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60 Lunas Meridianas »Poemas

Julio César Sarmiento Esquinca


60 Lunas Meridianas Julio César Sarmiento

Contacto con el autor: www.jcsarmiento.com Julio_cesar_sarmiento@yahoo.com.mx ® Cultura Alternativa AC MMXII I Edición Junio de 2012 Portada y formación Benjamín de La Cruz Versión digital

Egomedia Impresión Imprenta de la Cruz Maclovio Herrera No. 851 Altos Nogales Sonora


60 Lunas Meridianas / Julio CĂŠsar Sarmiento Esquinca

60 Lunas

Meridianas

Julio CĂŠsar Sarmiento Esquinca

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POEMA UNO 59 lunas (y media botella de vino) Ya se fue la hermosa luna de octubre — te dije poeta que se iría, siempre lo sabes, pero redondeas tu mentira como la magna hipérbole de tu vida y además de qué te extrañas, ya se te fueron 59 lunas desde tu vista tierna hasta tu pupila marchita, ah, pero en tus versos ¡qué hermosa brilla! ¡Cuantas cosas se te quedan en la valija! el sueño de la esperanza, la ilusión de una fallida hija, el amor que no vive de pie, que se arrodilla, la curiosa fotografía de una traviesa ardilla, el llanto quedito de quien sufre penitas, un hombre que toca la puerta y suspira, palabras que son perfectas y por perfectas se hastían, silencios ingratos besos nonatos, distancia consabida, de horizonte a horizonte, la partida. El recuerdo de diez cielos


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dos noches de paraíso. Se fue la luna de octubre dejando otra vez media botella de vino con olor — aliento despertando sentimientos dolor y pena, ¿la tiro? No, se brinda. Te brindo este poema, Y otra vez, lunero de versos ¡a la vida!

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POEMA DOS Oh luna, querida luna, se acaba el paraíso que nos es el cielo, nuestro cielo tejido de sueños, sueños blancos, sueños tiernos: creo que ni el lucero abuelo podrá salvarnos. Y despues de primaveras tardías, nos sonríe la boca del infierno. La noche oscura, helada, solitaria nos espera. ¿de tus ojos luna, me regalas una estrella, un misterio y que sea mi recuerdo? Paraíso de besos eden de dulces cuentos noches sin amaneceres, hasta que el sol metió sus rayos y nos rompió el encanto. Luna te quiero mucho te quiero, hasta tu cielo desde mi infierno.

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POEMA TRES Poeta viejo, la luna te hace guiños. ¿Te sabe algo? ¿Te resplandece al tanteo? Te ha nublado los ojos y ves un pájaro azul en lugar del conejo. Las eternas manchas tu queso, su luz llena de versos, ¡que no se vaya la noche, que te alumbre hasta el alma! ¡Que encima se te desplome el cielo! Se te está riendo, la luna se te está riendo, no le hagas caso reina del cielo te ve lucero. Te ha nublado los ojos vuelto a tu meridiano paralelo a tus lágrimas versos. ¡Húndete en sus ojos no en sus devaneos! Sé feliz. Grita, canta, llora, escribe, ¡no más silencios! jajaja ríe ríe poeta viejo.

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POEMA CUATRO Corazón, la luna está iluminando el día, su menguante es abundante, cruzó toda la noche, trastocó de infinito las estrellas, y en marzo es luna diurna erigida… salve… oh luna madre sentida tu misericordia, salve oh madre luna tu inefable alegría, salve oh madre luna tu matinal venida, salve madre a darnos la vida, la hermosa vida.

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POEMA CINCO Con mi nariz con mis labios con mis ojos, te quiero te aspiro te espero te absorbo me absuelvo te envuelvo, luneando mis noches porque me lleno de tus fulgores y creo que tus parpadeos son amores quiero tu mano, tersa y alada, que me abrigue de madrugada, quiero tu boca para besarla toda, quiero tus ojos para perderme en ellos, enredarme en tu pelo quiero, uy luna, quemarme en tu fuego.

