Page 1

ocĂŠanos en trance

1


2


Francisco Garrido Biblioteca Digital Artesanal

océanos en trance a e Biblioteca i3 A rtesanal o Digital u

Cuadernos del Bicentenario Colección “Maestro Luis F. Iglesias” Cuaderno nº12


a, e, i, o, u Biblioteca Artesanal Digital. ” Este libro puede ser reproducido total o parcialmente, por todos los medios conocidos, dando fe de su origen y no ser con fines de lucro. Se entregarán como “Noticia de creación” un ejemplar a dos bibliotecas populares.

4


sueño anterior antes antes de mí cuando mi sangre aún no estaba poblada de palabras de ventanas sumergido en pleamar del color del sueño habitaba (sin ser) el interior del aire pero ahora que el color me habla pido a tu voz que me vista con el día: mapa tibio con hilos y aves que duermen de luz blanca día vos tan flor silente pero nada: 5


tu sombra no sos no me abriga el eco tuyo que gotea s贸lo el viaje quieto por un puente de voces y de fr铆o y chau cambialo por el mar aquel de manos tuyas que desenlazan de la verde luna el soplo en las alas madrugadas que tejen los caminos los ojos que son grutas donde el solaz de fulgor danza entonces vestite ya de selva de destellos de enigmas y s贸lo queda ser los cisnes que extraviaron el invierno sus metales.

6


nocturno estupefaciente Sentado sobre el amplio piso de mármol, con un "gaulois" entre los labios, contemplo el diáfano atardecer derretirse ante mis ojos. En la sutil atmósfera otoñal, impera un aroma de oboe y de violines escapados de un nocturno de Debussy. Desde el horizonte, los ecos agridulces de una séptima mayor me acarician las sienes con una ebullición de mil gaviotas de la isla de Madagascar, y las magnolias del jardín, tan iguales a tus senos, ríen; ríen como la lluvia con su risa de vidrios rotos. Más tarde, al extinguirse el día, la noche eyacula un paroxismo de luciérnagas.

7


a la experiencia de ver un cuadro de xul solar el ser es el poema yo sólo lo divago lo miento en círculos lo respiro de alba al sur de mí lo camino locamente y lo vuelvo pisando los restos exiliados de otras nadas lo recorro diariamente desnudo de habla y con el corazón hervido en llantos le pongo la máscara de perro azul que canta en los carteles y lo salgo a la calle me visto con el sin el me inundo de sonidos eléctricos y es triste a cada instante luego resguardado en acuarios de humo arriba del colectivo sentado en mis orejas para que escuche a las abejas vestidas de ausencia preludiando las baldosas de los patios con charquitos de almas las niñas de mis dedos lo solfean en la cima ardiendo de los plátanos salvajes lo vengo arrastrando desde hace tiempos hechos de arena veo a los gatos de frac de cartón tomando mate en la cornisa del desconsuelo y los albergo en el silencio de la noche virgen.

8


nada muros (a samuel becket)

muros muros no ni uno ni nada ni un portal incierto que desvele la mirada un único campo visual expansión de un solo ojo universo omniverso y fuera de él nada pero no no no hay portales que desvelen susurren o enciendan el azul inmóvil que no logra pensarse más que en latidos muertos dentro de sí mismos latidos dentro

9


mudos ya muros mudos ataviados con mortaja espermatozoide y cabellos trinos con médula de sombra rutilante en la cual me hallo me fundo ausente de mí mismo de mí sólo levitando en el vórtice del vórtice del tálamo abismal de la duda sobre espinas de niebla y como único remanso: el del cansancio el cansancio que puebla tu mi cosmos interno de árbol y se ramifica en cauces de diapasones con corola vítrea con esteros estertores enceguecidos que bien saben nutrirse 10


de la resina de los sueños fenecidos y los ecos del dolor proyectan su propio hastío ajeno sobre las nervaduras acuáticas de la palma de la mano del aire consternado gélido el cual yo habito y se persigue en cada perla del llanto ancestral de los más íntimos muros de la nada.

11


año transparente año transparente lago de dolor cada imagen que mi mano absorbe y que sólo puedo erigir sobre opacidades bosque incógnita noche sacame tu dendrita me pudre me aprisiona sienes como témpanos y ese no decir es la isla esa lengua en mi cerebro enorme recién nacido tan relámpago como inercia de lágrimas flagelo súbito de imposibilidad la cual embebo de crispada iridiscencia a cada instante vestido de mirar hay una escalera incrustada en la flor de mi tristeza y ahí vos mirándome desde atrás de los días pero el mapa de las heridas está en mi nuca parece un desierto constelado de ideas todas estremecen el llamado inasible tiritan un cielo que amamanta lejanía vos se la niña de voz celeste atravesá descalza playas en mi pecho me dispongo a virar en tu sonrisa huracanada puente hacia valles que susurran un patio en tu alma. 12


sin título trago un océano nimbado de pregunta y eso es vivir ser una parcela de silencio y vibrar vibrar como un bosque en una llama de quietud seleccionar un árbol que sirva de útero para mi luz exhausta y no esperen que diga pero sí también están los pastizales que amanecen mi piel con los reflejos tan impacientes y recobrando el verdor ceremonial que intenta descifrarme el amanecer es una habitación en algún rincón de mi cráneo a veces la busco y toco sus paredes y mi percepción se detiene, para danzar alrededor de sí misma con un ímpetu de fulgor heliocéntrico en eso consiste el ritual y miro.

