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V I A J E

plota contra una amplia extensión de rocas de granito, fragmentadas en un millón de piezas redondeadas y pulidas, enormes bolas más altas que una persona, piedras con formas casi orgánicas. Parece un almacén de esculturas de monstruos a medio modelar, todo demasiado grande y desproporcionado. Camino entre bloques que semejan cuerpos recostados de bestias prehistóricas, mamuts desmembrados y tendidos al sol, dinosaurios a medio hacer o un gran torso humano rematado por una minúscula cabeza. Recuerdo una pesadilla de la infancia que se repetía muchas veces y que no puedo explicar, una imagen agobiante relacionada con grandes bloques amenazantes que resbalaban como cubitos de hielo. He visto varias veces a gente desazonada ante un paisaje. A mi amiga Nerea, por ejemplo, los lagos le parecen un elemento malvado de la naturaleza y procura evitarlos (en fin: también dice que con gafas de sol oye menos y que los chinos le dan sueño), y yo creía que nunca iba a sentir nada parecido. Pero este paseo de Muxía me deja flojo, con una extraña inquietud, un desasosiego, la impresión de que por aquí flota algo maligno. ¿Será esto un efecto telúrico? ¿Me habré comido con la empanada algún resto de hidrocarburo del Prestige? Esto de sentir cosas raras en la Punta da Barca tiene varios milenios de tradición. Consta que los celtas celebraban en este cabo —como en otros lugares de la Costa da Morte— ceremonias en las que rendían culto a las rocas con formas peculiares. En ellas veían un símbolo de lo eterno, hitos inmutables que jalonaban el mismísimo borde del mundo, el límite que ningún mortal podía atravesar. El cristianismo supo instalarse en los lugares mágicos de los antepasados y reinterpretó algunas de las creencias paganas para amoldarlas a su credo. Así se construyó una primera ermita en la Punta da Barca, hacia el siglo XI, antecesora del actual templo. La leyenda cuenta que una de las grandes rocas de este cabo es la barca de piedra con la que la Virgen navegó hasta Galicia, cuando vino para consolar al apóstol Santiago por NUESTRO TIEMPO

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el escaso éxito de la primera cristianización de estas tierras. Y todavía se mantienen en Muxía algunos ritos con ecos paganos: cuando se celebra la romería da Barca, en septiembre, muchos romeros se agachan y pasan por el hueco que deja una roca, la Pedra dos Carrises, a la que se le atribuyen poderes curativos en casos de lumbagos, ciáticas y reúmas. Otro peñasco mágico es la Pedra de Abalar, una roca de nueve metros de largo y siete de ancho, una especie de gigantesco limaco pétreo que concede deseos a quien consiga moverla. Pero el truco no reside en la fuerza, sino en la pureza del alma. Sólo los inocentes mueven la roca, aunque dicen que a veces se balancea sola, para predecir naufragios. Antaño, aprovechando la capacidad de esta piedra para percibir la culpa o la inocencia de las personas, traían hasta aquí a algunos reos: si no conseguían moverla, se les condenaba. Los juicios debían de ser bastante curiosos. LOS DOS MÁS VISITADOS

Me marcho de Muxía telúrico perdido. La tarde sigue borrosa, como mal sintonizada, y no se me va el destemple ni a base de cafés con bollos. Siento un frío leve que parece brotar de los huesos, una ligera presión en las sienes, una debilidad tontorrona. Paso por Ceé y tomo la carretera que llega hasta la punta del cabo Finisterre. Este tramo le pone un poco de emoción a la ruta: circulo por una lengua de tierra que se interna en el Atlántico, y la sensación de que el camino se precipita hacia el fin del mundo es muy acentuada. Finisterre ni siquiera es el punto más al oeste de Europa (Cabo da Roca, en la nariz de Portugal, se asoma más) pero ofrece un escenario apocalíptico muy convincente. La punta no sólo avanza mar adentro, sino que termina de golpe y se desploma en unos acantilados batidos por la espuma y el salitre. Más allá del finis terrae sólo se extendía el Mare Tenebrosum, un hervidero de monstruos. Se dice que los primeros romanos que llegaron a este confín, los soldados del general Décimo Junio Bruto, alias el Galaico, se es41

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Julio-Agosto 2008 / Revista cultural y de cuestiones de actualidad de la Universidad de Navarra / Cultural magazine and current affairs from...