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ÍNDICE 05.

CARTA DEL EDITOR

08.

PERFIL DE UN ENTRENADOR DE FUERZA Y ACONDICIONAMIENTO: FORMACIÓN, FUNCIONES Y PERCEPCIONES

16.

HIPERTROFIA MUSCULAR: REVISIÓN NARRATIVA DE LOS PRINCIPIOS DEL ENTRENAMIENTO PARA EL INCREMENTO DE LA MASA MUSCULAR

30.

COMPARACIÓN ENTRE TEST CÍCLICOS, FUERZA ISOMÉTRICA MÁXIMA Y TEST DE SALTO PARA VALORAR LA POTENCIA NEUROMUSCULAR EN SUJETOS ENTRENADOS

33.

UTILIZACIÓN DE ACELEROMETRÍA INTEGRADA EN SMARTPHONE PARA LA EVALUACIÓN DE LA CARGA DE ENTRENAMIENTO EN EJERCICIOS DE ESTABILIZACIÓN DEL TRONCO

36.

EFECTOS DE UN PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO MULTIMODAL DE POTENCIA DEL TREN INFERIOR Y ESTABILIDAD EN PERSONAS CON ESCLEROSIS MÚLTIPLE SOBRE LA CAPACIDAD FUNCIONAL Y LA FATIGA PERCIBIDA

Editor jefe: Dr. Azael J. Herrero, PhD, CSCS,*D, NSCA-CPT,*D Adjunta al Editor: Lara Pablos Dpto. de Marketing: Fabriciano Pérez Maquetación: Pedro Moreno www.iamperi.com ISSN: 2445-2890 Secretaría: NSCA Spain. C/ Alcalá, 226 - 5ª Planta, 28027 Madrid nscaspain.com


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CARTA DEL EDITOR

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Dr. Azael J. Herrero Editor Jefe

Recientemente, e l COLEF de Madrid ha re alizado una consulta al Ministro de Sanidad, cuya re spue sta ha sido: “el ejercicio físico terapéutico para tratar a personas con lesiones o patologías es una actividad sanitaria, que repercute en la salud de los pacientes, y por lo tanto, solo puede ser pautada, coordinada y aplicada por profesionales sanitarios, entre los que destaca la figura del fisioterapeuta”. Además, añaden: “Desde Sanidad se asegura que los graduados/licenciados de Educación Física no pueden ser los responsables de la organización, planificación y coordinación del ejercicio físico cuando afecta a personas lesionadas o con patologías ya que, en estos supuestos, la aplicación de técnicas sin la adecuada formación sanitaria puede ser altamente perjudicial para la salud y seguridad de los pacientes”. En primer lugar, me gustaría resaltar que en otros países de Europa los profesionales de las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFD) sí son considerados personal sanitario, desarrollando su labor también en clínicas y hospitales, y estando muy definido cuándo el paciente tiene que trabajar con el fisioterapeuta o con el profesional de CAFD. Según se señala desde el Ministerio, a los profesionales de CAFD les falta formación sanitaria, pero me gustaría saber cuántas asignaturas relacionadas con el ejercicio físico tienen los planes de estudio de Fisioterapia (ej. fisiología del ejercicio, metodología del entrenamiento, planificación y control del entrenamiento o metodología de la investigación, entre otras). No obstante, sí que es habitual encontrar asignaturas de patologías, disfunciones o ejercicio físico en diferentes poblaciones especiales en los planes de estudio de CAFD. De hecho, hay que tener en cuenta que, hasta la llegada del Espacio Europeo de Educación Superior, los profesionales de CAFD eran licenciados y los fisioterapeutas eran diplomados. Con estos argumentos no pretendo justificar que el uso del ejercicio físico con pacientes con lesiones o patologías deba ser competencia exclusiva de los licenciados/graduados en CAFD. Todo dependerá del objetivo a trabajar con el paciente, con una amplia cabida tanto para titulados en fisioterapia como para titulados en CAFD. En otros países de Europa en los que he tenido la suerte de hacer estancias de investigación (ej. Suiza, Francia), he podido comprobar cómo fisioterapeutas, graduados en CAFD y médicos trabajan en equipos interdisciplinares, siendo conscientes de lo que cada uno puede aportar al paciente. En esos hospitales/clínicas, no había lucha de egos ni batallas absurdas de marcos competenciales, como sucede en España, en donde muchos parecen estar más interesados en poner barreras donde debería haber entendimiento y trabajo en equipo.

Azael J. Herrero, PhD, CSCS, NSCA-CPT,*D Editor Jefe

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PERFIL DE UN ENTRENADOR DE FUERZA Y ACONDICIONAMIENTO: FORMACIÓN, FUNCIONES Y PERCEPCIONES Artículo original: “Profile of a Strength and Conditioning Coach: Backgrounds, Duties, and Perceptions”. Strength Cond J 38(6):89-94, 2016 Mark D. Hartshorn, MSc,1 Paul J. Read, PhD, CSCS*D,2 Chris Bishop, MSc,1 and Anthony N. Turner, PhD, CSCS*D1 1London Sports Institute, Middlesex University, London, United Kingdom; and 2School of Sport, Health and Applied Science, St. Mary’s University, London, United Kingdom

RESUMEN

Existe una escasez de análisis y comparaciones respecto a la formación, funciones y percepciones de los entrenadores de fuerza y acondicionamiento. Las poblaciones de entrenadores estudiadas en la literatura científica han sido predominantemente en el ámbito profesional, universitario y de instituto en los Estados Unidos. Lo más común en los entrenadores es ostentar un grado universitario y estar certificados por la National Strength and Conditioning Association. Por lo general, los entrenadores tienen una buena satisfacción con su trabajo y constatan que tienen una relación laboral efectiva con sus atletas. Esta revisión proporciona una fuente detallada de información sobre la formación, funciones y percepciones de los entrenadores de fuerza y acondicionamiento. Palabras clave: experiencia, educación, certificación, salarios, carga de trabajo, entrenamientos.

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INTRODUCCIÓN El entrenamiento de fuerza y el acondicionamiento es un área de investigación continua, especialmente en lo relacionado con el rendimiento deportivo y en cómo los deportistas pueden rendir más en sus disciplinas. Sin embargo, se sabe poco sobre los entrenadores que trabajan con estos deportistas y la literatura existente respecto a su formación, funciones y percepciones es escasa. Una investigación antigua sobre la delimitación de sus roles, estableció que tener conocimientos sobre el diseño de programas, la técnica de los ejercicios, la organización y administración, la valoración y evaluación, las ciencias del ejercicio y la nutrición, son aspectos clave en el rol de un EFA (18). Más recientemente,

se han sugerido los estándares para los EFA en lo referente a educación, certificación, experiencia, habilidades y desarrollo profesional (1,27), y pese a que estas recomendaciones proporcionan un marco teórico hacia el cual podrían orientarse los entrenadores, todavía se cuestiona si los entrenadores los están alcanzando y si estos estándares pueden haberse quedado obsoletos. Además, desde el punto de vista de los empleadores, esta información sería de utilidad para determinar si se está contratando al candidato adecuado. El objetivo de esta revisión es examinar la literatura disponible que describe la formación, funciones y percepciones de los entrenadores de fuerza y acondicionamiento (EFA) que trabajan con diferentes poblaciones de deportistas.

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MÉTODOS PREVIOS DE INVESTIGACIÓN La información existente respecto al perfil de los EFA ha sido principalmente obtenida a través de encuestas y cuestionarios. Pese a que existen datos de una población amplia, su interpretación precisa requiere tener en cuenta las limitaciones metodológicas y la tasa de respuesta de cada uno de los estudios. Por ejemplo, se han llevado a cabo encuestas en deportes profesionales (5-7,21,24,25) en los que la tasa de respuesta ha sido 63-87%. También se tienen datos de EFA de institutos (2,3,10,17,22) y de universidades (4,9,11,12,15,19,23,28) de los Estados Unidos; sin embargo, en ambos la tasa de respuesta fue mucho

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más heterogénea (6-85%). Una explicación potencial a la mayor tasa de respuesta en los deportes profesionales puede ser el valor que los EFA profesionales atribuyen a compartir información y ampliar el conocimiento; pero también puede estar relacionada con cuestiones metodológicas como que los grupos objetivo de estudio son más pequeños y específicos, así como con los métodos de seguimiento empleados (5-7,24). Adicionalmente, entrevistas (14,15,21,26) y observación sistemática (13) también han sido utilizados para recoger las percepciones y comportamientos de los entrenadores. No obstante, estos diseños de investigación conllevan limitaciones como tamaños muestrales reducidos, lo que tiene implicaciones cuando se compara con poblaciones más grandes. La literatura respecto a la formación, funciones y percepciones de los entrenadores de diferentes entornos, se discute a continuación.

DEMOGRAFÍA Los estudios más amplios parecen haberse llevado a cabo en EFA que trabajan en Universidades afiliadas a la National Collegiate Athletic Association (NCAA). Las investigaciones realizadas en la División I y II de la NCAA revelan un grupo bastante homogéneo respecto a la edad (32-38 años), género (masculino) y raza (blanca) (12,15,16,19,23). Un estudio que se centró únicamente en mujeres EFA constató una edad media similar (31.6 años) y una raza mayoritaria similar (blanca) (15). Los EFA que trabajan en Universidades suelen tener una experiencia profesional <10 años en todas las divisiones tanto en hombres como en mujeres (14-16,19). Sin embargo, 2 estudios llevados a cabo en la misma población constataron que la mayor parte de los EFA de la División I tenían >10 años de experiencia (4,28). Las encuestas de entrenadores de nivel profesional también revelan que los años de experiencia más habituales están

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entorno a 5-10 (5-7,24,25). No obstante, los entrenadores de instituto reportan como años de experiencia más comunes 15 en la profesión (2,3). Igualmente se ha observado que los entrenadores con más años de experiencia a menudo tienen mayor personal, equipamiento y espacio para trabajar (9,28). Se puede concluir que poseer años de experiencia en la profesión es un factor importante para los entrenadores que aspiran a trabajar en el ámbito de la fuerza y el acondicionamiento, en particular en los ámbitos de Estados Unidos que han sido evaluados con encuestas. Pese a ello, existe poca información al respecto y es necesario llevar a cabo más investigaciones en esta área.

