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Edici贸n 02 路 2012 路 Valor $2.000

Prensa Cultural Tejiendo Memoria


LA BARCA

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Pescadores de historias

Presencia de Junio La hora del marrano

Ciudad instantanea

Los hijos de la fiesta Editorial

“La Fiesta es una operación cósmica: la experiencia del desorden”, afirma Octavio Paz. Más aún, el poeta mexicano sostiene

que La Fiesta, categoría primera e indestructible de la civilización humana, es una revuelta, en el sentido literal de la palabra. A través de La Fiesta la sociedad se libera de las normas que se ha impuesto. Se burla de sus dioses, de sus principios y de sus leyes. Así pues, la fiesta es transgresión, regreso a la libertad y confusión originales. Sin embargo, desde el punto de vista teórico, el concepto de fiesta no aparece con suficiente claridad en la sociología, ni en la antropología, debido a su carácter diverso y multiforme. Miguel Roiz propone que la fiesta es un fenómeno social comunicativo, una serie de acciones y significados de un grupo, expresados por medio de costumbres, tradiciones, ritos y ceremonias, como parte no cotidiana de la interacción, especialmente a nivel interpersonal, caracterizadas por un alto nivel de participación.

Odia los desfiles, las cabalgatas, las corridas de toros y los tumultos. Lo único que le gusta de la fiesta es la gastronomía y la música folclórica. Está feliz por que vive de nuevo con su hijo. Juan Carlos Niño

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Epístolas ebrias

Poemas a Neiva

Nana Forero

Así eran San Juan y San Pedro Voces del río

La otra orilla

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SUMARIO

Y no regresó el Barcino

Baño de caos

Como en todo ritual, la fiesta no la vive una sola persona sino que se distribuyen los roles entre los miembros de la comunidad. En gran medida, las fiestas son una redundancia de la estructura social. El sentido de la ostentación de la imagen, de lo ritual y de la sacralización del tiempo y del espacio son tres elementos que aparecen a través de la fiesta como expresión de la vida social. Gracias a las fiestas, el huilense se abre, participa, comulga con sus semejantes y con los valores que dan sentido a su existencia. Más allá de todas las disparidades y confrontaciones, la fiesta es un gran proceso de integración donde instantáneamente se une lo que se encuentra separado socialmente. La fiesta por todo lo que ella implica, por el universo social y cultural que ella condensa, articula las cuestiones generales de la memoria colectiva, el patrimonio cultural y la identidad. La sociedad comulga consigo misma en la fiesta. Cualquiera que sea su índole, su carácter, su significado, la fiesta es participación. A veces, participación licenciosa, racha de violencia, baño de caos.

Hugo Mauricio Fernández De espíritu rebelde y corazón delirante. Ama la fiesta, la ebriedad y la locura que permiten arrojar la máscara y la ropa oscura que lo libera de sí mismo. Le gusta la buena música folclórica y la comida típica del Huila, las achiras, la mistela y sobre todo el doble anís. Aunque se jacta de ser buen bailarín, es muy necio ebrio.

Está terminando derecho, pero no se siente abogado y no cree serlo, más bien cree que es un buen conocedor de los derechos de los hombres. Nació en lo que hoy es La Plata, antigua Nación Andaki, Tierras del Cacique Pigoanza, con quien a veces discute sobre las guerras y la muerte. Amigo del vino y la fiesta, toca el tiple, el tambor y de vez en cuando canta coplas.

Espejo de agua

Tania Medina S. Observadora y soñadora, tierna y optimista; plasma su percepción de la realidad mediante la fotografía, la poesía y los artículos periodísticos. Ama sus ojos; ama a su familia, ama la música y el baile, los viajes, los bebés y los animales, la cultura china y la astrología, ama tantas cosas, AMA.

Hernando Flores Comunicador Social y Periodista de la Universidad Surcolombiana. Co-Director del Festival de Cine de Neiva Cinexcusa. Escritor de crónicas y reportajes. Cinéfilo. Amigo de Alberto Salcedo Ramos y admirador de Talesse. En lugar de ir a desfiles y cabalgatas, prefiere las fiestas que organizan las señoras solidarias de su cuadra.

Mario Alberto Escobar

2012 - Edición 02

La Fiesta

El Magolo Prensa Cultural Asociación Cultural

El Magolo

elmagolocultural@gmail.com facebook> elmagolocultural elmagolocultural.blogia.com Las opiniones expresadas por los autores, no son responsabilidad de El Magolo Prensa Cultural

Intervención fotográfica : Nana Forero Fotografía: El Magolo

#02

En los últimos meses su especialidad ha sido comer frutas silvestres, fotografiar montañas, refrescarse en quebradas, y dormitar bajo cielos estrellados; estas vivencias por momentos lo raptan del nervio de este periódico y del Ultimate frisbee. Su enamoramiento aún no pasa, y por momentos se acentúa, debido a su patología por los besos y los abrazos.

Eduardo Tovar Comunicador Social y Periodista de la Universidad Surcolombiana. Escritor de cuentos. Ha publicado el libro de relatos Los dominios de la mentira. Actualmente viaja por el Àfrica y el mundo recogiendo historia y vivencias para sus próximos trabajos literarios. Le encanta beber aguardiente en las fiestas sanpedrinas.

Dirección Asociación Cultural El Magolo Editor Hugo Mauricio Fernández Diseño, diagramación e ilustración Diana Forero Meneses Reportería Gráfica Tania Medina Impresión Editora Surcolombiana

Comité editorial Hernando Flores Juan Carlos Niño Eduardo Tovar Mario Alberto Escobar Diego Cerón Colaboran en este número Winston Morales Horacio Benavides Iván Tafur Emiro Bravo William Fernando Torres


PESCADORES DE HISTORIAS

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Neiva, junio 1º. De 1959

H

oy llega hasta nosotros – o quizás nosotros arribamos hasta él?- junio, el mes esplendoroso, cuajado de rumores y pródigo de ritmos y alegrías. El mes de junio marca hitos perdurables a lo largo de las iluminadas llanuras del Huila y del Tolima y en el palpitante corazón de sus gentes.

Por: David Rivera (Tomado de la Revista Huila No. 42, Academia Huilense de Historia)

Tóqueme ese bambuquito que me lo quiero aprender para cuando llegue a casa tocárselo a mi mujer.

Los bulliciosos vientos que se cuajan en las eminencias del nudo andino, ahora se desatan, para hacerse musicales, con ritmos de sonatas, primero, y más luego tornándose pujantes y trementes, a lo largo de las cañadas y sobre las vetas y las llanuras de la extensa comarca grantolimense. Los brisotes y los vientos desolados cabriolean por entre los pastizales y las plataneras, o muestran su imperial dominio entre las erguidas copas de las ceibas y de los samanes de la llanura, o los caracolíes, los cámbulos y los saucedales de las vegas que experimentan el empuje del henchido caudal del legendario río de la patria. El fuerte viento de junio invita a nuestros chiquillos a lanzar al espacio el encanto de sus cometas multicolores, de prolongada cauda, que se agitan burlonas y que oscilan en el espacio a semejanza de las aves

rapaces que descubren a la desprevenida alimaña asida al suelo. Más con dolor y con nostalgia debo anotar ahora que las bellas cometas de junio parece que poco a poco fueron perdiendo su admiración y sus encantos, a medida que las potentes máquinas de las naves aéreas fueron conquistando el espacio. Para los huilenses y para los tolimenses, a pesar de las tremendas tragedias en las que se han visto envueltos, el mes de junio sigue siendo, año tras año, el empenachado mensajero de sus desbordantes alegrías. En su parcela de nuestro calendario él nos incita a las

fiestas campesinas, cuyas gentes, engalanadas con sus típicos atuendos de vívidos colores, ora bajo el pródigo techo de los rústicos caneyes, ya bajo la sombra rumorosa de los guaduales y de las embrujadas orillas de nuestros riachuelos y a la cadencia de tiples y tambores, de dulzainas y corroscas, se embriagan de alegría, de aguardientes y bambucos. Y también, luego de la alegría sanjuanera, nos ofrece, en el corazón de los poblados, el anchuroso compas de júbilo que penetra a todas las mansiones, de donde sale el tentador tufillo de pasteles, asado o relleno de lechona y demás viandas suculentas. En esta fiesta tradicional por excelencia del pueblo grantolimense, que nos señala el almanaque como consagrada a los grandes Apóstoles el día 29 de junio, nuestras gentes sencillas y buenas vuelven a los lomos

Yo a veces quisiera ser Chinguecito colorao para poderte abrazar sin temor por lao y lao.

P

La nochebuena sin queso Y el San Juan sin aguardiente Es lo mismo que la boca Sin la lengua y sin los dientes.

