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PREGÓN 2009 Fiestas de Nido Cuervo en Honor de Nuestra Señora del Carmen

¡Buenas noches! Gracias a todos por acompañarnos un año más en nuestras Fiestas en Honor a Nuestra Señora del Carmen. Este año me han concedido el honor de ser la Pregonera. Honor que está rodeado de responsabilidad e incluso mucho respeto porque quisiera dejar bien alto, en el lugar que se merece a nuestro barrio, a nuestra gente. Es muy posible que este pregón sea un poco atípico e incluso que me salte los protocolos a seguir, pero les aseguro que está lleno de humildad, sinceridad y muchísimo cariño. Así que he decidido hacer un pequeño recorrido de lo que ha sido mi vida en el barrio. Si retrocedo algunos años, lo primero que revivo es mi niñez. Recuerdo cuando, aún viviendo en casa de mi abuela con mi queridísima tía Antonia y mis


primos (personas fundamentales en mi vida), mis padres comenzaron a fabricar (en la parte alta) la que después sería nuestra casa. Alrededor de ellos se agolpaban algunos niños que ayudábamos a subir grava en baldes de playa a cambio de alguna pesetilla. Me acuerdo de Javier (el de Fefita Molina) que quería ser mayor de lo que era y cargaba (en una lata de aceite) la grava, la subía al hombro, a cuesta y con una chulería típica de hombre fuerte. Mi padre reía al verle porque aquel diminuto cuerpo lo sostenía unas piernillas arqueadas que sufrían el peso que llevaba, pero él no se daba por vencido. Sin hacer ni el mínimo esfuerzo, se me agolpan muchos más recuerdos, como cuando nos vestíamos de mascaritas e íbamos tocando por las puertas a pedir un huevito. La verdad, no sé si disfrutábamos más nosotros o las vecinas porque recuerdo a Sorita como se hacía la despistada queriendo hacernos creer que no nos conocía; o bien, Micaelita, que junto a sus hijas Paquita (la más pequeña), Mª del Pino y mi adorable Quelín, me hacían una especie de chantaje brindándome chocolate a cambio de que le confesara quién era yo (como si ellas no lo supieran); pero claro, esa oferta era bastante suculenta y yo aceptaba el trato. Tras


sus caras se escondĂ­a una ligera sonrisa que a veces se convertĂ­an en carcajadas.


Recuerdo la tienda de Melita y Antoñito, y la cantina que tenían haciendo esquina con la bajada del barranco. Era ese el único lugar que había como punto de encuentro para los vecinos y vecinas del barrio, cuando las mujeres iban a comprar para preparar la comida o cuando los hombres se reunían para tomar unas copas o jugar a las cartas. Y los niños ¿Cuántos polos de hielo les comprábamos?. Cuenta mi madre que una vez fui a casa de este matrimonio y les toqué, porque tenían el negocio cerrado, con una moneda (una perra) y al salir Antoñito le dije que me vendiera un polo; al ver el dinero que llevaba me dijo: “Mi niña, esta moneda no sirve, tiene que ser una rubia”. Y yo, que de boba no tenía nada para este tipo de negocios le dije: “pero si esta es rubia, póngase las gafas para que vea”. No sé si la vio rubia, creo que no se las puso, pero yo salí con el polo y él se quedó riéndose con Melita. La gente del barrio ha sido de una economía muy humilde, de tal manera que nuestros padres tenían que hacer auténticos sacrificios para sacarnos adelante. Recuerdo los días de Reyes como con tan poco, nos hacían felices y con qué ilusión nos levantamos año tras año, para ver nuestros regalos, que (en mi caso) más de una vez se conseguían a través de los “Puntos Valispar”, y que junto a la ropa que cariñosamente nos


