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AL FIN HE GÜERTO (mi roalico 2) Agustín Sánchez Martínez

He güerto a la que antaño juera mi casa, la casa de mis páeres, nuestra barraca. Yo me creía qu’igual que m’acordaba l’ancontraría.

Y la tierra, fecunda, que te risponde con esquimos que premian tos tus suóres. ¡Qué maravilla arrecoger tomates u arrancar crillas¡

Pero un día, al remate, el regomello de gorver a lo mío m’esclató adrento. Y aquí he vinío, poique icen papeles que to esto es mío.

He llorao como un crío cuando la vide con cuatro parés solas rotas y tristes. ¡Con qué tremojo una juente de lárimas brota en mis ojos.

Mi páere m’habló ansina, mano en mi hombro, cuando quise en er mundo trebajar solo: “Hijo, ya sabes qu’asperamos que güervas junto a tus páeres.”

Aquí nació mi páere, aquí su agüela y aquí quiso la Virgen que yo naciera. Por ella juro que otra ves esta tierra tendrá futuro.

En la metá der güerto, ya cuasi seca, esfiso la que enantes juera mi higuera, y agún paece qu’ensueña qu’entavía higos me ofrece.

Y mi máere, Juensanta, sólo me dijo mentres liaba mi ropa en un atijo: “Veste ande quieras pero siendo el güen hombre que yo quisiera.”

Gorverán los fancales con mi trebajo a parir las verduras igual qu’antaño, y jasmineros competiendo en prejume con limoneros.

La cieca ya no es cieca, sólo es istiércol ande se ve basura y un gato muerto. ¡Cómo s’añora el agua que corría mermuraora!

Y asín, por munchos años lenjos vivíos, m’he pensao qu’este mundo sólo era mío, sin que notara que al ejar mis raíces ya no era náa.

Gorverán en la cieca a cantar ranas y corgarán racimos de uva en la parra, poique un güertano lo que quié lo percanza con su trebajo.

Las rilás me ricuerdo en los fancales de tantos caballones tuíquios iguales… Cuando regabas, por el tablacho abierto la vía entraba.

¡Cuántas noches quería ascuchar grillos y no las rallos que oyen los churubitos….! Que en las zudiáes con tantísmos zurríos no están cabales.

Cuando allegue la noche y ya descanse, pensaré en los dos viejos, mi páere y máere. Pué que los vea, con las manos junticas, como ellos eran.

Munchas noches d’invierno tocaba tanda sin que escarcha ni frío nos importara, pues plata era un riego que aliviaba la robinera.

Pero estaba en mi empeño encerrizao pa encarruchar mi vía por otros laos. Y antes murieran que percanzar mis páeres que allí gorviera.

Y ya cuasi dormío, cuasi dispierto, el arbullo en sus ojos será mi premio, pues abonico me dirán “¡Qué bien cudias de mi roalico.”


Mi roalico (2)  

Poema murciano

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