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E N S AY O

luz de un plano superior, divino. De algún modo había un perdón imperfecto de sí como aceptación dolorosa de lo que hasta ese momento no era visto y aceptado: Creonte, en Antígona, termina aceptando su crimen y el lugar que, en la nueva situación, se le asigna; más claro es el caso de Edipo que, ciego, asume ahora la vida vagabunda que el destino de los dioses le asigna. Al final, hay una auténtica aceptación: el personaje ha reconocido algún tipo de hybris, de comportamiento desmesurado, y sabe que no hay apelación, y que ha de situarse en el nuevo esquema. En el caso de Jim, la rebeldía ante la falta es patente, pero la imposibilidad de aceptación de esta falla moral parece provenir de la ausencia de dioses, de Dios, y por lo tanto no hay un plano superior, inequívoco y definitivo, en el que comprender, aunque sea dolorosamente, el sentido de la acción. Si no hay un Dios que garantice el sentido de

La oscura grandeza de Jim marca la diferencia con otros personajes la vida y el valor de su aceptación, no puede haber aceptación humana de la falta moral. Si no hay un Dios que perdone, no puede el hombre perdonarse a sí mismo. ALGO DE LO QUE ESTÁN HECHOS LOS CLÁSICOS

Conrad ha construido su historia a través del único modo adecuado a este claroscuro moral, es decir, a través del género de la novela, y una novela que revela sus potencialidades para recoger la ambigüedad. No cabe un género de perfiles nítidos como la tragedia clásica porque, a finales del XIX, una sensibilidad profunda como la de Conrad sabe que todo está en entredicho porque el hombre es consciente de las fuerzas que lo atraviesan y lo condicionan fuertemente, y de que su propio autoconocimiento está mediado y mediatizado. Marlow, obligado a cerrar su propio relato, no con los hechos, que ya ha narrado, sino con una conclusión sobre el sentido, re110

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vela su dificultad: Jim fue un soñador, alguien obsesionado con un sueño moral, excesivamente romántico, y por lo tanto una figura poco relevante para la vida real y concreta; pero al mismo tiempo, en un mundo marcado por la potencia del mal, la falta de moral y el pragmatismo –sean las del forajido que vive en un mundo sin normas y que traerá la ruina a Jim, o las del burgués que escucha apoltronado la narración de Marlow y que volverá a sus ocupaciones carentes de grandeza–, Jim despierta la admiración de Marlow. Y es esa oscura y problemática grandeza de Jim lo que marca la diferencia con las diferentes posturas vitales del resto de los personajes, tocadas por la tristeza y el desamparo: uno de los desertores del Patna enloquece tras varios días de borrachera, y el capitán huye cínicamente de la citación para el juicio, sin que nadie haga nada por evitarlo; Brierly, el marino de carrera inmaculada cuya vida ha estado dedicada al cumplimiento del deber, se suicida tras haber presidido el jurado que trata el caso Patna; Brown, el pirata, termina sus días agonizando; Jewel consume su ya solo silenciosa e inerte vida en casa del enigmático empresario Stein, quien había facilitado el destino de Jim a Patusan, y que, muy envejecido, se despide tristemente de su colección de mariposas, “preparándose para dejar todo esto”. Pero esta sensación de profunda oscuridad emite como una imagen en negativo fotográfico, aunque Conrad no la haga explícita: a esa precariedad moral corresponde una nostalgia por un mundo donde sea posible una auténtica redención, un perdón trascendente que le permita a la persona aceptar sus limitaciones con esperanza. La capacidad de generar esta nostalgia sincera en un lector dispuesto a implicarse de verdad en la lectura es otro rasgo de gran literatura. Por eso en Lord Jim hay grandes verdades sobre el misterio y el sentido de la vida humana, por eso puede ser un clásico, y valer la pena de nuestra atención. Y por todo eso, tras nuestra lectura y chapuzón, también podemos llegar a decir que Jim es “uno de nosotros”. ■ jmmorafandos@gmail.com JULIO-AGOSTO 20 08

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Julio-Agosto 2008 / Revista cultural y de cuestiones de actualidad de la Universidad de Navarra / Cultural magazine and current affairs from...