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Rafael Correa Delgado. Presidente Constitucional de la República. Ramiro Noriega Fernández. Ministro de Cultura. Francisco Salazar Larrea. Viceministro de Cultura.

Hernán Salcedo Ibarra Coordinación de equipo y revisión de texto.

Esteban Gallegos Valdiviezo. Subsecretario de Planificación.

Juan Carlos Astudillo. Investigación y redacción de texto.

Manuela Cordero Salcedo. Subsecretaria de Cultura Región Sur.

Hernán Salcedo. Fotografías.

Hernán Rodríguez Girón. Activista coordinador del Proyecto.

Cristian Gómez. Asistente de fotografía.

www.ministeriodecultura.gov.ec lavozdequingeo.blogspot.com

Sebastián Narváez Diseño gráfico.

Subsecretaría de Cultura Región Sur. Presidente Córdova 5-79 y Hermano Miguel. Cuenca – Ecuador.

Imprenta. Grafisum S.A. Cuenca – 2010.


Introducci贸n

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Pr贸logo

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Prestar谩 la voz de Quingeo

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Glosario

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Texto fuente

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La presente edición forma parte del Proyecto “Inventario y documentación de un Barrio de Cuenca y dos en cantones del Azuay”, incluida en el Plan Operativo Anual 2009 de la Subsecretaría de Cultura Región Sur. Se realizó un levantamiento de las memorias vivas de la parroquia de Quingeo, hoy Patrimonio Cultural de la Nación, construyendo un testimonio a partir de entrevistas con sus

pobladores, en el cual se incluyó la entonación y musicalidad propias de sus ritmos conversacionales, respetando las abreviaciones o deformaciones de palabras que utilizan los quingeños en su comunicación diaria, es por esto que al construir el texto “se pidió prestada su voz”. Están colocadas en cursivas las palabras o términos que podrían necesitar una explicación específica, que se podrá encontrar en el glosario anexo. Aquellos términos que se explican claramente en la misma narración, fueron entrecomillados para diferenciarlos de los términos definidos en el anexo.

(38 años) y Ana Isabel Arias. (74 años). En esta reunión se pudo saber más a cerca de sus festividades religiosas, gastronomía, tradición oral, artesanía, conocimiento y usos de la naturaleza, sirviendo de materia prima para comenzar el trabajo escrito y fotográfico, que recogiera toda la información posible y se expresara de la misma manera que se habla en Quingeo y sus alrededores.

La información se levantó a partir de un grupo focal organizado con la colaboración del Presidente de la Junta Parroquial, Galo Mesías Chilogalli, el 26 de septiembre de 2009. Asistieron el David Murillo G. (73 años), Daniel Icaza. (29 años), Patricio Morales. (35 años), Mariano Yunga (50 años), Carmen Sánchez.

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No es imitar, mucho menos remedar, se trata de empaparse de la memoria emotiva para escribir completo. Sí, con corazón, pero lleno de valiosísima información. Así, se construyó un texto que no pretende ser un estudio etnográfico, sino que tiene el firme propósito de aportar de manera distinta y creativa en pro de documentar el patrimonio intangible de Quingeo.

¿Cómo se pide la voz prestada? Sólo se presta un rato. Mientras la garganta aguante no más y durante el tiempo que uno escucha realmente atento. Poniéndose en las alpargatas, no solo del otro, sino de otros, de todo un pueblo para poder hablar a cerca de él.

La investigación fue pensada en su totalidad, desde las fotos hasta el diseño gráfico, para ser disfrutada por sus pobladores, por sus niños, por sus abuelos que no han nacido todavía, con su musicalidad, sus modismos y sus silencios.

cuente todo en un parpadeo, sino que sirva de base a la narración y poder imaginar sobre la foto. No se realizaron retratos, ya que sería una manera de poner fecha de caducidad al trabajo. Los “guaguas” de Quingeo verán los paisajes y no tendrán los ojos puestos sobre su abuelo o el abuelo del amigo. Verán el pueblo que está antes que ellos, lleno de atemporalidad hacia el futuro. En Quingeo las memorias vivas son palpables. La memoria colectiva pasa de generación en generación. El protagonista es la tierra misma, pues es ella la que ha presenciado todo y es ella la que cuenta con sus huellas el juego del Pucará, las escaramuzas, el arado y otras tradiciones....

Con respecto a las imágenes, estas sirven de apoyo a más de un párrafo. Se trató de metáforas “literario-fotográficas”, para que la imagen no sea una mera ilustración y lo

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No hace tanto verá, hace no más de cuarenta años que la vida era otra, teníamos otros nombres para las cosas. Los abuelos, toditos, hablaban el quichua, desde el tiempo de los incas, disque y hasta más antes dicen. Ahora ya nadie conversa en quichua, será olvido, será vergüenza, será… después de todos estos años de vivir aquí mismo, he visto tantas diferencias.

Las mañanas nuestra parroquia se viste con el día… amanece frío, a veces hasta helando (¡ele ahí se nos mueren las chacras!), pero con las casas todas llenitas de flores, de pájaros, de caminitos chiquitos que nos conectan de lado y lado. Buena tierra tenemos, paridora, llenita del verdor del campo y la montaña…

El pueblo mismo: las casas –de adobe, de bahareque, de madera y con balcones eran, de uno, de dos, de tres pisos y terraza- acomodadas alrededor de la plaza, que de tierra era, una pampa plana para las chamizas…, para las escaramuzas, para tantas cosas vaya. Sí, bien dije: las chamizas. A ver: en los días de fiesta (la más grande y más populosa es la del Señor de los Milagros, aunque la más

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vieja la de San Pedro) la gente de las comunidades y del centro se organizaban con “el prioste de la chamiza”, para acarrear harto palo de chaparro, de la montaña, para prender candela la noche de vísperas, antes de la misa y fiesta por el santito. Esta leña debía recogerse días antes, para que esté sequita y prenda bien. Estas noches todos rezábamos el rosario para prepararnos para el día principal. ¡Qué lindo que era! (el día de fiesta digo), con procesión, con escaramuza, con danzas, con juego de la cinta y… tantas cosas. “Los escaramuza” –que eran valientes y muy hábiles- venían montados en caballos -cada grupo de jinetes- con su guía, que tenía el mejor animal de entre los otros. Eran cuatro equipos y se ponían en las esquinas de la plaza, en la que se jugaba, por horas, a veces todito el día duraba… Hacían formas con los

