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I N T E R N A C I O N A L

ca. Para ello, construyó una impresionante ciudad olímpica y el estadio de Grünewald, con capacidad para 110.000 espectadores, el mayor aforo conseguido hasta esa fecha. Los atletas y las delegaciones extranjeras fueron atendidos con lujo. Por ejemplo, a pesar de que durante la celebración de los Juegos el tráfico en Berlín estaba colapsado, los atletas y las diversas delegaciones eran trasladados a las instalaciones con puntualidad y eficacia germánicas. Una excelente organización y una cuidada liturgia político-deportiva bastaron para convencer a gran parte del mundo de que “algo había cambiado en Alemania”. Los comentaristas de la prensa internacional se deshacían en elogios hacia la capacidad gestora de la “nueva Alemania” y las críticas iniciales, fundadas en el público y notorio racismo de los nazis, dieron paso a las ala-

carta blanca a la directora berlinesa, que ya había trabajado para los nazis filmando su convención de Nuremberg del año 1934. La Riefenstahl contó con numerosas cámaras a su disposición y tiró cuatro mil metros de negativo. Tras dos años de minucioso montaje, en 1938, se estrenó con gran éxito en todo el mundo la película Olympia, que aún ahora sigue sorprendiendo por su escalofriante fuerza épica y por la exquisita modernidad de sus planos. El poder de la propaganda nacionalsocialista fue tan grande, que incluso hoy día perduran símbolos que fueron inventados por los nazis. Es significativo el caso de la tradicional “carrera de la antorcha”, que parte cada cuatro años de Grecia hasta la ciudad en la que se van a celebrar los juegos. La llama olímpica ya ardía en el estadio desde las

Solo un botones afroamericano de 22 años estuvo a punto de arruinar el gran teatro nacionalsocialista: Jesse Owens fue el gran triunfador banzas y los parabienes. Hitler había conseguido convencer al mundo de que no era tan fiero el león y a Alemania de que había comenzado una nueva era gloriosa y prometedora. Esa magnífica operación de propaganda no habría tenido resultados tan notables de no haberse cuidado hasta el último detalle todo lo relativo a la tecnología y a la comunicación. Se perfeccionaron técnicas ya utilizadas en las Olimpiadas de Los Ángeles, como el photo-finish o el cronometraje eléctrico. Por primera vez en la historia, las Olimpiadas se retransmitieron por televisión, si bien de forma experimental y en circuito cerrado. Por otra parte, el régimen encargó a la cineasta Leni Riefenstahl que inmortalizara la competición. El Ministerio de Propaganda, bajo la dirección de Josef Goebbels, dio 32

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Olimpiadas de Ámsterdam 1928, pero fue el secretario general del Comité Organizador de los juegos del 36, Carl Diem, quien ideó el transporte por relevos de la llama desde Olimpia hasta Berlín. La idea fue inspirada naturalmente por la ideología nazi, que se consideraba heredera de la Europa clásica precristiana. 3.000 relevistas condujeron durante nueve días el fuego olímpico a través de Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria y Checoslovaquia. La antorcha llegó al estadio de Grünewald el 1 de agosto, día de la inauguración. Hitler presidió la ceremonia de apertura, mientras miles de gargantas entusiasmadas coreaban vivas al “modernizador de Alemania”. En el desfile inaugural, el público estalló en una encendida ovación cuando los franceses saludaron al Führer con el brazo en alto. Por todo ello, es curioso JULIO-AGOSTO 20 08

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Julio-Agosto 2008 / Revista cultural y de cuestiones de actualidad de la Universidad de Navarra / Cultural magazine and current affairs from...