Noir, Revista Cultural. Número 9, Octubre 2015

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DISMALAND: ARTE, DIVERSIÓN Y ANARQUÍA PARA PRINCIPIANTES Deborah P. Gómez

¡Bienvenidos al parque temático más deprimente del mundo!”, te gritan los agentes de seguridad en la entrada. Pero ni las advertencias, ni la lluvia, ni la incertidumbre de saber si podrán o no entrar al parque, impidieron que las miles de personas que esperaban ansiosas para entrar en Dismaland abandonaran su posición en las trincheras. Porque este parque de “antidiversión” prometía algo único: mostrar una realidad que, aunque todos sabemos que está ahí, nos resulta más cómodo ignorar. El autor de la idea no es otro que el polémico Banksy del que poco se sabe además de que ha decorado su ciudad

natal, Bristol, (y medio mundo) con sus llamativos y controvertidos graffitis. Aunque esta vez se ayuda de hasta sesenta artistas a nivel mundial que han puesto su granito de arena para hacer de este centro de ocio una parodia al parque de atracciones más famoso del mundo y una crítica social que nos haga a todos reflexionar sobre en qué se está convirtiendo el mundo, un lugar por el que todos caminamos con los ojos vendados, confiando en que el planeta que hoy conocemos, durará para siempre. La atracción, instalada en un antiguo centro de turismo acuático en Weston-su-

per-mare (Somerset) donde el artista veraneaba de pequeño, tenía fecha de caducidad; tan solo cinco semanas para disfrutar del parque de atracciones menos divertido del mundo. Las entradas salían a la venta el miércoles de la semana previa y conseguirlas era tan difícil como ganar la lotería pues la página web se bloqueaba durante horas y, cuando se reactivaba, ya estaba todo vendido. ¿La alternativa? Comprar las entradas en reventa o subastadas en páginas como eBay -cuyos precios ascendían a las mil libras, algo ridículo si pensamos que las entradas apenas cuestan tres libras en taquillao el plan B, carretera y manta: bocadillo, cafeína y paciencia para unirse a las cientos de personas que acampan desde primera hora de la mañana en la puerta del recinto. Lo primero que llama la atención al entrar al parque es la rudeza con la que te tratan en el control de seguridad, donde los guardas se valen de porras, altavoces y escáneres de cartón (obra de Bill Barminski) para perturbar a los visitantes. “Retírate de mi vista, basura humana”, “Con esa ropa...