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Una Tarde Ocupada. Tonta Bruja

Sapo

Sapita

Sapito

Sapote

MĂ­tipro


Lila

Floramón

Yonh

Bush

Mr. Malo

Jock Virlle

Era una mañana muy fría y muy oscura en el estado de Quién Sabe Dónde, es decir, una mañana como todas, cuando Tonta Bruja preparaba el almuerzo para comer exactamente al mediodía.


-Me sorprendes, mamá- dijo Sapita entrando. -¿Por qué? ¿Tan desastrosa soy todo el tiempo? ¿Tanto te he decepcionado? -Hubiera preferido no decir nada- dijo sentándose en una silla. -Oh, no, no, no… Ésa es mi silla- dijo la bruja. Sapita obedeció sin quejas para evitar que su madre enloquezca y de repente ambas ven una pequeña ratita que corre desde la heladera hasta un agujero en la pared que había del otro lado de la habitación. -Oh ¡qué lindo hámster! ¡Es tan tierno! -Es una rata, mamá. -¡¿Qué?! ¿Rata? ¡Qué asco! ¡Pequeños roedores del infierno! -Típico de las mujeres- dijo Sapo entrando con Sapito en la cocina. -¿A qué te refieres con “típico de las mujeres”, renacuajo? -Sienten desprecio sin razón. Si te hubieran dicho que eso era un hámster lo amarías. Pero por el simple hecho de ser una rata… -¿Estás llamándome atrevida?- lo interrumpió. -¿Qué? No… Lo que digo es que… -¡Pues! ¡¿Sabes qué?! ¡Tu madre es una jodida atrevida! -¿Y ella qué tiene que ver? Otra cosa típica de las mujeres. -¿Sabes qué otra cosa es típica de las mujeres? ¡Esto!


Tomó todos los platos, los tiró al suelo y luego sacó el pollo del horno y gritando “¡Sé libre, pajarito!” lo arrojó por la ventana. Después tomó a Sapita del brazo, la llevó hasta la salida de la cocina y dijo: -Sapita y yo nos vamos a la ciudad. -¡Entonces Sapito y yo nos iremos al bosque! -¡Sí!- gritó Sapito- ¡El Bosque de los Muertos Inútiles! -Pero ese bosque me da miedo… -Yo te cuidaré, papi. -¡Esperen, todos!- gritó Sapita- ¿Quién cuidará a Sapote? -¡Nosotros lo haremos!- dijo Floramón entrando en la cocina arrastrando a Mítipro. -¡No! ¡No podemos!- gritó Mítipro. -¿Por qué no, amorcito?- dijo ella mirándolo amenazadoramente. -No… No lo sé. -Debemos practicar para cuando tengamos hijos. -¿Piensan tener hijos?- preguntó Tonta Bruja sorprendida- ¿Ustedes? -Sí ¿algún problema?- dijo Floramón-. Si tú y la ranita René que tienes como esposo pudieron educar bien a sus hijos ¿por qué nosotros no? -Porque la flor de tu cabeza apesta igual que tu marido. -¡Tonta Bruja! ¡Soy tu hermano!


-¿Y eso qué? Lo bueno es que por fin pude deshacerme de la responsabilidad de cuidar a mi bebé y puedo irme de Shopping con mi hija. -¿Podemos ir al museo también?- preguntó Sapita. -Lo pensaré. -Vamos, hijo. Podemos tener un día de campo en el bosque. Y hacer cosas de hombres. -Suena genial, papá. Los cuatro se fueron casi corriendo del lugar. Tonta Bruja y Sapita subieron a la escoba mágica y marcharon a La Ciudad Más Cercana a Quién Sabe Dónde mientras que Sapo y Sapito tomaban “prestado” el ómnibus de Genio. Floramón y Mítipro se dirigieron rápidamente a la habitación del monstruo bebé sapo. Ella iba muy emocionada y alterada mientras que él caminaba sin ganas, arrastrando los pies y mirando el suelo. Cuando llegaron, abrieron lentamente la puerta y notaron que todo estaba oscuro. Mítipro presionó la perilla de la luz pero nada sucedió así que decidieron entrar. Todo estaba muy silencioso así que cuando estaban a mitad del camino que había entre la entrada y la cuna, saltaron sobresaltados porque la puerta se cerró de repente. Comenzaron a sentir ruidos muy potentes y extraños, los muebles comenzaron a moverse de lugar y un olor espantoso inundó toda la habitación. Los dos corrieron hacia la puerta pero al no poder abrirla se lanzaron a un rincón. -¡Escucha, esposa! Debes salvarte.


