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s una de las dirigentes que protagoniza el recambio generacional en el ámbito del cooperativismo argentino. Pero el rol de Gabriela Buffa no se reduce a las fronteras nacionales: a fines de 2013, fue electa como representante de la Juventud de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), hecho que proyectó no sólo su figura sino que dio visibilidad en el mundo a todo el movimiento local. Fue el corolario de un extenso recorrido que comenzó en la infancia: de niña, Buffa acompañaba su madre Lydia, que trabajaba en Credicoop, a marchas, actos y actividades organizadas por el banco cooperativo. Y mientras estudiaba (es graduada en Ciencias de la Educación y técnica en Tiempo Libre y Recreación), ya trabajaba en la escuela cooperativa Mundo Nuevo. Hoy forma parte del equipo del Instituto de la Cooperación (IdelCoop) y participa en las actividades de la juventud del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, lo que la integró al Comité de Juventud de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (CoopeRAR). «Me convoca, por un lado, haber encontrado gente que comparte una mirada sobre lo cooperativo como herramienta transformadora, que trabaja con mucho compromiso, de la cual se puede aprender mucho. Por otro, el desafío: que haya tanto por hacer, por resolver y por inventar», dice la dirigente nacida en 1984. –¿Cómo ves a la juventud del movimiento? ¿De qué forma trabaja el sector? –Hay numerosos ejemplos de trabajo con juventud dentro de las federaciones que forman parte de CoopeRAR: la Federación de Cooperativas de Trabajo cuenta con muchos jóvenes que se organizaron en 2011 en un Comité Central; la Federación Argentina de Cooperativas Eléctricas desarrolla el programa Encuentro de Jóvenes Solidarios junto con sus docentes; la Federación de Cooperativas Eléctricas de la provincia de Córdoba fomenta la creación de cooperativas escolares; el Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la República Argentina tiene una comisión de jóvenes a quienes acompaña en su inserción profesional. Es decir, el de la juventud es un ámbito sumamente activo y heterogéneo, no sólo en cuestiones de edad (el abanico de edades que abarca es amplio), sino respecto a la visión sobre qué es lo cooperativo. En el caso del IMFC, hay muchos jóvenes que se acercan por cuestiones de militancia, por vínculos con las comisiones de asociados de Credicoop, por ser parte de las cooperativas asociadas, y son jóvenes que tienen una mirada del cooperativismo como alternativa al sistema capitalista, al modelo neoliberal. Otra particularidad es que desde el

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GABRIELA BUFFA

Mirada renovadora La representante de la juventud en la Alianza Cooperativa Internacional repasa la agenda de la nueva generación de dirigentes y el desafío de la participación política.


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Primera quincena, febrero de 2014 Instituto se promueve la participación política, la vinculación con otras organizaciones y movimientos sociales. Lo que intentamos hacer desde el Comité de Juventud de CoopeRAR es buscar puntos de encuentro, promover actividades conjuntas, participar de las actividades de otros espacios, fortalecer nuestra identidad y pertenencia al movimiento cooperativo y, sobre todo, este último tiempo, empezar a profundizar los debates y su contenido, poner en discusión ciertos temas; avanzar, sobre todo, en el debate acerca de qué entendemos por cooperativismo, de qué manera puede contribuir a la construcción de un mundo más justo, solidario, que distribuya re-