En la noche se encendían las candelas de San Juan, que lampeaban sobre el verde violento de los cañaduzales y en las altas copas de los encenillos. En donde quiera que había galón de arrendatario, caneyes de aparcería o casas patronales, alzaban

Bienvenido, mes de junio, mensajero de las grandes avenidas de nuestro viejo río, de los vientos tonificantes, en ocasiones licenciosos y desmedidos con nuestras mujeres, y auspiciador de las cometas infantiles y de las grandes alegrías de un pueblo bueno, laborioso, sencillo, que se queda anhelando tu regreso.

Avísame cuando vas a refrescarte en el baño para llevarte el “anaco”, que yo solo no me amaño.

Por: Ramón Manrique Sánchez (Tomado de la Revista Huila No. 42, Academia Huilense de Historia)

or la tardecita del 23 de junio los caminos vecinales se llenaban de canciones remeras. El pespunteo del requinto, de la guitarra y de la bandola, y el son acompasado de atabales y tambores, convergían en ritmo de joropo o de bambuco. Guitarristas y requinteros hacían los ludios e interludios con gran agilidad de dedos y rasgar de los encordados:

lustrosos de sudor de sus caballos; se enfrentan a las astas de nuestros toros criollos dentro de los cuadriláteros de guaduas levantados en el bullicio de nuestras plazoletas, requieren amores, con el dejo asordinado de sus voces, a la bella mujer de sus hondas querencias, al ritmo de las danzas terrígenas, y se embriagan, sin medida, desbordantes de alegrías, para volver luego, entre ufanas y enguayabados, a la común faena del pastoreo y del labrantío, siempre fieles a una tradición legendaria, en interminable sucesión de muchas generaciones.

al cielo sus lenguas las candelas de San Juan. Los cohetes rasgaban el aire por valles y montañuelas. Cuando reventaban en lo alto con alegre estampido, las luces de las bengalas presumían de meteoros como si Saturno, Júpiter y Venus se hubiesen concertado para hacer luminosos guiños a los fiesteros. Corría el anisado y había no pocos entreveros y pendencias:

El 24, día de San Juan, las campesinas amanecían estrenando enaguas de olán florido, vistosos collares de peonías espaciados con cuentecitas de azabache. Escotes con pasamanerías y muchos encajes y perendengues. Y como el baño era ritual, el bosque de carboneros y arrayanes agrega a sus aromas naturales la fragancia del pachulí, del jabón de Reuter y del Agua de Kananga de Murray. En los intermedios y entre los chapoteos que levantaban muselinas de agua, y chorrear de cabelleras blondas o endrinas, y jugar del viento sanjuanero con los “anacos” de pancho colorado, venía la copita de mistela o mejorana custodiada por regimientos de bizcochuelos y arepitas de achira. Después del baño, viejas y mozuelas ungían sus cabellos con Tricófero de Barry y Kananga. “Cuarta y geme” de galón negro alcanzaba para sujetar las alpargatas nuevas sobre los empeines recién lavados. Cantaban los mozos al son de las guitarras:

Y a comer el asado tradicional! Su preparación requería un meticuloso proceso. Perniles, cabeza, costillas y tronco de la lechona recibían la consagración ritual de las especias: cominos, pimienta, nuez moscada y mostacilla. Y de las yerbas: culantrillo, eneldo, poleo, cebolla cimarrona y ajo. Y para mejor adobar, una buena rociada de vinagre de la tierra. Así adobada, la lechona se iba al horno caldeado con bagazo guadua seca, en cazuelas de barro cocido, se tapaban las bocas con hojas de “bihao” y se atrancaban con horquetas de varejón. Una hora después, el olorcillo a estofado anunciaba que la lechona se estaba dorando y que la salsa comenzaba a escurrirse por los esportadillos. San Juan era fiesta rural. San Pedro, urbana; pero entrambas estaban unidas hasta por diez días de regocijos continuos. San Juan, San Juanito, San Pedro, San Pedrito, San Pablo, San Pablito. En veinte pueblos y villas, encerronas de toros bravos del Sartenejo o de la Manguita, descabezadura de gallos, y caracolear de bayos y moros finos, retintín de estribos, bailes de “primera” y de “palo parao” y “alpargate lavao”. Y mucho trago:-brandy donde los Ucroces, Manriques, Duranes y Cuéllar Durán, etc.- “Resacao” de anís en el pueblo. Más una que otra “cumbrera” en Pajijí y Calle Caliente, y uno que otro “pisaganao” asteado en los fondillos por los toros bravos en la Plaza de San Pedro.


PESCADORES DE HISTORIAS

E

4 Por: William Fernando Torres

DEL

n los barrios tradicionales y los de alta migración campesina -aquellos de casas de un solo piso, alero, gran patio interior-, se da una mano de carburo o pintura a la casa, se cuenta el dinero para comprar una nueva muda de ropa y, hacia el 13 de junio, para el día de San Antonio, se trae del campo un racimo de plátanos para ponerlo a madurar. Es para cuando llegue la hora del marrano. Porque, dicen, “a todo marrano le llega su San Juan”. Ahora los urbanos dicen que “a todo marrano le llega su San Pedro”. (Es también, otra manera de decir que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”).

LA

HORA

MARRANO

Con los familiares se fija la fecha de la matanza-el 23 o 24, los apegados a la tradición; los pragmáticos el 27 o el 28, si caen en viernes o sábado-, se hacen las listas de mercado, se compra el aguardiente, se elige la casa. Será la más grande: la de los abuelos, casi siempre. El día señalado llegan los parientes con sus hijos después de la comida. Se cuentan noticias de familia; se recuerda a los ausentes, se demoran en chismes, se raja leña, se planean negocios caseros, mientras toman unas copas. A veces algunos tíos recuerdan canciones de antaño, echan de menos los vientos de San Juan. Luego mandan los niños a la cama para evitarles asistir al sacrificio.

dro Cuando llega el San Pe s yo olvido pronto pesare te ien rd brindando con agua les. al son de aires naciona

Al amanecer alistan cuchillos, platones con agua y se pasa al patio. Allí está el animal que ha contribuido, en parte, a tener unida la familia durante los meses anteriores y que será el plato de comunión. Los hombres lo rodean, lo apresan. El más viejo, el

más diestro, le toca la vena bajo la garganta, le busca el corazón, y con agilidad lo alcanza con el cuchillo. El largo chillido de la agonía del marrano, inicia una alborada de chillidos en los patios vecinos. Después de los gritos y los pitos, es la tercera llamada. Ha comenzado la fiesta.

El animal es destazado. Comienza la tarea del adobo y la preparación del asado, las morcillas, las frituras, el queso de cabeza. Ahí cada familia traspasa de una generación a otra los secretos de la cocina regional. Se recuerdan las fórmulas de la bisabuela y se enseña a los más jóvenes los insulsos, las arepas de engrudo, el juanvalerio, los bizcochuelos, la mistela de yerbabuena. Hay trabajo para cuantos se presenten: preparar tinto, hervir agua, revolver especias, freír plátanos, envolver insulsos, cortar hojas para los tamales, repartir aguardiente, recordar coplas. Hacia el mediodía el aroma de las primeras pruebas de asado se expande por el vecindario y, de cada vecindario, pasa a sazonar toda la ciudad. Cuando no tienen dinero, los neivanos aseguran que en estas tardes basta con levantar en el aire una arepa de engrudo para impregnarla con el aroma y comerse por los menos la ilusión. Muy pocos, sin embargo, se quedan con las ganas.


LA OTRA ORILLA

LA CIUDAD Ni tu ilusión se sabe, ni tu poder se ostenta; y fúlgida entre el nido de ardiente resolana, dejas que cada tarde, desde la cumbre cana, te rinda el sol tu manto de púrpura sangrienta. Para encontrarte es necesario descender a cada paso. Dar el cuerpo a tus fraguas para recogerlo como escoria. Es necesario acostumbrarse a tus desiertos de cemento, a los garabatos transparentes que emergen de tu asfalto, a tus nidos deshabitados de cartón y alambre, a tu agua de vinagre y tus vinos de cicuta. ¡Ah Neiva, ciudad del verano eterno! Para soportar la vida en tus cáusticos laberintos conviene tomar por amiga la ignorancia y compartir el pan con el que ultraja a nuestra madre. Para que tu orgullo no hiera se reconoce que el mentón alto oculta el pellejo sucio y el cuello roto de la camisa. ¡Ah ciudad moneda! Tu azar no osó la fortuna en los pabellones de la desgracia. En cada árbol bizarro pusiste el patíbulo. Y sabes conspirar con los verdugos para exiliar en la muerte a la razón… De ti los ángeles huyen ciegos al ver tus manos de cal, y los sabios guardan las semillas para no perderlas en tus campos imberbes. Haz permanecido como una vaga espina en las vértebras del tiempo. ¡Ah ciudad tres veces fundada! Trío de fracasos sin cupo de honor en la historia. ¡Ah Sodoma sin fuego divino! ¡Ah león dormido que pronto brama!

