Page 1

Democracia y crisis de representación en la política argentina

abril de 2005

Subsecretaría de la Gestión Pública


Democracia y crisis de representación en la política argentina * Guillermo Bellingi1

Democracia procedimental, representación

sustantiva

y

crisis

de

Si bien los tres aspectos del título se mantienen vinculados, trataremos primero la diferencia entre los conceptos de democracia y luego la crisis de representación como un tema separado. En rigor de verdad, la imposibilidad de llevar adelante una democracia basada en la deliberación simultánea de todo el pueblo determina la formación de esquemas de representación que, necesariamente, sintetizan posturas diferentes, resultando difícil agruparlas en su totalidad bajo una representación común. Esta imposibilidad de resumir el todo diferente en unos pocos homogéneos hacia adentro (diferentes entre sí) desemboca en una crisis de la representación que será más o menos evidente y pronunciada de forma inversa a los mecanismos de control y sanción de los representados. Pero volveremos sobre este punto más adelante.

El bien común como eje de la diferencia La noción básica de democracia la define como el gobierno del pueblo. Esa es su raíz y su significado en la historia de Atenas en el siglo V antes de Cristo. No hace a los fines de este documento ingresar en la polémica desatada alrededor del significado antiguo y el actual de “democracia”; nos interesa aquí focalizar en el choque entre los conceptos de democracia sustantiva y procedimental. El eje de la diferencia entre el modelo sustantivo y el procedimental está en la necesidad que tiene el primero de definir el bien común. La democracia sustantiva requiere de ciudadanos altamente comprometidos con la participación, dispuestos a cuestionar y generar nuevas reglas, sobre la base del continuo cuestionamiento de lo que en cada momento se considera el bienestar común.

Nota de la edición. Este documento es un extracto corregido del trabajo monográfico de cierre del Seminario “Estado, sociedad civil y democracia”. Maestría en Gobierno y Desarrollo. Universidad Nacional de San Martín. Marzo de 2005 1 Licenciado en Economía, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Responsable de la Oficina de Proyectos Especiales de la Subsecretaría de Gestión Pública de la Secretaría General de Gobernación de la Provincia de Buenos Aires. *

Subsecretaría de la Gestión Pública

2


Ese ejercicio de discusión se canaliza a través de la autoinstitución del ordenamiento jurídico, con mecanismos que garantizan la participación efectiva de los ciudadanos en procedimientos democráticos. Es un modelo de democracia que se referencia con la práctica ateniense, la identificación de ciudadanos dispuestos a participar como una forma de realización trascendente para el individuo. En la democracia sustantiva las instituciones están permanentemente sujetas a lo político, entendido como la actividad pensante de instauración de las instituciones deseables. La democracia es el régimen de autoinstitución de las instituciones, proceso que además no se agota con la primera creación sino que está sujeto a un continuo de cuestionamientos (filosofía). Este ejercicio de cuestionamiento permanente de lo instituido es deseable porque el sujeto es captado por lo instituyente (el marco histórico-social) que constituye un poder implícito y que desarrolla sus propios mecanismos para sancionar los intentos de cambio. El poder crea mecanismos de sanción para garantizar el monopolio de las significaciones (Castoriadis) y defenderse de las amenazas de cambio.

La filosofía debe realizar permanentemente cuestionamientos a lo instituido y la participación política debe generar nuevas instituciones.

Capitalismo y democracia sustantiva No puede dejar de involucrarse el régimen político con el sistema capitalista, o régimen de acumulación actual. El régimen capitalista no tiene la concepción ateniense del ciudadano, que encontraba su realización como tal entregado a la resolución (y debate) de los problemas de su comunidad. Ya los primeros escritores clásicos, en el marco de la ideología de mercado, consideraban que los hombres debían dedicar su tiempo a lo importante: la cuestión de los negocios, el comercio, y dejar los asuntos públicos para una minoría especialmente entrenada para ello (una teorización coherente con la división del trabajo). Esta concepción encuentra máxima expresión en el capitalismo y más aún en la forma que el capitalismo ha adoptado con su propia evolución. Y en una visión descarnada y tal vez algo exagerada, pero que sintetiza de un modo claro los individuos generados por el capitalismo, Castoriadis nos dice que el régimen presupone individuos apáticos, que cuando no están trabajando van de compras a grandes supermercados o se sientan a ver la televisión. Claro que esa forma de vida está reservada a una minoría del mundo, pero es igualmente cierto que la gran Subsecretaría de la Gestión Pública

3


mayoría que no vive de ese modo no tiene los mecanismos para alterarlo, entro otros que sin tener tampoco esa forma de vida, tienen como aspiración poder hacerlo, participando activamente de la lógica de acumulación. ¿Puede en esas circunstancias confiarse en el ejercicio de una democracia sustantiva?. Los individuos producidos por este régimen reproducen al mismo constantemente.

