos indiscriminados. Así por ejemplo, sugiere a uno de sus clientes que compre la lista de suscriptores a una revista de inversores en oro de Sudáfrica porque considera que serían potenciales donantes republicanos. Desde el momento en que Rove llevó a Clements a la victoria, se convierte en un personaje de la trastienda política a tener en cuenta, tal como atestiguan los trabajos que llevó posteriormente a cabo. En 1986, Rove ayudó a Clements a convertirse en gobernador por segunda vez. Y de modo significativo, decía en una nota de estrategia que escribió para su cliente antes de la campaña citando a Napoleón: «todo el arte de la guerra consiste en una motivada y perspicaz defensa, seguida por un ataque rápido y audaz». Su siguiente triunfo fue el que llevó a Thomas R. Phillips a ser el primer republicano elegido como presidente de la Corte Suprema de Texas, y que sería reelegido en 1990, 1996 y 2002. En 1989, aconseja a George W. Bush presentarse como gobernador de Texas, pero finalmente, este decidió no hacerlo. Rove sigue trabajando y en 1994, un grupo llamado el Consejo Empresarial de Alabama lo contrata para ayudar en la campaña de elección de varios candidatos republicanos para el Tribunal Supremo de Alabama. Un dato a destacar es que no había sido elegido un republicano para dicho tribunal en más de un siglo. Tras la elección y todo un proceso de apelaciones que dura más de once meses, sale vencedor el candidato republicano Perry Hooper como presidente de la Corte Suprema. Asimismo, fue el principal estratega de cuarenta y una campañas, tanto a nivel nacional como estatal, de las cuales ganó treinta y cuatro. Además de su dedicación a campañas, Rove también trabajó durante esos años para otros clientes ajenos a la política como la tabacalera Philip Morris. S U R E L A C I Ó N C O N G E O R G E W. B U S H

Durante esos años Rove comenzó a asesorar a George W. Bush en su exitosa campaña para convertirse en gobernador de Texas. Bush anuncia su candidatura en noviembre de 1993 y en enero de 1994 ya ha gastado más JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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de 600.000 dólares contra la candidata demócrata Ann Richards. En el año 1998 Rove asesora a Bush para su reelección y de julio a diciembre de ese mismo año, el comité para la reelección paga a Rove más de dos millones y medio de dólares. Si atendemos a los espectaculares resultados de esa campaña, en la que recaudó casi dieciocho millones de dólares, el coste mereció la pena. A principios de 1999, George W. Bush exige a Rove la venta de sus empresas como condición para nombrarle estratega jefe de su candidatura a la presidencia, a lo que éste accedió. Vendió su participación a Ted DeLisi y Todd Olsen, dos jóvenes que habían trabajado en las campañas de algunos candidatos con él. A partir se ese momento Rove se dedica íntegramente a la candidatura presidencial de Bush. Tiene muy claro que una de las claves es saber rodearse de gente con talento y con la mejor tecnología y tener un equipo de campaña que funcione solo. Fue un gran innovador durante la campaña aplicando con éxito el mailing directo a los votantes, la técnica de definición de targets electorales, su habilidad para poner en el centro del debate político los valores o el grupo de trabajo «Proyecto 72 horas», destinado a conseguir votos en los tres últimos días antes de las elecciones. Contra todo pronóstico, George W. Bush toma posesión como presidente de Estados Unidos en enero del 2001 y Rove acepta el puesto de asesor principal del presidente, lo que le permitirá desempeñar un papel decisivo en la configuración de la estrategia política de la Casa Blanca. OCASO Y DIMISIÓN

Tras repetir su éxito en la campaña de 2004, en lo que seguramente constituye el cenit de su carrera profesional, su estrella empieza a declinar. Salen a la luz varios asuntos como la investigación judicial que le involucra en la filtración a la prensa del nombre de la agente de la CIA Valerie Prime relacionada con una supuesta venta a Irak de uranio de Níger; o la pérdida de pulso tras la lenta respuesta al huracán «Katrina» y la enconada respuesta social a la intervención en Iraq. Rove fue apartado a una posición más discreta, la planificación estratégica y táctica, en abril del 2006, cuando Joshua Bolten sustituye Andrew Card como jefe de personal de la Casa Blanca. Finalmente, después de 34 años desde su primer encuentro con los Bush, dimite a finales de agosto del 2007 cuando iba a cumplir 57 años. 78

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L A S D I E Z C L AV E S D E L G E N I O

Al hilo del recorrido por los principales hitos que marcan la carrera profesional y política de Rove, como estratega electoral y como asesor presidencial, se revela una faceta de Rove realmente interesante por sus aportaciones a la estrategia política y que podrían resumirse en diez claves: Tener una visión global. La habilidad del «Arquitecto» para analizar las variables estadísticas, elegir los mensajes o tejer una amplia red de alianzas políticas ha sido un elemento decisivo para el Partido Republicano de los últimos diez años. Algunos lo comparan con el jugador de ajedrez Boby Fischer, porque es capaz de ver el tablero completo e ir siempre varias jugadas por delante. Rove ha sido un maestro de varios aspectos de la política moderna: estrategia política y legislativa, mail, televisión, encuestas, dinero, mensaje, publicidad, investigación de la oposición, gestión de crisis, planificación del tiempo del candidato, demografía electoral y organización de base y de voluntarios. En una ocasión le preguntaron si había algún tema de política interna que no controlara y contestó: «Sí, algunas cosas relacionadas con el béisbol». 2 Conocer la historia. En su época universitaria estudia historia política, y en la Universidad de Texas enseña esa materia a tiempo parcial. De hecho, fue admitido para hacer el doctorado en la rama de Gobierno, en un caso bastante excepcional para una persona que no había acabado la carrera. En su vida política se apoya con frecuencia en casos históricos, argumentando que de la estrategia de anteriores presidentes se pueden obtener lecciones sabias. De esta forma, se adelanta al considerar en la agenda política la nueva demografía de la inmigración, comparando lo ocurrido en la América de 1896, o acierta al acuñar el término «conservadurismo compasivo», tomado de McKinley, para atender a las necesidades de un nuevo país y un nuevo electorado. 3 Planificar y mejorar constantemente el modelo de toma de decisiones y de ejecución de planes de acción. Su eslogan es «No dejes nada al azar y planifica diariamente con precisión», y Bush le regala una foto con la dedicatoria: «Para Karl, el hombre con el plan». Rove aprende a medir todos los aspectos del rendimiento que sean susceptibles de cuantificación y se le considera un maestro de los números. Antes de 1

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cada campaña prepara un libro con las principales magnitudes, precisando cuántos votos necesitará para ganar y de dónde deben provenir, cuánto dinero necesitará y cómo se debe gastar y conseguir cada dólar, así como la fórmula estadística aplicada a medir la eficacia electoral de cada circunscripción, por pequeña que sea. Cuentan que después de las elecciones de 2004, Kerry llamó a George W. Bush para felicitarle por la que había sido la más eficiente campaña de la historia de la nación y Bush se despidió diciendo: «Gracias, se lo diré a Karl [Rove]». Ser el primero en adoptar las nuevas tecnologías y poner la tecnología en el centro de la estrategia política. Los demócratas aprenden muy bien la lección cuando en el año 2007 Chris Hughes, uno de los jóvenes fundadores de Facebook, se incorporó a la campaña de Obama. Reducir la distancia entre los políticos y los votantes, recuperando la relación cara a cara, especialmente en un momento de saturación de mensajes televisivos. Para ello usa frecuentemente voluntarios y grupos sociales, que transmiten el mensaje con altas dosis de motivación y generando confianza. Presentar los temas con mensajes nuevos y en positivo: «Pienso que están agotadas las agendas que fueron creadas después del New Deal por los demócratas y por los republicanos en su oposición, modificadas por la guerra fría y por los cambios culturales de los sesenta. Estamos como dos boxeadores agotados peleando en el centro del ring». Como contrapeso, Rove ofrece su visión sobre cómo ganar las elecciones: «propón una sólida agenda de temas en política nacional e internacional. No pliegues tus velas, sé audaz. La gente quiere oír cosas grandes, cambios significativos: no quieren pequeñas micropolíticas». Propone establecer un contrato con el votante, construir la campaña sobre relaciones —no sobre transacciones—, y eligiendo para este fin las personas que rodearán al candidato, como Dick Cheney, Condolezza Rice o Colin Powell. Crear comunidades de votantes con ideas similares. Durante la campaña contra Al Gore de 2000 vislumbra un mal resultado, y decide dar la batalla en dos frentes: el geográfico, empezando por reconstruir la imagen del electorado republicano en Nueva York y California, tradi-

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cionalmente demócratas, ganar las dos costas y luego ir al corazón centro del país; y el frente demográfico buscando el voto de los católicos, los latinos y los habitantes de los suburbios. Esto supone dirigirse a las áreas periféricas de las grandes ciudades, para lo que decide proponer una oferta electoral basada en la reducción de los impuestos y en la defensa de los valores morales. Esta estrategia le ayudará mucho en el uso de los dos recursos más escasos de la campaña: el dinero y el tiempo del candidato, así como para saber cuándo retirarse. Sus críticos le acusan de usar temas como la religión o los derechos de las parejas homosexuales con el único propósito de movilizar y ganar el apoyo de las bases religiosas conservadoras. 8 Cultivar la relación con los donantes importantes, viendo la conexión entre el poder y el dinero. Una de sus ideas más destacadas es el establecimiento durante las campañas de 2000 y 2004 de una serie de categorías de donantes que llevó a George W. Bush a batir dos veces el récord de recaudación en una campaña política. 9 Saber presentar una percepción de la realidad en los términos políticolingüísticos más favorables para el propio candidato, y más perjudiciales para el adversario, como luego escribió George Lakoff en su popularísimo «no pienses en un elefante». 10 Construir una sólida base social. La experiencia en muchas campañas y su sesgo con el mailing directo le enseñaron que unas elecciones se ganan desde la base, y para ello teje una tupida red ciudadana, determinante para organizar fiestas, telefonear, enviar cartas y correos electrónicos a millones de indecisos y recoger fondos. Introduce conceptos como el marketing de nicho, los micromodelos, el targeting o la información granular. Esto le permite lanzar mensajes muy diferenciados y específicos a los diferentes receptores, en función de la información que posee tras el análisis de bases de datos, y conociendo qué es lo que esperan exactamente del gobierno cada uno de los grupos. Así, por ejemplo, cuando en 1998 Deal Hudson, editor del semanario católico Crisis, publica un artículo sobre el voto de los trece millones y medio de católicos practicantes recibe inmediatamente una llamada de Karl Rove muy interesado en el tema e invitándole a charlar largamente. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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¿ E L F I N J U S T I F I C A L O S M E D I O S PA R A EL «PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS»?

Rove ha sido acusado de utilizar algunas técnicas dudosas para conseguir minar la confianza de los electores en su oponente y quitarle votos fácilmente con el argumento de que el votante elige a su candidato porque le respeta y se siente atraído por él, incluso si no coincide con él en todos los temas. De esta forma, somete a sus oponentes a una investigación profunda, que utiliza en sus comunicaciones con los votantes, como por ejemplo en la campaña de 1993 para gobernador de Texas: hace incluir una pregunta en una encuesta a los votantes sobre si «estarían dispuestos a votar a Richards si supieran que en su vida personal tenía experiencias con lesbianas». Una estrategia similar se le atribuye en las primarias republicanas de 2000, donde una encuesta realizada en Carolina del Sur contiene algunas insinuaciones racistas destinadas a socavar el apoyo del entonces rival de Bush, John McCain: «¿Sería más o menos propenso a votar por John McCain para presidente, si usted supiera que tiene un hijo negro ilegítimo?», cuando la realidad es que McCain y su mujer Cindy habían adoptado a su hija Bridget en un orfanato de la Madre Teresa de Bangladesh; o sugiere que durante su periodo como prisionero de guerra traicionó a su país y que después de las torturas en Vietnam no estaba en su sano juicio para trabajar en la Sala Oval. En un documental sobre Rove, John Weaver, el director político para la campaña de McCain del 2000 dice: «Creo que sé dónde se tomó la decisión: en la cúspide del equipo de campaña de Bush». Por su parte Rove, ha negado cualquier participación en estos hechos. Con anterioridad ya había empleado estratagemas de moralidad más que discutible. En otoño de 1970, Rove había utilizado una identidad falsa para entrar en la oficina de campaña del demócrata Alan J. Dixon, quien fue candidato a tesorero de Illinois. Robó 1.000 folios con el membrete de la campaña, y redactó unos panfletos falsos para un mitin prometiendo «cerveza, comida y chicas gratis», y los distribuyó en los conciertos de rock y refugios para personas sin hogar, con el efecto de boicotear el mitin. Rove dijo en 1999 al Dallas Morning News: «Fue una travesura de juventud con 19 años que lamento». En 1986, justo antes de un debate crucial para la campaña que aparentemente estaba perdido, Rove afirmó que había descubierto un dispositivo de escucha en el 82

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teléfono de su oficina, acusando veladamente de espionaje a los demócratas. La policía y el FBI investigaron el asunto y descubrieron que era debido a un fallo de la batería del teléfono, cerrándose la investigación. EL FUTURO DE ROVE

Desde que dejó la Casa Blanca, Rove trabaja como analista político y colaborador para Fox News, Newsweek, y el Wall Street Journal e imparte conferencias con unos honorarios de 60.000 euros más gastos. Durante la última campaña presidencial no ha dudado en señalar los errores de los republicanos, y en los últimos tiempos su voz se ha alzado con fuerza para aportar su punto de vista sobre las posibles opciones de futuro del Partido Republicano. Pocos han analizado la presente crisis republicana con la clarividencia analítica con que él lo ha hecho en sus artículos y comentarios. Queda lejos la euforia con la que en 2004 saludó la segunda victoria de Bush, afirmando que sería muy difícil revertir la sólida mayoría social republicana alcanzada en Estados Unidos en los últimos tiempos. En momentos de amplio predominio demócrata en el Legislativo y el Ejecutivo, muchos le siguen mirando como referencia necesaria para cualquier estrategia de futuro victoriosa para los conservadores norteamericanos. No son pocos los que advierten que todavía tiene recorrido en política, como escribe Dionne en el Washington Post: «Un Karl Rove suelto, sin las ataduras a que estaba sometido en la Casa Blanca y con el único objetivo de sobrevivir, constituye un peligro muy serio para los demócratas». 

B I B L I O G R A F Í A

The Architect: Karl Rove and the Dream of Absolute Power. James Moore and Wayne Slater Machiavelli’s Shadow: The Rise and Fall of Karl Rove. Paul Alexander Boy Genius: Karl Rove, the Architect of George W. Bush’s Remarkable Political Triumphs. Carl M. Cannon, Lou Dubose, and Jan Reid Bush’s Brain: How Karl Rove Made George W. Bush Presidential. James Moore, Wayne Slater, and James C. Moore The Way to Win: Taking the White House in 2008. Mark Halperin and John F. Harris Documental «Karl Rove—The Architect,» elaborado conjuntamente por el programa FRONTLINE de la PBS y The Washington Post: www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/architect Web de Karl Rove: www.rove.com

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Wilhelm von Humboldt, pensador universal, espíritu independiente M A R C O S S U Á R E Z S I P M A N N P O L I T Ó L O G O Y J U R I S TA H I S PA N O A L E M Á N

El erudito y hombre de Estado prusiano, Wilhelm von Humboldt, nace en 1767 en Potsdam, próxima a la metrópoli Berlín. Pertenece a la generación que vive el final del absolutismo y la reconfiguración de Europa tras la Revolución francesa y las guerras napoleónicas. Intelectual y reformador de enorme influencia en la cultura alemana, sus ideas constituyen un brillante exponente del pensamiento europeo. De familia noble y acomodada, Wilhelm von Humboldt recibe, junto a su hermano menor Alexander, el que será futuro científico universal y explorador, una cuidada educación. Los hermanos pierden pronto a su padre que muere cuando Wilhelm tiene apenas 12 años. La madre, severa y de raíces calvinistas, toma las riendas de la familia. Anhela ver a sus hijos convertidos en altos funcionarios de la Administración prusiana y con ese fin les proporciona los mejores preceptores y maestros de Berlín. En 1789 Wilhelm von Humboldt es un joven estudiante en la Universidad de Gotinga donde además de Jurisprudencia ha comenzado a profundizar sus conocimientos de Filosofía, Historia y Filología clásica. Interrumpe sus estudios para realizar un viaje de formación (Bildungsreise), algo usual entre los hijos de familias aristocráticas. Humboldt viaja con el pedagogo y lingüista Joachim Heinrich Campe, su mentor durante largos años. Tras tener noticias en Aquisgrán del asalto a la Bastilla, se dirigen al París revolucionario. Testigo objetivo y desapasionado de los acontecimientos, Humboldt será sin embargo consciente del significado histórico de la Revolución cuyas ideas ejercerán en él una influencia duradera. Dos años después ya escribe la obra Ideas sobre la organización del Estado suscitadas por la nueva Constitución francesa. 84

