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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA UNIVERSIDAD YACAMBÚ COORDINACIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POST GRADO

Criminología Crítica y las nuevas Tendencias Epistemológicas Maestrantes:

Neicy González C.I. V-18.036.952

Valera, 19 de Abril de 2013

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Introducción

El mundo contemporáneo está atravesando por una trasmutación acelerada de los diferentes aspectos de la realidad social, económica, política, jurídica, cultural y hasta epistemológica de las ciencias surgidas en base al liberalismo ilustrado. Son muchas las formas por la que transitan las novísimas realidades, la globalización, los avances tecnológicos como aptitud de progreso social, y al mismo tiempo creadora de singulares formas de criminalidad, que de alguna manera han surgido un serio problema de crisis y erosión del sistema tradicionalmente considerado con lo cual elevan y germinan voces como alusión a paradigmas ejemplares y reflexivos en los distintas facetas del conocimiento y realidad política. En efecto es recurrente la idea de crisis en el pensamiento posmoderno, como algo que retumba las ideas del pensamiento epistémico que en alguna época fueron la panacea del momento. Ciertamente en el caso que ocupa esta disertación, puede señalarse que la criminología, al igual que otros ámbitos del saber, ha sufrido desajustes que de alguna perspectiva presenta un panorama contrapuesto al presentado en sus raíces cognoscitivas, esto es, desde su origen y nacimiento. Si se parte de que la crisis alude a un fenómeno de cambios palpables o tangibles, es decir, ya materialmente o ideológicamente establecidos, se puede afirmar que evidentemente la sociedad está en crisis, y concretamente las bases clásicas de la criminología están en duda. Efectivamente la crisis criminológica actual se sustenta en el hecho de que el positivismo criminológico dio respuestas a la criminalidad omitiendo cuestionar el poder y con ello el sistema penal. Todas ellas, parafraseando a

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Raul Zaffaroni1, dejaron fuera del estudio criminológico al sistema punitivo y mucho más la critica ideológica contra éste, sobre la base epistémica de que el control social corresponde o es objeto de estudio de la sociología. La base epistemológica para no tomar en cuenta el estudio de este elemento de poder, radica en la concepción histórica que se le atribuyó a la criminología. En un primer término, la criminología es concebida como una ciencia que se ocupa de las conductas criminales consideradas como producto patológico hasta una psiquiatrización del fenómeno: es una ciencia que estudia al hombre diferente, el cual tiene como máximo exponente a Lombroso. Una segunda postura sería aquella que centra su atención en lo social, partiendo de una idea de integración, es decir, de cierta unidad en las pautas culturales, con lo cual la criminología es vista como la ciencia que se ocupa de las conductas desviadas, dándole nacimiento al funcionalismo de Merton. Una tercera corriente enfoca el problema en base al delito natural, focalizando su atención en los datos facticos de las conductas que el derecho positivo define como tal: hablándose así de la criminología como ciencia causal-explicativa. Ahora bien, como puede observarse ningunos de estos modelos clásicos pone en cuestión al poder, sino que a través de la investigación direccionada a otros aspectos, lo que hace es legitimar a éste. En base esta omisión y a la vez legitimación del sistema penal, emerge la criminología como portadora de una mirada distinta y contrapuesta a la cuestión de la criminalidad, con la finalidad de reorientar el rumbo de la criminología hacia la deslegitimación del sistema, pues éste atribuye el delito; estigmatiza por medio de sus agencias punitivas este flagelo. En este sentido, la nueva criminología da un vuelco radical en la manera en que la criminología tradicional venía enfocando el aspecto criminal, su origen o etiología, transformando esta ciencia de etiologicista a 1

Raul Zafarroni (2003). Criminología: Aproximación desde un Margen.

Bogotá-Colombia. Editorial Temis. 3


crítica, por lo cual reorienta su objeto de estudio y su metodología direccionada a cuestionar el poder como control social atributivo de la criminalidad. Al lado de esta tendencia criminológica han surgido novedosos marcos de criminalidad, como producto de una sociedad en decadencia, por cuanto el mundo globalizado tal cual se presente más allá de presentar grandes beneficios en los distintos aspectos de la realidad, al mismo tiempo es promotora de inmensos desajustes y desigualdades sociales. Así, la sociedad global crea un continuo surgimiento de problemas criminales, que normalmente obligan a los estados-gobiernos a recurrir al aparato penal para mitigar estas fuerzas centrifugas de desestabilización del sistema civilizado. Como corolario de este conflicto ha nacido la neocriminalidad como situaciones fácticas que normalmente no encuadran en un derecho penal decimonónico, es decir, en un derecho penal tradicional y vetusto con respecto a las nuevas modalidades delictuales: como el terrorismo, narcotráfico,

delitos

económicos

etc.

Pero

colateralmente

dichas

modalidades también, y subsidiariamente colaboraron con la germinación del derecho penal del enemigo como forma de control social posmoderno para atacar el conflicto, diferenciándolo del derecho penal del ciudadano, elemento que crea serias discusiones en la dogmatica jurídico penal, y que por quienes suscriben esta monografía, elevan voces divergentes por sustentarse en un derecho penal de autor superado seriamente, no solamente por el liberalismo político del derecho penal de la ilustración, sino como garantía de un verdadero Estado de derecho y de justica contemporáneo. Pero también ante tales premisas epistemológicas, nacidas de doctrinas alemanas, debe erigirse los derechos humanos como barrera insoslayable de contención a un derecho penal de tercera velocidad, como lo denomina Silva Sánchez, e imponer el derecho penal garantista del ciudadano, el cual presenta características más cavadas de garantismo

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penal: principio de legalidad, proporcionalidad en las penas, debido procesos etc. De modo que el resurgir de la crisis de la modernidad arrastró tendencias enriquecedoras en el ámbito penal y criminológico, al punto que en la última parte de esta investigación se presentan las tendencias modernas del control social. Estas se aglutinan bajo la premisa de las deslegitimación del sistema penal, presentando un neorrealismo de izquierda que enaltece las desigualdades sociales originarias de la pobreza, producto precisamente de la globalización y desarrollo emitido desde el centro (expresión aludida por Zafarroni y que se comparte en esta monografía), y encuentra el origen de la criminalidad, ya no en causas naturales o patológicas como sostenía la vieja criminología, sino como hecho atribuido a la pobreza. De igual manera, irrumpe el abolicionismo de la mano de Hulsman, quien extrema o carga de una deslegitimación del sistema hasta el punto de postular su ablución, pero quien no presenta un panorama claro de sustitución para solucionar los desajustes delictuales. Por su parte, germina una solución más cónsona y razonable de la mano del minimalismo, que a pesar de cuestionar el sistema presenta una cara más aceptable, por lo menos para estos maestrantes, en el sentido de atacar la expansión punitiva, presentando un reducción al mínimo posible del aparato penal y con ello el delito positivamente consagrado. Así, el desarrollo de la ciencia ha desembocado en la transmutación del paradigma, en pro de fortalecer el sistema jurídico-penal en algunos casos, y expandiendo su accionar sin medida en otros tanto. De acuerdo con esto se presenta una monografía un tanto sintetizada que dé respuestas al programa de la maestría en Ciencias Penales y Criminológicas, aludiendo que desde nuestro margen o realidad social es un poco alambicado la investigación por la carencia de sustento teóricos abundantes, sin embargo,

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se concilia dicha debilidad con el esfuerzo intelectual de quienes pretenden arg端ir sobre la materia objeto de estudio.

