Issuu on Google+

Sonrisas que se llaman lágrimas Capítulo X: Después de navidad todo pasó muy rápido No podía creer que hubiese afirmado con tal cinismo “no mentí” para supuestamente halagarme si lo único, que yo había tomado en cuenta de su discurso era la parte en que él no quería nada conmigo, y luego de haber dicho eso se atrevía a decir que no mentía. Por otro lado, me asombro darme cuenta que él sabía lo que sentía Ale por mí. Entonces por un momento pensé “y si Miguel no busca tener nada conmigo, no porque no le guste, sino porque él sabe que Ale está interesado en mi, y si el también está siguiendo ese entupido código”. Por un instante ese pensamiento lleno mi mundo de alegría, pero al recordar en detalle todas las cosas que él había dicho de mí, preferí creer que eso no había influido en nada, que Miguel no me quería, porque no me quería y punto. En lo que quedo de ese año, no los volví a ver a ninguno, pues el veintidós en la noche ya estaba más que acomodada en casa de mis abuelos maternos. En realidad eso nunca lo había hecho, sino hasta ese año, pero me fue muy bien. Conseguí hacer crecer mucho mas la cercanía con mis primas, además que me mantuve en comunicación con las muchachas del colegio. El veinticuatro lo pasamos justo hasta después de las doce, para luego ir a casa de mis abuelos paternos y nos quedamos hasta las cuatro de la madrugada. Los días que siguieron hasta la llegada del último de diciembre, los pase encerrada en la casa (igual no me iba a poder conseguir ni a Cristina ni a Alejandro, que habían viajado hacia la parte central del país a casa de sus familiares, los demás si estaban allí), no quería conseguirme con ninguno después del incidente y no quería responder las preguntas que quizás muchas de ellas me querían hacer. El treinta y uno entonces invertimos el orden, primero fuimos a casa de mis abuelos paternos y luego de las doce a casa de mis abuelos maternos (yo aproveche y me quedé allí hasta el cinco de enero). Regrese, y todavía no tenía ganas de verlos, a ninguno (miento), a él si lo quería ver, lo necesitaba ver. Así que la primera oportunidad que tuve la tomé, y cuando mamá pidió el favor de que fuéramos a comprarle ingredientes para la comida a la tienda, yo rápidamente dije que iría y que no necesitaba que mi hermano me acompañara. Tenía la esperanza de verlo, y de todas las tienditas que había en la urbanización decidí ir a la que quedaba en la misma calle de su casa.


No tuve que hacer mucho esfuerzo, al pasar frente a su casa ahí estaba, bueno no solo estaba él, también estaban sentados en la acera Maira, Moisés y Laura. -Hola chicos ¿Cómo están?- los salude al pasar y me detuve. -Bien- respondieron todos. -¿Y tú? Que estuviste perdida todos estos días, sangana ¿Dónde estabas?- preguntó Maira. -Bien, me quedé unos días en casa de mis abuelos- le respondí emocionada, dejándole claro que me había encantado estar alejada. -Por aquí te han extrañado mucho- dijo Moisés haciendo con la boca una señal en dirección a su hermano. - Bueno no me extrañen mas ya estoy aquí- decidí no prestarle intención a su observación, y dije eso con bastante jovialidad. - Si, que bueno- dijo por fin Miguel quien no me había dirigido la mirada hasta ese momento. -Bueno chicos los dejo que tengo unas cosas que comprarle a mami- les dije y les hice una señal de despedida a todos con la mano. Camine de prisa pero disimuladamente, me tarde justo lo necesario, a ver si de regreso tenia la suerte de pasar y que ellos todavía siguieran allí, y entonces yo pudiera verlo un instante más pero no fue así. Cuando pasé de regreso ya no estaban. Con el comienzo de clases todo empezó a acelerarse, yo volví a faltar con frecuencia a las reuniones con las chicas, y no recuerdo haber ido de nuevo a casa de Maira por causa del colegio, ya me había acostumbrado muy bien a mi nuevo grupo de amigas. Enero paso volando, y febrero por lo consiguiente. Me deprimió un poco el hecho de no poder viajar en carnaval, pero conseguí hacer planes con Alba, Doris y Lucia un día, y el siguiente fui a una piscinaza que organizaron en casa de una tía de Maira y sus hermanos, que había usado parte de su patio para hacer una piscina y la íbamos a inaugurar. Por mi parte estaba muy nerviosa con todo aquello, casi me invento tener la menstruación para no bañarme, pero era otra de mis oportunidades para explotar mis pequeños atributos y seguir intentando de alguna manera atraerlo. No podía dejar de hacerlo, para mi era más fácil dejar que me rasparan un examen que dejar de quererlo. Ese día utilice el último traje de baño que me había comprado en Miami, que a decir verdad era el más lindo que tenia. Era verde con amarrillo y un poco de naranja, de dos piezas. Para ir hasta la casa me coloque una mini falda de jean y una blusa transparente blanca con unas cotizas verdes. Había estado esa última semana comiendo lo menos


