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EDITORIAL Muerte sin fin ¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo, es una espesa fatiga, un ansia de trasponer estas lindes enemigas, este morir incesante, tenaz, esta muerte viva, ¡oh Dios! que te está matando en tus hechuras estrictas, en las rosas y en las piedras, en las estrellas ariscas y en la carne que se gasta como una hoguera encendida, por el canto, por el sueño, por el color de la vista.


Índice

1 Juegos de Botella: José Alfredo Barriga Juárez

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Muerte de X: Gardenia Santana

Reporte Laboral: Gardenia Santana

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Tránsito de los fantasmas Manuel Noctis

Venganza Literaria: Alma Diana Balcázar

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Y el tema es la muerte: Alan Robo-Bestia

Flores Podridas: Alí Torruco García.

Protomemento Mori: Caliche Caroma

29 o la repetición del 31 Crash shock de Cronenberg: Orión Antarex

Créditos

Edición: Alí Torruco García Corrección Ortográfica y de Estilo: Rosa Estela Juárez Vargas Diseño de portada: Lee Krustee Diseño: Rodrigo Cervantes


Flores podridas

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Te dije adiós y creí que regresarías, la magia negra de mis antepasados no sirvió, por eso ahora invoco a mi ataúd, cual drakkar hecho en México, en el atardecer de un día de muertos, junto alLago de Pátzcuaro resistiéndose a morir, lo animo en su pelea contra el azolve y la multitud de doctores en ecología que no saben abrocharse las agujetas, señoritos deseando morir con la tutsi pop del presupuesto en la mano. Sé que no regresarás, así que prefiero morir un miércoles de ceniza al mismo tiempo que Aureliano Triste, y sentir mi cabeza incendiada rodando, mientras la muerte se besa con mi vida y le clava su puñal sin filo en la espalda de todas sus letras, como cualquier putilla del

rubor helado, como cualquier putona de 11 años, mamadora de vergas ensangrentadas con olor a rosas podridas, y mirar el mar mientras vomita ahogados que perseguían sirenas con gonorrea. Prefiero asumir el mundo de la muerte como mi mundo y el de los comuneros de Cherán, escuchar un son, mientras me masturbo esperando el final, perdiendo las hojas, como tu ausencia, como mis letras que son gotas esculpiendo las cuevas de los cuentos de ladrones y princesas destrozadas, con sus delicados dedos arrojados al arroyo de mierda, 999 noches más dos, antes de llegar al cadalso. Yo muero. Tú mueres. Ella muere. Todos morimos brother. Muerte. Cuento interminable del desierto antiguo e imposible como pesadilla, maderamen crujiendo, dormitando como tu fragancia de viento que sin embargo se mueve, como las teorías planetarias y las mariposas negras que viven en el baño de mi casa, como los jugos del árbol de granada, repleto de mensajes del karma, de aviones suicidas, deicidas, de videojuegos, de madrizas a normalistas, de remixes de la vida, de espacios vacíos, de muerte sin fin, sentada, concreta, en la silla junto a la cama, de tu hija que jamás nació, un error

cualquiera, como el caminar de los cangrejos contra las langostas, manipuladas por la mafia de las tortugas milenarias, a punto de morir, horneadas en su propia concha, como niño de guardería ABC. Morir. Sin hacerla de pedo. Acordarse de las rolas, las relaciones, el sufrimiento, la reflexión. Todo tiene su final. Todo finaliza. Muerte. Agujero negro que todo absorbe, que hace desaparecer la conciencia en un lugar ignoto, inimaginable, igual que el daño irreparable de los acontecimientos en el oído de las niñas y niños violados, el descanso eterno, eternamente incognoscible, marcha fúnebre fundamental, cementerio de elefantes, colmillos, huesos masticados por el tiempo, como las pirámides y su brujería, como las mujeres y su brujería, como la música y su brujería. Desaparecido como el ser y la nada Puya de dios sobre nuestro pie desnudo. Calavera de Delvaux tocando el piano mientras la marcha fúnebre se acerca. Acceso al café alucinógeno de la esquina de la casa de mi mamá. Asesinos sueltos entre los borreguitos con un listoncito rosa. Pelotas de madera para enfrentar a los policías en la barricada. Margaritas a los puercos antes de que te fracturen la nariz, que últimamente