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La Criminología y sus Orígenes: síntesis de la historia de la Criminología. La criminología se remonta a la época reciente del nacimiento de las innumerables ciencias que hoy hacen vida en los distintos ámbitos de saber científico, acompañada durante este desarrollo historiográfico por críticas dirigidas a su autenticidad de verdadera ciencia. Lo cierto es que su erudición epistémica ha sobrevivido a los diferentes ataques sobre su autenticidad teórica, pues más allá de quedarse rezagada, ha evolucionado en sus concepciones, superando los esquemas etiologicistas primigenios, pasando por las defensas plurifactoriales, hasta concluir en una nueva criminología que algunos denominan critica. Quienes suscriben el presente opúsculo no se enfocaran en fechas históricas, aunque hablar de la historia de una rama científica radica necesariamente en la dimensión temporal de tal aspecto, sino que su raíz contextual va entrelazada teóricamente con conceptos de dogmatica penal que provocaron mirar dichas nociones ( delito por ejemplo), desde una margen disímil, distinto y contrapuesto por juristas clásicos. En este sentido, emerge la criminología para dar una respuesta divergente a la posición defendida por la escuela clásica del derecho penal encabezada por Carrara, el cual propugnaba un concepto de delito como ente jurídico, y no como un simple hecho de la realidad. Así sostuvo que la fuerza moral subjetiva del delito consiste en la voluntad inteligente del hombre que obró, la fuerza física subjetiva del delito la representa la acción corporal con la cual el agente ejecuta su designio perverso2. Esta fuerza moral es lo que denominó el mencionado autor como la fuente del libre albedrio del hombre en su accionar delictual.

2

Francesco Carrara, (1944). Programa de Derecho Criminal.

Aíres-Argentina. Editorial de Palma. 7

Buenos


Siguiendo este orden de ideas, Alessandro Baratta expresó que la escuela clásica concibió el delito como producto del libre albedrío de la voluntad humana, no de causas patológicas y, por tal razón desde la perspectiva de la libertad y de la responsabilidad moral de las acciones, el delincuente no era diferente al individuo normal. En consecuencia, sostiene este eminente pensador, que el derecho penal y la pena eran considerados no tanto como un medio para modificar al sujeto delincuente, sino sobre todo como un instrumento legal para defender a la sociedad del crimen, creando frente a éste, donde fuese necesario, un disuasivo, es decir una contramotivación3. Ciertamente la escuela clásica del derecho penal se alejó del delincuente como persona que propiamente cometía el delito, enfocándose aisladamente al delito como ente abstracto, desligándolo de su autor. De modo que como expresa Morales las críticas no se hicieron esperar, por cuanto dicha escuela se alejaba de la realidad al utilizar un método meramente deductivo y abstracto en el análisis del delito, concentrado su atención científica al libre albedrio como formula absoluta, desplazando las circunstancias y el contexto social que rodea al sujeto activo del delito 4. Como consecuencia de las ideas propugnadas por la escuela clásica emerge la escuela positivista de la mano de Cesar Lombroso, Enrico Ferri y Rafael Garófalo quienes dieron nacimiento a lo que a través de los años se estableció como Criminología.

El sentido global de su oposición, como

señala Gómez, radica en que el sujeto no puede decidir voluntariamente si comete un delito o no, sino que está determinado a ello por diversos factores, ya sean biológicos, psicológicos o sociales. Por esta razón, la escuela 3

Alessandro Baratta (2004). Criminología Crítica y Crítica del Derecho

Penal. Buenos Aíres-Argentina. Editores Argentina 4

Alejandro Rodríguez (2006). Síntesis de Derecho Penal. Caracas-

Venezuela. Editorial Texto C.A 8


positiva se enfoca en el estudio ya no del delito sino del delincuente, para lo cual recurre a un método experimental e inductivo, que persigue fundamentarse en realidades verificables5. Esta cosmovisión genera consecuencias diferentes a la escuela clásica, pues los positivistas sustentan la idea de responsabilidad penal en la peligrosidad, negando con ello el libre albedrio, y atribuyendo a dicha peligrosidad la innovación de las medidas de seguridad contrapuesta a la pena sustentada por los clásicos. En base a lo anterior, se puede afirmar que la Criminología debe su nacimiento a la reacción crítica que Lombroso, Ferri y Garófalo elevan contra la escuela clásica del derecho penal, consagrando en la historia el surgimiento de un saber autónomo, distinto al derecho penal tradicional. Las posiciones de dichos autores se pueden resumir de manera descriptiva, de la siguiente forma: 1. Cesar Lombroso: este pensador introduce el concepto de atavismo, como la representación de un tipo de hombre primitivo o infrahumano que se reconocería por una serie de anomalías físicas, aproximándolo al tipo salvaje. De acuerdo con Gina Lombroso, sostuvo que los criminales natos son unos individuos diferentes cualitativamente al resto de los seres humanos normales, incapaces de adaptarse a las exigencias de la sociedad; de allí el carácter atávico del delincuente 6. 2. Enrico Ferri: Ferri sostiene que el libre albedrio defendido por la escuela clásica es una ficción, al igual que lo es la responsabilidad moral. Esgrima que la responsabilidad moral es no es más que una abstracción sin fundamento científico 5

Orlando Gómez (2003). Teoría General del Delito. Bogotá-Colombia.

Ediciones Doctrina y Ley. 6

Gina Lombroso (2009). Vida de Lombroso. México. Ediciones Botas. 9


que descansa sobre una concepción metafísica del hombre, desprovista de todo sentido de la realidad. Según él, la responsabilidad del individuo por sus actos no deviene de obligarlo a soportar las consecuencias de sus actos, ni por el hecho de vivir en sociedad, sino porque la sociedad lo ha decidido así, como un medio de defensa frente a la acción delictiva. De igual manera, Ferri atribuyó a la génesis del delito tres factores principales, a saber: factores antropológicos e individuales, factores físicos o cosmotelúricos y factores sociales del delito. Por su parte, clasificó a los delincuentes en: criminal nato, criminal enfermo mental, criminal pasional y criminal de ocasión7. 3. Rafael Garófalo: este autor, citado por Gómez, aportó una definición de delito natural, concibiéndolo como un acto que viola los sentimientos altruista fundamentales de piedad y probidad, teniendo en cuenta el término medio en que existen en una sociedad determinada y que es indispensable para la adaptación del individuo a la vida social. Según Garófalo el delincuente es una persona en la cual hay ausencia o debilidad de los sentimientos altruista y de piedad propios de un hombre normal, de allí su incapacidad para adaptarse a las exigencias que demandan los valores éticos-sociales del sistema social prevaleciente8.

