Page 1


Zona dark


Destruye lo que odias, no digas lo que ellos quieren escuchar. Esto es muy sencillo. Miguel テ]gel Vidal (Voz Propia)

Lo テコltimo que quiero es ser respetable o que me consideren un gran instrumentista. Yo trabajo con emociones.

Jimmy Page


I Vidas ejemplares


PARADOJA

Todo hombre bueno tiene dos ojos como dos peces naufragando en un grueso mar de lentes atónitas Todo hombre bueno tiene una boca entreabierta de la que se descuelgan (como hilos de baba –pero con sorprendente regularidad–) consejos y consejos y consejos Pero lo más repugnante de todo es que cada hombre bueno tiene dos manos húmedas que lo auxilian en la emotiva tarea de ganarse a alguna pobre criatura pecadora mojándole la frente o las manos respectivas con su bondadosísima transpiración Y así todo hombre bueno genera –oh paradoja– precisamente aquello que quiere destruir: las más bajas pasiones, el odio más siniestro.


VIDAS EJEMPLARES

I Tú eras el que nunca escribió nada en las paredes del ñoba ni jugó (como los otros) a mojar los cristales (ya sabes cómo), el de los veintes en conducta. Tu tragedia fue no poder formar parte de la escolta del plantel, por no dar la talla ni tener la pinta. En compensación hiciste cinco poemas patrióticos que te valieron una medallita en los juegos florales, y el mismo director te felicitó en público. Tú eres aún el de los veintes en conducta, el irreprochable ciudadano que, cerca ya del día de su jubilación, siente de pronto una increíble duda y se pregunta si quiso este destino: unos hijos en CESCA, otro en la FAP, una mujer que tiñe de rojo sus cabellos blancos (y no precisamente por amor a los símbolos patrios). Tú eres el que ahora sonríe tontamente al vacío, con su viejo futuro de gloria de su barrio hundido en su pasado de chancón –primer puesto del colegio estatal N° 007892–.


II Este personaje murió una mala noche en que todos los dioses estuvieron borrachos. Murió en su ley, tras haberse bebido novecientas botellas de Cienfuegos y habiéndose fumado por lo menos novecientos mil palos en especies. Tuvo tiempo de quitarse la ropa ante docenas de ojos estupefactos: “Miren, señores”, dijo, y con un gesto veloz tuvo sus prendas a sus pies (ah qué placer el desnudarse así, como una carcajada súbita e impoluta). No era jueves ni había un aguacero y murió sin pedir perdón a nadie y sin arrepentirse de sus culpas. Murió en su ley, golpeando sus neuronas con el metal pesado –su gran vicio–.


III

Verdaderamente es triste cómo todos te lornean, oh detritus viviente. Da gracias porque aquí no hay espejos que reflejen tus ojos inyectados, las fofas carnes de tu decadencia. Pero bien sé que en tu mirada embrutecida he vislumbrado tu viejo secreto. Dentro de ti, amargamente ríes de todos los desprecios, y sonríes de que no nos hayamos dado cuenta. Te sabes algo más que un sucio bebedor que se arrastra por tabernas infectas entre un leproso mar de escupitajos. Te sabes ante todo una existencia única, milagrosa como un instante de placer.


VEGETACIÓN MIRAFLORINA (Los ricos también lloran)

Feas en su belleza uniforme pasean con ropas relucientes a la última moda Bajo el sol, el chillón color de sus cabellos es aún más amarillo –ciegan, qué duda cabe– Los suyos les darán lógicos matrimonios, planificadas vidas, besos planificados Caerán los años sobre su bronceada desnudez sin poesía Envejecerán en medio de sus baños sauna y de sus aeróbicos Y un día enfrentarán en silencio el espejo y clavarán sus ojos en los ojos de vidrio Y ya será muy tarde para abrirlos


CRIOLLAZO

A mí nadie me da orégano cuando bajo a comprar grifa nadie me marca los naipes nadie me carga los dados nadie me mete la mano A un gesto mío los zambos del billar cogen mi saco me arremangan la camisa me lustran los zapatos con la lengua Soy el criollo bacán, el que hace las carambolas Soy un hombre, y a mi paso todas las hembras se arrechan A mí cuando me dejo caer de madrugada por la Victoria nadie me hincha los huevos Ningún cholo me jode, porque yo soy el men A esta loquita impúdica y alcohólica y viciosa que se cree muy viva porque bebe en mi costa me la tiro esta noche A mí no hay hembra que se me resista Y nadie me ve la cara, porque yo no creo en nadie Ni en mí ni en los demás; por nada ni por nadie muevo un dedo De la necesidad hago virtud, a las humillaciones forzosas llamo astucias, triunfo de mi fracaso río de mi vergüenza sé que sólo los lornas se rebelan, que para rebelarse hay que tomar en serio alguna cosa –lo cual siempre es ridículo– Que este mundo se quede como está, para que vivan los que en él a su orgullo le hacen un agujero confortable con vista panorámica Yo soy el que puede chupar y joder cuando y cuanto quiera Soy el criollo bacán, la risa en la oscuridad, la negación de la risa, la sombra sin el asombro Soy el criollo bacán, el tiro por la culata, la moneda de tres caras, el gato en vez de la liebre


II Martes 13


CONFITEOR, DOMINE

Oh, nosotros tenemos que trivializarlo todo, ustedes saben para qué malgastar miradas demasiado profundas en las cosas yo no he nacido para que me tomen el pelo si veo a una mujer echo mano a sus senos bruscamente arremeto contra su pelvis no me importa si tiene la nariz corta o larga si sus ojos están abiertos o cerrados: yo he aprendido a tomar las cosas por asalto –nadie, sobre todo, tiene que sospechar que detrás de mis párpados hay algo más que lánguidas y frías piscinas de lujo empapadas de cloro antiséptico nadie debe creer ni aun por un segundo que allí detrás hay algo sin corazas ni murallas, una trémula carne que en el fondo es quien lleva mi nombre y roba mis sentidos para ponerlos en mis debilidades, en la mujer que ansío, y a la que odio– (Oh ritmos sincopados bien sabe dios que es cierto que detrás de estas manos que sostienen con fuerza y elegancia las cosas en su sitio y detrás de estos labios hechos a la medida de cualquier carcajada está esa cosa débil, frágil, trémula, húmeda, esa maldición capaz de agua y de fuego)


MARTES 13

Aquí paseando Gris puñado de polvo Esputo de la noche primordial Aquí, paseando sin futuro, presente ni pasado contemplando los dientes de Beethoven sobre la cabecera de mi cama Con la Muerte como única certeza con la vida royéndome la entraña de los nervios con la fiebre sobreesdrújula del alfabeto Ludwing van En los dominios del Eros-Tánatos y con mi hambriento animal cómplice cual pálido asesino en la entrepierna Sabiendo hasta el hastío que la vida no vale ni el precio de una rata que no hay ni un mandamiento respetable y que es mejor fundirse en el nirvana del caos sensorial Aquí, paseando como un león enjaulado –huelga de micros– Los cuatro muros de mi biblioteca, ron y tabaco


EL COBARDE

Aquel cuyos ojos tienen el frío oceánico de la frente translúcida, cuya tibia sonrisa se diluye en el frío de todo, temblorosa, de cuyo cada gesto se desprende la humedad de la nieve de la entraña, luz sobrenatural que lo estremece de temor a sí mismo. Dice a los que hablan ante su sonrisa: “¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado!” Aquel que se arrodilla ante el futuro y ante las nubes diurnas y nocturnas. Ah, la angustia. Aura polar que envuelva cada gesto. “Tenemos frío de las olas muertas, tenemos, oh Señor, tenemos frío”, dice. Acostumbra reír en la penumbra. Dice a sus pájaros, los que le acompañan en el oscuro frío de su celda (y mientras a sus patas ata cintas prudentes que controlen la distancia): “Queriditos, no vayan muy lejos (los tengo atados ya), porque afuera hace miedo”. Ay, ay, ay, ay.


III LA MÁS RAYADA


LA MÁS RAYADA

En una ciudad como ésta, con una prostituta en cada esquina donde el deber le manda estar de pie, Una ciudad como una prostituta, donde basura y moscas son por definición imprescindibles, Una ciudad babeada por los lobos de miradas voraces que inoculan sus inyectadas venas en las venas, Es imposible la incontaminación: cada ojo y palabra y cada tacto envilece al objeto del deseo, que tiene sólo 2 alternativas: Ponerse en manos de toda esa jauría –beber como quien vive, vivir como quien bebe (la humanidad no deja morir de hambre a una mujer hermosa –dijo Miller (¿o no fue Miller? Cabe tal posibilidad a título de hipótesis –verificable en la realidad empírica (ésta es la base del método científico –¡larga vida a la ciencia!–)–)–)– O, si no, a impulsos de una súbita cólera sacrosanta, alzar los brazos en medio de la plaza, en plan Savonarola ––Girólamo mi hermano a través de los siglos– y un poco también como Agustín de Hipona –mi maestro en el tiempo–, que abandonó la crápula para abrazar la ascesis HERMANOS MIS HERMANOS decir EL INFIERNO ESTÁ PRÓXIMO NOVEISACASOELFUEGOENELCANDENTEASFALTO LASLLAMARADASGRISESELEVARSEENELHUMO ELHORRORDELOSCARROSDEHIRVIENTEDENTADURA Y la diosa LOCURA en cada esquina, DEGRADANDO AL ESPÍRITU Y PERDIÉNDOLO en densos abismos, y en las letrassinuosasdelascalles Todoslosmovimientosdelinstinto ETC. Revisando, en verdad hay 3 alternativas: 1) abandonocínico 2) furormístico 3) 1 y 2 Esta última es la más rayada.