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huele pura mierda. La propia, porque antes de morir, es indispensable cagarse sin darse cuenta ¡Viva la Revolución!¿Cuál? ¿la cubana? ¿la Bolivariana? ¿la mexicana? ¿o la que debería haber llegado en 2010 , pero se subió en un camión con rumbo a Tijuana y todavía no llega? Escritores hambreados. Músicos hambreados. Bailarinas comiendo ladrillos antes que trabajar en el gobierno. Muerte democrática, muerte hegemónica, muerte seminal, morir para que otros vivan. Los hijos de Darwin, que era un campesino padre de todos los biólogos snobs de la Universidad Michoacana y de la UNAM. La vida es muy corta. A coger y a mamar que el mundo se va a acabar. Balaceras. Cabezas cortadas. Lo de siempre. Tiros de gracia desde cualquier trinchera. Tacos de marlin a la orilla del desierto de San Luis. Educación antes de morir. Rebelión antes de morir. Diversión antes de morir. Sexo a la hora de morir. Buscar unas cicatrices en las rodillas. O arrojarse de cabeza desde el segundo piso de una casa en ruinas. Pescar tifoidea y paludismo, por el puro gusto de saber cómo se siente lo paupérrimo. Heavy metal de la realidad. Vomitar gusanos verdes revueltos con cal de las paredes, pero no para buscar los huesos de tus padres, sino por una deficiencia de minerales. Raíces sangrientas rompiendo la

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pared. Raíces sangrientas explotándote los oídos, a 360 decibeles por minuto. Bombas Molotov a la hora de la comida. Putazos de los goes. Fábrica de guerrilleros en la meseta purépecha. Yaquis cercenados. Nunca es lo mismo que lo mesmo. Esclavistas secuestrando príncipes africanos. Yanga sepultado en la conciencia de mi tatarabuelo. Batracios nazis. Kamikazes con la verga diminuta. Todo es una película de dos milisegundos antes de sentir la explosión en la cara. La tumba es un sexo de mujer que atrae al hombre , como dijo César Vallejo y como todo ya ha sido dicho: soy la mitad del hombre que solía ser, sin un sentimiento perceptible en la cara, llanto subterráneo salvándose del cáncer, recién parido en su lecho de muerte. Del futuro que no llegará. De estas letras que también mueren. Como un salto hacia al manantial aéreo, como una espesa fatiga, como una ciega alegría. Anda mi amor. Vámonos al diablo.

Alí Torruco García 4


Juegos de botella Me encuentro en la esquina de la vida donde la muerte acecha, donde teleadictos escriben con libros debajo de la antena, donde el globo es conformado por tres cuartas partes de agua y tercermundistas guardan su distancia de la burguesía a mas de mil cuartas de billetes en fila; la muerte es poder, no hay mas poder que el de poder matar, ahora la muerte será. Bin Laden escapando de las pantallas de cine, fetichistas ofendidos escupirán bendiciones en nombre de Dios, ¿Quién es dios sin la muerte? ¿Quién se fanatizaría de dios sin la muerte? Nadie se acordaría de él sin la muerte, no habría iglesias sin muerte, ¿ves cómo es tan cabrona?, mueve al lobo detrás del conejo, es el tropiezo moral de la pata de conejo y tú te la cuelgas, y la que te cuelga se te esconde cuando la escuchas en cada disparo, en cada sirena, en cada informe presidencial; ¿aún piensas que la muerte es justa? es la mas hija de puta injusta, aún deja morir en vida al pobre para que sufra todos los años mortíferos que pueda andar, ya no se sabe quién realmente muere o vive, o todos son unos moribundos y los huesos de la filosofía flaquean en tiempos de votaciones. Suena burdo pero la muerte está en la vida y la vida en epitafios, pero suena aún más absurdo que somos mortales, ¡blasfemia! , somos inmortales, intangibles conciencias internas eter-

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nas, inéditos, sin tarjetas de crédito ni débito, “ahora sí estamos muertos sin dinero electrónico” dice la suciedad impregnada en máscaras de luchadores, de payasos contra viejitos en plaza de armas, de anonymous sobre bicicletas todos los miércoles en la madero, y yo sin máscara, más que un beso de la muerte con labios de hojas de afeitar en el rostro del lado izquierdo, mismo rostro contaminado de acné, me hizo varias chaquetas la vida de otros. Y sigo escribiendo y muriendo, y muriendo y escribiendo; y miles de hormigas se posan sobre las cuencas del cráneo de un cerdo, y la marabunta marcha sobre todo el frenético esqueleto, la muerte revienta a carcajadas por el collar de ojos sobre su cuello, la muerte no es flaca ni obesa, ni morena ni rubia, ni un pene erecto ni una vagina con vello, ¿entonces qué es la muerte? ¿La evaporación de materia sobre la faz de la tierra? ¿el homicidio de conciencias atadas a unos hilos? es infinidad de teorías respaldadas por cocainómanos, economía brutal en todo el mundo, herencias carnavalescas, confeti de vidrios de botellas esparcidos en una habitación, colección de fetos en otras botellas; juguemos a la botella ejecutando castigos, yo jugué hace 19 años y me tocó perder y pago mi castigo viéndote morir.

José Alfredo Barriga Juárez.

