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Jesús: La crucifixión

condenado estaba obligado a trasladar el suyo propio, hasta el lugar de su cruxificción.

Lo tres peores suplicios El antiguo historiador Flavio Josefo dedica un entero capítulo de su obra “Las guerras judías”, a describir cómo fue sitiada la ciudad de Jerusalén en el año 70 d.C., por legiones romanas al mando de Tito, y cómo los soldados se ensañaron con el pueblo que intentaba escapar con toda clase de suplicios1,

Desde muy antiguo, los delitos graves se pagaban con la muerte en cruz. Amarrados con cuerda, los condenados eran fijos a un árbol (o poste, ξύλον) para ser clavados. Otros eran atravesados por estacas puntiagudas llamadas skólops (σκόλοψ). Sin embargo, fueron los romanos quienes perfeccionaron este método de tortura y muerte al introducir el patibulum: al poste de madera (xýlon, ξύλον), cruzaban un travesaño o viga hasta formar una T (llamada “crux capitata”); en otros casos, cuando el travesaño formaba una

† se le

llamaba “crux immissa”; y en otros casos, el simple poste de madera enterrado en el suelo cumplía la función de patíbulum. Una gran cantidad de patibulum se encontraba en los lugares de suplicio para ser utilizados, pero normalmente cada

«[…] Tito se compadecía del sufrimiento de las víctimas, pero por ser demasiado numerosas (500 diarias), no era posible correr el riesgo de liberarlas o someterlas a vigilancia, de manera que autorizó a sus soldados para proceder de acuerdo a su propio criterio, pues, esperaba que el horrible espectáculo de las innumerables cruces indujera a los sitiados a rendirse. Así, los soldados bajo el impulso del odio y furor, ridiculizaban a los prisioneros, crucificando a cada uno de ellos en una posición diferente, y dado el número de los mismos, tanto el espacio como las cruces para los cuerpos eran insuficientes […]»2. Años más tarde, Cornelio Tácito describe al emperador Nerón condenando a muerte a quienes, según él, incendiaron Roma: «[…] No contentándose con hacerlos padecer, se divertía revistiéndolos con pieles de animales para que los perros los despedazaran o los colgaban en cruces y los quemaban vivos al final del día para alumbrar de noche como antorchas 3 […]» . De hecho, los romanos “catalogaban”4 en tres los peores suplicios: ser quemados en vida (crematio), ser devorados por animales


2 (damnatio), ser decapitados (decollatio), y ser crucificados (crux). Puntualmente, eran conducidos a la cruz los casos de espionaje y deserción. También la sedición, revueltas o levantamientos contra el imperio; conjuros sobre la prosperidad de los gobernantes, la magia y la falsificación de testamentos5. Pena de cruz aplicable sólo a los estratos sociales bajos (humiliores), mientras que los honestiores (estratos sociales altos), se les juzgaba de forma distinta por gozar de ciudadanía romana6. Es más, se consideraba un delito crucificar a un ciudadano romano; pero era obligación crucificar a los esclavos o libertos en caso 7

de revueltas .

Por ser la crucifixión un sistema de suplicio cruento e indigno, es que muchos de los antiguos historiadores evitaban mencionar el tema en sus escritos. Lo consideraban horroroso e infame En realidad, quienes comenzaron a practicar la crucifixión, por razones religiosas, fueron los persas. Para ellos era la mejor forma de dar muerte, pues, los cuerpos al estar colgados no tomaban contacto con el suelo, de este modo, Ormuzd, rey de la tierra, no enviaba sequías y terremotos. Con el tiempo, el traspaso a los griegos, cartaginenses y romanos fue fácil. Todo general derrotado en guerra, era crucificado; los almirantes que se tomaban excesivas atribuciones, eran muertos en cruz. Y en caso de guerras, provincias o

ciudades enteras eran castigadas con la crucifixión masiva, como señal de escarmiento. Los romanos, por ejemplo, clasificaban a los rebeldes de ladrones (latrones) y bandidos (lêstai); ni siquiera eran llamados enemigos (hostes), por tanto, sujetos de un trato diferente al de la crucifixión. El juicio que los romanos ejercían sobre los rebeldes también incluía la exposición a la bestias (bestiis obici). Y si el rebelde tenía fama, la crucifixión debía ser en el mismísimo

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lugar

donde

cometían

sus

delitos. Ciertos esclavos que escapaban del yugo de sus amos, corrían el riesgo de ser considerados ladrones (latrones). Con frecuencia eran ajusticiados en calles transitadas para atemorizar y mantener el control social.

