Una radio por corazon

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[El hombre con la radio por corazón]

n el año 2001, pocos meses antes de su muerte, tuve el honor de entrevistar, a un hombre al que admiré desde niño, al periodista y fotógrafo Mario Ramírez Villalobos (†). ¿Cómo no admirarlo?, si en todos los eventos que se realizaban en la Ciudad, aparecía cargando una enorme grabadora y del cuello le colgaba una cámara fotográfica, para documentarlos. Esta entrevista la rescaté de mis archivos y hoy la comparto, como homenaje a ese pionero del periodismo

radiofónico a ese hombre que desde niño me motivó. Curiosamente decidí publicar este trabajo el sábado16 y resulta que ese día se cumplen diecisiete años de su muerte. Aunque esta conversación es muy sencilla, tiene la virtud de recoger el pensamiento y las experiencias de un hombre maravilloso, pionero, creador de radio periódicos y noticieros, documentador de la historia. Un periodista nada complaciente, siempre fue muy incisivo con sus entrevistados.


Edú/ para Desde el Fortín Una mañana caminaba por las cercanías de la Universidad Nacional, cuando de pronto observé a don Mario Ramírez con bastón, tratando de cruzar la transitada calle 9. Me acerqué y le pregunté que si necesitaba ayudaba para pasar y su gentil respuesta fue de aprobación. Cuando llegamos al otro lado, como buen periodista que fue, me entrevistó y después de saber lo que necesitaba, se despidió cordialmente. Continué mi camino y de pronto reaccioné y me dije: “y vas a dejar pasar la oportunidad de hablar con él…” Me devolví inmediatamente, le alcancé y le dije: —Don Mario, soy yo Edú de nuevo ¿Usted no me daría una entrevista? —Ah, sí, pero ahora no porque voy para la Asamblea Legislativa. Llegue a la casa pasado mañana a las diez… El día acordado, llegué puntual y toqué la puerta —Buenos días señora ¿Está don Mario? —¿De parte de quién? —De Edú es que él me dijo que… —Pase adelante, —dijo Mario, quien permanecía de pie frente a la puerta de su cuarto, vestía una bata verde, ajustada, que acentuaba su fina figura.. —Pasá por aquí… La habitación estaba repleta. No cabía nada más, grabadoras, equipo de sonido, cámaras fotográficas, lámparas, cajas llenas de fotografías, negativos de toda clase; cintas y casetes bien etiquetados aunque en desorden. Fiel a su profesión, conectó su grabadora para grabar nuestro encuentro y con autoridad dijo: siéntese y empiece. — ¿Don Mario, cuénteme sobre su niñez? Soy hijo de una maestra y de un farmacéutico, ambos influyeron demasiado en mi vida. Mi niñez la viví en mi natal Grecia, trabajando

en la Botica la Violeta, propiedad de mi padre. Él era un individuo polifacético, sabía mucho de su ciencia, aunque gozaba de muy mal carácter. Grecia era muy bonita, con una gran actividad cafetalera y un enorme avance en la producción agrícola. En 1928, ingresé a la escuela de varones de Grecia… ¿Qué inquietudes tenía de joven? Cuando uno llega a los veintiún años, le empiezan a aflorar las inquietudes propias de la época, pero fue la fotografía la que me llenó plenamente. Y gracias a la gran amistad existente entre mi padre y el fotógrafo Constantino Bolaños (q.D.g.), que tuve la oportunidad de aprender ese arte. Él me enseñó no solo las bases artísticas, sino también la ciencia que encierra toda la industria fotográfica. ¿Y cómo se involucra con el periodismo? Gracias a Miriam Francis y a Carmen Cornejo, dos prestigiosas periodistas de notas sociales, aprendo a hacer gacetillas y fue como a los veinticinco años, que aprendí en forma autodidacta a escribir prosa y a escribir versos. ¿Cómo se integra a La Nación? El que me da la oportunidad de trabajar en ese prestigioso medio, fue don Sergio Carballo; allí laboré por espacio de catorce meses. Cuando don Ricardo Castro Beeche sustituye a Sergio, prescinde de mis servicios aduciendo que hacía muchos reportajes inconvenientes, para esa naciente empresa, aunque me dolió mucho, se me abrió la oportunidad de colaborar para otros medios. ¿Una motivación especial de esa época? El día que llegó a mis manos un semanario argentino, el cual que traía en su portada, una


