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Policy Brief Series n.Âş 9, junio de 2010

Violencias e inseguridad en la ciudad: una mirada de gĂŠnero Olga Segovia


Policy Brief n.º 9, junio de 2010

VIOLENCIAS E INSEGURIDAD EN LA CIUDAD: UNA MIRADA DE GÉNERO Por Olga Segovia1

Uno de los principales problemas que preocupan a las personas, a las organizaciones, a las autoridades y

a los gobiernos es el de la inseguridad, ya sea causada por guerras externas o internas, por el crimen organizado o la delincuencia común, por la pobreza y la incertidumbre, por las discriminaciones e inequidades o por la violencia. Todas las causas de inseguridad son, en el fondo, formas de violencia. El Programa Regional Ciudades sin Violencia Hacia las Mujeres, Ciudades Seguras para Todas y Todos, del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), ha concentrado su interés precisamente en el cruce de dos formas de violencia (la violencia urbana y la violencia de género) y sus corolarios: la inseguridad urbana y la inseguridad de las personas en razón de su sexo. Por lo tanto, su objetivo es examinar cómo interactúan y se alimentan mutuamente ambas inseguridades y violencias; y también experimentar caminos para vencerlas; precisamente 1.  Arquitecta. Investigadora de SUR-Corporación de Estudios Sociales y Educación de Chile. Integrante de la Red Mujer y Hábitat de América Latina. Autora de proyectos de investigación y consultoría en los temas de espacios públicos, desarrollo urbano, vivienda social, participación, seguridad ciudadana y perspectiva de género. En Chile, ha realizado trabajos para el Fondo Nacional de Investigación y Tecnología (Fondecyt), el Ministerio de Obras Publicas y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. En el ámbito internacional, para la Unión Europea, el PNUD, UN-HABITAT, y la CEPAL. Coordinó entre 2006 e inicios del 2009 el Programa Regional Ciudades sin Violencia para las Mujeres, Ciudades Seguras para Todas y Todos de UNIFEM. Asociada a la Red de Expertos en Convivencia y Seguridad Ciudadana del PNUD. Docente en cursos, diplomados y maestrías en Chile y América Latina.

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para construir ciudades seguras para todos y todas.

En un marco político, social y cultural complejo como el actual, en que los cambios se suceden a

velocidades nunca antes vistas, no es fácil habitar la ciudad. Ser habitante urbano no es independiente de la pertenencia y de los afectos. No es igual para mujeres y para hombres, para jóvenes o ancianos, para ricos y pobres, para viejos residentes o nuevos inmigrantes, para las distintas etnias allí donde las diferencias culturales y raciales importan, porque todos vivimos de formas diferentes nuestros arraigos, nuestros usos de la ciudad, los espacios por donde transitamos y donde nos sentimos cómodos, seguros y resguardados, o ajenos, expuestos y en peligro.

En el caso de las mujeres, aún estando sujetas a violencias en su calidad de habitantes urbanos y también

por el hecho de ser mujeres, la ciudad es y sigue siendo un espacio de oportunidades tanto personales como para el desarrollo de ciudadanía. Potenciar esas oportunidades es una apuesta por ciudades más democráticas, de mayor y mejor convivencia, lo que lleva implícita como condición fundamental la erradicación de la violencia contra las mujeres. Si hay violencia contra las mujeres, no podemos hablar de una sociedad democrática, de una “ciudad compartida”, como la denomina María-Ángeles Durán (2008).

Las inquietudes que han guiado esta reflexión han sido, por ejemplo, cuáles son las tendencias de la

violencia en las ciudades y el consiguiente temor en mujeres y hombres; cuáles son los desafíos en el debate en torno a la seguridad y en la implementación de políticas públicas dirigidas a construir ciudades más seguras; qué lecciones podemos distinguir en la formulación de propuestas para fortalecer los derechos ciudadanos.

Violencia urbana y violencia de género

Conceptualmente, la violencia urbana es hoy un fenómeno con manifestaciones distintas según quiénes

sean los actores que la ejercen, cuáles son sus víctimas, en qué escenarios se despliega y dentro de qué narrativas.

En general, cuando se habla de violencia, lo que se discute es la violencia directamente vinculada al

delito, y a un delito que tiene una forma jurídica, con todas las definiciones y consecuencias que ello implica.

