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6° ANIVERSARIO Año 6 | Número 24 Morelia, Mich. 2010

$15 varos

GUILLERMO FADANELLI | ALFONSO MORCILLO | ROGELIO VILLARREAL | RAFA SAAVEDRA | LUAN MART ACAMONCHI | ROCÍO BOLIVER | KARIN MIJANGOS | FRANCISCO E. MUÑOZ | NAZUL ARAMAYO CARLOS MARTÍNEZ RENTERÍA | BERNARDO VALADÉZ | ROSE MARY ESPINOSA | JUAN BEAT | CRISTIAN RANGEL OSCAR MUCIÑO | ALÍ TORRUCO | CARLOS ROJAS | SERGIO FONG | MANUEL NOCTIS | AGATHOKLES


Director: Manuel Noctis (manuelnoctis@gmail.com) Consejo Editorial y Consultivo: Alejandro Torres ―El Champi‖, Christian Fajardo, Cloe X. Pérez Valladares | Arte y Diseño: Manuel Noctis Secciones: ―Campo Nudista‖: Manolo Espinosa. ―En el debraye‖: Alex Barrios | Colaboradores: Eugenio Justiniani Ortiz “Keño”, Daniela Cervantes González, Luis D. Morales ―El Boske‖ | Diseño de publicidad: Mario Resist (elmarioresiste@hotmail.com). CLARIMONDA –Cultura contraCultura-. Revista alternativa y de autogestión editada por Manuel Alejandro Ayala Chávez | Morelia, Michoacán, México. 2010 | Número 24, Año 6 | Víctima: Los Aciditos | Logo oficial Clarimonda: Gustavo Santiago López (Veracruz) | Logo Secundario: Luz Koreysi Ugalde (Guadalajara) | Cada texto firmado es responsabilidad de su autor y no necesariamente responde a las políticas de Clarimonda | [COPIA Y DIFUNDE] Se permite la reproducción total o parcial del material, siempre y cuando se cite la fuente y el autor. Contacto y Colaboraciones: revistaclarimonda@gmail.com AGRADECIMIENTOS. Keño y toda la banda de Audiorootstika. Arnulfo Vigil y su revista Oficio (Monterrey). Revista El Culo del Mundo. Carlos Rojas & Noelia Ventura. Carlos Martínez Rentería y su reva Generación. Colectivo Paracaídas (Ale Quintero & Oscar Quevedo). Rafa Saavedra. Alí Torruco. Roberto Lázaro Melo y su periódico Epígrafo. Casa de las Musas Morelia. Andrés Cisneros & Adriana Tafoya y su Revista Verso Destierro (DF). Colectivo Juatarhu. Rene, Juan Pablo, Yasir y demás banda de Paracho. Colectivo Chac Mool. A los tijuaneados de la reva Diez4. Omar y sus Charlas Morelianas. Banda de la reva Hilo & Cactux. Jesús Baldovinos. Rogelio Villarreal. Arturo Accio y su project La Otr@ Antología (Guadalajara). Carlos Camaleón y su trip con Los Viejos Puercos (DF). Alfonso Morcillo. A todos los que nos brindan su amistad. A los que se dicen fans de este debraye (a los que no también)… a la banda que aguanta y resiste!

Foto de portada _ ”M. de Morvoz” _ Autor: Agathokles _ Modelo: Agatha


“ P E S T I L E N

T V “ - G O D C L O N E _ 1


Telenovela en horario estelar:

Delia salvaje soy yo Nazul Aramayo

No hay nada más hermoso que tener novia y como si, en aire mesiánico, le cumpliera el primer miquerer perderla. Si la satisfacción de un novio al lagro ―vino nuevo en vasijas nuevas‖. Yo era el vino y humillar a su novia se comparara con el orgassu pecho era una vasija que sería rellenada de leche y mo yo hubiera sido un novio de telenovela, exesperanzas. Ambos nos necesitábamos; no había ducepcional, caballeroso y de la vieja guardia boleda de eso. ra. Pero muy temprano comprendí que para anDe niña Delia perdió su casa cuando se desbordó por dar con Delia tenía que mentir y abandonarla. Y segunda vez el río Nazas. Un río por años secos y no es que no la quisiera o no la amara. Pero una símbolo de nuestro dominio lagunero sobre la naturarelación basada en el amor no puede hacer otra cosa leza. Hemos agotado el agua y nos enorgullecemos que improvisar. Porque, como todo mundo sabe, en el de alimentar empresas lácteas y envenenar a la poblaamor no hay nada definitivo: todo es un juego de ilución con agua contaminada. Su familia nació en los siones, debilidades, azar, humillaciones y promesas y, barrios a la orilla del lecho del Nazas, cerca del cerro para los románticos, flagelade las Noas, protegida por los Foto: Francisco E. Muñoz ción, sacrificio y hasta un poco brazos abiertos de Jesús y la de cariño. El amor, para nosoesperanza del ascenso en la tros, era una cosa incompartida escala social. Así fue como su como la traición y el contrabanfamilia emigró al Torreón Resido. dencial, olvidándose (con esHabía dicho que mi relación con fuerzo pero sin lograrlo en sus Delia había empezado cachonactos) de su pasado populacheda aunque pudorosa, penosa ro e hijodeputa. Ella, según me como de secundaria cuando lo confesó después, hubiera crees que el sexo es meter la sido feliz siendo chola arrejuntariata en una vagina y ya. La da con un maquiloco, prendiensecundaria es tan sexual y dedo veladoras a la virgen y taprimente que sugeriría a todas tuándose el nombre de su bato las chicas a juntarse con tipos y su morrillo en la espalda o el mayores como yo para que brazo; su vida hubiera sido fácil aprendan de una buena vez a pero canija, hubiera sido más que su vagina no es nomás un cabrona (ella) y más culera (ella órgano reproductivo sino una también); pero su familia creyó abertura delirante, fantástica, en el capitalismo y emigró para placentera, un abismo de múltidarle una mejor vida, una vida ples posibilidades exploratorias de estudiante cuasiburguesa (disculpen la cacofonía). Esta con una vida sentimental más sociedad o, mejor dicho, las complicada y una oferta laboral clases sociales serían otras si miserable, pero, oh destino, silas señoritas menores de 15 se guió siendo una cabrona y una dieran cuenta que sus cuerpos son la llave para una culera: una mujer, por dios que sí. Pero evitaré los vida rica, placentera y primermundista. A las mujeres machismos para no ofenderla y para evitar que las deberían prohibirles ver telenovelas para que no se feministas o cualquier tipo de mujer tiren mi obra y me corrompan. Nosotros los hombres deberíamos verlas crea un machista-pedante-hijodeputa. Ella era una para entender lo que una mujer común y corriente asmujer (disculpen la redundancia) maravillosa (mujeres pira en la vida romántica, profesional y espiritual que, abnegadas: disculpen la redundancia) con deseos y a final de cuentas televisivas, es la misma pendejada: complicaciones propios de una chica de barrio que de un cabrón con sensibilidad y ya, o sea un Pedro Infanpronto se ve inmersa en la clase media. Mi chica no te. Y en eso me convertí para estar con Delia. era María la del Barrio, primero porque no tenía esa La primera vez que la desnudé no descubrí su cuerpo. cinturita de Thalía y, segundo, porque las telenovelas Pero me di cuenta que su brasier tenía relleno. Comson una mentira. Delia no buscaba un millonetas para prendí que yo no sería el único mentiroso en esa relaser ella una riquilla de rancho. Ella buscaba el bien de ción. Sus minitetas falsas escondían la esperanza de su pueblo, ella era una nena izquierdista, una mamaciuna adolescencia tardía como si fuera una rockstar de ta metida en la lucha social. Pero esto ya lo había dila época del glam. Además era el escondite de mis cho. Lo repito porque me gustaba eso de ella. Me gusbuenos deseos: ah, sus cuasitetas rellenas de mis taba su fuerza de niña abandonada por su padre, niña mejores deseos para año nuevo y vida nueva, que se defendía en la primaria diciéndole a sus


compañeros que no necesitaba un papá alcohólico y golpeador como el de ellos, que con su mamá le bastaba. Me gustaba su verdad infantil. Su violencia. Sus ganas de defenderse y hacer llorar a los niños que la ofendían. En esta sociedad un niño sin papá es humillado desde antes de nacer. La revolución industrial destruyó la familia tradicional occidental. Las instituciones gubernamentales y religiosas humillaron a la familia incompleta. Me gustaba su pasión por sobrevivir; era una niña intoxicada por la vida. Éramos una pareja intoxicada: vida y adicción, libertad, liberación, consciencia; no vivíamos los 60, no tratábamos, como la generación de Camus, de evitar que el mundo se cayera a pedazos; sabíamos que nos estábamos pudriendo y que la consigna era revolcarnos en nuestros deshechos. Yo me divertía. Ella luchaba. Y me gustaba. Como toda adolescente Delia se quería comer el mundo. Pero como toda cristiana sólo comió verga. Nunca supe ni me interesó cuántas o de a cómo. Estudió en escuela privada y se interesó por las luchas sociales, movimientos estudiantiles, guerrillas, el Che Guevara, las revoluciones y los Beatles. En pocas palabras fue una niña a la que no le gustaban las boy bands de los 90; una niña especial o terrible. A Delia le gustaba Valentín Elizalde. El día que lo mataron, ella dejó de estudiar.

Miguel Sánchez Vidal

Material girl Historias van, historias vienen, todos los días parecen ser iguales en el "table", los mismos clientes asiduos en busca de amores efímeros, del "papito" o "mi amor" fingido con maestría, mientas dure el dinero… luego, es la indiferencia, el olvido en otra mesa con el nuevo "papito" o "mi amor" con cartera cargada de más oportunidades para comprar ilusiones carnales… Michelle camina por todo el antro, mostrando su espigada figura, contorneándose rítmicamente atrayendo las miradas de la clientela, su mirada es inexpresiva y su porte elegante la hace sentir que nadie la merece, quien quiera, que pague y caro, es toda una Material Girl, tienes lana, es tuya por lo que puedas pagar… pero la Chica Material resulta que también tiene ilusiones, y esta es que su nuevo "marido" la saque del "table" para siempre… no importa que sea casado y tenga hijos, con que le ponga departamento y la mantenga, está dispuesta a ser su propiedad privada, aunque esto sea efímeramente cada noche que él se dé una escapada y dejé a su familia para gozarla… ilusiones y sueños en humos de alcohol, risas y alegría fingidas al ritmo de la música, deseo y decepción mezclados con las luces flotantes en esta atmósfera que se rompe al encenderse las luces que anuncian el fin de la noche, el fin de la ficha, del "table"; los privados se cierran hasta el día siguiente en que serán mudos testigos de promesas intangibles… de amor comprado, de amor pagado con dinero… de amor de cabaret y el ¡tubo, tubo, tubo!... se cierran las puertas del antro y uno vuelve al mundo real, el de todos los días, el de las obligaciones y la tristeza, el de la esposa y los hijos… pero también el de la alegría y el abrazo sincero, por lo pronto, mañana mismo me compro un tubo galvanizado de 2 metros, unos Mp3 de la Santanera y que mi princesa de la noche me baile y prometa caricias de amor… de amor bendito.


Rafa Saavedra

The new freak scene Desde la ventana del penthouse observa esa mancha azul que siempre ha estado ahí. Antes le daba paz, ahora asustado ve en ella un revoltijo de paraísos neutros que no sabe si estarán destinados a él. La mancha le recrimina su relativo éxito, el origen judío, su beber intranquilo, el carácter posesivo, su arrepentimiento festivo. Todo le parece confuso. No sabe si hay que comprender el mensaje o deja pasar el espíritu de la comunidad que propina golpizas a fuereños o mata policías, si eso tiene algo de sentido o viene tan sólo a fustigar los errores cometidos. Los errores. Malditos errores. Un zoom inoportuno. La mancha es cada vez más cercana, más visible en sus detalles, más categórico su enfrentamiento. Atrás, una carrera que no deja más que dólares en el banco. Un hogar seguro, una bella pareja con la cual practicar ese sexo casi de despedida, un auto con toda el blindaje posible y una cafetera alemana para esos días de lluvia. Le sobreviene una angustia swinger algo incómoda que no puede ocultar en poses fetichistas de alcance mínimo. Ese seudo placer culpable que ahoga al animal que lleva dentro. Un corte de caja en seco. Saldo en rojo, inminente quiebra. Lithium. Si, tú eres el único culpable (se dice en inglés, para evitar entenderse). Si, la soledad es espantosa (anota en una libreta que no llega a las cien hojas). Sí, la felicidad debería ser contagiosa (repite como ejercicio matinal de reafirmación positiva mientras se lava los dientes). Voltea y ve de reojo el recorte del periódico que anuncia el hallazgo de otra mujer muerta cerca de la carretera. La décima en seis meses. Corre la cortina y cierra los ojos, la mancha desaparece.