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POEMA SEIS No lo digas, calla tu brillo, canta, escucha te llama tu grillo, tu reclamo luna, me es verso presentido, porque en tu cielo, tu espejo es repetido. Desde hace tiempo, un mar de silencios esconden tus pensamientos así es que no lo digas, que todas las noches, aireándote me lo repite el viento. Te quiero, si es cierto, siempre te lo dijeron mi mar y mi cielo. No lo digas, escucha, escucha el reclamo, nocturno, de tu grillo. POEMA SIETE Oh, luna, querida luna, se acaba el paraíso, que nos es, el cielo tejido de sueños, sueños blancos sueños tiernos, creo que ni el lucero-abuelo

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podrá salvarnos. Y después de primaveras tardías, nos sonríe la boca del infierno. La noche oscura, helada solitaria nos espera. De tus ojos luna ¿ me regalas una estrella, un misterio y que sea mi recuerdo ? Paralelo de besos, eden de dulces cuentos, noches sin amaneceres, hasta que el sol metió sus rayos y nos rompió el encanto. luna. te quiero, te quiero, hasta tu cielo, desde mi infierno.


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POEMA OCHO Se te escapó una sonrisa tierna luna, jajaja y de amor se te iluminó la cara; Los pájaros nocturnos, silencio extraño guardaron, para admirarte, sublimada. Fue sólo instante, de brillo tierno amante, porque luego te devuelves a tu muro-muralla y tu mirar es otra vez luz filtrada, pupila indiferente a mi llamada. Pasa la noche de sombras cargada y aunque sigues por el cielo, por mi cielo, miras callada. Se te escapó ¿ lo creo luna ? tierna mirada; en PM, las diez y veinticuatro marca el desface del reloj antiguo, de mi sala.


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POEMA NUEVE Sálvame luna, porque estoy terriblemente hundido, fatalmente anclado a la tierra promisoria de lo bien vivido, de lo confortablemente obtenido, del fervor de mí mismo. Sálvame del terrible escarnio de mi devenir enfermizo, parado en este espacio parcamente infinito. Sálvame, luna, luna blanca, sálvame del placentero abismo.


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POEMA DIEZ Mis venas arden, llenas de tu fuego, incendia mis claros y mis sueños, corre mi cuerpo, el recuerdo reciente de tu vientre. Aprisionado, por tu volcán de amor, rindo a tu cima mi ardoroso fervor y me entrego a la ceguera de tu loco y ciego resplandor. resplandor de noche y alba, encabritada pasión de mi alma, alma decembrina en pleno enero, para adorarte esclavo, luna de fuego como ninguna, llena de fuego, mi luna.

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POEMA ONCE Hace día que no te veo ni en el cielo ni en mis sueños ni en la lánguida mirada de los perros mañaneros. Escondida en tus viajes, del alma, te le pierdes a mi alma, y huérfano de tus sonrisas vago, en la soledad, de mis lunas meridianas.


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POEMA DOCE Todas las madrugadas me despierto pensando en ti, busco la luna, y aunque surca el cielo no la encuentro, me falta tu oriente para seguir siendo yo, los gallos de alba entonan sus versos, y yo, sin luna, sin ti, reptando en el silencio, despierto. La luna y tu, se parecen tanto, altivas lejanas escondiĂŠndose de mis cansados y cansinos ojos. Perdido luna, sin tu oriente vago de madrugada, buscando tu semblante luna, luna arrogante, luna por siempre para aĂąorarte.

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POEMA TRECE Arropada de cielo, y de nubes, adornada de estrellas luna, altiva, distante, impávida, transfuga, dispersas tu áurea marchas poniente por el universo, nada te toca ni te conmueve ni el canto de mi alma, oh luna de invierno, entorna tus párpados célicos y mírame consuela en tu luz, a tu bardo y borra de la tierra mis ojos amargos, cual como viento a tu lecho de luz quiero, quiero, quiero subir para besarte. Abre Tus labios de oro y me queme tu aliento funde en tus arreboles los suspiros de mis amores. Oh luna, luna de invierno, fría y distante, luna de magia y hechizo, luna de hielo ábreme el cielo tu paraiso.


