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Norte /Sur

Director Pedro Salvador Ale

Consejo Editorial México: Roldán Peniche Barrera, Juan Carlos Barreto, Raúl Cáceres Carenzo, Javier España, Heber Quijano, Jorge Pech Casanova, Martín Mondragón. Argentina: Eloi Jeandrevin, Claudia Prósperi, Mario López, Cecilia Bofarull, Julio Antonio Corigliano. Chile: Waldemar Verdugo Fuentes, Pablo Guíñez, Edmundo Herrera, Delia Dominguez. Uruguay: Jorge Mafud, Melba Guariglia

Prensa y Relaciones Públicas: Celeste Ramírez Difusión Cultural Buenos Aires: Julio Antonio Corigliano Estado de México: Jorge Manuel Herrera

Norte/Sur es una publicación independiente de editorial Norte/Sur Isauro Garrido 203-4 Col. Electricistas. Toluca, México email: salvadorale@yahoo.com

Nueva Época

Año 7

Número 21

2010

Saúl Ibargoyen Gran cambalache y otros versos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 Nosotros y un ¿por qué?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 ¿Verano? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5 Más preguntas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6 Antes después el humo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 Un gato Rojo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8 Sin. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 ¿Septiembre?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10 Olor presente. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 Aritmética . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12 ¿Dos voces?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 Sábado vacío. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14 Insomnio soñado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 Breve visión de Campeche . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16 Gaza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17 Huaraches rotos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 Poesía uruguaya actual- Muestra mínima Selección y presentación de Melba Guariglia. . . . . . . . . . . . 20 Jorge Arbelche, Washington Benavides, Luis Bravo, Selva Casal, Dina Díaz, Roberto Echavarren, Julia Galemire, Roberto Genta Dorado, Melba Guariglia, Silvia Guerra, Jorge Meretta, Mariela Nigro, Álvaro Ojeda, Miguel Ángel Olivera, Tatiana Oroño, Marcelo Pareja, Silvia Prida, Sylvia Riestra.

La literatura gauchesca y la modernización del Uruguay. . . 35 Blanca Álvarez Caballero

Editor responsable: Pedro Salvador Ale Número de certificado de licitud de título: 9907 Número de certificado de contenido: 6935 Número de reserva al título del autor: 00308396

Los textos aquí publicados son en su totalidad responsabilidad del autor. Norte/Sur aunque los publique no se hace respondable por su contenido. Prohibida su reproducción total o parcial si se omite citar la fuente.

Portada: Saúl Ibargoyen (archivo personal) Fotografías de interiores: Manuel Ameneiros

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Saúl Ibargoyen (Montevideo, Uruguay, 1930), vive en México hace décadas. Su obra poética y de narrativa abarca más de 50 títulos, editados en México, Cuba, Portugal, USA, Uruguay, Paraguay, y Venezuela. En cumplimiento de actividades culturales ha viajado por más de veinte países de América Latina, Europa y Asia. Ha recibido numerosas distinciones por su trabajo poético, entre ellas, el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer.

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Saúl Ibargoyen GRAN CAMABALACHE Y OTROS VERSOS (2000/2009) Versos con libro 1. “En medio de las ruinas de esta ciudad tan solitaria sólo crece el polvo con sabor a miedo.” KWON DONG-HO

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Nosotros y un ¿por qué?

¿Por qué descender llorando el espacio que subimos a plena carcajada? No dejemos que una sucia altura nos domine: no que los fragmentos del denso verano se deshagan en una fiesta de tambores congelados: no que las calles repletas de vientos amarillos ya no se parezcan a las puertas del mundo: no que las aguas de un gran río ensanchen su negror de roncos esqueletos: no que las guitarras enterradas en los múltiples árboles se extravíen en su hambre cocinada con absurdos silencios: no que las muchachas se partan la entrepierna en el oficio colosal del pronto jadeo y las pieles oxidadas: no que las sombrías nieblas de verdugos antiguos aún se alcen se propaguen: no que la propuesta esplendente de cada astro se disperse entre luces de muertas energías: no que estos tan humanos y no lavados dedos -con su cauda de letras negras y gestos estériles y caricias descompuestasasí como son toquen cada sílaba de tu hermosura inmediata y sin fin.

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¿Verano? Hay hojas de otoño que mueren en verano. Y pájaros vulgares sin jaulas y sin cantos. Pero hay materias transparentes que fluyen con zapatos de piedra en medio de un aire anestesiado por la luz: la misma luz de un estiaje engendrado en otras galaxias en otras noches viscerales de lunas y de astros: oscura carnalidad de intangibles gotas o impulsos que jamás serán una verdad sin regreso en nuestra memoria. Porque el verano espera con sus lúcidas redes de roja tiniebla a todo extranjero que abra vestiduras y cuerpos en mercados y burdeles en playas y plazas. Los ruidos de multiplicado nacimiento trizan lienzos rostros muros cristales árboles reunidos y finalmente son llevados hacia el sol adonde ya arden los otros veranos con su carga de médulas y hojas calcinadas.

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Más preguntas

¿Estamos aquí como una banda neutra entre el azul y el rojo? ¿Qué colores son esas huyentes diluciones de una luz capturada por estos observados ojos que también se diluyen? ¿Y esas bocas trazadas por la invención de un sueño habrán sido el impulso que extrajo de un cuerpo quemado por hambres y metales un momento necesario para el frescor del aire? ¿Estamos porque es imposible no estar porque es dudosa la respiración de una piedra calcinándose entre los huesos de un lagarto destituido por una piedra mayor? ¿Es honroso preguntar por qué estamos aquí rasurando calabazas y manzanas despellejando frijoles adolescentes iluminando el agua incansable del café? ¿Qué validez hay en estas preguntas que vienen a nos como banderas pudriéndose como torpes acertijos como una oscuridad de infanta manoseada como pájaro devorando sus plumas para así volar? ¿Quién autoriza quién da su fe quién otorga su ánima de fiador para que podamos preguntar por las razones de verbos y adjetivos por la sombría carnalidad de todos los cánticos por la tenue cicatriz que oculta las fiebres que caerán sobre el dolor vencido.

