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TAPA


Agradecemos a todas aquellas personas las cuales con su interés, colaboración y apoyo incondicional se pudo sacar adelante este proyecto. Además agradecemos también a las lectoras y lectores, que con su entusiasmo nos dan el ánimo necesario para seguir trabajando en nuevos libros, después de todo, esto es por ustedes

Moderadora: Strella Aregon

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Strella y Yemi-yeye •.¸¸.✿.

Marie-Eline y gabrock


1922. Una criada llamada Tess quiere escaparse de la casa donde trabaja, y concretamente de un joven lascivo del señorío. En un viaje a América, donde planea comenzar una nueva vida, encuentra a Alec, un joven muy guapo, rico, inteligente y tan preocupado, que ella preferiría no enamorarse de él. Pero como cabía de esperar, se enamora. Pero esto no es un problema. Si no fuera porque Alec es un hombre lobo que está condenado a transforma todas las noches. A no ser que renuncie a su libertad y se una a la hermandad: los hombres lobo han rastreado a Alec han rastreado a Alec durante meses. Aunque pensándolo bien, tampoco es un problema demasiado serio...Su verdadero problema es que están a bordo del Titanic aunque ellos aún no lo sepan.


Traducido por Strella Corregido por Kitty

9 de Abril de 1912 No es demasiado tarde para bajarme, me digo a mi misma.

omo si un grupo de marineros me escucharan, cruce los brazos por delante deseando que mi cabello no se viera tan mal. A pesar de que los días de primavera son cálidos, las noches son frescas, y el mar corta el viento como si fuera una tela delgada. Las calles de Southampton oscurecen, no es que se pueda ver el sol ni nada alegre con todos estos altos edificios que me rodean. Mis pies, acostumbrados a cualquiera de los caminos de tierra de mi pueblo natal o de los pisos pulidos de Moorcliffe, tropiezan con los adoquines. Me gusta pensar en mí misma como una especie de niña, que la falta de conocimiento de todo a mí alrededor me ha puesto fuera de balance. La ciudad parece peligrosa, y al atardecer aquí parece más prohibido que la media noche en mi casa. Yo podría regresar a la suite del hotel, donde mis empleadores esperan. Yo podría decir que la tienda estaba cerrada, que yo no era capaz de comprar los cordones. A la señorita Irene le importaría un poco, no quería que me enviara por mi cuenta, en primer lugar. Pero Lady Regina se pondría furiosa, incluso por algo tan trivial como no poder comprar cordones extras para el viaje. La furia de Lady Regina se extiende hasta la casa de la señora Horne. Tengo miedo de estar en una ciudad por mi cuenta, pero aún tengo más miedo de conseguir ser despedida antes de llegar a Estados Unidos. Así que cuadre mis hombros y pase de prisa por el camino. Mi vestido de sirvienta, largo y negro, con delantal blanco y con un gorro de hilo, me marca como alguien de clase baja e insignificante. Pero también dice que soy una empleada de una casa lo suficientemente rica como para que los servidores ejecuten los mandados. Tal vez es lo que me mantiene a salvo. Los hombres que me rodean saben que yo trabajo para gente de calidad, y que si algo llegara a sucederme, esa gente podría molestarse y pedir justicia.


Por suerte, estos hombres no saben de Lady Regina. La única reacción ante su muerte sería la molestia de tener que encontrar otra sirvienta que pudiera caber en el mismo uniforme, así no tendría que pagar por otros nuevos. Algo oscuro se abalanza encima, una gaviota, me parece, sacudo una mano encima de mi cabeza para librarme de ella. Nunca había visto una gaviota antes de esta tarde, y ya he llegado a despreciar las cosas fuertes, las ambiciosas. Pero no es una gaviota. No puedo mirar bien, pasa muy rápido, veo los ángulos agudos de las alas, el aleteo rápido. Es un murciélago, creo. Lo que es peor. Esto me recuerda a las novelas góticas que estaban en la biblioteca de la familia Lisle como Frankenstein o Drácula o Udolpho, o todo lo que diera miedo, todo lo que era mucho más divertido de leer en un ambiente cálido y bien iluminado, pero parece demasiado plausible estando sola al caer la noche. Yo no esperaba ver a un murciélago volando por las calles de Southampton, pero entonces, ¿Qué sé yo de todo el mundo más allá de Moorcliffe y mi pueblo? Sólo una vez en mi vida he estado alguna vez en otro sitio, y solo había sido un día, porque Daisy me necesita urgente. Y ahora estoy planeando otro tipo de viaje. No hay que pensar en esas cosas ahora mismo. Puedo preocuparme por todo después de subir al barco. Después de que sea demasiado tarde para echarse atrás. Resueltamente sigo mi camino hacia la tienda. Los marineros ocupaban casi todo el espacio, aunque en las calles siempre había mucha gente. Yo sé que tengo que acostumbrarme a ello, porque estamos viajando a Nueva York, que entiendo, que hace que Southampton parezca una ciudad pequeña. De todos modos, es un alivio tomar la calle principal y tomar lo que espero es un atajo hacia las tiendas. Este callejón esta tan viejo y desgastado por el tiempo que las piedras se sumergen en una V en el centro, y los zapatos de clavo me hacen aún más torpe y se me hace difícil continuar. Oh, que daría por un par de las botas de cuero blando de la señora Irene, que nunca generan ampollas, ni quema los pies. El murciélago se me abalanzó encima otra vez, tan cerca que tiró mi gorro. Aunque siento un escalofrío, no dejo que mi imaginación vuele conmigo, sino que me centro en los aspectos prácticos y acomodo mi gorra en la cabeza. Si algún tonto murciélago robaba parte de mi uniforme, los Lisle me harían pagar por uno nuevo. ¿Qué hora es? No podría saberlo, no he poseído nada tan elegante como un reloj de pulsera, y no hay reloj de torre de alguna iglesia cerca de aquí. Seguramente ninguna tienda estará abierta a esta hora, pero Lady Regina piensa que se hacen las cosas de manera diferente en las ciudades. Mi corazón tomó velocidad al doblar una


esquina y ver a un grupo de hombres que caminan a lo largo como si fueran rufianes, no como los marineros, pero señores de finos sombreros y abrigos. Alargo mis pasos pensando en que llegaría a unos metros después de ellos. Ellos parecen estar dirigiéndose hacia la tienda, si he entendido las indicaciones que el conserje del hotel me dio con bastante brusquedad. Eso me da un poco de protección para el último tramo de mi viaje. Relajé mi respiración, dejé a mi mente divagar sobre mi viaje, mañana por primera vez vislumbraré el mar, la primera vez que saldría de Inglaterra. Y, si por mí fuera, la última vez que vería a mi país de origen, —A ti te gusta escuchar. Desprevenida, miro hacia el caballero que se ha vuelto a mirarme a la cara. Él, y todos los demás en su grupo, se habían dividido. Hace una reverencia rápida. —No, señor. Yo no estaba escuchando, señor. Le ruego me disculpe, señor —Y era verdad, también. Una de las primeras cosas que aprendí, como un servidor, es como hacer caso omiso de las conversaciones que no les importa escuchar. De lo contrario, me volvería loca del aburrimiento. En las sombras del crepúsculo, no alcanzo a distinguir sus facciones, sólo la espada oscura de su barba contra su Vandyke y su demasiada pálida piel y el brillo extraño en sus ojos. Su reloj de bolsillo caro, vale más que diez años de mi sueldo, cuelga de un llavero, curiosamente rayado por algo tan inestimable. Él inclina ligeramente la cabeza mientras me estudia. —Si tú lo dices. —Disculpe, señor, —repito, pasando delante de él sin pedir permiso. Normalmente, nunca sería tan grosera con los caballeros, pero estos son extraños y, probablemente, tenían la esperanza de divertirse arrestándome. Estoy en un apuros, muchas gracias. Eché una mirada de preocupación hacia atrás, esperando encontrarme con él, ya sea riéndose de mí o acercándose. Por el contrario, todos se habían ido. Como si hubieran desaparecido. Nerviosa, trato de recordar lo que habían hablado por lo que estuvieran disgustados en caso de que yo los hubiera escuchado, aunque yo no les estaba prestando atención, puedo recordar algunas palabras y frases ahora. “Valioso para influir”, dijeron. Y “debe estar cerca”. Y nombraron un “Marlowe” y algo acerca de “hacerle saber que está siendo observado”. Eso suena un poco sospechoso, pero seguro que saben, lo que sea que estuvieran haciendo, que no hay nada que alguna criada pudiera hacer para detenerlos. Trato de volver a centrarme en mi misión. ¿Dónde se supone que tengo que doblar? ¿Es este el nombre de la calle? No puedo encontrar ninguna señal. No pueden


faltar más de diez minutos para el anochecer, y encontrar mi camino a casa por la noche sería difícil. Entonces oigo pasos, pesados y distintos. Cada vez más cerca. Miro detrás de mí, pero no puedo ver a nadie. Los pasos se acercan de ángulos tan distintos, que no puedo ver. Así que probablemente el que viene no me puede ver bien y se está dirigiendo a mi dirección, no es más que una coincidencia. Pero a mí me pone nerviosa sin alguna razón que pudiera nombrar. Me intento seguir mi camino, y luego suspiro, cuando me doy cuenta de que ya no estoy sola. Un hombre está de pie a mi lado en el callejón, y no era el grupo alarmante de hace unos momentos, pero si un hombre joven, tal vez sólo unos pocos años mayor que yo. Él tiene unos rizos del color castaño vivo de un poeta y los anchos hombros de un peón. Sus ojos son los de un criminal perseguido. ¿Eran sus pasos los que he oído? Imposible, venían de otra dirección. Y él miraba en la oscuridad buscando algo. Su alarma era mayor que la mía. —Ven conmigo —dice. —Le ruego me disculpe, señor, pero no puedo — ¿Por qué me toman como una prostituta? Es horrible. Y sin embargo, se ve bien educado con su traje guapo y brillante zapatos, seguramente debe reconocer lo que significa mi uniforme —. He de hacer un recado. —Maldita sea tu misión. —Su voz es áspera, tensando su brazo que se cierra alrededor del mío —.Si no vienes conmigo, estás muerta. ¿Me está amenazando? Suena como algo de él, y se siente así por la forma con la que me arrastra con él cuando empieza a caminar rápidamente por el callejón hacia la calle principal. Y sin embargo, no creo que eso sea lo que está sucediendo aquí. Lo que está sucediendo es algo que no entiendo. —Señor, —protesto. —Déjeme ir. Puedo encontrar mi camino a la carretera principal por mi cuenta. —Vas a estar muerta antes de dar diez pasos sin mí. —Su mano estaba caliente, cerrada alrededor de mi brazo, más que caliente, quemaba. Como si tuviera fiebre. Puedo oír a nuestros perseguidores cada vez más cerca —. Quédate a mi lado y camina más rápido. Y por el amor de Dios, no mires hacia atrás. Me sorprende que no sugiere correr, pero me doy cuenta de que todo lo que puede hacer es caminar pensando para mis adentros que es casi asombroso, y no en la forma que Layton Lisle es después de que haya tomado dos botellas de vino. Es como si el hombre estuviera sufriendo. Y, sin embargo sus dedos estaban clavados en mi carne, con una fuerza casi sobrenatural. Los pasos detrás de nosotros cambiaron. Ya no suenan como pasos. En su lugar, es más suave, y sin embargo hacen clic sobre los adoquines.


Como soy incapaz de soltarme a mí misma de mi captor, lo desafío mirando hacia atrás. Y veo un lobo. El grito rasga a través de mi garganta hasta que la oscuridad expulsa al lobo, su enorme cuerpo negro parecía la última luz del día. Me tiro a un lado justo a tiempo para que el joven, me golpeara contra la pared del edificio más cercano y aplanara su cuerpo contra el mío, de espaldas frente a mí. — ¿Qué está pasando?— Yo susurro. ¿Los lobos atacaban en el centro de la ciudad? Y eso, esta criatura negra y enorme, gruñendo dando pasos de ida y vuelta, nunca había imaginado que un lobo pudiera ser tan grande. — ¡Déjanos!, — dice el joven, como si el lobo pudiera entender—. ¡Déjanos ahora! El lobo coloca su cabeza de costado como un perro curioso, pero en un gesto casi humano. Sus dientes aún están al descubierto, con saliva caliente que gotea de sus mandíbulas. Un gruñido profundo retumba a través de su pecho, y sus ojos dorados parecen estar fijos en mí, y no al hombre que me custodiaba. — ¡Vete! —El joven grito desesperado, si es que él pudiera estarlo. Puedo sentir la rápida subida y caída de su pecho contra mí con cada respiración entrecortada, y sus músculos tensos por debajo de mis palmas apoyadas en sus hombros. Y, sin embargo, funciona. El lobo simplemente toma distancia. — ¿Qué demonios fue eso? —Yo digo cuando mi salvador cayó hacia adelante —Parecía ser un lobo. —Lo era. —Suena agotado. —Pero ¿Por qué un lobo? —Estando aquí en Southampton, en el interior de un callejón, dejando de lado lo de aprovecharse de la gente. Los animales que se cruzaban en tu camino, ¿Se alejan cuando alguien grita? Nada de esto tiene sentido. Pero yo sé lo que vi, y lo que este hombre hizo por mí. —Gracias, señor. Por su amable ayuda. Cuando miro hacia atrás de él, sin embargo, él no parece contento. Se ve más cruel de lo que fue el lobo. —Déjame —dice. Sus ojos tienen ese brillo extraño de nuevo, aunque ahora parece menos perseguido. Más criminal—. Si no me dejas ahora, estás muerta. No puedo decir si era una advertencia o amenaza hacia mí. De cualquier manera, no tiene que decirlo dos veces. Salgo del callejón hacia la tienda, sin mirar atrás, llego a la puerta de la tienda. Está, por supuesto, cerrada. Todo el camino de regreso al hotel pensé en una excusa para decirle a Lady Horne sobre mi tardanza y la insuficiencia de una doncella, y tenía solo la mitad de la historia. En mi mente, todavía estoy en el callejón, repitiendo los acontecimientos una y otra vez, desafiando el miedo que sentí en un esfuerzo por dar sentido a todo.


No entiendo lo que me pasó en el callejón, o lo que el lobo estaba haciendo, o sobre las intenciones del hombre que parecía que me salvaba y me amenazaba al mismo tiempo. A pesar de que me voy a la cama, sigo dándole vueltas. Debe haber sido algún tipo de ocurrencia anormal, el lobo, y el hombre que me salvó tuvieron un comportamiento extraño, bueno, tal vez era un marinero, después de todo. Estaba mejor vestido que la mayoría, pero al parecer igual entregado a la bebida. Pero no puedo dejar de pensar en ello hasta que me doy cuenta, todo en un instante, que esta es la última noche que pasaré en Inglaterra. Entro en el aquí y en el ahora, dejando de lado cualquier cosa. Me tapo con la manta fina asegurándola a mí alrededor y pienso en todo lo que estoy dejando atrás. Mi pueblo natal. Mi mamá. Los campos de trigo, donde solía jugar. Daisy y Mateo. Toda mi vida. El viaje antes me parecía más peligroso y aterrador que cualquier cosa hasta que me sucedió en el callejón. Sin embargo, sé que ésta es la mejor oportunidad que nunca tendré para hacer una nueva vida por mí misma. Muy posiblemente, la única oportunidad. Todavía puedo quedarme. Pero no quiero


Traducido por Strella Corregido por Kitty

10 de abril de 1912

s una hermosa mañana de primavera en el mar, parte de las cosas con las que he soñado toda mi vida. Mis novelas describen la escena diciéndome cuan fresco es el aire y el azul del agua salpicada por la luz del sol. Me lo he imaginado mil veces, en mi oscuro desván. Esta mañana, lo primero que pensé fue: Por fin voy a ver el mar. Pero el mar no es azul, no cerca de la tierra, es el mismo color marrón que la balsa, excepto que tiene un extraño color verdoso en las olas. El puerto no es un oasis de paz para que una chica joven paseara, sino que las calles están llena de gente, aún más que mi mala noche, los ricos, vestían finos encajes de un burdo tejido, el olor del sudor era más espeso en el aire que el del agua de mar. La gente se grita el uno al otro, hay un poco de alegría, impaciencia o enojo, pero la febril multitud hace que sea difícil saber qué es lo que pasa. El barco estaba al lado del puerto ocupando un lugar como si hubiera sido creado solo para él. Y mi línea, era la mayor del resto. La nave era la única cosa hermosa que podía encontrar. Blanca y negra, con chimeneas rojas vibrantes que llegaban al cielo. Era enorme, tan elegante, tan perfecto en su forma que era difícil pensar en que fue construido por manos humanas. Se parecía más a una cadena de montañas. Por lo menos, lo más parecido a lo que las novelas me decían que eran las montañas. Nunca había estado cerca de unas tampoco. —Basta de perder tiempo, Tess, —me dice Lady Regina, que, como ella nos recuerda siempre, es la esposa de mi jefe, el vizconde de Lisle—. ¿O quieren que los deje en el muelle? —No, señora. —Podría soñar luego. Tengo la suerte de que Lady Regina no se enoje conmigo de la manera en que normalmente lo hace. Probablemente debe haber encontrado a alguno de sus amigos y no quiere ser vista como algún funcionario público. —Madre, te olvidas. —Irene, la hija mayor de la familia que tiene precisamente mi edad, con un rostro tan saludable como es normal, me da una sonrisa incierta—. Deberías llamarla a 'Davies' ahora que es la doncella de mis damas. Tiene más respeto.


—Le daré respeto a Tess cuando ella se lo merezca. — Lady Regina mira hacia abajo con larga nariz apuntándome, y me apresuro a acercarme. Tome las cosas, ninguna de las cajas de sombreros era pesada pero es un poco difícil manejar cuatro a la vez. La moda ha hecho grandes sombreros de este año. — ¿Es Peregrine Lewis?, —Dice Layton, hijo único y heredero de la familia Lisle. Es alto y delgado, casi huesudo, con hombros y codos afilados. Se asombra de la gente que nos rodea y nos sonríe, rizando su pequeño bigote —. Viene a ver a su tía, supongo. Pulir sus baúles y pedirle tarjetas postales. ¡Mira La forma en que lame las botas y los cervatillos por ella! Es vil. —No va a heredar la fortuna de sus padres, por lo que debe estar atento a la familia que tiene. —Irene lanzo una mirada a su hermano, sus manos enfundadas en guantes de encaje estaban sobre su cintura. Ella siempre tan tímida, incluso cuando está tratando de defender a otro—. No ha tenido suerte —Sin embargo, hay que tener un poco de orgullo, —insiste Layton, ajeno como siempre al hecho de que está siguiendo a su madre como un perro faldero obediente. A mi lado, Ned murmura, —Fideo. Esta palabra me hace morderme el labio para contener la risa. Es un apodo que Ned dio Layton es que es tan flaco, pálido y blando. Él era hermoso en sus años de universidad, yo estaba un poco flechada, pero no tenía la edad suficiente para entenderlo. Pero la flor de la juventud se le estaba desvaneciendo para él mucho más rápido que para la mayoría. —Tienes suerte de tener una posición del todo, respetuosa como la que tienes. — Lady Horne, aún más amargada de lo usual, nos mira a nosotros dos mientras descargaba su carga, mirando a la pequeña Beatrice, la bebe que cambio la vida a Lady Regina. Solo con cuatro años de edad, Beatrice estaba usando un sombrero de paja adornado con cintas que cuestan más dinero del que yo haría en un año—. Ustedes dos, se ven animados. Es un honor ser traída a una jornada como esta, y será lo más emocionante que tendrán en sus vidas. ¡Así que traten de trabajar debidamente! Esto no es lo más emocionante que viviré, me lo juro a mí misma. Primero que todo, anoche, lo que sea que hubiese pasado con el lobo y el apuesto joven hombre, bueno, no sé cómo llamarlo, pero fue emocionante. Aunque, no es tan solo eso, tengo planes para mi futuro. Planes más emocionantes que cualquier vida que Horne haya soñado Pero no debo reír. Me imagino los viejos óleos que cuelgan sobre las paredes de Moorcliffe, aquellos antepasados mohosos en las maneras de otro siglo, encarcelado por marcos que gotean con dorado. Mi cara tiene que ser tan serena como la suya. Como ilegible. La familia Lisle y Sra. Horne no deben sospechar. Ned y yo hacemos que la Sra. Horne sede de prisa en la estela de la familia, tanto una parte de su demostración de riqueza y poder como la ropa que ellos llevan. Él es el


criado de Layton, un trabajo que yo no desearía sobre mi peor enemigo, Ned mucho menos querido y amistoso. Él tiene una cara larga, delgada, el pelo pelirrojo, y oídos como las manijas sobre un pote de leche, y aun así, él es encantador a pesar de su cara simple. Las gracias al aislamiento de vida en Moorcliffe, Ned uno de los pocos jóvenes, uno de los únicos que yo alguna vez había conocido. Pero nunca hemos tenido ojos el uno para el otro. Francamente, después de tantos años en el servicio juntos, se siente más como un hermano. He conocido a la Sra. Horne como he conocido a Ned, por lo que quizás debería decir que se siente más como una madre para mí. Aunque ella no se siente como madre de nadie. Es imposible imaginar que alguien seca y opaca como la Sra. Horne haya dado a luz a nada, o haciendo lo que tienes que hacer para conseguir un niño en primer lugar. (La llamamos señora, pero es un título honorario; no tienes que tener un marido como una señora, muy antigua, por lo que a la Sra. Horne cuenta). Ella es sirvienta de las damas de la señora Regina y esencialmente tiene el papel de ama de llaves en Moorcliffe. Nadie entre los sirvientes le supera excepto el mayordomo, que es demasiado senil para importa mucho. La mayoría de las veces, la señora Horne me aterrorizaba. Ella tenía un poder absoluto sobre mi vida, la cantidad de comida que tenía permitida comer, cuántas horas tengo que dormir, si me quedo en la casa o en el trabajo o si mereciera morir de hambre. Pero ya no, creo, y supongo que eso la hace arrugar su cara con una sonrisa, con aire satisfecho. En una semana a partir de ahora, todo será diferente. A medida que nos aceramos, me es más fácil caminar. Pasamos al lado de transeúntes, y curiosos, y ahora, todo el mundo se está moviendo en la misma dirección, subiendo a bordo. El barco se cierne sobre nosotros, más alto que la torre de la iglesia, más alto que cualquier cosa que haya visto. Parece más grande y majestuoso que el océano de color barro. Lady Regina le dice a uno de sus amigos de la sociedad, con demasiada facilidad, —Horne, usted debe saber que hemos puesto a ustedes tres en tercera clase. Yo sé que los comisarios lograran que lleguen a nosotros en cualquier momento. Ned y yo no pudimos resistirnos a mirarnos el uno al otro con consternación, e incluso los labios finos de Lady Horne se arquearon en un pobre esfuerzo para ocultar su decepción. La última vez que la familia Lisle tomó un viaje por mar hace ya una década, los funcionarios se habían quedado en primera clase con lujosas camas y almohadas de plumas suaves como las nubes, nos contaron, habían sido las más cómodas que habían probado, y más comida de la que nunca había visto en su propia mesa en toda su vida. Lo que esperábamos para nosotros. Algunas personas hacen que sus servidores viajen en segunda clase, tercera clase es algo inaudito.


—Vamos a estar encerrados debajo, con una gran cantidad de extranjeros condenados, —murmura Ned. Con un terrible gemido, pero me recuerdo a mí misma lo poco que importa. Layton se acercó a sus amigos, no hay duda de los pasajeros que lo acompañaran. Tendrán varios días en el océano para hablar el uno con el otro, pero por supuesto que tienen que pagar unos a otros con cumplidos todo el tiempo. Me duelen los brazos, y no quiero nada más que asentar las cajas de los sombreros en el suelo mientras esperamos. A Irene no le importa, pero a Lady Horne sí. Hago acopio a los músculos que tengo de años de fregar pisos para observarla. Entonces Lady Regina dice: —Tess, coloque las sombrereras en el sueño. Lady Horne puede verlas. Lady Horne se ve apagada, probablemente porque ella ahora tiene que manejar a un niño pequeño y cuatros sombrereras. Yo hago lo que me pidió lady Regina inmediatamente y me presento para cualquier tarea que tiene en mente, porque ni siquiera vale la pena preguntar aunque estuviera cansada. A ella no le importaría. La única razón que tengo para posponer un trabajo es para asumir otro. Lady Regina chasquea los dedos a uno de los porteadores que contrató para ayudar, y él me da una caja de madera tallada, más pesada que todas las cajas de sombreros juntas. ¿Qué puede haber allí? Me las arreglo para sujetar las asas de hierro pequeñas aunque los pequeños detalles del hierro lastiman. —¿Sí, mi señora?— Digo. Las palabras salen entrecortadas, como si hubiera estado corriendo cuesta arriba, anoche estaba muy nerviosa por el extraño incidente con el lobo para dormir bien, y el cansancio se muestra antes de lo habitual. —Esto tiene que ser colocado en nuestra suite de inmediato, —dice Lady Regina—. Me siento incómoda dejándolo acá, hay personajes rudas cerca. Los comisarios a bordo le mostraran el camino. Hemos hecho arreglos de una caja fuerte en nuestro camarote, que es donde pondrás la caja. No vaya a dejarla sobre una mesa. ¿Soy clara? —Sí, mi señora. — Nunca quise responderle más, además un ―sí o un no‖. Lady Regina me miró amenazándome con no dejarme saltarme sus reglas. Ella es una mujer hermosa, con una belleza vibrante que no se reduce como a su hija, brillante pelo castaño y nariz aguileña. Su sombrero de ala ancha está lleno de plumas y flores de seda, un notable contraste con mi vestido de criada negro y gorra de lino blanco. —No me gusta enviar a hacer esto a solo una persona, —dice ella bruscamente— . Pero no creo que usted pueda manejar tantas cajas como Ned, y además, no se quedará fuera, ¿verdad? —No, señora.


Sus labios gruesos ser rizaron con una sonrisa despectiva. —Confío en que eres una mejor persona que tu hermana. Siento como agua hirviendo vertiéndose sobre mí, o tal vez como si hubiera sido arrojada a un montón de nieve en un invierno especialmente cruel, es algo tan impactante que el cuerpo no sabe cómo tomarlo, por la rabia, era como si mi cuerpo quedara demasiado chico para él, y mi boca se seca. Me gustaría rasgar el sombrero de la cabeza de Lady Regina. Me gustaría extraer el pelo con él. Yo digo: —Sí, mi señora. A medida que avanzo, siento una extraña ola de terror, como si estuviera de vuelta en el callejón de la noche anterior. Pero sería muy poco probable encontrar un lobo acechando aquí, en medio de una multitud de la nave. Y sin embargo, siento algo punzante a lo largo de mi cuello y espalda, me sentía como si fuera un conejo siendo observado por un gato. El peso de la caja tira en las articulaciones de mis brazos, pero vale la pena por unos instantes de evasión. O al menos eso me digo. En verdad, tengo un poco de miedo al estar sola en una multitud como esta, había más gente de la que nunca había visto en un solo lugar, todos a los empujones. Además, no puedo decir exactamente donde se supone que debo ir. Hay una entrada para pasajeros de primera clase, otra para la tercera clase, y lugares diferentes de la nave cubierta por completo. Miro mi carga. ¿Quién de nosotros cuenta más? ¿Yo o mi posición sobre mis empleadores? Entonces lo siento una vez más, que cosquillea en la parte trasera de mi cuello. Los ojos del cazador sobre su presa. Miro detrás de mí, esperando ver, ¿Qué? ¿El lobo de la noche anterior? ¿El joven que me rescató, el que me dijo que huyera por el bien de mi vida? Veo que no. En la aglomeración, tal vez no los puedo ver, pero entonces él tampoco sería capaz de verme bien. Pero alguien me está mirando. Yo sé que él está ahí, en lo más profundo de mí, en el lugar que no responde al pensamiento o la lógica, el instinto animal, puro y justo. Alguien en esta multitud de extraños me está mirando. Alguien me caza. — ¿Perdió su camino, señorita? —Dice una especie de pequeño hombre, con las mejillas rojas y los ojos azul cielo. Su voz me hace saltar, pero la interrupción es bienvenida. Lleva lo que creo es un uniforme de oficial, ¿Por qué está hablando a gente como yo, no me lo puedo imaginar? Pero su voz y su rostro son amables, y me siento más segura al tener a alguien con quien hablar, no importa quién pueda ser. —Tengo que entregar esto a mi cabina de empleadores, —le digo—. Estoy al servicio de la familia del vizconde de Lisle. —Entonces, eres de primera clase. —Pero estoy viajando en tercera clase.


Frunce el ceño. —Un poco barato, ¿No? Debería actuar formal y ofendida porque ha menospreciado a la familia para la que trabajo. En su lugar, tengo que reprimir una risita. —Yo sé que debe ser... inusual. Pero ahora no sé cómo abordar el barco. —La primera clase, creo yo. Recuerdo que el mayordomo hablaba de esto, han organizado las cosas para que usted tenga las claves que le ayudarán a desplazarse. Inusual, sí, pero nada es demasiado bueno para la familia de un vizconde. —El toque de sarcasmo en su voz es lo suficientemente ligero como para permitirme pasar por alto la broma o disfrutar de ella, como me gusta. Yo lo disfruto —. Los comisarios le mostrarán el camino una vez que llegue a bordo. ¿Seguro que no quieres de alguno de ellos para que te ayude? Esto se ve muy pesado para usted. Es lo más bonito que nadie me ha dicho en días, y me sorprendió sentir un pequeño bulto en la garganta. Pero sé que es mi deber, y sé de las posibles repercusiones. —Milady quiere que lo maneje personalmente. Gracias de todos modos, señor. Él se coloca a un lado y me apresuro a pasar la pasarela de primera clase, con la esperanza de que el que me miraba fijamente antes fuera de tercera clase. Algún extranjero, sin duda. Y tal vez no era más que mi imaginación jugándome malas pasadas, con el miedo debajo de la piel. Tengo suficientes razones para estar nerviosa. Este viaje y estos próximos días van a cambiar mi vida para siempre. La pasarela de primera clase es más parecida a un paseo marítimo, las personas se toman su tiempo, de ver y ser vistos bajo el sol. En especial las ventanas para que sus sombreros de ala ancha se vieran mejor, y tienen sombrillas de encaje finamente trabajadas con sombras que delicadamente cubren su figura. También hay bastones de caballeros y lustrosos zapatos. Podría pasar por un desfile de moda, si no fuera por los pocos criados que estamos cargando sus cosas. Nos movemos tan despacio que me atrevo a poner la caja en el suelo durante unos segundos. Mis músculos descansan, me pongo una mano en el bolsillo de mi vestido. Cerrando con mi mano una pequeña bolsa, uniendo pequeños trozos que sobraban. Haciendo el trabajo en la noche, sólo con una vela en el ático, así que no es mi mejor logro como costurera. Pero nadie sabía de esta bolsa fuera de mí. La bolsa es pesada en la mano. A través de la tela, puedo sentir el peso de las monedas y el deslizamiento arrugado de la tela. Durante el último año y medio, he guardado todo el poco de dinero que podía. Tenía un billete de una libra que encontré en la escalera después de una cena, un riesgo real, en el que me habrían despedido si alguien se hubiera enterado. Nadie lo hizo. He ahorrado lo suficiente para vivir durante un par de meses. No es mucho, pero es todo lo que he juntado en mi vida, aunque he estado en servicio desde que salí de la escuela a los trece años. Va a ser suficiente.


Suficiente para que, cuando el barco llegara a los Estados Unidos, pudiera caminar fuera de él, escaparme de Lady Regina y Lady Horne, y nunca, nunca volver. El ritmo retomó, y tomé la caja de nuevo. La siento aún más pesada que antes, pero lo puedo soportar. La libertad esta sólo a unos pocos días de distancia. Todo lo que tengo que hacer es sobrevivir este único viaje, pasar la pasarela y, finalmente, estar al bordo del RMS Titanic.


Traducido por Evelyn Corregido por Kitty

I SEÑOR, ESTE BARCO ES HERMOSO. El camino de ingreso de los pasajeros de primera clase empieza cerca del comedor y la escalera que va hacia abajo, es lo mejor de todo lo que se encuentra en Moorcliffe. Escaleras relucientes de madera tallada arqueadas hacia abajo en dos elegantes curvas, un reloj de hierro fundido finamente moldeado. Esto es algo que uno espera ver en una gran casa señorial, no en un barco. Aun la alfombra beige cremoso debajo de mis pies es más gruesa y más suave que cualquier alfombra Aubusson. ¿Soy ingenua? Cuando comencé este viaje dejando la vida que siempre conocí, estoy muy consciente de los límites de mi experiencia. ¿Así que quien soy yo para juzgar este barco o esta grandeza? Tal vez es muy ordinario, y eso me revela como una chica de campo ignorante maravillándome ante ella. Pero no. Cambio mi atención a la gente rica que me rodea, y son muy refinados para expresar su asombro, puedo leerlo en sus ojos. Un buen sirviente aprende a estudiar las caras, para recoger sugerencias de los estados de ánimo a sus patrones desde el más mínimo cambio en la expresión, pero dichas sutilezas no son necesarias aquí. Ellos ríen de placer, sonríen el uno al otro con satisfacción, y permiten que sus manos viajen sensualmente a lo largo de la fina madera tallada. El Titanic es espectacular tanto para ellos como lo es para mí. Ninguno aquí es inmune a su esplendor. Espere. Alguien lo está. De hecho son dos. Justo en la puerta hay dos caballeros, pasan desapercibidos para la mayoría que van caminando. Los dos extraordinariamente altos y de espalda ancha. Uno es un poco más grande, tal vez cerda de sus 30 años. Tiene una barba tipo Vandyke negra como el hierro. Como la del hombre que me abordo brevemente en la calle, aunque mi vista de él fue demasiado rápida para estar segura del parecido. El otro. A él también, solo lo vi brevemente, pero nunca olvidaré su rostro. El otro es el hombre joven de anoche. Es más joven de lo que creí. Tal vez por cuatro o cinco años. ¿Entonces, veintidós? Y ahora que estamos a la luz, ambos al sol brillante y al brillo de las


elegantes lámparas de cristal esmerilado del Titanic, soy libre de realmente verlo. Beber de él. Su mandíbula es fuerte y muy angulada, lanzando sus pómulos en alto. Su boca está bien formada, con labios carnosos que cualquier chica desearía. Hombros anchos, cintura estrecha y por debajo de su ropa un indicio de musculo real. Recuerdo lo firme de su cuerpo cuando me presiono contra la pared. Su cabello salvajemente rizado, en ese color avellana intenso, con finos reflejos rojos que destaca el café oscuro en sus ojos, no pude decir si es su único defecto o su mejor característica. Indomable, imagino. Él no se lo ata, como muchos caballeros harían en una situación similar, en lugar de eso deja que los rizos fluyan libres, como he escuchado hacen artistas y bohemios. Este no es bohemio, aunque, tampoco marinero, como sospeche, el traje bien hecho que viste habla de su riqueza y privilegio. Doy pasos lentos. La caja en mis manos repentinamente ya no pesa, o al menos no siento el dolor que me causa esta. No me puedo reponer del shock de volver a verlo, y del efecto poderoso que tiene en mí. Se siente como si me notara, como si cualquier fuerza extraña que nos unió ayer por la noche llamara a él con tanta fuerza como me llama a mí, y aun no voltea. Él y su compañero de viaje están distraídos. Se apoyan cerca el uno al otro, como si no quisieran que su conversación fuera escuchada. Su cuerpo esta girado un poco lejos del hombre con la barba Vandyke, como si quisiera caminar en otra dirección. Pero ellos hablan tan atentamente. ¿Están discutiendo o conspirando? No podría decirlo. Y usualmente soy buena leyendo a las personas. La tensión del momento entre ellos despierta a su compañero, el de la barba voltea a verme, como si fuera el quien está atado a mí, no su amigo. Sus helados ojos azules barren sobre mí, solo por un pequeño segundo, pero es suficiente para enviar un frío hasta la medula de mis huesos. Me ve como si me conociera. Como si me odiara. Y hay algo inquietantemente familiar en su mirada. ¿Después de todo, es ese el hombre de anoche? Rápidamente me volteo. Seguramente su animosidad no es más que la irritación de un hombre rico. Me atrapo espiando su conversación, entrometiéndome con mis superiores. Si él se queja con un contador o peor con Lady Regina, mi vida no valdrá la pena durante los siguientes cinco días. Y aun siento que se me queda viendo a mis espaldas nuevamente. Es tan real como la ropa en mi espalda. Es frio, y es malvado, y me sigue mientras camino hacia el mayordomo más cercano para hacer mi escape La suite Lisle está localizada en una cubierta, de la que puedo decir por la expresión del mayordomo es especialmente magnifico. Los pasajeros de primera clase son escoltados a sus cabinas, pero el mayordomo espera que encuentre mi propio camino. Él no me ofrece tomar la caja por mí, o encontrar a alguien más que lo haga, ¿Por qué lo haría?, entonces la pongo a mis pies mientras hacemos negocios. Me dan la


llave de sus habitaciones y la combinación de seguridad sin preguntar, no puedo ser una sirvienta útil sin tener acceso a todo lo que mi patrón pudiera desear. Entonces toma otra llave. —Esta te lleva de tercera a primera clase, —su rostro es amargo—. No significa que estaremos manejando estas cosas para todos. Las regulaciones de Estados unidos dicen que debemos mantener esas puertas cerradas, y si encontramos que no lo has hecho, confiscaremos esa llave a toda prisa., y la señorita del vizconde tendrá que vérselas sin sirviente por un tiempo. Este mayordomo claramente nunca ha conocido a Lady Regina, ella lo marchitaría en un punto solo con una mirada. Pero estoy destinada a ser intimidada y seria, así que asentí mientras deje mi llave dentro del bolsillo y me agache a recoger la caja. —Sí señor. Seré cuidadosa, señor. El asiente y me despide, ansioso de dar su atención a personas que valen más su tiempo. El resto del camino, estoy por mi cuenta. Doy una mirada hacia atrás para asegurarme que el hombre barbado con los helados ojos azules ya no está viendo. Ahora no está a la vista. Y aun así me siento la presa del cazador. Con un escalofrío, me apresuro hacia el ascensor, ansiosa de irme más lejos de él. Hasta los pasillos del Titanic son lujosos. La alfombra, ahora roja con flores, es suave bajo mis pies adoloridos, y la pintura blanca es brillante y nueva. Después del clamor del muelle, el silencio es asombroso. Aunque otros en el corredor están entrando a sus alojamientos de primera clase, nadie está especialmente cerca. Se siente como si tuviera la nave para mí misma. ¿Qué haría si estuviera sola en este barco por cinco días? Sola excepto por el personal, claro, no podría llegar muy lejos sin ellos. Podría deslizarme sobre ese majestuoso pasamanos de la gran escalera. Me sentaría en el suntuoso comedor y chasquearía mis dedos, demandando platillo tras platillo de toda la rica comida que usualmente tengo de los Lisles pero solo si está muy quemada. ¿Y qué vestiría? Solo con el personal para verme, nadie quien me mandara, nadie que me juzgara, no habrá más necesidad de este andrajoso uniforme. Imagino quitarme el bonete blanco y dejarlo flotar del pasamano de la cubierta al océano. Los tiburones se pueden comer. Es tan agradable soñar despierta, sin obstáculos, que no me di cuenta del hombre que se acercaba a mi hasta que casi estaba a mi lado. Es él. No mi hombre de cabello avellana, el más grande, el de la barba Vandyke. Se ahora que es el mismo que me había abordado una noche anterior. No es meramente una rara coincidencia, su mirada se fijó en mí y su mandíbula se endureció. —Así que, te gusta escuchar las conversaciones de otras personas. —Su voz es el retumbar de un bajo, y las palabras tienen un acento que no es familiar para mí— ¿Tal vez Ruso? Los Lisles invitan a nobles extranjeros tan raramente que no puedo estar segura—. ¡Anoche, y otra vez esta mañana! Esa es una buena manera de escuchar muchas cosas interesantes, pero son malos modales. Muy malos modales en realidad.


Es casi un alivio pensar que él no es más que un hombre desagradable a quien le disgustan los espías. Así de cerca, puedo ver que también es un hombre guapo, o debería serlo, pero el frio anormal de sus pálidos ojos azules me dice lo contrario. —Le ruego me disculpe, señor. No he oído nada, señor. Por favor, ruego su perdón. — No le digas, no le digas — ¿No has escuchado nada? ¿Otra vez? Y estabas poniendo tanta atención esta vez. —La habitación estaba muy ruidosa, señor. Pido su perdón, señor. —Algunas veces, si tienes un desliz como este (ya sea real o imaginado), todos los aristócratas quieren que comas tierra, que te humilles hasta que se sientan poderosos, hay un fin en eso. Pero cuanto más me disculpaba con éste, más se enojaba. La energía alrededor de él es increíblemente obscura, y me sentí más inestable de lo que me sentía. Al menos ya había alcanzado la cabina Lisle, todo lo que tenía que hacer era calmarlo lo suficiente para poder llegar al otro lado de la puerta. Sus ojos viajaron hacia la caja que sostenía. —Que pesada carga llevas. —Todo está bien —La cresta de la propiedad de Lisle, ¿Estoy en lo correcto? No es tan inusual que un miembro de la nobleza reconozca la heráldica de otro. —Sí, señor. —Eso pensé —Camino más cerca de mí, muy cerca, y puedo decir que su esencia natural tiene un indicio de humo de leña. Su sonrisa es pequeña y estrecha dentro de su negra barba. Hay algo extraño con sus dientes. —Debes estar muy cansada. ¿Me permitirías ayudarte? Habla casi amablemente, que es más aterrador que antes. Aunque no puedo decir que es lo que me angustia de este hombre, así que confié en mis instintos y me aleje. — No, señor. Gracias, señor. —Eso no va a ser todo. —Ahora la ira hierve a la superficie de sus palabras. Una de sus manos negras enguantadas agarró un mango de hierro, y jale la caja un pequeño segundo antes de que él la arrebatara. Me tropecé hacia atrás hasta que la puerta de la cabina se presionó contra mis hombros. Quise gritar por ayuda, pero no vi a nadie más, y soy una sirvienta. Él es un caballero. En cualquier pelea entre nosotros, a él le van a creer y a mí no. ¿Pero porque un caballero intentaría cometer un robo? Su sonrisa se amplió. —Sería como una desagradable criada ladrona tratando de robar a su patrón... Dales la mano… ¿No es esa la expresión? El dar servicio en la gran casa te saca de tu humilde hogar y tus costumbres. Tu propia posición en sociedad. Así que te conviertes en una pequeña ladrona.


Señor, se equivoca. —Es una cosa tan tonta de decir, pero no puedo pensar en nada más. Aun ahora, no debo ofenderlo. —No he robado nada. Esto es la caja de mi patrón, y debo guardarlo, señor. Por favor discúlpeme. — ¿Qué pensaran si abren la caja fuerte y la caja no está ahí? Debí de afirmar, pero ¿Cómo? Quise patearle las espinillas, pero no hay palabras para el problema en que me meto si asalto a un caballero. —Señor, eso no va a ocurrir y creo que ahora debo buscar un mayordomo. —No creo que llegue a tiempo para rescatar a la pequeña sirviente, —el canta. El bastardo se está divirtiendo—. Dame la caja, niña. O voy a disfrutar profundamente quitándotela. Levantó su mano negra enguantada y con un dedo trazo el lado de mi rostro. Cuando sus ojos taladraron los míos, el miedo se deslizo dentro de mí, no solo nerviosismo, sino terror real. Estos fueron los ojos que me siguieron en el muelle. Aun antes que lo viera con el hombre joven de anoche, él me había visto. Este es el cazador. Y aun me está cazando. Me ha atrapado. Dale la caja, pensé. Dale la caja, y les dices que fue robada, y si no te creen, te meterán a la cárcel. Es todo lo que veré de América ¿La celda de una cárcel? Aun con miedo, no me puedo dar por vencida tan fácilmente. Pero odio intimidar. — No, señor —dije y levante mi barbilla, desafiándolo a que hiciera lo peor. Aceptó el desafío. Sus manos agarran mis hombros y me tira hacia adelante así que pierdo el equilibrio y su cara está cerca de la mía. Su aliento huele como si recientemente hubiera comido carne media cruda. Entonces él me empuja contra la puerta, lo suficientemente fuerte que pega dolorosamente contra mi cabeza. Por un momento olí sangre. Susurra, —¿Qué es lo que más te asusta? —Déjeme—intente empujarlo, pero la pesada caja en mis manos me lo dificultó. — ¿Ser despedido y morir de hambre? —Aunque aún está agarrando fuertemente mis hombros, sus pulgares hacen círculos mientras presionan mi carne, una caricia que lastima. —¿Qué te hieran? ¿Qué hieran a alguien que amas? Lo que sea, puedo hacer que pase. No sé qué decirle. No sé qué hacer. Solo sé que lo odio. Así que escupí en su cara. La saliva escurre en su barba, los helados ojos azules de repente brillan como fuego. Mi miedo se profundiza mientras me doy cuenta que esto no es lo peor que él puede hacer, está a punto de hacerlo ahora. Entonces una voz llama, —Detén esto.


Volteamos a verlo, el otro, el hombre joven, el hombre que me salvó anoche me está salvando ahora. Me hundo de alivio en la puerta, y la cara del hombre barbado se distorsiona, para su disgusto se derrite como la cera. —Déjanos, Alec. Alec no hace eso. —Este no es ni el momento ni el lugar para tus juegos Mikhail. Deja la pobre chica sola. El cazador –Mikhail– responde, —algún día aprenderás que nunca es mal lugar para disfrutar nuestro derecho de nacimiento. —Pero soltó mis hombros. Algo paso entre ellos: algún tipo de conocimiento mutuo que no pude adivinar. Entonces, ¿Son amigos? ¿Cómo puede ser eso posible? Mikhail me aterroriza, pero el efecto que tiene Alec en mi es algo completamente diferente. ¿Debería tenerle miedo a Alec como le tengo a Mikhail? La belleza no es garantía de bondad; Lady Regina es prueba suficiente de eso. No lo sé, y más que nada quiero que esto se termine. Mikhail me da otra mirada que hace que mi estómago se apriete, entonces ladea su sombrero hacia mí, para mí una burla de modales. Entonces se va. Y sé que esto no se ha terminado. Los ojos de Alec me estudian, pero esta mirada es diferente, al menos mi reacción es diferente. Cuando Mikhail se me queda viendo, siento frio; la atención de Alec calienta mi sangre, sonroja mis mejillas. Aun no puedo decir si me está viendo con deseo, desprecio, o no puedo adivinar. No puedo investigar la profundidad de su intensa mirada. Me dice groseramente, —Deberías cuidarte. No puedo decir si fue una advertencia o una amenaza. Y aun así, sé que más allá de cualquier duda, he sido rescatada. Antes de que pueda hablar, Alec se va, muy rápido, como si fuera un criminal escapando de la escena. Primero me le quede viendo en shock, incapaz de entender que pasó aquí, y que podría haber pasado si Alec no hubiera llegado. Entonces sentí la llave presionado fuerte mi palma sudorosa contra la caja, y maldiciéndome por ser una tonta. Me apresure dentro de la cabina y cerré la puerta detrás de mí, segura, por ahora.


Traducido por Lu_01 Corregido por Kitty

IENTRAS LOS LATIDOS DE MI CORAZÓN SE HACÍAN MÁS LENTOS y mi respiración volvía a la normalidad, trate de entender que pasó en el pasillo, pero no podía. Estoy absolutamente segura que fue Mikhail el que me estaba espiando cuando yo aborde el barco. También sé que si Alec no llega cuando lo hizo, la situación habría sido mucho peor. Pero solo puedo adivinar, nada más. Mikhail quiere esta caja, la que ahora yace en el suelo de la cabina. No dudo que esta contenga inmensas riquezas; Estoy segura que las mejores joyas de Lady Regina, y los pocos adornos que Irene posee, se encierran en su interior. Más que eso, también: no es ningún secreto, en la planta baja Moorcliffe, que la familia Lisle no es tan rica como lo era antes. Se rumorea que este viaje es en gran parte sobre la búsqueda de alguna rica heredera industrial para que Layton se casara por los encantos de su título, su personalidad, obviamente, no sería suficiente por sí sola. Sin duda, los Lisles prefieren casar a Irene, dejando a su hijo y heredero poder elegir a una mujer de la nobleza, pero los encantos de Irene son demasiados modestos para que ella consiga un ilustre partido. Por eso Layton tendrá como su novia a la hija de un hombre de Filadelfia que construye vías férreas, o tal vez una a una chica de Boston que vaya a heredar la riqueza generada por los productos pedidos por correo. En resumen, la familia Lisle quiere impresionar a la clase de personas que usualmente suelen escupir. Ellos no pueden hacerlo si es que no están viajando con estilo. Por eso la caja contiene muchos de los objetos ancestrales de valor incalculable que la familia del vizconde Lisle ha mantenido durante los últimos 400 años, y que ahora pretenden vender. Me estremecí por un escalofrío y me apresuré a poner la caja en la caja fuerte de hierro de la suite. Seguramente estoy siendo tonta. Si Mikhail no es un ladrón, entonces él es simplemente el tipo de hombre rico que piensa que sus sirvientas están para hacer su voluntad, para amenazar, para molestar, para la cama y para descartar. Eso no es inusual entre los señores ricos. Después de años de evadir a los calientes amigos de Layton de Cambridge, yo no debería encontrar esa actitud sorprendente.


Una vez que yo desaparezca bajo cubierta, a mi tercera clase, Mikhail pondrá su atención en alguna infeliz azafata a bordo del barco, y yo podré seguir con mis asuntos. Aunque no creo totalmente esta sensata explicación, me obligo a aceptarla. La puerta de la caja fuerte se cerró con un sonoro estruendo, y me senté pesadamente en la suntuosa cama de la cabina. Como yo, mis pensamientos flotaron hacia un tema totalmente más agradable. Mi mente quiso hacer hincapié en Alec. Sólo en Alec. Aun a sabiendas de que su nombre me hacía sentir más cerca de él de alguna manera. Y ahora él me ha salvado del peligro dos veces. ¡Si tan solo, yo hubiese pensando en agradecerle! Me imagino a mis dedos serpenteando por sus espesos rizos castaños, mi boca abierta mientras él se inclina más cerca. Mientras sueño despierta mis mejillas se ruborizan y mi corazón late demasiado rápido. Estoy sin duda, siendo tonta, como cualquier otra sirvienta que finalmente ha tenido la oportunidad de estar a solas con un hombre atractivo. La familia no permite a ninguna de nosotras mucho más que la oportunidad de estar con los hombres de nuestra propia clase, no estamos destinadas a enamorarnos y casarnos, solo para trabajar como esclavos y servir hasta que nos sequemos y nuestros cabellos se tornen grises y nuestros dientes caigan. Y aquí estoy yo portándome como una idiota por un hombre que no mostró interés en mí, que me mantuvo a salvo de hacerme daño como cualquier humano decente haría. Especialmente teniendo en cuenta que él me protegió hoy, pero me amenazó anoche. Puede que no sea un peligro tan grave para mí como Mikhail, pero eso no significa que Alec no traiga sus propios peligros. El colchón de plumas es suave, mucho más suave que el camastro lleno de bultos en que he dormido en los últimos cuatro años. Y esta colcha color crema, la tela no es de seda, pero es tan suave al tacto, que bien podría serlo. Esta habitación es tan grande y elegante como ninguna de las habitaciones de la familia Lisle en Moorcliffe. Incluso más que eso. Por un momento me imagino una fina dama, viajando con estilo a borde del Titanic. Me imagino que yo estoy usando una bonita bata de encaje de Viena, en lugar de mi vestido de sirvienta gris negro. Me tumbo de nuevo en el suave, suave colchón y quisiera poder cerrar los ojos y dormirme. Luego, me gustaría poder abrir los ojos y ver a Alec acostado a mi lado. No seas estúpida, me digo. No sé ni su apellido. No sé si es bueno o malo, o en la distancia insondable entre los dos. Tú no sabes nada de él, excepto que mantiene malas compañías, es brusco y extraño, y es lo suficientemente rico como para navegar en primera clase, lo que significa que él estaría detrás de una sola cosa con una sirvienta.


Pero mientras estoy acostada en la suave cama, sintiendo la tela de seda en mi piel, sucumbo a pensar en que una sola cosa parece lo suficientemente tentador. Abruptamente me siento en posición vertical y me empujo a mí misma fuera de la cama. Hay un poco de agua en la porcelana china en la mesita de noche, uso un poco de esta para salpicar una gotas en mi cara para volver a mis sentidos. Tiempo suficiente para soñar despierta en romances y todo lo que podía seguir después de llegar a New York. Por ahora, lo mejor será que me quede en la dura realidad de las tareas ahora en adelante. Primera clase estaba casi en silencio, tercera clase era todo lo contrario. —Permesso, permesso, — dijo un hombre moreno creo que debe ser italiano, mientras se abre paso entre la multitud, seguido por su esposa y no menos de cinco hijos, todos ellos charlando a la vez. Hombres y mujeres de toda edad y tamaño, formas y nacionalidad son echados a empujones unos contra otros en su afanosa búsqueda por sus cabinas. No huele a madera de cedro pulido, aquí abajo en la cubierta F, huele a un honesto sudor y bolas de naftalina. Yo esperaba sentir repulsión por este caos, pero en cambio, este me da energía. Aunque se trata de una multitud extraña, ellos son felices. Me doy cuenta de que, por primera vez en mi vida, estoy rodeada de personas que comparten mi objetivo de empezar una nueva vida en los Estados Unidos. Porque los grandes troncos que ellos llevan, los fardos de ropa que las mujeres sujetan cerca, estos no son suplementos para un viaje por mar. Son los cimientos de una nueva vida. Además, incluso los alojamientos de tercera clase son impresionantes en este barco. Aunque no son tan suntuosos como los de primera clase por ningún medio, los pisos aquí son de madera pulida y las paredes están recién pintadas de color blanco brillante. El metal de los accesorios brilla y un cartel nos informa que con el té, se incluyen sopa de verduras, carne, pan, queso, y un postre. ¡Tanto así! Apuesto a que esta noche no sentiré hambre ni una sola vez. Esto es mucho mejor que la húmeda y fría habitación del ático que yo dejé en Moorcliffe, o el pan y la mantequilla con lo que nosotros nos teníamos que conformar la mayoría de las noches. Por fin veo el número de mi habitación. El camarero dijo que yo no estaba compartiendo cuarto con la señora Horne, lo cual era una pequeña bendición. Me atrevo a esperar que yo tenga el cuarto para mi sola, ellos dicen que las habitaciones para solteras no venden muchos boletos, porque la mayoría de la gente quiere esperar hasta que los parientes hayan hecho un viaje o dos. Después de años de compartir la cama con una o dos muchachas del servicio contar con una habitación para mí sola parece el colmo del lujo. Abro la puerta. No tuve suerte. Blancas, literas de hierro fundido están a cada lado de la habitación. En una de las literas inferiores se encuentra una chica, tal vez uno o dos años mayor que yo.


Aunque no estoy realmente sorprendida de ver a alguien, me sorprende ver que ellos me hayan puesto en la misma habitación que una extranjera. Ni siquiera tuve que preguntar si ella era una extranjera. Yo solo lo sé. Su piel es de un bronceado profundo, su pelo grueso de un negro perfecto, que casi tiene un brillo azulado, y su brillante y bordada falda y rebozo no son del tipo de cosa que haya visto en la moda de ropa Inglesa. Pero siempre he escuchado que los extranjeros son sucios, y esta chica no lo está. Por extrañas que sus ropas sean, están limpias y en realidad están bastante bien. Y siempre he escuchado que el inglés rosa, describe como el último estándar de la belleza: marco delicado, piel pálida, mejillas rosadas y rizos rubios. Siempre me ha gustado mucho esta descripción, porque se aplica a mí, al menos lo haría, si alguna vez yo me lavara adecuadamente y vistiera algo bonito. Y sin embargo esta chica, oscura y escultural como ella es, es mucho más hermosa que yo. Más sorprendente aún: ella no está saltando a saludarme, pidiéndome perdón o dándome la bienvenida a la cabina. De hecho, parece más disgustada por compartir una habitación que yo. A pesar de que soy inglesa, como si todo el mundo no admirara a Inglaterra. — ¿Entonces, quién eres?— Ella exigió. Su acento es fuerte, pero su inglés es bueno. Puse mis manos sobre mis caderas. —Soy Tess. ¿Quién eres tú? —Myriam Nahas. ¿Por qué estás en este barco?— esto suena casi como si estuviera preguntando cómo me atrevo a estar a aquí. —Soy sirvienta de la Honorable Irene Lisle, hija del Vizconde Lisle, quien está viajando con su madre y hermano a pasar una temporada en New York. — Lo dije tan presuntuosamente como pude. Sus títulos deberían darme algo de crédito, por lo menos. No lo hicieron. Myriam no podía mirarme menos impresionada. Por lo que pregunte precipitadamente, — ¿Por qué estás tú en este barco? —He dejado el Líbano para reunirme con mi hermano y su esposa en Nueva York. — El orgullo brilla en ella, y sin embargo también se puede ver lo cansada que esta, ya ha viajado por todo el camino desde el Líbano, y todavía tiene un mar por cruzar. —Él tiene un negocio de ropa, y le está yendo bien. Puedo ayudar cosiendo para él. Tal vez eso no suena bien para gente como tú, pero me gusta. Suena lo suficientemente bien. Estoy celosa, de hecho. Myriam está a bordo de esta nave por la misma razón que yo, para emigrar a los Estados Unidos, pero a diferencia de mí, ella tiene una familia y un trabajo que esperan por ella. Tal vez eso es lo que me molesta de ella. O tal vez es que ella no está siendo respetuosa y obediente, como lo que hubiera esperado de una chica extranjera. Más probable es solo porque ella parecía molesta por mí primero, por la razón que sea. Pero


sus ojos se estrechan a medida que nos quedamos mirándonos la una a la otra, y yo siento una lucha de poder en ese momento. —He tomado una de las literas de abajo—, agrega Myriam. —En ellas se siente menos el movimiento del barco. —Entonces voy a tomar una también. —Otras estarán en esta habitación con nosotras también y querrán las literas de abajo. — ¿Ellas no tendrán suerte, no es cierto? Sus ojos se entrecierran. —Van a tratar de convencernos para que nos cambiemos, y no seré yo. Me siento en la cama de forma deliberada en la otra litera de abajo. —No tengo la intención de conformarme con menos solo para que tú te sientas más cómoda. —Yo tampoco. —Escucha. Soy una mujer inglesa, y este es un barco inglés. — Eso debe tranquilizarla. En cambio, Myriam cruza los brazos y levanta la barbilla, y a pesar de mi enfado con ella, no puedo dejar de notar la perfección de su perfil. —Tú eres una sirvienta, — ella se burla. —Yo no respondo a nadie más que a mí. La ira sonroja mis mejillas, y abro la boca para decirle lo que pienso de los extranjeros insolentes, pero entonces la puerta de la cabina se abre una vez más, revelando a nuestras otras dos compañeras de cuarto. La primera dama es anciana, setenta y cinco hasta el día de hoy y la segunda es mayor. Ellas se tambaleaban, llevando nada más que unas maletas de viaje, con su pelo blanco como la nieve trenzado sobre sus cabezas. No reconozco el idioma que están hablando, pero una tarjeta de identificación en uno de las maletas tiene una bandera que creo es de Noruega. Sus rostros aumentan las arrugas con sus sonrisas de bienvenida, y lo que nos están diciendo suena agradable. Y absolutamente no existe ninguna manera de que cualquiera de ellas pueda tomar una litera de arriba. Subo a unas de las literas de arriba instantáneamente, y volteo para presionar a Myriam a hacer lo mismo, pero ella ya lo estaba haciendo. Nos miramos la una a la otra, sorprendidas al darnos cuenta que a pesar de nuestro temperamento agrio, ninguna de las dos es realmente tan mala. Es casi divertido. Si nos conociéramos mejor, creo que nos reiríamos. En cambio, me dejo caer pesadamente en mi litera. No es tan suave como las de primera clase, pero es mejor que la de casa. Cómoda como ninguna otra. Me imagino que es una alfombra mágica, llevándome lejos hacia otro mundo mejor.


— ¿Se cuentan historias sobre alfombras mágicas en el Líbano?— le pregunto a Myriam mientras caminábamos por el pasillo en la cubierta F. —Yo creo que tú estás unos cuantos siglos atrás en el tiempo—, ella dice, pero no sin amabilidad. Aunque sigo pensando que ella es más bien grosera, y aún parece estar a la defensiva, con lo que a mí concierne, nosotras estaremos lo suficientemente bien para un viaje de unos pocos días. Como yo no necesito volver con los Lisles hasta un poco antes de que el barco se ponga en marcha, decidí tomar un paseo bajo cubierta, y ella se unió a mí. Espero poder hablar con ella acerca de emigrar a América, ella es la primera persona que conocí que tiene el mismo objetivo que yo. Por supuesto, yo no tengo intención de admitir que ella es mi objetivo. Nadie puede saberlo hasta que lleguemos a New York. Pero podría conocer algunas cosas de todos modos. Aunque todavía hay un montón de ajetreo en los pasillos, se ha calmado un poco ya que todo el mundo ha encontrado sus camas y se están estableciendo. En medio del bullicio de los pasillos, veo un oficial del barco, lo que me sorprende, pensaba que solo los camareros bajarían a tercera clase. Incluso mejor, lo reconozco, es el hombre amable que me ayudó en el muelle. Él me recuerda, también. —Veo que tienes todo resuelto. —Muy bien, gracias, señor. Luego él mira a Myriam, no es más que una simple mirada, y aun así, él está atrapado. Su belleza lo mantiene firmemente cautivado, como si él fuera una mosca y ella fuera una miel. A Myriam le gusta su aspecto también, por lo que puedo decir. Pero ella no le sonríe tontamente o actúa en forma ridícula en el apuro por hacer conversación, como yo hice las pocas veces que he podido hablar con hombres jóvenes en el pub del pueblo. Ella simplemente le sonríe a él, lenta y afectuosamente, completamente relajada. Esto es obviamente una mejor forma de manejar la situación. Debo recordar esto para más adelante. El oficial saca su sombrero de la cabeza, como si fuéramos damas. —George Greene, oficial del barco, a su servicio. —Myriam Nahas. — Ella inclina la cabeza ligeramente. Sus ojos no vacilan a su mirada. —Tess Davies, — digo, solo para que ninguno de ellos olvide que estoy aquí. — Es un barco precioso. —El mejor en la flota White Star. El mejor en el mundo, si tu usted me pregunta. — George hace un gesto hacia las puertas en el otro extremo del corredor, las que están bloqueados porque se supone que no debemos entrar. — ¿Les gustaría un tour? No tengo mucho tiempo, pero podría enseñarles a las damas los alrededores de las cubiertas inferiores. Más abajo de lo que el ojo puede ver. — Cuando Myriam vacila


antes de responder, él rápidamente añade, —Nosotros tenemos instalaciones de primera clase por aquí, por lo que serían de utilidad para usted, señorita Davies. Sabiendo cómo están de separadas las diferentes clases del barco, es decir, ya que va a estar corriendo mucho. Es bueno ser llamada —señorita Davies, — como si fuera una dama. Y no pienso que él está tratando de impresionar a Myriam, o, al menos no con eso, se puede ver en el brillo de los ojos azules de George que su bondad y cortesía eran reales. —Sería muy interesante poder ver más de la nave, — dice Myriam, como si la compañía de George no tuviera nada que ver con su decisión de venir. George ansioso por complacer, nos lleva a través de la cubierta F, que nos muestra el comedor de tercera clase, en primer lugar. Largas mesas de madera recorren la enorme sala de lado a lado. Esto también, es luminoso y alegre, mucho mejor que la mesa para sirvientes en la planta baja en Moorcliffe. —y hay mesas afuera para ustedes, también. — Él dice. —Ustedes no van a estar encerrados todo el viaje, como lo estarían en la mayoría de los barcos. Titanic tiene una preciosa terraza sólo para pasajeros de tercera clase, para que puedan tener un poco de aire fresco. Myriam cruza sus brazos. —Tal trato especial hacia personas que solo han sido peinadas y recogidas como si fuéramos perros. ¿Se peinaba a los pasajeros de tercera clase? En busca de piojos, me di cuenta. Tan insultante. Gracias a Dios que George me dijo que entrara por el pasillo de primera clase. El pobre hombre no pudo pedir disculpas lo suficientemente rápido. —Disculpe, señorita, Nahas. Es crudo y desmesurado el tratamiento, y usted puede estar segura de que no es la política de White Star. Esas son leyes estadounidenses. Usted no creería las tonterías con las cuarentenas y con todos los aprietos que nos meten. —Bueno, si todo es culpa de los americanos. — Myriam mueve su pelo, un poco, pero no totalmente calmada. —Por su supuesto, yo estaré en América pronto. ¿Cómo el pobre George logrará salir de esta? No puedo contener una pequeña sonrisa cuando lo miro a él. Pero el buen hombre se manifiesta rápidamente. — ¿Entonces, supongo que ellos estarán en aprietos, verdad, señorita? En vez de responder, Myriam sonríe. Me siento algo innecesaria pero yo continuo siguiéndoles los talones, más por el bien de la travesura. Después de eso, él mira a su alrededor un poco para asegurarse de que no vamos a ser vistos, a continuación, nos lleva a una pesada puerta que da a la sección de primera clase de esta cubierta. —No puedo hacerla pasar a través de las demás regulaciones estadounidenses, pero puede pasar por aquí si usted lo necesita, señorita Davies. — ¿Yo no molestare a los pasajeros de primera clase en sus cabinas?