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POEMA CATORCE Toda mi casa mi ropa mi cuerpo la luz de las amarillas lámparas, el blanco y negro de los retratos, el vértice de las paredes, la alfombra roja de mi cuarto, el papel de los diplomas, la estufa ardiente donde cocino tu recuerdo, la alacena que guarda celosa tus palabras, los sillones en que descansa tu piel de alba. Todo huele a ti, luce, al brillo de tus ojos y se siente al roce de tus manos. Aquí te quedas sonriente sin quedarte, luna de arándanos.

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POEMA QUINCE Voy aquí sobre las copas de mis árboles, las hojas doradas de otoño e igual, entre las plumas de mis pájaros dejaste todos los recuerdos, de tu rostro, faz de luna llena luna trunca como siempre fuiste. Aquí sobre el polvo de la calle, perenne en las mañanas, dejaste el aullido de los perros, los pasos insomnes de los gatos maullando a media noche. Los zapatos rotos, de los niños pobres, el camino madrugado e los hombres y mujeres que hambrientos caminan, llenos de esperanzas, irguiendo la mirada, levantando penas en cada esquina como flores de latón, en la vida, la sinsabida vida puesto el corazón. Aquí dejaste luna, en el quicio de mi puerta -siempre abiertami rezo de fervor.


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POEMA DIECISEIS Corre abril sus días maravillados, canta la primavera en su calendario, pregonando alegres charlas de pájaros tempraneros, flores aromáticas despiden sus aromas mañaneros, las nubes por el cielo jugueteando sus algodones corretean figuras hechizantes, ¡ La vida empieza, sí, en maravilloso instante, el sol es un gran diamante y se luce con su eterna amante, la luna meridiana le persigue de buen talante ! Distantes inseparables eternos del camino leyenda de amor fallido, poema herido, amor-dolor aventura sin fortuna media luna-medio amor.

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POEMA DIECISIETE Anoche, Dios bañó la selva de luna, de lluvia y luna, e inundó, de líquida humedad a este planeta, de olores insospechados, de espíritus y poetas. El humus es tornasol y se dibuja en las paredes verdes dialogando con el cielo, versos celestes.


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POEMA DIECIOCHO Tú, pintando rayas, en tu nube, yo, viendo al infinito, tachonado de estrellas, con historias inventadas en mi más de medio siglo. Tú, con un vaso de vino, yo, leyendo un libro, tú, sin saborear el vino, yo, no sé, el libro de que se trata, sólo pienso en tus labios entreabriendo el cielo, yo sol, tú luna, tú meridiana, yo paralelo. Pintando nubes sin apuro, sin sigilos, y todo el mundo volcándose, a mi más de medio siglo.

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POMA DIECINUEVE Me tomo las sobras del café que dejaste anoche, mientras tu olor se paraliza en mi rodilla izquierda, y escucho en el pasillo amarillo de mi alma tu respiración entrecortada, me sumo, y me sumo, -sumergoal canto trasnochado de tu voz mientras te bañas de plata, erótica y sutil, luna de abril.


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POEMA VEINTE Entre naranjos y mangos se escondió la luna meridiana para darme un beso con sabor a fruta fresca, de primavera abrileña, fruta prohibida primaveral al paraíso. Temblaron mariposas en su blanco vientre, vientre de plata, enredando nidos en el bajo de mi cuerpo. Hoy la luna, me sabe a uvas, dulces moradas, meridianas de desierto.

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POEMA VEINTIUNO ¡ que hermosa está la luna ! ¡ que triste está la luna ! Con la luna de abril se van las horas, viene la aurora y en el corazón me queda la semilla de una flor. El viejo lucero, brillando intenso, a la luna vio de lejos, sabe que es tiempo de distancia y tiene nostalgia de ser lucero, sabe que el giro de la tierra le aleja de su alma. Nostalgia. Un demorado suspiro, rezago de invierno cruza la fronda, primavera de árboles, y entre las copas luna triste luna hermosa.