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Antes después el humo

Un astro creciente suelta tribus o pueblos de hormigas bermejas. O tal vez perros de lengua escarlata o escorpiones de vientre enfuegado o tangibles águilas de rostro candente. No existe un infierno tan humano en tales propuestas: solamente la ley que azarosas partículas desvelan. Hay sí en el costado más siniestro de invisibles humaredas gruesos costillares que casi no resguardan el cuerpo interior de cada criatura en su combate con el intenso vacío que suele rugir hacia el mañana. Porque todo futuro ya pasó. toda palabra se esfuma en su pretérita saliva: todo gesto de la mera carne es ceniza volandera que apenas percibimos: porque todo tiempo escapa de la falsa eternidad que pretende atraparlo: porque todos los labios besados se resecan antes del beso último: porque toda muerte abre su dudosa oscuridad para el engaño de que somos simples ausencias defenestradas y buscándose. Y aquel astro se extinguirá como la voz de un fósforo deslizándose hacia una hoguera que nadie encendió.

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Un gato rojo

¿Sabes tú en que lugar nacieron estos árboles desgastados por el aire? ¿Sabes tú sus nombres suyos o debes inventar apellidos morados y seudónimos verdes? Sabes sí que entre ellos no habitan los volcanes que respiran en tu joven memoria. Sabes también que un gato rojo pasa entre jacarandas ceibas sauces plátanos eucaliptos y aquellos pinares profundos adheridos a otras playas. Pasa el animal con su cabeza sola como un resplandor bermejo diseñado por el sol. ¿Sabes tú por qué de pronto se detiene en las ricas dimensiones de tu mano? ¿Sabes tú o alguien puede saber por qué sin dar anuncio ni alarma alguna simplemente el gato extranjero llora? No conocemos la íntima sustancia de sus lágrimas ni el delicado alrededor que su luz enrojecida nos alcanza. La sola cabeza de este gato solo se apega a otros dedos tal vez a otras palabras y una espuma pasajera se abre buscando los indecisos tamaños del mundo.

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Sin Sin pelambre ni pelo disuelto sin atristada melena ni calvas resonancias sin cerdas segadas ni mechones duraderos sin secos pelajes ni barbas caedizas sin guedejas de oro ni vellosidades turbias sin cejas pilosas ni pestañas muertas sin espejo de confusa eternidad sin jabones atorados en los poros sin aromas de manzana profunda sin toallas siempre derrotadas sin sandalias para patas solas sin camisa y su esqueleto destruido sin lienzos picoteados por la sangre sin calzas bermejas desteñidas sin opaco pantalón despiernándose sin paños que cubran los vellos interiores sin aquellas dos sombras desnudadas de un cuerpo como una infanta final de otro cuerpo como luminosa chavala actualizándose: Así no más sin todo eso.

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¿Septiembre? (a Leandro, mi padre, muchos septiembres después)

Llegaron otra vez sin aviso y sin violencia los transitados días de septiembre. Una angustia de polvo insurrecto se revela en la hondura de aquellas narinas que vuelven a respirar las imágenes de sudores y fluidos extendiendo su oscuro plasma en las sábanas que el padre del hombre con su último cuerpo enfrió. Los días de septiembre son de rígido aire han perdido su tejido de silencio palabrero su humedad esplendente de posible primavera: solamente se percibe una sucesión de finas galaxias con su piel de ceniza con su esplendor de huesos desmenuzados. Nadie se abraza a las horas de cada día de septiembre resurrecto porque otros meses de otros años infiltran sus raíces en relojes y almanaques en campanas y máquinas. Y ya no se sabe cuál es el nombre de aquel septiembre hediondo y poderoso creciendo hasta aquí -un aquí de cualquier sitiodesde una madrugada sin números ni lágrimas ni coágulos resecos: una sucia madrugada sin ninguna memoria futura de la muerte.

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Olor presente

La palabra olor no tiene aroma ni perfume ni hedor ni efluvio en cada letra ‘o’ que se repite. Esta palabra olor que ahora se utiliza encontró el origen antes de nacer pues hubo un infante que escuchaba un vértigo sonoro en su boca analfabeta: un mojado torbellino entre sus dientes que poco a poco empezarían a morder: un sonoro sabor de ásperas espumas que su lengua solitaria aprendería a gozar. Hubo sí un niño entre paredes congeladas entre sábanas quemadas por los altos veranos entre cristales golpeados por los duros otoños entre el violento hervor de cada primavera. Hubo una infanta mayor que inflamaba los aires de la noche que pasaba sólo con su piel su pelo sus pies como una especie de sueño que jamás podremos soñar. Tal vez aquel niño recuerde la figura blanca quebrándose sobre las almohadas y sus dedos de él tocando los internos olores que la mano de hoy transforma en una palabra terriblemente triste.

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Aritmética

(a Marina Ruiz, siempre la otra)

¿Es éste un corazón que sabe llevar cuenta de sus propios latidos? Porque un solo toque de la sangre más vulgar puede entorpecer el mágico rumbo de todas tus arterias. Y también los núcleos oscuros que se niegan al aire pueden asentar una cruel permanencia. No importa que tu corazón sea aquí solamente una manoseada y babeaba palabra. No importa que otras tripas o torpes glándulas de pronto lo reemplacen. Tal vez algún latido como un átomo suelto hundiéndose en los ombligos de la nada dé señal de la errónea aritmética que usó ese mismo corazón para atrapar la eternidad.

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¿Dos voces?