—No hay cabinas aquí—, dice George con un tono de voz que deja claro que no hay gente rica de paseo por esta planta baja, donde se puede sentir el movimiento de la nave. —Pero los servicios especiales para ellos, como el baño turco. — Me río, sin poder creerlo. Yo pensaba que solo existía en las viejas novelas de exóticos países extranjeros. —Baño de vapor y todo, — él dice. —Fino como cualquiera que usted podría encontrar en Estambul. — ¿Ha estado en Estambul?— Myriam parece dudarlo. —Solo una vez, Miss Nahas, y muy brevemente. Pero les digo lo que sé que los accesorios de aquí son los mejores. Los azulejos de porcelana, abanicos de plumas, sillas de descanso, solo nómbrelo. —No molestare a los pasajeros de primera clase cuando pase. —Como tan bien ha viajado usted. — Myriam está mucho más interesada por George que por los baños, y de hecho él parece brillar al darse cuenta. Trato de no rodar los ojos. — ¿Qué otras cosas hay ahí?—digo yo, la verdad quería saber. Sólo Dios sabe si Lady Regina o Layton exigirá alguno de los servicios prestados en esta área. George sonríe. —Quieren jugar un partido de squash? —¡Squash! En un trasatlántico— me pongo a reír y se me une Myriam; es ambas incredulidad y alegría. El Titanic es como nuestro propio mundo flotante. —Todo lo que el corazón pueda desear, — George jura. —Y usted no tiene que preocuparse por que las olas puedan alterar su juego. ¿Ve cómo navega estable? También podríamos resbalarnos sobre cristal liso. Mi risa se detiene. — ¿Ya estamos en el mar? —Hace más de un cuarto de hora. —Estoy tarde— Dios mío, los Lisles me han estado esperando durante casi media hora. —Me tengo que ir. — ¡Oh, increíble! ¿Cómo puedo llegar a los niveles superiores? Espere, no, ya lo sé. —No temas, — él dice como si yo usara mi llave para abrir las cerraduras que me mantienen fuera de primera clase. —Va a estar ahí en un instante. — ¡Gracias!—, digo detrás de mí mientras corro entrando a la zona de primera clase del barco. La puerta se cerró con gran estruendo. No tengo duda de que George y Myriam están perfectamente felices de estar solos. Mucho más feliz de lo que Lady Regina estará cuando yo aparezca llegando tarde de nuevo. A medida que paso el ascensor y la puerta se cierra detrás de mí, veo a alguien de pie en el pasillo, la figura oscura de un hombre. Y al primer momento, sé que es Mikhail.


El ascensor sube, borrando mi anterior vista, y yo me dejo caer contra la pared para recuperar el aliento. El operario del elevador, un niño de pocos años más joven que yo, no parece darse cuenta de nada en particular. ¿Él hubiese notado a un pasajero de primera clase aquí abajo, no? Él habría tenido que abrir el ascensor para él. Por lo tanto, debe haber sido mi imaginación. Mikhail no me ha seguido hasta aquí. Él no podría todavía estar cazándome. Trato de creer en eso, pero es muy difícil.


Traducido por: Aregon Corregido por Strella

A LUZ DE SOL DE MEDIA TARDE PROVOCABA EN LA NAVE LA IMPRESIÓN DE SER DE ORO. Podía ver los glaciares de hielo como si fuesen parte de un sueño, navegando al mismo nivel que las olas, como si volara en sueños. Y ahora, el océano se veía como yo lo había imaginado: menos profundo, azul oscuro, con apacibles olas. —Tess. — Lady Regina grito—. No te quedes detrás. Y así termina, como muchas otras veces, mi sueño. Camino unos pasos detrás de lady Regina, de Layton, e Irene, llevando abrigo por si alguno de ellos lo necesitan. Al parecer, los viajes en el mar a veces pueden ser fríos, aunque esta tarde la temperatura no es anormal. El barco se dirige hacia Cherbourg para recoger a los últimos pasajeros. Así que las mujeres se quedarán en la cubierta, donde se vislumbra un poco la costa de Francia. Trato de pensar en cosas como la metáfora de estar en un bote, o la emoción de ver otro país por primera vez en mi vida. Si pienso en esas cosas, entonces no tengo que pensar en Mikhail. Estoy en primera clase ahora, sobre una nave. Podía caminar por aquí cuando quisiese, y quizás poder saber, a ciencia cierta, si es sólo mi imaginación o si realmente me busca. Entonces tal vez podría decirle a alguien, aunque no estoy segura de que como podría ayudarme. George Greene parece un buen hombre, pero él todavía cree en la palabra de un caballero por encima de la de un siervo, estoy segura. ¿Ned, tal vez? Pero ¿qué podía hacer Ned al respecto? No, estoy sola en esto. El vestido de color marfil de Irene le queda muy bien, gracias a mi costura, y las cintas azules que se reúnen en su cuello y el aletear de sus mangas en el viento. Me gustaría que Lady Regina hubiese seguido mi consejo sobre el sombrero de su hija, sin embargo. Es de ala ancha y alta corona, lo último en moda, pero que supera el pequeño rostro de Irene. Tan preocupada como yo de ella, no puedo dejar de pensar en


que se ve un poco como un hongo. Los bamboleos enormes de su sombrero, mientras ella animadamente habla un poco conmocionada en la cubierta sobre la casi tragedia del Titanic, un incidente que no termino de cumplirse. —Ellos dicen que estuvo a cuatro pies de chocar con el remolcador—, insiste Irene. —Un hombre en la cubierta declaró que era un mal presagio. Dice que va a desembarcar en Cherburgo—. —Supersticioso disparate, —farfulla Lady Regina—. Ahhh, mira allí. La condesa de Rothes. Bien vale la pena conocerla. —El suspiro de Irene es tan suave que Lady Regina pretende ignorarlo. Sin embargo, Layton se rompe, —Ella es apenas mayor que tú, pero que ha reunido un buen monto de dinero, ¿no es cierto decir eso? Puede que desee aprender de su ejemplo. —Espero que la condesa se casara por amor, no por dinero, —dice Irene. —Se casó bien, —dice Layton—. Ella tiene un buen ojo. Puedes intentar hacer lo mismo, Irene, en lugar de esconderte en la biblioteca todo el tiempo. A veces me escondo en la biblioteca con ella; pero más a menudo voy sola. Irene me prometió en Navidades que podría solicitar los libros que he querido, Sherlock Holmes o cualquier otro, y si alguien en su familia notó notara que faltaban, ella podría jurar que no los vio, aunque ambas sabíamos, había pocas posibilidades de que alguien en su familia notara un libro desaparecido. Entre los tres, dudo que alguna vez hayan leído algo más complejo que el título nobiliario de Burke. —Humph. Creo que los sería los Strauses.— La arrugada nariz de Lady Regina hacia parecer que olía algo malo. —Enormemente ricos estadounidenses. Poseen alguna tienda en la ciudad de Nueva York: de Macy, lo llaman. Supongo que es por lo que nadie se dará cuenta que es propiedad de judíos. Sneak peek, lugar de los Strauses; Nunca he visto ningún pueblo judío antes y tengo curiosidad. No ven diferentes de cualquier otra persona. De hecho, parecen una pareja de ancianos bastante agradable, caminando por el brazo de cubierta del brazo. Lady Regina sostiene su cabeza alta cuando pasan, negándose a reconocer, y Layton sigue formal. Las mejillas de Irene tomaron un giro, en su grosería descarada. Felizmente, los Strauses aún no lo notan. Son profundas sus conversaciones entre sí, obviamente cariñosas, de una forma en que el Vizconde Lisle y Lady Regina no lo han sido en años, como si lo hubiesen sido alguna vez. Lady Regina da codazos a Irene. —Ahora hay algunos estadounidenses mucho más dignos de nuestra amistad. Howard Marlowe de Aceros Marlowe— una gran preocupación. Uno de los nuevos Titanes de la industria en los Estados Unidos. Y ese debe ser su hijo, Alejandro. Un soltero muy cualificado... y, parece, muy guapo así. Dejo de entornar los ojos por encima de mi hombro a las Strauses por lo que puedo ver a este hombre que a mi parecer es guapo, y mis pies de repente parecen fijos a la cubierta. No me puedo mover, no puedo respirar. Debido a que Alexander Marlowe, ¡es Alec!


Nuestros ojos se conocen. Su mirada es oscura y devoradora. Él me está mirando, y por cómo me mira, no puedo decir si es ira o deseo. Mi aliento se atora en mi garganta. —¡Sr. Marlowe!— Lady Regina canturrea, da un paso hacia adelante con una mano extendida. Esto es un notable comportamiento hacia un hombre que nunca conoció, especialmente uno que no es un miembro de la nobleza. —Yo soy la esposa del Vizconde Lisle, Lady Regina. Así que me complace hacerme de su conocimiento. —El placer es mío, señora. —Howard Marlowe es tan alto como su hijo, aunque Alec y sus gruesos rizos deben provenir de su madre, el padre es calvo como un huevo—. Este es mi hijo, Alec. Él ha estado estudiando en París los últimos dos años. Sería bueno ver Chicago una vez más, ¿no, hijo? —Lo es. —Alec vuelve a mí y por primera vez veo una sonrisa en su rostro, un poco triste, pero es aún una sonrisa al mismo tiempo. De alguna manera cuando él está sonriendo, es aún más hermoso. —He olvidado un poco el hogar. Aprovecho cada movimiento como si se tratara de otra moneda preciosa para agregar a mi alijo. Su nombre es Alexander Marlowe. Él es de Chicago. Su padre es un magnate del acero. Aunque este último hecho hace aún más evidente que Alec nunca puede ser mío, quiero algo más que pueda saber sobre él. El conocimiento es lo único sobre Alec que puedo poseer. El Sr. Marlowe, su padre, es pura cortesía con todos, como con Lady Regina pero él también actúa de la misma manera con mucha gente humilde. Obviamente, no le importan los títulos; él sabe lo que vale la pena. —¿Y yo puedo tener el halago de ser presentado a sus hijos? —Mi hijo, el Honorable Layton Lisle. Mi hija, la Honorable Irene Lisle, —Lady Regina, dando un paso atrás como si ella se presenta algún tipo de espectáculo de ponys en lugar de su propio hijo. Irene siempre es tímida con los extraños, pero ella logra cabecear y sonreír. ¿Qué otra cosa debería hacer?, pero Lady Regina continúa, — Irene acaba de terminar su temporada de Londres, y estamos deseosos de mostrarle más del mundo. —Siempre es una idea excelente, —dice el Sr. Marlowe. —Y sólo hablamos de Chicago -Miraba hacia abajo, a la cubierta, no sólo para evitar que me sorprendieran mirando abiertamente a Alec, sino para impedir que me vieran riendo de la mentira evidente de Lady Regina. —Cómo nos encantaría visitar esa ciudad. —Podríamos practicar algo de tiro ahí ¿no? —Layton parece casi agradable por un momento cuando piensa en una de las pocas cosas que le gusta hacer, es decir, golpear en la cabeza de algunos patos y sentirse más varonil , hablo de Chicago más bien en la frontera salvaje, ¿entiende?


Alec no responde a ninguno de los chistes o invitaciones, lo que harían más los hombres jóvenes de clase alta; en cambio, se lo ve casi grave. —No voy para disparar. Y Chicago ya no es la frontera occidental. El Sr. Marlowe da a su hijo una mirada, tal vez una advertencia contra la grosería, aunque Alec hablaba razonablemente. —Chicago es una ciudad de verdad ahora. Incluso deben haber oído hablar de la exposición Colombina. Tenemos museos, teatro, todos los refinamientos que podrían desear. Normalmente yo esperaría que Lady Regina bostezara con desprecio a la idea de que nada en América puede ser refinado, pero ahora ella es sol y luz. —Hace que Chicago suene más emocionante, Sr. Marlowe si viajara allí el mes próximo, ¿confío que podemos pedir a usted y su querido Alec que nos introdujera a la sociedad? —Pero por supuesto, Lady. Sería mi honor.— ¿Ahora es más rígida la sonrisa del Sr. Marlowe, y quien le puede culpar? Lady Regina esencialmente le está obligando a una amistad con ellos, y cualquier tonto puede decir por qué. Entre este y su mención perentoria de Irene, Lady Regina estaba, anunciando que le gustaría que Alec considere a Irene como una novia. Arde como mil cortes. Es incomodo porque Lady Regina está siendo grosera y evidente. Triste porque Irene este ahora tan expuesta, tan torpe y lo único que quiere es que algunos agradables hombres que valoren más su bondad que su fortuna. Sobre todo, me duele porque me recuerda que Alec pertenecerá a alguna mujer rica en algún lugar y nunca, nunca a mí Pero yo soy la única que está siendo observada por esos ojos oscuros. Y yo soy la única que hablara con él. —¿Usted: no tuvo dificultades al abordar?— dice, Alec. Mis mejillas se tornan calientes. —No, señor. Gracias, Señor. Lady Regina se fija en mí, como si ella quisiera que su mirada tenga el poder para derretirme donde estoy. —Tess, ¿está siendo molestado Sr. Marlowe? —No en absoluto, Lady—. Alec da unos pasos adelante, colocándose a sí mismo entre Lady Regina y yo. ¿Me defiende de ella, o me muestra lo fácil que me puede separar de otros? La emoción que siento cuando estoy cerca de él es atracción e igualmente miedo; No sé si es una emoción o si se trata de una ilusión. Tal vez tiene algún tipo de justificación. —Ella llevaba una carga demasiado pesada esta mañana. Ella necesitaba ayuda para llegar a su suite. Su suite, quiero decir. Él no dice que Mikhail me estaba amenazando. Que me estaba protegiendo ¿de Mikhail? —Tess a menudo finge que necesitan más ayuda de la que ella requiere. No esperaría que alguien lo creyese. —Lady Regina sonríe ligeramente—. Siempre es el


mismo problema, con el servicio. Ellos pueden eludir sus tareas en el momento en que no estés mirando. Ella está tratando de que me avergüence, pero no me avergüenzo. Quiero saber la verdad, y lo mismo ocurre con Alec. Él ya sabe mucho sobre mí... más, tal vez, que me preocupo saber más de él. No me hace sentir más segura. A pesar de su timidez, Irene, trata de cambiar de tema. — Sr. Marlowe, ¿has visto a John Jacob Astor? ¿Él está realmente a bordo? —De hecho si, —dice el Sr. Marlowe, obviamente complacido con el cambio de tema. —Con su nueva esposa, que no es mucho mayor que usted. Lady Regina no puede resistir chismes, y pronto el partido está caminando muy bien una vez más, los padres y Layton chismean fácilmente y Irene en la estela de su madre. Alec sigue unos pasos atrás, no a mi lado, pero si más cercano que nadie. Es que puedo sentir su presencia junto a mí, el calor profundo, un poco incómodo, como si estuviese de pie muy cerca de un incendio. Cuando los demás rondan la esquina de la cubierta del barco hacia la popa, Alec se vuelve a mí. Él esta tan cercano a mí ahora que puedo sentir su aliento cálido en mi mejilla. Su voz es áspera, cuando él dice, —No les dijiste nada, verdad. —No. —Acerca de mí o sobre Mikhail. —No, lo juro. Los ojos de Alec se clavaron en mí, tanto como los míos en él, se inclinó aún más y susurro, —Si valoras tu vida, mantén tu silencio. Eso es lo único que lo evitara. ¿Me oyes, Tess? —Sí. Luego camina hacia adelante nuevamente, como si no tuviera problemas, aunque nunca me había hablado a mí en absoluto. Alec incluso sonríe cuando su padre le invita a pasear a su lado. No sé qué pensar, pero sigo detrás, una vez más la sierva obediente. ¿Estaba tratando Alec de protegerme, diciéndome que Mikhail me golpearía si he hablado con alguien sobre él? ¿O era una amenaza? De cualquier manera, él acaba de confirmar lo que he estado tratando de negar toda la tarde. Estoy en peligro. —¿Cómo puedes ser tan impertinente, Tess?— Lady Regina lanza su sombrero hacia abajo en el sofá en la suite de los Lisles. —Presentarse atravesándosele por delante. Intentando monopolizar la atención de Alexander Marlowe.


—Madre, le habló a Tess en primer lugar, —Intento señalar Irene, pero Lady Regina le ignora. La sala de lectura se enciende durante algún tiempo, pero casi no lo noto. Todo lo que puedo hacer para permanecer allí es cabecear; mi mente es consumida por la amenaza de Alec. O su advertencia: todavía no sé lo que es. No puedo dejar de pensar en los ojos fríos de Mikhail. Yo digo que he vivido al borde de la negociación. No le he dicho de nadie. ¿Alec dijo que me protege pero porque lo haría? Mantenerme tranquila es lo que me ha mantenido segura hasta ahora. Esto es sólo una cosa más para quedarme tranquila. Lady Regina no se detiene hasta desahogar su ira hacia mi hasta tarde, y entonces tengo que preparar la cena de Irene. Con lo mucho que la ayude en su vestido de noche azul aciano, Irene no puede dejar de disculparse por su madre—. Sólo está nerviosa, —dice Irene, como si esa vaca fuese estuviese alguna vez nerviosa sobre cualquier cosa. —Mi Madre ha estado ocupada con un montón de cosas últimamente. Por favor no lo tomes personalmente. —Se supone que nunca me pedirías disculpas, —me dijeron que enrede su cabello con algunas joyas para darle aún más brillo. Su cabello hoy esta fácil de manejar y me permite ocultar lo lacio de su cabello. —Yo soy tu sierva. Sé mi lugar. —No tienes un lugar, para que traten mal.— Irene suspira y mira su reflejo en el espejo. —Oh, ¿Qué es lo que tengo que hacer hoy? —Solo tienes que verte bien esta noche. Y alegra un poco. Ella sonríe. La confianza es la mitad de la batalla, señorita. Y ella se ve mejor que de costumbre esta noche: el color se adapta a ella, como lo hacen las líneas sencillas del vestido. En cualquier otro momento, estaría orgullosa de mi obra. Es mi trabajo como doncella de damas, el que Irene muestre su mejor ventaja. Cuando su madre se encuentra fuera de mi camino y no obliga a Irenea llevar volantes que ahogan su contextura y pálido, —y puros— colores que lavar a su complexión, Irene es: bueno, no una belleza deslumbrante, pero al menos bonita. Me ha costado ser una sierva joven y sin experiencia, pero he aprendido rápidamente. Esta noche, sin embargo, yo no puedo sentirme parte de este triunfo. Parece como si no pudiera escuchar nada, pero la sangre corriendo en mis oídos y la memoria de susurro de Alec, están ahí. Mantener su silencio. —Bueno, eso no es tan malo,— las voces cansinas de Layton mientras él pasea por su cuarto. Irene frunce el ceño, le gusta su privacidad, pero su hermano sabe que a parte de él, nadie entra. —Al menos no será una vergüenza esta noche. Detrás de su hombro, puedo ver a Ned, cuya cara pecosa se vuelca con ira. Odia cuando Layton habla de Irene. Pero, dice, —¿esto es todo, sir?


—Absolutamente todo—. Layton es, en efecto, impecablemente; su esmoquin tan bien encajado y cepillado que parece haber sido pulido. —Se pueden retirar por esta noche. —Es demasiado, Tess, —dice Irene, con una pequeña sonrisa. Pero luego, desde la habitación de al lado, escucho que Lady Regina llama, — Tess, te quedas aquí. Horne está ocupada conmigo. ¿Podrías llevar a Beatrice a la cama? Mi estómago está vacío por el hambre y el miedo, pero no hay nada que hacer. Lo que es orden, debo hacer. —Sí, mi señora. Por el momento Beatrice se baña y se duerme y Lady Regina finalmente, no me da miedo ya. Aunque todavía me siento tambaleante cada vez que pienso sobre la amenaza de Mikhail, o sobre Alec, he asumido el hambre. Parece como si no pudiera hacer frente a nada hasta que pudiera comer. Pero por el momento que llego a tercera clase, es bien después de la hora del té. ¿A qué hora es el segundo servicio de comida? Me apuro abajo hacia el corredor largo blanco que creo que conduce hacia el comedor y así encontrarme a Myriam , que, más bien es interesante, está acompañado por George. —¿No tiene un barco para administrar?— Le digo a George George mira de una manera adorable — por lo menos a Myriam, que le sonríe. —A esta hora esta fuera de servicio. Pensamos que Miss Nahas y yo podríamos tomar un paseo en la cubierta de tercera clase. —Por supuesto le invitamos a unirte a nosotros. —Myriam me da una mirada humeante que claramente significa, Interfiere con esto y morirás en la noche. Ella no necesita preocuparse; Tengo mejores planes. —Gracias por la invitación, pero necesito algo para comer. ¿El té no ha finalizado, lo quieres? Sé que es demasiado tarde para sacar turno, pero: —leí la verdad en sus rostros consternados. —Oh, no. George endereza la chaqueta de su uniforme. —Escúchame. Ve a la cocina, todavía deben estar los de la limpieza. Si les das mi nombre, serás capaz de encontrarte con un montón de sobras, de miedo. Tal vez lo dijo para conseguir un buen lugar junto a Myriam, pero creo que no. Sinceramente, no me importa. —Séptimo oficial George Greene,— repito, para asegurarse de que tengo razón. —¡ Gracias! —¡Ten una buena noche!— Myriam grita a mis espaldas. Ella realmente podría decirlo en serio. Me apuro abajo del pasillo, empujando a personas que caminan lento después de haber comido. Pero ya estoy dudando. No recuerdo este lugar , y los corredores se sienten como un laberinto. No estoy acostumbrada a encontrar mi camino en nuevos


lugares, ya que apenas salí de la casa en la que he trabajado los últimos cuatro años y el pueblo donde había pasado toda mi vida antes de ello. Echo un vistazo sobre mi hombro, busco a Myriam y a George, pero ya están fuera de mi vista. Nadie a mí alrededor habla a inglés o probablemente dos de los hombres más cercanos a mí incluso parecen ser de China. No puedo pedir direcciones. Por lo tanto sigo caminando hasta la puerta que me acerca a la primera clase. Quizás yo pueda reorientarme y volverme al comedor. Cuando llego a la puerta, mi estómago ruge, y espero no perderme por mucho tiempo más— y la puerta se abre. Mikhail sale de ahí. Mi cuerpo parece congelarse hasta llegar al estado de shock. Él me está cazando después de todo, creo, pero eso no es correcto. Se lo ve tan sorprendido de verme como yo de verlo. A continuación, la cara de Miguel es de acero mientras rodea mi muñeca son su mano lo suficientemente duro como hacer daño. —Serias demasiado tonta si gritaras. —Déjame ir. Él me tira a través de la puerta: ¿Cómo es que él tiene la clave? — y trato de resistirme, pero es más fuerte. Aunque quiero gritar, yo sigo recordando lo que dijo Alec: mantener su silencio. Ahora que estamos solos en el corredor de primera clase solo hay silencio, Mikhail se inclina hacia mí, encerrándome contra la pared del comedor, claramente significa que me quiere encerrar sobre mí. Pero soy demasiado alta para eso. Pero no lo perturba. —Interesante volverte a encontrar. —He pensado antes sobre esto— digo. —¡No! ¡Detente!. —Tal vez—. Sus ojos son tan fríos. Puedo sentir ese escalofrío pasar a través de mí otra vez; es difícil estar tan cerca de la mirada de mi perseguidor. Él enmarca mi cuerpo con sus brazos. —Cuando te vi en primer lugar, yo pensaba que eras simplemente una tentación. Una desviación de mi misión—. Empiezo a sentir pánico. Pero luego de esa noche me entere sobre los Lisles.— Mikhail se inclina aún más sobre mí, por lo que yo puedo oler su aroma extraño, a animal. Yo no puedo decir si a esta hora me quiere llevar a su cama o a mi tumba. Y, a continuación, estoy tan asustada que ya no siento miedo. Estoy furiosa. Empujo a Mikhail, sin preocuparme de meterme en problemas o de si me dolería. —Si intentas aprovecharte una vez más de mí, le voy a decir al oficial del buque. Ahora Déjame en paz. Tan pronto como las palabras salen de mi boca, sé que he cometido un error terrible. No debí empujarlo, ni amenazar en su contra. La expresión de Mikhail


cambio cuando mencione la palabra "aprovecharse". El momento en que reveló que en realidad todo lo que él quiere es acercarse a los Lisle. Él me da un golpe, agarra mi brazo en una mano y cubre mi boca con la otra. Mi espalda contra la pared golpea tan dura que saca todo el aliento que tenía. Si pensaba que él era fuerte antes, no esperaba ni la mitad de lo que en realidad era; Mikhail se mantiene en su lugar, como si tratara de alejarnos. Su fuerza está más allá de lo que jamás he conocido. Es casi inhumana. —Eso es un plan muy razonable—, silbaba para poder inhalar. —Pero no puedo posponer mi trabajo solo por una simple mujer. Así que ¿por qué no asegurarme de que nunca vas a hablar? Me vuelvo loca. Lo agarro, trato de empujarlo hacia atrás, la llave a mi cuello esta tan apretada que me duele. Pero incluso cuando quiero gritar, sé que nadie vendrá. La sección de primera clase de la baraja está desierta excepto para nosotros en este momento de la noche; los pasajeros de tercera clase probablemente no pueden escuchar a través de la puerta, y si pueden, no tienen la clave para pasar por ella. Mikhaíl hala mi cabello, me duele tanto que las lágrimas brotan de mis ojos. Él me está arrastrando hacia abajo del corredor y sigo tratando de aferrarme a algo, cualquier cosa para liberarme, pero es inútil. Llegamos a una puerta, y él la abre con fuerza. Justo antes de que él entre, veo el signo: esto es el baño turco. Caigo a través de la oscuridad, a través del calor, caigo sobre mis manos y rodillas sobre un piso de azulejos verdes y blancos. El vapor del baño cubre el aire con una nube, como si yo hubiera sido arrojada a la niebla. No veo, no puedo respirar. La luz principal está en el pasillo, y solo ilumina el cuerpo de Mikhail cuando él me golpea hacia dentro y golpea la puerta detrás de él. Espero golpes, o ser violada o asesinada. No espero un lobo.


Traducido por Diana! Corregido por Ale=)

RIMERO VEO LOS OJOS. Son verde dorado. Planos y reflexivos. Está tan oscuro que difícilmente puedo distinguir las formas, por lo menos no aún, pero la luz que hay brilla en la mirada de este animal. Suspiro. Un caliente y pesado vapor quema mis pulmones y me hace toser mientras intento alejarme de esos ojos. Pero golpeo algo-alguien. Mikhail. Él está de pie detrás de mí. Su risa resuena en la habitación de azulejos. Voy lejos de él, hacia la esquina, pero los ojos me siguen. Cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad, la forma enorme de la bestia aparece entre los remolinos de vapor. Orejas puntiagudas, hombros anchos, piernas musculosas, pelo rojo y espeso. Lobo, pienso, justo en el momento en el que empieza a gruñir. —Tiene hambre. —dice Mikhail. Él no tiene miedo. —Pensé que era hora de alimentarlo, ¿no crees? El lobo se abalanza sobre mí y grito. Me las arreglo para salir fuera del camino del lobo, pero sólo por centímetros, puedo sentir su peso y velocidad mientras patina delante de mí. Echo un vistazo a sus largos y blancos dientes. Rápidamente me apresuro y corro a través del baño en busca de una puerta que no esté bloqueada por Mikhail. No hay ninguna, pero una pared está llena de pequeñas cabinas de madera ¿para el cambio, tal vez? No me importa. Tienen puertas, y tal vez pueda esconderme dentro. Cuando entro en la cabina, quiero maldecir. Esta madera es tan fina, tan frágil. Pero, ¿qué esperaba? No están hechas para proteger, si no para dar privacidad. Sin embargo, es todo lo que tengo. Me aseguro, con la espalda contra la puerta, y con una


mueca de dolor mientras escucho al lobo venir hacia mí -que va a golpear, justo en la puerta y justo sobre mí. Pero el lobo no golpea la puerta. Patina para parar justo antes de llegar a la cabina. Miro a mis pies, aterrada por si va a arrastrarse debajo de la puerta, o por sólo si muerde mis tobillos. No lo hace. En cambio, el lobo empieza un rito, de ida y vuelta, ida y vuelta. Puedo escuchar su respiración jadeante, y el sonido de sus garras contra las baldosas del suelo. Aunque aún estoy tan asustada que todo mi cuerpo tiembla, por fin tengo un momento para pensar. ¿Qué hace un lobo a bordo? Seguramente los animales salvajes no deberían subir a bordo de un buque, y si lo hicieran, estarían en la bodega de carga. Se trata de algo que hace Mikhail, obviamente, pero no puedo imaginar porqué. ¿Es la misma bestia que vi en Southampton? No, este es más delgado, más rojo. Pero está claro que es otro lobo, y seguramente más peligroso. Sólo si Alec apareciera otra vez para ayudarme. O Alec, o nadie. Pero no hay nadie aquí al lado de Mikhail. Él ríe otra vez, pero ahora más tranquilo, más lento. Como si hubiera visto esto miles de veces antes, y no hubiera dejado de divertirle. —¿Cuánto tiempo crees que te protegerá? ¿Tres minutos? ¿Cinco? No respondo. No tengo nada que decir a ese imbécil sin valor. —El lobo está muy cerca, —dice Mikhail. —Lo suficientemente cerca para oler tu sangre. Pero él no se acuerda de cómo ser un lobo. Si lo hiciera, te habría devorado ya. El ritmo del lobo disminuye. Puedo escucharlo respirar. Hay un pequeño banco en la pequeña cabina, y, manteniendo las manos apoyadas en la puerta, paso mis pies encima de él. Eso significa que el lobo rojo no será capaz de arrastrarme por los tobillos. También significa que puedo ver a Mikhail. Todavía está de pie, no muy lejos de la puerta, pero se ha quitado la chaqueta. Su camisa blanca ha comenzado a pegarse a su cuerpo a causa de la gruesa humedad en el aire, con los músculos, por lo voluminoso que es se ve casi monstruoso. No me extraña que no pudiera defenderme. Ahora se quita los zapatos. Al ver que lo observo, su sonrisa se ensancha, y abre su camisa para revelar su velludo pecho. Yo miro hacia otro lado para no darle satisfacción. Parece bastante claro lo que tiene en mente, pero ¿cómo espera llegar a mí con un lobo salvaje entre nosotros? Mikhail dice: —Si ha olvidado cómo ser un lobo, entonces voy a tener que recordárselo.— Él gruñe, un sonido bajo como el de un animal. Igual que un animal. Entonces grita. Miro hacia Mikhail, esperando ver que el lobo rojo lo ataca. Pero el


lobo se queda enfrente de mi puerta, su pelo rojo de punta, con un bajo gruñido en su propia garganta. Mikhail está gritando, cada vez más fuerte, desnudo, su cuerpo expuesto. Y cambiando. Es el vapor jugando conmigo. La oscuridad. Mi propio miedo. Pero no. Yo veo esto. Realmente está pasando. El cuerpo de Mikhail gira y se retuerce, sus omoplatos se extienden hacia el exterior, la espalda encorvándose tan drásticamente como si se hubiera roto la columna vertebral. Él cae a cuatro patas, arqueando su cuello hacia atrás mientras su rostro se extiende con un sonido terrible, como el de una sierra a través del cartílago. Sus mandíbulas crecen. Sus dientes parecen apuñalar para salir de las encías. Y su piel se está oscureciendo- no, le está creciendo pelo negro en todo el cuerpo. Pelaje. Un lobo, pienso. Otro lobo, tan grande como el primero, pero negro. Y este, lo sé, es el lobo que me persiguió anoche en Southampton. Por primera vez me doy cuenta de que Mikhail es un monstruo, una cosa de historias para asustar a los niños, pero es real. Él es real, está gruñendo, y él me comenzó a buscar antes de que este viaje hubiera empezado, y ahora, ahora viene a matarme. Ahora son como perros de pelea, contoneándose y gruñéndose el uno al otro. El vapor es tan espeso que no puedo ver precisamente lo que está pasando, pero el lobo negro es mayor, así que me siento segura de que va a ganar. Pero el lobo rojo permanece en tierra, hundiendo sus colmillos en el hombro del lobo negro y luchando. Por un momento pienso que el lobo rojo me está defendiendo. Pero que estupidez. Sólo defiende su presa. —¡Ayuda! —grito. — ¡Alguien, ayuda!— Se hace eco de mi voz fuera de las baldosas verdes y blancas, y sé que nadie está lo suficientemente cerca como para oírme. El vapor captura mi garganta otra vez, y yo me quito mi gorra de algodón blanco -húmeda por el vapor - y la mantengo al otro lado de mi cara. La lucha dura, por lo que se siente, como una eternidad aunque probablemente sea sólo unos minutos. No tengo ningún sentido del tiempo, no hay nada en el mundo aparte de mi pulso rápido y duro, y el temblor en mis piernas. El agotamiento me ha cargado desde el comienzo del día, y ahora, debilitada por el miedo, me siento como si todo lo que pudiera hacer sea mantenerme en pie. Pero me mantengo apoyada contra la puerta. Finalmente, el lobo negro se retira, y camina hacia atrás desde el lobo rojo, que está jadeando. Oigo el sonido escalofriante de nuevo, y el lobo se retuerce violentamente sobre sus patas traseras, el pelaje negro comienza a desaparecer bajo la piel restaurada. Aunque sé que es Mikhail -que eso era Mikhail todo el tiempo- sigue


siendo un shock ver su cara cruel, una vez más. Su hombro está sangrando de marcas de la mordedura, pero es como si yo pudiera verlo curarse mientras está de pie. Entonces sus ojos se desplazan hacia arriba, hacia los míos, y veo que todavía tiene la mirada plana, la mirada animal de un lobo. Mikhail se ríe mientras agarra la ropa abandonada y comienza a ponérsela de nuevo. —Mírate—, dice. —Demasiado estúpida para saber lo que has visto. Para apreciar el milagro que has visto. Y todos tus rizos de oro sobre tu cara. Bella y tonta, muy apetecible. —No eres más que un fenómeno de circo— le digo, con más valentía de la que siento. Eso le pilla desprevenido. Mikhail gruñe salvajemente como lo hizo antes, mientras era un lobo. —No conoces a tus superiores. No reconoces a un dios cuando lo ves. —¡No eres un dios! —A mi compatriota se le ha abierto el apetito ahora—, dice Mikhail mientras se abotona su camisa. —Y creo que te quiere para él.— Abre la puerta, dejando entrar un breve eje de luz. —No te preocupes. Volveré por la mañana a roer los huesos. La puerta se cierra otra vez, y oigo una llave en la cerradura. Estoy tan atrapada como estaba antes, pero ahora con sólo el lobo rojo. El lobo no viene detrás de mí de inmediato. Tal vez esté tan hambriento como Mikhail dijo, pero lo veo cojeando, claramente con dolor. Hay gotas de sangre en el suelo de la pelea entre los lobos, y no toda la sangre podía ser de Mikhail. ¿Estará muy lesionado? ¿Lo suficiente para escapar? Tentativamente, piso el suelo, y después abro lentamente la puerta de la cabina. Cuando abro lo suficiente como para pasar, el lobo se vuelve para mirarme. Sus ojos verde-oro son brillantes en medio del vapor. La cabeza del lobo cae bajo, como la de cualquier criatura herida, y me acuerdo de todo lo que el jardinero en Moorcliffe me dijo acerca de los animales heridos que eran los más peligrosos. No me atrevo a correr el riesgo. En lugar de eso entro de nuevo en la cabina y cierro la puerta. El lobo camina más cerca, delante de mi puerta, y luego se detiene ahí, lo suficientemente cerca como para que oiga su jadeo, una vez más.


Todo mi cuerpo está temblando de cansancio y miedo, pero me obligo a pensar racionalmente. La bestia está herida. Débil. Es probable que el lobo ya no tenga la fuerza para pasar por la puerta de la cabina, y es demasiado enorme para llegar por debajo. No hay duda de que se recuperará y tendrá mucha hambre cuando lo haga, pero eso llevará tiempo. Y el tiempo está de mi lado. Los caballeros de primera clase tendrán que usar el baño turco mañana. Es probable que el baño se abra después del servicio de desayuno. Esto significa que el empleado vendrá a hacer de esta zona dispuesta alrededor de la hora del desayuno, si no antes. La ayuda está en camino. Todo lo que tengo que hacer es esperar. El calor es insoportable. El sudor y el agua condensada se han pegado a mi piel, y siento como si yo no pudiera respirar. No me atrevo, porque la idea de desnudarme me hace sentir poco segura, pero la idea de llevar la ropa mojada y pesada en este sofocante calor es aún peor. Así que me quito el uniforme mojado, empapado, y me dejo sólo mi ropa interior. Eso es un poco mejor. Me pongo de rodillas para estar en el banco pequeño dentro de esta cabina, y arrugo el uniforme en una bola debajo de mi cabeza. Los listones de madera son duros, pero no me importa. Fuera, el lobo se acuesta delante de mi puerta. No puedo ver nada, excepto su piel de color rojo. Él me está esperando. Quiero decir que no me dejará salir, ni mientras duerme. El pensamiento es horrible, y me mantiene despierta durante horas mientras tiemblo y toso. Pero, finalmente, el sueño gana, y me dejo caer en el olvido sin sueños.

11 de abril 1912 Me despierto sabiendo sólo que estoy dura e incómoda, y que quiero dormir más. Luego abro los ojos, y mi entorno -y recuerdos increíbles- me alertan. Me siento en posición vertical y empujo con mis manos la puerta casi antes de recordar que estoy dentro para evitar al lobo. Hay luz ahora-delgada y gris. Amanecer, entonces. Debe haber ojos de buey para que la luz del sol entre. Miro hacia abajo, pero el lobo no está tendido en frente de la puerta ya. No puedo oírle jadear, ni el sonido de sus garras contra la baldosa. ¿Podría haberse ido? ¿Moriría por la noche? ¿O está al menos lo suficientemente lejos para que yo pueda correr a la puerta y salir? Alguien podría estar más cerca ahora.


Con mano temblorosa, abro la puerta, tan lentamente que parece durar una eternidad. No hay movimiento. No hay sonido. AsĂ­ que salgo corriendo, pensando en correr hacia la puerta que conduce al pasillo y hacer lo que pueda por mĂ­ mismaY a los dos pasos, paro. Tendido en el suelo, completamente desnudo, perfectamente formado, y aturdido casi hasta perder el conocimiento, estĂĄ Alec Marlowe. El lobo rojo.


Traducido por Shelly Corregido por maquiqii

URANTE UN MOMENTO, NO PUEDO MOVERME, SÓLO PUEDO MIRAR FIJAMENTE. Anoche, mientras caía entre la vigilia y el sueño, me había dado cuenta que el lobo rojo debía ser otra versión de Mikhail -otro ser humano transformado. Pero con todo lo que dice sobre su amigo y su compatriota, creía que tenía que ser uno de los hombres que había estado caminando aquella noche en Southampton. Nunca sospeche de Alec Marlowe. Alec se acerca lo suficiente para reconocer mi pie junto a él, y rueda sobre un lado, ligeramente lejos de mí -tal vez para demostrarme que no quiere hacerme daño, tal vez sólo porque le da vergüenza estar desnudo delante de una joven que apenas conoce. Tal vez debería correr. Pero al ver la manera en que se mueve -lentamente, todavía confuso- parece demasiado cruel abandonarlo así. — ¿Qué estás haciendo aquí? — dijo él. — ¿No… no te acuerdas? — Todo es una imagen borrosa —. Alec trata de levantarse, pero no puede. Sus brazos musculosos tiemblan demasiado para soportar su peso. — ¿Qué pasó? — Tu amigo, Mikhail, me arrastró aquí. Él. . . — ¿Cómo digo esto? — Él cambió. Los dos lucharon, y yo no podía escaparme hasta que… hasta que cambiaras de nuevo. Ahora que la luz y el vapor por fin se habían terminado, puedo dar una buena mirada al baño turco. Hay un armario que apostaría cualquier cosa es para blancos y, por supuesto, cuando abro la puerta, está plagado de toallas y batas de felpa en su


interior. Puedo tomar una bata para Alec y arrodillarme a su lado. Los azulejos son frescos en contra de mis rodillas desnudas. — Aquí — le digo suavemente — ¿Estás bien? Él la arrebata de mí, aunque al parecer todavía está demasiado débil para ponérsela. Él solamente lo coloca sobre su regazo. — No hay necesidad de preocuparse, Tess. Nada ha pasado aquí. Déjame. Y no se lo digas a nadie. Casi quiero reírme. — ¿Realmente vas a fingir que no lo sé? Alec gira la cabeza hacia la esquina, aprieta la mandíbula firmemente, mientras lucha contra una emoción más profunda: la vergüenza, me doy cuenta. Está avergonzado de ser visto como lo que es. — La mayoría de la gente. . . prefiere olvidar, en vez de admitir que ellos lo han visto — dice más o menos. Su voz suena terrible, como si hubiera estado gritando durante horas. Recuerdo que gruñía y gruñía. — Deberías irte. — No puedo — ¿Porque quieres mirar fijamente en el monstruo? — Los ojos verdes de Alec resplandecían, pero con un fuego totalmente humano ahora. — ¿ O porque te doy lastima? — Yo no podía adivinar cuál posibilidad detestaba más. Cruzo mis brazos. — No puedo salir porque la puerta está cerrada. Créeme, me habría ido hace horas si hubiera podido. — Ah. Desde luego —. Entonces él se ve tan avergonzado, tan infantil, y tan hermoso que casi me dan ganas de reír. Pese a lo extraño de la situación me mantengo tranquila. Todavía estoy asustada de Alec, sabiendo lo que realmente es. Y sin embargo, esta mañana está cansado, golpeado, desnudo y expuesto en el piso del baño turco. Vulnerable. Si quiero respuestas, lo mejor es conseguirlas ahora. — Eres un — dudo con la palabra, que he escuchado sólo en los cuentos para asustar a los incautos. — Un hombre lobo. Alec levanta la cabeza para mirarme. Sus rizos castaños brillan levemente por el color rojo en la luz del amanecer.


— Sí. — Y Mikhail, también. Él hace una mueca de puro disgusto. — Sí. Más viejo. Más fuerte. Más poderoso. — ¿Él te hizo. . . esto? — No me extrañaría que Mikhail hiciera algo tan malo. — ¿O naciste hombre lobo? Tomando una respiración profunda, Alec se empuja hacia arriba en una posición completamente sentado, entonces lucho para apartar mis ojos de la bata. Sólo ahora, cuando se pone algo sobre él, puedo recordar que todavía estoy en mi ropa interior, que está hecha de lino endeble. Debí de haberme metido en una bata mientras estaba ahí, pero ahora simplemente dibujo mis rodillas hacia el pecho, por un poco de modestia. Una vez que la bata está sobre él, Alec se levanta lentamente sobre sus pies. El movimiento parece hacerle daño, y se balancea mientras se endereza por primera vez. Antes de que pueda levantarme para ayudarlo, sin embargo, Alec se estabiliza. Él me mira. — Nunca he contado esto a nadie. A nadie, además de mi padre, quiero decir. ¿El Señor Marlowe sabe? Yo no esperaba eso. Pero, ¿cómo iba a esperar algo de esto? — Me convertí en un hombre lobo hace dos años — dice Alec —. Mi padre y yo estábamos en un viaje de caza en Wisconsin. Nunca he oído hablar de ese Wisconsin, que es al parecer un lugar peligroso. Así me lo imagino como los grandes bosques cerca de Moorcliffe, donde el Vizconde a veces va a disparar; antiguos árboles se extienden hacia el cielo, sus hojas tan espesas que casi borran el sol. El suelo cubierto de nubes de helechos y alfombras de musgo. Un profundo silencio roto sólo por el batir de las alas de los pájaros. Una sonrisa amarga, triste juega en el rostro de Alec. — Fue justo después del atardecer. Mi padre me había dicho antes entrara para la cenar, pero no había disparado en todo el día. Me negué. Iba a probar lo gran cazador que era realmente. Pero había un mejor cazador en el bosque, a la espera. — ¿Mikhail?


— Otro. Nunca supe su nombre, o como se veía como un ser humano, a menos que algún día decida revelarse a sí mismo —. El tono de Alec dejaba en claro que esto sería extremadamente imprudente que el hombre lobo lo hiciera; quería vengarse tan gravemente que pude sentirlo en el espacio entre nosotros, tan tangible como las paredes. — Yo no entendí lo que había sucedido al principio. Pensé que simplemente había sido mordido por un lobo. Pero inmediatamente enfermé tanto, Dios, las fiebres. Me acuerdo de dar vueltas en la cama, pensando que ahora sabía lo que la carne siente cuando la gente la cocina en un asador. He estado enferma como eso, bueno, no exactamente así, pero entendía lo que quería decir. — Luego vino la luna llena, — dijo Alec — Y por primera vez, me transforme en lobo. Por suerte, estaba en nuestros establos en ese momento, y sólo mi padre estaba conmigo. Él fue capaz de encerrarme solo. Por supuesto, perdimos todos nuestros caballos. Es decir, los mató. Parece tan disgustado consigo mismo que siento más simpatía que horror. Pero hay una cosa que me confunde: Algo de los cuentos viejos, y de lo que él acaba de decir, que no tiene sentido. — Estoy segura de que ayer por la noche no había luna llena. — Tienes razón. No había. La luna llena es importante para nuestra especie, es cuando la maldición por fin despierta en nosotros. Cuando nuestros poderes están en el cenit. Y esa es una noche de la que nunca podemos escapar, cueste lo que cueste, en la noche de luna llena, tenemos que cambiar en lobos. — ¿El resto del tiempo, puede elegir? ¿Optaste por cambiar y atacarme anoche? — El miedo se estremece dentro de mí otra vez, y me pregunto cuánto tiempo más puede pasar antes de que el personal de la mañana por fin llegue. Alec está todavía cansado, pero lo veo cada vez más fuerte por segundos. Restauración de sí mismo. — No. Dios, Tess, no. No tengo ningún control sobre cuándo cambio. Tengo que transformarme en un lobo cada noche, desde el atardecer hasta el amanecer, no importa dónde este. Es por eso que siempre trato de estar a solas, en un lugar seguro. Pero Mikhail debe haberme encontrado. Él tenía otros planes — Se frota una mano por la sien, como si le doliera la cabeza. — Para nosotros dos.


Vuelvo a pensar en la noche anterior, en la manera informal en que Mikhail echó a un lado su ropa antes de transformarse en un lobo, y cómo cambio de nuevo mucho antes de que saliera el sol. — ¿Quieres decir Mikhail puede elegir si desea o no cambiar? — Él tiene ese poder. Porque ha sido iniciado en la Hermandad. Mi Señor, el odio en su voz cuando lo dice. Me da miedo, aunque sé que el odio se dirige a la Hermandad y no a mí. Ese tipo de odio es terrible, no importa a donde apunte. Me encojo, abrazando mis rodillas más cerca. Alec no parece darse cuenta. Él está mirando por la ventanilla a la luz de la mañana. — La Hermandad es el grupo dominante de hombres lobo. El paquete dominante. Hay otros grupos más pequeños, más débiles, perseguidos por la Hermandad. Y debe haber lobos solitarios escondidos, como hice al principio. Pero la Hermandad no se detendrá ante nada excepto el poder absoluto. Ellos controlan a cómplices en las calles. Ellos controlan a los miembros del Parlamento y el Congreso. No hay nadie demasiado bajo para que no se fijen o demasiado alto para que los comande. A veces pienso que podrían haber enviado al hombre lobo que me atacó, tal vez para traer el dinero de papá y la influencia bajo su control — Sacude la cabeza con gesto cansado —. Mi padre pensó que me estaba ayudando y me llevó a Europa. Nos preguntamos si pudiera haber. . . hombres de ciencia allí. Gente que entendiera lo que me estaba pasando y que pudieran hacer que se detuviera. Nos enfocamos en su búsqueda, no importando cuánto tiempo nos llevara. En su lugar encontramos a Mikhail y a la Hermandad que nos espera. — ¿Por qué quieren matarte? ¿Por qué ellos cazan otros lobos? — Sólo cazan a los que no quieren unirse a la Hermandad — dice —. Pero quieren iniciarme. Es por eso que Mikhail está en el Titanic. Para obligarme a unirme a ellos. Alec lo dice como si no pudiera haber algo peor. No entiendo. La Hermandad suena horrible para mí, pero si Alec es un hombre lobo, como ellos, ¿por qué no iba a querer ser uno del ―paquete de poder―? No tiene ningún sentido. — Si te daría el poder de. . . cambiar o no cambiar, cuando quisieras, entonces ¿por qué no unirse a ellos?


— Porque son monstruos — Alec mira sobre el hombro hacia mí, una de las esquinas de su boca se levanta en una sonrisa involuntaria. — Pero tú piensas que soy un monstruo también, ¿no? — Dime la diferencia. — Mientras este atrapada en el mismo barco tanto con Alec como con Mikhail, necesito saberlo. — La Hermandad mata personas, para comer, o simplemente por diversión. Los aterrorizan y atormentan para su entretenimiento, especialmente mujeres. Y si una mujer se convierte en un hombre lobo, la Hermandad no considera reclutarla. Simplemente la asesinan. Ellos afirman que los hombres lobo hembras ―debilitan el paquete‖. No es como si pudiera someterme a la iniciación y luego, hacer lo que quiera, tampoco. Los miembros más antiguos pueden ejercer poder sobre los demás, una vez que se inician, tal vez incluso controlar sus mentes. No estoy seguro. Y no tengo la intención de averiguarlo. Alec, por lo menos, no es un asesino al azar. Todavía no confió en él, pero ahora me siento lo suficientemente valiente como para ponerme de pie. Ya no lo estoy mirando como una desgraciada acurrucada en el suelo. Me doy cuenta de que soy una de las pocas personas en el mundo que conoce su secreto, y eso me da poder. No mucho poder, tal vez, y el conocimiento es más problemas de lo que vale, pero si tengo un cazador en pos de mí, tengo que tomar fuerzas de donde pueda. — Cuando los vi por primera vez a los dos — le digo — cerca de la escalinata, ayer por la mañana, era la primera vez que te dabas cuenta que Mikhail te había seguido a bordo, ¿no? — Sí —. Alec se apoya contra la pared, todavía cansado, aunque creo que esto es ahora más emocional que físico. — Mi padre y yo reservamos pasaje en el último momento. Sin embargo, de alguna manera lo sabía. La Hermandad tiene espías por todas partes. Por lo tanto, no están trabajando juntos. Pero quizás Alec al menos sabría. — ¿Por qué Mikhail vendría después por mí? ¿Qué hay en la caja que yo llevaba, la que él quería tanto? Alec suspira. — No sé, pero me lo he estado preguntando. El hombre es inmensamente rico, así que no me molestaría en robar si se tratara de una mera cuestión de dinero. Hay algo especial dentro de esa caja. Algo único. Algo que Mikhail no puede conseguir de otra manera. — Sus ojos verdes buscan mi rostro. — ¿No has visto el interior?


— No. Está cerrada, y no tengo la llave. — No creo que alguna vez hayas oído hablar de alguna conexión entre la familia Lisle y hombres lobo. No puedo dejar de reír. — No, difícilmente. Él levanta su barbilla. — Pero, por supuesto, no sabes todos sus secretos, ¿verdad? no eres más que una sirvienta. Aunque Alec dice esto con total naturalidad, sin ningún desprecio como Layton o la Lady Regina ponen en aquellas palabras, oírlo desestimarla de esa forma pico. — ¿Quién crees que sabe más de lo que sucede en una casa que los sirvientes? Nadie. Sé cosas sobre cada persona en Moorcliffe que los demás miembros de la familia no podrían adivinar. Ahora, eso suena como que estoy presumiendo, o amenazando con contarlo, y me gustaría que no haberlo dicho. Pero Alec no curiosea más. Me mira como si quitara la guardia. Así que presiono mi ventaja. — ¿Por qué vas a volver a los Estados Unidos, cuando no has encontrado la cura que estabas buscando? ¿Para escapar de la Hermandad? — En parte —. Su expresión se oscurece, no con ira sino con tristeza. A medida que se vuelve hacia mí, me doy cuenta de cuán desesperadamente solo esta Alec, él está hablándome, no sólo porque siente que debe, sino porque, sin importar lo avergonzado que esta de sus secretos, él se siente bien hablando con alguien. — Porque. . . soy muy peligroso para la sociedad educada. Para cualquier sociedad. Mira lo que casi te hice anoche. Lo que podría haberte hecho si no me hubiera asegurado de comer justo antes de la puesta del sol. Me encerré aquí, ya que era uno de los pocos lugares a bordo, sin nada que dañar y no hay otras personas alrededor en la noche, pero aun así me has dicho que estuve a punto. — Las palabras se ahogaron en su garganta. Alec toma una respiración profunda antes de continuar. — Quiero encontrar un lugar aislado en la frontera. En algún sitio remoto, donde pueden vivir sin lastimar a nadie. Mi padre me llevara a las afueras del Oeste, me ayuda a establecerme, y luego se olvidara de mí. Es hora de que tenga una vida normal otra vez. Al menos uno de nosotros podrá. Tal vez ahí finalmente estaré fuera del alcance de la Hermandad. — Entonces se enfoca en mí. — Sin embargo, Mikhail ira después por la caja. Esa


primera noche, en Southampton, debes de haberte dado cuenta de que él era el lobo que trató de atacarte. Asiento con la cabeza. — ¿Pero por qué iría después por mí? Si es la caja lo que quiere. — Por diversión. La caja es sólo por lo que inicio después de lo de Lisles y tu como su criada. Después de eso, él quiere matarte por diversión — El modo simple en que Alec lo dice lo hace aún más horrible. — Pensé que si te ayudaba, entonces, probablemente nunca volvería a verte. Que estaría buscándome y se olvidaría de ti. Cuando te vio a bordo del Titanic, sin embargo... ahora eres algo que él quiere y no pudo conseguir. La prueba de que no es todopoderoso. Créeme, no hay nada que odie más que a Mikhail. Tienes que tener cuidado, Tess. Alec da pasos acercándose más a mí, aunque siento un escalofrío por todo mi cuerpo, no es exactamente miedo. El sol de la mañana se vuelve más brillante, bañando su rostro esculpido con la luz casi deslumbrante. — Es probable que no digas nada acerca de esto, sin importar lo que diga o no diga. ¿Quién te creería? — Entonces, suspira. — Pero de todos modos, me ayuda que mantengas este secreto. Sólo necesito un par de días más — Termina con una palabra que casi parece ser arrancada de él — Por favor. Nuestros rostros están muy cerca. Trato de imaginar su rostro, sus ojos, su cuerpo como el lobo rojo que vi anoche. La bestia está ahí, justo debajo de la piel, siempre seré capaz de verla ahora. Él es muy amable, ahora que tengo algo sobre él, con su pregunta amable, pero no me gustaría averiguar qué haría si no estuviera de acuerdo. — No diré nada. Da un paso atrás, de repente otra vez distante. — Aléjate de mí tanto como sea posible. — Es la voz de un caballero de nuevo, la que se usa para dar órdenes y hacerlas obedecer. — Es por tu propio bien. A Mikhail claramente le gusta la idea de utilizarte como carnada. Si se da cuenta de que hemos hablado y que sabes la verdad, es aún más peligroso para ti. — Si tú puedes alejarte de Lady Regina, puedo evitarte bastante bien — Medito esto — Pero te lo advierto ahora, alejarse de Lady Regina es más fácil decirlo que hacerlo. Un momento de humor parpadea en esos ojos verdes, pero se pone serio de nuevo en un instante.


— Si alguna vez me ves en compañía de Mikhail, y no parezco preocupado, o discutiendo con él, o nada por el estilo, abandona tus deberes. Deja a los Lisles a sus propios recursos, y escóndete hasta que el Titanic llegue a puerto. — ¿Por qué? — Porque eso significará que he sido iniciado en la Hermandad. Puede ser que ellos tengan formas de forzarme a hacerlo, Mikhail lo ha insinuado antes. Si la Hermandad puede controlarme de forma completa como dicen después de la iniciación, entonces él podría ordenarme asesinarte, y yo lo haría. Él me mira con la muerte en los ojos. Lo dice en serio. Alec no puede jurar que no me matara. No hay nada que pueda decir en respuesta, yo simplemente asiento. Después de un momento de terrible silencio, Alec me habla. — Me gustaría que nos hubiéramos conocido en diferentes circunstancias. — Entonces hace una pausa antes de agregar — Gracias por mantener el secreto. Luego camina por la habitación a otra de las cabinas, de dónde saca un pequeño paquete, su ropa, me doy cuenta, dejado a un lado para la mañana. Pero, él esta obviamente, impaciente por irse, y se dirige directamente hacia la puerta, tal vez pensando en acercarse sigilosamente a su habitación para cambiarse. Le llamo. — La puerta está cerrada. ¿Recuerdas? — Lo sé. — Alec me parpadea una sonrisa que me demuestra lo guapo que puede verse, si alguna vez está feliz y despreocupado. — Yo tengo la llave. — Abre la puerta y sigue adelante, dejándola entreabierta detrás de él. Podía haberme dejado salir la primera vez que se despertó. No puedo decidir si enfadarme o reír. Mi cabeza da vueltas con todo lo que he aprendido en las últimas horas, por el hecho de que el mundo no es en absoluto el lugar que pensé que era, que es mil veces más peligroso y extraño. A medida que me acerco a buscar mi ropa, estoy casi sonámbula. Pero la vista de mi uniforme húmedo, arrugado me recuerda que tengo que ponérmelo de nuevo. Tengo que volver a primera clase, y apresurarme. Incluso después de todo esto, todavía tengo que ir con los Lisles y comenzar a trabajar.


Traducido por Lu_01 Corregido por Yemi-yeye •.¸¸.✿.

E RINDO A MI UNIFORME DE NOCHE, el cual esta arrugado, húmedo, desastroso y corro hacia el pasillo, donde rápidamente me encuentra un camarero, tal vez el encargado del baño Turco. —Hola, ¿Qué estás haciendo acá? —él demanda. Ahora el personal aparece. —Momento maravilloso, —digo jadeando—. Tengo que volver a tercera clase. ¿Podría usted perdonarme? Él no parece divertido, pero yo sólo le estoy pidiendo regresar a donde debería estar en primer lugar, por eso el me deja ir. Me voy corriendo. Por un lado parece casi absurdo preocuparse por enfurecer a la señora Regina, después de que yo he descubierto que los hombres lobo son reales y por lo menos uno de ellos está dispuesto a matarme. Pero ni siquiera eso me puede hacer olvidar que yo quiero que esta semana sea mi última semana como sirvienta. Si yo voy a empezar una nueva vida en los Estados Unidos, tengo que poder recibir mi anterior salario. Cada centavo cuenta. Y ahora tengo incluso más incentivos para irme. Cuando antes deje de servir a los Lisles, más pronto voy a poder desaparecer de la vista de Mikhail. Ahora que es de día, puedo ver mejor mi camino, y he podido encontrar mi cabina más pronto. Me arrojo dentro de mi cabina para encontrar al resto de mis compañeras mirándome fijamente. Las ancianas damas Noruegas todavía están metidas en su manta roja y blanca, tapadas hasta la barbilla, pero Myriam ya ha hecho su cama y esta vestida. Ella se sienta encima de su litera, cepillando vigorosamente su pelo, y cuando me ve, ella no se pierde nada. —Yo siempre he escuchado que las inglesas son muy correctas, — ella dice—. ¿Quién podría haber imaginado que tendría tantas pruebas, tan rápidamente? —No quiero oír una palabra sobre ello—. Rápidamente comienzo a quitarme mi uniforme, el cual es sólo para las noches. Tengo otros uniformes para usar por la mañana, y que, gracias a Dios, siguen estando perfectamente doblados.


—Oh, mira—. Myriam aun cepillando su cabello, con una satisfecha sonrisa en su rostro—. Llegaste a casa con tu ropa interior. Bien hecho. La fulmino con la mirada, pero no tengo tiempo de sobra. Si mis compañeras de cabina se están despertando, los Lisles lo estarán también, y yo espero tener a Irene lista antes del desayuno. Una de las señoras ancianas me mira con los ojos entrecerrados, luego murmura algo a su hermana, no dudo que sea sobre lo rápido que las niñas están en estos días. Para mi sorpresa, su hermana se ríe y dice algo en respuesta; la primera dama realmente se sonroja. A pesar de que no hablo ni una sola palabra de noruego, apuesto cualquier cosa que ella acaba de recibir un recordatorio de que fueron rápidas también en sus días. —Realmente, es vergonzoso…— La voz de Myriam se apaga y deja de cepillarse el pelo. Ella se inclina hacia adelante, estudiando mi rostro con más cuidado, y se desvanece su sonrisa—.Dios mío. ¿Qué te pasó anoche? —Nada—.Pero era una mentira ridícula. Myriam ya se ha dado cuenta—. No puedo explicarlo ahora. Como si alguna vez podría explicarlo. —¿Alguien te ha hecho daño? —¡Estoy bien, lo prometo!— lo digo en un quejido mirando mi arrugado uniforme de anoche. ―O lo estaré hasta que Lady Regina vea esto más tarde.‖ Voy a necesitar cambiarme en la tarde, si quiero verme apropiada, pero no tengo tiempo para presionarme con esto. —Dame eso aquí,— Myriam demanda. Cuando yo me le quedo mirando, ella repite, —¡Dámelo! Así que se lo tiro a ella, aun sin entender. No es como si ella pueda hacer que esto sea peor. Myriam inspecciona el tejido cuidadosamente. —No está sucio. Sólo esta arrugado. Puedo usar la plancha esta mañana, y tenerlo listo para ti. Usar la plancha no es divertido, calentar la pesada plancha en el fuego o en una cocina, cubriendo el mango con un paño húmedo para tratar de no quemarte la mano, pasando una y otra vez en las arrugas, cinco, diez o veinte veces cada una hasta que finalmente desaparezcan. No es un pequeño favor, y yo nunca hubiese pronosticado que Myriam podría ofrecerse. —Yo…te lo agradezco. Realmente. Ella mueve su grueso cabello. —Es una buena excusa para enviar una nota a George, preguntándole acerca de las lavanderías en el barco—. Pero no creo que eso sea todo lo que tenga que hacer, y por primera vez, le doy a ella una sonrisa verdadera. Esto se siente como si yo no hubiese sonreído en años. Myriam no la devuelve, en cambio estira mi uniforme en su litera, mostrando a esa ropa la bondad que aparentemente ella no quiere admitir.