Play Oscar Muciño

Flashbacks y close ups abrevan en las migas que regaste: no eres el lugar común que quieres ético mustio en horarios familiares, antisocial: bandeja vacía, ex-futbolista sin la pierna rota aburrido: cazador de sustancias, punk músico errante heróico: todo a la verga poco al corazón. fatalista: paranoias cíclopes y lestrigones a cada esquina cobarde: sin meter las manos ahogado: fumarolas y tosidos :canceroso pero qué hacer si los beats parecen escritos en ruta pentagrama de la frente, existe una lista de reproducción inexorable no contamos con rewind o foward la realidad corre: play: va sudando pixeles G E R A R D O

Y É P I Z “ A C A M O N C H I ”


La suripanta de la foto o La come homos Sergio Fong

A Dionisio, lo encontraron en su departamento, tres días después de muerto, su cuerpo estaba en estado de putrefacción, dicen que le dio un paro cardiaco. Antes, 10 horas atrás y sabrá dios cuantos alcoholes, Dionisio bajaba las escaleras del edificio donde cohabita con ratas, cucarachas y otros bichos rastreros, sus calcos lo conducían al Ex-Hospicio Cabañas, hoy convertido en el Cabañas Grill por la clica que gobierna el Estado. Ahí estuvo hasta que se hinchó de beber tequilas y comer canapés a costillas de los impuestos de los que si trabajan. Después deambuló por las calles que le parecían tablero de crucigrama, entraba y salía de bares, cantinas, tugurios y congales que lo invitaban a pistear. Ya harta, la noche lo vomitó de la Cantina ―Los famosos Equipales‖, donde se había encontrado, rodando las piedras, con Rosa La Cabezona que andaba de gira artística, destilando poesía; vendiendo sus besos a cambio de amor. De modo que decidieron hacer la fiesta particular y se tendieron camino a bajo de la ciudad, al depa de Dionisio. Hicieron escala técnica en la licorería; compraron unas boyas de ron y un par de racimos de cervezas, luego siguieron de filo al departamento. Ahí bebieron; discurrieron sobre el agua de los ríos y los tiempos de sus vidas que se revueltos a encontrar. Dionisio hasta el culo, Rosa la maravillosa también, y pensaba en bebérselo a él. Todo se hizo y se deshizo hasta caer exhaustos. Media hora después la resaca despertó a Dionisio. Tenía una sed inmensa y tan lejana como el cuarto del refrigerador donde las chelas. Uuuuta!, que pinche crudolor de chompeta cruzada con insomnio y demás pendejadas, pero no se podía comparar a la noche en que conoció a la Rosa, hace ya muchos antieres. Aquella noche fue mortal, de esas que en verdad te mueres y solo porque le debes a la vida vuelves a despertar. No había varo y tuvieron que caminar dos tres horas entre las estrellas y el periférico para llegar a un cantón semi vacio que le prestaban para jetear, en el último piso de un multifamiliar, hasta arriba, pegado a la bóveda celeste, al otra lado de con San Pedro. Allí sí, a las tres noventa de la madrugada hasta le quemaba la cruda, la resequedad lo cuarteaba; no había vino, ni chelas, chescos, ni siquiera agua, el refrigerador vacío, los grifos sin gota ni mota, solo en el escusado había algo liquido. ¿Sabes a qué sabe el agua del retrete? La vida da vueltas, gira la bola. Ahora vendía sus cuadros gachos y sacaba feria para rentar un depa en el centro de

I M A G E N : C H R I S T I A N

R A N G E L

Guanatos, un apartamento con refri, estufa, computadora y otros lujos, entre comillas. Muy elegante el güey, bebía de día, de tarde y de noche, rolaba por las calles del centro, acudía a los recitales, conciertos y exposiciones a salpicarse de arte y brindar de gorrión, luego le llegaba a los bares a terminar el jolgorio. Y en una de esas se volvió a topar con la Cabezona, ella bebía poco, su interés era otro; la lírica poética, los andamios del verbo, los malabares de la palabra, pero esa noche se toparon en el dédalo del sino, que canturreo sobre sus almas y terminaron juntos en el colchón. La figura marcada bajo la sabana reflejaba la de una mujer bolonchita; de formas redondas. Ni pedo, se tuvo que levantar, llego al cementerio de chelas y saco dos, se sentó a la mesa y fijó su mirada en una fotografía atravesada por un clavo, colgada en la pared. Se preguntó: ¿quién era la negra suripanta de la foto que abraza a Bukowski? Bebía y pensaba en volverse a


emborrachar para poder dormir, se cuestionaba sobre esa pinche vieja con la que había pasado la noche y se carcajeaba recordando el pasado jodido. ¿Escritora? mis güevos son escritores, destapo otra chela y platicaba con sus fantasmas: a ti, a ti, te voy a pintar cabrón; así, así como estas: meando al cielo y como si fueras una fuente de luz, iluminarás a tus creaturas que te idolatran, porque de ti florece la vida. Jajaja. ¡pinches locos manicomios! Abrió de nuevo el refrigerador y sacó otras dos chelas, estaba amaneciendo. La chava se levantó, estaba desnuda y flotaba, se acerco a Dionisio, quería más veneno, sexo. Allí entre fantasmas y la penumbra del amanecer hubo pelea, descendieron y el mundo ya daba tumbos, se escuchaba el canto de los autos y el trajinar de los inseres de la urbe. Más chelas, ¿sabes quien es esa de la foto? Le preguntó a La Rosa que solo miró la foto y esperó a que Dionisio siguiera su perorata, es una poeta de la vida: sus zapatos son poesía, sus medias guangas y sus carnes flácidas son poesía, su falda deshilachada es hermosa, todo, todo es poesía, Sherwood Anderson lo dijo alguna vez: en los burdeles se respira, se bebe, se siente, se vive la poesía. Ni madres, ese fue Faulkner, resopló un fantasma ebrio tirado en un rincón.El pedo es que en los tugurios, los rostros se borran, el alma se destrampa, los seres se desencajan. Si tu quieres ser escritora metete en un burdel, siente la poesía, vívela y quítate de mamadas.

Jajaja La Rosa soltó la carcajada, jajajaja ¿y tu quien cabrones te crees, para tirarme tus netas? escribo lo que me nace y me place: la poesía es sentimiento, palabra, espíritu volátil, amor sublime, canto. De modo que deja esa verborrea para después y hazme el amor. Te voy a pintar, te voy a pintar encuerada, así como estás, cachonda con tus bocas abiertas al orgasmo. ¿A ver tú cabrón? Le pidió a un fantasma sus pinceles, a otro unas chelas y puso a la chava sobre la mesa de plástico, haciendo un especie de nudo contorsionista con la cabeza entre las piernas asomando su cara de modo que sus dos bocas quedaran muy juntas. Más chela. Rosa quería más veneno, gritaba excitada: sexo, sexo, sexo. Dionisio estaba borracho, vivía y bebía la exaltación de la escritora. ¿Cuál pinche pintura? ¡Te voy a pintar, Madres! ¡Ahí te va tu pintada! y tomó su pincel y lo metió donde él creyó que era la vulva y aquello era un incendio de colores que entretejían los olores y las texturas de la piel. La casa se convirtió en un Barco, en un barco pintado en un lienzo y la marea los hundía y los sacaba a flote y el barco de sus cuerpos o el cuerpo de sus barcos navegaba borracho de sexo, alcohol y locura. Naufragaron, agüevo que naufragaron y sus cuerpos balsas al ritmo de las olas recuperaron el alma. Rosa miró la foto que estaba colgada en la pared donde Bukowski abraza a la suripanta y le pregunto a Dionisio: ¿Quién es esa ruca? No lo sé, dijo y se quedo dormido.

Chihuahua: el Babylon Times Luis Ruvalcaba

Así como hace un chingo de calor (primavera verano) y el planeta algún día nos extinguirá, por lo pronto tiendo a contemplar el pasar de los años y el vaivén de las muertes por 200 dólares, el constante caciqueo de la marihuana junto con ganas de luchar por vivir o tener algún tipo de tranquilidad, en fin, pagar una vida cara sin calidad o si estas cagado en feria sigue presumiendo tu popularidad a base de aventarlo. Pierdo fácil el control y no sigo tus reglas, aparte no imito ni sigo a varios(as) para ser aceptado, soy capricornio apasionado anti monótono y he aprendido con golpes, rectificado asustado, odio las chiplerias de los humanos junto con la soberbia ignorancia, me molesto cuando te juzgan de cabeza a pies buscando algo que ellos no tienen, no soy homofóbico y las mujeres me vuelven loco, ERRE A PE desde que amanece, esto de cierta manera es la suciedad en la que crecí, aparte la vida no es una puta mierda por renegar y explotar enojado, es babylón, y formo parte de ella lo quiera o no, son costumbres idiotas, mi vida nada mas, critícame, as me reír, habla a mis espaldas, en fin: es un rancho grande con personas como escalones, es babilón. -EL BABYLON TIMES-


Limón al molusco “¿A qué te sabe la paleta m’ijo? Al semen de mi marido Ja ja ja ja” Prostituta de Tijuana (Después de meterse una paleta en la vagina y dársela a probar a los que quisieran)

Alí Torruco

Lo que no soporto son las élites que pretenden no serlo, es decir, los ―artistas‖ de Morelia. Y del DF, y de Guadalajara, y de Monterrey. Ja, ja, ja. Digo. Si se trata de meterse a una escuela privada de arte, para pretender que lo haces, pues me interesa más ver las telenovelas del trece. No se me ocurre pensar que la expresión artística esté desligada de los pueblos. Escuchar un son veracruzano inventado después de andar en la siembra está bueno. Prefiero un desmadre punketo que una expo en el Macaz. No me gusta alabar banda que vive en la Chapultepec y se siente de barrio. Ora que cada quien sus dioses y diosas. La mía es Manuela. Los rastas predican la hermandad y como agandallar al prójimo. Alika ya tiene su marca de ropa y Marley se madreaba a su vieja. Si alguna vez las rastas fueron contracultura, ahora están más cerca del fashion tv que la anorexia. Los skatos son cabrones con el tiempo suficiente para perderlo en la patineta o los patines. Los Darkies guardan luto por la muerte de su cerebro y beben sangre para homenajear a los vampiros fresas de Anne Rice. Los punks y los cholos me han madreado desde temprana edad, son ojetes y montoneros por excelencia, sin embargo tienen el escaso mérito de ser un auténtico producto de la violación de las fronteras y el cuerpo. Respuesta brutal a la inmigración y la neoconquista. Músicos, escritores, bailarines, directores de teatro. Mierda y más mierda. Poses; porque no les da su ególatra sexo, para asumir posiciones ante la debacle de los tiempos. La raza es víctima de la fragmentación tribal. Nos chinga el estado, nos chinga el mercado y nos chinga el de al lado. Y las tribus no se unen, ni se unirán, en parte gracias al olimpo artístico. A los presos políticos les vale madres la discusión estética, y al calentamiento global se la pelan sus experimentaciones formales. Lástima de los que tendrían que ser ideólogos de la banda. Avalan que los más jodidos. No yo, ni ellos por supuesto, sino los de verdad jodidos, sigan siendo carne de los perros del castillo blindado de la pos-posmodernidad. En la guerra contra la población, llevada a cabo desde las estructuras dirigidas por algunos pocos conscientes, caen desde las murallas de la fortaleza: Tortura, mecanismos de shock, bombas en los mercados árabes, tsunamis, inundaciones, secuestro de pobladores, chimpancés cantando Africa Unite. Armas nucleares apuntando a Irán. Irán hacia el infierno todos los niños del mundo. Nadie puede defendernos porque pocos se dan cuenta. Soy un borrego negro escapando por la puerta de atrás. Quiero escaparme al momento histórico que me define pero es imposible. La muela del juicio me sangra cada vez que entro al Teatro Ocampo. Mientras, la cercanía de la muerte fronteriza me enloquece, los que no pueden brincar la línea se aíslan en su interpretación del mundo. Centroamericanos varados en un lugar infestado de moscas, porque perdieron una pierna en el viaje. Absurdo ¿no? Y los artistas mamando becas del foescam y cogiéndose a todas sus amigas. Y al que le guste, que lo pruebe y al que no, pues también.


En el día del borracho Eduardo Mendoza Barajas

1963.- En el intento inútil de escribir poesía de esas que en las tertulias pretenden conmover, de esas que siempre gustan a los señores de antes de esas que hablan de luz, de amar, de atardecer Me declaro un inepto… pues de amor no sé hablarles, ni de Dios, ni del cielo, ni de campos de sol, que lo bello de un ave no se aprecia en el suelo y aquí vivo en el suelo donde reina el alcohol. A la parte de abajo me arrastró la tristeza, la cantina es frontera entre yo y la ciudad, en la barra, en la esquina, con tequila ó cerveza, se convive entre penas: carcajadas del mal; Pero quiero decirles que aquí abajo no muero, no se envidia al que triunfa porque no hay triunfador, no hay soberbia, no se odia, no se busca dinero, sólo trago y cigarro hacen todo el folckore (¡esos Tigres del Norte tóquense otra canción compadre José Alfredo cántate otra por plis! y que venga el tequila, la comadre del rock que ora sí valedores, va ésta rola por mí!) …y ahí viene Neruda, Baudalaire y Sartré, al lado Alfonso Reyes, Jorge Cuesta y Don Paz, Dostoyviesky y el vodka invitados de siempre, casi nunca estoy solo si me voy a embriagar; el licor nos iguala, el tequila es mi Dios: que si el hijo, la siembra, la mujer y el fut-bol, ó la crisis, obama, ó que el peje mamón, ―ya no aguanto a mi vieja‖ ―puta madre don’s toy‖ ―ahí te pago mañana‖ ―otra igual por favor‖ ―ésa puta no jala‖ ―un hidalgo cabrón‖ y las tardes se acaban entre gritos y ron variopintos los temas que destila el alcohol)

―la taberna ha formado un performance azul con cristales, los hielos, vodka, bosst y limón‖ Sin embargo: En los bordes del vaso voy lamiendo amarguras, paraísos e infiernos con aroma a mezcal, ese cáliz de muerte ha invocado lujurias, mi erección sin vagina por la orina se va; los recuerdos arriban con filiales reproches, decadentes martirios por las crudas vendrán, un desfile de muertos se ha acampado en la noche, solitario me arrimo al oasis mortal; el licor me despierta balbuceando suicidios deslizando sus brazos, despidiose el azar una niña me mira, desde adentro del vino suelta al potro que brioso me dispongo a domar yo no sé si algún día otro sea mi camino, sólo el diablo, si existe, lo pudiera decir, mientras tanto ¡las otras! desde aquí hasta el domingo porque sobrio me enfado y ebrio quiero vivir. “…que lo que borracho digo, borracho lo sostengo” ¡A HUEVO CABRON!


