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ÍNDICE prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .9 mapa conceptual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .15 introduccióN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .19 1.1Hipótesis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .23 1.2 Objetivos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .25 1.3 Metodología . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29

capítulo 1: hacia nuevas construcciones . . . . . .33

2.1Lo normal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37 2.2 Teoría Queer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41

capítulo 2: somos mil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55 3.1 Identidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55 3.1.1 Identidad sexual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58 3.1.1.1 intersexual o intergénero . . . . . . . . . . . . . .59 3.1.2 Identidad de género . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60 3.1.2.1 La mujer Barbuda . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .61 3.2 Apariencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63 3.2.1 Androginia y otras posibilidades . . . . . . . . . . . 64 3.2.2 Roles de comportamiento . . . . . . . . . . . . . . . .66 3.2.3 Travestismo y transexualidad . . . . . . . . . . . . . . 71 3.2.4 Drag Queen y Drag King . . . . . . . . . . . . . . . . . 75

conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .79 bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .83 ANEXO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .89 Autores Refenciales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .91 Estudio práctico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .115


PRÓLOGO Queerpo surge como resultado de un conjunto de necesidades que nacen tras replantearme, a modo de crítica personal, esta cuestión: ¿qué es lo que yo soy1, realmente? Si todo lo que me constituye lo he elegido yo, o si, por el contrario, soy resultado de necesidades ajenas. Desde hace tiempo me he visto muy interesada por las cuestiones feministas y de género, algo que creo que cualquier mujer debería tener en cuenta a la hora de analizar su vida y su modo de ser, aunque muchas veces se pasen por alto2. En el momento en que te das cuenta de que algo falla, de que eres resultado de una construcción que mantiene unos valores nocivos que no te benefician, o en los que, directamente, no encajas, empiezas a darte cuenta de que debes cambiar la visión de tu propio cuerpo y, además, de todo lo que te rodea. Y que nadie iba a hacerlo por mí, por lo que era necesario ponerse manos a la obra, y nunca mejor dicho, ya que una perspectiva artística de este tema, de ese replanteamiento de la normalidad y de la anormalidad, de dónde está el límite entre la una y la otra, puede ser la clave para conseguir resultados sutiles pero impactantes que demuestren que no todo es como nos lo han enseñado. Que la normalidad, realmente, no existe, y, por ello, la anormalidad no debería existir tampoco.

1Y más allá del ‘yo’, qué es lo que somos. 2 Por ejemplo, cuando asumimos que estar depiladas es algo nor-

mal, natural e intrínseco en todas las mujeres.


12 | QUEERPO Desde la última revolución industrial, y con el rápido desarrollo de la tecnología, los valores humanos cada vez van más en declive. La era posmoderna ser caracteriza por plantear una sociedad con una organización uniforme y dirigista en la que todo vale, en la que se han perdido los valores a favor de la 'afirmación de la identidad personal'. La personalización nos hace libres. Eso es lo que nos ha dado a entender este mundo actual, en el que todo vale, en el que la seducción es la relación social dominante y trae con ella un irrefrenable poder de engaño. Nos encontramos en un mundo guiado por el consumo. Consumimos de todo y en grandes cantidades: imágenes, productos y servicios. La variedad cada vez mayor de éstos hace que la personalización aumente, y con ello aumente lo privado en contra de lo social. La seducción se ha convertido en la 'destrucción cool' de lo social. Todo, hoy en día, intenta comunicar sin resistencia, de un modo cercano, produciéndose poco a poco una esterilización silenciosa del espacio público mediante la persuasión3. Como principal consecuencia, nos encontramos ante una ruptura de la cohesión social a favor del individuo que hace a éste cada vez más independiente del resto para sumergirse más y más en sí mismo y en sus pseudonecesidades vacías y carentes de sentido, convirtiendo al hombre en un ser apático y alienado, sin deseos reales. Esta ruptura no es buena, pero peor aún es la no existencia de una estructura horizontal de organización del orden urbano. Entre todo lo que hace que existan jerarquizaciones, la diferencia que ha solido apuntar siempre con más fuerza es la existente entre hombres y mujeres.

3 Siguiendo a Gilles Lipovetsky en ‘La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo’.


13 Sociedad patriarcal, falocrática, que, sumada a una progresión constante del individualismo, nos hace encontrarnos en una situación de pura indiferencia ante los problemas que esto acarrea. Vivimos en un mundo de hombres, hecho por y para hombres, en el que la mujer, por lo general, no se autoevalúa como tal, sino como objeto estético, y, gracias a la sobredosis diaria de información y publicidad desatada por los mass media, tiene asumidas todas las convenciones que se le han impuesto como si éstas fueran algo natural. La indiferencia global ante nuestra condición asumida surge por esa saturación, bombardeo constante de imágenes que nos quieren demostrar qué canon debemos adoptar, cómo nos debemos transformar para poder querernos bien, para tener una vida única y personalizada, para ser esa mujer independiente que nos pintan en todas partes, pero que es un auténtico holograma de la realidad. La mujer de hoy no es independiente, es individualista pero no independiente4, lo cual es un problema en la medida que dejamos de ser conscientes del ataque diario que sufrimos, y eliminamos la posibilidad de cooperación por el cambio en favor al culto del 'yo', un 'yo' alienado y cada vez más artificial, movido por deseos ajenos y artificiales, que nos hace generar una personalización despersonalizada, vacía, carente de contenido. Hemos dejado apartadas del camino las cuestiones importantes, permitiendo que, falocráticamente, se nos guiara hacia el vacío y lo innecesario en un contexto individualista en el que siempre buscamos la aceptación en el 'Otro' por miedo al rechazo, al 'qué dirán'. El cuerpo se ha convertido en el auténtico objeto de culto, pero el machismo imperante ha establecido un modelo con el que bombardea miles de cabezas

4 Algo aplicable tanto a las mujeres como a los hombres.


14 | QUEERPO desde que nacen, moldeándolas a sus necesidades, consiguiendo que cualquier individuo las interiorice y las haga suyas. El cuerpo genera una especie de angustia existencial contra la que el ser humano lleva tratando de luchar años y años: 'el miedo eterno a envejecer y morir es constitutivo del narcisismo5'. Además, la educación mantiene esos roles influida por una cultura marcadamente machista. Aunque no debemos olvidar que estos roles afectan tanto a las mujeres como a los hombres, lo cual arroja como resultado unas relaciones poco verdaderas e incluso dañinas, en la medida en que ninguna de las partes avanza realmente como quiere. Sin darnos cuenta, poco a poco y desde pequeños, somos esclavizados por necesidades ajenas, necesidades que incluso padres y madres también apoyaron, muy posiblemente de forma inconsciente. Los valores hegemónicos, que son patriarcales, nos han sido inyectados en el cerebro hasta el punto de hacerlos nuestros. Crecemos creyendo que son naturales, pero nada de lo que pasa en torno al ser humano es natural. Si somos construidos desde que nacemos, ¿dónde están esas cualidades naturales de las que tanto nos hablan para excusarse? ¿Cuál es la base para reafirmar los modos de actuación tanto de unas como de otros? Ni la biología podría generar un argumento al cien por cien firme sobre esto, puesto que cada persona es un mundo lleno de necesidades diferentes a las del resto, un mundo en constante aprendizaje, cambio y crecimiento. Existen instituciones aceptadas de forma general, como la Iglesia, que siguen manteniendo estos modos, de manera que consiguen perpetuarlos y hacerlos creíbles a ojos de la gente, que se adapta a ellos sin siquiera replantearse si serán realmente ciertos.

5 C. Lasch.


15 Por todo ésto era necesario para este trabajo y para mí misma llevar a cabo una deconstrucción de todo lo que había aprendido hasta entonces en relación con lo que 'soy' y generar un argumento firme para demostrar, como dije anteriormente, la fragilidad de la normalidad y la inexistencia real de ésta. La normalidad como una construcción cuya aceptación es mayoritaria socialmente que nos ha sido impuesta sin hacer problema de cuáles son nuestras auténticas necesidades, sin darnos tiempo a conocernos realmente para saber qué queremos y modelándonos desde que nacemos, incluso decidiendo fisiológicamente (el sexo con el que físicamente nacemos) lo que deberemos ser en sociedad y cómo deberemos relacionarnos con el resto.


17 | QUEERPO


1. INTRODUCCIÓN Queerpo es un proyecto de investigación teóricopráctico sobre la confusa vinculación existente entre identidad y apariencia y la relación de éstas con la idea convencional de lo 'normal' y cómo ésta puede desmontarse a partir de la alteración de los clichés que soportan la concepción de lo que entendemos como 'socialmente aceptado'. Desde un punto de vista muy cercano al feminismo6 se cuestionará lo 'normal' como una idea restrictiva que anula a las personas para reconducirlas por el camino 'adecuado', el cual sirve a intereses superiores que nada tienen que ver con el beneficio de la propia persona como ente individual, sino de las instituciones, las cuales necesitan que el sistema funcione como lo hace actualmente para poder seguir llevando a cabo la dominación del capital, tanto físico y financiero, como humano. El proyecto pretende cuestionar las ideas que rodean a los conceptos de normalidad y de anormalidad, analizando cuándo se deja de pertenecer al primero para pasar a formar parte del segundo y por qué, y qué tienen que ver los clichés y los tópicos establecidos en lo que a la sexualidad y al género se refiere.

6 El postfeminismo o

feminismo de tercera ola se identifica con diferentes ramas del feminismo y comienza en los noventa, aproximadamente, extendiéndose hasta nuestros días. Surgió como respuesta a los fallos del feminismo de ‘segunda ola’ como una toma de conciencia de que no existe un solo modelo de mujer, sino múltiples.


22 | QUEERPO El análisis se centrará en intentar comprender la situación que sufrimos, actualmente, en el mundo occidental contemporáneo, sumergido en la posmodernidad. El posmodernismo se caracteriza, entre otras cosas, por un sentimiento general de desencanto con las ideas de progreso conjunto y las utopías modernistas que implican un alejamiento de lo colectivo en pos de lo individual. El individuo es el centro de este nuevo movimiento, el cual plantea su 'yo' desde un punto de vista narcisista7 en que la personalización y el culto a uno mismo es primordial. Curiosa, y paradójicamente, esta personalización busca su aceptación en el ‘Otro’, de cuyo criterio dependerá sentirse integrado o no dentro de lo que entendemos como correcto. Un ‘Otro’ que lo tranquiliza cuando le hace ver que forma parte de la norma. Un ‘Otro’ que lo anula, lo margina, cuando le hace ver que está fuera de ella8. “Lo correcto” abarca muchos ámbitos y diferentes cuestiones, pero nos centraremos con especial interés en lo que rodea a las ideas más básicas de jerarquización, la diferenciación sexual y lo que ésta supone, y los roles a partir de los que el establecimiento de comportamientos automatizados nos exigen unos modos de actuar concretos ante las necesidades que impone la sociedad.

7 El Narcisismo es el amor que dirige el sujeto a sí mismo tomado como objeto. R.A.E, consultado online el 30-11-12 En este sentido, el posmodernismo se caracteriza por una visión del mundo en la que el hombre es el centro del universo, pero no el hombre como colectivo ni de una manera antropocéntrica (el ser humano como medida de todas las cosas, debiendo recibir atención por encima de todas las cosas) sino entendiendo como un conjunto entes individuales. 8 Esta aceptación se centra en cuestiones tan básicas como la apariencia externa, en lo que al género o la orientación sexual respecta, que el individuo en cuestión parezca tener.