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Los hermanos Humboldt pronto comienzan a participar en la vida cultural de Berlín y lo hacen frecuentando aquellos salones en los que reina el espíritu de la Ilustración. Entre ellos destaca el que se da cita en casa de Henriette Herz, esposa del médico judío Marcus Herz. Es ella quien imprime en Humboldt la imagen de mujer emancipada que aparecerá posteriormente en sus obras y los vínculos con el hogar de los Herz determinarán su comportamiento exento de prejuicios hacia sus conciudadanos judíos. Ambos hermanos tendrán una singular e intensa relación con la familia de Moisés Mendelssohn, símbolo de la Haskalá (Ilustración judía) y círculos intelectuales judíos relacionados con ella. En 1792 escribe Ideas sobre los límites de la realidad del Estado en la que defiende las libertades del individuo. Este ensayo no se publicará íntegramente hasta años después de su muerte. Sí es publicada la parte relativa a la educación, «Sobre la instrucción pública del Estado», en la que Humboldt marca estrechos límites al Estado. Aunque más adelante su opinión acerca de la influencia del Estado experimenta una transformación no dejará de propugnar su ideal afirmando que el ser humano no es objeto del Estado, sino que debe convertirse en su sujeto y moldear por sí mismo las relaciones sociales. Defiende que cada persona, en la medida de sus necesidades y de sus inclinaciones, limitada únicamente por su capacidad, pueda desarrollar adecuadamente su propia individualidad. Tras dimitir de su actividad funcionarial Humboldt se casa con su prometida Caroline von Dacheröden. La prolífica correspondencia mantenida por el matrimonio evidencia además del vínculo sentimental una gran complicidad intelectual. Si bien abandona muy pronto su práctica jurídica, mantendrá siempre una gran preocupación social y en especial una fuerte motivación para la reforma educativa en Alemania. En 1794 el matrimonio se traslada a la ciudad de Jena. Allí estrechan su amistad sobre todo con Schiller y también con Goethe cuya actividad creativa se reparte entre esta ciudad y la vecina Weimar, centro del clasicismo alemán. En Jena le visita su hermano Alexander. Debido probablemente a su afición compartida por las ciencias naturales, Goethe muestra una mayor afinidad hacia Alexander aunque profesa un gran afecto a ambos hermanos a quienes denomina los Dioscuros en alusión al mito JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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de los dioses gemelos. La comunicación y el vínculo de cariño entre los dos hermanos, a pesar de sus diferentes caracteres, complementará y reforzará su inmensa influencia en el saber universal. Cuando en 1796 muere su madre ambos heredan una cuantiosa fortuna. Mientras Wilhelm se queda con los bienes raíces y la residencia familiar en Berlín-Tegel, Alexander prefiere disponer de efectivo para financiar sus viajes de exploración. Al año siguiente Wilhelm se traslada a París con su familia. Allí se relaciona con figuras como el pensador y político Emmanuel Sieyès y la escritora Madame de Staël. Escribe el Ensayo estético. Primera parte. Sobre Hermann y Dorothea de la obra de Goethe. Tras este periodo especulativo y estético centra su atención en la filología. Con el objeto de investigar el desarrollo de las lenguas en 1799 cruza los Pirineos con su familia y viaja por tierras vascas para estudiar el euskera. Desde Vitoria continúan su ruta hasta Madrid. En El Escorial Humboldt es recibido por los reyes. Carlos IV se interesa por el recién emprendido periplo de su hermano Alexander, a quien pocos meses antes ha autorizado para explorar como investigador las colonias españolas en las Américas. Reside dos meses en Madrid, relacionándose con el mundo artístico e intelectual antes de partir a conocer el sur de España y volver por la costa levantina y Barcelona. El estudio de una lengua viva tan antigua y a la vez vinculada a la idiosincrasia de un pueblo causa un gran impacto a Humboldt, quien en 1801 volverá al País Vasco —esta vez solo—. En un verdadero y detallado estudio sobre el terreno desarrolla la teoría de que el euskera es la lengua más antigua de Europa y de que el pueblo vasco constituía el representante lingüístico más antiguo de las poblaciones primitivas de la Iberia precéltica. La experiencia vasca es decisiva. La filología comparada y el estudio de los caracteres nacionales serán a partir de entonces objeto de su investigación. Tras regresar a su residencia de Berlín-Tegel comienza su actividad política. En 1802 entra nuevamente en la Administración prusiana y se convierte en embajador ante la Santa Sede. Esta función le permite seguir profundizando en la historia y la cultura de la antigua Grecia y de la Roma clásica. En la Ciudad Eterna, el matrimonio Humboldt convierte la sede diplomática en un centro cultural de la sociedad romana. En el verano de 86

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1805 reciben la visita de Alexander, quien tras la vuelta de su expedición Humboldt afirma que el ser humano a América ya es celebrado en Alema- no es objeto del Estado, sino que debe convertirse en su sujeto y molnia como el segundo Colón. La liquidación del Sacro Imperio dear por sí mismo las relaciones Romano-Germánico en agosto de sociales. 1806 a manos de Napoleón, el desplome prusiano tras la doble batalla de Jena y Auerstedt en octubre de ese año y la ocupación francesa de Berlín afectan a Humboldt, si bien permanece en Roma hasta 1808. El rey, Friedrich Wilhelm III, se ha retirado a Königsberg, en Prusia Oriental, y se ve empujado por sus ministros a realizar profundas reformas para contrarrestar los deseos de libertad que ha despertado la Revolución francesa y sobre todo conseguir que vuelva a funcionar la otrora eficiente administración prusiana tanto civil como militar. La reforma militar fue llevada a cabo por Gerhard Johann von Scharnhorst y August Neidhardt von Gneisenau con el apoyo doctrinal de Carl von Clausewitz. Las reformas civiles son impulsadas alternativamente por los ministros Karl August von Hardenberg y Heinrich Friedrich Karl vom und zum Stein. Stein ha promulgado en 1807 un edicto por el que queda abolida la servidumbre hereditaria. El año siguiente una ordenanza otorga a las ciudades la autonomía administrativa. Los reformadores luchan no sólo contra la nobleza terrateniente, los junker, sino también contra la ignorancia de los ciudadanos. Stein y sus colaboradores llaman a Humboldt, en quien ven la personalidad idónea para llevar adelante una reforma a fondo del sistema educativo, a participar en la regeneración del Estado prusiano. A propuesta de Stein, Humboldt es nombrado consejero y director de la Sección de Culto y Educación Pública en 1809. El rango implica su supeditación al ministro del Interior, Von Dohna, y Humboldt teme no disponer de libertad. Su actividad dura apenas un año y medio pero gracias a su enorme capacidad de trabajo logra la reforma del sistema educativo. Cuenta asimismo con colaboradores como Johann Wilhelm Süvern y Ludwig Nicolovius, funcionarios que ya se han ocupado de las ideas y métodos del pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi quien considera que el individuo instruido es el más útil a sí mismo y al Estado. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Siguiendo las tres etapas naturales del proceso educativo, Humboldt propone tres tipos de escuela diferentes consagrados respectivamente a la enseñanza elemental, secundaria y universitaria. La escuela elemental debe constituir la base de las etapas posteriores. Humboldt propone una formación humana completa para todos en el grado elemental. La enseñanza primaria ha de ser organizada de modo que constituya una base general que nadie pueda desdeñar sin despreciarse a sí mismo, y a partir de la cual se pueda construir todo lo demás. Los alumnos sin medios económicos han de tener la posibilidad de acceder a los niveles superiores gracias a la creación de un fondo nacional. Humboldt lleva a cabo una ingente labor para la reforma del sistema escolar. Se establecen y estandarizan los planes de estudio, la formación del profesorado y se procede a la homologación de los exámenes de las escuelas primarias y secundarias (Gymnasien). El maestro —indispensable en la enseñanza elemental— deja de serlo en la docencia universitaria, prolongación y conclusión de la educación general precedente: el profesor de universidad no es un maestro, ni el estudiante un educando, sino alguien que investiga por sí mismo, guiado y orientado por el profesor. Con la fundación de la Universidad de Berlín, Humboldt quiere instaurar un modelo —caracterizado por aunar la enseñanza y la investigación— para el resto de las universidades de habla alemana, con los nuevos principios de libertad de cátedra e investigación. Consigue el compromiso del filósofo Johann Gottlieb Fichte y el jurista Friedrich Karl von Savigny para enseñar en Berlín. Fichte, autor de los discursos patrióticos A la nación alemana, es elegido primer rector de la nueva universidad. El deseo de estar de nuevo con su familia y la impresión de que con el Gobierno actual no sería posible materializar ni su proyecto escolar ni sus ideas sobre una transformación eficaz de la enseñanza, le inducen a comienzos de 1810 a presentar su dimisión. El nuevo destino de Humboldt es Viena donde se reúne con Caroline que se había quedado en Roma. Como enviado especial y ministro plenipotenciario ante el emperador Francisco I consigue influir en la entrada de Austria en la coalición contra Napoleón. 88

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La invasión y derrota del ejército napoleónico en Rusia en 1812, los re- Con la fundación de la Universidad veses en España y la llamada «Batalla de Berlín, Humboldt quiere instaude los Pueblos» (Völkerschlacht) de rar un modelo con los nuevos prinLeipzig en octubre de 1813 marcan el cipios de libertad de cátedra e incomienzo del declive de Napoleón. vestigación. Durante el Congreso de Viena y en las negociaciones sobre la Confederación Germánica, Humboldt trabaja como la mano derecha de Hardenberg y contribuye al contenido del acta de fundación de la Confederación. El desarrollo del congreso, impulsado por Klemens von Metternich, hacia la Restauración significa el alejamiento de las ideas liberales de Humboldt. Hardenberg, por su parte, acepta la evolución de los acontecimientos. Surgen las primeras diferencias en su relación que se deteriora al reclamar Humboldt una reforma del Consejo de Estado para dotarlo de una estructura de decisión colegial. Cualificado, pero incómodo, Humboldt es enviado a Londres, capital en la que permanece como embajador durante medio año. Se le ofrece un ministerio en 1819 y acepta la cartera de Asuntos Estamentarios. El rey ha prometido una Constitución y es la oportunidad de sentar las bases para una monarquía constitucional. Humboldt es miembro de la Comisión Constitucional, mas finalmente sus ideas no son tenidas en cuenta. Austria y Prusia firman los Decretos de Karlsbad, un conjunto de medidas represivas de censura y restricciones sociales que acaban con los movimientos de reforma en Alemania. A raíz de sus protestas ante arbitrarias medidas policiales, Humboldt es destituido el último día de ese mismo año de 1819. La lingüística pasa a ser su principal ocupación. A lo largo de su vida Humboldt, quien con trece años ya hablaba griego, latín y francés con fluidez, aprende inglés, español, vasco, húngaro, checo y lituano. Sus estudios científicos se extienden a las lenguas indígenas de América, el copto, el antiguo egipcio, el chino, el japonés y el sánscrito. Según la filosofía antropológica de Humboldt el lenguaje es el origen de todo. La lengua no es algo acabado sino una actividad orgánica, viviente e histórica. Toda lengua se caracteriza por una forma lingüística interior, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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expresión de la concepción del mundo propia de la nación que habla a través de ella. Mantiene un intercambio de ideas con el filólogo y lingüista Franz Bopp, a quien conoce cuando éste trabaja en los documentos de lenguas antiguas orientales en el Museo Británico. En Londres, Bopp le enseña el sánscrito y Humboldt le apoya para una cátedra de sánscrito en la Universidad de Berlín, que logra en 1821. El lingüista danés Rasmus Rask, Bopp y Humboldt son considerados los padres de la filología comparada. En estos años Humboldt organiza y redacta los innumerables escritos que se han venido acumulando durante el ejercicio de sus múltiples actividades e intereses: apuntes de viaje, observaciones, informes diplomáticos y los miles de cartas que integran su extensa correspondencia. Comienza la hora de publicar. En 1820 aparece Sobre el estudio comparado de las lenguas en relación con las distintas épocas del desarrollo del lenguaje, en 1822 publica Acerca del origen de las formas gramaticales y su influencia sobre el desarrollo de las ideas y Sobre la tarea del historiador. En su obra Sobre la lengua kawi de la isla de Java (1830-35) se incluye el famoso ensayo «Acerca de la diferencia de la estructura lingüística del hombre y de su influencia sobre el desarrollo espiritual del género humano». Una vez retirado a la vida privada, Humboldt encarga al arquitecto Karl Friedrich Schinkel —a quien conoce y aprecia desde sus años en Roma— una remodelación de su residencia en Berlín-Tegel al estilo clasicista. La buena sintonía mostrada en este proyecto vuelve a darse en la construcción del Museo de la Antigüedad (Altes Museum) inaugurado en Berlín en 1830 cuya edificación corre a cuenta de Schinkel, mientras Humboldt, como presidente de la Asociación de Amigos del Arte, creada en 1825, se encarga de la elección de los objetos de arte. Desde que en 1829 pierde a su esposa Caroline aumenta su soledad aunque mitigada por sus hijos y su siempre próximo hermano Alexander. En abril de 1835 muere Wilhelm von Humboldt a los 67 años. Su enorme talento como pensador con una verdadera visión universal de las cosas le ha limitado quizá en su actividad como hombre de Estado pero le ha engrandecido como ser humano. 

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Sorolla y Matisse, duelo de visiones de luz mediterránea J E S Ú S G A R C Í A C A L E R O P E R I O D I S TA

En plena crisis, hay grandes exposiciones que baten récords, a pesar de los recortes presupuestarios por doquier, y permiten que los ciudadanos puedan disfrutar de obras que nunca antes habían viajado a España como los paneles de la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York que pintó Sorolla y que han sido el centro de una gran exposición antológica que podrá verse en Madrid hasta otoño. Toda una oportunidad para darse un festín de luz y delicadeza, que puede además completarse con la muestra que el Museo Thyssen dedica a la obra de Henri Matisse desde una perspectiva muy poco vista, que refleja su maduración y su visión del mundo cambiante que le tocó vivir. En un mundo como el actual, la cultura ya no es sólo la excelencia que se decanta, lo que el tiempo nos reserva para sostener nuestra visión del mundo. Hoy, la cultura tiene el mayor desafío de ser útil, proactiva, de moverse y remover nuestras conciencias viajeras, que la aldea global agita continuamente con cientos de estímulos. Por ello, resulta más difícil si cabe encontrar una ocasión tan singular como la que ha unido a Joaquín Sorolla y al Museo del Prado. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Joaquín Sorolla, Ayamonte. La pesca del atún, 1919. Óleo sobre lienzo. Nueva York, The Hispanic Society of America

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En términos puramente culturales puede hablarse de una deuda que permite contemplar la calidad de un pintor en la casa de sus maestros, de manera que el Prado ofrece a Sorolla una suerte de consagración y puesta en valor de aquellos matices que por no interesar tanto al mercado o debido a que han permanecido siempre en un plano secundario no habían llegado al gran público. Porque de eso se trata, de poner en marcha proyectos de calidad y de un interés mayoritario en grandes instituciones culturales que, a su vez, dedican esfuerzos y no pueden dejar de dedicarlos a aspectos mucho más minoritarios de la historia del arte. Además cumple los sueños del pintor, que siempre quiso ver sus cuadros colgados en sus nobles muros. L A M AY O R O P E R A C I Ó N D E PAT R O C I N I O

Llegada al Prado, la muestra «Joaquín Sorolla» es algo irrepetible. Porque en esta exposición se han reunido lo mejor de las colecciones públicas y también todas aquellas obras que, por estar en manos privadas, en el extranjero o en ambos casos, han sido vistas muy pocas veces por ese gran público que, sin duda, las demanda. Comisariada por José Luis Díez y Javier Barón —puede visitarse hasta el 6 de septiembre—, ha supuesto la conjunción de grandes esfuerzos y no menores medios. En un mundo como el actual parecerían castillos en el aire sin el ejemplo de los grandes patrocinadores y mecenas que, a pesar de la retracción de la economía, arriesgan con grandes apuestas en las que tanto va de su política, de su patrimonio y de su prestigio en juego. Desde luego, el caso de Sorolla es uno de los más importantes, ambiciosos y brillantes proyectos de patrocinio que se han dado en España en las últimas décadas. Bancaja, una entidad lógicamente ligada a Sorolla por su ámbito principal de actuación, la Comunidad Valenciana, supo detectar a tiempo la importante oportunidad que el destino les ponía por delante. Sabedores de que la Hispanic Society iba a reformar su sede y, sobre todo, su biblioteca, inmediatamente mostraron interés por traer a nuestro país los paneles de Visiones de España que el pintor realizó por encargo de Archer Milton Huntington para la sociedad neoyorquina. El sueño del pintor había sido que esas obras, que tardó catorce años en realizar y en las que, literalmente, se dejó la vida, fueran alguna vez vistas en el Museo del Prado. 94

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Joaquín Sorolla, ¡Aún dicen que el pescado es caro!, 1894. Óleo sobre lienzo. Madrid, Museo Nacional del Prado

En ese sueño le acompañaba su mecenas, y al cabo de los años la generosidad de una entidad como la citada lo ha hecho posible. Durante una entrevista que el presidente de Bancaja, José Luis Olivas, concedió a ABC, pudimos conversar sobre las raíces del proyecto y también sobre su firme convencimiento a la hora de enfrentarse a un desafío como éste, una operación logística increíble, de seguros, transportes y restauraciones, con una itinerancia muy marcada por la geografía española que iba a llevar las obras, con variaciones, por grandes sedes culturales para desembocar en la gran muestra del Prado, a la que se han sumado fondos de la más variopinta procedencia hasta juntar la colección canónica de un Sorolla que soporta la grave comparación con sus maestros de JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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la escuela española. El éxito y la proporción de esta operación de patrocinio «marca un antes y un después para las instituciones financieras como Bancaja, sin ánimo de picar a nadie», según Olivas. El asunto es que, en la mente del patrocinador, la ocasión se dibujaba maravillosa. A pesar de que los rumores hablan de que la Hispanic solicitaba un millón de dólares a quien quisiera llevarse temporalmente los paneles para su exposición, lo cierto es que Olivas puso énfasis no en el precio, sino en la duración del préstamo, según relata. Y así, Bancaja ha tenido dos años las obras que, asociadas a su marca, ha ido exponiendo en proyectos que, con algunas variaciones, han viajado a las principales ciudades de España. La muestra alcanzó el millón de visitas antes de llegar a Madrid, a su paso por Sevilla, Málaga, Bilbao y Valencia, a donde retornará en otoño después de su paso por el Prado. Pero es que la expectación es tanta que el museo madrileño ha firmado un convenio para extender dos horas el horario de visitas a la muestra de Sorolla. Las colas circundan el Prado. En plena crisis, un proyecto demuestra el poder de atracción de la cultura en una sociedad moderna. R E C U R S O S C U LT U R A L E S E N E L P I B

El fenómeno merecería una profunda reflexión por parte de nuestras autoridades económicas, siempre reticentes a conceder al patrocinio el tratamiento fiscal que sí tiene en otros países de nuestro entorno. Como si los medios dedicados a la cultura por la sociedad civil no generasen recursos de los que las arcas públicas obtienen impuestos y beneficios en puestos de trabajo y otros recursos asociados al turismo y un sector en alza, como es el que engloba a las industrias culturales. Porque si nuestros país destaca en algo es como potencia mundial en cultura y parece que nuestros gobernantes aún desconfíen de aquellas realidades que generan crecimiento y conforman la marca España. ¿Cómo si no entender que durante años la dación en pago de impuestos haya sido un modelo mejor aceptado que la mejora de la fiscalidad del patrocinio y mecenazgo? La dación, por medio de la que una entidad paga impuestos con obras adquiridas o de su colección es una dispensa, una licencia que Hacienda concede. Pero aparte de una foto no genera más recursos. Sin embargo, la cultura, el ocio, el entretenimiento, son realidades cada vez más fundidas y difundidas, que han escalado hasta convertirse en el pri96