“ E S T A M P A D O S _ R A M Ó N

M E R I N O”

Rudos contra técnicos Guillermo Fadanelli

Primera Caída Caminaba a un lado de mi padre. Él daba pasos tan largos que podría atravesar un río de una orilla a otra sin mojarse. Esa era mi impresión a los nueve años, cuando caminábamos apresurados por Calzada de Tlalpan rumbo al cine Ajusco: aún estábamos a tiempo de tener una butaca en primera fila, única posición que mi padre consideraba justa después de pagar dos boletos para personas adultas. Cuando el tipo que cuidaba la entrada me preguntaba "¿Qué edad tienes?" Yo debía decir "cinco años, señor", pero eso había dejado de funcionar mucho tiempo atrás porque mi cuerpo se estiraba como una palmera en busca de luz y era evidente que mentía cuando decía "cinco años, señor", edad límite para hacerme acreedor a una entrada gratuita. Si no tenías cinco años bien podías ser un perro o un anciano en estado vegetal: ¡tenías que pagar! Mi padre reclamaba airadamente e increpaba a los guarda entradas por no creer en la palabra de un niño: "¿cómo puede usted acusar a un niño de no decir la verdad?" Hasta yo creía en sus palabras, pero una vez dentro del cine la cargaba en contra mía: "Idiota, tenías que haber hecho la misma voz de tu hermana, ¿acaso no has practicado?" Sentado en esas primeras butacas vi caer tantas veces al Santo, el enmascarado de plata, sobre sus enemigos. En un principio no sabía por qué razón el héroe de la película se hallaba enmascarado, "lo hace para protegerse de sus enemigos y que así no le reconozcan" sentenciaba mi padre, docto en esos asuntos, conocedor de las tradiciones, pero la explicación me parecía bastante idiota: habría que estar ciego para no reconocer entre una multitud al único ser que portaba una máscara plateada y brillaba como una estrella. Tardé tiempo en acostumbrarme a que un hombre musculoso, enmascarado, de labios gruesos y voz cavernosa estuviera de parte de los buenos. En la opinión de un niño medroso (como lo era yo en ese entonces), el aspecto tenebroso y críptico del Santo

ponía a este héroe en el bando de las mujeres vampiro, los hombres lobo o los sonámbulos asesinos, contra quienes él debía combatir para salvar al mundo de una nueva calamidad. Y, sin embargo, ¿quién me salvaba a mí de ver a mi padre subir al escenario para pelear con otras personas? Él conducía un tranvía que atravesaba dos veces la ciudad diariamente (la ruta iba de Ciudad Universitaria hasta el Palacio de los Deportes) y tarde o temprano su modo de ver la vida hería la sensibilidad de algún pasajero: el tranvía era una olla de presión a las dos de la tarde. En esa época — los años sesenta— nadie andaba armado y las peleas tenían reglas no escritas que se respetaban. Y cuando alguno pasaba sobre ellas se iba a la cárcel o al menos era visto por los demás como un cobarde: el escarnio público todavía guardaba un poco de sentido en esos tiempos. Era tan poco probable que tu contrincante cargara con un arma: la estatura o los músculos todavía se respetaban a la hora de aventurarse en discusiones con un desconocido. No miento al confesar que para mí fue siempre más doloroso estar presente en una pelea callejera en la que mi padre se inmiscuía que ver a un luchador perder su identidad cuando una momia surgida de ultratumba tratando de arrancarle la máscara. Segunda caída Los días pasaron a una velocidad desquiciada y a mis veinte años me vi de nuevo sentado en una butaca de primera fila en una arena de Minatitlán, Veracruz, probablemente la ciudad más fea en la que he puesto mis pies. Esta vez, los luchadores no se batían en la superficie de una pantalla, sino sobre un cuadrilátero con piso de lona y ante un público que aclamaba a uno de los más grandes mitos de la lucha libre: Blue Demon. Para aquellos que siempre han cultivado una sana desconfianza hacia los santos, este hombre de máscara azul y ojos metafísicos representaba una buena oportunidad para oponerse al puritanismo del enmascarado de plata. Cuando lo vi luchar en vivo por primera vez, Blue Demon era un anciano que viajaba


a las ciudades más modestas de provincia para exhibirse y explotar su prestigio a cambio de unos cuantos pesos. Había en ello una paradoja: los oponentes de Blue Demon no deseaban hacerle daño porque lo admiraban y tenían treinta años menos que él, de modo que cuando le quebraban una silla en la espalda, o lo ahorcaban con una cadena de hierro se cuidaban de no lastimarlo. Hacerlo habría sido lo más parecido a profanar una iglesia, picar las pupilas de un cristo y escupir en el altar mayor. Una vez que el espectáculo terminó burlé la vigilancia de un guardia somnoliento, seguí a este hombre de espaldas anchas y carne titubeante hasta los vestidores y le extendí la mano. Tenía las manos más grandes que he visto en mi vida: unos tentáculos poderosos que podrían haberme exprimido la cabeza como a un jitomate tierno. Dudo que hubiera cometido tal atrocidad porque se trataba de un hombre bueno, como lo eran casi todos los luchadores. Blue Demon estaba consciente de que las palabras de un ídolo pueden cambiar la vida de sus seguidores y en aquella ocasión, después de estrechar mi mano, se limitó a darme un consejo estúpido: "No desperdicies tu juventud." Fueron éstas las palabras del demonio enmascarado, un oráculo misterioso que a mis veinte años debía yo interpretar con sabiduría: no lo hice y desde entonces he hecho justo lo contrario, tirar mi vida a la basura. Tercera caída En los días que corren las luchas se han vuelto espectaculares, y los viejos héroes han sido suplantados por luchadores que se preocupan más por su vestimenta que por la pelea misma. De todas maneras, los "rudos" han venido a tomar el papel de los malvados, y los "técnicos" desean ser respetuosos del estilo y de la tradición, además de encarnar en personas bondadosas. La cínica dualidad va por el mundo recogiendo cosechas: lo mismo en la literatura que en la vida ordinaria encontraremos siempre a uno que cuida de las formas y a otro que las desprecia o prefiere ser más primitivo. Si, como sucede en la lucha, el más primitivo suele ser también el más malvado se trata sólo de un curioso accidente: la máscara es usada para cubrir otra máscara todavía más misteriosa. Uno nunca sabe en que estaba pensando el Perro Aguayo cuando miraba a sus oponentes desde sus pupilas negras y la sangre caía en cascada sobre su rostro descubierto. Los luchadores intentan convencernos de que sus golpes causan dolor, de que no son actores, de que los odios son reales y las peleas no son una puesta en escena ensayada durante largas jornadas de trabajo, pero a su público eso no nos importa; en realidad lo que deseamos es ser cómplices de la misma farsa y si los luchadores son reales es porque hemos decidido que así lo sean. La violencia se pasea en las calles todos los días, ¿para qué la queremos también en el escenario? Lo real se ha instalado en las butacas: dentro del coliseo una anciana desdentada levantará los brazos en señal de victoria, un ciego sonreirá imaginándose una pelea de dioses y un niño de once años se cubrirá los ojos para no presenciar la caída estrepitosa de su luchador favorito.

Los guerreros se miran demasiado tiempo en el espejo, sus máscaras brillantes, los botines relucientes, sus capas sagradas me hacen pensar en vestales que serán llevadas al sacrificio ante la mirada de un pueblo que parece haber sido olvidado por sus dioses: espectáculo profano, la lucha libre es una pasarela alucinada donde cualquier cosa debe suceder (la última vez que estuve en la arena un enano disfrazado subió al escenario y golpeó en los testículos al Doctor Wagner mientras otro luchador atlético, hermoso y rubio se daba tiempo para mover las caderas frente a sus admiradoras). Ahora que mi padre ha muerto, un desasosiego inédito va apoderándose de mi ánimo. La ciudad que él recorrió tantas veces conduciendo un tranvía ha desaparecido: en estos días cualquiera lleva un arma y desconoce todas las reglas, los periódicos ya no pueden sostener el interés por los encabezados y cualquier noticia, por muy escandalosa que sea, no causa ya sino un efecto menor, se vive en la calle una resignación general por la catástrofe, como si a lo largo de los años se hubiera aprendido a vivir de espaldas, sin miedo ni respeto por los enemigos. Durante sus últimos años de vida, mi padre se quejó de que la lucha libre se hubiera trocado en exhibición impúdica y le sentaba mal la necesidad desmedida que tenían los gladiadores por hacerse famosos, "Deberían vender perfumes", decía con gesto amargo, ajeno a la melancolía. Ay mi padre, la suerte quiso que no presenciara la llegada de los luchadores enanos. La boca del lobo habría perdido entonces el último de sus colmillos.

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Sin pelo el wey… Christian Rangel

–Míralo que bonito –decía mi papá-, es un perro único en el mundo… –Será porque está horrible Narciso, yo digo que mejor no, ¿qué tal si se enferma y nos pega las garrapatas? Además el perro de la vecina ladra mucho y a lo mejor éste es igual. La verdad me da asco su piel, huele muy raro y parece que está enfermo de cáncer. Ay no, mejor ni lo lleves a la casa… –Silencio de una buena vez mujer, es el animal más noble del mundo, llevó a reyes Eduviges al inframundo, nuestros antepasados se alimentaban con su carne en ocasiones especiales, nos acompañaron en la muerte como en la vida, es hermosa una relación que rebasa la muerte, será mi compañero cuando tú y yo nos hagamos ancianos y estará a mi lado incondicionalmente en la otra vida… –Hay Narciso de qué demonios hablas, todavía no tenemos 50 y ya me estas enterrando, no lleves ese animal, ¡ya déjalo ahí! –Tal vez en la muerte no sigamos juntos sin la guía de nuestro Xolotlescuintle, así que vendrá a casa conmigo. Le daré comida, le abrigaré en la noche fría y lo pasearé orgulloso en el parque mañana mismo. Los vecinos lo verán con desprecio y me preguntarán por él, harán cara de fuchi si quieren, a mí me da lo mismo, estoy harto de ver labradores y french en el parque con una cuerda que llega hasta la mano de algún tonto sin cultura hablando por teléfono y tragando galletas con fibra. Me da asco el mundo en el que estamos sin el cobijo de nuestras raíces mexicanas, nadie usa sombrero de pizca y nadie habla la lengua de mi abuela, hoy todos son show de televisión, realitis esto, comedias aquello y aparte de todo voy a tomarle una foto para mi escritorio… Tú si quieres puedes dormir afuera.

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Luis Fernando Pereyra

El verdadero oficio de poeta Hay quienes han tratado de dar alguna descripción de lo que el poeta hace no se dan cuenta que la profesión del poeta es ficticia el poeta en sí mismo es una ilusión... como todo, como todos; la única diferencia es que él se ha dado cuenta de ello. Y se impresiona tanto al descubrirlo que no le queda más que contemplar los sueños de vez en cuando tratando de mal reproducirlos.


"Far away" Juan Beat

No basta con las añoranzas, ni si quiera con esperar, o con tener a alguien al lado. El vacío resulta igual en las resacas a solas, en las resacas acompañado… o a la supuesta espera de una chica amorosa preocupada y pensando en mi. Aún no sé porque lo más brutal de las crudas ya no es el estado físico, es el abatimiento, la necesidad extrema de ―contacto‖, sin embargo, cuando lo hay, aunque baja la ansiedad, las inexplicables ganas de lloriquear o el sentimiento absurdo de pérdida, me sigo sintiendo ―vaciado‖; ojala bastara con vomitar o eyacular… pero no me es suficiente. El domingo pasé casi todo el día metido en un hotelucho: las paredes vomitadas, la cama dura, las puertas sin seguro. No pude eyacular, tampoco dormir, solo intenté no asfixiarme con el inevitable momento a solas; y ella no tiene la culpa, de hecho no debió acudir a mi llamado, no creo que sea justo alimentar con tampoco de mi parte una situación que de todas formas no continuará. Como siempre, solo satisfice mi egoísmo, mis ganas de sexo y de no ―sentirme más solo‖. La chica que me esperaba: la amorosa de piernas largas y culo bonito me importó poco, decidí decirle que ―no la esperaría más‖; ja… ella se quejó del amor, y de todas esas cosas que mujeres racionales y analíticas como Nancy vociferan con autoridad cuando escuchan un: ―no más‖. ¡Vaya! Estoy tan vaciado que no siento nada por dos chicas amorosas. Hace unos cuantos minutos por mera coincidencia y a través de links y links llegué a Ayesha. Me llamó la atención dos cosas de su perfil, primero un poema de Bukowski, y segundo, el 17 / 07 en la fecha de nacimiento; no podía yo estar imaginando tanto debido a mi apego etílico… investigué un poco más, hasta que vi cierta palabra clave. Todo este tiempo tuve la idea de que Aye estaba perdida en un byte o un link, aunque muy poco pensé en ―encontrarla‖; no pude evitar ser efusivo con el ―re-encuentro fantasmal vía dsl‖, pero unos segundos después me quedé en ―off‖. Percibí que afortunadamente ya no es una mujer rota, en su perfil, en los comentarios, todo parece mejor; ----en una relación--- decía su ―status‖. Eso pudo haberlo cambiado todo, alguien totalmente opuesto a mí, alguien sin aferrarse a la ―parte más trágica y enloquecida de ella‖. Nunca he sido buen complemento para ellas, así que después de estos cuatro años linkeado parece ha sido el momento justo, uno en el que el vacío es tan grande que me he dado cuenta todo lo que he jodido, uno en el cual se que ya no estaré más a su vera; quisiera sencillamente un sano intercambio de bytes, así como con Karina desde hace unos años o como con la Courtney antes de que me hartara su frivolidad. Ahora sé que no necesito más. Las nostalgias estarán siempre, sin embargo, ese cuasi estoico link por fin se me ha resquebrajado: / Now it's gone / It doesn't matter what we say, / so far / Every word is like a knife / But the silence cuts you twice (Jay Jay Johanson) /

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Perogrullada mínima Aarón Fishborne Ráspale sácale escarcha al paladar del cielo límpiate las manos en la barba de un judío triste llámalo por su nombre y cuando venga dale una hoya repleta de tripas para que aprenda a compartir el plato Sácale sólo dos ojos córtale sólo dos manos que el muy decente pueda por fin dormir en el suelo Llágalo córtale la lengua al muy imbécil bájalo a madrazos del púlpito arráncale la toga multicolor del pecho úrdesela al rededor del cuello, para que se le achicharre la boca al decrépito, al vacío, cuélgalo del asta, empálalo si es posible en la cuarteada plaza de la constitución Rómpele las piernas al fatuo, quítale su pijama mientras reza y dale de comer sus testículos a un cerdo, a sus hijos manchados aún con la baba de su compadre Pídele mientras lo castras que aprenda a vivir como cualquiera a lavar su propia ropa, a cocinar su propia rabia, a morir como cualquier hijo de vecina Enséñale en tres horas y cuarenta segundos qué significa vivir como cualquier pinche mexicano.