-¡No! ¡No te dejaré aquí! -¡Debes hacerlo! ¡Por mí! -¡Está bien! -¡Ya cállense los dos!- dijo alguien entrando en la habitación y levantando las persianas. Cuando las levantó por completo, Mítipro y Floramón se atrevieron a abrir los ojos y vieron a Bush, la hermana de él y de Tonta Bruja, junto a la cuna de Sapote. -Lo que acaban de presenciar fue un gas de Sapote. -¿Eso fue un gas?- preguntó Floramón. -Sí. Los poderes de esta familia vienen cada vez más raros en las nuevas generaciones. -¡Pensé que moriría!- gritó Mítipro. -Ay, no exageres hermanito. Debemos amar a este bebito, es nuestro sobrino. -¡Claro que no!- gritó Floramón- ¡Hoy es mío! Y de Mítipro, claro. -Pero puedo ayudarlos… -¡No! ¡Vete! -Pero, mi amor… -¡Tú cállate, Mítipro! -Está bien, maldita olorosa. -¿Cómo me dijiste? -No importa. Cuidemos a este bebé. Podemos hacerlo. -Si ustedes dicen- dijo Bush abandonando la habitación.


-¡Y qué sea la última vez que pienses que llevas los pantalones en la relación delante de otra persona!gritó Floramón- ¿Entendido? -Entendido, cielo. Sapote eructó potentemente y comenzó a golpear las paredes haciendo que todo el lugar comience a temblar. Los dos monstruos adultos dedujeron que tenía hambre así que con todas sus fuerzas lo levantaron, lo colocaron en su cochecito (que no era tan chiquito) y lo sacaron de la habitación. Después no sabían cómo bajar las escaleras, así que se subieron al carrito junto con el bebé y se lanzaron. El pequeño se reía placenteramente mientras Mítipro y su esposa gritaban como locos, pero llegaron sanos y salvos hasta el final y sólo tuvieron que soportar unos pocos insultos de la escalera. Una vez en la cocina, Floramón abrió la alacena y lo único que encontró fue un pastel de chocolate. “¿Cómo es que siempre hay pasteles de chocolate en este castillo?” pensó. Lo tomó, cortó un trozo y se lo dio al bebé. -¡No puedes darle eso, Floramón! -Creo saber lo que a un bebé le gusta. -Debe tomar leche tibia. -Está bien, lo haremos a tu modo. Pero tú la prepararás mientras yo como el pastel. Ella se sentó junto al bebé a comer el resto del pastel de chocolate mientras su esposo preparaba la leche y le ataba suavemente el babero a Sapote. De


repente, Calabazón entró rodando en la cocina, se dirigió hacia la alacena, dio un pequeño salto hasta la mesada y luego abrió la pequeña puerta con sus dientes haciendo movimientos extraños en el aire, ya que no tenía manos. Al terminar de hacer todas esas maniobras para sólo abrir la puerta de la alacena, vio otro pastel de chocolate, tomó la bandeja con los dientes y saltó hasta la mesa para comenzar a comerlo lenta y tranquilamente. -¿Otro pastel?- preguntó Floramón-. Pero… Pero… Yo tomé el último. -Quizá sólo te pareció- dijo Calabazón. -Sí, seguro lo imaginé. Mientras tanto, en el Bosque de los Muerto Inútiles, Sapo le comentaba a su hijo algunas historias de su adolescencia mientras se comía todo lo que llevaba en la canasta. -No dejarás nada para cuando nos sentemos a descansar, papá. -Oh, lo siento, tienes razón. ¿Quieres?- dijo ofreciéndole una galleta mordida. -No, gracias. Estoy bien. -Tú te lo pierdes. Para Sapita las cosas no iban muy bien que digamos, pues, su madre pasó de largo el museo durante el vuelo y se dirigió directamente al