«Creo que no alcanza sólo con mirar el cooperativismo hacia adentro; hay que intervenir en las cuestiones comunitarias, sociales o regionales.» almente la riqueza y qué prácticas tenemos que promover desde la juventud para que eso sea posible. –Esta visión implica que los dirigentes cooperativistas participen en la arena política. –El cooperativismo, por mucho tiempo, tuvo un principio que era el de la neutralidad política. Entonces, todo aquello que quedaba más vinculado con la toma de posición frente a las problemáticas sociales y económicas se veía con mucho resquemor y, como consecuencia, los dirigentes cooperativos no participaban en la arena política. Pero en 1995, este principio de neutralidad pasó a ser de autonomía e independencia. Y eso significa que tenemos que opinar sobre ciertos temas, tomar posición, participar e incidir en la legislación, porque de otra manera el resto de los principios quedan desdibujados. No alcanza sólo con mirar el cooperativismo hacia adentro; hay que intervenir en las cuestiones comunitarias, sociales o regionales. Para mí, es de las cosas más complejas de trabajar; en general, los debates tienden a ser sobre los aspectos internos del sector, porque hay problemáticas importantes que resolver. Pasa que la discusión quedó ausente después de tantas décadas de ataques al cooperativismo, del fortalecimiento de un sistema al que no le interesó que se desarrolle como alternativa social significativa y transformadora. Hoy nos interesa que los jóvenes entiendan los vínculos entre cooperativismo y política, y que eso no implica que todos tengan que ser de un partido, sino que es parte de la vida de la cooperativa hacer política, y, en este sentido, hay que discutir qué política hacen.

–Decís que se habla mucho de la problemática interna del cooperativismo, ¿cuáles son los interrogantes que aparecen con más frecuencia? –Por un lado, hay inquietud por incrementar la participación de los asociados, en general, en la vida de las cooperativas, y en particular de los jóvenes y las mujeres. Eso repercute en que haya todavía dificultad para el recambio generacional en los consejos de administración. Por otro lado, se evidencia una necesidad de visibilizar y difundir lo que las cooperativas hacen. La temática de la comunicación es una preocupación bastante central; de hecho, se está tomando en cuenta desde el INAeS, y las federaciones le están dando impulso al armado de equipos de comunicación. Otra preocupación es la falta de profesionales que sepan y conozcan de lo cooperativo, y que puedan asesorar en lo legal, lo contable, lo técnico, y que se puedan hacer propuestas para actualizar y mejorar la legislación que regula a las cooperativas. Estos aspectos están ligados con la necesidad de que se enseñe cooperativismo en todo el sistema educativo, desde la formación docente, la escuela, la universidad. Otro aspecto que no es frecuente, pero que agregaría, es pensar lo grupal, darle entidad y trabajarlo. En las cooperativas hay una vida grupal intensa, se generan relaciones y vínculos que crean pertenencia pero que también producen tensiones, conflictos. Contar con instancias de reflexión y trabajo sobre la dinámica grupal, que es fundamental para la toma de decisiones y para gestionar lo colectivo, puede mejorar y fortalecer a las organizaciones. –De hecho, algunas experiencias coope-

rativas fracasaron por no poder gestionar una empresa donde todos pueden opinar, votar y participar. –Claro, muchas veces se ven cooperativas que terminan reproduciendo la lógica de las empresas privadas tradicionales, porque sólo una persona toma las decisiones, porque la participación es formal, porque lo colectivo no termina de ser real, porque la información no circula, o, por el contrario, porque todo se discute eternamente y eso no permite que la actividad de la cooperativa avance. El problema surge cuando no contamos con el tiempo, las herramientas ni los recursos para reflexionar sobre nuestras prácticas, para formarnos, para poner en práctica al-

«Contar con instancias de reflexión sobre la dinámica grupal, fundamental para gestionar lo colectivo, puede mejorar y fortalecer a las organizaciones.» ternativas. Vivimos en una sociedad que promueve otras prácticas y no contamos con una formación que colabore en este sentido. Hay mucho que tiene que ver con lo grupal, y que hay que abordar desde disciplinas específicas, y también es necesario el aporte desde el ámbito académico a través de la investigación. Sería de gran ayuda que cooperativistas e investigadores encuentren e identifiquen juntos aquellos aspectos comunes y tan necesarios de repensar. Respecto de la comunicación, sucede que o todavía no está identificada la necesidad o aún no se cuentan con los recursos para abordarla. Todavía nos en-