Los castigos espirituales Pues bien, si la crucifixión fue un método horroroso e infame, a los desgraciados rebeldes también se les aplicaba “castigos espirituales”. Se pensaba que si los condenados eran muertos violentamente (decapitados o ahorcados), sus almas no entrarían en el reino de los muertos (infierno). Y sus cuerpos no podían ser


3 enterrados en sepultura alguna para que el castigo se extendiese hasta la otra dimensión, en que sus almas deambulasen como fantasmas, como espectros y sin descanso eterno.

También los esclavos Junto a los ladrones, los esclavos también corrían el riesgo de morir en cruz. De hecho, se le llamaba “el suplicio de los esclavos” (servile supplicium)9. Pero, ¿por qué la cruz estaba reservada de forma “exclusiva”10 a los esclavos? Cicerón lo dijo un día: es «el suplicio más cruel aplicado a los esclavos»11, y sobre ella, escribieron grandes autores como Tito Livio, Valerio Máximo y Cornelio Tácito. Y es que para Roma las revueltas llevadas a cabo por los esclavos eran muy peligrosas. Peligrosas, sobre todo, porque el sistema republicano e imperial se sustentaba gracias al trabajo de los esclavos en sus palacios, construcciones y, los más habilidosos, en actividades administrativas y de educación.

jefes de familia (pater familia), podían hacer con ellos lo que les pareciera12.

A raíz del temor a las revueltas de esclavos, cuando tuvieron lugar en Italia, en el siglo segundo antes de Cristo, se recurrió excesivamente y con extrema crueldad al servile supplicium de la crucifixión13 Desde el período asmoneo (siglo II a.C.) hasta el año 63 d.C., cuando el general Pompeyo conquistó Palestina, la práctica de la crucifixión formó parte de la cultura judía. Pero hubo un tiempo en que los romanos, cansados de tanto crucificar, controlados los focos de rebelión social, dejaron de imponer la pena de la cruz en Palestina. Herodes por su parte, movilizado por razones ideológicas más que humanitarias, también suprimió esta pena sólo para tomar distancia de los asmoneos.

La cruz como castigo de Dios

Tener o no tener esclavos era para los nobles romanos señal de estatus; pero perder uno de ellos, significaba la ruina. En este sentido, los jefes de familia (pater familia) estaban facultados para castigar con la crucifixión a sus esclavos que pretendían escapar.

Conforme a las prescripciones del judaísmo, la condena de Yavé recaía sobre toda persona crucificada. Esto explica en gran medida, porque los cristianos de la carta a los Corintios consideraban un “escándalo” la crucifixión (1 Cor 1, 23).

Dada la mentalidad común, donde los esclavos eran considerados “objetos”, los

¿Cómo el Hijo de Dios podía ser crucificado y a la vez maldecido por Dios? En todo caso,


4 la cruz era una especie de pena adicional al castigo de Dios. Ser colgado en un madero se aplicaba a los blasfemos, a los que adoraban otras divinidades, bandidos y delincuentes.