-Siempre seré tu amador mientras luchen en mí el desapego y el deseo. -¿Has visto del negror de este café? Es parecido a los jugos de la noche. -Sí como ánima de verdugo. -¿Hueles el vapor de oscura transparencia? -Sí como neblina que baja del trasmundo. -¿Has tocado esas piedras de hechura tan dulce? -Sí como saliva que perderá su blancor. -¿Escuchas el combate del silencio en el levantado aire de la cafetería? -No sólo puedo oír lo que tú no escuchas. -¿Aprecias el espacio adecuado entre las mesas y las cómodas sillas de buena madera? -Toda distancia contiene el infinito todo objeto es ausencia de sí mismo. -¿Puedes ver en tu reloj la hora de mi partida? -Esa hora ya pasó. -¿No estoy aquí? ¿O existo como ausente? -No te oigo. Ya te fuiste. Tu sombra en el suelo dejó una marca de café. -¿Pero quién bebe de ésta mi taza? -No oigo. Ya bebiste tu café. Sólo eres lo que en algún sitio tu ausencia recuerda de ti misma. -¿Es tu verdad o tu ilusión? -Nada oigo. No importa. Sin pedir permiso pasaré ahora al cuarto de aseo y derrotado el pantalón me sentaré en el retrete y no lloraré.

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Sábado vacío

Aquí está el día séptimo otro sábado con su boca vaciada de horas torpes y almanaques incompletos: día de esperas absurdas como gotas de viejos fluidos que no cesan de caer: día de minutos de fierro enfriado por el sopor de la noche que el viernes extravió: día fabricado por la fuerza de múltiples planetas y cuerpos astrales que entrelazan sus rumbos de azar y de sombra: día porque sí sin ningún esplendor ni asomos de esplendente resonancia ni basuras que destellan como escama de sardina devorada: día que a sí mismo se habita entre lamentos y huecos y chasquidos carnales: día enraizándose en el día domingo para no perder la punzante materia enterrada en el sucio dolor de estas manos y su trazo de bestia tenaz.

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Insomnio soñado Una pared crece frente al cerrado mirar del viejo soñante. La almohada que el lector de estas palabras silenciosas imagina es una mojada piedra de algodón y de ceniza. Hay o aparece una tumba flotante con pedazos de soldados podridos y de niños y de bestias y con hilos de una bandera de muerta color. Alguien recuerda con aliento ausente que la luna es la gata más blanca de la noche. Una humana lengua recorre con ágil humedad todas las sábanas: nunca encontrará la sal del estrecho río que todo alimenta y todo disuelve. Y otras paredes crecen entre flemas negras como un cáncer vertical que busca respirar el vero dolor en el revés de la inevitable hoja de luz que pronto llegará.

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Breve visión de Campeche

Palomas o presencias inseguras de palomas crecen como núcleos de aire coruscante y salobre: por fuera de ese vuelo también crece una dura vibración de gastadas campanas. Los automóviles rompen caminos de ácida niebla las rígidas murallas pierden su ración de partículas que el sol en sequedad devora. Las tiendas los bancos las cafeterías pelean por sus cuotas de tela colorida de monedas verdosas de espumas invencibles. Nada parece hablar: sólo hay bocas apegadas a rostros inéditos despegándose de vivas cáscaras como astros amarillos. Luego vendrán los ruidos de la noche el grito de la piel que se abre hacia un clima de tensas humedades. A nadie corresponde cavar un sitio en los hálitos ajenos para ubicar sus algunas palabras. Parece que el espacio entre piedras y verdores simplemente ha muerto esperando tal vez que los átomos de una antigua ceniza puedan juntarse con la penúltima luz.

Campeche, diciembre 2008

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Gaza

(a la Nación palestina y a los judíos e israelíes pacifistas) Es otra esa lejana carne que duele con un sufrir que tal vez no espera o que en un quizás sin fecha alguna un bicho apegado a la tierra al escarbar entre hierbas hojas bayas y raíces resurrectas descubrió. Las noticias de ese redolido dolor muestran las reiteradas ruinas y sus fibras de humo sangriento las llagas renovadas en arterias de ceniza los idiomas sagrados mintiendo con sus lenguas negras. Los cantores ya hicieron alabanza del estrecho desierto amarillo de la verde sal acumulada entre las piedras de la sombra que el cernícalo hace arder en el crepúsculo de la ácida señal de los chacales del perdido caminar de los asnos salvajes de la frágil paloma y la dientuda langosta y el usado cordero de los holocaustos. Pero ningún cantor ha dicho de la carne agobiada por un dolor distinto como un ajeno sufrir en carne de otros. Porque no hay flauta ni cítara ni atabaque ni vihuela que entreguen ninguna melodía en dirección de la bermeja polvareda que las exactas bombas desatan con su fuego purulento. Habrá quienes rechacen el dolor de lo más íntimo animal el que congela médulas y endurece flemas y lágrimas el que no acepta las razones de esa especie buscadora de una razón para extender el exterminio. 17

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Habrá quienes clamen que todo ese sufrir es un pretexto para quemar las banderas de Sión. Los cantores deben tejer sus verdades de aire encontrar el verbo más propio que tal vez los niegue o contradiga. Es que no hay verdad que logre su raigal verdad sin un cántico abriéndose al hueso carcomido por el fósforo blanco al hilo umbilical entre madre huérfana y feto claudicante. Porque otra carne debe doler en la aérea salivación de los recitadores en el hálito de quien no pudo enviar sus misiles absurdos. Y nosotros en medio de las voces de los truenos del hedor de un ínfimo martirio universal aún sabemos que no existen sábanas que no se manchen ni existen soberbios poderes que un viento de abajo no destruya.

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Huaraches rotos De amarga piel sin pausa fueron creados estos dos huaraches. ¿Alguien conoce el nombre del animal despojado? ¿Alguien da razón de los dedos uñosos que en los alisados restos trabajaron? ¿Quién arrancó las carnes y las grasas quién quitó a cuchillo los coágulos tenaces? ¿Quién construyó la libertad de esos dos pies sin cuerpo humano sin distancias previstas sin dueño posible porque gasta muy poco el que no compra nada? Los huaraches caídos a medio camino entre sus cueros rotos y un silencio de polvo.