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caballos, tejían figuras a las carreras: la del llantén, la de la flor de la arveja, la del nombre del santo... Los caballos iban adornados con mantas y cintas de colores mientras los hombres disfrazados de reyes y de reinas. Y eran hasta cincuenta, y más... toda la comunidad se encontraba para gustar la juega…. La banda de música animaba la fiesta y la chicha de jora había para todo el que quería. La fiesta de San Pedro se celebraba más antes mejor, según me acuerdo. San Pedro es nuestro patrono y dicen que, hace tantos años, en una sequía larguísima que dizque hubo, la gente le llevó en procesión por lejos –no ve que esto antes era todito como selva, montaña virgen que llaman- hasta que encontraron que flotaba una agua, ¡que daba para toditos! Por eso se llama San Pedro y se le celebra el veintinueve de junio, después de las vísperas del veintiocho cuando, en cada casa, ardía una chamiza (a la casa que no


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prendía, decían, le caía una maldición) y, así mismo, en cada casa, se preparaban tortillas, humas y café para los visitantes, que venían en grupo de hasta doce, en la noche. Ellos iban llevando de todas las casas las humas, las tortillas… y al día siguiente, después de la misa que decía el padrecito, todos comíamos de ahí en la pampa de la plaza, en la “pambamesa” que llamamos: tendidas las sábanas blancas, limpiecitas, llenitas de toda la comida, a lo largo y hasta al fondo que termina en forma de cruz, donde se sienta el prioste o el que hace rezar, al que todos escuchaban (aunque siempre había algunitos que se dormían, verá…). Pero ya es años que ya nadie ni va, poquitos no más; ahora es el Señor de los Milagros la fiesta más grande, con gente de todas las comunidades, de otras parroquias y hasta de otros lados también.

El Señor de los Milagros llegó a nuestra parroquia hace años… ¡puj!. Dicen que era un Cristo que iba para Loja (porque por aquí se pasaba al ir de Cuenca a Loja, atravesando el Valle, Santa Ana, Quingeo y de ahí si largo…), mandado a hacer para la catedral de allá, al Don Miguel Vélez, que disque hacía Cristos tan bellos.

hace ya unos 70 años…También se jugaba la escaramuza en esta fiesta ¡y el torneo de las cintas!

¡Y no se quiso ir…! la primera vez que intentó cruzar la acémila que lo cargaba no quiso caminar más. Se cansó dicen. Y nada que poder moverle, nadie… y como ya era tarde y sin poder seguir, se regresaron pa Cuenca, a donde el don Vélez. Pero desde Loja disque reclamaban pues y le mandaron de nuevo al Señor en la travesía. Pero otra vez: que llegando a Quingeo que se cansa la bestia, que no quiere moverse y, claro, la gente le vio el milagro y compraron el Cristo entre toditos. Desde ahí es la fiesta,

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“Las cintas” era con jinetes que corrían, en sus mejores caballos (casi siempre eran los mismos escaramuzas) a lo largo de la plaza, para arrancar las argollas que pendían de las cintas, de colores. Para que se salgan las cintas estaban amarradas suavito al cable o soga templado en la plaza, que era así, a unos cuantos metros de distancia, de lado a lado. Mientras, los jinetes embestían con un palito, a toda carrera, o con un esfero más que sea, para quedarse con el premio…

de Él, cuando Él dispone.

Todo era por la fe. Así sabemos, así hacíamos. Pero sí ha cambiado… Ahora las fiestas son con show, artistas y juegos artificiales y esas cosas que no son hechas de la naturaleza, sino del hombre. Pero todo por la fe, igual.

Y a la mama a darle el “floreado” (que era una bebida de flores del cerro, con almíbar y traguito) pa que no le dé el frío, y a abrigarle también.

Aquí teníamos “parteras” también y hasta siguen habiendo. Esas mujeres que ayudan cuando es la hora, cuando diosito ha dispuesto, porque nada ni nace ni muere sino

Pero ¿Él mismo les ha de haber dado la habilidad pues? Porque eran mujercitas hábiles, que daban los remedios (así nomás, caseros, con hoja de malva, de llantén, de tantas cosas vaya) y asistían el parto, tocando, empujando la barriga pa hacer cuadrar al guagua… de ahí cortaban ombliguito, le envolvían al guagua en una manta de baeta, cosa de hacerle parar, bien apretadito: tiesito quedaba.

Doce días la mama esperaba pal baño, en reposo, que también asistía la partera. Usaban cuántas flores del cerro en ese baño, para limpiarle el cuerpo todito y de ahí, a comer bien, durante cuarenta días guardando cama.

Pura sopa de gallina y gallina con arroz y caldo de res y chocolate (qué importante que era el chocolate) y el floreado de cuando en vez… “para que aguante el cuerpo”, decían. Pero así mismo, donde que moría un infante era fiesta, porque el inocente no había conocido pecado, ni se había contaminado del mundo… entonces, la gente era convidada a una celebración, con música y baile y comida y bebida. No así como cuando moría uno grande, un adulto. Eso era triste, muy solemne. La gente venía con el “auqui” (que era trago, azúcar, caramelos, pan, cigarrillos, galletas y más cosas), para ayudar al deudo, para acompañar el dolor en los días del velorio y el del entierro; y todos comíamos de ahí. Al día quinto de muerto el susodicho, se hacía el “Pishca yuyauri”, o “juego fúnebre del cinco” o “día cinco”, para bañarle a la mujer del muertito, así como toda la ropa y todas


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las pertenencias de él. “Para que se vaya no más…” decían, “para que no ande penando”. Los jóvenes jugaban a los animales durante el día, se dividían: el uno era el burro, que acarreaba las cosas; el otro era la lechuza y recogía huevos, gallinas… el gato recogía carne y así, todos colaboraban para ayudarle al que quedaba vivo. Los mayores, mientras tanto, jugaban a “los dados”, para repartir las pertenencias del difunto entre los familiares más cercanos. Usaban unos dados de hueso de buey o de llama, con unos huequitos y el “cuadro de almas”… yo no sé cómo sería, pero jugaban. El “wairu píchica”, que también hacíamos el día cinco, era cuando alguno de los concurrentes, que haya perdido en un juego de antes, debía subir a la parte más alta de un

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cerro y “dejar un testamento” para toda la gente de los alrededores, como mensajero. Decía todas las cosas: cómo era la finada y cómo se debe comportar su deudo (y así mismo, de ser el caso, al revés). Aconsejaba diciendo recomendaciones como: “cuidarás a tus hijos, irás a misa, portaraste bien, serás buena” y así, cosas… todo a viva voz desde la loma. Y el “día cinco” era como una fiesta y era fiesta también el carnaval, el Santo Carnaval. Si era de ver, en la plaza las familias salían a ganar el pozo y la que ganaba primero, ganaba pues. Todos jugaban con agüita y había uno como personaje que era el Taita Carnaval, todo él disfrazado con sombrero, con unas alforjas en pecho y espalda para recoger lo que la gente regalaba. Casa por casa caminaba “buscando el carnaval”.