EDUCACIÓN Y CERTIFICACIÓN Las investigaciones llevadas a cabo con EFA universitarios y profesionales constataron que la cualificación formal más habitual entre ellos es el grado universitario en educación física o ciencias del deporte (19,25). Se han observado diferencias entre divisiones de la NCAA, habiendo más entrenadores con títulos universitarios trabajando en primera división (63% y 50% en posesión de un grado universitario en la división IA y IAA de la NCAA, respectivamente) (19), mientras que el análisis global de todos los entrenadores profesionales muestra que un 92% no tienen un grado universitario (25). Los estudios más recientes que analizan las características de los entrenadores profesionales de los Estados Unidos no aportan datos sobre su historial académico. Sin embargo, los EFA que trabajan con deportistas de élite en España muestran un nivel académico menor (22% nivel de máster) (21). Similarmente, una encuesta a entrenadores de remo en el Reino Unido, constató un número relativamente bajo de entrenadores con educación de máster (34%) (8). Las investigaciones más recientes relativas a los EFA que trabajan en

equipos universitarios reportan un nivel educativo mayor al observado en investigaciones previas, habiendo un mayor porcentaje de entrenadores con nivel de máster (68-79%, División I de la NCAA) (4,12,28), habitualmente especializándose en educación y ciencias del deporte. No obstante, existe disparidad entre las divisiones, ostentando el título de máster el 52% de los entrenadores de la división II de la NCAA (14). Resulta interesante que 2 estudios centrados en la I división de la NCAA observaron que el porcentaje de EFA con un nivel educativo de máster era mayor en mujeres que en hombres (83% de las mujeres frente al 33% de los hombres) (14,15); Sin embargo, se ha de tener en cuenta las limitaciones del tamaño muestral de estos estudios. Por el contrario, el porcentaje de EFA que trabajan en equipos de instituto y que ostentan un título de máster es menor (53% (3) y 54% (2)); no obstante, todos los entrenadores que fueron encuestados en estos estudios poseían un título de grado universitario (2,3), lo cual no fue el caso de ninguna de las investigaciones previas mencionadas sobre entrenadores universitarios. A pesar del nivel educativo observado en los EFA de institutos, existen dudas sobre la calidad y efectividad de los entrenadores cuando su cometido es llevado a cabo por una persona que no sea EFA (ej. Otros educadores) (17). Una investigación reciente evaluó el conocimiento de los educadores de instituto respecto al deporte y a la educación física analizando 4 categorías: conocimiento teórico, diseño de programas de ejercicio, seguridad y profesionalidad. Sólo el 16% de los participantes obtuvo la calificación mínima (7’5) (17). En la literatura disponible, la certificación vocacional más frecuentemente ostentada por los entrenadores fue el Certified Strength and Conditioning Specialist (CSCS) de la National Strength and Conditioning Association (NSCA) (2-4,12,14,15,19,25,26,28). Tal y como sucede con la educación, el número de


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universitarios EFA ha incrementado en los últimos años (<50% (19) frente a >70% CSCS (4,12,28)). Sin embargo, la disparidad entre las divisiones universitarias es evidente en relación a la certificación CSCS, con un menor número de entrenadores en la II División de la NCAA con la certificación (32%; 62% con ninguna certificación) (14). Los estudios que comparan hombres y mujeres en la I división de la NCAA, observan que las mujeres ostentan el CSCS en mayor porcentaje que los hombres (83% frente a 33%) (14,15). Es más, muchas de las mujeres también están en posesión de la certificación del Collegiate Strength and Conditioning Coaches Association (83% frente a 50%) (14 y 15). Esto sugiere que en los hombres se puede valorar más para ser empleados su experiencia deportiva o profesional respecto a su certificación. Los EFA de los deportes profesionales en los Estados Unidos parecen ostentar el CSCS con menor frecuencia (53% en la población estudiada) (25). Pese a que los EFA de instituto reportaron menores niveles de educación formal, muchos estaban certificados con el CSCS (69% (3) y 82%(2)). Los entrenadores de instituto en posesión del CSCS constatan tener mejor equipamiento, espacio y número de deportistas en sus instalaciones que los que no ostentan el CSCS (10).

SALARIOS Y CARGA DE TRABAJO Una investigación de 1992 respecto a los salarios percibidos por los EFA constató una diferencia de 10.000$ entre divisiones, ganando los que trabajaban en la I División de la NCAA entre 30.000$ y 40.000$ (19). Dos estudios posteriores llevados a cabo en 2004 reportaron un incremento del salario hasta una media de 47.000$ (15) y 58.000 (12) en la División IA de la NCAA y 33.000-38.000 en divisiones menores (12). En 2009, la mayoría de los EFA de la II División de la NCAA (89%) relataron que sobraban menos de 50.000$ (14). Más recientemente en 2013, las mujeres entrenadoras de equipos universitarios

reportaron un salario medio de 55.583$ (14). Dado que estos estudios varían en la edad, no se puede inferir cuáles son los salarios actuales o si existe paridad entre sexos. Sin embargo, el conocimiento de las remuneraciones pasadas debería servir de ayuda para conocer las expectativas de los entrenadores. Los EFA de institutos constatan tener salarios similares a los de equipos universitarios, pese a que en determinados casos se han observado diferencias contractuales evidentes, por las cuales los puestos de entrenadores de instituto estaban a menudo combinados con contratos de profesor, incrementando de esta manera las ganancias a 55.000$ o 58.000$ anuales (2). Hacer carrera como EFA parece ser sinónimo de tener una alta carga de trabajo, particularmente para los hombres (rango: 60-64 y 71-75 horas a la semana, dentro y fuera de la temporada, respectivamente) (14,15). Las mujeres entrenadoras reportan trabajar un menor número de horas, siendo su época de más trabajo anual la que los hombres reflejan como la de menor carga (60 horas por semana) (15). Los EFA de institutos trabajan aproximadamente 9 horas al día, ejecutando en su mayoría múltiples funciones (entrenador de equipo, profesor, administración, roles de apoyo) (2). Roles dobles similares fueron observados de la misma forma a nivel universitario (I División de la NCAA en 1992) (19). Sin embargo, con el tiempo esta ocupación múltiple ha venido siendo menos común con el incremento del número de EFA. Esto se hace evidente (pese a la reducida muestra [n=6]) en un estudio del 2004 en el que los entrenadores únicamente se dedicaban a entrenar, llevándoles el diseño de los programas de entrenamiento de fútbol americano casi todo su tiempo (15). La tendencia a asumir roles dobles parece permanecer, pues en un estudio de 2009 en la II División de la NCAA, sólo 9 de los 63 encuestados comentaban que únicamente se dedicaban a entrenar (14). A menudo, uno de los roles dobles consistía en ser entrenador ayudante o

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coordinador de ataque/defensa en fútbol americano (14).

ENTRENAMIENTOS El desarrollo profesional para los EFA es importante. Específicamente, los entrenadores de la I División de la NCAA constataron que el aprendizaje entre iguales les ayudaba a mejorar sus habilidades para el diseño de programas de entrenamiento (93%), aunque sus propias experiencias competitivas eran también consideradas importantes (61%) (4). Se ha documentado que el Strength and Conditioning Journal proporciona una fuente significativa de información para los entrenadores (94% indican que lo leen con frecuencia para incrementar sus conocimientos) (4). Las dos principales fuentes de crecimiento y desarrollo profesional para los EFA, son la interacción con deportistas y otros entrenadores, y la utilización de artículos científicos (26). Se ha reconocido la importancia de los comportamientos de los EFA, así una observación de los EFA de la I División de la NCAA reveló que la supervisión, la gestión y la celeridad en la toma de decisiones de los entrenamientos (22, 15 y 11%, respectivamente), junto la instrucción adecuada y la retroalimentación (19% y 17%, respectivamente) son los comportamientos más comunes (13). La valoración y evaluación de los deportistas son prácticas esenciales para los EFA (12) y se llevan a cabo de forma regular en todas las poblaciones estudiadas (3,5-8,12,24,25); las valoraciones más frecuentes son las de la fuerza, potencia, velocidad, agilidad y composición corporal (3,5-8,22,24,25). Estas capacidades físicas son entrenables y constituyen el objetivo de los programas diseñados por los EFA (3,5-8,24,25), aunque la prevención de lesiones también es un factor importante en su programación (4). Llevar a cabo una correcta periodización es esencial (3,4-8,24) y existe consenso entre los entrenadores respecto a que los levantamientos Olímpicos y la

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sentadilla son los ejercicios más importantes que deberían se incluidos en un programa de entrenamiento, así como ejercicios pliométricos (3,4-8,24).