13


pie fractal mi mente yacía en la sonrisa de un canto nebuloso y más allá, las planicies blancas sin saber las grises constelaciones prados de rigurosas campanas erigidas como un grito junto a mi osamenta de barro adormecido mi corazón de vástago expandía su fulgor entre la espuma conformando una voz circular mi sangre era espejo que contenía el silencio de las bóvedas que trascienden el párpado del cielo y los sueños enmarañados en la cima de sus ecos deletreando felizmente la conjunción de átomos del nudo verde y no me preguntaba el intervalo entre tu cuerpo y esos astros tu cuerpo de amable fractal.

14


tango ma non troppo ya no me importa la fanfarria de los puentes, los almibarados espectros náufragos crisoles boreales y su confesión de hojarasca; las plazas que atardecen reflejos agónicos de cigarrillo que se apaga; la madrugada con esencia de fragata, con su himen de ensueño; el horizonte mandarino con antifaz de hurón sumo pontífice que aplaude a la nada enardecida para luego desmembrarse en tristes fibras mendicantes; las pupilas de luna asfaltada y el ulular del fango.

15


ruby my dear escucho aquella versión de ruby my dear, por Monk y Trane, y afuera de los muros blancos, vislumbro la lluvia despeinada, me pregunto dónde termina cada nota para ser gota, para ser hambre, penumbras, mísera luminosidad. El solo de piano de Monk es como una pantalla gris de la cual emanan pájaros, es como una circunferencia doliente que guarda la conciencia de piedras exhaustas, sigo preguntándome si cada jirón del momento puede copular con el anclaje de humo de otro momento olvidado, en qué punto insípido de su planicie puede tomar color de tierra, y renacer al barro inhóspito, o si sólo es la ropa del diluvio, agua inmóvil de mi alma, recubierta de colores enceguecidos, a los cuales me obstino en nombrar con hojas secas y nombres ausentes, y tus ojos que me recuerdan a lo que excede a la cápsula de mi vida. destello de su iris constelado, túnel hacia dulces precipicios, océanos en trance, que irrumpen con sus luces de ternura enmarañada, por los pasadizos quietos de mi corazón flotante.

16


templo central donde fluye templo central donde fluye alguna vez fue la herida por donde la luminosidad quebraba mi habitáculo de dulce penumbra agua de sombra sin memoria estero del sueño invisible anterior al espejo que tejen mis sentidos (escisión a la cual me obstino en adjudicarme) tu voz de silencio coralino me impele hacia tu ciénaga de fulgor de sal desde una dualidad de pétalos donde dormir el fuego párpado magnético transido de alba selva hipnótica donde extraviar las palabras que recubren el color de mi mente quiero volver para emanarme que ya no sea yo, sino todo en mí en el sol que nace de mi cetro para fundirme en tu océano espiral doliente donde habita el universo como una mirada de topacio mirada eterna que sólo se mira a sí misma.

17


metempsicosis las oscuras lampreas que traspasan la inmensidad oculta desfallecen en muecas disecadas nada saben del desierto taciturno olvidaron la absorción solar de las calles en silencio que es como una música agria de peldaños que hacen frío centelleante es el nombre cuando desnuda sus pupilas amedrentadas por el fuego si la noche se lastima sólo entonces sabrán de mi partida hacia el sonido más callado y doliente de la luz.

18


she sustain the wings hecha de luna de aluna lunesinada de nada de palabras palabras y esfĂŠrulas de aire silencio y aire y acaso de ocaso de alma de auralma de eclĂ­psique de abismos de fragmentos de luminosidad de interestelĂĄgrimas de cisnema de alteraciones ectoplasmĂĄticas sucumbidas por antiguos mundos de amor de gris de mi de si de fin de sin de sol de sal y azul de ser hecha de.