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Joaquín Sorolla, José Echegaray, 1905. Óleo sobre lienzo. Madrid, Banco de España

mer sector de la economía mundial. Para que engrosen el porcentaje del pib que aporta, por ejemplo, la industria cultural en Estados Unidos, es necesario contar con la sociedad civil. Ningún límite puede salvarse de espaldas a ella. Olivas opina que «hay que buscar un equilibrio, aunque no sea éste el momento económico más propicio. Porque ahorras dinero a la administración al rehabilitar o restaurar monumentos. Ayudas a promocionar una ciudad, un patrimonio, estás dando recursos turísticos a la sociedad y animando la actividad económica. Hacienda, qué duda cabe, debería valorarlo más». En opinión del presidente de Bancaja, en España «necesitamos una ley de mecenazgo que regule beneficios y reconocimientos a las empresas que estén dispuestas a invertir recursos en promoción y desarrollo cultural, en el más amplio sentido de la palabra. Las cajas de ahorros, caso concreto, no lo hacemos buscando una contraprestación económica, sino reputación. No buscamos la desgravación fiscal, sino un retorno de prestigio, reputación y confianza, que en el mundo financiero tienen muchísima importancia». JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Joaquín Sorolla, Paseo a orillas del mar, 1909. Óleo sobre lienzo. Madrid, Museo Sorolla

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SOROLLA. EL FERVOR DE LA LUZ

Sea como fuere, y tras este exordio, debemos celebrar el resultado del empeño de Bancaja, la oportunidad del Prado y la aquiescencia de coleccionistas de todo el mundo que han realizado una exposición tan irrepetible como apasionante en las salas de la ampliación de Moneo para nuestro primer museo. Allí, para empezar, los paneles de las Visiones de España se han podido contemplar en una misma sala, en un montaje muy parecido a su lugar original en la biblioteca de la Hispanic Society. Pero además de permitir que el público disfrute con estas visiones del pintor sobre las variaciones, lugares y ritos de nuestro caracter nacional, la muestra ha puesto muy de relieve algunos matices de Sorolla prácticamente desconocidos, además de muy poco reivindicados. Su compromiso social, por ejemplo, presente en obras como ¡Aún dicen que el pescado es caro! o Triste herencia, está muy alejado del repetido arquetipo del pintor de la playa y la

Joaquín Sorolla, Desnudo de mujer, 1902. Óleo sobre lienzo. Colección particular

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luz. Sin embargo, como puede apreciarse, la luz será la principal preocupación del pintor incluso desde estas primeras obras, como elemento que sustancia su estilo veraz. Ese fervor por la luz de plenitud mediterránea preside la exposición, en todos sus matices, como no puede ser de otro modo. Arranca de esa etapa, de antes del cambio de siglo, cuando las escenas de pescadores, como La vuelta de la pesca, van configurando el universo de Sorolla. Coinciden además con su éxito internacional, que confirman la citada tela, Cosiendo la vela y la célebre Triste herencia, premiada en el Salón de París. Pero de la mano del éxito llegaron rápidamente los encargos y en ellos el pintor no dejó de dar muestras de su gran factura, en retratos y escenas cotidianas, al tiempo que, según subrayan los expertos, su pincelada se hace más abierta y enérgica, lo cual enfatiza aún más el protagonismo de la luz en sus lienzos. En justa correspondencia con los compromisos crecientes de su éxito, también comienza a aparecer una iconografía inspirada por su vida más íntima, una veta a la que el artista se aferrará con fuerza hasta el final de su carrera, como demuestra en el delicadísimo Madre que representa el apacible descanso de madre y bebé. En el más de un centenar de las obras reunidas hay una colección de las obras maestras que conserva el Museo Sorolla de Madrid, que se encuentran entre las más conocidas y valoradas del autor, más obras de colecciones y museos de diversos países, incluso otras procedentes de la Hispanic Society. Pero, como bien se ha destacado, es la presencia de las obras fundamentales de Sorolla en el Prado la que permite confrontar al pintor con sus maestros. Así, el Desnudo evocador de la Venus del espejo velazqueña es el hito de la muestra en el que la influencia de su formación junto a los muros de nuestra gran pinacoteca queda patente. Sin embargo, la exposición también podría contemplarse como un juego de espejos en el que adivinamos perfectamente pequeños guiños velazqueños, en la disposición de retratos colectivos inspirados en Las meninas o en la vitalidad que muestran algunos de los modelos de retratos individuales. En cualquier caso, el recorrido por la muestra es cronológico y permite una comprensión general de la obra de Sorolla. Además, para el Prado, 100

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Joaquín Sorolla, Sol de la tarde, 1903. Óleo sobre lienzo. Nueva York, The Hispanic Society of America

la excelente relación de la Hispanic Society con Bancaja ha permitido sumar otra decena de obras del pintor, entre ellas Sol de la tarde, la impresionante obra de madurez del artista que jamás se había visto en España antes. Queda patente también en la muestra la libertad que el valenciano alcanzó, en parte por su éxito arrollador, en parte porque se mantuvo fiel a temas e indagaciones en la sensualidad, la luz, un universo mediterráneo y no ajeno a representaciones del cuerpo humano desde la Antigüedad clásica. Engarzado así en su propia tradición es como el pintor brilla con luz propia en el Prado. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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M AT I S S E Y LA ESENCIA DE LA PINTURA

El Museo Thyssen, mientras tanto, propone un recorrido menos conocido, menos indagado hasta el momento, comisariado por Tomás Llorens. Se trata del periodo de madurez de Matisse como artista, desde que se instala en Niza en 1917, hasta 1941. Entre su conocida etapa fauvista, anterior a 1917, y sus postrimerías, ya que moriría en 1953, el pintor se desarrolla en varias facetas que en esta exposición quedan patentes y que se resumen en una reflexión sobre la esencia de la pintura. Matisse llega a Niza con la voluntad de alejarse de la Gran Guerra y de imprimir un giro profundo a su trayectoria, ya por entonces muy reputada, tal vez para sobreponerse a un éxito que no le permitía concentrarse en la investigación pictórica. Desde el mismo motor de la modernidad que representan Baudelaire y Mallarmé, el pintor decide abandonar los grandes formatos, que él mismo denominaba «decorativos», con el fin de adentrarse en los significados y dimensiones de la mirada del artista y del espectador. Reflexiona sobre sensaciones que le provocan el color y el volumen de los objetos cotidianos, de la realidad que lo rodea, adquiriendo así una profundidad en la experiencia de los motivos que plasma en el cuadro que sólo puede definirse como intimidad. Pero, a un tiempo, y producto de esa reflexión tan lúcida, ni renuncia a la autonomía ni se permite determinadas concesiones. Huye de la perspectiva y del claroscuro tan queridas por Cézanne —en la muestra hay un cuadro suyo, fruto de la larga amistad entre ambos pintores— y también se concentra en unos pocos motivos en los que sumerge sus elucubraciones. La ventana como escenario, como arbitrio representativo de la tradición pictórica desde el Renacimiento y como artificio adherido al hecho artístico definen estas primeras indagaciones. Aparecen así habitaciones vacías, o con figuras femeninas, en el entorno de esa luz mediterránea. A la luz no la trata con fervor, sino como la «claridad plateada» que otorga esa intimidad del pintor con las cosas, esa expresividad teatral que el lienzo supone. A diferencia de las visiones de un Sorolla, Matisse trata de realizar un trabajo más relacionado con las preocupaciones estéticas de su tiempo. La ventana o el balcón marcan la distancia con el horizonte, al tiempo que 102

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Henri Matisse, Interior con funda de violín, 1918-1919. Óleo sobre lienzo. Nueva York, Museo de Arte Moderno

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Henri Matisse, Odalisca con pandereta, 1925-1926. Óleo sobre lienzo. Nueva York, Museo de Arte Moderno

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la mirada del pintor se extravía entre los objetos de los espacios que representa. Muebles, flores, figuras, tratados con idéntica intención y el mismo cuidado. Es la influencia de Van Gogh, Cézanne, Gauguin... LAS ODALISCAS

La figura femenina es el verdadero bordón de todo el periodo y su relación con el pintor se va depurando a lo largo de toda la etapa de Niza. Desde aquellas primeras figuras concentradas, hasta el retrato de Margarita dormida o las mujeres leyendo y durmiendo en un abandono en el que reina esa precisa intimidad del pintor con los espacios y los objetos, pasamos al cuerpo desnudo. Porque los desnudos cobran pronto un protagonismo muy diferente en la serie celebérrima de las odaliscas, en las que la corporeidad del cuerpo femenino, a menudo en ademán erótico, contrasta con el agobiante colorido bidimensional del entorno. Telas, adornos, joyas, espejos, arabescos no subvierten este valor absoluto y carnal de su reflexión pictórica, concentrada en la forma, para cuya representación alterna los lienzos con dibujos que marcan el camino hacia la intimidad con este tema central. Por las mañanas, en la ciudad costera, Matisse solía pintar a sus modelos en el estudio, mientras que por las tardes dibujaba reproducciones de estatuas de Miguel Ángel. Pero el periodo de Niza es muy amplio y lógicamente también registra las variaciones en estilo e intención para el artista. Si hubiese que definir un sentido a la evolución registrada en estos años habría que hablar de esencia. Esencia pictórica, a pesar de que el ritmo de trabajo se ralentizase y también a pesar de los viajes y los encargos que le ofrecen la oportunidad de realizar obras de muy distintas dimensión y finalidad. La danza o la escultura Desnudo de espaldas IV son dos ejemplos de un retorno temporal a las obras de carácter decorativo, la primera de ellas fruto de un ambicioso encargo. Pero Matisse no pierde el hilo y continúa indagándose, y se decanta lentamente por el dibujo esencial, la delgada línea musical que en la serie «Tema y variaciones» se convierte en el mayor hito de pintura de intimidad que el artista produce, sencillo y emocionante, con el corazón pendiente de esa «línea sonora, vana y monótona» que dibuja un busto femenino, pero que al mismo tiempo renuncia al volumen y a sus dones JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Henri Matisse, Temas y variaciones. Tema B: Variación 1, 1941. Carboncillo sobre papel. Montpellier, Museo Fabre

feraces de erotismo y profundidad. Variaciones y obsesiones muy esenciales para el pintor en el momento en el que el mundo vuelve a girar por senderos de gloria trágica con el ascenso de los totalitarismos, la Gran Depresión y las tensiones sociales y raciales que desembocarán en la Segunda Guerra Mundial. Pero son esas series de dibujos sencillos y únicos los que cierran el periodo de madurez de uno de los mayores artistas del siglo XX, aquel que había conocido en París en 1906 a un Picasso diez años más joven que él y en el que de inmediato reconoció a otra figura central y contrapuesta de aquel mundo pictórico que él representaba. En definitiva, esta exposición del Museo Thyssen, que podrá visitarse hasta el 20 de septiembre, ofrece la oportunidad de conocer a uno de los grandes pintores de la época de las vanguardias y su intenso e interesante proceso creativo de madurez. 

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Imagen de la portada: Fragmento del cuadro de Sorolla El bote blanco. Jávea. Óleo sobre lienzo. Colección particular. 106

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La vida soñada por los hombres... y por el cine J U L I O R O D R Í G U E Z C H I C O C R Í T I C O C I N E M AT O G R Á F I C O

Dice el maestro Manoel de Oliveira que «el cine es espejo de la vida, de sus modas y costumbres cambiantes». Sin duda lo es o debería serlo de manera habitual, porque en ambos casos el hombre es el protagonista y su huella se dejará ver a cada paso —en cada plano— como reflejo de inquietudes personales y sociales. Sabemos que unas veces la ficción tratará de acercarse a esa realidad hasta confundirse con ella, y otras preferirá la evasión al mundo de los sueños buscando alivio y consuelo de los posibles sinsabores de la vida. En cualquier caso, casi siempre procurará recoger imágenes que encierren un trozo de esa realidad y darle cierta verosimilitud —aunque en ocasiones se deje en ellas la impronta del propio gusto estético—, ya sea buceando en la experiencia vivida por el director o penetrando en el subconsciente de esa otra realidad soñada, deseada, reprimida... Pero ya se trate de realismo, surrealismo o esteticismo, de cotidianeidad o espectacularidad, de adaptaciones del cómic o de la ciencia ficción, no hay duda de que detrás de una imagen, de una escena, de una película... siempre hay un hombre que deja parte de su alma, con su búsqueda formal y también existencial, con su insatisfacción vital o su voluntad de denuncia social, alguien que respira con la cámara y que escribe su diario personal con cada plano. No hace falta que lo reflejado en el celuloide sean episodios de carácter autobiográfico, pues a veces será suficiente con que la historia narrada tenga su germen en algún breve trance de su experiencia personal, mientras que en otras ocasiones al director se le escapará —sin pretenderlo y sin poderlo evitar— ese enfoque de la vida y de los acontecimientos que le desnudan mejor que cualquier entrevista periodística pueda hacerlo. En definitiva, parece claro que el cine quiere hablar, de una u otra manera, de la vida vivida o soñada por los hombres. Ahora bien, habrá que ver si logra reflejar esa vida con la fuerza narrativa y visual necesarias, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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con la sensibilidad y estética acertadas, con la autenticidad y honestidad exigidas. Indudablemente, también es necesario valorar si esas imágenes dan fe del objeto sin traicionar su esencia, si existe la voluntad firme de no filtrarlo tan subjetivamente que se haga irreconocible. Hace ya tiempo que en ese sentido se han manifestado los auténticos cineastas, interesados en capturar fragmentos de realidad acercándose con respeto y el menor intervencionismo posible, de modo que el propio espectador contemple y saque sus conclusiones. Unos lo harán desde el documental y otros desde la creación de ficción, pero en realidad importa poco el género o el formato elegido, pues es sabido cómo la puesta en escena y el montaje siempre están presentes... como forma artística y de manipulación cinematográfica (sin que eso reste honestidad ni verdad a lo recreado). Es patente, por otra parte, que cada vez son más borrosas y confusas, más delgadas y tenues, las fronteras entre imagen y realidad, entre ficción y documental, y que las «migraciones y contaminaciones» están a la orden del día desde que comenzamos la era de la imagen digital. Una vez hechas estas consideraciones acerca de los géneros, la imagen cinematográfica y la realidad presentada, tenemos que plantearnos también si el cine que invade la cartelera se acerca verdaderamente a la vida real, con lo que tiene de cambiante y con la riqueza que encierra, con la hondura e incertidumbre que esconden, con toda la potencialidad del hombre para escaparse al destino y a lo previsible. En definitiva, si el cineasta (director, guionista...) conoce de verdad al hombre que va a convertir en protagonista y si sabe llegar a lo más íntimo del espectador (vía emocional o reflexiva), si tiene algo que contar sobre el hombre y la sociedad, si su obra contribuye al progreso individual y colectivo de quien lo ve, o si en cambio su discurso aporta alguna luz o novedad o si se repite hasta la saciedad y se queda en un formalismo vacuo. Partiendo de que cualquier generalización nace con la etiqueta de la falsedad, todo parece indicar que la industria del entretenimiento gana por goleada a la cultura y al pensamiento, que las ideas en el cine quedan arrinconadas en las ya inexistentes salas de arte y ensayo y que las películas artísticas son sepultadas en las muestras organizadas por los museos. Está claro que desde estas líneas se apuesta por un cine útil en el sentido menos pragmático de la palabra, por un cine antropológico y humano 108

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que no tiene por qué ser complaciente: un cine idóneo y válido para hacer Unas veces la ficción tratará de mejor al espectador, de manera inte- acercarse a esa realidad hasta congral y sin reduccionismos ideológicos. fundirse con ella, y otras preferirá la Sirve tanto aquel que muestra con co- evasión al mundo de los sueños busherencia un mundo de convicciones cando alivio y consuelo de los posifirmes y que resuelve satisfactoria- bles sinsabores de la vida. mente los conflictos planteados, como el que suscita dudas y empuja a la reflexión y a cuestionar las certezas que se tenían; el que va dirigido al corazón y busca suscitar emociones intensas o sutiles como el que apunta al raciocinio y esconde mensajes entre sus símbolos y metáforas; el que muestra los aspectos más terribles y baja a las simas en que puede caer el individuo como el que recoge sus más elevados ideales o apunta a la trascendencia de la persona; y también el que se contenta con que el espectador se ría y divierta, viaje por el espacio o por su imaginación, o descanse y «juegue»... porque todo eso viene bien al hombre y forma parte de su naturaleza. Pero lo dicho no supone un cheque en blanco para cualquier película, porque —desgraciadamente— hay muchas historias que no beben de la realidad ni la reflejan, porque hay personajes que no pasan de caricaturas o marionetas de ideas sin vida —o de ideologías—, cuyas reacciones están confeccionadas en un laboratorio que mira exclusivamente a la taquilla repartiendo «pan y circo» e identificando simplicidad con sencillez, espontaneidad con autenticidad, animalidad con humanidad. Al cine propuesto sólo le exigimos tratar al espectador con respeto a su inteligencia y a su sensibilidad, dejándole libre y defendiendo su dignidad, de forma que cada película sirva para su enriquecimiento personal, para la construcción de una sociedad mejor. Por otra parte, como ha dicho Jesús González Requena, conviene no confundir la experiencia estética con la identificación ideológica porque no siempre la mejor película es aquella que comunica más eficazmente el propio orden de valores existenciales: más bien, el valor personal de una película «estriba en su capacidad para suspender y atravesar las ideologías, para golpearnos en lo más íntimo de nuestro ser». El cineasta intentará, a través de su sensibilidad artística, transmitir una experiencia difícilmente codificable en códigos y signos de comunicación, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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y entonces el acto de ver una película se convertirá en un acto humano en el que director y espectador puedan tener su propia experiencia con la imagen y recorrer un camino en el que quizá se encuentren. Sólo de esa manera, dice Requena, «toda verdadera película es huella de lo real cristalizada de la experiencia que tuvo lugar durante su rodaje. No en otra cosa se cifra su verdad o su banalidad»1. El problema es que, a rebufo de lo que el mercado cinematográfico ofrece, asistimos a una huida de la realidad por parte del propio espectador, que a su vez arrastra al director/productor y le «obliga» a realizar productos comerciales que dejen beneficios y le permitan seguir filmando. Es la pescadilla que se muerde la cola, y ahí es donde el cine comienza a cavar su propia tumba, porque huyendo de la vida real y escondiéndose en los terrenos ya trillados que aseguren ganancias, las historias se repiten y se copian sin escrúpulo alguno, las secuelas o los remakes proliferan sin más interés que saber qué pasó con el protagonista o descubrir si el director ha dejado algún sello propio, las novelas o los cómic se convierten en terreno sobre el que pastar con éxito o en mina que explotar tras el best-seller de turno: estamos ante una dinámica que Salman Rushdie califica como «proceso insaciable que a veces puede parecer voraz, dispuesto a tragarse el mundo, como si ahora viviésemos en una cultura que no para de engullirse a sí misma, de forma que, al final, se habrá devorado por completo»2. Evidentemente, quien escribe no tiene nada contra el cine de entretenimiento y de evasión ni contra las adaptaciones literarias o de novelas gráficas, pero resulta preocupante la escasez de ideas propias, de historias nuevas, de experiencias personales... que se llevan a la pantalla. Y esta inquietud se eleva a la enésima potencia en el caso del cine español, empeñado en imitar el cine de género americano en busca del éxito de taquilla, cuando no empantanado en obsesiones trasnochadas y patéticas, en discursos ideológicos y gregarios que no hacen sino hurgar en los mismos tópicos sin vida ni verdad. Pero para no seguir moviéndonos en el terreno de las ideas, bajemos a la arena de lo concreto y veamos algunos ejemplos que vienen a ilustrar algo de lo dicho hasta ahora. La grata sorpresa del año en el cine español ha sido, en mi opinión, El truco del manco de Santiago A. Zannou, donde se recoge una historia de amistad y también de superación de la 110