ARREPENTIOS

Suenan las campanas llamando a las almas ¡Arrepentíos!¡A-rre-pen-tí-os! De noche en San Felipe las altas torres de cálidas ventanas son los astros burgueses del viejo paraíso de la infancia Los vientos destruyen el camino previsto en carcajadas de cometas humanas De madrugada las flores del laurel se desmayaban Su olor aún llenaba los espacios Lacios perros de troncos pálidos husmean la mañana de las sábanas El frío La noche consumada En la iglesia cercana suenan las campanas llamando a las almas Ellas separan la turba pecadora (quieta y pálida, sola) de la santa, bendita caravana Ellas separan al frío del caliente al caliente del frío ¡Arrepentíos! Ellas separan lo mío de lo tuyo


lo tuyo de lo mío los cuerpos de los cuerpos las almas de las almas Volved pródigos hijos al cobijo de la eterna campana inmaculada Volved pálidos hijos pecadores Las flores agonizan de frío Arrepentíos


CIRCE

Parias con nuestra sangre han comprado los hombres sus altas torres donde se guarecen de vicios ancestrales Somos las malas sombras de sus noches Como extranjeros son en sus propias ciudades: la vida que hay en ellas es la nuestra porque para nosotros es que brillan las luces y anuncia sus caminos el cemento Para vivir jamás pedí permiso para morir tampoco y nunca me arrepiento de mis actos Parias la fealdad de sus vidas compradas de su legalidad y de su hastío doblará sus espaldas arrugará sus frentes Cuando no sirvan más los dejarán los suyos al borde de una zanja como engranajes rotos Los desprecio y desprecio su desprecio Mi orgullo es alto como mis caderas Lo alimenta el respeto de mis bestias, mis animales bajo mis caricias Ellos son mis hermanos / Los hombres no me importan Morirán como mueren los esclavos Yo seré interminable


SPLEEN

Preguntándome qué hice en estos veinte años te encontré en mi memoria Recuerdo que en verdad te enseñé algunas cosas En el fondo eras dócil, con tus cabellos como los de un perro Aprendiste sin que me diera cuenta mi odio contra la “ye” y mi predilección por la “y griega” Llegaste a sublevarte más que yo cuando escuchabas “ye” Soltabas frases como “Es de esos tipos que dicen ‘ye’ en lugar de ‘y griega’”, dejándome sin palabras en la boca y con una sonrisa en el cerebro Aprendiste sin que me diera cuenta todos mis vicios y mis debilidades Con alarmante facilidad bebías los más falaces de mis pensamientos, como, por ejemplo: “El esplendor de la noche presente me prueba que hay un dios detrás de toda la naturaleza”, idea que más tarde repetías, lanzándome una sonrisa y una mirada cómplices que me provocaban cierto remordimiento por fomentar en ti esa vocación anticientífica Pero ahora no entiendo por qué mi permanente sentimiento de culpa, cuando quizá nadie como yo te dio tanto sin pedir nada a cambio (porque, en verdad, jamás te pedí nada, ni tu amor, ni tu comprensión, ni tu compañía).


IV PETER PUNK


LA METAMORFOSIS

Una mañana Gregorio Samsa se despertó y vio que sus manos ya no eran de carne y hueso sino precarios recortes de papel. Acobardado, quiso retener con ellas lo último de noche que quedaba, para evitar el día inevitable, el vil enfrentamiento con sus viejos y con todo el resto del género humano, pero eran inútiles recortes de papel. Quiso lavarse la cara, peinar la caballera, que le daba un aspecto feroz, pero temió mojarlas y perderlas, a esas tristes miserias, su único tesoro. Quiso llamar a alguien, mas se dijo yo ya no tengo hermanos, mis hermanos ya no son mis hermanos. Entonces vio, pegados al cristal de la ventana que tenía a un costado de su lecho, manos que un día fueron carne y hueso, rostros de seres que fueron humanos. Entonces comprendió. “Somos los desterrados de la vida”, se dijo, apartando las sábanas, se levantó del lecho, abrió la puerta, salió a la madrugada ensombrecida. Afuera, aquellos hombres de manos de papel le volvieron la espalda, para huir con la noche de aquel lugar en el que amanecía. Samsa empezó a seguirlos; sin volver la mirada hacia atrás, sabiendo que sería inútil todo adiós, se adentro en la humedad de las últimas sombras, abandonó la luz de los días futuros, abandonó la casa paterna, para siempre.


ELECTROSHOCK

Osea, en un electroshock hay harta poesía Yo no computo aún por qué nadie le ha escrito un poema al electroshock Al principio, claro, es una mierda, pero todo principio es una mierda la primera vez que lo haces, por ejemplo, cuando eres hembrague o la primera vez que te zambulles desde el trampolín en una piscina Inclusive, piensa en el infierno: al principio debe ser insoportable ese incendio eterno que jamás se consume para que tu dolor sea infinito pero luego tiene que ser bacán moverte indestructible en todas esas llamas sorprendentes, lenguas de fuego de textura incógnita igual que un baño de cristales rojos Y, si lo piensas bien, en el fondo el infierno debe de ser lo más `placentero del mundo Entonces, yo te digo que un electroshock es tan placentero como el mismo infierno El primer momento es espantoso: sentir cómo te están separando tus huesos hasta hacerte perder tu forma humana o cómo te destruye poco a poco por dentro una fuerza sin cara Pero luego detienes tu consciencia, una vez que ya estás adentro de la cosa Primero es como si una serie de telones que nunca habían sido levantados se empezaran a alzar en tu cerebro, igual que en un teatro que al mismo tiempo fuera muchos otros teatros sucesivos –si bien estos telones no son rojos, sino de un azul furiosamente rojo, y su tacto no es el del terciopelo, sino helado y marítimo, como el de una malagua de ultratumba– Entonces te comienza a parecer que los límites de tu caja craneana son los límites del Cielo y de la Tierra y tus ojos se estiran sin romperse hasta llegar al


borde superior de todo el universo conocido –osea, hasta la punta de tu frente– Ta que en ese momento tienes omnipotencia, omniprescencia, todas esas huevadas teológicas Si dices fiat lux, te apuesto plata a que la luz se hace Y eso hice yo, pues, Adán, entre otras muchas cosas–tú, por ejemplo–


BIGOTES BIGOTES BIGOTES

Unas beatas salen de su misa con la actitud sumisa de su misa Un buen hombre pasea con su pequeño hijo por estas largas calles de Perú deben hallar algún placer en ser virtuosos placer que jamás sacie y que jamás fatigue –como el vicio– La virtud es otro vicio más para alegrar nuestras pequeñas vidas codiciosas Nuestras jóvenes vidas codiciosas Ay, hermanos humanos, criaturitas del señor, animalitos incomprensivos, sin imaginación para la muerte: Camino sola porque me apetece SOLAzarme en la contemplación de nuestro cosmos nuestro querido y pequeño planetita ¿CUÁL ES EL ARXÉ DE LA PHYSIS? FRIEDRICH NIETZSCHE TENÍA UNOS BIGOTES RIDÍCULOS EN SENTIDO ABSOLUTO


LOVE STORY

Ojos negros piel canela que me llegan-a-de-ses-pe-rar Me-hinpor-tastú ytú-ytú ysolamén-tetú ytú-ytú Me-hinpor-tastú ytú-ytú y nadie más que tuuuuuuuuuu Ojos negros piel ca Q.E.P.D. y D.D:G. MONTSERRAT ALVAREZ (1969-1989) SIC TRANSIT GLORIA MUNDI “¡Ay pobrecita” “En el fondo era buena chica” “Ké desperdizio”.


V PQRST


PETER PUNK

Peter Punk te espera detrás de las esquinas –en cualquier esquina, esta misma noche– para mostrarte su miembro mientras ríe a carcajadas y un relámpago de gozo se desmaya en su cerebro Él no tiene futuro ni responsabilidades sólo goza y se abandona en los brazos de su madre, esta gran prostituta que es la ciudad de Lima Ella lo pisotea con el mayor desprecio pero él sigue aferrado a su fláccido seno Él la odia y la ama y la busca en su pasado, donde no tiene futuro ni responsabilidades (hace ya más de treinta años que no tiene nada de eso) Yo lo conozco bien, tú también lo conoces se nutre del veneno que las calles le ofrecen y luego lo vomita y blasfema y maldice Madre, tú amaste mucho a este pobre hijo débil, lo amaste demasiado, al más débil de todos, que una noche esperó tu regreso detrás de aquella esquina con su chaveta implacable y la clavó en tu cuerpo con rencor y con odio La clavó trece veces en tu pálida sangre, con odio y con amor, riendo a carcajadas –oh placer infinito–. Recemos por su alma.


