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Iglesia de Battle Creek lidera esfuerzos ante la crisis de vivienda asequible

Por Justin A. Hinkley - Bridge Michigan

Esta historia forma parte de la cobertura del Southwest Michigan Journalism Collaborative sobre desarrollo comunitario equitativo. SWMJC es una coalición de 12 organizaciones regionales dedicadas a fortalecer el periodismo local y de la que New/Nueva Opinión es miembro. Para más información, visite swmichjournalism.com.

French imagina un vecindario próspero en el que los residentes generen patrimonio a través de la propiedad de vivienda y reinviertan esa riqueza en su propia comunidad.

Por ello, ella y los miembros de su congregación en la Washington Heights United Methodist Church de Battle Creek están recaudando fondos para construir 17 viviendas en uno de los vecindarios más empobrecidos de la “Ciudad del Cereal”. Una organización sin fines de lucro derivada de esta histórica iglesia ya ha renovado una vivienda y busca financiamiento para continuar el proyecto.

“Estimula a la comunidad”, afirmó French, quien también se desempeña como comisionada del condado de Calhoun, al referirse a los esfuerzos de construcción de viviendas de su iglesia. “Revive la esperanza”.

La iglesia de French se suma a varias congregaciones en todo Michigan —en Traverse City, Charlevoix, Grand Rapids, Detroit y otras localidades— que han incursionado en la construcción de viviendas para ayudar a aliviar una escasez habitacional que, según economistas, frena el crecimiento al limitar la generación de patrimonio personal y agrava la escasez de mano de obra.

Michigan cuenta con 4.7 millones de unidades de vivienda, y funcionarios estatales señalan que se requieren aproximadamente 119,000 más para satisfacer la demanda.

Si bien las iglesias han estado involucradas en la construcción de viviendas durante décadas, el número de proyectos respaldados por comunidades de fe a nivel nacional se ha acelerado en los últimos cinco años, a medida que crece la conciencia sobre la crisis habitacional, explicó Nadia Mian, directora sénior de programas en el Ralph W. Voorhees Center for Civic Engagement de Rutgers University, quien ha investigado este fenómeno.

Esa tendencia también se observa en Michigan, señaló Katie Bach, portavoz de la Michigan State Housing Development Authority.

“Estamos viendo un mayor interés por parte de las iglesias, a medida que la crisis de vivienda se vuelve más visible y urgente”, escribió Bach en un correo electrónico a Bridge Michigan. “La vivienda está convocando a socios de diversos sectores, y las organizaciones basadas en la fe forman parte de ese compromiso más amplio”.

El aumento vertiginoso de los costos de construcción ha dificultado el desarrollo de viviendas asequibles, lo que implica que muchos de estos proyectos dependan de subsidios estatales o federales, donaciones privadas o inversión externa.

“Las pocas entidades que brindan apoyo financiero están algo divididas respecto de dónde asignan sus recursos”, dijo Richard Cannon, director ejecutivo de Church of the Messiah Housing Corp., una organización derivada de una iglesia de Detroit que ha construido viviendas en la “Ciudad del Motor” desde 1978.

Un enfoque “integral”

Muchas iglesias, tras años de disminución en su número de feligreses, cuentan con edificios vacíos y terrenos sin uso, indicó Mian. Además, suelen estar ubicadas cerca de centros comunitarios, transporte público, escuelas y hospitales, lo que las convierte en ubicaciones estratégicas para el desarrollo residencial.

Las iglesias ya desempeñan un papel de apoyo a sus comunidades, añadió Mian, por lo que involucrarse en la vivienda asequible representa una extensión natural de su misión.

La pastora Monique French, de la Iglesia Metodista Unida y Comunidad del barrio Washington Heights, posa dentro de una nueva vivienda renovada por la iglesia ubicada en el número 253 de Greenwood, en Battle Creek.
(John Grap/Para Southwest Michigan Journalism Collaborative)

“Generalmente no se trata de proyectos especulativos”, señaló. “Probablemente es la única propiedad que poseen y sobre la que pueden construir. Ese elemento de fe cumple una función clave en lo que hace que estos proyectos sean algo distintos”.

Por esta razón, los defensores sostienen que las iglesias necesitan respaldo. A nivel nacional, un movimiento conocido como Yes in God’s Backyard —YIGBY—, en contraposición al fenómeno “Not In My Backyard” (NIMBY), impulsa legislación para flexibilizar restricciones de zonificación y otorgar subvenciones destinadas a la construcción de viviendas en terrenos eclesiásticos. Más de una docena de estados han presentado o aprobado leyes inspiradas en YIGBY en los últimos años, según la National Conference of State Legislatures.

En Washington D.C., el senador estadounidense Mark Warner, demócrata por Virginia, patrocina una iniciativa para simplificar regulaciones y asignar 50 millones de dólares anuales en subvenciones, a través de su propuesta Yes In God’s Back Yard Act. En declaraciones a Bridge Michigan, afirmó que “vamos a necesitar un enfoque integral”.