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LA GAITANA

José E. Rivera, Soneto a Neiva A David Rivera

Se extinguen los ecos del combate… y Pigoanza, Con las armas aún tintas, reúne a sus guerreros, que juran por sus dioses, en señal de venganza, devorar esa noche de prisioneros. Añasco, tembloroso, mudo y lívido avanza y los indios lo ultrajan con ademanes fieros mientras bailan en torno, con histérica danza, invocando al demonio, los sacros agoreros. Feroz, cruel, desgreñada, la cacica Yalcona, se agita en su triunfo, cual selvática leona, pues ha vengado al hijo, con venganza hispana. Y don Pedro de Añasco, torturado y vencido, desgarrando los aires con doliente alarido, se arrastra, como un perro, detrás de la Gaitana. Pedro José Ramírez Sendoya

Santiago Galeno

Poemas sobre la

ciudad

DÉCIMAS A

de Neiva

MI CIUDAD

NEIVA Ebria de sol, llanura, cordillera; envuelta en los modernos afanes citadinos la asedian horizontes y caminos y la embarga la prisa callejera. No rumia ya el letargo de la espera, pero en sus tibios ratos vespertinos se puebla con los talles femeninos, airosos como una canto de Rivera. Viene de un viejo ancestro de veranos y evoca antiguos sueños comarcanos, con dejo musical de canto y queja. Bajo el sol calcinante del estío se mira en el espejo de su río en que su faz morena se refleja.

Neiva, mi tierra adorada de calentanos placeres, donde todas las mujeres parecen una alborada, y la brisa es carcajada de sin igual expansión: te llevo en mi corazón como singular presea que mi espíritu recrea y ennoblece mi razón.

Jonathan de la Sierra

Guillermo Montenegro Azuero

A LA ORILLA DEL

OBSCURO MAGDALENA

SONETO A NEIVA Grave, como tu río que a la nación sustenta, lustraste con tu gloria la estirpe castellana, y para el nuevo triunfo, bajo la luz mañana, tus palmas enaltecen su fronda soñolienta. Ni tu ilusión se sabe, ni tu poder se ostenta; y fúlgida entre el nido de ardiente resolana, dejas que cada tarde, desde la cumbre cana, te rinda el sol su manto de púrpura sangrienta. Nunca profanos ojos leyeron lo que auguras: el soplo de tus manes agita las alturas; tu bosque de laureles sagrados es más denso, y alta misión al mundo tu símbolo pregona. ¡En tu quietud solemne de bélica leona, fluye bajo tus zarpas el Magdalena inmenso! José Eustasio Rivera

A la orilla del obscuro Magdalena La ciudad se descubre en el espejo, Reverberan las escamas en los sueños de los hombres, En el barro de la calle, el amor de los locos Chapotea en los umbrales; El fulgor de un arrebol navega en el cemento. Por los andenes agitados bajan tacones lujuriosos, El brillo del puñal flota azaroso en la corriente, Fluye el suburbio y la vida callejera, Las esquinas se revuelven en confusos caracoles. Otro estero se trasluce en el asfalto, Un laberinto ardiente que hiede a tripas de pescado, Una canoa de fantasmas que naufraga en la monotonía Del anzuelo y la carnada. Otras aguas se reflejan, Otra arena, otros cuerpos sin ojos, sin bocas, Otros ahogados, otro río de tumbas se desborda en el hastío. Con todo, entre burdeles, pensiones y fachadas comerciales Un barco de papel leva sus anclas. Narcisa repulsiva, la ciudad se revela en el espejo A la orilla del obscuro Magdalena. Alejandro Valle Cantor


VOCES DEL RÍO

Correspondencia Aguardientosa

6 Fotos: Alejandro Valle Cantor Intervención e ilustración: Nana Forero

¡QUE SUENE LA CUADRA!

Por: Hernando Flórez Bermúdez

Q

ueridos contertulios. Yo sé de sus estilos ácidos y posiciones críticas frente a las festividades sanpedrinas del departamento, por eso supongo que en estas páginas estoy condenado a mediar entre ustedes y ellas. Comenzaré entonces con mi semana antes de la inauguración oficial del Festival Folclórico, y lo advierto, me tomaré un par de licencias. Mis días empezaron frente a un salón lleno de niños llorando y mujeres de guantes con aguja en mano. Mi muestra de sangre fue afortunada, la primera en años. Una monita con manos de ángel me tomó el brazo y con la misma rapidez lo dobló con un algodón húmedo en medio. “Que

pase buen día señor”. Lo dijo con tono triunfal, como diciéndome: sé que eres un cobarde y que tengo manos de seda. De todas formas me fui feliz. Llegué a mi barrio conservando el sentimiento de gloria, crucé la calle y supe que había iniciado el San Pedro. Mi cuadra era el atractivo turístico del barrio. Pasacalles bordados a mano, andenes pintados con cal, letreros en el pavimento, rabo de gallo en cada ventana, faldas, sombreros y Olímpica a todo volumen en el equipo de tres casas. Un verdadero festín mañanero, de esos que sólo saben hacer los vecinos de barrios populares, de esos que sólo los criados en comuna pueden disfrutar, yo el primero. Cada dos casas un letrero de Olímpica

estéreo, cada dos casas otro de Comcel, la estrategia de las líderes era decorar con gracia y adular a los patrocinadores para ganar el premio: trago, música y lechona. Sencilla estrategia a cargo de una cuadrilla de amas de casa. Cuatro mujeres ingeniosas que contagiaron a toda la cuadra del deseo de ganar (trago, música y lechona). Incluso a ustedes, los contagiarían; ante ellas he visto sucumbir a los más huraños maridos, los he sorprendido poniendo colgandejos en las ventanas, recortando cartón con tijeras y cuando menos sonriendo como niños ante el nuevo orden de festín en que se ha convertido la cuadra. Se los digo, son impredecibles, puedes acostarte con una idea festiva de la cuadra, la más descabellada que te parezca, pero al día siguiente ellas te sorprenderán. Chivas en cartón parqueadas en plena calle, carrozas con reinas de juguete, tarimas con bafles de papel, lechones en espuma, tamales en hoja de plátano, becerros disecados, cantinas decoradas, tinajas, tinajeras y tinajones. Este parece un San Pedro feliz para las amas. Un día apareció frente a mi casa un chile en cascada sobre una balsa de cartón, decorada con pescados azules, rojos y amarillos. Los niños no se quedan atrás, no lo crean, cada vez que llegan los jurados enviados por la emisora renuevan sus atuendos, las niñas visten faldas de flores y blusas de reina con un peinado de miss universo fijado con gel; los niños aparecen encopetados con rabo de gallo al cuello, pantalón negro y camisa blanca, los trajes típicos de la fiesta. Cada uno asume un rol, una postura, una dignidad de anfitrión que abruma a los jurados aturdidos. Como ven, amigos, la mía es una típica cuadra calentana, y que quede constancia, no es un reproche, es sólo la muestra de una conciencia popular que también caracteriza la fiesta, que también existe en esta Ciudad y que finalmente representa el lugar desde donde escribo. Buena mar.

TRAGO, DESFILE, CULTURA; TRAGO. Por: Eduardo Tovar Murcia

M

is buenos y entusiastas amigos. Hoy comienza el Festival para mí. No he tenido la oportunidad de caminar la ciudad y apreciar el cuadro popular que expone Hernando, pero seguro sé de qué habla: Mi cuadra ha ganado en no sé cuántas ocasiones “La cuadra navideña” que, si no estoy mal, promociona la misma emisora durante el mes de diciembre; para mi desgracia. Decibeles, decibeles y más decibeles de salsa, reggaetón, vallenatos y rancheras rompiendo con la tranquilidad de quien intenta leer a Foucault. Lamento no compartir esos arrebatos barriales. Hoy saldré, como todos los años, a observar el mayor número de desfiles que mi hígado permita. Los observaré atento, tratando de apreciar el arte de las carrozas, escuchando el sonido de papayeras, bandas municipales y grupos de rajaleña mezclado con los asonantes estertores provenientes de camionetas y carros

apostados a un costado del desfile. Así mismo intentaré sentirme orgulloso de ser opita al ver las danzas, a los mitos caminando, saltando, bufando; desafortunadamente eso no pasará antes de media de Doble Anís. A partir de ese momento un leve sentimiento de orgullo Opita comenzará a crecer en mis adentros: nuestras fiestas son el espacio ideal en donde el Yo oculto que llevamos dentro se manifiesta ebriamente, sin tapujos, sin máscaras sociales porque es allí, justamente en la fiesta, donde el Otro es libre, aunque sea por unos días. Esa libertad es motivo de orgullo. No espero más que eso de estas fiestas, por más cincuentenarias que sean. Aunque, ahora que lo pienso, y espoleado por esta invitación a dialogar sobre ellas, debo decir, que tampoco me doy la oportunidad de asistir a otros espacios folklóricos. Prometo hacerlo y darle de ese modo una oportunidad a nuestra manifestación cultural por excelencia. Hasta aquí llegó hoy. Me subiré a la gavia para otear ese río encabritado, picudo, llamado cultura. Espero no naufragar intentándolo. Un abrazo.