NO EXISTEN

NO EXISTEN FILÓSOFOS ESCÉPTICOS –magister dixit– LOS ESCÉPTICOS ESTÁN EN LAS TABERNAS Y EN LOS BARES Así decía PQRST, joven catedrático, una tarde de abril de 1999 Ah qué vida ésta OYE KANT EN QUË TE BASAS PARA DECIR QUE EXISTE ALGO QUE NO SE PUEDE CONOCER ¿KÓMO KONOCES, CAN’T, LO INCOGNOSCIBLE? KÉ noúmeno ni noúmeno SÓCRATES ERA UN REO ESOPO ERA UN ESCLAVO DIÓGENES UN MENDIGO Ah qué vida ésta Llorar abrazados al cuello de los caballos lágrimas sifilíticas Retorcer el pescuezo de los pollos, EL PESCUEZO DE LOS JÓVENES POLLOS, cocinados desde niños en la muerte Ah qué vida ésta YA SE ACABÓ LA FILOSOFÍA MODERNA Caminar con las piernas y pulmones, agotar los oxígenos y espacios Caminar abrazados a los pollos, pEdir pERdÓn en NoMbRe dE la EsPeciE Ah qué vida ésta YA SE TERMINÓ LA FILOSOFÍA ya se terminó la filosofía ¡YA! / Hemos terminado Nos vamos El último –ese último último– el último apaga LA LUZ


DE OCULO DEI

El ojo de Dios se halla encerrado en un triángulo rectángulo y a la vez equilátero de cada uno de cuyos vértices parte una recta luminosa que se prolonga hasta el infinito y no se curva en ningún punto del espacio la suma de los cuadrados de sus catetos no es concebible para mente humana, pues va más allá del cero y es la nada de la nada Mas no se identifica en modo alguno con el infinito al que se expande la mirada que encierra esta figura Y tal suma NO es igual al cuadrado de su hipotenusa, sino a su negación y a su no-negación Y los tres puntos que están en sus vértices no crean el plano de los pitagóricos sino que inconcebible– mente hacen el sólido pues se hallan bañados en la atmósfera impronunciable del ojo de Dios Y las legañas del ojo de Dios, verdes y acuosas, bañan los espacios diurnos y nocturnos de los sesos de los matemáticos –¡verdadera sopa!– Y también de los de algún profano que no tiene otra vinculación con el NÚMERO que la audición geométrica de las obras de Bach como cerveza que, pesadamente, se derrama bañando el cosmos con su arquitectura Y –¡OH DICHA! OH BIENAVENTURANZA!– estas legañas del ojo de Dios no son sino la sustancia sagrada que integra los espíritus individuales con el Motor primero de la cosas Y sus manifestaciones en el NúmerO y la MúSicA son más sagradas que las intocables vacas que los hindúes acarician en secreto, cuando no hay nadie viéndolos que pueda condenarlos


EL OTRO DÍA

El otro día, cuando estaba paseando, vi ante mí un ancho campo ajedrezado que se extendía aceleradamente hacia el horizontal confín de aquella tarde ¡Qué bello monumento a la geometría! Al igual que un imán, la mirada atraía la feliz alternancia de colores que cubría todo el gentil trazado de aquella gran cuadrícula Y justamente me estaba preguntando quién sería el autor de esa obra colosal que se perdía de vista por sus cuatros costados, cuando vi a un feo anciano que arrastraba un costal de grandes dimensiones y en extremo pesado –“¡Buenas noches!” –le dije, pues ya se había ocultado el sol hacía un buen rato– Por cierto, lo que hacía me extrañó de inmediato, porque todas las estatuas que sacaba del costal eran demasiado grandes para haber salido de él –y cada una de ellas era una ficha de ajedrez– El viejo con paciencia las iba colocando en cada casillero, y el peón más pequeño duplicaba en altura a cualquier ser humano Entonces me invadió un mal presentimiento y hubiera preferido estar lejos de allí (por ejemplo, tomando un café en el Haití) y hubiera preferido no haber sabido nunca (o mejor una sangría en la calle de las pizzas) de la existencia de ese gran tablero de negro césped que estaba contemplando Pero antes de irme, por amabilidad, le pregunté al anciano: “Y ¿cuando es la partida?” Y el respondió: “Cuando haya terminado de colocar las fichas” Di media vuelta y, mientras me alejaba, no pude evitar preguntarle, sin verle: “¿Y si mueres dejando tu trabajo pendiente?” Y el rió: “Lo acabará cualquier otro sirviente” Por eso ahora, cuando veo a dos hombres ante un tablero, pienso en aquel anciano y me pregunto cuánto falta ya para que el último peón haya sido colocado (pero, en el fondo, no me importa demasiado)


GG

A la pirámide le quito una de sus bases que es, precisamente, el elemento de este suelo terráqueo Al trifronte Dios gigante le quito uno de sus ojos que es el astro nuclear de estos suelos perecibles Al mono yo le quito sus pelos al buey su yunta Porque todas las cosas se derraman en una sola de todas las direcciones posibles, y porque todo puede ser suprimido sin alterar su condición efímera, en la perfecta asepsia encontraré mi centro en la perfecta insipidez en la precisa-a/niquilación En la perfecta asepsia encontraré mi centro en la perfecta insipidez en la precisa-a/niquilación En la ferp ecta sep siam fecta pidez niqui lación GGG


VI LA VERDAD


CAÍN ARREPENTIDO

I “Compartid vuestro pan”: ¡cuánta mentira! Yo no compartiría mi pan con nadie y, lejos de los hombres, furtivamente, lo devoraría. ¿Dónde podré esconderme de los hombres? Lejos de ellos seguiría escuchando sus voces, y sus pasos, aun fuera de su alcance, aproximarse a mí. No valgo nada, bien lo sabéis, no valgo nada. Pero considerad que cada día lloro por mis culpas, aunque ya he olvidado dónde y cuándo pequé, y en qué manera, y no sé qué dios es este oscuro señor que me castiga con el miedo, el dolor y la vergüenza. ¿Qué dios será mi dios, qué dios será el dios de la miseria, del odio, del horror? Sólo sé que mi culpa no merece Ni un dios que la castigue.

II Señor desconocido, Tú te ocultas en la altura, en las sombras, en la noche. Quizá eres tenebroso, mas ¿qué importa? Cien veces más oscuro es mi pecado. Quizá eres cruel, pero ¿qué importa eso si se alzan tus altares entre nubes pomposas? Quizá eres implacable. ¡Qué me importa, si hay justicia en tu mano, si en tu ira está mi absolución!


III

Oh Señor, no te alejes de mí, no me abandones en esta soledad, en estos negros, helados, hondos `pozos, en medio de estos huecos jeroglíficos que me interpelan, que mi nombre saben. Yo no he crecido nunca. No podría caminar sin Tu mano. Que Tu mano me guíe en este caos donde todas las voces son el mismo silencio, donde mis ojos ven mi crimen cada noche, donde no sé lo que oigo y lo que sueño. ¡Basta de laberintos! Para gigantes son tus juegos de manos. Demasiado grande eres, Señor, demasiado alto para tus pobres hijos. Oh Señor, no te alejes, no retires Tu Mano. sin el contacto de ella, la mía quedaría fría para siempre, para siempre inútil.


LA ESFINGE

Maldigo el día en que aprendí la lengua de los hombres. Si no la conociera, sus voces estarían lejanas, como las de las cosas, y no arrebatarían mi alma en su laberinto confuso de murmullos y susurros y risas (son felices). Existió una gran época, demasiado lejana, en la que mi silencio se extendió sobre el mundo y reinó mi sonrisa como una lluvia helada. Y ahora las paredes no alejan estas voces, estas voces extrañas que odio tanto y que temo. Ellos siguen hablando, no se percatan (deben haberme confundido con un pisapapeles). Son felices, y no saben que los odio.

Mas, ¿qué pueden temer? Yo estoy muy lejos. No podrían soñar cuán lejos estoy, ni cuántos miles de montañas de arena nos separan: ¡las arenas de los siete desiertos! Siete cielos las cubren: Yo soy la Esfinge. Pero ya nadie sabe que mi voz tiene treinta ventanas. Ése es un secreto de los tiempos. Nadie sabe que al fondo, en la trigésima, resplandecen los astros.


EL ÁGUILA

Algo huele hoy en mí el perro, pues me ladra, y en el ajeno cuerpo de este desconocido niño tiembla el recelo. Oye: es mejor que te vayas. Nada puedo decirte. Hoy mi voz está helada del viento de los astros, y no sabe del aliento de los hombres.

Yo sé que temes, niño, mi alma de azul granito, mi solemne plumaje, pompa fúnebre. Es mejor que te vayas, niño: yo soy el águila más sola de las cumbres, y podría devorarte, o no hacerlo. Es mejor que te vayas.


INSOLIDARIDAD

Por estos huesos y esta carne me sentís cerca de vosotros. ¡Qué errados estáis! Ajena me es esta morada, como a la caterva de espíritus le es ajeno el castillo que atormenta y habita. Y esta legión puede alzarse más allá de las murallas y contemplar las piedras en las que se estrella su furia. Y aunque, como yo, tenéis dos manos y dos ojos y la misma sangre universal que mi sed más recóndita sacia, no os siento mis hermanos.


LA VERDAD

Por la Libertad ni siquiera los goces de la esclavitud sacrifico Por la Justicia ni tan s贸lo el placer de la injusticia entrego Por la Verdad entierro mi nombre cavo mi fosa A la muerte doy lo que m谩s amo Bebo la taza de veneno


VII TODOS USTEDES


PESADILLA

Todos sabemos –¿no es cierto?– con Tales y Anaximandro y Maupassant, que vivir es morir, todos sabemos, igual que Galileo, que el sol jamás se pone Todos sabemos, Sócrates, que no sabemos nada Todos sabemos que han pasado eras y siglos y milenios y que nos acercamos al fin de las edades Todos temblamos (sí, ya sin vergüenza), todos temblamos y preparamos concienzudamente nuestra desnudez irreprochable para ser admitidos con otros en los cielos, si es que hay un dios, o sino en donde sea que ingresaren los justos Pero todos temblamos porque en verdad sabemos que no sabemos esto porque en verdad sabemos que no hemos hecho nada de todo eso porque en verdad sabemos que el triunfo es de los otros, de los ciegos y ciegos, que la guerra se ha hecho para ellos y las medallas para sus victorias y que jamás podremos, con todas nuestras dudas a cuestas, enfrentarnos al inflexible pulso de sus garras movidas por el mal inexorable, lento.


BALA PERDIDA

Sin una dirección determinada bajo del microbús en movimiento pateo la vereda echo a andar sacudiéndome los huesos pasándome la mano por las crines Soy más veloz y más individual que todas estas gentes indistintas más alta es mi estatura y más densa mi sangre Avanzo incontenible por las calles sorteando los cadáveres que me cierran el paso Los piropos que escucho me hacen estallar en francas carcajadas (si supieran con quién se están metiendo, Temblarían) ¡Peligro! Soy una fuerza de la naturaleza Soy un virus que se extiende velozmente por la urbe de las letrinas públicas Soy un monstruo de neuronas eléctricas en la noche de luces innumerables Soy el testimonio de un fracaso enorme Llevo en mis venas más alcohol que sangre Soy un Algo que viaja fatalmente rumbo a un destino incógnito y prohibido y sin control ni objeto aprieto el paso, sabiéndome una bala perdida que ya nunca se podrá detener.