23 En un mundo en el que nos sentimos vigilados constantemente, juzgados y vulnerables ante el resto, la autorregulación es un factor clave para el poder, para mantener estables los pilares que hacen posible cumplir con las necesidades que el patriarcado y la heteronormatividad imponen. Al heteropatriarcado le interesa mantener los roles que respaldan al binarismo en lo que al sexo se refiere9 como base del control humano, de las relaciones, y, al fin y al cabo, del funcionamiento general del sistema vigente. De una manera muy inteligente, el poder nos ha hecho sentir vigilados continuamente, consiguiendo generar en cada persona la necesidad de autorreprimirse por miedo a ser juzgado, por saberse vigilado por el resto, generándole una serie de necesidades ficticias que ayudan a preservar el orden social. El poder ha conseguido actuar de una manera más eficaz mediante el uso de la sutileza, para conseguir generar una sensación global de un supuesto aumento de nuestras libertades10 que nos mantiene al margen del cuestionamiento de los modos de actuar impuestos, llevándonos al conformismo más absoluto. Mientras no nos falte qué consumir, qué conseguir para hacernos más diferentes y a la vez aceptados y, por tanto, parecidos, por y al resto, lo demás puede esperar. Mi propuesta plantea lo nociva que es la idea de normalidad en la medida en que es motivo de conflictos personales en aquellas personas cuyas prácticas en torno al género o cuya apariencia no están incluidas dentro de lo entendido como 'normal'. Anormales, recluidos, estudiados como enfermos en un mundo en que la salud no solo hace referencia al ámbito físico; un mundo en el que el control de las

9 Entiéndase, sexo biológico, hombre y mujer. 10 La mayoría vinculadas directamente al consumo.


24 | QUEERPO personas, de su modo de actuar, es la base del funcionamiento, supuestamente correcto, de la sociedad. Un mundo en que es necesario analizar, clasificar y juzgar y, si es preciso, tratar aquellas conductas que no sirvan al modelo heteronormativo que se rige por encima de nosotros. Un modelo apoyado por la religión, la ciencia y la política que hace que todos los cuerpos sean espacios de lucha, políticos, modos de comunicación del inconformismo que genera sentirse atado a algo que no tiene por qué satisfacer a todos.


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1.1 HIPÓTESIS DE TRABAJO

Considero que mediante un soporte teórico basado en la Teoría Queer11 y en su idea de la inexistencia de aquello que entendemos como 'normal' -partiendo de la base de que lo normal es una construcción social- sería posible entender que todo pudiera ser comprendido como a-normal, si entendemos que ninguno de los comportamientos actuales del ser humano occidental son, precisamente, naturales (o de base instintiva) y que somos mil, que la identidad es algo múltiple y cambiante que no tiene por qué estar sujeto a los tópicos y clichés propuestos por los modos normales de actuación ni por las necesidades que el sistema, patriarcal, mantiene. De este modo, sería posible corroborar la idea de que todos somos múltiples, mil cosas y a la vez una, en constante cambio. Por otro lado y en relación con la multiplicidad del 'yo', considero que mediante la propuesta es posible se��alar las vinculaciones erróneas que existen entre la identidad, que la normalidad plantea como algo fijo, y la apariencia en relación con las construcciones que rodean al sexo y al género, pudiendo demostrar que dicha asociación es errónea si entendemos que la identidad es algo múltiple, mientras que la apariencia no tiene por qué hablar de todo aquello de lo que la identidad está constituida.

11Y en otras lecturas feministas.


26 | QUEERPO Este enfoque teórico va acompañado de un proceso práctico-creativo formado por imágenes fotográficas en las que siempre aparece el mismo sujeto, yo misma12, con el fin de intentar poner en cuestión algunos de los tópicos y clichés establecidos para demostrar que no siempre son válidos y que la idea de normalidad es desmontable, además de, como ya se ha dicho, una construcción social. Tópicos y clichés intentan obligarnos a que nuestra identidad se construya de una manera concreta, atendiendo precisamente a ideas concretas, reduciendo nuestro marco de posibilidades a través de argumentos simplistas que, en una sociedad como la de hoy en día, empiezan a dejar de tener sentido.

12 Considero que es importante analizar el exterior, las cuestiones que absorbemos desde fuera, desde dentro de uno mismo, para poder ver así de qué modo la sociedad y su normalidad nos construye y nos amolda para así ser consciente de nuestras auténticas necesidades y nuestros fallos y poder reeducarnos.


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1.2 OBJETIVOS

Las fotografías y la propuesta teórica, en general, pretenden: 1.Plantear nuevas posibilidades de relación entre apariencia e identidad, intentando demostrar que una misma persona puede ser múltiple, varias cosas a la vez, sin necesidad de definirse en ninguna de ellas o como algo en concreto, para reafirmar que las identidades son variables, estando, por tanto, en constante cambio13, no debiendo responder a necesidades políticas que buscan mantener el orden social establecido desde la heteronormatividad y el patriarcado. 2. Subrayar las vinculaciones erróneas entre apariencia e identidad. 3. Demostrar que somos seres difíciles de clasificar, mutables, y, por tanto, que todas las maneras de concebir la realidad en relación con la identidad de género y sexual, deberían ser iguales, ya que la apariencia solo nos habla de una parte de las personas ocultándonos la complejidad de la identidad que la conforma. A través de la propuesta, se busca: 4. Intentar probar que no todo es lo que parece, que lo de fuera no siempre es reflejo de lo que tenemos dentro.

13

Algo sencillo de entender si comprendemos que diariamente aprendemos cosas nuevas que afectan a nuestro modo de concebir nuestra realidad y lo que nos rodea.


28 | QUEERPO 5. Desmontar la normatividad y poner en tela de juicio las construcciones sociales en lo que a identidad y apariencia respectan, en relación con el género y la sexualidad, para cuestionar los modos de hacer que se entienden como socialmente aceptados y demostrar que nada es meramente 'natural', que todo son puras construcciones y que, como dice la teoría Queer, todo es anormal si partimos de la base de que todo está construido siguiendo unas necesidades concretas, que en este caso tienen que ver con el mantenimiento de un sistema de valores que beneficia a la existencia del sistema conforme lo conocemos. 6. Replantear si realmente la idea de normalidad es tan estable como parece, ya que es algo que tenemos tan asumido que parece imposible cambiar. Porque tanto los tópicos como los clichés pueden romperse si se reconoce que existen y que no siempre tienen por qué acertar. 7. Entender nuestros cuerpos como espacios políticos14, espacios en lucha que buscan liberarse de la opresión que durante tanto tiempo la masculinidad lleva ejerciendo sobre nosotros. Hacer entender que es necesaria la reeducación de nuestros valores en un intento más equitativo de comprender que las cosas no tienen por qué ser como nos las han contado siempre, sino que hay numerosas

14 Los cuerpos, tradicionalmente, y más en concreto los de las mu-

jeres, han sido siempre objeto de regulación, de modo que se han ido convirtiendo en cuerpos reglados y disciplinados con el objeto de encajar en un estatuto determinado. Cada cuerpo está sujeto a toda clase de normas, definidas por el sistema patriarcal, a fin de emplearlo como un medio para generar beneficios para él mismo y el mantenimiento de sus necesidades. Éstas restricciones suponen una reducción de la autonomía y la libertad de las personas, en medida que se ven afectadas por toda una serie de pautas de acción que deben cumplir.


29 posibilidades más allá de esas supuestas funciones15 que tenemos que desempeñar cada uno de nosotros, como hombre o como mujer, dentro de la estrechez de la dualidad establecida y del contexto social en que nos encontramos.

La calificación del cuerpo como espacio político viene dada por la idea de que en el momento en que el cuerpo y todo lo que conforma a una persona en general, es resultado de construcciones que surgen de necesidades políticas que mantienen un orden concreto, éste, de forma casi automática, se convierte en algo politizado también. Es decir, nuestro cuerpo es el resultado de una serie de necesidades ‘superiores’ (que nosotros no podemos controlar hasta que no somos conscientes de ellas) que lo convierten en un medio cuyo fin es generar una serie de beneficios al sistema que lo esclaviza bajo estas necesidades. Por tanto, desde el momento en que nacemos, nuestro cuerpo es un espacio cargado de connotaciones socioculturales que lo politizan de tal manera que, en el momento en que tomamos conciencia de nuestra situación y decidimos hacer algo al respecto, adoptamos una postura, hasta cierto punto ideológica, que hace de éste un medio de lucha.

15 Roles.


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1.3 METODOLOGÍA

Los objetivos anteriormente expuestos pretenden cubrirse a partir de una metodología de investigación práctica cuya base se encuentra en el uso de mapas conceptuales como modo de simplificar, aclarar y relacionar las ideas básicas del proyecto. Estos mapas conceptuales nos permiten establecer relaciones, facilitando la comprensión y el desarrollo de la propuesta a partir de la jerarquización de los conceptos sobre los que se trabajará. Para demostrar que la idea de normal no es tan estable como parece, y que existe una vinculación errónea entre identidad y apariencia, ha sido necesario llevar a cabo un estudio de la problemática, tratado desde dos puntos: teórico y práctico. Dentro de la teoría se ha establecido un eje de estudio de más general a más particular, incidiendo en: -Contexto: marco temporal, situación posmodernista, características generales: el control en la era actual y sus consecuencias. Occidente. Autores como J.F. Lyotard, Almudena Hernando, M. Foucault, Lidia Girola, F. Jameson o Celia Amorós Puente. -Concepción general de la normalidad desde la posmodernidad, estudiando a autores como Lipovetsky. -Teoría Queer. Lectura de autores como Judith Butler, Beatriz Preciado, Teresa de Lauretis, Riki Wilchins o Gayle Rubin.


32 | QUEERPO -Identidad y apariencia. Autores como, de nuevo, Judith Butler, C. Pena, J. A. Nieto, M.Luz Esteban o Linda Mac Dowell.

-Casos más particulares:

*Mujeres barbudas, autoras como Pilar

Pedraza. *Travestismo y transexualidad, autores como Leslie Feinberg o Kate Bornstein.

*Androginia, autores como Estrella de Diego.

La investigación teórica se realizó de forma paralela a la búsqueda de ejemplos gráficos dentro del arte (tanto plástico como gráfico) mediante: -Artistas individuales que trabajan la identidad como Del Lagrace Volcano, Bruce Labruce, Catherine Opie, Bettina Rheims, Leland Bobbé o Ron Athey. -Artistas de género como Adrian Piper, Ana Mendieta, Regina José Galindo, Esther Ferrer, Claude Cahun, Cindy Shermann, Sarah Lucas o Valie Export. -Grupos de acción como LSD, Girlswholikeporn, Post Op, Medeak o Radikal Gai. -Películas o documentales como Fake Orgasm, Venus Boyz o Paris is burning. Para llevar a cabo la parte práctica de la propuesta fue necesario analizar anteriormente, con precisión, las cuestiones a tratar. Antes de llevar a cabo las imágenes finales fueron necesarios estudios previos para lograr, a través del resultado final, demostrar la hipótesis planteada anteriormente, es decir, la posibilidad de desmontar los tópicos y clichés que mantiene la normalidad y demostrar que ésta falla al hacer vinculaciones erróneas entre apariencia e identidad.


<<La capacidad de la sociedad para reciclarlo todo es infinita, pero convendrĂ­a recordar que los hombres no son poderosos, sino que el poder es masculino>>. Estrella de Diego.


2. hacia nuevas construcciones: revisando lo establecido.

Completamente sumergida dentro de la era posmodernista, la sociedad del siglo XXI se caracteriza, principalmente, y desde aproximadamente los años 80, por un uso exacerbado de la idea de personalización, el ocaso de lo colectivo en pro del individualismo (la era de Narciso, del 'yo'). Un velo de “igualdad” nos cubre a todos los ojos, impidiéndonos ver cuál es la verdadera realidad que se oculta tras tanta fantasía animada, tras tanta supuesta preocupación por las necesidades de los ciudadanos. La opresión, que sigue teniendo una base semejante a la que ha tenido siempre, ha sido aliñada con fuertes dosis de un “supuesto” aumento de la libertad, no habiéndose eliminado, sino actuando, ahora, con otra identidad: la del consumo en base a toda una serie de nuevas necesidades, creadas para ello. Si el poder parece menos autoritario16, será más fácil adaptarse a él y asumirlo desde la normalidad que

16 Comparándolo con épocas anteriores, mucho más totalitarias y restrictivas. Foucault plantea en Vigilar y Castigar cómo el poder se suaviza para adquirir un control mayor y más eficaz sobre la gente que, al no ser conscientes de un sometimiento directo, se alejan de la idea de estar siendo controlados. VIGILAR Y CASTIGAR. El nacimiento de la prisión. FOUCAULT, Michel. Siglo XXI Editores. Argentina, 2003. Pág. 121-22.