shopping donde le hizo probar más de veinte pares de zapatos con tacones. -Pero soy un sapo, mamá… -¡Un sapo hembra! -¡Pero sólo tengo trece años! -¡No me grites! -¡Tú tampoco entonces! -Está bien, estamos a mano. Pruébate estos- dijo enseñándole unos zapatos horribles. -¿Qué tal unos deportivos? -¿Deportivos? Eso no es fashion. -Pero…- dijo pensando un poco-. Pueden servirme si quiero ser una estudiante de Brujería Guerrera ¿no? -¡Oh! ¡Tienes razón! Sapita no sintió muy bien por manipular a su madre de esa manera, pero realmente odiaba probarse tantos zapatos. Su madre le trajo unas zapatillas deportivas blancas con algunas pequeñas rayas rosadas que no le disgustaron tanto, así que se las probó mostrando una sonrisa. En el Bosque de los Muertos Inútiles, los chicos comenzaban a adentrarse más y más acercándose a la zona más oscura, donde los muertos caminan. Sapo se sentía cada vez más asustado y su hijo intentaba calmarlo. -Ya te dije que los zombies son inofensivos. Sabes la historia ¿no? -Creo que sí…- dijo moviendo sus ojos hacia ambos lados-. Pero me gusta oírla.


-Está bien, me la contó Sapita. Creo que puedo recordarla…

-¡¿Qué es eso?!- gritó Sapo. -Pues, una idea es una… -¡No! ¡Eso no! ¡¡ESO!! En el shopping, Tonta Bruja estaba a punto de obligar a su hija a entrar en un local de vestidos horrendos hasta que distinguió a lo lejos a su mejor amiga Lila, discutiendo con el tipo de la tienda de timbres. -¡Qué raro! Ven, hija. Vamos con Lila. -De la que me salvé. -¿Qué dices? -Nada. Nada, mamá.


Dijo segundos antes de tener que alcanzar a su madre corriendo porque vio que su mejor amiga salía del negocio. También vio al hombre de los timbres llorando sobre su mostrador desconsoladamente. -¡Lila! -¡Oh! ¡Tonta Bruja! Gritaron ambas abrazándose y saltando mientras daban varias vueltas. Luego comenzaron a hacer un ridículo baile mientras cantaban “Tik Tok” con la letra mal pronunciada hasta que se cansaron. -Veo que has venido con tu hija. Eso es genial, puede unirse al grupo. -No, yo no… -¡Claro que sí! Mi hija será una bruja guerrera. -Mamá, yo no… -¡Tengo una idea!- interrumpió Lila-. Hay una tienda aquí a dos cuadras donde venden armas ¿quieren ir a verla? -¡Eso sería espectacular!- gritó Tonta Bruja. -¿Cómo me metí en esto?- se preguntó Sapita cubriendo su rostro con sus manos. En el castillo, Sapote ya había terminado de beber su enorme biberón y lanzó un potente eructo que dejó inconsciente a Mítipro y a Calabazón pero no pudo con Floramón, ella ya estaba acostumbrada a los olores gracias a la flor de su cabeza. Sapote le señaló con sus enormes manos la escalera, por lo que ella dedujo que quería volver a