ALGO ESTÁ MAL NO SON PRECISAMENTE

Algo está mal no son precisamente los zapatos ni la chompa sin embargo algo está fuera de su sitio no son quizá las manos ni necesariamente las ideas Hay algo incomestible en la garganta algo torcido en toda la espesura enmarañada de piernas que se enredan intolerablemente al caminar ojos ardiendo y la fiebre en el cuello de la camisa algo anda mal no son precisamente los zapatos tampoco sin embargo los caminos torcidos que extravían su lugar y el lugar del lugar morboso y amorboso pe-ro-al-go-es-tá-mal, os digo, aunque no veo más que hostilidad contra mi cigarrillo mis uñas peligrosas mi mirada en exceso excesiva mi torpe errabundear que arruina vuestras charlas deportivo-políticas Yo no tengo la culpa tampoco es contagioso mi desorden os digo yo no tengo la culpa sois vosotros Os reconozco como a los culpables, sospecho del veneno en el alpiste, lo olfateo y me alejo, con recelo, ladrando represalias


TODOS USTEDES

Ustedes que ante mí se avergüenzan de ser felices y tienen “la mejor de las buenas voluntades”, ustedes que transpiran con la mirada fija en los cielos vacíos y en los suelos y pasan a mi lado musitando saludos, mis exagerados enemigos, que me tratan con tantos miramientos, mis jóvenes no-condiscípulos, mis alegres no-contemporáneos, mis no-compañeros, mis no-camaradas, mis no-prójimos Y ustedes que se beben hasta la misma sangre en turbios vasos y tienen el orgullo de los cerdos, ustedes, que me sonríen con lascivia de jabatos y lujuria que da risa, ustedes que se rascan los culos con las uñas engarfiadas de coprófagos y todo lo hacen en la oscuridad, mis sobresaltados bebedores aguerridos, mis hermanos en la vil servidumbre dionisíaca, mis entrañables borrachos, atropellados por tantos microbuses Pero también ustedes, pobres almas que piensan que tengo alma, porteros, cocineros, servidores incautos de mi incauta miseria, ustedes que resguardan de mi voz excesiva sus pequeñas vidas humildes, por las que yo transito como una negra sombra, mamá, papá, hermanos, anónimos vecinos que me dan las buenas noches o escuchan mi regreso vacilante por las calles tardías y desiertas y mueven sus cabezas preocupadas No me dejéis vivir: yo soy vuestro peligro, la amenaza que habéis de matar en embrión, la oscura voz del alma forastera, la impostora, la intrusa, la sucia parvenue


ÍCARO

Hombres prudentes que reiréis de mi locura: yo soy Ícaro, el poeta, el loco, el suicida. Prudentes hombres que, aun compadeciéndome, alabaréis la justicia de mi castigo: sabed que más allá de los montes colosales que duermen su sueño de titanes; más allá de los mares procelosos que intentan alzarse a las alturas; más lejos que las nubes y todas las estrellas, se encuentra el infinito como una luz celeste sin forma ni confines. Y jamás lo veréis, hombres prudentes. Más allá del fuego llameante de los astros, se encuentra la belleza, tan inefable como la música del vuelo de una bandada de aves. Pero vosotros jamás la veréis. Más lejos que los sueños de los más visionarios está la libertad. Mis labios moribundos se llevarán su nombre. Pero vosotros no veréis nada.


VIII Z


MÓNOLOGO DE LUIS HERNÁNDEZ CUANDO IBA CAMINANDO HACIA EL TREN QUE LO ARROLLÓ

Súbitamente hastiado del plato quebradizo, del peligro observo que he corrido como Tántalo tras su racimo de uvas He subido la tierra hasta los cielos y bajado los dioses a esta tierra hice defecar a las estatuas antiguas y metí en el Parnaso a las prostitutas que me apetecían Busqué la libertad en el hacer que sea lo que no es en el hacer que no sea lo que es Trazo mis líneas firmes como un niño las suyas y espejismos tantálicos me mueven Súbitamente hastiado de ser carne frágil las frágiles costillas de tratar de dejar el cigarrillo de cruzar por los pasos peatonales Súbitamente hastiado, con una carcajada camino en dirección contraria a la que indican las flechas de las leyes de los hombres Estoy hastiado y francamente hastiado de la mesura de las fronteras de la prudencia y de los límites Renuncio Enfrento la violencia con violencia, sin apartar la vista y por voluntad propia y no me haré a un lado si no me viene en gana Yo soy el poeta, el hombre a quien los dioses han condenado a la insatisfacción a morirse de vida y no de muerte.


MONÓLOGO DE MARILYN MONROE ANTES DE SUICIDARSE

Yo de nada me quejo: en este mundo jamás hubo una víctima: sólo existen culpables Yo no tengo miedo de la vida La vida no es aquel envejecer suburbano que pudo destinarme el dios de la rutina, las carnes flácidas bajo los delantales manchados de miseria cotidiana Yo no tengo miedo de la vida Y pienso en todos aquellos jóvenes vaqueros solitarios que partían heridos de muerte sobre el lomo de algún caballo fiel, asesinados por la humanidad, rumbo a un salvaje ocaso en technicolor La vida es aquel súbito desafío del alma que puede levantarse en cualquier noche incógnita, las bebidas azules en la luz estelar de las constelaciones de una ciudad maldita No ha de sobrevivirme ningún hombre: Yo seguiré riendo en la última luz de neón que se refleje sobre el líquido de la última copa que alguien levante y beba.


EPITAFIO PARA M.M.

Aquí yace un cadáver pecador Hermanos que pasáis ante esta tumba, no le arrojéis piedras Si dulce es la virtud, no lo es menos el vicio –y reparad en cuál conocéis más a fondo– Aquí yace un cuerpo bien bonito, comparsas, aunque no siempre tratado con el debido respeto; caderas anchas y blancas, cintura estrecha y flexible, fue grato a los espejos generosos Los mórbido perfumes de muchas madrugadas vean otros como él Nadie lo juzgue con severidad Aquí yace la carne en todo el esplendor de su miseria, aquí el cuerpo y el alma de ese cuerpo Los que creen que creen se dijeron qué triste, no supo arrepentirse de su vida hasta que fue ya demasiado tarde Pero nadie rezó en sus funerales, pues así lo pidió en su testamento –un sucio manuscrito, escrito en una letra abominable, dicho sea de paso– Ministros, presidentes, generales, señoras y señores, policías: Sabed lo que ella hizo cuando estaba partiendo de este mundo: Se echó un buen trago de pisco, poco antes de partir.


Z

Z, pintor de talento, ya no se dedicaba a la pintura sino a robar a inofensivos transeúntes Z, ladrón de talento, fue, sin embargo, hecho preso Cuando los alguaciles le dijeron: ”Pero ¿por qué tú, gran artista, nos obligas a ahorcarte?”, respondió. “Dadme sólo cinco años más de vida y entonces haré algo realmente grande” Respetuosos de esta increíble promesa de superar su obra precedente, se los dieron, mas volvió a las andadas Y, si bien no dibujó una línea, sus robos fueron tantos que volvieron a apresarlo “Nos engañaste, miserable”, le dijeron Y él volvió a suplicarles: “Dadme cinco años más y haré algo realmente grande” Pero el incorregible no hizo nada grande Ningún gran cuadro, ni siquiera un asalto de alguna envergadura Por tercera vez preso, ya en manos del verdugo, éste le dijo: “Necio no has hecho nada grande. Con mentiras, con tus falsas promesas, obtuviste diez años más de vida” “¿No fue, acaso, un gran robo?”, respondió el condenado.


IX ZONA DARK


FANTASMAS

Los vientos de esta tarde son eco de los vientos pasados, abanico deshecho de lamentos. Nosotros llenaremos estos aires de lumbre. Los fieles mayordomos –sus nombres olvidamos– comerán en la sombra el pan de servidumbre. Con respeto abnegado, oirán a sus amos reír. Hasta que llegue la roja madrugada, renacerán los cantos desterrados del tiempo y aquella antigua fiesta brillará en las ventanas. Como ayer brillará –¿recordáis?–, como ayer... Seremos las luciérnagas de la mansión ya oscura que naufraga encendida en el atardecer. Seremos viejas sombras de lo que fue la vida, canciones olvidadas en largas sepulturas, valsando en la memoria de la abuela dormida.


MAUSOLEO

No hay en estas fuentes una gota de agua, ni en las blancas venas de sangre una gota, sino fríos vapores de una helada fragua y mármol lunar de noches ignotas. Ríen las estatuas, noblemente lentas, en la subterránea noche de las grutas, y su aliento helado acaricia a tientas sus formas olímpicas de marmóreas frutas. Por entre los verdes, frívolos encajes, sonríen en silencio ángeles nocturnos. Versallescos danzan los lánguidos pajes, lejos del imperio fugaz de Saturno. En medio de pálidos torsos apolíneos se deslizan, tímidos, los espirituales, cadenciosos, mudos cisnes curvilíneos, y en estas regiones no hay otros mortales. Ellos en las grutas secretas, veloces, se deslizan cuando, como la memoria de un perfume antiguo, sienten la nostalgia del reino olvidado de los viejos dioses.