36 | QUEERPO propone o, por el contrario, se entraría en la anormalidad. Esto tiene que ver, entre otras cosas, pero de manera relevante, con la idea del Panoptismo17 y de la autorregulación en que éste educa a las personas. El sentirse vigilado constantemente, tanto por el propio sujeto como por quienes lo rodean, genera un efecto de vulnerabilidad que implica el miedo a ser catalogado como 'anormal', como algo fuera de la norma, por no cumplir los modos establecidos de comportarse en sociedad. Los roles determinados nos marcan una serie de pautas a seguir en ésta. Esas pautas son lo que se entiende por modos 'normales' de ser. La sociedad actual, aún patriarcal, señala que el modelo correcto es aquel que cumple ideas como la de la superioridad racial blanca y con ello también la superioridad del modelo occidental, en el que lo correcto es, por ejemplo, la práctica heterosexual y monogámica de las relaciones amorosas, cuyo fin primero es la reproducción y el mantenimiento de la especie, y que supone daños colaterales tales como conflictos personales en quienes no quieren formar parte de esto. A pesar de que por un motivo u otro la normalización de los roles preestablecidos y la asimilación de los mismos nos haga creer que las cosas van mucho mejor de lo que iban hace algunas décadas, la jer-

17 “La división constante de lo normal y lo anormal a que todo in-

dividuo está sometido, prolonga hasta nosotros y aplicándolos a otros objetos distintos, la marcación binaria y el exilio del leproso; la existencia de todo un conjunto de técnicas y de instituciones que se atribuyen como tarea medir, controlar y corregir a los anormales, hace funcionar los dispositivos disciplinarios a que apelaba el miedo de la peste. Todos los mecanismos de poder que, todavía en la actualidad, se disponen en torno de lo anormal, para marcarlo, como para modificarlo, componen estas dos formas, de las que derivan de lejos. […] De ahí el efecto mayor del Panóptico: inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder. Hacer que la vigilancia sea permanente en sus efectos, incluso si es discontinua su acción. […] Lo esencial es que se sepa vigilado […] no tiene la necesidad de serlo efectivamente.” FOUCAULT, Ídem.


37 arquización y la institucionalización patriarcal de los modos de operar sigue vigente hoy en día, aunque actúe encubiertamente y su efecto parezca diluido18. Dichos modos son marcados por la 'norma', que establece los cánones de acción que debemos seguir, generando papeles concretos con los que la gente debería sentirse identificada. Bajo una sutil capa de disimulo y una buena dosis de teatralidad, el patriarcado19, la religión y la ciencia siguen estableciendo caminos que nos demuestran que aún, hoy en día, la masculinidad sigue siendo la que marca la dirección 'correcta'20. De entre todas las formas de jerarquización, la más básica es la diferencia entre hombres y mujeres: la sociedad sigue dictaminando mediante una práctica heteronormativa21 estos papeles, persistiendo la duali-

18 No debemos olvidar que vivimos en una sociedad que, desde el principio, ha sido construida y manejada por hombres, a su manera, marcando las directrices que servían para generar una jerarquización. Prueba de ello son los sucesivos esfuerzos reparadores de las leyes y programas para la igualdad y la paridad.

19 Marta Fontenla. “Patriarcado” en GAMBA, Susana (Coord.) Dic-

cionario de estudios de género y feminismos, Biblos, Buenos Aires, 2008 . Pp. 256-58. El patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva, y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia.”

20 En términos de igualdad. 21La heteronormatividad es un régimen social, político y económico

que impone el patriarcado y las prácticas sexuales heterosexuales mediante diversos mecanismos médicos, artísticos, educativos, religiosos, jurídicos, etc., y mediante diversas instituciones que presentan la heterosexualidad como necesaria para el funcionamiento de la sociedad y cómo el único modelo válido de relación sexoafectiva y de parentesco. El régimen se retroalimenta con mecanismos sociales como la marginalización o persecución. Tiene como base un sistema dicotómico y jerarquizado. Esto incluye la idea de que todos los seres humanos recaen en dos categorías distintas y complementarias:


38 | QUEERPO dad aún hoy en día, de modo que todo lo que salga de ella es considerado como práctica anómala. Por encima de todas las maneras posibles de identificación de una persona, la primera a la que damos cuenta nada más nacer es a la que indica nuestro aparato reproductor; 'niño' o 'niña'. Este hecho fisiológico implicará una educación concreta que hará que la persona en cuestión funcione socialmente en un modo u otro. Nada más nacer, eliminan la bisexualidad inicial a favor de una inserción en lo que se entiende, socialmente, como 'correcto'22. Sexo y género pasan a entenderse como 'uno', cuando, de hecho, son dos cosas diferentes. De esta forma, las anomalías quedan encasilladas, relacionando las identidades con roles concretos cuando posiblemente una persona se desarrollaría más ampliamente si fuera influenciada tanto por la idea de masculinidad como por la de feminidad. Surge, así, la pregunta de qué se entiende por normal si se eliminase lo que, como tal, está concebido socialmente.

varón y mujer; que las relaciones sexuales y maritales son normales solamente entre personas de sexos diferentes; y que cada sexo tiene ciertos papeles naturales en la vida. Así, el sexo físico, la identidad de género y el papel social del género deberían encuadrar a cualquier persona dentro de normas íntegramente masculinas o femeninas. En consecuencia, la heterosexualidad es considerada como la única orientación sexual normal. Wikipedia, consultado 3.12.12

22 No hay que olvidar que hablamos de la sociedad Occidental de nuestros días. Esto puede variar en función de las culturas.


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2.1 LO NORMAL Lo normal es un término construido para ser homogéneo pero que abarca cuestiones completamente heterogéneas y subjetivas. Se entiende como normal a cualquier ser vivo que no presenta unas diferencias importantes con el resto del colectivo al que pertenece, a pesar de que es necesario tener en cuenta que es imposible adaptarse perfectamente a lo que la idea de normal supone. Lo normal no se establece por naturaleza, puesto que ésta presenta diferencias entre individuos, sino que es una construcción social que intenta ser objetiva en un contexto cada vez más subjetivo. Normal y normalidad se generan a partir de la 'norma', término que proviene del latín y significa escuadra. Una norma es una regla que debe ser respetada y que permite ajustar ciertas conductas o actividades. Encontramos dos tipos de 'normas': las que el propio individuo se fija (o cree fijarse) para sí, ligadas a la ética, y las que son fijadas independientemente del sujeto que las cumple, son llamadas heterónomas23, que tienen que ver más con las costumbres que establece la sociedad por su repetición continuada. El no cumplimiento de éstas puede suponer el rechazo, miedo, desde la infancia, al que estamos todos expuestos.

23Heterónomo-a (de “hetero-” y el gr. “nómos”, costumbre, ley) adj. Se aplica, por oposición a “autónomo”, al que es regido por un poder ajeno a él. Diccionario María Moliner 3.12.12


40 | QUEERPO En teoría, las normas sirven para lograr el orden y la paz social, pero, en relación a la identidad y al género, ¿qué peligro genera el salirse de la heteronormativa y de lo que ésta impone? ¿O dejar de ser lo que por supuesta 'naturaleza' eres para construirte independientemente de las demandas sociales24? Mientras que el hombre pertenece al ámbito público, la mujer siempre ha quedado relegada a lo privado, al mantenimiento del hogar y, por supuesto, a la reproducción y el cuidado de los niños. Si bien es cierto que hoy en día esta situación tan desigual ha dejado de existir en la mayoría de los casos, lo que no ha dejado de existir es la dominación de la masculinidad sobre la mujer, lo cual supone fuertes consecuencias para nosotras en la medida en que vivimos en un mundo de hombres. Incluso el hombre que no quiere pertenecer al prototipo de masculinidad, también se verá afectado por ella. ¿Cómo escapar a esto? ¿De qué manera se pueden dejar de mantener los roles impuestos y generar identidades propias sin ser juzgados y apartados de lo aceptado, sea más o menos normal? En contraposición a la idea común de normalidad, surge lo 'anormal', centro de interés de la patología25. Entendemos la normalidad como una práctica salubre26, de modo que alguien que lleve a cabo prácticas fuera de la normativa se entiende como anormal y, en consecuencia, es un enfermo.

24 La respuesta es clara si entendemos que quienes construyen el poder no quieren desprenderse del mismo, si consideramos que se rigen bajo la idea de que para perpetuar la especie es necesario mantener las relaciones de dos personas de sexo opuesto con unos roles concretos que establecen el papel que cada parte tiene que cumplir en la sociedad.

25 Medicina encargada del estudio de las enfermedades en su más

amplio sentido, es decir, como procesos o estados anormales de causas conocidas o desconocidas.

26

Estar sano no es no estar enfermo, sino que entenderíamos la salud como ausencia de enfermedad en general, tanto física como mental.


41 La ciencia es un lastre al servicio del poder que dictamina por dónde camina la normalidad y qué comportamientos se salen de ella. Es como querer curar la homosexualidad a base de fármacos y limpiezas de cabeza. Tratar las cosas que no se conciben como correctas como si fueran enfermedades mentales es algo que no tiene ni pies ni cabeza. Es otro modo más de control social, de exclusión y marginación. Pero todavía es posible llevar a cabo una reinvención del 'yo'. Nunca es tarde para dejar de lado el estereotipo y cuestionar los aspectos que rodean a la normalidad. Mediante el arte, por ejemplo, podemos generar un mecanismo en el que yo, protagonista y autora, sea mi mejor ejemplo para demostrar cómo el sometimiento a los clichés27 es algo a lo que podemos escapar desde el momento en que éstos sean cuestionados, en que se demuestre que no siempre las vinculaciones 'tópicas' son acertadas. Por ello, mi investigación plantea la posibilidad de lo múltiple en las identidades individuales. Además, se propone avanzar en la idea de que debemos construir nuestras realidades para alejarnos de los dictámenes que marcan la economía, la política o la religión. Debemos, en la medida de lo posible, construir nuestra libertad como personas independientes, dejar de lado los conceptos establecidos tanto de normalidad como de patología, eliminarlos, entre otras cosas, de nuestro lenguaje, para pasar a ser quienes consideramos que debemos ser: ser seres en proceso y en constante cambio.

27

Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española.. Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia. Consultado el 15-03-2013


43

2.2. TEORÍA QUEER 28 “Las prácticas queer consisten en desestabilizar (to queer) normas que son sólo aparentemente fijas” Oliver-Rotger en Mérida Jiménez, 2002 El origen político del movimiento estuvo muy ligado en sus comienzos a grupos activistas herederos de otros grupos de lucha contra el Sida (ACT UP o Gran Fury). Queer, en inglés, significa “raro”. Con este término se trataba peyorativamente a los trabajadores del sexo ( transexuales,Drag King, Drag Queen, putas, travestis...). Empleando el mismo término que los descalificaba, la teoría queer se reapropió de éste para definir la indefinición que realmente propone esta teoría, lo cual supuso una inversión que en parte reitera el repudio mediante el que se creó el mismo, puesto que queer no deja de significar 'raro'. La palabra 'queer' adquiere su fuerza precisamente de la invocación repetida que terminó vinculándola con la acusación, la patologización y el insulto29.

28 Ideas extraídas EL DESALIENTO DEL GUERRERO, Representaciones

de la masculinidad en el arte de las décadsa de los 80 y 90. Capítulo 4, La teoría Queer.. MARTÍNEZ OLIVA, Jesús. Murcia, Cendeac 2004.

298. Acerca del término ‘queer’. Dificultades de la palabra ‘queer’.

en CUERPOS QUE IMPORTAN, Sobre los límites materiales y discursivos del ‘sexo’. BUTLER, Judith, Buenos Aires, Paidos, 2002. Pág. 318.