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Venganza literaria

aquella niña que fue alguna vez, resplandecía con su presencia, mientras Carlos no cambió mucho, seguía teniendo la misma cara y el cuerpo un poco más crecido pero nada fuera de lo común. Un día por azar del destino ellos se encontraron, aunque no se reconocieron a simple vista, Carlos quedó atrapado en la belleza de Alma dado que era una mujer que quedaba en el prototipo de mujer ideal que él tenía en mente, ella lo sabía a la perfección porque se dedicó a indagar sobre las preferencias estéticas de Carlos mucho tiempo atrás. Comenzaron a salir mucho tiempo hasta que se mudaron a vivir juntos porque ella había quedado embarazada, estaban muy contentos “aparentemente” debido a que ellos decían que eraun hijo no planeado mas no era un hijo no deseado.

Alma era una niña muy simpática además de ser muy inteligente y aplicada en la escuela, pero un defecto, era muy gordita, ello era motivo de muchas burlas, groserías y todo eso a lo que se le denomina bullying. Los niños solían ser muy insensibles y crueles con ella, en especial Carlos,

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que se la pasaba molestándola todos los días, dado que él era el típico chico bravucón y ella la perfecta carnada para sus maldades. Terminaron la escuela, cada cual por su lado, pasó el tiempo hasta que Alma se convirtió en una mujer hermosa, lucía delgada y muy distinta a

Durante los primeros meses de embarazo Alma convenció a Carlos de darle dinero para poner una carnicería en el local de al lado de la casa que rentaban, ella lo supervisaría y atendería lo más que pudiera para poder generar ingresos extra en lo que él estaba en su oficina, a él no le quedó más remedio que aceptar por la insistencia de ella, pero sobretodo porque no quería contrariarla por su estado de gravidez. Pasaron pocos meses, Carlos recibió una llamada del hospital en el que Alma estaba grave, rápidamente se trasladó pero cuando llegó ella se encontraba en el quirófano, esperó los informes del doctor y recibió la mala

noticia de que Alma perdió al bebé. Ella sentía que Carlos pensaba que ella se había provocado el aborto, por eso evitaban ambos hablar de ese tema. Después del incidente se empezaron a distanciar poco a poco como pareja, él cada vez llegaba más tarde de la oficina y ella, cuando él llegaba, salía a caminar siempre con un bolso grande. Uno de esos días regresó de su caminata nocturna calculando que él estuviera dormido, dado que Carlos entraba siempre muy temprano a trabajar y ella, como patrona, abría a la hora que se le venía en gana; entró sigilosamente sin hacer ruido, se percató de que él estaba profundamente dormido y aprovechó para acuchillarlo muchas veces, hasta matarlo. Luego de conseguir su propósito, cargó el cuerpo hasta la carnicería, ahí lo destazó, limpió muy bien el lugar, tanto su departamento como la carnicería, colocó todas las partes del cuerpo de él en su bolso grande, se fue caminando en medio de la noche como usualmente lo hacía desde hacía, empezó a regar las partes del cuerpo de Carlos en los lugares estratégicos donde él la hizo sentir mal, desde su niñez hasta su edad adulta. Una vez que terminó de enterrar completamente el cuerpo, regresó al departamento arregló sus maletas, limpió la casa y dejó todo en orden para entregar al siguiente día el lugar. Ese día exactamente terminaba el contrato de arrendamiento que ellos habían celebrado con su casera.

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De igual manera vendió la carnicería al mejor postor y se retiró camino al aeropuerto con el dinero, mientras avisaba por teléfono a la oficina de Carlos que él la había abandonado la noche anterior yéndose al extranjero y que ella iría a buscarlo. Ya que Alma subió al avión pensó que invirtió casi toda su vida en planear vengarse de aquel niño que la había herido profundamente mucho tiempo atrás; tanto que se había olvidado de vivir y sentir puesto que ella nunca se enamoró de Carlos y cuando se provocó el aborto no sintió remordimiento alguno pese a que también ese ser sería parte de ella y peor cuando con la sangre fría y mente calculadora lo mató con alevosía, premeditación y ventaja. Al llegar a su destino, al pisar el suelo, lo único que salió de sus labios fue la frase: “también por amor se mata”. Y prosiguió caminando…