MUSEO DE CERA

En su inmóvil escena incorrupto, el pasado queda, a cada segundo, helado, a nuestra espalda. Transeúntes, sembramos de pasos olvidados y pétreos el camino, sin volver la mirada hacia atrás. Permanece, a veces, una imagen del pretérito inmóvil presa en nuestra memoria y palidece a cada paso del largo viaje, mas tiñe con su luz de leyenda la historia y se hace más real, y es más atesorada, y en las ausentes brumas de su vida nostálgica guarda para nosotros su mustia edad dorada, refugio del presente, dulcísima nepenta. Pero este paraíso de la melancolía encubre una nocturna mascarada violenta que el olvido a una muerte silenciosa confía, mas que, en su rebelión, a veces se presenta en oscuros rincones que los ojos rehúyen: desaparecer no quiere de nuestras mentes y por eso sus voces en las tinieblas bullen y atraviesan las sombras sus facciones dementes. Pues, si el hecho incorrupto se perdió en el pasado, guardamos su recuerdo, su imagen pervertida, una estatua de cera que el tiempo ha deformado y que un triste museo puebla con nueva vida. Un siniestro museo de miedo y de amargura, dédalo de recuerdos que a la bondad asombra, de la vasta memoria la parte más oscura, la que guarda poderes furtivos en la sombra: un monstruo –de venganza o de arrepentimiento–, un trémulo verdugo, negro y ensangrentado, que arrastra hasta el presente palabras y lamentos, fantasmas –como él– de voces del pasado,


y negros pedestales con estatuas grotescas cuyos murmullos llenan los largos corredores y guĂ­an al viajero, con sus muecas burlescas, por entre el laberinto de sus viejos temores, y, en el patio central de todos los misterios, entre las moribundas luces de la agonĂ­a de los astros de un cielo donde siempre atardece, ampara la penumbra, esa noche del dĂ­a, los monstruos que soĂąamos de noche tantas veces.


EL ESPECTRO

En la búsqueda austera de tu enorme ideal consumido, a la tierra volverás la mirada y buscarás la vida en tu cuerpo animal, y el placer buscarás, y no encontrarás nada. “¡Quiero enterrar mi alma en mi cuerpo mortal para que sea una con mi carnalidad, para que en cada hueso mi vida espiritual aliente la pureza de la bestialidad!” Quizá, temblando de odio y de arrepentimiento, de malsanos grimorios alzarás una hoguera y, entre el imaginario fuego del pensamiento, esperarás –¡iluso!– que tu espíritu muera. O bien, con un estruendo grotesco de corneta, lanzarás, por un tubo de ignorado calibre, una bala a tu sien, ¡oh gélido poeta!, y por unos segundos te habrás soñado libre. “¡Ah, no tener ideas, y tener esta caja de mi mente vacía de toda perversión, y que mi cuerpo sea de mi alma la mortaja, y ser un animal...!” Efímera ilusión: más allá de la tumba, te seguirán las voces de tu alma, y en la noche no temerán sonar cuando vuelvas al mundo en los vientos veloces, porque aunque de ti mismo pudieras escapar no lo harás de los altos designios de los dioses: lo que hay en ti de eterno, no lo podrás matar.


DESPERTAR

Ni todos los augures ni todos los oráculos hubieran separado sus pasos de los pasos cuyas huellas el suelo marcaban como hitos. “Padre –le preguntó–, ¿por qué esta madrugada está inmóvil el sol, y por qué el cielo ruge como las aguas más hondas del océano?” ¡Del Reino de las Sombras, los éteres malditos y su padre habían ido a mostrarle la senda! “¿Por qué no tenéis voz, ni sombra, ni mirada de ojos humanos en vuestras turbias cuencas?” ¡Ay! Ebrio por el sueño, no recordaba el hijo que había muerto el padre en antigua batalla. “Pues me ceñís mi espada, ¿a dónde he de marchar?” ¡Para marchar al Reino Sin Nombre despertaba, para en las tristes Huestes Invisibles formar! En silencio el guerrero abrazó a su hijo, y luego le dio la espalda y, hacia el horizonte, inmóviles las plumas del yelmo, empezó a andar. “¡Padre! ¿No os detendréis? Me asustan vuestras huellas y el camino que trazan bajo este cielo horrible”. Ni todos los augures ni todos los oráculos hubieran separado sus pasos de los pasos de su padre, que, oscuros, perdíanse en la nada. En silencio marcharon a formar en las filas de las huestes sin nombre, sin sombra ni mirada.


¿QUIÉNES SON ESTAS FIERAS?

Anoche tuve un sueño: vi, sobre el firmamento, más allá de los astros del hombre conocidos, cuatro grandes esferas inmóviles y extrañas, cuatro grandes planetas, quietos entre las brumas, las tinieblas incógnitas del espacio infinito. Y supe que la tierra estaba muy abajo, muy lejos de esta noche, y pensé –qué blasfemia– que Tu Reino, Señor, en los terrenos cielos, también estaba abajo, ignorante de todo cuanto yo contemplaba. Y vi, después, los cuatro tronos gigantes de oscuro ébano, labrados con siniestras alegorías, construidos por el hombre –me lo dijo una burlona voz desconocida–. Y supe –no sé cómo– que los había hecho para hombres gigantes, para sus cuatro dioses, ¡pero no había nadie sentado en ellos! Y me dijo la voz –era un susurro furtivo, mas sonaba con oscura potencia– que el hombre había soñado la imagen de los dioses erguida como él, como él humana, y que no vio jamás los reinos estelares donde moran los dioses que su sino musitan. Entonces pregunté: “Y ¿dónde están los dioses? Veo sus tronos, mas no hay nadie en ellos”. Me contestó la voz que estaban ante mí. Mas no sentí temor por la presencia de las cuatro deidades nunca vistas, pues, aunque me esforzaba, “Yo nada veo más que cuatro tronos vacíos” –insistí. Y fue la respuesta: “¡Mira bien!”. Y, entonces, tuve miedo, porque las proporciones descomunales de los asientos, brazos y respaldos a nadie contenían, pero, entre las sombras de cada grupo de cuatro patas, yacía el cuerpo palpitante de una gran bestia agazapada, de un monstruo de facciones torcidas por la ira, de colmillos sangrientos y de ojos demenciales como abismos helados de embalsamada furia. Lentos eran sus gestos y lenta su mirada:


movíanse en un tiempo diferente del nuestro y sus ojos más lejos que los nuestros llegaban (adiviné que ningún horizonte a sus miradas cortaba el camino). Pregunté con horror: “¿Quiénes son estas fieras? ¿Serán, quizá, demonios, y éste un cósmico infierno?” Pero la oscura voz lanzó una carcajada. Le dije: “¡No hagas ruido! ¿Pretendes descubrirme?” Y esta fue su respuesta: “Ellos siempre han sabido que ahora los contemplas: en la Divina Lengua, eternamente sueñan los hechos de los hombres, que, dormidos, musitan”. “Es una pesadilla blasfema –dije yo–. ¿Un sueño irracional, el hombre, de estas bestias?” Y contemplé de nuevo a los dioses gigantes, cuya deformidad les impedía sentarse en los tronos alzados para Su Dignidad, bajo los que arrastraban Sus Carnes Monstruosas mientras, de entre sus bocas horribles como abismos, surgía, cacofónico, un sordo chapoteo de entonación imbécil y lento por el sueño. Y resonó de nuevo la infame carcajada, y la burlona voz gritó teatralmente: “¡Contempla, criatura por los dioses soñada, a las Cuatro Grotescas Bestias Omnipresentes!”


PÚRPURA, AZUL, VIOLETA, NEGRO

Violeta que en tus vidrios de licor venenoso almacenas secretos puros y sorprendentes: húndeme en lo profundo del reino misterioso que arde, en esta botella, frío e incandescente; azul que de los cielos diurnos nada evocas, azul artificial, luz del templo sagrado que, en lo hondo de la noche gigante de las bocas de los ídolos, cuelgas astros innominados; turbio lujo sangriento, púrpura indolente, viejo lugar común de cándidos salones, perverso terciopelo de mi alma decadente; y tú, deidad que amparas todas las ilusiones, de la imaginación la hora omnipresente, sé favorable y deja que, en las constelaciones, tus tres acompañantes enciendan nuevas luces. Vete, amarillo innoble que todo lo desnudas; atrás, verde radiante de salud insolente; atrás, reveladora luz de estridencias mudas; fuera, turba, canalla: que sólo los mejores fuegos en esta noche la oscuridad penetren, para que cante el coro de los cuatro colores.


REY SUBTERRÁNEO

Hastiado, pero enfermo de insatisfacción, habita el solitario un corazón helado y en medio de las sombras de su honda habitación aletea un fantasma incógnito y velado. Alguna vez sonaron, en este antro malsano, otras voces más claras, alegres y robustas que la voz del espectro, pero, tenaz gusano, las royó su palabra fantástica y augusta. Y a este desierto frígido nunca regresarán, y sólo el condenado habitará, recluso, esta oscura y fatal región de la que incluso aquellos que merecen su desprecio se van. Pero en estos sombríos espacios desolados la voz escucha cada vez más el visionario, la voz reveladora del espíritu alado, del Gran Rey Subterráneo la voz misteriosa, la voz que en esta celda alzará su santuario cuando emerja triunfal, perversa, poderosa.


HERMANO LOBO

El flamígero espectro, en su negra armadura, devora de los aires el boscaje lunar, y se yergue en sus fauces la sagrada locura que los rezos del santo no supieron callar. Es el solo y sombrío, del que huyen las manadas, el que arde, fuego helado, en queda incandescencia, el que enciende en las brumas sus purpúreas Miradas como estrellas corruptas y ya sin inocencia. Como estrellas caídas, condenadas al mal, en el caos primigenio de esta noche olvidada, por el pecado místico de su orgullo bestial. Y su feroz carrera es etrerna y no alcanza la roja libertad, la tierra iluminada, el confín de la noche, que brilla en lontananza.