7

Enrique Ferri (1933).Principios de Derecho Criminal. Madrid-España.

Editorial Reus S.A. 8

Jesús Gómez (2005). La Escuela Positiva. Bogotá-Colombia. Ediciones

Jurídicas Gustavo Ibáñez 10


Como

se

evidencia

de

lo

precedentemente

señalado,

los

representantes de la escuela positiva dieron una mirada distinta al delito y con ello al protagonista de su comisión: el delincuente. Es por eso, que se tiende a ver en las escuelas positivistas el comienzo de la criminología como el de una nueva disciplina, esto es, como un universo de discurso autónomo. En su origen este saber científico se edificó con una función etiologicista del delito, es decir, orientado a la explicación o individualización de las causas o factores que determinan el comportamiento delictual, para combatirlo con una serie de medidas tendentes, distintas a las penas propugnada por la escuela clásica, a modificar la conducta del delincuente. Sin embargo, las primigenias orientaciones etiológicas de la criminología fueron debilitándose a través del tiempo, permitiendo que surgieran nuevas posturas científicas. Dicha trasmutación histórica de esta ciencia dio origen a la denominada criminología crítica, como consecuencia de las insuficiencias tradicionales de su objeto de estudio y de su método causal explicativo, lo cual hace renacer una ciencia en detracción por los pensadores, esto es, si en realidad era un campo autónomo dentro del universo científico. Ahora bien, como producto de esta evolución historiográfica de la criminología cabe cuestionarse ¿cómo se aplicaron en Venezuela los postulados defendidos por los positivistas? Ciertamente en el sistema jurídico patrio se creó en el año de 1939, con reformas parciales en 1943 y 1956, la Ley de Vagos y Maleantes, la cual aplicó doctrinas proferidas por la escuela positivista. En efecto, la mencionada ley señaló en su exposición de motivos, según cita de Zambrano, que el objeto fundamental de la ley trata de plantear y de resolver el problema de la peligrosidad reglamentando los aspectos de la misma sin delito e inspirándose en el doble criterio de evitar, por una parte, que las autoridades de policía incurran en juzgamientos precipitados y arbitrarios, y por la otra, de crear medidas de seguridad que provoquen la

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readaptación social de los catalogados peligrosos, de su propio beneficio y en protección de la sociedad 9. En base estos criterios positivistas emergió una legislación que por lo demás era contrario a un derecho penal de acto, sustentando su epistemología jurídica en un derecho penal de autor, es decir, tomando en cuenta las características de reincidencia criminal, aspecto físico de las personas y la criminalización de la pobreza, situación que ocasionó grandes desajustes de discriminación en la sociedad venezolana. Sin embargo, el referido instrumento legal, fundado en un derecho penal de autor, fue recurrido por inconstitucional por cuanto era discriminatorio, criminalizando de esa manera la pobreza y el hecho de ser reincidente de delitos contra la propiedad. En tal sentido, se declaró bajo ponencia del ilustre jurista venezolano Ricardo La Roche, sentencia de inconstitucional, ya que vulneraba el artículo 60 numeral 8 de la Constitución Nacional de 1961, que consagraba que nadie puede ser juzgado por los mismos hechos en virtud de los cuales ya hubiere sido juzgado.

El Control Social Como Objeto de la Criminología Crítica. El control social es uno de los mecanismos más relevantes que posee la sociedad moderna para mantener la paz y el bien común dentro de una comunidad civilmente avanzada, permitiendo sostener que sin éste la organización comunitaria sería un desorganización total; un completo caos y anarquía, lo cual generaría situaciones incontrolables dentro del ámbito de contactos sociales. Para lograr esa conformidad de comportamiento aceptable, se precisa un conjunto de reglas y principios, bien para prevenirlos y procurar que los individuos interioricen los valores de la

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Freddy Zambrano (2010). Tratado de criminología. Caracas-Venezuela.

Editorial Atenea. 12


organización social de que se trate, bien respondiendo o reaccionando contra el transgresor en base a un reproche o castigo. De acuerdo a esta idea, Bustos Ramírez10, sostiene que el control social se desarrolla desde dos perspectivas: por una parte, se aprecia un control social o positivo, entendida como los recursos o valores con los que cuente una sociedad determinada para asegurar que los comportamientos de sus miembros se someterán a un conjuntos de reglas, y por tanto no dichos sujetos no se encuentran a la deriva, sin limitaciones de ninguna naturaleza; por otro lado, según el mencionado autor, se manifiesta un control social orientado desde un ámbito negativo, relativo a la sanción o reacción que ejerce el Estado sobre aquellas conductas que transgredan con los valores éticos, sociales o jurídicos asumidos por la generalidad como aceptables. Ahora bien, el control social de reacción o positivo, como lo atribuye el autor español, frente al ciudadano que ejecute un comportamiento desviado puede ser informal o formal, según el órgano del cual se derive. El primero es llevado a cabo por instituciones cuya primera función es otra, pero que simultáneamente producen disciplina, dentro de dichos entes se encuentra la familia, la escuela, la iglesia etc., el segundo caso, esto es, control social negativo, tiene por primicia exclusiva ejercer este reforzamiento a través de instituciones públicas creadas con esa finalidad ( policía, fiscalías, tribunales etc.,). Esta última situación tiene gran incidencia en la sociedad, por cuanto se manifiesta en todos los niveles de la dinámica penal: desde el momento de la definición del delito hasta la ejecución penal del mismo, incluso más allá, en apreciación del grupo de maestrantes defensor de este opúsculo, cuando está cumplida la condena, el propio sistema mantiene una interacción sobre el que ha delinquido, pues caso palpable el caso de la rehabilitación o prevención especial positiva, así como la toma en cuenta del 10

Bustos Ramírez (2004). Nuevo Sistema de Derecho Penal. Editorial

Trotta. 13


sistema policial de los antecedentes como elemento objetivo de indicio para presumir responsabilidades, caso aberrante por cierto. Si como se ha visto el Estado, a través de instituciones estatales controla la sociedad, con el fin de mantener la paz y el bien común, cabe preguntarse qué papel preponderante juega el derecho penal y la criminología dentro de todo esto. Ciertamente el derecho penal forma parte de ese eslabón reaccionario, y su elemento coactivo es la pena. La pena concebida por la dogmatica tradicional, constituye la respuesta o reacción frente a una desviación social, es decir, aquella que previamente ha sido establecida como delito. Pero esta situación no es fácil de concebir (como se desarrollará en este opúsculo en lo adelante), pues de acuerdo al sistema que prevalezca, el control social formalizado generará una respuesta distinta. Esto es, si se acoge un derecho penal del ciudadano (entiéndase derecho penal tradicional sumido bajo garantías del Estado Social, Democrático de Derecho) o si se defiende un derecho penal del enemigo o de tercera velocidad, como lo refiere la doctrina más novedosa, limitado en las garantías para el enemigo, o si se asume una criminología etiológica o crítica. De modo que las soluciones pueden producir distintos matices científicos o epistemológicos, de acuerdo a cada caso doctrinal concreto. Dentro de este aspecto puede decirse, y con esto siguiendo a Hassemer11, que el control social está estructurado bajo el prisma de tres elementos bien diferenciados: norma, sanción y proceso. Así expresa que el quebrantamiento del derecho o la norma, como dimensión de desviación social, la sanción o consecuencia jurídica como reacción al quebrantamiento por una parte, y por la otra, el procedimiento a través del cual se constata la infracción y se impone la sanción constituye las características o elementos insoslayables para el control social. En base a estos elementos emerge la 11