“también por amor se mata”. 9

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x

Muerte de

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No hay sensación de poder más grande que cuando una vida depende de tu mano. En ese momento eres un ser omnipotente, más no misericordioso. Para disminuir esa adrenalina por eliminar al ser vivo existen los protocolos, toda la parafernalia de los sacrificios ayudan a liberar lentamente esa sed instintiva del asesinato, aún cuando tu enferma imaginación te presenta opciones sádicas, más lentas y dolorosas para la víctima. Ese ser, que todavía respira, vive en la comodidad de la ignorancia, del no preguntarse qué va a ser de él en los próximos 40 min. Y dormita, y come y bebe como le mandan sus necesidades fisiológicas. Sin embargo, a veces te mira, cuando percibe el olor a sangre fresca en el ambiente. No habla, pero puedes detectar su pánico en sus dilatadas pupilas. Su muerte no trabará el movimiento de la tierra, ni perdonará pecados, no será siquiera un sacrificio que haga llover. Sólo su

respiración cesará, su corazón dejará de latir. Nadie llorará su ausencia. Su cuerpo es tan frágil, que con tres dedos podrías llevarlo a su final. Después de soñar despierta, vuelves a la realidad. Comienzas el procedimiento tantas veces realizado con disciplina. Se vuelve tan automático, que ya podrías desarrollarlo a ojos cerrados. Anestesias a la víctima entre forcejeos y chillidos y, para cuando regresa a su cautiverio, ha perdido ya la coordinación de sus miembros, todo su tracto respiratorio arde como si estuviera en llamas. Poco a poco se irá sumiendo en un letargo aplastante, su último sueño sin posibilidades de despertar. La colocas en la plancha de metal y le sujetas sus cuatro extremidades. Evalúas el grado de efecto del tranquilizante, pinchando aquí y allá, esperando que no exista reflejo. También hay ocasiones en que a pesar de que la víctima responde al dolor, tú continúas

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indiferente ante su sufrimiento. Realizas con habilidad un corte transversal sobre su cuerpo, acto seguido introduces los dedos para separar las capas de piel y dejar expuestas las entrañas. Disfrutas la sensación de la carne tibia entre tus manos, identificas las diferentes texturas, sientes el pulso en las arterias, la respiración profunda y pausada del estado de inconsciencia. Extraes los órganos necesarios para tu práctica y es cuando viene la mejor fase de la intervención. Rompes de un tajo la delgada membrana del diafragma y observas cómo late el corazón un momento antes de cortar los vasos que lo irrigan y recibes la sangre caliente entre los dedos. Ese rojo fluido que al derramarse, va drenando gota a gota la vida. Los tejidos se tornan pálidos y comienza la rigidez. El corazón todavía se agita, aún fuera del cuerpo, cada vez con menos fuerza, hasta el último estertor. Esperas pacientemente con una sonrisa en los labios y la mancha escarlata en tu indumentaria. Una muerte más, a quién le importa. Muertes justificadas

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en papel moneda. Los que matan con un protocolo, con hipótesis como escudos, se sienten tranquilos, pero siguen siendo sicarios en su definición original. Si pudiésemos exprimir los artículos científicos, observaríamos cómo escurren chorros de sangre, cómo emiten alaridos de dolor y el blanco inmaculado del papel, se convierte en el violeta típico de los cadáveres en proceso de putrefacción. Yo, soy una asesina, y admito que vendería nuevamente mi identidad, por volver a sentir esa sangre manando a borbotones y empapándome el alma con la muerte.

Gardenia santana.

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REPO LABO RTE RAL

La muerte es la reyna de las putas, ella, la primera de la estirpe, la más sucia, conocedora de todas las parafilias existentes. Ella me enseñó el arte del deseo, me guió por el sendero de la lujuria. Desprendió de mí todo resto de culpa católica y me entregó a los hombres. Cobraba bien, pero me pagaba en especie. Cada vez que yo me encontraba desnuda en la cama después de un servicio, ella me miraba con sus órbitas vacías impregnadas de deseo y me sometía en la penumbra. Introducía todos sus huesos en mí hasta saciarme. Ella me contó una noche, sobre la primera vez que se cogió a dios. Estaban entre los arbustos del jardín del Edén y mientras Adán y Eva los miraban, probaron todas las posturas imaginables y sellaron su amor entre fluidos. Cuando la pareja excitada por lo que veían se les quiso unir, sucedió la expulsión y su castigo fue llegar a la tierra y luchar por consumar cada cópula, ser torturados por mesías que les impondrían prohibiciones para el sexo, y todo por haberse atrevido a tocar los huesos de la amante del creador.

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El túnel luminoso que muchos ven al momento de morir conduce a un paraíso de lujuria donde todo vale. Y para los más necios que en vida se dejaron seducir por la palabrería religiosa de la abstinencia, existe una zona donde serán tocados, lamidos, chupados

hasta el límite sin llegar nunca al clímax. Confieso que durante mi vida le fuí infiel mil veces. La buscaba en las bocas, en los cuerpos, en los sexos de hombres y mujeres que se topaban en mi camino. Me pervertí con abrazos parciales, con caricias fingidas, con gemidos exagerados, con manos que me estrujaban como si estuviera hecha de papel, con la palabra amor. Pero ahora, todo ha cambiado, soy suya y hace de mí lo que le place. Todavía hay algunas veces que me tortura, mientras me penetra, se pone la careta de mi último amante y cubre su cuerpo con sal de abandono, para demostrarme que no existe muerte como ella. Nuestro cliente más asiduo sigue siendo dios y debo presumir que he participado en varios encuentros porque soy su preferida. Pero aún cuando no estoy ahí, todas sabemos a quién recibió nuestra mentora, porque la tierra se tambalea y se les ve retozando hasta en las ventanas. Ha llegado un huésped más y debo retirarme a hacer mis labores, justo acabo de checar la entrada y revisaré la orden del día.

