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COMU

NIONITIS una historia sobre ese primer gran día en el que creíste en un

mundo mejor


El planeta Sierra era azul y los niños no tenían problemas. De vez en cuando, un resfriado. Los días se hacían cortos y entretenidos. Había de todo y muchas cosas que hacer. Posiblemente, en Sierra se vivía mejor que en ningún otro sitio del universo. Y se hacían las cosas más interesantes e importantes de la galaxia. La gente era lista y rápida. Nionitis tenía 8 años y una lista interminable de cosas en su habitación. Muchas veces se quedaba mirando los juguetes, las muñecas, los action man, la ropa en los armarios, en las perchas, los peluches, la pantalla plana, la consola, el mp3, las raquetas, los equipajes de tenis, y de fútbol, y de sigma 2, y de balonmano, y de baloncesto, la estantería con los libros, con los cd’s, con los dvd’s, con los cm4, con los personajes de las películas que su padre le traía de otros planetas, las pelotas de tenis, de sigma2, de fútbol, de balonmano, de baloncesto, los póster de grandes deportistas y actrices-cantantes súper-famosos y multimillonarios.

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Había tanto en esa habitación que muchas veces Nionitis no sabía por donde empezar y los pensamientos se le embarullaban. Que si haré esto, que si haré lo otro, lo de más allá, un lío. Pero esta situación complicada no le entristecía. Era lo normal en Sierra . Tener de todo. Y estar siempre haciendo algo. Y siempre importante e interesante, claro. Ese día Nionitis había quedado con su madre para probar peinados. Porque ese año Nionitis quería tomar los óleos. Tomar los óleos significaba una fiesta enorme y convertirse en jefa por un día.

dos


La celebración empezaba en el templo. Allí un sacerdote te cruzaba la cara con unos aceites que olían un poco raro, como la tinta que usaba mamá para quitarse las canas del pelo. Zas, zas,

zas, zas. Ya estabas Un – gi - da.

ungida, así se decía.

Los mayores creían que ese aceite te abría las puertas del infinito. Vale. El infinito era un sitio que no acababa nunca y en el que te sentías incluso mejor que el día de tu cumpleaños abriendo tropecientos mil regalos. Allí te encontrabas con tus padres, tus abuelos, con toda la gente que se había muerto y te había querido. A los niños se les dejaba secar la cara con esos aceites. Y los mofletes y las frentes les brillaban como si fueran estatuas de cera. Pero ese brillo era una señal para el infinito. Atentos. En realidad, al infinito no iba cualquiera. Había que ser buena persona y cada día, un día detrás de otro. Nionitis no acababa de pillar lo que significaba esto. Ni sus profesores ni sus padres eran capaces de explicárselo. Todo el mundo hablaba de lo importante que era portarse bien. Pero luego nadie quería dedicar un rato a enseñar a los niños. Eso sucedía porque los mayores que vivían en Sierra tenían trabajos muy importantes. Mandaban de lo que pasaba en el resto de la galaxia. Eran directores, jefes, presidentes, capitanes, cosas así. Había demasiado que hacer en Sierra para que los mayores tuvieran tiempo de mostrar a los niños qué estaba

bien

y qué estaba

mal.

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Sin embargo, cuando Nionitis y su madre llegaron a la peluquería de chicas HairHer tomaron la revista “Pelos, pelucas y pelambreras” y en un ratito fueron capaces de averiguar cuál era el peinado que le iría

bien

a la niña en el día de sus primeros óleos.

Súper Guachis. Después de la silenciosa ceremonia en el templo, el mundo se llenaría de cámaras que tomarían cientos de imágenes de Nionitis con su perfecto peinado y su mejor sonrisa. Y luego un gran desfile de bólidos llevaría a los invitados a los

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salones PACIENCIA DE JOB para comer esas cosas la mar de sabrosas, ja. Todos reirían y cantarían y se sentirían más cerca del infinito. Quién sabe si todos los seres queridos desaparecidos no estarían también con ellos celebrándolo. Buf. A Nionitis no le gustaba imaginar esta posibilidad. Le entraban escalofríos.


cinco Al otro extremo del cielo, en el planeta Hierra los niños tenían pocas ganas de dejar la cama por las mañanas. No había mucho que hacer. En ese planeta se bostezaba bastante. El colegio abría sólo 2 días a la semana. Y la semana tenía 5. En Hierra crecían 3 tipos de fruta por todas partes, corrían y saltaban y se escondían 2 clases de cabras y surcaban ríos y mares 6 tipos de peces. Se cogían, se atrapaban y a vivir. La vida se hacía larga y un poco aburrida. No había mucha variedad. La gente hablaba y hablaba. Todo el mundo estaba enterado de cómo le iba a los demás. A María le ha salido un grano. Y a Luis se le han enredado los cordones de las zapatillas. El chucho de Richi es un chulo. Qué chachi. La gente se cansaba de ver siempre las mismas caras. Eres tú, vaya, sí, cuánto tiempo sin verte, un par de días como mucho. Así era. Vale. Algunas veces ocurría algo interesante en aquel planeta verde lechuga. Casi siempre venía desde muy lejos. Pasaba por delante y nunca se quedaba cerca demasiado rato. La felicidad de los niños en Hierra parecía tan breve y fugaz como el perfume de las flores sobre los cargueros espaciales cuando despegaban para llevarlas muy lejos, a adornar y perfumar planetas desérticos. A los niños les encantaba sentarse sobre el cerro, oler el aire y ver despegar del aeropuerto esas naves de vegetal. El aroma de tantos colores se esfumaba en un plis plas………


También un día hubo un accidente en el universo. Un payaso astronauta se confundió al teclear los datos de su viaje interestelar y apareció en Hierra. Aquel era un planeta a todo color, pero ese hombre iba tan pintarrajeado que los niños se mareaban a su paso. El payaso se subió a una tarima en una plaza, hizo 16 tonterías justas, recibió vivas y aplausos y se fue por donde había venido. En fin, los días, la comida, la gente se parecían mucho en Hierra. Los abuelos, los bebés, los árboles, los peces, los bocadillos, todos se conocían y se saludaban y se ponían a hablar como cotorras y así pasaban las horas, con mucha calma.