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Poesía uruguaya actual - Muestra mínima Con los límites de toda muestra, más si esta es mínima, lo que sigue es apenas una vista sumaria de poesía de textos de poetas que actualmente conviven en la literatura de Uruguay. Aunque parcial, ofrece un panorama de toda su actual diversidad, sustentando un entramado de voces que se mantienen vigentes a lo largo del tiempo. Aquí se expresan mujeres y hombres poetas, de origen montevideano, fundamentalmente, y del interior del país, lugar que merece un sitial relevante en exposiciones más extensas.

específico que requiere una selección que trasciende este espacio, así como aquellos autores uruguayos que escriben poesía o se asientan fuera de fronteras. Ya se presentará la circunstancia de compilar una poesía uruguaya sin exclusiones. En todos los textos de esta muestrísima se puede encontrar una elaboración creativa decantada, que proviene de la trayectoria poética y destacada de cada autor elegido, afianzados en ésta, ofreciendo un aporte real al mundo de la poesía.

Sostener en una selección un hilo conductor donde primara el conocimiento de los lectores, más que de la crítica, sobre esa poesía, fue un aspecto a tener en cuenta. Estos autores son reconocidos en el momento presente por su actividad sostenida de poetas, casi exclusivamente en el género, si así puede llamársele al arte poética

En cada uno se expresa otro, ya sea el del espejo o el del pensamiento; en la diversidad de su trabajo con la palabra: íntima, reflexiva, social, de género, conceptual, la poesía uruguaya actual se expresa a sí misma con relación al otro ser humano que deviene en sentido, en sentimiento o en lucha, paralelamente, en la corporeidad del lenguaje, poético y estético al fin.

En forma deliberada se han dejado de lado a los “nuevos” o “jóvenes” poetas, pues ellos constituyen un grupo

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Melba Guariglia

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Jorge Arbeleche (Montevideo, 1943) Memoria Cuando el árbol se vuelve todo rama cuando la rama se torna hoja en el frío solo abrigada por la tibia bufanda de la brisa cuando parece que todo el árbol y todo el aire serán columna y pedestal del cielo allá abajo

-no olvidesla raíz tiembla en lo oscuro porque también es triste y tiembla se curva y se endereza el escondido corazón de la alegría.

De “Alfa y omega”

Washington Benavides (Tacuarembó, 1930) canción de la Otra yo quiero hallar la Otra que eres en el sueño a esa persigo en noches sin sustancia esa es mi acecho. Amor que atormenta el pensamiento de suponerte ajena y desceñida en otra parte en algún sitio cierto que desconozco al que no alcanzo y busco sin aliento sueño o vigilia sol y luna aire nube con polvo y cielo mudo de transeúntes y de máquinas o planeta desierto desasido de todo -casi todo o trémulo: quiero encontrar la Otra la que mira tras el espejo.

De “Canciones de Doña Venus” 21

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Luis Bravo (Montevideo, 1957)

La moneda (díptico) cara Atabalipa en prisiones quiso que su guardia -morrión simplele trajese ese animal felino elocuente -gato caseroy pagóle mil de oro por holgarse y haber placer de porte e risa viéndole tomar ratones que tanto traíanle a propósito. Y otro día vido como otro hidalgo -moñequera de metal e cuerostomare al ave sin secretos con el Sol e hízole manso e cómo cazaba con maravilla ánades o palomas cenicientas -desas que llaman tórtolase dixo entonces para su mal que hombres que tal sabían enseñar las aves e domarlas, “serían ser señores del mundo”.

De “Tarja”

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Selva Casal (Montevideo, 1934)

La poesía es como un puñal La poesía es como un puñal visitas ardores por los que vivimos es de mañana respiramos pensamos en un mundo mejor donde yo te encontrara a ti donde tú me encontraras a mí y fuera cierto pero bien sabe la muerte y la distancia cómo hacer bien sabe el desamor apoderarse de todo de nuestras vísceras del tiempo ahora digo fin pongo punto final ay! no me duele busqué la paz la turbulencia el árbol y el sosiego amé al sol un cuaderno de niño está mirándonos la luna está mirándonos la poesía es como un puñal afilado y terrible amante cruel que apenas nos deja lugar al sueño y a la muerte. De “El infierno es una casa azul”

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Dina Díaz (Montevideo, 1932) I Camino crujen las hojas es primavera los campos están secos temo un fuego un fuego que arrase todo que los árboles sean solo esqueletos negros y mi casa solo cenizas. Espero una lluvia horas y horas una lluvia que detenga el fuego y vuelva verdes las ramas sedientas. Los perros corren, uno es mi perro, el otro, perro de mis amigos, husmean entre los pastos altos tras los animales del bosque nunca he visto esos animales, ellos nunca los han cazado, debo suponer que existen porque los perros los persiguen. A veces un olor agrio y sutil me hace pensar en pequeñas bestias ocultas. Veo huecos en la tierra quizás cuevas que prueban su existencia, no puedo asegurarlo. Hay también flores perfumadas, los pájaros, los vientos o la lluvia han traído las semillas de la sierra la sierra es azul y bordea el horizonte. Recojo las flores y aspiro su aroma los caminos de la sierra deben ser así amarillos y olorosos nunca los he andado no sé cómo ir no sé cómo se va. La gente que dice haberlos recorrido cuenta cosas hermosas que apenas me atrevo a sospechar. Los perros ignoran las flores no las huelen no miran la sierra no temen el fuego parecen felices saltando entre los pastos secos. Norte/Sur

De “Sospechas y silencios” 24


Roberto Echavarren (Montevideo, 1944)