19


poema

infancia latido inabarcable savia de amanecer soñado en los campanarios de mi mente desde donde mirarte y sos la aurora boreal que refleja los días islas claras o múltiples ventanas y entre sus bosques puertas encendidas de ya no pensar abismos y un destello que nutre a los espejos de alucinada blancura y ahí es cuando intento decir esfinge o risa hilvanada a través del alba como una cascada de reflejos con pies de lirios conmovidos de ser tanta música luciérnaga y mis ojos comienzan a parir jardines y te veo edificándome el sueño sin saberlo

20


escritura semi-automática

si el yo número me brizna me catapulto hacia el centro de mi sombra y digo y al decir paladar de tierra y todo ensimismado trashuma sin saber los cañaverales las humaredas vastas ocaso de manos ya vida que me rielas salvaguardándome cadenas ansias sin más pregunta que la lumbre misma candor sumergido simiente feto que sonríe delfines en los páramos vivero del sueño tanta pupila de dulzor anfibio.

21


lullaby mirada de muros tibios de mármol herido por la lluvia grieta en el sabor del otoño que sueña las pieles entrecortadas de hojas de olvido de vientos espirales mar ausente vida pequeña luminosamente frágil va fluyendo dulce por los túneles de la sangre del lirio sin señales gritando humo te nombro y empieza a desencadenar en el silencio: labio burbuja papel sonrisa fluvial sueño que amanece la pupila del agua ondas concéntricas en mi pecho risas la tarde es de té me inunda de tibieza de mi esternón sale el tren solo al nombrarte de gruta dentro de mí de aves agridulces sos este horizonte dormido entre mis sienes.

22


samadhi muero los pájaros premonitorios del alba ya lo soy verde fuego que grita en el corazón del viento y me dispongo a renacer en el solo loto cósmico atravesando la ceremonia de las luces que tejen el aire la mansedumbre de los puertos la infancia que se expande con manos de radar antiguo y que transmigra hacia el tan inmutable instante con su danza de las esporas lumínicas y nadas dalias anónimas que levitan en la omniversal conjunción de todo lo existente ya soy y sólo deseo sumirme en ATMAN que refulge con soles y ojos de eterno recién nacido.

23


a la espera suspensión sobre gemido azul tornado en las arenas de tu piel lento las vigilias son de luz intransigente aguas capullo sin mentes mares cuatro los pies alados mariposas al cristal reververancias que rebotan a tu cielo mata esta pesadumbre de rojos ambulantes glu glu los pastizales mueren sal en la memoria abrir de nuevo los confines inmutables rey apaciblemente atroz lame luna al aire despojado de magnolias estelares magnetización del hálito azulino oscuro agropecuario verde salto a tu pupila de nieblas oculares imaginarias deslumbra mi maniquí petrificado de amores tropicales tempestad asmática miradas atardecidas dialogan toda su aparición desnudando máscaras sin tiempo los nubarrones silenciosos sin mí por vez primera que triste la gravitación de tus orejas preciosas como diamantes vestigios del corazón ornitológico entiendo los mapas sin salvación cuando ya no memoria sufre mi ceja abandonada por tus bordes manchas de sinsabor en mi vástago que duerme al atardecer mira 24


sin sensación tus pestañas crisálidas de luces amables de faros castigados por tus lenguas calla las manzanas abiertas al bosque somnoliento hadas migratorias razones apagadas acuarelas de nada abrigan mi pecho atizando su hermosura espectral dominios del tiempo se me escapa de manos salvajes ideas sin criar las primaveras no sabrán de la existencia apaciguada princesa acústica y marfiles de cansancios maltratados de saliva hacia atrás las nubes convocan la partida a los fieles espacios luminosos florecidos de sandías especiales fósforo adioses desiertos al morir mirar miruar mar mir mur lamer la mer.

25


paradigma Iridiscente la pregunta es esa puerta desnuda fulgor inerte que vislumbra sus raĂ­ces inmemoriales amalgamadas al silencio de los cuencos lunares con descalzos jardines que dormitan entonces ahora que yo donde yo mi alma en la savia inmaterial de las piedras en la sombra del dromedario 26


en la corteza del ensueĂąo al exudar demencia en el ocĂŠano que no habla.

27


gymnopediè "regarde moi, et sois coulaire". (mirame y se color) tristan tzara

la cósmica y sublime esdrujulidad de tu nombre al descansar en mis labios secos de cartón piedra me resulta una suerte de caricia de humo y neblina y lasitud serpenteando entre la luces pálidas de neón y de hastío que tímidas iluminan con fría melancolía la noche vacua de ébano resignada como el tiempo cuando parpadean parpadean las glicinas del patio gris simétricamente confeccionadas con papel de cigarrillos áridos y macilentos como luna la luna sobre la plaza de San Sulpicio empapando de luz de sombra a la nostalgia cansada que duerme sobre un banco polvoriento 28


tapado con el diario del domingo del domingo de ramos de ramos generales generales soldados sangre alcohol etílico rhum indú derramado sobre los cristales cristales bacarat barcos buques de guerra de guerra de garra de coatí australiano Austria sastre desastre Jean Paul Sartre Jean Luc Godard Paul Gauguin vahiné Vailima bambú ámbar cosmos.