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Pero existe una violencia que en general no es reconocida públicamente —a menudo ni siquiera por sus víctimas—, que en ocasiones no tiene estatus jurídico ni es penalizada, y cuyas manifestaciones pueden ser tanto físicas como simbólicas. Es la violencia de género, cuyas víctimas casi en la totalidad de los casos son mujeres, cuyos escenarios son el espacio privado y el espacio público, y cuya narrativa es una larga historia de subordinación y de inequidades de todo tipo que las afectan en su vida privada y en su inserción pública.

Existe violencia contra las mujeres en las ciudades no sólo en los términos tradicionales que definen la

violencia cotidiana, como los hurtos, los robos, los asaltos. La violencia de género ni siquiera se agota en esos casos extremos que son las violaciones, y sus acosos y agresiones sexuales precedentes. Cuando hablamos de violencias contra las mujeres, también estamos aludiendo a fenómenos vinculados a la forma en que se concibe el desarrollo urbano; por nombrar sólo algunos: la falta de participación ciudadana, que las afecta de manera particular por tener su vida más concentrada en los espacios domésticos en comparación a los hombres; las dificultades de acceso a los servicios, que en su calidad de principales encargadas de las tareas de cuidado familiar las afectan muy especialmente, todos factores que de una u otra manera inciden en las graves modalidades de violencia efectivas y simbólicas que afectan a las mujeres (Falú y Segovia, 2007).

Entre las múltiples formas de violencia de que son objeto las mujeres en las ciudades es interesante

centrarse en aquellas vinculadas al espacio público, a la convivencia y a la diversidad, a la integración social, a la identidad y a la confianza colectiva. Es un tema posible de abordar a partir de dos miradas, que resultan ser complementarias: una perspectiva conceptual y, a través de experiencias de intervención orientadas a la construcción de espacios urbanos más seguros para todas y todos.

Una aproximación conceptual

En las últimas décadas, la vida social urbana se ha hecho incomparablemente más compleja. Se han

modificado los intercambios sociales, el uso del tiempo, las formas de movilidad y de comunicación, los papeles que se nos asignan y las funciones que debemos cumplir. Entre estas transformaciones, quizá la más notable y emblemática, según sostiene Remedi (2000), es la modificación sustancial del espacio social.

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Destaca el autor que, en este proceso de cambios, la organización espacial de las desigualdades —que ha dado lugar a ciudades fracturadas en zonas de distintas clases sociales o culturas— ha levantado muros (reales y mentales) infranqueables que impiden no solo encontrarse, sino incluso verse, imaginarse y pensarse como pares, vecinos, conciudadanos.

Estos procesos, sin embargo, no han resultado en realidades unívocas. Es así como muchas de las

ciudades de nuestro continente viven tensionadas entre formas extremas de tradición que atan al pasado, y una modernización que se expresa en un salto de escala en múltiples aspectos de la vida urbana, salto que tiene su lado oscuro en un agudo incremento de las desigualdades sociales. Las ciudades parecen ser hoy más inabarcables, más desconocidas, menos legibles y, por tanto, fuente de temores y diferencias irreductibles; esto es, lugares de violencia. Según los análisis de diversos organismos internacionales, la violencia urbana se ha convertido en uno de los mayores flagelos de los países de América Latina, región que aparece con el más alto índice de violencia homicida en el mundo (PNUD 2006; UN- HABITAT 2007). Esta realidad nos sitúa muy directamente frente a la necesidad de políticas de seguridad. Pero cuando hablamos de ‘políticas de seguridad’, ¿a qué seguridad nos estamos refiriendo? De partida, no nos referimos a la seguridad pública en su solo sentido de prevención y persecución del delito, sino a una noción de seguridad que rescata la posibilidad de habitar y convivir en las ciudades.

Si nos planteamos en la perspectiva de la convivencia urbana, por definición situamos la reflexión

no en lo que ocurre en el ámbito doméstico como entidad autocontenida y encapsulada—que no lo es, pues tiene múltiples vasos comunicantes con lo público—, sino en el espacio público como tal, aquel que es lugar de encuentro, de co-presencia en la diversidad. Así, en primer lugar, es necesario dilucidar qué lugar ocupa el espacio público en la ciudad actual, cómo está siendo afectada la convivencia colectiva, la construcción social, en un escenario cultural donde prevalece lo individual, lo privado y, muchas veces, el temor. Es decir, cuando hablamos de espacio público en el contexto social, cultural y tecnológico de cambios profundos que nos ha tocado en suerte vivir, que está forzando una vida hacia dentro, una vida más restringida, con más temores, con más resguardos ¿cómo podemos abordarlo, con qué estrategias podemos incidir en él?