Cómo matan los dioses Sí, el verano negro: “La letra no importa, a quién le importa, estos pájaros negros no están sudando por la letra en el aire ahogado, por qué me preguntan por la letra, a usted no le importa, usted se divierte al manejar la filmadora aunque no puede dejar de preguntar. Pero la máquina arrebata al que se cuadra frente al lente que bizquea. El arrebato me vino primero al ver las tomas manuales, sacudidas, un quelle shake, aunque la casa se detiene, el alero resalta torpe y pesado, el único error en un film de otro modo inmejorable mirado entre convulsiones. Ahora la nueva cámara sobre un trípode filma sola. Giré alrededor con brincos verticales y zancadas rápidas, la voz partiendo a lo largo chirriante un metal fucsia y verde pistacho, electrocutado el torso sin ojos, estrellado el pañuelo que tapa intermitente la boca mate. Después la cámara me pidió que me acostara, con el lente de filtro rojo me devora mientras duermo. Solo queda de mí la flotante señal de la cabeza que pide que te acuestes.” En esta tumba oscura. El cantante cubierto de esmaltadas escamas escapa antes que lo pillen los pillastres, antes que la zancadilla en el podio lo destine a su fagocitosis sobredosificado en aras de un entusiasmo salival por la noche entre nómade y mónada devoradora de linfa sanguinosa, hasta que lo rompen como una bolsa de mejillones, hasta que lo atraviesan con una pértiga, latiguillo de las tripas,

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destapan un water closet con un guante de goma en la noche rasgada por dentro, lo parten con un pincho para picar hielo, rotas las sinapsis de su costra en relieve. No solo conejo de luna. Una triple hendidura sobre la bóveda craneana con una clavija de coral achatado, hecho fibras de higo amoratado en un torbellino seco. La inflada vejiga, rota ahora, una gruta de líquido desmaquillante se atomiza. Súbita deglución metalizada por un pico de tortuga, esta tumba oscura se tragó la valva, valga el cloqueo de la lengua, el pito brisando los vapores por donde encarna el boqueo la resistencia al viento. “Me haces real, me haces libre.” Para sostener este trabajo de tropero sobrio pero seguro después de la escuela, tu cosa, okay, un cuero, tu pelo alrededor de mi pescuezo, en la noche más de mi vida. Este método no engañará a nadie. La diálisis se conmuta en presión por el río celeste donde nada un caimán. Poca comida, pero digo: “Este método es el malgasto de una aurora.” De “Casino Atlántico”

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Julia Galemire (Montevideo, 1923) Va a morir en su celaje una tarde incontable entre todas las tardes del tiempo. Y aquella mujer que camina hacia el olvido avanza indiferente a cuanto no sea el prodigio de esperar -la lógica de los signosel goce iluminado de lo apacible. Es el término de un viaje que inició en el instante en que el árbol empezaba a respirar el aire amanecido y crecía en sílabas el amor de los seres extraños. De “Fabulares”

Roberto Genta Dorado (Montevideo, 1957) * niño vestido de niña danzando en las sombrías calles de un elegante barrio montevideano muchacho travestido ahora que con mentirosa sonrisa soporta las húmedas miradas de la tribu suspendido sobre el deseo: metálico colibrí contando las plumas que aun brillan en la noche el sola en cualquier esquina espera espera mientras el viento mece la mínima falda de organdí De “Fractal” 27

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Melba Guariglia (Montevideo, 1943)

Des-exilio Una frase que defina la verdad del sobresalto lo que fue perdido y ya no será. Destierro que me abrace hoy me pertenezca por única vez en mis raíces. Que la pirueta del tiempo me regrese al primer tañido. Juego Piedra libre que abre rondas en canto resuelto música arremolinada que da sentido a la caída en un charco. De “Entredichas palabras”

Silvia Guerra (Maldonado, 1961) La esperanza Siempre. Como un punto blanco y arrasante una luz, de pura esencia necesaria. Incandescente. Cegada por la luz, la boca abierta palpita algo en el valle, ruido de agua. Hojas de eucalipto perfumado. Algo de paz se recoge sobre el oro esparcido. Algo, parecido a la misericordia queda. Norte/Sur

De “Nada de nadie” 28


Jorge Meretta (Montevideo, 1940) El otro narciso Creíste hallarte en un espejo hundido pero allí estaba a oscuras un dorado azogue de un cristal frío y buscado sin cuerpo en otro cuerpo repetido. Si al alejarte siempre le has quitado el otro yo de ti al desconocido por regresar serás el despedido doble de él que nunca has apartado. Memoriza sus pasos y el camino: no encontrarás más agua en los desiertos. Serás principio y fin de su destino. Si por soñar a un cuerpo has despertado qué ojos abrirán después de muertos los ojos que despiertos te han soñado. De “Código mayor”

Mariella Nigro (Montevideo, 1957) El poema sobrevive en la sombra del futuro pozo del pasado pero ahora como en la matriz el hijo allá abajo asomado en el presente continuamente naciendo. Verso a verso hecho va el poema río arriba por el tajo del cauce ensangrentado de tanto ir por parte verso a verso nacido entero como un hijo.

De “El río vertical” 29

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Álvaro Ojeda (Montevideo, 1958)

No veo los violines aquí escucho la distancia de los violines huella zumbona profunda cinta azul que no veo pero conozco en su azul goteo sin piedad los violines untuosos aserrados los violines demoledores que agregan soledad al discernimiento trampas al solitario levedad al llanto de una mujer violines de color azul solapas de un mar encuadernado decía aquel bandoneonista decía que lo más difícil fue aprender lo que suponía conocido la cocina su estruendo de olores el espacio reservado a la resurrección decía aquel bandoneonista supe que mi corazón latía el paisaje del corazón latía lánguidamente bandada de fondo en la inmensa pena de un tango brillando como dolor antiguo vibración de un abandono que permanece cuando todo se ensombrece de azul.

