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Sonrisas que se llaman lágrimas Capítulo XII: Decisiones que tomar

Ella se me quedó mirando, sabía que esperaba que la agarrara por los cabellos y le diera contralas paredes, sin embargo yo no hice eso, y aun queriéndolo hacer no podía, al oír aquellas palabras empecé a sentir como poco a poco, la respiración me faltaba, sentía que era a causa de un yunque que hubiera colocado justo en el centro de mi pecho, no creí tener fuerzas para decir alguna cosa, pero era cierto yo había dicho que no me importaba, les había asegurado que todo había sido una confusión y que él no me gustaba. -¿Enserio? ¿Y no era que no lo querías?- terminé diciendo, ella solo se me quedó mirando, las demás no hablaban y entonces pregunte una cosa más- ¿desde cuándo son novios?- y esto último sentí que lo había dicho ya sin aire. - Hace una semana, y bueno no me gustaba o por lo menos eso pensaba yo, pero me di cuenta que no- y se me quedó mirando como si todavía esperara mi reacción. En aquellos instantes ya yo no sentía nada, me había quedado como desconectada del mundo, aunque quería llorar hasta quedarme sin lagrimas. - ¿Y cómo fue que te distes cuenta?- le dije y no sé como saque una sonrisa, de esas que la animaban a ella para contar las cosas. Ella miró a Maira y empezó a decir. -¿Recuerdas en semana santa, cuando Miguel salió de tu casa molesto y que luego ustedes regresaron juntos y él no se despego de ti?- yo asentí- ese día no me gustó para nada que no se despegara de ti- eso último lo dijo con un tono agrio, yo tenía el presentimiento que lo peor no lo había escuchado- Y empecé a pensar, yo no tenía que sentir esas cosas porque eso se llamaba celos, pero no lo podía controlar- yo seguía mirándola sin decir nada- y luego en tu cumpleaños, cuando vi como se porto contigo, y que estuvo todo el día mirándote, y que se fue solo contigo a la cocina me di cuenta que me sentía realmente molesta y que eso, eran celos terribles. Yo no quería manifestarlo, pero después que tú te fuiste un día que nos reunimos en casa de Maira- la miro de nuevo- él comenzó a portarse como lo hacía, a perseguirme, a acompañarme hasta la casa, y apenas hace una semana decidimos ser novios- ella terminó con una sonrisa y yo la mire sin expresión, pues ya no podía fingir una sonrisa. - Todo fue un plan de Miguel- dijo al final Maira y entonces yo la miré. -¿Cómo así?- le dije y creo que empezaban a notar que no me daba tan igual la noticia.


- Bueno, cuando tu nos dijiste que ya no te importaba mas él, y que te habías confundido, bueno yo siempre supe que Miguel no había olvidado a Cristina, entonces le dije lo que tú nos habías dicho- yo la mire en desaprobación de lo que había hecho- No me mires así, lo que pasa es que Miguel te culpaba de que Cristina no le prestara atención. Y yo se lo dije para que no te culpara más. Cuando se lo conté el se quedó pensando y luego me dijo que se le había ocurrido una muy buena idea, pero primero tenía que confirmar si era verdad que tu ya no sentías nada por él- Entonces la miré como si no entendiera lo que me decíaHay fácil, se puso coqueto contigo, y se dio cuenta que tu ya no le respondías coquetamente y que al contrario te habías vuelto más seca e indiferente con él. Entonces me dijo que esperaría el momento justo para jugarse la última oportunidad que se iba a dar de conquistar a Cristina. Tu lo ayudaste el día que nos reunimos en tu casa en Semana Santa, pero lo de tu cumple estaba fríamente calculado. -No te estoy siguiendo, no termino de comprender- y era mentira yo lo estaba comprendiendo perfectamente, pero necesitaba oír exactamente lo que él había planeado y lo que había hecho. - Bueno, conociendo a Cristi, él sabía que si le daba celos contigo ella iba a reaccionar. El quiso acercarse a ti, pero tú no lo dejabas, y el día en tu casa fue su oportunidad perfecta, por eso se quedó todo el tiempo pegado a ti. Y luego de que tu nos dijiste que iba a celebrar tu cumple, que él se enteró me dijo que si me pedias el equipo de sonido, te dijera que fueras tu misma a pedírselo. Y por eso se portó así contigo todo ese día, y te llevo a solas a la cocina, con pretexto barato, solo para darle más celos a Cristina- ahora si estaba segura de haber escuchado lo peor, porque nada me podía hacer sentir peor que todo aquello. -Muy ingenioso ¿no? Se las trae Miguelito- y todo eso lo dije con todo el agrio que tenía por dentro. Las demás seguían calladas y dije- Aquí en el bolso tengo sus regalos de cumple, me imagino ¿Qué no creyeron que me iba a olvidar?- y hice una mueca que yo quería transformar en sonrisa pero ni eso podía. Tome los regalos de cada una que había comprado en Argentina. Y dije- Yo creo que vamos a tener que posponer esta reunión, porque creo que ahorita vamos a salir mis papas y yo- No le prestaron mucha atención a lo que decía, porque estaban muy concentradas en lo que le había traído a cada una- Nos vemos el lunes. -Nos vemos- dijeron todas, sin mirarme excepto Cristina que me miraba, como si estuviera segura de que me pasaba exactamente. Salí lo más rápido que pude, y creo que al llegar al frente ya tenía las lágrimas corriendo, iba tan deprisa y con los ojos tan llenos de lágrimas que no mire que me iba a tropezar… - Esmeralda- me levantó la cara- ¿Qué te pasa?- me dijo Alejandro.