Gardenia Santana

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termine sus latidos me encontraré a tu lado, ángel amado, oh aliento seco de sepulcro, déjame descansar entre tus brazos etéreos” o cualquier otra burrada que se nos ocurra, después de todo lo que interesa es que la pretendiente en cuestión se la crea, y permita acceder a ciertas partes de su anatomía bastante vivas, por cierto. Si eso no eso lo que se pretende (aunque no nos engañemos, siempre es así) se puede dilucidar acerca del mas allá desde el mas acá: ponernos filosóficos con las diversas concepciones de la finitud del cuerpo como portador de un alma, o la inexistencia de esta, armar retruécanos para las charlas de café con otros individuos igual de piratas que uno, mientras se consumen cantidades industriales de tabaco con la excusa de que: “estamos rompiendo los paradigmas establecidos, le estamos encontrando significados nuevos a la existencia desde esta bonita mesa donde el café cuesta quince pesos con refill”. Excelente labor para justificar el perder toda la tarde.

Y el tema, es la muerte.

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Creo que a todo escritor le encanta rayar cuadernos de ello: se puede presumir de ser sensible y profundo como poeta maldito escribiendo acerca de flores que

se marchitan, asesinatos entre la niebla de una ciudad del siglo XIX o de plano dedicarle unos versos a una amante llena de frases como: “Cuando el corazón

Si ya se pasaron esas opciones, quizá no venga de más ponernos nacionalistas defendiendo a nuestras etnias (así, con titulo de propiedad) y las bellas tradiciones que estamos perdiendo, como las catrinas, los altares de muertos, las calaveritas... ¡porque jalogüin se la esta comiendo, los niños de ahora ya no conocen las tradiciones de sus abuelos, estamos matando las ceremonias por unos malditos chocolates

gringos! Malditos, mil veces malditos. Hay que cortarles el paso y no dejar que se lleven lo poquito que nos queda antes que sea tarde....aunque en el fondo lo que nos importa es ir a pisar tumbas, ahogados de borrachos a Pátzcuaro en noche de muertos, y manosear gringas. Pito, os digo. Así, que por esta ocasión, me parece que voy a dilucidar acerca de la parte experimentable del asunto, que con eso no me refiero a probar la muerte (a menos que sea pequeña) sino de algunas cosas que se pueden hacer con ella en una suerte de adecuación del concepto del limite en matemáticas, donde por mas cerca que se llegue, nunca la voy a tocar. Lo cual es muy bueno porque los muertos apestan. Creo que es un error eso de que se nace solo y se muere solo. Obvio, a menos que se sea un niño de probeta, nacemos de un útero a las manos de alguien, sea médico, partera o hasta la propia madre, hasta después de un rato. o varios días dependiendo de cada quién, se va a estar realmente a solas; curiosamente con la muerte es similar, considerando que la mejor manera de partir que habitualmente imaginamos es: viejo, rodeado de seres queridos, sin arrepentimientos y en paz. Mientras dormimos. Un final romántico a una existencia perfecta.

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Que por estadística, no va a ocurrir. Habitualmente morimos de enfermedades dolorosas o accidentes violentos, luchando por cada instante que se pueda estar en la tierra, con un miedo enorme a lo que sea que esté del otro lado, aferrándonos con todo lo que queda a no recibir las paladas de tierra sobre nuestro ataúd, no estar solos en la oscuridad, mientras se vierte cemento sobre nuestras cabezas (quizá para evitar que podamos regresar) y no convertirnos en alimento para los gusanos, como si los pobrecitos no tuvieran derecho a alimentarse. Me parece que solo un tren eléctrico en la carta a los reyes es lo mas deseado que poder continuar siempre hasta arriba de la cadena alimenticia, prefiriendo destruir nuestros cuerpos a fuego directo antes que permitir que las ratas o los insectos puedan saborear nuestras podridas entrañas. ¿Como podemos ser tan ilusos como para creer que merecemos otra cosa?

