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Guía para padres

Un informe sobre los problemas de nuestros jóvenes adolescentes En este informe hablaremos más profundamente de los problemas de la adolescencia, etapa por la cual todos pasamos, profundizaremos en los problemas por los cuales estos se ven afectados tratando de aclarar las principales dudas. Cuando hablamos de “problemas de adolescentes”, en lo primero que pensamos es en drogas y alcohol, pero no es sólo eso, también existen problemas con los padres, enfermedades como la anorexia y la bulimia, depresión, etc. Todo esto afecta la vida diaria de un adolescente, pero lamentablemente no se tiene mucho conocimiento sobre cada uno de ellos. Pero empezemos por lo principal, ¿Qué es la adolescencia? La adolescencia es la edad que se sitúa entre la infancia y la edad adulta y el estado de la persona joven. La adolescencia comprende principalmente desde los 13 años a los 18 años. Para construir una nueva forma de ser en el mundo… los adolescentes deben salir de sus casas. El grupo de amigos es lo más importante en este momento de la vida, y es el lugar donde ellos van a construir su nueva subjetividad. Los padres se hacen menos imprescindibles. Los jóvenes pasan mucho tiempo hablando por teléfono, al frente de la computadora, escuchando música o fuera de casa, lo que irrita a los padres y produce conflictos. Los conflictos y discusiones, aunque sean frecuentes, no tienen que ver con la personalidad de los padres ni con la de ellos. No es que no los aprecien o no los quieran más, sino que está relacionado con la necesidad de los adolescentes de independizarse y construir su propio proyecto de vida. A la vez que se esfuerzan por ser más independientes, intentan nuevos caminos; pero si se enfrentan con dificultades, suelen enfurecerse, estar mal humorados y perder la confianza en sí mismo; lo que los lleva a refugiarse en sus familias. Los problemas más frecuentes que pueden atravesar los adolescentes son: Problemas emocionales: Que adolescente no se ha sentido tan triste que ha llorado y deseado alejarse de todo y de todos; pensando que lo vida no merece la pena vivirla. Estos sentimientos pueden dar lugar a un estado depresivo que puede esconderse bajo excesos alimenticios, problemas para dormir y preocupaciones excesivas sobre su apariencia física. También pueden expresarse estos trastornos en forma de miedos o ataques de pánico. Problemas de conducta: Por un lado los adolescentes desean que sus padres sean claros y les suministren límites precisos pero cuándo esto se realiza, ellos sienten que le quitan la libertad y no le permiten tomar sus propias decisiones. Se producen desacuerdos y muchas veces los padres pierden el control no sabiendo que les está pasando a sus hijos, ni donde están. Por lo tanto, es importante que los padres pregunten y conozcan donde están sus hijos, con quién están y adonde van. Y los hijos informen a sus mayores. Problemas escolares: Muchas veces los adolescentes rechazan ir al colegio expresando así una dificultad en separarse de sus padres. Esto se puede expresar en forma de “dolores de cabeza” o “estómago”. Otros de los problemas puede ser la dificultad de integración al grupo de pares o conflictos con algún alumno, puede estar siendo acosado por algún compañero. Todas estas situaciones pueden hacer que concurrir al colegio se convierta en una experiencia solitaria y amenazadora. Otros problemas pueden estar asociados a estados depresivos, ansiosos y a la falta de confianza en sí mismos para encarar los desafíos del aprendizaje escolar y el de hacerse de amigos. Estos problemas emocionales afectan al rendimiento escolar, pues es difícil poder concentrarse en la tarea cuando se está preocupado por uno mismo, los problemas familiares o de amistades. Problemas sexuales: A veces los adolescentes son tímidos y están preocupados por su físico y esto lleva a que no hagan preguntas acerca del sexo a sus mayores. En otras oportunidades pueden recibir información errónea de sus amigos y compañeros. En otras ocasiones, puede ocurrir que sus experiencias sexuales las realicen en situaciones de riesgo de