29


a Salomé es un presagio violeta una orquídea abismada como una sombra transmigrante un alma de estero telegráfico que levita para ser un cisne uniendo todas las galaxias en un tácito rumor rojizo de espectrales frutas pensadas como suspiros giratorios el plañir de las plazas nevadas prados de arpas en el lugar donde juegan los antílopes florecidos en trance resguardado tanto por las paredes de preguntar y la mañana como una túnica en su inmensidad de mínimo fulgor ultrasonoro ella es su propia corola.

30


hablaste

como un valle me hablás ya no está la ciudad incrustada en mi pecho donde gravitaba el orgulloso dolmen y la luz me toma de la mano surgida del centro de mi silencio miro las cosas como fragmentos de un panal iridiscente todo un gran acuario sonríe en mi hipotálamo como un desván que resguarda un suspiro arbolado y me lleva a despojarme, y verte constelada diciendo.

31


pensée

Absorbo una piedra que además de ser un accidente compacto y corpóreo es llave que da luz a mi bosque petrificado que está acá desde cuando yo era una piedra y la piedra era un pensamiento parido por un silencio irrepetible y ahora que el bosque es de palabras fragmentos nebulosos que forman un puente eventual el mar aprisionado es el que habla y va en el rayo y ahí es donde voy.

32


nocturnidad (rock and roll) uh!, dime nena ¿cómo cruzar la nada a nado? anonadadamente sangra silencio a lágrimas translúcidas y bocanadas de hastío en un rapto de ruptura en un delicioso delirio licensioso de lirios en un rayuélico suspiro que nos enciele las pestañas los parametrales párpados oh!, triste nocturnidad melalcohólica espesumbre oh!, triste nocturnidad de sueños diafanizados con andenes de luna en las mejillas con cardúmenes indefinibles de anhelos extraviados en tranvías dormidos

33


no tengo ganas (a Philip Soupault, Samuel Beckett, y los barrenderos de Villa Caraza) tengo que decir pero hay un océano en mi cráneo que grita numismático y vaporoso como los abismos que se ramifican lentamente en el tablero de ajedrez de las uvas que silban como una enredadera en mi espina dorsal hay un sol cantando el metal de mis extremidades el sur es un pie y es un péndulo de risa en el vórtice mismo de un dolor primaveral antes, la aorta es la entrada al bosque que susurra penumbras, árbol que es un párpado cerrado detrás del sentido de la palabra llama plana y gris me falta decir tiempo.

34


estoy sentado, sí, pero no estoy estoy sentado, si, pero no estoy. de pronto es cuando se abre el vórtice por encima del hogar a leña, me precipito, llego dando vueltas en el aire, sobre mi mismo, levitando, y así es como entro en el vórtice luminoso, donde todo se torna sueño; y al sumergirme amanezco en el habitáculo azul, tibio. allí donde me aguardan las criaturas del silencio y me abren sus manos y es cuando brotan los cipreses; cuando alegres florecen los soles y el cristal llueve en el universo invisible que flota. el amor hace reír a los astronautas, las criaturas se ríen y me abrazan, se ríen de las palabras de este universo que miente. las flores se encienden y salen de sus bocas, me convidan a pasear por otros cielos y praderas que cantan al rocío de la aurora, pero el pasto se destiñe y se derrite el aire sobre las copas de los árboles huecos. en el centro, un enorme baobab me saluda, las criaturas en ronda me señalan el camino 35


y a los costados, los puentes de mimbre me danzan. dentro del baobab hay pasillos blancos. en el primero duermen los trenes todos los trenes que ví en mi vida, bajo este estado de conciencia que no soy yo, sino lo que percibo. reconozco trenes familiares, instantes que se mueven; vuelvo a cada instante, todos juntos son este mismo, todos son el mismo, todos son ahora. este tren llega desde detrás de la noche, lo recuerdo, y al fin lo veo irse, y cuando vuelva será otro tren. me veo incompleto en un viaje hacia el éter. camino entre los carteles intermitentes de un anden oscuro; trato de procurar entereza y olvidar la llaga noche, que me duele y es como estar con alma desnuda, que tirita, y siento las espinas, las heridas refulgentes. es víspera de la fiesta patria absurda y gris, después llego y me duermo con esperanzas de que el tiempo se detenga. y ese tren, lo veo, está triste, no logra conciliar el sueño; lo reconozco por su reloj, que me dice un nombre y lo repite y nadie lo escucha, en medio de un océano de ideas que me anestesian y se vuelven a fundir con el aire, 36


y yo espero y me pregunto. el tren es rojo, corre, se agita, pero no me lleva hacia vos. hay mendigos, la tarde sólo aprendió a sangrar pero se consuela al menos con un ramo de música, prefiero olvidar. hay otros trenes, grisáceos, místicos, nocturnos, heroicos, y gente, mucha gente. me asomo al siguiente pasillo. veo que duermen los pájaros, todos los pájaros que vi en mi vida. una bandada se expande desde la cima de las luces de la plaza. se escapan hacia distintos puntos pero en un punto todos se transforman en el mismo pájaro. y hay otros pasillos blancos donde duermen todos los que fui. en el último veo a todas las voces. las voces de todas ellas que son la misma. me voy en silencio para no despertarlas. cierro suavemente los ojos y soy árbol.