44 | QUEERPO Ésta busca mostrar, orgullosamente y sin tapujos, la diferencia con lo establecido, saliéndose de la 'norma', y lo que no se tolera o no se quiere asimilar, considerándose, en parte, una forma de resistencia a las fuerzas normalizadoras y opresivas. Frente al feminismo de la diferencia que ya integra la noción de cuerpo pero habla de una identidad femenina natural con una serie de rasgos intrínsecos: instinto maternal, sensibilidad,..., el postfeminismo o feminismo de tercera ola, donde se incluyen las teorías Queer, concibe el cuerpo (y no sólo el cuerpo de la mujer) como el efecto de un conjunto de tecnologías sexuales. Dice Beatriz Preciado: Las multitudes queer no son post-feministas porque quieran o deseen actuar sin el feminismo. Al contrario. Son el resultado de una confrontación reflexiva del feminismo con las diferencias que éste borraba para favorecer un sujeto político “mujer” hegemónico y heterocentrado. Las prácticas y teorías queer fueron más allá del activismo político, pasando a ser un estilo de vida, rompiendo así la identidad unidireccional y conservadurista de gays y lesbianas, que mantenían roles muy en función a la heteronorma, siendo mucho más radicales que todos los movimientos anteriores que rompían con la norma y lo heterosexual. El origen homosexual del término se fue ampliando a otras orientaciones y prácticas sexuales como la bisexualidad o el sadomasoquismo, convirtiéndose en un término que sirve para reivindicar el uso libre del placer y la huida de lo normativo30. Muestran abiertamente todas aquellas formas de deseo, obsesiones o fantasías que se ocultaban en la marginalidad, persiguiendo la abolición de las

30 EL DESALIENTO DEL GUERRERO, Representaciones de la masculinidad en el arte de las décadas de los 80 y 90. MARTÍNEZ OLIVA, Jesús. Murcia, Cendeac 2004. Capítulo 4, Pág.92.


45 políticas de identidad, no de la identidad, sino de las políticas públicas que tienen los Estados respecto a la identidad, es decir, de no incluir en los documentos de identidad la clasificación hombre o mujer atendiendo que en la concepción queer todos somos identidades en tránsito. Hay tantos géneros y orientaciones sexuales como personas hay en el mundo. También la cultura queer lucha por el cese de las mutilaciones a las cuales son sometidos las personas intersexuales (hermafroditas), a las cuales se mutila en la infancia para “normalizarlas” como varón o mujer. Esa condición de nacimiento del intersexual es vista como el caso que rompe con la construcción ideológica de que todos nacemos hombre o mujer (binarismo construido sobre una base ideológica) y que desconoce esta condición de nacimiento como natural31. Defienden las identidades cambiantes, indefinidas, en contra de la normalidad, replanteando la misma y las estructuras de poder. En conclusión, su principal objetivo era combatir el sistema heteronormativo, considerando que la sexualidad es una “organización histórica específica del poder, del discurso, los cuerpos y la afectividad'”32. Se produce un rechazo del 'yo', de las identidades sólidas, manifestando su derecho a ser cualquier cosa o a encontrar el placer de cualquiera de las maneras posibles. Entre los autores más destacados dentro de la Teoría Queer, encontramos a Judith Butler en su teoría de la performatividad. Percibe los procesos de creación de la identidad como procesos de sujeción, de control y de administración de poder que se naturalizan y llegan a ser imperceptibles como tales, debido, pre-

31MÉNDEZ

PEREIRA, Miguel. Posporno y cultura queer, extraído de ea.com.py/posporno-y-cultura-queer, consultado 5.12.2012

32EL DESALIENTO DEL GUERRERO, Representaciones de la masculinidad en el arte de las décadas de los 80 y 90. MARTÍNEZ OLIVA, Jesús. Murcia, Cendeac 2004. Capítulo 4, La teoría Queer. Pág. 94


46 | QUEERPO cisamente, a su repetición. Esto es justo lo que sucede con el género, factor clave para la configuración de la identidad; un individuo solo tiene una identidad cuando responde con claridad a un género en conformidad con los patrones de género existentes, es decir, el masculino y el femenino'.33 , buscando prácticas culturales que muestran que no existen géneros verdaderos ni un sexo natural, sino que todo al final es resultado de una serie de conveniencias socio-políticas. Otro ejemplo es el fotógrafo Bruce Labruce, que con sus fotografías pone en cuestión los modos habituales de comportamiento, la dualidad y la sexualidad, llevándolos al límite con ideas como la del skinhead gay, una mezcla de dos comportamientos que entre ellos, por lo general e ideológicamente, son opuestos, el radical violento y el afeminado.

33 Ibíd. Pág. 96


47 Pero, ¿qué pasa si dejamos de lado todas las clasificaciones que nos obligan a definirnos como normales o como algún subtipo de anormales? ¿Qué hay de ir más allá de lo establecido? Si bien es cierto que lo normal es algo mucho más cuadriculado que las opciones que plantea la Teoría Queer, es posible que ésta tampoco ofrezca soluciones para muchas personas, ya que se centra en cuestionar aspectos que tienen que ver, en buena medida, ya no solo con la identidad general, sino con la sexual y el modo de poner ésta, externamente, de manifiesto. Y es que tópicos hay en todos lados, y todo aquello que llevamos absorbiendo desde pequeños muchas veces no nos deja escapar tan fácilmente de nuestra capacidad casi innata de clasificar todo aquello que conocemos. Sin clasificar no nos podemos referir, y algo que no se ha clasificado parece que o no existe, o es incoherente. Clichés y tópicos se repiten en nuestro día a día, pero ya no solo dentro de la normalidad. Queer también supone referencia a ciertas clasificaciones, más abiertas, sí, pero, como ya he dicho, clasificaciones al fin y al cabo. ¿Qué pasaría si yo quisiera estar por encima de todo ello? ¿Si consiguiera superar las dificultades que supone tener que responder a algo, a ser algo, y generar una identidad en constante cambio cuya clasificación fuera compleja? Sin duda alguna, el estar acostumbrados a repetir normas de definición que nos conforman como individuos 'personalizados' es una restricción a la hora de ser tú mismo. Las clasificaciones suelen implicar el cumplimiento de una serie de puntos que te hacen pertenecer a un 'grupo' concreto, soliendo esto ser imposible, más


48 | QUEERPO aún hoy en día, en un mundo globalizado34 en el que las culturas se mezclan, en un mundo en el que la personalización está a la orden del día, y es casi una necesidad vital cubrir estas supuestas necesidades de reafirmación del 'yo', del individuo, que utiliza productos de alta tecnología, pero también puede recurrir a las medicinas tradicionales, puede oír rap y dedicarse a la astrología, hacer footing con el iPod pegado a los oídos y practicar yoga, calzar unas Nike, pero también ponerse una túnica africana, consumir ketchup y ser aficionado a los masajes chinos, al tarot o a la meditación zen35. Con tal abanico de posibilidades, tal mezcla de culturas, tanto cosmopolitismo, las identidades no pueden dejar de evolucionar nunca, por mucho que lo intentemos, o que intentemos pensar que es así. El individuo se pierde entre opciones, genera tal caos de necesidades dentro de sí que le es imposible encontrar aquellas cosas que de verdad le gustan o que considera que lo identifican. Luego su identidad es una marea constante. Tiene tantas cosas entre las que elegir y que piensa que le identifican que no sabe qué le interesa realmente o qué puede identificarlo realmente. Vive en una cultura sin cultura que le ofrece de todo, su identidad cambia, igual que sus gustos, casi semanalmente36. Existe un tópico a cumplir, quizás no tanto que ver con los gus-

34“El

hecho es esencial: no hay culturas múltiples, diferentes, enfrentadas a un fenómeno exterior, que sería la globalización. Hay un hecho social global, cuya iniciativa es occidental, que se llama globalización y que por sí mismo constituye una cultura, o que lo pretende, y que tiende a imponerse a todas las demás en nombre del bien: si no sabéis dónde está vuestro interés, nosotros lo sabemos, confiad en nosotros.” EL OCCIDENTE GLOBALIZADO. Un debate sobre la cultura planetaria .LIPOVETSKY, Gilles y JUVIN, Hervé Anagrama, Barcelona 2011. Pág. 111

35 EL OCCIDENTE GLOBALIZADO. Un debate sobre la cultura planetaria. LIPOVETSKY, Gilles y JUVIN, Hervé. Anagrama, Barcelona 2011. Pág. 75 36 Algo característico en el individuo de la sociedad actual, inmersa en la economía de consumo.


49 tos personales sino con el modo de afrontar la vida y la evolución: entendernos como animales sociales y públicos o como seres que tienen que cubrir una serie de expectativas para las que supuestamente su naturaleza les prepara, tales como la reproducción, y otras construidas que benefician a las estructuras del sistema, como por ejemplo el consumo o el trabajo. Sería posible desestabilizar este tipo de exigencias, que nos imponen a cada uno una función, si se deconstruyese el modelo jerárquico que nos modula conforme, supuestamente, debemos ser. Si el patriarcado acabase, la sociedad cambiaría por completo. El solo cuestionamiento de la situación en la que nos encontramos nos hace darnos cuenta de que algo falla. Pero, lamentablemente, todavía no ha llegado ese momento, y seguimos sometidos a esos modos que nos determinan y nos clasifican. A esos clichés y tópicos que nos hacen reírnos de unas cosas y respetar otras. Parte de este problema se debe se considera la normalidad como algo objetivo, cuando realmente cada uno, en la práctica, define su tipo de normalidad, si bien es cierto que la educación se ha encargado, mediante imágenes, libros, canciones... de inculcarnos de una manera sutil, pero no por ello menos efectiva, una idea concreta sobre qué debemos considerar normal, y qué no. Por ello es posible que, aún dentro de la subjetividad de cada uno, haya una normalidad, una idea de ésta, compartida por un gran número de personas (lo que entendemos por mayoría), que hagan posible la existencia de la normalidad por defender una serie de cuestiones concretas que mantienen vivas las ideas que proponen el patriarcado y la heteronormatividad. Entendemos, por ejemplo, que a un heavy no puede gustarle el rosa o que un chico heterosexual tiene que perforarse la oreja izquierda, y no la derecha. Eso sería de 'mariquitas'.


50 | QUEERPO ¿Qué pasa entonces cuando se ponen en el punto de mira estos clichés? ¿Cuándo se rompe o se intenta romper con ellos para generar opciones nuevas? ¿Dejan de existir o se renuevan ellos también? Es triste, pero la inexistencia de éstos es algo, hoy en día, casi imposible, si entendemos que la personalización los requiere en buena medida para darnos a entender como una cosa en concreto: siempre acabamos buscando la aceptación por parte del 'Otro. No estamos libres de la clasificación -los normales critican a los Queer y los Queer, aunque quieran la liberación de 'todo' el mundo, también critican a los normales-. Pero es que, además, hay muchos más subgrupos, tanto dentro de las prácticas normativas como de las anormales (más allá del queer) que también se critican entre ellos, que también tienen una identidad como grupo, conformada con sus clichés, con sus diferencias del resto. Lo que no saben es que, al final, todos caemos en los mismos errores y, por tanto, todos somos demasiado iguales. No hay una des-educación, un nuevo aprendizaje partiendo de la base de una crítica racionalizada contra las jerarquizaciones patriarcales: echamos tierra encima de lo que no nos interesa, lo enterramos y nos rehacemos conforme queremos, pero sin revisar si hay algo dentro de esa normalidad (en la que yo, personalmente, tampoco creo) que pueda servirnos de algo. Personalmente veo complicado escapar de cualquier tipo de identificación con algo que ya esté estructurado, independientemente de cual sea su nivel de aceptación social. Siempre tenemos la necesidad de identificarnos con algo y somos incapaces de superar los clichés, por pocos que sean, que nos hacen aferrarnos a la seguridad de ser aceptado por alguien, sea un grupo numeroso o uno minoritario37.