Nuestra cabina no tiene espejo, pero ¿qué importancia tiene? Yo puedo ver que mi uniforme de día luce bien, y aunque mi cabello, es sin duda, una pesadilla de cabello rubio rizado, no importa, una vez que lo sujete me coloque mi gorra de lino, que ahora lo puedo hacer en segundos—. Te veré después del almuerzo, —le digo. La sola mención de la comida provoca un rugido en mi estómago, y de repente me doy cuenta que no he comido desde el almuerzo de ayer. El miedo había desterrado mi hambre, pero ahora esta regresa, con tanta fuerza que casi me desmayo. —¿Seguro que estas bien?— La cara de Myriam sugiere que también me debo de haber puesto pálida. —Lo estaré —. Espero que esto sea cierto. Gracias a Dios por la señorita Irene. Cuando llego a su habitación, ella me ofrece algunas tortas dulces de una lata. —Pensé que tal vez podrías haberte perdido la cena de anoche, —dice, mientras me como una. —Madre te mantuvo tan terriblemente ocupada hasta tarde. —Tiene que dejar de simpatizar con los sirvientes, señorita. —Odio decirlo, pero es verdad—. Entre nosotras dos está bien, pero cuando usted esté en su propia casa, si usted se preocupa demasiado por cualquiera que trabaje ahí, ellos van a pasar por encima de usted. Incluso en Moorcliffe, nosotros ya sabemos que un error debe ser dicho, es mejor decírselo a Irene en primer lugar. Ella intercede por nosotros con sus padres, lo que no sirve para nada con la señora Regina, pero a veces funciona con el vizconde. Por cada uno de nosotros que respeta a Irene por su bondad, como Ned y yo, hay otro que piensa que ella es débil. Si no hay autoridad superior en la casa, sin duda, la mitad del personal no daría a sus órdenes ninguna atención. —No quiero pensar en eso ahora—. Ella se ve tan pálida, tan demacrada. Quiero preguntarle si está bien, pero en ese momento, Lady Regina se desliza dentro, ya perfectamente vestida seguida por la condenadamente eficiente Horne. A toda prisa, me alejo, como si estuviera examinando el armario de la señorita Irene, y lamer las últimas migajas que tengo en mis labios. —Todavía perdiendo el tiempo, Tess. —Los sonidos de Lady Regina son más molestos que enfadados, es a Irene, se ha centrada en ella esta mañana, no en mi —. Irene, quiero que uses el vestido amarillo hoy día. Es bien fresco y delicado. El color amarillo hace que Irene parezca enferma. Me atrevo a decir, —¿Tal vez el rosado mi lady? —No es tu lugar contradecirme, —Lady Regina dice bruscamente—. ¿Tú piensas que yo no sé qué es lo mejor para mi hija? O que yo no entiendo de la última moda mejor que una sirvienta. Yo pienso que usted está tratando de vestir a su hija en los colores que eran apropiados cuando usted era joven, sin preguntarse si Irene necesita algo diferente. —Sí, mi lady.


Irene suspira, tan delicadamente que su madre no escucha. Pero yo sí. Lady Regina se queda en el cuarto de Irene durante todo el proceso, criticando todo lo que hago, de que si los zapatos de Irene se han pulido lo suficientemente brillante (a pesar de que reflejan igual que un espejo), de cómo debo peinarla (demasiado suave para su gusto, como si rasgando el cuero cabelludo de la pobre muchacha su cabello se volverá rizado por arte de magia). Pero lo peor de todo es como Lady Regina sigue encima de Irene, encima de ella en todo. —Nosotras deberíamos haber viajado separadas de Layton. —dice Lady Regina —. El fácilmente podría haber viajado en el Lusitania. —Sería menos vergonzoso, —Irene dice estando de acuerdo, mientras yo deslizo la media blanca de seda por su pierna. El realmente llegó terriblemente borracho a la cena de anoche, Madre. No puedes hablar con él acerca de no tomar tanto vino. —Layton es un hombre joven. Los hombres jóvenes tienen sus debilidades. Sólo el tipo de mujer más tonta trata de romper el espíritu de un hombre. Cuando el tiempo sea el adecuado, Layton tomara una esposa y se comportara adecuadamente, —Lady Regina dice, como si el matrimonio hubiese cambiado a algún hombre. Pero ella suena cansada, las desilusiones que Layton ha provocado desde hace dos años, han acabado con su paciencia hacia su hijo favorito. —Otra vez tú has fallado completamente en entender lo que quiero decir, Irene. Estas tu ciega que no ves las oportunidades que tendríamos, si fuéramos dos mujeres viajando solas. Cualquier número de caballares a bordo estarían ofreciéndonos su protección. La idea es que las mujeres no pueden manejar el viajar solas, así que cuando tienen que hacerlo, los hombres por lo general ofrecen su ―protección‖. Esto significa que organizan las presentaciones sociales, acompañan a las mujeres en las comidas, etc, etc, etc. Una costumbre bastante amable, aunque me doy cuenta que esto sólo se aplica para las damas, una pobre muchacha o una sirvienta como yo, pueden ser mandadas a cualquier número de difícil diligencias sola, y ninguno de estos hombres pensaría en ―protegerme‖ de cargar pesadas cajas, o de las burlas de los marineros. —Howard Marlowe sin duda se hubiese ofrecido. Lady Regina mira como yo sostengo la falda del vestido amarillo pálido para que Irene entre dentro —.Entonces tú estarías segura de pasar cada cena junto a su hijo. Mis manos resbalan con los botones en la parte de atrás del vestido de Irene a la mención de Alec. Pero mantengo mi cara inmóvil. Tú tienes que estar bien lejos de él, Irene. Porque es peligroso en todo lo que un hombre puede ser peligroso. Porque es un monstruo. Dado que puede destruirte a ti y a tu familia, a todos nosotros, llevándonos cerca de la Hermandad. Una voz aún más pequeña dentro de mi mente, añade, porque tú realmente no lo conoces, yo sí. Yo puedo entenderlo a él.


Quiero…No. Ni siquiera en mi mente me permito terminar ese pensamiento. —Alexander Marlowe, no mostro ninguna especial atención en mí, Madre. — Irene de repente parece muy interesada en su falda, alisando la tela con sus manos, es una buena forma de evitar los ojos de su madre—. Es sin duda un buen partido, pero no veo porque más, que cualquier otro. —¿No ves la necesidad de tener prisa, Irene? En verdad, después de todo lo que ha sucedido —la expresión de Lady Regina es muy extraña. Si yo vería a alguien menos formidable, yo diría que ella luce…triste. Irene inclina la cabeza, y ella en realidad se balancea un poco en sus pies. Yo la sostengo por el codo con mi mano, pero por lo demás no doy señal de que yo pueda escuchar esta conversación, o aviso algo en la habitación por su apariencia. Los sirvientes a veces se piensa que tenemos que ser sordos, ciegos, mudos y tontos, o lo que supongo, a juzgar por lo que los señores y señoras dicen delante de nosotros. Podemos optar por no escuchar, pero escuchamos con bastante frecuencia. Estaba diciendo la verdad cuando le dije a Alec que nadie sabe más sobre los secretos de una familia que sus sirvientes. Probablemente esta es la forma que tiene Lady Regina de referirse a las reducidas circunstancias de la familia Lisle, y la necesidad porque Layton e Irene se casen tan pronto como puedan. Y, sin embargo, la voz de Lady Regina fue muy extraña, e Irene esta tan conmocionada. —Debes casarte, —Lady Regina dice mientras yo hago un lazo en el ancho encaje alrededor de la pequeña cintura de Irene, haciendo hincapié en su atributo lo más que puedo. —Debes casarte pronto. Si tú no persigues al mejor partido que el destino te ha ofrecido, entonces ¿con quién será? Sus ojos se iluminan, y hay algo peligroso en la habitación, algo que no entiendo por completo —. ¿Quién es lo suficientemente bueno para ti, Irene? —Voy a esforzarme más, —Irene promete. Ella suena a punto de llorar —.Lo prometo. Mientras me arrodillo en el suelo para abotonar el zapato de Irene, Lady Regina continua, tan despreocupadamente como si hubiera estado en un estado de ánimo encantador toda la mañana. ―Alec Marlowe estaría muy bien. Marlowe Steel es una fortuna que rivaliza con la más alta nobleza inglesa. Es cierto que son estadounidenses, pero no se puede tener todo.‖ —¿Qué más sabemos de él, mamá? No tanto como lo que yo sé de él, pienso. ¿Cómo Lady Regina reaccionaria si ella supiera con quien,…no, con que…ella quiere casar a su hija? —No mucho. Naturalmente uno escucha más sobre el padre. Tess, su cabello no está del todo bien; hazlo de nuevo. Mira, Alexander Marlowe, asistía a una de las mejores universidades de América antes de que su familia se trasladara a París. Es de


suponer que él tomó estudios en Sorbona. Hubo un atisbo de escándalo, no hace mucho… Me doy cuenta que estoy conteniendo la respiración. —…algo con la actriz francesa Gabrielle Dumont. Que terminó mal. —Lady Regina se encoge de hombres—. Pero como he dicho antes, los hombres jóvenes tienen sus maneras de ser. No hay duda que está volviendo a su país de origen con el pensamiento de unirse al negocio de acero de su padre, y finalmente, formar una familia propia. Recuerdo como Alec lucía esta mañana, su expresión sombría, su perfil delineado por la luz del amanecer. Él quiere liberar a su padre. Él quiere una cabina en la frontera donde él no pueda hacer daño a nadie. Él no es nada parecido al sueño que Lady Regina está persiguiendo. Y, sin embargo, Lady Regina sabía algo sobre él que yo no sé. Como puedo arreglar el cabello de la señorita Irene de nuevo, me pregunto quién es Gabrielle Dumont. Una actriz francesa. Suena atractiva. Yo no habría pensado que a Alec le resultara fácil ir alrededor de las mujeres, ya que se transforma en un lobo cada noche. Sin embargo, un joven tan apuesto y rico como él es, llamaría la atención femenina. Así como el atrajo la mía. No seas estúpida, me digo a mi misma. Alec es un monstruo, y no importa cuán intensamente él quiera escapar de eso, él nunca podrá. Un asesino está persiguiéndolo a él. Tú no quieres ser parte de su mundo. Pero todas las razones que yo tengo para no querer a Alec Marlowe no parecen ni la mitad de real como el punzante conocimiento que él nunca querría a una criada como yo. Doy un paso atrás de Irene para que Lady Regina inspeccionara mi trabajo de nuevo. Ella inhala por la nariz, no impresionada, pero aparentemente ella lo aceptará —. Voy a ver si Layton es apto, quiero decir, si Layton está listo para tomar el desayuno con nosotros. Tú puedes terminar aquí. Cuando Lady Regina sale, el silencio de la habitación se hace horrible. Irene se ve totalmente miserable, y su miseria me saca de mis propias preocupaciones por un momento. ¿No podría su madre haber dicho alguna palabra amable a ella, sólo una vez? Trato de hacer una pequeña broma de esto, por su bien y por el mío, es el tipo de cosas que puedo hacer para levantarle el ánimo a veces—. ¿Su señoría está prácticamente eligiendo el ramo de bodas, no es así? Irene empieza a llorar. —Oh no, señorita Irene. No haga eso. Usted está muy bien. —Rápidamente busco un pañuelo y acaricio su brazo —. No hay necesidad de llorar.


Ella abanica su cara, toma un profundo respiro. —Estoy bien, —repite —. Vamos a buscar algunas joyas bonitas. Algo muy fino, así Madre no podrá decir que no lo estoy intentando. Me muevo hacia su caja de joyería, pero Irene mueve su cabeza y coge algo de su cabecera, una llave en una cadena. —No, Tess. Algo realmente especial. Nosotras entramos en la sala de estar de la suite, con sus paneles de roble brillante y una chimenea de mármol verde. Irene se arrodilla delante de la caja fuerte, y repito la combinación en mi cabeza mientras gira el dial, asegurándome que todavía la recuerdo. Cojo la pesada caja para ella, e Irene usa la llave para abrirla. Esto es lo que estuvieron a punto de robarme. Esto es lo que realmente Mikhail busca. ¿Esto? Es una mezcla de artículos de metal fino, oro, plata y bronce: candelabros, joyas, una antigua daga con un peculiar diseño asimétrico grabado en ella, unas pocas monedas antiguas. Los Lisles han traído un botín con una gran cantidad de reliquias de la familia. ¿Cuánto están planeando vender mientras ellos estén en este viaje? Tal vez la fortuna de su familia se ha reducido aún más de lo que me había dado cuenta. Cualquier artículo solo de la caja vale más dinero de lo que voy a ver en toda una vida, pero lo más valioso debe ser lo que la Hermandad necesita. No puedo adivinar porque, sin embargo, ¿Para qué la Hermandad querría un par de candelabros? —Ahí, —dice Irene, recogiendo un broche de oro adornado —. Podemos enganchar estos a ambos lados de mi cuello. Estos lucirán bien, ¿no? Ella pone el broche en mi mano. Trazo los espirales de diseño pasado de moda con el pulgar. Es de una belleza extraordinaria. Me es muy familiar. —Pero debe haber dos de ellos. Irene comienza a buscar a través de la caja con las manos —. Estoy segura que hay dos. Yo recuerdo a Madre usando ambos en el baile hace dos años atrás. ¿Por qué no está el compañero aquí? ¿Se ha perdido? —No se preocupe, señorita Irene. —Tengo la boca seca, y es todo lo que puedo hacer para evitar comenzar a temblar —. Creo que estos pendientes le favorecen mucho más, zafiros, no? —¿No crees qué son demasiado llamativos para usarlos de día? —Ni un poco, señorita. —A este punto, yo pondría una tiara en la cabeza de Irene si esto la haría a ella salir de aquí e ir a desayunar más rápido. No puedo pretender que esta pequeña conversación demore más. Yo siento como si quisiera gritar. Un largo temor mío ha despertado con certeza, y yo nunca conocí una ira como ésta en mi vida.


Porque yo sé dónde he visto ese broche antes. Yo sé dónde he visto a su compañero. Lo he visto en mi hermana.


Traducido por Elizabet tb Corregido por Ale=)

ODA LA MAÑANA, VOY A TRAVÉS DE MIS TAREAS como si estuviera sonámbula. No le prestó atención al mal carácter de Horne, o los ojos rojos de Layton mientras finalmente se pasea por la habitación. A veces, los momentos más horribles de la noche anterior pasan en mi mente - la brutalidad de Mikhail, Alec como un lobo- pero ahora tengo mi propio horror que añadir a eso. Desde el momento en el que me di cuenta del alfiler de oro, he sido atrapada de nuevo, al igual que lo estaba la noche anterior, pero esta vez, estoy atrapada en el pasado. Hace cuatro años, llegué a Moorcliffe con mi hermana, Daisy. Ella era tres años mayor que yo y se había quedado en la escuela; ella realmente quería terminarla, al igual que yo. Pero nuestro padre tenía cada vez menos trabajo en los establos, a medida de que los carruajes sin caballos se vuelven más populares, y nuestra abuela iba a tener que venir a vivir con nosotros, y el dinero era cortó. Así que nosotras caminamos los tres kilómetros por la carretera fangosa que llevan a la gran propiedad del Vizconde Lizle. —¿Es realmente una casa?— Le susurré a Daisy mientras caminábamos hacia la parte de atrás, donde los funcionarios y comerciantes entraban. Moorcliffe era tan enorme, tan espléndida con sus columnas de mármol, que pensé que seguramente debía de ser algún tipo de iglesia. Tal vez la gran catedral de Salisbury de la cual siempre había oído hablar, pero nunca había visto. —¿Estás segura?. Sí, ahí es donde Lisles vive. Dónde vamos a trabajar, si tenemos suerte. —Ella me dio una sonrisa alentadora. Con el pelo rubio, más oro y rizado que el mío, atrapado en la brisa de primavera, pensé que Daisy parecía un ángel. Ella era unos años mayor que la mayoría de las niñas, cuando entraron en servicio, a los trece años,


yo tenía la edad justa. Pero nunca dudé de que a Lisles les gustara que alguien tan bonita e inteligente como Daisy trabajara en su casa. Ambas —hablábamos de manera correcta—, gracias a la educación de nuestra madre, y a su incansable corrección de cualquier error, nuestro acento traicionaba menos los orígenes de nuestro país que nuestros vecinos lo hicieron. Me imaginé que era mi principal ventaja. A pesar de que tenía miedo de entrar en un lugar tan grande y empezar en el servicio, me sentí segura sabiendo que ella estaba a mi lado. No me di cuenta que ella era la que necesitaba protección. ¡No! —La pequeña Beatrice lanzo su cuchara de plata a través del cuarto de niños, salpicando el delantal de Horne con puré de manzana. Me las arregle para esquivarlo. Beatriz ríe de alegría. Ella se está haciendo demasiada vieja para tales travesuras, pero nadie parece dispuesto a ponerla en línea. Lo que es una vergüenza, su buen humor se volverá desagradable si es malcriada. —¡Honestamente!—. La cara de Horne se encoge en un gesto que le hace lucir como una manzana seca. —¿Por qué no pudieron haber traído a lo largo de este viaje una niñera, está más allá de mí?— —Debido a que no se lo podía permitir,— Ned llama desde la habitación de Layton, donde está ocupado limpiando zapatos. —Tenemos suerte de que tenemos cabañas para dormir en absoluto. Probablemente la Señora Regina hubiera atado una cuerda alrededor de nosotros y nos hubiera arrastrado a América. —No quiero escuchar ese rumor vergonzoso otra vez más, Ned—. —Horne se pone en posición vertical y se ve lo más imperiosa posible con puré de manzana en el delantal—. La forma en que algunos de ustedes hablan. Los Lisles se encuentran entre las familias más nobles y más antiguas de Inglaterra. La respuesta de Ned es — ¡y que pronto estarán entre los más pobres!. En cualquier otra mañana, me resultaría muy difícil no reírme de la broma o de la cara de indignación de Horne. Esta mañana, solo sigo zurciendo los calcetines de Layton, no viendo las tareas delante de mí, sino el trabajo de hace mucho tiempo. Cuando llegué a Moorcliffe, comencé como una criada, barriendo las rejillas, sacudiendo las alfombras, lavando los pisos, ese tipo de cosas. Daisy fue convertida en una niñera, la asistente de la niñera, para ayudar a Beatrice entonces recién nacida.


Ambas trabajábamos desde antes del amanecer hasta casi la medianoche, siete días a la semana, con una tarde libre al mes para caminar de regreso al pueblo y visitar a nuestros padres. Por lo menos compartíamos una habitación, que era la única cosa que hizo que la habitación del ático fuera soportable. Estaba en el punto más alto de la casa, pero sin ventanas para proporcionar una bonita vista a los jardines. Calor en verano, tanto frío en invierno que el agua en nuestra jarra junto a la cama a menudo se congelaba durante la noche, la primera cosa que hacíamos, al despertar en diciembre y enero, era tomar una piedra y romper el hielo, por lo que podríamos lavarnos la cara con el agua helada bajo la superficie. La cama era un poco pequeña para los dos, pero compartíamos una igual de pequeña en casa, el hacinamiento era peor porque estábamos haciéndonos mayores, y en mi caso, estaba creciendo cada vez más alta. Por lo menos en casa habíamos tenido el lujo de embalar los colchones de paja limpia y fresca una vez al año. Por el olor a humedad del que teníamos en Moorcliffe, había sido rellenado hace décadas. —Mira el lado positivo—, me dijo Daisy una noche, cuando estaba llorando. Yo había tenido que fregar las escaleras con lejía, lo que causo que se me ampollaran las manos. El dolor molestaba menos que el hecho de que yo tenía que fregar la parte de atrás de la escalera al día siguiente, y ampollarlas de nuevo. —No tenemos que escuchar a papa predicarnos día y noche. —No era tan malo.— Pero yo no creía eso. Desde que nuestro hermano pequeño había muerto de la gripe unos pocos años antes, nuestro padre se había convertido casi aterradoramente religioso. Ya no éramos traviesos, sino que éramos malos o pecaminosos. Es difícil que te digan que eres pecador en todo momento. Pero también era difícil sentir la piel de mis manos agrietarse por la lejía. —Estamos haciendo dinero para enviar a casa a mamá—, dijo ella, acariciando mi pelo. La luz de nuestra única vela parpadeaba, desdibujando la silueta de su mano contra la pared. —Y tenemos posibilidades de salir adelante aquí, ya sabes. Formas de mejorar nuestra posición. —Si yo trabajo muy duro, tal vez algún día convierta en la cabeza de las mucamas.—Así que podría usar un uniforme un poco menos ridículo, y en lugar de quemar mis propias manos, yo podría hacer que las pobres pequeñas criadas por debajo de mi quemen las de ellas. No sonaba tan maravilloso para mí.


―Eso no es lo que quiero decir—. Puso la fina manta más cómodamente por encima de mí, como si el frío fuera mi mayor problema. —Sólo quiero decir, las posibilidades, es todo. Debería haberle preguntado de qué estaba hablando, pero no lo hice. —Ten cuidado con eso!— Horne demanda mientras zurzo el encaje en la manga de la bata que la señora Regina llevaba la noche anterior. Realmente, este es el trabajo de Horne, pero ella está ocupada haciendo el trabajo de la niñera ausente y luchando con Beatrice en su delantal. —Ella lo inspeccionara hoy, probablemente tan pronto como vuelva a la habitación. Soy mejor costurera de Horne, y ella lo sabe. Pero la verdad es que mis dedos son inestables, y es todo lo que puedo hacer para mantener mis puntadas rectas. Trato de concentrarme sólo en el encaje en mi mano, sólo en la aguja entre los dedos. Necesito dormir. Necesito una buena comida. Necesito sentirme a salvo de Mikhail. Necesito saber lo que la Hermandad quiere. Necesito que Alec sea alguien que no puede ser. Tengo que volver a antes, para advertir a Daisy. Las cosas que necesito, no las puedo tener. Cuando comenzó, poco más de dos años atrás, pensé que Daisy no estaba más que enferma. No era de extrañar, dada la frialdad del invierno y el frío en nuestro ático. Estaba perdiendo el desayuno casi todas las mañanas, me despertaba con el sonido de su vómito en una cuenca. —Dile a Cook,— Yo le dije, mientras sostenía su pelo hacia atrás. —Ella no es tan mala como la vieja Horne. Ella te va a guardar algo más fácil que el té. Caldo de pollo, tal vez. —No le digas a Cook,— ella se atragantó. —No se lo digas a nadie. No a cualquiera, es. —Teníamos tan poca intimidad con nuestra habitación pequeña y nuestro único orinal que yo debería haberlo imaginado antes. Pero no fue hasta la primavera, hasta la mañana que me di cuenta de que el uniforme de Daisy se estaba volviendo ajustado en la cintura, que me di cuenta de la verdad. —Oh, Dios mío—, le dije, mirándola fijamente. Al principio ella no entendía, pero luego vio mi cara, y rápidamente se ató el delantal. Pero ya era demasiado tarde. —Daisy, tú no estás-tu-vas a tener un bebé? —¡No digas nada!— Susurró ella.


—Yo no lo haría! Pero Daisy, si lo puedo ver, los demás también pueden hacerlo. Horne va a ver. Todo el mundo lo hará eventualmente—.¿Y qué es lo que esperaba hacer cuando lo tuviera? Daisy se dejó caer en la esquina de la cama. Nunca olvidaré la desolación en los ojos. —Tenemos que esconderlo, siempre y cuando podamos. Sé que no puede ser por mucho tiempo. Pero ayúdame, Tess. Por favor. Sabía cómo las mujeres conseguían un niño, no se puede crecer rodeado de fincas sin darse cuenta de cómo los carneros y ovejas lo conseguían. Pero yo no podía imaginar quien podría ser el padre. Estábamos desalentadas a tener varones — seguidores—, y con sólo una tarde libre al mes, pasada en la casa de nuestros padres, ¿cómo siquiera ha encontrado el tiempo para conocer a alguien?. Esa respuesta, al menos, vino a mí con la suficiente rapidez. —Es alguien en Moorcliffe. El padre, quiero decir. ―No me preguntes sobre eso. —¿Es Ned?—. Era casi el único joven que conocimos, y siempre era amable con nosotros. ¿Fue tal vez más amable con Daisy? Yo nunca había pensado que había algo entre ellos, pero de nuevo, yo nunca había sospechado que Daisy ya no era virgen. — No es Ned—, espetó Daisy a mí. —No seas absurda. —¿Holloway?— Él era el mayordomo de menor rango, y una bella figura de un hombre, aunque unos años mayor que ella. —No.— Me rompí el cerebro. Había cerca de cuarenta funcionarios en Moorcliffe, la mayoría de ellos varones, por lo que la lista de sospechosos era bastante larga. El chofer siempre nos daba un guiño a nosotras. —¿Es Fletcher? —¡No! ¡Dios mío, Tess, ¿crees que me he acostado con la mitad de la casa? —¡Yo no quise decir eso, Daisy! Sólo quería decir-sea quien sea, tiene que ayudar. —No lo hará.— Ella extendió la mano por el oleaje débil de su vientre. —Le pregunté. En repetidas ocasiones. Si yo lo nombrara, él simplemente lo negaría y me odia tanto que no hay posibilidad. Así que nunca voy a decirlo, ni a ti ni nadie más—. La forma en que lo dijo, yo sabía que ella realmente nunca lo haría. Me puse a llorar. —¿Qué vas a hacer?


Una vez que me calmé, Daisy me dio un pañuelo anudado que contenía dentro de algo pesado. —Al llegar tu siguiente tarde fuera, no vuelvas aquí. Necesito que vayas a Salisbury. Yo nunca había estado en un lugar tan enorme como Salisbury en mi vida. Y tan lejos,¡ tal vez hasta cinco millas! —.¿Qué quieres que haga allí?. —Empeña esto.— Con eso, Daisy abrió el pañuelo para revelar un broche de oro adornado. Di un grito ahogado. —No lo hiciste-Daisy, no lo robaste, ¿verdad? —¡Yo no soy una ladrona! —Yo no te culparía si lo fueras—, le dije, y eso pareció tranquilizarla. Pero ella insistió: —Yo no lo robé. Me ha sido dado a mí. Necesito el dinero ahora, y creo que vale mucho. —Lo haré—, le dije. —Te lo prometo. Probablemente el prestamista me dio un trato pobre, pero me dio quince libras, era más dinero de lo que había visto en un lugar al mismo tiempo. Ese dinero mantuvo a Daisy y a Mateo poco después de que nació, hasta este año cuando se casó con Arthur el carnicero. Arthur es un buen hombre; de hecho, trata a Mateo como si fuera su propio hijo. Así que Daisy está bien ahora, me digo terminando de remendar la manga de la Señora Regina. Y quizás ella si robo el alfiler. Siempre pensé eso. Pero si se mantenía en esa caja, Daisy habría necesitado la llave para conseguir el interior. Nadie da una niñera una llave así. Así que no podría haberlo robado después de todo. Alguien tenía que haberle dado el alfiler, como ella dijo. Sólo dos hombres habrían estado en condiciones de dársela. Uno de ellos es el Vizconde Lizle, pero él estaba en Londres durante el invierno completo, sin mencionar que está tan gordo que apenas tiene la energía de subir la escalera, mucho menos de perseguir niñas. El otroPongo el traje para la inspección de Horne, y luego me deslizo a la sala de Layton. Si alguien se pregunta por qué estoy ahí, voy a decir que tengo que pedir prestado un poco betún. Pero Horne está ocupada persiguiendo a Beatrice y Ned se ha retirado en alguna misión, así que tengo unos momentos a solas.


En el escritorio de Layton hay un paquete de sus tarjetas de visita. Echo un vistazo hacia abajo para leer que dice Layton Mateo Lizle. Yo pensaba que esa era su nombre completo, pero no estaba segura, mi trabajo me mantiene ocupada con obras de Irene, no el suyo. En los días cuando yo era una empleada doméstica, yo siempre estaba lejos de la familia tanto como fuera posible. Horne incluso nos hizo tomar las escaleras viejas y desvencijadas todo el tiempo para que Los Lisles no tuvieran que ver alguna evidencia de que existiéramos, como si su casa se mantuviera limpia por arte de magia. Pero Daisy habría estado cerca de la familia todo el tiempo, como una niñera. Layton debe haber parado a menudo para ver a su hermana pequeña, cuando no era más que una niña linda para ser abrazada un rato y luego entregada a otro para cuidar. Él era más apuesto entonces, bebía menos. Tal vez era encantador con ella. Tal vez le hizo promesas. Sin embargo paso, ahora lo sé: Layton es el padre. No la despidieron solo por tener un bebé, sino que la echaron por tener a su bebé. Por ser la madre de su nieto. Siempre supe lo cruel de la familia Lisle fue con Daisy, ahora veo lo hipócritas que son. La rabia hervía dentro de mí, apretando los puños y con una sensación pulsátil en las sienes. Pensar que crecí admirándolos como la familia más noble de los alrededores. Son miserables. Son viles. Me he pasado los últimos cuatro años de mi vida limpiando pisos y fregando ropa para las personas que son más bajos que los perros. La puerta de la habitación se abre, y yo trato de componerme antes de que Ned o Horne me vea. Pero cuando giro veo a Layton mismo. Mikhail está con él.


Traducido por Aregon Corregido por Yemi-yeye •.¸¸.✿.

IEN, BIEN —MIKHAIL DICE. Me está mirando, pero le habla a

Layton—. ¿Debo felicitarlo por la forma en que ha decorado su cabina? Layton, respondió: —Nada ilumina el gabinete como una niña bonita. Se ríen a carcajadas como si fuera la broma más divertida del mundo, y tal vez Layton realmente lo cree, ya que él es el único que lo hizo. Pero Mikhail mantiene su mirada en mí todo el tiempo. Puedo ver el lobo debajo de la superficie, hay más bestias que lo que el hombre. Por un momento, me temo que me va a atacar adonde estoy pero no, no, no delante de Layton. Sin embargo, tengo que agarrar la parte de atrás de la silla más cercana a mí, para darme apoyo, y veo que mi pánico le agrada enormemente a Mikhail. —Esto tomara un momento, —dice Layton, cambia su chaqueta, lanzándola en el piso de Ned para tratar más adelante—. Usted debe cumplir con mi madre en el almuerzo, conde Kalashnikov. Sin embargo, Yo os advierto ahora, va a empezar por tratar de casar a mi hermana. —No hay duda de que tu hermana es absolutamente encantadora, —dice el hombre que al parecer es el Conde Mikhail Kalashnikov. La idea de que tocara a Irene, que este cerca de ella, me pone enferma. Para mí, dice, —¡Qué. . . te ves sano, querido. Mikhail se haya hecho la idea de que Alec me asesinara y comerá conmigo. Me doy cuenta de que Mikhail y Layton apenas han cumplido, y casi tan pronto se dan cuenta que así es como Mikhail lo ha planeado. Al no haber podido robarme,


va a hacerse amigo de la familia de Lisle, todo para estar más cerca de la caja y los tesoros en su interior. Por mucho que me guste Layton en este momento, sé que debo advertirle, por el amor de Irene, si por nada más. Pero, ¿cómo puedo hacerlo? No puedo decir la verdad sobre el Lisles Mikhail sin revelar los hechos que me hagan ver como una lunática. Incluso si sólo digo que me trató de robar, se podría decir que era absurdo. En primer lugar, al igual que lo son, ¿por qué iba a tratar de robar a alguien? —Es un placer hacer una amistad agradable con vos a bordo del barco, — Mikhail dice mientras camina por la habitación pequeña—. Tantas escaleras pomposo sapos. Me gustan los hombres a mi alrededor que son jóvenes y vigorosos. ¿Quién quiere beber profundamente del placer de la vida. —Escucha, escucha, —Layton dice con entusiasmo. ¿Está pensando en mi hermana? Otra chica que arruinó sólo para su placer? —Y pensar que yo sabía de su querido tío. Humphrey fue un hombre muy ingenioso. —Todos pensamos que era un imbécil, si te digo la verdad. —Honestamente Layton vi como desarmaba esa sonrisa, y se convertía en su verdadera sonrisa, casi parece apuesto de nuevo por un momento. Él puede parecer un buen hombre cuando quiere, pero ahora sé que no es más que una farsa. —Voy a rescatar su memoria, entonces, como podemos mejorar nuestro conocimiento. Espero poder pasar más tiempo con usted y su familia mientras está a bordo. —Mikhail está de pie detrás de mí, y puedo sentir su mirada en mi espalda. —Y como he dicho antes, la habitación tiene hermosos. . . adornos. Dime, Layton, ¿cómo se adorna ella? Layton se ríe tan fuerte de la broma de Mikhail como lo hizo en la suya. Estoy dividida entre la ira tan grande que quiero darle una bofetada y la sensación horrible, de Mikhail acercándose a mí. Pero no revelan nada. Yo estoy recta y alta, y mi cara sigue siendo igual. Soy más fuerte que estos hombres perversos no lo sabrán nunca. —Disculpe, señor. —Rápidamente salgo de la sala de Layton, y ninguno de ellos se molesta en parar. Tal vez debería haber agarrado la lata de betún para cubrir mis huellas, pero ahora que he dejado el dormitorio Layton, no es probable que me pregunte por qué estaba allí en el primer lugar.


—Ahí está, —dice Horne—. Lady Regina mandó a decir que quiere su chal italiano. Ella está en la cubierta del barco. Llévelo a ella, y parezca más animada. Estoy ansioso por salir de aquí, y lo más lejos posible de Mikhail. Pero me parece extraño que Horne me envía en lugar de ir ella y me dejó para hacer frente a Beatriz por un tiempo. El niño ha sido un terror esta mañana. Puedo ver que ella ya ha conseguido más de mermelada de desprestigio en todo el frente de su delantal. Una de las cosas que se aprende en el servicio: Cada vez que se le pide que se apartan de sus deberes de esperar, tratar de averiguar por qué. —¿No quieres ir? Eso es señal de Horne a morder a mí, como hace habitualmente. En su lugar, hace una pausa y sus ojos legañosos se distancian. —No me gusta estar en cubierta. Al ver las olas. —¿Por qué no siempre? Uno pensaría que por lo menos en hacer un cambio de la suite de siempre, de habitaciones, de lo elegantes que son. —Me da un mal presentimiento, es todo. No me gusta la mirada de ella. —Se trata de una brocha o cepillo, pero sé lo que acabo de ver. La media de edad Horne, a quien todos nosotros tenemos miedo, le tiene miedo al mar. Quizá debería compadecerse de ella. Recordando lo que le dijo a Daisy, tal vez yo debería reírme de ella. Pero sobre todo quiero salir de este lugar. Yo arrebate el chal de Lady Regina de la mesa y prácticamente ejecute la orden rápidamente. Para los próximos minutos, argumentaba con mí misma, en parte porque tengo que saber, y en parte porque, me molesto, ya que es pensar en el dolor y la situación de mi hermana, era un gran acuerdo que me producía menos miedo que el conde Mijail Kalashnikov. Layton forzó a Daisy. No es un premio, pero seguro que no es tan desagradable como eso. Y ella no hubiera llamado a su hijo después de él si lo había hecho. Todas esas cosas que decir acerca de las posibilidades para avanzar en nosotros mismos, que estaba hablando Layton entonces, estoy seguro de ello. Daisy no puede haber sido lo suficientemente estúpido como para pensar que en realidad se casaría con ella. Pero tal vez él habló sobre la configuración de su apartamento en Londres. Él le dio el pin, probablemente él le dio algo de dinero y otros, porque tiene que haber vivido en algo antes de que lo empeñó para ella. Cuando se quedó embarazada, ella habría sabido que era el final de eso. ¿Alguna vez le digo, cara a cara? Poco importa que tiene que haber sabido, cuando la familia de su despido si no antes, y nunca levantó un dedo para ayudar a ella o a mi sobrino. Probablemente, llamó al niño Mateo para avergonzarlo en darle unos cuantos kilos más.


Estos pensamientos me pesan, así que me apresuro a lo largo de la cubierta del barco, con un océano salado y viento azotando a mí vestido de uniforme negro a mí alrededor, con el manto bajo el brazo. Soy tan distraída y nerviosa que creo que podría caminar por Lady Regina e Irene sin siquiera se dieran cuenta. Pero quizás está mal, porque reconozco la próxima cara que veo al instante. Alec. Parece estar impecablemente como cuando estuvimos juntos ayer, con un traje gris con un corte perfectamente amoldado a su cuerpo, la transformación del animal al caballero es completa. Los únicos elementos de su apariencia de que están fuera de lugar son sus rizos castaños salvajes y la tristeza en sus ojos verdes. Es casi sorprendente, lo solo que parece. ¿Cómo lo echo de menos ayer? ¿Cómo fue el glamour de su hermosura y encanto ocultar el dolor que está en él? Ahora que sé que está ahí, parece que lo rodean, una especie de halo a la inversa. Pero un hombre adolorido es más peligroso, nunca menos. Nunca hay que olvidar eso. La mirada de Alec parece conocerme. En ese primer instante, se propaga el calor a través de mi pecho, como una flor en el fuego. Pero él mira hacia otro lado y casi al instante comienza a caminar en la dirección opuesta. Por supuesto, él dijo que tenía que mantenerse al margen, por mi propio bien. Cuando dijo eso, sin embargo, Alec no sabía lo que sé ahora. Decido llamarle a él, y estuve a punto de gritar Alec, pero antes creo lo pensaría mejor. — ¡Sr. Marlowe! Se detiene a la vez. Y al mismo tiempo me apresuro a su lado, me susurra, — Tess, te lo dije —Olvídese de lo que me dijo. Se hizo amigo de Mikhail con Layton. Está en las cabinas familiares Lisle ahora . —¿Te ha amenazado? —Los ojos rasgados de Alec relucían, y ahí estaba el lobo otra vez. Mi espiración se queda atrapada en la garganta. —Todavía no. —Él lo hará. —Él va a conseguir lo que hay en esa caja, —le digo —. Él está decidido a conseguirlo no importa qué, y él está dispuesto a pasar sobre mí para hacerlo. Parece


ansioso, o eso creo. ¿Estás tan segura de qué está en este barco para iniciarte? Tal vez ha sido después de Lisles todo el tiempo. Unas pocas personas miran en nuestra dirección, y Alec se percata casi al mismo tiempo que dice. —Sígueme. Caminamos unos cuantos pasos por el puente, me quede un poco atrás para que no parezca que estamos juntos y yo le sigo a través de la puerta de al lado. Esto resulta conducir a una especie muy peculiar de la sala de máquinas algo extraña. Y extraños metales en el suelo, recuerdo que el hombre fuerte en la feria las levantó. Barras, creo que se llama. Mi confusión debe demostrase en mi cara, porque Alec dice, —el gimnasio de la nave. Los hombres vienen aquí a remo la práctica, o una caja. Ya sabes, para fortalecer sus músculos. Señores sólo llevando una vida de ocio tendría que ir a algún lugar especial para construir los músculos. Después de cuatro años cargando cubos de agua hasta varios vuelos de las escaleras, apuesto a que con éxito puede echar un pulso mayoría de los pasajeros masculinos de primera clase en este barco. Pensando en la diferencia entre elegancia y los funcionarios me recuerda a Daisy, y qué ha sido de ella debido a la irresponsabilidad de Layton. Se debe mostrar en mi rostro, porque la expresión de Alec suaviza. —¿Estás bien? Parece como si algo te preocupa. Algo más que Mikhail, quiero decir. Su preocupación me toca más de lo que debería. —Eres muy perspicaz. —Estás pálido. —Puedo decir que Alec no quiere darse cuenta que se preocupa por mí, y sin embargo él no puede dejar de preguntar: —¿Puedo conseguirte agua, o una copa de jerez, tal vez? Debemos encontrar un lugar más cómodo para sentarse. Él cree que soy más débil, y que debería irritarme. En su lugar, lo miran casi en estado de shock, porque me está tratando como a una dama. No como un siervo. Alec quiere cuidar de mí, que siempre han tenido que ver con las necesidades de los demás. Como un pequeño gesto, no esperaba incluso que gran parte de un hombre rico. De nadie, tal vez. Y en este momento, me doy cuenta de lo bien que se siente tener a alguien que me cuide de vez en cuando. Pero los secretos de Daisy son suyos, no mías, y hay asuntos más urgentes a mano. —Estoy bien, de verdad. Mikhail, dice que es un Kalashnikov Conde. ¿Es eso cierto?


—Totalmente cierto. Él es uno de los hombres más ricos de Rusia, un amigo al zar. —Por lo que dice. —Yo lo creo. La influencia de la Hermandad se extiende a los peldaños más altos de la sociedad, Tess. No hay demasiado alto o demasiado bajo para que él llegue. —Tenemos que averiguar lo que Mikhail después de entonces. Si son tan valientes como usted dice, y que están enviando a alguien tan influyente después de una polvorienta caja vieja de la Lisles, entonces hay algo de enorme importancia en ese país. Y ¿quién sabe? Tal vez sea algo que pueda usar. Alec me mira con más respeto. —Me gusta su forma de pensar, Tess. Pero ya te dije antes, no tengo idea de lo que busca. ¿Quién sabe lo que hay en esa caja misteriosa? —Yo hago. Tengo una mirada al interior de esta mañana. Lady Irene tiene la llave. —Bueno, — dice, casi con ferocidad. Quiere saber los secretos de Mikhail, incluso con más avidez que yo. Tal vez los dos estamos hablando solamente juntos para salvar nuestros cuellos, pero eso es razón suficiente para cooperar—. Muy bien, entonces, ¿qué ves? —Nada de lo que pareciera extraordinario, la verdad. —Tengo que pensar en esto con mucho cuidado, y la verdad sea dicha, me siento un poco inestable. Me siento en la máquina más cercana, que es lo más cercano que tiene el gimnasio a una silla. El asiento se desliza. —Eso es una máquina de remo, —dice Alec. Ahora que lo dice, yo puedo ver cómo un hombre puede sentarse en este artilugio y el trabajo se encarga, yendo y viniendo a la fila como si estuviera en un barco. Por ahora, simplemente firme los pies en el suelo. —Déjame pensarlo, —le digo. Cierro los ojos e imagino la caja como se veía cuando Irene fue a través de él. —Algunos candelabros, valiosos, pero muy sencillos. Es probable que tenga un centenar de años por lo menos. —Dudo que Mikhail busque candelabros. Me asomo a él, el tiempo suficiente para mirar. —Shhh, déjame buscarlo, ¿bien? — Nunca he contradicho a un caballero en mi vida, y mientras Alec podría ser un millonario americano en lugar de un miembro de la nobleza, que sin duda se considera


como un caballero. No me reproche, sin embargo, sólo lo acepta como su causa con una pequeña sonrisa. Cierro los ojos una vez más. —Algunas monedas antiguas, tal vez español. Algunas piezas de joyería: pendientes de zafiro, una gargantilla de perlas, la diadema con los ópalos, y... y un alfiler de oro. —Trago saliva. —Uno de un par, pero que falta de su compañero. Y luego hubo una especie muy antigua de cuchillo, tal vez una daga No lo sé. —Un puñal? —El tono de la voz de Alec me abre los ojos. Todo su cuerpo está tenso, y como él está por encima de mí, volví a sentir la presencia del lobo—. Lo describen. En cada detalle. —Acerca de tanto tiempo. —Tengo mis dedos tal vez nueve pulgadas. —Un largo, punta fina, de forma triangular. La empuñadura podría haber sido hecha de oro, pero era tan vieja que era medio gris. La vaina tenía algunos grabados en ella, iluminada con dorado. Los grabados parecía una especie de letras, pero las cartas Inglés no adecuado. Y había algo más en la empuñadura, esta extraña forma rayado. Nada de lo que podía leer. Levante mi mano para trazar la forma, pero como yo lo hago, me doy cuenta que lo había visto antes: ¡Es el peculiar asimétrico y la vi por primera vez en el reloj de Mikhail! —Ese es el símbolo de la Hermandad. — Alec golpea una mano contra la pared tan fuerte que saltar. No parecen darse cuenta de cómo pasos de la longitud del gimnasio. —Es una hoja de iniciación. —¿Un qué? —La palabra "iniciación" resuena, me recuerda a lo que Alec y yo hablamos esta mañana—. ¿Quieres decir que para el inicio Hermandad?" —Exactamente. —Alec se apoya contra la pared a mi lado, dejando que su cabeza caiga hacia atrás. Puedo ver el trabajo de la nuez de Adán mientras traga saliva. —No conozco todos los secretos de la familia, Tess. Alguien entre los Lisles, tal vez generaciones atrás, estaba conectado a la Hermandad. ¿Quién podría ser? Por supuesto, tío Humphrey, viejo amigo supuestamente Mikhail. El vizconde no ha querido discutir el tío Humphrey, vivía lejos, en el país, en un terreno mucho más humilde que su posición en la vida habría exigido. El vizconde lo llamó un chiflado, y tal vez eso es todo lo que sabía. Ahora me pregunto si él era un hombre lobo también. ¿O luchar contra ellos? Me abandono a esas preguntas, que van a ninguna parte. —¿Qué es una hoja de inicio? ¿Por qué Mikhail lo necesita?


—Ellos se forjaron hace mucho tiempo, siempre que la fecha se ha perdido la memoria. —Alec me mira, más triste aún de lo que era antes—. Y nadie se acuerda de la precisión con que fueron hechas, es por eso que son tan raros y valiosos ahora. El núcleo de la daga de plata. —Hace una pausa. —La plata tiene el poder de matar a un hombre lobo. Recuerde que. Es que me está diciendo esto para que yo pueda defenderme contra Mikhail, o por lo que puedo defenderme en contra de él. Y continúa: —En una hoja de inicio, la daga de plata chapada en oro, que permite a los hombres lobo para tocarlo. Cuando uno de los nuestros se corta con la Daga y la magia antigua se llama a la energía sobrenatural que surge de la cercanía de un hombre lobo de plata crea un cambio, algo que no se comprende plenamente. Pero es el cambio que nos permite transformar en un lobo, siempre y cuando lo haremos, excepto en la noche de la luna llena. La Hermandad controla todas las Hojas de Iniciación y lo ha hecho durante siglos. Esto hay que se han perdido hasta ahora. —Y eso es lo que Mikhail está buscando. —No puedo creer que yo era lo suficientemente tonto como para pensar que reservó un pasaje en este barco sólo para venir después de mí. Ellos quieren que la hoja por encima de todo, Tess. Se debe tener conocimiento de ello hace poco, y si hubiera conocido antes, habrían robado a la Lisles. Quemaron su casa abajo, si tenían que hacerlo. No hay nada de Mikhail no va a hacer para poner sus manos sobre él. —Él se desliza por la pared, los antebrazos sobre las rodillas, por lo que estamos cara a cara otra vez—. Te das cuenta de que Mikhail ahora sabe que puede hacerlo sin matarte. Y él no le importa. No es que yo no tenía miedo antes, pero es cien veces peor ahora. Antes pensé que tal vez era sólo un juguete para Mikhail al bate en torno a, en peligro de él, pero quizás pueda comprar con seguridad mi silencio. Ahora sé que matar a mí, no es algo que tendría que hacer para llevar a cabo su tarea, es algo que él quiere. Algo que va a aprovechar cualquier excusa para no hacer. No tienes que decir nada; Alec puede ver lo que estoy sintiendo, o el sentido de alguna manera. —Nada de Mikhail, pero estúpida, —dice—. No se le ataque en presencia de testigos. Sólo fue después de que delante de mí ese día a bordo en primer lugar porque pensaba que me podía obligar a que se unan a él, y ahora sabe que no va a funcionar. Usted ha conseguido simplemente para evitar estar solo tanto como sea posible.


—No será difícil mantenerse cerca de la familia, con la Señora Regina querer algo cada cinco minutos, —Trato de broma. El mantón de Italia sigue envuelto en uno de mis brazos, cuando su alcance, pondrá furioso. Deja que me grita siempre, siempre y cuando no tengo que estar solo. Pero luego me grito. —Oh, no! ¡Mañana! —Lo que es mañana? —Mi tarde libre. Estaba tan ansioso que él. Horne, Ned, y me gustaría obtener de cada una tarde libre durante el viaje a América, Ned es hoy en día. Señora Regina nos dijo como si nos estuvieran haciendo un favor especial. Lo que realmente quería hacer era hacer nosotros usamos nuestra tarde libre para el mes, mientras que la familia sigue siendo a bordo y tiene administradores del buque para cumplir sus órdenes. De esa manera ella podría trabajar más duro una vez que llegaron a Estados Unidos. Sus motivos no le importaban a mí cuando yo pensé que tendría una tarde al salón de la cubierta y sentir el sol en mi cara, sobre todo teniendo en mis planes para salir poco después. Ahora todas esas horas de la Lisles siento como una sentencia de muerte. —Él está cerca de Layton ahora. Se dará cuenta de que no estoy con ellos, y me sigue. Alec pesa el problema, asiente con la cabeza. —Usted simplemente tendrá que pasar el día conmigo. Teniendo en cuenta las personas que he. . . en peligro de extinción, por ser lo que soy, debo proteger a alguien al menos una vez. Así que vamos a estar juntos. Hay una agitación en mi vientre cuando dice eso, pero no confían en él. Yo podría tener más fe en Alec que yo en Mikhail, pero él también es un monstruo. "Usted dijo que iba a permanecer lejos de usted. Por mi propio bien. " —La situación ha cambiado ahora. —Trata de sonido práctico al respecto, pero me doy cuenta de que él se siente demasiado ilógico que necesitan, de gran alcance para que estemos juntos—. Usted no tiene que temer. Nos quedaremos en las áreas públicas de primera clase. La gente estará a nuestro alrededor todo el tiempo. —Su voz se hace más suave. —Es seguro que las casas. —Es seguro que las casas, —repito—. Pero, señor, usted no puede ver la socialización con un servidor. No se hace. —Realmente no me importa lo que la gente piensa de ella. Nadie va a tener la valentía de enfrentar directamente. Así que vamos a desairar a la derecha de nuevo, pretender que no está ahí. —Puede que realmente no ver la división entre nosotros? Tengo que estar abierta a Alec, porque él se encoge de hombros y agrega: —Después de convertirse en un hombre lobo, de renunciar a la idea de montaje.


Me doy cuenta de que él no sugirió bajar a tercera clase, pero si yo fuera él, no me quiere operar por cualquiera. El Lisles podría verme ahí arriba, que sería terrible, pero, de nuevo, este es un gran barco. No es como si yo fuera capaz de encontrar Señora Regina con su chal, incluso cuando yo estaba buscando. "Yo podría llevar algo bonito. Por lo tanto, no sería siervo soy demasiado obvio. —¿Cuándo se Lisles dejarte ir? —Justo antes del almuerzo. —Entonces te veré en la gran escalera justo antes del almuerzo. —Yo no he dicho que sí todavía. Tenemos que pensar en esto. ¿No es el comedor de primera clase frente a la escalera? ¿Qué pasa si Mikhail me ve? —¿Y si lo hace? Tal vez sería mejor, en realidad, si él sabe que yo estoy guardando. Entonces, tal vez él de nuevo por un tiempo. —Alec se levanta una vez más a sus pies, y esta vez yo estoy con él. Es bueno saber que él es más alto que yo, muy pocos hombres lo son. Se vuelve más formal ahora—. ¿Estáis dispuestos a recibir mi invitación? No seas estúpido. Este hombre está condenado a ser un monstruo. Está ligado a los poderes oscuros que jamás podrá comprender. Incluso si no lo fuera, después de lo que he aprendido acerca de la margarita y Layton, no sabes que no criada siempre puede confiar en un hombre rico. La parte más estúpida, me doy cuenta, es que estoy pensando en negarme la única protección que tengo, porque tengo miedo de mi propio corazón. —Sí, —le digo—. Mañana, antes del almuerzo, en la escalera de honor. —Él no respondió, pero puedo ver el reflejo de mi propia alegría y la confusión en los ojos. De alguna extraña manera, somos iguales. Un límite ha sido cruzado.


Traducido por Elizabeth_tb Corregido por Yemi-yeye •.¸¸.✿.

INALMENTE, DESPUÉS DE LOCALIZAR A LA SEÑORA REGINA, Y SER REGAÑADA por tomar tanto tiempo con su chal, me dan tiempo para cambiar mi uniforme de la mañana, ahora polvoriento, a mi uniforme de la tarde, y para comer algo para la cena, si tengo la suerte de tener tiempo. Ojalá que sí; el bollo pegajoso que Irene me dio no era mucho para seguir adelante después de perderme el té, ayer por la noche. Debo ser la única persona que pasa hambre en el Titanic, el barco más rico del mundo. Asegurándome de estar a la vista y al oído de los demás todo el tiempo, voy hasta la cubierta F, a través de las puertas que separan a las clases, y entro en mi camarote, que está vacío. Ninguno de mis compañeros de cuarto está dentro, y tampoco lo está mi uniforme de la tarde. Justo cuando estoy a punto de maldecir peor que el jardinero cuando ha bebido una pinta de ginebra, se abre la puerta detrás de mí y Myriam entra. Su cabello grueso y oscuro esta hecho un lío muy rizado, como cuando has tenido que pasar demasiado tiempo en el calor y la humedad. Pero en sus brazos, perfectamente enrollado, esta mi uniforme. —No me gusta planchar, —dice. —¡Oh, gracias! —tomó el uniforme y veo que Myriam ha hecho un trabajo maravilloso; esto esta pulcramente planchado como tal vez un sastre profesional lo podría hacer—. En serio. Es maravilloso. —¿Tienes la intención de pasar todo el almuerzo cambiándote de ropa o te gustaría darte prisa para que realmente podamos comer? Debo corregir a Myriam: La comida del mediodía es el almuerzo sólo para los ricos. Para nosotros, es la cena, la comida principal del día. Por la noche, cuando ellos cenan nosotros sólo tomamos el té. A veces no es más que pan y mantequilla


acompañado con una taza de té. Pero quién sabe, tal vez es diferente en Estados Unidos. Su suposición implícita es que vamos a cenar juntas, y supongo que lo haremos. Mientras me apresuraba a cambiar, cepillar y cuelgo el uniforme de mañana, para que este presentable para mañana, me diera cuenta de que con apenas una palabra amable hablada la relación entre nosotros, Myriam y yo de alguna manera nos hemos convertido en amigas. Nunca he tenido un amigo fuera de mi familia o de los otros siervos en Moorcliffe antes, se siente casi extraño, pero bastante interesante, también. El comedor de tercera clase no es algo tan grande como el de primera clase, por supuesto, pero sigue siendo un espacio brillante, alegre, con brillantes paredes blancas y pisos bien pulidos. Myriam me informa que ayer por la noche hubo un baile improvisado después de la comida, porque un piano ha sido dado, incluso para los pasajeros de tercera clase. Un italiano que había traído un violín y un alemán que había traído un acordeón se unieron con el pianista voluntario, de nacionalidad desconocida, para tocar canciones durante horas. —Algunos de los oficiales del buque se unieron a nosotros, —dice ella, como si fuera una ocurrencia tardía—. No es el capitán, por supuesto. Estoy seguro de que nunca mostrara su cara por aquí. —Sólo algunos de los oficiales más bajos. —Tomo un gran bocado de mi rollo y trago un poco de té—. ¿Cómo, por ejemplo, el séptimo oficial, un tal Sr. George Greene? Myriam no lo niega. Ella apoya la barbilla en la mano, medio perdida en sus pensamientos. —No es en absoluto la clase de hombre que alguna vez hubiera imaginado para mí. Pensé en otro hombre de Líbano, un amigo de mi hermano en Nueva York, tal vez. George es oh, Tess, ha estado en todas las partes del mundo. Incluso la India. Es curioso verla tan soñadora, aunque no me burlo de ella. Después de los últimos dos días con Alec, entiendo ese sentimiento mejor que antes. —Parece muy agradable, también. Él ha sido muy amable conmigo. —¿Es verdad que los marineros tienen mujeres en todos los puertos? —George no parece el tipo. —¿Aunque quién soy yo para saber qué tipo es George o no es? Después de todo lo que he aprendido en las últimas veinte y cuatro horas, se siente como si yo no conozco a nadie, incluso algunas de las personas más cercanas a mí. Pienso en Alec, el hombre y el monstruo, y las horas que he prometido pasar con él mañana. es Pero es difícil saber cuándo hay que confiar en un hombre.


—Dices eso como alguien quien tiene razón para dudar de las intenciones de un hombre. —Myriam levanta una ceja, con la forma perfecta como el ala de un pájaro—. Y yo que pensaba que tú aventura en la noche probablemente tenía una explicación inocente. Nuestros ojos se encuentran en la mesa del comedor. Durante un largo momento, ninguna de nosotras habla. Estamos rodeadas por el tintineo de platos y tenedores y charlas en media docena de idiomas diferentes, pero el silencio entre nosotros parece más fuerte que todos los demás. Ella me está tomando el pelo, pero no, lo que Myriam realmente está haciendo es que me da la oportunidad de confiar en ella con lo de anoche, si quiero. De alguna manera yo quiero. Pero, ¿quién iba a creerme? —Nada inadecuado pasó anoche, —le digo. —Tienes un secreto. —Que deducción brillante. Eres toda una Sherlock Holmes. Myriam frunce el ceño. —¿Quién es Sherlock Holmes? No deben tener los libros de Arthur Conan Doyle en el Líbano. —Él es el detective más maravilloso. Te voy a dar los títulos de algunas de las mejores novelas. Al llegar a Nueva York, puedes buscarlos en la librería. —Aunque después de la última noche, nunca releeré El sabueso de los Baskervillesagain. Ese fue mi mejor esfuerzo para cambiar de tema, pero la frente de Myriam sigue estando surcada por la preocupación. Por lo que añado: —No es mi secreto el que mantengo. Es de otra persona. Es por eso que no te puedo decir. Aceptando esto, Myriam dice, —Bueno, si no estabas teniendo aventuras amorosas a lo largo de la noche, ¿En qué hombre desconfías y por qué? La última capa de verdad tendrá que servir. —Mañana tengo una tarde libre. Alguien me ha pedido pasarla con él. Alec. El romance a bordo tiene su encanto. —Su sonrisa sedosa revela que ella está familiarizada con estos encantos ya—. Sin embargo me sorprende que tuvieras tiempo de conocer a alguien aquí en tercera clase. Ellos te han mantenido trabajando en cada momento. —No está en tercera clase. —Miro a las patatas en el plato en vez de a ella—. Es un pasajero de primera clase. Alec Marlowe.


—¡Primera clase! —Ella no parece impresionada, suena cautelosa—. Dudo de las motivaciones de los hombres ricos quienes prestan atención a las niñas pobres. —Eso no es así, —le digo tan firmemente como puedo. Dudosa, Myriam responde: —Tal vez los estadounidenses son diferentes. —Tal vez. —Voy a ser una americana muy pronto. —Ella toma una respiración profunda, y hay algo diferente acerca de su sonrisa ahora. Su expectativa es tan feroz e incauta, así como la mía. —Mi hermano dice que es un lugar maravilloso. No hay nada como las viejas historias. En su lugar, es fuerte y lleno de gente y más sucio de lo que te puedas imaginar. —Creo que eso es sólo la ciudad de Nueva York. —Ahí es donde voy a vivir, ¿cuál es la diferencia? Fuerte, lleno de gente, sucia, y maravillosa. Y lo nuevo, siempre nuevo. Eso es lo que quiero. No es la misma vida que mi madre llevó, como su madre antes que ella, y su madre antes que ella. Ahora que lo pienso, tengo un secreto que pudo revelar. —Yo voy a ir allí también. Estados Unidos. —Sí, creo que ahí es donde el barco se dirige. —Quiero decir, para siempre. —Nunca he dicho estas palabras en voz alta antes. Diciéndolas las hace más reales—. Le voy a dar mi aviso a los Lisles al final de este viaje. Así que voy a empezar de nuevo en Nueva York también. Toda la actitud de Myriam cambia. Antes, ella ha estado dispuesta a escucharme, incluso a ayudarme, pero ahora me ve como por primera vez. Su entusiasmo se duplica para cubrirnos a las dos. —¡Bien por ti! Debes estar enferma y cansada de ser una sirvienta. ¿Qué harás para trabajar, cuando llegues allí? —Yo, Bueno, yo podría terminar como una criada de nuevo, —lo reconozco—. Es lo único que sé hacer bien. Pero por lo menos podría trabajar para una familia menos odiosa, si lo hiciera. Y yo soy bastante buena en la costura, bordado, fabricando sombreros, cosas así. Así que ya sabes, espero que algo vaya a llegar. —Eso no suena bien planeado para mí. —La crítica pica sobre todo porque sé que Myriam tiene un punto. Pero ¿cómo podría haber buscado trabajo en Estados Unidos sin avisar a los Lisles? Sus ojos se entrecierran—. No estás esperando a que tu hombre rico de primera clase te lleve lejos de todo esto, ¿verdad? Yo no hubiera pensado que tú fueras tan tonta.


—Créeme, nunca soñé con eso. Sé que está más allá de lo imposible. Recuerdo cuando vi por primera vez a Alex está mañana, acostado medio consciente en los azulejos del baño turco. Lo hermoso que era. Tan golpeado. Cómo había sido un animal asesino sólo horas antes. Sí, es imposible. Por razones que se pueden decir en voz alta, y por razones que no puedo. Mis deberes por la tarde son los mismos que yo habría esperado, tan aburrido como siempre, pero después del tiempo que he tenido en el barco hasta el momento, aburrido es casi un alivio. Pongo en orden todo después de Beatrice, lavo a mano la ropa interior de Irene de Francia, y la ayudo a meterse en un caro vestido para la cena, esta vez de un verde mar que es aún más cruel con su tez de lo que el amarillo era. Horne insiste en que ella tiene la intención de tomar el té esta noche en el salón de tercera clase, y asigna a que me quede con Bea. Sin embargo no es tan malo, porque el temperamento de la niña ha mejorado, y hay suficiente sopa y pasteles para las dos. Ella se va a dormir a la hora adecuada y me siento casi en paz por los pocos minutos que tengo para mí. A pesar de que estoy sola y sé que no debería estarlo-este es el único lugar en el que creo que Mikhail atacaría. Él está tratando de ser amistoso con los Lisles, pero ellos difícilmente van a estar de buen humor para charlar con los nuevos conocidos, si encuentran un cadáver en su habitación. Ni siquiera la Señora Regina es tan fría como eso, y seguramente ni siquiera Mikhail se arriesgaría a perder su oportunidad de conseguir la hoja sólo por el deporte de matarme. Sin embargo él podría tirar mi cuerpo por la borda. Un escalofrío barre a través de mí, cuando me doy cuenta de lo fácil que sería para él hacerlo. ¿Quién iba a encontrar mi cuerpo, flotando en medio del océano oscuro? Pero no. Él no lo haría. He visto sus colmillos, oído sus burlas. Mikhail no sólo me mataría. El me comería. Bueno él no lo haría aquí. No sin dejar un lío, y buena suerte con sacar las manchas de sangre de la alfombra. Pero la vivacidad no funciona tan bien como de costumbre; el miedo permanece enroscado dentro de mi vientre, por lo que mi última comida se siente llena y mis pulmones se sienten apretados. Dado que yo estaba pensando en Mikhail siendo tan amable con Layton, debí haber esperado lo que vino después, pero no lo hice. Cuando se abre la puerta, me


levanto rápidamente de la silla en la que había estado descansando para recibir a la familia y a Mikhail, que estaba escoltando a la Señora Regina a través de la puerta. —Qué curioso que usted haya oído hablar del tío Humphrey tan lejos como en Moscú, Conde Kalashnikov, —ella dice mientras lanza su estola de piel a un lado para que yo la recupere—. Él era un célebre coleccionista, pero tengo que admitir, que siempre pensé que era un poco excéntrico. —A veces, los excéntricos son los verdaderos genios, —dice Mikhail. Él lo dice de la forma servil como cualquier caballero lo haría, pero sus ojos no coinciden con su tono despreocupado. Desde el momento en que entra en la habitación, Mikhail me mira a mí. Sólo a mí. Me apresuro a guardar la estola de la Señora Regina, con la esperanza que no se vea lo asustada que estoy. En lugar de reconocer su atención, miro a los demás en la sala; la Señora Regina, encantada de tener un nuevo admirador, Layton, borracho de nuevo, e Irene, que se ve tan agotada que podría haber sido la que ha trabajado durante todo el día en mi lugar. Es evidente que ninguno de ellos tiene alguna idea de por qué Mikhail pregunta por el tío Humphrey, ni sospechan nada, cualesquiera que sean los lazos que tiene el hombre con el mundo sobrenatural, ellos lo ignoran. —Qué pena que no pudiera encontrarse con el vizconde de Lisle, —la Señora Regina dice—. Él hubiera apreciado conocer a un amigo de su tío. —Una pena en verdad, señora Regina. —Mikhail sin problemas da un paso más cerca de mí—. ¿Que mantuvo al Vizconde lejos del viaje? No es la mala salud, espero. —Había asuntos de negocios que atender en Londres. —Layton dice con demasiada rapidez. Bien podría tener un cartel que dice, él está tratando de negociar con los acreedores de la familia para que podamos seguir viviendo como ricos, aunque el dinero se haya acabado. Sin embargo, Mikhail se encarga de la incomodidad momentánea tan fácilmente como cualquier caballero lo haría. "Los asuntos de negocios son una carga. Esperemos que pronto se pueda unir a ti en los Estados, y tendré el placer de conocerlo allí. " Irene me ve a mí, sin duda, blanca como un papel, y me da una leve sonrisa. — Te puedes ir, Tess. Quiero decir, Davies. Eso es todo. —Yo también debería irme, —dice Mikhail—. A pesar de que ha sido una noche encantadora, tengo que decir bonsoir. Prométeme, sin embargo, que vamos a discutir el asunto de la colección del tío Humphrey otra vez, muy pronto.


