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La frontiere de l’aube. rece que se sacrifica la historia en aras de una “modernidad” discutible que deja la solución del enigma en el aire. Este mismo reflejo de confusión se encuentra en Synecdoche, New York de Charlie Kaufman, que pasa de guionista a director con un guión propio. La película cuenta la historia de Caden (Philip Seymour Hoffman), un director de teatro que se siente amenazado sin cesar por enfermedades imaginarias. Kaufman parece víctima de un síndrome de originalidad extrema. La lógica y la cronología se alteran en el relato, los personajes se intercambian, las situaciones son insólitas. Todo ello debería producir sorpresa, pero en realidad conduce a un desinterés que se transforma en aburrimiento. Cannes parece reaccionar contra esta modernidad forzada, pero sin cerrarse a los NUESTRO TIEMPO

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experimentos. Un vals con Bachir, del israelí Ari Folman, hace un uso original de la animación, al servicio de los recuerdos penosos de las matanzas en los campos palestinos de Sabra y Shatila. Se trata de una animación ajena a las nuevas técnicas, pero con una extraordinaria fuerza sugestiva y una indudable belleza formal. ¿Se podría colocar La frontiere de l’aube de Philippe Garrel entre las obras experimentales? Es una pregunta difícil. Este autor de 60 años ha firmado ya una veintena de películas y es figura prestigiosa en los círculos de la crítica parisina, pero sus películas nunca han venido a Cannes y nunca han gozado del favor del público. Su presencia en el Festival debería ser bienvenida, pero ha llegado con una película fallida: una historia de amor que se aventura impunemente en el terreno 47

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Nuestro Tiempo 649-650  

Julio-Agosto 2008 / Revista cultural y de cuestiones de actualidad de la Universidad de Navarra / Cultural magazine and current affairs from...