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DOS VECES CUENTO J O S E L U Í S

G O N Z Á L E Z

Un dicho en euskera asegura que no es fácil atender varios asuntos a la vez: Zapel batek ezin dittu bi buru estali. “Una chapela —una boina— no puede cubrir dos cabezas”. Jesús Mauleón (Arróniz, Navarra, 1936) será para mí una bondadosa excepción: sacerdote, poeta, profesor, novelista, uno de los fundadores de la revista de poesía Río Arga, del Ateneo Navarro, se encargaba de su parroquia, de las clases, de componer textos y de once mil historias. Una, breve, de pocas líneas, le pedí yo una tarde, para esta sección. Me envió este par de fulgores fulminantes, de chispazos de vida: una criatura que devuelve el sentido de vivir y la luz viajera en un modesto trayecto de autobús, y otra donde sale —no sé si a flote— un capitán Nemo convertido en grumete sin submarino y sin dignidad de príncipe de Bundelkund y creo que sin pasado. Don Jesús Mauleón —ya digo: excepcional— es hombre libre, noble, honrado, sincero, grande por fuera y por dentro, que vive y actúa en la pureza de ánimo. Le he copiado esas palabras suyas que lo retratan. Lean sus libros, sobre todo sus poemas, y tendrán más felicidad y la vida de las vidas.

NUESTRO TIEMPO

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Relámpagos Los viajeros del autobús urbano iban en un silencio oscuro, triste, casi como el nublado que se adensaba en el exterior. Delante del viejo, un niño pequeño se mecía en su cochecito. El viejo le miró desde su asiento sin moverse. Le guiñó un ojo. El niño alzó su cabecita y lo observó atento. El viejo le guiñó el otro ojo. El niño se incorporó y lo miró sin pestañear. Volvió el viejo a marcarle un tercer guiño y el chico le imitó pinzando su ojito izquierdo. No pudo el viejo contener la sonrisa, que el niño le pagó al instante con otra sonrisa abierta. Las sonrisas del viejo y el niño fueron un cruce de relámpagos que rasgaron e iluminaron el silencio del autobús.

Nadie A don Nadie Pérez lo nombraron a dedo Director General del Movimiento Democrático Nacional Continuo. Por largo tiempo fue uno de los hombres más visibles del país. Hasta que, de pronto, el dedo o rayo nombrador lo fulminó del cargo. Nunca más se supo de él. Nunca se le vio ni oyó, y cualquiera hubiera pensado que el rayó lo había barrido de la faz de la tierra. Por una muy extraña casualidad, un día me telefoneó a escondidas para pedirme un favor. “¿De parte de quién”, pregunté. Y él respondió: “De Nadie”. J E S Ú S M AU L E Ó N

(Inéditos)

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Nuestro Tiempo 649-650  

Julio-Agosto 2008 / Revista cultural y de cuestiones de actualidad de la Universidad de Navarra / Cultural magazine and current affairs from...

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