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Natalia Lopez Soto y Yurany Castañeda

UN DÍA EN EL CAMINO


Acariciando nuestra realidad es posible percatarse de la existencia de muchas cosas, de experiencias y de colores que llenan la vida. El Hogar Gerontológico El Camino ofrece un refugio para aquellos olvidados por la sociedad, considerados inútiles o simplemente los que buscan “no ser una carga” .

El frío envuelve el trayecto al Hogar, son las 7: 15 a.m. La carretera sin asfaltar hace juego con el verde de la flora y el sonido de la quebrada que envuelve el ambiente, levantando un aroma a frescura. Desde el parque de la Locería hasta El Camino a pie son 20 minutos, un trayecto agradable por el clima de Caldas. A lo lejos se ven dos personas saliendo de una casa, cada una lleva un costal vacío, es posible que su dirección sea la plaza de mercado del pueblo. Los dos pasan cerca de la entrada que devela un pequeño letrero donde dice “El Camino”. El punto de inicio para conocer la vida, el pasado y adentrarse en el mundo de los abuelos.

La puerta grande roja y metálica se encuentra cerrada, al tocarla no aparece nadie. Parece que adentro la estructura no permitiera el ingreso de los sonidos del exterior como una especie de búnker o fortaleza de la Edad Media. Una mujer que se baja de un bus, mira hacia la puerta y se acerca silenciosa, mete la mano en un pequeño espacio y comienza a mover una cadena. La labor dura unos minutos, por fin la entrada se observa. La señora de contextura gruesa, cabello castaño y tez blanca algo manchada por el sol, indica el camino a seguir para llegar al interior del Hogar. Las suposiciones son ciertas, adentro los sonidos externos son sordos. Desde la entrada se puede observar en el centro un espacio abierto con una fuente en el medio, un pequeño parque rodeado por 4 pasillos de cuartos compartidos. En un extremo atravesado por una rampa que llega a un segundo piso donde hay más habitaciones. A un lado se encuentra una capilla, que por el momento, siendo las 7: 35 a.m. está en uso. La Misa es costumbre en la mañana en el Hogar. Todos los días celebran la Eucaristía sin falta y la amenización está a cargo de la madre superiora, cuya melodiosa voz deleita a los que la escuchan.


Mientras se espera en un sillón cercano al comedor, varias personas que no se encuentran en la celebración revolotean por los pasillos realizando labores de aseo. Otros van a la cocina y ayudan con la finiquitación del desayuno.

El padre da su bendición y todos salen de la capilla. Suena la campana, este es el indicio de que el desayuno esta servido. Todos los “abuelitos” se dirigen al comedor para sentarse al frente de una taza caliente de chocolate, pan y galletas. Algunos las prefieren comer por separado otros que no pueden masticar muy bien hacen un “migao”. El desayuno pasa lento. Pero la hermana superiora no da espera y decide informarles: “Aquellos que puedan trabajar, los espero en la huerta para desyerbar”. Varias de las personas sentadas a en el comedor se hacen los indiferentes mientras otras dicen con un gesto de la cabeza que si. Aquí el tiempo es aprovechado al máximo. Los abuelos siempre encuentran algo que hacer: unos caminan, otros se sientan cerca a la fuente para recibir los rayos del

sol, algunos trabajan cuidando los animales o sembrando. Aunque no falta el que prefiere permanecer sentado a las buenas o las malas. La señora Ana siempre permanece sentada en un sillón al lado de la capilla. Todas las mañana salen con ella a caminar y la ubican en el sofá inmovilizada con una sábana blanca para que no se haga daño o se escape. Es una mujer que permanece la mayoría del día sosegada en un solo sitio. Lo único que la identifica su estancia en el Hogar son los gritos emitidos constante y la tranquilidad llega cuando Ana se tapa la cabeza con una de sus cobijas. Son las 10:00 a.m. Es hora de la media mañana. Una de las hermanas sale con su corpulencia caminando por los pasillos y agitando una campana para indicarles a los abuelos que es hora de comer. Las actividades se detienen por unos minutos. El comedor vuelve a llenarse, esta vez no se sientan en las mesas sino que organizan una fila dirigida hacia una ventana donde se encuentra el despacho de los alimentos. La organización es lo primordial y como militares caminan para recibir la ración, en esta ocasión era una deliciosa ensalada de frutas. Pasados 30 minutos las labores continúan.


Llega la tarde Tilin tilin tilin suena de fondo la campana que con ahínco menea en su mano la hermana superiora. Son las 12 m. El sol está en todo su furor y calienta aumentando el sopor. La comida ya está servida. Platos grandes rebosantes de sopa,arroz y ensalada, terminando con un jugo de uchuva. Las bocas se llenan gustosas, comentarios sobre la sazon vuelan por doquier. Chistes y carcajadas revelan la felicidad que genera el alimento. Después del almuerzo es hora de “reposar” algunos “abuelos” se sientan en los sillones dispuestos por los corredores, otros prefieren caminar y hay unos que se consideran “tercos” prefieren seguir trabajando en la huerta como el señor Roberto. Un hombre de 78 años de edad quien dice se siente como de 30. Él es el encargado de la huerta y de alimentar a los animalitos que están en el Hogar, son un total de 8 gatos, 22 gallinas, 1 gallo, 1 perro y 3 tortugas morrocoy. Éste hombre no es el único “personaje” en el Hogar, también están Ana Sofía y Marieta dos “abuelitas” de 80 años de edad, ambas son el complemento perfecto de la otra. Una de ellas es la más seria pero muy formal y la otra de juiciosa no tiene nada, todo lo contrario es risas, gestos y monerias. Marieta no solo es la más alegre y “posuda” en las fotos, porque ha decir verdad le encantan , también es la más tierna, en su habitación tiene 6 peluches, unos perros, un tigre y el que más quiere una hermosa osa que le regaló su hijo a quien le puso por nombre

“Marietica” en honor a su nombre. Las tardes en El Camino son más tranquilas, pues es por decirlo así la “hora de descanso” hay quienes esperan la llamada de los familiares, otros ver la televisión, algunos aprovechan para hacer con la Gerontóloga manualidades que después serán exhibidas en una cartelera llamada “exposición de tareas”.

Cae la noche Las horas pasan y la noche llega, son las 6 p.m. todo se empieza a tornar oscuro. Son pocos los “abuelos” que se quedan afuera, todos buscan el calor de la cama, solo se observa una “abuela” sentada en un sillón al lado de la puerta de su pieza. En en el ambiente se siente un frío penetrante y un silencio de tristeza. No se sabe si siempre es así o fue por lo ocurrido en esa tarde, “un abuelo, había dejado este mundo y estaba volando para encontrarse con papá Dios” como lo dijo uno de sus compañeros. Después de mucho hablar con la “abuela” sentada al lado de la habitación es hora de despedirse y acostarse. Aunque ella considera que “todavía es temprano, tienen afán quedense un ratito más”. Lastimosamente el camino de regreso a casa es muy solo. Parada en la puerta la “abuela” se despide pero no sin repetir la frase que en la conversación se hizo constante “¿Cuándo vuelven?, no se olviden de nosotros, ¿seguro que si vienen?”. El Camino desaparece con el avance del bus, mientras el frío baja un poco.


UN

LUGAR DONDE

EL PASADO COBRA VIDA


Un día en el camino  

Es una crónica. Relata un día en el Hogar Gerontológico El Camino.

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