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Pienso en Henri Desire Landrú, un asesino en serie francés que se aprovechaba de la soledad de mujeres de mediana edad para seducirlas con promesa de matrimonio, quitarle sus posesiones, descuartizarlas cuidadosamente y cremarlas en la estufa de su casa. Muy dedicado a su labor, por cierto, al haber matado a once mujeres de l as cuales estoy seguro no necesitaba más que unas dos, quizá tres para sobrel-

levar un nivel de vida algo holgado. ¿Que fue entonces lo que lo llevó a continuar atacando? ¿Ambición económica o el placer de tener control sobre la muerte de alguien más? que no sobre su vida, pues no era tan estúpido como para pasar de la propuesta de matrimonio. Si eso no es dedicación, ignoro como se le puede denominar. Quizá al igual que muchos otros, descubrió que su vocación se encontraba en negarle a sus víctimas ese último gran anhelo de existir por siempre, recordarle al mundo de manera indirecta que aunque aumentemos nuestro nivel de vida a través de la ciencia médica, una alimentación sana y mucho ejercicio, siempre existirán entre nosotros depredadores dispuestos a mantener el ciclo vital en movimiento... Aunque no lo hagan por mantener el equilibrio homeostático. Claro, de cuando en cuando hay casos de gente que muere realmente sola, sin nadie que los apoye, desde un vagabundo congelado a media calle en la madrugada, a un excursionista que ha caído en un barranco sin que nadie se diera cuenta y se ha consumido en el fondo poco a poco de sed. Debe ser una experiencia espantosa, no solo porque aparte de lo que pudiera haber sufrido en su agonía, todo lo que hizo en vida no importa, sus obras se ha reducido a unos párrafos en la nota roja: “Se encuentra cadáver semi devorado en Mil Cumbres, al parecer intentaba arrastrarse hacía un riachuelo,

¿Como podemos ser tan ilusos como para creer que merecemos otra cosa?

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pero tenía las extremidades rotas y no llegó” Las huellas que pudo haber dejado nuestro anónimo excursionista en vida, han sido difuminadas por la tragedia. Descanse en paz. Al igual que un árbol que cae en el bosque, nadie en vida sabe lo que es la muerte en solitario. Por supuesto, hay quienes han regresado de la muerte horas después de haber colapsado, pero la información que nos traen siempre está viciada por las preguntas que nos interesan: ¿que se siente? ¿fuiste hacia la luz? ¿te recibió un ser querido? ¿por qué no estas quemado si tenías la certeza que te estabas quemando en el infierno? Tan sólo otro acercamiento casi al punto de tocar la meta a la que no se quiere llegar (a menos que se sea suicida, que pues no cuenta, ellos hace tiempo que no se encuentran entre nosotros). Una de las variantes más interesantes de esto es el ritual de buscar la propia muerte, buscando derrotarla a partir de dejarse llevar por ella, ya sea enfrentándose a algo o alguien en el campo de batalla, o realizando actividades con una probabilidad real de terminar destruido, como practicar el buceo en cavernas, lanzarse en paracaídas o utilizar el transporte colectivo. De todos modos el objetivo en superar las pruebas, los que fracasan siguen silenciosos. ¿Vale la pena luchar contra el final de todo? Calculo que sí, aunque por las razones equivocadas. Existimos en un ecosistema en que la única manera de sobrevivir es matando, como si sólo

hubiera una cantidad limitada (que puede que sea así) para dividirla entre los que respiramos. Consumimos y devoramos todo lo que se puede como parte de nuestra naturaleza, al grado que el éxito de nuestra civilización no se basa en el no consumo, sino en hacernos eficientes en ello, pero sobre todo, que alguien mas lo haga por nosotros. Nos hemos vuelto cobardes y comodinos, ya no cazamos lo que comemos, ya no despojamos de territorios, desconocemos el precio de lo que hacemos a un lado, con tal mantener la piel cubierta o la barriga llena. Recuerdo cuando caminaba a la secundaria, tenía que pasar muy temprano por una calle con poco tráfico. Había un cotorro que repetía las palabras que escuchaba, uno que otro silbido, pero de cuando en cuando hacía un ruido horrible, un gorjeo aplanado, alto y largo que terminaba abruptamente como si tuviera la lengua atorada en la garganta. El sonido me ponía los nervios de punta, sobre todo al escucharlo al poco rato de haber despertado, suponiendo que el ave estaba enferma. Un buen día mientras pasaba por ahí, me di cuenta de que es lo que ocurría. En la esquina de esa calle se ponía un puesto callejero de esos de venta de pollos donde traían a las aves vivas, hacinadas en jaulas de plástico durante días para ser sacadas violentamente, su cuello cortado y colocadas en embudos cabeza abajo para que se desangraran en una cubeta, una sanguinaria tradición que