Noche perdida Agathokles Te miro de reojo y casi dormido, la escena es repugnante, manchas en la sabana de una casi extinta menstruación, olor a vomito y cebada, tu subiéndote las bragas, llorando, dos billetes arrugados en el suelo, tu rimel corrido, la tele encendida muestra la masturbación de dos lesbianas, la luna aun menguando como testigo de la tragedia impura, colillas en la almohada, tus tetas ya sin brillos, tu peluca despeinada, yo ahí con ginebra como alimento y la noche como mi madre, no me importa tu nombre, si eres primeriza, si tienes hijos, si te gusto, me importa que haya aun cerveza y cocaína para ni siquiera recordarte, ponte las zapatillas, toma tu chaqueta de cuero, afuera hay alguien como yo, son cuarto para las cinco y el sol aun tarda en quemarme la conciencia, regresaré a mi casa para dormir con y sin tu ausencia.

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La vida en familia es mejor, mi querido Calderón Carlos Rojas

La casa se ha llenado de cholos poco a poco, mis hermanas se han encargado de buscarme los peores cuñados, los más malitos, que ni el más guarro escritor imaginaría, eso que usted está imaginando, pero peor. A las pseudo esporádicas visitas anteriores al sagrado hogar hay que agregarle los pretendientes de mi mamá que vienen a pasar tarjeta de tres veces por semana cada uno, a veces coincidiendo los donjuanes en dichas entrevistas amorosas. Haciendo cuentas, siempre hay uno de esos cabrones que van desde un licenciado en ―nunca sabremos qué‖, hasta un borrachín que hace ates que luego empeña por alcohol y jugo © C H R I S T I A N R A N G E L de bote para prepararse su famoso turbo. Los pretendientes de mi mamá tienen tres etapas: la primera es la etapa respectivas reinas en la cueva colectiva, lo cual ha ―buenos días, buenas tardes, buenas noches‖; la seocasionado más de una riña hogareña. Como todas gunda es la del ―no lo vuelvo hacer, venía borracho‖; son reinas todas quieren mandar, así que podríamos por último, la etapa ―me vale madres el mundo y la hablar de un reinado medieval, con sus intrigas, guefamilia, yo quiero coger‖. No he dicho cuántos somos rras y uno que otro acuerdo temporal acerca de la conosotros, la sagrada familia. Somos ocho integrantes, cina. Los miembros de la familia que son mejor portaen us formato original. Mis padres se divorciaron cuandos son los gatos y el perro. Comen, cagan y duermen do yo tenía once años, pienso que mi mamá se cansó como nosotros, pero sin hacerla de pedo, al contrario de las putizas que mi papá le acomodaba. Y a pesar de nosotros ellos si viven en armonía. La vida en famide esto, hay una inclinación de mi mamá por el masolia se ha convertido en toda una aventura insufrible. quismo todavía, como que le quedaron secuelas, pues Así fue como surgió el reino de Satanás, quien era ya van varias veces que la cacho con el borrachín en pareja de Dios. Un día se pelearon por el papel de cachondos actos sexuales con harta violencia que baño y se fueron a vivir a casas diferentes. Mi familia llega hasta el punto sangrante, pero como en gustos es heredera de esta tradición. Con insultos entendese rompen géneros y madres… Con mi papá en la mos mejor. La hora de la comida es la hora de las cárcel nos ahorramos un cuarto, pero con los niños de mentadas de madre. La hora de ir al baño, que para mis hermanos perdemos varios cuartos. La planificacolmo de los males es la misma para todos los estóción para ellos vale verga, simplemente no existe, es magos, es la hora de las mentadas de madre. La hora una quimera. Tres tristes hermanos y tres hermanas, de la televisión es la hora de las mentadas de madre, que bien podrián ser las muchachitas del cuento de pues nadie quiere ver el mismo programa aunque Rulfo Es que somos muy pobres. Las mujeres, como haya solamente tres canales y en los tres pasen lo por decreto extraoficial, no pueden traer a vivir a sus mismo. Cuando los pagos llegan también se convierte parejas a la casa, pero como mencioné arriba, los ese momento en la hora de las mentadas de madre. cuñados chuntaros style siempre nos alegran la jodida Una mentada de madre en familia no tiene precio. vida con su chola presencia: no viven aquí, pero aquí Bueno, cuando se duerme no se oye ninguna mentada se la pasan. Esto me recuerda a los gringos que no de madre, pero siempre he creído que si pudiera megobiernan México, pero aquí se la pasan. terme en los sueños de mi familia por medio de un Para nuestro caso, los machos de la manada, si es artefacto extraño lo que escucharía sería: ¡Chinga tu permisible, y hasta recomendable, vivir con nuestras madre!


Devuélveme mis poppers Alfonso Morcillo

Le quité el plástico amarillo al frasquito, lo abrí e inhalé su contenido con fuerza, como se aspira una línea de coca o como se respira cuando a uno le falta aire en los pulmones. Entonces el golpe fue instantáneo, sentí ese calorcito subiéndome por el cuello y la cara y la escena de la película se hizo más real, como en tercera dimensión, y cada movimiento y cada pujido y cada grito resonaban en mi cabeza. Inhalaba mientras me la seguía jalando y viendo la película y sentí mi cabeza a punto de estallar al mismo tiempo que mi miembro disparaba su chorro cuando ella entró en la habitación. No me reprimí. Sólo me miró, hizo una mueca de asco y se retiró. Yo gemí como nunca lo había hecho y salí de la habitación aún con estrellas de colores girando sobre mi cabeza. Watzumaro y su amiga bebían un vodka en la sala. Ambos, Watzumaro y yo, compartíamos departamento desde hacía seis meses y nunca, nunca me había descubierto masturbándome o metido con alguna mujer. Digamos que yo era muy respetuoso del espacio. Ella organizaba fiestas en las que travestis y amigas suyas, todos estudiantes de danza y teatro, hacían desfiguros y escándalo incluso hasta bien entrado el siguiente día. Yo veía a Watzumaro -sus piernas de bailarina, bien torneadas y firmes y su pecho casi sin senos- besarse con uno y luego con una y luego otra y luego otro. Y todos andaban en lo mismo. Alguna ocasión dos amiguitas suyas terminaron metidas en mi cama, desnudas y ebrias mientras yo sólo atinaba a masturbarme acariciándoles las piernas. Parecían hechas en molde. Piernas cortas casi todas ellas, excepto una que sobrepasaba el 1.70.

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Todas de pechos pequeños. Brazos igual de firmes y bien torneados, como sus piernas. Y un gesto que parecía que buscaba de forma permanente a un director para enseñarle sus dotes histriónicas. Y una sonrisa permanente. Los maricones eran los que menos me interesaban pero eran los que más me pedían unirme a la juerga. En varias ocasiones los descubrí en el baño, pasillos o la cocina chupándoselas unos a otros. La verdad es que no me molestaba verlos. Me jodía que no me dejaran dormir. Un hombre que ha vivido ya su temprana juventud y que tiene que trabajar para poder pagarse sus vicios lo único que quiere es un poco de descanso. O no mucha juerga en todo caso. Watzumaro era todavía una hija de papá. Él le pagaba la parte de la renta que le correspondía, la academia de baile y cada uno de los trajes que usaba durante las presentaciones que daba su compañía estudiantil. Apenas llevaba seis meses compartiendo el departamento con ella y ya no la soportaba. Es injusto decir esto, más bien no soportaba las fiestas. Cuando se metía abañar dejaba la puerta entreabierta para que yo pudiera usar el retrete o el lavabo. Así que entraba mientras se duchaba y la veía a través de la cortina de plástico casi transparente. Nunca pude evitar una erección, pero tampoco nunca me atreví a abrir la cortina para besarle las piernas. En otras ocasiones en que yo llegaba del trabajo y ella ensayaba sus movimientos enfundada en sus mallas negras, me sentaba a observarla durante un buen rato. Ella hacía como que no me veía, o quizás en realidad no me viera, concentrada como estaba en estirar su piernas y brazos y poner en alto su cuello y su cabeza y dar vueltas y saltos y giros en el aire para caer sobre la punta de sus zapatillas de ballet.

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Terminaba empapada y yo aplaudía lo suficiente para que fuera a sentarse sobre mis piernas. Y entonces una erección se hacía presente y yo no podía ocultarla. Debo reconocer que me daba pena. Y ella sabía lo que me provocaba. -Ay, Alfonso- me decía estireando la ―a‖- si no tienes ni 30 años, yo no sé porque crees que estás viejo. -Ay, Watzumaro- imitaba su tono fresa y meloso de voz- porque yo no tengo un padre que me dé dinero para seguir echando desmadre. -Pero una noche de estas deberías por lo menos unirte a una de nuestras fiestas- decía inclinando la cara y abriendo sus ojos y parando la trompa. -Una noche de estas Watzumaro, una noche de estas. Me la quitaba de encima y me iba a encerrar a mi cuarto a jalármela. La imaginaba con el oído pegado la puerta escuchando cómo mi mano se deslizaba por la piel de mi verga y se quedaba hasta que yo gemía levemente. Recordaba todo esto mientras Watzumaro servía un poco de vodka en un tercer vaso. Me lo acercó y me preguntó que qué era ese frasquito que me vio inhalar. -Poppers- le dije. Unos fabulosos Rush que ponen muy bien. Deberías de probarlos cuando andes cogiendo con alguno de tus amiguitos en una de estas fiestitas que organizas. Saqué el frasquito de envoltura amarilla, lo agité un poco, lo abrí e inhalé. Les ofrecí. Watzumaro fue la primera en meter su nariz y respirar con fuerza. Esbozó una larga sonrisa y se levantó apoyando sus manos en la mesa. -Ay, wey- dijo. -Qué tal, eh- dije. Le acerqué el frasquito a la amiga, una chica de piel blanquísima y cabello negro era la primera vez que la veía por ahí. Emily su nombre. No dudó ni un segundo e inhaló profundamente. -Se ve todo de colores- dijo a la vez que soltaba una carcajada Watzumaro se me acercó y me quitó los poppers. También estalló en carcajadas. -Alfonso, si me hubieras dicho antes de los poppers júralo que te la chupo para que compres más, weydijo esto último alargando unos segundos la ―e‖.

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-Pues puedes empezar de una vez, Watzumaro. Es más, le doy un frasco a cada una si las dos me la chupan. Más tardé en decirlo que ellas en quitarme el pantalón. Yo inhalaba y le pasaba un poco a cada una. Luego se peleaban por llevarse mi verga a su boca. Yo las calmaba dándoles más incienso líquido. El popper se acabó pronto y yo todavía no me venía y ellas no dejaban de succionarme. Me levanté por el otro frasco que guardaba cerca de la computadora. Me quité la camiseta y regresé completamente desnudo. Ellas se besaban, ya sin ropa, y se acariciaban los senos y se metían los dedos entre las piernas. Di una nueva, fuerte inhalada y me agaché a chuparles el coño a ambas. Acaricié por fin las duras piernas de Watzumaro, tersas y fuertes, bien torneadas. Lo mismo las piernas de Emily. Watzumaro, su piel morena y su coño rosado y bien depilado, recientemente depilado por fin se abrían ante mis manos, lengua y ojos. Emily, en cambio, conservaba una mata de pelo negrísimo y no tan grueso, conservando aires púberes. Su raja, rosada y tierna, aún conservaba un sabor agridulce, como la fruta inmadura que aún no cae del árbol. Watzumaro me arrebató el frasquito mientras yo le chupaba el coño a su amiga. Lo inhaló y lo pasó. Siguieron besándose y acariciándose. Yo le pedí el frasco y lo envolvió dentro de su puño, pero seguí chupándolas, ellas paradas y yo hincado. Le pedí una vez más el frasquito. -Ashhh, ya me caíste gordo- dijo y me empujó con una de sus poderosas piernas. Jaló a su amiga rumbo a su habitación. Yo sólo pude escuchar la puerta al cerrarse y el seguro al correrse. Golpeé la madera durante varios segundos gritándole que me devolviera los poppers y me dejara seguirlas chupando. Silencio. Sólo obtuve silencio durante horas. Pero en algún momento tendrían que salir y pedirían por más poppers. Mientras tanto, esa noche yo no pude dormir. Terminé jalándomela una vez más. Pero ahora el olor de los Popper se mezclaba en mi nariz con el de esos adolescentes coños.