ADVENIAT

Recuerden los ilusos que han olvidado ya las batallas ganadas, las batallas perdidas, y del buen Dios esperan la victoria final y en Sus Manos seniles encomiendan sus vidas, recuerden, digo, al hijo verdadero del Padre, al hijo de la luz y de la perfección, cuando cumplan las órdenes y las leyes acaten y acallen su consciencia gimiendo una oración. Recuerden la partida y teman el regreso cuando se alcen los sones de la macabra danza, cuando las sombras llenen los aires con su peso; recuerden la caída, y teman la venganza. Recuerden la caída, y teman la venganza: ahora que el vapor se eleva de la tierra como el negro resuello de un gigante que avanza y en nuestros corazones se ha encendido la guerra, como un día monstruoso que nace del ocaso, como un amanecer rojo en el occidente, invicto el Gran Rebelde de todos los fracasos, el flamígero apóstol, el apóstol ardiente, el gran superviviente de todos los naufragios, sangriento como un hombre, como un dios inclemente, con las pupilas rojas como rojos presagios, del fondo de la noche surgirá refulgente.


5 MINUTOS DE INTERMEDIO POR DISPOSICIÓN MUNICIPAL

“Si el show no te divierte o mi música es demasiado fuerte para tus oídos, es que eres demasiado viejo” Ted Nugent

ARS POËTICA

La poesía debe ser como el amor, asunto raro de bichos raros de largos dedos sensitivos La poesía debe ser como el amor, refinada y violenta y que haga daño y muerda sin llegar a romperse ni a romper Pero a veces la poesía debe llegar más lejos que el amor y más lejos que todo Y romper cosas

PROHIBIDO FUMAR EN LA SALA


X LO QUE NO SE DIJO


POEMA

Tenía tanto hambre como tres campesinos en la víspera de la fiesta de la papa Y comí con una velocidad malsana, sintiéndome los ojos enormes como platos y retrocediendo de pronto a un miedo arcaico, a un pasado salvaje en el que era preciso devorar en secreto la presa, antes de que otros depredadores olfatearan su sangre Con el corazón todavía acelerado, bebí tres largos tragos de pisco, en busca de paz Y enseguida, con la ayuda de otros tantos cigarrillos, pude recuperar un cierto nivel de civilización Entonces comprendí que el calor del cuerpo es el calor del alma que el hambre del cuerpo es el hambre del alma y que cuando a un hombre se le priva del pan, no se le priva solamente del pan


VENDETTA

Hace un culo de años que nos deben una, no tanto quizá Pizarro –del que puede que tengamos, a fin de cuentas, algo, quizá la furia pronta del que está acostumbrado a desenvainar la espada por un quítame estas pajas– cuanto el curita Valverde, bicho inmundo que suponemos gordo, ptolomeico y rijoso Un día todos juntos mataremos a Pizarro Y, en cuanto al curita, pasaremos de largo sin mirarlo, cubriendo su sotana con escupitajos de coca y de desprecio a nuestro paso.


LO QUE NO SE DIJO

Como Ucchu Pedro me bautizaron todos: me gustaban los frutos violentos de la altura Yo, el lugarteniente de Atusparia, no me rendí jamás Fui solo fui leproso fui mendigo y no les quedó nada de lo cual despojarme Nada sino mi aliento / En el umbral del fin, me burlé de la vida que ellos me arrebataban, de un mundo que no quise ni pedí como era cholos sufridos para el trabajo cholos buenos para el hambre cholos sufridos para las cárceles cholos buenos para la masacre cholos buenos para la muerte Los verdugos cortaron la cabeza de Túpac Amaru, heredero del Imperio La clavaron en una pica para que todos pudieran verla y cada día se hizo más hermosa Entonces la enterraron bajo la tierra oscura Ellos tuvieron miedo porque era un rostro de príncipe


CONTRA LOS MOVIMIENTOS

Movimiento Comunista: Movimiento Feminista: Movimiento Obrero: No me interesan los movimientos de ninguna clase Los movimientos de cualquier clase me producen una repulsi贸n infinita S贸lo me importa la materia inerte que nos espera como una l谩pida al final del futuro


DIARIAMENTE...

Diariamente expío mi culpa de existir limpiando pisos hasta extinguir mi vida Diariamente pago con dolor los placeres y el dolor con dolor Aquí nadie me mira –por desprecio los más, los menos por vergüenza– Sé que tengo derecho a existir sin dar cuentas a nadie, tanto como los perros que corren sobre el bien cuidado pasto que no debo pisar (como si los señores de esta casa y todos los señores fueran dueños del pasto, como si para ellos y sólo para ellos amaneciera el sol, diera la tierra frutos) Sé que también por mí las flores se hacen carne y mi sed es tan grande como la de cualquiera Sé que también por mí sale el sol cada día y su calor me alumbra tanto como a los otros Me ordenó la señora esta mañana sírvenos la comida Yo nada respondí sólo quedé mirándola en silencio Y pude oler su miedo Me ordenó la señora sírvenos la comida después come la tuya Me ordenó vive muévete come respira duerme Yo nada respondí pero empecé a quitarme el uniforme Adiviné mi voz en mi garganta alta y potente como jamás la tuve –yo, que nunca he reído fuertemente– Y no tuve vergüenza de mi cuerpo desnudo Salí a la calle sin llevarme nada, abandonando todo como un lastre

Ya no obedeceré órdenes de nadie


ESTA ALEGRE NOCHE DEL APOCALIPSIS

Cantamos al advenimiento del nuevo mundo. Nuestra música es triste, como el Apocalipsis, y grandiosa. En las tinieblas inhóspitas de la noche, hemos construido enormes fantasmas de acero y cemento, y los hemos poblado con una nueva raza de seres solitarios. Traemos con nosotros notas musicales jamás antes oídas, humaredas azules y rojas para envolver nuestros cuerpos en la noche, luces en las cuencas de nuestros ojos. Esta noche se derrumba la vieja civilización entre los fuegos artificiales. Esta alegre noche del Apocalipsis, no traemos con nosotros viejos códigos éticos, no traemos con nosotros ideales ni esperanzas: somos la generación del fin del mundo.


XI DE NOSOTROS DECID


EN LIMA

En Lima no existen los perros anónimos Todos sabemos sus nombres, sus caras y sus sonrisas Los locos son nuestros camaradas den las calles de Lima Caminan a nuestro lado, y hombro con hombro, y diente con diente En Lima hay un callado policía en cada esquina y nadie sabe lo que alberga en su negro corazón secreto En Lima muchos sabemos que las cosas también se mueren, que se extingue humildemente su pobre vida servil de cosas En Lima todos sabemos que otros van a morirse mucho antes que nosotros, y que con sus ojos en los nuestros nos dirán: “Hasta nunca” En Lima los gallos cantan demasiado temprano, y bajo las veredas hay ocultas sábanas heladas como la noche de los hermosos cuerpos solitarios y las nubes son cúpulas de mármol en el horizonte de los días de invierno En Lima todos sabemos del sonido preciso del rechinar de dientes, y hemos nacido cobardes hasta la médula de los huesos En Lima los microbuses llegan siempre cuando ya es tarde y traen historias de fracasos en cada letra de su recorrido y nosotros nos sentamos para olvidar los paraderos y meditamos en silencio y sin mirarnos a la cara, porque en Lima cada uno es poeta, y baila con su sombra como única pareja, y prepara en secreto su voz de medianoche


LOS RELOJES SE HAN ROTO

En estos días de paro armado y carestía, días de microbuses atropellados y de comensales engullidos, cuando hay tanta cerveza por beber, en estos días, digo, en estos días, la sangre y la cerveza derramadas se suben a la frente con más sed En estos días en los que la muerte es un adorno más para la vida, las horas del futuro se han venido al presente; los relojes se han roto, o se los han robado


CUIDADO

Afuera el canto del gallo enciende la madrugada como un río de sangre de neón encabritado Afuera la oscura atmósfera se sobresalta se agita hendida por el silbido simultáneo de las fábricas rasgado agudamente su tejido / por los primeros ómnibus del día convulso su silencio trasnochado / por los potentes gritos de las aves Afuera los perrosparias enderezan su osamenta mirando los muladares siendo pateados sus huesos por matronas putrefactas que a toda costa defienden su kioskito, sus mesitas, su espeso hedor prerezoso de pescado corrupto refrito en grasa rancia, alegre desayuno de estómagos paupérrimos También yo he despertado para siempre, después de un sueño revelador, señores míos, con los ojos tan abiertos que ya nunca podré cerrarlos con los cabellos tan erizados como el lomo de un gato enfurecido con los senos erguidísimos como cúpulas-estandartes con la hipertensión necesaria para enfrentar 70 inviernos juntos Aspiro la verdad que ha horadado mi frente la bebo a grandes tragos Huid de mí los que vivís en el engaño de las paredes protectoras cubiertas con bellos cuadros de las palabras rimbombantes sin consecuencias peligrosas Cuidado ahora me revuelvo contra todos vosotros contra el


oprobio y la vergüenza de ser como vosotros con los dientes famélicos del perro muerdo la gruesa pierna que lo ultraja Cuidado ahora me levanto, apartando las sábanas; con mi cuerpo blanquísimo y desnudo rompiendo la penumbra de mi cuarto cerrado con tres llaves, Voy a abrir las ventanas y las puertas Voy a abrir las ventanas y las puertas


LOS QUE VAN A LA GUERRA

Los que van a la guerra y los que no se van la llevan por igual dentro de sí, agitando cruelmente su cerebro Frente a la Plaza San Martín, los arcos contra los que apoyo mi costado y fumo y La mano izquierda a la mano izquierda son fugaces como el atardecer Ni siquiera el alcohol triunfa del tiempo Él remueve las ciénagas, más bien, él las remueve, en la decadencia de los mármoles íntimos Él dibuja blasfemias en los cielos, él, tremendo, blasfema de la vida Vamos a morir todos, camaradas