Por: Juan Carlos Niño.

H

ay dos cosas a las que debo mi malestar por el San Pedro, ya no me gusta, y debo advertirlas antes de dar algunos detalles de lo que se vive por acá en las fiestas. La primera es que ya hace como 5 años me retire de estar involucrado en San Juan y San Pedro. Se me pelaron los pies de tanto desfile y terminé con callos en los dedos de las manos, después de divertir a muchas familias tocando rajaleña con mi tiple. Terminaba rendido, llorando, aburrido de cantar coplas con doble sentido enseñadas por ahí, de fiesta en fiesta, mientras los otros bebían aguardiente. Yo me quedaba dormido arrumado con mi tiple, mi hermano, el requinto, tambor y marrana. La diversión se limitaba a comer insulso y asado. Luego entendería todo eso. La segunda, tiene que ver con un espíritu crítico que se la va pegando a uno de las andanzas en la U. No es agradable, ni divertido ver desfiles de gente con cara lánguida, trajes descoloridos y bandas desafinadas. Creo que algo no anda bien, tanto guaro ha debilitado la creatividad. A la entrada de La Plata hay pasacalles que anuncian que se está llegando al paraíso folclórico del Huila. Nosotros celebramos un año adelantados el San Pedro, como todos lo saben. Es a sonido de flautas, ritmo de tambores, halito de chicha como se comienza el día. Hace 15 días llegué y son pocos los días en que no se escuchen “cuetes” y

SAN PEDRO EN LA PLATA

tambores en la madrugada. Ya no sé cuántos desfiles he visto, este año la temática ha sido el Bicentenario, muchas manuelas y bolívar han desfilado, junto a la muchedumbre y las Reinas. Y aunque celebramos una fiesta igual, comemos el mismo asado, cantamos las mismas coplas, etc, hay algo que nos diferencia de los del norte. Aquí todos saben tocar algo. Todos tienen banda.

Hay una legendaria y de ahí se desprenden todas. Su nombre es popularmente conocido, “la Banda de los Borrachos” creada hace como 50 años, junto a ella que encabezan los principales desfiles, van otras, los JA JA JA, los JA JA citos, los Chicheros, los parranderos del pueblo, los PIOERSNADA, el combo de picho rico, y otras de menor relevancia; esto es el atractivo principal,

parranda con mujeres y hombres tocando por igual el tambor, o una guadua trozada que llaman “carángano”, flauta traversa, chuchos, marranas y esterillas, no se ven o son escasas las guitarras y los tiples. Una vez nos presentamos con el grupo que teníamos cuando pequeños, se llamaba “El Tábano” y nos descalificaron, tocamos esa vez tonadas del norte, Guacirco y Fortalecillas, a nadie de por aquí le gusto, les pareció raro, fofo y muy débil, aquí las rajaleñas tienen que sonar duro. En Neiva, los grupos de la Plata se presentan es el día de las chirimías indígenas, por ende La fiesta, aquí sabe a chirimía indígena y a chicha. Aunque ya se ha perdido la tradición, hasta hace unos pocos años, todos los instrumentos, hasta un guitarrón gigante, eran hechos con Calabazos simulando una banda de vientos, el más importante por su tamaño es la tuba, le ha dado la vuelta a Colombia, calabazos grandes que en forma de espiral envuelven al sujeto que lo toca, produciendo un sonido similar al de la marrana. Vamos a ver si hoy sale Anastasia, una tinaja que recoge todo tipo de trago que después es repartido en el parque mientras se lee el testamento de Pericles. Voy a pasearme para contarles. Este año, huele poco a asado y hay poco aguardiente. Me preocupa. ¿esto no es acaso Huilensidad?

SALUD, HOY DÍA DE SAN PEDRO.

EPÍSTOLA EBRIA Por: Hugo Mauricio Fernández

D

ebo confesar que me gusta la fiesta. Desde niño, recuerdo que mi abuela vociferaba a las cinco de la mañana el 24 de Junio, “viva San Juan”, mientras repartía bizcochuelo y copitas de aguardiente a todos en la casa y tarareaba el sanjuanero. Por esto, no sólo sé apreciar la buena música de nuestra tierra, que tanto cayo le sacó a Juan Carlos; sino que concuerdo con Hernando en apreciar en estas tradiciones la reafirmación de lazos y emblemas solidarios de la colectividad. Pero sobre todo, y aquí convengo con Eduardo, mi hígado siempre ha estado con mi compadre el aguardiente. Así que esa fue la excusa que me llevó a transitar una vez más por el malecón del río magdalena; a curiosear entre el ruido estridente, los bailes y el desfile de las reinas populares, las imágenes representativas de lo que denominan, “nuestra identidad”. Pero hablemos de la otra fiesta, de los hijos de la fiesta. No los nacidos en Marzo nueve meses después del jolgorio, que fueron engendrados para que la fiesta nunca se acabe, según el mandato divino, sino esos personajes borrosos que apenas se nos quedan en la memoria por ser tan insignificantes, comparados con las reinas; ellos no

aparecen en las páginas sociales de los periódicos locales, ni salen en las cabalgatas bebiendo whiskey pero son fundamentales para el alma del festejo. Esos perfiles merecen cada uno su elegía. Me refiero a ese “don nadie” que va disfrazado de Mohán, o el indígena guerrero tiznado de negro, la señora de las mazorcas, la de la lechona, la de las empanadas con aloja, la del chorizo, la del asado, la del tamal, el mimo Michael Jackson, los que van vestidos de diablo, de madre monte, de poira, de mama pura y taita puro, los que venden cerveza, los que recogen las latas de cerveza, los raponeros, las escopolamineras, los que venden globos, sombreros, comida, los borrachos, toda la caterva ebria de los hijos de la fiesta; hasta los desocupados mirones como yo. Lo cierto es que a estos eventos se asiste más a disfrutar de las imágenes y el despliegue de la mirada, a mirar y a que nos miren, a mirarnos, a embriagarnos no sólo de aguardiente sino de multitudes, recordando a Baudelaire; además que prestar atención a las carrozas deprimentes, el desorden de los bailarines ensopados en sudor y los besitos sensibleros de las reinas, es menos apasionante que ver a este hombrecillo vulgar que camina

mirando al suelo mientras señala las latas vacías, que unos niñitos desarrapados, se disputan por echar a su costal, mientras el caballo del doctor boñiga se caga en los envases desocupados; o a ese otro, con pinta de angelito que le dio cuchillo al man care marrano que le piropió a su hembrita; o a las colegialas que se entusiasman con la pólvora y la música que hace mover sus cuerpos jóvenes dispuestos al deseo, y los muchachos que toman cervezas y aguardiente, mientras se animan a caerle a alguna nena y quizá tener algún romance. Hay muchas maneras de concurrir a estos desfiles. Si el plan es familiar, lo más sensato es pagar los palcos que alquilan bajo la sombra acompañados de banda papayera, allí estará a salvo del tumulto y los

e x p e r t o s manos lisas; si su interés es más “fashión”, puede ubicarse junto al parque El Pentagrama en el Caracolí, allí los jóvenes pululan con sus peinados mango chupado y los enjambres de mujeres lindas expelen sus perfumes irresistibles; si su intención es más antropológica, frente al adefesio del Mohán las galladas de Galindo y Surorientales despliegan su sangre maleva con todo y rastrillada de machete; un colorido retrato de los conflictos sociales y nuestra propensión a la agresividad. Pero la fiesta es eso, diversión, excesos y violencia. Por lo pronto, me tomo otro aguardiente que allá viene la morena de ojos bellos que me gusta. Y como dijo un buen amigo, “esta noche me emborracho, picho y peleo”; salud!