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es parte de nuestro paisaje cotidiano desde siempre, con pocas posibilidades de cambiar. Pasaba todos los días sin voltear realmente, tan solo un negocio más, un evento sin importancia que sin embargo el cotorro escuchaba una, y otra, y otra vez cada mañana, durante horas. ¿Quién puede saber durante cuánto tiempo? ¿cuántos estertores agónicos escuchó a lo largo de los años, antes de aprender a repetir con toda la maestría que le permitía su organismo? Supongo que me equivoco, pero calculo que ese cotorro debió volverse loco. No hay manera que no supiera lo que esos sonidos significaban, los gritos de dolor, miedo e impotencia de otra ave mientras era pasada a cuchillo, entregada en holocausto para ser servida al mediodía en caldo, mientras sus entrañas eran vendidas a unos pesos como menudencia para alimentar a los perros. Quizá aprendió a mimetizar el sonido con la esperanza de que no lo arrancaran un día de su jaula a enfrentar el mismo destino. Quizá llego a la conclusión de que si fingía el sonido, engañaría al pollero, haciéndole creer que ya lo había matado. Pero lo más probable es que esas son solo figuraciones mías, tratando de encontrarle un sentido a un perico que cuando hablaba sonaba como si le estuvieran cortando la garganta. No se que pensaría Henrí Landrú de todo esto, lo mas probable es que no le interesara, pues su negocio era el actuar, quitarle todo lo que tenía a cada mujer que había elegido, iniciando por su propia existencia. Dilucidar tonterías es para las presas, aquéllas a quienes la muerte sorprende cuando es la única cosa segura en el mundo, lentas del peso de sus ideas. De cuando en cuando pienso en un sistema de pensamiento el cual afirma que mientras se pasa por el mundo, lo mejor es dejar la menor cantidad de huellas posibles, tomar solo lo necesario evitando la vanidad de considerarse mejor que los demás, después de todo, no hay nada de valor para llevarse, todo esta aquí, un minuto antes de partir, en el deseo de irse con el menor arrepentimiento posible...aunque admito que me encanta el pollo frito. Igualmente, saludo con amabilidad a los polleros, intentando convencerlos de que ya me han matado. Aunque dudo que lo crean.

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Alan Robo-Bestia

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Protomementomori. De muerte me como un taco y hay muertes en donde uno se estaciona para cargar gasolina: gasolinera o gasolinería. De noche con luna se le debe festejar, Goethe sin calzones, están a punto de darle un premio, alguna cosa alemana, lo mexicano, ¿existe algo así como un día de los muertos? No disminuyen las muertes. Porque de noche es la muerte, ya lo dijo aquella Muerte que jodió la muerte. Muertos como Ramón Martínez Ocaranza y Carmen Mena están resucitando cada vez más en este escrito. Debo de parar, dejarlos, dejar los muertos. Descanso de los descansos, el rey de los descansos. ‘El mundo es un cementerio’, cantaba el Charro de Negro que por la noche venía a ver a la Flaca de Blanco, porque de blanco está hecho lo maligno, lo terrible, blanco es el sol que te quema, que seca los cuerpos en los desiertos de las avenidas. ¿Es la muerte un juego de limón? No juegues con el juego de la muerte. Muérete una vez que hayas ido siete veces seis al tres veinticuatro columna por dos paso redoblado, bandera a media asta. Número de mal gusto el numerito del muerto. Mueran

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las asquerosas y repugnantes deudas hijas de la Ansiedad, abajo este mundo verde, pero no verde como decía Quezada, sino verde mal pedo, verde como agua descompuesta, “Echando a perder se aprende”, enlamadas. Fin de todo trabajo, dijo alguien, de todo sufrimiento, el descanso eterno. ¿Vacío, nada es el vacío? ¿Quién lo vació? Del primero de noviembre de 2012, calendario absurdo. Pan de muerto sopeado en chocolate con leche. Papá, ay papá, ay. Un policía federal le regala 3 cientos pesos a una pobre y maltratada, golpeada y hecha madre a huevo mujer, la muerte y el amor cruzando la avenida, rumbo al nido. Una serpiente mamba negra se come a un recién nacido, le inyecta su veneno, demasiado para un bebé de 8 meses,

madres. Lo devora lentamente, imagínalo, lento, con la mente. ¿Cuáles son las facultades del intelecto que intervienen en la imaginación? ¿Qué ocurre fisiológicamente cuando uno imagina? Y cuando uno muere, ¿seguiremos imaginando? Y no se lo come porque llega el cazador de vampiros, los vampiros no mueren. Mortis. Mono, Mono Supremo,

también el mono supremo muere. Respira, no nos dejes. Sé que estás escuchando: toc cua toc cua toc. Y los perros son muy pobres, muy-muy pobres. La culpa está repartida. Caminaste mucho, pero es hora de abandonar el camino. El jinete. La democracia inclusive antes de la democracia que nunca fue la democracia porque ésta es, TÓCALA, la muerte de la Democracia. Léase como una oración a medio día, hincado, pidiendo Perdón. Guadalupe el Carnicero. Posadas, muerte grabada, grabado, grabación.