Las “ventajas” de la democracia procedimental En un sentido práctico, la democracia como procedimiento es mucho más sencilla, no requiere de los ciudadanos más que su participación mediante el voto, de manera intermitente. Ventajas, en el sentido de no necesitar que todos los ciudadanos se involucren en el proceso de formación de las leyes, de creación de las instituciones, de discusión de los problemas comunes. Y como decíamos recién, la enorme facilidad de no tener que recurrir a la definición de un bien común al cual es necesario llegar mediante decisiones participativas. Obviamente, es un sistema de menor compromiso y resultados menos satisfactorios, más expuesto a los regímenes totalitarios, principalmente en países de baja tradición democrática. Si esto no es evidente, entonces téngase presente que allí donde la democracia no se ha impuesto como forma de establecer el poder político, su instalación esporádica está sujeta a críticas por la falta de resultados o, en todo caso, por la baja diferenciación con los resultados obtenibles bajo regímenes no democráticos. América latina es un desgraciado ejemplo de prácticas en las que la baja cultura democrática, unida a los malos resultados desde el punto de vista del crecimiento económico, ha sido útil para el consentimiento civil de gobiernos no democráticos. Esta última afirmación es sin dudas disparadora de reacciones, pero el actual repudio a los regímenes autoritarios instalados no significa que no se hayan consentido (parte de la población) los derrocamientos de las democracias. Si hacemos confluir el menor esfuerzo de parte de los ciudadanos que requiere la visión procedimental de la democracia, y la unimos al avance del capitalismo y lo que mencionábamos respecto de los individuos que genera, entonces no es extraña la coincidencia y reproducción de ambos: se necesitan y se refuerzan mutuamente. En efecto, el régimen de acumulación capta al ciudadano y lo sumerge en una problemática única, esto es, la generación de ingresos económicos, en tanto la

Subsecretaría de la Gestión Pública

4


democracia procedimental le alivia las tareas políticas, dejándole tiempo para su finalidad principal.

Crisis de representación El ciudadano moderno no está liberado de las necesidades económicas, tiene que trabajar, tiene problemas económicos que atender. Adicionalmente, ha dejado de ser el sujeto de la política, los partidos políticos cumplen ese rol. Lo único que se exige al ciudadano es su intervención esporádica a través del voto. Para algunos esto significa incluso la muerte de la democracia, tal es el caso de Paine, para quien la democracia terminó con los griegos; por lo que a partir de ellos se trataría más bien de gobiernos representativos. En esa visión, la democracia encumbra al pueblo como soberano cuando en realidad se lo separa del ejercicio del poder. Ese es el eje de la representación. Para O’Donell, la democracia es de tipo delegativa, en el sentido de que la democracia permite la elección de un presidente que actúa luego sin control, no se le exige la rendición de cuentas. A esta visión se le opone el concepto de accountability (responsabilidad) vinculado, justamente, con el control del poder delegado, no sólo a través de instituciones del propio estado, sino también distintas organizaciones propias de la sociedad (accountability societal).

Crisis de representación en Argentina Desde la reinstauración democrática de 1983, la sociedad argentina ha recogido muestras de los resultados de la independencia del poder respecto de los electores. Curiosa y positivamente, ese proceso de desengaño no ha derivado en cambios hacia regímenes totalitarios, aún cuando la tradición democrática es baja. La forma en que se resolvió la crisis de Semana Santa durante el gobierno de Alfonsín, la bajar performance económica, el descontrol inflacionario, las políticas de privatizaciones durante la primera presidencia de Menem, la percepción de una corrupción institucionalizada, el pacto de Olivos, la reforma a la Constitución Nacional, las reformas antojadizas a la Corte Suprema (cantidad de miembros y mecanismos de designación), el endeudamiento creciente, los intentos sistemáticos de moldear las instituciones a los antojos presidenciales (tercera presidencia por ejemplo), la defraudación de las expectativas con el gobierno de la Alianza, los escándalos por coimas en la aprobación de leyes; constituyen muestras simbólicas