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Según diversos análisis de organismos internacionales como el PNUD (2006), UN HABITAT (2007),

UNIFEM (2006), desde distintos enfoques, los niveles de violencia en América Latina se están incrementado considerablemente debido a la rapidez y ausencia de control del crecimiento urbano, con sus secuelas de hacinamiento en las viviendas, pobreza y marginalización, y en general una modalidad de desarrollo urbano que trae aparejadas la fragmentación y segregación material y simbólica de la ciudad.

En este marco, enfocar la seguridad desde una perspectiva de convivencia en la ciudad presupone

identificar, en primer lugar, una tensión que subyace en el debate actual: la contradicción entre la preservación, el fortalecimiento del tejido social de la ciudad, por una parte, y una tendencia a la privatización de la vida social, por otra. Esta contradicción, marcada en forma importante por la presencia del tema de la inseguridad y la violencia, es particularmente relevante en la vida de las mujeres y, así, en la construcción de modos de vida que contribuyan a una mayor equidad de género. En definitiva, que permitan ampliar los límites de autonomía y de realización plena de todas y todos.

Algunos urbanistas sostienen que el refugio en la vida privada es funcional al actual modelo de urbanismo

globalizado, que está articulado en torno al concepto y la creencia de que la seguridad reside en contener el mundo en la casa, en el barrio y en el sector “donde no me encuentro con gente diferente”. Sin embargo, una de las condiciones importantes para el desarrollo de una comunidad es la existencia de un espacio público de encuentro y de copresencia. Y ello nos lleva a plantearnos cómo resguardar -y no destruir, por temor- los lugares colectivos de encuentro y de qué forma reforzar una convivencia ciudadana que ahuyente el fantasma -real e imaginario- del miedo. En último término, ¿qué tejido de espacios sociales y físicos puede intervenir en la construcción de una vida más segura para las mujeres? Es decir, ¿cómo recuperamos una noción positiva del uso de un espacio público diverso?

Frecuentemente se habla de lo público y de lo privado, de lo abierto y cerrado —con un sentido

político, espacial y psicológico—, conectando esquemática y tradicionalmente estos conceptos con el hombre y la mujer. El espacio del descubrimiento y la conquista es comprendido como principio masculino. Mientras que el espacio de la protección, de la apropiación cotidiana de las cosas —el espacio de la casa—, como

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principio femenino (Segovia 1992). Y este espacio de la casa, considerado terreno propio de la mujer, que puede ser el ámbito de la intimidad y de la identidad personal, aparece como un lugar privilegiado al referirnos a los valores de la intimidad, del espacio interior: “Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de casa”, dice Bachelard (1965), entendiéndolo como espacio de refugio y resguardo. Es cierto, pero el hogar también puede significar un claustro, un lugar de encierro, de restricción y de violencia.

¿Cómo viven el temor las mujeres?, siguiendo a Dammert (2007), sostiene que la literatura internacional

concluye que el género es uno de los principales predictores del temor, argumentando que esta percepción de las mujeres en cuanto al riesgo de ser víctimas de una agresión en gran medida tiene su origen en la condición de subordinación histórica que han conocido y las relaciones desiguales entre ambos sexos. Por tanto, es clave reconocer que el temor de las mujeres no aparece en forma espontánea, sino que es parte de un proceso aprendido y socializado.

Esta situación se acentúa cuando las mujeres, al sentir temor abandonan el espacio público, utilizan las

ofertas de la ciudad con menor frecuencia y cambian sus recorridos, es decir redefinen y restringen el tiempo y el espacio del intercambio. Frente a esta realidad, la arquitecta Anna Bofill (1998), sostiene que, si bien se debe considerar “toda la diversidad de personas como destinatarias del entorno urbano”, lo central es pensar “la ciudad desde la perspectiva de género para adecuar los espacios de la ciudad a la vida cotidiana y hacer que la ciudad sea habitable”.

Son muchas las paradojas y muchos los nudos entre lo que es público y lo que es privado, sin embargo

es importante subrayar el concepto del espacio público como un espacio de encuentro y no de violencia. Y también como un espacio que desahoga al ámbito privado, a la esfera doméstica, de algunas de las consecuencias del hacinamiento y la convivencia forzada, lo que parece contradecir algo que se ha erigido en sentido común, como es que el uso del espacio público es antagónico a la vida familiar (Segovia y Neira 2005).