¡Oh, no, no lo dejen salir al mismo tiempo que yo! Probablemente no estaríamos solos en el pasillo, pero podría ser, y entonces yo no quiero pensar en lo que sucedería después. Por una vez, el esnobismo de la Señora Regina trabaja a mi favor. No hay manera de que ella permita que un noble ruso este fuera de su vista tan fácilmente. — Usted debe quedarse por un brandy con Layton. —Vaya si, Layton dice, parándose lo mejor que puede. —Ya tomamos una copa de coñac en el salón, y es más que suficiente para mí — la máscara de cordialidad perfecta de Mikhail se está deslizando, puedo sentir su impaciencia mientras me apuro hacia la puerta. —Irene, ayúdame a convencer al Conde. Es tan raro encontrar jóvenes adecuadamente sociables en estos días. Te lo juro, que Alejandro Marlowe parece estar en la clandestinidad. ¿Tiene intención de saltarse todas las cenas mientras estamos a bordo? Mikhail me mira mientras me voy, pero sabe tan bien como yo que, por el momento, él está atrapado en su propia trampa. Mientras salgo, le oigo decir: — Quizás el señor Marlowe no sabe cómo divertirse. A diferencia de mí. En el momento en que estoy sola en el pasillo, salgo corriendo. Cada paso suena a pesar de la suave alfombra, y algunas damas y caballeros bien vestidos se aplanan contra la pared para evitar ser atropellados. Estoy haciendo un espectáculo de mí misma, pero no me importa. Tengo que volver a la tercera clase antes de que Mikhail pueda conseguir librarse de los Lisles. Me introduzco en el ascensor, donde el operador es mi compañero y mi seguridad, a pesar de que no es más que un niño. Cuando él me da una sonrisa, me siento culpable. ¿Lo estoy poniendo en peligro, simplemente estando cerca? ¿Mikhail sería capaz de matar a otra persona para llegar a mí? Tan pronto como me deja en la tercera clase, me pongo a correr de nuevo. Estúpido de mí, sé que no me han seguido. Y sin embargo, la luz de los pasillos no parece tan brillante en la noche, y me estoy imaginando pasos detrás de mí. No. Hay pasos detrás de mí. Corro más rápido, y los pasos van más rápido. La puerta de la zona de tercera clase se encuentra directamente delante, voy a tener que parar para volver a activarla, y en ese tiempo, él va a alcanzarme. Con mi pulso latiendo, decido dar la vuelta y pelear.


Giro en torno para no ver nada. Para escuchar nada. Era el eco, me doy cuenta. El eco de mis pasos. Me río de mi propia estupidez, aunque la risa es débil, y mi corazón late todavía. Mis piernas se tambalean todo el camino de regreso a mi camarote. Cuando llego allí, la habitación es oscura y las mujeres mayores de Noruega ya están dormidas, pero Myriam no está en el momento. Tal vez voy a bromear acerca de su propia “noche de aventura” Pero no, en realidad no es tan tarde. Probablemente, ella y George simplemente disfrutan de un paseo por la cubierta. Yo podría ir al comedor y ver si otro baile ha comenzado, pero estoy demasiada cansada para disfrutarlo. Esta noche todo lo que quiero es dormir. Me pongo mi camisa de dormir. Mientras el fino algodón se desliza sobre mi cabeza, me acuerdo con lo que yo dormía anoche, ropa interior, mojada con el vapor. Y me acuerdo de Alec, quien está de regreso en ese baño turco, un lobo otra vez. Aullando. Monstruoso. Aterrador. Sin embargo, cuando pienso en el dolor evidente de la transformación, cuando me lo imagino pasando por la agonía de lo que Mikhail hizo, sin opción en la materia, sin esperanza, no puedo tener miedo de Alec. Sólo siento compasión. Cuando me preparo para trepar a mi litera de arriba, hay un sonido estremecedor debajo de la puerta. Miro hacia abajo para ver una nota doblada que ha sido empujado por debajo. ¿Es una especie de boletín de los buques? Yo me arrodillo frunciendo el ceño para recogerlo. Hay suficiente luz que entra por la rendija bajo la puerta para que yo lo leyera. En cursiva pesada, se lee: Tú estás para ayudarme, Tess. No para estar en mí camino. Para probártelo, dentro de dos días, voy a lastimar a alguien que amas. No a ti. Voy a lastimarte cuando me decepciones, o cuando me plazca. Él no lo ha firmado. Él no tenía que hacerlo. Mientras me doy cuenta de quien lo escribió, me doy cuenta de que hay interrupciones en la luz por debajo de la puerta. Donde dos pies estarían, como si alguien estuviera al otro lado, a punto de entrar.


No me puedo mover. No puedo gritar. Sólo puedo permanecer allí, sosteniendo la nota arrugada en mis puños, dándome cuenta de que Mikhail está de pie en el otro lado de mi puerta. Mis compañeras son dos ancianas, profundamente dormidas, a las que Mikhail, podría y desgarraría hasta llegar a mí. Y luego se aleja. No estoy segura de cuánto tiempo permanecí en cuclillas, pero para el momento en que soy capaz de levantarme, todos los músculos duelen. Temblando, me subo en mi litera y envuelvo las sabanas alrededor de mí con fuerza. ¿A quién lastimaría? No hay nadie a bordo para herirme -Myriam es mi amiga, pero apuesto a que el no asumiría eso. No podía estar hablando de Alec. No podía. Yo lucho contra el sueño, porque ya no me siento segura de cómo, o si, me voy a despertar.


Traducido por Michuu26 Corregido por Strella

2 de abril de 1912

egura que estás bien?— Irene pregunta, por alrededor de quinta

vez esta mañana. —Ciertamente, Lady Irene.— Aunque no estoy bien, y estoy segura de que se vea. Finalmente me quede dormida la noche anterior, pero no profundamente y no por mucho tiempo, y casi me da un ataque al corazón cuando Myriam finalmente entró. Si estoy mucho más tiempo sin dormir o comer con regularidad, Mikhail no tendrá que matarme, y yo moriré antes de llegar a puerto. Muy bien, estoy exagerando un poco no, no es como si yo nunca he trabajado sin descanso adecuado o alimento antes. Pero me veo pálida, y, obviamente, Irene lo ve. Ella reposa en una silla de cubierta, una mano firme estabilizando el borde ancho de su sombrero de paja. La Señora Regina está fuera adulando a la condesa de Rothes o Lady Duff Gordon, o alguien así. Layton está, probablemente, jugando a las cartas con Mikhail. Ambos prefieren que Irene se fuera de casa, ya sea haciendo buenas conexiones con la nobleza o pidiendo la protección de los hombres interesados. En lugar de eso ella tiene un libro que está prestado de la biblioteca del barco. —Mira, Tess—, dice. —Es tu tarde libre hoy, ¿no? Entonces ¿por qué no continuar? Es lo menos una hora menos de que yo pensé que llegaría a salir. —¿Está segura, señorita Irene?


—Muy segura. Sólo dile a Ned que venga a buscarme, así que no voy a llegar tarde para el almuerzo—. Sonríe hacia mí, alegre ante la idea de simplemente quedarse sola. Esto es un placer para las dos, me doy cuenta. —Gracias, señorita—. Yo hago una reverencia rápida y regreso a mi camarote. La idea de ir allí, solo me da un poco de vuelta, pero Mikhail no se espera que este libre ahora, y además, la tripulación es brillante, despierta y viva. La primera clase es elegante y refinada, el paseo marítimo regular de un bulevar de modas, de tercera clase, cuando lo alcance, está lleno de energía. Cada madre soltera y padre a bordo parece estar tomando su cría a dar un poco de sol. Como llego a mi habitación, a unos pocas niñas irlandesas, a juzgar por su cabello rojo fuego corren junto a mí, uno de ellas llevaba una muñeca tan grande como ella. Myriam no está en nuestra cabaña, sino las mujeres noruegas. Están sentadas juntos en una litera de abajo, mirando a través de un libro de recuerdos antiguos jirones. Nos damos unas a otras la sonrisa amable, sin comprender que hemos establecido como nuestra principal forma de comunicación. Entonces me pongo a trabajar. No hay uniformes en lo absoluto por un par de bendecidas horas. La primera vez buscando en el bolso por lo que había previsto llevar hoy, que es lo que suelo llevar en mis tardes libres: un sencillo vestido azul oscuro que yo cosía para mí misma, con un cuello alto y un ajuste lo suficientemente floja como para que mi padre siga sugiriendo que soy una mujer pecadora con probabilidades de seguir el camino maldito de mi hermana. Hubiera estado bien para pasearla un par de horas en la cubierta de tercera clase. Pero ahora voy a estar en primera clase. Con Alec. Nadie comentaría si me puse esto, pero yo no quiero. En lugar de eso cavo más profundo en el bolso, hasta el fondo, hasta que mis dedos tocan encaje. Una de las pocas ventajas de ser una doncella es que a veces se quedan con los artículos desechados de su ropa. Tengo un par de guantes de cuero viejo de Irene, de un rojo alegre, incluso si la punta de los dedos y las palmas están usadas. Ella siempre me proporciono mi cálido abrigo, también, cuando pasó de moda, no me importa a mediados de enero. Y luego, hace unos meses, Lady Regina decidió que este vestido, el de encaje ahora en mis manos, no era el tipo de cosas que con la que ella quería que su hija fuera vista.


Pero Lady Regina y yo tenemos ideas muy diferentes del estilo. El satén es color de rosa, un color profundo, vivo. La superposición de encaje de cuentas es casi el mismo color, pero un poco más oscuro, de modo que el contraste mejor describe la figura. Las cortinas de superposición en las mangas delgadas que terminan justo por encima del codo, proporcionando una silueta suave. Una altura de la cintura, justo debajo del busto, y el suficientemente profundo escote para llamar la atención, pero no tan profunda como para atraer a los chismes. Es tan hermoso como un vestido que nunca he visto, y sólo lo he usado una vez, cuando lo probé en mi ático para asegurarse de que realmente podía mantenerlo. El único cambio que tuve que hacer fue la del ruedo. Irene es más baja que yo, pero no fue suficiente raso adicional en el dobladillo para dejarlo salir. Lo tomé todo porque pensé que era demasiado hermosa para tirar, nunca imaginé tener una oportunidad digna de llevarlo. ¿Me atrevo a llevarlo a la cubierta? Para ponerme de pie por primera vez y me declaro como algo más que una sirviente? Sí, yo decido. Me atrevo. Lo primero es lo primero. Tomo un peine para el cabello y darle un poco de significativa atención. Casi todos los días, solo tiro de él bajo mi gorra de lino, porque con esa cosa en mi cabeza, no hay razón mucho más para hacer. Pero he estado peinando el cabello de Irene desde hace un tiempo, y sé mi trabajo. Es un poco diferente, haciendo esto a mi propio pelo por el tacto, en lugar de a otra persona por la vista. Pero al poco tiempo he reunido mis rizos amplios en un moño flojo en la parte de atrás de mi cabeza, esponjando la parte delantera por lo que tengo un perfecto peinado Gibson Girl. Ahora, mi cara. Ninguna mujer decente se pinta la cara, sólo las prostitutas y actrices. Pero eso no quiere decir que no son un par de trucos para probar. Esta mañana, a escondidas —tome prestado— un par de papeles rosa de Irene, las hojas de polvo secante que mantienen que la piel no llegue a ser demasiado brillante. El polvo es suave color rosa para añadir un poco de brillo. Me doy palmaditas con los papeles a través de mi nariz, la barbilla y la frente hasta que ya no me vea pálida y dibujo mi reflejo en la tronera. Por supuesto, la sonrisa en mi cara podría tener algo que ver con eso también. Realmente, no tengo zapatos adecuados, pero el vestido es lo suficientemente largo para ocultar eso. Me meto en el vestido. Ahora, si sólo pudiera abotonar los botones terminaría. Es difícil porque están en la parte posterior, pero por lo general me las arreglo.


A continuación, una de las mujeres noruegas pasa hacia arriba y sujeta los botones. Sus manos tiemblan un poco con la edad. Le sonrío por encima del hombro y digo: —Gracias.— No hay duda de que entiende lo que quiero decir, si no las palabras. Ella sólo asiente con la cabeza. La otra dama va por su bolsa hasta que llega con un pañuelo de encaje de nudos. Lo desata para revelar lo que debe ser su posesión más preciada: un par de aretes de perlas reales, y no pequeñas perlas, tampoco. La misma Señora Regina los envidiaría. Luego levanta uno a mi oído y asiente con la cabeza. —Oh, ¡yo no podría!— Pero ellas insisten, atornillando mis propios oídos. Nunca he llevado las joyas antes, mucho menos algo fino. Su estilo es extremadamente anticuado, pero debe haber sido transmitida por generaciones. Pero creo que me gustan sus líneas simples más que los clips ornamentados que están de moda en estos días. El peso de las perlas se siente extraño en mi lóbulo de la oreja. Y sin embargo, es demasiado emocionante. Cuando voy a la primera clase, voy a verme como si perteneciera allí. Siento una oleada de rebeldía. Todos estos años de atender a otras personas el cabello y la ropa, siempre sintiendo que podía eclipsar a cualquier debutante o sociales en el mundo si sólo tuve la oportunidad, bueno, ahora ya lo tengo. No hay espejo en la habitación, pero no hay necesidad. Yo sé cómo me veo por las sonrisas en los rostros de las ancianas. —Gracias—, le susurro de nuevo. Del bolsillo de mi uniforme retiro mi bolso con mis ahorros, y lo presiona en las manos de aquella que me ha prestado los pendientes. Es mi manera de decir, usted confió en mí con su posesión más valiosa, así que voy a confiar en usted con la mía. Y sé que ella entiende. Cuando viajo de vuelta a primera clase en el ascensor, las miradas del operador en mí, la mandíbula ligeramente abierta. Es evidente que a él le gustaría preguntar acerca de la transformación, pero él no lo hará-incluso la apariencia de la riqueza hace que la gente te trate diferente, me doy cuenta. Que se hace aún más claro para mí cuando entro a la gran escalera. Yo lo he hecho antes, por detrás después de Irene o Señora Regina un par de veces. Pero entonces yo estaba en ropa de sirviente y por lo tanto, invisible. Ahora soy yo mismo. Y si me ven. Los ojos de las mujeres al examinar el vestido de moda y los pendientes de perlas, y puedo ver que se preguntan quién soy, si me hubiera dado cuenta antes, y tratando de conectarme a varias familias de la nobleza de Burke. Los ojos de los


hombres - es diferente. Antes, o me ignoraban o me clasificaban por tamaño hasta la forma en que puede ser un pedazo de carne. Su apreciación es menos cruda ahora, y aún más ávidos, porque creo que tengo un título o una fortuna para que coincida con mi belleza. Tal vez me impresionaría más si no hubiera visto el otro lado de la misma. Susurros me siguen a lo largo de la escalera, el rastreo en mi camino. Cuando llego al final de las escaleras, una de las puertas de la cubierta se abre y Alec pasa. Viste un traje gris claro, como muy bien adaptado a su cuerpo como las otras que posee. La brisa del mar despeina sus rizos castaños rebeldes. Se asoma por el pasillo, en busca de mí. Le toma un momento para reconocer a la mujer bien vestida caminar hacia él, pero sé que en el segundo lo hace. Es menos como me ve es más como si... algo le sucede a él. Algo de la soledad se desvanece. Sea lo que sea, me pasa a mí también. El cambio en mí, va más allá de mi ropa, cuando estoy con Alec, soy alguien nuevo, alguien más como la persona que siempre quise ser. El espacio entre nosotros se cierra, y no sólo porque estamos caminando hacia los demás. —Obviamente hay mucho más de lo que ve el ojo—, dice, en vez de hola. —Eso nos hace dos, ¿no? Alec se ríe, mitad de sorpresa. —¿Puedo acompañarte a almorzar? Es como si él no recordara que esto se trata de mantenerme a salvo. Pero no se le puede culpar por ello…he olvidado a mí misma. Puse una imitación de la cara estirada la Señora Regina, que lo convierte en sonrisa aún más amplia. —Me encantaría. Alec me ofrece su brazo, y me lo tomo como si él lo hubiera hecho cientos de veces. No recuerdo que estoy jugando un papel, no recuerdo el peligro que representa Alec. Mikhail es desterrado al reino de la mala memoria. Estoy perdida en el momento, y en mi compañero. En lugar de comer entre los pasajeros de primera clase en el almuerzo formal, vamos al restaurante a la carta. Esto nos permite ordenar todo lo que desee en el menú, y entregado poco después, muy elegante. Nos sentamos a una mesa servida con lienzo y porcelana mientas un camarero presenta un almuerzo adecuado para nosotros. Doy al servidor con una sonrisa, aunque es difícil, normalmente los servidores son ignorados por el servido, y ambas partes les gusta más así. Pero se cómo no darse cuenta-: es imposible pretender que un siervo es invisible.


Pronto, sin embargo, puedo prestar atención sólo a Alec. No tenemos necesidad de una pequeña charla, estamos muy lejos del pasado que ya. —Supongo que tendrás que llevar el negocio de acero de tu padre, algún día, si no fueras…si no te vas a vivir en la frontera. —Eso no era lo que quería—, dice Alec cuando nos sentamos juntos, mirando el mar azul brillante por la ventana antes de nosotros. Es casi infrecuente aún. Parece que estamos suspendidos en el cielo en lugar de flotar en el agua. —Papá me ha apoyado, también, que Dios lo bendiga. Así que muchos padres quieren que sus hijos encajen en el molde que definen ellos. —No sólo los padres—. Pienso en cómo la Señora Regina reprime a Irene por lo que no es, en lugar de apreciar a su hija por lo que es. —Bueno, si no se va a adueñar de Aceros Marlowe, que habrías hecho? Alec parece casi tímido. —Toda mi vida, he crecido en torno al trabajo de mi padre, pero nunca los molinos o la venta del producto me inspiró. Se estaba viendo los planos y planes que le traería. La idea era que se pudiera medir el peso y las dimensiones de un edificio que no existía aún, y entonces será hecho-que era como magia para mí. Así que he estado estudiando arquitectura. De vuelta a casa por primera vez en Chicago, con un hombre llamado Frank Lloyd Wright, y luego en la Universidad de Columbia. En París, traté de mantener, incluso llegué a reunirme con Gustave Eiffel, pero no era el mismo—. Sonríe, aunque hay tristeza detrás de él. —Yo quería trabajar con el acero, sólo de una manera diferente. Quería… doblarlo en arcos. Hundirlo en lo profundo de la tierra para sostener un edificio más alto de lo que nadie ha visto antes. La arquitectura es lo mejor del arte y el mejor de los negocios. La unión de la belleza y el propósito. Siento su amor por ella como si fuera la mía. —No hay que renunciar a ella. —¿Qué otra opción tengo? —Fuiste capaz de estudiar en París, ¿no? Alec mira lejos de mí, mirando resueltamente en el Atlántico. —No puedo repetir mis errores, en París. Recuerdo que los rumores sobre su romance con la actriz Gabrielle Dumont. ¿El rompió su corazón, o fue ella? —Hiciste lo mejor —Mi mejor no era lo suficientemente bueno.— Sombras de culpa ahora sus rasgos, tan profundo que casi parece enfermo. Es lo que lamenta haber roto el corazón


de Gabrielle? —No puedo caer en la trampa de vivir entre la gente de nuevo. Las daño. Otros tuvieron que sufrir por mí para aprender esa lección. Como debe haberla amado. Estúpida de mí por estar celosa, por lo que me esfuerzo por poner eso a un lado y me adhiero al asunto. —Podrías diseñar edificios no importa dónde tú vivas. ¿No podrías simplemente enviar por correo los planos? —No es el diseño que no puedo hacer. Es… hacer contactos de negocios. Salir y ganar nuevos clientes. Trabajar en un notable estudio. Nada de eso será posible cuando esté en Montana o Idaho o en cualquier otro termino. —Si conocieras alguien conectado a la industria de la construcción—, le digo inocentemente. —Oye, tal vez, uno de los principales proveedores mundiales de acero. El medio se ríe de la broma, pero todavía no vuelve a mí. —Yo no quería usar el nombre de mi padre para salir adelante. Quería hacerlo yo mismo, sin ningún tipo de ventajas injustas. —Hablas como alguien que tiene ventajas puede hacerlo.— Señalo a él con mi tenedor para dar énfasis. —Escúchame. Si yo tuviera un padre rico o conexiones que me ayudaran a hacer lo que quisiera en la vida, ¿cree que estaría lustrando zapatos de la señorita Irene? Por lo que se puede ver, en este mundo, eres un tonto por no usar los dones que te den. No es como si mintieras o engañes o robes para conseguir a Howard Marlowe como padre. Eso es lo que es, eso es lo que eres. Tienes que repartir una carta mal cuando eres mordido, así que usa una de las mejores cartas que tienes en tu mano para compensar ello. Finalmente, me mira una vez más, y sus ojos buscan los míos. —No hablas como una niña que planea ser una doncella toda su vida. —No lo hago— Me alegro de haber admitido esto antes a Myriam, hace que sea más fácil de decir ahora. —He ahorrado suficiente dinero para dar aviso una vez que lleguen a Nueva York. Me tomó casi dos años, pero lo hice. —Eso demuestra el valor real, Tess. Determinación real—. Alec asiente con la cabeza lentamente a medida que se toma su té, y la admiración que yo veo en su rostro me hace sentir cálido y vertiginoso. —Creo que eres una mujer extraordinaria. —Y creo que usted es un hombre extraordinario.— Sueno positiva de bronce. Así que me apresuro a añadir, —En cierto modo, además de lo obvio, quiero decir. Se ríe de nuevo. ¿He dicho antes que se sentía como si estuviéramos suspendidos en el cielo? Eso no es correcto en absoluto. Es más parecido a las nubes.


Salimos del restaurante para dar un paseo por la cubierta, que resulta ser mucho más agradable cuando no estoy siguiendo Señora Regina con pañuelos en la mano. Alec no señala a nadie que >>vale la pena conocer<<, en lugar hablamos de canciones que nos guste a los dos (On Moonlight Bay), y los edificios en Nueva York tengo que tratar de ver (el Edificio Candler, en construcción, y es que salvaje para verse a sí mismo). Yo comparto algunas historias divertidas de mi tiempo en servicio. Aunque Alec no encuentra todos ellos tan divertido como yo. —Espera, hace tanto frío en el ático que el agua se congela por la noche?— Él no puede envolver la cabeza alrededor de ella. —Ellos no tienen calefacción? Ni chimeneas? —¿Quién desperdiciaría residuos de leña en los servidores?— Honestamente, nunca se me ocurrió desear un incendio. Conseguirlo era tan obviamente fuera de la cuestión. —Pero eso es cruel. ¿Quién haría eso a la gente, especialmente los que viven en su casa con usted? —Su familia debe tener sirvientes. ¿Tienen todas chimeneas? Espero que esto lo intimide, pero no es así. —Los tres sirvientes que viven con nosotros tienen cuartos decentes, calentados por el mismo horno que sirve a nuestras habitaciones. Seguramente no he oído correctamente. —¿Tres? —El cocinero, el conductor, y el ama de llaves. Mi padre y yo no necesitamos nada más, y honestamente, no estoy seguro de lo que el conductor ha estado haciendo con él los últimos dos años. —Pero, ¿cómo te vistes en la mañana?— Creo que oí a Ned quejándose de lo delicado que Layton se ha convertido durante sus preparativos interminables cada día. Alec se ríe a carcajadas. —He puesto mis pantalones en una pierna a la vez, y funciona perfectamente bien, lo prometo. Aunque los Lisles han reducido en su casa en los últimos años, todavía hay alrededor de treinta y cinco de nosotros en Moorcliffe, y la señora Regina a menudo se queja de que esto es inadecuado. No hace tanto como levantar un pie si puede evitarlo, eso es cómo la sociedad define la gentileza, o eso me han dicho siempre. Sin embargo, los Marlowes tienen una fortuna que eclipsa el de los Lisles, y sin embargo logran la mayor parte de sus asuntos propios. No sé si esa es la manera en que su familia, o la forma estadounidenses. Sea lo que sea, me gusta. La mitad de las razones por la que


los Lisles tienen servidores es para que puedan demostrar que son mejores que alguien más. Alec y su padre no tiene que demostrarlo. Entonces me doy cuenta de que hay alguien que no ha mencionado. —¿Qué pasa con tu madre? Alec hace una pausa antes de contestar. —Ella falleció hace seis años. La influenza. —Lo siento. Él hace un gesto para que nos sentemos en dos sillas. Así que me instala en una, deseando haber traído un chal sólo para mí, la luz del sol era brillante y caliente hoy, pero sólo unas pocas horas de ajuste de ahora, lo suficientemente bajo en el horizonte parece que se está dibujando la nave hacia el oeste después de ella. Alec toma lugar junto a mí, entonces los peces en el bolsillo y saca un pañuelo de encaje de nudos. — Ábrelo. No puedo ver ninguna razón para no hacerlo. Cuando el nudo se desata por fin, veo un relicario pequeño, tallada en una delicada cadena. Miro arriba a Alec, y cuando él asiente con la cabeza, que presione el pestillo para revelar dos fotografías. Uno de ellos es de una mujer hermosa en su madurez, tal vez el retrato final de ella, y la otra es de un bebé con el pelo rizado salvaje, Alec de niño, por supuesto. —Esta era de ella—, le digo. —Ella lo presionó en mi mano sólo unas horas antes de morir. Mamá dijo… ella dijo que cada vez que lo miraba, se acordaba de lo mucho que yo la amaba. Por lo que debo mirarlo después de que ella murió para recordar lo mucho que me amaba. —Eso es hermoso. Lo que me dijo, quiero decir, pero ella también. Y su propio bebé, aunque sé que avergonzaría él si yo fuera a decir eso. —Y el medallón. —Lo sería si yo todavía lo pudiera tocar.— Frunzo el ceño, y Alec, explica, —es de plata. La plata pura. —Por supuesto. Lo quemaría. —Esta es la primera vez que he visto la foto de la mamá en dos años. Fue el único que nos llevamos con nosotros a Europa y podría haber pedido a mi padre que lo abre para mí, pero cada vez que ve su fotografía, se pone tan triste. Así que lo llevó conmigo. Eso es todo lo que puedo hacer. Yo sólo había pensado en las tragedias mayores del cambio de Alec, no los más pequeños. Pero al mirar su rostro, sé que los pequeños llevan su propio peso. Quiero


consolarlo, pero no sé cómo. Levanta los ojos del medallón, y casi inconscientemente, comenzamos a inclinarnos más cerca—Ah, ¡el joven señor Marlowe! Ahí lo tienes! —grazna Lady Regina. De toda la suerte con sangre. Miro con horror de ver a su barrido hacia delante, señor Marlowe y la señorita Irene a su lado. Al principio, ella parece no darse cuenta de mi presencia, por supuesto, ella no me reconoce. Pero Irene no, y suspira, en verdadera sorpresa, —¡Dios mío, Tess! ¡Qué linda estás! — —¿Tess?— Lady Regina se desdibuja, la sorpresa cambia a furia, y de repente me siento como un impostor. Este no es mí vestido, sólo un disfraz. No he sido más que una sirvienta enmascarada, y ahora el juego ha terminado.


Traducido por Strella Corregido por Ale=)

STAMOS ATRAPADOS. Lady Regina se incorporó. — Sr. Marlowe, supongo que usted no reconoce a la sirvienta de mi hija que esta hábilmente disfrazada. ¿Qué le habrá dicho? ¿Invento algún nombre? —Yo sé quién es la señorita Davies— dice Alec, completamente tranquilo. No estoy tranquila. Me siento como una tonta, y aunque una parte de mí protestaba que no había hecho nada malo, otra parte de mí estaba segura de que si lo había hecho. Mis mejillas ruborizadas estaban calientes de avergüénzame apresurándome a tapar con un pañuelo el medallón de Alec y uniendo mi mano con la suya. —Alec—, dice su padre, —Ven a hablar conmigo.— No sonaba enojado, pero no parecía satisfecho, tampoco. Es probable que lo ve a él como un Alec mujeriego con que esta con niñas siervas todo el día, como si no tuviera nada mejor que hacer. Alec no me dice nada, pero me mira antes de levantarse. ¿Se supone que tengo que saber qué quiere decir con ello? No lo sé. No se me ocurre, no puede sentir nada fuera de los golpes de mi propio pulso. Tan pronto como el señor Marlowe llama a Alec a un lado, Lady Regina se inclina sobre mí. —¡Sal de esa silla. Y vuelve a la tercera clase a la que perteneces. Y ¿de dónde sacaste ese vestido? —Usted me lo dio, mi señora.— Yo no debería decir una palabra ahora, pero no me iban a acusar de robar. —era algo que Lady Irene ya no usaba. —Pero veo que sirve para encontrar amantes también.— Lady Regina mira a su hija con el mismo veneno que me miro a mí. —Y como mi hija no puede molestarse


en asociarse con jóvenes apropiados, tú tienes que disfrazarte para hacer el papel de ella. El pálido ovalado rostro de Irene se arruga en la humillación. Que sinceramente no había pensado que podrían pensar en eso, solo que me veía bien. Deja que Lady Regina nos insulte a su manera. —Déjalo— Lady Regina repite. —No volverás a ver este vestido . No es que mi hija va a usar algo tan llamativo, pero no voy a tener que usar la mano-me-downs que le ayudarán a hacerse pasar por un miembro de la nobleza. Es mío, quiero decir. No cuando vuelvas a tus trabajos mañana, puedes llevártelo. Pero ¿Cuándo lo podrás volver a usar? Si puedes conseguir trabajo en una fábrica en Nueva York, tu armario no necesitara de satén rosa. Me di cuenta que en ningún momento le respondí porque ella tenía razón en algo: yo quería fingir una vida que nunca pude tener. Todos los días, he estado bebiendo té y tomar sol y mirando a Alec como si alguna vez pudiera pertenecerme. ¿Qué pretendía? ¡Qué idiota había sido! preocupándome por él. Siendo o no un monstruo, él todavía estaría fuera de mi alcance. —Si no estuviéramos en el mar, te despediría en el acto, Tess.— Lady Regina se estaba divirtiendo ahora. —Tal como está, supongo que debemos conformarnos. Pero debes entender que tu salario se reducirá. Severamente. Soñar una tarde me había costado un precioso dinero que guardaba que empezar de nuevo en Estados Unidos. Estaría furiosa con Lady Regina si yo no estuviera enojada conmigo misma. Todo este tiempo he estado sentado en mi silla de playa como si estuviera congelada en el lugar por la mirada de Lady Regina. Pero ahora me levanto, hago una reverencia, y comienzo a retroceder, tan molesta por ser tan torpe y estúpida. —Le ruego me disculpe, señora. Disculpe. Corro a ciegas desde la cubierta al asesor que me llevara a la tercera clase, a donde pertenezco. Mis manos se extienden sobre los hermosos pendientes de perlas, para quitarlos de un tirón, pero luego recuerdo la esperanza que sentí cuando vi la sonrisa dulce de la señora de edad que me lo presto, y no puedo hacerlo . Cuando llegue a mi camarote, fingiré ser dueña de mi tiempo, y ponerme la ropa que decía lo que realmente era, y así encontrar un buen lugar para soltar mi llanto


A penas las puertas del asesor quiero dar un paso, sin embargo, alguien se coloca a mi lado, Alec. —¿Qué estás haciendo aquí?—, Pregunto. —Yo me dirijo directamente a la tercera clase. —Iré a donde sea que vayas—, dice Alec. Él asiente con la cabeza al operador del asesor, que claramente no está muy seguro de cómo se maneja. Pero que comienzan a moverse hacia abajo. —¿No se interpondrá tu padre? He visto cómo te trato allá atrás. —Quería asegurarse de que no estaba jugando contigo. Y le dije que no era así. —No estoy interesada en servirte como una manera de abofetear a tu padre. Alec exhala, frustrado. —Tess, ¿ha olvidado por qué nos pusimos de acuerdo en pasar el día junto? Necesitas a alguien a tu lado hoy. No te voy a dejar sola, no si puedo ayudarte. Se me había olvidado. Mikhail parecía a miles de kilómetros de distancia. ¿Entonces la atención sobre mí de Alec hoy había sido nada más que una manera de pasar el tiempo mientras se desempeñaba como mi guardaespaldas? —Te has arriesgado demasiado por mi hoy—, dije en voz baja, sin poder mirarlo a la cara. —Yo sabía que estaban en peligro por Mikhail, pero no me di cuenta lo que esto significaba para ti, incluso para mi trabajo. Para el orgullo. — Me gustaría decir que Lady Regina no puede herir mi orgullo, pero no es cierto. Es imposible pasar años de mi vida en una casa con una mujer que piensa que soy más baja que la suciedad y que a veces no me deja ni mirarla. Pero hoy lo hizo. Alec poco a poco me mira de nuevo, con más atención que nunca. —He pasado los últimos años, preocupándome exclusivamente de mí. Y ahora, aquí estas, como un punto vulnerable y a la vez valiente-—Él traga saliva. —me has recordado lo que significa el cuidado de otra persona, Tess. Permíteme hacer esto por ti. Era demasiado duro consigo mismo: he visto su preocupación por su padre. Pero tal vez sea cierto que algo más profundo ha despertado en él. ¿Pero por mí? —Sí—, le digo. No vienen más palabras a mí. Este momento es demasiado intenso, demasiado íntimo, que me dificulta hablar. Pero entonces sus ojos verdes brillan con humor. —Además, he oído que los alojamientos de tercera clase son de primera categoría.


—Nada que se pueda comparar con esto.— Estaba muy abrumada para entender su broma, aunque agradecía el esfuerzo. —No deberías estar ni interesado en conocer el comedor de tercera clase. —Estoy interesado en cualquier cosa que me tenga que mostrar—, dice mientras abre la puerta en la cubierta F, justo a un pasillo de la puerta de tercera clase. Una vez más, me ofrece su brazo, como lo había hecho antes, cuando estaba haciendo el papel de una dama. La atención de Alec no era para el papel que hice. Era para mí. Deje a un lado el temor que tenía por lo que se avecinaba. Este era el tiempo que tenía con él, y no tenía la intención de desperdiciarlo. —Lo primero es lo primero—, le digo. —Estas demasiado abrigado para la tercera clase. Él mira su impecable traje gris profundo, como si no supiera que lo llevaba puesto. —¿Qué me pongo, entonces? El operario del elevador sigue viéndonos, volviendo la cabeza de uno a otro como si estuviera viendo un partido de tenis. —Deja la chaqueta. La sonrisa lobuna de Alec se hace notar mientras se saca la chaqueta. Preguntándome cuanto de su ropa yo sería capaz de convencerlo de sacarse, y también preguntándome de donde fue que salió ese pensamiento. Bueno. Supongo que sé. Doble las mangas de su camisa hasta la mitad, quite su corbata y el la guardo en su bolsillo. Podría confundirlo con un irlandés, pero más amigable de alguna manera. Más cómodo, también, me doy cuenta de que le gusta esto mejor que la pompa de la primera clase. Hay algo salvaje a su alrededor, incluso en su forma humana, algo que siempre quiere ser libre. Una vez que deja caer su chaqueta sobre un hombro, dice, —¿mejor? —Mucho.— No puedo dejar de sonreír. El operario del elevador está mirándonos abiertamente ahora. Alec me ofrece su brazo de nuevo, y esta vez lo tomo. La maldad de Lady Regina está a un mundo de distancia. Estamos en otro lugar ahora, en un mundo en el que puede ser libre.


Alec espera en el pasillo mientras me pongo mi vestido simple de día, luego nos vamos en busca de lo divertido de lo que la tercera clase tiene para ofrecer. Si me preguntan, es mejor que la primera clase y Alec parece estar de acuerdo. Por un rato, en la cubierta de la primera clase no ofrece sitios espectaculares de vista como la primera clase, apenas podemos ver encima de nosotros, pero muy bien, el aire del mar es tan fresca y el sol tan brillante. Las niñas irlandesas que vi antes decidieron que un banco es su casa: no la casa linda de la que habría esperado de Wendy , sino una fortaleza, que es para mantener alejados a los indios que esperan encontrar en el momento que pisemos el suelo americano. Estamos autorizados a sentarnos en él y charlar si estamos de acuerdo para hacer guardia de los soldados que nos cuentan, que por lo que dicen tiran del cabello. —¿A quién estamos vigilando?— Alec pregunta muy en serio. —El prisionero—, dice Colleen. Ella apunta a la plataforma que yace bajo ella. —Se ve peligroso—. Alec frunce el ceño. —¿Qué hacemos si se acerca?— La mayor de los Collens, la hermana de María, habla más majestuoso que lo que Lady Regina sería capaz de hablar. Con gravedad, ella dice: —Entonces tienes que disparar y matarla. —Sí, señora.— Saludo yo, y Alec se une a mí en el gesto. Estos no son los únicos niños jugando en la cubierta. Hay chicos saltando, los bebés pequeños en brazos de sus madres, y las niñas un poco mayores que miran con anhelo disimulado a Alec, y me miran con envidia y la intención de infundir miedo en mi corazón. Pero no puedo dejar de reír. El aire frío crece, y llevo la chaqueta de Alec en mi hombre. La lana es tan suave, tan cálida. Imaginando que así es como se siente uno sus brazos. —¿Eras así de niño?— Señalo uno de los jóvenes, que se encuentra en una caza de un oso. Su hermano menor debía ser el oso. —No, en absoluto.— Alec se inclina hacia atrás, al igual que yo nuestros hombros no llegaban a tocarse—Yo era el silencio que se escondía en el ático y leía revistas. Aquel viaje de caza profético fue solo un tercio de mi vida. Tal vez debería haber pasado más tiempo con All-Story Magazine. —Ahora estás viviendo una historia de pulp. Alec se ríe tan fuerte que incluso la gente nos miran. —¿Sabes?, tú eres la única persona que alguna vez bromeó sobre la historia.


—No es que yo no lo tomara en serio. Lo que está pasando. —Lo sé. Pero ayuda a reír, también. Antes de que pudiera contestarle, oigo la voz de Myriam. —Pensé que estabas en la primera clase hoy. —Cambie de escenario—, le digo, mirando sobre mi hombro. Myriam paseo hacia nosotros con su largo pelo negro ondeando al viento. Ella era tan bella la luz del atardecer que sentí un repentino miedo, no sería una gran sorpresa si Alec no podía apartar los ojos de ella después de esto. Pero cuando Alec dice, —Tess, ¿Me presentas a tu amiga?— Lo hace sólo con cortesía común. —Myriam Nahas, él es Alexander Marlowe. Alec, ella es Myriam. Ella es una de las mujeres con las que comparto camarote. Myriam reconoce el nombre y levanta una ceja. No esperaba verlo aquí, eso es seguro. —¿Qué te inspiró a abandonar los placeres de la primera clase, señor Marlowe? —Por favor, llámame Alec. Y nos gusta la compañía más aquí . —¿Más que John Jacob Astor?— Ella se cruza de brazos, decidida a ponerlo a prueba, como me doy cuenta de que debe poner a prueba a todo el mundo. —Astor está bien, siempre y cuando no se lo cruce. Pero en general el grupo es... un montón de camisas de peluche. Se sorprende, y por primera vez, el conocimiento de Myriam del Inglés ha llegado a sus límites. —¿Camisas de peluche? —Tú sabes—, le digo. —Tapados con tanta fuerza que no pueden moverse.— Alec actúa como si tuviera el pecho hinchando como un fumador de cigarros brandy en el salón, y nos reímos tanto Myriam y yo. Ella me mira, bueno, no es tan malo. En ese momento, una figura aparece en la cubierta, mirando a su alrededor como loco. Estoy sorprendida de reconocerla. —¿Ned? —Ahí estas. ¿Qué paso con Lady Regina? Esta más loca que una gallina mojada—Entonces Ned ve a Alec. Aunque nunca había visto a Alec, se puede ver a la vez que es un caballero. —Disculpe, señor. No tenía la intensión de interrumpir. —Yo soy el que enojó a Lady Regina—, dice Alec, que es una interpretación más generosa de los acontecimientos. —Vas a estar bien, sin embargo, ¿no es verdad, Tess?


Lo dice con una seguridad que me recuerda que pronto voy a dejar el servicio de los Lisles. ¿Por qué dejar que me asustara tanto ahora, cuando su poder sobre mí es está acabando? Tomo una respiración profunda. —Sí. Estoy bien. ¿Ella te envía aquí abajo por mí, Ned? Oh, perdón, Myriam, Alec, se trata de Ned Thompson, el asistente de Lisle Layton y mi buen amigo. Ned, se trata de Myriam, mi compañera de litera, y Alec, que es... es un valet y sin embargo, también mi buen amigo . —Gusto en conocerlo a ambos.— Ned estaba tieso. —No, lo digo cortésmente, quiero decir, su señoría, puede expresar su descontento. —No adecuado—, dice Myriam. —Alec no es un estirado— Alec sonríe hacia ella y ella sonríe también. A pesar de que aprueba a unas pocas personas, Alec claramente lo estaba. —Está bien, de verdad, Ned—, le digo. —Si tengo que ir hasta allí y gritar un poco más, dímelo ahora—. Ned me mira a mí y a Alec un par de veces más, todavía no se encontraba seguro, pero se relaja y se convierte en sí mismo de nuevo. —Loco como una gallina mojada, como he dicho. Lo que sería divertido de ver, hubiera sido tirar sus zapatos al mar. Difícil reírse cuando se tiene que agachar . No puedo dejar de reír. —Dime que lo hago. —¡solo un concejo! Yo no iría hasta allí para nada, si yo fuera tú. Déjalo para mañana, va a ser bastante malo después, —Ned se sienta en el banquillo con nosotros. —Tengo una hora o más para mí mismo, pensé en verte. Layton se marchó con el conde ruso, amigo de él. Alec y yo compartimos una mirada. Su mano toca brevemente mi brazo, alejando el miedo que sentía pensando en Mikhail. Vas a hacerle daño a alguien que amas —¿Y tú, Ned?— Dice Alec. —¿Vas a dejar el servicio al llegar a América? Me imagino que estarás encantado hacer una de las tuyas a Los Lisles . Una alarma me atraviesa. No le he dicho a Ned todavía, sé que debería, pero no quería ocultarlo más tiempo de lo necesario. Ned no captó el significado detrás de la pregunta de Alec, aunque, sólo piensa que es un poco extraño. —Espero permanecer en servicio durante toda mi vida, señor, quiero decir, Alec. No con los Lisles, sin embargo. Tengo mis razones para permanecer con ellos un rato todavía, pero cuando llegue el momento, encontrare una casa mejor para mí mismo. Una con menos zapatos voladores, en todo caso.


—¿Para siempre, Ned?—, Pregunto. Eso me pone triste. —Nunca podrás tener tu propia casa, o casarte. —No creo poder casarme—, responde Ned. Myriam se cruza de brazos, la brisa del mar hace que su flujo de pelo oscuro detrás de ella tomara vida en el azul brillante del cielo. —¿Quieres tener amores por docena? Aquí es donde por lo general Ned pondría en marcha una de sus bromas, pero esta extrañamente serio. —A mi modo de ver, los hombres y las mujeres no deberían casarse porque sí. Tú deberías casarte cuando estar real y verdaderamente enamorado, para siempre. Cuando encuentras a la chica que quieres a más que nadie en el mundo entero. Si no tienes eso, nada de casamiento. —Quizás encuentres el amor— dice Myriam, más suavemente. Ned simplemente sacude la cabeza. proyectando una mirada de soslayo a Alec, ahora con duda. —¿Y qué te trae por aquí? Te cansaste de todo el caviar y del brandy? — —Yo he venido por la compañía—, dice Alec. Sus ojos se cruzan con los míos, y me siento casi tímida. — ¿Hablas de verdad?— Dios bendiga a Ned, que esperaba que no tratara de espantar a Alec. —Bueno, en un centavo, en una libra, ¿quieres tomar el té aquí? No es tan bueno como lo que estas acostumbrados, pero, honestamente, no es del todo malo. Y a veces la gente toca el piano. ¿Habría otro baile improvisado? Me gustaba la idea de bailar con Alec. Su cara se cae, y lo recuerdo. Miro al cielo, que ya está un poco más oscuro que antes. Con la puesta de sol acercándose. —Tenemos que irnos—, le digo. —Estaré de vuelta rápido, sin embargo. —Gusto de conocerlos a ambos.—La voz de Alec apenas se escucha, pero su sonrisa es auténtica. —Guardia del prisionero, ¿verdad?—, Señala, y frunce el ceño Myriam consternada ve la carretilla debajo del banco. Me doy cuenta de que realmente le gusta tanto a Myriam y Ned. Es muy extraño pensar que estas personas que he llegado a conocer la sociedad puede colocarlos en 3 cajas diferentes, podríamos ser todos los amigos, si las cosas fueran un poco diferentes. Y si Alec no fueron maldecidos por la picadura de un hombre lobo.


Myriam y Ned dicen adiós a medida que nos adentramos hacia la nave. Felizmente podemos permanecer en la cubierta F. El rostro de Alec lo traiciona sólo con una sombra de tensión que debe estar sintiendo, pero la puedo ver, ahora que estoy pendiente. Una vez que estamos en el pasillo, otra vez solos, dice, —me quedé más tiempo de lo debido. Cuando nuestros ojos se encuentran, yo sé por qué se quedó, y siento que tiemblo por un conocimiento muy profundo. Juntos caminamos de regreso por donde vinimos, de tercera categoría a primera clase, de la risa y el sol a lo que perdura en la noche. He pensado en ello desde que me enteré de su secreto, pero ahora me atrevo a pedirle más. —¿Te duele?— Yo digo en voz baja, a medida que vamos de la mano por los pasillos. —Como si estuviera destrozada—. Alec es tan prosaico como él dice. Me hace temblar. —Pero no puedo pensar en ello mucho después del cambio. Por lo que es borroso. —¿Qué quieres decir, no se puede pensar en ello? —Cuando soy un lobo, mi mente no es la misma. Como ser humano, no puedo recordar muy bien — Por supuesto. Se sorprendió incluso de verme ayer por la mañana en el baño. —No estoy seguro de cuánto de humanidad hay en mí entonces. Si es que hay algo de humanidad. —No digas eso. —No niego lo que soy.— Su voz es más aguda, afilada con lo que creo es la ira, pero eso no es todo. El sol está cerca de perderse. El lobo está más cerca de la superficie. Me asusta ver el cambio en él. Sin embargo, me emociona demasiado. Alec continúa, más tranquilamente, —El cambio hace que me duela la espalda y siento que las cosas vuelven a ser como deberían ser, al menos como siempre las recuerdo. Cada segundo. — Algo se extiende por sus espaldas, sus hombros se tuercen. Sus movimientos son más libres, y menos cerrados. Él incluso camina más rápido, y tienen que darse prisa para mantenerse en el día. No me importa. Algo en mí quiere echar a correr para que se ejecutará con migo. Quiero que esta locura corra entre nosotros como la libertad. Con mi llave, nos deslizamos a través de la puerta a la primera clase hacia los baños turcos. Una vez más, casi de noche, Alec me deja entrar —¿Cómo conseguiste la llave del baño?—, Pregunto.


Se encoge de hombros. —Mi padre lo solicitó. No niegan los privilegios a los pasajeros de primera clase. Todo lo que tienes que hacer es preguntar. Así es como conseguí mi clave también, gracias al nombre de los Lisles. —Debe ser bueno. —Es en este caso, lo es. Echo un vistazo alrededor, recordando la forma en que se reunieron aquí la primera vez. —Mikhail —Me dejó solo aquí anoche—, dice Alec. La iluminación del salón enrojece su cabello, profundizando las sombras en su rostro. Su respiración es más profunda ahora. Casi andrajosa. —Él no te ha molestado de nuevo, ¿verdad?— —Sólo me da miedo.— Yo debería haber dicho a Alec acerca de la nota, tal vez, pero a la luz del día, estoy seguro de que estaba destinada solo a asustarme, me persigue. No podía ser una amenaza real. —Siempre y cuando él crea que tengo miedo de que le entregase a los Lisles, creo que estoy bien.— —Pero no estarás sola.— Las manos de Alec se apoyan sobre mis brazos, acercándome a él. Su voz es áspera, sus ojos intensos. —Prométemelo, Tess. —Te lo prometo. Estamos a sólo unos centímetros de distancia. Habla en voz baja: —Contigo me siento casi humano otra vez.— Poco a poco Alec se inclina hacia mí, y yo cierro los ojos. Cuando su boca se cierra sobre la mía, el beso no es suave. Es casi desesperado, la forma en que me agarra, la forma en que me devora. El lobo, creo. El lobo en él se encuentra cerca de la superficie, tan cerca. Pero entonces, ¿por qué estoy besándolo tan desesperadamente? Cuando nuestros labios se separan, estoy temblando, y su aliento es inestable. — Tienes que irte—, dice. —Lo sé.— Pero ninguno se movió en un momento. —Por favor, Tess.— Alec suplica con su fuerza de voluntad fallando. —Yo no voy poder esperar más tiempo. Recuerdo el lobo rojo, el terror que sentí hace dos noches, y aunque no puedo recuperarme de ese miedo, simplemente trayéndolo a la mente soy un paso hacia atrás. El larga un sonido, frustrado. Los dos queremos mucho más.


—Me voy. —Muy bien—. Alec abre la puerta, suspirando. —Yo sé que-por tu propio bienno debería volver a verte. Pero no puedo soportar la idea de no verte otra vez . —Voy a estar con los Lisles el resto del viaje.— Mi voz suena muy pequeña. Cierra los ojos, luchando contra algo. —Maldita sea, maldita sea, me das otros cinco minutos.— Está hablando con el lobo, sin escucharme. La mano de Alec se tensa en mi mejilla cuando tira de mí y me besa de nuevo, esta vez sólo por un instante un poco de hambre. Luego entra en el baño, dejando que la puerta se cerrara detrás de él. Su despedida fue solo el clic de la cerradura. Dormí muy poco, el resto del tiempo vague por la tercera clase. No sé si sentirme contenta o devastada. Todo lo que puedo pensar es en el sabor del beso de Alec en mis labios. La manera como me abrazaba, me doy cuenta de que su chaqueta todavía cubría mis hombros. Se lo podría dar a un mayordomo para dejarla en la suite de la familia Marlowe. Tal vez era eso lo que debía hacer. Pero es una excusa para ver a Alec de nuevo, necesitaba de una. Y lo hago. Me pongo la chaqueta sobre el vestido. Él es tan ancho de hombros y musculoso que cae fácilmente como una capa sobre mí, aunque soy alta. Se siente como un trofeo. Orgullosa, todavía aturdida por el beso, me levanto el cuello para que pueda respirar el olor de la piel de Alec. Entonces meto las manos en los bolsillos, por lo que pude sentir el calor de sus manos y recordar cuando me tocaba. En un bolsillo, siento un arrugado papel. Lo estire para encontrarme con una carta cubierta con un poco de papel de diario. La curiosidad me hace abrir la carta, para ver lo que a Alec le parece interesante, pero cuando veo, mi corazón tiembla. Allí, en tonos plateados, una postal de una mujer hermosa, claramente disfrazada de algún tipo de ballet o de la ópera al estilo oriental por su forma de vestir. Su figura es perfecta, su perfil es tan delicadamente esculpido como uno de los mármoles griegos en el templo del jardín de Moorcliffe. Las letras blancas en la parte inferior proclama que se trata de Gabrielle Dumont. La actriz de París. La misma que Lady Regina había jurado que podría ser la amante de Alec.


Lady Regina afirmó que su romance había —terminado mal—, pero que todavía llevaba su foto con él todos los días. ¿Eso significa que todavía estaba enamorado de ella? Pero si Alec está enamorado de esta mujer, ¿cómo podría haberme besado así? Abra actuado como culpable por romperle el corazón. El papel de periódico arrugado cae de manos, moviéndose lentamente hacia abajo, pero logre atraparlo antes de que tocara el piso. No sé lo que esperaran que dijera, pero sé que no me esperaba esto. Es Times Informaron acerca de la trágica muerte de la célebre actriz Gabrielle Dumont hacía dos semanas en París. El detalle más sorprendente es cómo murió. Ella fue —arrancada hasta la muerte por una jauría de perros—, en la calle frente a su casa, aunque ella vivía en el corazón de París. Nadie vio el ataque, pero nadie puede confundir los signos de lo que había sucedido. Una muerte por una jauría de perros. O un lobo. Alec dijo que tenía que salir de París por un apuro. Él dijo que tenía que vivir en el bosque, lejos de cualquier contacto humano, a partir de ahora. Él llevaba una carga de culpa dentro de él. Sólo ahora me doy cuenta por qué. Asesinó a Gabrielle.


Traducido por Evelyn Corregido por Yemi-yeye •.¸¸.✿.

EGURA QUE ESTAS BIEN? —DICE NED con la boca llena de

pollo. —Estoy bien. —No te escuchas bien. Te oyes como una mujer muerta caminando. —¿Y cómo debe sonar? —exige Myriam, —No puedes saber. —Está bien, está bien, no me arranques la cabeza. El alboroto del comedor de tercera clase casi la saca de sus casillas. ¿O solo es a mí? El mundo más allá de mi piel esta tan lejos. El recorte de periódico, y la tarjeta del turista todavía están en el bolsillo del abrigo, el abrigo de Alec aun está en mi espalda. Aun puedo sentir como si sus brazos estuvieran a mí alrededor, pero ya no se siente como un abrazo. Se siente como una prisión. Desgarrada por perros salvajes. El lobo rojo y el blanco pelean entre ellos en su afán de llegar a mí. Mientras el grupo comienza a cantar “Shine On, Harvest Moon,” más para su diversión que para la nuestra, Ned frunce el ceño y lo intenta otra vez. Significa que el simplemente no sabe cuando parar. —¿Preocupada por Lady Regina? Será un oso en la mañana, pero honestamente, ¿Qué más daño puede hacer? Vas a resistir muy bien. Siempre lo haces. —No estoy preocupada por Lady Regina —nunca me imagine qué tendría que pasar para que ella fuera el menor de mis problemas. —¿Estarás mareada?, — Ned pregunta. —Tal vez eso sea —confirmaré cualquier cosa que haga que Ned deje de hacerme preguntas. Sé que él tiene buenas intenciones, pero quiero levantar un muro en mi mente y tratar de llegar a un acuerdo con lo que acabo de aprender.


Myriam comienza a preguntarle a Ned acerca de su trabajo, me rio en señal de sus mejores anécdotas acerca de cuándo el borracho de Layton explota, pero no estoy poniendo atención. Ella tampoco lo está, realmente, ella solo esta distrayendo a Ned por mí. Puedo sentirla viéndome a través de la comida. Rechazamos ir al baile de la noche. Mientras caminábamos hacia nuestra cabina, Myriam solo dice —¿Hizo algo Alec que te hirió? Se ve agradable para mí, pero, su cara esta noche. —No. No quiero hablar de eso. —Tome su mano, sin esperar que ella piense que la estoy callando—. Solo—no me dejes sola. ¿Está bien? Ella asiente lentamente. —Como tú quieras. Pasamos la noche en nuestra cabina, y me platica sobre su vida en Lebanon. Algo de eso suena deliciosamente exótico, arboles de olivo y la playa,casi como si fuera familiar. Toda la gente rasura ovejas e hilan lana. Todas las madres preparan grandes platones de sopa para cenar antes de llamar a sus niños que andan fuera de casa. Todos los niños odian dejar la casa cuando ellos saben que es lo que deben hacer. Las mujeres Noruegas más viejas, quienes creemos se llama Inga e Ilsa, aunque no estamos seguras quien es quien, se quedan en el baile hasta tarde y llegan a casa más bien risueñas. Sospecho que han probado la cerveza. Cambian sus aretes por mi bolso con sonrisas de agradecimiento, pero lo único que quiero hacer es meter el bolso debajo de mi almohada. Siento las monedas como un bulto debajo de mi cabeza, como una promesa de que seré capaz de empezar de nuevo pronto. Trato de no ver a la puerta y preguntarme si Mikhail está del otro lado. Más si tengo éxito. Trato de no pensar en lo que Alec está pasando, o lo que Alec ha hecho. Eso es difícil. Pero esta noche, por primera vez desde que aborde el Titanic, soy capaz de caer en un sueño profundo e ininterrumpido. 13 de Abril de 1912 La mañana siguiente, me pongo mi uniforme sintiendo que mis intestinos son tan pesadas como una cuerda. Me digo a mi misma que Ned tenía razón, que no puede ponerse peor, los Lisles ya han bajado mi salario, y mas allá de eso, poco más importa. Tengo la intención de renunciar en unos cuantos días. Así ¿Qué si Lady Regina esta tan molesta por mis aventuras de ayer con Alec? ¿Por qué me debe importar si me despide? Pero ella ya dijo que no me despedirá. Yo ya había decidido trabajar hasta el final del viaje, porque no quiero que disminuya más mi pago. Esto significa que solo tengo que aguantar sus groserías un poco más, y ahora mientras mi corazón aun duele por saber que Alec es un asesino, no sé como lo voy a soportar. Lo soportare, me digo a mi misma. Tengo que hacerlo.


Lady Regina no será lo peor después de todo. Esa mañana prácticamente entre de puntitas en la cabina de los Lisles, pero la mayor parte de la familia no está levantada. Beatrice se está quejando, aun así, puedo escuchar a Horne tratando de consolarla. Con el vestido rosa doblado debajo de un brazo, camino hacia el dormitorio de Irene. Irene esta despierta. Como es usual, aun usando su camisón, su cabello color paja colgando lacio alrededor de su cara. Sombras negras circulares en sus ojos y por primera vez no sonríe en el momento que entro. —Buen día, Tess, —dice, tan cortes como siempre, aunque se ve como si estuviera a punto de estallar en lágrimas. Esto es lo peor, saber que lastime al único miembro de la familia Lisle que siempre ha sido amable conmigo. —Lo siento, Lady Irene, —dije—. No era mi intención relevarla. ¿Lo sabe, verdad? —El Sr. Marlowe y yo no nos interesamos. —Su boca se tuerce en algo que supuestamente debe ser una sonrisa pero no lo es exactamente—. No pude convencer a Madre sobre eso, así que supongo que fue por ti. —No hay nada entre el Sr. Marlowe y yo. Sabe que eso no es posible. Para mí fue solo una oportunidad para estar en la cubierta de arriba del barco por un día, y vestir algo bonito para variar. Supongo que para él fue un poco de diversión para un hombre rico. Nada más que eso. Fue mucho más que eso, pero lo quiero negar, tanto por ella como por mí. Irene deja caer una mano en mi brazo. Sus manos son realmente hermosas, delgadas y con dedos largos, piel suave y blanca como perla como cualquier mujer noble puede desear. ―No dejes que tome ventaja de ti Tess. Te mereces algo mejor que eso.‖ Podría llorar. —¡No debe ser amable conmigo! No cuando hice que su madre se enojara con usted. —Madre siempre está enojada conmigo, y siempre lo estará. —Irene deja caer su cabeza contra la pared, como si estuviera demasiado pesada. Esta mas atrapada de lo que yo he estado, me doy cuenta que al final yo puedo renunciar de ser una sirvienta. Irene no puede irse de su casa y conseguir un trabajo si lo desea, porque hicieron bien en asegurarse que es completamente inútil. Nunca ha lavado un plato o remendado una costura. Puedo apostar que nunca se ha cepillado su propio cabello. Toca el piano y pinta acuarela borrosa, y habla un poco de francés, que incluso ella dice que es muy mala. No hay nada en ella, pero es apta para casarse con alguien, y ni siquiera puede escogerlo.


Le doy el vestido rosa. Lo pone en su regazo. —Me lo quedare, porque sospecho que Madre preguntara. Pero cuando lleguemos a Nueva York—Tess, te regresare el vestido. —No, Señorita. No debe arriesgarse. —Es tuyo, —ella insiste—. No debes perderlo solo porque Madre lo quiere, y porque quisiste pasar un día en la cubierta. Nos vemos y la distancia entre una mujer noble y una sirvienta se ve más estrecha que nunca. Casi creo que somos amigas. —Sé lo que es querer un día de libertad. Asiento, diciéndole que entiendo. Su mano palmea mi brazo nuevamente y por un momento creo que podría abrazarme. No me molestaría. Pero ahí es cuando Lady Regina entra. —Tú —dice—. Ponte a trabajar. ¿Qué puedes decir, la mañana siguiente de tan indignante representación, vienes a haraganear? Busco por el cepillo plateado en el tocador de Irene, así puedo empezar con la Srita. Irene. Las palabras de Lady Regina se sienten como puñaladas en mi espalda. ―¿Eres justo como tu hermana, verdad? Una cualquiera sin moral, sin decencia. Vigila que no caigas en la misma trampa, querida. ¿O es demasiado tarde para ti, así como lo es para muchas otras?‖ Mi hermana, la mamá de su nieto. Una gran ira crece dentro de mí y creo que no seré capaz de impedirme gritar. Pero es Irene la que grita. —¿Irene? Se le queda viendo Lady Regina. Debió haber sido un grito tan grande como el que Irene dio cuando nació. —¿Qué es lo que te pasa? —¡Deja en paz a Tess! ¡Déjame sola! ¡Sal de mi cuarto! ¡No puedo soportar verte! — Irene se ve positivamente enojada. Toma una pequeña jarra de agua que esta a lado de la cama y se la arroja a Lady Regina. Rebota en la pared, pero salpica completamente a su madre, deshaciendo su abultado cabello. Si no estuviera tan sorprendida, nada me hubiera detenido en aplaudir. Lady Regina no cede. —Tess, déjanos, —ella ordena—. Ve a ayudar a Horne. Ella es inútil con Beartice esta mañana. Hago como ella dice aunque preferiría quedarme para escuchar cada palabra. Después de que la puerta del cuarto de Irene se cierra de golpe detrás de mí. Me dirijo hacia la enfermería de Beatrice, pero alguien está en mi camino—Layton. Se ve peor que nunca. Su cabello esta peinado hacia atrás, pero en una manera que revela completamente lo delgado que se ha vuelto recientemente. Ned debió haberlo hecho a propósito. Pero lo que realmente me golpea es la palidez del rostro de


Layton, su aspecto ligeramente hinchado. Siempre ha sido un bebedor, pero debió haber pasado prácticamente dos días intoxicado. Gracias a Mikhail, me doy cuenta. No soy el único peón en el juego de un hombre rico. Layton se queda viendo la puerta cerrada del cuarto de Irene. El argumento entre madre e hija es audible, pero apagado—pero cuando ellas estaban gritando, el debió haber escuchado cada palabra. Me doy cuenta que esta triste por algo que creo saber que es. Lo encontré en un momento débil y en algunos días me iré y no veré más a Layton Lisle otra vez. Si alguna vez le voy a decir algo, debo actuar ahora. —Es muy tarde para mi hermana, ¿verdad? —dije —Señor. Esta es su señal para burlarse de mí, o decirme que imagino cosas, o tal vez despedirme. Ahora estoy tan enojada que no me importa lo que él haga. Se inclina hacia mí, aun huele ligeramente a alcohol. O la borrachera de anoche aun no se ha ido o comenzó a beber en el desayuno. Adivino que la segunda. —No fue mi intención tener, ah, las cosas salieron de esa manera ¿Cuál fue su intención? Estaba condenadamente seguro intentar hacer lo que dejo a mi hermana embarazada en primer lugar. —Pudo haber visto por ella. —¿Qué, y llevarla al altar?, ¿Tener una gran ceremonia en la catedral de Salisbury con el obispo presente? —Ahora burlándose, pero sus pálidos ojos están huecos. No hay placer en estas burlas—. ¿Qué clase papanatas eres tu, que crees que algo así puede ser posible? —Se el camino del mundo, señor. Pero pudo haber cuidado mejor de ella. Debió haber hecho lo correcto por ella en lugar de dejarla morir de hambre. Se vuelve blanco tan de repente que pongo fuera mis manos, seguro está a punto de caerse. —Daisy no pudo morir de hambre. Señor. De alguna manera realmente le importa. Solo que no lo suficiente. —No, ella no murió, pero no gracias a usted. Ella está casada con un buen hombre uno que cuida de ella. Layton exhala con alivio. Cualquier medida de preocupación que sintió ya no está ahí como sus celos de que ella tenga un nuevo amor, el hecho de que Daisy ahora está casada significa que ya no tiene problemas de culpa. —Eso está bien entonces, ¿No? —Ella tuvo hambre. Estuvo con frio, sola y asustada. La gente en la villa se reía de ella y la llamaban de muchos nombres. Mi padre nunca volverá hablar con ella. Usted le hizo eso, con su egoísmo. —¡Olvidas tu lugar Tess! —Usted olvidó el suyo, ¿no es así?