CIUDAD INSTANTÁNEA Fotografías: Tania Medina S. Alejandro Valle Cantor

Los la

Hij

Fie

El deseo

enmascarado atraviesa plazas y calles. Y en ausencia del censor, el placer entra bajo todos los techos”.


jos

CIUDAD INSTANTÁNEA

de

esta

Que sabroso es tomar chicha y al fogón meterle leña hacerle al amor cariño y al Sanpedro rajaleñas

LLegó la fiesta llegó San Juan alevántese compadre que nos vamos a tunar


TRANSEÚNTES

10

Por Horacio Benavides

“Una reflexión poética desde el valle de las

palabras”

lo que él llama pasteles de maíz, que no eran otra cosa que nuestras arepas.

Neiva se comunica con el norte, Ibagué y Bogotá, por una buena carretera, con los un pato de río pasa con su cuello delgado y largo fuera iajo de Cali a Neiva pasando por departamentos del sur, Cauca del agua, dos pescadores se alejan en una canoa Ibagué, es decir subo hasta cerca y Valle y Nariño, está casi aislada. con motor. Pocas ciudades tienen la suerte de de Bogotá y deshago el Hay dos vías para salir a Popayán: la tener un río, Barranquilla está de espaldas al camino, en un viaje una pasando por La Plata, hasta donde me Magdalena; entonces recuerdo que Cali es tocada por que en bus dura dicen la carretera es pavimentada, y continuando el Cauca, y me pregunto: ¿y entonces porqué el Cauca no 11 horas. Es por una trocha, en un viaje no largo, pero lento. La significa nada para la ciudad? y tengo la respuesta: simplemente un martes otra, pasando por Pitalito, Isnos, Páramo del Paletará, porque a su paso por Cali el río es casi un caño. Sé que en Cali se está g r i s por una carretera difícil, sobre todo en invierno. construyendo un sistema de tratamiento de aguas negras llamado Petar. de tal Por ésta última sale en camiones el ganado ¿En qué va el proyecto? No lo sé. El Magdalena a su paso por Neiva aún manera del Caquetá, pobres reses tropezando, está poco contaminado. Y vuelve la pregunta ¿Neiva arroja sus aguas residuales que el golpeándose, en su último viaje. El al Magdalena? De ser así está apuñalando su río y pronto el malecón tendrá que paisaje paisaje por los dos lados es cerrarse. Pienso con horror: la mayor parte de las aguas residuales de los pueblos y por la precioso, el segundo lo ciudades de Colombia son arrojadas a los ríos, estamos matando la belleza y la vida. En Panorama, conozco, el primero el malecón hay un espacio dedicado a la venta de pescado; los pescadores terminada hermoso en días sólo de oídas. Es su faena acuden al lugar con su pesca, allí están las cachamas, los nicuros, los soleados, es del mismo urgente hacer pejes, los capaces, las sardinas, los bagres, los bocachicos, y hasta color del día; sólo cuando llegamos una buena una raya de buen tamaño. Frescos, algunos aún se mueven, al Quindío el sol aparece y el valle de los Quimbayas vía, o dos aún boquean. se muestra en todo su esplendor; platanales y cafetales, “el buenas verde de todos los colores”, casas campesinas con corredores y v í a s ; La ciudad más arborizada de Colombia creo flores, y nuevas casas, (dicen que de narcos), imitando a las anteriores por una que es Valledupar, Cúcuta también lo es. En con un acabado demasiado artificial. El ascenso a la Línea es lento por el autopista, Valledupar existe una cultura ciudadana de tráfico de las mulas y los grandes camiones. Las laderas de las montañas, Cali estaría los árboles, si alguien está cortando un bajando hacia Cajamarca, están sembradas de café y plátano, son tierras a cinco horas árbol, los vecinos acuden en defensa relativamente fértiles. Ibagué está en un extremo del Valle del Magdalena, al pie de Neiva. del árbol. A Neiva sus árboles le dan de la montaña. belleza y algo de frescura, tan Pienso que necesaria en un lugar donde El viaje entre Ibagué y Neiva se hace atravesando el Valle del Magdalena los escritores, tan en verano la temperatura de norte a sur; inicialmente es muy plano con tierras fértiles dedicadas ocupados en nuestras puede llegar a los 40 grados a la ganadería y a la siembra de arroz; en la medida en que obras, en el reconocimiento, centígrados. se avanza y nos acercamos a Neiva, la topografía deberíamos ser también la es muy parecida a la del Valle conciencia de la ciudad. Se me ocurre Como hablamos de peces, Emir, quien es un gran del Patía, tierras que tres son los proyectos fundamentales anfitrión, generoso como la mayoría de los opitas, me invita a onduladas, para Neiva: el río y su malecón, proyecto almorzar pescado. Vamos al parque de Las guacamayas, se llama así por aquí y que conlleva uno mayor: el tratamiento de las guacamayas que viven en los árboles. Nos sentamos en un restaurante al allá las aguas residuales. La arborización, que aire libre, después de otra cerveza pedimos el almuerzo. El gran Emir pide trucha significa belleza y protección. Y la autopista a la plancha y yo bagre a la criolla. Mientras lo preparan conversamos mirando que comunique con el sur del país y con los ocobos del parque y observando los grandes pájaros. Llega el pedido, mi el mar. Así que mis buenos y capaces bagre sabe a pescado, este es un requisito tratándose de pescado, la salsa no amigos organizadores del encuentro de interrumpe el delicioso sabor, la tostada de plátano, la ensalada verde y el arroz escritores, el trabajo es enorme, huilense están en su punto. Al día siguiente los organizadores del encuentro de deben cargar con sus obras, escritores nos invitan a almorzar al malecón. Después de un par cervezas pequeñas con la organización del piden una picada, es una picada como la que se puede encontrar colinas, árboles encuentro, y además en otra parte del país, carne de res y de cerdo, chorizo, rellena, chamizudos, tierras dedicadas deben pensar la platanito frito en monedas; abundante colesterol. Quiero a una ganadería no extensiva. En todo ciudad. detenerme en el aperitivo, consiste en arepa de maíz con este territorio casi ninguna casa campesina, es hogo (salsa de tomate. cebolla y aceite), cuando pregunto muy probable que, como ocurrió en el Valle del Cauca, por la sabrosura me dicen que viene del maíz pelao, que los campesinos fueron sacados de una u otra manera. es un maíz al que le quitan la cutícula poniéndolo a remojar en lejía, o sea en agua de ceniza, procedimiento antiguo, De Neiva casi nunca se dice nada. Sorpresa, esta ciudad de unos mi madre lo utilizaba cuando yo era niño; la verdad pocas 300.000 habitantes, está a la orilla del río Magdalena. El río toca a Neiva, veces uno se puede comer una arepa más sabrosa. Nos es un río grande y vivo, aun se pesca. Se está construyendo en la orilla dan de postre mazamorra, el maíz es suave y el sabor muy un malecón que será un mirador y un paseo. Ya está construido en una bueno. Postre y entrada vienen de una cultura milenaria, pequeña parte. Sentados en torno a una cerveza, bajo las ramas de un samán, de los indios de América; Cieza de León recuerda que a su conversamos mi amigo Emir y yo. Los árboles, la cerveza, el río, una buena paso por el Valle del Cauca los conquistadores comieron conversación, qué más les podemos pedir a los dioses. Una garza acuatiza,

V


PUBLIREPORTAJE

ZONA DE PESCA

C

11

omo una solución a la disminución acentuada de su caudal, al aumento en la demanda de agua potable, y al desequilibrio ambiental entre otros, el pasado miércoles 30 de mayo en el centro de Convenciones José Eustasio Rivera, con ocasión del Día mundial del medio ambiente, los actores del proyecto “Cuenca del río Las Ceibas, una alianza estratégica, colectiva y participativa para su protección y producción sostenible” luego de cinco años de vigencia, presentaron sus experiencias, avances y dificultades de este modelo de cooperación institucional entre la CAM, la Gobernación del Huila, la Alcaldía de Neiva y Empresas Públicas. En este Foro ambiental y productivo, que inició a las 9 de la mañana, y donde contaron sus experiencias asociaciones de productores como Asprocaeco, Agromesón, Asoceibas, investigaciones de las universidades Surcolombiana y Cooperativa, y acciones de instituciones como el Datma y la secretaría de Agricultura Departamental entre otras, se conocieron las tareas concretas de la recuperación, cuidado y manejo sostenible de Cuenca que abastece de agua a 350 mil habitantes. Esta estrategia se está logrando gracias al liderazgo de la Corporación del Alto Magdalena (CAM) y La Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), expusieron ante el auditorio, el convenio de cooperación técnica y POMCH o Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica con visión a 20 años, en un radio de acción que supera las 26 mil hectáreas y que viene sirviendo como carta de navegación. Frente a la naturaleza de este proyecto, que funciona gracias al modelo de fiducia y que ha sido conocido por países como Perú y Ecuador, Humberto Rodríguez, director general del proyecto FAO, en medio del evento comentó: “la estrategia, es generar alternativas de producción para más de 2 mil usuarios directos de esta zona, que asocien prácticas de manejo y conservación de los

Humberto Rodriguez Director General del Proyecto FAO.