- Nada Ale, solo no le digas a nadie que me viste en este estado, por favor- y ya eso lo dije muy entrecortada, no podía parar el llanto. - A ti si te pasa algo y yo sé que es, ya te enteraste ¿verdad? Yo se lo dije a Cristina, es que a ti te había dejado de gustar el estúpido ese, así como a mí me habías dejado de gustar tu- yo no respondí a eso no podía. Espere a unos instantes. - ¿Hay un lugar donde pueda ir en este momento? En mi casa no me pueden ver así- le pregunte a Alejandro sin mirarlo. - Sí, claro que sí. Caminamos unas cuantas casas en dirección a la salida de la urbanización, cruzamos como en un callejón que jamás había visto, y al llegar al final había como especie de una casita abandonada, y ahí entramos. Él busco preguntarme como estaba pero le pedí que no me preguntara nada. Recuerdo haber llorado como nunca hasta ese momento, y él solo se quedó a mi lado, mirándome, de vez en cuando me abrazaba y de repente me soltaba con rabia. Creo que estuvimos allí como una hora y media, tiempo en el cual yo no pare de llorar, hasta que por fin me sentí con las suficientes ganas de calmarme y le dije. -Siento que tengas que aguantarte todo esto- y le acaricié la cara- no tienes que ver algo que a mí no me gustaría ver, sabes lamento si te hice sentir así- y volví arrancar a llorar. -No lo hiciste, tú no jugaste conmigo, tú fuiste sincera y clara. Si te sigo queriendo es porque no lo puedo cambiar- me terminó diciendo y miro hacia abajo. -Te juro que hubiese querido, que las cosas no pasaran así, era más fácil que me hubiera fijado en ti, fuéramos muy felices me parece- lo dije entre sollozos. -Las cosas son como pasan, recuerda eso siempre- me tomó la cara y me secó las lágrimas- todo pasa por algo Esmeralda, tú tenias que enamorarte de él y yo de ti, y punto, algún día entenderás ¿Por qué? Pero así tenía que ser- Así hablaba el hombre del cual yo imaginaba enamorarme, no como el idiota del cual me había enamorado, pero como Alejandro lo estaba diciendo las cosas eran en esa forma y yo, ya no podía hacer nada. -Tienes razón, yo creo que ya estoy más calmada y me puedo ir a la casa- le dije y me seque las lágrimas que me quedaban en el rostro. -Me parece bien, pero deberías esperarte un poco más, porque estas algo hinchada- me dijo y al mirarlo vi la ternura en sus ojos, y me sentí muy estúpida llorando por un tipo que ni siquiera le había temblado el pulso para darle celos a otra persona conmigo. - Sí.