Me ganó la caca Zipoco

Un accidente a cualquiera le puede pasar. Un día normal más que normal me quedé sin un peso cuando todavía faltaban seis días para recibir mi ―magnifico‖ salario. Aunque consternado aún me sobraba una solución. Luego del almuerzo (que pertenecía a la reserva alimenticia que se agotaba) caminé de más para hallar la solución. A pesar de mi escasez, mi actitud como siempre, despilfarradora me condujo a gastar en asuntos cibernéticos, según yo muy importantes y reducir mísero presupuesto. De camino a casa, nada particular había ocurrido, lo mismo: andar, andar y andar. Muy cerca de mi destino, mis tripas se acomodaron, mi intestino grueso se retorció anunciando la venida de la señora inoportuna. Troté veloz y desesperadamente a la meta, y mi contemplación de no llegar a tiempo para el banquete. Viré en una esquina posicionándome a un baldío perfecto para la descarga. -¡Caquita, no salgas por favor! Repetía a gritos mi cabeza, con mis pies a prisa y mi recto obstruyendo con presión la salida. Un atleta olímpico se hubiera quedado pendejo con semejante velocidad, aunque como en todas las competiciones un segundo puede hacer la diferencia. Pocos antes de pisar el lote certero, para mi tan urgente necesidad fisiológica una espantosa flatulencia previno acerca del producto en marcha. Y ni modo, me cagué. Entre unos huisaches me desprendí del pantalón todo batido para descubrir no un pastel sino un caldo espeso con residuos de elotes, chícharos, epazote y jamón. Como si nada hubiera ocurrido y sin más alternativa proseguí mi rumbo sobre una brecha en la que para fortuna mía, ni el diablo se paraba. Cada paso que daba me preocupaba más por la pasta que se escurría desde mi ingle hasta mis pantorrillas. Pensé: -Si me detengo dejará de resbalar pero con este pinche calorcito y conforme transcurra el tiempo, la pestilencia me delatará. Así que continué. No hubo problema hasta llegar al pueblo donde, para conservar mi dignidad debía mantenerme alejado y cruzar discreto por ocho manzanas. Cada vez que alguno se aparecía enfrente, brincaba a la acera contraria para evitar sospechas. Por fortuna en Domingo y a la hora de comer todos se encontraban arremetidos en sus putrefactos hogares celebrando disque un momento mágico. Putos. Despacio fluía hacía mi propósito, sin metiches que lo menguaran. Dos cuadras antes, la hermana de mi prospecto rondaba en zona peligrosa. Fue falsa alarma. Por fin en mi departamento inicié la labor de limpieza de mi bochornoso acto para el cual la justificación de la diarrea sería la más apropiada para pasar la tarde ó quizás la semana enclaustrado en mi domicilio ó en su defecto, no despegarme a menos de cinco metros de donde se localice un baño.

autobiografía Natanael

Mi nombre no tiene importancia; nací ya hace tiempo en las pequeñas y sucias calles de Gu-Ast’Av-Jun. No supe realmente nunca como sucedió ya que tenía otra vida antes de nacer. Perseguía un auto y ladraba tras de este, solo que al llegar a las afueras resbalé en el lodo y caí a la penumbra. Ahí fue cuando nací, al caer en alguna mezcla de tinta y agua de la cual tuve que emergí para mantenerme con vida. El andar con la nueva forma era extraño para mí, primero fue el arrastrarme y después caminar de una manera distinta la que alguna vez considere la única manera. Con el tiempo, mis habilidades mejoraban y no solo podía correr en cuatro, si no ya en las dos patas traseras que me habían crecido más y más. El pueblo había quedado atrás y ahora los bosques se volvían un refugio… un hogar. Había pasado mucho tiempo y fue en esos momentos cuando quise volver a casa. La noche abrigaba todo alrededor y a través de los viejos puentes y creceros me guié hasta la vieja casucha de cartón donde creí haber nacido. Pero el aroma, el recuerdo, la sensación no era la que me llamaba, no era casa. Seguí buscando hasta encontrar una alcantarilla, había algo familiar en ella y después de romper los barrotes, descendí a la oscuridad. Casa… pensé en casa al encontrar aquella tinta al fondo de las cloacas, una antigua caverna en donde yo una vez caí y resurgí. Me acerque a las lúgubres aguas y en al única entrada de luz de luna vi mi reflejo lanzando un aullido… ¿o podría ser un grito?


Dos diseñadoras indie en la cocina Manuel Noctis

Ayer vino el vecino del departamento de enfrente, me invitó a una más de sus reuniones extravagantes a donde acuden todo tipo de artistas. Me dijo que irían dos mujeress que querían conocerme, pero ya sabía de lo que se trataba, seguramente se encontraron por ahí con alguno de mis libros y han comenzado a fantasear con mi persona. Pero eso realmente ya no me motiva, cada fin de semana sucede lo mismo, nada excepcional, no pensaba asistir a su reunión. Mejor me acomodé en el sofá dispuesto a ver por enésima vez Barfly del viejo indecente. Me arrimé previamente una hielera con muchas cervezas porque no estaba dispuesto a moverme de mi lugar a menos que fuera mucha la necesidad de ir al baño. Disfrutaba plenamente de la película y a mi espalda se escucharon los primeros rumores; seguramente eran los cineastas, porque llegan temprano con su whisky para disfrutarlo antes de que se apunten los escritores borrachos (como yo) que a todo le entran. La película siguió su curso, más ruidos de personas se escucharon afuera; indudablemente habían llegado los bailarines ―contemporáneos‖ porque esos se distinguen rápido por la manera y el escándalo que hacen al caminar. Unos minutos después llegaron los fotógrafos, podría asegurarlo por los flashazos que se escuchaban. La película terminó y aún era temprano, pensé en ponerme a escribir lo que aun tengo pendiente pero el escándalo allá en frente sería cada vez mayor y no me permitiría concentración alguna. Opté por salí a caminar un rato pensando en toparme con una cantina de las que escasean en la ciudad. La noche era fría y me hiso recordar la ausencia de Romina, la mujer que hasta hace tres semanas vivía conmigo; y digo vivía conmigo porque yo nunca estuve de acuerdo en vivir con ella. Romina era un caso especial, era una mujer maravillosa. Cuando estaba en cama podía amarme y coger conmigo como nunca, tanto que muchas veces pasábamos días y noches enteras sin levantarnos de ahí, pero en cuanto ella se despegaba de la cama se transformaba y comenzaba a ver todo tan descomunal. Nunca supe la causa, nunca le pregunté; pero eso fue lo que mermó la relación en ambos, yo no lo soporté y la eché del departamento, bueno… fue ella la que un día se marchó y ya no la volví a ver más en casa.

En la cantina tomé tres tragos de mezcal y fumé un poco de tabaco antes de regresar al departamento. Por un momento mi mente se transportó sobre el inconsciente colectivo de la naturaleza humana. Cuando me di cuenta estaba parado entre la puerta de mi departamento y la de vecino. Pensé en tocar el timbre mientras observaba mi apariencia y la puerta se abrió, mi vecino salió hablando por celular. Cuando terminó me invitó a pasar pensando que estaba ahí para unirme a la fiesta. Mi mente se resistió pero mi cuerpo ya había avanzado unos cuantos pasos. Varios desconocidos se acercaron para saludarme y yo poco afectivo les estreché la mano. La música de Dusty Springfield ambientaba el lugar, todos con copa, vaso o cigarrillo en mano; la mayoría ya desvariando por el alcohol y aún no pasaban más de tres horas desde que había iniciado la festividad. Me ofrecieron una ―bebida inteligente‖ y una pipa para fumar hachís, inhalé fortísimo varias veces y mi cabeza estupefacta se metamorfoseó; lo que antes era patético y aburrido me resultó después un festín conmemorativo, cuasi circense. En ese momento se acercó el vecino con dos mujeres, eran diseñadoras indie, de esas que creen que cualquier cosa que se ponen les queda y les combina. Me presentó ante ellas como el escritor más perverso y amoral que había conocido aunque ni si quiera conocía mi obra, solo unos cuantos textos, pero bueno, se trataba de quedar bien. Una de las mujeres se mordió los labios cuando escuchó eso y yo pensé que esa noche sería muy afortunado si podía llevar a dos mujeres tan hermosas a mi departamento. No recuerdo los nombres de ninguna, tampoco recuerdo lo que me platicaron durante largos minutos porque yo fantaseaba en cómo le metía la verga a una mientras le chupaba los labios menores a la otra y así cada una en distintas posiciones, en distintos lugares. Fantaseaba coger con ambas por todo el departamento como nunca lo pude hacer con Romina, nunca las llevaría a mi cama para no caer en la rutina que había tenido con ella, seríamos tres animales salvajes invadiendo todo lo que se interpusiera a nuestro paso, hasta quedar exhaustos. No me causó mucho problema convencerlas de que me acompañaran, les prometí más drogas, unas cervezas y algunos de mis libros de obsequio, cosa que las emocionó a tal grado de casi obligarme a salir de inmediato de esa fiesta.


Cuando estuvimos en mi departamento no tardamos mucho en comenzar a desnudarnos. Me quitaron prenda por prenda ambas mujeres, estaba extasiado, besaba sus labios, mordía sus senos, chupaban mi pene, frotaba la vulva de una e introducía mis dedos en la otra, nuestros cuerpos ardían frenéticamente. Nos tiramos en el sofá, yo introducía mi lengua en la vagina de Perla mientras Rubí mamaba mi pene bien erguido –había decidido nombrarlas así porque eran preciosas, como las piedras-. La noche comenzaba a ser larga mientras seguíamos en el placer del toqueteo. Continuábamos fumando hachís, bocanadas de humo se postraban en el techo de mi departamento, la escena era perfecta, los personajes éramos tan complejos y tan acordes, era mejor que la novela eróticasexosa aún no publicada. Habían trascurrido varios minutos, Rubí se paró, tomó mi verga y la insertó en su vagina. Subía y bajaba lentamente, después más rápido. Sentía como sus contracciones me comprimían y eso provocaba que mordiera los labios vaginales de Perla, asentando infinidad de gemidos entre los tres. Era un concierto a tres voces, discontinuo pero placentero y orgásmico para los oídos. Entonces hice una pequeña pausa para llevarlas a la cocina, se desconcertaron un poco, pensaron quizá que no sería un lugar idóneo, pero no le tomaron mucha importancia. Ahí cambié de mujer y de posición, ahora era Perla quien se comía mi verga y a su vez frotaba los senos y el sexo de Rubí.

Entraba y salía con fuerza entre sus piernas, así durante varios minutos, tal vez horas. Tremendos escalofríos recorrían todo mi cuerpo, la excitación se aceleró, el calor aumentaba, las piernas me comenzaron a temblar, mis ojos se cerraron y un estruendoso grito/gemido salió de nuestras entrañas. Habíamos estallado. Estábamos empapados en sudor. Nuestras mejillas eran rosadas, mi espalda estaba arañada, cortada, aun sentía las palpitaciones en mi entrepierna. Salí de la cocina y me fui a mi cuarto, me tiré en la cama y me quedé dormido. Ésta mañana cuando desperté, me di cuenta que las mujeres seguían ahí, lo cual me causó un poco de irritación porque había un desmadre en el departamento, cosas tiradas, otras más rotas o aplastadas. Ya no había hachís. Pensé en el escándalo que habrían escuchado los vecinos mientras tomaba una cerveza que había quedado destapada: me valió madre. Desperté a Perla y a Rubí quienes dormían en el sofá, les aventé sus ropas sin mencionar nada. Se vistieron y les ofrecí algunos de mis libros –como lo habíamos pactado-, una de ellas no lo aceptó, se acercó y me mencionó al oído que ya había leído lo mejor de mí, que no necesitaba más y salieron del departamento. Me tiré en el sofá para seguir bebiendo la cerveza. Después de pensar un poco sus palabras creí que efectivamente no estaba equivocada, el mejor cuento de mi vida –después del de Romina- lo había escrito esa misma noche.

C H R I S T I A N

R A N G E L


Embriagado Rogelio Dueñas Clandestinos viajes a las pulquerías del Centro Histórico, conectando opio y speedball voy muriendo lento. Recordando entre alucinaciones y tragos de pulque la imagen bella de tu cuerpo. ¿Debilidad en las piernas? -¡curado de avena pa’l joven de la mesa que está junto a la puerta!grita burlón el dueño de la pulcata. Frío, siento mucho frío si no está tu cuerpo junto al mío, no me queda otra opción que suplir tu presencia con cerveza. Ya no recuerdo quien soy, necesito elevar mi nivel etílico, perderme entre las violentas calles vacías de esta gran urbe. Tam ba lean tes pasos, tropezando en las banquetas abrazando los postes de luz voy gritando tu nombre, alcohólicos instintos asesinos me corroen las entrañas, matar mis esperanzas embriagado, se ha vuelto prioridad. De repente vuelvo a la realidad agreste donde en flashback escucho tu risa, mientras me bebo una botella de charanda

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La cresta de la ola Entrevista con Carlos Martínez Rentería Por Manuel Noctis

Carlos Martínez Rentería (DF, 1962) es periodista y escritor. Es uno de los exponentes (y arduo promotor) de la contracultura en México, y abierto defensor de la despenalización de las drogas. Desde hace más de 20 años dirige y mantiene vigente la revista Generación; considerada la revista puntal de la contracultura actual en México por sus constantes temas incorrectos, sus posturas subversivas y manifiestos irreverentes.

¿Cuáles son los procesos por los que has pasado con Generación? En 21 años son muchos momentos, pero podrían separarse en tres: Sus inicios, una primera etapa de dos números en formato tabloide, papel periódico de 24 páginas publicados con el auspicio del periódico El Universal. Posteriormente publicamos 42 números con el mismo formato pero con 32 páginas de periodicidad casi mensual. Y la tercera etapa inicia en 1995 con el formato actual: Tamaño oficio con portadas en color y un promedio de 72 páginas. Hasta el momento hemos publicado 81 números.

M. N.: ¿Cómo fueron tus inicios dentro de la edición y la literatura? C. M. R.: Creo que el primer antecedente fueron mis estudios de teatro (Instituto de Arte Escénico), a lo largo de tres años. Ahí leí decenas de textos de los dramaturgos más representativos del teatro universal. Posteriormente estudié periodismo (Escuela Carlos Septién García), en donde publicamos varios periodiquitos estudiantiles. ¿Habías trabajado antes de Generación en algún otro proyecto similar? Cuando fundamos Generación ya era reportero del periódico El Universal, de donde fui fundador de su sección de cultura. ¿Cómo se creó la revista Generación? Por la inquietud de cuatro jóvenes que trabajábamos en el diario El Universal: Américo Guerra (ya fallecido), Arturo Jiménez (ahora reportero de La Jornada), Alejandro Jiménez (Editorialista de El universal) y yo, quien para ese entonces ya era reportero de cultura. ¿Cuál es la función general y concreta de la revista? Creo que no habría que plantearlo de esa manera pero en todo caso tratamos de hacer una publicación que aborde temas incorrectos y que sobre todo en un principio casi ninguna publicación comercial tocaba. Quizá uno de los retos es no plantear nada "concreto".

¿En qué momento pensaste ir de lleno por la contracultura? Nunca pensé irme de lleno hacia allá o hacia acá. Nunca la revista Generación o yo mismo nos hemos considerado contracultura. Son otros los que así nos ubican. En todo caso, este interés por lo contracultural se ha reflejado con la investigación, la difusión y la provocación del tema, pero sobre todo he tratado de asumir una responsabilidad de pensar lo contracultural desde una perspectiva sería y propiciando una relectura conceptual que sustente su vigencia. ¿Cuál sería tu definición de Contracultura? Es el instante simbólico del movimiento de la cultura, como lo explica Timothy Leary, la contracultura es sólo la cresta de la ola de la cultura. Es decir, lo contracultural es el instante de movimiento, que posteriormente será cultura de nuevo, pero lo importante es que ya revitalizó el consenso de lo que es cultura. De esta manera se rompe esta idea tradicional de ubicar a la contracultura sólo como un momento ya desfasado de la actualidad que fueron los sesentas y setentas. También anulamos esa descalificación de que la contracultura es asimilada por el mestring, por el contrario, la contracultura se burla del mestring utilizándolo. ¿Cómo o de qué manera han sido las aportaciones de Generación a la Contracultura en México? Creo que ya lo mencioné, nos hemos convertido en uno de los espacios que de manera más constante hemos propiciado un debate contracultural. He organizado 7 congresos nacionales y he coordinado al menos cuatro libros en torno al tema.


