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Homenaje

negación de que ellos tuvieran algo que ver fue tan rotunda como mis argumentos probándole lo contrario, que al salir el abogado me dijo: vámonos en el primer tren que salga, esta noche, tú no te puedes quedar en Huancavelica porque te desaparecen; y así nos fuimos sin poder terminar el trabajo proyectado pero sí hechas las gestiones fundamentales y el acercamiento a la familia de Ángel Escobar”. La despedida de la CNDDHH Pilar siempre consideró que no era indispensable para el trabajo de la CNDDHH, que siempre había posibilidad de encontrar un reemplazo. Por eso es que en el año 1991 dejó el cargo, aunque nunca se alejó de la causa y muchas veces su presencia fue decisiva en las asambleas nacionales o en las sesiones del consejo directivo cuando en ocasiones parecía que no había manera de lograr consensos. Justamente cuando dejó el cargo en el año 1993, escribió este mensaje, que transcribimos a continuación: “Al retirarme de la Secretaría Ejecutiva de la Coordinadora, quiero compartir con ustedes algo de mis sentimientos y esperanzas. Quiero

“Si no hubieran existido organismos de derechos humanos que denunciaran las violaciones y se atrevieran a hacer propuestas que garanticen el respeto a los mismos, hoy la situación sería mucho más grave”

comunicarles, aun cuando sea de un modo elemental, lo que ha supuesto el trabajo de estos años, codo a codo con muchos de ustedes, y mi preocupación por el confuso panorama de los derechos humanos hoy en el Perú. Ha sido un tiempo cargado de dificultades pero a la vez de fuertes estímulos. Por una parte, la sensación de que “estamos arando en el mar” a pesar de tantos esfuerzos y de las declaraciones presidenciales, las violaciones a los derechos humanos continúan siendo graves, numerosas y persistentes y esto es como una espina clavada, como un aguijón que nos espolea. ¿Habremos gastado en vano nuestras fuerzas? Son preguntas legítimas y me atrevo a decir, incluso saludables. Mi respuesta es clara: a pesar de la sensación de frustración por no lograr cambiar la situación y revertir tendencias, si no hubieran existido organismos de derechos humanos que con oportunidad y sin ella, denunciaran las violaciones y se atrevieran a hacer propuestas que garanticen el respeto a los mismos, hoy la situación sería mucho más grave. (…) Salgo de este trabajo personalmente enriquecida por todo lo vivido, lo grato y lo ingrato, que de todo ha habido en este tiempo. Las acusaciones que nos han hecho a los defensores de los derechos humanos, nos han dolido por injustas y falsas pero no nos han desanimado. Al entregar la antorcha, lo hago con la convicción profunda de que otros y otras seguirán en la brecha y que lo harán con altísima eficacia, con la experiencia acumulada y con la esperanza tersa de que a ellos les será dado ver lo que yo pude apenas vislumbrar: un Perú sin violaciones a los derechos humanos, en paz y justicia, sanadas sus antiguas heridas y en donde sea una realidad lo soñado por Pablo Neruda: “Los niños en la escuela y con zapatos El pan y la justicia repartiéndose Como el sol se reparte en el verano”

Opinión

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Opinión Yuber Alarcón

Derechos humanos: ¿para quién?

S

obre los derechos humanos existen muchas conjeturas. Se dice que protegen a ciertos sectores de la población, que sólo son para los terroristas, que amparan a los que delinquen o los que están al margen de la Ley. Para otros “los derechos humanos son una cojudez”. En suma, existen concepciones de todo tipo. Sin embargo, pocos son los que se atreven a decir que los derechos humanos son de todos los seres humanos, que nos pertenecen a todos y todas, y que estamos en la obligación de promoverlos, protegerlos y defenderlos. Los derechos humanos se definen como aquellos inherentes a los seres humanos sin distinción de sexo, origen y raza. La Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 1 estipula: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Corresponde a los gobiernos de cada país tomar medidas en determinadas situaciones o de abstenerse de actuar, a fin de garantizar y promover los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos de individuos. En nuestro país, lamentablemente, la violación a los derechos humanos ha sido una constante, agudizándose más en los años de violencia política. No obstante, superado este nefasto período, todavía se ven prácticas violatorias como las torturas, la discriminación y racismo, la criminalización de la protesta social, entre otras; que a diario se ven en los medios de comunicación. Habiendo celebrado un año más de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es tiempo propicio para reflexionar sobre la importancia de conocer nuestros derechos y de demandar a las autoridades su implementación y protección. Y no olvidemos que el mejor defensor de los derechos humanos es uno mismo.

Retablo - Revista de Análisis Político Regional

Retablo N° 49-50  

Revista sobre actualidad política y social de Ayacucho

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