37


paisaje asimétrico no sé desde qué paisaje miro cuando sos mi viaje, un navío donde pensar un crepúsculo en la frente; duermo un bosque profundo y despierto entre abedules de los cuales penden jeroglíficos amigables, me invitan a bailar, y me olvido de la danza y toda mi conciencia se descubre en un párpado acuático, entreabierto. subo las escaleras de mi propia columna vertebral, y siento el cansancio de ser un libro, apretado entre mis sentidos yuxtapuestos, y en un suspiro, abro la boca y se escapa una legión de praderas que comí cuando era niño. en la melena de túneles con paredes escritas me extravié reconozco un monumento con rostro de espiral que canta.

38


antena en medio de un bosque abrazar a un caudal y que mi espejo se neutralice y toda la columna que abrazo se vuelva tierra, y yo, tenue liquen en medio de una insurrección de perfume. abrazar a un océano y en mi mente, gestándose un paisaje táctil, de selvas, de sedas, y todo un dulce vergel que en su mismo interior danza, y los grillos, y la noche a mis espaldas. los dos floreciéndonos hacia un mismo cielo que nos puebla.

39


elegía grisácea estación donde arribar para que el aire se torne libélula y me aguarde un cristal un tanto embebido en lluvias desahuciadas y un jardín, del cual sólo sus palabras y sus manos son los puentes este paisaje profundo se encierra y se diluye y un abeto se incendia en mi corazón sin decir palabra.

40


somniloquio ante el requerimiento de las partículas y las cuerdas de cantar interrogante, ante los tendones orgullosos de un pensar ambivalente. ante la torre que parpadea y la noche, que me vuelve un feto insólito, finjo una reverencia que me electriza las entrañas y la arrojo al vacío; estoy de rodillas frente al croquis del ocaso, que me deja entrever un destello con perfume a oboe, que me unge con plazas atiborradas de jazmines. voy a articular un sol frente a vos y enjugarlo en la beatitud de mieles azules, en el cántaro ceremonial, que es mi cráneo; voy a delatar al sótano de una mirada, y expulsar el plasma gris que tengo clavado en el hipotálamo, y convertirlo en una flor.

41


exótica al leerte los cabellos, comprendí tempestades enredadas bajo tus pies, que son islas de coral; mientras, halo lunar insomne, te veo caminar ataviada de dalia, con el rumor celeste de las auras al unísono. absorta y embebida, con un cuerpo de nenúfar, sos un pálpito permeable ante el sol y los inconmensurables gestos de todo lo que vibra. despertás, luego de tu canto levitante de extramuros, y de tan blanca te quebrás, se te escriben horizontes de sucesos en tu retina de papiro. tu forma se llena de reflejos, tu sueño se comprende como un prisma, recomponiendo, entre las voces desconocidas, la inexorable fauna de tu idioma.

42


un autre pensée al dormir me convierto en una escalera y logro ascenderme hasta la celda florida que en mi mente se multiplica días y noches como innumerables muros esparcidos a lo largo de un perfume nebuloso y celeste y tu nombre escribe los jardines. tantos siglos grabados en pensamientos petrificados, y lienzos que cantan lo grisáceo de los trenes tantos horizontes senoidales en arterias solares nacen en un ser níveo y oscilante, que habla entre los esteros del ahora y sueña una fosforescencia salvaje y ceremoniosa. una niña con cabellos de catedral se descalza ante un río que sale de sí misma y me llega como un eco tibio y vertiginoso te sigo llamando río, para que me reconozcas, y espero y te llamo con toda la esfera de esta música habitable y todos nuestros gestos son de un orden cósmico no imagines galaxias desmesuradas que hacen 43


muecas de gloria mirá tus manos y reconocé las montañas y las palabras primigenias. sigo guardando un espejo inasible que resguarda los signos entre nosotros y el polvo que lo cubre, dibuja sonatas entre suspiros. quiero verte sonreír todas las constelaciones y ser tu cercanía quiero cerrar los ojos y ser un incensario en tu ermita más niña y que tu voz anide.