PERCEPCIONES Se ha preguntado a los entrenadores por su satisfacción laboral y

ambiciones, revelando satisfacción respecto a las relaciones que forjan y cómo estas influyen en la vida de los deportistas (14-16,23). En particular, los entrenadores son conscientes del impacto que tienen sobre el rendimiento de los deportistas (4). Sin embargo, los EFA se sienten

Autor(es)

Año

Duehring et al. (3)

2009

38 EFA (HS)

100% grado, 53% máster (53% educación física, 42% otro deporte/educación)

82% CSCS, 32% USAW, 32% others

15

Duhering y Ebben (2)

2010

39 EFA (HS)

100% grado, 54% máster (51% educación física, 54% otro deporte/educación)

97% (69% CSCS, 31% USAW, 77% others)

15

Duehring et al. (4)

2003

137 EFA (Div I)T

Duhering y Ebben (2)

2010

39 EFA (HS)

Gee et al. (8)

2011

22 entrenadores de remo y 10 EFA

Martínez (12)

2004

212 EFA (Div I)

Massay et al. (16)

2004

Massay y Vicent (15) Pullo (19)

et al. (20)

Participantes

Educación

presionados cuando el rendimiento deportivo es negativo (15), pues la preparación física puede ser vista como la razón causante de los pobres resultados, o como la forma para mejorarlos. Otros sentimientos de frustración están relacionados con el elevado número de horas de trabajo,

100% grado, 69% máster (79% relacionado con rendimiento humano), 5% doctorado

Certificación

Experiencia (años)

75% CSCS, 23% USAW

100% >2; 35% > 10, 92% practicó deporte en HS, 74% deporte univ

100% grado, 54% máster (51% educación física, 54% otro deporte/educación)

97% (69% CSCS, 31% USAW, 77% others)

15

81% grado (54% relacionado con ciencias del ejercicio), 34% máster (82% relacionado con ciencias del ejercicio)

Entrenadores de remo: ARAGB (6), BAWLA (3) y otros. EFA: 100% ASCC, 60% CSCS y otros

10

68% (Div IA), 79% (Div IAA), 68%(Div IAAA) máster

73% (Div IA), 70% (Div IAA) y 92% (Div IAAA) CSCS

6 EFA (Div I)

100% grado (varios deportivo o educación), 33% máster

66% (50% CSCS, 33% NSCA)

8; 83% practicó fútbol universitario, 7% fútbol profesional

2013

6 mujeres EFA (Univ)

100% grado, 83% máster

100% (83% CSCS, otros varios)

8

1992

145 EFA (Div I)

63% (Div IA), 50%(Div IAA) grado de educación física y ciencias del ejercicio

48% (Div IA), 30% (Div IAA) NSCA

2013

102 EFA (profesionales certificados)

Varios grados, máster y doctorado

100% (40% UKSCA, 47% NSCA, 47% ASCA)

100% grado (baloncesto, fútbol, fútbol sala), 54% grado (balonmano, voleibol, hockey hierba), 22% máster (todos los deportes), 9% (todos los deportes)

81% (balonmano, voleibol, hockey hierba), 11% (baloncesto, fútbol, fútbol sala) certificaciones federativas, 0% CSCS

Reverter-Masia et al. (21)

2009

77 EFA (División profesional, Spain)

Reynolds et al. (22)

2012

32 Entrenadores deportivos (HS)

Sutherland y Riley (25)

1997

Tod et al. (26)

2012

Wade et al. (28)

2014

22% grado, 9% máster (relacionado), 56% no relacionado

74 Coordinadores de fuerza y acondicionamiento (PB, NFL, CFL, NHL, NBA) 15 EFA (pro, elite, y atletas de talento) 57 EFA (Univ)

97% grado, 37% máster

100% grado, 47% máster, 33% doctorado 95% grado, 72% máster

9% CSCS

9 (div IA), 5(Div IAA), 5 (Div IAAA)

6 (Div IA), 4 (Div IAA)

7

39% >12, 46% 4-11; 59% practicó deporte en HS y Univ

53% NSCA, 5% ACSM

67% NSCA, 60& UKSCA, 27% ambas 70% CSCS, 58% USAW, 23% CSCS, 11% FMS, varias otras

11 9% 2-5; 18% 5-10; 40% 10-20; 19% >20

on; Div = National Collegiate (Universitaria) Athletics Association Division I, IA, IAA, Qualification; ASCC = Accredited Strength and Conditioning Coach; NSCA = National Strength and Conditioning Association; ACSM = American College of Sports Medicine; UKSCA = United Kingdom Strength and Conditioning Association; ASCA = Australian Strength and Conditioning Association; PB = professional baseball; NFL = National Football League; CFL = Canadian Football League; NHL = National Hockey League; NBA = National Basketball Association; FMS = functional movement screening.

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sentirse infravalorados, o sufrir una falta de entendimiento o respeto por entrenadores deportivos o administrativos (14-16,23). Con el desarrollo de los roles de los EFA a lo largo del tiempo, parece ser que las aspiraciones también han sufrido una evolución, poniéndose énfasis en la progresión como EFA en vez de llegar a convertirse entrenador deportivo. En 1992, se constató que uno de los principales objetivos de los EFA era retener su estatus con aspiraciones de llegar a niveles superiores en la profesión (ej. I División del a NCAA o liga profesional) (19). No obstante, el mismo estudio reflejaba aspiraciones a convertirse en primer entrenador de fútbol americano, considerándose el puesto de EFA como un paso intermedio para ello (19). Sin embargo, en 2004 pocos EFA constataron el deseo de convertirse en entrenadores deportivos; probablemente debido al elevado número de EFA disponibles (12).

SUMARIO Las investigaciones sobre la profesión de los EFA se han centrado en su formación, funciones y percepciones. Estas investigaciones se llevaron a cabo predominantemente sobre deportes en los Estados Unidos, teniendo como objetivo entrenadores profesionales, de universidad y de instituto. Pese a que se han utilizado una variedad de metodologías, lo que hace que las comparaciones entre estudios sean complicadas, la descripción de sus características puede ayudar a ilustrar los perfiles y experiencias de los entrenadores que trabajan en diferentes niveles dentro de la profesión. Parece evidente que un EFA (independientemente de su nivel) debe tener una formación universitaria (un grado) y debería obtener un posgrado (máster) en un área relacionada. También es requerida una certificación con algún organismo reconocido en el sector; preferentemente el CSCS. Además, los futuros entrenadores deberían ser conscientes de la importancia que tiene la experiencia práctica para

ejercer de EFA en determinadas instituciones/equipos. Hay una demanda creciente de prácticas durante las cuales se puede ganar experiencia válida, conocimiento aplicado y crear conexiones que les preparen para roles más exigentes en un futuro. Parece que al menos 5 años de experiencia en el sector son necesarios para ser un EFA consolidado. Los entrenadores deberían ser conscientes de que en muchas ocasiones trabajarán un elevado número de horas, lo que puede resultar estresante debido a tener que cumplir plazos, establecer relación con entrenadores deportivos o personal de administración y sentirse infravalorados. En la tabla 1 se muestra un resumen de la literatura disponible utilizada en el presente estudio. Esta revisión describe y compara las características, prácticas y percepciones de los EFA. Los profesionales pueden encontrar en ella una fuente de información que describe lo que se requiere para ser un EFA, lo que ello conlleva, y las percepciones de sus trabajaos a diferentes niveles. Esta información puede ser utilizada para guiar a futuros EFA que deseen entrar en la profesión e incrementar su grado de consciencia sobre las expectativas laborales, experiencias y requerimientos. Investigaciones futuras deberían investigar un rango de poblaciones más amplio para que se puedan llevar a cabo comparaciones tanto a nivel nacional como internacional. Además, es esencial que la investigación de esta naturaleza se actualice regularmente para responder a un sector de creciente actividad.

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HIPERTROFIA MUSCULAR: REVISIÓN NARRATIVA DE LOS PRINCIPIOS DEL ENTRENAMIENTO PARA EL INCREMENTO DE LA MASA MUSCULAR Louis P. Howe, MSc,1 Paul Read, CSCS,2 and Mark Waldron, PhD3 1Medical and Sport Sciences, University of Cumbria, Lancaster, United Kingdom; 2Athlete Health and Performance Research Centre, Aspetar Orthopaedic and Sports Medicine Hospital, Doha, Qatar; 3School of Sport, Health and Applied Science, St Mary’s University, Twickenham, United Kingdom and School of Science and Technology, University of New England, Armidale, NSW, Australia

RESUMEN

Incrementar el área de sección transversal tiene el potencial de aumentar el rendimiento en muchas modalidades. Dada la creciente evidencia que cuestiona las creencias tradicionales acerca de la prescripción del entrenamiento orientado a la hipertrofia, esta revisión aporta un análisis de la literatura científica actual centrada, principalmente, en las variables de programación. Asimismo, se aportan recomendaciones basadas en evidencia para el diseño de programas de entrenamiento de fuerza efectivos, con el objetivo de aumentar la masa muscular. Palabras clave: hipertrofia muscular; entrenamiento de fuerza

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INTRODUCCIÓN Un desarrollo de las capacidades físicas que mejore el rendimiento es la esencia de la labor de todo profesional del entrenamiento de fuerza y el acondicionamiento. Una capacidad física clave puede ser la fuerza máxima porque se relaciona con las limitaciones de cada habilidad deportiva específica (85). Aunque primeramente son los factores neurales los que contribuyen al desarrollo de la fuerza, las adaptaciones estructurales que acontecen tras un entrenamiento a largo plazo pueden influir también en la capacidad de generar fuerza (19), si bien el papel de la hipertrofia muscular es probablemente exagerado en cuanto a su efecto sobre el incremento de la fuerza máxima (49). No obstante, los atletas cuyas modalidades exigen generar grandes niveles de fuerza contra resistencias externas suelen desear ganancias de masa muscular. De hecho, el área de sección

transversal de los miembros inferiores ha sido asociado con la producción de potencia en acciones con componente tanto horizontal como vertical, en atletas de élite (93). Este concepto aporta una razón para el desarrollo del sistema musculo-esquelético como parte de un modelo de periodización (85). Por lo tanto, incrementos en la masa muscular pueden, en muchos casos, beneficiar en cierto modo el desarrollo atlético. Aparte de consideraciones relativas al rendimiento, un incremento de la masa muscular puede ser necesario después de una lesión. Durante el proceso de rehabilitación, la atrofia muscular puede ser preocupante, y es consecuencia de la falta de estimulación y carga (40). En casos donde la atrofia muscular es provocada por una inmovilización los tiempos de rehabilitación suelen ser mayores (8). De hecho, la recuperación del tejido muscular puede ser un objetivo importante que ha de ser

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logrado por el atleta de cara a restablecer una función completa después de la lesión. Se han propuesto tres mecanismos primarios como responsables de las adaptaciones al entrenamiento: tensión mecánica, estrés metabólico y daño muscular (65). La tensión mecánica se refiere a la sobrecarga, que en teoría altera las estructuras del músculo esquelético, comprometiendo la integridad de las fibras e iniciando respuestas celulares por la estimulación de la ruta mTOR (38). El estrés metabólico local comprende la acumulación de productos resultantes de procesos metabólicos, tales como el lactato en sangre (B[La]) y los iones hidrógeno ([H+]), que provienen de una demanda acumulada de la vía glucolítica rápida (32,89). Se piensa que esta perturbación metabólica tiene el potencial de estimular el anabolismo a través de mecanismos asociados a una liberación incrementada de mioquinas, una mayor producción de especies

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reactivas de oxígeno, hidratación celular, y respuestas hormonales agudas (66). Más recientemente, el daño muscular se ha postulado como un precursor de las respuestas hipertróficas (37), por lo que la respuesta inflamatoria y la potenciación de la síntesis proteica a través del daño muscular inducido por el ejercicio pueden resultar en un crecimiento muscular.

orientadas a la hipertrofia. Igualmente, tampoco se mencionarán en el presente artículo los factores nutricionales y de estilo de vida que puede ser manipulados para un aumento de los efectos de un entrenamiento de fuerza (57).