Horribile, flagellum y patibulum

fuertemente amarrado a su patibulum y clavado, y en medio de gritos de desesperación, eran levantados sobre los postes de madera (en griego xýlon, ξύλον, en latín stipes) que se encontraban enterrados. Si los stipes eran muy largos, a los condenados se les levantaba hasta formar una † llamaba “crux immissa”. Si los

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Precedida por una horrible flagelación , al punto que muchos morían y no alcanzaban a ser crucificados, los condenados eran golpeados con el flagellum, látigo a base de correas, cuerdas, nudos, cadenas y en sus puntas terminadas con bolas de plomo o huesos. Latigazos que nadie controlaba, por ello muchos condenados morían a consecuencia de los golpes.

stipes eran de baja altura la cruz era llamada “crux capitata” y su forma T. El encargado de las crucifixiones leía el decreto final: el condenado (-nombre-) “fijo al patibulum es levantado sobre la cruz” (patibulo suffixus in crucem tollitur), en momentos en que los pies eran unidos al madero vertical (stipes), con uno o dos clavos.

Fue entonces que los judíos decidieron un número de 40 latigazos, pero los fariseos redujeron a 39, para evitar sobrepasarlos por error, y diferenciarse de los romanos que flagelaban según el ánimo y crueldad de los fustigadores. Espectáculo horrendo para los habitantes; vergüenza para los sometidos, que despojados de sus vestimentas eran denigrados mientras se les amarraba a una columna antes de ser flagelados. Si lograba sobrevivir, el flagelado era conducido al lugar de la crucifixión. Muchos tenían que cargar su propio patibulum (travesaño o viga), y en sus cuellos una tablilla con su nombre y la razón de su condena. El camino desde el lugar de la flagelación hasta el de la crucifixión, incluía un recorrido por lugares transitados. Muchos presentes se atemorizaban, mientras el condenado observaba con humillación la distancia y altura del lugar hasta donde debía llegar. En el lugar, el condenado era

El aculeus A mitad del stipes (madero vertical), había un “aculeus”: suerte de cuerno de madera donde el crucificado, -si podía-, se sentaba a horcajadas a esperar morir. Con el tiempo, y ante el número de crucificados, se decidió el uso de la crux capitata (T). Ésta era más baja, por tanto, más cómoda para los soldados que debían realizar toda la operación, y, sobre todo, para que las bestias y pájaros pudiesen despedazar a las


5 víctimas, en el caso de que la condena incluyese “damnati ad bestias” (devorados por las bestias).

La crux immissa La “crux immissa” (†), en cambio, al ser elevada permitía mayor exposición de los crucificados desde varios puntos. Se les exponía para ser humillados. Desnudos, como era la costumbre, se les retiraba del cuello la tablilla del nombre y el motivo de la condena. Ésta era fijada en lo alto del stipes para que los presentes pudieran leerla.

En el mundo antiguo, privar a los muertos de sepultura significaba la profanación total de la persona. Jamás tendrían descanso ni siquiera en el infierno o reino de los muertos (sheol). Al contrario, los que sufrían castigos espirituales eran, según la creencia, 15 expulsados de los infiernos .

La crucifixión como pena de muerte sólo fue abolida a partir de Constantino

Los crucificados eran despojados de sus derechos y de su humanidad. Heridos tanto en el cuerpo eran también desfigurados en su honor, puesto que la cruz era una pena exclusiva de los esclavos, ladrones y bandidos.

La hora de la muerte Al sufrimiento se sumaba el no poder respirar. La perdida de sangre suponía deshidratación y sed. Luego, los insectos se alimentaban de las heridas expuestas, también las aves de rapiña. Si la condena incluía la pena adicional (“castigos espirituales”), entonces, se dejaba el cuerpo en la cruz hasta su descomposición. Al no tener derecho a sepultura alguna, el castigo se extendería hasta otra dimensión, donde sus almas deambulasen sin descanso eterno. Sólo una autorización especial permitía la entrega de los cuerpos a sus parientes para ser enterrados. En ese caso, los soldados rompían los huesos para dejar caer los cuerpos y ser retirados del lugar.