La ira distorsiona sus rasgos, y aun se ve más guapo, más como el joven Layton—que no había visto en años. Es la primera vez que lo veo tan fuerte con emoción tan real desde . . . desde que dejo a Daisy. —No empieces tu también. He escuchado suficiente acerca de eso de Madre y Padre para que me dure toda la vida. Yo quería,pero no puedes entender lo que significa tener responsabilidades familiares. Yo quien compartí cama con mi hermana, quien hizo más por los miembros de mi familia de lo que Layton nunca hará por la suya. Pero escuche lo que no dijo. ―Quiso hacer lo mejor por ella. Iba a darle una suma de dinero decente para que pudiera mantener el niño. Pero Lady Regina le dijo que no lo hiciera, y como un pequeño perro faldero, la obedeció.‖ La obediencia le costó, ahora lo veo. ¿Se daría cuenta Lady Regina que cuando ella venció a su hijo acerca de esto, quebró su voluntad por siempre? Y aunque lo hiciera, apuesto que no se arrepiente. El pensamiento de Daisy embarazada y sola, solo con un alfiler dorado para vivir, y Layton abandonándola por cobardía, me llena de ira que se desplaza como un pensamiento racional. Antes de que pueda detenerme, lo cacheteo, buen Dios, golpee un Lisle. Parece que la tierra se va a partir en dos. El golpe no es fuerte, pero pierde el balance por su intoxicación, así que se agarra de mi falda como si eso detuviera su caída. Escucho un llanto fabricado. El rasgón en mi uniforme no es nada, eso pienso. Más que nada supero con desprecio lo patético que se ve. Pero después siento que mi bolso cae al piso, las monedas suenan, y Layton lo arrebata. —¿Qué es esto? —vierte el dinero en su mano, y algunas caen al piso. Comienzo a ir por ellas, pero el bloquea mi camino con su otra mano—. Una fortuna para una sirvienta de una dama. No pudiste haber guardado todo esto. —Lo hice, lo he ahorrado. Es mío. —Si bien es cierto la mayor parte, recuerdo la nota con la libra que encontré en la escalera. Mi duda debió ensombrecer mi expresión, porque Layton me da una sonrisa de triunfo. —No lo creo. No te pagamos lo suficiente para que tengas todo esto. Me llamas perro faldero, pero es mejor que un ladrón. —La ira lo ha hecho peor que el bobo débil borracho que usualmente es, lo ha hecho cruel. El toma las monedas y billetes en su puño y las mete en la bolsa, y la pone en su bolsillo—. Robar en casa Tess. Tsk-Tsk. Esa es una delito de despido. —Ese es mi dinero. Regrésemelo. —Preguntémosle a Madre de quien es este dinero, ¿Por qué no lo haríamos?, Estoy seguro que ambos sabemos a quién le creerá. Layton me robo mi dinero. Todos mis ahorros, cada centavo que tenia para mi nueva vida en América. Si renuncio al llegar a la ciudad de Nueva York con la miseria


que Lady Regina me daría como liquidación ni siquiera podría rentar un cuarto una semana. —¿Cómo se supone que lo haré ahora? Y se, ambos sabemos, que no hay nadie a quien le pueda decir y me crea. Ayer pude haber tratado de involucrar a Alec, pero ahora lo sé mejor. Puedo decirle a Myriam que hable con Jorge, pero está enamorado de ella no de mí, y nunca le mostré a Myriam el dinero, así que ella no podría jurarlo. Esto es tan injusto que quiero llorar. Pero entonces, esto es lo que significa ser una sirvienta. Ser regida por gente que el mundo llama los mejores. Layton se balancea en sus pies, aun borracho. Le doy una cachetada tan fuerte que me duele mi mano. Su cabeza latiguea, y creo por un momento que se va a caer. Pero se endereza y agarra mi brazo. —Escuche que estas en contra de mi nuevo amigo el Conde Kalashnikov. — Layton se inclina más cerca de mí, tomando prestada la habilidad de asustar de Mikhail—. Él dice que le gustas. Pero que no lo favoreces con tu atención. Estúpida, rechazar las atenciones de un hombre rico o como he oído perseguir a uno cuando otro esta mas ansioso de tu compañía. —El Conde Kalashnikov, te está usando, —digo, pero Layton lo ignora. —Se estará quedando en el mismo hotel que nuestra familia cuando lleguemos a Nueva York. Y me gustaría ser capaz de mostrarle verdadera hospitalidad. Velo de esta manera Tess—puedes ganar tus monedas de una manera u otra. ¿Con él o conmigo? Libero mi brazo y corro hacia la puerta. No me importa si estoy abandonando mi deber. No me importa lo que hará ahora Lady Regina. No hay manera que voy a estar cerca de Layton por un minuto más. —¿A dónde vas? —se ríe Layton. Después comienza a toser tan débil que es casi una broma—. En este barco, mi pequeña niña, no hay a donde correr.


Traducido por Otravaga Corregido por Samylinda

UÉ VOY HACER? Debo dejar el servicio de los Lisles. Pero he perdido mi dinero, así que por ahora no puedo irme. Probablemente Layton no quiso decir ni la mitad de lo que dijo. Lo hice resentirse y molestarse, pero al final, él tiene muy poca fuerza de voluntad para llevar a cabo ese tipo de amenaza. Lo último que era bueno en él murió cuando abandonó a Daisy; si él recordara del todo la mejor parte de su ser, no hay duda de que ahogaría sus recuerdos en vino. No, no hay nada que temer de él. Pero Mikhail... no puedo protegerme a mí misma de él. Tal vez le dijo a Layton que me deseaba porque está tratando de conseguir que Layton nos deje solos. Si eso alguna vez ocurre, me matará por el sólo placer de hacerlo. La única protección que tenía era Alec, y ahora podría necesitar mantenerme a salvo de él también. ¿A dónde puedo dirigirme posiblemente? Si sólo hubiese alguien en el barco que supiera la verdad pero no fuese un peligro para mí... Espera. Hay alguien. Exactamente una persona que sabe acerca de todo esto. No tengo idea de si él me escuchará, pero debo intentarlo. Y al menos tengo una excusa para ir a sus habitaciones. El camarero del barco me anuncia. —Señor, la mucama de las señoras Lisles está aquí para verlo. ¿Algo acerca de un abrigo que su hijo dejó olvidado? —Hazla pasar —dijo Howard Marlowe. Cuando entro, lo veo, sentado en frente de su chimenea. El señor Marlowe usa un traje de raya diplomática y una corbata azul, más como si estuviese a punto de


entrar a zancadas en una sala de juntas que disfrutando de sí mismo en el mar. Es un hombre tan alto como su hijo, menos apuesto pero sólo a causa de sus años. Sus ojos permanecen brillantemente verdes, y su mandíbula continúa firme; no está embotado por la bebida o la grasa del modo en que lo están la mayoría de los hombres de avanzada edad. Si no fuese por su reluciente calva, casi podría ser tomado por el hermano mayor de Alec en vez de su padre. No digo nada para revelar mi verdadero propósito al principio, no hasta que haya juzgado su estado de ánimo. En vez de eso coloco la chaqueta de Alec sobre la mesa más cercana. —Alec dejó esto conmigo ayer en la tarde, señor. Pensé que debía devolverlo prontamente. —Gracias. —No es ni amable ni desagradable. Podría decir que su estado de ánimo es... precavido—. Alec no es capaz de agradecerle por sí mismo. Todavía está durmiendo. Justo después del desayuno... me lo figuraba. Alec debe haberse arrastrado a sí mismo desde los baños Turcos, débil y andrajoso como lo vi antes, para conseguir el descanso que pudiera. Entonando mi voz para estabilizarla, digo: —Esta debe ser su mejor oportunidad para dormir. El señor Marlowe no lo tomó como un insulto o una amenaza como temía que lo hiciera. La expresión en su rostro revelaba sólo alivio. —Mi hijo dijo que usted sabía la verdad. —No le diré a nadie. —Cualquier otra cosa que Alec pudiera ser, le hice una promesa y pretendo mantenerla—. Puede contar con eso. —Gracias por su discreción. Significa mucho para él, y para mí. —Necesito hablar con alguien de esto —dije—. Mikhail... el Conde Kalashnikov quiero decir... está causándome problemas, y no sé en quién confiar o qué es cierto. Usted es el único al que puedo recurrir. Él se levantó rápidamente, y pienso que debo haber sobrepasado mis límites. Pero en vez de mostrarme la puerta, el señor Marlowe me dirige hacia su cubierta de paseo privada. —No debemos ser escuchados por casualidad en el pasillo —murmuró mientras nos sentábamos en las sillas de mimbre tejidas—. Y no quiero despertar a Alec si


podemos evitarlo. Él necesita todo el descanso que pueda conseguir. ¿Quiere un poco de café? Ah, pero usted es inglesa. Querrá un té. —Estoy bien, señor. —El señor Marlowe es tan poco pretensioso como su hijo. A pesar de que no puedo decir que me sienta cómoda con él, dado lo que vengo a decir, me cae bien. Eso ayuda. El señor Marlowe dice: —Debe ser cautelosa con el Conde Kalashnikov. La Hermandad no tiene ningún uso para las mujeres. —Alec me lo dijo, señor. Y ya sé que el conde es un hombre peligroso. Está tratando de hacer amistad con mis patrones, y los tiene engañados. —La matará si puede. —El señor Marlowe dijo esto tan fácilmente como si estuviese comentando sobre el clima. Él no se lo estaba tomando a la ligera; los hechos eran así de obvios—. Debe abandonar su empleo si le es posible. ¿Necesita una referencia en los Estados Unidos? Puedo proporcionarle una. Una referencia de uno de los hombres más ricos y poderosos en el país sin duda podría conseguirme un trabajo en las mejores familias disponibles. Me hundo de nuevo en mi silla, aliviada. —Eso sería tan amable de su parte, señor. Gracias. Él estudia mi rostro, no de forma descortés, y sin embargo veo por primera vez que no es simplemente un amable americano con los pies en la tierra, sino un hombre de negocios con la capacidad de evaluar a la persona al otro lado de la mesa. —Usted debió habernos chantajeado. Exigir dinero por guardar el secreto de Alec. —Nunca se me ocurrió eso, señor. —Qué cosa tan desagradable para hacer. Suena como algo que Mikhail intentaría. —Usted es una buena muchacha, Tess. Sé que mi hijo no tuvo otra opción más que confiar en usted, pero... él no pudo haber encontrado una mejor persona para guardar el secreto. El señor Marlowe hablaba de su hijo con tanto amor. ¿Quizá podría él decirme que mis peores temores sobre Alec no son ciertos? —Por favor, señor, discúlpeme por mencionarlo, pero... encontré esto en el bolsillo de Alec —Saqué el recorte de periódico y la tarjeta de turista de Gabrielle Dumont—. Esto no es... dígame que esto no es lo que parece. Los hombros del señor Marlowe se hundieron, y algo dentro de mí se hizo trizas.


—Está preguntándome si mi hijo es un asesino. Me gustaría tener una respuesta para usted. —¿Qué le sucedió a la señorita Dumont? Él no contestó de inmediato. En vez de eso fijó la mirada en el océano, bizqueando contra el resplandeciente sol matutino. Reconocí su indecisión, porque la vi a veces en Irene... la última persona en el mundo con la que habría esperado que Howard Marlowe tuviera algo en común. Él quería hablar, pero tenía miedo de hacerlo. —Es extraño, ¿no es cierto? —dijo finalmente—. Lo que le hace a tu mente el descubrir lo sobrenatural. Dudas de todo. Incluso de tus propios recuerdos. —Eso hace que todo parezca extraño de repente, señor. El señor Marlowe asintió mientras sacaba un puro de su chaqueta y lo giraba entre sus dedos. —Por lo que sabía, Alec y Gabrielle sólo eran amigos. Mi muchacho y yo siempre hemos sido muy unidos, pero fui un hombre joven una vez, y ciertamente no le conté a mi papá sobre todas las chicas que yo... —Se interrumpió—. Cada joven dama que conocí. Pero tengo la impresión de que ella quería más de Alec de lo que él tenía para dar. Me niego a sentirme triunfante al respecto. La mujer está muerta, quizá por la mano de Alec. Lo que él sintió o no por ella no era un premio para yo reclamarlo. —Un hombre lobo era una buena amistad para una actriz. Cada uno estaba ocupado cada noche, y por lo tanto feliz de encontrarse durante el día. Ambos adoraban el espectáculo bohemio. —El señor Marlowe no sonaba como que a él le gustara—. Yendo con pintores y compositores, visitando esos extraños clubes con los afiches de mujeres luciendo monstruosas que se volvían todas verdes. Yo mismo nunca pude encontrarle el atractivo. Pero quería que él disfrutara por sí mismo todo lo que pudiera. Demasiado de su vida le ha sido robado. Por lo menos Alec podría tener esa parte de su juventud. El Paris bohemio sonaba glamoroso. Me imagino a las mujeres usando la clase de trajes sexys que Gabrielle Dumont usaba en la foto, a pesar de que es ridículo; estoy segura de que no es nada tan extravagante. Los largos rizos de Alec ahora tienen sentido. —Debí haberle advertido que no pasara tanto tiempo con ella —dijo el señor Marlowe. Retiró un pequeño par de tijeras de plata y recortó la punta de su puro. El


suave aroma a tabaco permanecía en el aire—. Por el propio bien de ella, no el de él. No tengo ninguna duda de que la conexión entre ellos la mató. Mi boca está seca, y me agarro a los brazos de la silla para anclarme a mí misma. —Usted quiere decir que... piensa que él lo hizo. Alec asesinó a Gabrielle. —Un hombre lobo la asesinó. A veces me digo a mí mismo que pudo haber sido cualquiera en la Hermandad... ellos nos estaban presionando en ese momento tanto a mí como a mi hijo, y pudieron haber resentido cualquier otra amistad que él tuviera. Y como dije antes, no tienen un uso para las mujeres. Se deleitan en matarlas. ¿Acaso no tuvieron madres? ¿O hermanas, o queridas? No entiendo eso. Pero entonces, nunca he entendido a la Hermandad. —Suspiró pesadamente—. Yo mantenía una celda en un sótano en Paris. Ahí es donde Alec se transformaba cada noche, y yo podía mantenerlo encerrado para su seguridad, sin mencionar la de cualquier otro. Pero la noche de la muerte de Gabrielle, la cerradura se rompió. Regresé al amanecer para encontrar la puerta abierta y a Alec desaparecido. Él despertó a medio camino de Paris con pocos recuerdos de la noche anterior. De modo que él estaba libre esa noche. Sabía dónde vivía Gabrielle. Alec bien pudo haber sido el hombre lobo que la mató. —Pero... no tendría que haber sido él. —Oh, he tratado de convencerme a mí mismo de eso. Pienso que podría, de no ser por una cosa: Alec piensa que fue él. Es cierto; sólo conociéndolo por unos pocos días, no puedo negar eso. Todas las cosas que me dijo ayer por la tarde —acerca de los errores que había cometido en Paris— la culpa que pende sobre él como un oscuro y pesado sudario... es por Gabrielle. Por la muerte de Gabrielle. El señor Marlowe dice: —Alec lleva a todas partes la tarjeta de turista para recordarse a sí mismo el peligro que representa para cualquier persona por la que se preocupe. Miro hacia abajo a la foto de Gabrielle Dumont. Si Alec fue su amigo, entonces probablemente ella fue alguien que me habría caído bien. Ella recorrió el mismo camino en el que estoy yo... el que dirige al oscuro mundo de los hombres lobo. Y ahora está muerta. —Mi consejo es que se mantenga tan lejos de esto como pueda —dice el señor Marlowe—. Detesto privar a mi hijo de semejante amiga fiel. Pero por su propia seguridad, aléjese mientras pueda. —Golpea una cerilla para encender su puro. Éste llamea azul, luego naranja, y huelo el humo—. Tenga mi tarjeta de visita. Hare que


envíen una carta de recomendación a su camarote antes de que lleguemos a puerto, así puede conseguir empleo tan pronto como arribemos a la ciudad de Nueva York. —Gracias, señor. Ha sido muy amable —titubeo—. Alec es afortunado de tenerlo. —Afortunado. Si tan sólo lo fuese. La expresión del señor Marlowe se vuelve más distante; recordando este doloroso pasado que lo ha deprimido. Rápidamente me levanto y me disculpo. Mientras más pronto me vaya, mejor. Pero no me muevo lo suficientemente rápido. Estoy a medio camino entre la sala de estar y la puerta cuando Alec sale de su dormitorio, todavía anudando el cinturón de su bata de seda negra. Su cabello castaño rebelde está desgreñado por dormir, y su rostro tenía la dura apariencia confusa de un hombre que ha estado sufriendo. Cuando él me ve, sus ojos se ensanchan y aparece una sonrisa cansada. —¿Tess? —Justo estaba yéndome. —¿Fue apenas anoche que nos besamos tan apasionadamente que él me volvió débil? Mi corazón late con más fuerza cuando lo miro, pero ya no sé si es por deseo o por temor—. No pretendía despertarte. —Está bien. Me alegra que estés aquí —Alec está tan feliz. ¿Por qué se vuelve él tan confiado conmigo en el mismo momento en que yo me vuelvo más temerosa de él? Energizado de nuevo, él avanza hacia su padre en la cubierta de paseo—. Papá, ¿llegaron tú y Tess a pensar... Su voz se desvaneció poco a poco, y me doy cuenta de lo que Alec ha visto en la mesa: la foto de la tarjeta de turista de Gabrielle Dumont. Cuando Alec gira de nuevo hacia mí, la expresión en su rostro me desgarra: traición pura. Vergüenza pura. Detesta que yo sepa lo que hizo. Sus manos se aprietan, y sus ojos se estrechan, y no sé decir si lo que veo allí es dolor o rabia. Sólo sé decir que veo el lobo dentro de él. —Tess, márchese ahora —dice el señor Marlowe—. Váyase rápidamente. ¿Él está protegiendo a su hijo o a mí? De cualquier forma, los vellos en la parte trasera de mi cuello se erizan, y doy la vuelta y me precipito en el pasillo. La puerta se cierra de golpe detrás de mí. No sé quién la cerró de golpe, y no voy a mirar hacia atrás.


Después de vagar a lo largo del barco durante casi una hora, insegura de qué hacer o a dónde ir, salgo a la cubierta. El aire fresco tira de mis rizos dorados por debajo de mi gorra blanca de lino. Con mis manos en el barandal, miro por encima de éste al agua que está tan abajo. Por el gran tamaño del Titanic significa que estoy mirando hacia abajo desde la altura del campanario de una iglesia. A mi alrededor, en cada dirección, el océano se extiende hasta el mismo horizonte. Incluso a bordo de este enorme barco, soy una pequeña partícula en el infinito... tan completamente sola. Doy una mirada por encima de mi hombro, pensando en Mikhail, pero él no está aquí. Y asesinarme en la cubierta, cuando John Jacob Astor —el hombre más rico en todo el mundo— puede caminar por aquí en cualquier momento, parece estar incluso por encima de la audacia de Mikhail. Pero él vendrá tras de mí. Los Lisles tendrán que lidiar con eso. Y Alec... no sé qué pasará entre nosotros a partir de este momento, pero sé que nos encontraremos de nuevo. He estado buscando a alguien que me rescate desde que sentí por primera vez la mirada del cazador en mi espalda cuando abordamos este barco. Antes de eso, pensaba que yo era tan fuerte y tan inteligente, con mi pequeño bolso de fieltro con dinero para salvarme. Ahora siento como si no comprendiera nada del mundo —nada acerca de los verdaderos horrores que contiene— excepto por una cosa, una que me di cuenta que es más cierta que nunca: jamás nadie será capaz de salvarme de nuevo si no lucho tan fuerte como pueda por salvarme a mí misma. Para hacer eso, debo decidir en quién confiar. Debo decidir en qué creer. Miro hacia el este, entrecerrando mis ojos hacia el sol de la mañana. La primera de todas las cosas: debo regresar al camarote de los Lisles una última vez. Probablemente ya estoy despedida luego de simplemente haber abandonado mis deberes sin permiso esta mañana. Pero debo saber con certeza en qué condiciones me estoy yendo. Si no voy a tener ni siquiera un centavo para comenzar en la ciudad de Nueva York, tengo que pensar en otro plan. Quizá pueda preguntar para quedarme con la familia de Myriam sólo por un día o dos; con la recomendación del señor Marlowe, no debería tomarme más de eso conseguir un empleo. ¿Ellos no tratarán de hacerme pagar por mi camarote, o sí? Nunca podría tener suficiente dinero para pagar ni siquiera un boleto de tercera clase en un barco como éste. Pero eso requería que los Lisles ventilaran algunos de sus trapos sucios ante los


oficiales de la línea White Star... así que supongo que no. Espero que no, en cualquier caso. Lady Regina exigirá que devuelva los uniformes, por supuesto. Tendré que remendar el bolsillo que Layton rasgó, o de otro modo ella me hará pagar los daños. Bueno, ella puede quedarse con este estúpido gorro. A pesar de mi resolución, tengo que contener mi temor mientras entro en la suite de los Lisles. Sin embargo, la explosión de regaños de Lady Regina que yo estaba esperando no sucede. La única persona en el cuarto delantero es Horne, quien chasquea: —Te tardaste bastante tiempo. La Señorita Irene está esperándote. —Por lo cual es que ella dice todos los días que no estoy ahí al amanecer. Sólo puedo quedarme parada ahí y parpadear. Me escapo del trabajo y mi único castigo es... ¿nada? Finalmente, regreso a la habitación de la Señorita Irene. Está sentada exactamente en el mismo lugar donde la dejé, con las mejillas aún sonrosadas, y la respiración agitada. A pesar de que ella no levanta la mirada del piso cuando entro, me reconoce. —Le dije a Madre que te di algunos recados que hacer. No le expliqué que. Si ella pregunta, inventa algo. —Gracias, señorita —Estoy menos aliviada que consternada. Haría el trabajo, con la esperanza de conseguir el dinero, pero sigo en medio del desastre... y demasiado cerca de Mikhail. El transatlántico más grande del mundo de pronto parece demasiado pequeño. Para dejar de lado mis propios temores, analizo el rostro de Irene por unos momentos, comprendiendo cuán angustiada luce. Ella siempre ha sido delgada, pero he tenido que reducir cinco centímetros en las cinturas de sus vestidos en este último mes, y he tenido que tirar con fuerza las tiras de su corsé para apretarlas lo suficiente para que no le quede flojo sobre su cuerpo. Para que ella le gritara a Lady Regina como lo hizo, algo extraordinariamente malo estaba pasando. A pesar de que nos llevamos bien, sin embargo, está más allá de los límites de la relación sirvienteempleador para que le pregunte directamente a Irene sobre eso. Lo intento. —¿Está segura de que se encuentra bien, señorita? —Tan bien como puedo estarlo —dijo en un suspiro—. Vamos Tess. Hazme bonita. Vísteme como a una muñeca así Madre puede desfilar a mí alrededor. Me llegó una idea. Era a la vez tan radical y tan obvia que resultaba sorprendente. Enredará los planes de Mikhail de un modo que él no lo descubriría


hasta que fuese demasiado tarde. Esto me dará una pequeña medida de poder en este lío terrible. Pero más que nada... si hago esto, ayudaré a Alec. Le daré a él una oportunidad de finalmente conseguir la ventaja en su batalla contra la Hermandad. ¿Vale la pena cometer un crimen por ayudarlo? ¿Vale la pena arriesgar mi libertad, y potencialmente incluso mi vida? Mi naturaleza práctica me dice que no. Por primera vez en muchísimo tiempo, ignoro mi lado práctico. Lo que siento por Alec —la profundidad de su desesperación— me mueve más que la lógica o la precaución o cualquier pensamiento sobre mi propia seguridad. Tal vez debería creer que esto me ha vuelto loca, pero en el fondo, lo sé: él me ha vuelto más valiente. Más fuerte. Alguien que podría hacer cualquier cosa. Alguien que hará esto. Lentamente, digo: —¿Debería conseguirle algo hermoso de la gran caja, Señorita Irene? —Suena maravilloso. —Irene, sin mirar en mi dirección, me lanza la llave. Así que abro la caja y escojo un hermoso collar de perlas. Y robo la Daga de Iniciación.


Traducido por Otravaga Corregido por Samylinda

ÚLTIMA HORA DE LA TARDE, ESTOY INESPERADAMENTE LIBRE DE MIS DEBERES. El oscuro estado de ánimo de Irene de esta mañana ha sido, quizá, un signo de enfermedad inminente; ella se dirige hacia su cama antes de la última hora de la tarde. —¿Está segura que no querrá vestirse para la cena, señorita? —Le acaricio los pies para aliviarla. Dios sabe que su madre no lo hará. —No querré. —Su rostro está girado hacia la almohada, así que su voz es apagada—. Te veré en la mañana. Para ser justos debería verificar con Horne antes de irme, pero ella me dirá que espere y vea que dice Lady Regina. Lady Regina exigirá que Irene se prepare para una cena formal. Pero si ya me he ido, su señoría no podrá hacer tal exigencia. Irme nos salva tanto a Irene como a mí. Inmediatamente sé de qué tengo que ocuparme primero. Es eso que me juré a mí misma hacer en el momento en que robé la Espada de Iniciación, pero difícilmente pensé que tendría una oportunidad tan pronto. Pero, ¿a dónde voy? Cuando me giro hacia una de las portillas, veo la suave luz rosácea del atardecer. La última hora antes de la puesta del sol... la última hora de libertad. Conozco mi destino. Entro en la cubierta de primera clase. En mi uniforme, soy invisible entre los brillantes personajes deambulando en los alrededores. Ninguno de ellos me reconocería como la elegante chica de ayer por la tarde; algunos de los mismos que murmuraron piropos admirativos a mi paso ahora miran directamente a través de mí. Me muevo entre ellos como la sombra en medio de la luz del sol. El peso de la daga en mi bolsillo me hace sentir fuerte, y casi deseo que Mikhail me desafíe. Pero él no


aparece. Supongo que todavía está aferrándose a Layton como una sanguijuela. Casi deseo que pudiera estar allá en Nueva York para cuando ellos abrieran esa caja y descubrieran que falta la daga, para finalmente ver desaparecer la sonrisa satisfecha del rostro de Mikhail. Entonces considero lo que vendría después de la sonrisa... una rabia homicida. Deja que Layton lidie con eso. Mientras camino hacia la proa de la nave, donde la luz del sol es más brillante, veo una alta figura delgada perfilada contra la barandilla, con el cabello revuelto agitado por la brisa. Alec. Su traje es negro como la noche, convirtiéndolo en una especie de sombra en sí mismo. Él está bebiendo a la luz de sol, viviendo su última hora de humanidad al máximo. Justo del modo en que pensé que sería. Lentamente me acerco a él. Nadie está cerca de nosotros. A pesar de que soy silenciosa, y que mis pisadas seguramente se perderían con el rugir del viento, él me escucha. Quizá es el lobo el que me escucha. —Tess —dijo él sin siquiera voltear. —Alec. —Quiero tocar su hombro, su espalda, pero esos pocos centímetros restantes entre nosotros se sienten como una distancia que todavía no puedo cruzar. —Le preguntaste a mi padre si yo era un asesino. —Él dijo que tú no sabes si lo eres o no. La cabeza de Alec cayó. —No. El sonido de la risa de niños nos hace a ambos voltear a un lado, donde una mujer en un vaporoso vestido blanco de encaje está guiando a sus tres pequeñas hijas —todas llenas de encajes y cintas como su madre— hacia la barandilla, sólo a unos pasos de distancia. Yo digo: —¿Dónde podemos hablar? —Sígueme. Alec me guía de regreso al interior del barco, dentro de una habitación con paredes blancas elaboradamente decoradas y finas alfombras en el piso; los estantes de libros encuadernados en cuero disponibles me dice que ésta es la biblioteca de la nave. Blancas columnas griegas le dan a la habitación un aire de otro mundo. Las elegantes cortinas medio caídas volvían la luz del sol del atardecer profundamente dorada. A esta hora, tan cerca de los espectáculos nocturnos, la biblioteca estaba desierta excepto por nosotros. Alec y yo estábamos solos de nuevo. Él iba y venía por la habitación, agitado, hasta que volteó a ver mi rostro y se detuvo. Quizá pensó que podría asustarme. Me siento lentamente en el diván contra la pared, agarrando el brazo del sofá tapizado en damasco con ambas manos.


—Gabrielle fue la única amiga verdadera que tuve en Paris —dijo Alec—. A veces pensaba en ella como la hermana que nunca tuve. La salvaje, la que podía atreverse a salir al escenario y tener malas compañías y hacer todas las cosas que indignarían a mi padre, y aun así permanecer de buen corazón. —Una sonrisa triste tocó las esquinas de su boca, como si estuviese pensando en una pequeña chica rebelde de trenzas en vez de en una sofisticada actriz—. Solía pensar que si alguna vez pudiera decirle a alguien más aparte de Papá lo que me había pasado, sería a ella. Desearía haberlo hecho. Si le hubiese dicho a Gabrielle la verdad, ella habría sabido temerme. Podría haberse protegido a sí misma. Todavía podría estar viva. —Es por eso que tuviste que regresar a América con semejante prisa. Tenías miedo de estar relacionado con el asesinato de Gabrielle. —Si ellos me guillotinaban, eso no sería más que lo que merezco. Y a veces pienso que sería más sencillo morir que seguir adelante, sabiendo lo que probablemente le hice a ella. Pero el escándalo, el dolor... eso destruiría a mi padre. Él no tiene la culpa de esto. Yo sigo encontrando nuevas formas de arruinar su vida, y la mía. Todo lo que podía hacer era huir de Paris, poniendo de lado la búsqueda de más información para usar en contra de la Hermandad. Todo lo que pude hacer fue alejarme a mí mismo de la humanidad, tanto como fuese posible. Me inclino hacia adelante y hablo con mucho cuidado. Es importante que pregunte esto exactamente de la forma correcta. —¿Recuerdas asesinarla? Alec sacudió la cabeza negando. —El lobo nubla mi mente. Nunca recuerdo mucho después de eso. —La Hermandad pudo haber... —Oh, Tess. ¿Piensas que no me he preguntado eso? Sí, es posible. Pero entonces, ¿por qué no me lo han dicho, para demostrarme su poder? Esa es la clase de cosas que ellos hacen, mandar despóticamente sobre ti. Es igualmente posible que yo lo haya hecho, y... nunca lo sabré realmente. —Yo lo sé. Tú no la mataste. Alec se quedó mirándome, casi sin creerlo, y se sentó pesadamente sobre una silla cercana como si esa revelación le hubiese robado las fuerzas. Me arrodillo a su lado y tomo una de sus manos entre las mías. —Fue la Hermandad. Ellos le hicieron a ella lo que trataron de hacerme a mí... usarla para hacerte sentir culpable y atemorizado. Es por eso que no te lo dijeron, ¡para hacerte dudar de ti mismo! Mikhail piensa que si tú cometes un asesinato, los


necesitarás para conservar tu libertad, y te someterás a la iniciación para evitar volver a estar en una situación como esa de nuevo. De modo que mataron a Gabrielle y te hicieron creer que tú lo habías hecho. Cuando eso no funcionó, lo intentaron nuevamente conmigo, y trataron de hacer que me mataras directamente. Él no estaba convencido. —Puedo ver tu razonamiento. Pero todavía queda el hecho de que estaba libre. Yo pude haberla matado. Sabía dónde vivía. Y como un lobo, no soy diferente a lo que ellos son. —¡Sí, lo eres! Sigo pensando acerca de esa primera noche, cuando Mikhail me lanzó hacia ti. —El vapor y el calor llenaron mi memoria, y veo al lobo rojo incluso más claramente de lo que lo hice en ese momento—. Le he dado vueltas a todo en mi mente una y otra vez, y estoy convencida... pudiste haberme matado si lo hubieses querido. Pero no lo hiciste. Cuando me encerré en el interior de una puerta que nunca podría haberte mantenido fuera, tú montaste guardia al otro lado. Cuando Mikhail cambió también a lobo, y trató de atacarme, Alec... tú peleaste por mí. Me doy cuenta de eso ahora. No como tu presa; luchaste por protegerme. Creo que me salvaste esa noche. De haber estado con Gabrielle la noche en que murió, sé en mi corazón que la habrías salvado a ella también. —No puedes estar segura. —Alec sacude su cabeza. En sus ojos, el dolor lucha con la esperanza. —Puedo, y lo estoy. Puede que tú no recuerdes quién eres como un lobo... pero como un lobo, recuerdas quién eres como hombre. Eres más que una bestia. —Agarro sus manos con fuerza, las sostengo sobre mi corazón, beso sus nudillos y meto ambas manos bajo mi barbilla—. Tu humanidad no puede serte arrebatada. Tú corazón es más fuerte que todo eso. Créelo. Porque yo lo hago. Él toma mi rostro en sus manos y me besa. Anoche fuimos apasionados, pero éste es diferente... más intenso, y aun así más dulce. Mientras abre mi boca con la suya, echo mi cabeza hacia atrás y deslizo mis brazos alrededor de su cuello. Alec me empuja hacia arriba sobre la silla con él, casi en su regazo. Su abrazo es cálido. A pesar de su traje puedo sentir el poder en sus músculos, sentir la presencia del lobo bajo la superficie, y sin embargo ya no estoy asustada. El lobo es parte del hombre. Los acepto a ambos. Los deseo a ambos. Contra mi mejilla, Alec susurra: —Soy un peligro para ti. Si no es como lobo, entonces... mientras que la Hermandad me persiga... —Mikhail ha estado tras de mí desde antes de que tú y yo nos conociéramos, ¿recuerdas? Es por eso que nos conocimos. —Acaricio su mejilla mientras nos


enroscamos juntos en la silla—. Y además, si no estaba en medio de esto antes, lo estoy ahora. —Desde mi bolsillo, saco la Espada de Iniciación. Los ojos de Alec se ensanchan cuando la ve. La conmoción rápidamente se convierte en orgullo. —Tess, eres... eres... —¿Valiente? —Iba a decir audaz. Pero también valiente, valerosa, y maravillosa. —Me besa, incluso más intenso esta vez. La daga es pesada en mi mano; mi cuerpo se siente cálido y débil a lo largo de cada articulación, cada hueso. Pero mantengo el agarre. Las joyas se presionan contra mi piel, y el metal pierde su frialdad contra mi piel. Cuando podemos pensar de nuevo, descanso mi frente contra su pecho e inspeccionamos la Espada juntos. —Luce medieval para mí —dice él—. Tal vez miles de años de antigüedad. ¿Qué tan atrás se extiende el poder de la Hermandad? —Eso difícilmente importa ya, ¿verdad? Porque ellos no pueden tener tu futuro —¿cómo no se le había ocurrido a él esto antes?—. Alec, esto es lo que ellos usan para las iniciaciones, ¿cierto? Eso significa que lo puedes hacer por ti mismo. Tú mismo puedes dejar de cambiar cada noche si no quieres hacerlo, sin tener nada que ver con la Hermandad. La euforia que espero no llega. Alec luce serio mientras traza alrededor de la empuñadura de la daga, mis dedos mientras la sujeto. —No es tan sencillo, Tess. El cambio requiere más que un corte de la Espada. Según tengo entendido, hay magia antigua involucrada... magia antigua que no conozco. Me hundo contra él, desconcertada. —¿Esto no te ayuda en lo absoluto? —¿Qué? No... Esto me ayuda enormemente. Más de lo que nadie ha sido capaz de ayudarme desde que esta locura comenzó. —Alec levanta mi barbilla con un dedo encorvado—. No conozco la magia, pero debe haber otros fuera de la Hermandad que sí lo hagan. Hay hombres lobo rebeldes ahí afuera... ex-miembros de la Hermandad que se fueron, otros que se negaron a unirse. Incluso he escuchado rumores de mujeres lobo que se esconden de ellos en manadas secretas. Si puedo encontrar aunque sea un hombre lobo fuera de la Hermandad que sepa cómo usar esta espada, puedo ser libre. Puedo liberar a otros. —Por fin sonríe—. Esta espada significa todo. Esta espada significa esperanza. Nos besamos de nuevo, pero ya mi lado más práctico se está sacudiendo. Alec es el que tiene las tragedias y aspiraciones más grandes; yo soy la que sabe cómo trazar


una meta y un plan. —Debemos ser doblemente precavidos durante el resto del viaje. Mikhail no debe suponer que la tenemos hasta después que el Titanic llegue a puerto. Son sólo dos días más, pero Dios sabe que nuestros primeros cuatro días han sido lo suficientemente accidentados. Alec sopesa esto cuidadosamente. —¿La buscará antes de eso? —Layton dijo algo sobre ellos haciendo un trato una vez que estuviesen en tierra. Eso suena como que tenemos tiempo. —Tomo una de las manos de Alec en la mía y firmemente coloco la Espada de Iniciación en su palma, luego envuelvo sus dedos alrededor de la misma—. Deberías ser el que la guarde. ¿También tienes una caja fuerte en tus cuartos? —Él asiente, pero obviamente quiere discutir esta parte conmigo. Mi dedo se presiona contra sus labios para silenciar su protesta—. Eso hace que tu habitación sea un lugar mucho más seguro para guardar esto que la mía. Además, ya sabemos que Mikhail no te matará a ti o a tu padre por esto; es el dinero y la influencia de Marlowe Steele lo que ellos quieren, ¿no es así? Te necesitan vivo para eso. —Sí, pero Mikhail te matará por eso —dijo Alec—. Y no estoy contento con el peligro en que eso te deja. —Eso hace dos de nosotros, pero ¿qué más se puede hacer? Me las he arreglado para mantenerme rodeada de personas o en áreas seguras hasta ahora, y Mikhail se ha apartado de mí los pasados días más o menos. En tanto crea que puede quitarle con su encanto la espada a Layton, ahí es donde enfocará su atención. —Tal vez. A veces cuando él retrocede, es sólo una señal de que está esperando su momento. Cambiando su estrategia. —Los dedos de Alec se enroscaron alrededor de algunos rizos dorados sueltos en la parte trasera de mi cuello. ¿Hemos estado besándonos mutuamente todo este tiempo mientras yo todavía estoy usando mi estúpido gorro de lino? No es exactamente la imagen romántica que estaba esperando. Pero la luz en los ojos de Alec me dice que él piensa que soy hermosa, con o sin gorro—. Escucha. Tienes razón sobre esconder esto de Mikhail si podemos. Pero si él te confronta... Tess, si te amenaza y no puedes llegar a mí o a mi padre... debes decirle que escondiste la espada. —¿Y enojarlo aún más? —Así será. Pero si él piensa que eres la única que sabe dónde está esto, te dejará con vida. Y eso me da tiempo para llegar a ti. —Alec enmarca mi rostro en sus manos—. No importa qué, Tess, te lo prometo... si estás en peligro, sin importar lo que pase, te encontraré. —Te lo dije antes —le susurro—. Confío en ti.


El beso que sigue parece durar para siempre, y no quiero dejarlo ir jamás. Pero la puesta del sol se aproxima. Cuando acompaño a Alec bajo cubierta para su confinamiento, no vamos a los baños turcos. —Resulta que estarán abiertos esta noche a petición de uno de los pasajeros especialmente ilustres —dice él mientras salimos del ascensor en la cubierta D. Su pulgar roza mis nudillos, y el dedo meñique dibuja una figura en mi palma. Nunca me había dado cuenta de que simplemente agarrarse de las manos fuese tan embriagador—. No estoy exactamente seguro de quién, pero apuesto que es Benjamín Guggenheim. Cuando llegamos a nuestro destino —la cancha de squash, de todas las cosas— veo que Howard Marlowe ya está en la puerta. A pesar de que espero que Alec deje caer mi mano, él no lo hace. En vez de eso vuelve a explicar, como si yo fuese la que tuviese derecho a una explicación, y su padre fuese el recién llegado. —Este lugar no es tan seguro como los baños turcos. Y Mikhail interfirió con eso una vez, así que ¿quién sabe que puede intentar aquí? Papá vigilará esta noche. —Buenas noches. —El señor Marlowe lo dice tan cortésmente como si se lo dijera a Lady Regina... quizá incluso más cortésmente, ahora que lo pienso—. Alec, me doy cuenta de que has estado gratamente ocupado en otra parte, pero el tiempo es corto. —Lo sé. Ya voy. —Alec me da una mirada que me hace derretir, pero ya no estamos solos. Para mi sorpresa, me besa, justo enfrente de su padre... sólo un rápido roce de los labios, pero mucho más de lo que esperaba—. Buenas noches, Tess. —Buenas noches. —Pero que cosa más ridícula para decirle a alguien que pasará la noche en un tormento—. Recuerda lo que te dije. Sobre quién eres realmente. Acerca de la bestia manteniendo la bondad del hombre. El rostro de Alec se ilumina con una sonrisa. —Lo recuerdo. —Luego se fue a través de la puerta de la cancha de squash, y el señor Marlowe y yo estamos solos. El señor Marlowe no me habla inmediatamente, y me doy cuenta por los círculos oscuros bajo sus ojos que está exhausto. Los cambios de su hijo también le pasan factura a él. —¿Usted estará toda la noche aquí, señor?


—Es lo mejor —dice el señor Marlowe—. Tuve que conseguir esta llave con un muy alto funcionario, así que pienso que ni siquiera Mikhail puede entrar. Pero no podemos correr ningún riesgo. —Si eso lo ayuda, señor, puedo quedarme aquí las primeras horas. Usted puede tomar una siesta, y yo podría vigilar. —Mikhail también es un enorme peligro para usted. Él no vendrá detrás de mí. —Ese es un buen punto, y asiento, reconociéndolo. La mirada del señor Marlowe se vuelve incluso más penetrante—. Trabajé duro para montar un negocio. Un lugar para mí mismo en la sociedad. Una buena vida. Y quiero una buena vida para mi hijo. Lo mejor. Una vida que no incluye un romance con una chica de servicio, sin dudas. La ira arde dentro de mí, aunque sé que él no está diciendo nada que ningún hombre rico no diría. Sólo los años de servicio en el hogar Lisle me mantienen en silencio. Y me alegra que lo hagan, porque lo siguiente que el señor Marlowe dice es: — Jamás ni mis sueños más salvajes se me habría ocurrido que mi hijo podría encontrar una mujer que pudiera aceptar en lo que se ha convertido. —Señor Marlowe. Señor. Yo... yo no sé qué decir. —No necesitas decir nada. Sólo pensé que deberías saberlo. Ambos tienen suficientes obstáculos; no seré uno de ellos. Siento como si pudiese llorar. Rápidamente me inclino en una reverencia al señor Marlowe y me apresuro, de regreso a la tercera clase. En la puerta de entrada de la sección de tercera clase en la cubierta F, me encuentro con una de las únicas personas con una llave para ir entre las clases: Ned, quien está vestido con su uniforme de ayudante de cámara, y claramente se dirige de regreso al camarote de los Lisle. —Suerte la tuya. La pobre Señorita Irene está en cama, y tú obtienes unas vacaciones en el mar. —No seas desagradable. Tal vez tendrás suerte, y mañana Layton estará mareado y con náuseas. Ned resopló de risa. —Se lo merece. Pero a lo mejor estará demasiado ocupado perdiendo el tiempo en los alrededores con su nuevo amigo ruso. Repugnante, si me lo preguntas. Un verdadero sinvergüenza. —Tampoco me gusta la apariencia de... de ese ruso. Ten cuidado, Ned.


—¿Cuidado? —Su rostro lleno de pecas luce desconcertado—. ¿Qué quieres decir con cuidado? Estaba yendo a hacerle una breve visita a la Señorita Irene, ¿te refieres a que no vaya a agarrar un resfriado? —Olvídalo. Te veré en la mañana. Me paso la noche libre tomando una gran cantidad de té para compensar la comida que no tuve más temprano en el viaje, y me acuesto a dormir tan temprano que incluso las viejas señoras noruegas me miran como que soy patética. Como si me importara. Finalmente me siento a salvo en esta nave, y me vendría bien una buena noche de descanso. Además, soñaré con Alec toda la noche. Luego de haber dormido un par de horas, me despierto por el sonido de voces apagadas al otro lado de la puerta... una de mujer y una de hombre. A pesar de que las palabras son inaudibles, no lo es el tono; estas personas están muy, muy felices. Cuando se abre la puerta, veo a Myriam, con una sonrisa atolondrada en el rostro, enroscando un largo bucle de cabello negro entre sus dedos. Lo cual significa que la voz masculina al otro lado de la puerta sólo pudo haber sido la de George. —Vaya, vaya. —Me siento en mi cama y me apoyo en la almohada—. Es medianoche. ¿Llegaste a casa con tu ropa interior? —George es un hombre muy decente y respetable. —Eso no es un sí. Myriam me saca la lengua, pero ambas estamos casi riendo. Debajo de mí, escucho a una de las viejas señoras murmurándole felizmente a la otra. Tal vez están recordando cuando eran jóvenes y estaban enamoradas. —¿Entonces tuviste una buena noche? —Me recuesto de nuevo mientras Myriam se cambia su camisón. —Maravillosa. Él me contó sobre sus viajes, y lo que debería esperar de Nueva York y... oh, todo. —Ella avanza hasta el colchón y se deja caer sobre él, casi como una chiquilla ansiosa por saltar en la cama. El rostro de Myriam es incluso más hermoso cuando está así de feliz; hay una especie de brillo en ella, incluso en la oscuridad de nuestro camarote—. Tess, él me prometió esta noche... que para su próximo empleo, se va a registrar en un viaje que recorrerá lo largo de la Coste Este de los Estados Unidos. Así que seremos capaces de vernos de nuevo pronto, y con frecuencia.


—¡Myriam, eso es maravilloso! Ustedes se han enseriado tanto el uno con el otro, y tan rápidamente. —El romance en el mar tiene su poder. —Ella cruzó las manos bajo su cabeza—. Como bien sabes. Recuerdo cómo nos besamos Alec y yo esta noche. —Lo sé. George y Myriam tienen un futuro. ¿Qué hay de Alec y yo? Antes de hoy, pensaba que era imposible, y por más razones de las que puedo contar. Pero esas razones están cayendo como árboles bajo el hacha de un leñador. La Hermandad puede perder cualquier oportunidad de tener poder sobre él, ahora que él tiene la Espada de Iniciación. Si Alec puede encontrar alguien más que conozca la magia de iniciación, entonces será libre de la necesidad de cambiar cada noche. Su vida se volverá casi normal, excepto por una vez cada veintiocho días. Y su padre —el rico y poderoso hombre que podría haberse interpuesto entre nosotros— con todo y eso nos dio su bendición esta noche. ¿O me estoy engañando a mí misma? Sé que Alec se preocupa por mí como yo lo hago por él. Pero ¿qué importará el amor cuando estemos de regreso en tierra? Los límites sociales no son tan estrictos en América, o eso escuché, pero no existe lugar en la tierra donde los millonarios se casen con chicas del servicio. Simplemente no sucede. Y seguramente la Hermandad no lo dejará ir tan fácilmente. Quiero estar con Alec. Pero no puedo permitirme creer en lo imposible. Cierro mis ojos apretadamente, tratando de borrar mi conocimiento sobre el futuro, mis sueños por algo que no puedo tener. Ahí es cuando escucho los gritos.


Traducido por Shelly Corregido por Samylinda

E ERGUÍ EN LA CAMA POR EL GRITO DE MYRIAM, ―¿qué pasa? Los gritos en el pasillo se multiplican cuando algo golpea fuertemente contra la pared. Luego hubo otro sonido, profundo y bajo. Gruñidos. ―Oh, Dios. Salto de mi cama y me dirijo a la puerta. A pesar de los gritos de Myriam para que me detenga, la abro y miro hacia el pasillo. Hay media docena de personas en su ropa de dormir tirados en el suelo o aplastándose entre sí contra la pared, todos ellos gritando y trepando en un esfuerzo por alejarse del lobo. Incluso antes de que vea el pelo rojo, sé que es Alec. Entonces él está ahí, enorme como lo recordaba, igual de salvaje. Esta es la primera vez que veo su propio lobo a plena luz y es impactante tanto como aterrador y hermoso. Sus colmillos son del tamaño de cuchillos, de un blanco brillante; su piel destella con cerdas castañas a lo largo de la espalda. Las cuatro patas en el suelo son tan amplias como platos y las garras curvadas en la punta. El lobo rojo está medio loco, dando vueltas y vueltas en el pasillo, chasqueando las poderosas mandíbulas. Pero veo lo que nadie más puede ver… que el Alec dentro lucha contra el instinto animal en un esfuerzo por no dañar a nadie. Se muerde a sí mismo, dejando a su paso gotas de sangre y mechones de pelo, dividido entre el hambre voraz del lobo y su deseo humano por mantener a todos seguros.


―¡Déjenlo! ―grito, pero nadie me presta atención, incluso, si alguien aquí entiende inglés. Cuando me apresuro por el pasillo, Myriam me agarra del brazo, en un esfuerzo por retenerme, pero me sacudo y corro hacia Alec. Si me ve, lo recordará mejor. Tal vez pueda arrastrarlo hacía una zona tranquila en algún sitio, donde no haya ningún pasajero para que nadie esté en peligro, y se enfrente a menos tentación. Vale la pena intentarlo, de todos modos. Pero alguien llega antes de que yo, George, con tres comisarios detrás de él. ―¡No, no lo haga! ―Extiendo la mano, inútilmente tratando de impedir que esto ocurra. George no se entera o no escucha. ¿Por qué debería? Es un buen oficial, tratando de proteger a las personas a bordo de este barco de una amenaza que nunca se imaginó. George se lanza contra el lobo rojo, en un intento de hacerle frente. El lobo rojo no muerde a George. Pero sí lo araña, violentamente, rasgando líneas irregulares en su uniforme y haciendo a George gritar de dolor. Oh, Dios, ¿va a ser un hombre lobo ahora? No, eso es sólo con una mordedura. Pero la herida con la garra es bastante grande, y una vez que el lobo rojo huela la sangre… ―George. Myriam está detrás de mí en el pasillo, ahora, atraída por su deseo de proteger a mí o a George. Trato de empujarla de regreso, cuanta más gente aquí afuera, es peor para todos, pero todo está pasando demasiado rápido. Los comisarios están tras el lobo rojo ahora, empujándolo con sillas y algún trozo de madera ―un remo o algo así―, no puedo ver, no puedo decirlo. El lobo gruñendo, retrocede poniéndose en cuclillas, como si fuera a saltar hacia adelante en cualquier momento. Cada músculo está listo para saltar. Algunas de las personas en el pasillo aprovechan la oportunidad para correr, pero otros parecen paralizados por el miedo. ¿Qué pasa si lo atrapan? ¿Qué pasa si lo tienen en una jaula hasta la madrugada, cuando cambie de nuevo en mi Alec? Su secreto será revelado, y ni siquiera puedo imaginar lo terrible que sería. Pero luego me doy cuenta que algo peor podría pasar, cuando otro comisario se abalanza sujetando algo que debía de haber agarrado en caso de emergencia: una gran hacha roja. ―¡No! ―Tiro las manos de Myriam y corro hacia adelante, saltando sobre una de las personas aterrorizadas acostada en el pasillo arrojándome entre el lobo rojo y el hacha. Con los brazos extendidos, grito―: ¡No le haga daño! ¡Déjelo en paz!


―¡Muchacha loca! ¡Fuera de mi camino! ―El comisario golpea con el mango del hacha en mi costado para obligarme a despejar. El golpe me deja sin aliento y me lanza cayendo sobre mis manos y rodillas. El lobo rojo gruñe ferozmente, y me doy cuenta porque: piensa que el comisario me está atacando. Alec recuerda lo suficiente como para protegerme a toda costa. Incluso grito una advertencia, el lobo rojo salta por encima de mí, aplastando al comisario en el suelo. El hacha traquetea inútilmente en el suelo. ―¡Déjenme pasar! ―grita una voz de hombre. Giro la cabeza para ver a Howard Marlowe corriendo hacia nosotros, su traje torcido y su cabeza calva brilla con el sudor. En su mano hay algo pequeño y de plata, cuando él se acerca, me doy cuenta que son hipodérmicas médicas. A mi lado, el mayordomo grita cuando el lobo rojo hunde sus fauces en la garganta del hombre. La sangre sale a borbotones, tan caliente que echa vapor, y el grito del mayordomo se confunde con un grotesco ruido gutural. Peor aún es cuando él deja de gritar. ―¡No! ―pero hablo con Alec ahora, al interior de Alec que puede oírme. Trato de calmar mi voz, aunque tiemblo tanto que no puedo ponerme de pie―. Vamos, ahora. Todo está bien. Nadie tiene que salir herido. El lobo rojo levanta la cabeza de su presa y me mira fijamente. La sangre gotea de su mandíbula. Su mirada fija verde-oro es la de un animal–duro, reflejando luz como un espejo. Si pudiera llamarlo por su nombre, esto ayudaría. Pero no puedo. Si hay cualquier posibilidad de mantener el secreto de Alec después de esto, tengo que tratar de aferrarme a ello. Todavía de rodillas, me arrastro hacia él. El lobo rojo esta apenas a centímetros de mí ahora. Está completamente inmóvil, su enorme cuerpo tiembla por la energía acumulada y el hambre. Puedo sentir su aliento caliente en mi cuello. Detrás de mí, oigo al señor Marlowe acercándose. Mantengo mis ojos centrados en los del lobo, dispuesta a que mire sólo a mí. ―Recuerda, ―le susurro―. Recuerda. Por un breve instante, los ojos del lobo parecen humanos, y es Alec mirándome…


El señor. Marlowe lo pincha con la hipodérmica, hundiendo la aguja en la carne del lobo. Aúlla, un extraño sonido, terrible, cuando se desploma contra la pared y se derrumba. Me apoyo contra la pierna del señor. Marlowe, débil, con alivio. ―Un tranquilizante, ―dice el señor Marlowe. Está respirando con dificultad―. Esto lo dejará noqueado hasta pasado el amanecer. Lo tengo a la mano para casos de emergencia. ―¿Qué significado eso? ―Exige George, que se ha recompuesto. A pesar de una mueca de dolor cuando mueve el brazo arañado, él endereza su uniforme y vuelve a servir como oficial del barco. El señor Marlowe intenta sonreír, sin embargo, no funciona del todo. ―Todo está bajo control ahora, oficial. Usted debía atender al hombre herido. Yo me encargo del animal. ―¿Es su perro, entonces?, ―George señala, a la forma dormida del lobo―. ¿Ha traído un perro peligroso a bordo y no lo tiene en la perrera? Eso es contra las reglas, señor. ―Me disculpo sinceramente ―dice el señor Marlowe―. Desde luego, restituiré a todos los perjudicados… ―Su voz se apaga cuando ve a los otros comisarios en torno a su compañero caído. Ellos no hacen ningún movimiento para ayudarlo, ¿son tontos? El hombre necesita llegar a un médico de inmediato. ¡Dios mío!, Alec lo mordió, y eso significa que va a ser un hombre lobo ahora, a menos que… Uno de los comisarios se quita la chaqueta y cubre con ella la cara del hombre caído. Está muerto. Alec preferiría haber muerto que hacerle esto a alguien más, pero ya era demasiado tarde. Este hombre ha muerto porque Alec trató de protegerme. No hay ninguna restitución para esto. Se ha convertido en el asesino que siempre temió. ―¿Está tratando de sobornarme, señor? ―George se endereza―. Puede que sólo sea el séptimo oficial a bordo de este barco, pero confíe en que soy honesto. ―¡De ninguna manera! Sólo quería arreglar las cosas. ―Esto nunca se podrá arreglar, señor ―dice George―. Es por eso que estamos lanzando este perro vicioso por la popa a estribor.


―¡No! ―grito. George me mira fijamente, desconcertado por mi reacción. A pocos metros de distancia por el pasillo, veo que Myriam esta igualmente confusa―. No puede. Usted simplemente no puede. El señor Marlowe dice: ―¿Por qué no tratamos esto con el capitán? ―Él se coloca de pie, se ajusta el traje hasta que se parece más al hombre rico y poderoso que es―. El perro es mío y quiero conservarlo. Tal vez George lo reconoce entonces, pero no se echa para atrás. ―¡Dios mío! ¿Le importa más lo que va a ser de su perro, que el hombre que murió aquí esta noche? Si tiran al ―perro‖ por la borda, dos hombres morirá esta noche. El horror de la muerte que atestigüe, no se lleva el hecho de que Alec tiene que ser salvado. ―Lo lamento de verdad. ―La voz del señor. Marlowe se rompe sobre las palabras, y siento de corazón haber causado este daño. Es un buen hombre, alguien que nunca lucharía con George en este caso sí las apuestas no fueran algo menos que la vida de su hijo―. Pero… insisto en hablar con una autoridad superior antes de hacer algo precipitado. ―¡Imprudente! ―George mira furioso, como bien él podría―. No despertaré al capitán Smith, nos arrojaría por la borda. Pero hay otras autoridades a bordo de este barco. Y les dejaremos decidir qué hacer con el animal. Miro de nuevo al lobo rojo, profundamente dormido narcotizado en el suelo. Se podría ahogar antes de que despierte.


Traducido por Vericity Corregido por Emii_Gregori

TAN AL LOBO ROJO COMO SI FUERA UN CERDO PARA MASACRAR y lo lanzan en una caja de madera. —No lo tocarás —declara el Sr. Marlowe—. No si quieres mantener tu trabajo en ese barco por la mañana. El temperamento de George no es mejor. —Sigo las reglas a bordo de este barco, a diferencia de alguien. Cuando oigo los órdenes de Sr. Andrews, las obedezco. Si él quiere regresarte tu maldito perro, puede hacerlo. Pero si es sensato y quiere ahogarlo antes de que haga otros daños, entonces así es como se hará, y todo tu dinero e influencia no lo cambiarán. Me estremezco mientras los camareros levantan bruscamente la caja y se la llevan —no sé a dónde. Aunque quisiera seguirlo, para proteger a Alec, sé que es imposible. Temblando por el frío y por las consecuencias del shock, sólo puedo levantar una mano en una protesta inútil cuando transportan la caja a través de un pasillo y la puerta se cierra de golpe detrás de ellos. El Sr. Marlowe se quita su chaqueta y la pone sobre mis hombros. Sólo entonces me doy cuenta de que aún estoy en mi camisón, con mis rizos colgando sueltos sobre mis hombros. —Hiciste lo que pudiste —murmura. Me giro hacia él y veo, por primera vez, que hay una oscura sombra roja a través de su ojo, la cual está comenzando a hincharse. —¿Mickhail? —susurro. Él asiente una vez. Mickhail avasalló al Sr. Marlowe en la puerta de la pista de squash y liberó a Alec, esperando que matara a alguien. Alec me había advertido que el silencio de Mickhail significaba que tenía un nuevo plan, pero no sospeché esto.


—Entonces vengan —dice rígidamente George. Él lleva su propia herida sin estremecerse, aunque utiliza su brazo herido para abrir la puerta. Cuando sigo al Sr. Marlowe, me mira fijamente—. Tess… quiero decir, Señorita Davies, ¿qué tiene todo esto que ver contigo? ¿No deberías volver a tu cabina? Esta ha sido una noche infernal. Me detengo en seco, insegura sobre qué decir. El Sr. Marlowe me ayuda. —Ella ha estado considerando trabajar para nuestra familia. Estoy contento de ver tal iniciativa en la preocupación de nuestros intereses, Señorita Davies. Por favor, acompáñanos. Era una mentira buena como cualquiera. George frunce un poco el ceño, pero no hace ninguna otra objeción. Echo un vistazo al Sr. Marlowe, quien me da una cabezada. Realmente debería volver a mi cabina, pero no hay ninguna posibilidad de que duerma ahora. Cuando vuelva, lo primero que tendré que afrontar será el interrogatorio de Myriam, quien seguramente es consciente de que está pasando algo. Lidiar con el capitán, el primer oficial o cualquier ―Sr. Andrews‖ parece fácil en comparación. Además… debo saber cuánto antes qué sucederá con Alec. Si el Sr. Marlowe puede hablar o sobornar su salida de esto, podemos tomar la caja, dejarlo despertarse por una vez en una verdadera cama y mirar hacia el futuro. Si la fortuna y la influencia del Sr. Marlowe lo fallan, Alec será ahogado mientras duerme o revelado al mundo entero como monstruo. Caminamos en la cubierta de la primera clase en un lugar que no reconozco. Es la rareza de esa noche la que me juega trucos, ¿o el aire es más cálido que antes? El resto de nuestro viaje ha sido agradable y templado, pero de repente el aire quema. Quizás sólo es el miedo que me hace imaginar que sentiría el pobre Alec si lo lanzaran fuera del barco, en el frio glacial del mar del norte Atlántico, a la muerte. Nuestros pasos parecen ruidosos en el silencio de la noche. En el océano oscuro e infinito frente a nosotros, vislumbro un pedacito de hielo, nada más. Me doy cuenta de que el Sr. Marlowe no está bien. Su paso es inestable, su mirada es fija y desenfocada. Tomo su brazo. —¿Se encuentra bien, señor? —Le he fallado. —El Sr. Marlowe cierra sus ojos por un rato, como si intentara bloquear la horrible verdad, y debo guiarlo por el camino. No estoy segura si los golpes de Mickhail que ahora ennegrecen su ojo lo han aturdido, o si simplemente está entumecido con el choque. La situación es ya bastante horrible por sí sola, y él puede haberse lastimado. Deberíamos llamar a un médico, pero no ahora. Deberíamos


afrontar la gravedad de lo que pasó esta noche, pero no ahora. Ahora debemos pelear por la vida de Alec. —¿Adónde vamos? —le pregunto a George—. ¿Cuál oficial es el Sr. Andrews? George me mira, de un modo torpe. Somos amigos, y ahora ya estamos en lados diferentes. Lo peor de esto es que no puedo culparlo por lo que hace; sabiendo solo lo que él sabe, no puede hacer otra cosa que proteger a los pasajeros—. El Sr. Andrews no es un oficial en absoluto. —¿Quieres decir que es sólo un pasajero? —¡Sólo un pasajero! Difícilmente. El Sr. Andrews es uno de los mayores diseñadores de la Línea Estrella Blanca. Él ha diseñado el barco sobre el que estamos. —Esto es impresionante —digo—. Pero, ¿por qué de toda la gente estamos hablando de un diseñador de barcos? —Primero, él es el segundo mayor representante de la Línea Estrella Blanca a bordo del Titanic. El mayor representante es el mismo J. Bruce Ismay, y si piensas que voy a despertar al Sr. Ismay después de medianoche, estás loca. —George toca su brazo rasguñado… que todavía lo molesta. Después, tal vez podríamos ir al médico junto—. Además, El Sr. Andrews es la persona a la que todos pedimos ayuda. Resuelve los problemas del equipo, se ocupa de las situaciones más difíciles. Puedes confiar en su juicio. Espero que sea verdad. George llama a la puerta del Sr. Andrews; afortunadamente, aún está despierto. Cuando entramos, él lleva un traje de noche de brocado sobre el pijama, pero nos recibe tan correctamente como si fuera una merienda. —Por favor, tomen asiento. — Andrews tiene un ligero acento irlandés y una cara larga y amistosa. Cuando me sonríe, me doy cuenta de que, a pesar de todo, estoy sonriéndole de regreso—. Supongo, Sr. Greene, que está aquí por un informe. Ahora, ¿qué sucede? —El Sr. Marlowe ha traído a bordo un perro peligroso, que esta noche se liberó y mató a un camarero. Ha mordido a otras dos personas, incluyéndome a mí —dice George. Esta es mentira… George fue arañado, no mordido, aunque puedo ver cómo podría estar confundido por el choque de la lucha. Alec no mordió a nadie más. Pero todo esto palidece al lado del hecho que un hombre está muerto—. Debería haber sido detenido. Ahora no puedo mantenerlo a bordo del barco. En mi opinión, creo que debería ser arrojado al mar.


—Es de mi propiedad —dice el Sr. Marlowe—, Es mi responsabilidad. Me he ofrecido a pagar todos los daños. El perro es mío, y lo quiero de vuelta sano y salvo. Ésta noche. Los ojos del Sr .Andrews parpadean hacia mí, y sé que se está preguntando lo que todo esto tiene que ver conmigo. No puedo responder, pero digo: —No debemos matarlo. No si hay otras soluciones. ¿Verdad, señor? —Es una bestia mortal y por lo tanto tiene que ser sacrificada. Sin embargo a pesar de su prudencia, Sr. Greene, no podemos tirarlo por la borda —dijo el Sr Andrews—. El perro tiene que pasar una prueba de rabia. —¿Rabia? —George palidece. Es el peor resultado posible de una mordedura de perro… aunque él puede sospechar un poco como sería peor si Alec lo hubiera mordido de verdad. —Estoy seguro de que el perro no es rabioso —dice el Sr. Marlowe. El Sr. Andrews dice lacónicamente: —Primero debemos pensar en los hombres heridos. Y sabes que el perro puede quedar destruido si pasa por la prueba de rabia. Lo siento, pero esto es todo lo que podemos hacer. Pienso velozmente. El Titanic podría contener todo el lujo conocido por los hombres, desde el baño de vapor hasta la pista de squash, pero apostaría todo lo que tengo que no hay un veterinario. —No podemos hacer la prueba hasta que alcancemos Nueva York, ¿verdad, señor? —No, no podemos. —El Sr. Andrews mira hacia nosotros amigablemente, entendiendo que, aunque pueda ser desafortunado, estamos juntos en esto—. ¿Te gustaría mantener tú el perro hasta que lleguemos al puerto? —Mucho, gracias. —El Sr. Marlowe respira con más facilidad, y sé el por qué. Cuando alcancemos Nueva York, tomará un perro callejero y le hará la prueba de rabia—. Después de que el perro haya hecho la prueba en Nueva York, daré el informe a la Línea Estrella Blanca, y en particular a los hombres heridos. —Eso parece razonable —dice el Sr. Andrew—. Sr. Greene, ¿estás de acuerdo? —Razonable, pero quizás no suficiente. —George sacude su cabeza mientras mira su mano rasgada. —Creo que te ha rasguñado —aventuro—, no mordido.