DE NOSOTROS DECID

Vosotros que vendréis más tarde que nosotros para sabernos bárbaros y antiguos, historiadores del futuro, de nosotros decid que fuimos habitantes de un mundo prehumano, semidivino, semibestial, precario, fértil en aciertos, fértil en errores Que habitamos un país en el que las hogueras dibujaban en los cerros nocturnos el rojo resplandor de hoces y martillos Que venimos de un tiempo de tabernas y de airadas consignas vociferadas bajo los rochabuses Decid que nuestros perros eran largos y tristes y caníbales Que en la medianoche de la Plaza de Armas el Hambre conversaba con Pizarro Que la Peste nos recibió en su lecho y que nos brindó asilo y fuimos como hermanos Que bebíamos con la Muerte y con la Guerra en una misma mesa y reíamos juntos Que hacíamos poemas y escupíamos de lado que estábamos tuberculosos y que nos odiábamos los unos a los otros Que traicionamos y que nos traicionaron que nos señalamos con el dedo y que el cielo en octubre era morado y rojo Que alzábamos la voz para increparnos que nos asesinamos y nos reprodujimos y que muchos murieron y no se dieron cuenta


XII ORACIÓN


AH

Ah qué triste destino este de ser sólo media naranja y media tinta, y no poder llegar ni al bien ni al mal por senda alguna y tener siempre listos los principios para cualquier traición Nuestro es el purgatorio, como nuestros son la duda, el escándalo, la farsa El error es patrimonio de los hombres, ajenos como son al absoluto de la razón y de la sinrazón El purgatorio es de los hombres Todos los perros se van al cielo Todos los gatos, al infierno


NADA

Sir Walter Scott era un habitante de sombríos interiores castellanos, amplios espacios lácteos cuyo negror hería las gargantas A veces caminaba, destocado en el viento, sobre su árida tierra –grandes perros que ladran al crepúsculo– Edgar Poe era un odio que murió con el mundo; sabía de lo alto, porque había caído, y también de lo bajo, de aquello que conforma la muerte y hace el acabamiento –colmillo rojo, señal de la desgracia– Llegan a mí sus llantos, sus vergüenzas, el gran canto final de sus errores Les oigo arrepentirse de sus vidas, retorcerse las manos en la tumba Ah, sólo error, y nada más que error, sólo error para el hombre y cada hombre ¡Y si acaso surgiera, al cabo de los tiempos, una pálida flor de certidumbre para todos nosotros, sólo una! Pero nada


CANGREJOS EN LA COCINA

Lejanas están ya las altas aguas límpidas, hermanos, pero hemos aprendido que es preciso ocultar –qué salobre es el nuestro– el hedor de la agonía, que la muerte es algo solitario, pero no privado. Mis hermanos, con tantos ojos clavados en los nuestros, por oscuros caminos que nunca han de encontrarse, ¿hacia dónde marchamos?, y ¿qué somos sobre esta sucia mesa? Basura abominablemente dotada de vida, miseria que se arrastra hacia la muerte entre risueñas curiosidades y ascos (el público conoce nuestro tiempo) Lejanas están ya las verdes rocas


CULPA

A ti, oh Artemisa, a la nocturna diosa cuyo templo está en Éfesos, a cuyos pies vivió Heráclito, el indigente rey, te invoco para que nos guíes pese a todo, en medio de nuestros conturbados cerebros, y así dejemos de hacernos el mal los unos a los otros, de buscar el placer del dolor, que se castiga con el remordimiento Porque el dolor ajeno, oh amiga, yo te digo que es más grande que el propio, y es terrible pasar de pie y en vela toda la vieja noche contando las baldosas, royéndonos el hígado –“Perdón, perdón” –y no hay perdón que valga ni un ápice de infierno, pues el pasado es uno e irreversible, ni una sola gota de culpa –“Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón”


EPITAFIO PARA SAN JOSÉ

Yo fui el desdentado José, José el callado, el buen hombre, el pobre hombre, el leal servidor que llevó la miseria de su vida grosera a la oscura trastienda humana de tu dios Yo fui San José, el pobre carpintero, tonto y simple como pocos Con los callos de mi humilde oficio, nunca tuve una bella figura Alguna vez mi cara, negra y sucia tras la dura jornada de trabajo, hizo reír a Jesús, y yo gesticulaba grotescamente para complacerle Yo fui San José, el que llevó hasta Egipto a Jesús y a la Virgen (sobre mi negra mula) A pie trotaba, con un bulto en mi espalda, viejo y consumido, más feo que nunca Yo fui el buen José, el callado, el oscuro, el que guisó papillas, el que lavó pañales, el que blandió el martillo y se ensució las manos y no tuvo en la tierra un día de descanso Yo fui el desdentado José, José el callado, el buen hombre, el pobre hombre, el leal servidor que llevó la miseria de su vida grosera a la oscura trastienda humana de tu dios.


ORACIÓN

Señor, sé generoso con mis hijos durante su estancia en este mundo terreno, porque todos ellos son epilépticos y horrendamente sufren cada día Señor, ten piedad de mis hijos durante su estancia en este mundo terreno, y que la Muerte les sea luminosa como el despertar de un foco de 100 vatios, porque todos ellos son negros perros sucios y tristemente ven pasar sus días Señor, Señor, ten piedad de mis hijos durante su tránsito por este fugaz mundo, y que la Muerte sea para ellos dulce como el más dulce nacimiento, dulce como el beso de los sueños, dulce como Tu Reino


LOS NAHUA

Los nahua no quieren tomar cerveza Los nahua no quieren cortar madera Los nahua no quieren ganar dinero Ellos van desnudos por entre los montes, sonrientes y fieros igual que horizontes No tienen sillones ni televisores Los nahua no quieren ganar dinero: poseen un oro imperecedero –ese que es de todos, el que está en los cielos–.


XIII VINO ROJO


VINO ROJO (RADIONOVELA MUDA PARA MECANÓGRAFAS BEBEDORAS DE AJENJO –si bien es cierto que el ajenjo no es rojo, sino... ETC.–)

CAPÍTULO PRIMERO Un carro ilumina el parque de madrugada frío y alegre como su hora callada (MÚSICA: OMD, “ELECTRICITY”) Un hombre sale al aire de la noche Lleva la mente erguida la cara despejada la mano en el bolsillo PLACE COMERCIAL HERE Jamás conocerás el amor simple de los seres felices si abres demasiado el apetito de los lobos urbanos que depredan por las noches las negras calles del cosmos Y tu corazón se hará pequeño y duro como un ojo (MÚSICA: HARRISON, “POOR LITTLE GIRL”) Pero aprenderás a reír con una risa fácil y a guardar tu secreto para la soledad de tus enaguas Aprenderás CAPÍTULO FINAL a guardar tu secreto y a reír con risa cínica de mujer malvada (MÚSICA: ALEXANDER DE LARGE & BILLYBOY) SU MORALEJA JÓVENES A las mujeres feas o corrientes no se las ama sino lenta y verdaderamente, y son en eso tan afortunadas Las otras son las desdichadas, esas pálidas otras que despiertan pasiones súbitas, irreflexivas, condenadas


a las tinieblas de la inmoralidad ONDAS SONORAS MÁS ONDAS SONORAS ¡DECIBELIOS! ¡QUIERO MÁS DECIBELIOS! ¡SIEMPRE MÁS! ¡SIEMPRE MÁS! HASTA APAGAR EL ALMA –Todos tenemos MÚSICA, MAESTRO –Todos tenemos algún enorme error en nuestras vidas El mío ha sido anoche (–¿y el tuyo?–) VINO ROJO, VINO ROJO, ALIMENTA A ESTE CUERPO ENTRISTECIDO, NUNCA LO DEJES SOLO


PORTRAIT OF THE ARTIST AS A YOUNG POUND

Me sorprende que me comparen tanto con Ezra Pound últimamente En verdad no conozco a ese sujeto ni he leído una sola línea suya No sé quién era este tal Ezra Pound pero sospecho que era mal encarado, viejo, de áspera barba, cáustico, feo, sardónico, bilioso No comprendo por qué me comparan con él No sé si se han dado cuenta, señores, de que yo soy una joven-mujer-muy-atractiva I’m a soft, sweet child Una criaturita Y no ese viejo al que imagino que encontraban, borracho, durmiendo en alguna escalera envuelto en un mugroso abrigo verde-hormiga Supongo que era tosco y mal encarado y que no hubiera sabido tratarme Ni siquiera hubiera sabido, supongo, abrirme la puerta del coche cuando fuera necesario Supongo que no habría sabido cómo apartar la silla para que yo me siente ni cómo cederme el paso ni cómo contestarme Supongo que nos habríamos divertido enormemente


MANIFIESTO DEL BUEN SALVAJE

Nunca entendí el sentido del término comfort ni tampoco comprendo el valor del dinero Y no digo esto por vanagloriarme (pues sería muy torpe querer impresionar con un lugar común que casi siempre es falso) En mi casa la gente duerme hasta bien entrada la mañana come abundantemente y nunca tiene frío, Pero cuando debo ir a la oficina no me importa dejar el lecho en la penumbra ni tampoco comer precariamente en cualquier cafetería en decadencia Ni tampoco me importa la inclemencia del frío San Felipe, donde todos los vientos confluyen: Me gusta el soplo helado que enciende mis cabellos me gusta la terraza donde suelo sentarme aunque el viento se lleve todas las servilletas y pierda veinte fósforos en cada cigarrillo –y, cuando cae la noche sobre las altas torres de ventanas flamígeras, ver las constelaciones de la electricidad– Más que el blando sillón que está al abrigo de los elementos, me complacen el duro banco del parque solitario, el escalón austero, el piso indiferente, el desnudo contacto con grandes fuerzas cósmicas. No me gusta aceptar licor y chocolates de manos de un cordial anfitrión satisfecho y el calor del hogar me hastía y me sofoca. Mi existencia es discreta y depravada, y prefiero el olor vivificante y tenue de la sangre, la roja carne cruda devorada en el silencio, a solas, en secreto, en cualquier rincón de la noche.