su habitación a dormir una siesta. Lo subió al carrito con todas sus fuerzas y luego utilizó su poder de estirar sus brazos de rama para subir por la escalera sosteniéndose de las dos barandas de madera. Lo dejó en su habitación y luego se recostó en el pasillo y se quedó dormida. No pudo soportar los olores y los esfuerzos de subir a Sapote por la escalera. Fuera del Shopping, Tonta Bruja y Lila caminaban rápidamente observando cómo se vestían todas las personas para criticarlas. Sapita caminaba detrás de ellas quejándose del dolor que le habría provocado probarse tantos zapatos incómodos. A unos pocos metros de la tienda de armas, pasaron por una joyería donde oyeron a una mujer gritando y decidieron entrar. No vieron a nadie en el interior, así que se dirigieron hacia la parte trasera, el depósito, y vieron a una mujer con una herida en la cabeza en el suelo y a Jock Virlle con un bate en sus manos. -Tonta Bruja…- dijo él-. Yo… Puedo explicarlo. -Déjame adivinar... Le estabas enseñando a batear y por accidente golpeaste a la horrible mujer en la cabeza. -¡No, Tonta Bruja!- gritó Lila-. ¡Él la golpeó! Está robando la joyería. -¡Oh, por Dios! ¡Casi caigo en tus juegos mentales, Jock Virlle. Pero soy demasiado lista para eso. -¡Eso no fue lo que pasó!


-¡No te creo nada!- gritó Lila-. ¡Arriba tus manos! ¡Put your hands up! -¡Put your hands up! ¡Put your hands up!- cantó Tonta Bruja al ritmo de Crash, la canción de Gwen Stefani. Mientras tanto en el bosque, Sapito buscaba a su padre por todos lados porque se había escondido luego de asustarse con uno de los caminantes inofensivos de los que su hijo ya le había advertido. Cuando por fin lo encontró, lo tranquilizó dándole de comer un trozo de pastel de chocolate. Y funcionó. Entonces continuó con su historia.

-Oh, qué bonita historia- dijo Sapo llorando. -¿Ya no les tienes miedo a los zombies, papá? -De hecho, ahora les tengo más terror que antes. Pero el pastel de chocolate está delicioso ¿no quieres probarlo?


Una vez que Jock Virlle aceptó ponerse las esposas, salieron de la joyería y la policía ya estaba allí gracias al llamado de Lila. Realmente desconocemos el paradero de esta ciudad donde la policía es tan rápida, sino le comentaríamos sobre ella. Se llevaron al villano que aún gritaba ser inocente y las chicas continuaron sus compras en la tienda de armas “Moda Mortal”. -Necesito un arma no tan pesada pero que sea potente- comenzó Tonta Bruja a explicarle al anciano de la tienda-. Que sea fácil de trasladar, que entre en el bolsillo pero que sea lo suficientemente grande para que duela cuando uno la arroja luego de que se nos acaba las municiones. También necesito que combine perfectamente con los ojos oscuros, hermosos y profundos de mi hijita guerrera. -¡Ya basta, mamá!- gritó Sapita. -Oh, lo siento. A veces hablo de más y avergüenzo a mi gran guerrera. Olvido que ya es toda una mujer. -¡No! ¡Sólo tengo trece años! ¡Y no quiero estudiar Brujería Guerrera! -Pero… ¡¿Qué?! ¡¿Me mentiste?! -Lo siento, mamá. Pero tú me obligaste a hacerlo. -¡Tú serás una bruja guerrera! -¡No lo haré! Sapita comenzó a llorar y luego a correr hasta salir de la tienda de armas. El anciano estaba un poco fuera de sí y poco entendía la situación así que simplemente dijo “Adiós, señoritas” cuando Tonta