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Comu era un chaval flaco, fuerte y tenía 9 años. Pasaba muchas tardes con sus amigos sentados en el bordillo de la acera. Silbaban, cantaban, lanzaban piedras, contaban el número de personas que cruzaban su calle, niños, niñas, ancianas, ancianos, cojos, flacos, ese tipo de cosas.

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La madre de Comu creía en el infinito. Sabía que Comu debía tomar los óleos. A papá le daba igual. El tocaba la armónica en el bar Dylan. Eso le bastaba. La madre de Comu

3 clases de y 2 clases de

cocinaba

comidas cena. Algún domingo se comía trestuz, la carne de un bicho con cuernos que estaba buena, la verdad, y valía mucho. La traían de la galaxia de al lado. Mamá hacía carne picada con los filetes, los mezclaba con timillo y salían unas pamburguesas guachis.


8 El hogar de Comu era tan enano y había tan poca cosa dentro que no daba mucho trabajo. Así que mamá pasaba horas y horas junto a la ventana escuchando en la radio canciones de otros tiempos y otras galaxias lejanas. Ese día, sonó una vieja tonada en la que una dama decía “si amanece y ves que estoy dormida, cúbreme, cúbreme, cúbreme”. En Hierra nadie se tapaba. Hacía calor. Todo el mundo se pasaba la vida medio desnudo. Comu podía pasar meses y meses usando sólo 2 pantalones cortos y sus chancletas de colorines.

El chico le preguntó a su madre y ella le explicó que en Sierra hacía más frío y que esa era una canción de allí, que la cantaba una gran cantante, Rosi Gurado. Rosi había actuado muchas veces en Hierra Y le gustaba decir que ese planeta vivo y musical era su 2º hogar. Comu no se quedó convencido. Y a su madre se le ocurrió por fin lo que le regalaría a Comu para su fiesta de los óleos. Tenía algunas monedas en un tarro escondido en la despensa.


En Sierra, la familia de Nionitis visitaba un día tras otro la estupenda tienda para primeros aceitosos ACE-i-TU y elegían un regalo tras otro. Mamá pasó una tarde entera sin salir de la habitación enorme de Nionitis escogiendo las cosas que se habían convertido en trastos. Casi todo funcionaba y estaba nuevo pero la nena ya ni siquiera lo miraba. Y por supuesto apenas jugaba con nada. Así que la mamá se decidió. Enviaría todo eso a los niños de Hierra a través de Molan

Ayuditas

y así habría sitio en casa para todos los regalos recién comprados. Lo 1º sería ese póster horrible de Lucky no se qué.

Hair -Her

Mamá también estuvo 1 día entero viviendo en la famosa peluquería femenina, hasta que acertaron con su peinado, por supuesto el más hermosísimo entre los hermosísimos de la galaxia. Que lo sepas.

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Nionitis lo pasó muy bien el día de sus primeros óleos. Sus amigas, su familia. Todos tocándola, besándola. Cuando llegó a casa, estaba muy cansada. La mitad de lo que había en su habitación era nuevo. Le daba igual. Se durmió enseguida. En los días siguientes, se le pasó el cansancio. Pero seguía sin saber por dónde empezar con tanta cosa. Y papá volvió a trabajar tanto que se quedaba dormido en la taza del water mientras le esperaban junto al sillón su libro y su cola. A Nionitis la emoción de sentir el aceite en la cara se le fue olvidando poco a poco. Se le olvidó también la cara y el nombre del sacerdote que le abrió las puertas del infinito. Y no conseguía saber si lo que hacía su padre, su profesor o el presidente del gobierno estaba

bien

o estaba

mal.

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nionitis

11 En Hierra, Comu se arrodilló junto a su cama. Ya era de noche. Apenas había luz en su habitación y no se dio cuenta de las novedades. Estaba un poco pesado. El día de los primeros óleos se comía mucho más de lo normal. El se había pasado con las pamburguesas. Y mamá se había pasado poniendo timillo. El niño eructaba y creía estar en medio del bosque. Dio gracias porque toda su familia se había podido reunir para cantar sin parar horas y horas. Iba a encender la luz de su lamparilla pero mamá se adelantó sonriendo. Entonces vio un póster del súper héroe Lucky Además clavado con chinchetas de plata en la pared. Alguien había escrito en él algo así como Nionitis con un rotulador verde. Y vio también un cubre con la cara de un sol sobre la sábana de su cama.


-Vaya, mamá, estos 2 regalos están muy bien, seguro. He tomado los óleos y sé que están bien, 2 buenos regalos. Comu había comprendido algo. Seguro que no necesitaría taparse muchas veces con ese cubre. Sin embargo, su madre se lo había comprado. Comu ya sabía cosas importantes sobre el valor de las cosas y las personas. Quizás Nionitis sabía otras. Porque era ella y no Comu la que vivía en el planeta de verdad importante, la que en ese momento viajaba en avión con mamá mientras desde su cama él tenía a la vista una sola silla de esparto y pino que siempre olía a gloria.

doce


www.lunaker.com Un proyecto de www.naselcomunicacion.es

y trece

Comunionitis  

Literatura verdaderamente religiosa para familias plurales sobre la 1ª Comunión

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