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POEMA VEINTIDOS La luna me mostró, su miserable faz, pálida, pequeña, lejana, distante, como ninguna. Pedazo de luna, fría en noche de diciembre, gritando en su estatura toda su amargura, no quiere no sabe querer la luna. ¡ Mentira toda mentira, no le interesan las palabras, los poetas somos miasma de una reacción química, mis noches pensándola de desvelo ni siquiera es cielo, es reducto de una fórmula y yo, cantor de odas absurdas, pálida fría luna de desiertos !


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POEMA VEINTITRES Dejé la puerta abierta, supe que no tenías que tocarme que mi alma, ya estaba alerta para esperarte, que todo en ti lo presentía como una noche radiante. Que si tu luz llegaba amor, siempre llegaría como un resplandor, sin anunciarte tanto. Vi, con luces de plata, en la mirada ¡ sabía que llegarías ! En la noche más solitaria de mi vida que entrarías quedita como canto de alondra de paloma. Sabía que la oscuridad, hermosa, fue solo soledad. Siempre te supe dentro corazón, jamás te imaginé, dulce viajera, luna de lunas, luna pasajera.

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POEMA VEINTICUATRO Hay naufragios que no se parecen a otros, mientras unos pierden esperanzas en la vida, otros, en el naufragio de la vida, pierden el alma. Hay quienes en la vida, enseĂąan lo que creen muestran solo las heridas, triunfos de una lucha perdida, pero al fin, una lucha.


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POEMA VEINTICINCO A veces el destino, el cielo el espíritu, tienen otras palabras, actitudes que no las tengo en mi diccionario. Guardo el pastel que dejaste, tiendo la cama que aromatizó tu cuerpo, le pongo agua a la rosa que me dejaste y limpio los sillones del humo de tu recuerdo ( tu cigarro mentolado ) y pienso mientras tu caminas por otras calles desconocidas, que así es la vida, que no siempre es fortuna, que a veces se encapricha en dulce nada, que esto parece un poema al que le falta solo la luna.

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POEMA VEINTISEIS ¡ Qué místico ritual hiciste con las rosas! aún la mía se conserva cual prendida fresca a su rosedal, fragante tierna, intensa roja, corazón de poeta cortejo de amor. Así mi vida cual misma rosa, la has prendido a tu rosedal, lozana y fragante viviendo a tu voluntad. No me devuelvas el corazón, déjalo prendido, sonriente rescatado, niña luna a tu ferviente rosedal.


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POEMA VEINTISIETE Aquí, donde dejaste tu olor, tu fluído, tu humor tus palabras, tus gemidos, aquí estoy, pensándote, recorriendo mi cuerpo con tu piel. Aquí estoy, diciendo las palabras que nunca digo, aquí estoy acariciando una luna que nace menguante que se me presenta insomne, amorosa tierna para quererte vida, quererte toda la luna toda la vida.

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POEMA VEINTIOCHO Amor, amor que nace a la luz de la luna y se complace con el sol. Amor de ocaso y esplendor de madrugada. Amor de verso y espina. Amor de rosa que consuela y que lastima. Amor de poeta a musa de alma cristalina.


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POEMA VEINTINUEVE Luna creciente de noviembre, dime que eres luna de esperanza, que sea mi cielo su vientre su luz radiante mi alma. Luna de onceavo tiempo un rayo de luz sobre su faz, sea mĂĄgico halo, corona de paz. De noviembre luna nueva, que no se vaya que me quiera, que me quiera con sus labios y sus manos, con sus ojos y sus pechos, que se quede para siempre entibiando el lecho, luna creciente de noviembre.

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POEMA TREINTA Pienso en ti, en tu cuerpo admirado en el volcán de tu ser donde mi poesía se incendia y el río de mi cuerpo se derrama en tu ígneo continente; la voraz boca de tu misterio-hembra.