—Podrías tener razón y me alegro, pero no es de gran consuelo. —Ahora que ha pasado el miedo, también lo ha hecho su cólera, pero no su decisión—. Si tu perro ya ha estallado, puede estallar de nuevo. ¿Qué si habría mordido a otro? No habría podido tenerlo sobre mi conciencia, señor. El Sr. Andrews dobla ligeramente la cabeza, pensando en esto. El argumento es en contra de nosotros, y el Sr. Marlowe y yo nos miramos alarmados. Justo ahora, alguien golpea la puerta. Espero que sea otro pequeño problema del barco que ha de ser solucionado por el Sr. Andrews. Nunca me habría esperado a Mickhail, quien entra en la habitación. Aunque logro sofocar un jadeo, el Sr. Marlowe parece pálido. Agarro su mano. El Sr. Andrews no se da cuenta; está demasiado ocupado tratando con el nuevo invitado. —Pido su perdón, señor, pero no creo que tenga el honor de conocerle. —Conde Mickhail Kalashnikov, a su servicio. —Mickhail saca su tarjeta—. Aunque no hayamos sido presentados, unas simples preguntas confirmaran que soy el representante de una grande organización. Una organización que es la principal accionista de la Línea Estrella Blanca. Dios mío. Alec me había dicho que la Hermandad tenia poder, dinero e influencia, pero no lo noté hasta ahora —ellos son los coproprietarios del barco. —He oído de estos desagradables hechos —dice Mickhail con voz sedosa. Sus ojos oscuros destellan hacia mí y recuerdo que estoy llevando nada más que un camisón y la chaqueta del Sr. Marlowe—. Es mejor si tomo el comando. Mi organización está preparada para indemnizar los heridos. Un médico será asignado para tranquilizar el animal salvaje hasta que lleguemos al porto. —¿Tomas el comando? —A George no le gusta cómo suena eso—. Nunca he oído antes sobre ti. Mickhail hace su delgada sonrisa. Sus dientes son demasiados grandes para su boca, demasiado blancos en medio de la negrura de su barba. —Entonces tal vez deberíamos despertar al capitán Smith. Se lo aseguro… ha oído de mi posición en la organización de la Línea Estrella Blanca. Confirmará mis órdenes. —No me cabe duda de esto —refunfuña el Sr. Andrews—. El mal manejo ha molestado este proyecto desde el comienzo. —¿Debo informar de sus preocupaciones al Sr. Ismay y al resto de los líderes de la Línea Estrella Blanca? —dice Mickhail—. Si ellos se enteran de que a uno de los


diseñadores le gusta difamarlos durante el cruce del transatlántico, tal vez reconsideraran a quien emplear en el futuro. Esto no asusta al Sr. Andrews ni una pizca. Con espíritu, dice: —Si piensa que no puedo obtener un empleo como diseñador después de construir algunos de los mejores y elegantes barcos alguna vez hechos, estas equivocado, Mr. Kalashnikov. Y si piensa que soy el único empleado de Estrella Blanca que alguna vez se quejó, ¡este debe ser su primer día a bordo de un barco! Mickhail lo mira fijamente, claramente desacostumbrado a tener alguien que se enfrente a él. Me gusta el Sr. Andrews como nunca me ha gustado alguien después de cinco minutos de conocido. El Sr. Andrews continúa, de nuevo tranquilo: —Antes de tu llegada, habíamos llegado a un acuerdo, o sea que el perro debe pasar una prueba de rabia, que solo puede ser hecha cuando lleguemos. Entonces, permanece a bordo por todo el resto del viaje. Si un médico puede hacerle permanecer tranquilo y tengo la palabra de honor del Señor Marlowe de que así será, entonces el perro puede permanecer vivo para el resto del viaje. De hecho, puede ser mejor para el objetivo de la prueba. —Así se hará —dice velozmente George. Aunque sé que tiene dudas, no quiere realmente matar el perro de alguien, incluso si hizo algo terrible. Myriam encontró a un hombre amable. —Totalmente aceptable. —El Sr. Marlowe se levanta. Sus movimientos son rígidos; su ojo se está volviendo morado. Mickhail debe haberle pegado fuerte—. Gracias, Sr. Andrews. Trató con ésta situación noblemente. —Esto viene con el diseño de un barco, señor. Tomas responsabilidades para todas las operaciones… también para aquellas inesperadas. —Un destello de humor brilla en la cara del Sr. Andrews cuando sacude su cabeza, pero entonces frunce el ceño—. Qué magulladura ha tomado aquí. ¿En medio de la lucha con el perro? —Si —dice el Sr. Marlowe apresuradamente—. Así fue. —Puedo sentir la sonrisa satisfecha de Mickhail. El Sr. Andrews continúa: —Ahora, si me perdonan, me gustaría dormir un poco esta noche, si es posible. —Seguro, señor. Gracias. Es bueno saber que le tenemos de vuelta. —George se apresura a salir con un asentimiento en mi dirección. Mickhail no parece muy complacido, pero su atención no está en el Sr. Andrews, sino en el Sr. Marlowe. Tomo de nuevo su brazo, insegura si porque quiero protegerlo


o porque quiero que él me proteja a mí. De todos modos, nos vamos juntos a la cubierta. George vacila antes de dejarnos. —Buen Dios. Tess, tengo algo para ti. — Cuidadoso de su herida, mete la mano en su bolsillo y me da un pedazo de papel arrugado. Deja una hulla ensangrentada en un Angulo—. Un Marconigrama. Es ilegal para alguien de la tercera clase conseguirlos. Lo olvidé en medio de esta locura. —¿Para mí? —No conozco a nadie lo bastante rico para enviarme un Marconigrama, seguramente no de alguien que está a bordo del barco. Debe ser un error pero no tengo ganas de resolverlo ahora. En cambio, hice una bala con el papel y asiento hacia George, quien se va cansado, sin duda, dirigiéndose al médico del barco. Tan pronto como estamos solos, digo: —¿Cómo puedes hacer tal cosa? ¿Herir al Sr. Marlowe y dejar afuera Alec sin cuidar de las consecuencias? —¿Cómo no podría? —Mickhail saca uno de sus cigarrillos y sonríe, tan relajado como si estuviera disfrutando del brandy con los otros millonarios en el comedor—. Sigues sin entender los riesgos de tu situación. Mientras Alec no entre a la Hermandad, cambiará todas las noches. Mientras cambie todas las noches, será un peligro para sí mismo y para los otros. —Sólo porque tú lo liberaste —replica el Sr. Marlowe—. Habíamos tomado precauciones, demonios. —¿Habían tomado precauciones la noche de la muerte de Gabrielle Dumont? — pregunta Mickhail. Empiezo a enojarme. —Alec no mató a Gabrielle. Fuiste tú. Lo dejaste libre para hacerle creer que la mató. Me arrojaste delante de él tratando de que me matara. Mickhail toma su cigarrillo entre sus dedos mirándome de reojo como si cada palabra que dije le agradara. —Y esta noche mató un hombre, ¿no? Silencio. Ninguno de los dos pudimos contestar. Alec habría preferido morir antes que hacer esto. —Siempre es como dicen en Ingles: ―The third time is the charm‖. —Mickhail se acerca al padre de Alec. Como si yo no existiera—. Si tu hijo viene con nosotros, ganará control sobre su naturaleza. Sobre su destino. Ganará a aliados en todo el mundo que nunca lo abandonarán. ¡Y por un precio tan pequeño! Todo lo que Alec deberá ofrecernos es la misma lealtad que nosotros le ofreceremos en cambio. Con un porcentaje de las ganancias de Acero Marlowe y la disponibilidad de su considerable influencia. ¿Pero es demasiado para la seguridad y la felicidad de su hijo? Piense en


nuestra oferta, Sr. Marlowe. Hable con su hijo Hágale entrar en razón antes de que sea demasiado tarde. Y con esto, Mickhail se aleja en la noche. El Sr. Marlowe camina en silencio conmigo dentro del barco. Tan pronto como estamos solos, digo: —No debes escuchar a Mickhail. Sabes que después ellos poseerían a Alec para siempre. —No es mi decisión. —Su voz es hueca—. El mismo Alec debe tomar una decisión. —Pero él te escucha… te quiere mucho. No le dejes tomar un mal camino. — Quiero decirle al Sr. Marlowe sobre la Hoja de Iniciación, pero si habla con Mickhail, si intenta negociar con él a nuestras espaldas, nuestra pequeña ventaja estaría perdida—. Por favor, señor. Está herido. Está nervioso. Todos lo estarían. Ahora vaya a dormir y piense en esto mañana. —Dormiré después que hayan traído a Alec a mi cabina. —Se sacude de su estupor lo bastante para darme una palmadita sobre mi muñeca—. Gracias, Señorita Davies. Por todo. Pero ahora es mejor que descanse un poco. —Señor… —Pero se está alejando de mí. No puedo influenciarlo más. Me apresuro hacia mi cabina. La eficiencia del personal del Titanic no puede ser negada; la sangre ya fue fregada del piso del pasillo, y las paredes han vuelto a ser blancas. El pobre camarero está —¿Dónde? ¿En la bodega? ¿Sepultado en el mar? Mañana a primera hora, la mitad de la gente que vio esa locura pensará que ha tenido un mal sueño. Myriam está en la otra mitad. Tan pronto como abro la puerta, esperando entrar de puntillas, ella se lanza hacia delante y agarra mis manos. —Tenemos que hablar — susurra arrastrándome hacia el baño de mujeres—. Ahora. Es tan tarde que Myriam y yo estamos solas. —Dime lo que está pasando — dice, cruzando sus brazos. El dobladillo de su camisa de dormir es demasiado corto para su escultural cuerpo, y revela una buena porción de pierna—. Y cómo tiene que ver contigo. Ninguna mentira. Cuéntame. Sé que debería mentir, pero estoy demasiado cansada para pensar. Así que le dije todo —toda la verdad, sobre Alec, la Hermandad, Mickhail, Gabrielle, los hombres lobo, todo. El peligro es que ahora ella creerá que estoy loca. Cuando termino, Myriam parpadea una vez y entonces dice: —Te creo.


—¿Qué? —Ella no parece muy sorprendida—. ¿Tiene leyendas sobre hombres lobo en Lebanon, o algo así? ¿Los conoces? —Hay historias, pero creía que eran ridículas hasta ahora —chasquea—. No eres lo bastante imaginativa para inventar esos detalles. Quiero discutir sobre mi imaginación, pero si me cree es mejor dejar las cosas como están. —Pues, es la verdad. Myriam, ¿qué vamos a hacer? ¿Cómo puede Alec salir de esto? Ella levanta una mano. —Alec es un buen chico, y sé que te preocupas por él. Pero ésta es su carga. No tuya, a menos que la tomes sobre ti. Tess, aléjate de esta locura. A lo mejor resultarás herida cuando te deje —y sabes que lo hará, ¿cierto? Sobre todo ahora que ese hombre fue matado. En el peor de los casos, serás la próxima víctima. No hay nada más que puedas hacer con él. —No puedo. Sé que tienes razón, Myriam, pero… no puedo. —Eres una tonta —dice, casi con ternura. —Ni me digas. —Intento poner fuerza en mis palabras, porque es importante—-. Es peligroso para ti saber esas cosas. —Sólo si se lo dijera a alguien. Pero no quiero que mi primera parada en América sea el asilo más cercano. Exhausta y agitada, quiero limpiar mis ojos con mi pañuelo, pero no es esto que está arrugado en mi mano, ¿cierto? Es el Marconigrama, lo que no puede ser para mí. Mientras Myriam me mira, igualmente de perpleja, despliego el papel y veo mi nombre. ¿Puede haber otra Tess Davies a bordo? Pero a medida que sigo leyendo, me doy cuenta de que esto es realmente para mí. Una hoja de terror puro empuja su camino en mi pecho. Tess, fui cortado en la calle. Los hombres me tomaron y cortaron mi mano en forma de "y". Sangraba demasiado, pero la he vendado. Luego me dieron dinero y me dijeron que era para el alambre. Me dijeron que no podía decir una sola palabra de ello o si no que me iban a encontrar de nuevo y me cortarán aún más la mano. ¿Qué significa, Tess? Empiezo a tener miedo. Me preocupo por ti y debes alejarte de lo que sea en lo que estés involucrada. Escríbeme cuando te llegue esta carta. Te quiero. Daisy. La forma Y debe ser la que reconocí durante la Iniciación. Es el símbolo de la Hermandad.


Traducido por Strella Corregido por Emii_Gregori

14 de abril de 1912

llos habían encontrado a mi hermana y podían matarla con solo una palabra de Mickhail. Trato de pensar en eso, pero sólo me lleva a otra imagen horrible: el mayordomo muerto de ayer por la noche, tendido en un charco de su propia sangre. Alec debería estar sufriendo en este momento, sé que su padre podría haberle contado la verdad. —Aw —se queja Irene cuando el cepillo choca con un nudo—. Lo siento. —No tendrás que pedir perdón cuando jale tu cabello. —Trato de traer mi mente de nuevo a lo que estoy haciendo. No hay nada que pueda hacer por Daisy ahora, ni por Alec, y no voy a tener tiempo libre para verlo o preguntarle cómo podemos ayudar a Daisy si sigo soñando despierta mientras trabajo. La ―misteriosa enfermedad‖ de Irene desapareció ayer por la noche después de una larga charla entre ella y su madre, yo no estaba aquí, pero Ned y Horne me susurraron la noticia a mí. Según Horne, Irene es una chica desagradecida que no entiende las oportunidades que Lady Regina le ofrece. Y Ned dice que Lady Regina es tan cruel con Irene que todo lo que puede hacer es obedecer a la vieja vaca. Sé cuál es la versión en la que creo. Irene no debe ser capaz de soportarla más, porque hasta la madrugada de hoy luchaba para lucir bien. Pero se ve tan pálida y débil, como si realmente estuviera enferma. Sus ojos ni siquiera se centran en su reflejo en el espejo. Aventuro: —¿Estás segura de que estás bien, señorita? —No. —Pone la cabeza en una mano, y me doy cuenta de que está a punto de llorar.


—Ay, Señorita Irene. No se ponga triste. —Me siento a su lado en el banquillo y paso un brazo alrededor de ella. Normalmente se incorpora con bastante rapidez, pero ésta vez ella descansa su cabeza en mi hombro, y puedo sentir las lágrimas calientes a través de la manga de mi uniforme. —Tengo que casarme —dice, como si se tratara de una sentencia de muerte—. Mi madre quiere casarme antes de que termine el año. Tan pronto como podamos lograrlo. —Estoy seguro de que lo encontrarás. No es la peor cosa en el mundo. Podrías encontrarte a alguien que te guste. —He deseado para ella algún hijo de una familia rica que le gustará su manera dulce de ser, sin pretensiones. Podría estar en Nueva York o Boston. —A mi madre no le importa si me gusta o no. Tiempo de ser sincera, supongo. —¿Es que se trata de dinero, Señorita Irene? No quiero ser impertinente, pero la planta baja opina que hay problema con las finanzas de la familia. —¿El dinero? —Irene me mira, y para mi asombro, comienza a reír—. ¿Crees que quiero casarme por dinero? Eso es exactamente lo que pensaba. No me puedo imaginar qué otra cosa sería. Mientras la miro consternada, Irene dice: —Mira, Tess, hay cosas peor que éstas. Estoy en ruinas. Estaba un poco más sorprendida que cuando vi a Mickhail transformarse en un hombre lobo. ―Ruina‖ es un eufemismo cortés, lo que significa que el joven en cuestión —en este caso Irene— ha perdido su virginidad antes de casarse. ¿Cómo puede ser eso posible? Ella ha estado aquí todo el tiempo, apenas la dejaban salir de la casa, excepto a la ―sociedad‖, donde las normas son generalmente obedecidas. Algunas jóvenes encuentran formas de evitarlas, me imagino, ¿pero Irene? Ella es tan modesta, tan improbable como un animal salvaje. ¿Y Lady Regina sabe? La pregunta es retórica, al principio, pero luego pienso en ello. —Señorita Irene, por favor dígame, nadie le hirió, ¿verdad? —No. No fui maltratada. —Por malos tratos, quise decir violada: Gracias a Dios no pasó. Los mechones de cabello castaño claro se ciernen sobre la mitad de su rostro y la otra parte ya está arreglada. Es como si estuviera dividida en dos, la imagen de la chica adecuada de un lado y la mujer de verdad en su interior del otro—. Lo amo. Tomé el riesgo. Y ahora tengo que pagar el precio.


Oh, no. —No tienes un niño, ¿verdad? —Pero eso no podía ser correcto. Mi trabajo incluye enjuagar todas las ropas de ella, sé el horario de sus cursos, como si fueran los míos. Eso ha sido así los últimos 4 meses. Ella levanta su rostro, y su sonrisa es triste. —No más. De repente los últimos meses, tienen sentido. Me ascendieron a doméstica de ella de forma inesperada, y de repente, Irene decidió ir a Escocia. En la planta baja todos hablamos sobre lo extraño que fue para ella dejarnos casi sin previo aviso, y lo extraño que a Los Lisles les trajo más poder. Ahora lo entiendo. La doméstica debería haber sabido que Irene estaba embarazada, habría notado los ciclos perdidos y tal vez hayan visto en ello el aborto involuntario. Los Lisles hubieran querido que se fuera para que el rumor sólo se extendiera dentro de la casa, pero tendrían que tomar el suficiente cuidado con ella para asegurar su silencio. —Mi madre no sabe quién es el padre —dice Irene—. Le dolía profundamente que no le diga. Sé que debe odiarlo, y no podría negar que a veces se comporta de manera abominable, pero la debes entender, Tess. Mi madre se casó en la nobleza. Para ella todo fue sencillo, no sufrió lo que sus amigos sufrieron para llegar a donde estaban con su título. Layton ha sido una gran decepción para ella, y lo que hice… no hay una madre en Inglaterra, que no se enojara conmigo, después de que llegué con el niño de un hombre que me niego a nombrar. —Irene toma una respiración profunda y temblorosa—. Creo que ella tiene en su cabeza que es un joven rico que conocí en un cotillón, alguien que pudiera chantajear para que se casara conmigo si yo fuera más ―práctica‖. Quiere casarme con rapidez, y tengo que hacerle caso, a pesar de que ame a alguien más. No es un joven rico. Es alguien que podría pasar tiempo con ella. Alguien a quien amara. Alguien que probablemente la amase. Antes de que lo pensara mejor, se me escapa: —Es Ned, ¿no? Irene tembló, y no puedo decir si ella estaba más sorprendida o aliviada de que finalmente alguien lo supiera. —¿Te lo dijo? —¡Nunca hablamos sobre un bebé! Ni una sola palabra, señorita. Pero, bueno, él siempre ha sido dulce contigo. —Y siempre he sido dulce con él. —La sonrisa de Irene es nostálgica—. Su padre estaba en nuestro servicio, ya sabes. Recuerdo jugar con Ned cuando era niño, antes de que mi madre me llamara y me regañara por asociarme con mis inferiores. Incluso entonces sabía que nunca sería nada más para mí.


Ned e Irene. Nunca ha habido nadie más que él, o bien, ahora estoy segura. Un centenar de incidentes separados se unen en mi mente para formar un delicado patrón de copos de nieve… dos de ellos siempre en busca de maneras de estar en la compañía del otro. Y la otra noche, en la cubierta, él dijo que nunca tomaría una esposa porque no había posibilidad de casarse con nadie, además de la única persona en todo el mundo a la que quería más. Estaba pensando en Irene, una chica que no puede tener. Sé que él la ama, pero mi Señor, ¿en qué momento se hizo tanto daño? —No tendrías que haberte puesto en esa posición, señorita. Ned es un hombre bueno, pero descuidado. Por dejar que esto te suceda a ti. —¡Oh, no lo culpo! Fue una vez, sólo una vez, y los dos estábamos tan llevados. —Hay color en sus mejillas, la verdadera felicidad, aunque sólo sea en la memoria—. El otoño pasado, un día, estaba preparándome para ir la fiesta de té de Penélope Chambers, pero enfermó en medio de la tarde y tuvimos que ir a casa. Papá estaba con el conductor y nadie más estaba disponible para buscarme, por lo que Ned vino. Y luego hubo tormenta que… oh, Tess, ¿te acuerdas de aquella lluvia? Era como si el cielo se hubiera dividido. No recuerdo nada al respecto. No hay duda de que pasé ese día fregando pisos y ni siquiera tuve la oportunidad de ver una ventana que me avisara que estaba lloviendo. Irene mira hacia arriba al cielo durante mucho tiempo, como si le diera la bienvenida a la tormenta. —Tuvimos que resguardarnos en el más cercano refugio: el granero y esperar. Era como si estuviéramos solos en el mundo. No habíamos estado nunca solos, no desde que éramos niños, y los dos sabíamos que probablemente nunca lo haríamos de nuevo. La verdad se derramó, y cuando supe que me amaba demasiado, cuando las dos sabíamos que era nuestra oportunidad, lo que menos me importaba era quedar arruinada. No me importa que mi madre me odie. Nunca lo pensé. Nunca cambiaría. —Ella se veía hermosa, ahora más bella de lo que la he visto alguna vez. El amor la ilumina desde el interior—. Creo que fui más feliz en esas horas con Ned de lo que una persona podría serlo en toda su vida. Asiento. —Entonces me alegro por usted, señorita. Sólo lamento que Lady Regina tuviera que averiguarlo. —Ned no sabe nada del bebé —dice—. No le dije, y no creo que sea necesario. Le dolería terriblemente. No había nada que Ned podría haber hecho, antes de que lo pierda o desde entonces.


Eso es cierto, por supuesto. Si los Lisles se enteran alguna vez que Ned iba a ser el padre del bebé de Irene, con suerte sería despedido y juzgado como un violador, y la voluntad de Irene no contaría de nada en un tribunal, ya que ella era dulce y de alta sociedad y él no era más que un siervo. A Irene nunca se le permitiría casarse con él. Ni siquiera podían correr juntos, Ned quedaría desempleado después del escándalo, e Irene probablemente demasiado delicada para el trabajo, incluso si supiera hacer algo. Todavía estoy enojada con Ned por ponerla en peligro de ese modo. Ahora, sin embargo, sé lo que significa poner la atención en alguien tan profundamente. Querer robar un día de esa persona, o aunque sea una hora, sin importar el costo. Y fue probablemente la primera vez de Ned con una chica. La vida en el servicio no permite mucho romance. Los dos eran probablemente completos ignorantes sobre cómo evitar un bebé. Yo lo era demasiado, antes de que Daisy se metiera en problemas, después de eso tuve que aprender muchas cosas. Irene dice: —Me pregunto, a veces, lo que habría hecho si no hubiera perdido el niño. Estaba empezando a creer que podría tener uno en ese entonces. —Se pone una mano sobre su vientre plano—. Hubiera dado a luz en junio. No me puedo imaginar lo que Los Lisles habría hecho con ella. Sobornado a alguien para casarse con ella inmediatamente, supongo, luego, el nuevo hijo habría sido acogido como ―un hijo‖. —No quiero ser descortés, señorita, pero no sé bien lo que hubiera pasado contigo o con el bebé. —Lo sé. Sin embargo, a veces me imagino un niño pequeño con el cabello rojo. —Ella se endereza y toma una respiración profunda—. Mamá me hizo jurar que nunca le hablaría una palabra a otra alma. Pero no puedo decir que me ha ayudado. Gracias, Tess. Eres alguien en quien puedo confiar. —Nunca voy a decir una sola palabra de esto. Ni siquiera a Ned. Ella asiente. —Será difícil para él, estos próximos meses. Cuando llegue el momento, y tengo que casarme lo ayudaras, ¿no? Creo que será aún más difícil de soportarlo para él que para mí. No voy a estar al servicio de los Lisles. En un tiempo. Ned realmente necesita estar sólo. Mientras Irene me ha contado su secreto más profundo, me parece que debe ser capaz de escuchar uno de los míos. Pero justo cuando empiezo a confesar mis planes para salir, escuchamos las voces de los hombres en la sala de estar: Layton y Mickhail.


—Oh, Dios. —Irene se ve afectada—. No podrían habernos escuchado, ¿no? No sé si mi madre o mi padre le han dicho algo a Layton. —Creo que recién entraron. —Me levanto del banco y enderezo a Irene frente al espejo—. Estás bien, señorita. Te ayudaré a prepararte. Nos quedamos en silencio mientras probamos un vestido. Aunque estoy casi completamente segura de que Layton no escucho esto ni por casualidad, ¿pero qué pasa con Mickhail? Él tiene los sentidos de un lobo, y el deseo de un lobo de arrancar la yugular de cualquiera que se interponga en su camino. Si por casualidad, él tiene un secreto para usar contra Irene, ¿qué podría hacer él? Es por temor a ella, en vez de por mí, que escucho su conversación a una puerta de distancia. Mickhail: —Tú eres un bebedor crónico, mi amigo. Lo sé. Siempre dejas para mañana lo que podría estar disfrutando hoy. Layton: —¿Cómo beber coñac toda la noche? ¿O ganar una primera mano en las cartas? Perdí el último, por supuesto, pero si me preguntas, fueron trucos del coronel Gracie. Mickhail: —Parece que eres un hombre de negocios. Lo digo por el establecimiento de tu familia en la riqueza y la seguridad que usted merece. ¿Por qué no vas a hacer algún negocio conmigo? Oh, no. La espada de Iniciación, pensamos que teníamos tiempo hasta que el buque llegara a Nueva York. Pero Mickhail lo quiere inmediatamente. Layton: —Te lo dije, mi padre fue más explícito en sus instrucciones. Tenemos que evaluar todo antes de la venta. Todo lo que ya ha derramado Layton a Mickhail sobre las finanzas de la familia… o casi todo, porque si no se dañaría su orgullo… es lo suficiente para que un manipulador como Mickhail conozca la verdad. En este punto, tendrá suerte si en realidad Mickhail le paga por la espada en lugar de chantajear a Dios por ello. Mickhail: —Y te lo digo ahora, el precio que te estoy ofreciendo es más que generoso. La evaluación es algo menor. Estos nuevos joyeros del mundo, ¿qué saben ellos de buena calidad? He trabajado con Fabergé, sin duda te puedo dar una mejor suma que del valor real de la daga que alguien te pudiera ofrecer en alguna tienda. ¿Por qué no dejar que la mire, por lo menos? Layton: —Supongo que podrías mirarla.


Ellos van a la caja fuerte. Le pedirรกn a Irene la clave, y abrirรกn la caja. Y notarรกn que la Espada de Iniciaciรณn ha desaparecido. Estoy a punto de quedar atrapada.


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RENE?— LAYTON SUSURRÓ, paseando por su habitación sin

llamar, y ella tiró su bata con fuerza a su alrededor. Aunque él me eche un vistazo brevemente, no puede mirarme a los ojos. Avergonzado de sí mismo, ¿lo está? Él debería estarlo. —Dame la llave, ¿podrías? La caja grande de la caja fuerte. —Pude escuchar lo que usted y el ruso estaban hablando. Quiere vender las cosas del tío Humphrey antes de que lleguemos al puerto. ¿Por qué? Para poder jugarse el dinero en el billar? —Eso, Irene, está fuera de lugar. —No, usted lo está.— Tal vez su confesión le había dado fuerzas, o tal vez era la memoria del breve tiempo que tuvo con Ned. Irene estaba mostrando verdadero espíritu esta mañana. —¿Qué diría Madre, si ella supiera que no están siguiendo las instrucciones de Padre? —Madre diría que debes escuchar a su hijo y heredero!— La cara pálida de Layton se veía aún peor cuando él enrojecía, la rosada carne de pescado de su nariz y mejillas hacían que su piel luciera a un pastier por el contraste. No puedo reírme de él, sobretodo, no con Mikhail a una habitación lejos, obviamente, rondando cerca. — Entrégala, Irene. —¿Y qué si no lo hago?— Ella se cruzó de brazos. Entonces, como si tuviera una idea de último momento, ella dice, —Tess, ¿por qué no ve usted si la lavandería del barco aún no ha hecho mi cuello de encaje? Frunzo el ceño, listo para llevarle la contraria. Sus encajes son mi responsabilidad y de nadie más. Pero sus ojos chasquean hacia Mikhail, y me doy cuenta de que ella está recogiendo un interés malsano en mí, incluso si ella no pudiera


haber adivinado el por qué. Con el fin de protegerme, ella me envía a la vez una seña de que Mikhail no la seguirá. —Voy a ir a ver señorita Irene.— Yo le doy en el hombro un apretón agradecido y apresurándola a salir. Los ojos negros de Mikhail me siguen a través de la sala de estar de Lisles cuando voy, pero él no dice nada, y logro no mirarlo directamente en la cara. Tan pronto cuando estoy fuera de la puerta, me pongo a correr por el pasillo. Uno de los camareros del barco de la noche anterior me mira, debo estar ganando infamia entre el personal para estar en el meollo de los problemas. Deje que sus chismes cayeran sobre mí, siempre y cuando no adivinen el secreto de Alec. Cuando llego a la cabina de Marlowe, golpeo la puerta. Nadie responde al principio, y me pregunto si todavía están dormidos. Luego recuerdo las medicinas que le dieron a Alec. ¿Todavía él estará tranquilizado, inconsciente? Me pregunto si él tiene que estar despierto para volver, si él sigue siendo un lobo enjaulado en sala de estar de su padre. Pero es Alec quien abre la puerta. Su traje abierto, revelando la extensión de su pecho y abdomen, el pantalón del pijama colgaba lo suficientemente bajo como para que yo viera la curva de los huesos por encima de su pelvis. Teniendo en cuenta el problema que nos encontrábamos, esto no debería tener el poder para distraerme, pero durante un dichoso momento, lo hace. Entonces, él dice, con voz entrecortada, —Tess. Alec me empuja en su habitación y me abraza. Cierro los ojos mientras rodeo con mis brazos alrededor de su cintura y disfruto de la calidez de su cuerpo y el aroma de su piel. Empuja la puerta cerrándola y luego se inclina hacia mí en contra de ella. Sin embargo, tengo la sensación de que él es el que necesita apoyo. —Papá me lo dijo, — susurra en mi cuello. —Yo sé lo que he hecho. —Tú sólo estabas tratando de protegerme! El camarero me empujó a un lado, tú pensaste que estaba en peligro. —No importa el por qué.— Las palabras de Alec son amortiguadas. —Yo soy un asesino ahora. No hay que negarlo por más tiempo. —No quería decir eso, Alec. No fue un asesinato. Fue un horrible accidente.


—Eso no es lo suficientemente bueno, Tess. Si sucedió una vez, podría suceder de nuevo. Y a la familia del muerto no le importa un comino que se trate de un accidente. Él igual está muerto. —Sólo a causa de la Hermandad. —¿Qué importa quién me deja salir? Mientras yo pueda salir, mientras que es posible para mí hacer lo que hice ayer por la noche, entonces soy un monstruo. Él es desgarrado por algo que él no podía haber evitado. ¿No siente el ya suficiente dolor ya? Yo hago silenciar su culpa de la única manera que sé, besándolo. Esto enciende un fuego entre nosotros. Encendiendo un fusible. Alec me besa de nuevo con tanta urgencia que casi no puedo respirar. Una mano se encuentra en la parte de atrás de mi cuello, el otro envuelto alrededor de mi cintura, de modo que no puedo escapar. Pero no quiero alejarme. Yo di tirón en el cuello de su túnica, con ganas de más de su piel para ver, tocar, besar. Cuando nuestras bocas se separan, tengo que jadear. Sus labios rozan mi mejilla, mi sien. —Mi dulce Tess. Te mereces mucho más de lo que yo puedo darte. Mucho mejor que un monstruo. —Tú no eres un monstruo. —Lo soy. Anoche lo demostré.—Empuja mis rizos de vuelta, la pasión ya menguando en ternura. —Simplemente te niegas a verlo, debido a tu lealtad por mí. —Basta ya de esto.— Quiero sacudirlo. O darle un beso otra vez. Ambos, realmente. Pero no puedo olvidar para que vine. —Mikhail está a punto de conseguir que Layton le venda la cuchilla. Podría suceder en cualquier momento. Una vez que sepan que esto falta, Mikhail sabrá que lo cogí. Y él le hará daño a Daisy. —¿Qué? Le explico acerca de la Marconigram, lo que le hicieron a mi hermana, lo que harán cuando ellos se den cuenta que he cruzado a Mikhail. Mi garganta se aprieta, pero seré condenada si voy a romper a llorar como una idiota cuando cada segundo cuenta. Alec escucha, pero su alarma parece disminuir. Cuando he terminado, él sólo dice: —Nosotros nos encargaremos de Daisy. Te lo prometo. ¿Cómo puede prometer eso? Yo sé lo que él quiere decir, pero yo no veo cómo Alec planea hacerlo. Además, parece haberse olvidado de un problema aún más acuciante. —Mikhail va a venir después por nosotros.


—Que venga. Yo miro hacia Alec. Sus palabras no son más que palabrería, no parecen amenaza. Él en realidad quiere enfrentar a Mikhail. Aunque yo no pueda adivinar exactamente por qué, tengo la sensación de que es lo suficientemente cauteloso. — Alec, ¿qué vas a hacer? —Lo que debería haber hecho hace meses. Mientras que todavía podría haber salvado a Gabrielle, y no dejar morir aquel hombre anoche. —Aunque él me está mirando, sé que él está mirando a través de mí en algún oscuro horizonte que no puedo ver. —Voy a tener cuidado de todo. —Alec, independientemente de lo que tienes pensado hacer, no deberías hacerlo. Él interrumpe mis palabras con una mano suave sobre mis labios, y mi mente separa como un reloj. En un tic-tac, el tiempo se detiene y no puedo hablar o pensar. Los ojos de Alec nunca dejan mi cara mientras me acaricia el pelo. —Tess, voy a lamentar que nosotros no pudiéramos habernos conocido de un modo diferente. Antes de que cualquiera de esto me pasara. Si te hubiera conocido, si hubiera tenido que vivir, tal vez yo no habría cometido los errores estúpidos que me condujeron hasta aquí. —Alec. —Tú eres lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a cualquiera. Suficientemente inteligente como para hacer lo que quieras. No te quedes corto, no tengas miedo de lo que tu nueva vida puede ofrecerte. Porque sé que, si hay justicia en este mundo, las cosas buenas te llegaran. Mejores cosas de la que alguna vez hayas soñado. Esto no es sólo él diciéndome cómo se siente sobre mí. Esto es Alec que me dice ¡adiós!. —¿Qué estás haciendo? ¿Qué piensas?—Oh, Dios, no se mataría, ¿verdad? Si él pensó que era la única manera de mantener a salvo a los demás del peligro que representa él como lobo, tal vez sí. —No te atrevas a darte por vencido. No por mí y no a ti mismo. —Yo sé lo que tengo que hacer, Tess. —No quiero oír ni una palabra de esto. —Trato de apartarme de él, pero me sostiene demasiado fuerte y no me suelta.


Alec dice, —Tienes que entenderme. Estos últimos días, cuando yo estaba con ustedes, podría soñar con lo que sería, no ser un monstruo. Conseguí vivir como un hombre una vez más. Nunca sabrás lo que esto quiere decir. —¿Crees que no sé lo que significa? Quizás no soy un monstruo, pero yo nunca he tenido nada en mi vida nunca había nadie que yo-que — Un sollozo amenazó con robarme el aliento, y luego Alec me besó tan fuerte que realmente me maree. Cuando nuestros labios se separaron, él susurró en mi boca abierta, —Dilo, Tess. Quiero que me lo digas. —Pero antes de que pudiera hablar, me besa otra vez. Sigue y sigue, borrando todo, excepto el sabor de él, hasta que alguien de repente aporreó en la puerta. Saltamos, y en ese primer instante yo sabía quién era: Mikhail. Me aferro a Alec, deseando que hubiera un lugar donde nosotros pudiéramos correr, pero él no parece alarmado. Con mucho cuidado toma mis manos entre las suyas, las besa, y camina hacia la puerta para dejar entrar a Mikhail. A pesar de su confianza, puse mi mano sobre uno de los relojes de mármol pesados en la repisa de la chimenea, si Mikhail viene tras de mí, va a conseguir un golpe en la cabeza, tan duro como pueda manejar. Mikhail se paseó, pero se trata de una parodia de su calma habitual. La cólera que él siente se enturbia bajo la superficie, demasiado pequeño para revelar el lobo, esto es el rencor puramente humano. —Así que. Usted se dio cuenta de que mi interés en Lisles no tenía nada que ver con su bonita sirvienta. Bueno, casi nada que ver con ella.— Sus ojos se abrieron de arriba a abajo a lo largo de mi cuerpo. —Tienes un buen currículum ahora, Alexander Marlowe. Heredero de una fortuna inmensa en Ivy Leaguer, aspirante a arquitecto, hombre lobo. . . y ladrón de joyas. —Fui yo la que lo tomó—, insistió. —Él no es un ladrón. —Pero él es el que tiene la daga, ¿no? Tú no eres lo suficientemente tonta como para guardarla, no es así, Tess?— Mikhail continúo caminando alrededor de Alec, que miró hacia atrás sin pestañear. —¿O es ella, Alec? La arrastraré a su camarote, te destrozaré - y la destrozaré - para ver si puedo encontrar lo que busco? —Nunca lo vas a encontrar—, dice Alec. —A menos que vayas al fondo del océano y busques allí. Estoy encantado de lanzarte por la borda después de eso, si lo deseas. Los ojos de Mikhail se estrecharon. —No puedes haber sido tan tonto como para destruir una daga de iniciación. Es tu seguro, y el de ella.


—Es lo que utilizas para atraer a más personas bajo tus órdenes. Aún ayer, pensé que estaba mal que tuve que detenerme todo lo que podía. — Alec respiraba profundamente. —Pero después de lo ocurrido anoche. —Después de que mataste a un hombre?— Mikhail dice, tan inocentemente, como si no fuera él quien le hizo daño al señor Marlowe y dejó que pasara todo esto. —Sí. Después de todo. Es posible que tú lo hayas causado, pero podría fácilmente haber sido un accidente. Mi padre podría drogarme cada noche, pero entonces yo sería un adicto, eso no es vida. Mientras me transforme cada vez que se ponga el sol, estoy tomando un riesgo terrible, no sólo con mi vida, sino también con la vida de otros. Es irresponsable. Inconcebible. No puedo seguir así. El temor me golpeó como hielo en mi corazón, así como también cuando Mikhail comenzó a sonreír. —Finalmente has entrado en razón? —He llegado a ver lo inevitable.— Alec cuadró sus hombros. —Quiero ser iniciado en la Hermandad.


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IENTO GARRAS DE TRAICIÓN EN MI ESTOMAGO. Alec uniéndose a la fraternidad? No puede ser posible. La cara de Mikhail se divide en una sonrisa de tiburón. —Yo sabía que tarde o temprano volverías a ver las ventajas. Una vida mucho más refinada ahora está a punto de ser tuya. —No me importa su dinero, sus privilegios o su petulante creencia que gobiernan el mundo—, dice Alec. El desprecio por Mikhail estaba grabado en las fuertes líneas de su rostro. —Se trata de una cosa, y sólo una cosa. Mientras me transforme todas las noches, soy un peligro para todo el mundo-desde los extraños hasta la gente que más quiero. — Se vuelve hacia mí, muy brevemente, y me siento como si fuera a llorar. — Anoche tomé una vida humana. Después de eso, tengo que ser iniciado, y pronto. Mi conciencia lo exige. Ningún otro deseo que tenga no vale la pena por arruinar la vida de otras personas. La peor parte de todo esto es que lo entiendo. Lo odio, y sin embargo sé que Alec tiene razón. No importó cuáles fueron las precauciones que tomamos, cuánto nos esforzamos para que la transformación de Alec en lobo sea segura para todo el mundo, la Hermandad va a deshacerlos. Es injusto, y es repugnante que esto esté sucediendo en el momento en que podríamos haber tenido la oportunidad de mantener seguro a Alec, pero está sucediendo. No podemos huir de eso. Estamos atrapados con él en el centro del océano. Pero venderse como esclavo a la Hermandad-no lo puedo soportar. —Alec, no lo hagas. No puedes. —Debo. Después de lo sucedido la noche anterior, no hay otra opción para mí.


Después de haber matado a un hombre, quiere decir. Así que yo respondo, —La Hermandad podría convertirte en un asesino para sus propios fines. ¿Cómo es eso mejor que lo que pasó anoche? Si me preguntas, es peor. —Podrían. Pero no lo harán,— Alec dice rotundamente. Mikhail me da una mirada de desprecio, como si yo fuera un niño tonto preguntando por qué el cielo es azul. —Desperdiciar a un hombre de la riqueza y posición de Alec, como un matón? Tenemos mejores empleos para él que eso. En respuesta a toda esta charla acerca de sus "usos", Alec levanta el mentón, usando cada una de las pulgadas que él tiene sobre Mikhail. — Además, si no puedo desafiar la Hermandad del exterior tal vez puedo cambiarlo desde dentro. Debe haber otros como yo, llevados en contra de nuestra voluntad. ¿Qué pasa si hay más de nosotros de lo que hay de ti? No puede creer en ese cuento de hadas, ¿verdad? Quiero gritar, pero yo estoy demasiado molesta para hablar. Mikhail simplemente se ríe. —Tarde o temprano, pensaras como yo, Alec. Después de haber aprendido el placer de la matanza, el significado de la dominación-lo entenderás todo.— Su rostro se endurece en una máscara que es casi una burla de sus hermosos rasgos. —Y desde el principio, harás lo que yo te mande, yo soy tu jefe en la manada. Por lo tanto, tu mente siempre me pertenecerá. Al principio yo no lo entiendo, pero entonces recuerdo lo que Alec me dijo en la madrugada en los baños turcos. —Si la Hermandad me puede controlar completamente como ellos dicen, entonces él me podía ordenar asesinarte, y entonces yo lo haría. Ellos pueden controlar su mente. A partir de este momento, Alec ya no me pertenece. Él era el mío durante apenas un segundo, y sin embargo siento la pérdida de que no va a estar conmigo el resto de mi vida. —No le hagas caso—, le digo a Mikhail. —Él está molesto. Él ya no es el mismo. — Aunque no creo en mis propias palabras, pero no puedo soportar permanecer en silencio. Rápidamente me paso entre Alec y Mikhail, a fin de que el monstruo me mire. Lo fascino, de algún modo, ¿verdad? Así que estoy tan aterrada de Alec que me atrevería a usar eso para distraerlo. —No puede creer todo lo que dice él aquí. —Hueles. . .a miedo. Y lujuria.— La sonrisa de Mikhail me pone enferma. — Una combinación tentadora.


La puerta se abre con tanta fuerza que golpea la pared con un ruido sordo, y todos saltan, incluso Mikhail, pero es sólo el señor Marlowe. —Aléjate de mi hijo—, él dice, tan salvajemente que incluso un hombre lobo puede retroceder por su ira. Antes de que Mikhail pudiera responder, Alec dice: —Papá, todo está bien. El señor Marlowe se da cuenta de la verdad, y es como si de alguna manera él se encogiera. Su marco poderoso se debilita a medida que toma la resolución de Alec y la presencia de Mikhail, y llega a la conclusión inevitable. —Alec. No. Hemos luchado mucho en contra de esto. —Hemos luchado bien—. Alec pone una mano sobre el hombro de su padre, y yo aparto mis ojos, porque el amor entre ellos es demasiado grande y demasiado doloroso como para tener testigos. Su cuerpo tiembla, como diciéndole al señor Marlowe que esto le causara dolor físico. —Nunca podré pagar todo lo que has hecho por mí. —Tú eres mi hijo. Nunca tendrás que pagarme. Eso es lo que significa, tener un hijo.— —Pero ahora tienes que dejarme ir. Tienes que aceptar que no me puedes salvar de esta. Lo hemos intentado, papá. Hicimos nuestro mejor esfuerzo. El señor Marlowe se encuentra en el borde de las lágrimas, pero él asiente con la cabeza y da un paso atrás, rindiéndose a lo inevitable. Alec mira a Mikhail. —Júrame una cosa. Una pequeña cosa. —No se puede creer en sus promesas!— Grito. —Es un mentiroso. ¿No sabes eso? — —Yo te doy mi palabra—, dice Mikhail. —No es como la de un caballero-que no tiene valor. Sin embargo, como un lobo de la Hermandad, a uno que pronto se unirá a mi manada, sí, te lo juro. Extrañamente pienso que él en realidad puede decir eso. Ser un hombre lobo es la única cosa que el hombre guarda como sagrado. Alec dice: —Prométeme que va a enviar un Marconigram diciéndole a la Hermandad de no volver a hacerle daño o amenazar a la hermana de Tess. Oh, Dios. Él no está haciendo esto sólo para proteger a algunas futuras personas potenciales que él podría perjudicar. Alec se está vendiendo a la Hermandad dejándole todo lo que él tiene, toda esperanza de una vida digna, para que Daisy estuviera a salvo. Él está haciendo esto por mí.


—Así se hará—, dice Mikhail, y sé que lo hará. Tal vez debería sentirme aliviada. Más tarde, por el amor de Daisy, lo haré. En este momento, todo lo que puedo hacer es presionar el puño contra la boca para sostener el sollozo dentro. Alec debe hacer esto, para salvarla. Y tengo que dejarlo. Mikhail cierra la puerta otra vez, audaz y confiado como lo era antes. —Estas personas no son necesarios para nosotros, Alec. Diles que se marchen. Oh, Dios, está sucediendo ahora? En este momento? Yo hubiera pensado que tendrían que esperar a la luna llena o algo así. Pero no, esto es inmediato. Es ineludible. —Ellos se quedan.— Alec sigue siendo fuerte, resistiéndose a Mikhail tanto tiempo como le sea posible. —No tengo nada que esconderles a ellos. Ni siquiera esto.— —Muy bien—. Mikhail se encoge de hombros. —Déjeles mirar. Será un placer ver sus caras cuando se den cuenta que tú ya no les pertenece. A partir de este día, tú me perteneces. De su chaqueta, Mikhail retira la daga de iniciación la que la Hermandad ya posee, una que yo nunca había visto antes. Esta ha sido pulida con orgullo, y ampliamente utilizada, el mango tiene rayitas cruzadas por el uso, y hay marcas en el metal de los siglos de ser sostenido. Siglos de haber sido utilizado para obligar a los hombres a hacer la voluntad de la Hermandad. Grabado en su empuñadura tiene el símbolo Y que ellos cortaron en la piel de mi hermana. Cuando Mikhail lo sostiene en lo alto, él dice, casi distraídamente, —Ellos dicen que fue forjado en la época romana. Que los emperadores fueron los primeros en dominar a los lobos, y que esto era parte del poder de su dominio inexorable durante casi un milenio.— La luz destella a lo largo del borde de la cuchilla. —Hemos estado en la Hermandad desde entonces. Una línea ininterrumpida de energía. Algún día se sentirá orgulloso de esto, Alec. Algún día entenderás lo que significa estar por encima de la bazofia de la simple humanidad. Qué ser un lobo está cerca de ser un dios. Ser un lobo no parece nada como ser un dios para mí, a menos que un dios se ponga nervioso con cada luna llena y es probable que tenga pulgas. O al menos eso me gustaría decirle a Mikhail ahora. Sin embargo, debo permanecer en silencio. La transformación llena a Mikhail de una especie de maravilla pura que es contagiosa, y a pesar de mí misma, me pregunto lo que significa ser capaz de cambiar de forma a voluntad. Ser tanto bestia como mujer. No divina, seguramente - pero más allá de algo que alguna vez he experimentado.


El señor Marlowe pone su brazo sobre mis hombros, y yo me hunda en su contra como podría haber hecho con mi propio padre, si él fuera amable en vez de áspero, o de apoyo en vez de condenar. Juntos miramos, desvalidos, como la iniciación comienza. Mikhail apunta la daga hacia Alec. —De rodillas. Alec duda por un momento antes de arrodillarse delante de Mikhail. A pesar de que en su cara mantiene todavía, su mirada fuerte, puedo sentir como esta sumisión chamusca su orgullo. Con la punta de la daga, Mikhail chasquea un lado del traje de Alec de su hombro, entonces el otro. La seda se arruga en el suelo ricamente alfombrado. Alec lleva solo en la parte de abajo los pantalones del pijama ahora, casi desnudo delante de nosotros. Cuando Mikhail pasó más cerca, empieza a murmurar algo entre dientes en un idioma que no entiendo- latino, quizás. La sala se oscurece, y al principio creo que las luces se han apagado, o que el barco podría estar navegando en una tormenta. Pero esto es una clase diferente de oscuridad, que nos rodea y confina. Una que niega la luz para que podamos ver. Me aferro con más fuerza al señor Marlowe cuando Mikhail levanta la espada al hombro de Alec y le entierra la punta. Alec hace una mueca, claramente ahogando un grito. La sangre comienza a correr por los músculos de su brazo, más allá de su codo, a lo largo de su mano. Las gotas de los dedos gotean sobre la alfombra. Mikhail sólo ha comenzado su trabajo, claramente disfrutando del dolor de Alec mientras lentamente, y deliberadamente esculpe la forma ligeramente asimétrica de una Y en el hombro de Alec. La sala se oscurece aún más. Es como si los cortes en la carne de Alec estuviera robando la luz. El canto de Mikhail termina. Levanta la hoja a su boca y toca con la punta de su lengua el metal, para probar la sangre de Alec. Parpadeo en la oscuridad, y por un momento puedo ver tanto a los lobos como a los hombres- ellos no están cambiando, pero es como si los dos estuvieran ahí, inseparables. Alec se cae hacia atrás como atontado, y la luz se ajusta a la normalidad. Mikhail envaina la daga en la cintura. —Ya está hecho. Él es nuestro. —Fuera de aquí.— La voz del señor Marlowe da una sacudida. —Usted ha hecho lo que quería. Tienes lo que querías. Ahora nos déjanos.


—No, hasta que le muestre en lo que Alec se ha convertido y en lo que es capaz de hacer.— Mikhail me fija con su intensa mirada, y mi cuerpo parece congelarse. — Usted me sugirió que lo convertiría en un asesino. Quizá debería tomar esa sugerencia. Quiero salir corriendo, pero él está entre mí y la puerta. —Yo podría haber matado al señor Marlowe, pero no. El padre todavía tiene sus usos. La chica. . . eso es otra cosa—, dice Mikhail. Él dirige su atención hacia Alec. — Las mujeres son una debilidad, Alec. Su pasión por su mina su fuerza. Prueba tu lealtad a nosotros. Mátala.— —Estás loco—, dice Alec, jadeando. Está casi a cuatro patas sobre la alfombra, todavía incapaz de estar de pie otra vez. —Encuentra tu fuerza. Escúchame.— Hay algo extraño en la voz de Mikhail, de la forma en que lo dice. La oscuridad parece volver otra vez, pero sólo para envolver a Alec, cuyos ojos se desenfocan. El control de la mente. Él está tomando el control. —Basta ya!— Demanda el Sr. Marlowe, rompiendo cualquier hechizo que Mikhail nos estuviera echando. Da un paso delante de mí para servir como un escudo. —Tess debe permanecer ilesa. Mikhail se burla, —Ya no da las órdenes aquí, viejo. —Doy esta orden, es decir si la Hermandad alguna vez quiere un penique de mi dinero. —Su hijo. —Puede ser escrito que queda fuera de mi voluntad y separado de mis cuentas en cualquier momento. Podría enviar un telegrama y asegurarme de que se ha hecho incluso antes de que llegar a la costa. Y la Hermandad no sólo quiere mi dinero, ¿verdad? ustedes son gánsteres, muchos de ustedes, desean que utilice mi influencia política y para usted también. Lo que quiere decir, que por mis ‗empleos‘. Yo te digo ahora, si haces daño a esta chica, eso nunca va a suceder.— El señor Marlowe se endereza, algún vestigio de su orgullo restaurado. Estoy tan agradecida que podría abrazarlo. Mikhail retrocede sin gracia. —No vale la pena tener problemas por una mujer. Pero te advierto ahora, niña, dices una palabra de esto, y estarás muerta antes del amanecer. Como el Sr. Marlowe no desea que Alec la mate, yo mismo me encargare de eso. Su muerte será lentamente.


—No lo diré, — te lo juro. — Para el bien de Alec, nunca lo contaré. — Él debería haber pedido su seguridad junto con la de su hermana—, dice Mikhail. — Como su hermana no tendrá más problema a partir de este día. Tal vez usted tampoco, Tess. Usted apenas lo merece, y además - tengo lo que quiero. Aunque todavía ensangrentado, Alec recupera bastante de su fuerza para ponerse en pie. —Déjennos. Por favor. —Cortesía por fin. Tal vez usted está empezando a aprender.— La reverencia de Mikhail es exagerada para burlarse de todos nosotros. —Disfrute de la primera noche que ha conocido en dos años, Alec. Diga adiós a los simples humanos que le han cargado durante tanto tiempo. Mañana al amanecer, nos pertenecen a nosotros. Si me disculpan, tengo una Marconigram para enviar a mis colegas en Nueva York. Ellos han esperado por nosotros por largo tiempo, por supuesto. Cómo van a estar aliviados de saber que no van a tener que convencer más, a Alec. Estarán listos para llevarte a la Hermandad completamente y para siempre. Mikhail se pasea hacia afuera. En el momento en que la puerta se cierra detrás de él, Alec se hunde de nuevo en el suelo, agarrándose a un tobillo, como si le doliera aún más que los cortes terribles en su hombro. El Sr. Marlowe y yo nos acostamos a su lado para ayudarle. —¿Lo has intentado, ¿verdad?—, Dice el señor Marlowe. Suena extrañamente excitado, casi esperanzado. Alec se levanta la pierna de su pijama para mostrar su tobillo, que tenía una herida pequeña de cadena alrededor de él, que parece haber quemado en la carne. Él dice jadeando, —Tess, tómalo. Yo lo alejo de él tan pronto como me sea posible. Las ampollas que ha dejado es tan horrible, tan negras, que me toma un momento darme cuenta de qué es lo que sostengo: el medallón de su madre. —Plata—, le susurro. Respirando ya con mayor facilidad, Alec dice: —Fui capaz de ponerlo cuando te enfrentaste a Mikhail, Tess. Cuando te interpusiste entre nosotros. Eso lo distrajo el tiempo suficiente, lo habría mantenido con él puesto hasta mañana, de lo contrario. ¿Quién sabe si funciona o no, pero tenía que intentarlo. —Bien por ti. A los dos.— Señor Marlowe toma el medallón de mí para mirar hacia abajo en el retrato de la mujer ya muerta en el interior del medallón. —Me parece justo que su madre podría ser la que te salve.


—Pero la plata quema a los hombres lobo—, protesto. —Alec, estás herido. ¿Por qué te hiciste eso a ti mismo? Alec me toma la mano. —Nunca hemos encontrado a la gente que sabía lo que más quería aprender en Europa. Eso no significa que no hayamos aprendido nada.— Señor Marlowe añade: —Uno de los libros antiguos que hemos estudiado, dijo que el toque de plata podría prevenir tomar totalmente la magia de la Hermandad durante la iniciación. Ruego a Dios que sea verdad!— Aliviada, tomo los dedos de Alec entre los míos. —¿Quieres decir, Mikhail no puede controlar tu mente?— —Espero que no—, dice Alec. Él no comparte la euforia de su padre. —¿Sentiste que él te estaba controlando, antes, y al final de la iniciación? Algo estaba pasando.— Recuerdo que una vez más la terrible oscuridad se arremolinaba a nuestro alrededor. —No estoy seguro. Me sentía débil, pero me dolía mucho lo de la plata y el ritual en sí, es difícil de saberlo.— Alec hace muecas mientras mira las quemaduras. —Tal vez esto impidió que su magia no trabajará tanto en mí. Por otro lado, podría significar que en la iniciación no funcione mucho, y yo podría cambiar esta noche, lo mismo que siempre he hecho. No podemos averiguar si esto funcionó hasta que lo ponga a prueba. Era un libro de leyendas, no más. Las leyendas pueden mentir.— —La Hermandad tratará de dominarnos, a pesar de todo—, dice el señor Marlowe. —Lo sé, papá. Lamento haberte arrastrado aún más en esto. —Cualquier sacrificio vale la pena para mi hijo. Estoy tratando de analizar cuánto de lo que acabo de ver era verdad, y cuánto era falso. —No eres lo bastante tonto para tirar la daga de iniciación al mar, ¿verdad? A pesar de todo, Alec se ríe. —Eso es lo que amo de ti, Tess. Práctica hasta el final. La palabra "amor" me hace temblar, pero sigo adelante. —No, ¿verdad? —Por supuesto que no—, dice Alec. Él trata de ajustar su asiento en el suelo, pero se estremece, el Sr. Marlowe saca su pañuelo, y lo tomo de él para mantener presionado los recortes de Alec y detener el flujo de sangre. —Sólo hay unas pocas dagas de Iniciación en el mundo. Tener dos de ellas a bordo de este barco es extraordinario. Si la plata no trabaja, si Mikhail puede nublar mi mente, contralarme,


entonces podemos usar la hoja como moneda de cambio más adelante. Es cierto grado de seguridad para todos nosotros. Tenemos que mantenerla. —Bien. — Yo presiono su brazo y hago una mueca cuando veo la cantidad de sangre dispersa a través de la alfombra. —Pobrecito, has sangrado por todas partes. Esto salpicó hasta el otro lado de la habitación. Alec ve lo que veo, unas gotas cerca de la puerta, y frunce el ceño. —Esa no es mi sangre. — ¿Qué?— No lo entiendo. —Pero tú has sido el único que han cortado. ¿Cómo puedes saberlo? — ¿ De algún modo has logrado olvidar que soy un hombre lobo? Puedo oler la sangre lo suficiente para saber la diferencia entre la de otra persona y la mía. Mikhail tenía un fuerte olor a sangre cuando llegó aquí. Él debía de haber atacado a alguien. Yo grito, enferma de horror. Mikhail vino aquí después de descubrir que la daga de iniciación no estaba en la caja fuerte del Lisles. Él habría estado enfadado, tan enfadado, cuando descubrió que había desaparecido. La pequeña Bea. Ned. La señorita Irene. Podría haber matado a todos.


Traducido por Taeva Corregido por ale=)

EJANDO A LOS HERIDOS ALEC Y SU PADRE atrás, regreso corriendo a través de los pasillos tan rápido como puedo. Una punzada en la parte lateral me apuñala con cada respiración, y por ahora los mayordomos deben asumir que soy una loca, pero no me importa. La puerta de la suite de Lisle está cerrada sin llave. Me abro camino a la fuerza para ver el caos. El sofá y las sillas se han volcado, y la jarra de agua de cristal tallado se rompió en decenas de fragmentos brillantes. Una de las cortinas está rota, y en el cuarto de lady Regina, oigo lamentos de la pequeña Beatrice. Cuando corro en la puerta, veo a Layton tendido en la cama. Rezuma sangre de los cortes en sus manos y cara, y su nariz esta arrugada e hinchada. La señora Horne se encuentra junto a la cama, vendas en mano, pero no le curaba, estaba en una especie de estupor. No me puedo imaginar lo que debe haber visto, o lo que Mikhail podría haber amenazado hacer con ella. Beatrice se encuentra en su cuna, chillando de terror y abandonada. A medida que voy a la niña, la cabeza de Layton asoma a un lado mientras se vuelve hacia mí. Uno de sus ojos ya cerrados por la hinchazón. —Usted— dice con voz ronca. Sus labios y la lengua deben ser cortados. —El Conde Kalashnikov dijo que eras tú.— —Usted necesita un médico— le digo, tratando de tranquilizar a la niña en mi cadera y abrazarla con suavidad. —Ned está haciendo de sí mismo útil y atractivo, — Layton se sobresalta, entonces una mueca de dolor, no cabe duda de que le duele el labio partido. —Y tú has hecho algo útil también, ¿no? Robando las arcas de la familia.


Se me cae el alma. La negativa se eleva a la altura de mis labios, pero es una mentira descarada que no puede salir. —Él no habría pagado cien libras por ese cuchillo viejo sin valor.— Layton se empujó hacia arriba en sus codos, a pesar de que hacia una mueca mientras lo hacía. —Más dinero del que usted verá en toda su vida, a menos por supuesto que usted lo robe. ¿Me hiciste pagar por Daisy? Debido a que era más de lo que vale la pena. Más de lo que los dos vale la pena juntos. El insulto a mi hermana me lleva más allá del borde del abismo. —Usted le mintió a Daisy. Usted le hizo pensar que se preocupaba por ella, y la dejó sola cuando más lo necesitaba. No se atrevas a insultarla. Ella vale más que cien como usted. Layton Chasquea, —No me importa nada de tu maldita y miserable hermana. Lo que me importa es el bienestar de esta familia.— Hipócrita. No está nada preocupado por la familia que abandonó, mi hermana y su hijo, y la mitad de la deuda de Lisle debe venir de sus juegos interminables. Pero mi justicia se marchita cuando él continúa: —Nos has robado. Si crees que algún miembro de la familia alguna vez perdonara eso, estás loca. Tendré que buscar a Ned un mayordomo. Se le mantendrá bajo llave hasta llegar a Nueva York. Y si no me dices exactamente dónde estás manteniendo la daga, y cualquier otro objeto que podrías haber robado, haré que te metan en la cárcel. Prisión. Cualquier cosa menos eso. La sola idea me aterra. ¿Qué clase de vida tendría alguna vez después? Y sin embargo, Layton me tiene ahora. No le puedo regresar la daga. Aunque sé que Alec la devolvería en un instante antes que perderme, esto de devolverle la daga Layton es lo mismo que entregársela a Mikhail. Haciendo que le dé aún más poder a Mikhail sobre Alec más de lo que puede tener ya. El cuerpo maltratado, salpicado de sangre de Layton es una señal de lo que puede suceder cuando el poder de la Hermandad es desafiado. Mikhail haría esto a Alec. Haría algo aún peor para mí. —¿Qué está diciendo?— La señora Horne dice con el mismo tono de ignoranciade pregunta- más a menudo utilizado por los niños. Testigo de la golpiza sacó algo de ella, la imagen de Horne siendo completamente deshecho. —¿Usted, tomó algo de la familia? Estás despedida, de inmediato. Y debe devolverlo de inmediato. En este punto, ser despedido es la menor de mis preocupaciones. —Puedes recuperar mi uniforme al final del día, pero no tengo la daga. Te lo juro. Pueden buscar en mi camarote, si no me creen.


—¿Quién más podría haberla tomado?— tosió Layton, un sonido de estanterías, y veo alarmada que ha escupido sangre en una de las fundas de las almohadas. Tal vez es sólo del corte de la boca, pero si sus costillas están rotas, eso pueden causar sangrado en el interior, le pasó a uno de mis novios el año pasado, y su estado de salud aún no está bien. —Nosotros convencimos al personal para dar a todos ustedes las claves para pasar por todo el barco como han querido. Parece que Tess ha abusado de ese privilegio. —¡Si Mikhail tuviese ese cuchillo, le gustaría como no lo han utilizado en ti!— Mi grito hace que Beatrice inicia su llanto otra vez, y la abrazo más cerca, tratando de calmarla. —Señor, tienes que escucharme. Mikhail, quiero decir, el conde Kalashnikov es un hombre peligroso. ¿Cómo no puede entender, después de lo que le ha hecho?— Layton hace una pausa. A pesar de que no dice nada, no veo qué hay detrás de su renuencia. Por supuesto, se da cuenta de cuan malévolo es, su piel magullada y ensangrentada dice eso. Sin embargo, Mikhail le asusta mucho, tal vez incluso peor de lo que Mikhail me asusta. Está atacándome, porque él es demasiado débil para enfrentarse a los verdaderos enemigos. —Piense—, le digo con más urgencia. —Reporte esto con el capitán. No hay manera de que se pueda ignorar.— Probablemente, la Hermandad puede asegurarse de que Mikhail se vea libre al final, pero seguramente él por lo menos tendrá vigilancia por el resto del viaje. Un informe de un miembro de la nobleza Inglesa significaría algo. —Usted tiene una oportunidad para protegernos a todos nosotros, señor. Incluido usted. Tal como creo que podría ponerme en comunicación con Layton, sin embargo, somos interrumpidos. Ned entra, casi patinando hasta detenerse en la alfombra. —El médico está con alguien extremamente enferma, señor, pero promete venir tan rápido como le sea posible.— A unos pasos detrás de él esta Irene, con el pelo todavía a medio hacer, salió corriendo apenas vestida, por lo ansiosa que estaba para ayudar a su hermano y, tal vez, para permanecer cerca de Ned. —¡Sacuda y condene a estos médicos! Ellos no saben lo que es importante. ¿Se le ofreció más dinero para venir de inmediato?— Layton pregunta. Ned frunce el ceño. —Ah, no, señor. Lo siento, señor, pero nunca se me ocurrió. Creo que la señora que está con él está realmente muy mal. —Volverás y le ofrecerás lo que quiera—, declaro Layton. —Y entonces usted debe ir a buscar un oficial del buque para arrestar a Tess por robo.