El estar a la par de distinguidos costarricenses, me dio, como dicen ahora, mucho “caché” y me puso en la categoría de los grandes o de las estrellas visibles del periodismo. de mis prosas dedicada a la mujer, esto causó una enorme impresión en mí. Se trataba de un periódico muy prestigioso, era como el “Repertorio Americano” de Joaquín García Monge; era muy bueno. ¿Cómo ingresó al mundo de la radio? Mi familia fue muy amiga de don Gonzalo Pinto Hernández, quien era un hombre de radio, además, era el dueño de Radio Tibás. Él fue el que me dio la oportunidad de aprender, junto a Marta Nieto, los misterios de la radiodifusión, porque en ese tiempo eran misterios. Después de ese aprendizaje ¿Qué siguió? Al morir don Gonzalo Pinto, su hijo Leonel me llevó a Radio Monumental, se trataba de la antigua Radio Tibás; allí empecé a trabajar en un radio periódico que se llamó La Palabra de Costa Rica. El equipo de trabajo, lo conformaban entre otros, Rodrigo Fournier y Adolfo Herrera García, quienes a empujones y regaños me enseñaron a reportear, era un momento en el que La Nación dominaba el ámbito noticioso, pero les nació la competencia. ¿Qué le dejó ese primer intento? Bueno, tuve la oportunidad de recorrer en repetidas ocasiones toda la América Central. Recuerdo que estuve en el terremoto de Managua; en la caída de Anastacio Somoza; en la revuelta de Panamá, que pretendía despojar a los Estados Unidos del Canal… Usted tuvo de compañeros de viaje a figuras muy importantes. Sí, viajé a Panamá junto a don Daniel Oduber, a presenciar la firma del tratado que aseguraba el traspaso del Canal a manos de los paname-

ños. Varias veces acompañé a don Luis Alberto y a don José Figueres a los Estados Unidos. Estuve en las Naciones Unidas con don Rodrigo Carazo. Precisamente, fue con él que tuve la oportunidad de estar en el Salón Oval de la Casa Blanca, por primera vez, cuando se entrevistó con Jimmy Carter. Además, con don José Figueres visité Colombia, Venezuela y Ecuador. Indudablemente que el estar a la par de estos distinguidos costarricenses, que ocuparon la primera Magistratura del país, me dio, como dicen ahora, mucho “caché” y me puso en la categoría de los grandes o de las estrellas visibles del periodismo de aquel tiempo.


El estar a la par de distinguidos costarricenses, me dio, como dicen ahora, mucho “caché” y me puso en la categoría de los grandes o de las estrellas visibles del periodismo. La radio me dio muchas satisfacciones, aunque poca plata, esos son los vaivenes de la vida. ¿Supongo que tendrá alguna que otra anécdota sobresaliente de esos viajes? Claro. Estuve involucrado en una aventura propia del periodista joven, el cual no mide o razona los peligros. Una vez me fui para República Dominicana, fue en tiempos de la Revolución de Caamaño Deñó, ahí nos capturaron y nos pararon en fila para fusilarnos, nos salvó entre otras cosas que no llevábamos armas y que además las relaciones diplomáticas entre Costa Rica y Dominicana no se habían roto… ¡Qué susto! De ahí salí corriendo para Puerto Rico. Al pasar de los años volví a República Dominicana con don José Figueres y recordé ese pasaje tan amargo. Otra anécdota, aunque menos impactante, pero sí muy importante para mí, fue que don Leonel Pinto prescindió de mis servicios en tres oportunidades y tres veces fue a buscarme de nuevo, para llevarme a su empresa, luego la vendió. Actualmente somos grandes amigos y veo en él, a una de las grandes figuras que pasaron por mi vida, gracias a que me dio la oportunidad de trabajar en la radio. Yo estrené la primera grabadora de cinta que llegó al país gracias a don Leonel, quien en su afán de sacar adelante su empresa, era un campeón para adquirir aparatos. Durante la Revolución de 1955, fuimos con una unidad móvil a Liberia a transmitir desde allá, no era como ahora, que con una grabado-