Winfried Hassemer (1989). Introducción a la Criminología y al Derecho

Penal. Valencia-España. Editorial Tirant to Blanch. 14


nueva criminología o criminología crítica, direccionada a contrariar y poner en tela de juicio los criterios del positivismo criminológico, esto es, a la ciencia criminológica etiologicista que busca las causas del delito en aspectos endógenos o exógenos. El valor del control social en el sistema civil alcanzado por el Estado moderno, radica según Muñoz Conde12, y que es congruente con nuestro pensar en esta monografía, en que el conglomerado de instituciones estatales se encargan de afianzar las normas del respectivo grupo social, pues por medio de la sanción, pena o medida de aseguramiento, el sistema persigue orientar la conducta hacia estándares generalmente aceptados. Dicha forma de pensar, evidentemente se diferencia de lo que sucede con las leyes de la causalidad, ya que éstas no pueden ser corregidas ni negadas al materializarse, pues siempre serás de esa forma. Por el contrario la transgresión de normas jurídicas (concretamente), pueden ser fortalecidas a través de la pena. En este sentido, puede decirse que sin control social la convivencia sería imposible, pues la anarquía desbordaría en las relaciones, lo cual juega un rol imprescindible dentro del moderno Estado. Ciertamente la relevancia surge por la socialización necesaria que debe vivir el hombre para la concepción de sus valores, las sanciones inevitables cuando esos valores sean infringidos y el procedimiento formal para imputar los errores, lo cual sustenta el sistema de garantías. Ahora bien, cómo se concibe este control social dentro de lo que se conoce como criminología crítica. Para dar respuesta a este apartado y, concretamente al control social como objeto de la criminología crítica, es preciso comprender el pasado inmediato de esta ciencia. Efectivamente la 12

Muñoz Conde (2007). Derecho Penal. Parte general. Valencia-España.

Editorial Tirant to Blanch. 15


criminología crítica surge en oposición a la criminología de raigambre etiológico, es decir, a aquella que, según Mármol León 13, define como la ciencia interdisciplinaria que estudia el delito en sí mismo, como hecho social, y al delincuente como ser biológico, individual y social, indagando, esto es, tratando de descubrir las causas en la realización del hecho delictual. En base a esto, puede sostenerse que la criminología tradicional tiene por objeto buscar las causas del delito, bien en factores internos o externos, lo cual se sintetiza en el método positivista causal explicativo. Esta situación implica que el crimen es algo ontológico, entiéndase por ello, como un

hecho

surgido

de

la

propia

personalidad

del

individuo,

más

concretamente, de situaciones relativas a lo biológico, psicológico o social; connotaciones pre constituidas en el ser humano, contrario a la adscripción defendida por la crítica criminológica contemporánea. Ciertamente la ciencia criminológica positivista propuso un nuevo paradigma, respecto al fenómeno criminal sumamente fructífero desde su nacimiento, en cuanto puso el acento de estudio o investigación, no al delito, sino al delincuente. Pero su limitación, está restringida exclusivamente al aspecto etiológico, tratando sólo las causas que llevan al individuo a delinquir. Ante tal limitación emerge la crítica contemporánea de la criminología, en el sentido de que no concentra su accionar científico a las causas del delito, como hecho inherente al individuo, sino que lo concibe como una realidad meramente dialéctica, en la cual interviene o interactúan los órganos de control social, tanto formales como informales, y el delincuente. Este hecho permite afirmar que el delito es una adscripción con respecto al sujeto, es decir, es atribuido a éste por el control social. En consonancia con esta idea sostiene Bustos Ramírez14, que el fenómeno criminal no es producto de causas relacionadas con un individuo, sino de los procesos de definición en 13

Carmen García de mármol de León (1995). Criminología. Caracas-

Venezuela. Editorial Carlos Santiago, C.A. 16


la sociedad, lo criminal, dice el autor, aparece como algo puesto por la etiqueta. Por su parte, Alessandro Baratta 15, expresa que cuando hablamos de criminología crítica, y dentro de este movimiento nada homogéneo del pensamiento criminológico contemporáneo se sitúa esa cosmovisión de la realidad dentro de la construcción de una teoría materialista, es decir económico- política, de la desviación, de los comportamientos socialmente negativos de la criminalización. Este aporte es relevante, por cuanto dicho autor es uno de los mayores exponentes en la actualidad sobre el tema. Comentando al eminente pensador, puede decirse que ciertamente esta manera de ver las cosas concibe una forma distinta de criminología, pues para sus defensores el origen de la criminalidad, ya no está en causas inherentes a la persona, sino que surgen desde fuera de él, esto es, producto de situaciones económico-políticas, como refiere el autor, ya que los integrantes del control social (informal y formal), se lo atribuyen, bien porque el Estado, personas de las sociedad etc., etiquetan a individuo, o bien porque su estigmatización nace de su condición social, es decir, de pertenecer a estratos sociales bajos. En esto consiste la nueva criminología, una visión materialista y conflictiva de la sociedad, más aun, una causa económicopolítica donde interviene el Estado y la sociedad como un todo. Ahora bien, si el objeto del positivismo criminológico consiste en buscar las causas del delito lo cual lo ubica en una ciencia causal explicativa de la criminalidad, la criminología crítica direcciona su estudio hacia el control social como objeto primordial de investigación científica, es decir, que se 14

Bustos Ramírez (2005). Introducción a las Bases del Derecho penal.

Bogotá-Colombia. Editorial Temis. 15

Alessandro Baratta (2004). Criminología Crítica y Crítica al Derecho

Penal. Una Introducción a la Sociología jurídica y al Derecho Penal. Editores Siglo XXI. 17


erige como reacción del control social como causa de la constitución de la delincuencia. Dicho de otra manera, la criminología crítica se ocupa de reprochar el sistema formal e informal de control social como base de adscripción del delito, diferenciándolo sustancialmente y radicalmente de la criminología etiologicista.