Con música del pijuano y el tambor llegaba, en grupo, con otros tantos que le acompañaban. Casa por casa comiendo, tomando porque “comer y beber es servir a Dios”, decían… y en todas las casas le tenían listito y le esperaban, porque era dicha, porque era bendición. Así mismo si alguna casa no tenía “el carnaval”… ¡le caía una maldición! Y cómo se comía de rico: había cuy con papas, mote pata, mote pelado, caldo de borrego, chicha de jora (“que no hace daño a nadie”) y draque, que era una agüita de sangorache con trago, caliente daban y rico era. El postre también era así mismo, bueno. Quesillo con miel daban. Y con pancito… La chicha de jora se hacía con el maíz amarillo, “zhima” que llamamos. Y era de ver cómo todo el mundo hacía. Ahora ya pocos saben cómo se hace, porque era largo de hacer… verá, primero se escogía el maíz


(sólo el mejor) para, después, ponerle en agua unos siete días. De ahí se le tendía sobre las hojas de “garagua” o “chilca” o “alcujambi”. Se tapaba el maíz con estas hojas haciendo un pilo (así: maíz, hojas, maíz, hojas…), de ahí que viene a “jalar las patitas” o empieza a nacer (porque se abriga pues) o germinar. Entonces los abuelos le secaban al sol, para después tostar, moler y cocinar (sin ni panela, porque la raíz le hacía rico, dulce) y se tomaba en “shilas”, que eran unos como vasos de barro, con que la gente se emborrachaba. Ay esa fiesta del Carnaval, ocho días me acuerdo que duraba… empezaba con el “encuentro del compadre”, cuando le entregaban el sombrero de res y la honda con piedra para el juego del púcara, o pucara, como dicen también.

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El pucara era uno como deporte en donde luchaban los de una parroquia contra otra, o entre comunidades. Los pucareros iban al encuentro en el cerro, en montañas terraplenadas para poder pelear… llevaban el sombrero de piel de res, que era duro, pesado, para protegerse. Y para pelear, una soga así de larga, con una piedra en el extremo, de unas cuatro o seis libras, según puedan. Y jugaban todo el día, borrachos (tomando harta chicha pasaban), cada jugador acompañado de su mujer que, llevando la tonga para comer y beber, cuidaban de los maridos con uno como palo bien tieso, cosa de que, si alguno se caía, ahí mismo le ayudaban las mujeres para que no le maten. El juego terminaba cuando alguien moría (un piedrazo en la cabeza mataba ahí mismo) y, entonces, la parroquia ganadora era bendecida para el resto del año, con buenas

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cosechas, con buenos animales… solo que ya no se juega, ahora hacen una como exhibición, para que la gente vea, para que conozcan. El auca también pasaba en carnaval y eso era serio. Sábado, domingo, lunes y martes no había leyes, podía pasar lo que pase. Aunque las cosas feas siempre pasaban entre los borrachos, que habían hartos esos días. Robaban, mataban, todo por las copas. A veces daba miedo, a veces era triste… pero lo más era lo lindo. Cómo la gente se divertía y compartía entre todos. Tanta comida, tanto de beber, tanta abundancia era nuestro Santo Carnaval. Diferentes eran esos tiempos. De infancia. Cuando no había ni carretero, nada. Y aquí estábamos viviendo… los hombres siempre han sido de irse a buscar vida en otros lugares.

A la costa se iban, por meses, años… En la casa se trabajaba en la huerta o con los animales en el cerro haciéndoles pastar, viéndoles pastar… y contaban cosas de la montaña los mayores, que era de cuidado, que tantas cosas que pasaban. Había el “chusalongo” en esos tiempos, no sé si haya todavía. Que era uno como niño, dicen, de unos ocho años, con camisita blanca, delgadito pero delgadito delgadito. Con pelito largo… y el miembro, decían, enrolladito en el brazo como manguera. Disque llamaba a la gente por el nombre. Pero yo nunca vi. Lo que si vi con mis propios ojos fue a los “yashacos”, que eran enfermos, de años de enfermedad. Andaban solos en las montañas buscando gente para matarles, para tomarse la sangre y llevarse la lengua, porque disque

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les quitaba el dolor un tiempito, por eso andaban matando. Y era horrible verles, como quemados, se helaba el alma del susto…. Así mismo cuentan que en los cerros disque se veían unas llamas que eran del oro que ahí había. Y cuando iban a buscar nada no encontraban, ni nada quemado ni nada. O de la laguna brava, de Cochapamba Chico, que nadie pasaba por ahí por lo que se había comido a unos novios, que por ahí pasaron. De niños, para ir a la escuela, desayunábamos el “mishqui” sacado del penco. Qué rico que era… “pulcre” le llaman también y se tomaba en vez del café, como es ahora. Una tasita daban, con arroz de cebada y un poco de mote. Ahora recién venimos a entender que ha sido tan buen alimento para nosotros, tan bueno…

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Y es que en estas tierras de todo se da. Viera usted: se da el maíz, el trigo, la cebada, las habas, la arveja, el fréjol y la lenteja. Coles tenemos también y lechugas y zanahorias y remolachas y peras, duraznos, manzanas… todos tenían un huerto en cada casa, en cada una. Y todas con tantos colores, verá usted, por las flores: rosas, retamas, malva blanca (que usaban las parteras, para el lavado) y tantas otras. De octubre a noviembre se siembra, hasta la vez. La cosecha es de mayo a junio. El terreno se prepara de agosto a septiembre con la yunta, que se unce con el yugo y la “cuyuna” (una como saga pues) de piel de res para amarrar los cachos de las bestias. Todo el año se trabaja en la tierra, es duro, cansado. Por eso, antes, teníamos el “cambia mano” o minga.


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Eso era lindo, éramos solidarios entre todos, entre todos nos ayudábamos.

Otra fiesta que teníamos, así mismo, era la del Corpus Cristi, de mayo a junio.

Se sembraba en minga, se deshierbaba en minga, se cosechaba en minga mientras los músicos animaban el trabajo. Primero ellos mismos –los músicos- llamaban para la minga, por toda la comunidad, con la bocina o la quipa iban arengando a la gente para que acompañe a la labor. Claro que el dueño de la casa daba de comer y de beber a todos los mingueros y daba premios a veces, como en las “mishas”, que se jugaba cosechando el maíz.

Hacíamos “la octava” que era un huerto de todos los sembríos puesto en la plaza. En cada esquina había uno de éstos, con choclos, zambos, habas y tantas cosas; y hasta se ponían perdices de montaña para ofrendar y agradar a la iglesia… porque en todo está la fe.

Ese era lindo: había que encontrar la “misha”, que era una mazorca blanca con un solo grano negro o azul. El que más “mishas” hallaba, era el ganador. Con eso se trabajaba ligero y se trabajaba más… “hoy en tu casa, mañana en la mía…” decíamos, así era antes.