Espere unos quince minutos más tiempo en el cual Alejandro me entretuvo preguntándome como había sido mi viaje en Argentina, y como yo sabía que tenía que dejarme llevar o seguiría llorando le conté todo. Me acompañó hasta la casa y me terminó diciendo que no me dejara vencer, que buscarla la forma de hacer que todo eso no me importara. Esas últimas palabras me parecieron ridículas o ¿es que acaso yo no había intentado hacer eso antes y no había podido? Yo no podía hacer nada me dolía y punto. Entre a mi habitación sin hacer mucho ruido y al cerrar la puerta no pude contener de nuevo las lágrimas que ya se habían lanzado al vacío. No podía creer que Cristina hubiese sido capaz de hacerse su novia sabiendo lo que yo sentía, porque su forma de mirarme me había confirmado que ella no se había tragado mi cuento, de que no me importaba, ella sabía que me estaba matando pero igual no le importo. Y fue así como aprendí que de Miguel no podía creer nada, ni podía esperar nada, yo no creí que pudiera llegar tan lejos. Porque quizás yo tenía algo de culpa por tratarlo tan seca, pero yo no sabía que me estaba probando para saber que iba a jugar conmigo, porque eso había hecho. Es que acaso no se le había pasado por la cabeza hacerme participe de su plan, yo lo hubiese ayudado (bueno en realidad no pero tampoco me habría ilusionado). Comencé a poner todo en su lugar, con todo aquello me había respondido muchas de las preguntas que me había hecho. Yo lo sabía, no lo iba a poder soportar, con solo imaginármelos a los dos en el plan de novios, yo no iba a soportar a Cristina hablando de Miguel como hablaba de sus demás novios, que tuviera que oír donde la besaba y como lo hacía (porque todo eso nos lo contaba). No podía, y lo sabía porque el hecho de saber lo que Miguel había hecho no hacía que lo odiara, si estaba muy molesta y de haberlo tenido allí en frente lo hubiese golpeado hasta ya no poder, pero no lo odiaba, era sencillo saberlo, ósea me estaba muriendo. Me había imaginado tantas cosas, había creado tantas oportunidades en mi mente, había querido tantas veces hacer todos mi sueños realidad. Quería que la tierra me tragara de una vez, estar lejos otra vez, deseaba locamente volver a Argentina, pero de que valía eso solo hubiese alargado la noticia. Mientras caminaba por el perímetro de mi cuarto y rodaban las lágrimas por mis mejillas, no sabía qué hacer. Me lancé a la cama y por más que buscaba en mi cabeza la solución, por más que buscaba un plan que me alejara lo suficiente de mi casa y me mantuviera ocupada no lo encontraba, me paré de la cama y prendí la computadora, tenía que desahogarme con alguien y ese alguien eran mis amigas. Pero solo necesite ver mi protector de pantalla para conseguir mi plan de acción. El piano, mi plan de vida, mi universidad, mi carrera,


