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Hipócritas

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Arte

Orilla

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Grandeza y miserias

del río Magdalena Los espacios públicos

y el color local

clandestino

n estas tierras de jóvenes, jóvenes que se multiplican sin cesar y que no encuentran empleo, el tic-tac de la bomba de tiempo obliga a los que mandan a dormir con un sólo ojo. Los múltiples métodos de alienación cultural, máquinas de dopar y de castrar, cobran una importancia cada vez mayor. Las fórmulas de esterilización de las conciencias se ensayan con más éxito que los planes de control de la natalidad. La mejor manera de colonizar una conciencia consiste en suprimirla. En este sentido también opera, deliberadamente o no, la importación de una falsa contracultura que encuentra eco creciente en las nuevas generaciones de algunos países latinoamericanos. Los países como Colombia, que no abren a los muchachos opciones de participación política - por la petrificación de sus estructuras o por sus asfixiantes mecanismos de represión - ofrecen los terrenos mejor abonados para la proliferación de una presunta “cultura de protesta”, venida de afuera, subproducto de la sociedad del ocio y el despilfarro, que se proyecta hacia todas las clases sociales a partir del anticonvencionalismo postizo de las clases parasitarias. Los hábitos y símbolos de la revuelta juvenil de los años sesenta en Estados Unidos y en Europa, nacidos de una reacción contra la uniformidad del consumo, son ahora objeto de producción en serie. Las ciudades hipócritas como Neiva no escapan a la peste. La ropa con diseños psicodélicos se vende al grito de “¡Libérate!”; la música, los posters, los

Callejero

La otra

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4 a caer 12 13 15 El miedo

Ciudad de soles

Cien años

de olvido

Diálogos con un espejo

peinados y los vestidos que reproducen los modelos estéticos de la alucinación por las drogas, son volcados en escala industrial sobre el Tercer Mundo. Junto con los símbolos, coloridos y simpáticos, se ofrece pasajes al limbo a los jóvenes que quieren huir del infierno. Se invita a las nuevas generaciones a abandonar la historia, que duele, para viajar al Nirvana. Al incorporarse a esta “cultura de la droga”, ciertos sectores juveniles latinoamericanos realizan la ilusión de reproducir el modo de vida de sus equivalentes metropolitanos. Originada en el inconformismo de grupos marginales de la sociedad industrial alienada, esta falsa contra-cultura nada tiene que ver con nuestras necesidades reales de identidad y destino: brinda aventuras para paralíticos; genera resignación, egoísmo, incomunicación; deja intacta la realidad pero cambia su imagen; promete amor sin dolor y paz sin guerra. Además, al convertir a las sensaciones en artículos de consumo, encaja perfectamente con la “ideología de supermercado” que difunden los medios masivos de comunicación. Si el fetichismo de los autos y las pantallas no resulta suficiente para apagar la angustia y calmar la ansiedad, es posible comprar paz, intensidad y alegría en el supermercado clandestino. Ya lo dijo Eduardo Galeano: El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua. 2014 - Edición 04

Infinita Zantdía Amatista Nació en Bogotá pero es calentana de espíritu y cuerpo, comunicadora desde pequeña, periodista por casualidad. Ama muchas cosas del mundo, agradece todos los días por el cine y los atardeceres, le gusta contemplar a Neiva (ciudad que crece con ella) y aprendió a amar sus soles. Su mayor amor correspondido es la poesía y es uno de sus placeres solitarios.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como ‘freelance’ y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, El Magolo Prensa Cultural.

Luis Alfredo Vera Docente de filosofía en la Institución Educativa Laureano Gómez de San Agustín. Es un enamorado y defensor acérrimo de la cultura Ullumbe y las raíces ancestrales de nuestros aborígenes americanos. Escritor de vaguedades, crítico de los extremos y poeta clandestino.

#04

Culturas juveniles

Nazaret Castro

Winston Morales Chávarro Poeta. Comunicador Social y Periodista. Arquitecto de La ciudad de las piedras que cantan, libro premiado recientemente por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, donde habita con su dulce Aniquirona. Ganador de la IX Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera. Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos, De regreso a Shuaima y Memorias de Alexander de Bruco.

Las opiniones expresadas por los autores, no son responsabilidad de El Magolo Prensa Cultural

Juan Guillermo Soto Músico. Comunicador social. Integrante de la agrupación Binarius Buxus y editor de la revista Asfalto Trazos Urbanos. Postea canciones bacanas y publica brillantes columnas de opinión en su muro de Facebook.

Paulina Yañez Vargas Nací lejos del aullido de los autos y los monumentos de concreto. La luna nunca me pareció lejana, ni desentonada con las lámparas. Mi nombre es libélulamarilla, llegué a la ciudad de Neiva un día que el destino me trajo. Amo la fotografía. Escribo poemas a la vida y al amor.

El Magolo

Prensa Cultural

Diana Forero Meneses Diseñadora gráfica, ilustradora a la que le gusta complicarse la vida en cada uno de sus proyectos, leyendo, dibujando, escuchando música, destruyendo, haciendo figuras, diseñando, junto a su compañero en el co­ lectivo acción>|<reacción. Asi que si desea un proyecto traido de las greñas, ella esta disponible para hacer algo diferente, como propósito en este nuevo año. Hugo Mauricio Fernández Comunicador social, contador de historias, catador de vinos, libros y paisajes. Los malabares de su oficio narrativo oscilan entre la crónica roja y el periodismo cultural. Posteador de poemas y fotos eróticas en las redes sociales.