Recientemente se están cuestionando las creencias tradicionales acerca de las estrategias más efectivas para desarrollar masa muscular libre de grasa (17). Este artículo revisa la literatura científica actual en relación a los aspectos del entrenamiento orientado a la ganancia de masa muscular en adultos jóvenes sanos. En aquellos casos en que es posible, se hará referencia al nivel de entrenamiento de los sujetos participantes en cada investigación. Esto permitirá a los entrenadores interpretar adecuadamente la discusión de cara a aplicar convenientemente en su entorno profesional los hallazgos que aporta este artículo.

El volumen de entrenamiento de fuerza, descrito como la cantidad de trabajo completada en un período de tiempo dado, es una variable clave a considerar cuando se persigue la hipertrofia muscular. Tanto como los incrementos en fuerza máxima (44), la hipertrofia muscular aumenta tras programas de entrenamiento longitudinales de alto volumen, especialmente cuando se ejecutan varias series en lugar de rutinas de una serie única (45). Esta evidencia se ha usado para apoyar las recomendaciones actuales del Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM), que sugieren la prescripción de varias series para sujetos de nivel avanzado cuando el objetivo es el incremento de la masa muscular (4). De manera aguda se han observado incrementos significativos en la síntesis proteica tras entrenamientos de alto volumen, en comparación con sesiones de bajo volumen (14), lo que refuerza esta recomendación.

En particular, esta revisión discute los factores que deberían influenciar la toma de decisión de un entrenador cuando va a diseñar un programa de entrenamiento de fuerza orientado al incremento del tamaño muscular: —Volumen de entrenamiento —Intensidad (carga) —Frecuencia de entrenamiento —Entrenamiento al fallo muscular —Variación de ejercicios —Tipo de contracción —Orden de los ejercicios —Ritmo (tempo) de la repetición —Recuperación entre series Se aportarán recomendaciones basadas en evidencia para el diseño de programas de entrenamiento efectivos con el objetivo de incrementar la masa muscular de un deportista. Este artículo no describe los mecanismos fisiológicos asociados al incremento de la masa muscular, ni tampoco examina la evidencia relacionada con técnicas de entrenamiento específicas

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VOLUMEN DE ENTRENAMIENTO

Aunque las respuestas agudas no están alineadas completamente con los incrementos en la masa magra a largo plazo (52), numerosos estudios longitudinales han demostrado que un entrenamiento de alto volumen facilita la hipertrofia muscular (20,59,60,63). Midiendo el grosor muscular de los flexores y extensores del codo a través de ultrasonidos, Radelli et al. (60) mostraron que 5 series de ejercicio por sesión resultaron en un desarrollo superior de la musculatura de los brazos en comparación con rutinas de 1 y 3 series, a lo largo de un período de entrenamiento de 6 meses. Este incremento en la masa muscular se acompañó de una ganancia superior de fuerza en una prueba de 5

repeticiones máximas (5RM) en press de banca y polea alta al pecho (jalón frontal) tras la intervención de alto volumen (60). Aunque los hallazgos relativos a ganancias superiores de masa muscular tras entrenamientos de alto volumen no son consistentes en la literatura (11,50), un reciente meta-análisis identificó una relación dosis-respuesta entre volumen de entrenamiento e hipertrofia muscular (72). Por ejemplo, volúmenes semanales altos (>10 series totales por grupo muscular, a la semana) fueron asociados con mayores incrementos en masa muscular que menores volúmenes. Los mecanismos subyacentes a la relación entre el alto volumen de entrenamiento y una incrementada masa muscular están relacionados con un estrés metabólico prolongado (34). Un mayor número de series totales por grupo muscular incrementa la duración total bajo el sistema energético relevante y la variedad de las fibras musculares reclutadas durante el entrenamiento. Aun así, si un estrés metabólico prolongado es responsable de incrementos en hipertrofia muscular tras una rutina de alto volumen, entonces los entrenadores y preparadores físicos deberían seleccionar cuidadosamente el tipo de ejercicios a incluir en el programa, especialmente si además se van a utilizar intensidades altas. Por ejemplo, la utilización de series descendentes (drop sets) tiene el potencial de incrementar la acumulación de metabolitos por la gran demanda de la vía glucolítica rápida (33). Si un número elevado de series de este tipo fuesen prescritos a lo largo de varias series de entrenamiento con el objetivo de incrementar el volumen, entonces el deportista podría sobrepasar su límite de recuperación, lo cual podría interferir negativamente en la respuesta hipertrófica (28). Es importante enfatizar que la relación entre volumen y crecimiento muscular probablemente no es lineal. Es decir, incrementos continuos en el volumen de entrenamiento llevarían


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ineludiblemente a un estancamiento en el desarrollo muscular. Este concepto está refrendado por los recientes hallazgos publicados por Amirthalingam et al. (3). En su investigación no encontraron diferencias significativas en cuanto a hipertrofia muscular entre sujetos que ejecutaron 5 series de 10 repeticiones o 10 series de 10 repeticiones a lo largo de un periodo de 6 semanas (3). Los entrenadores deberían prestar atención a la capacidad de recuperación individual de cada atleta a la hora de prescribir programas de entrenamiento con un volumen excesivo, que podrían devenir en síndromes de sobre-solicitación o incluso de sobre-entrenamiento (82). El efecto de esta circunstancia sería una reducción en la capacidad de los procesos anabólicos, debido a un estatus catabólico elevado y a un metabolismo de las proteínas (46). In este sentido, la relación entre volumen e hipertrofia parece seguir una U invertida (70). Dado que cada individuo posee su propia capacidad de recuperación tras una cantidad de trabajo determinada, los preparadores físicos y expertos en entrenamiento de fuerza y acondicionamiento deberían usar de manera apropiada herramientas de valoración y monitorización de cara a identificar umbrales que puedan maximizar los incrementos en masa muscular, sin perjudicar la salud de los deportistas.

INTENSIDAD (CARGA) La manipulación de la intensidad durante el entrenamiento de fuerza, que normalmente se relativiza a través de un porcentaje de la máxima carga que puede ser movilizada en un movimiento dado, se considera un factor vital a la hora de maximizar la hipertrofia (65). Probablemente esto se debe al mecanismo de tensión mecánica, dado que intensidades más altas resultan en un incremento de tensión en la unidad músculo-tendinosa. Sin embargo, intensidades por encima del 85% de 1RM, a la vez que maximizan la tensión mecánica, no son capaces de aportar un estrés metabólico adecuado dado el

reducido tiempo bajo tensión (61). Por lo tanto, con el objetivo de enfatizar tanto la tensión mecánica como el estrés metabólico, tradicionalmente se recomiendan intensidades moderadas (70-85% de 1RM) (4). Se ha sugerido que el entrenamiento de alta intensidad (> 65% de 1RM) resulta en ganancias superiores de masa muscular debido al reclutamiento y fatiga de las unidades motoras de alto umbral de excitabilidad (43,56). Este resultado puede ser deseable entre los deportistas dado que la hipertrofia de las fibras rápidas puede ser mucho mayor que la de las fibras lentas (1,88). Fry (29) mostró que los programas que incorporan intensidades por encima del 50% de 1RM provocan una mayor hipertrofia en las fibras rápidas en comparación con las lentas. Además, durante las contracciones isométricas de corta duración y baja intensidad (30-45% de 1RM), la depleción de glucógeno es prácticamente inexistente en fibras IIX pero se eleva ostensiblemente con mayores intensidades (90). Aunque estos hallazgos sugieren que las fibras tipo II son estimuladas en mayor medida ante intensidades altas, se ha sugerido que intensidades menores también reclutan fibras rápidas si la serie es llevada cerca de la fatiga máxima voluntaria (fallo muscular) (15). Comparando un entrenamiento de alta intensidad con un entrenamiento de baja intensidad, Mitchell et al. (51) no observaron diferencias significativas en hipertrofia respecto al tipo de fibras. En cualquier caso, se ha sugerido que este estudio presentaba carencias (56), no contando con la sensibilidad requerida para establecer una diferencia en la hipertrofia relativa a cada tipo de fibra en función de las intensidades investigadas. Puede que la reducida potencia estadística del estudio explique en parte la falta de diferencias significativas en hipertrofia de las fibras tipo I al comparar altas y bajas intensidades de entrenamiento (17 frente a 33%, respectivamente) (51). Se analizó una muestra de 12 participantes por grupo, lo que supuso