Cuestión de género Lejos de estar resuelta, la problemática de la participación femenina tanto en el movimiento cooperativo como en otros ámbitos sigue siendo un desafío. Al respecto, Buffa expresa: «Hoy, en el sector juvenil, la problemática no es tan marcada, somos varias las compañeras y se siguen sumando. Pero sí se sigue evidenciando falta de participación de las mujeres en los consejos de administración de las cooperativas, de las federaciones, porque no estamos ajenos a lo que sucede en esta sociedad, en el resto de los ámbitos laborales. Porque la desigualdad de oportunidades es real». Los problemas, según la dirigente, comienzan a la hora de asumir más responsabilidades

laborales y familiares y, a la vez, formar parte de los espacios de toma de decisiones. «Lo cooperativo implica cumplir una jornada laboral y luego participar en la cooperativa para gestionarla, es una doble tarea, más la carga laboral que sigue recayendo en las mujeres al llegar a su casa si la tarea no es compartida. Desde lo cooperativo, en tanto espacio colectivo y democrático, se deberían poder pensar estrategias para facilitar y promover la participación de las mujeres atendiendo a sus particularidades. Hay que repensar y resolver muchas cosas para fomentar de manera real la inclusión de las mujeres en la gestión de las entidades», indica Buffa.

contramos en un contexto donde lo cooperativo no es noticia; por eso la importancia de encarar los desafíos que plantea la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, para generar contenidos propios y locales, para expresar la mirada del sector. En este campo perdemos frente a las grandes empresas que sacan ventaja por hacer campañas publicitarias por el supuesto cuidado del ambiente y los recursos naturales, mientras que ocultan prácticas poco éticas, cuando las cooperativas tienen principios y valores que le dan fundamento y sentido al conjunto de sus prácticas, no sólo a una o dos. Como de esto no se habla, la gente no conoce la diferencia entre utilizar un servicio o comprarle a una cooperativa y hacerlo en otro tipo de empresas que tienen como único fin la maximización de la ganancia. –¿Qué rol cumple el Estado en este punto? ¿Cómo es el vínculo actual con el ámbito cooperativo? –Diría que en esta última década el Estado viene impulsando y prestando mayor atención hacia el sector de la economía solidaria, sus problemáticas y necesidades. Se puede destacar, a modo de ejemplo, la participación de algunos dirigentes cooperativos en el directorio del Instituto Nacional de la Economía Solidaria, los congresos que éste realiza todos los años. En la última edición se presentó la Mesa Nacional de la Economía Solidaria, con la intención de articular y fortalecer la unidad del sector. También hay un rol destacado en el financiamiento y apoyo de los ministerios de Desarrollo Social y de Trabajo y del INTA. El plan Argentina Trabaja, como política pública, tiene un gran potencial de desarrollo, sin dejar de lado la necesidad de asistir y fortalecer a las


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Voces cooperativas para que alcancen su autonomía. También se ha firmado un convenio con el Ministerio de Educación para promover el cooperativismo en la escuela a partir de la formación docente, que involucra a los gremios de maestros; se conformó la Red Nacional de Parlamentarios Cooperativistas, que es un gran paso para canalizar las demandas y llevarlas a la agenda de discusión en el Congreso. Otro punto de inflexión fue la sanción de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que reserva el 33% de las licencias de radio y televisión para las organizaciones sin fines de lucro, que viene a reparar una deuda con el movimiento. O sea, se puede observar que el Estado logró establecer un vínculo directo con el cooperativismo y respondió a distintas demandas históricas, pero también sabemos que falta mucho en materia impositiva, en aspectos de la seguridad social de los cooperativistas y respecto al congelamiento de las tarifas de las cooperativas de servicios públicos. Está, también, la ley de Entidades Financieras que aún sigue vigente o la ley de Medicina Prepaga que incluyó a las instituciones solidarias en el mismo marco jurídico que regula a las prestatarias con fines de lucro. Hay que seguir investigando, construyendo datos estadísticos, porque hay poca información actualizada. –Fuiste electa representante mundial de la juventud a fines de 2013, ¿qué factores o características del movimiento pudiste observar desde ese nuevo rol? –Lo primero que llama la atención es la diversidad de gente y de culturas, pero, detrás de eso, está la diversidad de intereses, de experiencias y expectativas. No es sencillo llegar a acuerdos respetando y atendiendo a esa heterogeneidad. Hay una intención general de apoyar a la juventud, está identificada como una necesidad, está escrita en los documentos de la ACI, pero hay pocas propuestas y pocas acciones en este sentido. Se espera que se resuelva desde la juventud, cuando debería ser algo