Modelo: María Pía

SUMARIO

Ciudades

Editorial

Teléfonos: 313 2977355 - 3108128210 elmagolocultural@gmail.com facebook: elmagolocultural elmagolocultural.blogia.com

Dirección Asociación Cultural El Magolo Editor Hugo Mauricio Fernández Diseño e ilustraciones Diana Forero Meneses Comité editorial Iván Tafur Mayela Fernanda Trujillo Winston Morales Chávarro Paulina Yañez Mario Alberto Escobar Corrección de estilo Ronald Carvajal Colaboran en esta edición Luz Dary Torres Jader Rivera Nazaret Castro Gustavo Rivera Yineth Angulo Luis Alfredo Vera Juan Guillermo Soto Benhur Sánchez Elma Correa Camilo Niño Ilustradores invitados Helmut Soltau Hérico Dr. Malatesta


Nómadas

Las ciudadessedaduic saL

hipócritassatircópih Por: Iván Tafur

Ilustración: Diana Forero Meneses

S

on esas ciudades que viven de una imagen falsa. Como sus gentes, adeudan todo a una naturaleza pródiga, a la energía biogénica, pero atribuyen su “éxito” al carácter de sus gentes, a su espíritu “emprendedor”, a sus dioses misericordiosos, etc.

Si las ciudades actuales como se conciben según el "american way of live", son exabruptos ecológicos, las ciudades latinoamericanas con ese sello voluntarista que le imprime el individualismo y el folclorismo, son un argamasa de intentos fallidos de urbanización, como lo fuera en su tiempo Ambalema, que llegó a tener 150.000 habitantes y desapareció del mapa con menos de 5.000. Tuve en la URSS la experiencia de ciudades que se convertían en fantasmas los fines de semana y regresaban los lunes a “la vida”, después de que los más encopetados profesionales visitaban a sus parientes venidos a menos en el campo y regresaban con una buena provisión de alimentos frescos. La ciudad te seguirá, dice Cavafis. Hoy los más de mil municipios de este país de ciudades intermedias ya no son el ayuntamiento de habitantes para hacer “bulto” y hacer presencia a una violencia latente en el campo: se han ido conservatizando en busca de oportunidades arribistas. Tener carro es signo de estatus y hasta constituye un instrumento erótico. De otra manera no se entendería el sacrificio que se hace de la vida al cancerígeno gas de subproducto de la combustión. Sí. Las nuestras aunque pequeñas, son ciudades más polusionadas que muchas grandes ciudades europeas, debido a la ausencia de un trasporte colectivo más avanzado. Detroit desapareció con su industria automovilística, ¿qué pasa con ciudades más emproblemadas con su población y con menos expectativas industriales como Neiva? Ciudad por cárcel No digas “opa” hasta que no saltes. A menos que quieras decir opita. Lo que constituye un acuerdo tácito por la mediocridad. Al que quiera saltar le dicen loco. Pero no es que la ebriedad surja de la exuberancia del entorno. Todo proviene de una vigilancia mutua permanente y concertada, equivalente al “chisme”; léase “en­vidia” (tener entre ojos); cosa que atañe sobre todo a esa recóndita, infinita, inigualable, impostergable, intransferible e inajenable fuente de la dicha que se llama sexo. Añádase el comentario “llenador” de una cultura hastiada de la mundanalidad. Las pocas brillanteces suelen ser apabulladas por el asco. Todos parecen haber es­cu­chado acerca de los negociados de lujosas viviendas por narcos venidos de las selvas. Los contratos con el municipio son una mampara para legalizar sus dineros calientes. Algo “gris”, nos sugiere que es esta la razón de las roscas y las mafias que excluyen del empleo a profesionales idóneos pero que aún guardan pudor y dignidad. Y la ciudad termina descubriéndoles su rostro árido, seco, indiferente: los deja sin casa, sin empleo, sin compañías. Algunos, tozudos, cre­yendo en no se sabe qué, en un acto de fe suprema, se quedan esperando que la miseria no se haya equivocado y les devuelva alguna oportunidad perdida o algún golpe de suerte esquilmado por los “amigos” advenedizos. Paraíso donde los cerdos comen flores, te debes cuidar de parecer distinto al que las pisotea y las rumea por los siglos de los siglos. El parasimpático, fofo estereotípico, abotaga los instintos más excelsos. Sí. Tampoco tienes derecho a sentir hambre y mucho menos a mostrarla: Tu “humanidad” consiste en ocultarla. Es aquella suficiencia varonil que por primera vez en mi vida, después de medio siglo, me enrostró a un varón anorgásmico. ¿La herencia diabética? ¿Cuántos gigolos no ocultan las paredes? ¿Cuantas uvas verdes

Paraíso donde los cerdos comen flores, te debes cuidar de parecer distinto al que las pisotea y las rumea por los siglos de los siglos. no devuelven el donaire a las encopadas zorras? Para el silencio no hay asunto serio. Atragantadas las palabras solo pertenecen al tabú. Las palabras solo predicen el silencio o el hartazgo de la última aventura culinaria. Los ancianos se pasean hastiados de dignidad, condescen­ dientes, con un donaire hidalgo. Las mujeres, aun mas preten-

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ciosas, parecen ni existir en su disfraces de ponqué. Ciudad por cárcel Neiva mantiene un tono de silencio sepulcral. Solo un enjambre de vehículos eructando sus cance­rígenos gases parece justificar la denominación de “ciudad”, que se le atribuye a algún bien pagado periodista. De vez en cuando el viento arrastra alguna hoja seca con estrepitoso ruido. Es un vividero.


