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Condenado a seis años por retener 10 días a su pareja casi sin comer La Sección 27 de la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a seis años de prisión al ruso Eugenio R. U., de 47 años, como autor de un delito de detención ilegal y de agresión contra su pareja, a la que obligó a permanecer sin comer 10 días en el piso que ambos compartían. También la impidió lavarse, comer y beber. Los magistrados, que le han aplicado la agravante de parentesco, le obligan a pagar 10.900 euros de indemnización a la víctima. La sentencia considera probado que el 9 de octubre de 2010 Eugenio R. U. entró en el domicilio que ambos compartían en el distrito de Hortaleza con la excusa de que iba con su hija y pretendía recoger sus efectos personales. En cuanto la mujer le abrió la puerta la redujo a golpes y empujones. La llevó al dormitorio y le dijo: "Nos vamos a quedar aquí hasta que muramos y los vecinos huelan nuestros cuerpos. Será una muerte lenta y dura para ti". La mujer estuvo tumbada en la cama sin moverse y sin poder ir al baño a hacer sus necesidades fisiológicas. Su captor no le daba comida ni bebida ni ningún tipo de asistencia. Esto produjo el debilitamiento progresivo de la mujer, lo que le produjo numerosos vómitos, incluso de sangre. Conforme avanzaban los días, la situación empeoraba. "Tienes que sufrir más, todavía no has sufrido lo suficiente", le espetó el culpable a la mujer, según el fallo. El estado de suciedad de la cama era tal que el día 17 trasladó a la mujer a un pequeño sofá del salón, mientras él se quedaba el grande. Allí permanecía alerta de los movimientos de Francisca. En un descuido de él, Francisca recuperó su teléfono móvil y pudo avisar a una amiga de nombre Rosa. También avisó a su hija, que alertó a la policía. La mujer estaba tumbada en el sofá "en estado de desnutrición y aletargada y con habla balbuceante y aspecto desvitalizado", recoge el fallo, del que ha sido ponente la magistrada Ana María Pérez Marugán. Los jueces han creído la versión facilitada desde el principio por la víctima, ya que es la que ha mantenido desde su primera declaración en comisaría hasta el juicio en la Audiencia Provincial. "La libertad de la víctima en este caso se vio afectada al ser privada por el acusado de la libertad deambulatoria, al impedirla salir de su domicilio, golpeándola y empujándola al dormitorio donde la tiró sobre la cama inmovilizándola y diciéndole que iba a morir y que sólo cuando olieran los cuerpos les iban a encontrar", resume la sentencia. La acusación particular había solicitado que Eugenio fuera condenado por un delito de homicidio en grado de tentativa, pero la sala ha aplicado el principio de in dubio pro reo (en caso de duda a favor del acusado): "No es fácilmente inferir de la conducta del acusado la intención última del mismo". También han rechazado que existiera un delito de violencia habitual en el ámbito familiar, ya que no ha quedado acreditado que hubiera más agresiones dentro de la pareja: "No se han probado otros episodios de violencia física o psíquica que permitan justificar este delito". Los magistrados tampoco le han aplicado la atenuante de embriaguez, ya que el acusado "sabía lo que hacía y decía, teniendo conservadas por completo su capacidad de entender o querer".


El fallo también obliga a Eugenio R. U. la prohibición de aproximarse y comunicarse con su víctima en un radio de 750 metros durante 12 años desde que salga de prisión, además del pago de las costas procesales.

Un hombre corta orejas, nariz y labios a su mujer en Pakistán y mata a su bebé Un hombre ha cortado las orejas, la nariz y los labios a su mujer, de 25 años, por haber supuestamente mantenido la esposa una relación extraconyugal cerca de la ciudad pakistaní de Sanghar, según informa la prensa local. Posteriormente el hombre ha asesinado a la hija de la pareja -un bebé de 15 días-. Maroo Bheel, que llevaba tiempo maltratando psicológicamente a su mujer, Lali, enfureció el martes y se llevó a su esposa a las afueras de la ciudad para propinarle una brutal paliza y perpetrar la agresión. Posteriormente regresó a su casa, donde dormía el bebé, y lo degolló. La Policía ha iniciado la búsqueda del marido y ha impulsado un proceso judicial en su contra, según ha informado la cadena pakistaní Geo News. El suceso ocurre mientras la sociedad paquistaní sigue conmocionada por el brutal ataque talibán a Malala Yousafzai, la niña de 14 años a la que los talibanes intentaron asesinar por su campaña en defensa del derecho de las niñas a la educación.