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POEMA TREINTA Y UNO Un hilo rojo de cabello, en las nubes de mi sábana, prueba irrefutable, que bajó la luna hasta la tierra, a recoger mi alma, me lo ha dejado para amarla toda, siempre, aunque esté lejana. Un cabello rojo, de amor y grana, de rosa roja, de flor temprana, para que mi aliento la recuerde y mi corazón la guarde, para mis noches solitarias. Un cabello rojo cuando esté lejana.

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POEMA TREINTA Y DOS Arriba sagitario, la luna le presta luz a sus estrellas, un cielo excelente, magnífico poeta. Abajo leo solitario siempre fue el mismo. negro signo estrafalario, tomado en la brillante constelación de su agitario, alma cuerpo sueño, de manto y de sudario. Te nombro al resplandor de noche negra, te nombro conjurando versos ansiando besos a la luz de tu lunario.


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POEMA TREINTA Y TRES Ella, era una mujer de 40 años, él, un hombre de 60 lirios, la calle estuvo por medio, el tren azul que les partía el delirio, la luna se asomaba cada 28 deliquios, él, no quería quererla, pero la fue queriendo, ella, quería quererlo, pero no sabía quererlo. La luna, se fue metiendo, y los dos, terminaron, querer lo que no queriendo, él, llamaba a ella, ella, suspiraba a otro. La luna, se fue metiendo, como no queriendo. ella vive viva, él muere muriendo. La luna, se fue metiendo, como no querer, queriendo.

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POEMA TREINTA Y CUATRO Dejaste, en mi piel, dorada de otoño, olor a toronja rosa, recordándote, cada vez que el labio se curva en el recuerdo. Las noches largas de soliloquio poético, sobre la alfombra roja, bajo la sábana blanca, las madrugadas, interminables con besos y palabras -miel densa en la bocaLa ventana húmeda de invierno, el seco resplandor cristalizado de verano, ah, y la florida primavera en tu cantar de niña. Si no fueras estrella, juraría que fuiste luna.


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POEMA TREINTA Y CINCO Yo no aullaré a tu rostro nii vagaré por las calles solitarias recordando tus caricias ni blasfemaré con las estrellas doliéndome tu ausencia. No te despertaré de tu luminosa serenidad en las madrugadas ni te ofreceré sacrificios de sangre y alma ni ofenderé tu belleza cautivante. No vaciaré mis sueños en el vacío de tu indiferencia no romperé mi juglar promesa ni con llantos y tristezas, no luna, no maldeciré tu nombre en el viraje, no inventaré mensajes en descuento de mis penas, no luna, te escribiré poemas.

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POEMA TREINTA Y SEIS La luna es mi fantasía, mi piedra preciosa en el cielo, desde mi infancia, mi juego inocente, espejo de mi sueño, brillo de esperanza. Acompañante eterna de aventuras y de andanzas, hada madrina, en mis horas amargas, magia bendita cuando todo te falta, trozo de pan, sabroso queso para el hambre del alma. Luna celeste luna creciente llena menguante, luna de este hombre que nace, crece y pasa.


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POEMA TREINTA Y SIETE Luna blanca de mayo ilumina mis rosas rojas de castilla delicadas prendidas a su enredadera. Tú no estás, lo sabe el viento, y gime, entre las paredes que amurallan la calle. Y tú no estás, y lo saben los gatos que buscan a sus emperatrices maullando en la tristeza, y la luna está blanca, iluminando como a mis rosas mi casa. La noche iluminada es pura luna en mi mirada. Un poema me ronda, como cortejo para llamarte a enredarte con mi alma.

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POEMA TREINTA Y OCHO Los árboles reverdeciendo, los pájaros en sus copas, el viento lastimero -y lastimadobesuqueando la cañada, el metálico techo de las casas, las luces de neón de calles largas, las olas de cemento que no se cansan, los perros sacrílegos del silencio, las camas bajo los ventanales, los niños nonatos hijos del sexo rápido, la mujer vagabunda, el hombre pordiosero, el quicio de una puerta que separa, los labios que se engullen en calladas despedidas, pieles aireándose a la nostalgia, rodillas que sueñan en ser báculos y son marismas, voces que son hermanas. Luna. todo te extraña.