El arte de ilustrar

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F

irma como Don Huevón y es uno de los más engomados y reconocidos autores del Street Art en los muros de Neiva, una corriente plástica que se ha convertido en un modo de expresión artística de los jóvenes en todas las ciudades del mundo. El arte callejero, aunque es ilegal y muchas veces los jóvenes no sólo son arrestados sino asesinados por la policía como en el inolvidable caso de Diego Felipe Becerra en Bogotá, suele tener un llamativo mensaje subversivo que critica a la sociedad con ironía e invita a la lucha social, la crítica política o, simplemente, a la reflexión. En el caso de Don Huevón, más allá de los temas ambientalistas y la preocupación por la fauna y las especies en vías de extinción; su tortuga, su rana, su ballena y los animales que ha puesto a moverse en la ciudad, juegan con el espacio y el sentido paradójico de la imagen en un trazo rebelde que sorprende a los transeúntes neivanos en una descarga de colores, perspectivas y movimientos.


La otra orilla|Poesía

1A Neiva

Por Luz Dary Torres

Neiva, ciudad llama ciudad fuego, ciudad lagartija con miedo al invierno. Ciudad canela tres veces nacida Aldea pequeña donde se halla el universo entero Aquí está África con sus esculturas de ébano en los castillos de salsa ¿Para qué viajar en un pájaro de acero? Aquí están los leones dormidos bordeando con sus garras los ángulos del río. Aquí están los hijos del desierto Un clima que es canción para mi sangre que es canto de luz para mis huesos débiles África, nombre sin frío de mamífero asustado a orillas de los siglos Aquí está Asia y su danza de bambúes sueños de lobo que vienen de Europa en decadencia, está la risa española, que llora en un juego de abanicos Aquí está el mundo con todas sus raíces La sonrisa amplia de las piedras en la porción de mar … Magadalena agonizante . Neiva, en ti el Universo entero. las torres, los mares, el aroma de lejanas, inalcanzables estrellas… Un trozo de cielo grande con su porción de infierno citadino.

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La colina

Por Camilo Niño

La colina es una larga caída que se aproxima y se marcha. Flota como las medusas en medio del cielo, y roza el palmoteo del aire con su silencio oportuno. La colina no es orilla, es la imagen translúcida de lo que se sumerge en el vientre materno, es la luz imperecedera observada por los visitantes que aún no llegan. La colina no es un puente, ni mucho menos un monte, es la sonrisa que se extravía en tus pechos flameantes, la mano que se desliza por tus pezones sin más calma que la gloria. La colina es tu cuerpo.

“Neiva, En ti el Universo entero. Las torres, los mares, el aroma de lejanas, inalcanzables estrellas…” Ilustración: Diana Forero Meneses

el gran río 4 Dos visiones sobre de la Magdalena Por Jader Rivera Monje

Huele el río en esta tarde, huele a valle por la lluvia lavado, a pasto de raíz arrancado, a parcelas de sol, de arroz y veneno. Huele a vaca, a ojo, a piel, a leche, a pata de vaca en la orilla. Y huele a canoa delgada, a corriente de agua sencilla. Huele a mujer sentada en la arena, los pies hundidos en el cauce, los párpados cerrados, la piel, para el deseo, morena. Huele, huele a soledad y a calma, A viento reventado entre las hojas Y a un querer irse entre las aguas, A un querer no ser, Diluir en el río nuestra alma. II Sácame los ojos, córtame la lengua, amárrame los pies y las manos con alambres de las cercas caídas, más déjame arrullar en el fondo de tu cauce al niño ahogado cubierto de escamas, y al hombre sin ojos, sin dedos ni boca. Déjame acomodarle sus cabellos de medusa, hablar de su dolor bajo el agua, montar mi brazo por el brazo de sus padres y decirles al oído que aún los esperan. Has que ascienda desde el fondo este olor a raíz profunda arrancada con la mano, este olor a pez y barro podridos, este grito de tortura y cráneo relamido. Sácame los ojos, córtame la lengua, Amárrame los pies y las manos con alambres de las cercas caídas, más déjame llorar siglos, eternidades, déjame que descanse un poquito, déjame sangrar un instante, por la herida.

