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I N T E R N A C I O N A L

ovalados no discurre agua. “Es veneno”, dice una vecina de Ma. El olor no les deja dormir y el agua de los pozos sabe a muerte. El cáncer ha llamado a la puerta de todas las casas y muchas mujeres dicen no poder quedarse embarazadas. O si lo logran, muchas acaban perdiendo a su hijo. Pero aunque parezca mentira, su mayor ira es que cuando hace ya cinco años les visitó el primer ministro, “las autoridades locales desviaron el agua limpia, compraron peces y los echaron al río”. Según las gentes de Zhoutie, Wen Jiabao llegó, saludó y se marchó, ajeno a la pantomima organizada en el pueblo. El problema es general. Más del 70% de la red hidrográfica y el 90% de sus aguas subterráneas en China están contaminadas, y uno de cada cuatro chinos no tiene acce-

El camino que sigue China en estos primeros años de siglo es el de apertura en lo económico e inmovilismo casi absoluto en lo político so a agua potable. La incidencia de tumores se ha disparado desde los años noventa, un 18% en áreas urbanas y un 11% en el campo. Uno de cada diez enfermos de cáncer vive en Jiangsu, la provincia de Zhoutie, una de las más ricas e industrializadas. Pero protestar es difícil. No digamos ya denunciar a las autoridades que han permitido este suicido ambiental. Wu Lihong, un vecino de Ma, lo intentó durante más de media vida y ahora cumple condena acusado de chantajear a empresas contaminantes. Xu Jiehua, que ha recogido el testigo de su marido en esta lucha, lo describe como “un sucio montaje de las autoridades locales para quitárselo de en medio”. La escala y velocidad de la degradación medioambiental no es comparable a la de ningún otro país. Al estado del agua hay que 22

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sumarle la ausencia de tratamiento de toneladas de residuos domésticos e industriales y la descarga de gases a la atmósfera. Que a día de hoy más del 70% del consumo energético proceda del carbón, ha catapultado a China al primer puesto de los emisores mundiales de CO2, aproximadamete el 14% del total global. Con todo, hay que buscar también los matices: las emisiones per capita todavía son una cuarta parte que las estadounidenses, o la mitad que las de los europeos, y cabría preguntarse también dónde se venden luego –y a qué precio– los productos que con alto coste ambiental se fabrican en China. A medida que en el país aumenta el número de “refugiados ambientales” y también las protestas por esta causa, el gobierno central de Pekín ha dado muestras de querer cambiar. Una de las medidas más aplaudidas ha sido la creación de un superministerio del Medio Ambiente, con el mismo peso en la Administración china que el de Economía y que, supuestamente, facilitará la coordinación y aplicación de normativas que hasta ahora caían en saco roto. Pero, si Zhoutie puede ser un ejemplo, queda mucho por hacer en el nivel local, donde los dirigentes del Partido Comunista todavía tienen margen e incentivos para priorizar el crecimiento económico frente al control de la contaminación. LA DESMITIFICACIÓN DE LA DEMOCRACIA

Algo similar ocurre con la corrupción, ese otro cáncer que tiene empapadas las raíces del sistema y que con demasiada frecuencia hace inseparables la política de los negocios. Una vez más, la aparente buena voluntad de los líderes se da de bruces con la realidad del día a día a pie de calle o, mejor dicho, de cada muncipio. Para hacerse una idea de lo colosal de la tarea, baste recordar que a finales de los noventa el economista chino Hu Angang calculó que los sobres o transferencias bajo manga podían estar costando al país hasta un 17% de su producto interior bruto. Aún hoy, hay razones para creer que esos niveles se mantienen: en los cuatro años que van de 2003 a 2007, 42.010 funcionarios JULIO-AGOSTO 20 08

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Julio-Agosto 2008 / Revista cultural y de cuestiones de actualidad de la Universidad de Navarra / Cultural magazine and current affairs from...