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una pobre potencia estadística (0,17 de acuerdo a nuestro propio análisis post hoc, asumiendo un nivel alfa de 0,05 y un tamaño del efecto de 0,3). Es importante que los entrenadores sean conscientes de que esta investigación demostró una diferencia muy pequeña entre entrenamientos de alta y baja intensidad en lo que a hipertrofia de las fibras tipo II se refiere (16 frente a 18%, respectivamente) (51). Se requiere más evidencia para establecer si la intensidad determina la hipertrofia de cada tipo de fibra. Por supuesto, los profesionales no deberían subestimar la importancia de reclutar un amplio rango de unidades motoras a través del uso de intensidades altas y bajas. De hecho, en el desarrollo de la sección transversal del músculo, que está determinado por el incremento en las proteínas fibrilares y por tanto en el diámetro de la fibra, una dependencia de la hipertrofia de las fibras tipo I también existe. Ejercicios que activan una mayor proporción de fibras tipo I serían, por tanto, de igual interés de cara a la optimización de la respuesta hipertrófica. Cuando consideramos la hipertrofia del músculo completo, un meta-análisis de Schoenfeld et al. (75) mostró que el entrenamiento de alta intensidad (>65% de 1RM) no es más efectivo que el entrenamiento de baja intensidad (<60% de 1RM) en lo que a incremento de masa muscular se refiere. De todas maneras, se observó una tendencia (no significativa) en favor del entrenamiento de alta intensidad (p=0,076), lo que puede ser debido al escaso número de estudios que han investigado los efectos de la intensidad del entrenamiento en la hipertrofia. El uso de estrategias de baja intensidad está apoyado por referencias que muestran como entrenamientos a una intensidad del 30% de 1RM resultaron en una mayor síntesis proteica en comparación con entrenamientos a alta intensidad (90% de 1RM), sin olvidar que los entrenamientos a baja intensidad suponían llegar al fallo muscular (15). Adicionalmente, Mitchell et al. (51) mostraron que un entrenamiento de baja intensidad (30% de 1RM) resultó en similares incrementos en la sección transversal del músculo completo comparado con un programa

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de alta intensidad (80% de 1RM) a lo largo de 10 semanas de entrenamiento. Asimismo, el uso de un esquema de moderada intensidad (8-12RM) o una variedad de intensidades (2-4RM, 8-12RM y 20-30RM) a lo largo de una semana de entrenamiento ha mostrado incrementos similares en la masa muscular tras un programa de 8 semanas (71). Por lo tanto, cuando los profesionales prescriben un estímulo de entrenamiento orientado a la hipertrofia, altas o bajas intensidades pueden ser seleccionadas. Tradicionalmente, cargas por encima del 65% de 1RM han sido prescritas en los programas de hipertrofia, lo cual puede no ser estrictamente necesario. Esta información puede ser también útil en la rehabilitación de lesiones, donde el entrenamiento de baja intensidad puede ser un método efectivo para incrementar la masa muscular sin las grandes tensiones asociadas al entrenamiento de alta intensidad. Aunque el entrenamiento de baja intensidad puede ser igualmente efectivo para la hipertrofia muscular, los profesionales del acondicionamiento no deberían pasar por alto las superiores adaptaciones en fuerza que genera el entrenamiento de alta intensidad en comparación con el de baja intensidad (10,54,64,67). Estas diferencias se explican por el principio de especificidad del entrenamiento, dado que los esfuerzos máximos requeridos durante el entrenamiento de alta intensidad producen fuerza máxima, mientras que los entrenamientos de baja intensidad requieren solo fuerzas bajas a moderadas en un estado de fatiga (18). De este modo, el entrenamiento de alta intensidad que resulta en la acumulación de un volumen considerable de entrenamiento puede permitir incrementos en la fuerza muscular paralelamente a incrementos sustanciales en la masa muscular. Tales adaptaciones han sido definidas como hipertrofia funcional, donde los incrementos en la masa muscular y en la fuerza máxima ocurren simultáneamente (58).

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FRECUENCIA DE ENTRENAMIENTO La frecuencia de entrenamiento es definida como el número de sesiones de entrenamiento por unidad de tiempo. Desde el punto de vista del incremento de la masa muscular de un atleta, la frecuencia de entrenamiento se relaciona directamente con el volumen de entrenamiento. Durante una única sesión de entrenamiento, la capacidad de recuperación es limitada. Por lo tanto, para lograr altos volúmenes de entrenamiento se requieren varias sesiones. Dado que el volumen de entrenamiento es un factor clave en el crecimiento muscular (72), la optimización de la frecuencia de entrenamiento permitirá una maximización del volumen sin una fatiga excesiva. En un intento por establecer la frecuencia óptima de entrenamiento para la hipertrofia muscular, Wernborn et al. (94) mostraron que 2-3 sesiones de entrenamiento por semana eran lo óptimo. Esta propuesta ha sido refrendada por un reciente meta-análisis que mostraba como 2 sesiones semanales para un mismo grupo muscular resultaban en unos incrementos de masa muscular significativamente mayores que una o tres sesiones por semana (73). Estos hallazgos contrastan con la práctica tradicional de algunos culturistas, que reportan un único entrenamiento a la semana por grupo muscular (36). Aun así, se debería tener en cuenta que las revisiones de Schoenfeld (73) y Werborn, (94) incluyeron tanto sujetos entrenados como sujetos no entrenados, lo cual puede limitar la aplicación de los resultados en población atlética. Para la mayoría de atletas entrenados en fuerza es inevitable que el volumen de entrenamiento por sesión y la frecuencia de entrenamiento estén inversamente relacionados, de manera que un incremento en la frecuencia de entrenamiento resulta en una reducción del volumen por sesión. En el caso de un programa de alta frecuencia de entrenamiento, donde un grupo muscular es

entrenado en múltiples ocasiones, el volumen de entrenamiento para cada sesión debería ser bajo con el objeto de prevenir un excesivo volumen semanal. Las altas frecuencias semanales deberían ser periodizas estratégicamente, de manera que podamos asegurar una recuperación adecuada entre sesiones. De hecho, entrenar un mismo grupo muscular antes de que la síntesis proteica haya retornado a la homeostasis puede entorpecer el proceso de hipertrofia (48); así, se recomiendan 48-72 horas de separación entre sesiones orientadas al mismo grupo muscular para optimizar la adaptación al entrenamiento (73). Aunque esta recomendación general puede ser apropiada para muchos atletas, se ha sugerido que mayores frecuencias de entrenamiento pueden ser más beneficiosas para sujetos entrenados a la hora de estimular una mayor hipertrofia muscular (23). Dado que los sujetos entrenados se adaptan al entrenamiento de fuerza a largo plazo recudiendo la síntesis proteica (22), una distribución del volumen de entrenamiento a lo largo de una mayor frecuencia tiene el potencial de incrementar el tiempo total en que un sujeto se encuentra en situación de balance proteico positivo (23). Esta orientación requiere una gran reducción en el volumen de entrenamiento por sesión de manera que se reduzca la acumulación excesiva de fatiga. Dankel et al. (23) sugieren que estrategias de alta frecuencia de entrenamiento aplicadas a sujetos no entrenados pueden no ser óptimas, dado que las sesiones subsecuentes podrían interferir negativamente en la síntesis proteica generada por la sesión precedente. Aunque esta hipótesis tiene ciertos apoyos, actualmente existe poca evidencia que confirme este modelo teórico y se requieren más investigaciones al respecto.


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ENTRENAMIENTO AL FALLO MUSCULAR

Aunque estos resultados indican efectos positivos del entrenamiento hasta el fallo muscular, se debería ser cauteloso a la hora de programar este tipo de estímulos. Sundstrup et al. (86) indicaron que alcanzar el fallo muscular concéntrico no es necesario para lograr una activación muscular completa utilizando análisis EMG, con un estancamiento observable durante las últimas 3-5 repeticiones de una serie de 15 repeticiones máximas. Ésta es una consideración importante porque llevar a cabo de manera repetida rutinas que llegan al fallo muscular puede producir síntomas de sobre-entrenamiento y subsecuentes interferencias en el status anabólico del sujeto (39). Dado que muchos estudios que evalúan los beneficios del entrenamiento al fallo emplean duraciones relativamente cortas, la aplicación a largo plazo de este tipo de estrategias tiene que ser todavía investigada. Por lo tanto, se recomienda a los profesionales que expongan a sus deportistas al entrenamiento al fallo de una manera estratégica y meditada, con el objeto de prevenir el sobre-entrenamiento.

El entrenamiento al fallo muscular provoca la incapacidad momentánea para producir la suficiente fuerza de cara a movilizar una carga en fase concéntrica (65). Cuando se entrena al fallo, se ha hipotetizado que se logra un máximo reclutamiento de unidades motoras, lo que provoca fatiga en un mayor número de fibras musculares (16,97), que a su vez resulta en una mayor respuesta hipertrófica. Ejecutar contracciones musculares repetidas con una intensidad determinada hasta el fallo se asocia a incrementos en la percepción del esfuerzo (5) y en los niveles de activación muscular (analizados a través de electromiografía de superficie (EMG)) (86). Estos hallazgos apuntan a un incremento en el reclutamiento de unidades motoras de alto umbral (86). Dando soporte a esta idea, Burd et al. (14) no reportan diferencias en las adaptaciones musculares generadas por estrategias de entrenamiento de baja y alta intensidad, una vez que todas son llevadas hasta el fallo muscular. En cualquier caso, es difícil extraer conclusiones contundentes cuando los volúmenes de entrenamiento no están igualados.

VARIACIÓN DE LOS EJERCICIOS

Goto et al. (34) investigaron los efectos del entrenamiento al fallo en la hipertrofia muscular en un estudio a 12 meses, en el que los sujetos fueron divididos en dos grupos: uno de ellos entrenó al fallo muscular y el otro incorporó un descanso intra-serie que prevenía el fallo muscular. Con el volumen equiparado, el grupo “sin descanso”, que entrenaba mediante repeticiones máximas (al fallo muscular) alcanzó una hipertrofia significativamente mayor en lo que respecta al cuádriceps, además de un mayor incremento en los niveles de fuerza máxima (34). Estos hallazgos van en línea con los de Schott (77), quien también observó una hipertrofia superior tras un entrenamiento al fallo, en comparación con un entrenamiento cuyas series finalizaban antes de llegar a la fatiga máxima.

Tradicionalmente, los culturistas tienen a considerar que una amplia variación de los ejercicios es necesaria para la hipertrofia muscular (36). Una propuesta racional es que músculos tales como el pectoral mayor (47) y el trapecio (7) desarrollen diferentes movimientos de la misma articulación a través de una subdivisión funcional de los músculos (6). De esta forma, la manipulación de los ejercicios tiene el potencial de incidir en grandes secciones de un músculo. Por ejemplo, en el caso del pectoral mayor, el uso de un banco declinado 15º durante el press de banca resulta en una mayor activación EMG de las fibras esternales en relación a las fibras claviculares (47). Por lo tanto, para sobrecargar porciones específicas de diferentes músculos es esencial utilizar una amplia variedad de ejercicios de cara a reclutar y fatigar todas las subdivisiones musculares.

