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Mailer fallece a los 84 años El escritor estadounidense es considerado junto a Capote y Wolf como el padre del Nuevo Periodismo “El sueño americano pierde a sua voz crítica”. Canto a sí mismo EDUARDO LAGO 11/11/2007 “Odio cuanto no está en mí”, afirmó en una ocasión Norman Mailer, resumiendo en una frase el sentido de su obra, y es cierto, de un modo u otro, que a lo largo de su vida no hizo otra cosa que escribir acerca de sí mismo, sólo que al hacerlo, y en eso radica su grandeza, nos brindó uno de los retratos más lúcidos del país en el que le tocó nacer. Necesitaba contrincantes. Gracias a Truman Capote, escribió La canción del verdugo, una de sus mejores obras. Aguijoneado por el éxito de A sangre fría, no paró hasta darle respuesta. Hablando del tratamiento que daba al sexo, Gore Vidal, con quien mantuvo una rivalidad sin tregua, situó a Mailer en un punto equidistante entre Henry Miller y Charles Manson. Era el tipo de ataque que hacía que Mailer sacara a relucir sus mejores armas. Cuando la crítica se ensañó con Noches ancestrales, en la que había invertido 11 años de trabajo, pagó un anuncio a toda página en los principales periódicos, yuxtaponiendo las reacciones vitriólicas a su obra con los comentarios negativos que suscitó la publicación de Moby Dick, Ana Karenina, Hojas de hierba y Las flores del mal. La comparación con Hemingway, el otro protomacho de las letras americanas, arroja resultados interesantes. A los dos les fascinaba la acción, el peligro y las manifestaciones más brutales del mundo natural, pero los separaba el abismo del estilo. Hemingway

fue un maestro de la brevedad y la contención.

La misión del escritor americano debía ser

En Mailer la desmesura podía alcanzar propor- aclarar la visión que tenían de sí mismos los Esciones épicas. Pero es en Whitman, sorprendente- tados Unidos, a los que consideraba imperiosamente, donde hay que buscar algunas de las claves mente necesitados de una regeneración ética. más profundas de su manera de entender la escri- Agudo comentarista de movimientos civiles, protura. Mailer compartía con el autor de Hojas de testas antibélicas, asesinatos políticos y elecciohierba la entronización de la idea americana de la nes presidenciales en una época convulsa, Mailer democracia como ideal único de lo que debe ser la diagnosticó despiadadamente las imperfecciones, literatura. Toda la obra de Mailer no es más que un contradicciones y defectos de la sociedad en que gigantesco canto a mí mismo. Es esta dimensión nació, de la que fue un reflejo extraordinariamente lo que redime y da sentido a su trabajo, porque al fiel. Aunque fue enormemente crítico con su Gobucear dentro de su ser nos facilitó el acceso a las bierno, siempre creyó en las virtudes de su país. claves más íntimas del individualismo americano

Fue provocativo, irregular y desmesurado en

y al sustrato mítico en el que se sustenta aquella su vida y en su obra. Se casó seis veces, apuñaló sociedad. Para Mailer escribir era un deber cívico. a una de sus mujeres, organizó manifestacion


gigantescas, fue detenido en varias ocasiones. demonios, a quienes pide ayuda para que le den ar- a Cherburgo a recibir a su madre y su hermana BarCondenó sin paliativos las guerras de Vietnam e gumentos que contrarresten la visión divina”. En El bara, que viajaban en el mismo barco que nosotras. Irak, pero apoyó la guerra del Golfo, aduciendo Evangelio según el Hijo, eligió como interlocutor

Norman Mailer todavía no era Norman

que cuando un país atraviesa un mal momento, le a Jesucristo. Diez años después, cerca ya del final Mailer; su madre le llevaba una primera copia puede sentar bien una guerra. Se presentó a las elec- de su vida, escribió un volumen complementario, de Los desnudos y los muertos, que iba a pubciones municipales, proponiendo la independencia El castillo en el bosque, novela protagonizada por licarse en Estados Unidos el otoño siguiente. de Nueva York. Fundó y bautizó uno de periódicos el joven Hitler, cuyo narrador es un demonio. A las