Tú das pena, queriendo estar con una niña de 13 años como yo Mientras el sacerdote despedía a Almudena en el tanatorio de Albacete ante el desgarro inconsolable de su madre y abuela, a unos 15 kilómetros, en ese preciso momento, pasadas las tres de la tarde, Juan Carlos Alfaro salía de la caseta en la que llevaba varias horas atrincherado y se pegaba un tiro en la cabeza. De nada sirvieron los esfuerzos de la Guardia Civil por tratar de convencerle, durante varias horas y hablando con él a través de un teléfono móvil, de que se entregara pacíficamente. Habían pasado dos días desde que mató a tiros a la menor, de 13 años, de la que decía estar enamorado, y a otro vecino del pueblo, Agustín Delicado, de 40, al que alcanzó una ráfaga de tiros en la puerta de su casa. Acababa de salir a fumarse un cigarro. Alfaro, de 39 años, no murió en el acto. El disparo en la cabeza lo dejó clínicamente muerto, pero mantenía las constantes vitales. Fue trasladado en helicóptero al Hospital General de Albacete, donde falleció a las 18.30. A esa misma hora, la pedanía albaceteña de El Salobral acababa de enterrar a Delicado después de que decenas de vecinos recorrieran junto al féretro el camino desde la iglesia al cementerio. Su cuerpo reposa junto al de Almudena, que fue enterrada dos horas antes. Las dos familias habían velado juntas los cuerpos de ambas víctimas durante toda la noche anterior.


La Guardia Civil había buscado a Alfaro denodadamente por toda la zona, rodeada de altos maizales, desde el sábado. Fue entonces cuando, sobre las siete y media, disparó a Almudena, entró a la casa en la que vivía con sus padres y hermanos, cogió un rifle, volvió a salir, y lanzó una ráfaga de tiros en la calle Mayor de El Salobral. Los disparos alcanzaron a su segunda víctima, Delicado, y al marido de la abuela de Almudena, que iba en su coche y que resultó herido en un hombro. Después, huyó. Lo encontraron ayer por la mañana en el lugar en el que la madre de Almudena, Adela, estaba convencida de que se escondía: unos terrenos propiedad de su familia situados enfrente del pueblo en los que tenían una caseta. Una vez descubierto, se atrincheró allí durante horas. Pidió tabaco y un teléfono móvil con el que poder seguir hablando con la Guardia Civil —la Unidad Especial de Intervención se encargó de la negociación—. Su propio padre, Antonio, participó en la intervención tratando de convencer a su hijo de que se entregara. Pero todo fue en balde. Alfaro acabó quitándose la vida. Los conmocionados vecinos de El Salobral llevan dos días tratando de construir un relato de lo sucedido; un relato al que es difícil dar sentido y en el que lo único cierto era que Alfaro y la pequeña Almudena habían tenido algún tipo de relación en algún momento consentida por la niña; que él se había obsesionado; que la madre y la abuela de la niña se oponían rotundamente a ese vínculo; y que él había dicho que estaría con ella quisieran o no y que podía llegar a matarlos si se oponían, según el relato de la prima y una de las mejores amigas de la abuela de Almudena, Jose. Pero la niña, que empezó a tratarlo hace unos dos años, cuando tenía 11, y de forma consentida, ya no tenía tan claro si quería seguir con él, algo que Alfaro no aceptó.

“A veces venía a buscarla al colegio y la insultaba cuando ella le decía que la dejara en paz”, recuerda una de sus compañeras. La niña presenció, hace un mes más o menos, la siguiente conversación entre ambos: —Te he traído un regalo, un collar. Toma. —No lo quiero. Para ti. —Eres igual de puta que tu madre. —Y tú das pena con una niña de 13 años como yo “Ese día, se había pintado los ojos, y a él no le gustaba”, dice otra compañera. "Ella había empezado a cambiar. Antes era una niña muy solitaria, que solía salir con su perro sola y escuchar su música. Iba vestida con ropa oscura, como de heavy. Pero ahora estaba mucho más sociable. El otro día hasta la vi con una sudadera blanca, algo que antes no hacía. Yo creo que se había dado cuenta de que lo que pasaba con ese hombre no era normal. Tenía 26 años más que ella”.