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POEMA TREINTA Y NUEVE ¿ Me extrañas ? ¡ te extraño ! ¿ ya viste la luna ? ¡ te quiero ! ¿ la ves en alguna parte ? ¡ no te marches ! Hoy es mayo sólo lleno de estrellas. ¿ me quieres ? ¡ que largas son las noches en tu pelo ! ¿ volverás mañana ? El olvido es una barca sin retorno. ¡ que lindas manos que escriben ! ¡ estoy temblando ! ¿ me das un beso ? La luna, la luna no está en el cielo. ¡ el cielo, eres tú, cuando me das un verso !

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POEMA CUARENTA Hoy, que no hay luna, con mis ojos, puedo parar el cielo, me basta el lucero, para afirmar la existencia del universo, asimismo diva ( diosa ) puedo no verte y saber que existes bajo el aroma de tu cabello. Mayo, sólo es una hoja en mi calendario, con luna llena, medias lunas y lunitas. ¡ es la misma y así la quiero ! No hay luna en el cielo, porque la tienes prisionera fascinada esclava en tu universo.


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POEMA CUARENTA Y UNO Veo una mujer, parada en una nube, debajo de la luna, mirando hacia la tierra, pregúntale al difunto, al espíritu, Mario Bennedeti, él sabe de estos menesteres, porque como yo, es fanático del misterio que sueñan las mujeres. Constelaciones les cruzan las blondas cabelleras que al sacudirlas, sacuden lluvia de estrellas. Veo, para mi fortuna de infortunios, mujer parada en una nube debajo de la luna.

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POEMA CUARENTA Y DOS ¿ A quien Le preguntaré tu nombre Cuando ya no estés ? ¿ quien iluminará mis ojos cuando tu luz surque otro cielo ? ¿ Mis versos, qué será de mis versos cuando tus oídos se alejen de mi voz ? Oh luna, blanca luna, en mi universo no habrá ninguna, como tú ninguna. Oh luna, oh luna, por la vida arrastraré de poemas un jardín yerto, vagaré entre sombras y recuerdos hundidos en mi pecho, descansaré viviendo en un desierto, el amor flamígero, latiendo en mi rojo corazón, muerto.


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POEMA CUARENTA Y TRES Pasa, todo pasa, la vida misma, la historia el hombre y su palabra, todo pasa, la fortuna, menos la luna, la dicha placentera, una y otra primavera, las ascuas de verano, las hojas, suaves y amarillas del otoĂąo, el hielo furtivo y siniestro del invierno, hasta el amor pintado de eterno, la manzana cayendo al suelo, la mĂşsica del viento, la moneda y el filo de la suerte, el dolor y la bruma, el mar y la espuma, el tenerte y no tenerte, la misma muerte, pasa, todo pasa, menos la luna.

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POEMA CUARENTA Y CUATRO Cuatro, me faltan cuatro para nombrarte conjurarte en la vida más larga de mi noche, en el sortilegio de estrellas iridiscentes, en poesías ardientes en pinturas celestes, me faltan cuatro, cuatro antes que llegue el alba, descorriendo tu bruma, cuatro, cuatro letras para nombrarte, luna.


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POEMA CUARENTA Y CINCO Tus fulgores De amor ¿ de amor ? Tu brillo de ilusión ¿ ilusión ? Tu constante Presencia ¿ mi esencia ? Tu viaje por mi cielo ¿ mi anhelo ? Tu ternura llena de miel ¿ fiel ? Te busco en mi cielo y no te encuentro, para mirarte, me marcas el tiempo, te añoro de madrugada, y tú, en la nada, te miro y me sonríes y callas, luna hermosa luna cruel ¡ luna de papel !

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POEMA CUARENTA Y SEIS Me baño en tu luz de plata, tu espejo me retrata y me consumo en tu fulgor. Cada noche que vienes en tu paraíso me sumerges y me haces el amor; lleno de ti vivo canto escribo suspiro. tu eres diamante el poeta soy yo, llenas a mis venas de tu luz-esencia, todo lo transformas, lo transformas tú, el pesar del río ll canto del silencio la piedra y su mutismo el dolor del viento el triste cielo azul ¡ todo, lo transformas tú !