El último de ellos es "La cresta de la ola. Reinvenciones y digresiones de la contracultura en México" que es la antología más completa de contracultura en nuestro país. ¿De qué manera se interpreta el sexo en Generación y cuál es su relevancia? Nosotros no interpretamos al sexo, sólo lo vivimos. En todo caso me interesa desmitificar al sexo, advertir su necesaria diversidad, tolerancia, perversión y pornografía siempre con responsabilidad, inteligencia e información científica. Pero sobre todo de manera lúdica, irreverente y cachonda. ¿Hay alguna distinción entre sexo y pornografía que mantengan en consideración en la revista? Me gusta creer en la diferencia que advierte el maestro Huberto Bátis entre erotismo y pornografía: él dice que la única diferencia es la intención comercial, así que cualquiera de las estúpidas telenovelas de la tele son pornografía y un performance extremo de la Congela de uva es simple erotismo. La marihuana siempre ha estado presente en la revista ¿De qué manera hacen postura crítica de su defensa ante la sociedad y las autoridades? La marihuana es una planta ancestral que se ha consumido de manera ritual, lúdica y medicinal en muchos pueblos antiguos y hasta la fecha nadie se ha muerto de marihuana, por qué la prohíben, porque es un buen negocio para nuestros gobernantes, policías y ejércitos, no es verdad que se preocupen por la salud pública. En generación hemos defendido desde 1996 cuando apareció nuestro primer especial de marihuana, la despenalización de esta y todas las drogas prohibidas. Además nos hemos interesado en brinda información certera y desprejuiciada entre los jóvenes. ¿En qué consiste o cómo es tu postura ante la Legalización de la marihuana? Ya te lo respondí arriba. Lo importante es que por fin ahora hasta el presidente Calderón ya aceptó que es necesario debatir el tema. Ya en muchos países se ha comprobado que la mejor solución para detener la violencia e inutilidad de la guerra contra el narco es despenalizando el consumo de drogas, esto no significa -como nos quieren hacer pensar- que estimulará el consumo. ¿A qué retos o dificultades te has enfrentado con Generación y personalmente, por contribuir en la contracultura y la legalización de la marihuana? Bueno, soy mal visto en las élites intelectuales, no tengo dinero y mi mujer me dejó. ¿Qué más puedo esperar? ¿Ha afectado eso a la continuidad de la revista o personalmente? Durante los primeros siete meses de este año no salió la revista debido principalmente a que Conaculta nos quitó la publicidad.

¿Cómo han sido las relaciones o acercamientos con los distintos creadores inmiscuidos en la Contracultura y cómo se han inmiscuido ellos en estas cuestiones? Es muy variante pero en general todos apoyan la despenalización. Es una postura de sentido común, como dijera Guillermo Fadanelli, quien no esté de acuerdo con la despenalización de drogas o es un ignorante del tema o de plano recibe algún beneficio del negocio del narco. ¿Cómo y por qué se manifiesta la “influencia” Bukowskiana en Generación? Es obvio que tenemos muchas cosas que compartir, su literatura descarnada y dura, su irreverencia ante la sociedad, su amor por las mujeres y desde luego su relación amorosa con el alcohol. ¿A parte de la revista que otras actividades o publicaciones has generado en torno a la Contracultura, la marihuana, el sexo, etc? Hasta el momento hemos publicado 14 libros, realizado 7 congresos de contracultura, he dado infinidad de cursos, conferencias y me han hecho entrevistas en diversos medios (no tan largas como esta). Sabemos que José Agustín ha estado presente en Generación, pero ¿Qué opinión personal te merece? Es un gran tipo, esplendido escritor, generoso maestro, amigo y tan reventado como yo. ¿Cuál es tu perspectiva de la Contracultura en provincia? ¿Cómo ves tú que se está generando? En todas las ciudades de provincia que he visitado hay contracultura. Claro que es muy variante el panorama, regularmente en el norte del país se genera más contracultura debido a la cercanía con el gabacho. Pero hasta en las ciudades más conservadoras se generan pequeños gettos contraculturales. ¿Qué personajes, artistas, creadores, publicaciones, etc. estarían en tu lista de los 10 más contraculturales actuales? Es imposible decir quiénes son los más contraculturales pues la contracultura se mueve más rápido que eso. Sería ocioso pero podría mencionarte a Guillermo Fadanelli, Heriberto Yépez, JM Servín, Jorge García Robles, los pintores Daniel Lezama, Daniel Guzmán, Felipe Posadas, Teresa Margolles, etc. ¿Cómo ha sido posible mantener a Generación por más de 20 años? De milagro, creo que hay dos palabras que me gustan: Terquedad y pasión. Algo qué agregar a la entrevista o un comentario al público moreliano que leerá esto. Me encantan las morelianas. Coman frutas y verduras. Suerte. CHIDO, GRACIAS.


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F L O R E S


LA CONTRA HOY Bernardo Valadéz El término Contracultura abre un sinfín de suspicacias, y suele poner incomodas a muchas personas, sobre todo a las que trabajan del lado del sistema, debido a la naturaleza de ir en contra de la cultura institucional es soslayada a la menor oportunidad. A los voceros del poder se les ponen los pelos de punta cuando se menciona que algo es contracultural y de inmediato suelen detractarlo. Y es que la contracultura no existiría sin detractores, es una situación que en lo personal me ha tocado vivir en bastantes ocasiones; la contracultura ha muerto, la contracultura nunca existió, la contracultura es solo marketing, es el juego de unos cuantos desadaptados que tarde o temprano se les pasará, dicen; éstas voces alienadas ya sea por costumbre, comodidad o conveniencia, son las que abundan en las esferas de poder. Este sistema, y al referirme al sistema me refiero al gran capital, a la academia y al gobierno, es el que la ha querido convertir en un fetiche, la ha encasillado como en una cosa pasajera, en algo que pasó hace muchos años y ya no volverá, y a que quienes la ejercen, como elementos enfermos y nocivos para la sociedad ya que no son productivos al mainstream, incluso me he topado con opiniones de personas que están a cargo de dependencias culturales del gobierno, que su concepto de contracultura es “el desmadre y el performance de pelados”, que si no se hace eso entonces no es contracultura y que es muy pretencioso ponerle encuentro de contracultura a un evento como éste. La idea de que solo la cultura oficial es la que tiene un valor real para la sociedad predomina en esta burocracia, esa cultura cuyas políticas se confeccionan desde el escritorio y que presume de tomar las mejores decisiones sobre lo que una sociedad requiere para su bienestar, ¡Welcome to burocracia cultural! Así, ante el avasallador avance del mercado que no deja nada fuera de su alcance, la contra se ha visto forzada a estar en constante movimiento, buscando nuevas formas de recrearse y de recrear la cultura institucional, el valor que ella tiene para darle vida a las disciplinas artísticas es sólo un ejemplo de lo necesaria que ésta es; leí un artículo en la revista Generación no. 79 escrito por Avelina Lésper sobre el arte contemporáneo en NY y encontré con sorpresa que ahora la contra consiste en hacer arte hiperrealista ya que ante la invasión de artistas “contemporáneos” y “conceptuales” que hacen instalaciones con una taza de baño –por dar un ejemplo. Y lo exponen como anunciando la verdad absoluta del artehan llenado los espacios de exhibición y han agotado la fórmula de las instalaciones como el arte contestatario y que representó la punta en la carrera de las artes visuales hace unos años y que ahora ha sido absorbido por el arte corporativo y mercantil.

Debido a esto, las galerías de arte se han abocado a exhibir este tipo de obras cancelando espacios para quienes pintan y dibujan con otra formas de ver el mundo, ante esto han surgido como una respuesta, ya que la contracultura siempre inicia como una respuesta o reacción, una serie de galerías que exponen arte hiperrealista, toda una escena underground que se contrapone a los valores del arte contemporáneo y que trata de sacar esa idea del arte como sólo un placebo que tanto han apoyado las instituciones oficiales. Así es que el arte hiperrealista que no es nuevo pero que se ha reinventado, ha surgido de una esencia contracultural al oponerse al status quo que predomina en la escena de NY, demostrar que se es un virtuoso con el pincel o el lápiz y no conformarse con los rayones del arte oficial es ahora ser revolucionario, las instalaciones como arte ya fueron absorbidas por el sistema y han perdido el encanto que alguna vez las hizo vanguardia. Los grandes consorcios comerciales han penetrado en todas las esferas y vivimos una dictadura del mercado, no hay cabida para la discordancia de ideas, ¡todos al pensamiento único sin rechistar!, la libertad consiste en el zapping o entre elegir si compras coca cola o pepsi. Cuando el sistema no puede hacer callar a sus críticos los compra o los desaparece, así han pasado ante nuestros ojos centenares de rebeldes que de la noche a la mañana se han “calmado” y ya no ejercen su crítica contra el estado de cosas, por eso todo lo que huela a ser diferente incomoda, y si no logra desaparecerlo lo convierte en una mercancía mas que se puede vender. Carlos Martínez Rentería es muy puntual al señalar que La contracultura es más que una expresión de la vida cotidiana, en la actitud rebelde que de ella emana se provoca la ruptura y se crea la vanguardia en los movimientos socialesculturales, va mas allá de la dinámica del poder donde todo es jerarquerizado de manera vertical y donde todo tiene ticket de venta, por eso provoca la aparición de espacios donde las personas son más libres para crear desde “la basura” una obra con una propuesta contraria a la que se nos impone en la sociedad del consumo.


Con la contra se busca provocar, agredir, molestar, mover la superficie para mostrar que hay algo que no está bien y que no se tiene la menor intención de aceptarlo. Hay miles de personas en resistencia buscando otras formas de estar y repensar el mundo, que son muy diferentes a las que nos imponen desde arriba. Ahí es donde está la contracultura, invisible para muchos y tangible para otros. Ubicar a la contracultura sólo en las décadas de los 60’s y 70’s es el esquema que se tiene que romper, de lo que se hizo en esos días ya han escrito y hablado mucho, aquellos movimientos lograron reinventar la cultura que les era impuesta y cambiaron en gran medida la forma de ver el mundo, los movimientos Hippie y Beat se desarrollaron cuando el aparato de guerra imperial era el que imponía las reglas en el planeta, pero desde principios de los 70’s es el mercado neoliberal, apoyado por esa maquinaria de guerra, el que asfixia la posibilidad de realización de millones de personas, en un mundo donde sólo unos pocos tienen la pelota y los demás no tenemos ni siquiera una entrada a las gradas de este estadio. Por eso la contracultura ahora es más que necesaria, sirve como una forma oblicua o indirecta de denuncia, dice José Agustín; En esencia la contracultura representa el estado de profunda insatisfacción ante el mundo que vivimos, y esto provoca una fuerte tendencia a que se le reprima, es la vía de escape y cito nuevamente a José Agustín; (…) permite que una enorme cantidad de jóvenes, sujetos a la camisa de fuerza del sistema, encuentren formas, aunque sean

superficiales y no lo suficientemente profundas, de manifestarse, para tratar de ser un poco mas ellos mismos. La contracultura es un respiradero de la sociedad que permite equilibrar un poco su desenvolvimiento. En la actualidad la contracultura se encuentra dividida en muchas formas de ver el mundo y no sólo en la visión que el sistema, a través de sus medios masivos, ha homogeneizado. Es desde la contra donde se están impulsando nuevas maneras de organización, convivencia y de solidaridad, que nada o poco tienen que ver con la solidaridad del mercado global. Estas presencias marginales señalan las carencias y necesidades de una gran cantidad de personas que no encuentran en la cultura impuesta un espacio para ser ellos mismos. Esto no quiere decir que sus métodos o propuestas sean mejores o los más acertados, sino que cumplen la función de llenar un vacío que las instituciones públicas se muestran incapaces de llenar, estas muestras de resistencia, hechas en una amplia diversidad de formatos y con una amplia variedad de contenidos, que a veces se hacen hasta inconscientemente, buscan cambiar las tendencias que perjudican a una gran parte de la población y benefician a una minoría que trata desde los espacios del poder, controlarlo todo. El humor nos hará libres. ¿Y el futuro? Es eso que viene detrás de nosotros. Rafa Saveedra

LOS OTROS COLOMBIANOS Karin Mijangos Además de los tradicionales dulces que navegan por nuestras costas caribeñas, nos llega de Locombia una lluvia de música fresca, carnosa y densa, como la flor que le da fama. Durante el intercambio de discos, coincidieron en la colección de la Quilla algunos de los jóvenes artistas que están produciendo interesantes paisajes, de estos, presentamos un menú a catar. Además de los tradicionales dulces que navegan por nuestras costas caribeñas, nos llega de Locombia una lluvia de música fresca, carnosa y densa, como la flor que le da fama. Durante el intercambio de discos, coincidieron en la colección de la Quilla algunos de los jóvenes artistas que están produciendo interesantes paisajes, de estos, presentamos un menú a catar. Pernett nos trae una canasta de productos galácticos curados en un cuarto oscuro. Los frutos están saturados de los aromas del dub y el arrullo mojado de la madera de las barcas; con ellos, el músico y vocal guía nuestro sobrevuelo por la orinoquía.

Con la fruta madura de este artista, el oyente degusta el ruido que está vibrando en los antros subterráneos de Cali, estas propiedades son para conocedores. Por su parte Choc Quib Town ha llegado más cerca nuestro, pues en meses pasados dio un concierto en la feria del libro de Guadalajara. La banda engarza su hip-hop a las raíces de los integrantes, originarios del Chocó, en el Pacífico colombiano. La región comparte con las costas de Oaxaca y Guerrero, el mismo tipo sudor y el destino marginal de las comunidades afrodescendientes en los países hispanoparlantes. Sin inmutarse, esta banda fusila con humor la realidad del barrio; esgrimen el orgullo negro, su sabor, su fisonomía, su telegrafía gutural. Todo sucumbe a la cálida empatía de los humos del reggae, cumbia, dance hall y otros sabores caribeños. ¿Qué está haciendo la banda mexicana en este sentido? ¿Alguien sabe? Por favor, es urgente que nos cuente.


