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CAPÍTULO 30 La Tormenta de Después Salí de mi cuarto hecha una tormenta. Estaba enfadadísima. No, aún más. Estaba furiosa. Xehanort se iba a enterar. Lo iba a tirar desde la azotea de una patada. Y sin viaje a otro mundo. Que fuera el cuerpo de Terra no me iba a detener lo más mínimo. Fui al sótano del castillo. Los laboratorios. Ienzo me había comentado una vez que había conseguido que Ansem los construyera, y que Even, y él los usaran. Tal vez Xehanort también lo hiciera. Después de todo, él mismo dijo que ser científico en el castillo iba a ser su vocación. Cuando entré en los laboratorios, los encontré extrañamente vacíos. Fui abriendo una puerta tras otra, buscando a Even o a otro conocido. Pero nada. Parecía que se hubieran ido todos de vacaciones. Tal vez hubiera sido posible, si no supiera que para Even tal cosa no existía. Subí a la planta baja algo frustrada, con la cabeza gacha. Se me estaba disipando el enfado, aunque yo no lo quisiera. Quería estar enfadada, lo suficiente para hacerle lo que había pensado antes. Ahora, como mucho le tiraría desde el quinto piso y hasta le pondría una almohada. Estaba tan ensimismada que por poco choqué con Ansem el Sabio. Levanté la cabeza justo a tiempo y me aparté dando un pequeño salto. —¡Lo siento! Tenía la cabeza en otro sitio…—exclamé, algo avergonzada. —No pasa nada—le quitó él importancia con un ademán.— Yo mismo me encierro en mi interior muy a menudo. Es bueno pensar. —Supongo…—me encogí de hombros.— Por cierto, ¿ha visto usted a Xehanort?—tal vez él lo supiera, ya que, de hecho, este es su castillo. —No, no lo he visto—me respondió. Me desanimé un poco.— ¿Para qué lo necesitas? —Bueno, si se lo dijese trataría de detenerme—bromeé. Pero Ansem no sonrió. Se puso serio, algo que yo hice en el acto. —Luna… ¿Tú sabes algo acerca de la investigación que hizo tu hermano junto a nosotros? —Me… comentó algo, sí—respondí, algo extrañada. —¿Qué te dijo exactamente sobre ella? —Pues…—vacilé.— Me contó que usted, Even y él estaban realizando con Xehanort unos test psicológicos. No mencionó mucho más. La verdad, no sabía que habían acabado hasta que ha sacado el tema. —Ajá… Bueno, que no sepas nada será lo mejor. Se dispuso a seguir con su camino, pero yo antes le agarré del brazo antes de que se marchara.


—¿Sobre qué eran los test psicológicos, Ansem? Él no me respondió, pero yo insistí: —Por favor. Es mi hermano pequeño y mi única familia. Y se ha metido en algo relativo a Xehanort. Y eso no me gusta nada. Si le pasara algo…—bajé la mirada. Ansem me miró interrogativamente y me preguntó: —¿Por qué no te gusta nada que se haya metido en las investigaciones? —No me fío absolutamente nada de Xehanort. Hizo algo que jamás le perdonaré. Es más, le he preguntado donde estaba porque quería tirarlo desde el quinto piso. Ansem suspiró. Supuse que creyó que mi odio hacia el peliblanco se debía a algún asunto de adolescentes. No me importaba. Era asunto mío. —De acuerdo. Subamos a mi despacho, por favor. Allí te lo contaré todo. —¿Todo? —Eres una chica algo desconfiada, ¿sabes?—apuntó.— De acuerdo, te juro por mi nombre que te contaré toda la historia. Arrugué la nariz. Sí, puede que fuera desconfiada, pero supongo que la gente es según lo que le ocurre a lo largo de su vida. Subimos hasta el despacho de Ansem. No había cambiado desde mi última visita. Bueno, tal vez un poco: había un cuadro gigante de Xehanort en la pared. Estaba pensando en bastantes comentarios al respecto, pero al final no quise criticar su estilo de decoración. —Siéntate, por favor—me pidió educadamente. —Gracias —me senté en una silla frente al escritorio. Estaba bastante más limpio que la vez que fuimos Ienzo y yo. Además, había muchos papeles arrugados en una papelera. <<Se nota que ha acabado una investigación, —intuí—, que no ha salido muy bien>>. Ansem se aclaró la garganta y comenzó a hablar: —Como bien sabes, gobierno sobre todo Vergel Radiante, y estoy orgulloso de su luz. Pero siempre acecha la oscuridad en cada corazón, y por miedo a ella, me puse a investigarla. Esto empezó con unos simples test para estudiar los corazones humanos, a los que Xehanort se ofreció voluntario y de los que Even se mostró muy interesado. Entonces, tu hermano Ienzo me alentó a construir en el sótano de este mismo castillo un gran laboratorio, que tú ya conoces. Pero los experimentos empezaban a dar problemas, y decidí ponerles fin y destruir los resultados de todos mis aprendices. Y así seguirán mientras yo esté sentado en esta silla, Luna. No debes preocuparte. Asentí, y Ansem pareció conforme. Me levanté y tras una leve reverencia, me dirigí a la puerta. Cuando la abrí, me giré.


—¿Qué… experimentos hicieron Xehanort y los demás? ¿Por qué dieron problemas?—aventuré, aunque ya intuía la respuesta. —Ellos… empezaron a reunir sujetos para realizar peligrosas investigaciones. Dejémoslo ahí. —De acuerdo. Gracias por su explicación, Ansem— le gratifiqué, algo amedrantada. Me dispuse a salir, y antes de cerrar la puerta, Ansem el Sabio me dijo: —Luna… Tú eres la única de mis aprendices que no se vio involucrada en esos experimentos. Espero poder confiar en ti. —Siempre que lo necesite—le aseguré, sonriendo. Ansem asintió, y yo me marché por donde habíamos venido.


Capítulo 30 la tormenta de después