LAS VOCES DEL RIO LAS CEIBAS recursos naturales y actividades agroecológicas y agroforestales, razonables y rentables”.

Este territorio ubicado al oriente del municipio Neiva, se posiciona y nos enseña un proyecto vital para la sostenibilidad ambiental, social y económica, experiencia ejemplo a nivel nacional.

Audelina espinosa, presidenta de Asprocaeco (Asociación de productores de cacao ecológico) y habitante de la vereda los Cauchos, zona productiva, en medio del foro comentó: “el proyecto ha sido bueno, nos han apoyado para el mejoramiento de nuestros cultivos y nuestros predios, hemos trabajado los módulos orgánicos, construcción de una bocatomas, de almacenamiento de agua con casquetes esféricos, con un huerto casero, también con capacitaciones, ahora nos vienen acompañando para el proyecto de alianzas productivas para el mejoramiento del Cacao”. Diversas son las realidades y los beneficios ambientales y productivos que ha traído a esta zona, sin embargo el camino no ha sido fácil sobre todo en las 6723 hectareas de la zona de reserva, donde Ilde Hernán Vidal, representante de la comunidad al Consejo de Cuenca, al final de este evento expuso las dificultades: “en la zona de reserva están la mayoría de problemas sobre todo frente a la legalización de predios y compra de predios, reubicación de las familias y la invasión de ganado de las zonas protegidas; es urgente qu estos procesos de reorienten de la mano de las comunidades, y se reactiven la compra y reubicación de manera ordenada, para no de

Hernán Vidal Lider comunitario

dejar familias aisladas de las 170 que faltan”. Este foro que duró cerca de 4 horas, y que dejó ver resultados palpables de este proyecto de cooperación técnica, como también los desafíos hacia futuro, es muestra de los grandes avances que la CAM y la FAO vienen haciendo para la preservación de un ecosistema vital para Neiva, y sobre todo como lo dijo el director encargado de la CAM, que este proyecto demuestra que es posible hacer planificación a largo plazo que supere los periodos de las administraciones locales, departamentales, como también de los directores de las corporaciones”.


TEXTURAS

El Fin del

Mundo

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Por: Wiston Morales Chávarro

N

o sé si quien esto escribe feneció bajo las llamas aquel no lejano 7 de septiembre (cuando nació un ángel terrible), o si, por el contrario, es la voz y la escritura de un fantasma,- el lenguaje tácito de la muerte, la imagen de un hombre que no termina de diluirse en la memoria del espejo.

¿Y si el fin del mundo es un hecho? ¿Si ese 666 del que tanto nos hablan algunos hombres es posible, y entonces todo lo que creemos como vida y permanencia no es otra cosa que nostalgia, apego, obstinación a la partida? ¿Y si hace mucho tiempo estamos muertos? ¿Si lo que concebimos como cuerpo y alma no es otra cosa que resonancia, susurros del tiempo y el espacio, reflejos de lo que alguna vez fuimos o de lo que pudimos llegar a ser?

Ilustración: Nana Forero

No saberse uno vivo, creer, en nuestro ego y arrogancia, que estamos respirando, que todo cuanto nos rodea es tangible a nuestras manos, que los besos, las caricias, los abrazos son tan reales como esa misma certidumbre de la resurrección y el abandono.

y renovarse con la llegada de la noche. ¿Cuántas de nuestras células mueren hoy y cuántas se regeneran o renacen mañana? Por eso un beso nunca será el mismo -una virtud del amor-, un abrazo nunca será el mismo, las explosiones e implosiones del amor tienen la facultad del ahora, del presente, del aquí. Allí está la eternidad, lo perfecto, lo inconmensurable. El ser humano es inmortal, renovación, calcinación, putrefacción, fuego vivo.

El fin del mundo es todos los días. Todo lo que sube necesariamente tiene que bajar, todo lo que llega pasa, todo muere, todo se transforma.

El fin del mundo es todos los días. Todo lo que sube necesariamente tiene que bajar, todo lo que llega pasa, todo muere, todo se transforma.

Dicen que de cada cinco estrellas que contemplamos en el cosmos una es un sistema solar como el nuestro. Dicen también, que muchas de esas estrellas hace mucho dejaron de existir y lo que observamos de ellas no es sino el reflejo de una luz que no termina de llegarnos. ¿Qué tal que seamos sólo eso, reflejos, meros reflejos, el brillo de otro espejo, el eco de una voz y una memoria cósmica que reverdece en la cabeza de algún dios? En nosotros se cumple el principio de Heráclito (nadie se baña en el mismo río dos veces). De igual manera, el bañante nunca será el mismo. La mujer que beso, sus labios de ayer, no serán los mismos de hoy. Sus manos, su sexo, su cintura, su cabello serán siempre nuevos para mí, que de igual modo seré otro hoy, distinto al de mañana. Entonces la virginidad será siempre posible. La mujer que se entrega con calor a mi boca, así haya sido amada por cien hombres, será limpia y transparente en el hoy, pues el río de Heráclito le da la potestad de ser nueva

Al margen de escrituras apocalípticas, de noticias catastróficas, de episodios bíblicos el ser humano se mueve entre el Eros y el Tánatos. La vida no es posible sin la muerte y viceversa. Esa complementariedad es innegable y de hecho necesaria. Por eso, creo que el fin del mundo está en el hombre, en sus venas, en su arteria henchida de sangre. La muerte está en nosotros desde que nacemos, la llevamos en nuestras manos, como una grafía, como una cicatriz. Desde que nacemos llevamos la muerte sobre nuestros hombros, es y será el último traje, el último trago, nuestra última bebida. La muerte es el fin, pero también el principio.

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L

a oscuridad no cede jamás. Por instantes, brillan repentinas centellitas blancas y resplandecientes. Son las hojas de los puñales notificando a los fantasmagóricos vivientes que acaban de desenfundarse para cumplir su misión: que broten hilillos de la sangre cansina de sombras trémulas, ansiosas y brutalmente sometidas. Espíritus pusilánimes, amantes del rigor de las bajezas humanas. No cualquier clase de bajeza, sino aquella que exhibe fauces bestiales y humillantes; la que se ufana en su capacidad tiránica de prepotencia y exclusión, la que niega cualquier posibilidad de espacio al atrevido que osa desafiar sus endebles principios filosóficos, éticas que subliman mojigaterías y no resisten un burdo reciclaje de vergonzosa dignidad humana.

Llegaron como judíos errantes desde los cuatro puntos cardinales del país, al ghetto reducido en la falsa metrópoli de asfalto agonizante y fuego abrasador. Torbellino calcinante de almas condenadas a una eterna y horrible penitencia. Hombres provenientes del Valle como “Enrique el Caleño”, campeón en los tablados populares a punta de zapatazos de salsa caribeña, impunemente asesinado con la hamburguesa de sus sueños, cargada de salsas y deliciosas carnes, instrumento mortal que entregó en sus manos una caritativa dama de elegante estampa y carro fino.

artesano frustrado que en prisión aprendió a tallar diminutas sirenas de jabón, encontró su trágico fin a unas cuadras del puente de la quinta; impune víctima de una de las tantas barridas sociales. El Cauca entregó su aporte con El Indio, un fanático arborícola que murió tal vez, cuando le dio su regalada gana, la parca del mango se fue con él a tierra y su cráneo se estrelló desparramando los pocos vestigios de vida que aún le restaban sobre un andén de Santa Inés; su muerte sólo despertó comentarios maledicentes de vecinos: “Eso le pasa por roba mangos”. De la gran capital que pregona estar más cerca de las estrellas, llegó al puente Gurropín, cerebro carcomido por la esquizofrenia de la guerra, que pegó sobre su pecho la medalla de un

Q

Por eso, la biblioteca hace oídos sordos a las necesidades culturales; la de esa ciudad educadora que no lee. Y allí cerca, el Concejo de la ciudad no se reúne, se desune en torno a la honra de los altos funcionarios de turno “empapelados” por los juzgados. El desempleo deambula desde la guerra de independencia por unas calles que parecen permitirle, solo a él, ser el dueño de sus horas. De parroquia a inquilinato de desplazados, la fiebre del petróleo parece haber conjurado el atavismo burocrático y haber cambiado a aquel puerto fluvial que no llegó jamás a zona franca, pese a las crecientes del Páez, en tránsito obligado de inmigrantes arribistas, como un llanero que inventó el himno departamental, o una “gloria nacional” del ciclismo, quien para no olvidar su vocación mulera paisa, sembró sus capitales en el negocio del transporte. Con soberbia de marca importada, algún aviso publicitario de almacén de cadena, reemplazó a una gigantesca ceiba, para exhortar a