La crucifixión de Jesús Todo lo descrito hasta el momento no difiere de la crucifixión de Jesús. Una vez condenado por Pilato fue flagelado. Sujeto de burlas, los soldados se ensañaron al imponerle el patibulum sobre sus hombros. Jesús en su estado de agotamiento no logró cargar el travesaño, por tanto, los soldados obligaron a un tal Simón de Cirene ayudarle. Al llegar a un lugar elevado llamado Gólgota, le quitaron del cuello la tablilla donde estaba escrito su nombre y el motivo de su condena. Luego, le hicieron ingerir un brebaje narcótico, mezcla de vino y mirra, que las mujeres de alto rango en Jerusalén solían ofrecer a los condenados para reducir su sensibilidad al dolor. Lo desnudaron y lo


6 clavaron en el patibulum y lo levantaron sobre los stipes. Fijaron sus pies en el stipes con clavos, y pusieron la tablilla de su condena sobre su cabeza. A su lado fueron crucificados dos ladrones, cuyas cruces se encontraban una a su derecha y la otra a su izquierda. Tal vez la cruz de Jesús era más alta que de costumbre porque el soldado puso en una caña la esponja de vinagre para calmar su sed (Mc 15, 36). La agonía de Jesús en la cruz fue más bien breve. De acuerdo al precepto del Deuteronomio -«maldito el hombre colgado del madero»-, la presencia de los crucificados habría profanado la fiesta de Pascua. Por tanto, había que apresurar la muerte despedazándoles las piernas; pero a Jesús, que ante la sorpresa de Pilato ya había muerto, sólo le atravesaron el pecho con una lanza. Y en vez de ir a la fosa, el cuerpo de Jesús fue entregado a José de Arimatea que lo había solicitado explícitamente a Pilato para sepultarlo.

Los datos históricos sobre la crucifixión ayudan a comprender las grandes dificultades de los primeros cristianos en su predicación y la acogida de parte de los judíos y paganos

señales, los griegos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, más poder y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos» (1 Cor 1, 22-24). De esta forma, mientras los judíos piden prodigios y milagros que acrediten a Jesús su carácter mesiánico, los griegos le dan a la sabiduría un valor elevado y buscan nuevos maestros sabios. Sin embargo, Pablo les dice a los judíos y paganos que la «doctrina de la cruz», es «necedad» (1 Cor 1, 18).

¿Por qué «necedad»?

La entrada de Pablo en la historia 1 Cor 1, 18.22-24

Porque Pablo está anunciando que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad del pecado y la muerte. Da la impresión que nada es admirable ni heroico en la muerte de Jesús. También Sócrates fue condenado a muerte, pero asume con gran nobleza y serena firmeza la cicuta y la espera de la muerte, conversando con sus discípulos y recomendando a Fedón ofrecer un gallo en sacrificio a Esculapio por haberlo liberado del mal de la vida.

Fue el Apóstol Pablo quien escribió a los cristianos que mientras «los judíos piden

Jesús, en cambio, muere abandonado y traicionado; espantosamente flagelado,


7 escarnecido como rey y objeto de burlas. Considerado un falso mesías por las autoridades judías; muere expuesto, desnudo e interrogando a Dios por su abandono. Así, la muerte de Jesús no tiene nada en común con la de Sócrates que, conforme a la moral de la filosofía estoica, debe ser enfrentada con indiferencia (apatheia, ἀπάθεια) y virtud (areté, αρετή). Por ello la crucifixión de Jesús es necedad es locura (moría, µορία) para el mundo griego al cual el Apóstol Pablo se dirige y escándalo (skándalon, σκάνδαλον) para los judíos.

afirmación del Deuteronomio 21, 22-23. En el mundo hebreo los ilustres y cercanos a Dios morían cubiertos de honores y al final de una larga vida. Eran poco comunes e incomprensibles los casos en que hombres religiosos y fieles a la Ley (Torá) murieran en la cruz. La locura (moría, µορία) y el escándalo (skándalon, σκάνδαλον) de la muerte de Jesús en la cruz, eran aun mayores por el hecho de que Pablo anunciara que tenía un carácter redentor para la humanidad, a pesar de haber sido tan espantosa. Esta afirmación era una locura y escándalo tanto para los griegos como para los judíos. Por una parte, de acuerdo con la visión mesiánica del judaísmo, era inaceptable la forma ignominiosa en que había muerto Jesús, porque habría sido un Mesías “maldecido por Dios” (cf. Dt 21, 22-23), idea inconcebible y absurda.