Subsecretaría de la Gestión Pública

5


de motivos de desencanto, de percepción de una representatividad quebrada entre la sociedad, los votantes y los que ejercen el poder político. En octubre de 2001 la sociedad hizo un llamado de atención a los partidos políticos y a los gobernantes: el voto sanción. Al margen de los niveles de apatía hubo un fuerte crecimiento de los votos negativos: blancos, nulos, con un mensaje fuerte adicional dado en ciertos contenidos de los sobres que contenían los “votos”. Fue una muestra de deslegitimación, de manifestación del divorcio entre ciudadanos y política. Esencialmente es el resultado de dos factores de irritación a la sociedad:  La corrupción.  La disidencia con las políticas públicas. Otro fenómeno perceptible hacia fines del 2001, distinto de la deslegitimación, es la desinstitucionalización, manifestado como el hecho de sacar la política de las instituciones

tradicionales

(congreso,

partidos)

y retomarla

“en la

calle”,

promoviéndose la renuncia de todos, la caducidad de los mandatos. Esa manifestación marcaba el agotamiento del discurso de la imposibilidad, basado en que todas las condiciones en que se desenvuelve un país como el nuestro son inmodificables, escritas por los mercados internacionales, avaladas por las potencias políticas y militares más desarrolladas y, por ello, reglas de juego dentro de las cuales hay que desenvolverse sin libreto propio. La renuncia al accionar de la política se basó en la compra sin objeciones del discurso neoliberal. En el marco de la facilidad que el capitalismo otorga a los individuos desde el punto de vista de sus deberes ciudadanos, puede decirse lo mismo de los gobernantes: el respeto por la asignación que realiza el mercado con los recursos es un facilitador de las gestiones, por cuanto todo se limita a desarrollar el papel que el discurso reserva al estado, acotado a facilitar condiciones de libertad para el capital. Pero el mecanismo de mercado, hacia fines del año 2001, se mostró imposibilitado de resolver la crisis económica en que se había ido sumergiendo el país por el imperio de esa misma lógica. Y esa irresolución llegó hasta el interior de la propia elite de poder, fisurando la coherencia que habían mantenido hasta ese entonces. Es que el agotamiento del modelo de convertibilidad, como había regido hasta ese momento, generó dos grupos antagónicos hacia el núcleo de los que lo sostuvieron: el sector financiero, que apoyaba la profundización de la convertibilidad (dolarización mediante) y el sector productivo, que proclamaba la necesidad de una Subsecretaría de la Gestión Pública

6


devaluación que les devolviera competitividad para seguir produciendo. La irresolución del gobierno por una de esas facciones colaboró enormemente en su caída.

La situación hoy El panorama de gobernabilidad hoy es muy distinto a la situación reinante a principios de 2002, aún cuando las consignas como “que se vayan todos” se desarticularon en medio de una situación económica que comenzó a mejorar, principalmente a partir de 2003. Hubo quiebres significativos en la voluntad política y en el discurso de la imposibilidad, se recuperaron herramientas básicas de gobierno y la credibilidad en la política mejoró levemente, desde los niveles casi nulos en que había quedado. En este nuevo marco cabe preguntarse si estamos en presencia de un fenómeno de recuperación de la política como herramienta de construcción de la voluntad popular en acciones concretas. Podemos preguntarnos sobre la dirección de este cambio y sus causas, lo que nos arrojaría luz sobre sus posibilidades futuras. Un repaso de la situación de la política desde mediados de 2003 muestra que han aparecido síntomas de cambio en cuanto a la concepción de la política. Sin embargo, esos cambios están excesivamente asociados a la figura de unos pocos actores políticos que se acompañan y refuerzan esas acciones, para que sean algo más que iniciativas puramente personales. La crisis de representación no es un dato suelto de la realidad, no se presentó de un día para otro ni fue instalado por una campaña mediática. Se trata de una crisis que se inscribe en un marco concreto de realidad social, política, económica, judicial y cultural construido durante años de decepciones, tolerancia, educación, represión, desocupación y pobreza. Mal podríamos pretender que un cambio hacia una democracia sustantiva se opere en pocos meses, o sobre la base de un puñado de actores como impulsor. Sin embargo, algunos pasos que se podrían dar todavía no se dan, aún cuando ya estamos en tiempo de hacerlo. Una clara identificación de las fuentes de financiación de la política y los partidos, mecanismos

de

mejoramiento

de

la

representación

en

los

congresos,

reconstrucción del estado, fortalecimiento de las instituciones, independencia real de poderes, metodologías de control independientes, formación para la el desempeño de funciones públicas, condiciones económicas que liberen la