El Control Social en el Mundo Globalizado. El control social como mecanismo garantizador del comportamiento humano adecuado, en su vertiente positiva o negativa como fue explicado anteriormente, no escapa de la realidad o expansión surgida de los distintos ámbitos o aspectos de la vida, es decir, de la influencia producto de la teoría denominada globalización. Es una realidad que no merece mayor demostración que la propia experiencia personal del individuo civilizado, y hasta el más ermitaño, si es que existe, que la realidad se ha reducido a algo que es afectado o invadido tan fácilmente por la mano invisible de eso llamado globalización. Así Ignacio Moreno16 expresa que si hacemos un análisis sistémico e integral de la globalización, tenemos que ponderar este proceso en el contexto de la influencia que puede tener el mismo como condicionante externo del desarrollo de los pueblos. Por lo que para asegurar la gobernabilidad de ese desarrollo en el nuevo entorno global, es imprescindible entender el impacto de este fenómeno en las tres vertientes más importantes del desarrollo, esto es: lo social, económico y el impacto político de la globalización. Evidentemente que si trasladamos esta idea al ámbito del control social, puede señalarse que ciertamente en lo referente a lo político y dentro de esta categoría se incluye el aspecto jurídico, 16

Ignacio

Moreno

(1999).

Globalización.

Universidad Metropolitana 18

Riesgos

y

Realidades.


concluimos en que la globalización ha fungido como un fenómeno de expansión incontrolable, que de alguna forma el Estado-Gobierno no ha podido manipular o por lo menos contener. Dicho de otra forma, el control social informal (específicamente medios de comunicación social), se ha sobrepuesto al control social formal, ya que la globalización es un aspecto de la realidad que invadió hasta el espacio más ínfimo de la sociedad. Desde esta perspectiva, puede afirmarse que la globalización y con ello la expansión desproporcionada del control social informal, ejercen con mayor preponderancia influencia en la sociedad que el sistema formalmente establecido. En base esta realidad, el Estado de manera paulatina ha perdido la monopolización de la atribución de normas e imposición de principios como modelos de conductas generalmente aceptables para una sociedad erosionada en los valores ético-sociales, produciéndose una distribución de funciones con otros entes surgidos como consecuencia de la mencionada globalización. Situación que evidencia que los tradicionales controles informales (familia, educación, religión etc.,), están siendo desplazados por novedosos métodos de control social, que cada día generan más persuasión en el mundo social. Evidentemente es un hecho cierto que la globalización ha influido en todos los ámbitos de las realidades, también en el control social, pero la realidad más cruda es que dicho influjo está orientado y afecta al más débil, no sólo en el aspecto económico que es uno de los más relevantes, sino que la mayor importancia que se le da al control social, siguiendo en este punto a Bustos Ramírez (ibídem), es que el fortalecimiento del control social recae sobre las clases más desfavorecidas económicamente, situación que por lo demás ha concluido en la llamada criminología critica.

Desorientación Epistemológica de la Criminología.

19


| Este aspecto de la criminología es un elemento o indicador de nuevas tendencias que persiguen la transformación de dicho talente epistemológico, ya que, como se ha explicado hasta la altura de este trabajo monográfico, el pensamiento criminológico etiologicista ha sufrido ataques directos contra sus bases epistémicas, lo cual de forma insoslayable permite decir con claridad que en las últimas décadas se direcciona a novísimas perspectivas cognoscitivas. En este sentido, si sustentamos a contrario sensu, con respecto al subtitulo de este apartado, que la orientación consiste, según el diccionario Oceano17, en la dirección o tendencia de algo, puede manifestarse que la criminología se encuentra desorientada del rumbo que primigeniamente fue atribuido por las corrientes tradicionales, esto es, por aquellas que encontraban el origen del delito en factores psicológicos, biológicos o sociales, situación que ha dado un vuelco como consecuencia del surgimiento de voces críticas. En base a lo anterior, puede decirse que emerge una nueva manera de ver la realidad científica del crimen, ya no en los aspectos mencionados (psicológicos, biológicos o sociales), sino en la atribución de los órganos pertenecientes al control social. Así Aniyar de Castro 18 expresa que el objeto de la investigación criminológica ya no se encuentra en las condiciones naturales o sociales del crimen, ni dependerá de la naturaleza anormal del criminal, sino en la reacción social, institucional o formal y en los procesos de criminalización primaria y secundaria, aspectos en los cuales el tema del poder es concurrente. Por lo tanto, el método según el cual se aborda el conocimiento del problema criminal, amerita de un vínculo político que se expresa, tanto en la gestión del objeto de estudio, como en la necesaria 17

Diccionario de la Lengua Española y de Nombres Propios (2003). España,

Editorial Oceano. 18

Aniyar de Castro (1987). Criminología Crítica y Garantismo Penal.

Capítulo Criminológico Universidad del Zulia. 20


relación entre ciencia y sociedad, que podríamos comparar al vínculo funcional que existe entre democracia y jurisdicción. De acuerdo con esta tendencia la nueva criminología ya no estará orientada a la legitimación del sistema penal, sino que por el contrario su desorientación radica en confrontar, por medio de la crítica, al control social, deslegitimándolo, y consecuentemente aportando o promoviendo nuevas ideas o alternativas para la solución del crimen. Estas son las notas características que permiten explicar la desorientación del pensamiento criminológico

tradicional,

logrando

liberarlo

de

esas

ataduras

epistemológicas, que de alguna manera legitimaban el sistema en la perpetua búsqueda del delito en causas naturales o antropológicas, logrando direccionar dicha ciencia a otros rumbos científicos cual es: la crítica al sistema penal.

La Criminología frente a la Crisis de la Modernidad: la Neocriminalidad. Uno de los aspectos en los cuales la criminología ha sufrido un quiebre en su estructura epistémica es, como se ha dicho, la transmutación o cambio de la criminología tradicional, etiológica o positivista, por la nueva criminología critica, es decir, de la búsqueda del delito en causas naturalísticas,

biológicas,

psicológicas,

antropológicas

o

sociales,

al

criticismo del sistema penal como control social, esto es, una reacción contra éste, con la finalidad atribuir otra mirada al origen del delito. Ahora bien, la criminología presenta otra faceta de crisis frente a la modernidad: la neocriminalidad y el surgimiento de un nuevo derecho penal para enfrentarla: el derecho penal del enemigo. Para entender este aspecto, un poco alambicado, es preciso afirmar, según los maestrantes que suscriben esta corta monografía, que el derecho penal tradicional, de corte

21


decimonónico, es precario y se ha quedado corto con respecto al surgimiento de nuevas peripecias delictivas que trascienden las antiguas figuras de los delitos contra las personas y la propiedad, complicando el panorama de las ciencias correspondientes para confrontar esas tendencias criminales. Con respecto a esto, Ferrajoli 19 expresa que uno de los efectos perversos de la globalización es sin duda el desarrollo, con dimensiones que no tienen precedente, de una criminalidad internacional, a su vez global. Se trata, según él, de una criminalidad global o globalizada, en el mismo sentido en que hablamos de globalización de la economía: es decir, en el sentido de que la misma, por los actos realizados o por los sujetos implicados, no se desarrolla solamente en un único país o territorio estatal, sino, a la par de las actividades económicas de las grandes corporaciones multinacionales, a escala transnacional o incluso planetaria. Evidentemente es una realidad palpable que la neocriminalidad está socavando las bases del derecho penal tradicional como control social, pues ante el nacimiento de delitos complejos y perjudiciales como el narcotráfico, el terrorismo o los delitos económicos han surgido voces, de corte alemán que proponen un nuevo modelo para responder ante tal acontecimiento. De modo que, el derecho penal de corte decimonónico es insuficiente para solucionar la crisis surgida como consecuencia de la modernidad y con ello la neocriminalidad, pues su epistemología está direccionada a delitos comunes, que normalmente se consagran dentro de la estadística criminal nacional, siendo insuficiente o limitado para orientar su cometido coactivo para la denominada neocriminalidad, por cuanto sus estructuras delictuales son más complejas.