La fotografía es un pedazo del alma. Dices que la tecnología le gana terreno a la muerte, ¿eso dices? Las calaveras chiquitas, los pobres angelitos, los no natos con azúcar, de piloncillo, cajeta o dulce de leche, la cajeta, ñam ñam. Un primero de noviembre hace mil millones de años un Hombre Gigante se bañó con esta misma agua clorada, agua sin vida el agua estancada. Entonces, ¿el movimiento? Me gusta el mueve mueve y la muerte es un mueve mueve también, un mueve mueve ubicuo y omnipotente. Alabad al mueve mueve, rendir culto a la Santa Muerta. La pluma que no es tal ha muerto. Descanse en la paz de las plumas que no son Son sin un buen son. ¡Fin o muerte! Aunque la muerte dé miedo, ¡por que si da!, aguas, a todos nos da la muerte.

Caliche Caroma

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Tránsito de los fantasmas

(y me duele tanto)

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte. Charles Bukowski

me duele tanto estar cautivo de los tiempos acorazado en llanto mortecino que pulula mis entrañas

el tren suspira

en cada vagón se respira olor a muerte

deambula por los caminos de la incertidumbre

y a mí me duele tanto la ausencia de los días el continuo tránsito de los fantasmas

(me duele tanto) y me refugio entre mis sueños

todo esto / todo aquello todopasado-todopresente-todofuturo

cual hoja a

o t n l vie

como los gatos en celo marchitan sus soledades

(((me duele tanto))) y no descifro cómo terminar todo este tormento

Manuel Noctis

entre mis noches

cuando la luna se apaga entre tinieblas

a

n

e

cuando los párpados c

como cortinelas cerradas a la >fuer za<

(me duele tanto)

y quisiera gritarle al mundo

-desde acá abajodesde lo recóndito

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de los sueños desde lo absurdo | lo discontinuo | lo impenetrable

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l e d n ó i c i t e p e r Crash o la g r e b n e n o r C e d shock

Para iggis. ica H e d h rót e Cras loración e u q o p m x na en lo mis a entre la e fobia urba ncia s e o o i la xen berg n mpete ferenc ronen dente la di acerca de a obvia co nenberg C e d i a en un Crash resulta ev de Cro puest así na pro gis incurrió osterior al rgo, cosas d os u n u y g l e p g a vi ns ba aul Hi jo fue nadie de Da h in em del ca e entrada P ue su traba o a este. S re Mosca as r C q . El D ut leb USA. sa, puesto ser un trib ordar la cé bos títulos sos. La m c io jo e venta bastante d o. Basta re ualmente a ente delic un t m p ta de s p ó a u t m e c r s f c e n i s n i a t r o l d f y di c la e , s r todo rrárse rreno e cine epara pasan berg para s tación a te roductor d lidades, na duce a p ci n de on Crone lleva la ex James, un meter infi l destino c car con o n e o c o d l r c m a l o C o g e c , a ho de narra e decadent nces el jue prudencial ientemente a l u c í o t l en pe ent io im e rec es, quien levem versa, del homicid esposo yac Jam o placer osa y vice s u s e do seno a e, es invitad mit í n sp l o a e s d u o a u c l s e a s n t n a ú o n o r l t a e o c e t d dire ien an d acci quien James emington, uestra un b heridas del ros disfrut demos b s R m po la Dra a su lado, ración de la de sus miem se modo, aquello e e o n e t p do D do muer r a la recu gton, ivo erótico. nismo y to h se basa n i o i m r e poste e la Dra R mo incent , exhibicio ción. Cras escribe d d o ur na al club s de autos c trois, voye e a la fasci donde se nuestra , t e a d n e u r r e age choq sam las Balla e sob a men rtigino ames uerte tien pañada de te asistir acerca ve nima de J t e la m ó , acom Arque os que n ovela hom cercanía d ronenberg y Rossana cipicio, n la vid C nter e pre en la ación que de Da r, Holly Hu probada d e de sexo, n it ó i c c x a e e a pt ad arec la esa la ada James Sp pequeña, a muerte c de la mism ; o d i e , n L s d e líb o . t o c s r s r baja uest mue sexo n cione actua escena la tros partes angre los n posa tiene u e a ntro d de s u es nues traen dece ación llena mientras s maneja de sa podría e m u l que h contempl quien tra co da rro, é u ames, ero del ca que ¿Qué o crito por to s J e o r d e l s s p e o a e h r e d t c u un o el nto ra q mane en el asie del filme es aggis, com n l H h a Vaug ado. El fin nenberg y v ro autola mo el de C o c , a nl . ser? la. Véa u c í l e la p arex

Orión

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Ant

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Revista SEMEN #5