ra y un teléfono se puede transmitir, no, en ese tiempo había que medir la distancia de las antenas, la posición de la unidad y muchas cosas más, ¡viera qué difícil!, pero, transmitimos y desde ese momento la grabadora de cinta ha sido mi compañera inseparable. Don Mario, usted se aleja de la radio y renace su pasión juvenil. Sí claro, pero, aunque hice mucha radio, nunca dejé de hacer fotografía, combinaba ambas. Cuando dejé la radio me dediqué por completo a la fotografía. El 2 de febrero de 1955 inauguré en San José, en el edificio Herdocia, mi negocio denominado Foto Mario. En 1968, vuelvo a la radio cuando don Orlando Sotela me pidió que hiciera para su empresa, un noticiero que yo bauticé TICONOTICIAS y que tuve bajo mi dirección durante nueve años y siete meses. Esa fue una de las mejores experiencias que he tenido porque hice de director, editor y periodista. ¡Gracias a mi experiencia lo saqué adelante! Me dio muchas satisfacciones, aunque poca plata, esos son los vaivenes de la vida. ¿A qué se dedica actualmente? Sigo activo en el periodismo, me he refugiado en la Asamblea Legislativa, donde he sido periodista de la barra de prensa por espacio de veintidós años. Allí he estado sirviendo a diferentes empresas, tanto radiales como escritas. ¿Y eso le satisface? Considero que en la Asamblea llega sola la

Mario Ramírez Villalobos (28 diciembre1919) — (†16 junio 2001)


Espero algún día tener una estación de radio, manejada por intelectuales, yo no lo soy, pero si podría aportar grandes cosas con esos archivos que he guardado por años. noticia, no hace falta ir a hacer antesala ante ningún Presidente o Ministro, aquí desembocan todas las noticias, las que trae el industrial, el campesino, el político o el Magistrado.

Alejandra Chaverri

¿Y ha pensado ya en el retiro? Espero continuar en la Asamblea un tiempo más, aunque a mis 81 años, ya mi participación en la vida va concluyendo notablemente, se nace, se crece y uno sabe que se tiene que morir. Di por finalizada la entrevista y me quedé hablando informalmente, de temas cotidianos, así como de algunas ideas que Mario tenía en ese momento, entre ellas “el paseo de la fama”, consistente en una serie de placas circulares, colocadas alrededor del parque, con los nombres de los heredianos más importantes para nuestra ciudad. De pronto fui yo el entrevistado ¿Vos me admirabas de chiquillo? Ah sí, yo fui un niño que disfruté intensamente las Misas de Tropa, los conciertos de la Banda y de la Sinfónica. Gracias a eso es que tengo vivo el recuerdo de ese hombre, que me llamaba poderosamente la atención, con una grabadora colgando de su hombro y una cámara en el cuello y que yo quería imitar; ese hombre era usted don Mario. Sí, mire la cantidad de cintas que hay allí, me dijo, mientras señalaba una enorme caja repleta de cintas magnetofónicas bien identificadas o rotuladas. Espero algún día tener una estación de radio, manejada por intelectuales, yo no lo soy, pero si podría aportar grandes cosas con esos archivos que he guardado por años.

Fotografía de la colección personal de Alejandra Chaverri. Reproducida con su permiso. Mario Ramírez Villalobos junto a Gustavo Díaz Ordaz. Honduras, 1966.

Por medio de esta imagen he tenido el privilegio de retroceder en el tiempo cincuenta y cinco años, para volver a ver al hombre que de niño admiré y aspiré imitar.


Desde el Fortín Textos y Artes: Edú Fotografías a color: Edú Agradecimiento para la señora Alejandra Chaverri por su colaboración desinteresada.