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Por: EMIRO BRAVO MUÑOZ

camuflado con el que inventaba quijotescas batallas en la cuales salvaba la vida de su General Rojas Pinilla, caudillo del que se creía su encarnación. Sin embargo, prestar sus valiosos servicios al ejército le fue inútil, pues una noche cualquiera, lo enfriaron con un tiro en la cabeza unos mensajeros que también lucían orgullosos su estampa militar. No en vano los primeros nómadas que llegaron a Neiva, tal vez con desprecio la llamaron “El Valle de las Tristezas”, es que hoy como ayer la mansalvera muerte asecha al blanco barbudo como enfila su guadaña contra cualquier vulgar ladrón. Bárbaro ejemplo que enseñoreado en el crimen detesta al hereje que no comulga o que se presume comulga en pecado mortal. ¡Oh!, bendita ciudad de piedra y cemento, vulgar copia de civilización que no brindas ensueños sino vanas ilusiones. Los puñales indolentes de los modernos nómadas, llamados “desechables”, recuerdan los destellos de espadas castellanas, vascas o andaluzas que se repiten en los días y las noches plagando de ignominia lo que pudo ser luz y hoy es tiniebla. La memoria del parche de la quinta no quiere ser escuchada por ninguno. Aun la lucha de los Epulones contra los hijos de la miseria sigue oxidada como un mendrugo a la sombra de la muerte. Por eso, cuando el sargento ve la foto del ñampiro cualquiera dice al teniente: “Esto es un simple negativo” y el oficial responde “No sargento, es una foto perfectamente revelada”, a lo que el otro sentencia: “Este rostro es un falso negativo, pero no se preocupe, que esta noche lo convierto en positivo mi teniente”.

Arciniegas llegó a la carrera quinta con destino ineludible, con las tripas en las manos, abandonado por un ejército que presume ser del pueblo, agonizante y cubierto con los flecos de sus sueños; guerrillero que cayó bajo el manto de una irredenta bandera. Aniquilado no por el disparo que atravesó su humanidad, si no, ahogado en las turbias aguas del río Las Ceibas, según Medicina Legal. No podían faltar los chaparralunos y un botón basta de muestra: El Mocho, uien haya padecido el valle de las tristezas puede creer que lo único que da unidad y sentido a su existencia es la ironía. Muchos nombres parecen satirizarse a ellos mismos: “Las Delicias” es un barrio insípido y solitario, “Cándido” del prócer de las caucheras no dejó ni la vocación política en esta generación ya envejecida. “Granjas” y su casta de leguleyos abandonó sus raíces. “El Altico” entre albures cayó en bajas pasiones. Habrá quien diga que “Las Brisas” ya ni soplan. También asocio a una soledad visceral los desplantes de los politiqueros que nos hacen olvidar que estamos en plena era de las comunicaciones.

NÓMADAS

VOCES DE INFANTERÍA los neivanos a “querer a su tierra”. Los vistosos avisos de la alcaldía, repletos de errores ortográficos, ya han sido presa de los poetas noctámbulos, los que leen a vela o la luz de un farol, o se arrastran, pedestres, a la vista burlona de los técnicos de empresas con nombres extranjeros.

funcionarios “benefactores y beneficiados”, que roban el producido de las matrículas de los colegios, las ayudas a los damnificados por catástrofes naturales, los dineros de los hospitales, las limosnas de las iglesias mal custodiadas, y todos ciudadanos honorables.

Ya nada extraña: Un analfabeta es contratista de una petrolera. Un funcionario universitario enajenado delega a una oficina de bienestar el manejo de su chequera. Un enfermero, culpable de muchas muertes por ignorar los logaritmos, de viaje a algún postgrado en administración. Y tantos otros

Yo no estaba en venta. Tampoco me llevaron a la plaza para que hablara mal ni bien de ella. Hoy me ofrecen unos centavos para que diga que me ha ido “muy bien gracias” sin vender mi conciencia, pues no llevo marcado el collar, ni soy devoto de santo alguno, de esos que sudan y dan pecueca, y mi único cielo es la tierra, alguna

la ciudad es un mundo cuando se ama a uno de sus habitantes

POR: IVÁN TAFUR

Utopía, de la que este no es más que un extravío por un valle… Comparto lo que supuestamente “me toca” en impuestos, polución, leyes de estado de excepción, costo de vida y desarraigo, incluso con aquellos que “no van a la plaza”, pero a cambio obtienen grandes dividendos por solo pisar el mismo suelo, o venden a la nación a un alto costo; la imagen de estar “haciendo patria” copiando lo extranjero. Unos quirópteros me han becado con nísperos, mangos y otras frutas que me hacen olvidar la competencia… a ellos dedico estas páginas. No a Einstein.


FLOTADOR

Novela

Poesía

Cine

Huésped de la Realidad

El Embajador de la India

Camilo Marroquín

Mario Ribero Ferreira

Emiro Merlano Rueda

“Esta ópera prima tiene como escenario el lenguaje, tipificado por sombras y matices, y por acentos que determinan, que toda creación es ante todo un juego de la fantasía y del extrañamiento; de allí, que los vocablos constituyan pequeños cantos que develan los límites de la realidad. Las palabras nacen con el poeta y mueren con él, esta premisa es para señalar que la obra literaria Los huéspedes de la realidad, de Camilo Marroquín, constituyen un conjunto de poemas que pretenden en primera instancia, habitar la vida, la muerte y el tiempo, en el mismo torbellino de la imaginación”. Así reseña Esmir Garcés la aparición de esta nueva voz poética del Huila.

Si se trata de contar una historia, El Embajador de la India (1.987), bajo la dirección de Mario Ribero Ferreira, relata en 85 minutos una muy divertida. Jaime Flores, un seminarista pícaro y simpático, se ve envuelto en un equívoco con los personajes notables de una ciudad ardiente, que lo confunden con el representante diplomático de la India. Haciendo gala de su histrionismo, el protagonista, interpretado por Hugo Gómez, se aprovecha de la situación y se burla de toda la provincia hasta que lo descubren y él mismo se harta del engaño. Basada en hechos reales, el filme retrata con humor el alma candorosa y hospitalaria de los huilenses.

Como un poeta del amor, es presentado Emiro Antonio Melano Rueda en su prólogo a Poemas en el Zapato, reciente libro de este sucreño hijo adoptivo del Huila, en el que de acuerdo con Pedro Licona, “el poeta no pretende incursionar en los misterios de la noche y el día, en los de la luz y la oscuridad, sino en los lazos del sentimiento y la solidaridad humana, gracias a su capacidad para merodear en las situaciones del corazón. Emiro, acierta pinceladas de alegría donde los recuerdos, las experiencias, salvan todas las distancias; tonos y señales que derraman la tinta de una pasión difícil de descifrar en la página en blanco”.

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COSECHA DE NUESTRO SURCO

Poesía Poemas en el Zapato

OCIO

RECOMENDADO Poesía Calles Hemos Visto, Nunca la Ciudad Miguel de León

Galardonado con el Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía-Versión 2011, este nuevo poemario de Miguel Darío Polanía dedicado al tema urbano, resulta en palabras del poeta Jader Rivera Monje, “un libro que habla de la ciudad, de la miseria de sus calles y la tristeza que dejan a su paso los muertos. Que habla también de la vitalidad de las sensaciones primordiales y de los instantes felices, al lado de las personas amadas. En la ciudad las calles se bifurcan, vienen y van sin pasado ni futuro como las gentes que la transitan. La ciudad también engulle, tritura, hace de todo un asunto sin importancia”.

La Canción de la Luna Juan Carlos Garay

El novelista y melómano Juan Carlos Garay regresa al terreno de la ficción con su segunda novela “La canción de la luna”. Un homenaje a la luna que es —la secreta obligación de los poetas—, pero también una combinación de obsesiones: astronáutica, religión y música como sólo una novela lunática podía conseguir mezclarlas. La novela plantea la historia de un monje descubre que no puede alcanzar la iluminación porque le zumba una melodía en la cabeza. Un coleccionista de música rescata y restaura la guitarra que le perteneció a la leyenda del blues Charley Patton. Ambos personajes están por juntarse en pleno corazón de San Francisco, donde vivirán episodios extravagantes como el encuentro con una cofradía de poetas que busca evitar la explotación industrial del helio combustible que yace bajo la superficie de la luna.

