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Revista

Ernesto JosĂŠ Xicay Grave


olvidé, pero la fuerte impresión que me provocó habría de durar hasta estos días. sto que viví y que pretendo compartir es muy significativo para mi, no me gustaría que se perdiera en el pantano de E mis olvidos, como tantas otras cosas mas.

Lo conocí en 1981, en ese entonces me habló de la moralidad de la libre empresa. Claramente recuerdo cuando mencionó que “cada peldaño de una escalera es un fin antes de llegar a él, pero, una vez alcanzado, se convierte en un medio para subir al siguiente”. Redondeó la idea con un colofón brillante: “al final de esa imaginaria escalera se encuentra la felicidad”. En esa oportunidad abundó en sabiduría que ya

En la intensa relación que tuve con sus ideas posteriormente, se me confunden las fechas a tal punto que ignoro que eventos anteceden a otros. Lo que no olvido es que domingo a domingo compraba el periódico Siglo XXI solo para disfrutar de su columna semanal, tampoco escapa a mi memoria su columna al final de la revista Crónica, la que hábilmente dirigía. Fue tan prolífica su producción de ensayos cortos que estos fueron recopilados en varios tomos presentes en mi biblioteca personal, a saber: El vuelo del faisán herido, El poso de la espuma y Hombre adentro.

Por cuestiones de trabajo, ajenas a mi admiración, tuve la oportunidad de conocer su estudio personal y me impresiono la cantidad de libros allí almacenados. En definitiva, un gran escritor es un gran lector.


En el 2010 nos visitó en el club de Lectores Chapines regalándonos una memorable tarde con su intensa participación. Dicha visita fue precedida por un breve intercambio de correos donde pude apreciar, muy de cerca, su gusto por la discusión profunda de ideas.

Mención especial debo hacer a su Memorial de cocinas y batallas porque fue una importante fuente de motivación empresarial, que aproveché en mas de una oportunidad.

Con avidez devoré las tres novelas históricas que surgieron de su pluma y algo de ansiedad experimento al saber que pronto tendré entre mis manos el cuarto tomo de la zaga.

Del libro El vuelo del faisán herido comparto este extracto del capitulo llamado Bibliofilia:

“Toda librería es para mí patria, cobijo, bufé y jardín de las delicias. Y siento que al entrar en ella los libros me llaman

desde lejos, quizá porque escribirlos es buscar un interlocutor con quien mantener una charla fecunda…

…En la dedicatoria de su obra Of studies, Francis Bacon escribió que unos libros son para saborearse, otros para ser masticados y muchos para ser olvidados. Pero hay otros que te dejan con hambre. Son los menos, y los más queridos, los que lees una y otra vez porque hay un algo especial, si no misterioso, en ellos…

…Con todo y eso, uno no deja de comprar libros, leerlos y amontonarlos en la biblioteca. Tal vez la culpa sea de nuestra curiosidad, la cual, lejos de calmarse con los años, se acentúa. Uno quisiera leerlo todo, tener una pampa de libros. Es una meta y… un mito. Y es la utopía del conocimiento, ese viejo camaleón, siempre cambiante y


vivaz. De ahí que, aun sabiendo que el saber es mas largo que la vida, uno vuelva a esa patria, a ese cobijo, a esa tertulia con olor a café recién hecho que es toda librería para, una vez allí, volver a sentir el placer casi carnal de tomar un libro nuevo, acariciarlo, abrirlo, enamorarse de él y leerlo hasta su último suspiro.”

en un medio para subir al siguiente”. Redondeó la idea con un colofón brillante: “al final de esa imaginaria escalera se encuentra la felicidad”. En esa oportunidad abundó en sabiduría que ya olvidé, pero la fuerte impresión que me provocó habría de durar hasta estos días.

sto que viví y que pretendo compartir es muy significativo para mi, no me gustaría que se perdiera en el pantano de E mis olvidos, como tantas otras cosas mas.

En la intensa relación que tuve con sus ideas posteriormente, se me confunden las fechas a tal punto que ignoro que eventos anteceden a otros. Lo que no olvido es que domingo a domingo compraba el periódico Siglo XXI solo para disfrutar de su columna semanal, tampoco escapa a mi memoria su columna al final de la revista Crónica, la que hábilmente dirigía. Fue tan prolífica su producción de ensayos cortos que estos fueron recopilados en varios tomos presentes en mi biblioteca personal, a saber: El vuelo del faisán herido, El poso de la espuma y Hombre adentro.

Lo conocí en 1981, en ese entonces me habló de la moralidad de la libre empresa. Claramente recuerdo cuando mencionó que “cada peldaño de una escalera es un fin antes de llegar a él, pero, una vez alcanzado, se convierte

Por cuestiones de trabajo, ajenas a mi admiración, tuve la oportunidad de conocer su estudio personal y me impresiono la cantidad de libros allí almacenados. En definitiva, un gran escritor es un gran lector.