El escándalo de la cruz Escándalo (skándalon, σκάνδαλον) significa “piedra de obstáculo” que impide creer. Precisamente, para los judíos era inconcebible que el Mesías elegido por Dios para salvar al pueblo de los enemigos muriese como esclavo en la cruz. Recordemos que en el mundo romano era obligación crucificar a los esclavos en caso de rebeliones o revueltas. Además, sobre la cruz de Jesús recaía la maldición de Dios, de acuerdo con la

Por otra parte, la Ley (Torá) no acepta la idea de “morir por los demás”: «No morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres; cada uno será condenado a muerte por el pecado suyo» (Dt 24, 16). Más bien, la responsabilidad era personal: «Cada uno morirá por su propia iniquidad» (Jr 31, 30; Ez 18, 20). Se comprende así de qué magnitud fueron los obstáculos que debió enfrentar la predicación cristiana primitiva sobre el Mesías crucificado, muerto para la salvación de todos los hombres. Solamente la resurrección y glorificación del mesías crucificado por parte de Dios justificaban el escándalo y la locura de la


8 cruz, otorgándoles un sentido redentor. De acuerdo al designio de Dios, era necesario que el mesías salvara a la humanidad haciéndose cargo de sus pecados y sometiéndose por tanto a la muerte. Así, el mesías crucificado es el Señor resucitado y glorificado, y si con esto la infamia y el escándalo de la crucifixión no desaparecen, ciertamente se atenúan; pero aquí reside el núcleo esencial –y más difícil- del acto de fe: el cristianismo está esencialmente marcado por la cruz y la resurrección.

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El mayor escándalo de todos Así, pues, la respuesta más eficaz al escándalo de la cruz es que todo el drama de la pasión y muerte de Jesús tuvo lugar “por amor”. Tanto ama Dios a los hombres y mujeres que, para salvarlos, no evitó el dolor de aquello que para Él era más amado: su Hijo Jesús. Y de tal forma ama Jesús a su Padre Dios que obedeció hasta morir en la cruz; y de tal manera Jesús ama a la humanidad que descendió al abismo de la muerte para salvarnos sólo por amor.

Cuenta, por ejemplo, que Alejandro Janeo ordenó crucificar a 800 hebreos en De bello iudaico, 1, 97 s. 2 De bello judaico, 5, 449-451. 3 Annales 15, 44, 4. 4 Julio Pablo, Sententiae 5, 17, 2. 5 Ibíd., Sententiae 5, 19, 2; 21, 4; 26, 3, 16. 6 Salvo el delito de alta traición (perduellio) o pasar al bando enemigo (transfugae ad hostes), los “honestiores” perdían sus derechos civiles y podían ser castigados con la crucifixión. Con todo, esta pena era “indigna de un ciudadano romano y de un hombre libre”. 7 Cicerón, In Verrem 2, 5, 9-13, 12. 8 Dig. 48, 19, 28, 15. 9 Cicerón la llamó: crudelissimum taeterrimumque supplicium (el “suplicio más cruel y horrible que existe”), In Verrem 2, 64, 165). 10 Cornelio Tácito en Ann 2, 32, 2 y 15, 60, 1, relata que en Roma existía «un lugar reservado para el suplicio de los esclavos» («locus servilibus poenis expositus»), donde habían numerosas cruces y una fosa común (Campo Esquilino). 11 servitutis extremum summum que supplicium, In Verrem 5, 66, 169). 12 Juvenal (50/65-140 d.C.) en Satirae (6, 219 ss). 13 Luego que Espartaco fuera derrotado en el año 73 a.C., Craso, el vencedor, crucificó a más de seis mil prisioneros en la Vía Apia, en Roma cf. Apiano, Bellum civile 1, 120. 14 Horacio la llama horribile (Satirae 1, 2, 41). 15 Tertuliano, De anima 56, 8-57, 3.


Jesús, la crucifixión  

La crucifixión de Jesús

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