19

Luigi Ferrajoli (2005). Criminalidad y Globalización. Iter Criminis: Revista

en Ciencias Penales. 22


Ciertamente en las últimas décadas, por ejemplo, el terrorismo y el narcotráfico, ha ocasionado un número difuso o indeterminado de víctimas que progresivamente incrementa el conflicto social. Así de acuerdo con Morales20 el narcotráfico surge como neologismo construido a partir de las voces narcótico y tráfico, para identificar la problemática del comercio de las drogas ilícitas con una carga política e ideológica apreciable, por lo que se ha utilizado como sinónimo de actividad maligna contra la cual hay que luchar y dirigir todos los esfuerzos político-criminales. Por su parte se refiere al terrorismo como a todos aquellos actos graves que por su naturaleza o su contexto puedan lesionar gravemente a un país o una organización internacional cuando su autor los cometa con el fin: de intimidar gravemente a una población, obligar indebidamente a los poderes públicos o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo, o desestabilizar gravemente o destruir las estructuras fundamentales políticas, constitucionales, económicas o sociales de un país o de una organización internacional. De acuerdo a lo anterior, y si se toma como referencia estos dos aspectos delictuales neocriminales, puede decirse que ciertamente es un hecho verdadero de que ambas situaciones crean inmensos conflicto y desestabilización del sistema normativo imperante, ya

que atentan

directamente contra las estructuras fundamentales de la sociedad, creando sosiego y daños desmedidos e incalculables. Dejando a un lado el narcotráfico y el terrorismo, como indicadores meramente descriptivos y partiendo de la idea de que es innecesario profundizar sobre sus causas, pues no es objeto de esta investigación, por lo que se toma como punto referencial, pasemos al surgimiento de una transmutación que ha vivido el derecho penal. Situación que ha delineado 20

Alejandro R. Morales (2011). Lucha Antiterrorista. Derechos Humanos y

Discurso Penal del Enemigo. Caracas-Venezuela. Hermanos 23

Editorial Vadell


dos cosmovisiones de la ciencia penal, por un lado el derecho penal tradicional orientado al ciudadano que comete delitos decimonónicamente considerados, y por el otro lado, la germinación de la mano de Gunther Jakobs, del derecho penal del enemigo como moderna forma de control social extremada. Por derecho penal del enemigo se entiende, de acuerdo con Morales21, como un orden penal cuyos parámetros difieren ciertamente del derecho penal tradicional, y el cual sería aplicable solamente en el caso de la comisión de crimenes por parte de los enemigos de la sociedad y del orden jurídico, especialmente en los supuestos de terrorismo. Esta nueva tendencia verifica

una

nueva

realidad

procesal,

despojada

de

las

garantías

comprendidas en el derecho penal tradicional, tales como: principio de legalidad, proporcionalidad, culpabilidad, igualdad etc., que de alguna forma son omitidos para aislar por completo a sujeto extremadamente peligroso. La doctrina también denomina a este derecho como de tercera velocidad de la mano de Silva Sánchez, quien citado por Mir Puig 22 sostiene que el derecho penal tradicional o de segunda velocidad se distingue del derecho penal del enemigo o de tercera velocidad, en que adelantaría las barreras de la punibilidad a momentos previos a la lesión del bien jurídico; permitiría la suspensión o flexibilización de garantías fundamentales para el enjuiciamientos de los responsables, asignarías penas particularmente altas, en menoscabo de la proporcionalidad que debería existir entre el delito cometido y la pena a imponer, y finalmente estaría dirigido a la represión contra ciertos individuos altamente peligrosos considerados como enemigos

21

Alejandro Rodríguez Morales (2007). Síntesis de Derecho Penal. Parte

General. Caracas-Venezuela. Ediciones Paredes. 22

Mir Puig (2003) Introducción a las Bases del Derecho Penal. Buenos

Aíres-Argentina. Editorial IB de F. 24


de la sociedad o el sistema imperante, lo cual acarrearía a la flexibilidad propia del derecho y garantías tradicionales. Ahora bien, al hacer un estudio somero de la obra del eminente penalista alemán, Jakobs23, puede decir que el derecho penal del enemigo se caracteriza

por

tres

elementos:

en

primer

lugar,

se

constata

un

adelantamiento de la punibilidad, es decir, que en este ámbito la perspectiva del ordenamiento jurídico es prospectiva (hacia el futuro), en vez de la tradicional concepción retrospectiva: hecho cometido. En segundo lugar, las penas privativas son desproporcionadas altas: la anticipación de la barrera de punición no es tenida en cuenta para reducir en correspondencia con la pena amenazante. En tercer lugar, las garantías procesales flexibilizadas o suprimidas. Siguiendo el orden de ideas, puede decirse que evidentemente la neocriminalidad, como manifestación delictiva contemporánea, es una verdad indiscutible, pero tal verdad, aunque erosione los valores éticos – sociales acogidos por un sistema jurídico, no puede servir de base o sustento epistemológico para la creación de una tendencia, bajo la doctrina científicos refinado teóricamente, para soslayar las bases de principios conquistados por el derecho penal de corte liberal o tradicional, pues un derecho verdaderamente coherente con las garantías ciudadanas debe castigar siempre con fundamento en un hecho cometido, esto es, en un derecho penal de hecho, que de la certeza de garantías procesales, situación que no ser así se incurriría en un derecho penal de autor-totalitario y discriminatorio. De modo que, en un derecho penal liberal moderno, parafraseando a Alcacer

23

Gunther Jakobs (2003). Derecho Penal del Enemigo. Madrid-España.