Cada huerto medía unos cinco o diez metros cuadrados y, para animar la fiesta, habían los “danza” o danzantes que, con máscaras, con cintas de colores, con espejos bailaban haciendo sonar los “dunduchiles” que eran unos cascabeles que se amarraban a los pies, para bailar pues… a uno de los danza le llamaban el “Cajabamba”, porque tocaba una caja grande junto con los músicos, que entonaban el bombo y el pijuano.

Y con música también celebrábamos el matrimonio, que era bien diferente a hoy día, porque eran otros tiempos pues… para el matrimonio eran los papás o los abuelos los que escogían la pareja, aunque a veces era el infierno para algunas mujeres, que no querían. Pero decían “ya te acostumbrarás, con el tiempo le has de amar…”. Y venían los padres del novio a “querer sacar” a la novia. Con regalos llegaban para convencer a los papás de ella: una cuarta de res, una canasta con frutas, con pan, con tantas cosas vaya… la mujer debía ser virgen para casarse de blanco en el altar (con paño de cachimir blanco iba, con bolsicón celeste y sombrero blanco) o de no, vestía ropa oscura. El novio iba elegante, con ropita de baeta. Y debía comprar la ropa de la novia (era su obligación), que era caro.

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Ocho días duraba el festejo en casa de los papás de la novia, que invitaban tanta comida y bebida… ¡para todos pues vaya!. Así pasaban los días de antes en mi parroquia, más tranquilos, más felices parecieran ¿no?. Ahora tenemos carretera, tenemos la plaza que no es de tierra y gente que de cuando en vez visita… ¿qué le verán a mi pueblo esos visitantes que vienen y toman fotos y se quedan viendo nuestras casas y montañas y esa lentitud del tiempo que nos acompaña cada día?. Será el descanso, será la memoria, será que encuentran aquí esa paz que tanto falta en esos lugares de donde vienen, gustando…

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deja descansar una noche y al día siguiente se vuelve a batir, y se deja descansar un día más, con el propósito de que se “pudra” el barro…”. Vásquez Encalada Oswaldo, “Diccionario de la Artesanía Ecuatoriana”, Centro Interamericano de Artes y Artesanías Populares (CIDAP), Gráficas Hérnández Cuenca, 2003, p. 18. Agüita: Diminutivo utilizado para referirse al elemento AGUA con una clara intencionalidad de respeto o cariño. Acémila: Bestia o animal de carga. Nombre con el que se le conoce al burro o a la mula entre los habitantes de la parroquia. Adobe: “Pieza de barro crudo que sirve como material de construcción. Se lo elabora con la tierra llamada chagrallpa. Se la moja y bate, como en el proceso de elaboración de la teja. Una vez que el material está preparado se agrega paja de cerro como aglutinante. Se

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Auca: “Auca punzha: Designación quichua del martes de carnaval. Es un día extremadamente violento, en el que no se respeta a nada ni a nadie. Es el día en el cual llega el taita carnaval. Es frase quichua y compuesta de auca = salvaje, enemigo; y punzha = día. Día salvaje…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2003, p.137.

Auca tuta: nombre que se da a la noche del martes de carnaval. Es un tiempo en el cual no hay ningún tipo de respeto a las leyes civiles ni religiosas. Es frase quichua y compuesta de auca = salvaje, enemigo; y tuta = noche. Noche salvaje…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.137 Baeta: O Bayeta: “tela tejida con lana en telar de pedales. Sirve para confeccionar anacos, rebozos, vara y media, pañales, etc…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2003, p.40. Bahareque: Técnica de construcción similar a la del adobe en la cual se utiliza una estructura de carrizo sobre la cual se monta el adobe. Banda de música (de pueblo): “Conjunto musical popular formado por seis o diez miembros, ninguno de los cuales es músico


profesional. Una banda de música generalmente está formada por una trompeta, una corneta, bajo o tuba, saxofón, platillos, bombo, tambor, redoblante y clarinete. La banda de música (de pueblo) es un elemento indispensable en muchas de las celebraciones populares…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p143 - 144. Bocina: “Instrumento musical (aerófono) que pertenece al grupo de las trompetas rectas. Se la fabrica con caña guadúa, cuyos tabiques interiores han sido eliminados. Un extremo se acopla a una serie de cuernos de toro asegurados con espinas de penca. A veces se cubre la superficie con ceraturo y luego se protege todo con un pedazo de tela. Al final de los cuernos va una pequeña embocadura de carrizo”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2003, p.41.

Bolsicón: “Especie de pollera larga usada encima de las otras ropas (polleras) de la chola cuencana y otras mujeres de extracción campesina. Está hecha de paño fino, de colores vivos…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2003, p.43. Carnaval: “Celebración de excesos con que se da inicio a la cuaresma. El carnaval es de origen completamente hispánico, aunque ha recibido aportes culturales de los pueblos indígenas…” Encalada Vásquez, Oswaldo, Idem, 2005, p.160. Carrera de (Torneo) cintas: “Diversión popular en la que los participantes –jinetestratan de introducir una vara delgada en las cintas que cuelgan de un palo…” Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.161. 2005

Corpus Christi: “Sexagésimo día (jueves) después del domingo de resurrección. En esta fecha la iglesia católica celebra la festividad de la institución de la eucaristía (…) La celebración del corpus coincide con la indígena del inti raimi. Quizá por esta razón es una de las fiestas más notables en aquellos lugares que tienen fuerte presencia indígena…” Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.182. En los meses de mayo a junio, se celebran las festividades del Corpus Cristi, que están por desaparecer, ya que las fiestas en honor al Señor de los Milagros han ganado adeptos y minimizado esta otra. Antes organizaban danzas y construían el “altar” (ofrenda a dios por la gran producción). Además se hacía “la octava” (de entre 5 y 10 metros cuadrados), que era un huerto de todos los sembríos de las comunidades dispuesto en la plaza, con

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todos los elementos que se dan en los huertos familiares, incluyendo animales como perdices, cuyes, conejos, etc., ofrendas que servirían para agradar a la Iglesia, según dicen nuestros informantes. Habían, en estos días de fiesta, unos hombres que bailaban con unas cintas y unas campanas en los pies llamados dunduchiles. Eran conocidos como los “danza”, entre los cuales había uno que tocaba una caja grande: Cajabamba. Para comer, se hacía una gran pampa mesa entre las comunidades. Los “encabezados” o “priostes” hacían los gastos grandes: chicha de jora, cuy, res; todo para compartir con cuanta gente se acercara. También intervenían en esta celebración los músicos que animaban la danza, con bombo y flauta o pingullo. Cuy (con papas): Los cuyes a ser preparados, al menos deben tener una edad de 6 semanas. El cuy es pelado y se retiran las vísceras, se procede a preparar los aliños para