Mi madre, que era una artista muy intuitiva,

más emblemáticos de la ciudad, el Village Voice. puertas mismas de la muerte le dio tiempo a escri- había conocido a la madre de Mailer en el barco Era un mito y el público lo adoraba. Matthew Bar- bir Una conversación inusual con Dios. No estaba e incluso había leído la novela. Yo no. Le había ney lo inmortalizó en el ciclo de Cremaster, dán- muy seguro de su existencia, pero a aquellas altu- dicho entre dientes que no me apetecía conocer al dole el mismo tratamiento que a Ursula Andress. ras era el único contrincante válido que le quedaba. hijo de aquella madre de Brooklyn tan convencida Escribió acerca de figuras míticas como John

de que él era un genio, y que lo que tenía eran ga-

Fitzgerald Kennedy, Cassius Clay, Marilyn Mon-

nas de entrar en contacto con el verdadero París.

roe, Pablo Picasso, Henry Miller, Lee Harvey Os-

Cuando nos presentaron a Norman y Bea en

wald o el asesino Gary Gilmore porque se sentía

el muelle, mi madre se acercó rápidamente a él y

próximo a ellos y quería desentrañar el misterio

proclamó: “Felicidades. Ha escrito usted la gran

que encerraban vidas tan distintas entre sí, pero no

novela sobre la guerra”. Al morir mi madre, en

eran biografías al uso. Incapaz de mantenerse al

os años noventa, hubo una cena en Cape Cod en

margen de sí mismo durante demasiado tiempo, in-

la que Norman se puso de pie y brindó por ella;

terpelaba sin contemplaciones a sus biografiados.

recordó que había sido la primera persona que le

“En el fondo”, razonó al respecto, “un héroe es un

había hablado de lo que él había hecho, que le había

hombre a quien le gusta discutir con los dioses, y para cumplir bien con su cometido despierta a los

“El sueño americano pierde a sua voz crítica”. El boxeador atormentado que superó sus demonios interiores. BARBARA PROBST SOLOMON 11/11/2007

llamado escritor. La segunda frase que le soltó fue: “Mi hija está empeñada en vivir en París. ¿Le importaría cuidar de ella cuando yo me vaya?”. Hoy día, casi toda la gente que conozco es más joven que yo. Pero al principio yo era siempre la más joven, la niña, la mocosa, ésa fue mi primera

Conocí a Norman Mailer en la primavera de identidad. Mi hermano mayor había estudiado en 1948, cuando el United States, el transatlántico en

Harvard, como Norman, pero me consideraba

el que viajábamos mi madre y yo -quizá era su demasiado pequeña para estar en sus reuniones viaje inaugural-, atracó en Cherburgo, un puerto de amigos. En cambio, Norman y Bea empezaque mostraba aún toda la destrucción causada ron a invitarme a las fiestas que daban en su piso por los bombardeos en la II Guerra Mundial. de Montparnasse, en la rue Bréa. Fue un cambio Acababa de terminar el bachillerato, era la primera tremendo para mí. Conocí al intelectual trotskista vez que veía Francia, la primera vez que veía Euro- Jean Malaquais y a brillantes críticos literarios espa, y me deslumbró. Había vivido la guerra desde el tadounidenses, como Mark Linenthal, y a jóvenes colegio con la sensación de que Europa estaba más franceses y españoles desplazados por la guerra. lejos que Marte. También me deslumbró un joven de Norman no se limitaba a un solo grupo de gensonrisa contagiosa que, con su esposa, Bea, había ido te, sino que era muy ecléctico. En una de aquellas


veladas conocí a Paco Benet. Norman había cono a una adulta y era una persona con una curi- focos desde tan joven contribuyeron a su tormenido a un amigo de Paco, Enrique Cruz Salido -su osidad infinita por la gente y por el mundo. toso periodo intermedio como escritor. Conmigo, padre, diputado socialista por Jaén, había forma- Era capaz de reflexionar sobre la experiencia que yo con Barbara -estaban muy unidos-, con su familia do parte, junto con Luis Companys, del grupo de iba a vivir en España y, al mismo tiempo, contem- y sus amigos de Harvard, siempre mantenía una presos que los franceses habían entregado a Fran- plar la ciudad. Allí estábamos, dos estadounidens- actitud como de hijo rebelde de la burguesía. co para que los ejecutara-, durante su asistencia al es admirados ante el rosetón de la fachada. Seminario de Salzburgo. Fueron Paco y Enrique