Bruja y Lila salieron corriendo tras la pequeña. Fuera del negocio vieron como la niña sapo ingresaba en un callejón y al alcanzarla la encontraron llorando detrás de un bote de basura. Su madre se sentó junta a ella un tanto indiferente al principio pero luego la abrazó, le dijo que todo estaba bien y que arreglarían las cosas en casa. Cuando finalizó sus disculpas, las tres vieron que una puerta de madera que había en el callejón y daba a un viejo edificio se abría. De allí salió Mr. Malo, quien las miró completamente sorprendido e ingresó nuevamente al lugar de donde salió. -Esperen un momento- dijo Lila-. Yo… Recuerdo este lugar. -¿De qué hablas?- preguntó Tonta Bruja-. Yo soy la protagonista de esta disparatada historia. ¡Yo debo recordar los lugares! -Pero tú nunca has estado aquí, Tonta Bruja. Mr. Malo me ha secuestrado el día de mi boda y me trajo aquí. Debe ser uno de sus cientos escondites. -¡Maldito Mr. Malo! ¡Es mi peor enemigo! -¿No era Jock Virlle? -No, él es mi mejor enemigo. Adoro a ese sujeto. Si se casara podríamos tener una cita doble con Sapo y su mujer. Pero se ve que es un maldito amargado, podría presentarle a mi hermana ¿no crees? -No veo por qué no- dijo Lila-. Pero antes… Quiero vengarme de Mr. Malo. -¿Qué tienes en mente? -No sé, seamos espontáneas. ¡Primero entremos!


-¡Me parece bien! -¿No pueden dejarlo para después?- dijo Sapita secándose las lágrimas-. Quiero irme a casa, estoy aburrida. -¡Ahora perteneces al grupo, hija! ¡No hay vuelta atrás!- dijo mientras ella y Lila comenzaban a reírse de manera macabra. -Está bien, como digan. Pero no vuelvan a reírse así. Las tres abrieron la puerta fácilmente ya que estaba sin llave pero una vez que entraron se encontraron con un pasillo sin salida con un cartel en la pared que decía: “Siga sólo si entiende la Tilitremzpurtekoum”. -¿Tiliti qué?- preguntó Lila. -Es un vocablo en ICAPA- dijo Sapita-. Se refiere a la teletransportación. -¡Yo tengo teletransportación!gritó emocionadísima Tonta Bruja-. Esperen un momento… ¿Mr. Malo maneja la teletransportación también? ¿Desde cuándo? -Debe ser obra de algún cristal Trinití- dijo Lila. -¡Claro que no!- gritó la bruja-. Él sólo tiene en su poder el cristal Trinití Negro que sirve para viajar en el tiempo, pero no sabe cómo usarlo. -Puede haber hecho un trato con algún demoniodijo Sapita. -Creo que debemos averiguarlo, tomen mis manos… Lila y Sapita tomaron las manos de Tonta Bruja, ella cerró sus ojos y concentrándose en atravesar la


pared para aparecer del otro lado pronunció sus palabras mágicas: “Chinfli Chonflo”. Mientras tanto en el bosque, Sapito notó que estaba oscureciendo y le sugirió a su padre que debían volver al castillo pero Sapo contestó agresivamente que todavía no había acabado su pastel de chocolate. -Papá… Piensa en esto… Si se hace de noche te darán más miedo los Zombies. -No, ya no pueden asustarme más. Estoy completamente aterrado. Si no fuera por el chocolate me temblarían las patas, pero debo terminar el pastel. -¿Qué pasa con esos pasteles? Parece que vuelve adicto a cualquiera que los pruebe. -¡Es que son deliciosos! -No lo sé, papá. Luego le comentaré a Sapita, ella sabrá qué hacer. -Tu hermana es tan inteligente. A veces creo que me odia. -No te odia. Tampoco odia a mamá. Es sólo que ustedes la sofocan un poco. Mamá siempre dice que ella tiene un “papel” más importante que yo en los cuentos, pero no sé a qué se refiere. -Tu madre está loca. Yo la vuelvo loca, loquita loca, loca por mí- dijo cantando. -Volvamos a casa, papá. -Está bien- dijo metiendo en su boca el último trozo de pastel.