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lo cual se licuan todos los ingredientes y con esta preparación se aliña el cuy y se lo deja reposar durante una noche. Una vez macerado el cuy  durante 12 horas, está listo para ser llevado a la brasa, donde se cuece  por una hora y media, tiempo en el cual alcanza su perfecta cocción. http://www.mira.ec/paginas/Gastronomia/ Cuybrasa.aspx Chacra: A los sembríos de cada hogar se les conoce con este nombre. Chamiza: “Leña menuda formada por ramas y hojas secas. Se la quema durante algunas festividades y en la noche…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.165. Chaparro: El Chaparro está compuesto por especies representativas como el gañal (Embotrium grandiflorum), garau (Lomatia

oblicua), joyapa (Ceratos tema sp), violeta (Lorantus nitidus), sure (Chausquca sp). http://www.ambiente.gov.ec/paginas_ espanol/4ecuador/docs/areas/cajas.htm Chicha de jora: “Especie de bebida que se obtiene de la siguiente manera.: se coloca maíz en recipientes húmedos y se lo cubre con hojas de plantas. Se humedece constantemente hasta que el grano comienza a germinar. Se lo seca luego y se lo muele –puede usarse también sin moler-. Para hacer la chicha se pone en agua y se deja fermentar. La jora es el maíz germinado…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.168. Chilca (Baccharis tricuneata):  Planta con cualidades medicinales ampliamente conocida en la sierra del Ecuador. h t t p : / / w w w. c o r p e i . o r g / c o n t e n i d o . ks?categoriaId=5493


Danzante: “Personaje que interviene en la contradanza, como también en el baile del Tucumán (…) El danzante usa un sombrero adornado con plumas, espejos y lentejuelas, entornado de una cinta, la chanta. Una banda de tela polícroma lo cubre por detrás de cabeza a pies; tiene un chaleco; e el pecho, un pequeño pañuelo de seda, bordado; pantalón de cualquier tela pero negro. En sus canilla llevan los cascabeles de cobre cuyos sonidos armonizan con los pasos ejecutados”. (Einzmann y Almeida; citado por Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.192. 2005)

sorpresa ante una situación inesperada.

en el sur también se la conoce como chumal.

Escaramuza: “Juego de nuestros campesinos, muy semejante a la escaramuza de la que habla el Diccionario de la Real Academia; pero con la diferencia de que esta es pelea y aquella simplemente un juego. La partida se hace a caballo, ejecutando graciosas y arriesgadas evoluciones, figuras, etc. Es el número obligado y el más llamativo de algunas fiestas religiosas rurales”. Cordero Palacios, citado por: Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.204. 2005

La juega: Con este término los pobladores de la parroquia se refieren a el Juego de la Escaramuza (véase Escaramuza)

Disque: Abreviación comúnmente utilizada en el sector para significar: “dice que”.

Humas (Humitas): se deriva de la lengua quechua Humit`a, variante regional del quichua que se habla en el vecino Perú, sur del Ecuador y noreste de Argentina. En Venezuela se la denomina hallaca, hallaquita o bollo; en Bolivia como huminta, en Perú humita y en Centro América se lo llama tamal. A pesar de que en Ecuador lleva el nombre de humita,

Ele ahí…: Expresión que denota, quizá, exactitud, y es utilizada por los moradores de la parroquia y de otros lugares para señalar una certeza (como en este caso), aunque es también utilizada como una expresión de

Llantén: Planta con cualidades medicinales ampliamente conocida en la sierra del Ecuador. Malva (Malva parviflora): Planta medicinal ampliamente utilizada en la sierra del país. http://www.corpei.org/contenido.ks?categori aId=5493 Miembro: Alusión que se hace al miembro sexual masculino o pene. Miguel Vélez: Reconocido pintor y escultor ecuatoriano del siglo XIX. Minga: “Sistema de trabajo comunitario para

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la realización de determinadas obras: arreglo de los caminos, del templo, construcción de una casa, etc. Los mingueros reciben comida y bebida a cambio del trabajo. Es un sistema de cooperación y retribución indígena y campesino”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.253. Minguero: “Trabajador que participa en una minga”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.253. Mote pata: Para preparar este plato típico, altamente reconocido por los habitantes de la parroquia, para su preparación se necesita: carne de chancho, cuero de chancho, mote, longaniza, chorizo, fréjol, pepa de sambo, leche, orégano y ajo. http://www.eltiempo.com.ec/noticiascuenca/10635-los-ta-picos-mote-pata-y-

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chicha-de-jora/ Mote pelado: Para obtener mote pelado, primero se cocina el maíz blanco duro, el que llaman morocho, con agua y ceniza de madera hasta que se ablande. Una vez lavado y escurrido, hay que secarlo con el calor del sol. En este estado, limpio y descortezado, se lo encuentra en los mercados de pueblos y ciudades. http://www.terraecuador.net/allimicuna/chifimote.html. Paridora: Expresión que hace alusión a la capacidad de “parir” (dar a luz) de los sembríos, entendida así la fecundidad de la tierra y la variedad de sus productos. Pijuano: Instrumento musical de viento. Prioste: “Persona encargada de organizar una fiesta religiosa. El cargo puede ser anual o vitalicio. Puede ser también una mujer, y en

ese caso se llamará priosta…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.283. Pucara: “… juego tradicional que se celebraba en algunas comunidades campesinas del Azuay. En esta provincia se pronuncia como palabra grave. Es palabra quichua y significa fortaleza…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.284. Pucarero: “Jugador de pucara”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.284. Quichua (quechua): “El quechua o quichua es una familia de lenguas originaria de los Andes centrales que se extiende por la parte occidental de Sudamérica a través de varios países. Es hablada por entre 14 millones y 9 millones de personas y no se ha comprobado


un origen común con ninguna otra lengua o familia lingüística, por lo que es considerada la segunda familia de lenguas más extendida en América, después de la indoeuropea…”. http://es.wikipedia.org/wiki/Quechua Quipa: “Especie de concha marina grande, en cuyo vértice hay un agujero por donde el músico sopla. Produce un sonido monótono y triste. Sirve también para convocar a la gente, como una señal. Es un aerófono…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.212. Sangorache (Amaranthus hybridus L.): El sangorache es originario de Sudamérica, su cultivo se mantiene en Ecuador, Perú, Bolivia y noroeste de Argentina, en áreas templadas y valles interandinos, desde el nivel del mar hasta los 3000 m de altitud. La flor y las hojas se usan como colorantes en la preparación de la colada morada en tiempo de difuntos.

La planta entera en infusión se usa para controlar los nervios y purgar a las personas que tienen muchos granos y espinillas y además limpiar la sangre. Forma parte de las llamadas hierbas de purgas que sirven para limpiar el sistema digestivo. Es astringente por lo que se usa para tratar la diarrea. http://www.google.com.ec/ searchhl=es&rlz=1R2GPEA_es&q=plantas+ medicinales+malva&meta=cr%3DcountryE C&aq=f&oq= Taita Carnaval: Véase “Carnaval” en Texto Fuente.