En la misma sintonía del hibridismo, Sidestepper nos suelta un fluido con toques electrónicos y voces que están destinadas a narrar historias de amor, esperanza y diversión. Con ya dos discos en las caderas de las pistas de baile, los beats que la tropa nos regala son la respuesta suramericana al exponencial género del soundsystem. Engendran un platillo inconfundiblemente colombiano, narcotizante, con sonidos de la neblina en el cafetal y el aroma lúbrico de ranas en el agua. Cabe mencionar que en la ensalada afrocolombiana hay una pizca importante de la canasta de Pernett. Esta mixtura preparada por un chef inglés, es uno de los mestizajes que la comunidad melómana celebra Comenzando a buscar tierra, deja su placa un cártel que bajo el nombre de Dub Killer Combo nos aporta una de las más ricas bebidas, elaboradas a base de la destilada lucha contra Babylon, acompañada de cinco vocales. Bajos profundos, percusiones zurciendo las cavernas del cerebro lleno de luciérnagas y aves que huyen. A lo largo de la atmósfera armada, zigzagueantes profetas de esta secta siembran la nota. Un ser extraño nos dirá la manera en que a partir de ese momento, escucharemos a las próximas bandas de esta familia de fusiones. “Root boy” ameniza la cacería de víctimas del sistema, sus esquirlas calientes se perciben: es imposible no bailar. Hasta el más europeo se sacude sin comprender cómo sucede…; para quien sabe menear el cuerpo, es la banda sonora que anuncia el orgasmo. “Lions in the jungle” nos deja cansados, expiados; al finalizar la ceremonia religiosa habremos sacado un poco de la basura del sistema a base de los sonidos manufacturados por el animal humano. Estaremos agradecidos, sonrientes…, recargados. Listos para surfear la caída con los ojos finos.

Bomba Estéreo pone el rolo-bit de la cumbia sicodélica para la floración nocturna, nos sirven la violencia y la crueldad de la oscuridad citadina sazonada a las brasas, en la enervante selva del electrocumbé. Hemos llegado a la fiesta de excesos: mucho sexo, olas de aguardiente, voltaje peligroso en las bocinas, flujos de energía a más de 30ºC en las tinieblas de una palapa, la humedad atmosférica al 98%, visibilidad: cero. El sentido más importante desde ahora serán las oquedades de la piel. Cada milímetro deberá ser estimulado, ¿qué esperas para quitarte la ropa? La sexualidad de su vocalista, su pasionalidad e inmediatez nos obligan al hartazgo. Conviene dejarte arrastrar a la sima; el color de las sirenas, en todo momento azuzará al fuego de alerta. La suplicante voz de la bailarina pide no la dejarla sucumbir…, hazle caso, ella conoce la puerta marcada, sigue las instrucciones para obtener su apetito. Si no estás dispuesto a acatar, estarás perdiendo el tiempo. Sin duda será una de las veces en donde podrías desayunar en la cama de alguien que hoy no conoces. Es muy seguro que el amanecer te vea. Tienes que ser conciente: llorarás de cansancio. ¿Dónde buscar los sonidos de la selva, sino en uno de los puntos de gran biodiversidad en Gaia? Un ex amigo me dijo que Sizzla era como escuchar a Bob Marley después de que éste se metiera un perico. Sizzla tiene que oír lo que está pasando en Colombia: Los músicos y melómanos estamos cosechando flores exóticas muy hermosas, abonadas con la complejidad sonora de productos nativos: Alta toxicidad de raíces viejas con receta joven, para desentumir los oídos nebulosos de los que aún duermen el sueño americano. ¿Qué esperas para goglearlos?


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LA LARGA NOCHE DE AVÁNDARO Rogelio Villarreal —Oye, ¿y la tira cómo se portó con ustedes? —No, pus bien, no nos metimos con ellos ni ellos con nosotros, tranquila la cosa. Francisco, asistente al festival. De la represión a la depresión Pedro Meyer atestiguó con su cámara los momentos en que se desarrollaba el movimiento estudiantil de 1968. Después de la bárbara represión ordenada el 2 de octubre de ese año por el presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz contra ese movimiento pacífico que exigía democracia y libertades civiles, y que arrojó muertos, heridos y presos, tres años más tarde el presidente Luis Echeverría ordenaría la represión de una marcha de estudiantes que pugnaba por la democratización de la enseñanza pública, además de la libertad de los presos políticos. Ese día —10 de junio de 1971— los estudiantes salieron de nuevo a las calles y recordaron también la matanza de Tlatelolco. A los pocos minutos la manifestación fue atacada por jóvenes paramilitares arma-dos —Los Halcones— y por tanques antimotines, policías y francotiradores. Otra vez muertos, esta vez quizá más de treinta; heridos, acaso seiscientos, y varias decenas de presos. El gobierno seguía en guerra contra la juventud. En consecuencia, una reducida parte de ella se radicalizó y formó grupos guerrilleros marxistas en varias regiones del país, dando comienzo a la llamada «Guerra sucia». Pero la mayoría de los jóvenes mexicanos de la naciente década de los setenta quería ser revolucionaria de otra manera: candorosa, sin pro-grama ideológico o político, pero rebelde al fin. Deseaban que los dejaran en paz y que no los trataran como delincuentes sólo por traer el pelo largo y experimentar con drogas alucinógenas para expandir la conciencia ni por practicar el amor libre y escuchar rock anglosajón y, sorpresa, verdadero rock mexicano —no sucedáneos domesticados como los de Enrique Guzmán y Angélica María. La idea de hacer un festival al estilo del que se había celebrado en Woodstock (1969) surgió como complemento a una carrera de autos patrocinada por la compañía Coca Cola (y probablemente con la anuencia de funcionarios que deseaban relajar un poco el ambiente político): ¿por qué no hacer la noche anterior a la carrera un gran concierto de rock con los mejores grupos mexicanos? Los Dug Dugs, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Mayita Campos y Los Yaki, Bandido, Tinta Blanca, La Fachada de Piedra, El Amor, Three Souls in My Mind. Con la invitación al músico y productor Armando Molina quedó completado el proyecto: Festival de Rock y Ruedas en la campiña de Avándaro, a dos horas de

la Ciudad de México, el 11 y 12 de septiembre de 1971, apenas tres meses después de la represión del 10 de junio. 25 pesos el boleto. Pedro Meyer, como tantas otras veces en su vida, pensó que debía estar presente en ese gran acontecimiento. Ya el fotógrafo había intuido esa necesidad juvenil a flor de piel de transformar la realidad. No con las armas, desde luego. Quizá con la «expansión de la conciencia». La organización del concierto fue desastrosa —como lo afirmaron muchos de los asistentes— y al principio la presencia del Ejército mexicano inquietaba a la muchedumbre, pero los soldados permanecieron ateridos toda la noche y muchos de ellos se identificaron con los postadolescentes que fumaban mariguana y danzaban desinhibidos al compás del rock. El pésimo equipo de sonido se colapsó poco antes del alba, y los grupos apenas cobraron unos pesos. Encima, una lluvia torrencial se abatió sobre el campo. Todo parecía confabularse contra el rock y los jóvenes. Sin embargo, el calor, los coros y el desmadre de casi doscientos mil muchachos de todas las clases sociales —si bien predominaban los de clase media baja y entre los quince y los veinte años— fue algo inédito en la incipiente modernidad mexicana. Cuando la banda Peace and Love tocaba «I like mariguana» y mentaba madres al sistema se suspendió la transmisión en vivo que hacía Radio Juven-tud. El dueño de la estación fue encarcelado y multado por el gobierno por esa razón. La libertad que tanto anhelaban los jóvenes se resistía a llegar. La cámara de Meyer fue una de las pocas que recogieron la ansiedad de miles y miles de chavos por experimentar la libertad —así fuera por una sola noche. Las fotografías de esa inédita jornada de alta intensidad son uno de los pocos testimonios del sentimiento de toda una generación de mexicanos, pues hubo pocos fotógrafos independientes, y los escasos testimonios fotoperiodísticos acabaron en los cestos de basura de las redacciones. ¿A quién le importaban los jóvenes y el rock? Peor aún: ¿a quién le importaba entonces la memoria gráfica de la historia mexicana?


La primera generación de gringos nacidos en México —Un desmadre, un desmadre. —¿Por qué, maestro? —La música bien, pero el ambiente... Mira, no estamos capacitados para eso. Gerardo, asistente al festival. Grupos reaccionarios del gobierno y de la prensa —las revistas Avance, Impacto— clamaban por un castigo ejemplar a los organizadores, ya que en el festival se había ofendido —mentían— a la bandera mexicana al estampar en ella el logo de amor y paz que distinguía al movimiento hippie y porque eso había sido —difamaban— una bacanal de ruido infernal, drogas, sexo y hasta muerte. Ese fue el comienzo de una larga noche que duró casi quince años, una absurda época de prohibiciones, represión y estigmas a todo lo que oliera a rock en vivo, sobre todo nacional. Pero no solamente la derecha en el poder reaccionaba contra el rock y la contracultura. El prominente escritor Carlos Monsiváis también había abominado de la exaltada juventud de greñas largas y colgajos hippies que colmó Avándaro. En una carta desde Londres dirigida al dibujante Abel Quezada el escritor se quejaba de la reciente y violenta represión de los estudiantes a manos de los Halcones el 10 de junio: «Y me volví a aterrar —quizás en forma más implacable— con las fotos del pseudo “Woodstock». 150 mil gentes, las mismas que no protestaron por el 10 de junio, enlo-quecidas porque se sentían gringos.

El horror [...] Creo que la “Nación de Avándaro” es el mayor triunfo de los mass media norteamericanos [...] Es uno de los grandes momentos del colonialismo mental en el Tercer Mundo» —concluía el intelectual mexicano por antonomasia sin darse cuenta de que miles de esos jóvenes eran niños en el 68 y apenas salían de la adolescencia en el 71. Sólo querían un poco de rock, sexo y psicodelia, cuando esa tríada era más subversiva que los tres tomos de El Capital... Aunque poco después Monsiváis habría de retractarse públicamente el daño era ya irreparable —algo que también José Agustín le recrimina en La contracultura en México (Grijalbo, 1997)—: el rock ya había sido proscrito desde el poder, como unos años antes lo habían sido las aspiraciones democráticas de millones de ciudadanos. La fotografía de un Valle de Avándaro desolado, lleno de basura y un bosque de ensueño al fondo queda como una triste alegoría de lo que sería el país las décadas siguientes. Pero también las imágenes captadas por Pedro Meyer —inéditas hasta ahora en su mayoría— la tormentosa noche del 11 de septiembre y la soleada mañana siguiente dan fe de las inmensas ganas de una parte considerable de la juventud mexicana de identificarse con la de otras regiones del mundo occidental. La otra globalización. El espíritu de la rebeldía y de la libertad recorría toda Europa y las América del Norte y del Sur, el rock se escuchaba y se adaptaba a todas las lenguas del mundo —incluso de manera clandestina en la falsamente revolucionaria isla de Castro— y los cambios se hacían sentir gradualmente. Quizá hoy el planeta no sea mejor que entonces, pero sí más diverso. [2006-2007]


DESTAPANDO LA CLOACA (Reseña del libro What is the fucking problem? de Manuel Noctis) Alex Barrios Dentro del bagaje literario que pulula a nuestro alrededor es inevitable encontrar a aquellos escritores que pasan su existencia tratando de decir(les) a sus lectores cómo deben llevar a cabo su vida, o de cómo deben actuar ante las distintas circunstancias que escenifican nuestra película personal. Ahora me llegan a la memoria personajes tan carismáticos dentro del populo literario porque en algún momento se les ocurrió hacerla de detectives para tratar de descubrir quien se robó el queso, o aquellos que incluso han querido ir más allá descifrando cómo se puede volar sobre el pantano; dos ejemplos de escritores tan nefastamente convencidos de que son la neta, y no sólo ellos, sino que incluso aparecen también otros que creen que han descubierto el rollo del meollo porque descifran códigos: como el de Da Vinci. De estos casos hay muchos, tantos que incluso los encontramos enfangados en los grandes centros comerciales y tiendas de auto-servicio, pero a fin de cuentas qué (fregados) importa, por mí que ellos se rasquen el trasero con las ganancias que les reditúan sus publicaciones (best sellers) baratas; y digo que a fin de cuentas que importa, si en el caso contrario tenemos a los otros (y no los de la película), los que interactúan literariamente de una manera diferente, los que no te dicen qué o cómo, sino los que te proponen y te dan alternativas para que tú decidas que jodidos hacer de tu vida y de tus lecturas – principalmente-. Habría que decir en este sentido que la distinción no se enmaraña en la eterna discusión de lo comercial vs. lo independiente, al contrario, la distinción es meramente de contenido, de propuesta, de temática, de fórmulas y de interacción entre escritor y lector, porque no dejemos de lado que también este tipo de determinantes provienen de los lectores. En este contexto y para reafirmar todo el entredicho palabras arriba, ya lo había mencionado de alguna forma Guillermo Fadanelli en su texto Vagancia: hay lectores que buscan extraer de los libros enseñanzas para la vida, pero precisa que hay escritores que no escriben para este tipo de lectores (Revista Moho, no.27) y en este punto es donde entra el caso de Manuel Noctis; joven escritor originario de la ciudad de Morelia, Michoacán, que recientemente publicó su libro titulado What is the fucking problem? Una coedición de autor con la Tortillería Editorial. El libro está conformado por 13 relatos breves que se transportan por los senderos de la degradación social; desde tiramierdas a los personajes públicos más desfachatados, hasta las más absurdas ocurrencias suscitadas desde el común (des)perfecto de la ociosidad.

Aquí el autor es contundente al mencionar que los relatos no son más que una gama de tripeos y debrayes, nada excepcional para ese tipo de lectores que les menciono líneas arriba (caso contrario a los lectores que andan arriba con unas líneas) que buscan en la literatura la palabra de dios. Los textos de Manuel Noctis tienen vida, oscilan frente a nosotros, nos dan la vuelta, nos dan un zape y cuando tratamos de voltear para ver qué ha pasado ya alguien le disparó a otro frente a nosotros. Los tripeos son de barrio, los debrayes provienen de las comisuras urbanas. Todos juntos con su toque de ironía hacen de este libro un conjunto de situaciones imperfectas (como las que nos suceden a tod@s, y a diario), a fin de cuentas ¿cuál es el jodido problema de que escriba lo que yo escribo? Se pregunta el autor, considerando que no todo tiene que ser lineal, que no siempre se tiene que utilizar la misma fórmula, que las estructuras pueden ser moldeables y sobre todo, porque nuestro lenguaje es tan vasto que por ello se juega con él mismo. Aquí hay pues alternativas, hay cachonderías, hay drogas, hay sexo, hay alcohol, hay cumbias y todo huele a tierra, meados y asfalto.

