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C H O P I N

N O E L I A L U C Í A

P A L M A

S A N T I L L Á N

J E S Ú S

B O R D A


CHOPIN *

NOELIA PALMA * LUCÍA SANTILLÁN * JESÚS BORDA

Ilustraciones: Jesús Borda


Argentina. Agosto de 2014.


Prólogo

Un libro es siempre una carta. Se abre, se despliega cada una de sus partes, y en medio de lo abierto respondemos al llamado. Nos enviaron una carta y adentro tuvimos un piano. Y adentro del piano, Chopin con sus estudios, mazurcas y nocturnos. Urgente le hicimos respiración boca a boca, porque venía cansado y desde lejos, y las transfusiones fueron intensas: Lucía ayudó a recomponer sus mazurcas y bailó como todo lo que sobrevuela. Jesús le enderezó la espalda y lo hizo caminar por esa oscuridad bruta del corazón, como diciéndole, acá está la pequeña vida vividora. Y yo, viéndolo ya en su postura lúgubre, sentado con las manos preparadas, le drené algunos estudios como métodos para un poema. Quiero agregar que en italiano la palabra piano significa suave. En nuestro lenguaje, Chopin también significa suave. O ese instante donde le curamos la herida (pero vertimos la sangre) para entender cómo nos toca, ahora a nosotros, mejor la muerte.

Noelia Palma.


MAZURCAS Lucía Santillán


Entra la luz Chopin habla en la sombra el piano abre la boca y sin estremecimiento devora la magia negra de un violĂ­n en mis honduras


Mis manos estĂĄn lastimadas el invierno lo hizo vino con sus gritos a conspirar la piel a utilizar el sepia en punta ciĂąo un caĂąo a modo

gris sobre mi cuello pero cuando los instrumentos bajan la mirada las gotas alumbran el sonido de un llanto lento y la sed persistiendo


La mĂşsica y siempre un ave donde las palabras tiemblan traduciendo un poco del viento


No estoy sola mi boca acecha el aroma y un artista en la pared anuncia que el azul ha sido una noche suya donde vel贸 las situaciones de su cuerpo y el sexo erguido sostuvo orqu铆deas mientras su perro cerraba la boca para cobijar lo que no alcanz贸


La mañana y el amor aquí jugando en la desesperación del sol por llegar a torturarse la cara terminada de luz entre los cerros y por favor, que el azul alcance porque cuando lo perros ladran yo investigo árboles desde abajo


Dedicar las preguntas a la leña acumulada el porqué de lo genealógico y la altura celebrando el vértigo la copa siempre separada de lo que no me puedo recuperar pero la música en la ramificación sosteniendo las flores o los vacíos


Oriento mis sentidos hacia el ĂĄrbol para querer saber del tiempo como si no ardiera la mĂşsica de tanto fruto fallecido


Que sea mi sexo terrible verano tormentoso y el león sufra pánico que mientras huye grite mis años si once o cuarenta y ocho y que la menstruación se calle que los coágulos no se obstinen con que tengo 22


Huracanes en el pentagrama y mi pulso arrebatado quiero azucenas vistiéndome las cicatrices de mi nombre y cuando la llave de luz haya caído sonaré el abismo el equilibrio desamparado sobre las vías de un tren


Puedo nombrar a mi padre portador de truenos y alergias en el esperma y entonces tiemblo por el aprendizaje nunca celebrado de amar a una mujer porque no sĂŠ si yo aprenderĂŠ a llenarme de furia los pechos.


ESTUDIOS Noelia Palma


a mi maestra de música en 2do grado, que me apasionó la vida escuchándolo a mi madre, ahora y siempre a Gabriel, por los siglos de los siglos, amén


Es otro idioma siempre la misma mĂşsica lo bendecido en todas las cosas aquello que no fue borrado renace como el trepitar de las piedras y es el fuego que acuchilla el mismo que no traiciona.


a Jesús Borda

TRANSCURRE DENTRO DE UNA MÚSICA DE CHOPIN Es una infancia redonda aburbujada lo que estalla cuando al fin se descubre que el padre muerto siempre estuvo muerto.


En el patio de mi casa, donde el sol se muda constantemente de un pรกjaro a otro, yo junto piedras. Nos sentamos, una piedra y yo, a decirnos cosas. La piedra elige vivir en mi mano derecha y acepto. Tiene la forma de un dios de la noche. En la palma izquierda se puso a nacer su sombra interminable.


En el siglo XXI es otra la pasi贸n de un cristo: sentarse a fumar mientras llena un cenicero de toda po茅tica y esperar


Supongamos que es noche y se acerca. Pregunto si le duele una historia de haber nacido incontrolable, si son tristes las palabras de escribir mi desesperaci贸n.


Querido papĂĄ, esto es una forma de decir, no te debo la frente ancha ni los gusanos embutidos del poema. Es una iglesia enorme esperar tu muerte. Ya encendĂ­ una vela.