BRINDIS

Conozco las siniestras consecuencias de secar el vaso y dejarlo, bocabajo y desafiante, sobre la mesa Conozco bien la forma de encender una hoguera, aunque ya no tan bien la de apagarla, y reconozco al padre por su padre, al amo por su amo, al perro por su perro Conozco la oscuridad de Heráclito tanto como la luz del Agatón y algo mejor al buen viejo Aristóteles, aunque también, y no menos que a éste, algunas de las absurdas contingencias del imperfecto mundo sublunar Conozco que el pollo no se come con las manos, y por eso lo hago cuando me viene en gana Conozco formas fáciles de ganar buen dinero, aunque no suelo ponerlas en práctica Y conozco la forma de viajar del estribo del microbús sin romperme los brazos Conozco el zumbido de los abejorros y el de las verdes moscas cantáridas y las virtudes de éstas bien molidas Conozco la Biblia, y, en el sentido bíblico, a más de uno, y a más de dos también Conozco a la Muerte, quien sacudió mi cuerpo más de una vez con su hermana la Fiebre Y también que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos Habiendo llegado a mi año vigésimo con toda esta ciencia y un puñado de poemas y sin nada parecido a un billete de diez dólares,


disfuncional por definición a todo sistema habido o por haber, brindo por la miseria, que me acogerá en sus filas cuando se hayan acabado todos los subterfugios, el dinero de los padres y la paciencia de los rectores y vicerrectores y se descubra que fui una enorme trampa –un ser superfluo, que en nada contribuye a que las cosas sean lo que son–.


LOVE STORY

Es un hecho que no pienso suicidarme por más que sea elegante y de buen tono Y no porque odie demasiado a la Muerte, sino porque amo demasiado a la Vida Ustedes saben, a todos sus momentos y a sus elementos primordiales A sus cafecitos a sus whiskycitos a sus cigarritos Al Enorme Seno Que Destila Veneno: –Madre Tierra–


BARRANCO BLUES

Supongo que los micros aún no salen de sus incógnitas guaridas donde duermen el sueño de las bestias de acero y que ya está en mi paradero el consabido niño vendedor de tamales mucho antes de que sus primeros compradores remotamente piensen en desayunar La ciudad de madrugada es ajada cuarentona que, tras el fugaz esplendor (exagero, por cierto, al decir esplendor) de la noche, se mira en el espejo las ojeras En nada me distingo de la masa que suelo despreciar (y me pregunto por qué Agustín de Hipona, y no yo, fue elegido para la trascendencia –en fin, todo esto es ridículo–) Se adivina que nace hoy un día sin ganas, un día irreverente como un escupitajo, y yo tenso mis músculos y huyo sin hacer ruido Salgo en silencio del cadáver de tu casa cierro la puerta a mis espaldas me pongo los zapatos en la calle desierta Regresaré a los textos que debo corregir a cambio de un puñado de billetes, a mi oscura y vacía biblioteca y al amor fastidioso de mi perro Mi negro perro de sombrío aliento El mundo es una mierda y eso nadie lo ignora (misma letra de tango esta huevada) Ostentar no pretendo con orgullo unos labios negados al placer ni un alma pura ni siquiera elevados sentimientos lo único que tengo es un exhausto cuerpo terreno y el dolor de cabeza más negro del planeta Enciendo un cigarrillo –es un placer frugal y democrático, propio de nuestra época, ajena a las pasiones excesivas– La palabra poeta suena como un insulto en mis orejas blasfemas Yo reniego de mi vinculación con ella


XIV COLLAGE


HAITÍ, 4PM, 26ºC

Ahora, en mis neuronas relajadas, en tus ideas tontas e ingeniosas, en el feliz hastío de tenerte a mi lado mientras el café humea su languidez malsana y el tabaco premia mi largo cansancio Ahora que para ti esbozo estos gestos y antes de que mis garras tensas bajo la mesa y antes de que las rayas de mi frente anuncien su deseo peligroso de la liberadora soledad antes de que aparezca en mi nuca el relámpago y con él la palabra altisonante la idea excesiva el gesto brusco etc. Ahora que no desentono todavía con la banalidad deliberada de esta tarde banal en el gran Miraflores indolente Y antes de que despierte sobre el fondo de nuestra semejanza pasajera la horrible diferencia / el nigérrimo abismo / la maldición babélica


O COMO MIERDA SE LLAME

A veces me gustarĂ­a ser una buena muchacha, bonachona, campechana, gorda, capaz de sentarme bajo el sol en mi piel rica en melanina, en calor y en color Tomar una gaseosa provinciana cuidando de no manchar con nada mi ancha falda Tener un corazĂłn enorme y puro como el de un caballo Lavar la ropa de todos con mis ĂĄsperas manos O, si no, ser alguna de aquellas mujercitas siempre sentaditas, inclinaditas sobre su tejido, y haciendo punto, calceta, o como mierda se llame.


GATO MÍO

y: GATO MÍO NO TE DUERMAS SOBRE TUS LAURELES es VerdAd qUe eRes bEllo en el efímero presente QuE goZamOs mas los años y la carne pueden crear un cuerpo impropio bajo tu piel oro y marfil pues todos caminamos irremisiblemente hacia la fealdad por más que prodiguemos cuidados y cuidados a estos sutiles cuerpos –las turbias glicerinas los besos los jabones–


XV NOCTURNOS


Clara en la noche, en torno de la tierra errante, luz de otra parte. ParmĂŠnides.


ANOCHE

Anoche escuché la cabalgata de los cuatro viejos jinetes Pasaron por mi ciudad y ante mis puertas, entre recuerdos de botellas rotas con estrépito y mesas derribadas sin arrepentimiento Escuché la siniestra cabalgata de los cuatro jinetes solitarios El uno con la faz ensangrentada y la sonrisa eterna en su faz paralítica, el otro recubierto de pústulas y llagas, el tercero pequeño como un niño sediento ante el seno reseco de una gran madre muerta, el último y más grande vestido de escarlata, enarbolando antorchas, estandartes y gritos Oí sus carcajadas profundas en los tiempos sobre toda la tierrra Tomé a mi niña, la que me acompañaba en el silencio de mi negra casa; la tomé de la mano y la llevé conmigo Pese a que la sabía penetrada por numerosos dardos, la tomé de la mano y la llevé hasta la más recóndita de mis habitaciones En sus ojos vi el fuego que hay en los que no mueren Sus cabellos revueltos eran los del demonio


NOSOTROS LOS HEDONISTAS

Nosotros los hedonistas deambulamos por esta vida mísera y compleja mientras los demás transeúntes nos reconocen por la inocultable sed de nuestros labios y disfrazan su envidia con desprecio Somos los nacidos para el goce de día vegetamos impacientes aguardando las sombras de la noche Somos perfectas bestias, animales ajenos a toda ley, cultura o civilización Somos perfectas bestias cuando corremos contra el viento sin brújula y sin meta con la vida en las piernas, por el puro placer de enviar al destierro las ideas –(¿te acuerdas?)– Somos perfectos salvajes cuando hallamos el valor de una incógnita dentro de una ecuación de tercer grado o una tautología por diagramas semánticos con el placer total de enviar al destierro a todas las polillas del cerebro Nosotros los hedonistas masticamos igual que un chicle globo el sangrante esplendor del rojo sangre Somos tan sólo tacto o músculo tan sólo o tan sólo neurona enceguecida enviando al destierro los presagios Somos por esencia caballos no domésticos de fuertes muslos y crines encendidas, animales nacidos para la velocidad, ajenos al pasado y ajenos al presente Somos como los indios, desnudos en la nieve, silenciosos o hablando en una lengua eólica.


CIENCIA

Gato negro yo te amo porque tus negras pieles son sólo de mis ojos cuando me das la espalda Y porque tu deseo me pertenece cuando a ti te ciega Y porque no sospechas que el menor de tus gestos inocentes lo sé antes de que surja de tu cuerpo bajo la frialdad de mi visión científica Entre los animales de mi laboratorio tú eres el que no teme mi silencio Tú reptas hacia mí sin desconfianza impulsado por una sutil fraternidad porque presientes que como tú poseo un oleaje recóndito de efervescente sangre


EL TONO AZUL DE TU BLUE-JEAN

El tono azul de tu blue-jean me hace soñar El tono azul de tu blue-jean es más azul al atardecer Es un tono azul tan puro y calmo como el más ancho de los horizontes Es un tono azul tan frío y claro como los cielos de la primera creación Es un tono azul tan celoso de sí mismo como un secreto de los dioses


CONFESIÓN DEL VAMPIRO

Bien sé que desde hace un tiempo vengo incumpliendo mis deberes Que no hice lo debido en el lugar preciso en su momento Deberías saber, ello no obstante, que el reproche congela mi vergüenza en un bloque que puedo tirar a la basura Y, aunque a mi pesar, te miro con la voz enronquecida te miro desde un alma recóndita y viscosa Llevo enraizada en el hígado una semilla amarga que germina veloz en mis colmillos Sube hasta el corazón y hasta el cerebro Como una flecha negra Como una fuerza que me precipita voraz a tu pureza para beberla toda Pero este oscuro fuego no ha de apagarlo el agua que me brinde tu risa transparente, tu deliciosa incontaminación, hermano Te lo estoy advirtiendo


NOCTURNO

La garĂşa espesaba el resplandor absorto de los postes de luz. El viento estaba ennegrecido por el anochecer, y gatos por docenas, camuflados en las primeras sombras, reptaban sonrientes, con un amanecer secreto en las entraĂąas. Yo iba caminando a carcajadas, cruzando con el viento las veredas, riĂŠndome del Arte, de Dios y de los hombres.


Lima 1990

40567721 zona dark  
Advertisement