confeccionaba mi madre, hacían que ese día fuera especialmente feliz. No puedo pasar página de este día sin decir que por mi casa teníamos un buen despertador, llamado Miguelo (el de Lalita y Paquito), que se encargaba de gritar a los cuatro vientos y desde muy temprano: “¡Los Reyes, ya vinieron los Reyes!”. También era normal que cada año repitieran los mismos zapatos para ir al colegio, zapatos que intentábamos romper metiéndonos en los charcos que se formaban por la lluvia (en eso era especialista Paca Suárez). La vida, de niña trascurría jugando en la calle al elástico, a la soga, al teje, con la pelota e incluso, en casa de alguna de nosotras. En verano, cruzábamos por Muro Alto para ir a la Playa del Agujero. A la ida cogíamos granadas del árbol que tenían Los Sosa, y a la vuelta algún papayo de las fincas que encontrábamos por el camino. Seguro que Inma, Juana, María, Rita Ruiz… se acuerdan de esto. Era nuestra diversión. Pero de pronto, allá por el año 1977, unos jóvenes del barrio (Juan Ruiz y Paco el de Fefita Molina), comienzan a organizar las fiestas y con ellas tendríamos otro aliciente. “¡Que bien, verbenas en mi barrio!”. Estas se hacían en la cancha de Los


Romeros que durante años nos prestaron esta familia. Una de esas verbenas la recuerdo con especial cariño. Estábamos todos bailando cuando de repente, una persona muy especial (mi querido padre) irrumpe con un vaso en las manos, la camisa media fuera del pantalón y aquel fino pelo despeinado. Sus piernas parecían flojas por la borrachera. Cuando le vi no sabía qué hacer. Sentí por un momento vergüenza y no entendía nada. Jamás le había visto así. Los vecinos formaron un coro a su alrededor y le dejaron bailar en el centro. Cuando todos estábamos convencidos de su estado, se paró, metió su camisa por dentro del pantalón, peinó con sus manos hacia atrás su pelo y exclamo: “Se acabo, ya está.” Los vecinos empezaron a reírse y yo respiré al ver que había sido una de sus bromas. Recuerdo que Anita, mientras se reía decía: “¡Ay que me meyo, ay que me meyo!”… Y se meyo. De nuestras famosas Escalas en Hi-Fi, podría escribir un libro. Empezamos a ensayar en la que llamábamos casa vieja hasta que Mari Molina nos brindo el garaje de su casa. Vaya paciencia tuviste Mari. Dejabas que nos metiéramos todos en tu casa para ensayar bajo la mirada de unas espectadoras de lujo: tu querida madre Juanita, en ocasiones tu


hermana Siona y tu sobrina Pepa; y una persona que nos hacía las críticas pertinentes para que mejoráramos en las interpretaciones, alguien fundamental en el grupo: Pepa, la hermana de Manola, es decir la nuestra. Mari, hiciste de madre de todos en muchas ocasiones, nos regalabas horas pegada a la máquina de coser con ayuda de Lola (la madre de Rita), esa mujer que nunca se enfada; de Lolina Mendoza, de Juana Medina… Nos acompañabas a los festivales de los demás barrios donde lucíamos nuestras mejores galas y de donde regresábamos siempre con algún premio. Éramos los mejores. No podré olvidar una actuación que hicimos donde Fernando (Nando), hacía de Robot. El mismo elaboró con cartón la cabeza colocándole unas bombillas de colores que encendería y apagaría durante la actuación y junto a la vestimenta (“Made in Mari”), parecía un auténtico robot. Mi hermana Carmensa maquilló a la que hacía de interprete (Carmensa Molina), y a las que hacíamos el coro (Inma y yo), de tal manera que parecíamos de otra galaxia. Fue una actuación que nos dio uno de tantos premios.