Subsecretaría de la Gestión Pública

7


determinación individual de los ciudadanos, son algunos de los temas centrales en una agenda de recuperación de la política, la representación y la vida democrática. Estamos asistiendo a una galería de muestras de cambio y existen elementos para pensar que, en la medida en que las condiciones del contexto se hacen favorables, esos cambios continuarán por una senda positiva. Entre esos elementos, los hay nacionales y también externos. La recuperación de la política como herramienta de transformación de la realidad se da lentamente en toda América latina: son muestras de ello las políticas que se gestan en Brasil, en Uruguay, Venezuela, Bolivia y Chile, por citar algunas de las más notorias. En el contexto interno se habla de reforma política, mejoran los niveles de ingreso, se regeneran las obras de infraestructura, se acota el problema del endeudamiento, se recuperan valores éticos y culturales, en fin, existen un conjunto de realidades concretas y de senderos que se comienzan a explorar en la dirección de un cambio positivo. Pero habrá que estar atentos y recuperar la participación activa de la ciudadanía para evitar que los que pierden con los cambios que se dan (y que se vislumbran) ataquen la semilla. En otros tiempos se han valido de los peores métodos, aún cuando enfrentaban menos riesgos de perder sus ventajas. Han usado herramientas de las más variadas para luchar contra cualquier amenaza al mantenimiento de sus negocios: se aprovecharon de una institución valiosa como la policía para matar manifestantes; usaron un disfraz de diputado en el Congreso para vender el patrimonio nacional; han usado al estado para venderle leche podrida o guardapolvos de empresas propias, han sembrado ambiente de caos económico, disparando aumentos de precios o corriendo en el mercado cambiario, o anunciando un tipo de cambio de 10 a 1; han sacrificado vidas para generar opinión de inseguridad; han profanado tumbas; han imposibilitado que la Justicia identifique a los responsables de la voladura de la AMIA y de la Embajada de Israel en Argentina; han nombrado viejos socios en el órgano máximo de justicia en el país; han digitado, apoyado y boicoteado a presidentes; han esparcido la sospecha de que el Senado sanciona leyes a cambio de plata; ¿por qué creer que no volverán a esas y otras prácticas similares en defensa de sus intereses?. El proceso de cambio que se ha iniciado en la política no es un amague ni un gesto solitario de un grupo de iluminados o revolucionarios, se trata de un movimiento por la recuperación de los valores éticos, impulsado por un conjunto de dirigentes que han reconocido el cansancio y la necesidad de cambio que el pueblo ha manifestado, de distintas maneras y progresivamente en los últimos años. El mismo Subsecretaría de la Gestión Pública

8


pueblo que llevó a esos dirigentes al poder debe estar atento para que su anhelo de verdadera democracia no se trunque. Hay un complejo de intereses que tratarán con sus medios sucios, viejos y nuevos, de hacer retroceder en el camino que se comienza a transitar y lo harán recurriendo a variados argumentos. Existe un común denominador para evitar el uso de las instituciones con fines contrarios a la voluntad del pueblo de manera de lograr permanencia en la instalación de los cambios que se pretenden, se trata de la recuperación del Estado y de sus instrumentos para regenerar la política, legitimar las acciones públicas, fortalecer la participación popular y la transparencia, de manera de regenerar el vínculo entre la ciudadanía y la política.

Subsecretaría de la Gestión Pública

9


Bibliografía Abal Medina (h), Juan, El escenario político argentino después del “derrumbe”: La agenda institucional pendiente, XVII Seminario Nacional de Presupuesto Público, Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), Mar del Plata, Argentina. Octubre 2003. Castoriadis, Cornelius, Figuras de lo pensable (¿Qué democracia?), CátedraUniversitaria de València, Madrid, 1999. Castoriadis, Cornelius, El avance de la insignificancia (“La democracia como procedimiento y como régimen”), Eudeba, Buenos Aires, 1997. Dahl, Robert, La democracia y sus críticos, (Caps. 1-2-15), Paidós, Buenos Aires, 1991. Dumont, Louis, Homo aequalis. Génesis y apogeo de la ideología económica (Cap. 1-2), Taurus, Madrid, 1999. Dunn, John, Conclusión, en John Dunn (compilador), Democracia. Un viaje inacabado (508 a.C.-1993 d.C.), Ob. Cit. Habermas, Jürgen, La inclusión del otro (7. Tres modelos normativos de democracia), Paidós, 1999. Quiroga, Hugo, La democracia posible: un cruce entre procedimiento, valores y políticas, en Isidoro Cheresky e Inés Pousadela (Comps.) Política e instituciones de las nuevas democracias latinoamericanas, Paidós, Buenos Aires, 2001. Rosanvallon, Pierre, Le libéralisme économique. Histoire de l´idée de marché, du Seuil, Paris, 1989, (cap. 2: “La economía como realización de la política -el mercado y el contrato-, cap. 3: “El nuevo comercio o la sociedad civil como mercado”, traducción española).

Subsecretaría de la Gestión Pública

democraciaycrisis  

abril de 2005 Subsecretaría de la Gestión Pública El eje de la diferencia entre el modelo sustantivo y el procedimental está en la necesidad...