De “Toda sombra me es grata”

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Miguel Ángel Olivera (Montevideo, 1943) Los cantos de bandolor CANTO 3 de lautréamont a piazzolla por las mismas ampollas cantos de bandolor cantando el bando doliendo el bandoneón bandeando el canto fueyeando los pulmones perforados por neumotórax / hemoptisis o ráfagas nocturnas de tanta bala perdida que anduvo por ahí -que tal vez ande todavía agazapada como corchea asesinacuando el conde es una estatua en una plaza escondida por el liceo francés en el buceo y astor es un fenómeno volado/ inigualado muerto de pez espada / incomprensiones y derrames cerebrales el doble A es la herencia de pichuco y la triple A es una hidra voraz y perviviente de obediencia debida rioplatense como el tango que suena / aún suena con otra apariencia en las dos orillas-márgenes del plata traspapelando expedientes atrasando extradiciones desapareciendo testigos como una amenaza sobre todos nosotros como un ala de cóndor como la justicia cobarde como el silencio cómplice como la impunidad...

De “Los cantos de bandolor”

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Tatiana Oroño (San José, 1947) Precisiones Preciso es elegir qué deberá salvarse. Elegir qué nos salva. Esta tierra debajo huele a verano a flora abigarrada. Es una antigua tumba de hojas mordidas. De bocas y de manos. Poblada tumba humana donde ha sido flechada esta sed de vivir con un ínfimo dardo: una pluma de ánade una punta raspante una tecla en el blanco. De “Todo tuvo la forma que no tuvo” (”Tout fut ce qui ne fut pas”)

Marcelo Pareja (Canelones, 1954) Hay cielo en los ojos extendidos alguien iluminó esa mirada que contiene el hundimiento y su elevación del espacio voraz que es reino en tierra. En esos ojos se olvidan las costumbres se precipita una mirada que inicia al maquinar del cielo en su moverse aquietado a su tarde inusual que sella un beso. Oh que la mirada es marea. Oh que la escritura aparece. Oh que estaríamos sin rubores y en la luz. Un pájaro vuela a la hora de la muerte vuela sobre nuestros deshechos que negamos el peor cree que es el no reconocido no entra en la ciudad y es expulsado. El mar asfixia clausurando. Norte/Sur

De “Aguas” 32


Silvia Prida (Montevideo, 1949)

Cercos Ellos me protegían abrazados recostados al cerco aquel besándose. Yo los miraba por entre las cortinas sin moverme callada. No precisé cerrar la puerta pasar los cerrojos poner llave. Estaban cerca de mí sin saberlo riendo de amor transidos abrazándose. De verlos tan solo huían los miedos y el silencio asustados de aquella risa terca que fluía de placer de juventud de ganas. De pronto ya no estaban y el silencio y el miedo / sigilosos me cercaron. Corrí / cerré la puerta pasé el cerrojo / puse todas las llaves. Quedé del otro lado. De “Identidades en sombra”

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Sylvia Riestra (Montevideo, 1957) Sin sospechas Nadar en el aire ligero extender los brazos los pies avanzar como una rana esbelta y lúbrica deslizarse por los corredores de siempre detenerse sólo cuando alguien mira o los corredores son angostos llegar al estanque de afuera donde Ellos conversan desprenderles las manos y que rueden al fondo oscuro del agua. De “Tramas de la mirada”

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La literatura gauchesca y la modernización del Uruguay Blanca Álvarez Caballero digamos que recorrí los bulevares como si fueran el desierto de atacama o me abracé más náufrago que nunca a mi tablón de cielitos y gardeles Mario Benedetti

En la literatura gauchesca, especialmente en la poesía, hay un cúmulo de saberes que a la fecha no han sido estudiados de manera global ni todos a profundidad. Aún hay mucho por explorar entorno a ella y su legado no sólo en la región sino a nivel continental frente al olvido crítico en que ha caído por dos motivos: 1) la modernización rioplatense a principios del siglo XX y con ello el abandono del interés literario por los temas de la tierra regional en favor de lo urbano –se ha mencionado, por ejemplo, el apoyo al respecto que ejercieron Juan Carlos Onetti y sus seguidores- y 2) la irrupción del neoliberalismo que nos insertó en una dinámica de las letras decididamente “posmodernas” –si eso se puede aplicar a Latinoamérica- y universales, con el fin de que los escritores continentales pudieran ganar todo tipo de premios y reconocimientos, desde el Nobel hasta el más sencillo de lo local.

de moda ahora es hablar de situaciones identitarias franco-marroquíes, francoargelinas, de sobrevivientes de guerras mundiales, pero cada vez menos, de la marginación “local” latinoamericana. Por eso a nivel internacional, escritores gauchescos, posgauchescos, para usar la designación de Pablo Rocca, y los propios Borges y Benedetti no han tenido el reconocimiento mundial que merecen en relación con los temas rioplatenses. Borges ha importado más por la literatura fantástica que por sus cuentos de orilleros y sus milongas. Benedetti ha interesado más por La tregua y sus Poemas de oficina que por su “Cielito del 26” y su comarquita de veras, Patria pobre. No ha sido en Benedetti solamente la sombra de la izquierda, la hechura de una poesía supuestamente fácil (para quienes no saben de poesía) y la opresión como gran tema en toda su obra lo que, lamentablemente, frenó su reconocimiento en términos de premios internacionales -bien merecía hasta el Nobel-. Fue, en gran medida, enfocarse en lo rioplatense en diversos géneros: poesía, cuento, ensayo. En todos buscó dejar un trozo del temperamento de su gente, que es una parte de la nuestra por nuestro pasado semejante. Por ello, algo del fundamento de esto se encuentra en

En los tiempos actuales –no en los de José Hernández o los de Horacio Quiroga- las letras de temas rurales latinoamericanos no dan fama ni dinero. El reconocimiento mundial proviene de las problemáticas universales de las grandes ciudades. Por eso hay cada vez menos premios Nobel latinoamericanos y sí más procedentes de Europa y África. Lo que está 35

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nuestra olvidada literatura gauchesca que, paradójicamente, tiene mucho de occidental-; para muchos desconocida y hablo más por los mexicanos que por otros lectores. Pero al ser tan híbrida – hasta llegar a cierta descomposición estética con los posgauchescos- ha sido negada por selectos y vanguardistas lectores y escritores de unas décadas a la fechas. Recordemos, sin embargo, o más bien por aquello de la falsedad de lo nuevo, algunos de los valores que la sostienen.

del tiempo fugaz ligado al futuro incierto, al tiempo histórico de lo cíclico y lo lineal, al inasible presente del infortunio y al pasado feliz, aunque breve, circunscrito al recuerdo. Ya los griegos, los árabes y los judíos antiguos hablaron sobre el tiempo con enfoques de esa naturaleza y creo que los autores rioplatenses –tan cultos y cosmopolitas como eran varios de ellos- debieron aprovechar esa sabiduría para construir una parte sustancial de sus textos, más otra parte de filosofía e historia indígenas.