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Juan Manuel Montilla “Langui” y Ovono Candela, en El truco del manco

adversidad a cargo de su protagonista Juan Manuel Montilla «el Langui», que da muestras de su propia música en una banda sonora perfectamente integrada en la trama. Estamos ante un ejemplo de autenticidad, de saber exprimir la vida y trasladarla a la pantalla (por parte del director y del actor), de acertar en el tratamiento de la imagen para que exprese (mejor eso que decir «represente») la vida sin quitarle su fuerza y realidad. Y eso el espectador lo percibe y asume como verdadero, como algo que le sirve «personalmente»... y por eso recordará la película con el paso del tiempo. No importa que su vida vaya por otros caminos distintos y no se identifique con el protagonista ni comparta algunos de sus planteamientos. Es una película nacida de la realidad de la vida, y que por eso conecta con la vida vivida por quien se sienta en la butaca. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Recientemente, Pedro Almodóvar ha estrenado la esperada Los abrazos rotos, un trabajo que le ha dejado exhausto y en el que —según sus propias declaraciones— se refleja una «pérdida de la alegría de vivir [...] que me ha llevado a hacer un cine más íntimo y desgarrador», pues aunque «me interesa cultivar más la pasión lúdica y delirante de mis personajes, mi tipo de vida me aleja de esto, mis dolores de cabeza me han aislado mucho, no comparto las cosas... y uno se nutre de su propia vida»3. Como dice él mismo, su cine actual es reflejo de una vida distinta a la de los años ochenta («que era más divertida y coral») y «ahora que no puedo salir a la calle y que cuatro mujeres me dejen escucharlas durante cinco horas, cosa que podía hacer cuando trabajaba en Telefónica»4. Al parecer, ese distanciamiento de la vida real de los ciudadanos y otro más íntimo porque intenta «salvarse a sí mismo y no mostrar su interioridad tras la imagen»5 es lo que le han empujado a bucear en su imaginación y en su propio cine y dibujar unos abrazos demasiado fríos y artificiosos, unos diálogos excesivamente correctos y explicativos. Al margen de otros logros indudables —sobre todo en el aspecto plástico de la imagen—, el resultado de este Almodóvar es un pálido reflejo de la vida real del director (por voluntad propia) aunque sí de su imaginario (de ahí la complejidad de su estructura narrativa y los abundantes flashes visuales), y también de ahí la dificultad para que el espectador conecte con ese mundo —quizá salvo sus incondicionales y los teóricos de la imagen y su representación—, para que se sienta implicado y conmovido con este melodrama metacinematográfico. Otras cintas españolas han tratado de reflejar la realidad vivida por el hombre —y experimentada de alguna manera por el director al documentarse para el rodaje—, y así acercar al espectador la respuesta del individuo frente a la enfermedad y el dolor, la muerte o la discriminación. Es el caso de dos documentales de indudable valor humano y antropológico como son Una cierta verdad y Las alas de la vida, de Abel García Roure y Antonio P. Canet, respectivamente, ambos vistos en las dos últimas ediciones de la Seminci. El primero se acercaba a la esquizofrenia para descubrir esa otra mirada de la realidad a través de varios enfermos que pasan de ser «casos clínicos» a personas que viven en su universo, unas veces soñado y otras sufrido. El segundo recogía el testimonio de Ángel Cristos, médico al 112

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El director de Las alas de la vida, Antoni P. Canet, con uno de los protagonistas del documental

que diagnostican una enfermedad neurológica degenerativa y sin posible tratamiento, y que habla con el espectador de todas las realidades humanas desde la posición y óptica de quien sabe que va a morir y que intenta llevarlas con una sonrisa y con sencillez. En ambas propuestas rebosa realismo, honestidad y una mirada limpia y humana a la otra cara de la vida, que el cine recoge y el espectador contempla absorto y reflexivo, conmovido y también con más de una risa y sonrisa que se le escapan. A medio camino entre el documental y la ficción —«contaminada» por ambas diría Carlos F. Heredero— se situó la última cinta de Chus Gutiérrez, Retorno a Hansala, con la inmigración de telón de fondo y una historia de amor como antídoto para salir de la soledad: un viaje de ida y vuelta entre Algeciras y el poblado marroquí del título para hacer otro más interior que permita al protagonista poner cara a los «sin papeles» y aprender de ellos una humanidad que Occidente parece haber olvidado en su JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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afán de confort. Con mayor o menor acierto visual o narrativo, las tres propuestas se acercan a la realidad sin engaño ni falsedad, y sin duda lo mejor que ofrecen al espectador es esa sinceridad y verdad extraída a la vida que «ayuda a ser mejor persona» al salir de la sala (según manifestó el productor de Retorno a Hansala en rueda de prensa durante la última Seminci). Similar cuestión ha salido a escena con ocasión del estreno de Julia de Erick Zonca al retratar el drama de una alcohólica arrojada al sexo y la bebida con todos sus excesos e inmersa en la soledad más absoluta. El crítico Hilario J. Rodríguez ha traído a colación la dificultad de reflejar ese vértigo abisal para quien no ha experimentado las ruinas del alcohol, como es el caso del director o de la protagonista, Tilda Swinton; de ahí que, según él, «la mayor parte de los escritores de la Generación Perdida se dejaran guiar por “una musa” sedienta. Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, William Faulkner y Eugene O’Neill vivieron de forma azarosa a veces, murieron apenas cumplido los sesenta años y a lo largo de sus carreras pusieron de manifiesto los estragos que produce el bourbon o los martinis, la ginebra o el vodka»6; por otra parte, a la vez que pone el contrapunto en Billy Wilder y su Días sin huella, vuelve sobre un Cassavetes como ejemplo de director que llevó a la pantalla sus sentimientos de soledad y los efectos del alcohol. El mismo Almodóvar, en la entrevista concedida a Carlos F. Heredero para Cahiers du Cinéma España habla de su voluntad de no convertir sus películas en confesionario personal al modo tan feroz en que lo hacía Ingmar Bergman o John Cassavetes, y que prefiere protegerse de esa tentación autobiográfica. En un tono semejante, y desde la experiencia como director y maestro, se manifestaba el polaco Krzysztof Zanussi a su paso por Madrid, en una reciente entrevista, al afirmar que «para mí, hacer cine significa comunicar a los otros una cierta sabiduría y una cierta experiencia, experiencia acumulada por los siglos en las estructuras narrativas. Eso es lo primero que les planteo a los alumnos: si no hay nada en su experiencia digno de ser contado, no creo que me pueden contar las historias de los demás; si llevan una vida banal, da igual los estudios que tengan. Lo que importa es la experiencia de vida. En Rusia, los estudiantes de los últimos años tienen unas biografías fascinantes. Muchas veces falta talento, pero la vida que 114

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LA VIDA SOÑADA POR LOS HOMBRES... Y POR EL CINE

La actriz Tilda Swinton, en Julia

cuentan esos jóvenes de 24 o 26 años es muy rica, muy compleja y dramática. En cambio, otros alumnos occidentales sólo pueden contarme lo que conocen de la televisión. Pero eso no me interesa como cineasta. Eso puede valer para las telenovelas, en las que no hay expresión de la sensibilidad particular de una persona. Saber sólo técnica cinematográfica es como saber sólo caligrafía. ¿De qué sirve? ¿Qué me importa si Dostoievski tenía una buena caligrafía? En el audiovisual tener sólo buena caligrafía te puede servir para la publicidad o para cierta televisión. No para el cine». Más adelante, Zanussi aclara y completa su defensa de un cine que diga algo al espectador y señala que «no quiero decir que sea obligatorio para cada autor contar su biografía. Al contrario, eso es algo excepcional. Me refiero a que, con cierta experiencia de la vida, es más fácil hacer un diagnóstico de la existencia. Muchos jóvenes de hoy no sienten la necesidad de diagnosticar la vida, de preguntarse por qué las cosas duelen, por qué las cosas van mal... En los guiones de muchos jóvenes realizadores occidentales actuales cada escena representa una visión del mundo, separada, distinta de la JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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siguiente: no hay una visión coherente, sólo se tratan aspectos por separado. Esta fragmentación de la visión del mundo es el motivo por el que muchas veces las películas carecen de integridad»7. Sin duda, hay muchos tipos de cine y no son excluyentes entre sí, diversas maneras de acercarse a la realidad y recogerla en el celuloide, pero en todo caso no está de más esta llamada a hacer un cine más humano y real, a servirse de él como instrumento para transmitir experiencias de la vida y ayudar al espectador a que viva el cine libremente, como la vida. Por eso, lo importante —incluso en el cine más comercial y de consumo— será tener algo que transmitir con la imagen y no limitarse a imitar y repetir cansinamente estereotipos que nada aportan, no esconderse en lugares comunes ni en lo políticamente correcto y enriquecer al cine y al espectador con una mirada personal... que ayude a entender otros modos de ver la realidad, lejos del «sueño de los ángeles» o de la impostura de magos de poca monta. Porque necesitamos un cine cierto y verdadero que hable y dialogue con el espectador, que comprenda al hombre en su complejidad y también en su enorme riqueza y capacidad, que le dé alas para volar en la propia realidad. 

N O T A S 1

Jesús González Requena, «La experiencia cinematográfica», en Cahiers du Cinéma. España, nº 20, de febrero de 2009, pág. 61.

2

Salman Rushdie, «Cine y literatura, amistades peligrosas», en ABCD Las Artes y Las Letras, nº

3

Chusa L. Monjas, artículo recogido en el Diario El Norte de Castilla del 14 de marzo de 2009,

895, semana del 28 de marzo al 3 de abril de 2009. pág 59. 4

Federico Marín Bellón, «El festivalito de Almodóvar y “Los abrazos rotos”», en el diario ABC del 14 de marzo de 2009, pág. 54-55.

5

Carlos F. Heredero y Carlos Reviriego, entrevista realizada a Pedro Almodóvar y recogida en el artículo «El cine protector» en Cahiers du Cinéma. España, nº 21, de marzo de 2009, pág. 8-ss.

6

Hilario J. Rodríguez, «La última copa», en ABCD Las Artes y Las Letras, nº 891, semana del 28

7

Juan Orellana, entrevista realizada a Krzysztof Zanussi y recogida en Alfa y Omega nº 618,

de febrero al 3 de marzo de 2009. del 4 de diciembre de 2008.

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La maldición de los malditos: entre el volcán y el humo ÁNGEL PEÑA CRÍTICO LITERARIO

«Cavila sobre la agonía de las rosas. Mira en el césped los granos de café de Concepta [...] Estas cosas ya no te apasionan. Ahora tu única pasión son las “cantinas”: la débil reliquia de una pasión por la vida vuelta veneno, que no es sólo veneno enteramente, y que se ha convertido en tu alimento diario, cuando en la taberna...». El delirio de un borracho gira en una espiral de cuatrocientas páginas vertiginosas de dolor, podredumbre y descubrimiento, el motor poético desbordado de perdición. Bajo el volcán (Tusquets) es, para muchos amantes de la literatura, una de las mejores novelas del siglo XX. Bajo el volcán es, para todos los amante del morbo metaliterario, una de las biblias del malditismo. Su autor, Malcom Lowry (1909-1957), se entregó desde la infancia a la causa de la autodestrucción... que finalmente alcanzó con una turbia muerte de alcohol y barbitúricos. Todo un logro. La ruina de un ser humano. El 28 de julio se cumplen los cien años de su nacimiento en Chesire (Gran Bretaña). Los devotos del malditismo se aprestan a refocilarse con el recuerdo de sus proezas con el tequila y el mezcal; los expertos en literatura preparan nuevos textos que aclaren el misterio de una obra raquítica de la que surge como una exhalación Bajo el volcán, la prodigiosa peripecia del cónsul inglés Geoffrey Firmin en un México que el alcohol convierte en escenario dantesco. Para los primeros, el centenario quizá pase más desapercibido. La actualidad manda, y la nómina de malditos devorados por su leyenda nunca deja de crecer. En España aún están calientes las brasas en las que se consumió Antonio Vega, uno de los músicos más valiosos que ha dado nuestro país en los últimos años... y mito de la toxicomanía. Fuera hipocresía: reconozcamos que entre los admiradores de su enorme talento siempre aparecía el tipo que no disimulaba su emoción por haberlo visto «realmente mal» JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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en un concierto que, con «suerte», sería el último y adquiriría un valor incalculable en el mercado fetichista. Ni hablar del «fenómeno Michael Jackson», con una oscura autopsia —el misterio es un ingrediente extra fundamental: los detalles de la muerte de Lowry, por ejemplo, tampoco están aún claros— que promete muchos millones de dólares. A estos espectadores del malditismo se les podría englobar, como poco, en el viejo proverbio oriental: «Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo». Entre los segundos, los que prefieren mirar más allá, aparece la monumental biografía Perseguido por los demonios. Vida de Malcom Lowry, de Gordon Bowker, editado por el Fondo de Cultura Económica. Quizá para desmarcarse de aquella legión de devoradores del morbo, su autor explica en la introducción las razones de su minuciosa labor investigadora: «Lowry es el inventor de la ficción más compleja y terminante de la época moderna, y su vida, en ocasiones, parece el invento ficticio más complejo y terminante de todos». Lowry cuenta en uno de sus primeros relatos, de claro carácter autobiográfico, cómo su padre, estricto metodista, mostró en público el desprecio que sentía por un abogado que «carecía de autodisciplina». El pequeño Malcolm, disimulando su propio desprecio, se dice: «No sabía que, en secreto, había decidido convertirme en borracho cuando fuera mayor». Y, pese a —o quizás debido a— su convencional educación británica, paso por Cambridge incluido, Malcolm cumplió sobradamente su vocación. Toda su vida, desde los viajes iniciáticos por Oriente hasta los dos desastrosos matrimonios, fueron un mero telón de fondo para sus borracheras. Incluso su raquítica carrera literaria: sólo terminó dos novelas, Ultramarina y la obra maestra Bajo el volcán, y esta última, como él mismo reconoce en el prólogo a la edición francesa, es la consecuencia natural de su gran afición: «Quizá lo honesto sería confesarte que la idea cara a mi corazón fue la de hacer, en su género, una especie de obra de pionero, y escribir al fin la auténtica historia de un borracho». Con la perfecta fusión de vida y obra en el yunque de la disipación, Lowry quiere encarnar el modelo de una raza, el malditismo, en cuya tradición se enmarca explícitamente. Otro de sus biógrafos, Ronald Binns, recuerda un relato de Lowry en el que su alter ego Sigbjorn Wilderness aparece como un escritor americano que deambula por los apartamentos en 118

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los que Keats murió de tuberculosis y recuerda un similar peregrinaje por la La actitud de Lowry entronca con el casa de Poe. Ambos poetas, dice romanticismo, del que el malditismo Binns, «interpretan en la mente de surge como un rebrote que ha hecho Wilderness el papel de escritores que fortuna gracias a su espectacularihabían tenido la buena fortuna de su dad, factor que lo hace ideal para el propia desgracia y el privilegio de mercantilismo de la era industrial. experimentar su propio sufrimiento ingenuamente». En realidad, la actitud de Lowry entronca con el romanticismo, del que el malditismo surge como un rebrote que ha hecho fortuna gracias a su espectacularidad, factor que lo hace ideal para el mercantilismo de la era industrial. Surgido a finales del siglo XVIII como una exaltación del individuo y de las fuerzas de la imaginación y el genio, el romanticismo llega a su esplendor con Napoleón y, en consecuencia, sufre su primer ocaso con el Congreso de Viena y el posterior advenimiento del realismo y la industrialización. Pero su semilla permanece enterrada, presta a romper el suelo del convencionalismo y el predomino de la razón. Aún en pleno siglo XIX vuelve a surgir bajo la forma del malditismo, que se centra en uno de los postulados de su matriz: el conflicto entre la sociedad y el artista. Además, adquiere el ropaje formal de la bohemia, el estilo de vida cuidadosamente desordenado y medidamente inconformista de los artistas del París de mitad del XIX que Henri Murger retrató en la novela Escenas de la vida bohemia. Lo que empezó como una moda de unos cuantos individuos, «los malditos», derivó pronto en la abstracción, hasta generar un movimiento, el malditismo, con todo un programa de vida. En definitiva un «ismo» más de los surgidos del vacío de valores que provocó lo que el historiador Gonzalo Redondo denomina la «crisis de la cultura de la modernidad». Una compleja evolución social que Chesterton, con su peculiar tino para las sentencias, resumió en una frase: «Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa». Más prolijo, George Steiner propone en Nostalgia del absoluto una especie de juego para revelar la paradoja de que todos estos «ismos» intentaran sustituir las religiones tradicionales con esquemas en realidad idéntiJULIO-SEPTIEMBRE 2009