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«En esta última década, el Estado viene impulsando y prestando mayor atención hacia el sector de la economía solidaria, sus problemáticas y necesidades.» pensado y abordado entre todos dada la complejidad del tema. En la Asamblea de la ACI en Sudáfrica, participaron muy pocos jóvenes, creería que porque no se da la definición de apoyar económicamente la participación. Entonces, es difícil tener una lectura de lo que está pasando en otras regiones cuando son tan pocos los jóvenes que llegan a reunirse en una actividad tan importante como la Asamblea de la ACI, que se realiza cada dos años. Hay regiones más activas que otras. ACI Américas tiene su comité desde 2010, ACI Asia-Pacífico también constituyó su comité formalmente hace muy poco –aun-

CIUDAD DEL CABO. Buffa habla en la Asamblea de la Alianza Cooperativa Internacional.

que vienen trabajando desde 2006–, África comenzó a organizarse en el marco de la Asamblea, con los que estaban allí, y Europa no tiene comité de juventud. Me parece importante aprovechar la oportunidad para contribuir a la organización de una red de juventud mundial (cuyos estatutos se están elaborando), a la conformación de los comités regionales de juventud y su fortalecimiento, para proponer debates, pensar el rol y la formación de la juventud, fomentar la investigación, darle voz y participación real, articular hacia adentro y hacia afuera del movimiento, con aquellos actores interesados y dispuestos a trabajar o que desarrollen políticas de juventud. Es mucho lo que se puede hacer si nos organizamos. –Europa no tiene comité de juventud, y, paradójicamente, fue la cuna del cooperativismo. –Creo que todo lo que está pasando en nuestra región hoy respecto a la restitución de derechos, a la integración, a un proyecto común, da cuenta de que Europa viene rezagada en algunos debates, y las políticas económicas que se toman en una región y en otra lo confirman. El desempleo va a seguir creciendo y los jóvenes van a seguir siendo los más perjudicados, y si no se empiezan a abordar alternativas, se corre el riesgo de que la juventud, en un contexto de tanta incertidumbre, deje de encontrarle sentido a estudiar, a desarrollarse, a trabajar, vulnerándose todos sus derechos. Están empezando a transitar lo que transitamos nosotros en los 90 y principios de 2000. Si desde el sector cooperativo no se escuchan críticas hacia las causas ni a sus responsables, si no se intenta dar una respues-

ta colectiva alternativa, que oriente otro tipo de políticas, vamos a seguir siendo el sector que con mucha suerte resista la crisis pero no logre cambiar nada. En Latinoamérica tampoco se resolvió la problemática que existe entre educación, trabajo y juventud. Hay muchas preguntas pendientes, como qué educación queremos y para qué tipo de sociedad. Tampoco se resuelven los altos índices de informalidad y de precariedad en un mercado laboral sumamente excluyente. Juventud no es una categoría neutral ni homogénea; es una construcción social, histórica. La desigualdad en lo económico genera diferencias en el acceso a la educación, a la salud, a los bienes culturales. Estas diferencias, a la hora de pensar en estrategias de trabajo y abordaje de la juventud, hay que tenerlas en cuenta. Sabemos que las instituciones educativas, aunque existan algunas iniciativas, en general no están enseñando cooperativismo como una alternativa. Esto no implica sólo enseñar ciertos contenidos, porque no alcanza, sino también promover prácticas cooperativas, democráticas, dentro y fuera del aula y en todo el sistema, para que haya coherencia en la formación docente y en la carrera docente. Entonces los jóvenes, ¿dónde buscan trabajo? En el sector privado, en las empresas. Sin embargo, el sector cooperativo tiene la posibilidad de ofrecer espacios inclusivos, de pertenencia, que den lugar a la diversidad reconociendo las distintas formas de ser joven y permitan configurar una identidad, un horizonte.

Cora Giordana Fotos: Jorge Aloy


Gabriela Buffa, Mirada renovadora