37 Muchos grupos minoritarios, de hecho, también se rigen por una lógica patriarcal. De hecho, en su mayoría, quitando los grupos trans-


51 La inclusión dentro de los subgrupos sociales lejanos a la normalidad también nos normaliza dentro de alguna práctica comúnmente entendida como 'anormal'. No existe nadie que no se identifique con algo, escapar a las etiquetas es un imposible que genera día a día clichés nuevos que podemos elegir entre cumplir o descartar, generando anticlichés que son, al fin y al cabo, nuevos clichés. Y es que la individualizada personalización del 'yo' en el mundo posmodernista sería imposible sin la búsqueda de la aceptación en el 'Otro'. Resulta tan cotidiano clasificarse que es imposible salir de la etiquetación de cada una de las cosas que nos constituyen. Parece necesario aferrarse a ellas para poder decir así quién somos, para poder explicar al mundo cómo nos sentimos dentro de la sociedad, de las construcciones o deconstrucciones que aceptamos. El problema radica en que se tiene tan asumida esa idea de personalización y clasificación que, aún hoy en día, cuando la divergencia es tal que no existen caminos a seguir, sino un enredo constante de éstos que lleva a la indefinición más absoluta, incluso esa indefinición se compone de pequeñas definiciones que nos incluyen o excluyen de los roles establecidos y de los contra-roles38.

género, homosexuales (y ni siquiera todos ellos) y los que se conocen, comúnmente, como de ‘bolleras’, más alguna gente metida en rollos alternativos (okupas, anarquistas, punks …) mantienen una jerarquización totalmente patriarcal, donde la masculinidad sigue planteando el modelo adecuado de mujer (a un heavy, a un rapero, a un ‘cani’, siguen gustándole las chicas de pechos grandes y talla 36) y donde se apoya la estructura social en la que el hombre está por encima de la mujer.

38 Y lo peor es que, más allá de esas pequeñas definiciones, el patriarcado sigue estando por encima, siendo la lógica fundamental de las relaciones entre hombres y mujeres en la mayoría de los casos.


52 | QUEERPO Todo lo expuesto no quita razón a la Teoría Queer cuando insiste en la idea de las identidades múltiples, en que una persona no tiene por qué estar constituida por una identidad firme, sino que varía, evoluciona en función de las circunstancias que la rodean. Estas identidades también son construcciones sociales, al fin y al cabo, siendo imposible que algo que esté construido siguiendo unas pautas, socialmente aceptadas o no, pueda ser catalogado de anormal o de normal por el simple hecho de que quien diga una cosa u otra sea un grupo mayoritario o minoritario. También me gustaría saber qué pensaría un queer de una persona que, habiéndose considerado homosexual, se heterosexualiza pero mantiene una apariencia poco acorde con lo que se espera para su género, o con cualquier tipo de incongruencia que pueda originarse, dado que cada persona es un mundo diferente y que en la percepción de cada uno está el captar los estímulos que vienen de fuera y adaptarlos a sí mismo conforme mejor considere necesario. Con la base fijada en estas cuestiones que me preocupan, la propuesta pretende, partiendo de la idea de que las identidades son múltiples y de la ruptura (o el intento de ruptura) con los clichés, proponer una alternativa que esté por encima de todo lo que se ha establecido, esté mejor o peor visto en sociedad, en un intento de hacer balancear los estándares. Propuestas más allá de los modos, tanto de los aceptados como de los recluidos, si bien es cierto la Teoría Queer entiende todo como anormal (pero anormal también es una clasificación). Dejar de lado esa necesidad de etiquetación para hacer problema de todo aquel que tenga apariencia normal y prácticas que no entren dentro de la normalidad, ya que ni siquiera el Queer acoge todo, sino


53 que se limita en general a hacer de apoyo para todos esos grupos sociales marginados39 que no encuentran un sitio en lo normal. Hay un agujero entre las prácticas de normalidad y el resto de alternativas a lo habitual, una fractura llena de paradojas. No es posible la clasificación de las personas en reductos concretos que las definan dentro de algo particular, porque todo puede tener diferentes acepciones. La clasificación simplista que generan los clichés hace que se caiga en el error de crear asociaciones con los elementos que a éstos identifican, que pueden ser tanto correctas como incorrectas. Y es que la apariencia externa de una persona no constituye por completo su identidad. De hecho, es interesante hacer una diferenciación entre una cosa y otra, puesto que muchas veces simplificamos y clasificamos guiándonos solamente por lo que vemos. Es cierto que, muchas veces, apariencia e identidad van unidas, pero ¿tiene que ser así siempre? Un caso muy sencillo es el de la persona que se tiene que arreglar, cambiar su apariencia, para ir a trabajar. El tatuado hardcoreta con traje y corbata. El perforado que se quita los piercings y se uniforma de bombero. La apariencia es solo el aspecto exterior de, en este caso, las personas. Pero la identidad va mucho más allá de eso. Nos quedamos en lo superficial, en lo que se ve, y eso nos parece suficiente para definir y clasificar a las personas, vinculando de forma errónea la identidad con la apariencia. Pero yo no soy una, yo soy mil. Todos somos mil. Nuestras identidades cambian y varían conforme vamos conociendo. Y es que el crecimiento no es sólo

39 En concreto, vinculados a las alternativas más ‘radicales’ en lo

que a sexualidad se refiere. No hablan de grupos marginales como por ejemplo, pueda ser la gente que pide en la calle.


54 | QUEERPO físico, es también mental, y el conocimiento de nuevas posibilidades y la absorción de éstas para cada uno consiguen que seamos seres en constante cambio. Ni el más cerrado conservador se mantendrá siempre igual. Es imposible ser siempre igual, estamos sometidos a demasiados estímulos, internos y externos, que nos afectan y, a veces, nos obligan a modularnos. Otras veces lo elegimos nosotros mismos, y eso es lo más hermoso de cada persona como ser individual. Mi apariencia externa no determina cuáles son mis deseos, quién me atrae, a quién decido querer, y a quién no.


3. SOMOS MIL: Sobre los equívocos en la relación entre identidad y apariencia 3.1 identidad En sentido etimológico, entendemos la identidad como (Del b. lat. identĭtas, -ātis). f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. f. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta las demás.40 Al pensar en nuestra identidad, aquello que nos constituye conforme somos y nos distingue del resto, entendemos ésta como el resultado de un proceso basado en decisiones personales. Esto solo es cierto en parte, puesto que las personas están dotadas de capacidad de decisión, pero es importante no olvidar que detrás de ese proceso existe algo más: construcciones socioculturales, aceptadas por lo común sin ser conscientes verdaderamente de su existencia, que nos conducen a mantener la noción general de normalidad, cuyo fin es perpetuar finalmente el modelo heteronormativo.

40

Real Academia Española, Diccionario de la lengua Española. Identidad(en español) (html). Consultado el 29-11 de 2012. De las fuentes usadas, nos interesa el tópico que subyace en la definición de la RAE.


58 | QUEERPO Dentro de lo que entendemos como identidad 'general' de un individuo, encontramos varias subidentidades, entre ellas la identidad cultural, entendida como el conjunto de valores, orgullos, tradiciones, símbolos, creencias y modos de comportamiento que funcionan como elementos dentro de un grupo social y que actúan para que los individuos que lo forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia. A través de la identidad cultural, los miembros responden a los intereses, códigos, normas y rituales que comparten dichos grupos dentro de la cultura dominante. Nos remite, por tanto, a la necesidad del individuo por estar vinculado, remediar la soledad o sentirse identificado con cosas o conductas concretas. Si bien es cierto que somos seres gregarios por naturaleza, es decir, tendemos a juntarnos en grupos, ya que necesitamos del grupo, la no inclusión y, por tanto, el sentimiento de pertenencia, a día de hoy, tiene más que ver con la generación de categorías cerradas que definen e identifican a las personas que con el propio gregarismo. De modo que no compartir el grupo de categorías que socialmente están aceptadas genera conflictos personales, y esa sensación (real en muchos casos) de sentirse marginado se incrementa exponencialmente la actividad de todas aquellas personas que defienden el modelo estándar y que recluyen a quienes no lo llevan a cabo. La exclusión social, la marginación, son construcciones que generan problemas personales cuando el individuo no se siente definido por la terminología y los parámetros que impone la normalidad. Para el enfoque del apartado, la identidad cultural queda íntimamente ligada a parámetros de género (o identidad psicosexual) y de sexo ( identidad sexual)41. Ambas identidades (psicosexual y sexual) quedan afectadas por las exigencias patriarcales y

41 Estas dos últimas pueden ir unidas pero sin ser lo mismo.


59 heteronormativas, exigencias respaldadas ampliamente por la religión y la ciencia. Desde este punto de vista, cabe preguntarse: ¿Qué hay de quienes no se ven dentro de ninguno de estos grupos? Es decir, individuos cuya identidad psicosexual y sexual divergen de lo establecido. La medicina, la psiquiatría, consideraron la no inserción como una cuestión patológica, y, en consecuencia, a quienes la presentan, como enfermos, desviados, intentando tratarlos, reeducarlos, para reinsertarlos en la normalidad, dando tratamiento de “problema” a todo y a todos los que no respondan a lo que desde el patriarcado se dictamina. La Ciencia, en este sentido, es una construcción social más, configurada como las demás, para servir a los valores establecidos por el poder, siendo sus dictámenes utilizados por éste para redirigir el modo colectivo de entender la identidad sexual y la de género, dejando ver el abismo en el que quedan ocultas tantas cosas y, sobre todo, colocando en una posición muy frágil a la libertad personal de cada individuo. La Ciencia/poder, en base a unos principios concretos42, queda encargada de determinar los comportamientos entendidos como sanos y también los que 'no lo son'. Al hablar de estar sano nos referimos también a lo mental, entendiéndose que todo aquel que no responda a las exigencias establecidas sobre la construcción de la identidad, ya sea psicosexual o sexual, padecerá desde la psicología una patología, de modo que el sistema intentará corregirla hasta su reinserción, siendo tachado, hasta ese momento, de anormal. La Teoría Queer interviene aquí en la medida que considera que ninguna identidad debe ser menos válida que otra, puesto que en realidad debería no

42 Los establecidos por el patriarcado.


60 | QUEERPO existir un modelo norma,l sino, más bien, que todos los modelos deberían ser entendidos como anormales, ya que todos son construcciones. Para el enfoque Queer, las personas están abocadas al cambio, y es lógico que sean de maneras diferentes en función de las necesidades concretas que puedan presentar en su vida.

3.1.1 IDENTIDAD SEXUAL Abundando en lo anterior, la identidad sexual abarca aspectos fundamentalmente fisiológicos que diferencian al hombre y a la mujer. Éstos tienen que ver con los caracteres fenotípicos que todos los humanos poseemos y que vienen condicionados por la biología. Estos caracteres fisiológicos, a su vez, pueden ser independientes del ámbito psicosocial (donde encuadramos la identidad de género), y es aquí, en la correlación que por lo general se malinterpreta entre ambas43, por lo que suele caerse en el error de considerarlas lo mismo. La identidad sexual tiene base biológica, mientras que la identidad de género, de la que hablaremos más adelante, es una construcción social. La identidad sexual se adquiere antes que la de género: el niño o niña toma conciencia de su sexo biológico, pero hasta los siete años aproximadamente la identidad de género no se consolida. En la confusión existente entre ambas desde la heteronormatividad, la identidad sexual es utilizada, precisamente, como un medio para conservar las necesidades patriarcales mediante la excusa de la reproducción como el criterio de normalidad, siendo “lo normal”, por tanto, la existencia de dos únicos sexos: el masculino y el femenino.

43Dicha relación ha sido generada para mantener las necesidades del modelo heteronormativo, pero no es natural.


61 Pero más allá de quienes poseen un único tipo de aparato genital que lo constituirá, biológicamente, como hombre o mujer, encontramos un fenómeno que rompe la lógica del binarismo: el hermafrodita o intersexual , señalando así la confusión entre identidad psicosexual e identidad sexual.