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El concepto mencionado más arriba puede ser aplicado también a los músculos que poseen fibras orientadas en diferentes ángulos entre el origen y la inserción. Por ejemplo, la porción larga y corta del bíceps braquial se clasifican, desde el punto de vista arquitectónico, como músculos fusiformes (31); el bíceps braquial no es subdivisible desde el punto de vista funcional, tal y como sí ocurre con el pectoral mayor. Manipulando la posición del codo y del hombro, el bíceps braquial muestra una activación regional específica durante la supinación (12). Por lo tanto, durante la flexión de codo, el bíceps braquial no se acorta de manera uniforme, lo que sugiere que diferentes fascículos musculares se contraen concéntricamente en diferente proporción, lo que varía el rango de trabajo en cada fibra muscular (31). El reclutamiento fibrilar no uniforme parece ocurrir también en la musculatura isquiosural, con una actividad EMG diferente en fibras superiores e inferiores en función de si los isquiosurales se activan para flexionar la rodilla o para extender la cadera contra una resistencia (68). Esta idea está avalada por el trabajo de Méndez-Villanueva et al. (53), quienes usaron resonancia magnética para demostrar diferencias regionales en la activación muscular de cada cabeza de la musculatura isquiosural durante diferentes ejercicios de cadena posterior. Igualmente, durante las extensiones de codo contra resistencias, los ejercicios multi y mono-articulares han demostrado solicitar activaciones musculares diferentes desde un punto de vista regional. Por ejemplo, ejercicios mono-articulares de extensión de codo parecen incrementar la activación de la porción distal del tríceps braquial (91). Las adaptaciones crónicas provocadas por este tipo de ejercicios parecen inducir mayores incrementos en la sección transversal en la región distal del músculo tras 12 semanas de entrenamiento de fuerza (31). Del mismo modo, Wakahara et al. (92) mostraron que un ejercicio - de extensión de codo multi-articular

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(press de banca con mancuernas) incrementó los niveles de activación muscular de las regiones medias y proximal del tríceps braquial, provocando un mayor crecimiento en estas áreas. Esto sugiere que para maximizar la hipertrofia es necesario estresar al músculo a través de sus diferentes porciones (proximal-distal) usando una variedad de ejercicios. Fonseca et al. (26) mostraron que variar ejercicios en un período de 12 semanas era más efectivo para el incremento de la fuerza e hipertrofia que la manipulación exclusiva de la intensidad. En esta investigación, la hipertrofia del vasto medial y del recto femoral fue mayor en los sujetos que variaron ejercicios en base a ciclos de 3 semanas, en comparación con sujetos que siguieron la misma rutina (26). Esta evidencia apoya la idea de usar un número de ejercicios para explotar completamente las adaptaciones relacionadas con la hipertrofia muscular. Un mecanismo que puede explicar potencialmente las diferencias regionales en hipertrofia puede ser la compartimentación del músculo esquelético (6). En el sistema neuromuscular, las secciones del músculo están inervadas por unidades motoras específicas que son responsables de orquestar la contracción de sus respectivas fibras (6). De hecho, incluso las fibras de músculos fusiformes se distribuyen intra-fascicularmente (31,95), lo que significa que pueden existir compartimentos neuromusculares dentro de un músculo concreto. Dado que la distribución de los distintos tipos de fibra dentro de un músculo es también específica de la región muscular (47,83), las diferencias intramusculares también pueden estar relativizadas a la función. Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza orientado a una hipertrofia selectiva de fibras rápidas a través de estrategias tales como entrenamiento excéntrico puro puede resultar en una hipertrofia no uniforme (algo que será discutido en el siguiente apartado). Es probable que cada músculo contenga múltiples

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compartimentos neuromusculares que puedan ser sobrecargados de manera selectiva a través de una selección variada de ejercicios.

TIPO DE CONTRACCIÓN Las contracciones musculares excéntricas incrementan el estrés mecánico en las unidades musculotendinosas (7). Aunque la amplitud EMG es menor durante las contracciones excéntricas, las fibras de contracción rápida parecen ser selectivamente reclutadas, lo que resulta en una mayor tensión por fibra muscular y una tendencia hacia el daño en dichas fibras (78). El mayor daño muscular favorece una respuesta adaptativa en las fibras tipo II, las cuales poseen mayor potencial para el crecimiento (1). Los métodos tradicionales para determinar la intensidad durante un programa de entrenamiento se basan en la fuerza concéntrica del deportista (por ejemplo, un porcentaje de su 1RM). Sin embargo, dado que la fuerza excéntrica puede ser hasta un 45% mayor que la fuerza concéntrica (41), es muy habitual que el entrenamiento excéntrico no se trabaje en todo su potencial. Esta forma de asignar intensidades puede estar detrás del hecho de que el entrenamiento excéntrico submáximo no eleve de manera aguda la síntesis proteica en el músculo en comparación con el concéntrico (21). De todas maneras, cuando el entrenamiento excéntrico se lleva a cabo con intensidades máximas, la síntesis proteica es significativamente mayor que la lograda a través de un entrenamiento concéntrico con un volumen equiparable (55). Cuando el entrenamiento excéntrico se lleva a cabo a lo largo de varias semanas, las adaptaciones en hipertrofia muscular se han mostrado superiores que aquellas logradas tras entrenamientos concéntricos (62). Por lo tanto, los entrenamientos excéntricos supramáximos parecen provocar mayores adaptaciones hipertróficas, asumiendo que se diseñan correctamente los descansos y

recuperaciones. En cualquier caso, esta idea no es del todo consistente con la literatura, con algunos estudios que muestran una ausencia de diferencias entre los distintos modos de contracción (28). Esto puede ser debido a las dificultades de equiparar intensidad-volumen entre ambas condiciones, con una subestimación de las cargas excéntricas. En un reciente meta-análisis, Schoenfeld et al. (76) identificaron una tendencia no significativa hacia el entrenamiento excéntrico aislado como un estímulo superior para la hipertrofia, en comparación con el entrenamiento concéntrico aislado (P = 0.076). Los tamaños medios de efecto en relación al crecimiento muscular tras entrenamientos aislados excéntricos y concéntricos fueron 1,02 y 0,77, respectivamente. Dado que muchos de los estudios analizados equipararon los entrenamientos por número de repeticiones, y no por trabajo total, los autores indican que quizá la mayor cantidad de trabajo completada pudo influenciar los resultados (76). Una última consideración respecto al entrenamiento excéntrico es la identificación de hipertrofia selectiva por área muscular. Franchi et al. (27) mostraron que aunque la hipertrofia muscular del vasto lateral fue similar entre programas excéntricos y concéntricos, la hipertrofia de la porción media fue mayor en el grupo concéntrico, mientras que el grupo excéntrico experimentó un mayor crecimiento en la porción distal. Esto puede ser debido a un cambio en la arquitectura muscular. El entrenamiento excéntrico aislado provoca incrementos en la longitud de los fascículos, mientras que el entrenamiento concéntrico aislado favorece el aumento de los ángulos de peneación, lo que indica un mayor número de sarcómeros en paralelo (27). Esto tiene el potencial de alterar la relación fuerza-velocidad en un músculo concreto, con una longitud de fascículo aumentada (sarcómeros en serie) que facilita mayores velocidades acortamiento (19). Contrariamente, - un músculo con mayores ángulos de


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peneación tiene la capacidad de crear mayores niveles de fuerza dado el mayor número de sarcómeros en paralelo (19).

ORDEN DE LOS EJERCICIOS Se recomienda generalmente que los ejercicios multi-articulares, con mayor masa muscular implicada, deben ser ejecutados en los estadios iniciales de la sesión de entrenamiento (2). Cuantas más repeticiones puedan ser completadas, con una carga dada, al inicio de la sesión (81), mayores serán los volúmenes acumulados a largo plazo respecto a este tipo de ejercicios (80). Aunque esta circunstancia depende del diseño de la sesión, es posible que el uso de ejercicios multi-articulares al inicio de la sesión resulte en mayores adaptaciones de hipertrofia en grupos musculares grandes. Aunque esto aporta una razón para incluir ejercicios multi-articulares en la parte inicial de la sesión, no hay una gran evidencia que lo apoye, en parte debido a la limitada cantidad de estudios que han investigado la relación entre orden de ejercicios y adaptaciones estructurales (80). De las referencias existentes, Simao et al. (79) y Spineti et al. (84) mostraron que ubicar ejercicios tales como extensión y flexión de codo unilateral antes que el press de banca y el jalón al pecho resultaba en un mayor incremento del volumen del tríceps en comparación con el orden opuesto. Deberíamos puntualizar que no se observó diferencia alguna en relación al bíceps braquial, en ninguna de las dos investigaciones (79,84). En cualquier caso, ninguno de los estudios analizó las adaptaciones estructurales en pectoral mayor y dorsal ancho, lo que limita la amplitud de las conclusiones. Es probable que los músculos entrenados y fatigados en las primeras fases de una sesión acumularán volúmenes más altos y por lo tanto se adaptarán en mayor medida. De esta manera, se deberían priorizar ejercicios respecto al orden en base a las necesidades individuales de cada atleta (80).

Una cuestión respecto a la ejecución de ejercicios mono-articulares antes que ejercicios multi-articulares es que los músculos prefatigados pueden ver alterados sus patrones de activación durante los ejercicios multi-articulares. Tanto en miembro inferior (9) como en miembro superior (30), prefatigar un músculo con un ejercicio mono-articular ha resultado en una reducción en el reclutamiento de dicho músculo durante el ejercicio multi-articular. Esto ocurre a la par que un reclutamiento incrementado de los músculos sinergistas en el ejercicio multi-articular (30). En cualquier caso, activar un músculo con un ejercicio mono-articular pero sin llegar a fatigarlo completamente puede incrementar su activación durante el posterior ejercicio multi-articular (42). Por esta razón, los entrenadores y preparadores pueden ordenar los ejercicios estratégicamente para manipular los patrones de reclutamiento y activación de los músculos protagonistas.

