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Siglo nuevo

EL HOMBRE BIÓNICO osiblemente recuerde o haya escuchado hablar a sus padres sobre aquellas series de televisión de los años setenta tituladas El hombre nuclear y La mujer biónica, que trataban de las aventuras de individuos provistos de componentes electrónicos (ambas piernas, un brazo, un ojo y/o un oído) basados en un innovador proyecto llamado biónica -mezcla de biología y electrónica. Pues bien, este concepto realmente surge desde 1960, a raíz de que varios investigadores de la fuerza aérea de los Estados Unidos estudiaron el funcionamiento de los ojos de las abejas para crear un sistema similar que pudiera integrarse a la aeronáutica. Los estudios continuaron hacia el área médica, indagando la fisiología humana en busca de la creación de prótesis e implantes que semejaran a su funcionamiento natural y ayudaran a las personas a recuperar un sentido o una extremidad perdida, de ahí el nombre de Medicina Biónica. Aunque se han desarrollado varios prototipos de implantes biónicos, no se ha conseguido crear una prótesis biónica -las más avanzadas son electrónicas-, ya que se requiere de la conexión de los nervios humanos a la máquina y viceversa, es decir, que la persona pueda mover la extremidad bioelectrónica de la misma manera en que movía la suya, algo que, todavía es difícil de lograr.

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LOS ALCANCES DE LA CIENCIA Actualmente, la Medicina Biónica permanece en estudio en

países como Dinamarca, Estados Unidos y Alemania, a un buen nivel de desarrollo. En México destaca la investigación en materia de prótesis de brazo que está realizando el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional de la Ciudad de México, en conjunto con la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Según el Doctor en Ingeniería Eléctrica Roberto Muñoz, investigador titular del Cinvestav, existen avances en el desarrollo de un brazo electrónico -que no es biónicoque puede hacer algunos movimientos similares a los del brazo humano controlados a través de señales eléctricas enviadas por los músculos de la persona a la máquina. Sin embargo, “sabemos que el brazo humano, desde el hombro hasta la punta de los dedos, puede realizar hasta 594 millones de movimientos, mientras que esta prótesis sólo puede realizar tres o cuatro”, expone. Igualmente, en fase de investigación se encuentran: el ojo biónico, que consiste en una cámara que lleva información sobre colores, que deja pasar más o menos luz, y se conecta al nervio óptico. Éste funcionaría en personas con desprendimiento de retina o con glaucoma. El músculo biónico, al que se le aplica un impulso eléctrico a través de un alambre para que se produzca una contracción, simulando la función del músculo real. Y la nariz biónica, que consiste en un circuito con traductores que convierten ciertos tipos de gas en impulsos eléctricos que se envían a los nervios olfatorios, a imitación del fun-

cionamiento de los censores naturales. Por desgracia, nadie ha sido beneficiado aún con esta clase de prototipos. De los sistemas más avanzados –que sí se han utilizado con gran éxito, sobre todo en Estados Unidos- se destaca el implante coclear u oído biónico, que funciona a través de un dispositivo que transforma señales acústicas en eléctricas llevándolas al nervio auditivo. LO QUE VIENE A pesar del trabajo de investigación constante en el que participan todo tipo de médicos por especialidad (cirujanos, ortopedistas, neurólogos, oftalmólogos, según el área de la prótesis o el implante que se quiera analizar), todavía falta algún tiempo para que podamos ver la mayoría de estos aparatos conectados en humanos. “Los investigadores no hemos logrado desarrollar materiales que puedan ser conectados a las personas, faltan conocimientos sobre las funciones fisiológicas humanas, además de presupuesto para el desarrollo de estas investigaciones. Por eso creo que estamos en la primera fase”, refiere el Doctor Muñoz. No obstante, la Biónica se ha ramificado y se ha descubierto que también beneficia

la creación de métodos en favor de la ecología. Por ejemplo, el Cinvestav y la Universidad Autónoma de Barcelona trabajan en la creación de lenguas biónicas: censores que imitan la función gustativa humana y detectan amonio, plomo u otros componentes en el agua potable. De la misma manera, la nariz biónica se ha desarrollado con la finalidad de ser usada en las profundidades de las minas para detectar cantidades peligrosas de gases, y en las ciudades para vigilar los contenidos contaminantes de la atmósfera. Gracias a la labor científica, es muy probable que en un futuro cercano podamos ver personas con extremidades y órganos biónicos, y todo lo que la imaginación alcance. Mientras la medicina continúe aportando nuevos conocimientos de las funciones biológicas humanas, y la electrónica desarrolle métodos y materiales que se adapten al cuerpo humano, seguiremos siendo testigos de los maravillosos milagros que puede lograr la ciencia. §

Fuente: Doctor en Ingeniería Eléctrica Roberto Muñoz, Investigador titular del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional de la Ciudad de México. Sn • 55

organos bionicos  

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