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POEMA CUARENTA Y SIETE Hum. ¡ que excelente es el amor que poderosa reacción del cuerpo, fórmula química del desenvolvimiento, sin compromisos sin dar el corazón ni sentimientos sólo la luna arriba y la piel recorriendo el universo ! Me gusta la luna, tu luna química la que me lleva a tu sexo, al placer inmenso de tenerte toda, de fuego y luego dejarte, sin resentimientos; gozarte toda la luna sin deberle al cielo sin deberle a nadie, todo luna vida por tenerte en la fórmula de mi pecho.

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POEMA CUARENTA Y OCHO Demente soy demente de ti feliz desliz Siempre quiero verte aquí en mi en derretir mi sueño en tu cenit. Locura en mi ser cuando llegas al anochecer, locura cuando te quedas al amanecer. Demente en media noche viviendo tu derroche, no he de olvidarte jamás. Demente en mi mente con luz siempre te voy amar.


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POEMA cuarenta y nueve Un árbol a media noche cuajado de flores blancas. Un perro incierto, una jauría dentro del pueblo. Acierto. Aullándole a la luna. Las máquinas cruzan como golondrinas, las luces de las esquinas. brilla creciente ¡ la luna ! Hombres mujeres cruzan las calles inexplicablemente sombrías, se miran se alargan se huyen se encuentran suspiran y miran ¡ la luna ! Mayo se ahorca consume sus últimos días, perdón, sus noches de dulce agonía,

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lamenta dejarle solita a junio ÂĄ la luna !


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POEMA CINCUENTA En las tardes de verano, en este lejano meridiano, de desierto agreste el sol parece detenerse, embriagado de primavera, entre naranjas matices, la espera la espera. Tiene, de toda la historia, la vacua esperanza, pero ella, ella no le alcanza, la tarde, esplende todo su fulgor. Se buscan se enlazan no se alcanzan, es lo mejor.

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POEMA CINCUENTA Y UNO El cielo está oscuro, vacío, sin luces de estrellas, por supuesto, sin luna ni siquiera nubes arrastradas por el viento, y es que es tiempo de selénica ausencia ni parcial se asoma a darnos luz en nuestras sombras. Quisiéramos saltar al universo, como una pluma mecernos azules desmemoriados llenándonos de luna.


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POEMA CINCUENTA Y DOS Llenas mi boca, mi cuerpo, con toda tu luz. vagas por mi cuerpo, conquistadora, desde el principio de la noche hasta la aurora. Derramas todo mi placer en toda tu presencia y mis venas se llenan de tu luminiscencia. Absorves en tu aliento todo mi ser. Entre tu luz. Todo se fue. Luna, luna. Hasta el fin, atrĂĄpame en ti, no quiero vivir, quiero, expuesto a tu luz morir.

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POEMA CINCUENTA Y TRES ¿ Qué te parece luna, si te hago un rito, si te convoco al demonio del amor, y te pierdes en mi piel, y disfrutas de la uva y de la miel ? ¿ qué te parece si al sol, le engañamos con nuestro amor le eres infiel ? Te lo agradece mi piel. Si me amas intensa, desbocada sin frenos, como lo sueñas, nadie lo va a saber. Eternamente, deseaste entregarte toda, sin ser de mi, soñarte con luz propia y ser feliz. ¿ qué te parece luna si nos vamos juntos a vivir ?


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POEMA CINCUENTA Y CUATRO Luna nuestra que estás en el cielo, que tal si le cuentas que sí la quiero. Hágase tu voluntad en el universo como en mis versos, dame el pan de su amor, todos los días, tienta mi corazón, para que se llene de su tentación, líbrame de prejuicios, embota mi juicio, que pierda la cabeza, y que sin pensarlo, goce de su belleza. Luna nuestra que estás en el cielo ilumínala bien, que sea mío su cuerpo. Amen.