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5Que llueva hoy

Por: Paulina Yañez

Que llueva hoy que hubo alegría, que llueva hoy que el cabello está largo y vuela, que llueva hoy con fresas y chips de chocolate, que llueva hoy mientras bailo la melancolía. Que no escampe el martes, que llueva el lunes, que llueva la noche y la luna. Que llueva hoy que la risa nerviosa volvió, que llueva hoy con la ventana abierta, que llueva hoy con uvas y manzanas, que llueva hoy mientras vele el búho mirón. Que no escampe el martes, que llueva el lunes, que llueva la noche y la luna.

deseo soñar con 6Yo soloel brillo de tus ojos Por: Gustavo Rivera

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Ciudad de soles

Por Yineth Angulo Cuéllar

Esta ciudad permanece marcada por su río de memoria. El sol persistente, tenaz, ha tatuado los rostros herméticos del mediodía Neiva, ciudad de soles hendidura que aletea en mi alma ciudad sin corazón hecha de silencios y vergüenzas de atardeceres con arreboles que agonizan en las miradas. Ciudad que despierta en la agonía de un vallenato o en el lamento de una ranchera Ciudad que se traga los sueños de los muchachos que vomitan su rabia en las esquinas Neiva, lugar donde dejé ir mi juventud entre cantos y poemas lujuria y alcohol ¿Quién me devolverá la sonrisa?

El viento me lleva en dirección de mí mismo como un incendio de deseos puros. Preso en la mañana luminosa y clara cabalgando en vírgenes cavilaciones destos nobles pensamientos: Ha estallado el arcoíris en rebaños de flores y aunque mis ojos me engañen más de lo que yo creo, Se cuadriplican mis ganas de inundarte a besos y ahogarme en tu mirada, embriagarme de tu voz. Desertaremos en mi luna de paraísos volátiles nos sumiremos en nuestras nubes de ingenuidad, marcharemos triunfantes hacía cándidos dominios. Sin saber por qué, es inexpresable. Ni hasta cuándo. Quizá infinito. Sabias que por cada pájaro que se nos cruza en el cielo hay un sueño fugaz estrellado en tu existencia, atraparemos algunos de ellos para dejarlos libres después y fluiremos al anochecer como caminantes sin rumbo etéreos, sublimes, ligeros libando la miel de los días, buscando el verso del universo, huyendo hacia nuestros sueños, ignorando nuestros traumas nuestro rencor.


N

o es el más largo ni el más caudaloso, pero el Magdalena es, con sus más de 1.500 kilómetros, la principal arteria fluvial de Colombia. El río que inspiró a Gabriel García Márquez para escribir novelas como El amor en los tiempos del cólera recorre el país de sur a norte, desde el Macizo Colombiano hasta el mar Caribe. El Gran Río de la Magdalena acoge a sus orillas multitud de poblaciones que recuerdan los tiempos en que el río, navegable, era un medio fundamental de comunicación y un elemento central para el desarrollo del país. Es más que un río: es un símbolo nacional. El “Río de la Patria”. Cerca todavía del nacimiento del Magdalena, en el departamento (provincia) del Huila, se encuentra La Jagua, un pueblo de calles empedradas y solitarias, de esos en que el tiempo parece detenerse. Es un pueblo tranquilo, de poco más de mil habitantes, al que acuden visitantes atraídos por la antigüedad de sus casas coloniales y por su riqueza cultural de raíces indígenas. Es también, dicen, un pueblo de brujas. Cuenta la leyenda que son de dos tipos: hechiceras o voladoras. Uno puede o no creer, pero, como dicen por aquí, “pues que las hay, las hay”. Aquí, el Magdalena pasa con un caudal todavía pequeño, pero gran fuerza y vitalidad. El río ordena la vida de la gente: es fuente de sustento de los pescadores, baña las tierras más fértiles y es el lugar de recreo por excelencia. Pero hoy está amenazado: la empresa Emgesa, filial colombiana de la multinacional italo-española Enel Endesa, está construyendo la central hidroeléctrica de El Quimbo. Ha encontrado la oposición de los vecinos, que se han unido en la asociación Asoquimbo, que agrupa a miles de afectados por las obras. Zoila es una de las activistas más decididas con las que cuenta la comunidad. Cuando llegamos a su casa es de noche en La Jagua y, como durante todo el año, hace calor. La casa de Zoila se ha convertido en un baluarte de la resistencia: por la cocina, que comunica con un patio interior repleto de árboles y plantas, pasan cada día los vecinos para comentar la situación, intercambiar información, organizarse. También los más jóvenes: uno de los hijos de Zoila formó su propia asociación en defensa del río. Un hermoso mural adorna la casa de Zoila y anuncia su condición de punto de encuentro. Desde aquí, Zoila, mientras mantiene el fervor político cuida de sus cuatro hijos, su padre, los gatos, el perro. Su esposo, dice, colabora más en casa desde que ella está en Asoquimbo. Divergen en algunos planteamientos, pero están de acuerdo en lo esencial: la necesidad de defender la belleza del Magdalena y los sonidos que lo habitan. “Ahora que todavía está vivo, hay que proteger el río. Si no, ¿qué les vamos a decir a nuestros hijos, que no peleamos por defenderlo?”, se pregunta Zoila. Tiene motivos para estar preocupada. Muy cerca de La Jagua, en el municipio de Hobo, se construyó la primera gran represa de la región: Betania, una central hidroeléctrica de gran tamaño inaugurada en 1987. Cuando se anunció el proyecto, los vecinos aceptaron de buena gana el discurso de la empresa y las autoridades: la hidroeléctrica venía a traer progreso al Huila, una región agrícola del interior del país, la puerta de entrada a la Amazonia. A los opitas –como les dicen a los originarios del Huila- les prometieron progreso y empleo, y ellos lo creyeron: votaron masivamente a favor de la represa. Veinticinco años después no ven los resultados. “El pueblo de Hobo sabe bien qué trae la represa: antes, aquí se cultivaba arroz, cacao, maíz; ahora, la mayor parte de la gente sobrevive como puede vendiendo agua en la carretera”, cuenta Gilberto, uno de los afectados por el proyecto. El senador Jorge Enrique Robledo, uno de los representantes de la izquierda más reconocidos en Colombia, resume así la secuencia que

El desembarco de las multinacionales españolas en Colombia.