embarazos no deseados o de posibles contagios de enfermedades de transmisión sexual. El frecuentar situaciones de riesgo puede indicar problemas emocionales o reflejar una necesidad de vivir al límite. Para prevenir dichos problemas sexuales es importante que los padres, docentes, médicos de cabecera o centros de orientación familiar, ofrezcan a nuestros jóvenes la adecuada información y orientación sexual. Problemas de alimentación: Pueden sufrir de anorexia o bulimia nerviosa. Con respecto a la primera enfermedad, el sujeto se niega a comer y se ve con sobrepeso aunque realmente esté muy delgado. Con respecto a la bulimia, pueden tener sobrepeso o no pero ellos canalizan sus problemas a través de la ingesta inadecuada de alimentos, esto los deprime y hace que deseen superar este estado de ánimo a través de la comida produciéndose un círculo vicioso difícil de controlar si no se los pone en tratamiento. Problemas con el uso de alcohol, drogas y pegamento: El alcohol es la droga que mayor frecuencia causa problemas en los adolescentes. Los padres deben estar atentos a cualquier cambio repentino y grave de conducta de sus hijos. La mayoría de las dificultades en la adolescencia no son ni graves ni duraderas, pero el adolescente tiene que pasar por alguna de ellas para constituirse en un ser libre e independiente con un proyecto de vida.

Diálogo y escucha, dos principios fundamentales para afrontar todos los cambios que se suceden en este maravilloso momento de la vida de nuestros hijos.

Es un fenómeno en crecimiento que se da en varios países; viven sin saber qué hacer o para qué esforzarse, lo que les gen era angustia

Miguel tiene 17 años, vive en el Barrio Ramón Carrillo, en Villa Soldati y dejó de ir al colegio en 2009 porque debía algunas materias y terminó repitiendo el año. "Me cansé de estudiar cosas que después no me sirven para nada. Igual, si termino de estudiar, después es muy difícil conseguir un trabajo. Ahora estoy ayudando a mi viejo con algunas changas hasta que consiga algo", cuenta. Así como Miguel, son muchos los casos de adolescentes que ni estudian ni trabajan. La problemática se extiende también a otras partes del planeta, como España o México, donde ya se los conoce como "Generación Nini". Y hasta existe un proyecto para incorporar el vocablo al diccionario de la Real Academia Española . En febrero de 2010, en el 47° Curso de Rectores del Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) , el presidente de la Comisión de Pastoral Social Monseñor Casaretto, señalaba ante más de 1500 docentes que la Argentina debe "ocuparse de los 900.000 jóvenes de todo el país que no estudian ni trabajan", según estadísticas de la Cepal y la OEI. En diálogo con DIARIO JUVENTUD, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, que participó de la inauguración del encuentro, negó entonces que llegaran a 900.000 los chicos de 13 a 19 años que están fuera del secundario , donde hoy estudian 3,7 millones de alumnos, aunque aclaró que compartía la preocupación y el diagnóstico de la Iglesia. Según las estadísticas del ministro de Educación, la cantidad de chicos que no están escolarizados en el secundario asciende a 550.000. Sileoni dijo que el abandono escolar es un problema en todo el mundo y reseñó varias acciones cumplidas, como haber llevado la inversión educativa en todo el país al 6% del PBI y establecer la obligatoriedad del secundario. A esas medidas ahora hay que sumar el anuncio que el último 6 de abril realizó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre los 3 millones de netbooks que serán entregadas hasta 2012 a los estudiantes de las escuelas secundarias de todo el país.