Noctis, Manuel What is the fucking problem? (Tripeos & Debrayes) Tortillería Editorial Jalisco – Michoacán 2010 36 p. $40.°°

De venta en: Cactux. 1° de mayo no. 98, esq. Con Héroe de Nacozari. Col. Centro. Morelia, Michoacán. Directamente con el autor al mail: manuelnoctis@gmail.com


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LA FELACIÓN Y EL FUTBOL SOCCER Francisco Enríquez Muñoz La felación adquirió en el universo porno carta de protagonismo gracias a la película Garganta profunda (Gerard Damiano, 1972), donde la protagonista, Linda Lovelace, no consigue llegar al orgasmo ni masturbándose ni fornicando, por lo que acude a un sexólogo. Éste, después de examinarla, le dice que, debido a una mutación genética, ella tiene el clítoris instalado en la garganta. El personaje que interpreta Linda sólo obtendrá el goce supremo practicando la felación de una forma muy especial: el glande deberá frotar su garganta, lo que explica el título de la cinta. Andy Warhol, el padre del pop-art, dirigió en 1963 la película Blow Job ("felación" o "mamada", en inglés), de unos 35 minutos de duración, que se compone exclusivamente de un plano cerrado sobre el rostro de un hombre al que es más que obvio que alguien, quien la cámara no capta, le estimula el pene de forma linguabucal. Pero hay muchísimas películas de cine convencional (cine que no se considera a sí mismo como pornográfico y que a veces logra exhibirse hasta en el Festival de Cannes) que muestran felaciones reales de forma explícita. Aquí sugerimos sólo unas cuantas: El Imperio de los Sentidos (Nagisa Oshima, 1976), Calígula (Tinto Brass, 1979), El diablo en el cuerpo (Marco Bellocchio, 1986), Viólame (Coralie Virginie Despentes, 2000), Intimidad (Patrice Chéreau, 2000), Anatomy of Hell (Catherine Breillat, 2003), Los debutantes (Andrés Waissbluth, 2003), The Brown Bunny (2004), 9 Orgasmos (Michael Winterbotton, 2004), Batalla en el cielo (Carlos Reygadas, 2005), Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006), Anticristo (Lars von Trier, 2009). La palabra “felación” viene del latín fellare, “chupar”. En Fenicia y el antiguo Egipto, la felación era un arte practicado por algunas mujeres, no siempre prostitutas, conocidas como felatrices, que acostumbraban pintarse los labios bucales de color rojo para dar a conocer su inclinación por ese arte.

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La felación es impactante y efectiva porque despierta ideas y temores atávicos. Primeramente está el antagonismo entre un rostro, la sede de la expresividad y las emociones, y un falo, el símbolo de la virilidad y la parte del cuerpo que es homóloga a una babosa, un miembro que al estar despojado de contexto parece adquirir vida propia. La felación es un icono sexual que invita a la fantasía antropofágica, al temor del canibalismo, a la mutilación y al terror de la castración. Es una encarnación del fatídico mito de la vagina dentata, una entidad de placer y de amenaza, cuyo atractivo reside en esa dicotomía. Pero a la vez, representa la pesadilla de una invasión del cuerpo por una especie de descomunal gusano, parásito o tentáculo capaz de disparar una sustancia viscosa. Este tipo de imágenes son muy recurrentes en las alucinaciones de ciencia ficción del anime y manga japoneses (y sus incontables imitadores), donde las heroínas son a menudo acosadas por engendros extraterrestres e infernales que buscan penetrarlas bucalmente. El recuerdo de una mamada perdura más que el recuerdo de un coito: a diferencia de éste, una felación tiene como un algo de regalo o de premio. Regalo, premio: por eso duele más una traición oral que una coital: cualquier hombre o mujer puede, pasivamente, resignarse a fornicar: nunca a mamar; mamar, aunque se le ponga un precio, siempre es un acto de voluntad. La autofelación sólo ha sido ejecutada por actores sumamente flexibles (como el pornstar Ron Jeremy en sus buenos tiempos) y por los que ostentan una erección de monstruosa longitud. Lo más habitual es que la curiosidad, el placer de dar placer y una manifiesta sensación de dominio se encuentren mezclados en la mujer que se atreve a chupar un pene. Cierto es que a muchísimas damas no les gusta tener este tipo de experiencias. En algunos casos se trata de una posición ideológica. La felación, casi siempre, obliga a la mujer a ponerse de rodillas. Esa postura representa, simbólicamente, sometimiento y sumisión; y puede ser vista por los ojos de una feminista como una humillación. En otros casos, es una cuestión de escrúpulos. Por mucha higiene que haya, existen féminas que no soportan la idea de utilizar la boca para estimular a la ingle erguida de algún solicitante deleitoso (hace años, una novia mía me respondió que «no, si yo no soy prostituta, ¡cómo crees que voy a hacerte eso! ¡Por ahí orinas! ¡Qué asco!»). Y también hay hembras a las que les encanta chupar el sexo de sus machos, pero no toleran que ellos les arrojen el semen en la cara o en la boca. A otras no les importa el lugar en el que les caiga el zumo masculino, pero se niegan a tragárselo.


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A otras les fascina tragarse el jarabe de palo, pero les desagrada sentirlo en su cara. A otras les complace acariciar, besar y lamer al órgano viril, pero enloquecidas, traviesas, seductoras, sabias, falsas, putas, santas, se lo meten en la boca con el afán del yonqui al clavarse la jeringa justo cuando él empieza a descargar todo su placer y, sin soltarlo, sin dejarlo salir, satisfechas y triunfantes, dispuestas a pedir nada a cambio, lo envuelven con toda la calidez de su boca hasta la raíz, lo exprimen con los labios hasta el último gemido, lo ordeñan con la lengua hasta el último temblor, lo vacían hasta la última gota. La imagen de un chorro de líquido blanco que va a dar a un rostro femenino es un icono recurrente en el cine y la publicidad. Pero el semen sobre el rostro femenino, además de verificar la autenticidad del orgasmo masculino, viene a constituir una marca visible del hombre sobre la parte más expresiva y emocional de la mujer, una mujer deseada y poseída por él. El semen no es un producto de excreción, no es un desecho corporal. Por lo tanto, arrojar semen sobre la cara de una mujer no tiene nada de humillante ni de asqueroso. Claro, mientras las dos partes estén de acuerdo. La palabra esperma proviene del griego “sperma”, que significa “semilla”. El esperma, mejor conocido como “semen”, es un líquido viscoso y blanquecino (¿acaso será verdadero el cliché ése del blanco y la inocencia?). Contiene un gran número de sustancias, entre ellas ácido ascórbico, cloro, colesterol, ácido cítrico, ácido láctico, ácido pirúvico, urea, ácido úrico, vitamina B12 y cinc.

Considerando de lo que se trata, no es extraño que muchas féminas le encuentren un sabor desagradable: a detergente, queso Brie, lejía, calcetines sucios o mocos. Pero las hortalizas le dan buen sabor al esperma, sobre todo el apio y el brócoli, así como algunas frutas dulces tales como piñas, plátanos y papayas. Una buena noticia para los bebedores de cerveza: ésta es la bebida que produce mejores resultados. Gagging (término gringo que proviene de la onomatopeya gag) es cuando un pene erecto se mete en la boca de una mujer con brutalidad y tan profundamente que a ella se le aflojan las lágrimas, los mocos y las babas, y hasta tiene violentas arcadas. Gagging (o face fuck o mouth fuck en el universo porno) es exactamente la misma cosa que irrumación. La palabra “irrumación” viene del latín irrumare, “amamantar”. El hombre irrumado (el felado) se dedica a mover la pelvis hacia atrás y hacia delante, mientras sujeta del cabello o de la cabeza a la mujer irrumadora (la feladora). Ella, usualmente tendida bocarriba o de rodillas y en actitud pasiva, muy quieta, se limita a mantener la boca abierta. La irrumación finaliza cuando el interior de esa boca se anega de semen. En la antigua Roma la irrumación se consideraba una vejación. Actualmente, la irrumación extrema, casi sadomasoquista, es aquella en la que la mujer, totalmente desnuda, tiene los ojos vendados, las manos atadas por la espalda y los tobillos esposados. «¿Y todo eso qué tiene que ver con el futbol soccer?», se preguntará usted, querido lector, con toda justicia. Pues resulta que la respuesta es: «Nada, absolutamente nada». Pero, al menos, lo hice leer, ¿no?


MASTURBADA MIADA Rocío Boliver (Congelada de Uva) Puta… ¡Sí, puta madre! ¡Cómo me prende mear a la hora de andarme chaqueteando! Comienzo mentalmente por negarme a orinar las pantaletas. -No, no te vayas a mear, mamita. No, chiquita, no te hagas de la chis en los calzones; no seas cochina, mami, no te andes escurriendo de la chis. Ya bien caliente aprieto la panza y nomás siento como unas gotitas se deslizan por mi vulva. -¡Ay nenita ya te miaste! ¡Otro poquito, tu puedes... apriétale, nena! Y aprieto hasta sentir un chorrito que se escurre hasta las nalgas. ¡Ah! nomás me revuelco todita cuando me mojo y otra vez me digo que ya no, pero ¡cómo que no! Mi vientre se contrae para soltar chorritos de miados. Las pantaletas absorben los miados pero me empiezo a preocupar por que la pipí traspase mi ropa y luego las cobijas de la cama y moje el colchón. Como sé que ya va estar cabrón detener la chaquetiza de a miados, me desvisto de la cintura para abajo, agarro una sábana y la acomodo sobre la alfombra de tal modo que yo quede de rodillas frente a la cama, apretando mi vientre contra el ancho del colchón dejando caer mi pecho sobre la cama. Con las nalgas al aire, bien paradas y las piernas juntas me chorreo más y más para sentir la caída de la pipí por entre mis muslos. ¡Coño! No se porqué pero que pinche vuelco de sensaciones ¡no mames, riquísimo! Me retuerzo en la cama y me sigo meando para que la chis ahora baje en libre caída hasta mojarme las pantorrillas y los pies, para sobarlos y embarrarme todo el cuerpo. Me pongo de pie y con las manos y brazos me masajeo las piernas empapadas y me sigo meando batiéndome el cuerpo. Quisiera caminar chorreándolo todo, pero no quiero ensuciar, me acuesto de espaldas y pongo la sábana bajo mis nalgas y ¡huelo! Respiro profundo para sentir el olor fuerte, rancio... Aprieto más fuerte y un chorro que me brinca hasta la cara, me hace gemir y sacar la lengua muy afuera hasta sentir como se jala el frenillo bajo la lengua… la espalda se me arquea. –¡Ya te measte, mi vida, ya estas bien mojadita chiquita! ¡Cochina, límpiate los meados, marrana, puerca, ya te ensuciaste, sucia! Necesito limpiarme bien, lo mejor que seque la sábana mojada, para que el lubricante que me sale de la vagina esté baboso, porque si no, con la miada no resbalan mis dedos sobre el clítoris y se atora la sobada. Tengo que estar limpie y limpie la miada porque se sigue saliendo y se mezcla con los fluidos y los dedos no deslizan bien. Ya que no aguanto, me ensarto por el culo un desodorante ancho y largo y brincotéo sobre mis nalgas con el improvisado dildo que sale y entra con los sentones y me digo en voz bajita –¡Órale mamita, chorréate rico, mami, mójate todita, échame tus miados, suéltate un chisguete, culito rico; empápame, mi reina. Dejo salir el chorrote de orines, me retuerzo todita mientras me vengo y el desodorante se escurre saliéndose del culo que se abre grande, grande, grande con tamaña venidota. ¡Aghhh!

LA CONGELADA DE UVA. Nombre de performance: Pequeños Ajustes. Evento: Festival “Actos Extremos” Lugar: México, City. El Ander. Año: 2008. Foto: Fátima Nosano


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Rose Mary Espinosa

UNTADA. Déjame extender tus brazos. Oler y lamer tu pecho y tus axilas sin cadencia. Desesperada por quitarte el cinturón y hurgar en ti como lo haría un animal. Que mi cabeza gire de un lado a otro, sin contención. Soplar tu sexo a través de la tela delgada: sacarlo y desbordarme, tomarlo por la base y llevarlo a mis oídos, como hacía cuando niña con los caracoles de mar. Pasármelo por la frente, por los párpados, por las mejillas. Abofetearme. Abrir la boca. Abarcarlo y contenerlo. Menear mi lengua presurosa, mi lengua lenta. Hundirlo hasta mis amígdalas. Mi garganta que hierve. Mis orejas se entumen, están por reventar. Quiero que me rocíes, me salpiques, me bañes. Untarme de ti la cara, el vientre, la espalda. Saborearte en mis dedos y acariciar las costras de tu semen entre mis pechos.

RESURGIDA*. “Uno más”, dice, retándome, mientras me mira fijamente desde el ángulo que se forma entre mis piernas. No estoy en condiciones de responder: he perdido la voz, la fuerza y hasta la cuenta de orgasmos en su boca. “Nueve”, me dice, “llevas nueve”, pero mi clítoris se ha fundido con el resto de mi sexo: extendido y tenso como la nota póstuma de un instrumento. Dedo con dedo, el violinista me revive: gira la mano, dilata mi oquedad y yo, resurgida, suspiro y ya siento dos; sollozo y resisto tres; mi vagina cruje, está por romperse y esta vez son cuatro. Ronroneo, chillo, rebuzno; soy a un tiempo plañidera, perra excitada y reo que suplica por un bien morir. “Uno más”, imploro, “uno más”, mientras mi tronco se eleva, mi pelvis se convulsiona y mi verdugo retrocede. *(Del libro e instalación literaria: 'Diálogo entre sábanas', compilación de Carla Quintanar).


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Revista Clarimonda no. 24: Aciditos (6° aniversario)