Grandeza y miserias del río Magdalena Ilustración: Helmut Soltau

Por: Nazaret Castro

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ahora temen los habitantes de La Jagua: “Se inunda un área grande de tierra fértil. Las utilidades se las lleva la multinacional, el empleo dura lo que la construcción de la presa, y se quedan sin tierra, cuando la agricultura es la que articula y encadena otras actividades productivas”, como la artesanía y el comercio. Las represas también acaban con los otros dos pilares de la modesta economía de muchas familias de la Colombia rural: la pesca y la minería artesanal.

“¡O se van las multinacionales del territorio, o las echamos!”

La central hidroeléctrica de El Quimbo se ubica al sur del embalse de Betania, en un sitio geográfico encañonado, a 1.300 metros aguas arriba, en la desembocadura del río Páez sobre el Magdalena. La represa inundará 8.586 hectáreas, de las cuales 5.300 eran productivas, y afectará a seis municipios. Además, el 95% de ese territorio forma parte de la Reserva Forestal Protectora de la Amazonía y el Macizo Colombiano. Las inundaciones de la represa, que ya se encuentra en fase de llenado con la expectativa de comenzar a funcionar en 2014, afectarán directamente a 1.537 personas a los que se expropiarán sus tierras. Es por eso que los habitantes de los municipios afectados, como Hobo, La Jagua y Gigante, decidieron formar hace cinco años Asoquimbo, una asociación a la que se han adscrito miles de vecinos, con el respaldo y el decidido apoyo del investigador Miller Armín Dussán. “¡O se van las multinacionales del territorio, o las echamos!”, dicen. Sobre el papel, la ley garantiza a los expropiados la restitución por otras tierras productivas, pero Emgesa, sin encontrar la oposición de las autoridades, pretende comprarles las fincas a un precio que se queda muy corto por la inflación que ha generado el proyecto. “Nos ofrecen 32 millones de pesos (unos 12.000 euros), cuando la hectárea está ya a 40 ó 50 millones (entre 15 y 20.000 euros)”, asegura Jorge Uguanés, otro de los campesinos afectados. El proyecto perjudi-

cará también a cientos de jornaleros que trabajaban para los terratenientes de la zona. Los dueños de las mayores fincas sí vendieron sus tierras a Emgesa: la empresa las dejó baldías. Tierras que antes eran productivas comenzaban a ser invadidas por las malas hierbas, mientras cientos de familias de jornaleros se quedaban sin trabajo ni sustento, y sin derecho a compensación alguna. El pasado mes de abril los campesinos ocuparon tres de esas fincas, situadas en las afueras de La Jagua, en unos territorios denominados La Virginia. Las tierras volvieron a producir maíz, fríjol, cilantro. De la mano de Zoila, visito una de esas fincas, llamada La Guaca. Allí, Francisco, uno de los agricultores, se explica: “La empresa dijo que desarrollaría procesos productivos, pero cuatro años después, no había llegado ninguna solución. Emgesa dice que esto es una ocupación ilegal, pero no estamos invadiendo nada: estamos defendiendo el territorio. Ellos son los que nos lo arrebataron”. Toman la palabra sus compañeros de faena: “Estamos perdiendo terreno: quieren privatizarlo todo. Tenemos que recuperar nuestra cultura, nuestra identidad, el sentido de pertenencia a la tierra. La lucha es por la tierra”, dice Harold. “¿De qué van a vivir nuestros hijos, nuestros nietos? Si no defendemos lo nuestro, les estamos arrojando al delito”, añade Armando. En sus comunicados de prensa, Emgesa, que rehusó dar su punto de vista, asegura que se están desarrollando proyectos productivos para mejorar la vida de los campesinos, pero los vecinos de La Jagua lo niegan. Añaden que el censo de afectados que ha elaborado la empresa es parcial y arbitrario: no incluye a todos los propietarios de tierras y mucho menos a otros afectados, como jornaleros y comerciantes. Temen también que, como ocurrió en Betania, la empresa no cumpla con lo prometido. Gilberto, el pescador de Hobo, aclara que a los afectados por Betania


Voces del río nunca se les restituyeron las tierras que perdieron con las inundaciones de la represa, y que se hizo pescador por obligación: “Ahora que ya aprendí el oficio, notamos que cada día hay menos pescado desde que comenzaron las obras de El Quimbo. Otra vez nos quedaremos sin trabajo”. Por eso dice Gilberto que la situación en el Huila es “una bomba de tiempo”. Y la bomba empezó a estallar poco después de mi visita, en agosto, con un parón agrario que movilizó 24 de los 32 departamentos del país y que congregó a campesinos, indígenas y transportistas, pero también a la opinión pública urbana, en protesta por las condiciones cada vez más precarias para el campo colombiano.