Tonga: Especie de bolso en donde se lleva comida y bebida para servirse durante las jornadas de trabajo en el campo o, como en este caso, en el juego del “púcara”. Víspera: “Celebración que se realiza el día anterior por la tarde o por la noche antes del propio día de la fiesta. Las vísperas son muy importantes y, en ocasiones más que el propio día de fiesta. La palabra suele usarse con mucha frecuencia en plural…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.329. 2005.

Tambor: “Instrumento musical de percusión (membranófono), hecho de madera, de forma cilíndrica, cubierto los extremos con cuero de borrego. Lleva una cuerda para colgarlo al hombro…”. Vásquez Encalada Oswaldo, Idem, 2005, p.310.

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(resulta de la información obtenida tras el grupo focal realizado con los informantes de la parroquia; ha sido organizado alfabéticamente, para continuar la línea del Glosario. Podrá clarificar cualquier interrogante que el texto haya despertado en el lector).

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Carnaval: la fiesta de Carnaval, que ocurre en febrero, es muy tradicional y popular y toda la comunidad participa: “se divierte desde el más pequeño hasta el más anciano”. El carnaval es muy llamativo, tradicional y típico. Para la bienvenida al Santo Carnaval primero se hacía el “encuentro del compadre” con abundante comida: borrego, chancho, gallinas, etc. Para recibir al Santo Carnaval se jugaba la “púcara” o pucara. Para este juego, los participantes utilizaban un sombrero grande de piel de res (para que proteja de los golpes) como protección. Como arma se utilizaba una honda en cuyo extremo se colocaba una piedra de entre 4 y 6 libras de peso. Estos implementos recibía el compadre que iba a participar en la pelea, juego o deporte, como le llaman. Las mujeres –cada participante estaba acompañado por su esposa- llevaban comida (la tonga) para luego del juego y bebida (chicha de jora) que se llevaba a cabo en los cerros más altos.

Además, las mujeres ayudaban a proteger a uno de los hombres en caso de que éste caiga, para lo cual llevaban un palo rígido. El bando ganador era el que mataba un contrincante primero. La ganadora –la parroquia- era bendecida por el espíritu del muerto. Ahora solo se hace como demostración, ya que el juego fue prohibido por las muertes que causaba. El juego enfrentaba a contrincantes de parroquias o comunidades vecinas, y se llevaba a cabo en cerros planos localizados y conocidos por todos. Sábado, domingo, lunes y martes de Carnaval se llamaban los días del “aucas”, y en esos días no había justicia, todo era permitido, nada era ilegal. No importaba matar a alguien, dicen, y podía pasar lo que sea. Esto hace unos 30 años, aproximadamente: “Robaban y mataban, unos con miedo y otros borrachos, por todo lado. Las peleas se daban “por las copas””. En las comunidades, además, un ciudadano se disfrazaba de taita carnaval. Le ponían


o se ponía alforjas en las cuales la gente le entregaba comida y bebida y, en grupo, iban “buscando el carnaval” casa por casa y en cada una le daban de comer y de beber hasta saciarse, e iba a la siguiente. La gente se resentía si no comía bien, cuentan, y le servían, entre otras cosas: mote, papas con cuy, caldo de borrego y chicha de jora “que no hace daño a nadie”, así como agua de sangorache, de un monte llamado ataco, a esto le llaman “draque”. Había mucho pan, que se servía con miel de caña y quesillo como postre. “Comer y beber es servir a Dios”, decían y el Taita Carnaval lo hacía durante los 8 días que duraba la fiesta. Cada familia mataba un borrego, un chancho, una res, para convidar a los carnavaleros. En cada comida se invitaba a todos los vecinos y hacían la pampa mesa, con manteles limpios tendidos en el patio de la casa, el mote en el centro y al final, con forma de cruz, se sentaba el dueño de casa que hacía rezar. En

el centro parroquial, la familia que alcanzaba el pozo de la plaza primero se adueñaba de él, y ganaba. Toda la parroquia se reunía a jugar en la plaza. Corpus Cristi: en los meses de mayo a junio, se celebran las festividades del Corpus Cristi, que están por desaparecer, ya que las fiestas en honor al Señor de los Milagros han ganado adeptos y minimizado estas otras. Antes organizaban danzas y construían el “altar” (ofrenda a dios por la gran producción). Además se hacía “la octava” (de entre 5 y 10 metros cuadrados), que era un huerto de todos los sembríos de las comunidades dispuesto en la plaza, con todos los elementos que se dan en los huertos familiares, incluyendo animales como perdices, cuyes, conejos, etc., ofrendas que servirían para agradar a la Iglesia. Habían, en estos días de fiesta, unos hombres que bailaban con unas cintas y unas campanas en los pies (dunduchiles),

para que suene su danza. Les llamaban los “danza”, entre los cuales había uno que tocaba una caja grande: Cajabamba (le llamaban). Para comer, se hacía una gran pampa mesa entre las comunidades. Los “encabezados” o “priostes” hacían los gastos grandes: chicha de jora, cuy, res; todo para compartir con cuanta gente se acercara. También intervenían en esta celebración los músicos que animaban la danza, con bombo y flauta o pingullo. Difuntos: En el día de los difuntos se acostumbraba un juego conocido como “wairu píchica” o “juego del cinco”. En este juego la persona que pierde hacía el “wairu píchica” que ocurría “la noche del cinco” y en la que, la persona señalada, debía subir a la parte más alta de un cerro cercano y “dejar un testamento” para toda la gente de los alrededores. Como mensajero, decía todas las cosas referentes al finado-a; y a cómo

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se debe comportar su deudo-a. Aconsejaba con recomendaciones como: cuidarás a tus hijos, irás a misa, etc… todo esto a viva voz desde la loma. Se comía res y se compartía la comida para todos, de parte del dueño de casa. Sin embargo, en el caso de la muerte de un infante-niño se celebraba una fiesta, con comida, bebida y baile ya que, decían, el niño era puro, no tenía pecado e iba directo al cielo. Se libraba de todo. Se tomaba y comía con aires de alegría. Además, el “Pishca yuyauri”, “el día cinco” o el “juego fúnebre del cinco”, que todavía se realiza, consiste en una ceremonia de baño que se hace a la viuda-o a los cinco días de la defunción del susodicho-a. En este “juego”, además del baño, se lava toda la ropa (y pertenencias) del difunto (para que no pene su alma) y se participa en el “juego de los animales”, para los jóvenes, y el de “dados” para los viejos. El de los jóvenes consistía en recopilar cosas para la fiesta. Los animales se designaban

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tareas: el burro, trasladaba las cosas; la lechuza, recopilaba huevos, gallinas; el gato, la carne y así. Esto, además de entretener, resultaba una ayuda valiosa para la deuda-o. El de los “dados” (de hueso de buey o llama), servía para repartir los bienes del difunto entre los familiares cercanos. Jugaban con el “cuadro de almas” y los “dados”. En el día del entierro quienes acompañaban a la familia del difunto llevaban el “auqui” que constaba de: trago, azúcar, caramelos, pan, cigarrillos, galletas, etc., todo esto para ayudar en el gasto de los dos o tres días de velorio. El chusalongo: dicen que, en la montaña, a veces, se puede ver y escuchar a un niño de unos 11 años, delgadito en extremo. Tiene el cabello largo y usa ropa blanca. El miembro del niño (que es por lo que se le reconoce) se envuelve en su antebrazo, como una manguera. El niño, llamado Chusalongo, silba y llama por su nombre a la gente.