Fotografía Álbum Neiva 400 años Marlio Agudelo Fabio Hurtado

Álbum Fotográfico Neiva 400 años, trabajo de recuperación de la memoria gráfica de nuestra ciudad, compilado por los fotógrafos Marlio Agudelo y Fabio Hurtado, es, en las propias palabras de los artistas, “un recorrido histórico fotográfico por la Neiva de antaño. Es un homenaje al trabajo de los fotógrafos que nos precedieron en la historia. En sus páginas, el lector encuentra imágenes capturadas por esos artesanos de capa y agüita, que lograron plasmar en la imagen fija, cómo vivían, cómo se vestían, cuáles eran los comportamientos de la vida social en las diferentes épocas de nuestra historia”.

Música

Dueto La Gaitana

Luis Eduardo Tafur • Eugenio Agusto Lima

C

on una trayectoria de más de veinte años en la escena musical del país, el dueto La Gaitana de Neiva aún sigue trabajando en la necesidad de defender, cultivar y conservar los aires y el folclor autóctono de nuestra región y el territorio nacional. Fundado en 1991, conformado por los maestros Luis Eduardo Tafur Cortés, primera voz e intérprete del tiple y Eugenio Agusto Lima Ángel, segunda voz e intérprete de la guitarra, el dueto ha sido galardonado como uno de los mejores intérpretes nacionales de aires folclóricos en los más importantes concursos nacionales de música folclórica. Para sus presentaciones los interesados se pueden comunicar a los números 3125940680 y 3114436796, donde recibirán mayor información.


ESPEJO DE AGUA

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Por: Diego Cerón

L

a tórrida geografía del norte no los dejaba exhaustos, a pesar de sentir el sol reverberante en la espalda, en medio de un cielo sin ninguna oruga blanca. Eran baquianos de las llanuras de Aipe, Neiva, Tello, Campoalegre, Algeciras, Yaguará, Baraya, Colombia; de las montañas del sur del Tolima, en el Davis y Rioblanco. Caminaron por sus trochas con fusiles, revólveres y uno que otro grass de la Guerra de los Mil Días, que iban juntando con apoyo de campesinos para la dura batalla por la reclamación de la tierra. Llevaban, además, las armas que quitaron a la guardia civil correteada hasta Palermo, cuando el gobierno intentó arrebatarles el control de Rioblanco en el sur del Tolima, en aquellos primeros años de los 60. En sus mapas figuraban la inmensidad de la cordillera central por el occidente del Huila, el vasto llano por el oriente, con Guayabero, y un umbral a la selva colombiana: El Pato. Se levantaba sobre sus frentes el orgullo de colono. Las repúblicas Independientes les habían forjado una casa en el “monte”, lejos de pájaros y chulavitas que los hostigaban cuando el gobierno de Laureano Gómez, entre el 50 y el 53. Eran civiles armados, patrocinados por el Estado como policías privados de los hacendados, para erradicar los focos de guerrillas liberales. Cuando en los tiempos de la violencia “Por ahí nos cogimos un ganadito”, contaría Marulanda a sus biógrafos años después, haciendo alarde de las cogidas que sembraban odio en los ganaderos. Los campesinos, por otra parte, habían perdido sus tierras cuando las autoridades corrían la cerca o hacían omisión de sus títulos propietarios (aun cuando el gobierno nacional los declarara legales). Los focos de liberales se armaron como guerrillas, las autodefensas campesinas protegían sus escasos minifundios de la ambición de los hacendados, que venían acaparando centenares de hectáreas, desde la década de los 30 cuando la crisis del café. Montañas, ríos y valles componían el promisorio paisaje. “Arre…”, dice un guerrillero golpeando a un ternero, mientras el sudor corre por su cara y se le pega la camiseta entrapada al endeble cuerpo. La manada caminaba sin prisa, los terneros no se despegaban de sus madres. Los guerrilleros de Tirofijo y Gerardo Loayza cortaban maleza, arriaban ganado y cuidaban sus espaldas desde el valle del río Magdalena, pegados a las montañas del oriente del Huila que abrían sus puertas al llano. Su destino estaba trazado: llegar a El Pato, en el departamento del Caquetá, y a Guayabero, en el Meta. El Barcino iba sosegado entre la manada. Su pelaje rojizo y sudoroso brillaba con el sol del atardecer.

Y NO EL

REGRESO

BARCINO

Su hocico cansado, su resuello de bestia y su extenuada contextura, no le impedían continuar el camino. Recordaba la Sierra de El Gramal en el Caquetá, las planicies de Tello en la hacienda El Cedral, los cafetales cuando el compositor que lo inmortalizara contaba con ocho o diez años, las vastas dimensiones de alfombras verdes. Recordaba las fértiles tierras cuando era un torito bravo con alma de acero, después de ser comprado por la familia Villamil en El Gramal. Eran las tierras que no conocieron el concepto odioso del alambre. Contra la muerte lucha El Barcino La resistencia guerrillera de las repúblicas independientes había cuestionado al gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y, posteriormente, al de Laureano Gómez. Los estallidos del Bogotazo repercutían en el contexto de los 50 en los departamentos de Huila, Caquetá, Meta y Tolima principalmente, formando otros grupos armados con ideales gaitanistas, que mantenían resistencia a la persecución de pájaros y chulavitas por las montañas laterales del norte del departamento. En coherencia con los intereses de

El triunfo de la Revolución Cubana (1959) representó la posibilidad de un socialismo. Las ideas comunistas repercutían en las guerrillas liberales como una posibilidad de trascender la pura necesidad agraria, atacadas con vehemencia por el Frente Nacional desde el primer presidente de la lista, el liberal Alberto Lleras Camargo (1958-1962). En el contexto de la Guerra Fría se gesta el objetivo militar que pondría fin a las repúblicas independientes,

Los sanjuaneros y “el jolgorio” siguen sonando. Las calles huelen a orines, vómito y estiércol de caballo, a cerveza asoleada en el asfalto, a colchas de mugre por el Magdalena clase, algunos sacerdotes no bajaban de “herejes” a los liberales y las rencillas entre partidos, generalmente de tradición familiar, repercutían en actos de violencia armada. El gobierno no permitiría que un grupo insignificante de colonos despojados se paseasen armados por municipios y corregimientos del sur de país, menos que se declarasen “independientes”. Las enemistades políticas e ideológicas heredadas del siglo XIX por oposiciones federalistas y centralistas, trascendieron al plano de las acciones cruentas en el devenir del XX con los partidos tradicionales: vinieron despojos, masacres, señalamientos y persecuciones por el factor central del conflicto armado en Colombia y en América Latina: la concentración de la tierra.

dando garantías de seguridad a las políticas capitalistas de Estados Unidos que se extendían al plano hemisférico. El bombardeo a Marquetalia, el día 27 de mayo de 1964, con el entonces presidente Guillermo León Valencia, daría inicio a la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Los guerrilleros empezarían una colonización armada hacia el sur, que terminaría en Caquetá, Putumayo y Cauca. Mientras sonaban los sanjuaneros Los “caporales”, contrario a la canción del compositor huilense Jorge Villamil, no encuentran al Barcino. Como él lo revela a sus 79 años, en una entrevista en El Tiempo, el toro fue llevado a Guayabero por su padre;

después, robado por la guerrilla. “Confite”, como lo recuerdan con cariño en la entrevista realizada en el 2008, comió “lo que encontraba a su paso” durante cuatro largos años. El territorio montañoso estaba silencioso, averiado por las pisadas beligerantes de los militares impulsados por el presidente León Valencia. Un retrueno de fusiles cae sobre las regiones de las repúblicas independientes; el Barcino corre entre matorrales, vastas llanuras y faldas de montañas, con el sol efervescente en su grueso lomo. Las autoridades lo capturan por las tierras de Balsillitas. Pero, distinto a su imagen popular reflejada en la canción, nunca llega a las fiestas de San Pedro. Los militares se lo comen. Sobra el apóstrofe “Viva el Barcino”. Las fiestas, que fueron aprobadas el 27 de diciembre de 1960, distorsionaron el fenómeno de La Violencia o, mejor, sirvieron de paliativo para un pueblo marcado por su herencia de guerra. El buen término del toro no ha llegado aún. Se ve su nombre en una fiesta que olvida su historia con el argumento de la “tradición”, olvidando que la famosa fiesta proviene de “La Jura” de 1790 que ordenaba, con el gobernador de la provincia Lucas de Herazo en la colonia, lealtad al Rey Carlos IV de España, y que celebraron casualmente con corridas de toros… Los sanjuaneros y “el jolgorio” siguen sonando. Las calles huelen a orines, vómito y estiércol de caballo, a cerveza asoleada en el asfalto, a colchas de mugre por el Magdalena de la ciudad en junio. Mientras, la memoria cumple su proceso. Entonces, se subleva implacable el olvido de una historia social acompañada de las supercherías religiosas y las juras a una Corona que –“gracias a Dios”fue derrotada ya en el continente latinoamericano.


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EDIT. SURCO


Magolo prensa cultural #2