Irregularidades y connivencias

Emgesa inició las obras de la represa antes de contar con un estudio de impacto ambiental, y cuando éste se publicó tampoco despejó las dudas. La propia Contraloría General de la República, el máximo órgano fiscalizador del Estado en Colombia, señaló errores de procedimiento, cuestionó la posibilidad de restituir las tierras productivas, como marca la ley, y concluyó: “Colombia está al borde de la catástrofe ambiental y El Quimbo es un caso excepcional”. La Contraloría pidió frenar el proyecto, pero la empresa contó con el decidido apoyo de las autoridades locales y nacionales. El poder que las autoridades colombianas han entregado a la empresa es tal que Emgesa diseñó el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la zona, asegura el profesor Miller Dussán. “Se trata de un proyecto mal planteado desde el principio”, afirma Jorge Robledo. El senador, miembro del Polo Democrático Alternativo, que ha criticado las políticas de los últimos presidentes de Colombia, que califica de neoliberales, argumenta que, entre otras cosas, el proyecto no contempla el control de la apertura de compuertas para prevenir inundaciones. No es un riesgo desdeñable después del antecedente de Alto Anchicayá, una represa ubicada en el departamento del Valle del Cauca y propiedad de la Empresa de Energía del Pacífico (EPSA), por aquel entonces filial de Unión Fenosa. En 2001, la represa abrió las compuertas sin previa consulta a las comunidades, provocando un desastre ambiental: se liberaron 500.000 metros cúbicos de sedimentos que llevaban medio siglo represados en el embalse. “Todos los peces murieron, los cultivos se dañaron y seis mil personas resultaron afectadas y quedaron prácticamente en la ruina”, informó el diario El Espectador.

El desembarco de las transnacionales

Unión Fenosa y Endesa –hoy propiedad de la italiana Enel- son, junto a Iberdrola, las multinacionales de origen español que, desde su desembarco en el continente, entre los años 90 y 2000, han consolidado posiciones de liderazgo en América Latina. Igual que los sectores de las telecomunicaciones (Telefónica), la banca (Santander, BBVA), la extracción de hidrocarburos (Repsol, Cepsa), el turismo (Sol Meliá, NH), la industria textil (Inditex, Mango), la prensa (Prisa, Planeta), las redes de agua y saneamiento (Agbar, Canal de Isabel II) o la construcción (FCC, Acciona y Sacyr Vallermoso, que encabeza el grupo que construirá el nuevo Canal de Panamá). Estas grandes firmas han convertido a España en el segundo inversor en Latinoamérica, sólo por detrás de Estados Unidos, y copan los servicios públicos domiciliarios en un buen número de países. Estas firmas encontraron en Colombia un marco legal que se modificó en la última década del siglo XX para hacer del país un destino atractivo para

la Inversión Extranjera Directa (IED), desde la propia Constitución de 1991, que elimina la distinción entre empresas nacionales y extranjeras. En los años 90, bajo la presidencia de César Gaviria, el Gobierno colombiano emprendió un intenso proceso de apertura económica que incluyó la privatización de las empresas que prestaban servicios públicos a los ciudadanos. Lo mismo ocurrió en el resto del continente: son los tiempos del Consenso de Washington, esto es, aplicación de políticas calificadas desde muchos sectores de neoliberales. En la América Latina de los años 90, la mayor parte de los países arrastra unos altos niveles de deuda externa que sitúan a países como México, Argentina y Brasil al borde de la suspensión de pagos. En ese contexto, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial presionan para poner en marcha las reformas de ajuste propias del discurso más liberal que incluye la privatización masiva de empresas públicas. Colombia es una excepción: no tiene grandes problemas de deuda, pero igualmente se suma a la corriente predominante y aplica el ajuste. Al otro lado del Atlántico son los tiempos de la integración europea y la apertura de mercados. En ese marco, las empresas españolas, para ser competitivas, abordaron un intenso proceso de concentración empresarial, seguido de la privatización de algunas de las compañías públicas más relevantes. Endesa, Telefónica y Repsol, entre otras, son privatizadas durante los mandatos de Felipe González y José María Aznar. La secuencia culmina cuando esas nuevas compañías privadas compran las empresas que acaban de ser privatizadas en el continente latinoamericano. Unión Fenosa se hace con Electricaribe y EPSA en Colombia, Endesa adquiere Enersis en Chile y Repsol obtiene YPF Argentina. Gracias a las compras de filiales en América Latina, el peso de las inversiones extranjeras en el Producto Interior Bruto (PIB) español pasa del 0,9% en 1996 al 9,6% en el año 2000. Para entonces, España se ha convertido en el sexto país inversor en el mundo, y el 66% de esa inversión extranjera directa (IED) está en América Latina.

“En el sistema actual, se trata de crecer aunque sea de forma agresiva, pero, ¿a quién beneficia ese modelo? Cada vez se cuestiona más esa idea lineal de progreso que termina por enfrentar el afán de lucro con los derechos humanos”.