A nivel antropológico muchos objetos resultan fundamentales para rastrear el pasado indio del pampa, el charrúa, el negro, el godo (español) y el gringo (italiano), así como las mixturas identitarias que generaron en tanto grupos sociales con que integraron una parte del temperamento rioplatese, tan sólo mediante el uso de piezas como la vincha, las boleadoras, el poncho y el chiripá, entre otros. Por esto, el aspecto sociolingüístico es, también, sumamente vasto. Al margen del folclorismo de la novela gauchesca o posgauchesca, si se quiere, impregnada de costumbrismos españoles, giros afrancesados, japonerías, chinerías y otros elementos del modernismo –como son los casos de la narrativa de Güiraldes y Reyles, entre otros-, la literatura gauchesca es portadora de un sinnúmero de voces que no sólo la han degradado sino, por otra parte, enriquecido.

En cuanto al valor propiamente histórico, la literatura gauchesca da cuenta de procesos políticos y sociales que ocurrieron entre el siglo XIX y principios del XX. Vemos en ella el caudillismo de luchas entre la Banda Oriental, Argentina y Brasil e internas de cada nación; así como la historia del proceso de modernización del campo rioplatense y con ello la atención sobre temas como el analfabetismo, la discriminación no sólo al gaucho sino a la mujer –a muchos tipos de mujer- en la educación, el trabajo y la política, producto no ya de un machismo latinoamericano corriente, sino de la misoginia rural y urbana –con escritores incluidos en ella-; también da cuenta de transformaciones sociales en el sector rural obrero y, con ello, en el tecnológico; de la desaparición del gaucho bravo de antaño y el surgimiento del peón, el capataz y el compadrito.

Por otro lado, en los grandes temas que trata y la manera humanizada, estoica, con que lo han vivido sus personajes radica otra de sus particularidades y su legado, si bien éste tiene mucho de occidental. Esta literatura refiere el peso

Todo ello se encuentra presente en un siglo de literatura gauchesca y posgauchesca (poesía y narrativa), siendo, por tanto, un elemento regional y continental a tener presente. Además de esto, esta literatura es, en cierta

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medida, un antecedente de la novela de la tierra latinoamericana. Entre influencias y coincidencias, como el caudillaje del movimiento de Independencia, el romanticismo, el realismo y el modernismo, el cacicazgo, el presidencialismo y otros asuntos histórico-literarios comunes entre países latinoamericanos, México debe o está imbricado en esos aspectos de su

arte con el Río de la Plata. No se explican, por ejemplo, algunos rasgos de la llamada Novela de la Revolución Mexicana sin atrevimientos lingüísticos e históricos que antes ya habían ocurrido en la otra literatura, al margen del temperamento mexicano y nuestra historia estética y cultural.

Un recuento histórico Trabajando ansina el campo rendirá mucho má. Pero yo me pregunto: ¿qué pitos ni que flautas vamos a tocar aquí los gauchos crudos, los gauchos sin güelta, dispués de algunos años? El ferrocarril llega a Molles, pronto estará en el Paso de los Toros. Poco nos quedará que haser a los troperos. Por el tren quinientos novillos los lleva a un hombre solo… Los gauchos de nuestra laya no tienen cuasi qu’haser en las estancias grandes d’aura. Ya no se bolea, el lazo poco se usa, los apartes se hacen en los bretes, no hay que lidiar con hasiendas chúcaras, las tropas las lleva el tren, los baguales se doman d’abajo. Hay que agringarse pa vivir. Carlos Reyles.

Daniel Vidart establece que la primera vaquería legal se efectuó en la Banda Oriental en 1714 al cruzar el Río Uruguay contratistas y peones con el propósito de arrear ganado hacia la orilla argentina de manera clandestina. Así surgen los hombres de a caballo, los bisabuelos del gaucho. Al finalizar el siglo XVIII observamos en documentos coloniales de la época, el nombre de “gaucho”, designado para un tipo social que hasta entonces los conquistadores habían nombrado como changador, gauderio, guazo, camilucho, con tono peyorativo, como señala Serafín García. Por su parte, Daniel Vidart confirma que el gaucho uruguayo nació onomásticamente en 1790 y feneció socialmente entre 1875, año inicial del alambramiento y en 1904, en la última revolución campesina. Hasta antes de ser marcado el ganado y separado mediante el alambrado –

últimas décadas del siglo XIX–, es decir, de que se tuviera una visión positivista de la propiedad privada –luego decididamente capitalista–, la pampa argentina y las cuchillas uruguayas contaban con grandes zonas despobladas, ganado perdido e ilegalmente adquirido; así, la libertad geográfica y mental permitieron al abuelo del gaucho y a éste andar por tierras uruguayas, argentinas y brasileñas como matrero, payador, baquiano, tropero, domador, carneador, entre otros; así como tener un fuerte culto al caballo, el azar, el juego, la soledad, el dasapego de los bienes materiales y de la gente, la violencia, que va desde las peleas y asesinato entre dos gauchos, hasta la formación de montoneras y la idolatría hacia el caudillo: ya fuere éste Artigas, Rosas, Saravia u otros. Lo cual generó en él un ser violento, individualista, 37