La licenciada Jazmín Gulí, psicóloga especializada en constelaciones familiares y terapias de pareja y autora del libro Amor Delivery: sexo y amor en la era del consumo (Aguilar), sostiene que en los últimos quince años las consultas de adolescentes son por estados de angustias difusas más que por vivencias traumáticas o peleas con los padres; la angustia que se despierta ante la falta de bordes definidos, de límites claros, reglas para oponerse y transgredir. Una nebulosa indiferenciada que se vio incrementada durante los últimos tres años con la solicitud de terapias para chicos de 18 a 21 años que debían materias de la secundaria, y no sabían qué seguir haciendo después. Sin saber en quién y en qué creer, o para qué esforzarse, una sensación de sin sentido acompaña a estos adolescentes. "Entiendo que en toda transformación hay pérdidas y ganancias, y seguramente estamos yendo hacia una nueva percepción de la vida más realista en cuanto a lo incierta y frágil que es, cuando muchos de los valores anteriores se apoyaban en una idea errónea e ilusoria. Ahora, en esta transición, al perderse ciertas seguridades y garantías, se está perdiendo también el sentido, el para qué hago lo que hago si, en definitiva, nada permanece", advierte. Para Gulí, también se puede tomar este pasaje a lo incierto como una invitación a buscar aquello que es esencial, dentro de lo cual podría mirarse al trabajo en sí como aquello que nos asemeja a la vida. "Allí donde hay jovencitos que descreen del título de la secundaria o de los beneficios de un trabajo, habría que orientarlos a que busquen la realización en concretar su esencia, que aprendan a hacer aquello que más les gusta, en serio. Claro, lo bueno sería que les guste algo", apunta. Para Liliana Mayer, socióloga y máster en Investigación en Ciencias Sociales (UBA - Conicet), mientras duró el Estado de Bienestar, la escuela estaba articulada a un entramado social más amplio, que suponía que una vez terminado el proceso de aprendizaje los jóvenes accederían a algún trabajo digno. Inclusive para quienes quedaban excluidos de las instituciones educativas, existían mecanismos paralelos de integración social. "Esta situación permitía pensar en diferir la satisfacción, en pos de un sacrificio que redituaría en algún futuro cercano. Esto no es lo que sucede con muchos jóvenes en este momento para quienes no hay futuro. En este sentido hay que aclarar que el abandono escolar está relacionado con las relaciones de clase y económicas y que se expresa con mayor intensidad en los sectores populares". Y añade: "Esto habla de los problemas que atraviesan las instituciones educativas para relacionarse con los nuevos alumnos, y también de la dificultad de sostener una rutina de sacrificio en pos de un futuro mejor, cuando no se vislumbra futuro alguno. Entonces la rutina escolar no sólo se vuelve poco atractiva -situación que se refuerza frente al formato flexible de los medios de comunicación- sino, principalmente, intolerable". Eva tiene 19 años, vive en la villa 31 de Retiro, y dejó el colegio para ayudar a su mamá a cuidar a sus cinco hermanos cuando ella trabaja. "Mi mamá trabaja en casas de familia, y como yo soy la más grande me quedo con mis hermanitos cuando no está. Igual, el año que viene espero poder anotarme para terminar", cuenta. En cuanto a la población Nini de la ciudad de Buenos Aires (es decir, residentes de 13 a 19 años), al momento del relevamiento de la Encuesta Anual de Hogares del 2008 (octubre-noviembre) no asistía a la enseñanza y era inactivo (no trabajaba ni buscaba) el 3,8%; si se agregan a los activos pero desocupados, el valor asciende al 5,4%. Es decir son valores bajos con respecto al resto del país. "Hay que tener en cuenta que en el ámbito laboral éste es uno de los grupos etários más vulnerable y frágil, al que les cuesta bastante conseguir empleo debido a su escasa experiencia laboral, calificación y nivel de instrucción. Con respecto a la asistencia escolar el 89% asiste a la enseñanza formal, nivel también bastante alto, aunque menor a la asistencia al nivel primario (97,7%)", destacó por su parte Victoria Mazzeo, jefa del Departamento Análisis Demográfico de la Subdirección General de Estadísticas Sociodemográficas que depende de la Dirección General de Estadística y Censos del gobierno porteño. En cualquier caso, estos índices hablan de una crisis de cohesión social, y de la necesidad de profundizar en la intervención de un Estado benefactor, aún con todos las críticas que se puedan hacer al caso argentino. .



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