RITMO EN LAS REPETICIONES (TEMPO) El entrenamiento explosivo se hamostrado claramente más ventajoso para el desarrollo de fuerza que el entrenamiento lento (13). Esto es debido, probablemente, a las mayores fuerzas requeridas para acelerar la carga durante la fase concéntrica. Por el contrario, cuando el objetivo es el incremento de la masa muscular, esta relación no es tan evidente (69); una velocidad reducida requiere menos fuerza, prolongándose la duración de la serie, lo cual resulta en un mayor estrés metabólico. Cuando las cargas se movilizan con la intención de aplicar máximas velocidades, las fuerzas serán mayores, incrementándose la tensión del músculo. Cuando la duración de la repetición aumenta, con las demandas en los sistemas energéticos que esto supone, la intensidad debe ser reducida (87). Por lo tanto, la manipulación del ritmo de las repeticiones es otro ejemplo de la relación inversa entre volumen e intensidad.

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La evidencia disponible muestra resultados contradictorios respecto al efecto de velocidades de ejecución bajas y altas en relación a la hipertrofia muscular. Tanimoto e Ishii (87) determinaron que, en tanto en cuanto los sujetos entrenaban al fallo, no hubo diferencia significativa en la hipertrofia del cuádriceps al comparar entrenamientos de alta intensidad a ritmo normal (1 segundo fase concéntrica; 1 segundo fase excéntrico; 1 segundo relajación) con entrenamientos de baja intensidad a ritmo lento (3 segundo fase concéntrica; 3 segundos fase excéntrico; 1 segundo relajación). En esta línea, un meta-análisis reciente no mostró diferencias significativas en cuanto al crecimiento muscular cuando se compararon regímenes de entrenamiento que abarcaban desde 0.5 segundos hasta 8 segundos para la fase concéntrica (69). Así, la manipulación del ritmo de las repeticiones entre bloques de entrenamiento permite a los entrenadores contar con otra herramienta para aplicar sobrecarga, a través del incremento del volumen de entrenamiento (mediante el enlentecimiento de la repetición) o la intensidad (mediante el acortamiento de la duración).

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RECUPERACIÓN ENTRE SERIES Al igual que la duración de las repeticiones, los entrenadores pueden también manipular la recuperación entre series para alterar el equilibrio de la relación volumen-intensidad. Con períodos cortos de recuperación (<30s) se incrementa la densidad de entrenamiento. Sin embargo, si la recuperación es insuficiente para reponer completamente los depósitos de energía anaeróbica (34), la intensidad tendrá que ser reducida. Igualmente, con mayores recuperaciones entre series, mayores intensidades podrán ser usadas a expensas de mantener una alta densidad de entrenamiento (24). Investigaciones centradas en los períodos de recuperación entre series sugieren que los intervalos cortos de descanso (≤ 60 segundos) comprometen potencialmente el volumen de entrenamiento por la drástica reducción de la intensidad, en comparación con mayores recuperaciones (3 minutos) (74). Esta idea es apoyada por Burseh et al. (17), los cuales observaron mayores incrementos en el área de sección transversal del cuádriceps al usar mayores tiempos de descanso (2,5 minutos), en comparación con recuperaciones más cortas (60 segundos). En cualquier caso, se debería ser cauto al interpretar estos resultados; es necesaria más evidencia que permita recomendar claramente cómo manipular los tiempos de descanso entre series para el incremento de la hipertrofia muscular (35).

CONCLUSIÓN Ciertos aspectos de las recomendaciones tradicionales respecto al entrenamiento orientado a la hipertrofia han sido cuestionados recientemente. Se requiere un entendimiento más profundo de las variables clave de entrenamiento para maximizar los efectos del mismo. Usando los principios de entrenamiento revisados en este

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artículo, los entrenadores pueden diseñar y recomendar programas de entrenamiento orientados a la hipertrofia, basados en la evidencia y con el potencial de mejorar el rendimiento o la recuperación de una lesión.

individuales del atleta y al resultado deseado.

La literatura científica actual sugiere que no hay una prescripción ideal de carga para maximizar la hipertrofia muscular. Una variable importante que ha de ser muy tenida en cuenta es el volumen de entrenamiento. Altos volúmenes son necesarios para maximizar el crecimiento muscular. Esto puede ser logrado a través de diferentes estrategias; una de ellas es el incremento de la frecuencia de entrenamiento. La literatura actual indica que 2-3 sesiones por grupo muscular por semana es la frecuencia más efectiva, aunque hay potencial para mayores ganancias en hipertrofia con frecuencias superiores (>3) en sujetos entrenados.

Conflicto de intereses y fuentes de financiación: los autores manifiestan que no existe conflicto de intereses ni fuentes de financiación.

La variación de los ejercicios es también importante para acceder a todos los “compartimentos funcionales” de los músculos individuales. Esto puede ser logrado incluyendo variaciones en los ejercicios básicos que provoquen estrés en divisiones musculares específicas. Incorporando una variedad de ejercicios para un músculo concreto incrementamos el potencial de la adaptación hipertrófica. Tales adaptaciones pueden lograrse también variando el tipo de contracción, dado que el entrenamiento concéntrico aislado y el entrenamiento excéntrico aislado han mostrado adaptaciones hipertróficas en regiones musculares diferentes. Además, parece que el entrenamiento excéntrico aislado tiene el potencial de incrementar la masa muscular en mayor medida que el entrenamiento concéntrico aislado. Finalmente, el orden de los ejercicios, el ritmo de las repeticiones y la recuperación entre series pueden ser manipulados para introducir estímulos novedosos en el programa. Estas variables deberían considerarse siempre en relación a los objetivos

Conflicto de intereses y fuentes de financiación: los autores manifiestan que no existe conflicto de intereses ni fuentes de financiación.


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COMPARACIÓN ENTRE TEST CÍCLICOS, FUERZA ISOMÉTRICA MÁXIMA Y TEST DE SALTO PARA VALORAR LA POTENCIA NEUROMUSCULAR EN SUJETOS ENTRENADOS Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Readaptación y Prevención de Lesiones en la Actividad Física y el Deporte. II Congreso de Salud y Ejercicio Físico, celebrado en Valencia del 26 al 28 de enero de 2018.

Gonzalo I1,2, 3, Rojo-Tirado MA 4, Aznar S 2, 3 1 Selección Nacional Indoor Triathlon, España; 2 Elements Research Group, Madrid; 3 Grupo de Investigación PAFS, Universidad Castilla La-Mancha, Toledo; 4 Grupo de Investigación LFE, Universidad Politécnica de Madrid. Correspondencia: ivan@elementssystem.com

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INTRODUCCIÓN

MÉTODOS

CONCLUSIONES

La potencia neuromuscular es un factor importante en la valoración del rendimiento deportivo y la capacidad funcional. Su valoración puede ser utilizada para el diagnóstico de talentos, monitorizar los efectos de una intervención mediante entrenamiento o estimar el estatus de fatiga neuromuscular (Abernethy et al., 1995; Claudino et al., 2017). La aplicación de potencia dependerá de las condiciones de ejecución, tanto a nivel de tipo de contracción muscular requerida, como de posición o patrón de movimiento (Maulder & Cronin, 2005). Esta consideración, determina que la medición de potencia pueda variar en función del tipo de test utilizado. La comparación entre test con ergómetros validados, fiables y de bajo impacto articular (como los utilizados en Indoor Triathlon™) con test de campo (test de salto), puede ser muy útil para crear perfiles específicos de rendimiento, monitorizar la fatiga o cuando no es posible el acceso a dicha maquinaria (Krishnan et al., 2017).

Se llevó a cabo una correlación de Pearson para evaluar la relación entre las potencias máximas obtenidas en test de 6s (Wattbike Trainer, Wattbike Ltd, Nottingham, UK) y hasta 15s (Remo y Skierg, modelo D, ConceptII, Morrisville, USA), así como los diferentes indicativos de fuerza isométrica (dinamometría de piernas, Takei Back-D, Takei Scientific Instruments Co., Japón) y salto (test SJ, CMJ y salto horizontal, Chronojump Boscosystem, Barcelona, España) en 12 hombres (de 30,0±6,3 años, 78,9±12,1 kg, y, 1,79±0,07 m) con mínimo un año de experiencia en entrenamiento con cargas. Valores de p<0,005 fueron considerados como estadísticamente significativos.

La expresión de potencia neuromuscular es dependiente del tipo de ergómetro utilizado, y no guarda relación con manifestaciones de la potencia en miembros inferiores mediante test de salto o de fuerza isométrica máxima. La valoración del estatus neuromuscular debe incluir test específicos en función de la modalidad deportiva a considerar.

OBJETIVO Estudiar la relación existente entre los valores de potencia máxima (Pmáx) en tres ergómetros (Skierg, Wattbike y Remo) y diferentes test de salto.

RESULTADOS Se encontraron correlaciones significativas del peso corporal con la Pmáx de la Wattbike y del Remo (r=0,861, y r=0,878, respectivamente, p<0,001), no siendo así con el Skierg (p>0,05). Similares correlaciones significativas se encontraron entre la talla corporal y la Pmáx de la Wattbike y del Remo (r=0,763 [p=0,004], y r=0,748 [p=0,005], respectivamente), no ocurriendo lo mismo con el Skierg (p>0,05). Por otro lado, se encontró una única correlación positiva entre la Pmáx de la Wattbike y la Pmáx del Remo (r=0,753, p=0,005). Sin embargo, no se encontraron correlaciones entre las Pmáx de cada ergómetro y los resultados obtenidos en las diferentes pruebas indicativas de salto y fuerza (p>0,05).