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cos al de éstas, incluidos profetas, libros sagrados, herejías, utopías, dogmas de fe, mártires... Una aguda observación de las entrañas de la filosofía política de Marx, el psicoanálisis de Freud, la antropología de Lévi-Strauss o incluso la astrología y el ocultismo, revelan una patética imagen, similar a la del crío que sale a la calle con los zapatos de su padre. Evidentemente, demasiado grandes. Enternecedor, si no se intuyera tanta angustia y un sentimiento general de prueba fallida, de que el hombre, o bien no puede desembarazarse de la religión, o bien aún no está preparado para ello. Steiner no incluyó en su nómina de «nostálgicos» a los malditos. Pero no por falta de material: un rápido vistazo nos descubre todos los elementos de una mitología sustitutiva al uso en la crisis de la modernidad. Si el ya mencionado libro Escenas de la vida bohemia es toda una profecía, algo así como un Antiguo Testamento, los Evangelios ven la luz en 1888 con la publicación de Los poetas malditos, de Paul Verlaine, que enumera a los apóstoles de la nueva religión, esto es, sus amigos Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam, además de él mismo con el sobrenombre de Pauvre Lelian. Todos tienen en común una noción libérrima y esteticista de la existencia, antisocial y provocadora, sólo sensible a los dictados de su propio genio y con una marcada tendencia al martirio: la vida como obra de arte, primer mandamiento, exige un final no menos dramático que la autodestrucción. La utopía, la Tierra Prometida, el Absoluto, es un fulgor desmesurado, abrasador e instantánea, una luz como la que describe Joseph von Eichendorff en sus versos proféticos. Precisamente nuestro Malcolm Lowry apunta en esa dirección cuando en su Correspondencia, publicada por Tusquets, comenta que «el tiempo es una inhibición para impedir que todo suceda a la vez, como en el sueño». Con su arte y su vida, los malditos lograrán superar esa barrera para vivir la eternidad en la Tierra. La intensidad será su salvación ante la mediocre oscuridad de los tiempos. Por cierto, que Lowry difunde semejantes iluminaciones desde su grado de místico, adquirido gracias a su dominio de la gran herramienta litúrgica de los malditos: las sustancias alteradoras de la conciencia. En el prólogo de Bajo el volcán, dice: «Williams James, si no Freud, podría estar de acuerdo conmigo cuando afirmo que las agonías del borracho encuentra 120

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su más exacto paralelo en las agonías del místico que ha abusado de sus po- La potencia expansiva de la literatuderes». En realidad, no hace sino se- ra es hoy mucho menor. Pero preciguir la propuesta de Los paraísos arti- samente ese detalle hace más significiales, obra clave del que podría ficativo que a largo del siglo XX las considerarse auténtico mesías: Charles huestes del malditismo empezaran a emigrar a las más fértiles tierras del Baudelaire. Como apunta el poeta Roger Wolfe cine y la música. en su irreverente ensayo Malditismo y lentejas sin chorizo, es Baudelaire el que define con su vida y su actitud ante el arte los fundamentos básicos del malditismo: «Vivir al margen de la sociedad, recrearse ante una decadencia estética perfectamente estudiada, cultivar asuntos literarios exquisitamente putrefactos y morirse de asco con un cierto estilo premeditado». En definitiva, la encarnación del poeta maldito. Tras él, otros malditos con pedigrí, más o menos heréticos en su originalidad, fueron actualizando el modelo. En EE.UU., Edgar Allan Poe lo dominó los primeros tiempos, Scott Fitzgerald le puso música de jazz, la generación beat lo llevó on the road... Pero también abundaron los epígonos en lugares supuestamente más vitalistas, como la Italia del movimiento Scapigliatura o la España que parte del tremendo Valle-Inclán y llega al inefable Leopoldo María Panero. La nómina de fieles es, pues, amplia y continúa. Aunque limitada, eso sí. Estamos ante un credo exigente. Para acceder a sus arcanos hay que seguir las iluminaciones de los maestros y poseer unas condiciones estéticas mínimas. ¿O no? Desde luego, la práctica canónica exige la condición de artista o, al menos, una mínima pose. Pero ya la cadena de suicidios de adolescentes por la lectura del Werther de Goethe demostró la capacidad de penetración en la sociedad del primer romanticismo. Cierto que la potencia expansiva de la literatura es hoy mucho menor. Pero precisamente ese detalle hace más significativo que a largo del siglo XX las huestes del malditismo empezaran a emigrar a las más fértiles tierras del cine y la música. ¿Podrían interpretarse el «Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver» de James Dean y la inmolación de Jimmy Hendrix como símbolos de una mutación con ánimos proselitistas? JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Quizá sea una conclusión excesiva, fruto de la sugerencia envolvente del juego de George Steiner. Más sencillo: cambiemos proselitismo por la mezcla de narcisismo exhibicionista (evidente en todo maldito) y la demanda masiva de un producto con las características, remozadas (¿tuneadas?) del viejo Baudelaire. ¿Tenemos a los punkies, tenemos a los raperos? ¿Tenemos el aumento del consumo «recreativo» de drogas, tenemos los asesinatos en serie en los institutos? En su descripción del fenómeno del malditismo, Roger Wolfe asegura que «si hay algo que vende es ese concepto de la vida bohemia, ese disfrute de la decadencia, la perversión y el morbo “por persona interpuesta”, que tan bien se ajusta al voyeurismo moral de nuestra época». De acuerdo que la visión mercantilista es ineludible: sólo hay que prestar atención a titulares periodísticos del tipo «El malditismo de Antonio Vega lo acompaña hasta el velatorio». Pero ciertas actitudes muestran que la burguesa sociedad actual no se limita a mirar. En la novela de Martin Amis La casa de los encuentros (Anagrama), Lev, un ruso que ha pasado por la traumática experiencia del gulag soviético, le escribe a su hijastra Venus, que vive en los EE.UU. de hoy, sobre por la costumbre, extendida entre los adolescentes norteamericanos, de autoinfligirse cortes en los brazos: «Si lo hacéis para combatir la insensibilización de la democracia avanzada... no puedo solidarizarme con vosotros. Otros sistemas, ¿sabes?, te anegan las glándulas de líquidos y juegan con las puntas de tus nervios». ¿Por qué esa terrible necesidad de autodestruirse? ¿La fascinación por la caída de la que hablan los que padecen vértigo? Para el escritor mexicano Gabriel Ríos, Bajo el volcán es una metáfora de la venganza de la sociedad hacia el hipersensible. ¿Habría que entender esa hipersensibildad como una patología y el arte maldito como su síntoma? ¿O es sólo fruto del aburrimiento de una burguesía demasiado satisfecha y, por tanto, sin horizontes? Quizá cuando hablamos de malditos nos referimos a dos cosas distintas. En su libro Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière sobre el arte y la locura (Ediciones Cinco), Vicente Zito le pregunta al eminente psiquiatra argentino si artistas como los malditos y los románticos no manejan las mismas pautas y procesos que los enfermos mentales. Pichon-Rivière 122

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señala una gran diferencia: «El artista normal logra la (verdadera) unidad, El verdadero maldito, como explica armar lo que previamente desinte- Roger Wolfe, siempre lo es a su gró, despedazó, cosa que no logra el pesar. Su dolor es individual; como artista alienado», cuya obra carece de todo sufrimiento auténtico, brota del «valor plástico», no supone «una pro- corazón y es único e irrepetible, no puesta de dinámica de cambio, sino lo fabrica en serie un «ismo» ni lo un estereotipo» y, sobre todo, en moldea una tendencia. lugar de unidad sólo puede ofrecer caos. Para hacerlo más gráfico, el doctor pone como ejemplo el trabajo de Picasso con el inconsciente: «Picasso ha elaborado lo maravilloso a partir de una ruptura caótica, pero que ha sabido y podido recomponer, reintegrar. La muerte le ha servido para re-crear vida [...] Es un artista que ha tomado su obra como camino de investigación y ha descendido a las etapas más regresivas de su propio inconsciente. Pero no se ha perdido, no ha muerto, no ha enloquecido en su viaje». En cambio, el maldito traspasa todos los umbrales en su viaje... Hasta contemplar, horrorizado, que no puede regresar. «A veces me tengo por un explorador que ha descubierto tierras extraordinarias de las que jamás podrá regresar para darlas a conocer al mundo: pues el nombre de esas tierras es infierno. Claro que no están en México, sino en el corazón», dice el protagonista de Bajo el volcán. Sin embargo, Lowry sí logra darnos a conocer un breve retazo de su infierno, como el náufrago que lanza al océano un mensaje en una botella... Y la mecánica de ese lanzamiento fascina al psiquiatra Pichon-Rivière: «Muchas veces me he preguntado qué es lo que mueve a Lautréamont a escribir ese libro infernal que son sus Cantos de Maldoror. Y podemos decir: una situación caótica interna, un profundo dolor, una necesidad de sacarlo a flote, poder verlo, hacer que los demás lo ayuden a soportar ese infierno [...] Había descendido hasta la muerte, ¡la había tocado! Ya no podía estar a solas ante semejante carga, necesitaba compartirla. Pero ir sacando afuera todo eso, objetivarlo, se convertía en una tarea pavorosamente difícil». La misma tortura que, según Gordon Bowker, sufría Lowry: «Para él, escribir era un impulso incoercible, pero también muy penoso». JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Porque el verdadero maldito, como explica Roger Wolfe, siempre lo es a su pesar. Su dolor es individual; como todo sufrimiento auténtico, brota del corazón y es único e irrepetible, no lo fabrica en serie un «ismo» ni lo moldea una tendencia. Aunque el maldito busque a veces el refugio de sus camaradas y caiga en la tentación del estereotipo, ese dolor lo separa del patético impostor que intenta forzar con poses, sustancias o lemas supuestamente profundos —«Mañana podemos estar muertos», «No future»— una situación dramática que encubra lo que el Lev de Martin Amis desvelaba con descarnada lucidez: «Si lo hacéis para combatir la insensibilización de la democracia avanzada...». El burgués aburrido y convencional empeñado en comprar la genialidad y el adolescente que se corta para «sentirse vivo» no son artistas, no son auténticos creadores: sus sensibilidades enfermizas, alienadas, se expresan con actos fragmentados y prescindibles, que se pierden en el vacío. Creen aquella promesa de eternidad en un vaso de cristal, pero la genialidad no es un sacramento que se pueda administrar. Compran un poco de fe mutilándose, pero la prosa de Lowry no se vende en las cantinas. Son lucrativos consumidores de humo. Se llenan de nada. En cambio, el deseo revela al verdadero maldito. «Me parece ver ahora, entre los mezcales, ese sendero, y más allá, extraños parajes, como visiones de una nueva vida que pudimos haber vivido. Me parece que nos veo viviendo en algún país del norte con montañas y colinas y aguas azules», balbucea el cónsul en su borrachera. En la biografía de Lowry aparece un lugar muy parecido: una cabaña junto al agua en Vancouver. Sólo allí, apunta Gordon Bowker, en medio de una existencia sencilla y sobria, pudo «recrear el sudor y la corrupción del sur». Apenas un respiro para encontrar «ese lugar secreto preservado para la poesía, un lugar no contaminado» que Pichon-Rivière intuye en Lautremont, «El sitio de mi recreo» que cantaba Antonio Vega. Después volvieron los demonios. Pero puede que ya hubiera encontrado el norte de su autenticidad. Justo antes del comienzo de Bajo el volcán brilla como una estrella la cita de Goethe: «Al que sin cesar se esfuerza por ascender... a ese podemos salvarlo». 

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El nuevo Museo de la Acrópolis B E G O Ñ A C A S T I E L L A P E R I O D I S TA

La polémica sobre los patrimonios de la humanidad y los nacionales, sobre países de origen y devoluciones, es una constante en los últimos años. Desde finales de junio, con un capítulo nuevo: se ha inaugurado el nuevo Museo de la Acrópolis en Atenas, donde están expuestos los tesoros de la arquitectura clásica griega... y las copias de los que se encuentran en otros museos del mundo. ¿Regresarán los originales que faltan en un futuro, quizás lejano?, ¿o pertenecen para siempre a los museos, a los países que los exhiben?

El sábado 20 de junio se hizo realidad el deseo de los arqueólogos griegos y de todos los amantes del arte clásico: abrió sus puertas el nuevo Museo de la Acrópolis, obra del arquitecto suizo Bernard Tschumi, a menos de trescientos metros de la colina en la que se encuentran los templos del Partenón y de Atenea Victoriosa, el Erecteión y otras obras arquitectónicas de la época clásica griega. EL PROYECTO DEL MUSEO, SUEÑO DE MELINA MERCURI

El nuevo museo ha sido durante más de treinta años un proyecto interminable, iniciado por la idea del político Constantino Karamanlis en los años setenta. Pero empezó a concretarse con la actriz Melina Mercuri, nombrada por el primer ministro socialista Andreas Papandreu ministra de Cultura. Melina, como se la conoce familiarmente en Grecia, era una actriz visceral y carismática convertida en ministra apasionada. Comenzó su lucha personal por el regreso del patrimonio griego en museos extranjeros y especialmente por los denominados «Mármoles de Elgin», valiosas esculturas del Partenón y otros monumentos cercanos que se encuentran en el Museo Británico de Londres. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Fue Melina la que convocó el primer concurso arquitectónico para el nuevo museo, la que en cada uno de sus viajes al extranjero hablaba del tema con pasión y daba argumentos serios (la Acrópolis es un monumento único perteneciente a la Humanidad y debe de conservarse y preservarse entero) y sentimentales («los mármoles son griegos y deben de volver a su cuna»). Mercuri fue ministra muchos años: desde el primer gobierno socialista de 1981 hasta 1989, y luego desde 1993, cuando volvió a ganar las elecciones Papandreu hasta su fallecimiento (por cáncer de pulmón, al ser fumadora empedernida) en 1994. Su viudo, el cineasta Jules Dassin, siguió viviendo en Grecia y luchando por el museo y el regreso de las esculturas hasta su muerte en 2008. La institución creada por ambos, la Fundación Melina Mercuri, obtiene los beneficios de sus películas y continúa apoyando la conservación de los monumentos de la Acrópolis y las iniciativas para la reunificación de las esculturas del Partenón. Todo lo que hizo Melina estaba basado en su apasionada convicción de que la Acrópolis es una entidad de valor artístico único, representando el espíritu griego y simbolizando sus valores, principios e ideales. Ideales de armonía, grandiosidad a la vez que sencillez, equilibrio, belleza estética, perspectiva. Tras varios concursos arquitectónicos y muchas polémicas, finalmente la obra fue adjudicada al arquitecto suizo Bernard Tschumi, entonces decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Columbia, que vive y trabaja principalmente en Estados Unidos. Junto con su socio griego Mijalis Fotiadis diseñaron un edificio muy moderno, con líneas sencillas, de cristal y hormigón. Pero se enfrentaron con un delicado problema: las máquinas cavando los cimientos del lugar designado por el Estado para la construcción del nuevo museo revelaron una importante excavación arqueológica con restos de la ciudad, sus talleres y almacenes desde el siglo V a.C. hasta los primeros años bizantinos. Este hallazgo retrasó y encareció aún más la obra (que costó un total de 130 millones de euros), ya que el proyecto arquitectónico tuvo que reformarse. Ahora Tschumi se encuentra profundamente satisfecho del resultado de la obra, que quiso «moderna, llena de luz y sencillez, no una copia del Partenón». Un espacio para exponer más de 400 estatuas y 4.000 objetos. Lo ha conseguido. Por fuera muchos critican la mole de cristal y hormigón gris pulido que 126

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EL NUEVO MUSEO DE LA ACRÓPOLIS

parece un barco gigante varado. Por dentro, sin embargo, la sensación es de luz, espacio y vistas espectaculares —trescientos metros a vuelo de pájaro y ves el Partenón—. E L M U S E O , C O N J U N T O D E C R I S TA L Y H O R M I G Ó N MIRANDO HACIA LA COLINA

La construcción comenzó hace cinco años, resultando en un enorme edificio (más de 14.000 metros cuadrados de espacio de exposición más el equivalente para las restantes instalaciones). Hormigón gris oscuro ligeramente pulido y cristal diáfano en varios pisos, sostenido por unas cien columnas antisísmicas. Debajo de éstas, la excavación expuesta. Su vista forma parte del suelo del atrio, la entrada exterior, protegida por cristal. En la entrada del edificio, las taquillas, una cafetería y una pequeña tienda. Siguiendo la idea de la entrada de la Acrópolis, una cuesta que recuerda las procesiones de la Antigüedad dedicadas a la diosa Atenea lleva hasta la sala de las esculturas. Por el camino, expuestas en bonitas vitrinas, los objetos encontrados en las laderas de la colina, objetos de la vida diaria de barro y de los santuarios dedicados al dios de la medicina, Asclepio (Esculapio para los romanos), y otros. Unos metros más arriba, al fondo, como en un palco, las Cariátides vigilan. Las columnas decoradas con forma de jóvenes doncellas del Erecteión se ven libres al fin, ya que durante muchas decenas de años estaban prisioneras en una vitrina estrecha con ozono del museo anterior, diez veces más pequeño (1.400 metros cuadrados). Expuestas están cinco, esperando a su hermana del Museo Británico. LA GALERÍA ARCAICA

El resto de las más de 400 magníficas esculturas conservadas de la Acrópolis se encuentran en el piso siguiente. Con luz natural y mucho espacio, se ven obras desde la época arcaica, con los restos de los pedimentos del Partenón arcaico, pasando por la época «severa» (la más austera, a partir del 450 a.C., preludio de la época clásica), la clásica (mediados del siglo V a.C.) y la «rica» (la más recargada). Los tesoros están en bases de mármol a distintas alturas y se pueden rodear. Figuras conocidas, como los jóvenes «kúros», las jóvenes «kóres», el «mosjofóros» (joven cargando con un JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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becerrito sobre sus hombres), y muchas más. De cerca se pueden ver rastros de colores, los relieves de sus cuerpos y sus trajes, los agujeros de los que salían las decoraciones de metal. En vitrinas, objetos varios encontrados en distintas excavaciones de la colina sagrada. La sala tiene paredes de cristal diáfano, y el mundo exterior —una vista muy urbana de la capital griega— parece un escenario teatral. L A S A L A D E L PA R T E N Ó N

En el piso superior, alineado con el propio Partenón que se ve desde los enormes ventanales (hay una visión panorámica de 360 grados), con el mismo espacio interno que dicho templo, están los extraordinarios mármoles esculpidos siguiendo el deseo del general Pericles alrededor del año 450 a.C.: tras reponerse la ciudad de la invasión persa (en varios sitios del museo se pueden ver objetos marcados por el terrible incendio provocado por el ejército del rey Jerjes, hijo de Darío, en el año 480 a.C.), encarga varias edificaciones. Entre ellas, un magnífico templo dedicado a la diosa Atenea Parthenos (virgen), como símbolo de poder y prestigio de la ciudad. Aunque los edificios que se diseñaron tardaron en terminarse, debido a una guerra entre Atenas y Esparta, reflejan los ideales de una sociedad en la que la libertad, el pensamiento filosófico, la actividad política y las artes estaban muy presentes. En esta sala se encuentra lo que se conserva del famoso friso del Partenón, legendariamente atribuidos al escultor Fidias y su taller: una larga hilera de grandes paneles de mármol de un metro de altura que originalmente medía 160 metros de largo y representaba una de las grandes procesiones en honor a la diosa Atenea con multitud de personajes: se ven soldados y ciudadanos de a pie, músicos y portadores de ofrendas, efebos, niños, esclavos, jóvenes doncellas y mujeres mayores, embajadores de las ciudades-estado aliadas, animales para los sacrificios... De estos bajorrelieves dóricos que se conservan, casi la mitad son los originales de mármol con una patina dorada y marcas del tiempo. Las copias, algo más de la mitad, son de yeso blanco, y los espacios grises, lo que falta. A pocos metros y más altura, lo mismo ocurre con las metopas (originales y copias) sobre batallas mitológicas. 128