eso haría me iría a Londres a estudiar como lo tenía planeado, había alguien que me había soñado concertista, y me apoyaba con eso, el único músico frustrado en mi familia, mi abuelo el señor Regulo Moncada me daría mis estudios, volvería a mi vida de la que nunca debí salir. El único problema con eso era que clavaria un puñal en el pecho de mi padre, iba a pisotear su orgullo, pero yo debía solucionar mi problema. Y él se estaba recuperando, si seguía como iba, llegaría el momento en que él me podía mantener mis estudios y no iba a necesitar a mi abuelo. Era mi decisión y mi padre siempre nos había dejado tomar nuestras decisiones porque esa era su política, iba hablar con mis padres, era un hecho. Al día siguiente cuando estábamos todos en la mesas desayunando comencé a decirles. -Saben, lo he estado pensando, ya que me preguntaste antes de irme que iba a estudiar y yo te dije que no sabía- refiriéndome a mi papá- Pues ya lo sé- y me lo quedé mirando fijamente a los ojos. -¿Y qué decidiste?- y lo supe, por su tono él ya debía saber lo que iba a decirle. -Ya nosotros habíamos hablado de eso Esmeralda, tú no puedes irte para Londres, porque ya no te podemos pagar esa carrera. Y aquí es una locura que lo estudies- dijo mi madre. - Pero si yo se lo pido a mi abuelo él me lo paga- lo dije casi histérica, me había sobre saltado el tono usado por mi madre (aunque sabía que ella tenía razón). Mi mamá quiso responderme pero mi padre la detuvo. - No Carmen, yo no le voy hacer a ninguno de mis dos hijos lo mismo que intento hacer mi padre conmigo, yo los enseñé a decidir, y creo que Esmeralda ya tomó su decisión- yo me lo quedé mirando y se me salieron las lágrimas. - Yo no quiero hacerte sentir mal- le dije y ya empezaba a sollozar- pero eso es lo que a mí me gusta, y toda la vida lo quise y lo quiero. -¿Estás consciente que ahora vas a tener que estudiar en menos de un año, lo que debiste haber aprendido en dos?- me dijo mi padre muy serio, mi madre ya se había levantado de la silla y me abrazaba. - Si lo sé, pero voy a utilizar todo mi tiempo libre- ya no lo necesitaba, el tiempo libre iba a hacerme mal. - Bueno entonces, llevamos a tu madre para casa de tu abuela y te llevo a hablar con tu abuelo. Luego de eso supe que no tendría más inconvenientes que empezar a trabajar. Efectivamente, al momento de pedirle a mi abuelo que me financiara la carrera en Londres, él acepto. Aunque puso sus condiciones, como siempre yo sabía que las pondría. Vería clases de piano tres veces a la semana, y el resto del tiempo me contrataría una


profesora privada que me puliera en el resto de las cosas que necesitaba saber, convine con él en que eso debía de ser así, pero le pedí que fuera la profesora hasta mi casa y que yo vendría a las clases de piano a la suya (ya que el tenia un salón de música en su casa y eso sería perfecto para las clases), cuando estuvimos de acuerdo en cómo haríamos todo, llamó a un amigo para saber qué fecha tenía la prueba de admisión para el siguiente año, que tendría que ir a presentar a Caracas. El señor le dijo que la prueba de admisión la harían el quince de julio del año próximo y que ya no era solo una prueba de admisión, si no que tendría que competir, ya que había reducido los cupos y solo aceptarían veinte personas de Venezuela. Cuando mi abuelo me dijo eso las cosas se habían puesto mucho más seria, pero me retaba mucho más, tendría que esforzarme aún mas y lo haría, yo quería y necesitaba irme. Así que empecé a divulgarle a todo el mundo que me iría, y que tendría un año muy duro, lo primero que hice fue avisárselo a las chicas y para eso aproveche la tarde del lunes en la que no solo estaban las chicas, sino que ellos estaban también. - Saben no les había dicho nada hasta no estar totalmente segura- y lo dije actuando y exagerando, me comporte como no solía hacerlo quería que todos se olvidaran de mi que ni me extrañaran, fui una presumida de lo peor. Todos se quedaron mirándome, incluyéndolo a él que era la primera vez que lo veía, desde que me había ido de viaje y que por cierto había tratado más seca que de costumbre- Si voy a poder estudiar lo que yo quiero, voy a poder regresar a mi mundo- y puse una risa pícara en mi cara- mi abuelo va a pagarme los estudios en Londres, voy a poder convertirme en la pianista que siempre soñé- y me quedé mirándolos con un dejo de “algo que ustedes jamás harán” - Qué bien, me parece genial- ¿adivinan quien lo dijo? Si él mismo que viste y calza. - Si a mí me parece sensacional, y bueno ya mañana voy a volver a ver mis clases de piano y además me contrataran una profesora particular para que me enseñe lo demás - hice una pausa y al ver su cara de fastidio, me sentí con muchas más ganas de exagerar -Y va a ser mejor aún, porque será algo más exclusivo, que le parece que solo pueden escoger veinte personas y voy a concursar para estar dentro de ellas. - Buenísimo, te vas a convertir en el cerebrito que siempre has querido ser- dijo Patricia con sarcasmo y un poco de burla. - Pues sí, será “Esmeralda la chica más culta de la urbanización”- dije aquello y sabía que no lo iban a poder refutar. Alejandro al que ya yo le había contado lo que haría, sabía que yo solo estaba exagerando todo, y entonces me guiño el ojo. - Maravilloso me alegro por ti, y en esa travesía, trata de conseguirte un novio para que se te quite la amargura- me dijo Miguel. - No, para nada eso no hace falta, yo no me considero una persona amargada, solo trato a cada persona como se me rece que lo traten, y con respecto a lo del novio no lo quiero,