REFERENCIAS 1. Abernethy, P., Wilson, G., & Logan, P. (1995). Strength and power assessment. Sports medicine, 19(6), 401-417. 2. Claudino, J. G., Cronin, J., Mezêncio, B., McMaster, D. T., McGuigan, M., Tricoli, V., ... & Serrão, J. C. (2017). The countermovement jump to monitor neuromuscular status: A meta-analysis. Journal of science and medicine in sport, 20(4), 397-402. 3. Krishnan, A., Sharma, D., Bhatt, M., Dixit, A., & Pradeep, P. (2017). Comparison between Standing Broad Jump test and Wingate test for assessing lower limb anaerobic power in elite sportsmen. Medical Journal Armed Forces India, 73(2), 140-145. 4. Maulder, P., & Cronin, J. (2005). Horizontal and vertical jump assessment: reliability, symmetry, discriminative and predictive ability. Physical therapy in Sport, 6(2), 74-82.

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UTILIZACIÓN DE ACELEROMETRÍA INTEGRADA EN SMARTPHONE PARA LA EVALUACIÓN DE LA CARGA DE ENTRENAMIENTO EN EJERCICIOS DE ESTABILIZACIÓN DEL TRONCO Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Readaptación y Prevención de Lesiones en la Actividad Física y el Deporte. II Congreso de Salud y Ejercicio Físico, celebrado en Valencia del 26 al 28 de enero de 2018.

María Pilar García-Vaquero, Amaya Prat-Luri, Casto Juan-Recio, Belén Irles Vidal, Pedro Moreno-Navarro, Francisco J. Vera-Garcia y David Barbado Centro de Investigación del Deporte. Universidad Miguel Hernández de Elche

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INTRODUCCIÓN En los últimos años el entrenamiento de la estabilidad del tronco se ha popularizado tanto en el ámbito de la salud como en el rendimiento deportivo. Sin embargo, estos entrenamientos son aplicados sin realizar una individualización ni un control adecuado de la carga más allá del criterio subjetivo del entrenador. A día de hoy, si bien existen test biomecánicos para evaluar la estabilidad del tronco, estas herramientas, además de presentar un coste elevado, no permiten evaluar la estabilidad en los mismos ejercicios que son usados después para entrenar. La acelerometría es un instrumento de laboratorio que reúne ciertas características que pueden solventar dichas limitaciones. Estos sensores, los cuales han mostrado una alta fiabilidad para la valoración del control postural, ya se encuentran integrados en smartphones, lo que los hace ser una herramienta de bajo coste que podría permitir la evaluación de la estabilidad del tronco fuera del laboratorio.

OBJETIVO Analizar la fiabilidad de los acelerómetros integrados en smartphones para cuantificar la estabilidad del tronco durante los ejercicios de entrenamiento. Para analizar en qué medida los datos de aceleración reflejan el control de la zona central o un control postural de todo el cuerpo, se analizó la relación entre la acelerometría y datos posturográficos registrados mediante plataformas de fuerzas.

MÉTODO En el estudio participaron 14 hombres y 12 mujeres jóvenes y físicamente activas. Se analizaron 5 variantes de los ejercicios puente frontal, dorsal y lateral y bird-dog sobre dos plataformas de fuerza sincronizadas, registrando la distancia resultante del desplazamiento del centro de presiones. De forma simultánea, se colocó un smartphone debajo de la

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cresta iliaca antero-superior del lado no dominante y mediante una aplicación gratuita, se analizó la magnitud media de aceleración. Cada participante completó 2 sesiones, con una separación de una semana entre ambas. Para analizar la fiabilidad relativa y absoluta se utilizó el coeficiente de correlación intraclase (CCI2,1) y el error típico, respectivamente. Para analizar la relación entre las variables se utilizó el coeficiente de correlación de Pearson.

RESULTADOS La plataforma de fuerzas mostró valores entre moderados y bajos de fiabilidad relativa (-0.19<CCI<0.78), así como una fiabilidad absoluta por encima del 20%. El acelerómetro del dispositivo móvil presentó una mayor fiabilidad relativa con valores de moderados a altos (0.62<CCI<0.88) y una fiabilidad absoluta con valores inferiores al 20%. Por último, se encontraron valores de correlación de moderados a altos entre ambos dispositivos (0.68<r<0.75).

DISCUSIÓN La alta fiabilidad relativa y absoluta mostrada por la acelerometría en smartphone refuerza el uso de dicho dispositivo como herramienta de bajo coste para cuantificar objetivamente la estabilidad del tronco en ejercicios isométricos. La moderada correlación obtenida entre ambas herramientas podría deberse a que la información obtenida mediante la plataforma de fuerzas refleja el control postural de todo el cuerpo, mientras que el acelerómetro en smartphone representaría el control de la región lumbo-pélvica. Los resultados aquí obtenidos muestran el potencial de la acelerometría como medio para individualizar y controlar las cargas de entrenamiento en función del nivel de oscilación/control mostrado por un individuo durante la ejecución de los ejercicios.


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EFECTOS DE UN PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO MULTIMODAL DE POTENCIA DEL TREN INFERIOR Y ESTABILIDAD EN PERSONAS CON ESCLEROSIS MÚLTIPLE SOBRE LA CAPACIDAD FUNCIONAL Y LA FATIGA PERCIBIDA Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Readaptación y Prevención de Lesiones en la Actividad Física y el Deporte. II Congreso de Salud y Ejercicio Físico, celebrado en Valencia del 26 al 28 de enero de 2018.

Valero-Conesa G, Gomez-Illan R, Moreno P, Carpena-Juan C, Moya M, Reina R, Vera-Garcia FJ, Barbado D

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INTRODUCCIÓN

Comprobar los efectos de un programa de entrenamiento multimodal de potencia del tren inferior y equilibrio sobre la movilidad funcional y la fatiga percibida en pacientes de EM.

n=13) atendiendo a sus posibilidades de asistencia al entrenamiento (distribución no aleatoria). El GI completó 12 semanas de un entrenamiento mixto de potencia muscular del tren inferior y equilibrio a razón de 2 sesiones/semana. Como variables principales se evaluaron la movilidad funcional (“Timed Up & Go test TUG)”; la velocidad de la marcha (“Timed 25 Foot Walk Test - T25FW); y la fatiga percibida (Fatigue Severity Scale - FSS). Asimismo, se cuantificó los cambios en la fuerza mediante el test de 1RM y el pico máximo de potencia (Pmax) mediante un dinamómetro isoinercial en el ejercicio de media sentadilla. Debido a que los grupos mostraron diferencias significativas iniciales tanto en la media como en la varianza en el TUG y Pmax, se apareó la muestra “a posteriori” en base a dichas variables. Para ello se realizó un filtrado de los valores outliers (>2.5SD) quedándose un total de 17 participantes en el GI y 12 en el GC. Para analizar las diferencias entre-grupos se realizó un ANOVA mixto siendo el factor inter-sujeto intervención (2 niveles: GI y GC) y el intra-sujeto evaluación (2 niveles: pre y post). Asimismo, para analizar la relevancia clínica de la intervención se calculó tamaño del efecto (d) (Cohen, 1988) como la diferencia en el cambio medio estandarizado de cada grupo. El tamaño del efecto fue corregido de acuerdo con Hedge y Olkin (1985) para reducir el sesgo inducido por muestras menores a 20 participantes. Asimismo, fueron calculados los límites del intervalo de confianza al 95%. Los tamaños del efecto fueron categorizados de acuerdo con las recomendaciones de Rhea (2004) para sujetos no entrenados.

MATERIAL Y MÉTODOS

RESULTADOS

35 personas con EM (7 hombres/28 mujeres; edad 44.3±9.2; EDSS 2.2±1.0) accedieron voluntariamente a participar en el siguiente estudio, cumpliendo los siguientes criterios de inclusión: 1) estar diagnosticado de EM, y 2) tener una puntuación en la escala EDSS <4. La muestra fue distribuida en un grupo intervención (GI, n= 22) y un grupo control (GC,

Todos los participantes completaron más de un 90% de asistencia de las sesiones. El ANOVA mostró diferencias significativas en el efecto interacción (intervención*evaluación) para todas las variables. Concretamente, en comparación con el GC, el GI mejoro significativamente, con tamaños del efecto entre moderados y altos, los parámetros de fuerza [RM: Post:

La pérdida de equilibrio, la reducción de la movilidad, los problemas de la marcha y la fatiga son tres de los síntomas más frecuentes y que más incapacitan a los pacientes de esclerosis múltiple (EM). Debido a que los tradicionales programas de rehabilitación basados en ejercicios de equilibrio han mostrado una limitada capacidad de mejorar la marcha y reducir la fatiga, recientes estudios están analizando los efectos de aplicar programas de intervención multimodales (i.e. combinados) con el objeto de reducir de forma conjunta todos los síntomas. Los entrenamientos basados en la mejora de la fuerza se presentan como un medio complementario capaz de reducir la fatiga y mejorar la marcha de las personas con EM pero con limitados efectos sobre el equilibrio. Dentro de las manifestaciones de la fuerza, la mejora de la potencia parece una alternativa a los tradicionales programas de fuerza progresivos, ya que maximiza la capacidad de producir fuerza en acciones de corta duración. Aunque los programas multimodales de potencia del tren inferior y equilibrio ya han demostrado su efectividad en poblaciones como la del adulto mayor, bajo nuestro conocimiento nunca han sido aplicados a pacientes de EM.

OBJETIVO

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GI=122.1 kg; GC=70.0 kg; d=2.09 (1.11-3.06)] y potencia [Pmax: Post: GI=632.4 w; GC=414.6 w; d=1.52 (0.64-2.41)]. Asimismo, el GI mostró una reducción significativa en los test funcionales con tamaños del efecto pequeño [TUG: Post: GI=5.4 s; GC=5.6 s; d=0.56 (0.21-1.35)], [T25FW: Post: GI=3.0 s; GC=3.1 s; d=0.63 (0.16-1.41)]. Finalmente, el GI mostró una reducción significativa de los valores del cuestionario FSS con un tamaño del efecto moderado [FSS: Post: GI=34.0; GC=41.1; d=1.23 (0.38-2.07)].

CONCLUSIONES El entrenamiento mixto de potencia del tren inferior y estabilidad es un medio eficaz para mejorar de forma simultánea los problemas de producción de fuerza, y fatiga en pacientes de EM. Los efectos sobre la movilidad funcional y la marcha fueron pequeños.

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