-¿Por dónde volvemos? -Pues, yo… No sé… En la ciudad, una vez dentro del escondite, las chicas vieron que Mr. Malo ya no estaba pero había joyas por todos lados. Lila gritó exageradamente que no tocaran nada porque eran pruebas de un delito pero en realidad era ella la que observaba los collares y los anillos como si nunca hubiera visto algo igual. La policía llamó al comisario de la ciudad, Tonta Bruja hizo un agujero en la pared con su rayo para que pudieran entrar a ver las joyas y eso fue suficiente para que comenzaran a buscar a Mr. Malo y liberaran a Jock Virlle, con el que bebieron un café y luego decidieron volver a casa. Lila fue recogida por Yonh en su auto parlante, Jock Virlle se fue caminando y Tonta Bruja se fue en su escoba voladora con su hija. En el camino, mientras sobrevolaban el Bosque de los Muertos Inútiles, vieron a Sapo y a Sapito un tanto desorientados, así que la bruja dejó a Sapita en el castillo y luego volvió a por ellos. Una vez en el castillo, se sentó en su sofá a ver el DVD del documental de mariposas que tanto le gustaba y todo era paz y tranquilidad hasta que su hermano y su cuñada aparecieron en el living gritando como locos. -¡Fue horrible! ¡Fue horrible!- gritaba Floramón.


-¡Cálmate, mi cielo!- intentaba calmarla Mítipro aunque él lloraba de manera más exagerada que su esposa. -¡Por Dios! ¿Qué les ha pasado? ¿Realmente quieren ser padres? Sólo hay un secreto: despreocuparse totalmente. -Lo siento, Tonta Bruja- dijo Floramón-. Pero no puedo hacer eso. -¡Mamá!- gritó Sapita bajando las escaleras-. ¡Sapote no está en su habitación! -¿Qué? ¡¿Qué han hecho con él?!- dijo mirando amenazadoramente a su hermano. -¡No lo sé! ¡Hace cinco minutos estaba allí!- dijo Mítipro comenzando a llorar más fuerte que antes. -Está bien, ya cálmate, llorón. -¡Lo vi!- gritó Sapito entrando desde la cocina con un trozo de pastel de chocolate-. Desde la ventana del comedor, estaba dirigiéndose al Bosque de los Muertos Inútiles. -¡Ya voy!- dijo Tonta Bruja corriendo a buscar su escoba. La bruja salió del castillo haciendo un agujero en el techo, perdió su sombrero y tuvo que volver a buscarlo pero nuevamente todo el mundo estaba mirando hacia otro lado y no vieron el hermoso cabello pelirrojo de la bruja. Sapito se acercó a su hermana con el trozo de pastel y le pidió que lo estudiara porque le extrañaba la adicción que causaba en todos.


-Si yo hago esto- dijo Sapita-. ¿Dejarás de golpear las paredes de tu cuarto que dan al mío?- agregó cruzándose de brazos. -Pero… -¡Es eso o no hay trato! -¡Está bien! Lo prometo. -Esto de ser inteligente por fin da frutos. Un paso a la vez, Sapita- se dijo a sí misma. Una hora más tarde, Tonta Bruja regresó al castillo y vio que en la sala de estar esperaban Sapo, Mítipro, Floramón y Bush. Ella se acercó muy preocupada, les dijo que no había podido encontrar a su bebé y que necesitaba su ayuda. Mientras explicaba el recorrido que había hecho comenzó a llorar y Sapo se acercó a calmarla. -Tranquila, Tonta Bruja. Vamos a encontrarlo. -Lo sé, lo sé- dijo secándose las lágrimas con su túnica. Los adultos salieron del castillo directo al Bosque de los Muertos Inútiles y Sapita bajó al living gritándole a su hermano para que se acercara. -Tenías razón- dijo Sapita-. Este pastel está lleno de polvo Trinití, lo más adictivo que existe en el universo. No sé de dónde pudo salir, se supone que la OMST había escondido todo el polvo que quedaba en el planeta. -Tenemos que averiguar quién hace estos pasteles. -Estoy de acuerdo, pero no le digamos a nuestros padres.


-Está bien. Continuará…


Una Tarde Ocupada.