En relación a la seguridad ciudadana, Giulia Tamayo (2002) plantea que un enfoque de género trataría

precisamente de “hacer de la equidad de género una dimensión transversal de las políticas de seguridad, de modo que hombres y mujeres sean igualmente significativos y valorados como destinatarios de la acción

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institucional”. Por lo tanto, una participación igualitaria (de género) podría asegurar que el conjunto de agencias encargadas de gestionar la seguridad respondan con sensibilidad y eficacia a las necesidades de protección de las personas sin distinciones arbitrarias. Backhaus (1999), afirma la necesidad de “acercarse al tema de la seguridad ciudadana desde una perspectiva, que nos permita hacer visible cómo los conceptos de masculinidad vigentes se convierten en riesgos para la seguridad de toda la ciudadanía, cómo los cambios de estos conceptos tendrían beneficios también para los hombres, y cómo desarrollar estrategias educativas y preventivas más exitosas”.

Por otra parte, el estudio exploratorio “Delitos: espacio, tiempo y género en el Gran Santiago”

(Rodríguez y Salas 2006) avanza en identificar regularidades espaciales asociadas a las denuncias de ciertos delitos: no todos los delitos denunciados ocurren en las mismas localizaciones ni en las mismas horas. Este estudio concluye que hay diferencias claras por género: hay delitos que afectan más a mujeres que a hombres, y viceversa. Las personas afectadas en las denuncias de robos con fuerza y robos con violencia y homicidios son mayoritariamente hombres. Las denuncias de violencia intrafamiliar y violaciones señalan que son mujeres las personas principalmente afectadas2.

Un hallazgo central que muestra el estudio a través de mapas georreferenciados, es que los robos con

violencia hacia hombres se encuentran distribuidos con pequeñas concentraciones en áreas centrales del Gran Santiago, principalmente en torno a los grandes ejes de circulación, mientras que las denuncias relativas a mujeres afectadas por violencia intrafamiliar tienen una gran congruencia en su patrón espacial, donde las máximas concentraciones corresponden a las áreas periféricas de la ciudad donde se localizan los conjuntos de vivienda social. Esta correspondencia entre concentración de denuncias de violencia por parte de las mujeres, y áreas de la ciudad con graves características de segregación urbana abre interrogantes y plantea preocupaciones claves para pensar en propuestas de políticas sociales. De este modo, si vinculamos, por una parte el temor y la violencia vivida por las mujeres en las viviendas sociales; y por otra, las restricciones y limitaciones para 2.  El universo del estudio es el registro territorializado de denuncias de delitos contra la propiedad y contra las personas y de las denuncias de violencia intrafamiliar del año 2004 en el área del Gran Santiago.

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habitar el espacio público de sus barrios y recorrer la ciudad, podemos distinguir una espiral que retroalimenta el temor y la violencia, y que profundiza la inequidad y exclusión en sus diversas manifestaciones.

Lecciones y nuevas estrategias

Un aporte interesante en la promoción de una perspectiva de género en el ámbito de los gobiernos

locales, lo constituye la Guía Herramientas para la promoción de ciudades seguras desde la perspectiva de género (Rainero, Rodigou y Pérez, 2006), que identifica los siguientes criterios centrales:

Integralidad: El municipio debe atender simultáneamente, tanto las situaciones de exclusión o

vulnerabilidad de las mujeres, como el acceso a recursos, educación, participación política, etc.

Acciones afirmativas: Superar las situaciones de discriminación y desigualdad de las mujeres respecto

de sus necesidades y derechos, atendiendo y priorizando particularmente a las mismas.

Capacitación: Es indispensable, a fin de posibilitar transformaciones en la estructura y dinámica

político-administrativa.

Transversalidad: Implica comprometer áreas y actores; al mismo tiempo, evita segregar y aislar la

problemática de las mujeres en una dependencia específica.

Coordinación: Políticas locales requieren la colaboración entre distintas áreas del gobierno local, y, a

la vez, con el gobierno estatal central o federal.

Institucionalización: Incorporando la perspectiva de género y los derechos de las mujeres en la

normativa y en las estructuras organizacionales, permitiendo la sostenibilidad en el tiempo y en las instancias políticas.

Promoción de la participación de las mujeres: En la formulación e implementación de políticas

públicas. Esto supone crear y garantizar condiciones y mecanismos pertinentes.