El mishqui: años atrás (hace unos 20 años) cuentan, era común desayunar el “mishqui”, que se hacía del penco. El pulcre, como también era llamado, se tomaba en vez de café, para ir a la escuela, o al trabajo. Se hacía con arroz de cebada y se comía con un poco de mote. Fiestas de San Pedro: las fiestas en honor a San Pedro se celebran desde hace mucho tiempo atrás y, aunque es el patrono de la parroquia, sus fieles devotos han ido desapareciendo, en parte por la crecida en importancia de la fiesta del Señor de los Milagros. Sin embargo, las fiestas de San Pedro suelen celebrarse el 29 de junio, siendo las vísperas el día 28. Las vísperas consistían en “la quema de la chamiza”, en cada casa del sector. Esta quema se realizaba con “chaparro” de montaña, “montes o tamos secos”, palos secos y leña que era acarreada por la gente de las comunidades, pero organizada por el


“prioste de la chamiza”. La casa que no quemaba su chamiza, decían, sufría una maldición en el futuro. Todos hacían su chamiza para ir a misa el día siguiente, “hace unos 30 años –dicen-, en el tiempo de los abuelos”. En esta noche las familias preparan comida: tortillas, humas y café, para la gente que llega a visitar y recoger dichos alimentos (llegaban grupos de hasta 12 personas de la comunidad). Al día siguiente y después de celebrar la misa, los concurrentes comen lo recogido por el grupo la noche anterior en una pampa mesa. La devoción a San Pedro, cuentan, tiene una historia. Hace mucho tiempo, dicen nuestros informantes, hubo “demasiada sequía” (una prolongada estación seca), lo cual hacía estragos dentro de la comunidad, por lo que, y acompañados del párroco, llevaron en procesión a la imagen de San Pedro, internándose con ella en la montaña, buscando agua para calmar los males. Cierta vez, dicen, encontraron un lugar en donde “flotaba

el agua”, y que podía alcanzar para el consumo de toda la parroquia. La gente interpretó este hecho como un milagro que es atribuido a la imagen de San Pedro, por lo que la parroquia lleva su nombre, según dicen. La escaramuza: en el marco de las festividades religiosas se desarrollan las escaramuzas, que se ejecutan en la plaza central o en una explanada con capacidad para recibir a los participantes. El juego, como le llaman, consiste en una serie de imágenes que son dibujadas en el terreno designado para el juego, figuras que son realizadas por una serie de jinetes a caballo, agrupados en cuatro “equipos”, cada uno de los cuales tiene un “guía”, el cual monta el mejor caballo del grupo (los grupos reúnen entre 10 a 15 jinetes). Entre las figuras que realizan están: la hoja de malva, el trébol etc., aunque en la actualidad, según informan, se dibujan las letras del nombre del santo homenajeado. Los

personajes que intervienen en la escaramuza son: el guía (uno mayor y cuatro menores), el vicealcalde y los colaboradores. La corrida de cinta: en este juego, que se desarrolla en la plaza central o en el mismo lugar de la escaramuza, se tendía un cable del cual cuelgan las cintas multicolores con una argolla al final, amarrada suavemente para que se libere pronto. El participante, a caballo y a carreras, debía coger la argolla con un palo o esfero. Si lo hace tiene un premio pactado con anterioridad. Laguna: contaban los abuelos, según nuestros informantes, que en Cochapamba Chico –una laguna próxima a la parroquia- la gente corría el riesgo de ser tragada por las aguas, por lo que era común el miedo a estar por esos alrededores. La laguna era brava, decían, y en una ocasión se había “tragado” a unos novios que por ahí pasaban.

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La quema del oro: la gente decía que en la montaña podían verse llamas que significan que en ese lugar había oro. Alguna gente buscó el lugar de la llama a la mañana siguiente pero nunca se encontró nada. Las mishas: el juego consiste en una apuesta pactada entre algunos de los participantes que, tras la jornada de trabajo (en la cosecha) cuentan la cantidad de “mishas” encontradas. Las mishas son las mazorcas que tienen un solo grano de color oscuro: negro o azul. Con eso se animaba la gente para trabajar más rápido, buscando y desgranando más para ganar. La chicha de jora: era la bebida utilizada tradicionalmente en actos festivos y en las mingas, es una bebida preparada con maíz y su proceso, seguía los siguientes pasos: primero se selecciona el maíz amarillo, el cual es puesto siete días en agua, para luego tenderlo sobre (y cubierto por, en varias capas) hojas de “garagua”, o “chilca” o “alcujambi”. Se tapa el maíz, entonces, con dichas hojas

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haciendo un pilo, ahí el maíz “nace” o “jala patitas” (porque se abriga), para, acto seguido, ser secada al sol para entonces tostarlo, molerlo y cocinarlo hasta el punto indicado (sin panela ni endulzantes, dicen, porque la raíz era suficiente). Se tomaba en “shilas” (vasos de barro) y por el fermento la gente se emborrachaba con facilidad. Machismo: cuentan los pobladores de la parroquia que, antaño, el machismo era muy marcado en sus vidas. Así, dicen, el rol de la madre estaba destinado por los padres quienes decían que, la mujer, debía atender el hogar: las parcelas sembradas, el ganado y los hijos, aunque, recuerdan, “era la que más trabajaba”. La ausencia de hombres, quienes migraban a la costa por meses, obligaba a la mujer a trabajar mucho en sus tierras. “la mujer no podía salir de la casa, ni podía estudiar toda la escuela, recuerdan, sólo los varones tenían ese derecho (unos 30 años atrás)”. Matrimonios: los matrimonios, dicen, eran escogidos-pactados por los padres y a veces

por los abuelos. Era “la muerte” para algunas mujeres, porque teñían que cumplir la palabra de los abuelos, les guste o no. La novia debía ser virgen para casarse en el altar. Además, cuentan, la novia usaba el paño de cachimir blanco con bolsicón celeste y sombrero blanco. Si la chica había tenido “su pasado” debía usar ropa oscura. Para “sacar a la novia” (conseguir el consentimiento de los padres de ella), los padres del novio debían “pelar un res” y llevar una cuarta parte de las misma (“la changa”), para convencer a los papás de la novia, más un canasto con frutas, pan y otros obsequios, así se conseguía la aprobación y se pactaba la boda. El novio debía comprar la vestimenta de la mujer (la que usaría en la boda), que era de “baetiya de castilla”, de varios colores. Era su obligación. El novio iba elegante, con ropa de baeta. Eran 8 días de fiesta los que se celebraban, que pagaba el papá de la novia, invitados todos los amigos. La fiesta en casa de la novia. Minga: antes el trabajo en la tierra era diferente, dicen, ya que se trabajaba en “cambia mano” o “minga”. Es decir: el dueño de la