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analfabeto, raras veces solidario, con poco o a veces ningún respeto por la familia ni por la mujer, con resentimiento hacia el gobierno por alejarlo del hogar –en caso de que tuviera–, mandarlo a combatir o encarcelado, en ocasiones sin justificación, así como hacia el español (el godo) y, ulteriormente, hacia el italiano (el gringo). Los dos últimos solían ser considerados por el gaucho como flojos, oportunistas y torpes para realizar el trabajo del campo.

marginal que esto implicaba. Por ello, los primeros textos gauchescos trataron, fundamentalmente, temas patrióticos y ambientes rurales. Fueron elaborados por criollos o mestizos como Bartolomé Hidalgo (1788-1822), quien combatió contra ingleses, españoles y portugueses, fue burócrata y declarado “benemérito patriota”; Manuel Araucho (18031842), nacido en Montevideo, participó en el Desembarco de los Treinta y tres Orientales, posteriormente ascendió a Mayor y fue uno de los primeros uruguayos en publicar un libro de versos, en 1835; Hilario Ascasubi (1807-1875): de padre andaluz y madre cordobesa, trató al caudillo Facundo Quiroga, acompañó a Lavalle en sus campañas y escribió el texto Paulino Lucero en contra de Rosas y Oribe. Estos hombres inauguraron la poesía gauchesca del Río de la Plata, pues los textos de la Colonia (crónicas, monografías, etc.) fueron escritos por españoles y bajo los intereses de la Península Ibérica.

Todo su deseo de supervivencia frente al indio salvaje y el español opresor lo concentró el gaucho en caudillos por el factor de identidad emocional y social

A pesar de cruentas guerras en el siglo XIX, como la Guerra Grande y la Triple Alianza, de gobiernos injustos como la dictadura de Latorre (18791889) y el selecto desarrollo intelectual del país, la literatura rioplatense floreció con la poesía gauchesca que en Uruguay tuvo su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX y concluyó como género en las primeras décadas del siglo XX, con Guillermo Cuadri y Yamandú Rodríguez, entre otros. Su clausura se debió, en parte, a la estrecha relación entre Europa y la región rioplatense que, en las últimas décadas del siglo XIX, propició en ésta la llegada de movimientos literarios como el romanticismo, el realismo y el naturalismo, Norte/Sur

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aunque, con un toque americano. Tiempo después –a fines del siglo XIX e inicios del XX– toda Hispanoamérica mira el surgimiento y desarrollo del modernismo.

3000 capones; contenía una sección de saladero con galpones, varales para secar cueros vacunos y una prensa hidráulica, entre otras cosas. En 1902 fue fundada la sociedad anónima La Frigorífica Uruguaya. En 1904 comenzó la primera faena y se terminó en 1905, habiendo matado 4051 vacunos y 100432 capones. No obstante, también hay que recordar que la influencia del anarquismo fue importante, si bien esto, más bien, en Montevideo, pues en 1904 apareció la primera concurrencia doctrinaria organizada por el Centro Carlos Marx.

La literatura rioplatense, escrita entre 1850 y el primer tercio del siglo XX tendió a ser una mezcla de las corrientes literarias mencionadas, según el tema y tratamiento de cada obra, como el temperamento e intereses de sus autores que, en gran medida, eran positivistas muy cercanos a narrativas burguesas, por ser la clase social a donde pertenecían algunos. Lo anterior llevó al reemplazo de la poesía gauchesca por la novela regional que apoyó de manera decisiva el orden y progreso de las principales ciudades latinoamericanas y de las regiones rurales que laboralmente podían ser provechosas. Así, en 1856, 1857 y 1863 aparecieron en Uruguay los primeros barcos de vapor; el telégrafo surgió en 1865 y el ferrocarril en 1867. En el campo el “gaucho” modificó su vestimenta (de hecha a mano a fabricada), se convirtió en peón o en capataz asalariado, su destreza física ya no debió contar mucho como antaño por los a adelantos técnicos, entre los que se encuentra la supresión del tasajo en favor del frigorífico, así como la suspensión de boleadoras, a principios del siglo XX.

A lo anterior contribuyó, también, la mujer en los roles laboral y familiar. Si antes de 1810, como señala Alberto Zum Felde, la familia casi no existía en la campaña, pues hombres y mujeres se tomaban y dejaban continuamente, conforme concluyó el siglo XIX e inició el XX, al establecerse el sistema político-económico mencionado, al gaucho dejó de regirlo el azar, para serle impuesta la estabilidad económica rutinaria, obligada y poco intrépida del compromiso laboral. Otro aspecto importante en el desarrollo rural uruguayo fue la inclusión del teléfono y el surgimiento de la Radio Rural, aunque ésta apareció hasta la década de los treinta y sirvió para cicatrizar un poco las diferencias entre campesinado y medio urbano, como para mantener al primero vigilado y entretenido desde la ciudad, según indica Alberto Methol Farré. Es por este medio que los mundos rurales ingresaron definitivamente a la historia contemporánea.

El avance en la modernización ganadera sólo fue posible por la coincidencia en ideas del gobierno y los estancieros, quienes en 1871 ya habían fundado la Asociación Rural Uruguaya, mientras que en 1876 entró en vigencia el Código Rural de Uruguay, aprobado en 1865, que fue el segundo elaborado en América del Sur. En cuanto al frigorífico, a principios del siglo XX tenía la capacidad para faenar 1500 capones y 100 novillos diarios y en sus bodegas se podían almacenar 2000 reses vacunas y

La novela de temas gauchescos sustituyó a la poesía gauchesca como forma literaria, no obstante, gran parte del contenido temático de ésta fue asimilado por el nuevo género y reelaborado, como 39

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producto no sólo de transformaciones estéticas, sino ante todo históricas, especialmente en el campo rioplatense, lo que llevó a un peculiar manejo del gaucho y su entorno en la novela. Para concluir es importante señalar que la novela uruguaya de temas gauchescos,

en tanto continuadora de la poesía gauchesca es fundadora de identidad cultural rioplatense y continental, a pesar de sus fallas y gracias a sus aciertos. Blanca Álvarez Caballero

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Revista No. 21  

Poesìa Uruguaya contemporanea