Defensores de la vivienda en Michigan citan el caso de California, donde en 2023 los legisladores aprobaron una ley que permite a las iglesias omitir la mayoría de los requisitos locales de permisos cuando construyen viviendas asequibles en sus terrenos.

“En realidad solo estamos tratando de obtener una parte de ese pastel aquí”, dijo Lauren Strickland, directora ejecutiva de Abundant Housing Michigan, una organización sin fines de lucro que promueve reformas regulatorias para facilitar la construcción de viviendas.

En Lansing, aún no se ha presentado legislación YIGBY. Diversos grupos la están promoviendo, aunque este tipo de iniciativas han enfrentado resistencia a nivel nacional, por su potencial de anular regulaciones locales.

Las iglesias, al igual que otros desarrolladores, pueden verse limitadas por normativas de zonificación que prohíben el uso residencial en zonas comerciales, por requisitos de estacionamiento o por procesos de permisos que resultan complejos para congregaciones sin experiencia en desarrollo inmobiliario.

“Tienen propiedades existentes”, explicó Strickland. “Puede que no encajen perfectamente en lo que establecen los códigos de zonificación. Ese ir y venir no es sencillo”.

La importancia de las alianzas

Por ello, las alianzas son fundamentales para el éxito de las iglesias, sostuvo Cannon.

Cuando su organización comenzó a operar a fines de los años 70 e inicios de los 80, construir era más económico, las subvenciones eran menos competitivas y la burocracia era más limitada. Las iglesias y pequeñas organizaciones sin fines de lucro —conformadas por voluntarios que trabajaban a tiempo completo en otros empleos— no necesariamente estaban preparadas para enfrentar los desafíos actuales del desarrollo habitacional, indicó.

No obstante, con apoyo adecuado, pueden lograrlo. Cannon mencionó un proyecto reciente en el que un desarrollador privado, que ya había obtenido financiamiento federal, se acercó a Church of the Messiah para destinar esos fondos a uno de sus edificios.

“Las alianzas importan”, subrayó.

En el condado de Kent, el desarrollador sin fines de lucro ICCF Community Homes recaudó cerca de 13 millones de dólares para contribuir a la construcción de 200 unidades de vivienda asequible —100 para venta y 100 para alquiler— en propiedades eclesiásticas del área de Grand Rapids antes de 2030.

Ryan VerWys, director ejecutivo de ICCF, afirmó que las iglesias son aliados estratégicos no solo por la disponibilidad de terrenos y su misión comunitaria, sino también porque suelen mantener buenas relaciones con sus vecinos, lo cual “sirve como una plataforma sólida para iniciar desarrollos donde, de otro modo, podría existir fuerte oposición”.

VerWys calificó el movimiento YIGBY como “una tendencia alentadora”.

“Las necesidades de vivienda que enfrentamos en Michigan —y especialmente en la región occidental del estado— son tan significativas que ningún enfoque por sí solo será suficiente para resolverlas”, señaló.

Empoderar a la comunidad

En el vecindario de Washington Heights en Battle Creek, los esfuerzos de French forman parte del plan de su iglesia para transformar la zona en un “centro de esperanza”.

“Como iglesia, no estamos limitados a las cuatro paredes de un edificio”, afirmó. “Nosotros somos la iglesia”.

Con una subvención de 345,000 dólares de la W.K. Kellogg Foundation, 200,000 dólares de la agencia estatal de vivienda y 360,000 dólares de fondos del American Rescue Plan Act otorgados por la ciudad, la organización sin fines de lucro creada por la iglesia adquirió varios lotes al municipio y al Land Bank del condado de Calhoun, con el objetivo de construir 17 viviendas nuevas.

La primera casa —una vivienda energéticamente eficiente de dos dormitorios y garaje para dos vehículos— costó cerca de 250,000 dólares en construcción. La iglesia la puso en el mercado en la primavera de 2024 por 190,000 dólares.

El precio promedio de una vivienda en Washington Heights es de aproximadamente 96,000 dólares (en comparación con los 128,000 del resto de la ciudad). French explicó que la iglesia fijó un precio por debajo del costo para hacerla más accesible a las familias, pero por encima del valor medio del área, con la intención de elevar el valor de las propiedades del vecindario y fomentar la creación de patrimonio entre sus residentes.

French reconoció su preocupación por el hecho de que la vivienda no se haya vendido tras casi dos años en el mercado, pero confía en que la transacción se concretará y que la iglesia podrá recaudar los fondos necesarios para continuar con el proyecto.

“En esencia, se trata de revitalización comunitaria”, afirmó. “Solo estamos tratando de generar oportunidades para que el vecindario recupere su vitalidad”.

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