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POEMA CINCUENTA Y CINCO Y pensarte, en todos los tiempos, desde tu universo, observando la transformación del mundo, valles bellos e inmensos en ardientes desiertos, suelos benditos en profundos océanos, hielos glaciares, montañas y honduras abismales, hombres de fuerza mujeres de fuego humanidad. Oh luna, de milenios de eternidad.


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POEMA CINCUENTA Y SEIS Solo yo, poeta meridiano, escucho tu canto, porque a tu luz luna, todo canta, las aves nocturnas, la fronda de los árboles, los grillos de media noche, los gatos enloquecidos de celo, tu silencio canta dama nocturna, los poetas del mundo oímos tu canto, y son nuestros versos desde todos los tiempos luna eterna y constante misterio y romance, desde el principio melódica amante.

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POEMA CINCUENTA Y SIETE Te conté mis secretos, sólo tu sabes lo que nadie, que corté mis venas cuando apenas salí de niño, que tuve un amor, que rompió mi alma, que después coleccioné corazones que le fallé y me falló el mundo, que volví a levantarme, cayéndome tantas veces, que cercaron mi cuerpo y no vieron mi alma, que ésta voló, y vuela desde entonces sino libre, satisfecha. ¿ sabes luna qué me hicieron ? Nada. Sólo más fuerte. Todavía no te cuento todo, para que al final, no te ilumines, despiadada.


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POEMA CINCUENTA Y OCHO Habrá un final. Te invito Al cierre del telón. La vida, mi vida, no fue ( no es ) tan mal. Te tengo insomne sobre mi solitaria casa. No fuiste, y claro que no eres, la luna perfecta, pero te acercas, a gozarte a mi despedida. Antes de las 60, debo reconocerte luminaria de mi vida. Te doy un beso luna compañera, lámpara encendida faro inigualable en el extravío de mi fe perdida. te doy un beso luna hermosa, torrente de luz, llama viva.

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60 Lunas Meridianas / Julio César Sarmiento Esquinca

POEMA CINCUENTA Y NUEVE Hola, soy el poeta meridiano. Te cuento. Meridiano es una medida del mundo, un límite, una marca del espacio. La vida, nunca se cansó de marcarme paralelos, por eso aprendí del límite de mi espacio. Ahora sé a dónde voy, que es lo que tengo. Sólo me tengo a mi en este meridiano, en este lugar y en este tiempo. La luna siempre fue mi partida y mi retorno, ahora, en este momento, reconozco soy un meridiano.


60 Lunas Meridianas / Julio César Sarmiento Esquinca

POEMA SESENTA ( 60 lunas, cielo de vino, y nada más ) La luna no se va, cambia de tiempo y de lugar, unas veces más hermosa que otras, pero siempre eterna en su pedestal; 60 veces la he visto cambiar irse y 60 veces regresar con algo nuevo en su trafalgar, amores viejos versos de juego historias tristes y tiernas que contar amores que se despidieron que nunca pensamos superar, penas penitas que nos hicieron llorar, botellas enteras de vino y un dolor para brindar, anécdotas de pájaros y ardillas y corazones cansados de suspirar, una niña en el alma, el amor puertas y ventanas que cerrar. 60 lunas, una vida,

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páginas enteras que llenar; no todos cuentan de las lunas que por sus ojos vieron pasar, 60 lunas de alegría y una botella entera de dulce vino para brindar. 60 lunas brillantes en un cielo que recordar, 60 lunas Y nada más.


60 Lunas Meridianas

Julio César Sarmiento Esquinca (Ocozocoautla de Espinoza, Chiapas, 26 de julio de 1952) Escritor, periodista, narrador y poeta, reside actualmente en Nogales Sonora. Tiene en su haber los siguientes libros: Tierra Adentro (Poemas) Exilio de Fe y Lunas (Poemas) Cuentos para Morir de Patria y 19 y Medio Poemas de Desgano Nacional (Cuentos y Poemas) El Señor de Las Ganas (Novela) Erospoética (Poesía Erótica) Contacto: info@jcsarmiento.com


Poemario 60 Lunas Meridianas