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EL NUEVO MUSEO DE LA ACRÓPOLIS

Vista exterior del Museo de la Acrópolis

LAS HERIDAS DE LA ACRÓPOLIS Y EL CONDE ELGIN

El conjunto de la colina de la Acrópolis, el santuario más conocido de la historia, sufrió muchos daños desde hace mas de tres mil años. En el museo se ven ahora expuestos objetos con la marca del fuego que causaron los persas en el siglo V. Heridas conocidas fueron también las causadas por un rayo, provocando un incendio, las del bombardeo y posterior saqueo del asalto de los venecianos, con Francesco Morosini al mando (el Partenón era... el polvorín). Heridas causadas por los cambios de uso durante el paso de la historia: de los templos de la época clásica a la JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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basílica cristiana (primero ortodoxa y luego católica) en el caso del Partenón, que luego fue convertido en mezquita. Se quitaron y añadieron otros edificios de la época bizantina y otomana posterior... Muchos fueron los extranjeros que se llevaban un objeto, un trozo de mármol cuando visitaban la colina abandonada, pero lo más documentado fue el caso del noble escocés lord Elgin. Durante su mandato como embajador ante las autoridades otomanas obtuvo un «firmani», un documento del sultán, para llevarse algunos objetos esculpidos de la Acrópolis y decorar sus propiedades. En la práctica y durante varios años, entre 1801 y 1805, un escultor italiano y varios obreros a su sueldo serraron partes esculpidas del Partenón y otros edificios, los mandaron a Inglaterra (con naufragio incluido) y durante varios años todo ello estuvo almacenado en su finca. Al borde de la ruina, Elgin consiguió vender por 35.000 libras en 1816 a la corona británica su colección, que pasó a exponerse en el Museo Británico desde entonces. Nada menos que provenientes del Partenón casi la mitad del friso, ciento veinticinco de las metopas (de la representación de la batalla entre lapitas y centauros) y diecisiete figuras de los pedimentos. También cuatro paneles del friso del templo de Atenea Victoriosa y una cariátide del Erecteión. Los mármoles fueron en los años treinta blanqueados con ácido y frotados con cepillos de púas metálicas (los especialistas griegos sufren cuando leen las descripciones de esta limpieza) para el estreno en 1939 de la Galería Duveen, donde se encuentran hasta ahora. INAUGURACIÓN Y POLÉMICA

Con la inauguración de este museo, los griegos están entusiasmados: ya hay un lugar moderno, seguro y protegido donde se podrán exponer todas las obras salvadas de la Acrópolis. Ya el Vaticano, la Universidad de Heidelberg y el Museo Salinas de Palermo han permitido que los fragmentos de esculturas que tenían en sus colecciones se exhiban en Atenas. Pero quedan muchos tesoros no sólo en el Museo Británico, sino en el Louvre, en Múnich y en otros lugares. Durante la ceremonia de inauguración, el presidente de la República, Carolos Papulias, afirmó que «era hora de cerrar las heridas del Partenón con el regreso de los mármoles que le pertenecen», mientras que el primer ministro, Costas Karamanlis, 130

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EL NUEVO MUSEO DE LA ACRÓPOLIS

Vista de la Acrópolis desde el interior del museo

señaló que «el museo es una prueba viva de la fuerza de la cultura mundial, que puede y solicita la reunión de sus mármoles». El director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura, habló del papel de intermediario de su organismo. El gesto más simbólico fue el del ministro de Cultura, Andonis Samaras, que colocó cuidadosamente la cabeza original de la diosa alada Iris en uno de los paneles del friso, copia del que se encuentra en el Museo Británico. En la comunidad internacional se es consciente de la importancia del conjunto artístico de la Acrópolis como un monumento único cuya importancia justifica el que se quiera reunir todos sus fragmentos, no como un JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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precedente para comenzar a vaciar los museos del mundo siguiendo exigencias de los países de origen. Para los griegos, Elgin «robó» el patrimonio heleno con la excusa de un dudoso permiso obtenido por las fuerzas de ocupación de entonces, los otomanos. Para los ingleses, la compra por parte de su Estado fue legal y para el director del Museo Británico, los «mármoles de Elgin» son una parte del tesoro artístico mundial expuesto en dicho museo. Neil Mac Gregor, el director, considera que lo importante del Británico es que el visitante puede ver las maravillas del arte mundial reunidas en un edificio, de forma gratuita y en un entorno seguro. Ahora que el nuevo Museo de la Acrópolis se ha inaugurado, situado en un lugar estratégico, con vista directa al conjunto monumental, los mejores sistemas de protección para sus objetos... la postura favorable a su regreso se ve aumentada. Si de verdad visitaran este museo (que tiene capacidad para 10.000 visitantes al día) los dos millones y medio de personas al año que se calcula, la idea del regreso de los originales en el extranjero se extenderá. Hay comités luchando por este regreso en diecisiete países (incluida España). Y hasta finales de año el precio de la entrada se mantiene simbólico: un euro. Y el año que viene será de cinco euros. Los veinticinco miembros del consejo del Museo Británico, que depende del ministerio de cultura, medios de comunicación y deporte, se verán presionados, junto a especialistas como Ian Jenkins, conservador jefe de las colecciones griegas y romanas, y Lesley Fitton, la directora del departamento. Pero una teórica propuesta de un préstamo por varios meses de algunas obras no ha sido aceptada por los griegos: el aceptar un préstamo sería como aceptar el principio de la propiedad británica. En los próximos meses se espera que los más de diecisiete comités para el regreso de estas obras vuelvan al ataque. Los diputados ingleses en principio estarían a favor, el gobierno en contra. Entre tanto, en el moderno museo ateniense las obras originales se dejan admirar y los griegos esperan con optimismo. 

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La imagen de Tintín en el arte español contemporáneo CARLOS D´ORS FÜHRER PINTOR

En el mes de junio de este año 2009 acaba de inaugurarse el Museo Hergé en Lovaina la Nueva, localidad universitaria situada a treinta kilómetros de Bruselas, dedicado a la obra creadora de Hergé, que con la creación de su personaje Tintín fue uno de los autores más importantes del cómic del siglo XX con su particular influencia en arte de nuestro tiempo. Con este motivo, desarrollaremos en este artículo un breve análisis de los artistas en los que, de alguna manera, influyó Hergé más intensamente y que incluso llegaron a tomar la efigie de su personaje Tintín como motivo principal de algunas de sus obras. Hergé fue desarrollando la línea clara que caracteriza las historietas de su principal personaje, Tintín, y define su estilo gráfico. Se impone de inmediato una evidencia: las aventuras de Tintín son el fruto de un durísimo trabajo de búsqueda de la sencillez, prolongado durante más de medio siglo, realizado, no sin mucho esfuerzo, por momentos, por un maestro absoluto en disciplinas muy diversas: el dibujo a lápiz, la acuarela, el manejo de la tipografía, la publicidad, el cartelismo, la sátira social, el humor gráfico, el periodismo, el reportaje gráfico, puestos al servicio de unas «historias» cuya simplicidad aparente es el fruto maduro de un gran artista, dispuesto a sacrificarse por un público no siempre infantil ni adolescente, ni mucho menos. Tintín es el respeto escrupuloso de los límites de esa claridad: la pureza de la línea. Las aventuras de Tintín se asientan sobre unas bases documentales perfectamente identificables. Personajes naturalistas, objetos, edificios, medios de transporte, interiores y paisajes e incluso referencias políticas e históricas más o menos solapadas componen un verdadero mosaico del siglo XX. Hergé ha conseguido convertir al periodista más famoso del cómic, con su lisa piel sonrosada y su contorno de tinta china, por JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Mariscal, logo Tintín-Milú

De Felipe, La vaquita deTintín

Peret, Tintín a lo Magritte

derecho propio, en uno de los iconos del siglo xx. Como dice nuestro gran pintor Pelayo Ortega la efigie de Tintín «supone el óvalo más perfecto de la historia del dibujo». Pero es en el arte contemporáneo español donde tal vez se hayan realizado más o menos afortunados homenajes a Tintín en pintores de la onda figurativa como Pelayo Ortega, Ángel Mateo Charris, Xesús Vázquez, Santi Tena, Dis Berlín, Fernando Bellver o Sigfrido Martín Begué. Y han interpretado también su efigie, en otro sentido, artistas como Ximo Amigó y diseñadores como Pere Torrent (Peret), Antonio de Felipe, Manuel Sáez, Mariscal o Eric Milet. P E L AY O O R T E G A

Seguramente sea en la obra de Pelayo Ortega en la que la efigie de Tintín, creada por Hergé, está más presente y mayor influencia ha tenido. La pintura de Pelayo Ortega, a través de una especial figuración minimalista y esencializada, de masas de colores brillantes o de tonos pastel de empastada materia y un fino equilibrio de masas pictóricas, se transforma en lienzos en los que nada es accesorio, todo se desenvuelve dentro de la esencialidad del motivo y de los originales iconos que utiliza. Son lienzos 134

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Santi Tena, Tintín en Nova cuisine Mateo Charris, Tintinstone

Pelayo Ortega, Tintín en Gijón

donde muchas veces el personaje se reduce a unas breves, pero expresivas líneas (paseante fumando, paseante con paraguas, hombre en bicicleta), otras veces toma la mayor superficie del cuadro (serie Tintín). Á N G E L M AT E O C H A R R I S

La obra de Ángel Mateo Charris se engloba dentro de una línea figurativa que se ha dado en llamar «neometafísica» y a la que pertenecen otros artistas de su generación como Gonzalo Sicre. Al mismo tiempo su arte revela una deuda con el arte pop y con los lenguajes visuales del cómic y del cine americano. Charris pertenece al club de fans de los cómics de Tintín. Nos parece absolutamente necesario mencionar a la hora de hacer un recorrido por su neometafísico mundo de pintura literaria y cinematográfica el universo de Tintín. La línea clara (1999) es un concepto nacido en el contexto del cómic belga, y genialmente desarrollado por Hergé, y que ha influido decisivamente en el espíritu del universo pictórico de Mateo Charris. Nacido en el cálido y seco clima mediterráneo de Cartagena, en el sur de España, Ángel Mateo Charris siempre había soñado con viajar a tierras más frías. De pequeño le encantaban los tebeos, y entre los que JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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más apreciaba estaban Las aventuras de Tintín, siendo Tintín en el Tíbet, con sus paisajes invernales, uno de sus favoritos. Charris pudo hacer realidad aquel sueño por primera vez en un viaje a Nueva York durante el invierno de 1988 y también en el invierno de 1992. A su regreso a España, volvió a fantasear con aquel frío exótico que apenas había podido experimentar. Imaginando un mundo nevado, comenzó a pintar una serie de pinturas de nieve, inspirándose en algunas ilustraciones de Tintín y en fotografías recogidas de diversas fuentes. Le intrigaba la capacidad de la luz solar de causar variaciones en el blanco de la nieve. Charris ha extraído enseñanzas perdurables de la lectura de los álbumes de Hergé, alguien que, por otra parte, logró reunir una colección de pintura y que llevaba muchos años aprendiendo tanto del realismo mágico como de su paisano Magritte, sin olvidar a los propios metafísicos. Más allá de los homenajes explícitos a Tintín, que en su obra los hay y muy sustanciosos, recordemos por ejemplo, entre ellos, Tintinstone, Lógica borrosa (1995), y sobre todo el definitivo Chang chez Hopper (1996), creo que Hergé es uno de los maestros que le han enseñado a Charris a ser él mismo. X E S Ú S VÁ Z Q U E Z

Xesús Vázquez expresa en sus grandes lienzos la introducción de elementos figurativos que hacen convivir en un mismo lienzo la abstracción con el naturalismo. Su producción se desarrolla en series y se puebla de personajes dispersos en espacios interiores, ambientes o paisajes realizados en una técnica cercana al pop. Entre 1989 y 1991 realiza las series de las batallas, reunidas bajo el título La memoria de una noche estrellada. En su obra Chat el Arab (1990) sitúa la silueta ribeteada de blanco de Tintín con paleta y pincel en un imaginario espacio interior, de un rojo intenso, como de café o salón, con la inscripción en azul de las letras «CHATT ELARAB». SANTI TENA

En la pintura de Santi Tena aparecen mezclados, a través de una ejecución plástica figurativa, elementos extraídos tanto del cómic como de la cultura de masas. Mediante una resolución plástica suelta y desenvuelta, de ilu136

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L A I M A G E N D E T I N T Í N E N E L A R T E E S PA Ñ O L C O N T E M P O R Á N E O

minación de cinematógrafo y artificiosa, en la que es frecuente la utilización del plano cinematográfico, Santi Tena aborda con humor la historia del arte, en especial la tradición goyesca, aludiendo a la pintura popular lo mismo que a la culta, en abigarradas composiciones de personajes y figuras populares donde la anécdota del título es lo representado. Es una pintura muy cinematográfica y literaria poblada de personajes extraídos del mundo literario, histórico, o de la pintura, así como del cómic (entre ellos, Tintín), actores y actrices del cinematógrafo, y personajes de la música pop y de la cultura de masas. Así, en Pesadilla (1996) sitúa a Tintín con su fiel perro Milú en un corro de personajes entre los que distinguimos sentado al célebre cardenal Inocencio X. Y en el lienzo Nova cuisine, del 2005, aparece el personaje de Tintín junto a las personalidades de la nueva cocina cultural: Marlon Brando o Picasso. Mariscal hace una graciosa versión fusionada del rostro de Tintín con el de Milú. ANTONIO DE FELIPE

Antonio de Felipe (1965), valenciano también y continuador del Equipo Crónica, se ha apropiado de los mitos y la estética de la publicidad y de los cómics. Tan amigo de recrear imagen y palabra en un juego lúdico, muy lleno de significados, Antonio de Felipe incluye en su obra La vaquita de Tintín (1996) dos fetiches de los medios de masas: el de la publicidad del queso en porciones «La vaca que ríe» y el de Tintín. Es decir, una imagen de incitación al consumo y un mito del cómic. El enlace en la obra de Antonio de Felipe viene dado por su intención de recrear un juego de palabras tin, tin, tin...: Tintín y el ¡tin- tin!, el tintineo del cencerro. En definitiva se trata de una recreación irónica entre pasado y presente, entre los mitos culturales y las marcas de productos, imágenes de consumo, que nos son familiares por su continua repetición en los medios de comunicación visual. SIGFRIDO MARTÍN BEGUÉ

Las obras de Sigfrido Martín Begué surgen de unos encuentros teatrales y escenográficos entre un clasicismo de múltiples adherencias con una modernidad que mezcla a los hitos clásico-modernos más sobresalientes, como la pintura metafísica, con los dispositivos actuales de la publicidad, JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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la cosmética y la moda. Destaca en su toma de posición casi circense su permanente humor. Hay otro rasgo, dependiente de ese humor, que marca con sello indeleble su trabajo. Si nos fijamos en los protagonistas que Begué elige como actores en el papel del pintor o el artista —el obeso Michelín, Pinocho, pintor de morandis, la botella de Tío Pepe, Tintín y Milú, y Humpty Dumpty, al que denomina «Pintor del milenio»— y, también, en su preferencia por la creación de máquinas para pintar no cabe sino deducir en él una melancólica incredulidad en las virtudes de la pintura y del pintor tanto durante el siglo que acabó como para el siglo XXI que hace nueve años que ha comenzado. PERE TORRENT

La obra del ilustrador, diseñador y pintor catalán Pere Torrent (Peret) se incluye en las formas gráficas más elementales y funcionales como son la geometría y la pictografía. Con una depurada calidad técnica, su obra a simple vista se puede relacionar con grandes maestros de las vanguardias artísticas, como Kandinsky, Malevitch, Klee, El Lissitzky, Malevich, o con influencias de Cieslewicz o Brody. Crea con finalidades culturales, se recrea en estilos primitivos africanos y en formas abstractas históricas, con un aspecto novedoso lleno de ironía y humor, basado en el análisis crítico y el conocimiento. Triunfó con la reducción del rostro de Tintín a las formas esenciales del círculo, el triángulo y el cuadrado, en blanco y negro sobre un fondo amarillo con toques de azul y rojo en una especie de constructivismo abstracto que recuerda a De Stijl, que por esas fechas volvía a ponerse de moda entre arquitectos, interioristas y diseñadores. La Fundación Miró le encargó la creación de Hergé para el montaje de la exposición «Tintín en Barcelona», donde Peret dejó ver su talento y sus múltiples e internacionales conexiones con los profesionales del diseño y la ilustración. 