Otro aporte interesante en esta línea lo realiza el Programa Regional Ciudades sin Violencia Hacia las

Mujeres, Ciudades Seguras para Todos y Todas. Iniciado el 2006, este programa constituye una experiencia en

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marcha, que esta siendo construida a partir de actividades de debate y reflexión e intervenciones en diversas ciudades de América Latina. Tiene como propósito “fortalecer una ciudadanía activa de las mujeres en el ejercicio de sus derechos, a fin de reducir la violencia pública y privada que se ejerce contra ellas en las ciudades”. Su hipótesis plantea que el desarrollo de políticas públicas que incorporen los derechos de las mujeres y que contribuya, a través de acciones y proyectos hacia una mayor convivencia en los espacios urbanos, tienen alta incidencia en la prevención de la violencia hacia ellas y a un mayor ejercicio de su ciudadanía. El empoderamiento de las mujeres favorecerá el aumento de la participación en ámbitos políticos, económicos, educativos y socio-culturales, fortaleciendo el control ciudadano y el diálogo con los gobiernos, aportando efectos positivos para la convivencia de la ciudadanía en general.

El programa considera un enfoque de prevención de la violencia hacia las mujeres y un enfoque de

promoción y apropiación de sus derechos ciudadanos. La estrategia de implementación se desarrolla a través de un proceso de articulación entre organizaciones de la sociedad civil y gobiernos, iniciado hace décadas en la región. La Red Mujer y Hábitat de América Latina, constituye la contraparte principal del programa3. Las líneas de acción, asociadas a sus resultados estratégicos son los siguientes:

Línea Generación de Conocimientos e Innovación: sistematización de experiencias y conocimientos

acumulados acerca de la violencia de género y la percepción de inseguridad urbana que experimentan las mujeres, y avances en la compresión y en el abordaje de la temática.

Línea Sensibilización, Capacitación y Formación de Actores: fortalecimiento de componentes de

formación y generación de capacidades en actores relevantes y del debate público acerca de los derechos de las mujeres a una ciudad libre de violencia.

Línea Desarrollo Intervenciones Participativas en Ciudades: fortalecimiento del papel de las

organizaciones de mujeres y del diálogo con los gobiernos para la construcción de una agenda política y 3.  Las instituciones asociadas a esta red que actúan en Programa son: CISCSA Coordinación Regional de la Red Mujer y Hábitat, Argentina; CEUR Centro de Estudios Urbanos y Regionales, Argentina; SUR Corporación. Chile; AVP Asociación para la Vivienda Popular de Colombia; Colectiva Feminista de Desarrollo Local, El Salvador; Fundación Guatemala, Guatemala; y Centro Flora Tristán en Perú.

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territorial consensuada, que integren un enfoque de seguridad y género.

Fortalecimiento de Redes e Incidencia: redes de mujeres y actores estratégicos aumentan su capacidad

de argumentación e incidencia en las agendas sociales y de gobierno, a nivel local nacional, regional y global con respecto a la seguridad de las mujeres en la ciudad.

En los procesos desarrollados se puede distinguir diversos impactos, como por ejemplo la generación

de nuevos conocimientos y ampliación del debate público en el tema, a través de foros virtuales, seminarios internacionales y publicación editorial4. En este sentido, el Diseño de Observatorio Regional Ciudades Violencias y Género, se propone hacer visible y pública la evolución y diversificación de la violencia de género en las ciudades y los cambios producidos en la vida de las mujeres. Particularmente sobre la incidencia de la dimensión territorial y espacial.

Un segundo ámbito corresponde a la producción y transferencia de herramientas de capacitación a

actores locales y desarrollo de componentes de sensibilización. Destaca el curso virtual de postgrado Violencia Urbana e Inseguridad: un Enfoque de Género, cuyo objetivo es ofrecer una visión multidisciplinaria sobre la problemática5. Asimismo, el desarrollo de componentes formativos dirigidos a jóvenes hombres y mujeres6.

Del mismo modo se ha generado un desarrollo de propuestas de modelos innovadores de intervención

participativa en las ciudades de Bogotá, Rosario y Santiago. En Bogotá, Colombia: las campañas públicas contra la violencia hacia las mujeres han generado impacto en la opinión pública, y se ha incidido en Planes de Desarrollo y Seguridad Local. En Rosario, Argentina: se ha construido un Protocolo de Actuación frente a conflictos de género con la Guardia Urbana Municipal, y se han desarrollado iniciativas de apropiación de los espacios públicos7. La experiencia en Chile8 se ha desarrollado principalmente a través de la colaboración con 4.  Ver www.sitiosur.cl/publicaciones. 5.  Implementado por CEUR, Buenos Aires. 6.  Realizados por CLADEM. 7.  En Argentina, CISCSA trabaja con el Área de la Mujer y con otras instancias del Gobierno de la ciudad de Rosario; en Colombia, la Asociación de la Vivienda Popular (AVP) y la Red Nacional de Mujeres Colombia Capítulo Bogotá trabajan con el Área de Políticas sobre Mujer y Género de la Alcaldía Mayor de Bogotá. 8.  Implementado por SUR Corporación, Santiago.