“Los gobiernos y las empresas suelen argumentar que el capital extranjero es necesario para acometer las transformaciones que requiere en el país y atender a la población rural y los barrios empobrecidos, pero la realidad es muy distinta: si el discurso privatizador prometía bajada de tarifas y mejora del servicio, el resultado fue el contrario”, afirma Pedro Ramiro, coordinador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) y autor de varios informes sobre el caso colombiano. “Las multinacionales eléctricas ofrecen un servicio pésimo, con apagones y cortes, tarifas impagables para la población pobre y accidentes derivados de las malas infraestructuras”, explica. Además, en el caso de los servicios públicos, la privatización “pone en cuestión la soberanía del país y la democracia en el acceso a los servicios básicos”.

Cuando defender el río cuesta la vida

No es ninguna novedad que, en Colombia, defender los derechos humanos es una actividad de alto riesgo. En el primer semestre de 2013, cada día fue agredido un activista y cada cuatro días uno de ellos fue asesinado, según un informe del programa Somos Defensores. Hubo 153 agresiones y 37 líderes fueron extrerminados. En seis meses. En Colombia la violencia atraviesa la política desde hace más

de medio siglo. El Grupo de Memoria Histórica (GMH) cuantifica en 200.000 las muertes provocadas por el conflicto en Colombia en el último medio siglo. Pero el conflicto armado es sólo una parte del conflicto social, que precede en el tiempo al levantamiento en armas de las guerrillas, y que se resume en una palabra: desigualdad. “Los paralimitares tienen funciones de control territorial”, sostiene Dora Lucy Arias, del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CCAJAR), uno de los más beligerantes contra la violencia paraestatal en Colombia. En Colombia se denomina paramilitares a los grupos armados ilegales de extrema derecha, que se denominaron a sí mismos autodefensas, y que generalmente están ligados al narcotráfico. Comenzaron a cobrar fuerza en Colombia en los años 80 y alcanzaron su época de mayor auge en tiempos de Uribe Vélez. En 2006, tras la supuesta desmovilización de estos grupos, se revelaron vínculos entre paramilitares y políticos; se generalizó el término parapolítica para definir esas amistades peligrosas. Los grupos que antes conformaban las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) hoy se denominan bacrim (bandas criminales). Según CCAJAR y otras organizaciones de derechos humanos, conservan el control sobre vastos territorios del país, aunque la parapolítica es ahora menos visible. La abogada Dora Lucy Arias vincula la violencia ejercida contra los desplazados en Colombia con lo que el intelectual británico David Harvey llamó acumulación por desposesión, esto es, el despojo de pueblos enteros para satisfacer las necesidades del sistema de acumular capital. Este proceso se da “por la imposición de la fuerza: a través de los actores armados, pero también de las leyes” y a través de esa coerción, las elites “socavan la dignidad de los pueblos: les quitan su narrativa”, añade la letrada.

Multinacionales frente al conflicto armado

“La violencia se asumió en Colombia como parte del modelo de desarrollo económico: cada transformación significativa del modelo económico vino acompañada de un ciclo de violencia”, sostiene el politólogo Carlos Medina Gallego, profesor de la Universidad Nacional. En su opinión, desde los años 80 Colombia vive un ciclo de violencia destinado a consolidar el modelo extractivista en América Latina: una economía basada en la exportación de materias primas y recursos naturales se convierte en el eje de economías de la región. En este contexto, “empresarios y latifundistas requieren de un nuevo ciclo de violencia para posibilitar la apropiación del territorio y sus recursos”, explica el profesor Medina. Es la época en que llega masivamente el capital extranjero y, paralelamente, los grupos armados –principalmente, los paramilitares- comienzan a presionar en los territorios con muertes y amenazas. El resultado es aterrador: en 20 años, entre 4,5 y 5,5 millones de habitantes –el 10% de los 46 millones de colombianos- fueron desplazados mientras se imponía la cultura del miedo. La gran mayoría eran pequeños campesinos que dejaron tras de sí alrededor de seis millones de hectáreas de tierra productiva de la que se apropiaron terratenientes y paramilitares. Para el discurso oficial, los desplazados son producto del fuego cruzado entre guerrilleros, militares y paramilitares. Los movimientos sociales hacen la lectura inversa: se ha generado un escenario de guerra y miedo, precisamente, para obligar a huir a los campesinos y despojarlos así de sus tierras. Colombia es, en muchos sentidos, el caso más extremo de un modelo de desarrollo que se expande por todo el continente latinoamericano. Un modelo que expulsa a los campesinos hacia las favelas de las periferias urbanas y que encuentra su razón de ser en la depredación de los recursos naturales. Las comunidades indígenas y campesinas denuncian la violencia que sufren a lo largo y ancho del continente, pero en Colombia esa violencia se destaca por su brutalidad y cotidianeidad. No por ello los poderosos han conseguido imponer su ley del silencio: Colombia pasa por un momento de agitación social como no vivía desde los años 80. En El Quimbo, en la Salvajina, por todo el país los pueblos organizan sus resistencias. Como casi siempre, la otra cara de la miseria es la esperanza.