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El piano a cuatro manos JUAN ORTIZ DE MENDÍVIL

Siempre se ha dicho, y por tanto es un tópico, que el piano es el rey de los instrumentos. Afirmación en sí misma discutible si consideramos el lirismo de los instrumentos de cuerda, la voz seductora de los de madera, el color tímbrico de los de metal y la energía de los de percusión. Sin embargo, es bien cierto que, desde la perspectiva de la polifonía, el piano, de forma natural, es el instrumento polifónico por excelencia. Y si esto es así para el piano en general, ¿qué decir cuando se trata del piano a cuatro manos? El dúo de piano a cuatro manos, que es una modalidad de la música de cámara, posibilita que el piano alcance su máxima potencialidad polifónica al actuar simultáneamente sobre el teclado dos instrumentistas, con una disponibilidad potencial de veinte dedos, a lo largo de sus siete octavas y media (ochenta y ocho teclas). En estas circunstancias no es de extrañar que el piano a cuatro manos haya sido elegido el instrumento idóneo para verter en él transcripciones de sinfonías, cuartetos, operas etc.; pero lo verdaderamente significativo e interesante, y es lo que queremos destacar en estas líneas, es que esta modalidad de componer ha sido elegida por grandes músicos a partir del momento mismo de la aparición del piano. Así, encontramos que Johann Christian Bach, el hijo pequeño de Johann Sebastian Bach, el llamado «Bach inglés», escribió varias sonatas para piano a cuatro manos. La forma de escribir de Johann Christian Bach,

Juan Ortiz de Mendívil es pianista. En la actualidad forma dúo de piano a cuatro manos con el eminente pianista y director de coros búlgaro Dimitar Lazarov Kanorov, dúo que ha actuado recientemente en diversos teatros y centros de cultura en Madrid. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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JUAN ORTIZ DE MENDÍVIL

considerado el primer concertista conocido de piano, influyó sin duda en Mozart. Fue este último quien escribió una serie de sonatas para piano a cuatro manos, brillantes, complejas y evolucionadas, obras que interpretaba con su hermana, siendo especialmente destacable por su importancia y nivel musical la Sonata en Fa M (K.V. Nr. 497). También Beethoven, aunque esporádicamente, escribió para piano a cuatro manos; y pienso aquí en la Sonata op. 6 con sus dos tiempos: Allegro molto y Rondo. La compuso en 1796 a la edad de 27 años. Decía en aquel entonces: «Ánimo. Mi genio triunfará. Es preciso que en este mismo año [1796] se revele el hombre todo entero». En el Allegro nos encontramos ya, pese a ser una obra de juventud, con un Beethoven autoafirmativo y turbulento, que fluctúa, en el Rondo, a esa otra faceta de su personalidad, dulce y amable. También en el romanticismo existe una importante literatura para piano a cuatro manos. Si Schumann adoptó esta modalidad, fue sin duda Schubert quien mostró una verdadera predilección por el piano a cuatro manos, probablemente porque necesitaba de una forma ampliada de sonoridad, más rotunda, más poderosa. Precisamente el catálogo de su obra empieza con una Fantasía en Sol M, que se supone escribió a la edad de trece años. Lo cierto es que Schubert cultivó intensamente esta modalidad compositiva, mereciendo especial atención una obra maestra del género; su famosa, bella y técnicamente compleja Fantasía en Fa m. No podemos dejar de citar entre los grandes románticos a Johannes Brahms, quien eligió el piano a cuatro manos para dos grandes y significativas obras: Las danzas húngaras (21 danzas distribuidas en dos cuadernos) y los 16 valses de su Op. 39; una obra magnífica en la que los valses, sin dejar de ser valses, adquieren tintes y matices rapsódicos y sinfónicos. Tenía 32 años Brahms cuando compuso estos valses. Poco tienen en común con los de Beethoven o Schubert o Strauss. Valses densos, profundos, complejos, hermosos, compuestos en 1865, un año doloroso por la muerte de su madre. Le escribe a Clara Schumann: «Cuanto más pasa el tiempo más siento la falta de mi añorada madre». Y refiriéndonos ya al piano a cuatro manos en el pasado siglo XX, tenemos que citar, entre otros, a Gabriel Fauré, Claude Debussy, Maurice Ravel, Erik Satie, Francis Poulenc. La Petite Suite de Claude Debussy es una 140

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E L P I A N O A C U AT R O M A N O S

obra sabia, sensual, imaginativa y deliciosa, escrita a la edad de 27 años, en 1889. Años felices en los que convive con Gaby, «la de los ojos verdes», en el París de la Exposición Universal. Debussy explota inteligentemente todos los resortes del piano a cuatro manos, usando una forma de escribir que obliga a los intérpretes a tocar de una forma compacta, sabiamente entrabada, especialmente atentos a esa «quinta mano» que es el pedal, y que debe ser cuidado hasta el extremo. Finalmente, una obligada cita a Maurice Ravel. Mi madre la Oca la escribe Ravel a la edad de 33 años en 1908. Glosa musicalmente una serie de cuentos; entre ellos Pulgarcito (de Perrault), Feúcha, reina de las pagodas (de Madame D’Aulnoy), Las conversaciones de la Bella y la Bestia (de Madame Leprince de Beaumont), transcribiendo en la misma partitura y a guisa de encabezamiento, algunos extractos de los cuentos. Por ejemplo, en Las conversaciones de la Bella y La bestia: «No, querida Bestia, no moriréis, viviréis para ser mi esposo». Maurice Ravel, con su inmensa maestría de instrumentador, realizó posteriormente una versión orquestal de esta obra, pero me atrevería a decir que la versión inicial para piano a cuatro manos tiene, con su depurada y compleja escritura, un encanto y una pureza insuperables, dejando un amplio margen de libertad a la imaginación. En esta obra, el perfeccionismo y sentido lúdico de Ravel, raya en ocasiones en la extravagancia, obligando a los intérpretes a tener que hacer filigranas en el teclado para intentar ser fieles a la escritura del autor, tan celoso de la exactitud. Resumiendo, diríamos que la modalidad del piano a cuatro manos, con la presencia de dos ejecutantes en el mismo teclado, sitúa a esta particular forma de ejecución pianística en el campo de lo concertante, y requiere una gran capacidad de colaboración y compenetración entre los dos pianistas, que se sirven mutuamente en unos casos y se aúnan y multiplican en otros hasta alcanzar el máximo clímax sonoro. Añadamos a ello que todo esto implica, en ocasiones, un cierto funambulismo que suele sorprender y divertir al público no habituado, y exige a los pianistas que forman el dúo de piano a cuatro manos una exagerada precisión, ilimitada coordinación y mutua atención, lo que convierte a esta modalidad de música de cámara en una arriesgada aventura. Una temible y maravillosa aventura.  JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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ORBIS TERTIUS

«Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal. Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional». (Jorge Luis Borges, TLÖN, UQBAR, ORBIS TERTIUS, II)

MIGUEL HERRERO DE JÁUREGUI

w w w. p e r s e u s . t u f t s . e d u

Todos los grandes textos clásicos, de Homero a San Agustín, en su griego y latín original y una traducción inglesa muy fiable, están a un click en este utilísimo sitio creado hace años por la Universidad de Tufts. Con buscador de palabras, precisión en las referencias, notas aclaratorias, vínculo a diccionarios, y sobre todo gran facilidad y claridad. ¿En qué texto habla Polibio de los regímenes políticos?, ¿qué decía exactamente Cicerón sobre la poesía? La pereza de ir a la biblioteca y estornudar por el polvo de las páginas antiguas ya no es excusa. La precisión, las fuentes, en un click. (Addenda para los muy adictos: GRETIL para las fuentes indias y http://etcsl.orinst.ox.ac.uk/ para literatura mediooriental).

http://latormentaenunvaso.blogspot.com/

Como hoy en día hay casi más escritores que lectores, no es fácil decidirse a empezar, menos aún a comprar, una simple novela para una tarde libre. En este blog de jóvenes escritores y aficionados se reseñan obras de narrativa, poesía y ensayo literario de reciente aparición en español, que ofrece un buen filtro de calidad, dentro de una gran diversidad de estilos, gustos y 142

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opiniones. Hay muchos otros blogs literarios, algunos conectados a éste, que sirven para hacerse una idea de qué va apareciendo en el ámbito novelístico español y no dejarse seducir sin más por los escaparates de las librerías o los premios editoriales.

w w w. o t r o l u n e s . c o m

Es como revista bimensual lo que el sitio anterior es como blog diario. Reseñas de obras y entrevistas con autores de literatura hispanoamericana, productos maduros de la reflexión de autores expertos y consagrados. Los organizadores de esta revista digital son del exilio cubano de Miami, y han conseguido combinar el enfoque sobre la situación cubana con perspectivas de gran interés general para el lector de literatura en español, de uno y otro lado del Atlántico.

w w w. t e n d e n c i a s 2 1 . n e t

Son tópicos muy repetidos que la ciencia se encierra en sí misma, que la universidad y la sociedad son mundos aparte, que el periodismo falsea al simplificar por mala fe o ignorancia, etc. Esta revista digital de alta divulgación científica, tecnológica y cultural en español, en la que participan varias de las mejores universidades del mundo, empieza a desmentir esos lugares comunes. Los autores de artículos y blogs de opinión (sin orientación ideológica predefinida por la revista) son todos científicos de rigor muy acreditados en sus ámbitos respectivos. El sitio satisface y a la vez alienta la curiosidad de vuelos amplios y precisos por el avance intelectual del mundo.

http://timesonline.typepad.com/dons_life/

Mary Beard es profesora de clásicas en Cambridge y una de los rostros más populares de los medios de comunicación británicos. Cultiva con gran éxito la investigación puntera, la alta divulgación sobre la Antigüedad y la opinión razonada sobre cuestiones actuales. Su blog en la edición on-line del Times es divertido, inteligente, variado y conectado a otros blogs que también valen la pena (véase especialmente «ten excellent blogs» de 27 Abril 2008). JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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Multilateral no rima con multipolar (aunque lo parezca) JAIME OTERO ROTH REAL INSTITUTO ELCANO

Javier Rupérez —diplomático y ex diputado del PP, en el que representa el ala democristiana— pasó tres años en Nueva York, de junio de 2004 a junio de 2007, como director ejecutivo del Comité contra el Terrorismo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, experiencia que constituye el hilo narrativo de El espejismo multilateral. El penúltimo capítulo del libro —el último es un «homenaje a la ciudad y a la gente que lo vieron crecer»— constituye el corolario argumental de los XXVI anteriores. Para Rupérez, el «proceso de paz» del presidente Zapatero fue un grave error no tanto por el hecho de negociar —sus predecesores también ordenaron contactos con la banda— sino por introducir en las conversaciones elementos políticos —supuestas concesiones a los objetivos de ETA y no sólo vías de reinserción a presos y prófugos— y por hacerlo de forma pública, buscando la mediación internacional y llevando la negociación a las Cortes y al Parlamento europeo, creando así una ficticia paridad de legitimidades entre el Estado y los terroristas. No es de extrañar que la negociación causara «estupor» en más de un diplomático español. Si hay un dosier recurrente de la diplomacia española en los últimos cuarenta años es el de convencer a la comunidad internacional de que ETA no es un romántico movimiento de liberación sino 144

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una organización revolucionaria y terrorista. No ha sido ni es tarea fácil. A pesar de la similitud de títulos, El El propio Rupérez —que sobrevivió desafío multipolar tiene poco en a un secuestro de ETA— ha explica- común con El espejismo multilatedo en una reciente tercera de ABC la ral. Si aquél es un libro de memotradicional resistencia de la prensa rias, éste es un ensayo académico internacional —especialmente la es- a palo seco. tadounidense— a llamar terroristas a los terroristas. Los partidos firmantes del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo (2000) consideraron necesario «mantener una actividad informativa permanente, a escala internacional, en el ámbito de las instituciones y de las organizaciones políticas y ciudadanas». Los atentados de 2001 en Estados Unidos precipitaron un cambio de actitud general hacia el terrorismo. En febrero de 2002, ETA fue incluida por primera vez en las listas de terrorismo internacional de Estados Unidos. En junio del mismo año, el Consejo Europeo adoptaba una posición común sobre el terrorismo —que entre otras cosas permitió simplificar los procedimientos de extradición— y una lista de personas y grupos terroristas entre los que se incluyó a ETA, lista que ha sido renovada por última vez en enero de 2009 con la inclusión de ANV y PCTV. En estos días del principio del verano de 2009, el Tribunal de Estrasburgo ha confirmado que la ilegalización de Batasuna no viola las convenciones europeas de derechos humanos. El problema no se acaba, para España, con el terrorismo de ETA. Después de ganarse a pulso el reconocimiento internacional por la lucha contra el terrorismo y por el reconocimiento de sus víctimas, España se convirtió como consecuencia de los atentados del 11 de marzo en un caso de estudio de cómo el terrorismo es capaz de alcanzar sus objetivos políticos, en este caso determinar el resultado de unas elecciones y provocar la retirada de un contingente militar de un área de conflicto. Desde la distancia, Javier Rupérez asiste al proceso de paz en España con «frustración» por trabajar al servicio de una política antiterrorista «en la que desgraciadamente caben esas contradicciones» (hacer lo contrario que la doctrina que se estaba fraguando en Naciones Unidas al mismo tiempo y con gran esfuerzo). El relato de Rupérez ha comenzado con las dificultades JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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—trabas burocráticas, recelos personales, rivalidades nacionales— que encuentra para crear una oficina cuyo impulso surge precisamente de los ataques terroristas contra Estados Unidos y en el contexto de la «guerra contra el terror» de la administración Bush —término por cierto al que Rupérez prefiere «lucha contra el terrorismo»— y alcanza su punto álgido cuando describe cómo se conforma la EL ESPEJISMO estrategia onusiana sobre el terrorisMULTILATERAL mo, entre discusiones sobre las «cauJAVIER RUPÉREZ sas profundas del terrorismo» o sobre Córdoba, Editorial Almuzara, el terrorismo y las libertades funda2009, 216 págs. mentales, e idas y venidas de Kofi Annan a Madrid. Precisa Rupérez, y es importante para la comprensión del libro, que aunque dejó su destino de embajador en Washington por el cargo en Nueva York en junio de 2004, la propuesta y aceptación del puesto fueron anteriores a las elecciones generales de marzo del mismo año. Es decir, fue el gobierno Aznar el que promovió su candidatura con el significativo respaldo de Estados Unidos, pero fue el gobierno Zapatero el interlocutor español durante la duración de su mandato en Nueva York. Después de algunos ajustes de cuentas con altos funcionarios de Naciones Unidas y con el gobierno español, Rupérez dedica cuatro capítulos a hacer balance de su experiencia onusiana. No predica, como otros «en la derecha y sus proximidades», la inanidad de la ONU y por lo tanto su eliminación. La dificultad de cumplir las aspiraciones de paz, justicia y libertad para todos no debería conducir al cinismo sino a un mayor esfuerzo para alcanzarlas. Si no existiera la ONU habría que inventarla: la prueba es que son ya sesenta años sin un conflicto mundial generalizado. Ahora bien, la ONU no es sino lo que los Estados miembros quieran hacer de ella; no genera una voluntad distinta de lo que ellos expresan y, en consecuencia, lo mejor que pueden hacer los miembros para dar vida a la ONU es hacer valer en ella 146

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sus planteamientos e intereses. «La peor de las políticas posibles consiste El libro de Charles Kegley y Gregory en alabar sin matices el significado y Raymond es más circunspecto auntrabajo de las Naciones Unidas y al que también tiene un corolario premismo tiempo practicar la pasividad ceptivo de tono más optimista, como en los meandros que conducen a sus corresponde a dos académicos de decisiones buscando refugio en inicia- larga trayectoria que han caminado tivas vacías de contenido como por más bien por el lado demócrata de la ejemplo la llamada Alianza de Civili- carretera. zaciones». Quien crea, como Haile Helassie en los años treinta o el gobierno español a principios del siglo XXI, que la ONU tiene el carácter «mágico y providencial que le conceden los círculos progresistas», está sufriendo un espejismo: el espejismo multilateral. A pesar de la similitud de títulos, El desafío multipolar tiene poco en común con El espejismo multilateral. Si aquél es un libro de memorias de la praxis política con unas gotas de reflexión y análisis, éste es un ensayo académico a palo seco. Naturalmente, hay nexos entre ambos. En la parte que dedica al análisis geopolítico, Rupérez incluye un capítulo titulado «El “Imperio Americano”: instrucciones de uso» en el que pone en cuestión lo que la literatura sobre relaciones internacionales viene anunciando desde hace décadas: el principio del declive de la hegemonía estadounidense. Para Rupérez es evidente que la supremacía de EE.UU. perdura —a pesar del ascenso chino y las diferencias transitorias con aliados como Francia y Alemania— y además tiene ventajas. Y termina afirmando que los planteamientos de Estados Unidos no son dispares de los que forman la filosofía básica de la Unión Europea y de sus miembros y que «la inteligente y permanente alianza entre Washington y Bruselas es la mejor combinación de capacidad política, desarrollo económico, proyección democrática y fuerza militar que hoy existe en el mundo». El libro de Charles Kegley y Gregory Raymond es más circunspecto aunque también tiene un corolario preceptivo de tono más optimista, como corresponde a dos académicos de larga trayectoria que han caminado más bien por el lado demócrata de la carretera. Ambos están vinculados al Carnegie Council, «la voz de la ética en las relaciones internacionales», una de JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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las instituciones creadas a principios del siglo XX por el magnate del acero y filántropo militante Andrew Carnegie. El desafío multipolar es, precisamente, una muestra de esa literatura sobre el declive del «Imperio Americano» a la que se refiere Rupérez. Publicado por primera vez en 1994, según los créditos esta edición en español ha sido actualizada por los autores, que en un breve prefacio EL DESAFÍO MULTIPOLAR hacen referencia a los atentados de CHARLES W. KEGLEY JR. septiembre de 2001 y, más tarde, a la Y GREGORY A. RAYMOND guerra de Irak. Córdoba, Editorial Almuzara, Para Kegley y Raymond no hay 2009, 272 págs. duda de que el futuro será multipolar. Las cifras, dicen, hablan con rotundidad de la supremacía estadounidense en términos militares, económicos, científicos y culturales. Pero estas cifras no deben ocultarnos debilidades domésticas como el endeudamiento excesivo, los problemas sociales crónicos o la pretensión de abarcar demasiado militarmente, debilidades que podrían acelerar el declive relativo del poder americano, anunciado por los avances de otras potencias. La cuestión es cómo prepararse para que ese futuro multipolar sea lo más estable y pacífico posible. Para ello, los autores abordan el estudio de los sistemas multipolares (definidos como aquellos en los que tres o más potencias poseen capacidades muy equivalentes), primero desde el punto de vista teórico y a continuación a través del comportamiento de seis casos históricos. Los dos últimos (1815-1914 y 1919-1939), que terminaron en las más grandes catástrofes de la historia del mundo, se caracterizaron por una maraña de alianzas cambiantes con tendencia a la polarización y por órdenes normativos poco restrictivos. De poco sirvió, en el segundo de ellos, la denuncia de la diplomacia secreta por parte del presidente Wilson y la instauración de un nuevo sistema de «alianzas transparentes, acordadas públicamente» encarnado por la Liga de Naciones. 148