3.1.1.1 INTERSEXUAL O INTERGÉNERO

Anteriormente conocidos como hermafroditas, los intersexuales o intergéneros son aquellas personas que presentan discrepancias entre su sexo cromosómico (XY/XX), gónadas (testículos y ovarios) y genitales, presentando características tanto de hombres como de mujeres. La interesexualidad se ha entendido durante largo tiempo como una enfermedad (hoy en día también, en los sectores más conservadores). Para evitar cualquier tipo de carga peyorativa, actualmente se llama a cualquier 'enfermedad' intersexual “trastorno del desarrollo sexual”. Sorprende que en una época como la nuestra aún se entienda la intersexualidad como un trastorno. Desde el sistema de valores comúnmente aceptado, esto es un hecho, ya que tanto la ciencia como la religión y la política solo aceptarán como normales los dos sexos correspondientes al binarismo que posibilita la reproducción. De hecho, este es un destacable caso de anormalidad que se soluciona, a fin de una reinserción en la norma, mediante la supresión de uno de los sexos a partir la castración de uno de los dos genitales presentes en el individuo intersexual para incluirlo en la dicotomía sexual y poder darle una educación concreta en función del sexo conservado.


62 | QUEERPO Es así como, desde la preservación de las necesidades patriarcales, la ciencia se pone al servicio de la norma y suprime todo aquello que se salga del reducto atribuido a “lo normal” en pro de una inserción más eficaz dentro del rol (masculino o femenino) elegido para estas personas. En el caso de que el sexo elegido por el sistema para el hermafrodita no corresponda con el género al que éste siente que pertenece, generaría un nuevo conflicto en la persona, dejando en evidencia la precaria solución ofrecida por el sistema que hace evidente la confusión entre identidad sexual e identidad de género.

3.1.2. IDENTIDAD DE GÉNERO Mientras que la diferencia genital entre el hombre y la mujer es un hecho demostrable, la imposición de roles de género es algo aprendido. Los roles no son algo natural, sino comportamientos establecidos por la norma a fin de generar una autoidentificación que nos incluya dentro de las necesidades que dictamina el patriarcado. La conciencia de pertenecer a una de las dos categorías de género socialmente establecidas se desarrolla de forma temprana, íntimamente relacionada con los estereotipos sociales referentes y con los papeles que por regla cada sexo 'debe' representar. Al hablar de género, nos referimos a la exteriorización de dicha identidad por parte de una persona, lo cual en gran medida está marcado por las pautas de normalidad que desde pequeñas estamos obligadas a aprehender. Como afirma la Teoría Queer, el género es una construcción cultural al servicio de la heteronormatividad. La relación entre el sexo biológico y el sentirte hombre o mujer en función del sexo que se posees,


63 no es natural, sino una conveniencia más. Tampoco la orientación sexual tiene por qué ver ni con el sexo biológico ni con el género con el que una persona se sienta identificada. Y todo aquello que constituye la identidad de una persona, en general, no tiene por qué exteriorizarse de modo que se pueda vincular a su apariencia. En el apartado siguiente intentaremos señalar algunas de estas confusiones.

3.1..2.1 LA MUJER BARBUDA VS. BARBIE

No deberían existir las mujeres con pelo. Las mujeres con pelo son antinaturales, es mucho más natural el modelo de mujer treintañera con el cutis como el de un bebé: modelo barbie. Es este modelo el que no nos permite ser tal y como somos, asumir nuestra biología: tenemos bigote, entrecejo, pelo en las axilas, las piernas y en el pubis. ¿Qué hay de la mujer barbuda? Aquella extraña en la que me detengo brevemente porque me interesa señalar cómo el hombre hizo de éstas un monstruo, un objeto de circo. Nuestra cultura acentúa cada vez más el canon de la piel lampiña44. Es curioso cómo los hombres que en su día se horrorizaban al ver una mujer con vello en la cara como el masculino, a día de hoy se depilan de forma integral, tal cual han preferido siempre a las mujeres. Paradójicamente los mismos hombres que se horrorizaban ante el vello de la mujer barbuda, poco a poco ellos mismos van convirtiéndose en ese novio ideal: Ken, que acompaña a Barbie. Precisamente el modelo de mujer construido por el machismo. Es interesante el caso de las mujeres barbudas si entendemos que “técnicamente, el hirsutismo es la aparición en una mujer de pelo en áreas dependien-

44 VENUS BARBUDA Y EL ESLABÓN PERDIDO PEDRAZA, Pilar. Siruela, Madrid 2009. Pag 15.


64 | QUEERPO tes de hormonas masculinas como la testosterona”45 pero que este trastorno no implica necesariamente virilización, por el contrario, generalmente las barbudas del mundo del espectáculo han hecho gala de su feminidad46, por lo que ¿dónde situaríamos a estas mujeres? ¿Cómo las clasificaríamos? ¿Mujeres, monstruos, marimachos,…? No son normales desde los valores establecidos, pero tampoco tienen por qué ser queer. Este es un claro ejemplo de una gran e incómoda imposibilidad de clasificación en el que la apariencia, la identidad sexual y la identidad de género no tienen por qué responder a una misma construcción. De hecho, la mujer barbuda es un caso perfecto para soportar la idea de que la identidad, ese conjunto de rasgos que nos diferencian del resto, y la apariencia física no tienen por qué ir unidas, sino que, por el contrario, pueden, incluso, contradecirse. La feminidad de dichas mujeres puede verse en imágenes como las de Mme. Delait.

45 Ibid. Pag. 61 46 Continuación de cita anterior.


65

3.2. APARIENCIA Etimológicamente hablando y también según el diccionario María Moliner, entendemos apariencia como (sing. o pl.) f. Lo que una cosa muestra exteriormente, generalmente admitiendo la posibilidad de que no corresponda a la realidad: Aspecto. (pl.) Aspecto de las cosas que anuncia algo o es signo de algo. Al hablar de apariencia, nos remitimos al aspecto externo de las cosas, de las personas, etc. Erróneamente, se lleva a cabo una vinculación entre apariencia e identidad, pensando en la primera como el reflejo exterior de la segunda. Esta lógica está tan comúnmente extendida entre las personas, que desde el tópico se entiende que lo que vemos por fuera habla de lo que hay dentro. “La cara es el reflejo del alma”. Si bien es posible que en muchos casos pudiera ser así, y que, frecuentemente, las personas necesitan generar una estética concreta que hable, aunque sea sutilmente, de lo que son o lo que piensan (a veces con el fin de buscar la inclusión en un grupo social concreto), también en muchos casos esto no es posible, por lo que llevar a cabo dicha asociación generará un planteamiento y una visión muy pobre acerca de lo que realmente puede ser una persona. No necesariamente lo que mostramos al exterior tiene por qué hablar de nosotros. De hecho, en ocasiones, la apariencia puede ser usada como un tram-


66 | QUEERPO pantojo, un modo de confundir la realidad con lo que se muestra como real. La identidad, al contrario, es algo mucho más complejo y difícil de simplificar en la carta de presentación que nos ofrece la apariencia. Pueden darse apariencias socialmente entendidas como normales, vinculadas a unos estilos concretos en lo que a forma de vestir, comportarse, relacionarse con otras personas, etc., se refiere, habiendo otras que se vinculan con la anormalidad, cuando quizás sea aquella persona con la apariencia más normal quien más secretos oculte, teniendo precisamente desde esta norma una identidad totalmente 'pervertida'.

3.2.1. ANDROGINIA Y OTRAS47 POSIBILIDADES El término androginia hace referencia a un organismo que posee características tanto masculinas como femeninas, pero cuando los psicólogos hablan de androginia utilizan el término refiriéndose a la persona que presenta un equilibrio entre lo que normalmente se consideran características psicológicas masculinas y femeninas. Según la Real Academia Española48, actualmente ambos términos pueden utilizarse como sinónimos, aunque proporciona para "Andrógino" una definición alternativa que especifica: Dicho de una persona cuyos rasgos externos no se corresponden definidamente con los propios de su sexo.

47 Pero no todas. 48 Se ha empleado el diccionario de la R.A.E

por ser el instrumento que recoge en sus sucesivas reediciones el uso que del lenguaje hace nuestra sociedad, pareciéndonos el más adecuado ya que se ve afectado de manera muy directa por los tópicos y clichés que queremos tratar.


67 El andrógino sería, pues, o bien un ser físicamente intermedio, con rasgos sexuales de hombre y de mujer, o bien un hombre o una mujer que no aparenta de forma clara el sexo al que pertenece.49 Hay personas que físicamente son andróginas por naturaleza, es decir, sus rasgos no se pueden interpretar como de mujer u hombre, sino que están a camino entre ambos. La no definición exterior de una persona ya la está introduciendo dentro de un tipo de anomalía concreta. El andrógino, como todos nosotros, por naturaleza posee un sexo concreto(y no nos referimos a los órganos sexuales) que posiblemente no será fácil de distinguir solamente fijándonos en su apariencia exterior. A pesar de que en lo externo el andrógino no esté 'definido', su identidad de género, puede responder a las exigencias heteronormativas, o no. Andrógina puede ser una mujer que aparente ser un hombre pero que posea no solo identidad sexual femenina sino también psicosexual, perteneciendo así al género que, normativamente50, responde a su sexo fisiológico. Pero, por otro lado, su orientación sexual, al aparentar ser un hombre, puede no ser entendida como correcta, pese a que la identidad no tiene por qué estar relacionada ni con la apariencia ni con la sexualidad. Más allá del que es andrógino por naturaleza, se presenta otra posibilidad: ¿y si una persona quisiera parecer andrógina por pura estética o porque así considera verse mejor? Aquel cuya apariencia coincida con su identidad sexual, pero que, por gustos, prefiera adquirir un aspecto que permita no insertarlo dentro del binarismo sexual. No hablamos de travestismo, ya que la identidad de género de la persona puede responder a su sexo biológico, sino de que, por moda, gustos o cualquier otro motivo, cabe la posibili-

49 Wikipedia, Androginia. (html) Consultado 1.12.20012 50 Según la heteronormatividad.


68 | QUEERPO dad de masculinizarse o feminizarse externamente sin que esto tenga que hablar de nuestro género u orientación sexual. Así, se podrían tener tendencias entendidas como heterosexuales, pero aparentemente tener una presencia más masculina o, más bien, masculinizada51, no por necesidad de parecer un chico, sino porque puede haber aspectos estéticos que se relacionen con la masculinidad, en los que sentirse a gusto, igual que podemos ver hombres no homosexuales que presentan características de afeminamiento tanto en su apariencia externa como en sus comportamientos. Estos casos son evidencias de que nuestra sociedad confunde la estética con la identidad en detalles tan básicos como, por ejemplo, el uso del maquillaje de una manera concreta: el simple detalle de maquillar un ojo puede vincular con parámetros correspondientes a la feminidad cuando existe la posibilidad de que haya hombres a los que les guste emplear el maquillaje como un modo de mejorar y modificar su apariencia, de nuevo, independientemente de su sexo, género u orientación. Todo esto nos viene a demostrar que las identidades están construidas a partir de imposiciones sociales que mantienen los roles establecidos por la heteronormatividad.

3.2.2. ROLES DE COMPORTAMIENTO El comportamiento es la manera de proceder que tienen los seres vivos en relación con su entorno. Establece conductas formadas a partir de patrones de actuación estables que se desarrollan en base a una estructura social, a través de modelos de relaciones.

51En caso de pertenecer al sexo femenino.


