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Tutsi es un pueblo que conformaba la elite gobernante en los reinos africanos tradicionales situados en el sur de la zona occidental interlacustre de África centro-oriental, en los actuales Ruanda y Burundi y en una pequeña parte de la vecina Tanzania. Al parecer, conformaban una minoría que no sobrepasaba el 16% de las sociedades que dominaban; es decir, de 7 millones de personas que poblaban Ruanda en 1994, los tutsis no llegaban al millón. Hutu es un pueblo de agricultores que forman el núcleo de población de los reinos tradicionalmente situados entre el lago Victoria Nyanza y la serie de lagos que hay al oeste del Rift Valley de África centro-oriental, en los actuales Ruanda y Burundi. El recelo entre los dos grupos surgió en 1962 cuando los hutus tomaron el poder tras la muerte del rey tutsi. Entonces, unos 130.000 tutsis deberían abandonar su país.


Aquel mismo año, Ruanda se independiza de Bélgica. Este momento fue aprovechado por la ONU para exigir la organización de un referéndum bajo la vigilancia de observadores. El resultado fue de un 80% del NO a la continuidad de la monarquía tutsi, lo que obligó a los gobernantes a aceptar la República, provocando el exilio de miles de tutsis partidarios del sistema vigente monárquico y contrarios a conceder el poder a los hutus. Grégoire Kayibanda fue el primer presidente de una Ruanda liberada del dominio colonial. Los datos de crecimiento económico y estabilidad social eran esperanzadores. A pesar de las diferencias acumuladas durante siglos, tutsis y hutus lograban convivir sin llegar a enfrentamientos generalizados.


Desafortunamante en 1972 se produjeron unas terribles matanzas en el vecino Burundi: 350.000 hutus fueron asesinados por tutsis y esto provocó, definitivamente, un sentimiento anti-tutsi por parte de la mayoría de los hutus en el interior de Ruanda. La población comenzó a exigir a su presidente Grégoire Kayibanda mano dura contra la antaño clase dominante en el país y la respuesta insatisfactoria por parte del presidente y los casos de corrupción en el gobierno, provocaron el golpe de Estado del general Habyarimana (de origen hutu), en julio de 1973. Pese a su irrupción antidemocrática en la escena política, el gobierno del general realizó una buena gestión del país hasta la segunda mitad de los 80, contando con el apoyo logístico y militar de Francia. En octubre de 1990 el Frente Patriótico Ruandés, compuesto por exiliados tutsis expulsados del país por los hutus con el apoyo del ejército, invade Ruanda desde su vecino Uganda. En 1993 los dos países firman un acuerdo de paz (Acuerdo de Arusha). Pero en 1994, y cuando el gobierno del hutu Juvenal Habryrimana se sentía amenazado por otra posible invasión de los tutsis desde el exterior, comenzó a organizarse el genocidio. Desde las radios gubernamentales se incitaba al odio y a la lucha racial. Pero todo se desató el 7 de abril de 1994, al día siguiente de que el avión del presidente ruandés fuera derribado de un misilazo por desconocidos.


El ladero del presidente, el terrorífico coronel Theoneste Bagosora, tomó las riendas del poder y llamó a los hutus a asesinar a los tutsis y a los hutus moderados que no querían sumarse a las matanzas. Se distribuyeron machetes y azadas como armas asesinas. Los hutus, enardecidos, los decapitaban y quemaban las casas de sus vecinos. Medio millón de mujeres jóvenes fueron violadas, según UNICEF.

El genocidio terminó cuando los tutsis que estaban en el exterior, al mando de Paul Kagame, logró tomar la capital, Kigali. Cuando vieron lo que había sucedido comenzaron a perseguir a los genocidas (mataron al menos a 25.000) y muchos de ellos huyeron con sus familias al vecino Congo, entonces llamado Zaire.


Los más sangrientos asesinos fueron a la cárcel. Otros, a campos de reeducación para enseñarles a vivir en una nueva Ruanda "para todos", donde no importen las diferencias étnicas. Muchos de ellos aprendieron un oficio, salieron en libertad, y han vuelto a vivir en sus casas, muy cerca de los familiares de sus víctimas.


Genocidio Hutus-Tutsis