Pero en sus fiestas no había más que gente de

A Norman le cautivaba todo lo relacio- ese tipo. Le fascinaban los actores y Hollywood.

quienes urdieron el plan para liberar a Manolo La- nado con la imagen y la arquitectura, cuando Recuerdo a Marlon Brando apoyado contra la mana y Nicolás Sánchez Albornoz de Cuelgamu- era algo maravilloso y lleno de alma, signifi- pared de la cocina del piso que tenía Norman en el ros y Norman (que estaba a punto de irse a Nueva caba para él tanto como la política y la litera- East Village; estaba callado y parecía observarnos York para publicar su novela) les ofreció su coche tura. Aquel día mágico habló sin parar -siempre a los demás con un vago desconcierto. y dos personas que sirvieran de señuelos: su her- sabía un montón de cosas- sobre Chartres. mana Barbara y yo. Pero Barbara, pese a haber

Luego llegó una época mucho más oscura.

Fue el otoño en el que Norman se hizo famoso Un buen día, la radio difundió la noticia de que,

terminado la universidad -después me confesó de la noche a la mañana. Después comentó, en en una fiesta de total descontrol, Norman había que tanto ella como su hermano me consideraban muchas ocasiones, que el hecho de que le hubi- apuñalado a su segunda esposa, Adele. Los desolamente una niña que acababa de terminar el era sucedido cuando tenía 24 años le impidió, en monios interiores de Norman, sus pesadillas y bachillerato-, no tenía carnet de conducir, y yo sí. muchos aspectos, tener conciencia de los altibajos las presiones para que fuera en todo momento el Norman y yo nos fuimos a dar vueltas por normales que casi todos experimentamos entre escritor más grande de América, desembocaron Chartres -quería ver si era buena conducto- nuestra época de estudiantes y la verdadera vida en aquel horror. Pero Norman era un luchador y ra- y pude conocerle bien. Me trataba como adulta. Desde luego, las presiones de estar ante los combatió el odio a sí mismo y el desprecio del

Norman Mailer, John Silber y Barbara Probst Solomon


sitúa en la misma categoría que a Victor Hugo y Picasso. Hay un sentimiento de pérdida. Y en cuanto a mí, qué puedo decir. De pronto, me siento huérfana.

“Ofreció su coche para la liberación de Lamana y Sánchez Albornoz”

“Conocí a Norman Mailer cuando todavía no era Norman Mailer”

“En una fiesta llegó a apuñalar a su segunda esposa, Adele”

“Al final recobró su equilibrio e inició su mejor periodo como escritor”

“Su musa, el hilo de sus obras de ficción y reportajes, era América” Norman Mailer y el boxeador en la celebración de medio siglo de Mailer

mundo literario elegante. Al final logró recobrar Church, una belleza sureña, modelo, artista y essu equilibrio e inició su mejor periodo como au- critora, que introdujo el orden en sus últimos 30 tor. La verdadera musa de Norman, el hilo que une años de vida y en las vidas de sus hijos, nueve sus obras de ficción, sus reportajes y sus documen- en total. Sin embargo, yo estaba preocupada. tales, era América. A diferencia de Bellow, Roth Tal vez fueron las muertes de Saul Bellow y de y Updike, cuyas obras son más autobiográficas, mi amigo Larry Rivers, tal vez las enfermedades Norman siempre miraba hacia afuera: los faraones del propio Norman, cada vez más frecuentes. En egipcios, la llegada a la Luna, las elecciones esta- el fondo, yo sabía que le quedaba poco tiempo. dounidenses, los asesinos y -en su última novela- Tanto en sus buenas épocas como en sus periola infancia de Hitler. A medida que cumplió años, dos tormentosos, Norman formó parte esencial del fue convirtiéndose en una especie de patriarca.

panorama estadounidense durante más de medio

Tuvo la enorme suerte de casarse con Norris siglo, una prolongada presencia pública que le

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