69 Estas relaciones surgen de la implicación de las personas en dichos patrones, a veces de forma consciente y otras de forma inconsciente. La aceptación social de un comportamiento depende de las normas sociales y está regulada por los medios de control social. En la sociedad existen una serie de normas que determinan qué roles de comportamiento son normales y cuáles no. Dichas normas dependen del contexto y van acompañadas de sanciones que se aplicarán ante el no cumplimiento de las mismas. Y es que en muchos casos el comportamiento es usado para definir y clasificar a las personas, quizás más que por sus propias ideas. En nuestra sociedad, occidental, caracterizada por basarse en la heteronormatividad, se establecen una serie de modos 'normales' de comportamiento que implican que aquellos que se salgan de éstos serán incluidos, directamente, dentro de la anormalidad, siendo patologizados. Los comportamientos son determinados a partir de roles. Un rol, o papel, plantea jerarquías que se mantienen mediante el establecimiento de normas y sanciones que pretenden el cumplimiento de los mismos. Si el individuo no desempeña su rol de la forma esperada, puede tener riesgo de exponerse a sanciones. En la sociedad actual, por ejemplo, se considera normal ser determinado, preciso, puntual o serio. Se vincula de forma errónea el comportamiento con la identidad, si entendemos que éste forma parte de la apariencia externa de una persona y que la identidad es malentendida como un 'todo' definitorio de lo que es o no es una persona, para introducirla dentro de la normalidad o, por el contrario, en la anormalidad. Creemos que lo que vemos por fuera habla necesariamente de lo que se es por dentro, cuando el comportamiento es construido en base a una serie


70 | QUEERPO de características concretas que se definen en cada uno de los periodos históricos en función del contexto socio-cultural. Si entendemos que nuestro contexto es marcadamente patriarcal52 y que la heteronormatividad es la que determina cómo deben ser las cosas dentro de cualquier estamento, los comportamientos también se verán afectados por la misma. La primera jerarquización es la diferencia entre el hombre y la mujer, de modo que establece cómo, en teoría, debe comportarse cada uno de los dos polos del binarismo en sociedad. De este modo se lleva a cabo una patologización de aquellos que presenten comportamientos que no 'corresponden' con lo establecido por el modelo heteronormativo. Los comportamientos vinculados a cada uno de los sexos, aparte de ser construcciones sociales, dependen del contexto en el que nos encontremos. Así, no es igual el modo en que la masculinidad se entiende actualmente a como se entendía, por ejemplo, en el siglo XVIII, donde encontramos a Luis XVI, por ejemplo, como caso explicativo de la masculinidad de la época: vestía pelucas, se maquillaba con polvos blancos el rostro,... Si, en su momento, Luis XVI se entendía como masculino, actualmente habría sido tachado de anormal tan solo por la apariencia que presentaba. Pero eso no lo alejaba de ser un hombre. Si comparamos el modelo de masculinidad del siglo XVIII con el modelo de masculinidad actual, podemos darnos cuenta de que la heteronormatividad es una construcción que genera modelos que no tienen nada que ver entre sí a lo largo de la historia. Por tanto, la aceptación de éstos como normales depende del contexto en que nos encontramos. Ésto corrobora que el modo de comportarse en sociedad

52 Una de las pocas cosas que no ha cambiado a lo largo de toda la historia es la estructuración patriarcal de las relaciones y la dominación de la masculinidad.


71 está sometido a las necesidades patriarcales independientemente de la época, por lo que no es natural53. Por otro lado, dentro de la feminidad, un ejemplo a destacar son las amazonas, grupos de mujeres guerreras que, a fin de poder luchar mejor, se cortaban su pecho derecho para manejar con más facilidad el arco. Según el mito, no dejaban entrar a ningún varón en su comunidad pero, una vez al año, para preservar el matriarcado, asaltaban y violaban a los hombres de la aldea más cercana, acabando posteriormente con los hijos masculinos y criando solo a las niñas. Actualmente, y en la sociedad occidental, entendemos, por ejemplo, que lo suave o lo dulce pertenecen al ámbito de lo femenino, mientras que lo duro pertenece a lo masculino. Se genera, de esta manera, una nueva vinculación errónea entre apariencia e identidad, dependiente de las supuestas obligaciones a las que nuestros roles nos someten, dando por hecho, por ejemplo, que el hombre será más rudo y saludará a sus amigos con una ruidosa palmada en la espalda, escupirá y eructará, mientras que la mujer, poco agresiva, saludará con dos besos, cruzará las piernas al sentarse y agitará frenéticamente las manos cuando ha sucedido algún acontecimiento importante. Un ejemplo pertinente y genérico es, verbigracia, la asociación errónea en las sociedades occidentales del maquillaje a la mujer: cómo, si aplicamos, por ejemplo, color a los ojos, un rostro puede 'feminizarse' de modo que la persona que lleva a cabo dicha práctica pasa a entenderse, sea hombre o mujer, como persona que lleva a cabo comportamientos vinculados de forma genérica a la feminidad.

53 Ya que si fuera natural no cambiaría en función de las circusntancias socio-culturales de cada época, sino que se mantendría permanentemente o cambiarían solo pequeños matices.


72 | QUEERPO Pensemos qué pasaría si dichas acciones sucediesen al revés. ¿Como qué entenderíamos al hombre que lleva a cabo gestos femeninos y a la mujer que usa los masculinos, hoy en día? Como ejemplos, surgen, por un lado, las marimachas o machorras54: mujeres con comportamientos masculinos que no tienen por qué dejar de ser femeninas en otras de sus prácticas, como puede ser la depilación. Además, una mujer no tiene por qué someterse al prototipo de feminidad, y por no llevarlo a cabo no tiene por qué ser menos mujer, sentirse menos mujer. A pesar de ello, siempre han tenido que lidiar con la anomalía, ya que lo común de la feminidad es no ser masculina. Por otro lado, encontramos al metrosexual. Éste es un ejemplo bastante complejo si entendemos que, mientras la marimacho será vejada por ser una mujer que hace poca gala de feminidad, el metrosexual, aquel hombre que se considera muy masculino pero se depila completamente y cuida de manera exagerada su físico, sigue considerándose un hombre55. El metrosexual siente una gran preocupación por su imagen, tratándose la piel, depilándose... Se 'gusta' a sí mismo, pero no deja de ser un hombre; no deja de tener comportamientos masculinos, más allá del cuidado exacerbado de su imagen. Es algo así como un dandi del siglo XXI, y su orientación sexual y su género no tienen por qué verse 'alterados' por sus prácticas. De cualquier modo, el metrosexual, igual que la machorra, tendrá admiradores que vean en él un modelo de belleza a seguir, y detractores que lo consideren un modelo aberrante y antinatural. Por su parte y más allá de lo que establece la heteronormatividad, las teorías Queer sostienen, bajo su defensa de las identidades múltiples, que los comportamientos son algo natural de las personas y que no

54 De Mari, apócope de María, y macho. 55 Respecto a los parámetros de masculinidad. Es decir, no será patologizado.


73 tienen por qué ver con su apariencia, lo que supone que tampoco deberían determinar el género de las mismas. El comportamiento, al igual que la identidad, es algo múltiple que se restringe a fin de mantener las necesidades del patriarcado. Como ejemplo que rompe completamente con las construcciones respecto al comportamiento, encontramos personas de un sexo biológico concreto que, no sintiéndose a gusto con el género que por 'naturaleza' le corresponde, adquieren comportamientos que podrían vincularlos con el sexo contrario. Este es el caso de travestis y transexuales, personas que, sintiendo pertenencia al género opuesto al que pertenece su sexo, actúan como si formaran parte de dicho género, adquiriendo construcciones en sus modos de actuar que se relacionen con el sexo biológico en cuestión. Así, el travesti, como hombre que se transforma en mujer, adquirirá comportamientos vinculados a la feminidad, los cuales, posiblemente, tengan una base marcadamente heteropatriarcal, entrando de nuevo en los tópicos y clichés básicos de la heteronormatividad. Estos roles de comportamiento físico serán analizados y posteriormente caricaturizados por el movimiento Drag.

3.2.3. TRAVESTISMO Y TRANSEXUALIDAD Nos encontramos ante dos modelos que se incluyen dentro de la lista de trastornos sexuales que rompen con el modo de entender el cuerpo y la sexualidad, de tal manera que no encajan ni en el modelo heteronormativo ni en lo propuesto por la teoría queer: tanto unos como otros se construyen, de manera diferente, en base a unos tópicos establecidos con anterioridad sobre lo que debe ser masculino y lo que debe ser fe-


74 | QUEERPO menino, a la vez que transgreden su propia naturaleza y, en caso del transexual, la alteran hasta el punto de modificarla físicamente. Ambos se convierten, de este modo, en la gran paradoja de la identididad, tanto sexual como de género. Desde la heteronormatividad son tachados de anormales cuando ellos precisamente se construyen conforme al modelo femenino que impone la sociedad patriarcal, cuando hablamos de hombres, y conforme al modelo masculino, cuando hablamos de mujeres. ¿Dónde los introducimos si entendemos que tampoco encajan dentro de la lógica de las Teorías Queer? Tanto uno como otro se encuentran en la franja que separa la normalidad del queer. Un travesti es aquella persona que, perteneciendo a un sexo biológico concreto (masculino o femenino), acostumbra a utilizar vestimentas socialmente asignadas por la heteronormatividad al sexo opuesto. El travesti solo modifica su apariencia para conseguir que esté acorde con su identidad de género. En este caso hablamos de transgénero, es decir, sujetos que aceptan su sexo biológico pero que reniegan de su género y lo muestran externamente. Por tanto, la discordancia existe entre su género y los roles sociales que se asignan para cada género (modos de vestir o de actuar). El travesti es un fetichista, pudiendo travestirse solo de forma ocasional o de manera permanente. Además, unos pueden vestirse y maquillarse completamente de mujer, mientras que otros pueden, tan solo, llevar una prenda íntima que puede incluso usar para sus prácticas sexuales. El travesti masculino no tiene por qué sentirse atraído, en caso de los hombres, por hombres (y al revés).


75 Su orientación sexual no tiene por qué estar 'invertida'. Puede gustarle vestirse de mujer, sentirse mujer, y gustarle las mujeres. No modifica su cuerpo, solo su apariencia externa. En las mujeres, el travestismo adquiere un cariz político en la medida que vestirse de hombre supone una liberación de las exigencias que la masculinidad impone sobre la feminidad. El travestismo genera incongruencias que dan otra vuelta de tuerca sobre esa idea de 'normalidad'. Es complejo incluir al travesti tanto en la normalidad como en la anormalidad. Por un lado, a pesar de referenciar a la feminidad entendida como normal, rompe con la norma en la medida en que transgrede el género que, por naturaleza, se supone que debe corresponderle. Por otro, su modo machista de entender la feminidad tampoco permite que encaje del todo dentro de la teoría Queer, a pesar de la anomalía que supone ser un hombre vestido de mujer, con un género que no corresponde a su sexo biológico. Así, mientras que el travesti es la persona que se siente identificada con el género contrario a su género 'natural', un transexual es la persona que no se siente identificada con el género que se le asignó legalmente al nacer, y necesita modificar su naturaleza física, por ejemplo, la identidad en el DNI, de modo que la diferencia entre estos términos proviene del grado de identificación que el sujeto tiene con el género al que se cambia. El transexual, de esta forma, busca una modificación de su cuerpo para adaptarla a sus necesidades de género. En él, la discordancia existe entre su género propio (que se ha ido formando a lo largo de su vida) y el biológico, con el que ha nacido, necesitando transformarlo, 'arreglarlo', mediante operaciones quirúrgicas.


76 | QUEERPO Pero también hay tintes patriarcales dentro de la concepción que, por ejemplo, un hombre, tiene a la hora de querer convertirse físicamente en mujer. Pese a la valentía que tiene a la hora declararse en contra de la propia naturaleza con la que ha nacido y en la que no se siente a gusto, y llevar a cabo la transformación, las construcciones heteronormativas afectarán en el modo de deconstruirse. Se operará el pecho y querrá, en la mayoría de los casos, un busto firme y grande, proporcionado. Una buena cintura y unas piernas depiladas, una cara sin vello. La transexualidad no tiene cabida dentro de la heteronormatividad y se incluye dentro del movimiento Queer cuando ni siquiera 'cumple' con lo que éste propone. Mientras que el Queer tiene tendencias marcadamente feministas, la transexualidad, en numerosas ocasiones, de manera más frecuente en los hombres que se convierten en mujeres, tiene, como se ha dicho anteriormente, marcados tintes patriarcales. El ejemplo trans, nuevamente, nos muestra individuos que resultan paradojas a la luz de los dos planteamientos, tanto la heteronormatividad, como el Queer. Travestismo y transexualidad nos muestran, así, dos ejemplos relevantes de cómo la apariencia y la identidad no tienen, y de hecho parecen no estar relacionadas. Pero no sólo la apariencia es vinculada de forma errónea con la identidad. También existe la tendencia a vincularla con la orientación sexual de las personas.