“Finalmente, todo parecía ir un poco mejor. La niña había empezado a ir a un psicólogo de los servicios sociales”, asegura Jose, la íntima amiga de su abuela. “Pero, justo cuando llegó un poco de ayuda, pasa esto. La familia está devastada. Ellos sabían que nada de esto era normal y por eso lo habían denunciado. Pero nadie les hacía caso porque supuestamente era consentido. No sé yo cómo puede ser consentida una relación de un adulto con una niña tan pequeña”. Las trifulcas de Alfaro con la familia de Almudena eran constantes. Llegaron a hablar con la madre de él, Cándida, que les decía que no hacían nada malo, que estaban enamorados y que no era tan importante la diferencia de edad. Según la familia de Almudena, Cándida les dijo que no quería que a Juan Carlos le pasara lo mismo que a sus otros dos hijos, que jamás salen a la calle —el propio Juan Carlos había pasado también algún tiempo encerrado—. La madre de Alfaro declaró ayer a dos


televisiones que la presión que sufría su hijo por parte de la familia de Almudena era tal que quizá por eso había actuado así. Alfaro, en todo caso, parece que no asumió la decisión de Almudena de no seguir con él. Por eso continuaba buscándola y persiguiéndola. Quizá por eso la mató. El entorno familiar de la víctima se lamenta de que en el pueblo nadie se tomara en serio la amenaza que suponía un hombre de 39 años obsesionado por una niña de 13 y que, además, era un amante de las armas. “Delante de mí llamó Adela al sargento de la Guardia Civil para decirle que llevaba un arma en el coche y que podía hacer cualquier cosa”, explica una amiga de la madre de Almudena poco después del entierro de la niña. “Pero claro, como tenía licencia, y armas legales, y todos pensaban que el asunto era una exageración, no le hacían caso. Creo que solo la familia se dio cuenta de lo loco que estaba este hombre y de lo que era capaz. Lamentablemente, estaban en lo cierto”. Los rostros de la madre de Almudena y de la abuela, que no dejaba de abrazar la foto de su nieta, con la imagen volcada sobre su regazo, reflejaban un dolor indescriptible.

Juicio a un exconcejal balear por difundir un vídeo con formas de matar a una mujer Joaquín Rabasco, ex policía nacional y antiguo concejal en Llucmajor (Mallorca) del grupo populista Agrupación Social Independiente (ASI), se ha sentado este martes en el banquillo de los acusados de un juzgado penal de Palma acusado de incitar a la violencia de género. La acusación afirma que en 2005, durante dos meses, la página web del grupo de Rabasco divulgó un videojuego que mostraba 20 maneras de acabar con la vida de una mujer que circulaba en bicicleta. La víctima virtual era “golpeada, atropellada, aplastada”, resume el escrito de la fiscalía, que cree que la difusión de esta historia animada nació del ánimo de perjudicar a un adversario político [Qué pasó con Céspedes era el título], “provocando para ello a la violencia contra las mujeres” La acusación particular pide tres años de cárcel y una multa de 126.000 euros. Además, para la antigua secretaria de Rabasco, Claudia Fallemann, que también está imputada, pide dos años de prisión y el pago de 54.000 euros. La fiscalía solicitó una pena de seis años y seis meses por un delito cometido con ocasión de los derechos fundamentales y las libertades públicas, así como una multa de 30 euros diarios durante 12 meses. La acusación ciudadana sostiene que la web de ASI incitó de manera “clara e inequívoca al odio y la discriminación contra las mujeres”. El contenido suscitó la denuncia pública y concentraciones de mujeres en Llucmajor para expresar su rechazo ante “tan graves, despreciables e intolerables” actitudes. Al conocerse la divulgación del vídeo en la web de ASI, el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, reclamó la actuación de la Fiscalía y presionó ante el Ayuntamiento de Llucmajor —donde Rasbaco estaba en el poder, en alianza con el PP— para que cesase la difusión de la animación. El Instituto de la Dona de Baleares también intervino y exigió la retirada de los contenidos. Rabasco se negó y aseguró que el enlace al vídeo que había en la web era obra de un pirata informático. Hoy en el juicio ha dicho que se enteró del caso por la prensa y trasladó la responsabilidad al técnico informático que gestionaba la página.


Joaquín Rabasco carga ya con una sentencia firme por corrupción de dos años de cárcel por malversar fondos públicos, que desvió a compañías de su propiedad. En un primer momento fue condenado a seis años por la Audiencia de Palma, pero Tribunal Supremo rebajó la pena a dos años. El alto tribunal no lo consideró culpable de los delitos de cohecho, uso de información privilegiada, tráfico de influencias, prevaricación y alzamiento de bienes de los que la Audiencia de Palma le había considerado culpable.

Mujeres  

Maltrato hacia las mujeres

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