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el Programa de Recuperación de Barrios del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, conocido como Programa Quiero Mi Barrio. Destacan un Programa de Asistencia Técnica que incluyó actividades de articulación, sensibilización y capacitación a nivel nacional, y la realización de proyectos de espacios públicos a nivel de barrio (Saborido, Rodríguez, Segovia, 2010). Consecuente con las nuevas condiciones de contexto del país, el programa en el año 2010 concentrará las acciones en las zonas más afectadas por el terremoto: las regiones del Maule y Biobío. El propósito central es contribuir al empoderamiento de las mujeres en el proceso de reconstrucción para asegurar que éste sea participativo y con igualdad de género.

También se busca la incidencia a través de foros y espacios de debate internacional y fortalecimiento de

alianzas entre redes a diversos niveles. Destaca el trabajo con Comisión Huairou, Redes de Merco-Ciudades, entre otras.

Finalmente, para cerrar es necesario volver a destacar que la prevención de diversos tipos de violencias

supone construir lugares, territorios y relaciones de más inclusión y equidad, que deriven en más seguridad, para todos y todas. Supone avanzar desde una perspectiva de igualdad de género en las políticas públicas.

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Bibliografía Bachelard, Gastón, 1965. La poética del espacio. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. Bofill, Anna. 1998. “De la ciudad actual a la ciudad habitable”. Ponencia presentada al II Encuentro Mujeres en la Arquitectura. Universidad de Alcalá, Madrid, 1998. En sitio web de la Asociación La Mujer Construye, www.lamujerconstruye.org/actividades/es/otrosarticulos/ciudadhabitable.htm. Dammert Lucia, 2007. “Entre el temor difuso y la realidad de la victimización femenina en América Latina”, en Falú, Ana; Segovia, Olga (editoras) 2007. Ciudades para convivir: sin violencias hacia las mujeres. [Libro]. Red Mujer y Hábitat de América Latina / UNIFEM / AECID / Santiago de Chile. Ediciones SUR. Durán, María-Ángeles, 2008. La ciudad compartida. Conocimiento, afecto y uso. Versión revisada para América Latina. Red Mujer y Hábitat de América Latina / UNIFEM / AECID / Santiago de Chile. Ediciones SUR. Falú, Ana; Segovia, Olga (editoras) 2007. Ciudades para convivir: sin violencias hacia las mujeres. [Libro]. Red Mujer y Hábitat de América Latina / UNIFEM / AECID / Santiago de Chile. Ediciones SUR. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2006. “Gobernabilidad local, convivencia y seguridad ciudadana. Marco para la acción”. Proyecto Regional de Gobernabilidad Local en América Latina. Remedi, Gustavo, 2000. “La ciudad latinoamericana S. A. (o el asalto al espacio público)”. Escenarios 2(1) (abril), www.escenario2.org.uy/numero1/remedi.htm. Saborido, Marisol, Alfredo Rodríguez, Olga Segovia (editores), 2009. Equidad de género: compartiendo la ciudad y sus barrios. [Libro]. Santiago de Chile: Red Mujer y Hábitat de América Latina / UNIFEM / AECID / Santiago de Chile. Ediciones SUR. Segovia, Olga. 1992. “Espacio y género”. Proposiciones 21: Género, mujer y sociedad, 122–131. Santiago: Ediciones SUR. Segovia, Olga, editora. 2007. Espacios públicos y construcción social: hacia un ejercicio de ciudadanía. Santiago de Chile, Ediciones SUR. Segovia, Olga; Hernán Neira. 2005. “Espacios públicos urbanos: Una contribución a la identidad y confianza

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social y privada”. Revista INVI (Santiago: Instituto de la Vivienda, Universidad de Chile) 20(55): 166–182. UN-HABITAT. 2007. State of the World’s Cities Report, 2006/07. Nairobi: UN-HABITAT. Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) / Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. 2006. “Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer y su Estatuto de Mecanismo de Seguimiento”. México.

Exención de responsabilidad: las opiniones aquí vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor del documento y no representan necesariamente el pensamiento del CGTS o de las entidades asociadas a este último.

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