casa o parcela en la cual se iba a trabajar brindaba la comida y la bebida para los ayudantes y sus familias. Ahora ya no se realiza esta modalidad de trabajo comunitario, ya que la remuneración económica lo ha desplazado, según afirman. La minga se hacía para la siembra, la aporcada y para hacer la parva de chacra. Antes, para que la gente acuda a la minga, se hacía el llamado con la bocina. Así, un ciudadano iba animando a la gente a que se una al trabajo tocando la bocina, o la quipa. Durante el trabajo también se animaba a los mingueros con esa música, y se hacía el juego de las mishas, con apuestas previas pactadas. Parteras: antes, cuentan (aunque en la actualidad se mantiene esta práctica), habían mujeres que ayudaban a dar a luz, que eran hábiles y sabían hacerlo. Daban remedios caseros, de “montesitos”: borraja, mortiño, un poquito de trago: el “floreado”, como era conocido, que era una bebida con alcohol que se daba a las nuevas madres para que no sufran de frío, para abrigarles después de dar a luz. Después, y bajo la dirección de la

partera, la madre es lavada en todo su cuerpo una vez cumplidos doce días posteriores al parto. Este baño se lo realizaba con flores del cerro. Además, cuentan, la madre debía guardar una estricta dieta durante los 40 días posteriores al parto, dieta que constaba, principalmente en: caldo de gallina (todos los días, o la mayoría), caldo de res, granos y, en fin, alimentos que le permitan mantener la fuerza y para que pueda dar de lactar a la criatura. Cuando la persona estaba con los dolores de parto le ponían mentol, cebo de borrego y le frotaban el cuerpo con eso. Daba a luz y se les limpiaban con trago de caña. Al niño le envolvían con baeta de lana de manera que le paraban en el piso. Producción agrícola: los principales productos que se dan en estas zonas son maíz, trigo, cebada, habas, alverjas, fréjol, lenteja, coles, lechugas, zanahorias, remolachas, pera, durazno, naranja, reina claudia. Esto se daba en casi todas las casa, en cada una. Todos tenían su propia huerta, y estaban acompañadas por flores: rosas, retamas, malva blanca, etc.

Priostes: las festividades son organizadas por los priostes locales, es decir, del centro parroquial, aunque, recuerdan, antes eran organizadas por priostes de las comunidades. El prioste (cuyo cargo es voluntario y, por lo general, se repite a lo largo de los años) daba de comer y de beber a toda la gente y, además, organizaba las chamizas. El priostazgo, por lo general, era ejercido por gente buena y generosa, con mucha fe y la voluntad, además de la devoción de, por medio de una fiesta, compartir con la gente de la comunidad y con su familia las bendiciones recibidas. Señor de los Milagros: el 14 de septiembre se celebra al Señor de los Milagros, fiesta reconocida como la mayor, en la cual participan gente de otras provincias y, el 24 del mismo mes, la misma fiesta es celebrada pero, en esta ocasión es interparroquial. La devoción hacia el Señor de los Milagros tiene una historia, como cuentan en la parroquia. Dicen que, hace muchos años atrás se había mandado a realizar –desde Loja- un Cristo para la Catedral lojana, al artista escultor Miguel

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Vélez. Sin embargo, el camino utilizado en tiempos pasados para recorrer la distancia entre Cuenca y Loja pasaba por Quingeo por lo que, dicen, cuando el grupo de personas que acompañaban a la figura del santo hubo llegado a la parroquia, el animal que la cargaba se cansó, y no quiso caminar más. Ante esto los viajeros regresaron a Cuenca para devolver el Cristo al Sr. Vélez. Un reclamo por la figura sería realizado desde la ciudad de Loja, por lo que el artista la re-envió. En esta segunda oportunidad se repitió la historia, es decir, el animal, al llegar a la parroquia, no quiso seguir más. La población interpretó esto como un milagro y decidió hacer una colecta para comprar la figura, que desde entonces ha permanecido en la iglesia de la parroquia. Siembra-cosecha: los períodos destinados para la siembra y la cosecha son conocidos por la mayoría de los informantes, quienes dicen que en los meses de octubre y noviembre se realiza la siembra, mientras que la cosecha en los meses de mayo y junio. La preparación de terreno o arada se realiza en

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agosto y septiembre, la cual, antes, se hacía “a pura yunta”, es decir, sin maquinarias. A la yunta se le unce (o amarra) con el yugo y la “cuyuna” (especie de soga de piel de res) para amarrar los cachos de las bestias. La deshierba se realiza en los meses de diciembre y enero, y en éstas las niñas y niños ayudaban. En época de floraciones se cuidaba de las aves y de las hierbas que no le maltraten mucho a la planta, por lo que, dicen, todo el año se trabaja en el campo. Quichua: “Los abuelos hablaban quichua como lengua maternal, nuestra matriz”. Ahora, dicen, es apenas un 10 o 15% de gente que habla el quichua, que fue prohibido durante mucho tiempo en las escuelas y en la sociedad, en general. Era prohibido hablar en quichua, así como vestir con la indumentaria propia. En la actualidad existen escuelas bilingües que pretenden rescatar lo que queda de la cultura original de estas comunidades. Vestimenta: “Antes nos vestíamos con bolsicón, centro, paño y sombrero blanco” -recuerdan los informantes-: “La mejor

mujer bella”. El “centro”, que es bordado y de bayeta, va por debajo y el bolsicón, que es simple, por arriba: de varios colores y de lana de borrego, aunque en la actualidad casi no existen. El zapato era la “oshota de caucho”, que prohibían en la escuela. En el torso se utilizaba la “chalina”, aunque en tiempos más lejanos, dicen, se usaba “el rebozo de castilla”: rebozo bordado, pequeñito. La vestimenta se completaba con la blusa blanca, bordada y el cabello se llevaba siempre en trenza, hecho moño, y a veces dos trenzas. El sombrero era de lana o de paja, tanto para hombres como mujeres. En el hombre todo era de bayeta (lana de borrego): pantalón, poncho y camisa… Yashacos: son personas enfermas, de muchos años de dolencia. Tienen la piel como si estuviese quemada y sufren mucho dolor por lo que necesitan tomar sangre de gente, porque solo así se curaban por un tiempo. Por esto, dicen, andaban buscado gente en los cerros para matarla, llevarse la sangre y la lengua, y perderse nuevamente en la montaña.


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Quingeo