Maldita sea. Este demasiado asustado para pensar con claridad. En lugar de devolver el golpe, él mete la cola y hacer lo que quiere Mikhail. —¿Tess arrestada?— Ned ve des Layton a mí y otra vez, desconcertado por completo. —Eso no puede ser correcto, ¿o sí, señor? Usted se ha dado un golpe en la cabeza. Tal vez no está pensando con claridad. Layton se endereza como regiamente puede, con la ropa arrugada y su rostro era una masa sanguinolenta. —Ella ha robado la daga. Ella va a la cárcel por ello, y si no devuelve la daga en este instante, tengo la intención de velar por que se quede en la cárcel por los próximos años. Irene se adelanta y dice: —Tess no robo la daga. Yo la tomé. Todos en la habitación la miran. Estoy tan sorprendida por su mentira, que estuve a punto de dejar caer a Beatrice. Con los brazos girando como gelatina por el shock, me las arreglo para poner a la niña calmada de nuevo en su cuna. —¿Tú?— Layton cae de nuevo en las almohadas. —¿Qué cosa te llevaría a tomar ese puñal antiguo? —Yo quería un poco de dinero para mí. Madre y Padre no me dan nada, ya lo sabes. —Mikhail, Mikhail dijo que Tess… —Debe de haber descubierto algo al respecto—. Irene mentía tan bien que se podría pensar que era un maestro criminal, en vez de decir sólo la primera mentira de toda su vida. Pero eso es lo que hace, ¿no? Ella defiende a otras personas cuando puede. —Para que vea, le hice a ella empeñar la daga para mí en Southampton la noche antes de zarpar. Y así lo hizo, y has hecho bien en no decirle a nadie, Tess. Pero no necesitas fingir por más tiempo sólo para protegerme. —Sí, señorita.— Yo le hice una reverencia, como lo he hecho varias veces al día durante los últimos años de mi vida, pero esta es la primera vez que realmente quiero hacer ese signo de respeto. Layton chisporrotea de rabia impotente. —Bueno, era ridículo de ti. Ridículo, Irene. Madre y Padre no le dan dinero porque usted es irresponsable y no me pregunten cómo es que los dos lo sabemos. Así que le dijo sobre el aborto involuntario. La cara de Irene se ruboriza y estoy incómodamente consciente de Ned, de pie cerca de ella, pero sin saberlo. Sin embargo, ella no da marcha atrás. —Ellos no me dan dinero porque no tenemos mucho dinero. La familia está prácticamente sin un centavo.


Layton se ve aún más enfermo de lo que él estaba cuando entré por primera vez en la habitación, y los sirvientes no pueden hacer más que mirar. No es como si no lo sabían. Hemos hecho chistes sobre Lisle uniéndose a nosotros escaleras abajo a lavar los platos, los gags de esa manera. Pero escuchar Irene admitir eso, que es tan malo como —pobre—, todavía se siente como ver una catedral desmoronarse. La gran antigua familia Leslie era pobre. El mundo en el que me crie se ha revertido. Incluso la pequeña Beatrice se queda con la mirada fija. —Todos deben obtener nuevas posiciones tan pronto como sea posible.— Aunque Irene parece estar hablando a los tres sirvientes en la sala, sus ojos están sólo en Ned. Ella quiere que él los deje más que el resto de nosotros, para evitarle la visión de su matrimonio con un hombre que no ama. —Podríamos tener que vender la casa dentro del año, asumir que alguien quiere ese viejo lugar con corrientes de aire. Cuando creen que no puedo oír, madre y padre hablan de mudarse a una casa en Londres. —¡Cállate!— tosió Layton una vez más, su cara retorciéndose de dolor, pero la vergüenza de su pobreza es mayor aún que la paliza que acababa de recibir. —Irene, no se debe hablar de asuntos que no entiende. Ninguno de ustedes se le paga por tener cualquier cosa en mente. —Usted debe encontrar un lugar mejor mientras se pueda. Mientras que nuestras referencias todavía signifiquen algo,— Irene repite. Ned sacude la cabeza, en un silencioso no. Entiendo, sin ningún otro signo de que no hay otro lugar para él que dónde está. La señora Horne ha estado bamboleándose de acá para allá durante todo este tiempo, como un juguete para niños que gira. En esa misma voz rota, dice, —Lady Regina va a estar muy enojada cuando vuelva del té de la mañana. No puedo soportar más de esto. —Bueno, me acaba de dejar ir. Supongo que no voy a recibir salario al salir. Le enviare mi uniforme a usted esta tarde. Ned me agarra del brazo. —¿Te vas así como así? Vamos, que ha sido un día extraño, y ninguno de nosotros somos los mismos. —Me voy—. Las palabras encerradas en mi garganta. Es curioso, pensaba acerca de los cambios más grandes que iba a suceder en mi vida cuando me fui de servicio con los Lises, pero nunca me di cuenta una vez que podría doler abandonar uno de los pocos amigos que he tenido. Apreté su mano en la mía. —Sé feliz, Ned. No importa lo que cueste. No dejes que nada se interponga en su camino.— Después a Irene sólo le digo: —Gracias. Por todo.


Y eso es todo. Salgo de la suite de los Lisles para lo que promete ser la última vez. Cuando soñé despierta sobre esto, pensé que sería como la victoria, en lugar de eso da miedo. Pero no hay manera de que me queda por recorrer, sino por delante. —Tess— Miro hacia atrás para ver a Irene corriendo tras de mí. Cuando ella coge el paso a mi lado, me doy cuenta de que su comportamiento se ha alterado sutilmente, no somos más ama y esclavo, sino como dos amigas caminando lado a lado. —Deberías tener esto. Ella presiona algo en mi mano, miro hacia abajo y me percato, para mi sorpresa, que son dos notas de diez libras. Más dinero del que yo he visto en un lugar en mi vida y mucho más de lo que había ahorrado para empezar de nuevo en Nueva York. —Yo no merezco esto—, le digo. No voy a admitir que robe la espada de inicio, pero seguro que lo sabe Irene. —Mereces algo, tú y tu familia. Envíalo a Daisy, si piensas que es mejor. Le envié un poco cuando podía. Irene siempre supo sobre el bebé de Matthew. No me sorprende tanto, y sin embargo, la planta baja sabemos mucho sobre ellos, y parecen estar tan ciegos para nosotros. Sin embargo, Irene nunca ha sido tan ciega como los demás. Yo debería haber sabido que no era Layton quien ayudó a cuidar de Daisy en esos meses terribles en primer lugar. —Yo, señorita. —Llámame Irene—, dice. —¿Dónde vas a ir? —A la ciudad de Nueva York es un lugar para empezar de nuevo como cualquier otro.— Nos enfrentamos a ellos en el pasillo. —Espero encontrar un trabajo lo suficientemente rápido. —Yo casi he decidido unirme a ti.— Sus ojos están tristes. —Pero me gustaría ir al oeste. Donde los vaqueros. ¿Podemos ser vaqueras? Montar a caballo es lo único que sé hacer. Estamos las dos sonriendo a través de las lágrimas ahora en su pequeña broma. —Te verías en un espectáculo en uno de esos sombreros de diez galones. —Yo en eso.— Irene tiende la mano, y yo la agito. Tal vez es extrañamente formal, dado lo cerca que hemos estado estos últimos años, pero es bueno partir como amigas. Luego ella gira y vuelve a su cabina destrozada, arruinó su vida. Mi primer instinto es volver a Alec y hundirme en sus brazos, pero eso está mal. Lo que ha pasado la noche anterior y esta mañana, está agotado y con el corazón roto, y no es necesario esperar que me apoye en estos momentos. Estoy en condiciones de


apoyarlo, si es el caso. Las noches enteras sin dormir lo suficiente se han hecho sentir, y aunque es temprano, esta mañana ha sido suficiente para hacerme sentir segura de que esto resulte ser uno de los días más tumultuosos de mi vida. Vuelvo a la tercera clase y a mi camarote. La única persona que está ahí es Myriam, que levanta la vista de su libro, toma una mirada de mí, y dice: —¡Dios mío, ¿cómo podría haber llegado a ser peor?— —Yo renuncié a mi trabajo. O me despidieron. No estoy segura de eso. De cualquier manera, ya no trabajo para los Lisles— Ella salta de la litera hacia mí para estudiarme con más cuidado. —¿Eso es todo?— —No. Pero es todo lo que puedo decir.— Revelar más sobre la Hermandad a Myriam que ella ya sepa es sólo ponerla en peligro. —Estoy muy cansada—. Myriam duda, y sé que me quiere interrogar en profundidad sobre lo que ha tenido lugar esta mañana. En cambio, me toma el codo y me guía a la otra cama, ayudándome a subir a la cama. Sacudo los pasadores en el pelo suelto y tiro mi gorra de criada de lino, que he usado por última vez. Las diez notas de libras de Irene permanecían apretadas en mi mano. Eran una parte real de mi futuro incierto. A través de la bruma de cansancio, tengo la sensación de que Myriam tiro una manta por encima de mí. Quiero darle las gracias, pero el sueño me reclama más rápido de lo que puedo hablar. Cuando abro los ojos, la luz de la habitación ha cambiado. Me siento, atontado y segura de la hora. Myriam sigue allí, acurrucada en su litera y considerablemente lejana en su libro. —Yo estaba empezando a pensar que volverías a dormir directo hasta mañana por la mañana—, dice. —¿Qué hora es?— Mi voz es un graznido. Paso los dedos por el pelo, rizos dorados se están derramando en todas direcciones. Voy a tener que prestar más atención a mi corte de pelo a partir de ahora, ya no voy a tener la gorra para ocultarlos debajo. —Por la tarde. Te he guardado un poco de comida de la cena.— Apunta hacia la mesa pequeña en la habitación, que cuenta con una servilleta con algunos rollos y queso. A su lado está una hoja doblada de papel carta. Myriam, quizás viéndome notar eso, dice: —Esa carta llegó para ti—


Podría ser de Lady Regina, exigiendo que retorne al servicio o al menos enviar mí uniforme de inmediato. Pero sé que no lo es. Subo desde abajo de la cama, sigo parpadeando el sueño de mis ojos, y tomo la carta. Tess, Lady Regina apareció en el almuerzo, diciendo que Layton —mal— se podía ver por la expresión de Irene que había más de la historia, pero obviamente él está vivo; Mikhail no lo hizo peor. Estoy agradecido por el bien de la familia por lo menos. Ella también anunció que habías sido despedida. Me imagino que fue toda una escena. Obviamente pensó que debería saber que hay sanciones por desafiar sus esfuerzos de casamentero. Pero espero que estés disfrutando de tener otra tarde en libertad, el primero de muchos días en que podrás elegir tu propio camino. Si dispones de más tiempo libre al atardecer, ¿podrías acompañarme en mi camarote? Aunque sé que entiendes, más que nadie, hay cosas que tenemos que decir. Alec —Alec quiere que yo vaya a su cuarto, justo antes del atardecer—, le digo. Myriam frunce el ceño. —Esto no me parece el tiempo más sabio para visitar a un hombre lobo. —Esta noche no va a cambiar. Al menos creemos que no va a cambiar.— Cuando ella me mira, yo suspiro. —Te lo prometo, no quieres saber. —¿Vas a ir?— Ella esta seria ahora, más amable que jamás he visto. —Sé que te preocupas por él, pero ya sabes lo que es. Que no hay esperanza. Estar con Alec Marlowe sólo puede causar dolor. —Lo sé. Él también lo sabe.— El papel tiembla en mis manos. La más breve y amable nota es de Alec, entiendo perfectamente por qué me ha pedido ir a su camarote. Nosotros, como todo se terminó antes de Mikhail llegara y comenzó la ceremonia de iniciación. Pero ninguno de nosotros puede dejarlo ir todavía. No mientras seamos capaces de robar una noche más.


Traducido por Taeva Corregido por Strella

UANDO LLAMO A LA PUERTA DEL CAMAROTE DE LOS MARLOWE en la tarde, nadie contesta al principio. Luego Alec dice, —Adelante. A pesar de mi necesidad de verlo, vacilo antes de caminar adentro. Su voz es irregular, tensa, la forma en que la recuerdo horas después del cambio, o justo antes. No falta mucho tiempo antes del atardecer. ¿El toque de plata durante su iniciación deshizo toda la magia antigua? ¿Alec se transforma en un lobo como siempre? Pero entonces recuerdo que el lobo rojo luchó por mantenerse alejado de hacerme daño la primera noche, y la forma en que atacó para defenderme cuando él pensaba que yo estaba en peligro. Estoy segura con Alec, más segura de lo que estoy en otro sitio. A medida que camino dentro, Alec está de pie en la puerta de su cubierta de paseo privado. Su padre no está a la vista. El fuego parpadea en la chimenea, lo que me sorprende hasta que me doy cuenta de la brisa, que soplaba aún más fría de lo que había estado antes en el viaje. Alec tiende su mano hacia mí. —Mira la puesta del sol conmigo. Cierro con llave la puerta detrás de nosotros, y luego voy a él. Lleva pantalones y su camisa blanca, pero las mangas se enrollan y se desabrochó el cuello. De hecho, la camisa desabrochada está a la mitad del pecho. Sería terriblemente inadecuada si no hubiéramos tenido una conversación mientras él estaba desnudo. —Hemos hecho todo fuera de orden, ¿no es cierto? —¿Qué quieres decir?


—Dijimos nuestros más profundos secretos casi antes de conocernos. Vimos nuestra ropa interior antes de que llevásemos tiempos juntos. —Miro sus largos dedos de la mano enredados con los míos cuando el viento frío del mar tira de mis rizos dorados. Empujando los hilos detrás de mi cara, yo concluyo, —caímos el uno en el otro antes de que pudiéramos parar. —Tess.— Me besa tiernamente, ahuecando la cara con una mano. —Te ves hermosa esta noche. —Siempre llevo lo mejor para ti.— Este vestido es uno que estaba haciendo a la Lady Irene antes de que lady Regina declarara que era demasiado —expuesto—. Es de color rojo oscuro, color del vino a la luz de las velas. A pesar de que no era capaz de pagar los adornos que se habían cosido para Irene, lo he complementado de una manera muy buena, la tela suave describe bien mi figura sin dejar de ser lo suficientemente modesto como para la mayoría de las ocasiones. Aunque no hay nada modesto acerca de la forma en que Alec me está mirando, o lo que siento cuando lo hace. Y, sin embargo hay tristeza en su mirada, también. —Necesito que me hagas una promesa, Tess.— Alec teje sus manos en mi pelo, sujetándome con fuerza. Él tiene un problema tan serio como el día que nos conocimos. —Prométeme sobre tu alma. —No hasta que me digas lo que yo prometo. —No te va a gustar. —La gente por lo general no hacen que la gente prometa sobre su alma para hacer las cosas que les gustaría hacer— Tomo una respiración profunda. —Sabes que yo haría cualquier cosa por ti. Pero no me hagas jurar sin saber lo que estoy jurando. Confía en mí. Dime la verdad primero. Yo quiero saber. Alec asiente con la cabeza lentamente. A continuación, deja caer una mano de mi cara y toma algo de la mesa. Sus dedos se cierran alrededor de un cuchillo ancho, fuerte. A medida que presiona la agarradera en mi mano, dice: —Si empiezo a cambiar al atardecer, quiero que me mates. —¿Qué? —Al tocar la plata durante la iniciación podría haber evitado a la Hermandad que controle mi mente. Pero podría haber interrumpido el inicio hasta tal punto que no tuviera ningún efecto. Yo podría seguir siendo el hombre lobo que era antes,


condenado a cambiar todas las noches—. Alec hace una mueca de tal manera que yo sé que él está pensando en la última noche, cuando un hombre murió a causa de él. — Si eso es cierto, entonces tengo que terminar con esto. No voy a vivir como un esclavo, o como un asesino. La muerte sería mi única libertad. No, yo no lo creo, pero no lo digo. ¿No le dije a Alec que haría cualquier cosa por él? Y entiendo por qué él lo está pidiendo. Este no es un gesto melodramático: Se trata de Alec diciendo que prefería morir antes ser un peligro para los demás. Es la opción más ética que podía hacer. Y sin embargo no puedo rodear mis dedos alrededor del cuchillo. —Yo iba a preguntarle a mi padre— Las palabras de Alec se escuchan de nuevo —Pero no puedo pedirle matar a su propio hijo. En el fondo es un alma gentil. Hacer esto lo destruirá a él, para siempre. Sé que no sería fácil para ti tampoco, pero Tess, eres fuerte, Más fuerte que yo, creo que ni siquiera lo sabes. No creo que haya algo que no podría soportar si tuvieras que hacerlo. —Así que me estás pidiendo que soporte esto. El aire frío desordena sus rizos castaños. —Sabes que odio preguntártelo. Casi tanto como me gustaría morir. Pero si la única opción que queda para mí en la vida es ser un asesino o convertirme en esclavo de la Hermandad, entonces eso es peor que ninguna vida en absoluto. Cuando me embarqué en este viaje, yo sabía que no podía vivir como siervo de los Lisle, si la iniciación no ha puesto a Alec libre, entonces él también tiene a la vista una vida de servidumbre, más allá de la libertad, más allá de la justicia. Aunque había planeado una salida, ¿qué pasaría si no hubiera habido manera de salirme? ¿Tendría que vivir el resto de mis años como una esclava, o yo habría elegido acabar con eso? Sin duda, no puedo dar Alec ninguna misericordia a menos de que yo lo hubiera querido para misma. Llamando a todas mis fuerzas, poco a poco pliego mis dedos alrededor del mango del cuchillo hasta que pueda separarlo de Alec. Miro directamente a sus ojos. A pesar de que decirlo me quema desde adentro hacia afuera, le digo: —Sí. Yo lo haré. Alec exhala, el alivio de lo que al parecer tenía más miedo, sin saber que en este momento yo era la cara de la muerte. —Gracias. —¿Le dejo una nota a tu padre?¿ Explicando esto?— Me trago un sollozo. —Si tengo que matarte, lo haré, pero no voy a ser ahorcada por ello.


—Siempre práctica— La sombra de una sonrisa parpadeaba en la bien aparecida cara de Alec. —Deja una nota. Dos notas, en realidad, para que lo viera cuando regrese después de su brandís nocturno con el coronel Gracie. Uno lo explica todo, y le dice lo que necesito que haga. La otra es una nota de suicidio falsa. Dice que no puedo superar la muerte de Gabrielle y tengo la intención de saltar en el océano. Para ahogarme. Lo que significa que dejaría a mí y al señor Marlowe para lanzar su cuerpo por la borda y completar la ilusión. Sin duda, su cuerpo nunca sería encontrado. Es una solución tan claramente delineada de lo que podíamos pedir. Y sin embargo me devasta, pensando en alguien tan vital y vivo como Alec siendo más que un cadáver, sólo peso muerto al ser arrojado en el inmenso mar , colosal. Las lágrimas pincharon en mis ojos, pero yo agarre el cuchillo más fuerte. Alec ayuda a guiar mi mano hasta la punta del cuchillo descansando justo debajo del esternón, sólo a unos centímetros de su corazón. —Lo siento, Tess. Odio tener que preguntártelo. —No odies pedirme que haga lo que se debe hacer— Soy lo suficientemente fuerte como para soportarlo. No sé si yo creía eso antes de que Alec me lo dijera, pero ahora entiendo que es verdad. El sol ha comenzado a sumergirse en el horizonte, una franja de color naranjadorado claro cortada por la línea oscura del océano. Me estremezco cuando el viento frío azota a nuestro alrededor, y por un momento ya no puede soportar mirar directamente a los ojos oscuros de Alec. Miro el agua en su lugar, y veo algunas espuelas de hielo, más de las que he visto en ningún otro momento durante el viaje. — Se ha puesto todo tan frio—, le susurro. —¿Vamos hacia el norte?¿Cambiamos de rumbo?. —Es el mar el que ha cambiado— La voz de Alec es desigual. Valiente como es él, no puede ocultar sus emociones frente al rostro de la muerte. —Recuerdo que, cuando viajamos a Europa, el océano estaba repleto de hielo. El barco tuvo que parar media docena de veces. Parecía una eternidad, y yo tenía mucho miedo de lo que me había convertido, estaba impaciente por llegar a donde íbamos,— él se queda en silencio, y yo sé lo que está pensando: Daría cualquier cosa por esos días otra vez a este momento en que solo tengo los minutos contados. En lo alto del cielo se empiezan a profundizar sus matices, todavía el brillante azul está cerca de la puesta del sol, pero más allá horizonte, y por encima, barriendo a nuestro alrededor y hacia el este, una Marina más que pronto se oscurece hasta el negro.


Miro a la punta del cuchillo. Que brilla en la tenue luz , y se siente tan fuerte en mi mano. La camisa desabrochada de Alec me permite reflejar la hoja contra su piel desnuda. ¿Qué tan difícil sería empujar el filo para atravesar la piel, los huesos y el corazón? —¿Cómo te sientes?— Ahoga mi voz es desesperada. —Puede sentirlo venir sobre usted? ¿O que no viene?. —No sé. Mi corazón late rápido, y estoy sudando, eso es lo que sucede antes del cambio. Oh, Dios. —Pero estoy nervioso. Podría ser sólo eso—. Alec obviamente, tiene una dura lucha por el control. —No puedo distinguir la diferencia más. Está muy asustado. Mi corazón está con él, y en ese momento yo siento su dolor más fuerte que el mío. —Está bien—, le digo, manteniendo la voz. —No voy a dejarte cambiar. No me harás daño. No le harás daño a nadie. Te tengo— Es como si yo fuera a aferrarme a él por encima de un abismo, en lugar de ser el que podría ser lanzarlo dentro. Nuestras miradas se cruzan de nuevo. La luz del atardecer pinta color de rosa nuestras caras. Agarro el cuchillo más fuerte, mis latidos del corazón empiezan a acelerar. El sol empieza a bajar, sólo una delgada línea de luz queda. Y luego se ha ido. Es de noche. Y Alec permanece humano. Mi cuerpo parece que aflojarse. Dejé caer el cuchillo de mi mano mientras me tambaleo hacia atrás, Alec me atrapa y me sostiene en sus brazos fuertes, a pesar de que él está casi tan deshecho como yo. —Tess—, susurra en mi pelo. —Soy libre—. —Eres libre para siempre—, repito. —Tienes una oportunidad, Alec. Tienes que tener esperanza. —Mi valiente Tess— Su boca roza mi mejilla, y la comisura de mi boca. Lo jalo cerca y lo beso, luego más fuerte, hasta que sus labios se abren y su lengua roza contra la mía. El viento azota a nuestro alrededor, más fría y más duro que nunca, y Alec me jala adentro, lejos del frio que entra. Nos tropezamos con la pesada silla tallada en la sala de estar, tal vez por eso me hundo hasta las rodillas, tirando hacia abajo a Alec


conmigo. ¿Por qué se desliza sus brazos alrededor de mi cintura mientras me recuesta sobre la alfombra frente al fuego. Aunque yo lo conozca mejor, y él también. —Puedo decirlo al fin—, murmura a medida que nos abrazamos, nuestros cuerpos uno al lado del otro. —Te amo. —Y yo te amo— No se siente como una revelación. Se siente como algo que he sabido desde el momento en que lo conocí. —Tess—. El aliento de Alec es cálido contra mi garganta. Estamos enredados el uno al otro. Jalo su camisa, dejando al descubierto sus hombros. Su cuerpo cubre el mío. —No te puedo ofrecer nada. Matrimonio, él quiere decir. Un futuro. Todo lo que su esclavitud a la Hermandad nos niega. Todas esas cosas que parecen tan importantes a la luz brillante del día, pero son tan carentes de significado. —Me puedes ofrecer esta noche— Arqueo mi cuerpo bajo de él hasta que gime. En el último momento antes de que su boca cubra la mía una vez más, le susurro: — Eso es suficiente. Horas más tarde, me acuesto en la cama de Alec, vestida sólo con suaves sábanas blancas. Alec se encuentra a mi lado, quieto rastreando las líneas de mi cuerpo con sus dedos, con una expresión de asombro. —Eres tan hermosa. Más bella de lo que nunca imaginé. —Yo podría decir lo mismo de ti— No puedo resistir una sonrisa pícara. —Yo no había visto lo hermoso que eras en el baño turco. Él sonríe y me besa, y volvemos a caer en la cama riendo, como si se tratara sólo de nuestra primera noche juntos en lugar de la última. Así es como siempre imaginé que una chica se siente en su luna de miel: acariciada, amada, femenina, y satisfecha. No sé lo que todas esas ancianas cuchicheaban, diciendo que duele la primera vez. No me dolió nada, ni siquiera al principio, y después de la primera, ¡oh, entiendo mucho más ahora! ¿Por qué la gente comete errores de este tipo!. ¿Por qué todas las personas no se arriesgan? Arriesgamos poco, sé cómo tener cuidado. Alec también lo hace, y él se ocupó de mí sin que yo tuviera que preguntar. Ninguno de nosotros quiere un bebé. Eso es lo mejor, lo sé, pero me gustaría de alguna manera poder llevarme algo de él conmigo siempre. Lo que realmente estoy deseando es que yo no tenga que decirle adiós.


La sonrisa se desvanece de mi rostro, mientras que él observa. Nos hemos escondido de la dura realidad tanto como fue posible. Es hora de enfrentar la realidad. —Sabes que tienes que irte—, dice. —Por tu bien, no el mío. —Lo sé. Mikhail y la Hermandad no permitirá que una mujer entre en su vida. Mucho menos una que conoce sus secretos. —Y todavía no sé si puedo controlar mi voluntad. A pesar de la plata, la iniciación trabajo lo suficiente para que me libre de cambiar o no, en una noche cualquiera, excepto la luna llena. Puede haber trabajado lo suficiente para darme autocontrol. Y si me mandan a hacerte daño a ti… —Tu— Me siento, sosteniendo la hoja en mi pecho. —Sé que tenemos que separarnos, Alec. Lo has dejado claro antes de que yo llegara aquí. Alec duda. —Esto es un infierno, decidir qué hacer con nosotros, Tess, si necesitas el dinero para empezar de nuevo en Nueva York, podemos dártelo. Está preocupado de que me haga sentir como una prostituta, como si yo no pudiera decidir la diferencia entre eso y lo que pasó entre nosotros esta noche. Es por su bien que me alegro decirle: —Yo no lo necesito. Irene me dio dos años de sueldo cuando me fui, Lady Regina estará furiosa cuando se entere. Pero estoy bien situada. Alec asiente con la cabeza, aunque parece incierto. Dos años de sueldo para mí es probablemente menor que el costo de uno de sus caballos de polo. Pero se adaptarme bien. —¿No hay nada que pueda hacer por ti?. —Tu padre me ofreció una carta de recomendación. No me importaría eso. ¿Me lo podrían enviar a mi camarote, antes de atracar? Espero que él lo haga en todo caso, pero mucho ha sucedido. Así que recuérdele de nuevo, por favor—. No sé, ahora, si voy a volver al servicio en los Estados Unidos, o si voy a buscar otra línea de trabajo. La generosidad de Irene me da tiempo para considerar las posibilidades. La carta sirve como un seguro, sin embargo, siempre tendré esa opción abierta para mí. —Por supuesto—. Alec habla en voz tan baja. Por primera vez, me dejo preguntar las cosas que podrían haber pasado con nosotros si fuera libre, si la Hermandad no habría hundido sus garras tan profundamente en él. ¿Querría verme en los Estados Unidos? ¿Cortejarme como un joven correcto? ¿Incluso me pediría que me casara con él? Esas ideas románticas no arden muy brillantemente en mi mente por sentido común. Los millonarios no se casan con las criadas de las damas. Y si Alec no fuera un hombre lobo, y sufriendo bajo esa maldición, apenas nos habríamos encontrado. Yo le


habría conocido sólo como un joven hombre que Lady Regina pensó adecuado para su hija. Y sin embargo, no se puede descartar la idea por completo. Lo quiero tanto. Se siente tan injusto que esto nos suceda a nosotros. Ahora que la tristeza se ha colado en nuestros tiempos juntos, sé que ha llegado el momento de irme. Hemos tenido una noche de alegría, y yo no quiero ser el que la arruina con lágrimas. —Me tengo que ir. Alec abre la boca para protestar, pero no dice nada. Él sabe por qué me tengo que ir, conoce mis pensamientos tan pronto como los pienso. Me puse mi vestido rojo, trenzo mi pelo hacia atrás en algo parecido a lo que tenía antes. Detrás de mí, oigo a Alec tirando de su túnica. Cuando nos enfrentamos otra vez, ya no somos más amantes jóvenes y alegres. Somos personas que se separan para siempre. Me besa con pasión aún más de lo que él hizo cuando hacíamos el amor. Una y otra vez nuestros labios se encuentran, hasta que casi no puedo recuperar el aliento. Todo esto y sin embargo sé que estamos diciendo adiós. Cuando por fin nos separamos, Alec mete la mano en el bolsillo de la bata. De ahí saca su pañuelo de lino fino, brillante en los pliegues de la ropa es el medallón de su madre. Todavía no lo puede tocar. —Yo quiero que tengas esto—, dice Alec. —Todo lo que mi madre podía hacer por mí lo hizo. La protección que quería darme, el amor se mantiene, te pertenece a ti ahora, Tess. Parpadeo rápido, tomo el medallón de él y lo doblo en la palma de mi mano. — Lo guardaré para siempre—, prometo. —Si alguna vez necesitas ayuda, sabes cómo encontrar a mi padre. Y mi padre sabe cómo encontrarme. —Si alguna vez necesito ayuda— Aunque quiero decir que no necesito ayuda de nadie. No quiero ser una carga para Alec, me convenzo a mí misma, no quiero confiar en él como un subterfugio para juntarnos una y otra vez. Eso sólo nos causara dolor. —Ahora tienes que ser el que me haga una promesa. —Cualquier cosa—, dice Alec. —Observa la salida del sol esta mañana. Por fin puedes ver eso de nuevo también, y eso te recordara tener esperanza. No importa lo que has perdido, no importa lo que has pasado, hay esperanza.


Nos besamos otra vez, pero ahora las lágrimas nadan en mis ojos y ninguno de nosotros lo puede soportar. Yo me alejo con él y salgo del camarote sin decir adiós. No logro escuchar la despedida de Alec. Él sólo cierra la puerta detrás de mí, una barrera que representa a todos los demás que nos mantienen separados. Me dirijo hacia abajo a las entrañas de la nave, con sólo la atención a media de los huéspedes a dónde voy. Por ahora sé el camino también. Tal vez debería mirar un poco más, ya que voy a tener otra razón para volver a la primera clase y su grandeza. Sin duda, un administrador ya ha pasado a mi camarote, con la esperanza de recoger la llave preciosa entre la primera y la tercera clase, ahora que ya no estoy en el servicio de los Lisle, no tengo ninguna excusa para mantenerla. Pero mi conciencia está hacia adentro, como si todo mi mundo estuviera expuesto en mi piel. Los latidos de mi corazón siguen siendo rápido, y por debajo de mi ropa me imagino que todavía puedo sentir el tacto de Alec, su beso. Cierro la mano en torno al relicario de plata que perteneció a su madre, luego lo pongo en mi bolsillo para su custodia. Esto es lo único que puedo conservar por siempre. Esta noche sé que voy a llorar hasta quedarme dormida. Luego habrá un día más de la travesía que soportar. Le pediré a Myriam que camine conmigo en la cubierta. Iré a un baile en el salón de tercera clase. Tal vez hablaré un poco más con Ned y quizás me despediré, cuando esté fuera de sus servicios por las tardes. No será tan malo. Vuelvo a la cubierta F, paso por la pista de squash, ahora vacía, por el pasillo en silencio. Debe ser muy tarde. ¿Qué importa? Mañana puedo dormir hasta tarde si me gusta, algo que no he sido capaz de hacer una vez en todos los años que he trabajado para los Lisle. Abro y paso por la puerta entre la primera y tercera clase casi distraídamente. Justo cuando empiezo a cerrar la puerta detrás de mí, una mano se desliza a través y me agarra por la cintura, tirando de mí hacia atrás. Demasiado sorprendida incluso para gritar, yo miro hacia atrás y veo a Mikhail. Su sonrisa es lo único que puedo ver detrás de su barba oscura. —Usted no pudo haber pensado en que yo pudiera terminar contigo.


Traducido por Shelly Corregido por Strella

LA PUERTA DE LA TERCERA CLASE SE CIERRA DE GOLPE, ATRAPÁNDOME a solas con Mikhail. Me retuerzo en su apretón, y durante un momento siento alivio - pero entonces me doy cuenta que él me dejó ir. Me tiene arrinconado, y disfruta de ello. —Le dijiste al señor Marlowe que me dejaría en paz—, le digo. Él levanta un dedo, cerca de mis labios, como si me hiciera callar, o para darme un beso, lo que odiaría más. —Hice una promesa solemne -para la seguridad de tu hermana, no la tuya. No le debo nada el señor Marlowe. Sólo la Hermandad tiene mi lealtad, sólo la Hermandad la merece. Alexander Marlowe entenderá esto, con el tiempo. Quiero decirle a Mikhail lo que puede hacer con la Hermandad, que ellos nunca poseerán a Alec, pero sostengo mi lengua. No deben adivinar lo que él hizo con la plata, que él tiene la oportunidad de obedecer a su propia voluntad en vez de a ellos. Estudia mi cara, claramente gustoso de lo que ve. —Lágrimas contenidas. Que conmovedor. ¿Alec ha terminado ya contigo?— Giro la cabeza a un lado. Mikhail se ríe en silencio. —Ya ha comenzado, entonces. Su entendimiento de que los seres humanos, especialmente las mujeres -sólo están por debajo de los avisos de los dioses. Esto duele. Aunque en mi corazón sé la verdad entre Alec y yo, la versión de Mikhail de los hechos está muy cerca de la historia de Daisy y mis peores temores propios: que los ricos utilizan a las muchachas y las tiran a la basura. Incluso si eso no es lo que me pasó a mí, no me gusta que Mikhail pueda siquiera pensar en tal cosa tengo que dejar que lo crea. Eso no quiere decir que juegue con todo lo que el hombre dice. —No ere un dios—, replico mordaz. —Usted camina en cuatro patas y huele como un perro. Eso no es lo que venero en la iglesia.


—Eres tan ignorante que ni siquiera sabes aun lo que es un dios.— Mikhail se acerca más a mí, su pesada musculatura enmarca lo que hace como otra clase de pared que no puedo pasar. Miro de lado a lado, esperando que alguien aparezca y le obligue a retroceder, pero esta zona de primera clase no tiene cabinas, sólo lujos como la pista de squash. —Tú sólo ves la forma del lobo. No sabes la realidad de ello. La agonía del cambio, y la gloria de saber que tu cuerpo y tu mente son capaces de llegar a ser distintas a la humana. Más que humano. Desafiamos a la muerte. Desafiamos las prisiones de nuestros cuerpos mortales. Desafiamos a todo lo que rige a la humanidad patética como tú. —Pero usted no tiene nada mejor que hacer con su tiempo que acosarnos, ¿verdad?— Doblo mis brazos. Aunque estoy aterrorizada de él. —Vuelva a gobernar el universo del Olimpo, o cualquier otra cosa que es lo que hagan los perros mestizos. No tiene nada que ganar con hacerme daño y todo que perder. Me siento muy bien acerca de este desafío hasta que Mikhail fríamente responde: —Tengo una cosa muy importante que ganar. Otra daga de Iniciación. —Alec -la tiró por la borda—No me sorprende que una niña tonta como tu piense que me iba a creer una historia tan ridícula. Aunque, Alec debería haberlo sabido mejor. Maldita sea. Lo sabe. ¿Qué influencia podría la Daga darme ahora para utilizarla. —Le di la lámina a Alec. Eso es todo lo que sé, más allá de lo que él ha dicho. Sin embargo, si es que todavía la tiene, y usted me mata –la tirara por la borda eso es seguro. Mikhail no retrocede. Ni siquiera deja de sonreír. —No hay duda de que el joven señor Marlowe reaccionaria mal si te matara. Pero no me refiero a matar. Me refiero a hacer daño. Lo que puede durar mucho más tiempo. Todo mi cuerpo se enfría. —¿Qué podría hacer Alec para ahorrarte el dolor?— Mikhail inclina su cabeza, entorna los ojos. Veo al lobo en él con tanta fuerza ahora, con más intensidad que cuando tenía pelo y colmillos.—La entrega de la daga de iniciación sería sólo el comienzo. Este es el momento en que me atemorizo tanto que voy más allá del miedo. En el lapso de un parpadeo, de repente soy consumida por la rabia al rojo vivo. ¿Mikhail quiere hacerme daño? Le mostrare el daño.


Golpeo mi mano en su rostro tan fuerte como puedo, tan duro que los huesos de mi brazo duelen. En ese primer instante, la sorpresa está de mi lado, y Mikhail sólo es capaz de tropezar hacia atrás. Uso ese momento para ir tras sus ojos con mis uñas. , Grita de dolor, y es el sonido más dulce que he escuchado. Pero entonces se pierde mi ventaja. Mikhail se recupera y agarra mi brazo, retorciéndolo salvajemente detrás de mí hasta que temo que el hueso se rompa. Grito una y otra vez, pero no hay nadie para escucharlos. La otra palma de Mikhail aplaude través de mi boca de todos modos, menos para silenciarme y más, como para asfixiarme. Me tira contra él, su pecho a mi espalda. Sin duda, puede sentir el latido aterrorizado de mi corazón. —Pagaras por esto—, murmura a mi oído, con voz sedosa. Él disfruta beber el miedo del modo en que otros lo hacen con el champán. Su mano se aprieta contra mi cara, y creo que puede olvidar sus planes para manipular a Alec y matarme sólo por el gusto de hacerlo. Pero eso es cuando el barco empieza a temblar. Es un extraño sonido, como un millar de canicas que se derraman a través de un suelo de baldosas, aunque más profundo y más grande que eso. La vibración de las ondas pasa a través de nuestros pies, y ahí hay otro tipo de movimiento también. Un escalofrío. Como si el barco tuviera tanto miedo como yo. Y está muy cerca. . . Nos quedamos quietos por un momento, Mikhail tan sorprendido como yo. Tal vez intenta comprender lo que pasa. Tengo preocupaciones más inmediatas. Conduzco mi codo hacia atrás en sus entrañas lo suficientemente fuerte para hacerle vomitar. Su apretón se afloja lo suficiente para quedar libre. Huyo de él tan rápido como puedo, pero no lo suficientemente rápido –Mikhail con su velocidad inhumana, está sobre mí de nuevo en un segundo. Se estrella contra mí, conduciéndonos a ambos al piso. Sus puños agarran mi pelo, y lloro de dolor. Aunque trato de darme la vuelta y liberarme, no puedo. Si tan sólo tuviera la daga de iniciación ahora, lo apuñalaría en el corazón, pero pienso en algo mejor. Con mi mano libre, alcanzo mi bolsillo y cierro los dedos alrededor del medallón de la madre de Alec. Su medallón de plata. Con el medallón en mi palma, golpeó la mano contra un lado de la cara de Mikhail, y no hay sonido más dulce que su aullido de dolor. A medida que retrocede, aferrándose a su mejilla herida, Me doy la vuelta y consigo liberarme.


Tropezando con mis pies, comienzo a correr hacia la puerta de tercera clase. La gente estará allí, amigos y extraños por igual. Sin duda, Mikhail no me hará daño frente a una multitud de testigos. Así como tomo la manija de la puerta, Mikhail me garras por la cintura y tira de mí hacia atrás con tanta fuerza que pierdo el equilibrio. Mis dedos sudorosos pierden el control sobre el medallón, y grito a medida que cae al suelo. Entonces me lanza por encima del hombro como si fuera una alfombra enrollada. —Pagaras por todo eso—, dice entre dientes, mientras aporreo impotente contra su espalda. —No tienes idea de cuánto vas a pagar. Antes de que termine, Alec tendrá que mendigar por tus desechos. Tira para abrir una puerta -la pista de squash, creo- y me arrastra a su interior. Cuando me arroja hacia abajo, tropiezo hacia atrás, y espero verlo convertirse en lobo en cualquier momento. En su lugar, simplemente se queda ahí. Mikhail ni siquiera me mira. Él está mirando a la esquina de la habitación. Poco a poco vuelvo la cabeza en esa dirección, y ahí es cuando veo el agua. Una esquina de la habitación burbujea por el agua oscura. Esto se parece a la primavera, cerca del estanque de los patos sobre los jardines de Moorcliffe, casi silencioso, pero constante. El charco en la esquina se amplía por segundos, duplicando su tamaño en el tiempo que me lleva reconocer lo que es. ¿Hizo explosión la tubería? ¿La piscina se está desbordando? No entiendo por qué la pista de squash estaría inundada en la oscuridad de la noche. —Bozhe moy— hundiéndonos—.

(En

búlgaro

Dios

mío),

dice

Mikhail.

—Estamos

—¿Quieres decir -el barco?— Ese sonido que escuchamos, el estremecimiento que paso a través de todo el Titanic- ¿estás hablando de esto? Mikhail no me responde. Es como si la mera visión del agua casi me hubiera borrado de su mente. Me pregunto si podría deslizarme por la puerta, tal vez ni siquiera se daría cuenta. Pero entonces me golpea de revés tan rudamente que mi cabeza se estrella contra la pared. Todo va débil -no negro, sino gris- y me desmayo de modo que casi no puedo sostenerse. Entonces siento sus manos sobre mis hombros mientras lanza mi cuerpo a través del cuarto.


Sé que caigo, aunque no puedo sentir el impacto. Oigo el golpe de una puerta cerrándose, y la vuelta de la cerradura, pero no me importa. Todo se desvanece a lo lejos, como una fotografía que se ha dejado cerca del sol durante mucho tiempo. Sería tranquilo si me doliera menos la cabeza. A veces el dolor se detiene, pero luego, el tiempo se detiene también. A pesar de que estoy aquí, no estoy aquí. Me pregunto si este es el lugar entre la vida y la muerte. No me importa si lo es. Nada me importa en lo absoluto - hasta el momento en que el agua fría toca mi mano.


Traducido por Guada16 Corregido por Strella

15 de abril de 1912

l tacto frío del agua me despierta de mi estupor. Aturdida, me empujo, obligándome a recordar lo que acaba de suceder mientras me deslizaba por la húmeda y fría pared. Mi cabeza estaba llena de un dolor sordo. Me cuesta volver a mí misma y comprender que es lo que está pasando. En la oscuridad el agua helada se precipita sobre la pista de squash. Y se extiende a lo largo de toda la sala y casi llega hasta la pared de fondo donde rápidamente el agua ya tenía dos metros de profundidad. Una vez más, recordé el terrible sonido que sacudió a todo el Titanic. Aunque parece imposible que cualquier cosa le pudiera salir mal a un barco nuevo y esplendido, tengo evidencia suficiente ante mis ojos para poder negarlo. No me puedo imaginar lo que le podría suceder a un transatlántico estando lejos del océano, y muchos menos estando ahí. Pero, Sin saber demasiado sé que lo que sucede aquí es algo malo. Y esta habitación parece ser la peor de todas. Mi cabeza sigue doliendo, corro a la puerta, pero está cerrada. Mikhail se aseguró de dejarla así. Y a pesar de eso él se asustó demasiado con lo que paso a la nave para olvidar todo acerca de mí, de Alec, y de la Daga de iniciación. Eso me asusta aún más, pero trato de controlarme. Lanzo mi peso contra la puerta una vez, dos veces, y una vez más. El hombro me duele, pero la puerta no se mueve. —¿Puede alguien oírme?—, Grito. —Mi puerta se atoro. — tanto gritar hace que me duela aún más la cabeza. —Alguien, ¡Ayuda! No puedo escuchar si alguien me responde o no. Se hace difícil escuchar con el gorjear del agua, que se hace fuerte como el agua se hace más profunda. Si se algo, es que ahora eso entra precipitadamente y más rápido.


Mi estómago cae cuando me doy cuenta de que esta habitación entera con sus techos altos podría llenarse de agua y pronto, y si aún estoy dentro, me ahogare en la pista de squash. Necesito algo para romper la puerta. Flotando sobre el agua veo unas cuantas piezas abandonadas de Squash, raquetas, obviamente. Son mejor que nada. Yo levanto mi falda y me tiro al agua Y grito. Dios mío, el frio se siente como si me estuviera quemando. Mi carne congelada grita al instante, y me duelen los huesos, el agua está enfriando mi medula. Salto hacia atrás y tratar de tomar fuerza mientras agarro la raqueta, y me pego a la red, pero el agua hace que mis dedos estén frágiles y duelan. Mis manos están casi entumecidas pero por el momento logro tener la raqueta. Trato de estrellarla contra la puerta fuertemente, tantas veces como pueda, ya que el agua casi cubría el piso ahora. Y no quiero sentir el terrible frio de nuevo, pero si me demoro más tiempo, puedo volver a sentirlo Golpeo otra vez la puerta con la raqueta, y esta vez la puerta se abre .En aquel primer instante, tontamente pienso que lo había golpeado débilmente en las bisagras pero mi pensamiento termina cuando veo un grupo de marineros allí, un pequeño grupo. Aunque ellos parezcan sorprendidos de verme, nadie pregunta lo que hago en la pista de squash; ellos están demasiado horrorizados al ver tanta agua. — El infierno sangriento, — dice uno de ellos. — ¿Qué ha pasado? — Pregunto. — Golpeamos un berg — otro hombre me responde, y me doy cuenta que eso debe significar un iceberg. — ¡Diga al capitán que aquí hay agua, rápido! Los empujo pasando por los pasillos, Mis pies entumecidos me vuelven torpe, y casi caigo de no ser que haya logrado apoyarme contra la pared. Algo brilla sobre la tierra: El medallón de la madre de Alec. Con el temblor de mis dedos lo agarro, luego comienzo a correr otra vez. Al principio apenas sé dónde voy, solo sé que tengo que salir de allí - pero entonces pienso. Los marineros sabían del accidente con el iceberg. Ellos estaban inspeccionando los daños que tenía el barco. Estaban muy alarmados por el daño que encontraron, lo suficiente como para poder llamar rápidamente al capitán.


No importa cuán mal pensé que esto estaba antes, ahora está peor. ¿Necesito respuestas, pero quien me las puede dar? Mi primer pensamiento es el amable con el Sr. Andrews, pero sin duda ahora está ocupado y es poco probable que acepte una llamada de la chica de tercera clase que se presentó en medio de la noche con una crisis acerca de un perro. Mi segundo pensamiento es mejor: George. Si Myriam puede encontrarlo, ella puede obtener más información acerca de lo que realmente está sucediendo. Eso significa que tengo que encontrar a Myriam. Aunque me siento débil por el frio y mareada por el golpe en mi cabeza, me guio sola por el área de tercera clase, hacia mi cabina. Los pasillos estaban más concurridos de lo que esperaba para la medianoche; varias personas están arriba y alrededor, sin duda despertadas por el sonido de la nave golpeando el iceberg. Pero nadie parece comprender el peligro — en su mayoría parecen molestos, murmurando en media docena de idiomas sobre ser sacudido tan tarde. ¿Es posible que esto no sea tan grave como me parecía a mí antes? Pero cuando llego a mi cabina, me doy cuenta de que debe ser ese grave o peor. Porque no tengo que convencer a Myriam de encontrar a George — ya está aquí. —Tess, gracias a Dios has venido.— Myriam agarra mi brazo. —George dice que debemos ir a cubierta y meternos en los botes salvavidas—. —¿Botes salvavidas? Pero, que paso, si, si: —Me costaron sacar las palabras. — ¿Nos estamos hundiendo? —No sé, — dice George. Él se ve pálido . —Todavía evaluamos el daño. Pero el Capitán Smith ha dicho que nosotros deberíamos traer a la gente sobre la cubierta y poner a damas y niños en los barcos por precaución. Él no es ningún alarmista, es el capitán más correcto de la Línea de Estrella Blanca. Si él dice que usted debería alojar los botes salvavidas entonces usted debería ir. —Sus ojos se cierran sobre Myriam. — Solamente para estar a salvo, mi querida. —Vamos a ir—. Myriam se vuelve hacia la puerta de la cabina abierta y dice a las ancianas noruegas, —¡ vamos! Tenemos que ir a los botes salvavidas!— Ellos miran fijamente sin comprender. —¡Salvavidas!— Myriam grita más fuerte, como si esto de repente las haría capaz de entender el inglés. Tal vez el barco se hunde, dice George. Es una posibilidad. No una certeza. Eso es lo que nos dijo, y sinceramente le creo — la honestidad brilla en sus ojos azules. Pero a pesar de que él es un oficial a bordo del buque, hay algo más. He visto esa sala llenándose de agua. Escuché las maldiciones de los marineros que vieron el daño y se apresuraron a llamar al capitán.


Todo eso me dice algo: el Titanic se estĂĄ hundiendo. QuizĂĄs no antes, pero definitivamente ahora sĂ­.


Traducido por Strella Corregido por Strella

UÉ DEMONIOS TE HA PASADO?— GEORGE me mira, y

me doy cuenta de que debo ser un espectáculo con cabello muy despeinado, vestido arrugado y mojada con agua, por no mencionar la marca de agua que dejan mis zapatos. —Estoy bien.— Eso es todo lo que planeo decir. Mi mente está corriendo. ¿ Alec sabrá del peligro? ¿Estará él y su padre a salvo? A continuación, un chaleco salvavidas blanco me golpea en la cara, y lo capturo por reflejo. —¡Póntelo!— Dice Myriam. El suya esta ya alrededor de su cuello. —Si tenemos que lanzarnos al mar en un pequeño bote, quiero que estés conmigo. Venga, abuela, póngase la suya también. —Luego dice algo en Líbano, probablemente la misma cosa, pero no sé más de lenguaje que de inglés. Ella acaricia el chaleco blanco, tratando de animar a las mujeres de Noruega, pero basta solo con quitarles las mantas. Sin duda, ellas entienden lo que significa un chaleco salvavidas Pero no creo que el barco se hunda. ¿Que podría hundir el poderoso Titanic? Yo no lo sé, aunque he visto el agua. Incluso los pasajeros de tercera clase que entienden inglés no creen lo que dice Gerore. Ellos piensan que no es más que un simulacro. Cuando tengo puesto mi chaleco salvavidas, George dice: —Si realmente quieren entrar en el bote salvavidas, deben apurarse, les prometo que iré. Sé que da miedo—Voy a estar feliz de irme—, dice Myriam. —No me he sentido muy cómoda en este barco desde que se de los hombres lobos. George frunce el ceño. —¿Perdón?— Luego mira hacia otro lado, suponiendo que él ha oído mal. —Tengo que volver al servicio. Voy a tratar de encontrarte de nuevo. —Rápidamente besa a Myriam, y luego se precipita de nuevo por encima de las cubiertas.


Una vez que se fue, Myriam dice, —¿Que fue realmente lo que pasó? —Mikhail.— No se necesita otra explicación. —Myriam, he visto el agua en la pista de squash. Está aumentando rápidamente. Ella aspira una bocanada profunda de aire, pero se mantiene en calma. — Entonces vamos a llegar a los botes salvavidas.— Rápidamente mira por encima del hombro a nuestras compañeras, que se niegan a seguirnos. —Nos seguirán, cuando se den cuenta de la verdad. ¿No? —. Sin duda,— No puede pasar demasiado tiempo hasta que el agua cubra toda la pista de squash y el pasillo y otras habitaciones en la cubierta F, pero luego correrá a través de todo este pasillo, como si se tratara de un río. Pero en pisos superiores, les costara asumir la verdad. Sin duda, los dueños están prestando más atención a los pasajeros de la primera clase, pero todos seguirán actuando tercamente. —Myriam, sube a la cubierta sin mí. Voy a estar justo detrás de ti. —¿Qué estás haciendo?— Frunce el ceño Myriam. —Alec—, le digo. —No puedo ir hasta que yo no lo encuentre a salvo. Logro subir por las escaleras hacia la primera clase. (. Los ascensores todavía podría estar trabajando, pero no quiero pensar en subirme con la posibilidad de quedar atrapada en uno mientras el barco se hunde) Alec tiene que alejarse del barco rápidamente, y que pase a estar seguro. Confío en su criterio, y el de su padre. Ellos prestaran atención a las advertencias y se moverán rápidamente. Pero tengo que saber que han sido advertidos. Lo pienso una vez, recordando las palabras exactas de George: Me dijo que estaban poniendo —señoras y niños— en los botes salvavidas. Pero eso fue cuando pensaban que el hundimiento sólo era una posibilidad. Sin duda, la tripulación y todo el mundo estarán en esos botes cuando vean el peligro real. Lo único que podía mantener la seguridad de Alec es tratar de cuidar de mí. A pesar de mi cabeza palpitante y el vértigo que aún viaja a través de mi en oleadas, que se redoblan en velocidad cada vez más. Tengo que llegar a Alec, y pronto. Cuando llego a un puente y estalló en primera clase, no me asombro en lo absoluto. La escena que me rodea es, casi completamente normal. El grupo de clúster en el salón puede pueden estar en la misma reunión distinguida de todas las noches anteriores, con la excepción de que el vestir de la gente es más excéntrica: Algunos están en su mejor ropa de noche. Varios de ellos están vestidos con sus chalecos salvavidas, aunque otros simplemente los llevan bajo el brazo


y muchas personas todavía no han tomado la molestia de encontrar el suyo. Se están riendo de los chistes del otro, e incluso al mirar a través del salón a la gran escalera y la entrada a la cubierta de los botes salvavidas, donde seguramente deberían estar-, no veo una multitud. La gente está tratando esto como una broma, nada más que una interrupción en su gran viaje, una buena historia que contar en las fiestas una vez que lleguen a casa. A lo lejos, tal vez fuera o en otra sala de estar, la banda está tocando — Por la luz de la luna plateada. Por Dios. Ni siquiera han dicho a la gente rica que este barco se está hundiendo. Así no evitaran que el agua cubra sus cabezas A medida que paso entre el grupo, me dirijo hacia las cabinas de pasajeros de primera clase, Y veo una figura familiar entre los pocos en la cubierta: Irene. Corro hacia ella. Cuando estoy llegando, yo grito, esta notablemente más frío fuera de lo que nunca ha estado antes en este viaje. No es de extrañar que golpeara contra un hielo. Mis botas mojadas se vuelven frías tan rápido que me hace temblar, pero no dejo de correr. Cerca de allí, veo que un bote salvavidas está bajando, lleno de damas de la sociedad en pieles y sombreros, pero con los asientos vacíos ocupando equipajes. Irene mira lejos del espectáculo y me ve a mí en unos instantes. —Tess. —Lady Irene— recibo la desaprobación de varios al gritar. —Gracias a Dios que estás aquí. —Mi Madre y Layton dijeron que era un montón de tonterías, pero creo que tenemos que hacer lo que el mayordomo dijo. Aunque yo no tengo prisa para entrar al mar en uno de esos pequeños botes. —Su pelo cuelga suelto alrededor de su cara. Ella está vestida con su bata de color verde mar con detalles en oro, me doy cuenta de que Ned se encuentra a pocos metros de ella, a su lado como siempre. Probablemente llegó aquí sobre todo para estar solos, poco importa, siempre y cuando estén dentro del alcance de los botes salvavidas. Irene añade, —Tess, ¿estas segura de que estás bien? ¿Cómo has llegado tan mojada? —El barco se hunde.— No tiene sentido suavizar el golpe. —En las cubiertas inferiores, el agua ya está llenando las salas. No hay un escándalo porque todavía no se lo dijeron a las personas, pero la próxima vez que carguen un bote salvavidas, los dos deberían entrar. — Los ojos de Irene se amplían. Ned, que puedo decir, no me cree. Él dice: — ¿Cómo estas tan segura?


Señalo mi vestido mojado. —Estoy segura ¡Ned! Créeme, estarás seguro muy pronto. — —Mi madre, el bebé Bea. —Irene agarra el brazo de Ned. —Ellos pensaban que no es nada más que un simulacro de Estrella Blanca. Tenemos que ir con ellos. —Por supuesto—. Ned le cubre la mano con la suya, la audacia de un momento para mostrar lo que siente. —Nos pondremos a salvo. Se vuelve hacia mí. —Tess,¿ te vienes con nosotros? Me temo que no me van a creer a menos que les diga lo que has visto. —Detrás de ella, un oficial pide a la gente llenar un bote salvavidas, pero aun sabiendo lo que sabe ahora, Irene no debería mirar hacia atrás, y Ned solo debería acompañarla. —Además, es necesario vendarte la cabeza. Creo que está sangrando. A pesar de que estoy loca de impaciencia por llegar a Alec, tengo que pasar por la cabina de los Lisles que está en camino a la suya, y además, todo esto es por Irene. — Démonos prisa—, le digo. —De hecho, vamos a correr. Nadie nos para mientras corremos, mis botas dejan marcas oscuras en las alfombras caras. Unos pocos pasajeros confundidos están tropezando, todo es como un gran drama con conjuntos de batas de raso y chalecos salvavidas que han puesto sobre su cabeza para su custodia. Los comisarios están diciendo a la gente, me doy cuenta, golpeando puertas y al parecer a las personas no le interesa llegar a cubierta. Que nunca tocó el temor en nadie. Irene irrumpe a través de la puerta de la cabaña de su familia, Ned y yo a un lado. —¡Madre! ¡Layton! Vamos, tenemos que irnos rápidamente. —No me digas que estás hablando de hundimiento del barco de nuevo,— Layton murmura. Su voz todavía espesa, los labios hinchados por los golpes que Mikhail le dio. Está acostado a través de uno de los sofás junto a la chimenea y tiene una copa de coñac en una mano. Cuando me ve, se burla: —¿Qué te trajo aquí? —El hundimiento del Titanic—, le digo. —bajos las cubiertas, el agua esta profunda.— Lady Regina, en camisón de encaje con volantes y bata, me mira con disgusto. — Aún más mentiras. Ahora que ya no puedes ayudar a Irene a robar a la familia, ¿te has rebajado a las bromas? ¡Qué lástima!. —No es ninguna broma.— Aunque es difícil mantener la paciencia, lo intento por el amor de Irene. —Míreme, ¿lo ve? Estoy medio empapada. El agua está subiendo rápido en la tercera clase.


La señora Horne se encuentra en la esquina de la habitación, meciéndose hacia adelante y hacia atrás sobre sus talones. —El agua—, dice ella con voz entrecortada. —Todo era agua.— Su pesadilla se ha hecho realidad, y ella lo sabe, y está congelada en su lugar como si fuera una estatua. —Madre, por favor.— Irene da unos pasos más cerca, las manos entrelazadas. — Si hay alguna posibilidad de peligro, tenemos que subir a cubierta, ¿no crees? Más vale prevenir que curar. El desprecio de Lady Regina se profundiza. —¿Para ser vistos en nuestra ropa de dormir? ¿Despeinados? Sabía que no tienes sentido de la presencia, Irene, pero pensé que entendías que su hermano y yo tenemos estándares más altos. —Además,— Layton dice, —¿qué sentido tiene? A los tontos desafortunados se los introduce en el agua para coger resfriados y sentirse mareados, pero no hay forma en que puedan cargar a todo el mundo. No hay suficiente barcos salvavidas. Es como si hubiera sido sumergida en las aguas frías de nuevo. —¿Qué quieres decir? Esta nave es-es enorme, tiene todo lo imaginable, sin duda tiene los botes salvavidas para todos. Layton mezclo su coñac como si su sombra ámbar fuera más importantes que el destino del Titanic. —Algunos de los muchachos estaban hablando sobre esto la primera noche. Varios botes salvavidas fueron tomados para hacer más espacio para las cubiertas de paseo privadas. Sensato, realmente. Y eso nos habla de la necesidad de hacer un simulacro. No hay suficientes botes salvavidas. No todo el mundo en este barco puede ser salvado. La sensación que me consume no es el miedo. Es peor que eso. El miedo se preguntaba si algo terrible podía suceder. Lo que enferma a mi instinto y mi pulso se adelgaza es el conocimiento de que algo terrible va a suceder. Ninguno de nosotros puede evitarlo. Todo lo que puedo hacer es tratar de salvar a la gente que me importa. —Irene, tienes que ir—, le digo, y Ned asiente con la cabeza. Ella no se mueve. —¡Madre, por favor! Sólo por mí, sólo por esta vez, por favor escucha. Lady Regina ni siquiera la mira. Ella me miraba. —Su audacia no conoce límites, ¿no? Mi hija puede optar por ser amable con usted, pero este es mi camarote, y no eres bienvenida aquí. Vete.


¡Como si aún pudiera darme órdenes! Por el amor de Irene, tengo que pensar rápido. —Todos los vecinos están en la cubierta. Estoy seguro de que vi a Lady Duff Gordon. La condesa de Rothes, también. Se están riendo y contando chistes. Esta será la comidilla de la ruta cuando la nave llegue a Nueva York. Y usted no quiere quedarse fuera. Esto despierta su interés. Se enciende un brillo avaricioso en los ojos de Lady Regina, y creo que he salvado los miembros inútiles de la familia de los Lisle, no es que nunca hayan servido para nada. Pero en ese momento, Irene se dirige a Ned con una sonrisa de alivio. La emoción del momento hace que su expresión sea un poco obvia, sus movimientos demasiado libres. Y Ned se ilumina al pensar que ella estará a salvo. Seguramente han intercambiado miradas como antes, aun cuando los Lisles estaban en la habitación, pero no se dieron cuenta de que estaban justo en frente de Lady Regina. Ned se da cuenta de la equivocación, incluso yo, aun cuando se arruga la cara de Lady Regina en un horror demasiado profundo para ver la rabia.. Ella lo ha descubierto. —Usted—. Su voz tiembla cuando ella se pone de pie, mirando fijamente a Ned. —Usted arruinó a mi hija. Se ha aprovechado de ella. Ni Ned ni Irene pueden hablar. Si cualquiera de nosotros podría llegar a algún tipo de rechazo o una historia alternativa en este mismo momento, tal vez podríamos convencerla, pero el momento pasó. Ya es demasiado tarde. Ella sabe lo que ha visto. Lady Regina podría no ser agradable, pero no es estúpida. —Madre, por favor,— Irene comienza, pero Lady Regina levanta la mano para hacerla callar. Ella se ve menos indignada que herida, y en el mundo estrecho, tonto de la nobleza, tiene sentido. La virginidad de Irene era una posesión material de la familia, que ella tiró. —¿Un siervo? ¿Mi siervo? —El rostro magullado de Layton se contorsiona en una mueca. —Un concejo, Irene, es posible que al menos tuvieras mejor gusto. Ned, vete. Manda tus uniformes a los marineros. —¡No pueden echarlo!— Grita Irene, las palabras son arrancadas de ella. Lady Regina le da palmadas en la cara, el sonido se escucha feo en la pequeña habitación. Y luego Ned golpea a Lady Regina. Cuando ella lo mira fijamente, dice: —No me gusta atacar a una dama, pero si alguna vez... si alguna vez pone una mano en la Lady Irene otra vez, no voy a ser


responsable de mis acciones.— A pesar de las lágrimas que ronda por las mejillas de Irene, yo puedo ver lo que esto significa para ella, tener a alguien, sólo una vez, protegiéndola. Por un lado, quiero animar a Ned, por el otro, tenemos grandes problemas. — Hay que irnos—, le digo. —Tenemos que llegar a los botes salvavidas. Pero ninguno de ellos me puede escuchar por más tiempo. Layton en sus pies, gritando a Ned por golpear a lady Regina. Lady Regina le está gritando s Irene por acostarse con un hombre violento, indigno de confianza. Ned les dice lo que piensa de ellos, y que tiene mucho que contar. Irene lloraba y suplicaba en nombre de Ned. La señora Horne se alza como una estatua en la esquina, inútil. Este barco se hunde. No hay suficientes botes salvavidas. Tengo que llegar hasta arriba otra vez, con Irene y Ned, si nadie más. ¿Qué puedo hacer? Trato de ser más rápida de lo que alguna vez fui. Yo entro en la habitación de lady Regina, donde está la cuna. Me inclino y levanto a Beatrice, tratando de equilibrar la niña pesada, soñolienta en contra de mi cadera. El vértigo de mis lesiones barre sobre mí otra vez, y mi estómago se aprieta. Si la situación fuera menos grave todavía, me gustaría encontrar un médico en este momento. Cuando entro a la habitación sólo se han convertido los gritos en algo más fuerte, yo grito: —Voy con Bea a tomar uno de los botes salvavidas. Tienes que venir también —. Mientras Ned e Irene mirar en mi dirección, Lady Regina, simplemente se rompe, —Voy a hacer que te detengan por secuestro.— —pruébelo—. Yo le grito, —Ned, Irene, por favor, ¡vengan conmigo!— Yo quiero que esto termine. Tengo que encontrar a Alec. Y sin embargo, todavía no puedo abandonar a estas personas-que pensaba dejar hace tanto tiempo. Irene todavía no se mueve. —No puedo dejar a mi madre y a Layton. Ned, Debes irte con Tess. —Yo no voy a dejarte—, dice en voz baja. Sus ojos se encuentran, y el amor entre ellos es tan obvio que no puedo creer que nunca lo había visto antes. La amabilidad de Irene siempre ha sido su mayor virtud, pero ahora es como una piedra con la cuerda alrededor de su cuello, con un peso en sus aguas turbulentas. Ella es demasiado buena para dejar a su madre y a su hermano, aunque eso signifique arriesgar su vida. Y Ned la ama demasiado como para salvarse a sí mismo sin ella.