posible para verme maravillosa, en aquel momento creí, que si el vestido en navidad le había sacado aquellas palabras, esto iba a ser definitivo. La piscinaza era desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde, pero yo sabía que debía llegar por lo menos una hora después de la acordada, así que me dedique con mucha paciencia a arreglarme lo más bella posible y a alistar el bolso de playa. Cuando se hizo la hora de irme, camine sola porque mi hermano se había fastidiado, de esperarme y se había ido antes. En el camino me encontré a Cristina y Alejandro y caminamos juntos hacia la casa de la tía de los muchachos. Al llegar nos dimos cuenta que todos los comentarios que habíamos escuchado eran ciertos la piscina había que dado muy linda y era grande (casi era igual a las piscinas a las que yo estaba acostumbrada). Pero eso no fue lo único que note, la idea de estar tan cerca de él me producía un nerviosismo terrible, mi corazón se puso a mil con solo entrar a la casa. Maira que nos esperaba en el frente, nos llevó hasta a atrás donde ya estaban algunos chicos dentro de la piscina, entre ellos unos primos de los muchachos, Otros chicos de la urbanización y ahí estaba él, bello (a mis ojos), pícaro, fresco, risueño, y en ese momento todo, todo se cayó. Estaba junto a él una muchacha de pelo rubio, delgada, linda (puedo decir), con la que Miguel hablaba más que en confianza. Maira al percatarse de que yo los miraba a los dos me dijo. -Esa es la novia de Miguel, pero no la que tenía antes, esta es otra. Creo que se hicieron novios hace tres o cuatro días- me dijo y su voz sonaba a “no te asombres”. - A que bien- y no hice ningún otro comentario. En ese momento todas las esperanzas de conseguir algo se volvieron a derrumbar. Y pensaran que una novia para él no es nadie y que era muy fácil tumbar a la nueva, pero es que en todo el día no me dirigió la palabra, no me volteo a mirar, ni siquiera me saludó, era la primera vez que yo me sentía tan transparente para él. Al final del día yo solo quería volver a mi casa, sin prestarle atención a más nada y haciéndole caso omiso a todo lo que Alejandro me había dicho, que ni siquiera recordaba que era porque ni siquiera había prestado atención. No había cerrado muy bien las puertas de mi habitación, cuando ya las lágrimas volvían a rodar por mis mejillas, no sabía si cada vez que me ilusionara con poder conseguir algo de él iba a pasar eso. Me sentía más que ridícula al haber planeado tan meticulosamente, que haría y como lo haría para atraer su mirada, toda la comida que no había comido por


que tenía que verme lo mejor posible. No lo veía, y no le importaba verlo, Miguel estaba en su mundo y m execraba a mí de él. Era muy difícil entender esto, digo en aquel momento, no sabía por qué la vida nos podía jugar esas pasadas. No podía entender porque si para él era tan fácil estar con cualquiera, yo no podía ser esa que él escogiera. No entendía ¿Qué no tenía yo? o ¿Qué me faltaba? Y aunque tenía muchas ganas de preguntar sabía que tenía que quedarme callada y aguantar, sabía que lo que me tocaba de ahora en adelante era tragarme ese sentimiento que había dentro de mí, sin hacerle mención a nadie de que existía, iba a tener que fingir que yo no sentía más nada por él, iba a tener que tratar de mentirme a mi misma a ver si de esa forma lo olvidaba. No debería, pero les adelanto, nunca pude. Después de ese carnaval tan funesto, seguí con mi plan de solo prestarle atención a las cosas importantes dentro de mi vida, la escuela y todo lo que ella se refería. No tuve más nada en mente, claro como siempre, solo durante el día, porque las noches se habían convertido en la peor parte de mi vida. Con el pasar de los días, y la despedida del mes de febrero llego marzo rápido y con mucha prisa por marcharse. Las chicas cada vez me reprochaban mas mis ausencias en las reuniones, habían semanas que solo iba una vez, y eso las estaba empezando a enfurecer, pues decían que no solo las estaba cambiando por los estudios, sino también por mis nuevas amigas, y no se equivocaban algo de eso había. Lo cierto era que con mis amigas del colegio me sentía como pez en el agua entre mas las conocía mas me daba cuenta lo parecidas que éramos, y lo mejor de todo era que nos preocupaban las mismas cosas, excepto lo que en silencio yo guardaba, pues ellas no se habían conseguido de frente con el amor (por lo menos no hasta ese momento). Si se preguntan ¿si lo vi? Les respondo que si de hecho cruzamos palabras y de más, como les había comentado antes soy muy buena actriz, y eso hacía siempre actuar, poniéndole desinterés a todo lo que tuviera que ver con él, y tratando en lo más posible de demostrarle que sus comentarios y sus miradas ya no me afectaban en nada. De hecho no hubo ninguna conversación importante porque no dejaba que la hubiera. Y de esa manera como se fue febrero, también huyó mayo. En abril me pareció súper bien la idea de irme a casa de mis primos, pero las chicas me amenazaron, con que si me iba no me aceptaban en una reunión mas, así que me quede y entonces si poderlo evitar tuve que verlo muchas veces en semana santa.


