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Tonta Bruja

Bush

Bruja Loca

Vida de Gatos Era una mañana muy despejada y calurosa en… La Ciudad Más Cercana a Quién Sabe Dónde. ¿Creían que en el estado al cual pertenece la protagonista de esta antología hacía calor? Pues, no es así. Allí casi siempre hace frío y está nublado. Como sea, esta historia comienza en una iglesia.


Bush caminaba tranquilamente por el pasillo en la mitad de una misa hasta que decidió sentarse en uno de los asientos del tercer banco de adelante. Se sentó junto a una anciana canosa, muy mal maquillada y vestida con un abrigo que parecía de piel. La bruja levantó su pierna derecha y comenzó a expulsar una ruidosa y olorosa flatulencia. La señora y las demás personas, incluido el cura, la miraron de manera muy desagradable pero ella sólo sonrío, se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida mientras le sonreía a Tonta Bruja, quien estaba sentada en uno de los asientos de atrás y también se puso de pie para encontrarse con su hermana fuera de la iglesia. -Lo hice- dijo Bush. -Sí, lo sé… Se oyó hasta en China. -¿Sabes que significa? -Sí- dijo de mala gana-. Soy yo la que debe acompañar a mamá al templo. -Así es. ¡Yo gané! -Lo sé, lo sé. Deja de refregármelo en la cara. Las brujas cruzaron la calle para buscar las escobas que habían estacionado en la plaza de enfrente. Bush se dirigió a su adorada librería y Tonta Bruja fue a buscar a su madre que seguramente ya estaba en el castillo esperándola para que la lleve al templo. Ahora sí… Era una mañana muy fría y muy oscura en Quién Sabe Dónde cuando Bruja Loca esperaba que su hija llegara para partir de una vez hacia el templo. Tranquilamente podía ir sola pero prefería que una de sus hijas la acompañase porque detesta a los “monstruos superhéroes” que viven allí. Cuando su hija llegó, se subió a la parte trasera de su escoba y Gato Chiflado saltó sobre el hombro de su dueña. -¿Qué haces, cosa peluda con patas?- preguntó Tonta Bruja. -¡Quiero que me saques a pasear! Me cansé de robar siempre las mismas cosas. -¡Está bien! Pero pórtate bien o te compraré del alimento barato en vez del caro.


-¡NO! Prometo portarme bien. ¡Prometo portarme bien! -Así me gusta. En el siguiente cuento se enterarán de quiénes son los “monstruos superhéroes” que no hacen nada por la humanidad y viven en el templo. También sabrán qué diablos es el templo. Pero en este cuento vamos a conocer la historia de amor que existe entre la mascota de Tonta Bruja y la de los superhéroes. Gato Chiflado, como todos saben, es un gato negro, vago, interesado y cleptómano, es decir, roba cosas que no necesita o no lo benefician en nada. -¡No todos son tontos, zopenco!- gritó Tonta Bruja para la sorpresa de todos a su alrededor-. ¡Deben saber qué significa cloptámeno! Uno nunca sabe cuando una bruja verde, furiosa y confundida puede interrumpirte en el medio de la narración de un cuento. Continuemos. En cambio, Fifi es la mascota de los inquilinos del templo, siempre tiene sueño y la ven bostezando a cada rato. Ella dice que Gato Chiflado le cae tremendamente mal, pero el felino cree que ella tiene sentimientos ocultos por él. Fifi no es una gata común y corriente ya que posee la habilidad de hablar como su enamorado y además tiene una larga melena, como la de un león, lo que le encanta a la mascota de Tonta Bruja. El pequeño gato negro se alejó rápidamente de su dueña para ir en busca de su amor y la encontró dormida en un almohadón rosado debajo de unas cortinas también rosadas que había en una especie de biblioteca. Se acercó y luego de observarla por un instante se atrevió a despertarla con un: -¡BUENOS DÍAS, PRECIOSURA! Fifi se despertó sobresaltada y saltó lista para atacar sobre el visitante inoportuno. Luego de reaccionar lo abofeteó en la cara, bostezó y se alejó para permitir que se pusiera de pie. -¿Cómo te atreves a despertarme así?- dijo y volvió a bostezar. -Es que quería darte una sorpresita, amor. Mira, he robado esta flor para ti- dijo dándole una rosa rosada. -Rita cuida esas flores más que a su vida. Ruega que no se entere o te matará.