presiento que eso puede fastidiar mi camino en asenso- y todo eso lo dije con toda la ironía que era capaz de usar contra él. Alejandro no aguantó la risa y le dijo. - Creo, que te acaban de dar una cucharada de tu propia medicina ¿Cómo se siente?- y siguió riendo. - Ella ni siquiera sabe lo que dice, solo es una niña estúpida con ínfulas de millonaria- le dijo muy serio y salió caminando en dirección a la calle, y como era de esperarse Cristina lo siguió. A las chicas del colegio no se los conté, con tanta diversión, primero porque ahora nos teníamos que organizar mejor para hacer los trabajos, y segundo porque no nos íbamos a poder ver mucho el primer año luego de graduarnos. Por su parte a ellas les pareció que mi idea no había sido para nada descabellada y aunque íbamos a tener que apretarnos los pantalones para cumplir con todas las tareas, iba a ser muy provechoso para mí, e iba poder hacer lo que en realidad yo quería hacer, y no les importaba que lo que me hubiese llevado a tomar esa decisión hubiese sido él. -Quizás tú estés tomando esta decisión para sacártelo de la cabeza, pero va a ser mucho mejor para ti, lo que si debes tener presente es que Miguel fue, es y será siempre Miguel para ti, y eso no lo vas a poder cambiar. Dejaras de sentir lo que sientes por él pero no lo vas a olvidar nunca- me dijo Lucia. En ese momento esa afirmación no me gusto, pero debo confesar que tampoco la había entendido hasta hoy que por fin, comprendía a que se refería ella con “dejaras de sentir lo que sientes por él, pero nunca lo olvidaras”. Y entonces comenzó en mi vida lo que se podría llamar el viaje en el tiempo, y digo esto porque todo pasó demasiado rápido (incluso más que el año anterior), y tenía que serlo porque no me quedaba tiempo ni para respirar mal, entre el liceo, las clases particulares, el ir todos los lunes, miércoles y viernes a casa de mi abuelo por las tardes, ocuparme de mis propias tareas y mis exámenes, ayudar a mi mamá con la casa, las noches al principio eran tan tétricas como siempre (él siempre regresaba a mi mente) a medida de fui avanzando con las clases quedaba aun mas agotada. Ya no salía por las tardes, hasta el final de ese año recuerdo haber ido a solo dos reuniones con las muchachas y mi plan había funcionado, se habían vuelto tan frías conmigo, que en mi presencia solo hablaban de trivialidades y de las noticias más relevantes. Navidad llegó volando y como llegó, se fue, eso sí a cada uno les regale un detalle (no podía dejar para por alto la oportunidad de decirles “síganme odiando soy una millonaria creída”). Durante lo que quedó de año antes de irme a presentar mi prueba en Caracas las cosas no cambiaron, solo fui tres


veces y ellas se portaban a un más secas, Cristina casi que solo me saludaba y se despedía (seguía siendo novia de Miguel y lo fue hasta el día en que me fui a Caracas), a Miguel lo vi de lejos unas cuantas veces, y tuve la oportunidad de cruzar palabras con él, solo en semana santa, en mi cumpleaños (que no lo celebre ese año, solo salí con mis amigas del colegio) y no me dijo la gran cosa solo “feliz cumpleaños” y de lejos. En un abrir y cerrar de ojos estuve montada en el quince de julio, me sentía totalmente preparada pues había trabajado muy duro. Tenía fe en que las cosas salieran bien, como quería y pudiera irme a estudiar a Londres. Nada quería más que conseguirme una nueva vida, en la que solo estaría embarcada yo y las sorpresas que el destino me deparara.

Capítulo XII  

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