Como ya teníamos piscina donde celebrar (nos reunimos allí el sábado), las reuniones se fueron turnando, y los juegos que los muchachos hacían en la calle de la casa de Cristina, ahora se hacían en la calle de la casa que decidíamos hacer la reunión. El primero día de Semana Santa, ósea el lunes, nos reunimos en casa de Cristi y no fue mejor de lo que imaginé, pues me enteré de que Alejandro tenía novia (lo que quería decir que no lo iba a tener pegado como una mosca) y hasta me presentó a su novia que se llamaba Maricarmen. Ese día solo lo vi cuando lo saludé, y de lejos que me quedé observándolo un rato mientras jugaba (yo hacía como si no lo estuviera viendo a él, pero cada vez que le tocaba batear, con la excusa de que debía mirar al bateador aprovechaba y me lo comía con la mirada, no lo podía soportar para mí se veía irremediablemente irresistible), vale comentar que su novia ese primer día no se apareció, ni ese ni los días siguientes. El martes nos reunimos en mi casa, para nuestra sorpresa no solo Cristi tenia cuñada nueva, sino que Ale también tenía cuñado nuevo (el muchacho del supermercado), y bueno ya se imaginan ustedes a quien no le pareció nada la idea y salió patinado de mí casa. Y bueno como anfitriona no podía dejar que se fuera (ni quería que lo hiciera), así que me le pegue atrás y lo detuve antes de que cruzara la calle camino a su casa. -Miguel, espérate- y lo tomé por el brazo (cosa que nunca había hecho)- no tienes por qué ponerte así. -¿Eso crees? ¿No tengo por qué ponerme así?- y al mirarlo a los ojos comprendí que se sentía igual que yo, el día de la piscinaza, creo que hasta vio en mi mirada que lo entendía totalmente. -Se que te debes sentir mal, pero no tienes que irte, si somos justos tú tienes más derecho de estar en la casa que él, y bueno tampoco lo puedo votar porque es el novio de Cristina y eso lo tienes que aceptar, ósea, así es la vida- y eso lo dije seria y regia pero con un dejo de suavidad, no debía ser tan brusca. -Yo tampoco te estoy pidiendo que lo hagas-Y al decir esto sus facciones que hasta ese momento habían estado endurecidas, tuvieron más soltura, y él si dirigió hasta la acera y se sentó. Yo hice lo mismo. - Yo sé que no lo estás haciendo, pero también sé que la única manera de que te quedes es que ese muchacho no este. Y la verdad no me parece ni una cosa ni la otra, tú debes de quedarte, y bueno él también es su novio- y me lo quedé mirando a los ojos (hacía tiempo que no lo miraba a los ojos). - No lo puedo soportar, ella me gusta y me da rabia verla ahí- y bajó la mirada. -¿Puedo hacerte una pregunta?- le dije y me puse seria -Si- y levantó la mirada hacia mí.


- Si ella todavía te gusta ¿Por qué tienes otra novia?- y lo miré como si de verdad no entendiera nada. - No me iba a quedar solo, nada mas por que Cristina no quisiera tener nada conmigo, y yo sé que le gusto, lo he comprobado muchas veces- esa afirmación que hizo me dio una puntada en el pecho- y no sé porque no me acepta- y lo dijo muy convencido. -Bueno, yo creo que tu sabes muy bien tus cosas y que yo no soy la menos indicada para meterme en eso, pero igual opino que no deberías irte, pero esa es tu decisión si tu no puedes con esto es mejor que te vayas para tu casa- y eso lo dije para picarlo y hacerlo quedar. - Claro que puedo con esto, eso si necesito una sola cosa para poder quedarme- y se me quedó mirando. - ¿Cual?- y yo de verdad no me imaginaba que cosa me pediría. - Que te quedes conmigo todo el tiempo- y me miro como si supiera que eso me parecía una buena idea (la verdad no me iba a disgustar pasar ese tiempo con él, pero lo iba a pagar después). Así lo hizo, no se aparto de mí un solo momento. Y pensaran entonces que tuve esa oportunidad de cautivarlo, pero no fue así. Siempre estuvieron pegado a nosotros Sebastian y Patricia, y cuando no eran ellos eran Laura y Moisés, y si no Alejandro también (y ese día no estaba la novia) así que lo que menos pasó es que tuviéramos una conversación a solas. Los demás días pasaron muy normales, ninguna noticia buena, no tuve ningún otro contacto con Miguel. El viernes salí con mis amigas del colegio, y el sábado pues me inventé la llegada intempestiva de la menstruación, para no tener que hacer el papelito anterior. De todas formas aunque él no me viera, yo lo vi todo el santo día. A pasado tanto tiempo y si cierro los ojos y escucho las canciones que sonaron ese día, lo vuelvo a ver nadando en la piscina, conversando con Sebas y Ale, y robándose cada una de mis miradas, esas miradas que me traen tantos recuerdos. Al final de la semana solo me quedaba una duda ¿Por qué Miguel me había pedido esa condición? ¿Por qué tenía yo que quedarme con él para que se quedara? La respuesta no llego muy rápido, pero tampoco se tardó en llegar, y creerán que la respuesta me haría sentir mejor, pero no es así.


Capítulo X