-No me importa. Robaría cualquier cosa por ti. -¿Sabes? Es la primera vez en mi vida que no sé...- bostezó-… Si decir “qué cursi” o “qué descaro”. -Yo puedo ser lo que tú quieras, mi amor… -Okey. Qué descaro. -¡Oh, vamos, Fifi! ¿Por qué me odias? -No te odio. Sólo me caes demasiado mal como para… No, espera… Te odio. -¿Qué fue lo que hice para que me odies? -Eres un vil ladrón, eres símbolo de mala suerte y además…bostezó otra vez-… No tienes melena como yo. -¿Eso quiere decir que si yo fuera rubio y tuviera una larga y hermosa melena tú te casarías conmigo? -Ni aunque fueras el último gato sobre Quién Sabe Dónde. -Pero soy el único gato además de ti en este estado. -Tendré que morir soltera. Está de moda últimamente. Cuando sea anciana escribiré una novela de amor que se hará famosa así todos me recordarán por eso y no por ser la “vieja decrépita soltera”. ¿Qué te parece? -Me parece que deberías darme una oportunidad. -Ya te he dicho que no. -¡Vamos! ¡Sólo una! -Ay ¡está bien! Tengamos una cita pero más vale que valga la pena salir de mi almohadoncito que está tan calentito. Voy a extrañarte, vida mía. -Pero si siempre estaré a tu lado. -¡Le hablo al almohadón, estúpido gato! -Lo siento. Gato Chiflado le ofreció de comer un chocolate pero Fifi se negó porque estaba a dieta. Luego comenzaron a caminar lentamente hacia el patio y se adentraron en el bosque que se encontraba en las afueras del templo porque él quería mostrarle algo que había visto la última vez que estuvo allí. También le contaba chistes pero ella sólo se limitaba a sonreír por obligación y a bostezar. Siguieron así un largo rato hasta que por fin llegaron al lugar que el gato quería mostrarle a su amada: la Laguna de Quién Sabe


Dónde. Era un pequeño depósito natural de agua que se encontraba en las afueras del templo y desde sus inicios arrastra muchas leyendas. Una de ellas era “el beso robado”, la cual relataba la existencia de un pez mágico anaranjado que volvía inseparables a aquellos dos que se besaran sobre la Roca de la Luz, una enorme piedra que se encontraba en la orilla del lado norte de la laguna. Llamada así porque brilla aún sin la ayuda del sol o la luna. -Esas son idioteces- dijo Fifi bostezando cuando Gato Chiflado le contaba la leyenda de los besos. -¡Claro que no! Así se enamoraron mis padres. Ven, vamos a ver la Roca. -Está bien. Pero luego de esto tendré que dormir tres días seguidos. -No exageres, amor. -¡Qué no soy tu amor! Cuando llegaron a la Roca de la Luz, Gato Chiflado dio el primer salto y le ofreció su patita a Fifi para ayudarla a subir. Ella se sorprendió por lo caballeresco de su gesto y luego subieron sin problemas hasta la cima de la piedra. Comenzaron a observar lo hermosa que se veía el agua desde ese ángulo y todo iba a bien hasta que el felino se atrevió a robarle un beso a su acompañante. Ella gritó enojada, dio unos pocos pasos hacia atrás, se resbaló y cayó al agua. -¡No sé nadar! ¡Ayúdame, gato inútil! -¡Enseguida voy por ti, amor! -¡Qué no soy tu amor, estúpido gato! Gato Chiflado, ignorando como siempre los insultos de su amada, saltó sin pensarlo al agua y se acercó a Fifi nadando al estilo “perrito”. Cuando llegó a su lado, ella estaba tan desesperada que intentó mantenerse fuera del agua a apoyándose en él. Pero el gato le gritó que se calmara, la tomó del cuello con sus dientes y la llevó nadando hacia la orilla. Salieron del agua y se sacudieron. -No puedo creer que hayas saltado por mí. -Te dije que haría todo por ti. -¡Eres tan cursi! ¿Dónde aprendiste a nadar así? -¡No tengo idea! Sólo salté y nadé.


-¿A quién le habrás robado las habilidades? -¡Ja! Buen chiste, amada mía. -¡Ya cállate! Vamos al templo. Tengo sueño y podría enfermarme. -Estoy de acuerdo. Vamos. Los felinos comenzaron a caminar lentamente hacia el templo y esta vez Fifi se reía verdaderamente de los chistes de su amigo. Cuando llegaron, ella fue directamente a su adorado almohadón y Gato Chiflado saltó sobre los brazos de su dueña, que justo se dirigía a la salida. -Vamos, gatito. Es hora de que te lleve a tu clase de natación. Recuerda que tienes que robar uno de esos BlackBerry. Necesito saber qué clase de magia negra utilizan esas cosas. Cuando la bruja dijo eso Gato Chiflado miró angustiado a Fifi, pero ella sólo sonrió, no parecía enojada al enterarse de que ya sabía nadar. -Me parece bien, Tonta Bruja. De hecho robaré dos. ¿Dónde está tu madre? -Ah… Se desvaneció en el aire como siempre cuando consigue lo que quiere. -Y ¿qué quería? -Usar el papel higiénico del baño de aquí. Dice que tiene doble rollo o algo así. ¿Qué clase de magia crees que usen para eso? -No lo sé. Hay cosas para las que la existencia aún no está preparada. -Es verdad. Eso es muy profundo. Vamos, la escoba está estacionada afuera. El pequeño gato negro saludó a su amiga, ella también lo hizo y luego de salir del templo la bruja subió su mascota al hombro, se acomodó en su escoba y comenzaron a volar hacia el castillo.


Vida de Gatos.  

Gato Chiflado está enamorado de Fifi. Ella dice que lo detesta profundamente pero el felino cree que tiene sentimientos ocultos por él.

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