Layton habla, —Encantador. Supongo que ahora afirman que tomar a una joven fue un acto caballeroso también, en lugar de algo que debería terminar en una horca. —Y el argumento comienza de nuevo. Todo da vueltas. La frustración me lleva al borde del llanto, sobre todo porque asumí la responsabilidad que Beatrice, significa que me llevará aún más tiempo para llegar a Alec. Quiero a Alec vivo incluso más de lo que lo quiero para mí, y créanme, no tengo prisa por morir. Pero dejando atrás a Beatrice significa condenar a la niña a la muerte. No puedo hacerlo. —La voy a poner en el bote salvavidas que viene—, le grito a todos ellos. —Será mejor que me sigan Nadie me presta atención ni a Ned, ni siquiera Irene. Están atrapados luchando su propia batalla ahora, cuando tienen que luchar por sus vidas. Elevo a Beatrice de nuevo sobre mi cadera, pasando por la tormenta de la Sala de Estar. Lady Regina me llama, —Tu ¡Vuelve aquí! Pero sigo adelante, si Lady Regina me sigue sólo a mí, como si persiguiera a un secuestrador, al menos me buscaría y, por extensión, Irene, más cerca de los botes salvavidas. Pero nadie me detiene. Dios, la escalera, ¿cuántos kilos he bajado esta noche? Y mi cabeza aún molesta desde donde Mikhail me golpeó. Jadeando, le digo: —¿Bea, no te gusta caminar? —No—, murmura ella dormida en mi hombro. Olvídalo, sólo nos detendría. Algunas personas me pasan en las principal del buque, todos ellos logran riendo ahora. Tiene que haber más de iceberg , el agua debe haber aumentado escépticos.

escaleras, todos vuelven a subir a la cubierta moverse más rápido que yo. Nadie se está una hora y media desde que me enteré del lo suficiente como para convencer a los más

Efectivamente, cuando regrese a la cubierta del barco, la situación ha cambiado. La risa se ha convertido en miedo. La banda sigue jugando (algo romántico, casi dulce, quizás —Me pregunto quién se está besando ahora—), pero nadie más esta calmado. Menos personas permanecen en los salones, y todos parecen ser hombres, la cubierta está llena, y las mujeres están gritando y llorando. Me doy cuenta de que no todos mi mareo es una cuestión del golpe que llevo en la cabeza, la cubierta realmente se ha inclinado . La parte frontal de la nave es menor a lo normal.


Ya no hay ninguna duda de que el barco se hunde. Sujeto con más firmeza a Beatrice, dispuesta a luchar a mi manera a través de las personas, pero tan pronto como llegue a la cubierta, la gente comienza a esparcirse y puedo pasar. —¡Hay una mujer con un niño!—, Grita alguien. —Tráelos hacia adelante.— Unas manos en mi espalda me empujan más cerca de un bote salvavidas, y me sorprendió al darse cuenta de que todas estas personas están dispuestas a retrasar su oportunidad para subir a bordo por Beatrice. Cuando llego al lado, justo en la proa del bote, doy una mirada sobre el bote y me mareo. La superficie del agua está mucho más cerca de lo que solía estar, pero aun así esta terriblemente lejos. Y el bote es tan pequeño, lleno de quizás unos cincuenta mujeres y niños. El funcionario tiene una mano tendida. —Vamos, amor, vamos a llevarte a ti y a la niña a bordo. Hay más espacio de lo que parece —Podría ser que me ofreciera un sándwich en un día de campo, con excepción de la tensión en su cuerpo. —No puedo-tengo que encontrar a Alec.— E Irene. Y Ned. Y Myriam. Y las ancianas de Noruega. No puedo irme sin saber dónde están. Sin embargo, tengo que salvar a Bea. Miro a la mujer en el bote salvavidas que está más cerca de mí, una viuda que se ve más grande y snob que Lady Regina en sus lujosos sueños. Sin pensarlo pongo a Beatrice sobre ella. —Por favor, por favor, ¿Puede tener a la niña?¿Mantenerla a salvo? La mujer me mira, y es como si el mundo se quedara en silencio. Cuando sus ojos se cruzan con los míos, no hay tal cosa como la de ser rico o ser pobre. Y no importaba que nunca nos hubiéramos llegado a conocer. Ella sabe que le voy a dar una responsabilidad sagrada, y ella lo acepta. Siento un escalofrío en mi alma cuando sé que esta mujer prefiere morir antes de que le suceda algo a Beatrice —Te lo prometo—, dice ella, en un acento americano. —Voy a cuidar de ella como si fuera mía. Tengo una mano sobre el cabello de Beatrice, los ojos de la niña ha comenzado a tener lágrimas. Ella sabe que algo va mal. —Dios te bendiga, señora. —Y a usted,— dice la mujer, cuando el oficial da el grito. El bote salvavidas comienza a bajar y por un momento me siento como una idiota, al no estar en el bote con ellos. Pero yo sé lo que tengo que hacer. Me meto a través de la parte de atrás de la multitud hacia las puertas. Mi equilibrio se desplaza por debajo de mí, y me tropiezo, ¿ O era el barco? La gente grita,


y el estado de ánimo que nos rodea crece aún más en la desesperación. Me detengo apoyándome en un poste con la sensación de cansancio y el mareo atacándome de nuevo. Me gustaría tener más fuerzas. Deseo que muchas cosas fueran diferentes. Pero tengo que seguir adelante. Si me detengo ahora, significaría la muerte para mí. Escucho una llamada por encima del estruendo, —Tess. No importa lo mal que me duela, no importa cuán grande es el clamor que nos rodea, no hay manera de que no pueda dejar de reconocer esa voz. —¡Alec! Miro a través de la multitud, y lo veo -rizos castaños revueltos, un abrigo gris debajo de su chaleco salvavidas, mientras se abre paso hacia mí. Convocando a lo que parece ser el último de mis fuerzas, me encuentro con él, golpeando a la gente, tropezando con mis propios pies entumecidos, hasta que caigo en sus brazos. Alec me aplasta contra su pecho, y por un segundo perfecto, siento la reconfortante ilusión de su seguridad sobre mí. Pero sólo por un segundo. —No hay suficientes botes salvavidas—, le susurró al oído. —Lo sé—. Alec se mantiene serio presionando sus labios en mi frente y en mis mejillas. —He estado tratando de encontrarte. Para salvarte. —He estado tratando de salvarme. Pero al mirar más allá de él se da cuenta de que no hay botes salvavidas cerca, y tampoco quedan demasiado, me pregunto si nos hemos encontrado el uno al otro demasiado tarde.


Traducido por Kuljizh Corregido por Strella

UÉ VAMOS A HACER? —Me aferré a Alec con tanta fuerza

que debí hacerle daño—. Estos no pueden ser todos los botes salvavidas. Por supuesto. —Las cubiertas estaban repletas de gente ahora, cientos de nosotros—. Layton dijo que no había suficientes botes para todos, pero ellos no permitirían que un buque se echara a la mar si no podían salvar a más gente que esto. ¿Verdad? —No los vamos a encontrar esperando aquí, —dijo. Alec tira de mí acercándome y me besa en la frente. Mientras sus dedos acariciaban mi sien magullada, me estremecí—. Tess, estás sangrando. ¿Qué pasó? —Mikhail vino detrás de mí. Me abandonó una vez que el buque chocó contra el iceberg. —Iba detrás de mí, —dijo Alec oscuramente. Me di cuenta de que la esquina de su ojo izquierdo se estaba hinchando y oscureciendo, iba a tener un ojo morado mañana—. En realidad, iba tras la Daga de Iniciación. Él llegó en un estado salvaje, peor que salvaje. Sólo me alejé de él, porque estaba más interesado en saquear nuestra cabaña por la Daga. —Abrió la pesada capa gris que llevaba puesta sobre los pantalones arrugados y la camisa para mostrar la empuñadura brillante de la espada dentro de un bolsillo interior. Mikhail estaría buscando por un buen rato. Sentí algo de satisfacción por el hecho de que la crueldad y la codicia de Mikhail lo condenaran a muerte, pero no había mucho tiempo para nada, pero el hecho más importante ya lo sabía: —Tenemos que salir de este barco. —Vamos a seguir avanzando. Esto puede ayudar a nuestras posibilidades.


Conozco la forma en que Alec dice que él, tampoco, sabe si todo el mundo a bordo tendrá la oportunidad de vivir. A menos que: — ¿La ayuda está viniendo? Ellos pidieron ayuda por radio. —No sé. No lo sabremos a menos que veamos realmente a la otra nave viniendo a rescatarnos. Miramos hacia el oscuro horizonte, pero no había nada allá afuera. Sólo un cielo de brillantes estrellas y mástiles de hielo en el agua. La desesperación me inundó, tan fría y despiadada como el agua que corría por el Titanic. Las incontables horas que había trabajado tan duro, quedándome sin comer bien o sin zapatos decentes para que poder ahorrar dinero para una nueva vida en Estados Unidos, todos esto parecía burlarse de mí ahora. Sólo el abrazo de Alec era cálido y real, aquí. No dejaba de pensar que era una distracción a mis metas, lo que yo sentía por él me podía parar de conseguir lo que quería. No había forma de que un hombre como él perteneciera a una criada como yo. Demasiado tarde me di cuenta de que él era la única cosa que siempre había querido y que yo realmente podría tener. Lo abracé aún más cerca de mí, tan cerca como pude con los chalecos salvavidas alrededor de nuestros cuellos. Es como si el terrible peligro que nos rodeaba se quedara en negro; no desaparecía, estaba todo a nuestro alrededor, pero oculto de la misma manera que la noche se escondía del día. En este momento no había nada excepto el calor de Alec y su amor. Yo quería creer que nada importaba tanto como el tiempo que estábamos juntos. Pero eso no era cierto. Eso era hablar de choque de decisiones que me paralizaba, que nos arrastraría hacia abajo con la nave. Incluso ahora podía sentir que la inclinación de la cubierta era cada vez mayor, la caída del Titanic era menor en la parte delantera que en la parte posterior. ¿Estaría la proa bajo el agua ahora? No podía ver. A nuestro alrededor, la gente estaba empezando a gritar y llorar al darse cuenta de lo que yo supe casi desde el momento en que el agua fría tocó mi mano. El barco estaba condenado. Alec y yo teníamos unos minutos para salvar nuestras vidas. Alec comenzó a tirar de mí hacia la popa del buque, ligeramente ladeado. —No todos los barcos se han ido todavía, —dijo—. Podremos meternos en uno si nos damos prisa. — ¡No sin ti! —Tess, son las mujeres y los niños primero.


—Pero después de... —Mi garganta se cerró alrededor de las palabras. No habría ningún —después— de las mujeres y los niños fueran cargados a bordo de los botes salvavidas. No había suficiente espacio. Alec iba a morir. A continuación, apareció un rostro familiar en medio de la multitud: George, agobiado pero amable mientras se movía entre la multitud, exhortándolos a mantener la calma. Su expresión cambiaba a medida que me veía, de alguna manera se volvió aún más desesperada. — ¡Tess! ¿Por qué en la tierra todavía estás a bordo? Me dijeron que Myriam se fue a bordo de uno de los botes salvavidas antes que nada, ¿por qué no fuiste con ella? —Yo estaba tratando de traer a Lisles a la cubierta del barco. ¿Los has visto? — George negó. Por favor, por favor, vamos, que Irene haya salido al menos. Por lo menos Myriam estaba segura—. Y Alec, aquí, Alec, este es el George de Myriam. George, este es Alec. ¿No hay botes salvavidas para él? Alec se vio un tanto exasperado y ferviente. —Le dije lo que `las mujeres y los niños primero´ significaba, pero ella no me escucha. George sólo dudó lo que dura un aliento. —Hay botes salvavidas adicionales. Mi corazón salta con la inesperada esperanza. — ¿Quieres decir... Acercándose a los dos, George susurra: —Son plegables, uso de emergencia solamente, por lo que podrían ser lanzados en cualquier momento. No se podía anunciar, porque habríamos provocado una estampida, y además, quién demonios puede oír en este barullo por más tiempo, perdone mi lenguaje, Tess. Ambos, vayan por allí. —Señaló el camino que debíamos seguir, hacia los botes salvavidas plegables. Le di a Alec una mirada que quería decir que es mejor que no eligiera este momento para la nobleza y la abnegación. A pesar de que podía ver que era reacio a tomar esta oportunidad que no tenía todo el mundo, él también quiere vivir. Se volvió a George. — ¿Vienes con nosotros? ¿Para hacer una prueba?


—No. Es mi deber permanecer a bordo hasta que el último embarque, entonces me iré. —George se mantuvo firme y seguro, incluso cuando se enfrentaba a su muerte. Conteniendo las lágrimas, me puse de puntillas para besar a George en la mejilla. Su respuesta fue una sonrisa desigual. — ¿Se lo dirás a Myriam? Siento no haber pasado más tiempo con ella. —Por supuesto que lo haré. Alec y George se dieron la mano, a pesar de que apenas lo conocía, vi en la mirada que pasó entre los dos que podrían haber sido amigos si se les hubieran dado la oportunidad. Pero George se quedó sin posibilidades. A continuación, Alec me aleja hacia el otro lado de la nave a nuestra mejor oportunidad de supervivencia. En unos momentos, George se perdió en la espesa multitud. Todavía puedo oír a la banda tocando el —El Danubio Azul—, creo, pero la multitud se ha vuelto más grande y más fuerte. Los pasajeros de tercera clase por fin han encontrado su camino en la masa, pero la mayoría de ellos no hablan inglés o todavía no entienden qué hacer. Casi todo el mundo tiene sus chalecos salvavidas ahora. Aunque algunas personas todavía están riendo, el sonido de la misma es agudo, y hay llanto mezclado también. El frío de la noche se vuelve más duro a cada minuto, el cielo brillante de estrellas y sin nubes casi parece que se burla de nosotros en su perfección y serenidad. Cuando la pendiente de la cubierta se profundiza, la gente incrementa su agarre en una barandilla o en otra persona de apoyo. Esto me atormenta, la gente que veo. Los Strause, sentados uno al lado del otro en hamacas y tomados de la mano, al parecer dispuestos a morir, siempre y cuando estuvieran juntos. Una niña asustada, lloraba por su mamá, justo un momento antes de ir en su ayuda, una buena mujer de cabello rojo lo hace con la promesa de ayudar a la niña a encontrar a su madre, aunque por ahora ella debió darse cuenta de lo difícil que sería , si esto era posible. Los niños de no más de doce o trece años, trataban de parecer valientes cuando estaban al lado de sus padres, al parecer, ya se han llenado los botes salvavidas para niños. Peor era la gente que no lograba ver: las señoras mayores de Noruega de mi habitación. Ned. Irene. Pasamos por la nave, corriendo por el salón de primera clase, donde los hombres de esmoquin seguían jugando a las cartas, en su mayoría por bravuconería. El grupo en el que se habían convertido era uno muy variopinto: Las mujeres estaban fumando puros, y un camarero uniformado del comedor de primera clase se había puesto un


sombrero de copa que se encontró en alguna parte. La gente se comportaba de forma extraña, riéndose en la cara de la muerte. La visión de Alec se sacudió bastante, pero no se frenó. —Tenemos que llegar a un bote salvavidas. —Los dos tenemos que llegar a los botes salvavidas, —le corregí. —No puedo hacerlo, —dice Alec, aunque sigue liderándome—. No puedo subir a un bote salvavidas cuando los niños están todavía aquí muriendo. — ¡Tu vida no vale menos que la de cualquier otra persona! —Cuando Alec me miró por sobre su hombro, sus ojos tristes me dijeron que no creía que eso fuera cierto. ¿Sería que se sentía culpable por la muerte del mayordomo y quería tratar de que sobreviviera ahora? Así que lo intenté de nuevo: —Alec, te necesito conmigo. Vamos a estar en un pequeño bote en el frío océano, en medio de la noche, sólo Dios sabe cuándo o si la ayuda está llegando. ¡No me obligues a hacerlo sola! Alec no tuvo respuesta, pero agarró mi mano con más fuerza y tiró de mí en otra dirección. Esperaba que fuera una buena señal. Nos abrimos paso más allá de la magnífica escalera, uno de los cupidos de hierro fundido estaba inclinado. El ángulo de la nave hacía que correr fuera peligroso, pero seguimos adelante. Cuando miré hacia atrás vi que riachuelos de agua comenzaban a gotear sobre el suelo de baldosas. Luego recordé a alguien más que no había visto. — ¡Tu padre! Tenemos que ir tras él. —No. Papá ya está decidido a hundirse con el barco. Dijo que iba a sentir vergüenza de tener un asiento donde podría ir a una dama. —Vaciló, y supe que estaba luchando contra el sollozo, y no se me ocurrió que fuera impropio de un hombre llorar cuando se enfrentaba a la muerte de un querido padre—. Papá me dijo que debía ir detrás de ti. Nosotros nos despedimos. —Oh, Alec, no podemos dejarlo. —No, Tess. No puedo pasar por eso de nuevo. Él no va a cambiar de idea. Tú eres lo único que me queda por salvar. La cabeza me dio vueltas y casi me desmayo, me sentí como si estuviera enferma. ¿Era sólo el miedo? ¿O se trataba del ataque de Mikhail? Me parece como si hubiera ocurrido en otra vida, no apenas unas horas atrás.


Simplemente apreté los dedos alrededor de Alec. Él estaba conmigo. Íbamos a subir a un bote salvavidas. Nada después de eso importaba, porque estaríamos juntos. Irrumpimos a través de las puertas más abajo de la cubierta. Había mucho menos gente aquí, casi nadie alrededor, excepto la tripulación. Un oficial se encontraba cerca de uno de los botes salvavidas, y Alec lo llamó, su aliento creaba niebla en el aire frío. — ¡Tenemos que llevar a esta chica a un bote salvavidas! — ¡Ambos!, —le grité, rectificándolo. No importó, porque el funcionario movió la cabeza negando, y mi corazón se desplomó. — ¡El último barco se acaba de lanzar! ¡Hace apenas una hora! Oh, Dios. Corremos hacia el lado de la nave, como si el hombre pudiera habernos mentido, pero, por supuesto, decía la verdad: El último bote salvavidas a la vista estaba bajando y estaba a un par de docenas de metros por debajo de nosotros. El agua estaba más cerca de la cubierta, muy cerca ahora. Estábamos atrapados. Íbamos a morir. Alec y yo nos miramos, afligidos. Luego arrojé mis brazos alrededor de su cuello. Mientras me mantiene cerca, me ahogan las palabras. —Te amo. —Te amo también. Y estoy orgulloso de estar a tu lado, sin importar lo que venga. –Las lágrimas nublaban mi visión, lo miré. La ternura de su expresión derritió mi corazón. Enmarcando mi cara con las manos, me dijo. —Tess. Sólo tú puedes ser lo suficientemente valiente como para morir conmigo. Pero yo quiero que vivas por mí. Nos besamos, tan desesperados como si nos estuviéramos ahogando. Cuando nuestros labios se separaron, Alec dijo: —Perdóname. Entonces me alzó, con fuerza inhumana levantándome de la cubierta como si fuera un pluma y me arrojó por el borde de la nave, hacia el agua, hacia la oscuridad, lejos de él para siempre.


Traducido por Kuljizh Corregido por Strella

ENTÍ QUE CAERÍA PARA SIEMPRE. El tiempo se ralentizó, deslizando el horror de cada fracción de segundo que caí a través de la fría oscuridad. Veía un caleidoscopio confuso de imágenes, cada una horrible a su manera: el lado blanco liso del barco golpeándome, ya que choqué contra él en el camino hacia abajo, el pequeño bote salvavidas como una lágrima de color claro en contra del oscuro océano, el rostro de Alec mirándome caer. Quiero llegar a él, quiero parame, volver a subir, negándome a dejarlo, pero no hay nada que detenga la caída. Aterricé duramente. El bote, el hueso y el golpe del remo en mi espalda hacen que mi cabeza de vueltas y que el mundo se oscurezca. El agua fría salpicaba por un lado, empapando más mi ropa, y el frío era tan intenso y tan fuerte que me dolían los huesos. — ¡Cuidado! —una mujer llora mientras unas manos me empujaban contra un costado del bote, con la espalda contra la lona—. ¿Querías ahogarnos a todos? — ¡Muchacha estúpida! —Déjenla, también habría saltado, si hubiera sido yo. Y otros gritos en idiomas que no entendí. Traté de decirles que no salté, que me lanzaron, pero no tenía aliento. Mientras trato de enfocarme, veo que el bote salvavidas está ocupado en su mayoría por mujeres, mujeres de tercera clase como yo, a juzgar por sus chales humildes y raídos camisones. Aunque había hombres también: un par de marineros, y un hombre con bigote de aspecto acaudalado y aburrido, se veía la muerte en su rostro. Pero todo se desvaneció rápidamente.


Con el bote salvavidas precariamente inclinado, me desperté, y entonces me percaté de que había perdido el conocimiento por un momento. Había sido repetidamente golpeada y rociada con agua fría, mientras me mantuve ida durante tanto tiempo, no podía haber estado ida mucho tiempo. Las náuseas me agobiaron, ¿los golpes en la cabeza? ¿El mareo? No sabía. Pero me las arreglé para levantarme en mis brazos y mirar alrededor, y lo que vi me hizo llorar a punto del shock. El Titanic se había levantado de las aguas, la parte de atrás, quiero decir. Las luces todavía están ardiendo a pesar de todo, y podíamos ver el horror de su silueta contra el cielo estrellado. Las gigantes hélices surgieron cuando la proa de la nave cayó por debajo de las olas. A pesar de que estábamos más lejos de lo que lo hubiera pensado, la gente de a bordo remaron vigorosamente lejos de la nave, estábamos bastante lejos, creo que todavía podía ver Alec, aferrándose a la barandilla de la cubierta. — ¡Vuelve! —Grité, o traté de gritar. Mi voz era apenas un graznido—. Tenemos que volver a por Alec. —Lo tenemos claro, señorita, —fue una de las respuestas de un marinero. Nunca dejó de remar—. Cuando se hunde, la succión arrastra hacia abajo todo lo que se acerque a ella. Estamos convencidos de que se llevará abajo cualquier cosa. Me puse a temblar con tal fuerza que mis dientes castañeaban, y medio atontado me doy cuenta de que había unas cuantas pulgadas a aguas congeladas cerca del bote salvavidas. Estoy cada vez más empapada, y más fría, pero eso no parecía tan importante como el hecho de que el bote salvavidas al parecer se estaba hundiendo. Alguien más lo ve y exclama: — ¡Estamos cogiendo agua rápidamente! —Este es un plegable, —responde el marinero, igual que debía responder a todo. Tal vez lo hacía. Tal vez el bote salvavidas con el tiempo se derrumbaría e íbamos a estar sumergidos en el agua congelada, hasta la muerte, o nos ahogaríamos, lo que ocurriera primero. Había un lugar en el terror pasado, cuando se convirtió en calma. No podía hacer nada para salvarme, nada para salvar a Alec o los demás. Y mucho menos sobre la visión terrible ante mis ojos. El Titanic se inclina más hacia adelante, su nariz se hundía para siempre bajo el agua cuando la nave se elevó casi al extremo. Y antes este tremendo y sobrenatural sonido, todo y todos a bordo se deslizaron hacia delante a la vez. Me imaginé el gran


salón de primera clase, con sus sillas de madera tallada y sus arañas de cristal, cayendo a un lado y romperse todo en pedazos, en muchos fragmentos. Mi cabina con sus literas humildes y mi bolso con las pocas pertenencias que tenía en el mundo. La caja de seguridad que los condenados Lisles me hicieron llevar. Todo ello se desplomó. —Dios mío, —susurró alguien en el bote salvavidas. Ninguno de los demás pudimos hablar. Las luces de la nave parpadearon, siguieron brillando en el mar un momento más. Podía ver la luz bajo el agua. Luego se perdieron. La oscuridad nos rodeó casi por completo. Luego llegó el ruido más terrible que he escuchado o escucharé jamás. Como de metal desgarrado. Un terremoto. No era algo que pareciera pertenecer a este mundo. Las ondas vibraron a través del agua, a través de mi cuerpo, como la silueta oscura del Titanic contra las estrellas que de repente cambió de dirección. La parte trasera de la nave se derrumbó, las hélices cortaban hacia abajo en el agua, cuando el frente se desvaneció para siempre. Por un momento pareció como si la parte trasera del Titanic flotara por su propia cuenta, pero en cuestión de segundos, también, estaba bajando. — ¿Se partiría en dos? —Susurré. —¿Cómo podría? —Eso es imposible, —dijo el hombre con el bigote atusándoselo—. Estrella Blanca aseguro que los vasos no se rompen en dos. Sea cual sea el argumento que podría haber tenido sobre él se silenció en ese momento, porque es cuando escuchamos los gritos. Una persona podía gritar horriblemente, pero esto era cientos de personas. Tal vez un millar, todos ellos gritando a la vez, gritando por su vida, aunque no había manera de salvarlos. Ya estábamos a más de un cuarto de milla, pero los gritos eran tan fuertes que nos rodeaban. Las mujeres en el barco se tapaban los oídos, hacían muecas, y lloraban. Sin embargo, los marineros nunca dejaron de remar más lejos. —Alto. —Mi voz no era más que un susurro. Apenas tenía fuerzas para hablar— . Por favor, paren. –Pero no lo hicieron. No los salvaron. Se escondieron de lo que estaba pasando. Todos morirían. Si no salían en el último momento, si nunca se subían a los botes salvavidas, Mrs. Horne. Lady Regina. George. Ned. Layton. Irene. Alec.


Hubo un ruido extraño debajo de los gritos, como la marea viniendo, creo que debió ser la última del barco que se hundía bajo el agua. Pero no pude decir más. No pude ver. Ni siquiera pude sentarme. Es como si me estuviera muriendo también. Todo era como extraño y lejano. Oigo a alguien decir: —Ella está en shock, —y algo duro me envolvió, quizás, lo más parecido a una manta a bordo. Como estoy acostada en unas cuantas pulgadas de agua fría, este no hacía mucho para calentarme. Los gritos después pararon para siempre, y sin embargo muy rápido. El único sonido era la mujer llorando y golpeando el bote salvavidas y de los remos al salir del agua a un ritmo constante, una y otra vez. Me dolía la cabeza. Levanté la vista hacia las estrellas e imaginé la cara de Alec entre las constelaciones. ¿O era un sueño? No pude discernir los sueños de la realidad por más tiempo. —Ella no pasará la noche, —dijo alguien—. No sabemos cuántos se congelarán hasta la muerte antes de que llegue la ayuda. — ¿Cuándo será eso? —Nadie lo sabe. Las palabras no parecían tener nada que ver conmigo. Ya no sentía el frío. No temblaba. Una sensación me llenó y adormeció con una especie de calor no-caliente y, sin embargo igual de reconfortante. Creo, que esto debía ser la muerte. Vive para mí, dijo Alec. Por lo que no podía morir, todavía no. Recordé lo mucho que quería ver salir el sol otra vez, por lo que llegué a un acuerdo conmigo misma. Iba a aguantar hasta la luz del día. Iba a ver el amanecer para él. Entonces podía dejarlo ir, e íbamos a estar juntos de nuevo. No hay más oscuridad, más llanto. Alguna sorpresa en la noche cuando la gente descubriera nuevas cosas en el bote salvavidas, o los chinos que estaban escondidos bajo los asientos. Los marineros dijeron que eran los polizones, pero reconocí a uno de ellos desde abajo. Sus ojos me miraron brevemente, y con una claridad que parece ser parte de la muerte, entendí lo que pasaba inmediatamente: Se habían dado cuenta de que el buque se hundía, y sospechando que nadie dejaría a un chino a bordo de un bote salvavidas, se ocultaron para salvar sus propias vidas. Creo que hicieron bien. Deseé que Alec hubiera hecho lo mismo.


Los demás estaban enojados. Entonces se calmaron. Siguieron remando. Mi cabeza se sentía demasiado pesada para mi cuerpo. El dolor a veces me atravesaba, como un eco pálido y distante de sí mismo. Poco importaba. Finalmente, un tiempo sin fin más tarde, vi el horizonte tornándose ligeramente rosado. Llegaba el amanecer. Podía terminar ahora. Pero cuando levantaba la cabeza a la salida del sol, escuché a alguien gritar. — ¡Un barco! ¡Es un barco! ¡Estamos salvados! No sentía nada. No parecía real, ni siquiera cuando estando junto a ellos, ni siquiera cuando comenzaron a elevarnos, uno por uno. No pude aferrarme a la red, por lo que me ataron. Fue como si estuviera flotando, golpeando al costado de un buque, al igual que mi caída del Titanic pero a la inversa. Me pregunté si iba a encontrar Alec en la cubierta esperándome. Tal vez nada de esto era cierto, tal vez me he quedado atrapada en una especie de pesadilla. En lugar de eso caigo en el tablón de madera de la cubierta, y con una multitud de caras preocupadas alrededor. Uno de ellas era Myriam. Cuando tomó mi mano, supe que todo había sido real, todo esto, de la misma y el horror fue aún más poderoso que el hecho de que había sobrevivido.


Traducido por Strella Corregido por Strella

UANDO NUESTRO BARCO DE RESCATE, EL CARPATHIA, llega al puerto de Nueva York en la noche del 18 de abril, somos recibidos por una multitud de personas como nunca había visto ni imaginado en mi vida. La lluvia cae de los cielos como un diluvio, pero eso no es suficiente para disuadir a los miles de curiosos que han venido a ver a los sobrevivientes del hundimiento del Titanic. Los que tienen las cámaras supongo que son los periodistas, que a pesar de tanta agua y miedo hace lo imposible para obtener la historia exclusiva. Myriam y yo vemos un caos desde un ojo de buey de un par de cubiertas inferiores. Estamos en una cabina bonita, entregado a nosotros por bondad de otros pasajeros del Carpathia. Aunque los médicos no eran muy optimistas acerca de mí cuando me arrastraron desde el bote salvavidas, Myriam me envolvió en mantas y me hizo beber taza tras taza de sopa caliente hasta que finalmente le pregunte si su intención era llenarme de comida hasta matarme. En ese momento Myriam dijo con orgullo a los médicos que si era lo suficientemente fuerte como para ser grosera, era lo suficientemente fuerte para vivir. Aunque todavía me siento miserable, puedo caminar un poco ahora, así que supongo que tenía razón. —Vamos—, le digo. —Podemos hacer un espacio entre la gente, si tenemos que hacerlo. No quiero estar en un barco nuevo, en mi vida. —Pronto. Los pasajeros de primera y segunda clase, van a empezar a salir enseguida —Por supuesto. Observamos a nuestros compañeros sobrevivientes salir en gigantes grupos, muchos de ellos en los abrigos de piel que representan las únicas cosas que salvaron del


Titanic. En su mayoría son mujeres, y hombres de solo primera clase . Algunos de ellos incluso con sus perros en los botes salvavidas, una señora llevaba a su perro en brazos. Hay una chica joven, de mi edad, que ayudó a Myriam por mí en la cubierta y que resulta ser la viuda reciente de John Jacob Astor. Esta también Margaret Brown, la mujer americana dura que habla y que al parecer tuvo que salvar su bote salvavidas de la ineptitud de un marinero que se suponía que tendría que ejecutarlo. Y ay, también esta Beatrice Lisle en los brazos de la mujer a la que se la di la noche del hundimiento. Hemos sido capaces de hablar esta mañana, envió un Marconigram al vizconde de Lisle, que llegará a Boston para recoger a su único hijo sobreviviente tan pronto como le sea posible. Veo como Bea de a poco se desvanece en la multitud, lo último que quedaba de mi antigua vida. Por lo menos la salvé, pienso. Por lo menos lo hice. Pero fue solo una vida, una vida que rescate. Lo pensé toda la noche de ayer en mi cama prestada, pasando de la alucinación al sueño, me sentía culpable por todas las vidas culpables, y vi a cada una de esas personas en mis sueños. Vi a la señora Horne agazapada en un rincón de la cabina del Lisles, negándose a admitir que el agua era tanta para cubrir las alfombras y los muebles elegantes, o para tragar su ropa. Vi a Lady Regina y Layton en uno de los pasillos, mirando fijamente a la marea que nos caía encima con tal indignación por haber arruinado su viaje.. Vi a Howard Marlowe fumando un último cigarrillo sobre su cubierta privada, teniendo el consuelo que podía en la memoria de su esposa perdida y su orgullo por el hijo que creía que había ganado. Vi a George en el puente con el capitán, gritando las últimas ordenes, con la esperanza de hacer su deber, podría salvar más vidas. Lo peor de todo, vi a Irene y a Ned ya bajo las olas más allá de cualquier esperanza, su vestido y cabello flotan alrededor de ellos. Y veo como el agua se cierra más y más sobre Irene y Ned, que flotaban en una especie de abrazo, el último que podrían compartir. Esta mañana caminé a lo largo de la cubierta, apoyada débilmente en el brazo del doctor. Él dijo que me haría bien caminar. Pero lo que realmente estaba haciendo era buscar a todos los que había perdido, aquellos cuyas muertes había soñado. Quería que la visión no sea solo un sueño. Pero ninguno de ellos estaba allí. Se han ido todos, para siempre.


Nunca he visto a Alec, ni en mis sueños o en el Carpathia. No puedo soportar pensar en lo que le sucedió. Tal vez mi mente me perdonó esa visión, la vista de su muerte me iba a matar. Y me sentirá más horrible de lo que ya me sentía-apenas una parte de mi corazón logra latir. —Vivir para mí —, dijo Alec, y parece que debo hacerlo. Me dieron un nuevo vestido, un vestido gris donado por algunos pasajeros del Carpathia con mejores gustos y pude arrojar la ropa de la noche del hundimiento. Antes que ellos, sin embargo, he recogido las dos cosas que necesitaba de mi bolsillo. El primero de dos son diez libras que Irene me dio, arrugado y húmedo todavía, no parece dinero, ahora más parece un regalo de despedida. La segunda es aún más preciosa. Lo tomo en mi mano ahora: el medallón de plata que Alec me dio al final de la noche que pasamos juntos. Él dijo que me protegería, a lo mejor lo hizo. El rostro de la madre de Alec me mira. Su marido y su hijo están con ella. ¿Debo tomar consuelo en eso? No puedo. Myriam hace un pequeño sonido con la parte posterior de su garganta, y me concentro de nuevo en la pasarela para ver algunos de los oficiales supervivientes del Titanic saliendo. Todos ellos permanecieron a bordo hasta el último, al igual que George lo hizo, pero él hundió con el barco. Pero algunos de ellos fueron capaces de subir encima de un bote salvavidas volcado y salvarse a sí mismos. George no estaba entre ellos. Ella debe estar atormentada por la idea de que él esta pálido en el agua congelada, tratando de salvarse a sí mismo y habiendo estado tan cerca, pero no fue suficiente. Sé que no debo decir palabras amables que venían desde mi compasión. En lugar de eso puse mis brazos alrededor de ella y el resto de mi cabeza contra su espalda. Myriam se frota las manos y dice solamente: —Aún tengo frio. —Sí.— Parece que nunca va a estar caliente otra vez. Una vez que todos los pasajeros de primera y segunda clase se han ido, los que venimos de tercera clase se nos permite salir. Los periodistas a la izquierda, las versiones de los pobres de los acontecimientos no parecen de interés periodístico. Sin embargo, algunos familiares están ahí esperando a sus seres queridos. Myriam me ayuda a guiarme por la pasarela, apoyándome en su hombro, hasta que entra en el abrazo de sus primos. Y estoy de nuevo como una extraña y desconocida, a miles de kilómetros de cualquier persona conocida, además de Myriam, que se preocupa por mí sin saber siquiera mi nombre.


Echo un vistazo por encima del hombro en el Carpathia. Desde una de las ventanas de ojo de buey, puedo ver a los hombres chinos de mi bote mirando hacia fuera. Estados Unidos tiene una Ley de Exclusión China, al parecer, el único de los sobrevivientes, no se le permite bajar a tierra. Y lo desean más que yo. Pero no encuentro ningún consuelo..

25 de abril 1912 Me siento en la ventana del apartamento de vivienda de la familia Nahas, mirando hacia abajo a la calle Orchard. Que una vez supongo que ha sido una huerta, aunque me parece imposible. Nueva York es más grande y presuntuosos de lo que jamás imaginé, y si hay una parte más ruidosa que la calle debajo de nosotros, no quiero oírlo. Cientos de grupos de personas: niños, perros, obreros, madres jóvenes, vendedores ambulantes, y una vez, lo juro, un mono en el hombro de alguien. —¿Cómo es que eres tan rápida?— Myriam dice. Ella hace una mueca cuando la aguja pincha su piel otra vez, y se chupa el dedo una vez para borrar la picadura. —Ya casi has terminado.— Mi trabajo estaba en el negocio de confección de su primo, en este caso eran vestidos rosas. —Me hicieron coser todos los días de los últimos años. La práctica hace dedos rápidos . —Podrás conseguir un trabajo en una tienda adecuada, como en costura. —Pronto—, prometí. —Pero me gustaría ayudar un poco aquí en primer lugar. Para pagarle a todos por ayudarme a mantenerme. Myriam resopla. —Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. Me refería sólo a que eres muy hábil con la aguja e hilo. —Ella frunce el ceño arrugado la costura en el regazo. —Y yo no lo soy. Yo me río, silenciosamente pero es lo mejor que he logrado desde la noche del hundimiento. Por mucho que he llegado a familiarizarme con los Nahas, he podido recuperar de a poco mis fuerzas aquí, sé que no puedo quedarme más tiempo. Este apartamento de cuatro habitaciones con una cocina, un comedor y el lugar de trabajo, la habitación con la máquina de coser, y una habitación individual. Siete personas viven aquí, incluyéndome a mí, y cuando los dos niños salen a jugar en las calles por la mañana, Son inmediatamente reemplazados por otras dos costureras que trabajan para la


empresa familiar. El maniquí vestido esta sólo a unos metros de la pileta. Hay un armario cerca del agua, lo cual es bueno, pero son tres las escaleras hacia allí, y lo compartimos como si fuera algo normal. Tan pronto como tuve fuerza, me fui a trabajar para su negocio de costura para ganar mi placa y pagar por su generosidad, pero ya soy una carga y que pronto será una molestia. —Yo no puedo decidir a dónde irme—, le digo. Myriam corta el hilo, sin levantar la vista hacia mí. —Estas muy apurada.¿ No te gusta esto? — —Sabes que no es cierto. —Lo sé.— Somos mejores amigas en las dos semanas que hemos compartido, pero juntos hemos vivido una experiencia que nadie más pudiera imaginar. Y compartimos nuestro dolor sin palabras de los hombres que amamos en muy poco tiempo. No será fácil alejarme de Myriam, y sus palabras bruscas significan sólo que no será fácil para ella ver que me vaya. —Tenemos muchas opciones ahora—, señalo. Esto solo significa que: Tenemos dinero. El mundo entero parece estar horrorizado con el destino del Titanic, cada titular del periódico ha gritado sobre el hundimiento del buque, desde que llegó a Nueva York. Al parecer, lo que puede hacer una sociedad educada es formar un comité de socorro, porque ya hay decenas. Dos señoras con sombreros y abrigos de lujo llegaron ayer por la noche, sorprendidas por la escena en la calle Orchard como yo lo estaba al principio, y con orgullo nos presentaron como regalo dinero. No es ninguna fortuna, pero combinado con cuantas notas de Irene, es más que suficiente para empezar de nuevo. Voy a compartir un poco con la familia Nahas para darles las gracias por mantenerme, pero ¿qué voy a hacer con el resto? Myriam dice, —Podrías crear una especie de tienda. —Tal vez—. Pero, ¿qué puedo vender? Pensé en la pobre de Irene, y lo mucho que quería una nueva vida por su cuenta. —Quizás deberíamos ir hacia el Oeste y convertirnos en vaqueros. —No me importan los caballos. Debajo de nosotros, un vendedor de periódicos aparece con la edición de la tarde, y dejo de lado mi última parte de la costura. No quiero oír nada más sobre el Titanic, ni de las audiencias ni de que Bruce Ismay, director de la White Star Line, se salvó, mientras que otros murieron, no quiero saber nada de eso. Al igual que mis


manos se asientan en el alféizar de la ventana para cerrarla y deja afuera el ruido, sin embargo, he oído, —Se encuentran cuerpos del Titanic. Me congelo. A mi lado, Myriam toma una respiración profunda, como si se estabilizara a sí misma. —¡Extra, extra!— Grita el vendedor de periódico entre la multitud. —S e recuperan decenas de cadáveres en el hundimiento del Titanic como Mackay-Bennett ,John Jacob Astor, al parecer esta entre ellos. ¡Los pasajeros de primera clase se están adoptando a Noc Scotia para la identificación de los restos! ¡Personas enterradas en el mart! Myriam y yo nos miramos uno al otro, heridas. —Alec—, le digo. —Y George.— —No es George—, dice, aunque puedo decir que le costó decirlo. —Pasajeros de primera clase, dijeron. Si se encuentra George, lo debieron dejar de nuevo al agua. — ¡Qué horrible, pensar en George siendo sacado del frío Atlántico sólo para ser hundido en el de nuevo. Sería mejor si nunca lo hubieran encontrado. —¿Cómo se sabe quién era de primera clase y quién no?— Yo le pregunto, pero me responde con la misma rapidez. —La ropa, por supuesto.— Incluso en la muerte, no importa si su vestido había sido adornado con encaje, o si los zapatos estaba pulidos en lugar de usar abarcas. Es la diferencia entre una tumba que tus sus seres queridos pueden visitar y caerse al agua como un saco de piedras. Pero Alec se encontraba en primera clase, y el buen abrigo que llevaba les habría dicho a ellos que lo era. Decenas de cadáveres, el vendedor de periódicos, dijo. Ellos informan ahora de que 1.500 personas murieron esa noche. Eso significa que no hay garantía de que cuerpo de Alec estaba entre ellos. Pero no hay nadie más a la izquierda para identificarlo o ver que él estuviera enterrado como debía ser. Cuando miro a Myriam de nuevo, ella dice lo que parece ser la última línea de una conversación, y no la primera: —. Sí, por supuesto, tienes que ir— La abrazo con fuerza. Si esto es lo último que puedo hacer por Alec, entonces tengo toda la intención de hacerlo.


02 de mayo 1912 Halifax es una ciudad en la costa de Nova Scotia y viaje en tren con ropa nueva y un abrigo, creo que podría empezar de nuevo aquí como en cualquier otro lugar. Es más pequeño que Nueva York, pero más grande que el pueblo en el que nací, y hay una suavidad en el cielo del atardecer que me gusta. Como si alguien vertiera crema en el azul. Sin embargo, Halifax es un puerto, y no sé si quiero ver el mar todos los días de mi vida. No estoy seguro de que quiero volver a verlo otra vez. Mi mano se desliza en el bolsillo, donde siento Detalles interesantes de plata contra la palma de mi mano. Si me entero de que Alec está aquí, antes de que él estuviera enterrado, tengo la intención de poner el medallón en su cuello. Es una manera de simbolizar que él está con su madre de nuevo, y la plata no puede hacerle daño por más tiempo. Espero que no sea difícil encontrar el lugar que busco, pero tan pronto como le digo al hombre en la estación de tren que quiero identificar un cuerpo del Titanic, todos están a mi servicio. Un conductor con un caballo y el carro está muy feliz de llevarme a un hotel para que yo pudiera ver la casa de los muertos por la mañana. —No puedo esperar hasta mañana—, le digo. Posponer esto por más tiempo sería una tortura. El barco de rescate llegó hace dos días, pero no fue capaz de llegar hasta aquí más rápido. Pensar en Alec estando aquí, desconocido y solo, me ha atormentado durante todo ese tiempo. —Tengo que buscarlo. Siente tanta pena por mí que funciona. Me llevaron a la morgue improvisada en una pista de hielo, no me pareció un lugar correcto, aunque veo la necesidad de mantener a los cadáveres cerca del hielo. El vigilante destinado a cerrar por la noche, me deja entrar de una manera inmediata. — Todos vamos a esperar afuera—, dice. —Le daremos tu privacidad. Si encuentra al compañero que está buscando... —Vendré a buscarte. A continuación, voy a tener que enterrar a Alec. Sueño terrible, tengo que esperar, porque la otra alternativa es que estuviera todavía hundiéndose en el Atlántico, y nunca más ser hallado. Se me rasgará el corazón de verlo muerto, pero yo quiero verlo. Sea como sea que se encuentre. Pero cuando entro en la pista, mi determinación flaquea. La vista es más horrible de lo que jamás imaginé. Decenas de cadáveres, envueltos en sábanas blancas, todos


ellos sobre el hielo. Las pocas luces a la izquierda en la pista parecen brillar azul sobre el hielo, como si los cuerpos estuvieran flotando en el agua. Mi sombra es larga y acuosa. Suena estúpido tener miedo a los cadáveres. Me obligo a dar un paso. Mis zapatos no son para caminar sobre el hielo, y tengo que mantener mi equilibrio. Los muertos yacen en largas filas. Me doy cuenta de que tendrá que tirar de la tela y mirar el rostro de cada uno de ellos, a excepción de los muy pocos bajos, gordos o mujeres, que no serían Alec. Voy a tener que enfrentar cada uno de los muertos y recordar los gritos de su pasado en el agua. Si ese es el precio de la búsqueda de Alec, lo voy a pagar. Me lleno de valor y tiro hacia atrás de la tela en primer lugar. Demasiado joven, un muchacho de apenas dieciséis años. Él tenía pecas. Este es demasiado viejo, demasiado oscuro. Murió con su traje de etiqueta . Recuerdo cómo algunos de ellos jugaban a las cartas y bebían coñac en el salón hasta el final.

Esta resulta ser una mujer delgada, y yo grito cuando me doy cuenta de quién es. Una de las señoras mayores de Noruega que se encontraban en mi cabaña, acurrucado sus manos en su pecho, como si todavía estuviera tratando de acurrucarse bajo su rojo y blanco manto. Me hundo hasta las rodillas a su lado. Las lágrimas en mis ojos caen mientras trato de acariciarle el cabello de nieve, pero no empiezo a llorar hasta que me doy cuenta de por qué esta aquí, de por qué el equipo de rescate la confundió con un pasajero de primera clase. En sus oídos los pendientes de la perlas, tan apreciado, la que ella me prestó a mí en un acto de bondad desinteresada. Ella debe habérselo puesto en cuando salía de su camarote, en fin, demasiado tarde, convencida del peligro, con la esperanza de salvar a la posesión de la herencia que ella más valoraba. Ella lo hizo. Lloro hasta que me siento como si fuera imposible para mí llorar más. Uno de mis manos se cierra sobre ella, el único adiós que puedo darle. Yo ni siquiera sabía si era Inga o Ilsa. Entonces suavemente la cubro con la manta, deseando que pudiera mantenerla caliente.


Siento rigidez al levantarme y caminar al siguiente cuerpo. Luego el siguiente. Y la siguiente. Creo que soy casi insensible al horror como si pudiera soportar cualquier cosa, hasta que tire un paño más para ver quien estaba ahí. Mikhail. Él está allí tan perfecto como una estatua, su peinado hacia atrás, el pelo oscuro y barba Van Dyck ni siquiera despeinada. El hombre puede fácilmente estar durmiendo. Parecía que Mikhail había tenido una muerte en paz, y su cuerpo está aquí para que sus seres queridos lo enterraran, suponiendo que alguien lo amaba. No hay que decir que sentí una fuerte emoción: mi indignación por el hecho de que su cuerpo fuera recuperado como si tuviera valor cuando tantos otros no lo eran, y mi alivio de que al menos él está muerto. Pero me digo que no debería pensar en eso. Mikhail murió en el Titanic . No puedo llorar por Mikhail, pero yo puedo cubrir decentemente su rostro, supongo. Así que levanto la manta para cubrirlo de nuevo -Y sus heladas manos se cerraron alrededor de mi muñeca. Yo suspiro. Los ojos de Mikhail se abren, enfocados, malévolos, como siempre. Él está vivo.


Traducido por Dyanna Corregido por Strella

STO NO PODÍA ESTAR PASANDO. Y sin embargo así es. Cuando yo lo mire con la boca abierta hacia Mikhail, su mano apretada alrededor de mi muñeca, y una sombra de su vieja sonrisa burlona en su rostro. Me escabulle lejos de él; sus dedos perdieron su adherencia. Pero tropecé contra otro cuerpo y que me paraliza por un instante. Mikhail se empujó a sí mismo en una posición de sesión, y luego se las arregla para estar de pie. Aún está débil, pero definitivamente vivo. Él no puede estarlo. —Este es un mal sueño —susurre—. Sólo una pesadilla. Mikhail carraspeo—Te dije que éramos dioses. —Su voz sonaba como la de una cosa muerta. Mire salvajemente alrededor de la pista azul oscuro, como si esto hiciera que el conductor y el acompañante aparecieran mágicamente a mi lado. Nuestros únicos testigos eran los muertos. —Anoche, la luna llena —él dice—. En tiempos de gran peligro, de gran frío, el iniciado debe ir a un lugar más allá de las leyes de las que los simples mortales son presa. Entonces la luna nos despierta. Nos restaura a la vida. —Sonríe Mikhail—. ¿Ves ahora lo maravilloso que somos? No podía hablar. No podía pensar. Un hombre muerto me está hablando. —La noche está cayendo. Lo puedo sentir. —Los ojos de Mikhail se cerraron por un momento de satisfacción—. Pronto mi fuerza volverá. Entonces podre cambiar. Podré ser restaurada. —Sus ojos se abrieron, y se centraron de nuevo en mí—. Tengo hambre.


Corrí hacia la puerta. Mikhail estaba sobre mis talones, nuestros pasos hacían eco en el espacio—. ¡Ayúdenme! —grite, pero aparentemente los hombres que esperaban fuera no podían oírme. Era solo mi voz resonando, Ayuda, ayuda, ayuda, ayuda, a lo largo de la helada morgue. Él no era tan rápido como lo había sido antes—todavía estaba debilitado por soportar el hundimiento y su largo, y misterioso sueño—creo que por un momento lo voy a entender. Entonces siento la mano de Mikhail capturar la manga de mi abrigo y me hace girar alrededor. Me tambaleo hacia atrás y logre esquivarme de su agarre una vez más. Cuando él gruño con frustración, me di cuenta de que estamos más o menos igualados ahora mismo. Tenía una oportunidad. Si quiere una pelea, por Dios que la tiene. Mis dedos se curvan en un puño —el pulgar en el exterior para que no te lo rompas, Ned me lo había dicho una vez como una broma— y rompo el puño en un lado de la cara de Mikhail. Esto hirió mi mano, pero esto hirió la cara de Mikhail también; él grito en real dolor, y se sintió tan bien que el dolor en mis dedos no significaba nada. Le doy una patada en las canillas. Una vez más. Entonces apunte mi patada más fuerte, y Mikhail se dobló de dolor. —Esto es por Irene —jadee—, y como trataste de engañar a su familia. Y esto… —lo empuje con fuerza, entonces él choca contra la pared—… esto es por Ned. —Otra patada, y otra—. Y eso es por el señor Marlowe, que sólo quería dejar a su hijo en paz. Y esto es por Alec, oh, Dios maldito seas por lo que le hiciste a Alec… La mano de Mikhail se extendió y me cogió el tobillo cuando yo iba a patear; el tirón hacia delante tan fuerte que eso me hizo caer al suelo, y algo en mi rodilla se agrieto. El dolor se disparó a través de mi pierna, a los dedos de mis pies, y las lágrimas de mis ojos como primavera. —Tú ya has tenido tu turno —él carraspeo, cerniéndose sobre mí—. Ahora es mi turno. Golpe a golpe. Dolor por dolor. Igualados significaba que todavía tenía una oportunidad, y ahora parecía que se estaba volviendo en mi contra. Busco a tientas en el bolsillo, con la esperanza de sacar la cadena de plata y medallón para quemarlo de nuevo, pero mi abrigo estaba en el camino. Mikhail me tiro hacia a abajo como si se me quisiera agarrar por el pelo-Y otra mano lo agarro, deteniéndolo en su lugar. —Es mi turno, —dice Alec. — ¡Alec! —grite. Por supuesto, por supuesto—la Hermandad lo inició. Esto significaba que la misma magia que protegía a Mikhail lo protegía a él también.


Cuando el equipo de rescate encontró los cuerpos y los llevaron a bordo, esperaron allí, en un sueño al igual que la muerte, hasta que la luna llena, los despertó. Mi Alec está vivo. —Tess —Él dice, pero nunca aparto la vista de Mikhail. Ellos se enfrentan entre sí, igualmente de despeinado, igualmente de pálidos. Cualquiera podría creer que realmente había sido llevado de entre los muertos. Mikhail dice—te salvamos. La respuestas Alec—, tú buscabas esclavizarme. Fallaste. Es imposible decir quién de ellos ataco a los otros primero. Que coinciden con cada puñetazo por otro golpe, empujón por empujón, y podía ver la batalla de los lobos de color rojo y negro a punto de comenzar. Tal vez eran demasiado débiles para el cambio, pero no por mucho tiempo. En un instante, algo cambia, y Mikhail parecía tener la mano superior cuando la fuerzas de Alec volvió contra una larga, mesa de metal—baja un lugar donde los cuerpos fueron examinados. Pero yo tengo mi mano en el medallón ahora, y lo golpe en la contra de la otra mejilla de Mikhail entonces tendría las mismos cicatrices. Cuando el aulló por la quemadura, Alec y yo lo empujamos hacia atrás. Esto se trataba de dos contra uno ahora. Prefiero estas probabilidades. Entonces la cabeza de Mikhail cayó hacia atrás, y sus ojos brillaron como oro de lobo mientras miraba fijamente a Alec—.estas iniciado —dice—. Perteneces a la Hermandad. Alec se detiene. Se quedó quieto como si él estuviera tallado en piedra. Sus ojos parecen oscuros y muertos como la misteriosa oscuridad que llenaba la pista de hielo. Sólo el hielo parece tener ningún vestigio de su luz primera, de un misterioso azul que describía el cuerpo muy rápidamente. Oh, no. La Hermandad ha tomado el control de su mente. La plata no lo protegió durante el inicio. —Tú eres nuestro —susurro Mikhail, en la evidente emoción de triunfo. Se enderezo, otra vez el caballero en su traje de gala a pesar de las cicatrices de quemaduras en sus mejillas—. Harás lo que yo te mande. Las manos de Alec se aflojaron, abriendo los puños para colgar a los lados. Mikhail me miro, y es difícil decir lo que él disfrutaría más: doblar la voluntad de Alec o hacerme testigo de esto. Entonces él dijo—, mata a la chica.


No puedo correr—mi espalda está contra la pared, y ellos están entre mí y la puerta. Alec se vuelve hacia mí, con la mirada de depredador fija; la única cosa más horrible que saber que voy a morir es saber que será por sus manos. ¿O podría matar a Alec en su lugar? No estaba en toda su fuerza. Tenía una oportunidad. Pero que el asesinato me perseguirá para siempre. Levante mis manos, abriendo mis puños inciertos. El medallón de la madre de Alec todavía colgaba de mis dedos. En caso de que estas fueran las últimas palabras que le decía— tal vez las últimas palabras que nunca se dicen, se las susurre— Alec, Te amo. Alec parpadea. Sus ojos se reenfocan. Este no es más un monstruo mirándome, es Alec, mi Alec. Se vuelve de nuevo a Mikhail y saca algo del bolsillo interior de su chaqueta manchada de agua: La daga de iniciación, justo donde lo dejó. En un primer momento, Mikhail sólo puede ver la daga con pura codicia tan abrumadora que ni siquiera sospecha lo que viene cuando Alec se lanza hacia delante. La daga le apuñalo entre las costillas de Mikhail, y Mikhail jadeo, su boca se abrió en estado de shock y dolor, la sangre comienza a gotear sobre el suelo. Puedo ver con horrorizada fascinación como Mikhail se sacó a sí mismo la daga, que resplandece mojada con su sangre; entre rayas de color rojo, puedo ver el reluciente oro. Alec lucia como si casi no puedo creer que hubiera apuñalado a un hombre, pero su agarre en el puño sigue siendo seguro. —Sólo una herida —Mikhail jadeo—. Se necesita más que eso para matarme. Alec trago saliva—. Lo sé. Voy a necesitar plata. Tomo la daga con la plata y lo golpeo, fuerte, contra el borde de metal afilado de la mesa de al lado. Copos de oro hechas trisas, y cuando Alec sostuvo la daga de nuevo, puedo ver el núcleo de plata explotar. Mikhail presiona su dura mano contra sus entrañas, como si pudiera contener la sangre de esa manera, como si no fuera ya demasiado tarde—. No lo hagas, Alec. Siempre has dicho que nunca querías ser un asesino. —Yo no lo soy —dice Alec—. Estoy haciendo esto para salvar vidas, Mikhail. Para salvar a Tess, y muchos otros. —Y para salvarte —Mikhail se burló. Alec simplemente considero lo que dijo antes—Sí. —Entonces sumergió la daga de Iniciación en el corazón de Mikhail.


El siguiente momento es terrible. Mikhail gime—un sonido que es en su manera casi tan inquietante como los gritos de los ahogados en la noche del 15 de abril. Es, también, es el sonido de la muerte. Alec se ve afectado, y lo abrazo por la espalda, un brazo a lo largo de la longitud de su brazo, entonces la culpa por el golpe mortal que lo golpeo es mío también. Entonces Mikhail cae al suelo, tan muerto como cualquier otro cadáver en la habitación. Alec de alguna manera se volvió en mis brazos para abrazarme también, y durante mucho tiempo sólo se puede permanecer así, incapaz de creer que habíamos triunfado sobre la Hermandad. Sobre el hielo. Sobre la muerte. Unas horas más tarde, me acuesto en la cama de una pensión de Halifax con luz parpadeante de la chimenea jugando sobre mi piel desnuda, y la de Alec. Después de derrotar a Mikhail, que se deslizó por la parte trasera de la pista; esperaba que los pobres hombres que estaban esperando en el frente me perdonaran. La sangre de Mikhail había sido fregada, y él ha tomado su lugar entre los cadáveres. Harapiento como Alec estaba, hemos sido capaces de ordenarlo lo suficiente como para pasar desapercibido por las calles de Halifax. Hemos encontrado esta pensión y la llevó a una habitación— juntos, aunque esto requiere un poco de subterfugios. —El Sr. y la señora Marlowe, —Alec dice, como si me leyera la mente. él Perezosamente trazo con un dedo a lo largo de mi hombro. —Tal vez pronto podamos hacer que se hagan realidad. No me sorprende en absoluto, yo lo sabía casi desde el principio de que algo nos uniría para siempre. Pero me hacía sonreír—. Solo necesito que me hagas una mujer honesta. —Eres la mujer más honesta que conozco. Casi demasiado honesta. —Sólo porque te dije que parecías la muerte en persona cuando estábamos tratando de limpiar. —Ese es un ejemplo, sí. —Sin embargo, su pecho desnudo se sacude con risa contenida. Lo beso, y las silenciosas risas duraron un rato más. Cuando por fin nos separamos, respirando con dificultad y con una sonrisa aún más amplia de la que teníamos cuando comenzamos, dice—, Yo pensé que tendría que convencerte. — ¿Para estar contigo? —El peligro no ha terminado, aunque Mikhail esté muerto. —Alec parece grave otra vez—. Tarde o temprano, la Hermandad va a venir detrás de mí otra vez.


Probablemente van a estar en Halifax en cuestión de días, para ver si Mikhail sobrevivió. No aprecian mi rebeldía, o tu interferencia. Y saben lo suficiente como para estar seguro de que interferiste. —No tienes que convencerme, por la misma razón que no tengo que convencerte a ti. —Puse mi mano sobre su corazón. —Cuando el barco se hundía, cuando pensábamos que no tenía más tiempo, yo sabía lo tonto que había sido herirnos despidiéndonos. Ahora bien, un milagro ha ocurrido. Te tengo a ti de nuevo. Y no te iras esta vez, Alec. —Por la misma razón. —Sonríe suavemente—. Haría falta más que la Hermandad para separarme de ti. Yo me acurruco junto a él—. ¿A dónde iremos? —Ojala pudiéramos estar aquí. En esta sala, y en esta cama, para siempre. —La luz del fuego transforman los rizos salvajes de Alec a un castaño profundo, casi rojo—. Pero tú quieres que sea práctico, ¿no es así, Tess? Tenemos que regresar a Chicago, al menos eso es lo principal. Los asuntos de mi padre, es preciso solucionarlos. No quiero tomar más la empresa de Aceros Marlowe, pero tengo que decidir en quién confiar para dejarla a esa persona. Y sé que no podemos enterrarlo, pero me gustaría tener una lápida para papá. Algo para recordarlo. Le aprieto la mano, reconociendo que es necesario, pero tengo que preguntar—, ¿La gente no se sorprenderá de que estés bien y vivo? —Sí, pero va a ser bastante fácil de explicar. Dijiste que los informes periódicos sobre el Titanic se producen dos o tres veces al día y aun así se contradicen entre sí la mitad del tiempo. Nosotros podemos decir que me olvidaron del rollo de los sobrevivientes por accidente, que estaba lesionado y no puede enviar un Marconigram hasta ahora. Eso tiene sentido. Y me gusta la forma en que Alec dice —nosotros—, ¿cómo entiende perfectamente que si estamos juntos no importa lo que sucederá luego, vamos a estar juntos. Coloco mi mano sobre su pecho, y le susurro: —Y ya eres libre. —Todavía tengo que pasar por la clandestinidad. —A pesar de sentir una noble culpa ya no está obligado a alejarse, Alec todavía siente que tiene que disculparse—. La Hermandad no me dejará irme fácilmente, incluso si me alejo de Aceros Marlowe. Deberíamos irnos ahora, tal vez, cuando no sepan nada sobre mí, pero... no les puedo hacer esto a mis abuelos, o a mis primos.


Fingir estar muerto es más inteligente de lo que Alec había supuesto, pero también es más cruel. Él nunca quiso tomar ese camino. Me imagino la pequeña cabaña en la frontera que una vez habló, Cómodo y acogedor, no un puesto, sino un verdadero hogar con humo saliendo de la chimenea y cortinas en las ventanas. Un jardín de verduras y flores para nosotros, para mí, es increíble, pensar en tener mi propio pedacito de tierra para plantar flores. Alec ya no vivirá como un hombre rico, y ya no voy a vivir como un siervo. Vamos a ser iguales. Juntos—. Siempre y cuando estemos juntos, vamos a estar bien. Lo sabes, ¿no? —Excepto en la noche de la luna llena. —Una noche al mes. Podemos manejar eso, lo sé. —Espero que podamos. —Aunque Alec todavía tiene dudas-y dado todo lo que ha sucedido, él tiene razón a comparar de lo fatal que había sido antes. Finalmente, cree que tiene una oportunidad de una buena vida. Conmigo. Yo dije—, libre del control de la Hermandad, también. Sabemos que ahora. Mikhail lo intentó, pero no funcionó realmente. La plata que usaste al principio no funciono. —No Me apoyo en un codo para mirar a Alec. Se ve completamente serio, pero con temor, de hecho, la única palabra para la expresión de su rostro ahora es alegría. —Mikhail me controlo —dice—. Me tenía bajo su control hasta el momento en que me mandó a matarte, y eso fue algo que yo nunca podría hacer. Mi amor por ti es lo que me hace humano, Tess. Y siempre lo hará.

#fdecg  
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