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Para contarles

Tendría que comenzar por decirles cuál es mi nombre, y sí, eso es lo primero que hare me llamo Esmeralda Sofía Moncada Duarte proveniente de una familia que al principio lo tuvo todo, y que por vueltas del destino tuvo que hacer como los fénix renacer de las cenizas, pero eso se los contare más adelante, pero como les decía mi familia conformada por mi papá, mi mamá y me hermano Sebastián. Todo esto se los digo para que se vayan haciendo una idea, porque obviamente no es de eso que les voy hablar, yo lo que les voy a contar es una historia de amor, mi historia de amor. Pero de ante mano les digo que no se imaginen que será linda y maravillosa con un hermoso final feliz porque no es así. Pensaran ahora que debí haberles dado más datos sobre mí, lo que pasa es que cuando toda esta historia empezó yo no era la misma que soy ahora, podría decirse que de aquella niña solo queda la sombra, que quedo guardada en mi esencia y que logro sobrevivir a los avatares de la lucha que emprendemos el día que por razones que escapan de nuestras manos, comenzamos a crecer y en ese momento tantas cosascambian, que en realidad tú tampoco eres el mismo de hace diez años, pues ninguno se conserva tanto, las cosas cambian y eso no lo controla ningún ser terrenal. Y en resumen eso sucedió, les dije que venía de una familia que lo tenía todo, y así solía ser hace exacto diez años. Mi padre el señor Samuel Moncada era dueño o accionista mayoritario de inversiones CONCREI, una empresa que se encargaba de surtir material de construcción y que en ocasiones realizaba ciertas obras ya que contaba con sus propios arquitectos e ingenieros. Fue con la banca rota de la empresa que mi vida dio un vuelco total, para ese entonces yo acababa de cumplir mis 15 años y vivía en lo que ahora tiene nombre para mí “una nube de humo dentro de una esfera de cristal que me obstaculizaba la vista hacia fuera”. Y no lo digo porque fuera mal o rebelde, sino por malcriada y bueno hoy puedo ver que algo de culpa tenían mis padres en todo aquello pero no los culpo, hay muchos padre allá afuera que sobre protegen a sus hijos y nadie los condena a la silla eléctrica. Se había hecho una inversión millonaria que no había dado buenos resultados y que dejo hasta el cuello la economía de aquella empresa, se habían perdido los activos y pasivos hasta de las patas de las mesas y eso incluían a los de mi papa. Sin más remedio con la empresa se pago la deuda y además se necesito de la ayuda de los socios para terminar con aquella suma millonaria a deber, por lo que tuvimos que vender la mansión en donde vivíamos, además del apartamento en Miami y los carros de colección de mi papá que puedo decir fue lo más doloroso para él. Porque a pesar del dinero y lo que nos pudo haber radiado a mi parecer no éramos tan petulantes como quizás ya se lo imaginaron,


éramos más bien sencillos y quizás eso fue lo que nos facilito el acostumbrarnos a la nueva vida que nos venía. Por su parte mi madre Carmen Duarte ahora de Moncada era una profesional universitaria graduada con honores en Ingeniería civil, que fue absorbida por la universidad como profesora apenas se graduó, pero eso si de familia muy humilde. Y aunque ese fue el panorama el joven Samuel cayó antes los encantos de la señorita Carmen Virginia y pues nacimos mi hermano y yo, ni modo, los polos opuestos se atraen. Y de verdad no me refiero a la cuestión social y económica me refiero a que casi difieren en todo. Claro eso no cambio el hecho de que ella le diera todo su apoyo a él con lo de la empresa, y pronto empezaron a buscar un lugar a donde nos pudiéramos mudar y pues como dije antes comenzar de cero. Mi mamá consiguió una casaque había sido de la mejor amiga de mi abuela, que a todas estas no tenia tanto dinero como mi familia por parte padre pero tampoco era pobre, como lo había sido mi madre. Podemos decir que vivía bien, muy bien tanto que no nos costó mucho acostumbrarnos a esa casa. Claro la diferencia era notoria veníamos casi de un palacio ubicada en una zona acaudalada de la ciudad, para mudarnos a un urbanización cerca del centro. La casaera de una sola planta pero era muy grande, la señora Venancia, la amiga de mi abuela había tenido muchos hijos, siete en realidad, por lo que la casa tenía cuatro habitaciones, tres baños, un patio gigantesco, dos salas y una cocina lo suficientemente espaciosa. Para ser sincera no estaba tan alegre con la noticia, se iba a modificar totalmente mi vida. La escuela, mis amigos, mis cosas, mis lujos. Y bueno supongo que fue allí donde comenzó todo, fue a partir de ese momento cuando todo mi mundo se convirtió en un infierno más que soportable.

Sonrisas que se llaman lágrimas  

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