44


no antes que nada, te pido a gritos que no me entiendas, que no creas que estas palabras encriptan algo, que no creas que este texto es más que una pared, y a la vez, ni siquiera una pared. no lo comentes con otros lectores, no pases demasiado tiempo leyéndolo, no creas que detrás de estas palabras hay algo más que excreciones y humores y miasmas con sonrisas mohosas: apenas termines de leer: sacá a pasear al perro: andá a comprar pan: comprate una corbata bordó: viajá en tren: y después hacé todo eso junto, al unísono mientras silbás la marsellesa al revés y repetís incesantemente en tu cabeza el alfabeto sánscrito. en eso, exactamente en eso consiste la sombra de mi hígado.

45


anhelo de transferencia afásica de algo lindo e inefable conjeturo un mundo en una figuración del adelante y a la vez mudable y quieto mientras camino. al dispararnos hacia las cosas tenemos un poco de distancia en la piel y dejamos un poco de ella en todo y ese asimétrico desperdigar lejanía en todo lo que nuestra superficie devora genera ese viajecito intransferible impreso en nuestras huellas intenso y a veces gris y la cotidianeidad reducida a un papel de diario pero hay otro mundo, de aura sonriente y estamos nadando en él en ese mundo estamos libremente enlazados y te miro y me siento parte de algo y me detengo y aunque esa acción sea muchas veces siempre es contemplarte más real las ondas expansivas de un suspiro estamos surcados por voces translúcidas por un vidrio grabado de noches agudas 46


un abrir los ojos ante una maĂąana nebulosa como nacer. estoy tan profundamente embebido de esta desnudez extraordinaria que comienza a expandirse ceremonialmente cuando descalzas tus pupilas frente a mĂ­ y brillas, hermosamente inerme, brillas. o cuando mi sueĂąo te oye refulgir.

47


connivencia

me regocijo en este microcosmos azul mi cabeza como una cúpula ornada de vegetación se despliega a lo largo de un sentir perplejo de constelaciones me dispongo a abrir los ojos a un remanso, a un amanecer de manos lúcidas y todo está repleto de manzanos y valles y cascadas de luz violeta acá está la galaxia, entre la hierba, en este silencio ceremonial que me circunda acá están todos los lenguajes latentes que conforman este viaje, y todas las criaturas edificadas con las luces, enhebradas en un latido que confirma al universo acendradas en un paisaje de conciencia conmovidas ante el ritmo del océano ante las alas imbricadas de un jardín la vulva luminosa de la tierra

48


ya sea o quiero que sea ya sea papel o galaxia, quiero que sea un lago, y me sonría. las paredes de mi habitación son sienes de niebla amarilla, guitarras que titilan el canto de engranajes solares. y sin querer, ya me voy detrás de las pestañas de un atardecer tan circular. pero sigo acá, en este vértice desde donde me miro cuando paseo más allá de mí, y siento las cosquillas de un espejo hecho líquido en la nuca. y te escribo feliz, porque al escribirte, todo yo transmuto en un pincel y me zambullo en el sueño, para embellecer las veredas inconscientes, y por ahí camina mi sombra estremecida, dibujo su propio estremecimiento, y me acuerdo de cuando mis ojos son dos gotas en la región que habla. de niño imaginaba rostros amables en el crepúsculo, pero ahora siento que ese rostro es real y también es otra habitación.

49


jazz neurálgico

recién abro los ojos cuando entro al estómago de la vida; pared que sonríe, calabozo que sonríe, arcoiris mutante a mis espaldas, espaldas calcinadas por la lluvia, por la lluvia interrogante. paradigma de felicidad, una sombra edulcorada de la muerte. nazco una sombrilla.

50


por virtud de negación y de pronto, aquí, con este lenguaje, estos dedos, estos ojos, estos recuerdos, tan algebraicos y grises tales como tumbas; como si fuera real todo este sofisma histriónico, perverso de yo; como si desde eternamente fuese yo y no me encontrara en este instante perdido en la inmensidad; como si hubiese elegido mi condición, mi mismidad, mi vida, mi sexo, mi idiosincrasia y redactar mi propia defunción conceptual bajo reglas semánticas, arbitrariedades que utilizo, como si me perteneciera la sustancia y no sustancia que creo ser. Soy esto mismo que pienso, misma ironía y resignación, bajo las alucinaciones del tiempo: días, noches, horas, segundos, sueño, vigilia, ausencia, 51


repetición de fragmentos secuenciales de mi, si es que eso soy, y la abominable lucidez de aniquilarme como centro, como deidad, como ídolo de aquello que desconozco. Reniego, ululo, grito, retuerzo mi nada ante el cosmos; quiero desmitificar mi yo mas premeditado, vaciarme, negarme, no ser de una vez por todas y perderme en la ciénaga de silencio, de todo, de desconocimiento, de ausencia. Como si fuese dios de lo que no soy y me recreara a cada instante. No, no me he elegido, no soy mas, reniego; reniego de mi con toda mi constelación de aspectos humanos y deshumanos, me libero de toda miseria y me apacigua no ser y gritar crispado, delirante, autoirónico, con todos mis agostos excitados, todos mis ojos, dedos, recuerdos, instantes, negaciones, recuerdos, gritar: NO!

