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-Mañana será un día especial, primo, quizá veremos lo más impresionante del viaje, hasta ahora. Angkor, la región de los Dioses Andy llegó con su tuk tuk a las 8am para recogernos, y llevarnos al celebérrimo Angkor Wat. Desde que circunnavegas el lago y ves el puente de piedra que da acceso al templo, sientes cómo gradualmente se te va “apocopando” el aliento. Caminamos a lo largo de la explanada central y sus impactantes balaustradas laterales decoradas con la diosa Nagam, una cobra de varias cabezas. Dicha deidad se puede encontrar constantemente representada en los templos budistas camboyanos. Nos adentramos en una zona pantanosa fuera del recorrido convencional para tomar unas fotos y después proseguimos, de manera vertical por el templo, que está construido a estratos hasta llegar a la cima. Las torres monolíticas y talladas a detalle, miles y miles de veces, son extraordinarias. Es difícil creer que todo esto fue construido entre los siglos XII y XIII. La excelencia alcanzada por estos artistas, encomendados por intermediarios religiosos de dioses lejanos, es paradójicamente, la expresión suprema de la capacidad del hombre como artífice personal. Andy y su tuk tuk nos esperaban para llevarnos a través de la Puerta Sur hacia Angkor Thom. Después de esquivar unos changos frenéticos que corrían devorando vehementemente fruta y mofándose de los turistas, arribamos a Bayon, la capital de Angkor Thom. El templo es una fortaleza de gigantes de piedra; rostros masivos y estoicos que emergen de torres graníticas. Caminamos subiendo y bajando templos con escaleras vertiginosas, deambulamos por grandes andadores, como la Terraza de los Elefantes, y nos adentramos un poco en el bosque buscando los famosos templos enraizados por los árboles y el tiempo.

80 • NAO | Mayo • Junio 2015

-Andy, llévanos a donde están los templos esos, bajo las raíces y los troncos. -Yes, sir. Respondió Andy, con un acento como Hindi, no se por qué. Los distintos templos están conectados por carreteras actuales, por donde transitan otros vehículos, gente en bicicleta o a pie. El último templo que visitamos fue Ta Prohm, que a diferencia de los templos precedentes es un santuario amurallado y construido horizontalmente, sin estructura piramidal. La naturaleza en este lugar ha reclamado su dominio a través de los siglos, devorando con sus raíces los templos, derrumbando los muros, y enmoheciendo las superficies. Aquí Arturo y yo nos alejamos del camino recomendado al turista, nos trepamos a los muros pétreos y a las cortezas de los árboles, cuasi indivisibles. -Este es mi templo favorito. -Tengo hambre. Comimos en un restaurante aún en la zona arqueológica: un plato de “flat noodles” con res y mariscos, respectivamente, y un té frío camboyano para el calor intenso. Nos trepamos al tuk tuk y Andy nos llevó de vuelta al hotel. Eran $14 dólares, Arturo le dio $20. En la tardecita platicamos sobre nuestro próximo destino, y reservamos algunas cosas hasta que nos cayó la noche. Después de una cena a base de pescado y mango, nos fuimos felices a dormir, arrullados por el croar somnífero de las ranas camboyanas, y la emoción incontenible de viajar al otro día a la capital tailandesa, Bangkok. -Nos vamos a “Bangog” primo. -Ese es el pintor, nosotros vamos a “Bangkok” -Sale, ya quedamos

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