Les hablo de don Francisco Pérez De Antón, a quién no me une ningún vinculo familiar ni de servidumbre, sino que uno de agradecimiento por su visita a Lectores Chapines y por sus escritos.


En el 2010 nos visitó en el club de Lectores Chapines regalándonos una memorable tarde con su intensa participación. Dicha visita fue precedida por un breve intercambio de correos donde pude apreciar, muy de cerca, su gusto por la discusión profunda de ideas.

Mención especial debo hacer a su Memorial de cocinas y batallas porque fue una importante fuente de motivación empresarial, que aproveché en mas de una oportunidad.

Con avidez devoré las tres novelas históricas que surgieron de su pluma y algo de ansiedad experimento al saber que pronto tendré entre mis manos el cuarto tomo de la zaga.

Del libro El vuelo del faisán herido comparto este extracto del capitulo llamado Bibliofilia:

“Toda librería es para mí patria, cobijo, bufé y jardín de las delicias. Y siento que al entrar en ella los libros me llaman desde lejos, quizá porque escribirlos es buscar un interlocutor con quien mantener una charla fecunda…

…En la dedicatoria de su obra Of studies, Francis Bacon escribió que unos libros son para saborearse, otros para ser masticados y muchos para ser olvidados. Pero hay otros que te dejan con hambre. Son los menos, y los más queridos, los que lees una y otra vez porque hay un algo especial, si no misterioso, en ellos…

…Con todo y eso, uno no deja de comprar libros, leerlos y amontonarlos en la biblioteca. Tal vez la culpa sea de nuestra curiosidad, la cual, lejos de calmarse con los años, se acentúa. Uno quisiera leerlo todo, tener una pampa de libros. Es una meta y… un mito. Y es la utopía del conocimiento, ese viejo camaleón, siempre cambiante y vivaz. De ahí que, aun sabiendo que el saber es mas largo que la vida, uno vuelva a esa patria, a ese cobijo, a esa tertulia con olor a café recién hecho que es toda librería


para, una vez allí, volver a sentir el placer casi carnal de tomar un libro nuevo, acariciarlo, abrirlo, enamorarse de él y leerlo hasta su último suspiro.”

Les hablo de don Francisco Pérez De Antón, a quién no me une ningún vinculo familiar ni de servidumbre, sino que uno de agradecimiento por su visita a Lectores Chapines y por sus escritos.

Esto que viví y que pretendo compartir es muy significativo para mi, no me gustaría que se perdiera en el pantano de mis olvidos, como tantas otras cosas mas.

Lo conocí en 1981, en ese entonces me habló de la moralidad de la libre empresa. Claramente recuerdo cuando mencionó que “cada peldaño de una escalera es un fin antes de llegar a él, pero, una vez alcanzado, se convierte en un medio para subir al siguiente”. Redondeó la idea con un colofón brillante: “al final de esa imaginaria escalera se encuentra la felicidad”. En esa oportunidad abundó en

sabiduría que ya olvidé, pero la fuerte impresión que me provocó habría de durar hasta estos días.

En la intensa relación que tuve con sus ideas posteriormente, se me confunden las fechas a tal punto que ignoro que eventos anteceden a otros. Lo que no olvido es que domingo a domingo compraba el periódico Siglo XXI solo para disfrutar de su columna semanal, tampoco escapa a mi memoria su columna al final de la revista Crónica, la que hábilmente dirigía. Fue tan prolífica su producción de ensayos cortos que estos fueron recopilados en varios tomos presentes en mi biblioteca personal, a saber: El vuelo del faisán herido, El poso de la espuma y Hombre adentro.

Por cuestiones de trabajo, ajenas a mi admiración, tuve la oportunidad de conocer su estudio personal y me impresiono la cantidad de libros allí almacenados. En definitiva, un gran escritor es un gran lector.


En el 2010 nos visitó en el club de Lectores Chapines regalándonos una memorable tarde con su intensa participación. Dicha visita fue precedida por un breve intercambio de correos donde pude apreciar, muy de cerca, su gusto por la discusión profunda de ideas.

Mención especial debo hacer a su Memorial de cocinas y batallas porque fue una importante fuente de motivación empresarial, que aproveché en mas de una oportunidad.

Con avidez devoré las tres novelas históricas que surgieron de su pluma y algo de ansiedad experimento al saber que pronto tendré entre mis manos el cuarto tomo de la zaga.