52


alfombra sigilosa acá los árboles diciendo y todo se ramifica en innumerables pasos traslúcidos y aparece el tiempo como una ameba vestida de azogue humana inversión del grito que tornasolado rebota en los milagros con paredes rugosas, un tanto, pero madres ritmos que paren el abismo y yo alrededor ciñéndome. al girar me veo el hipotálamo y me reconozco en sus jardines colgantes híbridas sonrisas, tal vez cisnes y tal vez absolutorias ausencias domésticas parecen cadenas, o un desierto errabundo tan certero como el ritual del molinete del subterráneo que es la noria de esas galaxias que penden de los naranjos callados como suspiros ¿qué decir?, ¿qué morir mas que la piel como simple balsa? la del día que es candil de bocas tan estremecidas, al recordar su inmensidad.

53


riendanse nadadanza bailo una danza esquizofrénica en cada partícula de tu ser, en cada célula que te constituye, yo soy mi propia danza. y bailo en las estepas de tu frente, en el océano pacifico de tus ojos, en el pavo real de tus pestañas, en el tótem de tus narices, en las brújulas de tus oídos, en el hipopótamo negro de tus tímpanos, en el horizonte rojizo de tus labios, en la vía láctea de tus dientes, en el húmedo calamar de tu lengua, en la torre eiffel de tu traquea, en los nenúfares de tus senos, en el desierto del sahara de tu vientre, en la gaita escocesa de tu estomago, en el bandoneón que pichuco toca en tus pulmones, en el gong de tu corazón, en los aljibes de tus manos, en las araucarias de tus dedos, en las liebres de tus pies, en los iglúes de tus tobillos, en el reloj de arena de tus muslos, en el microcosmos de tu útero, en el delfín azul de tus trompas de falopio, en tus ovarios, 54


en tu cerebro, en tus arterias, en tus nervios, en tus glándulas, en tu alma. yo soy mi propia danza; bailo, bailo al compás de una gymnopedie de satie que alguna deidad me silba al oído, bailo, y cuando me canso de bailar, mis células comienzan a dilatarse hasta estallar, dejo de ser yo para ser nada y me caigo en el abismo de tu tiempo, y me vierto en tus entrañas, y me diluyo en tu plasma, y me disuelvo en tu eternidad. . . soy nada.

55


a quelles choses elle me rapelle? (a que cosas ella me recuerda?) a la nada, a la nada, a la nada, al silencio, al topacio, a las magnolias, al rocío sobre el pasto a las seis de la mañana, a la brisa sutil de las tardes de estío, a un libro grisáceo con sonetos en francés, a las vocales de Rimbaud, al cáñamo, a la menta, a los anillos de saturno, al aroma del limonero, a la luna, al empedrado de una calle de San Telmo, a la tibieza, al océano, a los violines. a las flores acuáticas, a las muñecas rusas, a los vitrales de las catedrales góticas, a los álamos, a las nubes y los archipiélagos, al antílope, al alba, al cristal, al sueño, al amanecer visto desde una montaña de Nepal, al adagio cantabile de la Patética, al amor. al colmillo de marfil de los elefantes blancos de la India.

56


Estoy en una habitación (lo ineluctable). Estoy en una habitación. No sé cuándo entré. Sólo sé que estoy en una habitación. No sé dónde estaba antes. Sólo sé que estoy en una habitación. Ahora sé que estoy en una habitación y que mi recuerdo se va haciendo cada vez más nebuloso, progresivamente, hasta la invisibilidad. Cada una de las paredes de la habitación tiene un color distinto. La habitación es pequeña, tiene la forma de mi cuerpo, pero tiene infinidad de paredes, todas de distintos colores; muchas de ellas, no sé cuántas, todavía no las vi, o quizás las paredes siempre son las mismas, pero sus colores son mutables, y todavía no adquirieron la infinita, o cuasi infinita variedad y combinación de colores posibles. De todos modos, paradójicamente, la habitación sigue infinitamente pequeña, y me asfixiante, quizás cuando lo pienso, quizás cuando lo pienso y lo siento, y 57