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Pareciera como si el fin de cada «Los que dicen creer en el multilatesistema multipolar diera paso a una confrontación bélica más feroz toda- ralismo están utilizando un término vía. Entonces ¿qué opción tomar codificado para indicar su oposición ahora que el mundo unipolar de la a la política americana», denuncia posguerra fría parece dar paso a un Rupérez. mundo multipolar? ¿Qué modelo debería favorecer Estados Unidos mientras conserve su influencia predominante? Entre los cuatro caminos alternativos hacia un «futuro pacífico multipolar», ninguno de los que ahora se abren como opciones —equilibrio unilateral, relaciones especiales, concierto de potencias, seguridad colectiva— ha garantizado nunca una paz duradera. Kegley y Raymond se inclinan por una opción combinada: un multilateralismo que estaría diseñado en dos niveles: un concierto de potencias (puesto que «el multilateralismo tiene mejores posibilidades de funcionar en grupos pequeños») junto a un sistema de seguridad colectiva más amplio «donde las pequeñas y las medianas potencias podrían hacer escuchar su voz en cuestiones pendientes si sus intereses se viesen afectados o si fueran especialistas en tales cuestiones». Aunque Kegley y Raymond no identifican su multilateralismo de dos niveles con las Naciones Unidas tal como están hoy configuradas, su propuesta se parece mucho al sistema implantado por Estados Unidos y sus aliados en 1945 y al que, como sabemos, Rupérez atribuye los últimos 60 años de ausencia de conflicto generalizado. Salvo que la bipolaridad EE.UU.-URSS ha terminado. Es interesante comparar las conclusiones de los académicos con las del diplomático. La receta de éste, una alianza sólida entre EE.UU. y la UE, es algo que de Kegley y Raymond dan por hecho aunque sólo como una de sus subopciones dentro de la opción de «relaciones especiales», junto a otras posibles relaciones especiales con Rusia, Japón o China: un sistema desaconsejable por su inestabilidad y por los recelos que produce. Cuestión de perspectiva, y de interpretación del término «multilateral» y sus derivados. «Los que dicen creer en el multilateralismo están utilizando un término codificado para indicar su oposición a la política americana», denuncia Rupérez, en una alusión velada al gobierno español actual y su JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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fe ciega en Naciones Unidas, que desde luego es difícilmente aplicable a los académicos estadounidenses. Para éstos, multilateralismo no es más que una «forma organizativa exigente que requiere la coordinación de políticas nacionales entre tres o más potencias». Es grato, en todo caso, aunque seguramente no muy exacto, comprobar cómo los autores tratan a la Unión Europea como actor único en un posible sistema multipolar, junto a Estados Unidos, Japón, Rusia y China. Tratándose de una obra escrita en 1994, no extraña tanto la ausencia de otros poderes emergentes como India o Brasil, o la falta de un análisis más detenido de amenazas como el terrorismo internacional o el poder desestabilizador de Estados como Irak, Irán o Corea del Norte. Muy apegada a la teoría de las relaciones internacionales, que suele obviar las políticas domésticas y la ideología como variables menores de la geopolítica, es también previsible hasta cierto punto que no considere la división del mundo entre países libres, seguros y prósperos y Estados autoritarios, fallidos o amenazadores. Con todo, la tesis de partida —el declive de la hegemonía estadounidense y su posible sustitución por un sistema multipolar— mantiene su vigencia y es meritorio el esfuerzo analítico de aplicar un marco teórico a la prevención de posibles conflictos generalizados. El desafío multipolar incluye un «estudio preliminar» firmado por Ignacio de la Rasilla del Moral, joven investigador de las relaciones internacionales. Es un valioso texto introductorio que pone el trabajo de Kegley y Raymond en su contexto académico. Su presencia no anunciada en la portada resulta, sin embargo, algo impropia, y junto a otros detalles como algunos pasajes de difícil comprensión atribuible a la traducción o a una revisión insuficiente (que son más frecuentes conforme nos acercamos al final), la rotulación equívoca de apartados, la falta de índices (tampoco en el libro de Rupérez los hay) y una bibliografía miniaturizada (de varios centenares de títulos) dan a la edición un aire algo casero; detalles que apenas quitan valor a la loable tarea de la editorial Almuzara de poner al alcance del lector en español una literatura que no suele ser fácilmente accesible en nuestro idioma y que tiene la utilidad de hacernos pensar en el largo plazo. 

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El arte en el periodo de entreguerras FEDERICO LÓPEZ TERRA CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS

Elena Pontiggia, profesora de historia de arte contemporáneo (Accademia di Brera, Milán) y experta en artes visuales de la primera mitad del siglo XX, publica este trabajo en el que se reflejan su experiencia y conocimiento de la materia desarrollada a través de su participación en la organización de diversas muestras de arte. El interés de Pontiggia por la estética de las primeras décadas del siglo XX y los problemáticos vínculos del arte de este periodo con la tradición son los que en gran medida alientan sus principales estudios teóricos y su campo de investigación. El libro que aquí se reseña se centra en el clasicismo de principios de siglo representado por el denominado Retorno al orden, que la autora define, antes que como un movimiento en sentido estricto, como «un clima que se difunde entre la mitad de los años diez y finales de los años treinta». Se trata de un trabajo que pretende clarificar el confuso periodo que representa el arte de vanguardia y dar cabida a toda una corriente artística aparentemente contraria a la tendencia general de estos años. En este sentido, el libro persigue un doble objetivo: por un lado, permite comprender toda una corriente del arte que, al entrar en conflicto con la hegemonía de la vanguardia, ha tendido a ser minusvalorado o estudiado desde una perspectiva que no le era propia. Por otra parte, permite articular estos intentos expresivos como una corriente con sentido propio antes que como contradicciones aisladas difíciles de salvar en el contexto de las vanguardias históricas. El libro propone al lector un recorrido a través de la dialéctica entre «clasicidad» y «modernidad». Ya desde la introducción estos conceptos son problematizados como clave de lectura del periodo de entreguerras en Europa, en un intento por salvar la dicotomía entre ambos. Para ello, 158

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Pontiggia comienza realizando un recorrido por los años anteriores al mo- El mérito principal radica en el valor vimiento e intenta rastrear las raíces documental de la obra que proporde éste —caracterizado como «ten- ciona un excelente testimonio de la dencia clasicizante»— en dos periodos época. diferenciados: los años del expresionismo, que fecha del 1890 al 1904, y los de la vanguardia, de 1905 a 1914. A continuación pasa a analizar la génesis del movimiento mediante un rastreo minucioso de las fuentes del nombre Retorno al orden y de los debates generados en torno al mismo. Los capítulos tercero a quinto, quizás los más interesantes, desarrollan las características que según Pontiggia determinan el movimiento y dan sentido a su existir. En éstos se analizan las representaciones de la figura humana vinculándola a un retorno a la figuración y a un cierto antropocentrismo en el arte como paradigma del modelo clásico. También incluye un estudio de la concepción del tiempo y de la importancia concedida a la técnica. Pontiggia vincula la noción de «orden» al idealismo platónico que recorre el movimiento y al pitagorismo que rige tanto el ideal del tiempo como el de la forma: «el orden del arte [...] tiene una resonancia cósmica, es el reflejo de una ley matemática que anima toda la creación». En este punto la autora insiste en los vínculos recíprocos que ambas influencias tienen dentro del grupo de artistas del Retorno al orden en el que sería impropio distinguir entre uno y otro, pues se traducen «en intuiciones fragmentarias más que en precisos sistemas doctrinales». Finalmente se recorren los principales hitos del movimiento en distintos países a través de sus más importantes exponentes. Desfilan por las páginas análisis centrados en la obra de Picasso, Derain, Gris, Lhote, Severini, De Chirico, Schrimpf, entre otros. El estudio viene acompañado de fotografías de pinturas y esculturas que ayudan al lector a seguir los razonamientos de la autora al tiempo que le permiten formarse una idea clara de los nexos de unión que signan esta corriente artística. El trabajo incorpora infinidad de fuentes de la época de diversa índole y procedencia: reseñas, críticas de arte, manifiestos, proclamas y declaraciones de los propios protagonistas de distintas ramas del arte. A pesar JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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de tratarse de un ensayo sobre las artes visuales, incluye también ilustraciones y referencias a otras artes, como la escultura, la arquitectura, la música y la literatura, que intentan reflejar el ambiente de la época en la medida de lo posible y con una clara intención por mantener el rigor ciñéndose al ámbito de competencia. La autora logra, así, una excelente polifonía del periodo que aúna, por ejemplo, a Valéry y a Soffici, a Gaudí y a Apollinaire para dar vida al convulsionado clima artístico de esos años, caracterizado por la interrelación de las artes y los artistas. Pontiggia se disculpa por la profusión de citas, justificadas en última instancia por su intento de retratar lo más fielmente posible el espíritu de esta corriente y el ambiente cultural en el que se gesta. Se trata de un trabajo sumamente meticuloso y descriptivo en el que podría echarse en falta un análisis más en profundidad, tanto de las obras en sí como de las características clave del movimiento. Con todo, a favor de la autora, cabe señalar que no es este el objetivo que persigue el trabajo sino el de describir un periodo y un movimiento específico del arte que permita colocar en su justo término autores y obras. El mérito principal radica en el valor documental de la obra que proporciona un excelente testimonio de la época, muy bien articulado, con la intención de atacar (¿y minar?) muchos de los prejuicios que han guiado la exégesis del arte del periodo de entreguerras. Sin lugar a dudas, un libro de referencia para un tema que sigue siendo complejo y problemático. 

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Del anglicanismo al Concilio Vaticano I J O S E P I G N A S I S A R A N YA N A P R O F E S O R D E T E O L O G Í A

El doctor James Pereiro, capellán de Grandpont House en la Universidad de Oxford, publicó en 1998, en Oxford University Press, el libro que ahora aparece en lengua castellana. En la contraportada se describe al personaje biografiado con las siguientes palabras: «El cardenal Manning pertenece a la gran generación de conversos británicos que, procedentes del anglicanismo, se incorporaron a la Iglesia católica en las últimas décadas del siglo XIX». En efecto, Manning, que nació en 1808, fue primero arcediano de Chichester y, en la última etapa de su vida, segundo arzobispo católico de Westminster. Hijo de una familia de comerciantes y banqueros, estudió en Oxford y se ordenó como pastor anglicano en 1832. Abandonó el anglicanismo en 1851, fue ordenado sacerdote, consagrado obispo y creado cardenal en 1875. Falleció en 1892. Los principales trazos de su vida pública eran conocidos: primero destacado pastor anglicano y después eclesiástico católico de gran relieve (con una intervención infalibilista sobresaliente en el Concilio Vaticano I y en una tenaz lucha por la causa de los ingleses más desfavorecidos). Era, sin embargo, poco familiar a los historiadores su auténtico carácter, deformado quizá por algunos biógrafos, que lo habían presentado injustamente como un intrigante ambicioso, autoritario y sin escrúpulos. Y era completamente ignorado su itinerario espiritual, en particular su evolución intelectual dentro del anglicanismo hacia el catolicismo, e incluso dentro del propio catolicismo. El doctor Pereiro cubre esta última laguna con su minuciosa y rica investigación, a partir de fuentes primarias y, sobre todo, con una original interpretación de las fuentes. Su método de trabajo se ha inspirado en el principio de la contextualización, muy corriente ahora entre los historiadores. Según este principio, vida e ideas van de la mano, de modo que JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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todo intelectual tiene su Sitz im Leben y depende de él y sobre él influye. No es posible descontextualizar la forma del pensamiento: Kant no habría sido lo que fue si no hubiese crecido en el apogeo de la Ilustración y en pleno desarrollo de las ciencias sobre la naturaleza. Esta forma de historiar hace justicia al principio de la hermenéutica existencial y, al mismo tiempo, no sucumbe a él. EL CARDENAL MANNING. Manning vivió en las coordenadas UNA BIOGRAFÍA de una gran crisis del anglicanismo, INTELECTUAL provocada por causas religiosas (una JAMES PEREIRO la excesiva politización de la vida anEdiciones Cristiandad, glicana y el enfriamiento de la devoMadrid, 2007 ción o contemplación) y por el histo406 páginas ricismo romántico (la mirada vuelta a los orígenes). En ese marco se produjo su evolución (o maduración) espiritual, en busca de la regla de fe (y su garantía). Por este camino descubrió la Iglesia fundada por Cristo y superó la teoría de las ramas, que consideraba que la verdadera Iglesia de Cristo subsistía en las distintas confesiones, sin que ninguna la realizase del modo más conveniente. Desde el punto de vista teológico, Manning fue también hijo de su tiempo, tanto en su etapa anglicana como en la católico-romana. Por su mente y su pluma desfilaron los temas habituales del momento, la mayoría suscitados por la teología protestante, como: la integridad material de la Revelación en la Sagrada Escritura (derivado de la sola Scriptura); la anterioridad histórico-genética de la tradición apostólica con respecto al Nuevo Testamento; la dialéctica entre Iglesias locales e Iglesia (y, por consiguiente, el «problema» de la jurisdicción universal del Romano Pontífice); la contraposición entre Iglesia «pueblo de Dios» y la Iglesia «Cuerpo Místico de Cristo»; la presencia (y asistencia) del Espíritu Santo a la Iglesia y la evolución de ésta; etc. Las intervenciones de Manning en el aula conciliar del 162

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Vaticano I (y en los pasillos), comprometiéndose incluso por medio de un Manning fue la perfecta expresión voto religioso a promover la infalibili- de una coherencia intelectual sin fidad papal, fueron coherentes con su suras. Incluso sus dudas y resistentemperamento y su itinerario vital; y cias fueron lógicas. cualquier lector familiarizado con la historia de la teología del siglo XIX podría haberlas adivinado, sin necesidad de que Pereiro nos las contase. Pereiro, con todo, lo hace magistralmente, siguiéndole casi al día. Manning fue, en definitiva, la perfecta expresión de una coherencia intelectual sin fisuras. Incluso sus dudas y resistencias fueron lógicas (supuesta su educación, sus amigos y su rango familiar en Inglaterra), y sólo pudieron ser superadas con la ayuda de la gracia divina y con una extraordinaria fortaleza interior. Por todo lo que acabo de señalar este libro no resulta fácil de leer, pues exige bastantes conocimientos de historia de la teología y del dogma. El ritmo es lento y pausado (nunca reiterativo), como conviene a una obra que no hace ninguna afirmación gratuita. En consecuencia, esta monografía no va a ser un best-seller, ni siquiera en el ámbito teológico pero es ya, sin duda, una obra de referencia obligada y una verdadera novedad historiográfica. 

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Un publicista de combate ANTONIO SÁNCHEZ-GIJÓN

Juan Ferrando Badía, fallecido el 2 de diciembre del 2007, fue catedrático de Derecho Político y Derecho Constitucional en varias universidades, y figura entre los más eminentes tratadistas de la ciencia política española. A ésta dedicó más de veinte libros y decenas de artículos científicos, de lectura y uso habitual entre docentes y discentes de nuestras universidades. Sin embargo, Ferrando Badía poseía otra dimensión, quizás menos conocida por el mundo académico: la de publicista. Un publicista metido en los combates de ideas de la España contemporánea. Por ejemplo, fue pionero, desde los primeros años sesenta del pasado siglo, en el tratamiento de las pluralidades regionales y los nacionalismos subestatales de Europa y España. A su vez, como él señalaba, esas pluralidades sólo podían conciliarse unas con otras bajo un régimen constitucional democrático. Esta materia, desarrollada en algunos de sus libros, fue además su tema de liza en varios medios de comunicación. Principalmente el diario Madrid, entonces bajo el liderazgo de Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán, y la Revista Madrid en la capital del reino, y los diarios de Valencia en su tierra natal. El 15 de octubre del 2008 las instituciones culturales de la Comunidad Valenciana (Consell Valencià de Cultura, Real Academia de Cultura Valenciana y la sociedad Lo Rat Penat) dedicaron un homenaje al profesor fallecido, con ocasión de la presentación del libro La Valencia del profesor Juan Ferrando Badía, editado por las dos últimas mencionadas instituciones. El libro recoge los artículos sobre cultura, identidad, lengua e historia de Valencia publicados en los diarios Las Provincias, Diario de Valencia, Levante y Revista Madrid, así como otros escritos y palabras sobre la temática. En realidad se trata de un libro de combate. De combate de ideas. El grueso de sus textos fue publicado en lo más caliente de la ofensiva nacionalista catalana para hacer de la región valenciana una parte orgánica «dels Països Catalàns», a través de lo que Ferrando llamaba «imperialismo lingüístico» y la desfiguración metódica de las raíces históricas y culturales 164

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valencianas, apoyada en la tesis anticientífica de que el antiguo Reino de Valencia fue conquistado por los catalanes bajo un rey catalán, Jaime I. Todo esto es falso, sostiene el profesor Ferrando. Antes de la conquista, los pobladores de Valencia hablaban una lengua con la que pudieron entenderse sin necesidad de truchimán con el rey conquistador. Aunque existiese una afinidad lingüística en LA VALENCIA los variados romances levantinos de DEL PROFESOR la Península previa a la llegada de los JUAN FERRANDO BADÍA repobladores cristianos, su lengua PUBLICADO POR LA REAL ancestral no fue el resultado de la ACADEMIA DE CULTURA conquista de Valencia por éstos. Esa VALENCIANA Y LO RAT PENAT lengua era entendida y hablada por Presentaciones de la población mora, cristiana y judía Enric Esteve i Mollà de Valencia. Por otro lado, los cony Vicente L. Simò Santonja. Recopilado por quistadores y repobladores catalanes Antonio Sánchez-Gijón fueron menos numerosos que los Valencia, 2008 aragoneses y navarros juntos. Pero lo determinante en esta cuestión fue la voluntad de Jaime I de hacer de Valencia su reino patrimonial, separado y distinto de cualquier otro marco institucional de la Corona de Aragón. La expresión de esta voluntad es el otorgamiento de los fueros a la ciudad de Valencia y sus dependencias. Así pudo el Conquistador resistir mejor las presiones señoriales contra su soberanía, que sufría por parte de los otros estados recibidos en herencia. Esos fundamentos constitucionales permitieron a Valencia el florecimiento cultural entre los siglos XIV y XV, al tiempo que se producía la grave crisis político-constitucional del siglo XV en Cataluña y la subsiguiente decadencia cultural. El profesor Ferrando denuncia en sus artículos la apropiación de escritores y pensadores valencianos por el catalanismo nacionalista, como un intento de llenar ese hueco histórico del principado. JULIO-SEPTIEMBRE 2009

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ANTONIO SÁNCHEZ-GIJÓN

Profesor siempre de ciencia política, Ferrando Badía pone en su justa perspectiva la cuestión foral. Aunque fue el fuero de Valencia lo que dio identidad a lo que es hoy la Comunidad Valenciana, no hay razón para que en ella se reproduzca la melancólica reivindicación catalana de unos fueros, y la soberanía que supuestamente implicaban, ya que su funcionalidad había decaído en el siglo XVII y cuya derogación fue la oportunidad para una modernización de las estructuras políticas, administrativas y económicas de España toda. Fue precisamente en ese siglo XVIII cuando el Reino de Valencia vivió un florecimiento cultural comparable al del siglo XV, gracias a la pléyade de ilustrados valencianos, como señala el autor oportunamente. Ferrando Badía libró esa batalla por Valencia no sólo con su pluma. Muy en contra de su gusto y hábitos, se vio obligado a acudir a las tribunas públicas cuando más arreciaba la ofensiva catalanista sobre Valencia, en los años ochenta y primeros noventa. Por esa razón hemos caracterizado lo que se presenta en este libro como «publicística de combate». Por otro lado, el libro recoge los análisis y recomendaciones de Ferrando sobre la institucionalización de la personalidad valenciana mediante su estatuto de autonomía, en el marco de la Constitución española, haciendo así posible armonizarla y fundirla con la identidad histórica y cultural del pueblo español. 

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Nueva Revista Numero 124