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3.2.4. DRAG QUEEN Y DRAG KING Drag (King o Queen) suponen, según qué persona, una caracterización exagerada e irónica del estereotipo masculino, en el caso de las King, y femenino, en el caso de los Queen. Mediante dicha caracterización, el o la Drag critican los roles, los estándares que rodean a los modos 'normales' de entender la masculinidad y la feminidad. El Drag o la Drag son conscientes de las desigualdades y de todos los problemas que suponen los cánones sistematizados de 'cómo debe ser una mujer, cómo debe ser un hombre'. Al contrario que el travesti o el transexual, cuyo género no corresponde con su sexo, el Drag ironiza algo que existe. Son performers. Las Drag King56 hiperbolizan la idea de masculinidad, representan, analizando los roles de comportamiento establecidos, a personajes masculinos o machistas, mientras que los Drag Queen57 actúan como mujeres de manera exagerada, si bien es cierto que los Drag Queen poco a poco se han ido neutralizando, en la medida que plantean una estética más concreta, vinculada a una serie de espectáculos determinados. De cualquier modo, ambos han conseguido generar algo totalmente diferente a lo que hasta el momento se conocía: el perfil Drag, en el que identidad y apariencia no tienen nada que ver, si entendemos que Drag supone la creación de un papel, una dramatización ficticia basada en situaciones reales.

56 Mujeres que actúan vistiéndose de hombres. 57 Hombres que actúan vistiéndose de mujeres.


78 | QUEERPO Ambos , King y Queen, llevan a cabo la caricaturización tanto de la apariencia como de los roles, criticándolos de modo satírico mediante la exageración de las cualidades estéticas y de actuación asociadas a cada sexo y con una intención principalmente histriónica58. Asumen, por tanto, los roles de comportamiento establecidos por el modelo heteronormativo para criticar las identidades. A la luz de esta reflexión, se nos presentan muchos modos diferentes de entender algo aparentemente tan básico como es la dualidad de géneros. Dentro de todas estas posibilidades, para el enfoque de este trabajo, el planteamiento Drag (tanto King como Queen) es el más interesante, en la medida en que lleva a cabo un replanteamiento de la dualidad, del binarismo de género, y lo que ambos suponen en una sociedad como la nuestra, convirtiéndose en la propuesta más subversiva de todas, formulada de forma consciente para que sea así. La caricaturización de los roles planteada por el Drag cuestiona al público sobre si realmente géneros solo existen dos, si nuestro sexo biológico tiene la suficiente fuerza como para condicionarnos a decidir quiénes somos, qué apariencia adoptamos de cara al resto, o cuál es nuestra inclinación sexual. En Venus Boyz59, al principio, una de los personajes decía algo como 'Me encanta. Es divertido (actuar como un hombre). Es divertido porque no soy un hombre, es divertido ponerse en el otro género.' Cuando le preguntan sobre si querría ser un hombre, responde 'No, es más divertido jugar a ser ellos. No quiero ser un hombre'.

58 Aquel/aquella que actúa de manera teatralizada. 59BAUR, Gabrielle. Documental, 2002.


79 Dentro de este apartado es interesante señalar a autores como Leland Bobbe o Del Lagrace Volcano. Leland Bobbe se centró en realizar un importante trabajo de maquillaje en hombres, generando una propuesta consistente en una serie en las que conserva la mitad de la cara de los fotografiados en estado natural -masculino- y maquilla al estilo Drag Queen la otra mitad, exagerando la feminidad, metido él también dentro de los estereotipos, posiblemente de forma voluntaria. Sin duda, el autor más interesante dentro de este apartado es Del Lagrace Volcano, un fotógrafo que nació siendo mujer, pero que a partir de los 37 años decidió destacar su parte masculina, definiéndose actualmente como un miembro reticente de la especie humana buscando, incluso, conseguir que en su pasaporte conste la opción de género no definido o abierto. Fotografía a la comunidad Queer desde los ochenta y es activista transfeminista. Se autodenomina abolicionista del género. De hecho es un claro ejemplo de cómo la identidad puede ser algo realmente complejo y difícil de definir. Llevé los parámetros hasta lo que una lesbiana podía ser (o le estaba permitido ser) hasta [..] que me liberé en el “mar de las posibilidades”. Soy un terrorista del género […] un terrorista del género es cualquiera que consciente e intencionadamente subvierte, desestabiliza y desafía el sistema de género binario…


4. CONCLUSIONES El estudio de las construcciones sociales entorno a la idea de normalidad basadas en el modelo heteronormativo nos demuestra que éstas fallan en la medida en que presentan fracturas entre las que encontramos numerosas posibilidades que nos demuestran que todo lo que rodea a lo normal es una construcción de carácter social, que responde a necesidades de mantenimiento de la estructura actual del poder, de base patriarcal: lo masculino determina cuáles son los comportamientos socialmente correctos tanto para la masculinidad como para la feminidad. Por su parte, la teoría Queer presenta argumentos muy coherentes respecto a la idea de la identidad como una construcción de carácter socio-cultural creada para responder a dichos intereses hegemónicos, pero también presenta fracturas, en la medida que no incluye dentro de sí todos los modelos posibles, si entendemos que descataloga, directamente, lo que se entiende como normal. Así, desmontar los clichés y los tópicos a partir de alteraciones sutiles tanto de lo normal como de lo a-normal, nos permite corroborar la idea de que ninguno de los dos modelos es completamente válido a la hora de responder a las necesidades reales de las personas, habiendo tantas opciones válidas como personas. La politización a todos los niveles que presenta la sociedad actual, nos demuestra que todo aquello a lo que servimos existe para cubrir una serie de intereses que ni siquiera pertenecen a las personas, sino que


82 | QUEERPO han sido impuestos de modo que se nos presentan como aquello a lo que debemos responder sin tan siquiera tener en cuenta nuestras necesidades reales. La normalidad genera, así, un sometimiento inconsciente y no permisivo en la medida que no deja ver todas las posibilidades existentes más allá de lo que ella misma ofrece, impidiéndonos entender, al mismo tiempo, que lo que creemos como natural es algo que no depende de nosotros, sino de intereses políticos superiores, y que ciertamente, no es natural. Sometidos de este modo a dichos intereses, olvidamos que nuestra identidad es algo múltiple y variable que se ve afectada por múltiples factores, como el propio entorno o las circunstancias que rodeen a una persona en un momento concreto de su vida. La heteronormatividad impone sus necesidades de perpetuación de la especie sobre el individuo, de modo que normaliza ciertos comportamientos y descalifica otros, sirviéndose para ello del control ejercido por la autorrepresión, apoyada y ejercida desde la Religión y la Ciencia como medio para mantener dominadas a las personas. Ambas nos remiten a modelos que ofrecen respuesta sólo a sus intereses en lo que a sexo y género se refiere, si entendemos que estos intereses se centran, principalmente, en mantener la dicotomía que permite la perpetuación de la especie mediante la reproducción (relación monogámica de carácter sexual entre dos personas del sexo opuesto). Los ejemplos existentes que corroboran las alternativas a lo que el modelo heteronormativo propone nos ayuda a demostrar que todo sobre lo que generamos nuestra identidad no es natural. La confusa relación entre identidad y apariencia es fácil de desmontar cuando encontramos ejemplos que demuestran lo pobre que es dicha vinculación, en la medida que nos limitamos a emplear la apari-


83 encia como instrumento o indicio para catalogar a las personas, cuando ésta solo muestra una pequeña parte de todo lo que podemos, realmente, ser. Por ejemplo, yendo más allá del travestismo y la transexualidad, se podría dar el caso de encontrar una mujer a la que le gustara tener barba de una manera fetichista, sin sentirse parte del género masculino, solo por mera estética, demostrando que incluso los parámetros dados a los comportamientos anormales son modificables y ayudan a generar nuevas opciones y visiones sobre la identidad y la apariencia. Las identidades son plurales, igual que los gustos de las personas. Lo que la apariencia muestre solo es una pequeña parte del conjunto que nos conforma. Además, en una sociedad en la que el afán de personalización es una de sus características principales, como pasa con la sociedad posmodernista, es imposible que la identidad sea algo fijo, debido a que constantemente estamos modificándonos, tanto por dentro como por fuera, potenciándose así la transformación y el cambio, y corroborando la idea de que la multiplicidad existe dentro de cada uno. Somos seres en tránsito, en constante aprendizaje, rompiendo de manera inconsciente los límites entre lo que se supone que debemos ser y lo que realmente queremos ser. Somos mil dentro de uno, mil en constante cambio.


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89 PIPER, Adrian; BREITWIESER, Sabine (comisaria) ADRIAN PIPER, desde 1965: [exposición]. Barcelona : Museu d'Art Contemporani de Barcelona, 2003. PIPER, Adrian. OUT OF ORDER, OOUR OF SIGHT. Cambridge, Mass. [etc.] , MIT Press , 1996. RUIDO, María. ANA MENDIETA. Madrid : Nerea, 2002. Comisarios ALIAGA, Juan Vicente... et al. TRANSGENERIC@S: representaciones y experiencias sobre la sociedad, la sexualidad y los géneros en el arte español contemporáneo. [exposición colectiva] diciciembre 1998 – febrero 1999 Koldo Mitxelena Kulturunea, Donostia- San Sebastián / Diputación Foral de Gipuzkoa, D.L.

PELÍCULAS BAUR, Gabrielle. VENUS BOYZ. Documental. Alemania, 2002. LIVINGSTON, Jennie. PARIS IS BURNING. EEUU, 1990. SOL, Jo. FAKE ORGASM. España, 2010.

PÁGINAS DE AUTOR www.bettinarheims.com www.brucelabruce.com www.dellagracevolcano.com www.lelandbobbe.com


92 | QUEERPO


95

BRUCE LABRUCE

TĂ­tulo desconocido.


96 | QUEERPO

TĂ­tulo desconocido.


97

TĂ­tulo desconocido.


99

Del Lagrace Volocano

King Beato & Tess Tickle. ParĂ­s, 2004.


100 | QUEERPO

The Artist as a young Herm, Paris 2004.


101

Gingerspice Del, London, 2004.


103

Leland BobbĂŠ

De la serie Studio Portraits,


104 | QUEERPO

Legs Malone, de la serie Neo-Burlesque.


105

De la serie Half-Drag, a Different King of Beauty


107

bettina rheims

Osaki, Janvier, ParĂ­s, 1991.


109

catherine opie

Oliver in a tutu, de la serie In and around home.


111

la mujer barbuda

Madame Delait of Thaon- Les- Vosges


113

Luis XVI como ejemplo de la masculinidad del s.XIX

Luis (dcha.) y su hermano, el Conde de Provenza (izq.) pintados por Franรงois Hubert Drouais.


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Fotogramas Venus Boyz

Me encanta. Es divertido (actuar como un hombre). Es divertido porque no soy un hombre, es divertido ponerse en el otro gĂŠnero. [...] No, es mĂĄs divertido jugar a ser ellos. No quiero ser un hombre.


Ello.


No era transexual pero le gustaba llevar barba. El vello como elemento estĂŠtico.


De lo que somos o lo que aparentamos ser.


Odi et amo.


Imágen pags. anteriores y superior. Serie Los recodos de la estética. Dípticos.


Ello II.


Sobre los cuentos y los cuerpos de la feminidad.


Estudio sobre el vello.


Berta y Berto.


Ello III.


La bella y la bestia.



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