También es digno de recordar a los Hermanos Calatrava (Hermanos Pérez Trujillo). Como nos hacían reír Pancho y Nando. Que bien lo hacían. Eran espectaculares. Durante las primera fiestas recaudábamos dinero haciendo, entre otras cosas, las famosas tómbolas que previamente se preparaban unas veces en el garaje de Sorita, en la casa vieja, o en el salón de Paquito.Y de las famosas excursiones también habría mucho que contar. Nos lo pasábamos fenomenal. De la rama que bailábamos con aquellos Papaguevos que tan cariñosamente elaboró Antoñito Molina (padre). Todos juntos. Cuantos recuerdos. En 1983 se compró el solar de la Asociación de Vecinos. Con que entusiasmo vivimos el momento. Tendríamos un local para reunirnos. Fue con la ayuda de los vecinos como se logró que este solar fuera tomando esta forma. Pero hasta el años 1995 (doce años después de la compra) no se pudo techar la segunda planta. Este año los directivos han conseguido que el Cabildo nos deje algo de dinero para continuar parte de la obra. Curiosamente hay personas que dicen no entender porqué he decido volver a vivir aquí. Cuando les explico que esto es una gran casa de


familia y que cuando paso la puerta de entrada hay una especia de calor humano, mucho cariño creen que estoy exagerando. Pero es cierto, eso es lo que siento. Me encanta mi barrio, mi gente. Esa gente que me vió nacer, con la que he reído y también llorado. Esta gente que mis padres han querido que respete, que se han alegrado con nosotros cuando ha habido acontecimientos agradables y han llorado cuando no han sido tan buenos. Recuerdo las caras de alegría de mis vecinas (Sionita, Pinito, Rosa, Lalita, Melita, etc.) cuando nació mi hermana Nazaret y me preguntaba que si era bonita y yo les dije que era preciosa, ellas sonrientes respondían: “y tú que vas a decir”. Uno de mis vecinos favoritos, que le he sentido siempre como algo muy cercano ha sido Antonio Jorge (Antoñillo), ese hombre moreno, sentado en su silla de ruedas. Cuantas charlas tuve con él y cuantas bromas me gastaba. Cada 28 de Diciembre me gastaba una inocentada y durante muchos años me lograba engañar. Creo que me tenía mucho cariño, tanto como yo a él. En más de una ocasión llegamos a traerle por esa pendiente, sujetando su silla para evitar que esperara a que su hermana Lalita y su cuñado Paquito fueran a buscarle. Era muy especial.


En este paseo de mi vida en el barrio recuerdo con mucho cariño a personas que no se encuentran ya con nosotros. Personas que son protagonistas de nuestra historia. De algunos tengo el zumbido de sus risas en mis oídos, de otros conservo sus sabías palabras y de todos los gratos recuerdos que nos han dejado. Me queda sólo un par de cosas. La primera es hacer un llamamiento a la corporación que gobierna nuestro ayuntamiento de Gáldar. Que no se olviden de este barrio, que merece que mi gente tengan cubiertas las necesidades que llevamos muchos años esperando, como es colocar la protección de vallas en la bajada del barranco, y en el riego de Las Cuatro Esquinas (donde han caído coches y niños en bici), o en la bajada de la depuradora. Y esa plaza para que nuestros mayores y niños tengan donde pasar las tardes, etc. La segunda , es pedir a nuestra Virgen del Carmen que nos ayude a limar asperezas que pudieran haber entre nosotros, que nos mantenga unidos, no sólo en los actos de las fiestas sino en el día a día. A medida que iba elaborando el pregón, me di cuenta de lo feliz que he sido y de la suerte que he tenido. Primero por los padres que me toco tener


(los mejores), por mis hermanas, por crecer aquí rodeada de esta gente maravillosa, y por tener a ese hombre conmigo que me ha dado el mejor regalo, que es MI HIJO. Acabo este pregón invitando a todos a continuar participando con los actos de esta fiesta, no solo los del barrio sino los de fuera. Agradeciendo el sacrificio que han hecho la junta directiva y la comisión de fiestas para regalarnos un año más, momentos de diversión y de devoción.

¡VIVA NUESTRAS FIESTAS! ¡VIVA NUESTRA GENTE! ¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!

Pregón Nido Cuervo 2009  

Pregon 2009

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