Del libro El vuelo del faisán herido comparto este extracto del capitulo llamado Bibliofilia:

“Toda librería es para mí patria, cobijo, bufé y jardín de las delicias. Y siento que al entrar en ella los libros me llaman

desde lejos, quizá porque escribirlos es buscar un interlocutor con quien mantener una charla fecunda…

…En la dedicatoria de su obra Of studies, Francis Bacon escribió que unos libros son para saborearse, otros para ser masticados y muchos para ser olvidados. Pero hay otros que te dejan con hambre. Son los menos, y los más queridos, los que lees una y otra vez porque hay un algo especial, si no misterioso, en ellos…

…Con todo y eso, uno no deja de comprar libros, leerlos y amontonarlos en la biblioteca. Tal vez la culpa sea de nuestra curiosidad, la cual, lejos de calmarse con los años, se acentúa. Uno quisiera leerlo todo, tener una pampa de libros. Es una meta y… un mito. Y es la utopía del conocimiento, ese viejo camaleón, siempre cambiante y vivaz. De ahí que, aun sabiendo que el saber es mas largo que la vida, uno vuelva a esa patria, a ese cobijo, a esa tertulia con olor a café recién hecho que es toda librería para, una vez allí, volver a sentir el placer casi carnal de


tomar un libro nuevo, acariciarlo, abrirlo, enamorarse de él y leerlo hasta su último suspiro.”

Les hablo de don Francisco Pérez De Antón, a quién no me une ningún vinculo familiar ni de servidumbre, sino que uno de agradecimiento por su visita a Lectores Chapines y por sus escritos. sto que viví y que pretendo compartir es muy significativo para mi, no me gustaría que se perdiera en el pantano de E mis olvidos, como tantas otras cosas mas.

Lo conocí en 1981, en ese entonces me habló de la moralidad de la libre empresa. Claramente recuerdo cuando mencionó que “cada peldaño de una escalera es un fin antes de llegar a él, pero, una vez alcanzado, se convierte en un medio para subir al siguiente”. Redondeó la idea con un colofón brillante: “al final de esa imaginaria escalera se encuentra la felicidad”. En esa oportunidad abundó en sabiduría que ya olvidé, pero la fuerte impresión que me provocó habría de durar hasta estos días.

En la intensa relación que tuve con sus ideas posteriormente, se me confunden las fechas a tal punto que ignoro que eventos anteceden a otros. Lo que no olvido es que domingo a domingo compraba el periódico Siglo XXI solo para disfrutar de su columna semanal, tampoco escapa a mi memoria su columna al final de la revista Crónica, la que hábilmente dirigía. Fue tan prolífica su producción de ensayos cortos que estos fueron recopilados en varios tomos presentes en mi biblioteca personal, a saber: El vuelo del faisán herido, El poso de la espuma y Hombre adentro.

Por cuestiones de trabajo, ajenas a mi admiración, tuve la oportunidad de conocer su estudio personal y me impresiono la cantidad de libros allí almacenados. En definitiva, un gran escritor es un gran lector.

En el 2010 nos visitó en el club de Lectores Chapines regalándonos una memorable tarde con su intensa participación. Dicha visita fue precedida por un breve


intercambio de correos donde pude apreciar, muy de cerca, su gusto por la discusión profunda de ideas.

desde lejos, quizá porque escribirlos es buscar un interlocutor con quien mantener una charla fecunda…

Mención especial debo hacer a su Memorial de cocinas y batallas porque fue una importante fuente de motivación empresarial, que aproveché en mas de una oportunidad.

…En la dedicatoria de su obra Of studies, Francis Bacon escribió que unos libros son para saborearse, otros para ser masticados y muchos para ser olvidados. Pero hay otros que te dejan con hambre. Son los menos, y los más queridos, los que lees una y otra vez porque hay un algo especial, si no misterioso, en ellos…

Con avidez devoré las tres novelas históricas que surgieron de su pluma y algo de ansiedad experimento al saber que pronto tendré entre mis manos el cuarto tomo de la zaga.

Del libro El vuelo del faisán herido comparto extracto del capitulo llamado Bibliofilia:

este

“Toda librería es para mí patria, cobijo, bufé y jardín de las delicias. Y siento que al entrar en ella los libros me llaman

…Con todo y eso, uno no deja de comprar libros, leerlos y amontonarlos en la biblioteca. Tal vez la culpa sea de nuestra curiosidad, la cual, lejos de calmarse con los años, se acentúa. Uno quisiera leerlo todo, tener una pampa de libros. Es una meta y… un mito. Y es la utopía del conocimiento, ese viejo camaleón, siempre cambiante y vivaz. De ahí que, aun sabiendo que el saber es mas largo que la vida, uno vuelva a esa patria, a ese cobijo, a esa tertulia con olor a café recién hecho que es toda librería para, una vez allí, volver a sentir el placer casi carnal de


tomar un libro nuevo, acariciarlo, abrirlo, enamorarse de él y leerlo hasta su último suspiro.”

Les hablo de don Francisco Pérez De Antón, a quién no me une ningún vinculo familiar ni de servidumbre, sino que uno de agradecimiento por su visita a Lectores Chapines y por sus escritos.


Esta revista es patrocinada por Universidad Galileo

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