quizás siendo resulta y más digo, y


afirmo "esta habitación es infinitamente pequeña", pensamiento que me ahoga, sentimiento que me ahoga, ahogo que se piensa, ahogo que se ahoga y que vuelve a renacer. No sé, no sé dónde estaba antes, no sé, no sé si estaba antes, si hay un antes, si hay un lugar o un estado en el cual poder haber sido antes, que ahora, y el ahora es sólo "estoy adentro de una habitación"; estoy tan acostumbrado a estar aquí adentro, que el hecho de pensar en otra habitación, o en un afuera, me resulta casi inverosímil; a veces quisiera que hubiera un afuera u otra habitación, pero luego logro reconocer una dicotomía entre ese posible afuera inaccesible, y ese pensamiento, esa construcción del afuera desde una "casi nada" conceptual, ese erigir un afuera desde "sólo esta habitación", que incluso no sé si atreverme a llamarle "esta", ya que no sé si hay "otra". Pero en el momento en que comprendo que "esta" habitación, también puede ser "otra", contemplándola desde la nada, o "casi nada", como antes dije, la habitación llega a ser tan inverosímil como esa "nada" integrada por el vacío conjetural, habitado por todas esas posibles cosas, o no cosas, que no son la habitación. Como antes dije, me asfixia estar adentro de la habitación, porque no sé nada 58


más que esta habitación, y en el caso de saber algo más que eso, no sé dónde buscarlo; si la misma habitación puede tener un vestigio o una suerte de señal de algo ajeno a ella. O no. Ante esa asfixia, puedo hacer varias cosas: como esa asfixia es anterior a la comprensión de la misma, a que la asfixia adquiera un nombre y una forma, puedo, inconscientemente, pensar que la asfixia no me la produce el hecho de estar adentro de la habitación, sino el desconocimiento del posible afuera; como dejo de contemplarla desde la nada, la habitación y el afuera ya no están a un mismo nivel; entonces logro aferrarme a la habitación, como en un grito, y trato de eclipsar el vacío con el color de las paredes, y lo logro, lo logro mientras esté adentro de la habitación. Algún día voy a salir, pero como el posible afuera, o la posible otredad, no las concibo como reales, posiblemente tan reales como la habitación, no me importa, finjo que no me importa. Y sigo contemplando los colores de las paredes; y dejo de reconocer la dicotomía entre el pensamiento que intenta concebir el afuera, y el posible afuera, en sí mismo. como si ese posible afuera, fuera únicamente un pensamiento, que puede ser 59


eclipsado por los colores de las paredes de la habitación. En esa situación puedo llegar a sentir, pensar y afirmar: quiero estar en esta habitación, estoy bien en esta habitación, yo soy quien elige estar en esta habitación. Elección falaz, ya que no puedo estar en otra habitación, o afuera, o nunca haber estado en la habitación, por decisión propia, pero me olvidé. También puedo, al tomar conciencia de mi asfixia en la habitación, decir, no, no quiero estar acá, no me gusta estar acá; si, las paredes tienen colores, pero estos no son más fuertes que la asfixia, incluso, todo lo contrario, los colores me recuerdan a la asfixia, y la comparación entre los colores y la asfixia, hace que los colores se tornen amargas caricaturas de sí mismos. Entonces, puedo convencerme de que no hay otra habitación, y no hay un afuera, pero que sí hay una ausencia de los mismos, una inexistencia, y refugiarme, aferrarme a esa posible inexistencia, como en un grito; y creer que no puedo elegir estar en esa habitación, pero sí puedo elegir no estar, y no haber estado nunca, y hasta destruir la habitación, sin saber que existe la posibilidad de que al destruirla, afuera sólo haya una infinita y todavía más asfixiante ramificación de habitaciones. 60


Pero también puedo decir: no sé qué hay afuera de esta habitación, no se si hay un afuera, es imposible que yo quiera estar en esta habitación, ya que no puedo querer estar en otra habitación, o fuera de la misma, y tampoco puedo desear una inexistencia, ya que nadie me puede afirmar que realmente haya una inexistencia, fuera de mi intento de concebir una inexistencia, y hay una dicotomía entre esas dos posibilidades. Pero sí, estoy en esta habitación, no puedo negarlo; e intentar aceptarlo, en vez de desearlo, y adquirir una lucidez que me permita estar en la habitación, no para querer estar, ni para querer no estar, sino para estar, porque uno ya está, sin querer nada, y que lo que uno realmente quiere, se vuelva real, pero invisible, y que ya no nos asuste esa invisibilidad; ese es un estado paradigmático; quizás los otros estados, dos o más, y en estado de intermitencia y con matices entre ellos, no sean negativos en sí mismos, y sean necesarias sustituciones funcionales de ese estado paradigmático, aunque quizás haya un estado más paradigmático todavía, el cual no puedo negar, así como tampoco puedo negar su inexistencia.

61


Un agradecimiento a Dios, al Bhagavad Gita, a Manuel Martinicorena, Pablo Lange, Francina Arcuri, Iván Fernández, Hernán Risso, Ignacio Alvarez, y todos los amigos. A Salomé Oviedo, autora de la portada. A todos los autores y personas que me impulsaron a crear. A Tom Lupo, Mosquito Sancineto, Gabriela Borrelli y a todos los poetas del Movimiento Dolcevique!.

Terminado de imprimir en San Andrés el 4 de noviembre de 2010

62

Océanos en trance  

Poesía de Francisco Garrido

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you