Editorial Civitas. 25


Guirao24, el hecho es un ente rector de los tipos penales, por lo que se excluyen los pensamientos del castigo penal. En este sentido, la criminología frente a la crisis que presenta el surgimiento de nuevas posturas dogmatico-penales, debe erigirse como reacción crítica de estas nuevas políticas y promover alternativas distintas a las previstas por un derecho penal del enemigo, que por lo demás se aleja de las garantías y principios conquistados por el liberalismo penal y fortalecido por el derecho penal moderno y garantista. Así, la crítica debe orientarse a esta tendencia, que socava las bases del derecho penal de hecho y propone una decadente figura discriminatoria del derecho penal de aal aberración dogmatica, según los maestrantes que suscriben este ensayo, debe superponerse el ataque directo surgido a esta forma de control social por parte de la criminología crítica o reaccionaria, pues pueden verse enemigo donde en realidad no existen y deja un amplio margen de actuación totalitario por parte del ius puniendi del Estado. Derechos Humanos Como Garantía Fundamental para el Control social de la Criminalidad. En las últimas décadas han sucedido acontecimientos que han puesto en tela de juicio la seguridad de las naciones con respecto a los actos terrorista, especialmente el acaecido el 11 de septiembre de 2001, que erigió al terrorismo como un elemento materialmente peligroso contra los países que sucumben a esa tragedia, lo cual coloca este tipo de neocriminalidad en la palestra del derecho internacional y, sobre todo, en el surgimiento de modernas tendencias de control social, concretamente el llamado derecho penal del enemigo como justificante para atacar de forma desmedida a los 24

Alcácer Guirao (2004). Los Fines del derecho penal. Una Aproximación

desde la Filosofía Política. Universidad Externado de Colombia. Centro de Investigación en Filosofía y Derecho. 26


sujetos que conforma esas estructuras ilegales y altamente organizadas. Pero al mismo tiempo, esas respuestas contra los terroristas están cargadas de grandes daños colaterales que afectan vidas inocentes, alejadas de un conflicto que independientemente de cuál sea la razón, no merecen integrar un numero simplista estadístico, pues la vida humana no es atributiva de la poca monta de objeto de la estadística criminal como daño marginal, sino que va más allá de un conflicto entre civilizados e incivilizados, en los términos de Zaffaroni, sino que se superpone por encima de cualquier conflicto: el derecho a la vida es una garantía universalmente legítimada y conquistada. El Estado de guerra contra terroristas o narcotraficantes no debe estar sobre el derecho a la vida, como meramente daño colateral del conflicto, sino que la vida y demás derechos son garantías, que una criminología verdaderamente humana debe defender en contra de los ataques desmedidos del control social. Así, en palabras del profesor Leonardo Pereira25, ningún Estado de excepción, podrá circunscribir el derecho a la vida, el derecho al debido proceso penal y constitucional, el derecho a la información, mucho menos, permitir la incomunicación o tratos crueles e inhumanos. En base esta situación, la criminología crítica debe orientar su cometido epistémico contra el modelo de control social que manera desproporcionada e irracional ataque emerja en contra de los enemigos, bajo un esquema del derecho penal de tercera velocidad o del enemigo, para asegurar la aplicación de los principios filosóficos-políticos conquistados desde el liberalismo penal hasta nuestros días. A tal efecto, Bernardo

25

Leonardo Pereira Meléndez (2012). Principios, Garantías y Derechos

Humanos en el Proceso Penal. Caracas-Venezuela. Editores Vadell Hermanos. 27


Sepúlveda26, en su ensayo de análisis sobre las consecuencias del 11 de Septiembre expresa que hacia el futuro, será fundamental la vigencia y aplicación de un derecho humanitario, que atienda a los millones de refugiados y desplazados que son víctimas inocentes del conflicto bélico. Con este fin debe orientarse la criminología, proyectando su acontecer científico en aras de promover el respeto de los derechos más elementales de las personas, que bajo situaciones o acciones desproporcionadas e irracionales del sistema penal como control social, vulneren principios garantizados el derecho moderno.

Tendencias del Control Social en el Mundo Globalizado: Neorrealismo de Izquierda, Abolicionismo y Minimalismo. 1. Neorrealismo de Izquierda: dicha forma de pensar acentúa el pensamiento criminológico sobre la base del estudio real de las desigualdades sociales para explicar el origen del delito y en base a estas desigualdades el delito surge como expresión acabada. Así, Mónica Magallanes27, que Ello explica que los pobres, las condiciones frágiles en la sociedad capitalista, hacen que la pobreza tenga sus reflejos en la criminalidad. Pero ésa no es la única causa de la actitud delictiva, también se genera por los factores como: el individualismo, la competitividad, la agresividad, la codicia de bienes materiales, las anomalías sexuales, el machismo, etc., de modo que para esta corriente es imprescindible estudiar 26

Bernardo Sepúlveda (2002). Terrorismo, Seguridad Nacional y

Seguridad Colectiva. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. 27

Mónica Magallanes Maldonado (www.google.com.ve: criminología crítica,

planteamientos, perspectivas y valoración final. 28


todos los actores, desde el delincuente, la víctima hasta los órganos del control social, para crear lazos de solidaridad entre los miembros de una sociedad en decadencia y combatir el delito en base a esta cohesión social. Uno de los exponentes más prominentes para la construcción de una teoría materialista de la criminalidad es Baratta (ibídem), cuando expresa que el sistema de control de la desviación revela, igual que todo el derecho burgués, la contradicción fundamental entre igualdad formal de los sujetos del derecho y desigualdad sustancial de los individuos, que en tal caso se manifiesta respecto a las chances de ser definidos y controlados como desviados. Dicha expresión del pensador italiano permite sostener que la desviación, tiene una connotación disímil respecto a la criminología etiológica, pues las desigualdades reales, esto es, materialmente existente en las sociedades, son fuente de discriminación por parte del control social para criminalizar a los individuos, elemento que le otorga una dimensión de atribución de la criminalidad, radicalmente distinta a las posiciones tradicionales. 2. Abolicionismo: el abolicionismo es entendido según Hulsman como máximo exponente citado por Pedro David 28, como una toma de posición crítica negativa frente a los problemas e insuficiencias del control social, que busca la extinción del sistema penal, por irreal y totalitario, para sustituirlo por medidas basadas y sustentadas en el dialogo, la concordia, la apertura y la solidaridad. Esta orientación radical genera críticas contra el sistema penal actual, aludiendo la insuficiencia e ineficiencia que ha demostrado a través de su existencia, pues por ejemplo, la prevención especial 28

Pedro David. Louk Hulsman, el Abolicionismo, el Tránsito a una Nueva Sociedad, y una Anécdota.

2. 29


positiva no ha sido muy efectiva dentro de la sociedad punitiva, lo cual coloca al sistema en una erosión de sus propias bases. Estas novísimas propuestas buscan soluciones a los problemas penales desde una perspectiva un poco alambicada, pues Hulsman citado por Larrauri29, empieza a hablar de resolución de los problemas sociales, para indicar que si el sistema se aproxima a los eventos criminalizados y los trata como problemas sociales, ello le permite ampliar un abanico de posibles respuestas, no limitándose a la respuesta punitiva. De modo que comienza un discurso diferente en el cual presenta otra faceta para dar solución a los conflictos penales, introduciendo nuevos mecanismo de resolución, que por lo demás son vagos e insuficientes. Una de las críticas al abolicionismo radica, de acuerdo con Laurrari (ibídem), en la inconcreción de estas propuestas que enfatizan el objetivo de la reparación, la participación de la víctima, la mediación con el infractor y la presencia de un tercero sin poder para imponer, como alternativas a la pena y al proceso penal, es lo que ha comportado la acusación de estas alternativas corren el riesgo de vulnerar todo sistema de garantías que ha articulado el proceso penal formal. Evidente lo anterior muestra una empresa difícil de materializarse en la realidad social, pues por una lado, parafraseando al propio Zafarroni30, quien sostiene que a pesar que el discurso jurídico penal ejercen su poder para controlar un marco social cuyo signo es la muerte masiva, resulta difícil negar que el derecho penal se encuentre deslegitimado. Ahora bien, una postura deslegitimadora y 29

Elena

Larrauri

(1997).