NO ES SOLAMENTE LA MÚSICA SINO EL ANIMAL Alguien que es mi cuerpo enciende una lámpara de oro verde se vive una huella de Van Gogh, caída fúnebre de hojas.


"Deja que te suceda lo bello y lo terrible" R. M. Rilke

El hijo tornasolado viene cuando escribo se desliza por el útero, afirma su gracia lúgubre no sabemos en qué posición sostener el dolor de dios donde nos miramos.


Me descubro materia porque hay los libros en el ojo y la mano. La mano en el pecho. Todo roto antes.


ENUMERACIÓN DE LA MÚSICA 1 dejar quieta la pena para que Chopin le adhiera su ojo 2 asombrarla de crucifixiones 3 decirle “mi amor” algunas veces para amaestrarla 4 cuando esté dominada abrir la jaulita 5 poner a Chopin en posición de piano agazapado 6 degustar


Está vivo. Chopin está vivo. Yo lo viví en un recuerdo, cuando el amor nos dio una sacudida blanca en llamas y quedamos perplejos. Tuvo los ojos grandes de luces y luces. Está vivo. Como el recuerdo donde mecemos toda la noche.


NOCTURNOS Jesús Borda


''Como el piloto que tras oscura noche mira al ocĂŠano que se empurpura'' HĂślderlin


PRELUDIO MITO DE LA NOCHE El Ser camina taciturno y va dejando un rastro invisible pero táctil entre las hojas, como una baba que no termina de abandonar al caracol. Circula por el jardín, se detiene ante los pies mohosos de la estatua de Luperca, donde asciende el cáncer de la madreselva, y florece en la corona. La huella es para los gatos una mano antigua que se lee con la pupila afilada de espectros, por eso todos duermen sobre techos y macetas, el suelo es dañino para el aire vivo. Mientras los matices del verde se entremezclan y aparean, el Ser aguarda en la orilla de la fuente, trata de invadir a fuerza de forma el reflejo; la trama de nenúfares le opone resistencia y vuelve el Ser a su camino. Va llegando en velos la sombra del crepúsculo, se posa y detiene como una telaraña insegura que no sabe dónde flotar, dónde el insecto más azul que pueda poseer. A esta hora la gran reja da luz a una vía láctea que se desarrolla monstruosamente entre los agujeros del aire ya marcados por murciélagos tempranos. Al Ser no le interesa, aligera el paso y acariciando a la bestia en el lomo, pasa y arranca una totora espada de la tarde. Es el momento del cielo vacío, de las avenidas humeantes. Sin embargo el Ser camina, se ha oscurecido y enlunado y lleva los pies ennegrecidos como la figura de Luperca, donde se introduce y duerme el día. Adentro el jardín es un rito de plateados. Pestañean las estatuas porque ahora están llenas.


al cuerpo entumecido llegan manos a obturar lunas pantomima/ la serpiente que da huevos donde guardar su vida fragmentada


el pecho vuelto jirones de agua no bebas del reflejo hay el rostro debajo


pienso en quien corta una flor para asistir a su agonĂ­a: se contempla como acto fĂŠrtil de lo amputado


los brazos se abren para dar forma a la nada alguna vez habrĂŠ amado tanto un fuego hasta abrazarlo


Noche: cuerpo suntuoso que se arrastra desde el cielo. Los grillos lo invocan en la ceremonia de quebrarse las astas con la voz. Cuando el cuerpo se congrega entre luces, el durmiente caduca.


tal vez si escribo este poema la palabra pulse la tierra hasta dar con la muerte y drenarla entonces cuando ella se agote me habrĂŠ ido yo tambiĂŠn hacia los dĂ­as de fortuna donde me dejĂŠ creciendo en brazos suspendidos


cuando se halla el cuerpo entre plantas, ya impregnado en lactescencia, brotan signos de pleura triste una figura incomprensible para soles y bestias claras

las flautas detienen su aire y el cuerpo arborece


he pactado tanto entre cuerpos de marfil he calcinado los objetos del dĂ­a quĂŠ extinguir ahora que alumbre


varas que se quiebran a partir del รกrbol

alguien las dirige en torno al fuego

varas como dedos de una mano sembradora


Hubo que amalgamar los rostros las voces los ademanes acaso la vida

en un tumor de lumbre 煤nico 贸rgano del porvenir


debo emigrar/ mudar los animales de la memoria a una tierra virgen que la noche no haya alcanzado

dirĂŠ que el sol duplica los objetos del SueĂąo

y lo habrĂŠ dicho tarde


es un acto fecundo dormir ante ojos alucinados

ser como una llama de vela que reza a un semblante la oraci贸n del viento extintor


Chopin  

Jesús Borda Lucía Santillán Noelia Palma

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