Criminología

Crítica:

Abolicionismo

y

Garantismo. Universidad Autónoma de Barcelona 30

Raul Zafarroni (1998). En Busca de las Penas Pérdidas. Buenos Aíres-

Argentina. Ediar Sociedad Anónima Editora Comercial, Industrial y Financiera. 30


supresora del sistema penal debe comprenderse de acuerdo a cada contexto social. La realidad social, como cosmovisión del autor que la propugna (Husman), es completamente diferente a la realidad material agudamente conflictiva de América Latina, pues una sociedad nórdica muestra un sistema netamente estable, que permitió al autor propugnar una tesitura de esta naturaleza, situación que quizás colide rotundamente con nuestro margen latinoamericano, que al paso del tiempo incrementa sus desajustes sociales desde todos los ámbitos. 3. El Minimalismo: a groso modo esta tendencia, defendida en Italia por Ferrajoli en su extensa obra Derecho y Razón, propugna una mínima intervención del sistema penal sobre la base del conflicto delictual, postulando la necesidad de minimizar el actual derecho penal, mitigándolo a los supuestos estrictamente necesarios para afrontar las realidades ilícitas, restringiendo de esta manera al mínimo necesario la intervención del derecho penal. Así Ferrajoli 31, expresa que la pena como mecanismo violente del Estado no solamente sirve para proteger a la persona ofendida por el delito, sino también como mecanismo de sustracción de la justicia privada por parte de este mismo ofendido, para evitar otro mal que pueda padecer el sujeto activo del delito.

El derecho penal mínimo

defiende la reducción del sistema penal y la expansión de otras áreas para dar solución a la intervención desmedida del derecho penal como control social, que de alguna forma permita mitigar la atrofia o inflación del ius puniendi. Por tal motivo, Pérez 32 sostiene que la creciente hipertrofia o expansión del derecho penal, como 31 32

Luigi Ferrajoli. Derecho penal Mínimo. Universidad de Camerino. Carlos Martínez Pérez (19982) Inflación del Derecho Penal y Derecho

Administrativo. Universidad Complutense de Madrid. 31


consecuencia de nuevas realidades sociales (delitos ambientales por ejemplo), ha originado una inflación del derecho de castigas a limites exabruptos, que de alguna manera obligan buscar soluciones sociales en otras ramas del derecho, logrando despenalizar ciertas conductas que criminalizan a los miembros de la sociedad y congestionan el sistema judicial, preconizando que muchas conductas tipificas como delitos para dar solución política por parte del sistema deben ser trasladas al derecho administrativo sancionador, situación que en esta monografía se comparte.

Estas tres tendencias surgidas en el dogmatismo penal contemporáneo tienen en común, el surgimiento de críticas sobre el sistema heredado de la filosofía

liberal

de

la

ilustración,

originando

nuevas

realidades

epistemológicas de observar el sistema punitivo. Ciertamente el sistema penal moderno puede decirse que está en tela de juicio y como consecuencia de tal hecho surgen voces promotoras de novísimas orientaciones, bien sobre la base de la crítica al positivismo criminológico, bien sobre la abolición de éste o su reducción, creando direcciones de deslegitimación que hacen temblar las bases clásicas sobre el cual se ha edificado el derecho penal vigente de corte decimonónico, pero que ha trascendido lo tradicional expandiéndose a hechos cada día más represivos que permite formalizar las criticas para su minimalismo coactivo.

Conclusión Al culminar el estudio o monografía presentada por el grupo de maestrantes en Ciencias Penales y Criminológicas puede decirse con

32


claridad, que la epistemología criminológica ha sido influida fuertemente por el cambio o trasmutación de la sociedad misma y el surgimiento de novísimas realidades. Es por ello que se concluye en dos aspectos trascendentales: 1. La criminología etiologicista aportó conceptos o teorías que sólo involucraban al delincuente como factor del problema delictual, lo cual ciertamente fue un paso importante del positivismo defendido de Enrico Ferri, Lobroso y Garófalo, pues éstos reorientaron el estudio criminal, al sujeto que cometía el delito y no al delito como ente jurídico; pero quedaron corto en el hecho de que las bases epistémicas de la criminología sólo focalizaron su atención científica en causas naturalística, antropológicas, psicológicas, biológicas o sociales que generalmente predominó a lo largo de la historia. En base a esta limitación la ciencia criminal moderna, reorienta el origen del delito, no a esas causas, sino al estudio del sistema penal como control social y genéricamente al control social concebido como un todo, logrando cambiar el paradigma hacia la crítica del sistema tradicional, pues las agencias punitivas atribuyen de algún modo el delito; etiquetan las

desigualdades

materiales

que

padece

el

débil

y

minusválido. Hecho que da origen al surgimiento de la criminología crítica o de reacción social frente al Estado, y a otras tendencias como el neorrealismo de izquierda. 2. Por otro lado, se observó que el fenómeno de globalización dio origen a la neocriminalidad como nuevas formas de desestabilizar el sistema ético-social aceptado en el mundo civilizado, lo cual trajo consigo el nacimiento de manera más violentas del Estado para solucionar los conflictos ( derecho

33


penal del Enemigo), pero al mismo tiempo estas fuerzas centrifugas de la doctrina fue contrarrestadas por otras corrientes

o

tendencias

del

control

social

no

menos

importantes, pero más aceptables: el abolicionismo y el derecho penal mínimo o garantismo para servir de barreas insoslayables que resguarden los principios conquistados por el liberalismo político de la ilustración, aunque con otras connotaciones como es el conjunto de disposiciones relativa a los derechos humanos. De acuerdo con esto, el derecho penal posmoderno debe sustentarse en principios de garantías, tanto sustancialmente y procesalmente concebidos, para mitigar las fuerzas extremistas del sistema. En este sentido, una criminología moderna debe orientar su campo de estudio a la crítica del sistema, pero al mismo tiempo debe aportar soluciones cónsonas y razonables que permitan, por un lado, mitigar la intervención estatal como coacción en la sociedad, y por el otro lado, debe erigirse como mecanismo de disminución de las desigualdades sociales, protegiendo, aunque sea teóricamente e ideológicamente, al minusválido del poder que pretenda valerse para incrementar dichas desigualdades materiales y estigmatizar bajo la cara oscura del delito.

34


La Criminologia y sus origenes