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Texto y Fotos : Jader Rivera Monje

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ace más de una década un artista hizo un mural con desechos industriales, basura y casquillos de balas en un pueblo huilense con una tradición agrícola de más de cuatrocientos años. El enorme mural estaba a la entrada de un salón comunitario. En esencia, representaba a un pordiosero jalando una carreta con basura. Aunque pensándolo bien era tal vez un guerrillero pues el artista le había colocado un fusil y dos cananas que le cruzaban el pecho a la manera de los rebeldes mexicanos de comienzos del siglo veinte. Al ver este mural me indigné. La comunidad en la que yo vivía sentían aprensión por las armas pues siempre les recordaba hechos terribles y además no tenía nada que ver con el mundo industrial. Yo formaba parte del Consejo de Cultura del municipio y me levanté contra el alcalde. Se estableció una cita con el artista con la intención de llegar a un acuerdo. El alcalde optó por ser neutral pero al final tomó partido. Yo seguía disgustado con el artista y también con el alcalde que había pagado el mural con los dineros del pueblo. El disgusto se producía porque iba en contra de una política cultural que se había pactado hacía muchos años: crear un símbolo de identidad fuerte, enraizado en el corazón de la gente de tal forma que los uniera a todos y propiciara el desarrollo de la comunidad. Debíamos consolidar la identidad mediante el reconocimiento colectivo y visualización pública a través de obras concretas de lo mejor que tenían las personas, su geografía y su pequeña historia familiar. En el citado encuentro, empecé cuestionando al artista sobre el color de su mural. Había utilizado colores chirreantes, fosforescentes, grises y metálicos. Como no me respondió –había mucha dignidad y desdén en sus gestos- le pregunté si sabía de qué color era el pueblo en donde estaba parado. Le pregunté además por el sabor y el color de la comida, le pregunté por el color del café, por el azul del cielo y las aguas torrenciales; le pregunté si conocía los pájaros, los árboles o si había visto de frente a la gente cuando subía las montañas. El artista mantuvo su silenciosa dignidad. Al final dijo que había estudiado en Venezuela y no tenía por qué saber eso.

Miré al alcalde. Le expliqué que el mural debería estar más en la casa del artista o en un museo que un salón comunitario. Esos lugares eran los apropiados para esas expresiones tan personales. A esos lugares sólo acudirían los intelectuales y diletantes que, por supuesto, tomarían vino mientras posan para las cámaras. Pero los espacios públicos eran como la casa de todos. No podemos colocar allí lo que a mí me gusta o esto otro que es “arte”, “arte puro” por muy famoso que sea el artista. Tenemos que ser coherentes con nosotros mismos. Si en esos espacios públicos no hay algo que nos represente, nos diga quiénes somos y hacia dónde vamos; si además de eso no tienen la perfección estética y los materiales adecuados, estaríamos negándonos a nosotros mismos en aras de sacar el pecho por un arte maltrecho y estúpido. Recuerdo que el artista se enfureció. Amenazó con demandarme si


Ojo de Pez | Fotografía

yo destruía el mural. Debo confesar que ganas no me faltaron. Imploraba para que una tempestad levantara las tejas y la lluvia y el viento hicieran lo suyo alzándolo por los aires y estrellándolo contra las piedras del río. La discusión tuvo un final triste. El alcalde tomó la palabra y dijo que él era el que mandaba y ordenó que no tocaran el mural. Tiempo después descubrí que el artista era un primo de un primo del alcalde o algo así. Yo renuncié al consejo de cultura. Era un convidado de piedra. Ahora recuerdo ese incidente porque fui a la finca de una hermana y me reencontré con el color de la tierra que he habitado durante siglos. En esa finca también recordé a Rosario Heins, una artista del Caribe que por esos tiempos estaba en San Agustín. Yo conocí una decena de sus obras expuestas en un hotel y vi en ellas todo el color, toda la luz que vibraba por los lados del Caribe. Comprobé de nuevo que el artista es el que sabe ver y hace ver. No aquel que levanta esperpentos en cada esquina y hace exclamar elogios a los más estúpidos. Pensé también que el espacio público, a través de las obras verdaderas, es la mejor plataforma para afianzar nuestra nacionalidad, permite reconciliarnos con nuestras raíces y nuestra condición de hombres buenos haciendo de los pueblos y las ciudades un entrañable lugar para vivir a pesar de todas las cosas malas que vivimos a diario.


De piedra en piedra

El miedo a caer Por: Winston Morales Chávarro

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e gusta el Jesús de Nikos Kazantzakis, aquel célebre escritor griego que en su obra La última tentación de Cristo, nos lo ofrece más humano, tentado por la carne, la belleza, los goces de los días. Martin Scorsese, director de cine neoyorquino de origen italiano, nos entregó su versión cinematográfica en 1988, hecho que produjo gran polémica en el mundo católico por dibujarnos a Cristo de carne y hueso, enamorado de María de Magdala, y padre de unos cuantos hijos.

“Eso del celibato es un acto inhumano, va en contra de la naturaleza humana -que se sepa, no hay un solo animal célibe-, cohíbe el Acto Liberador, va en contravía de la máxima virtud universal: el amor”.

10 Ese Jesucristo de Kazantzakis, cercano al Cristo de José Saramago (El Evangelio según Jesucristo; un Cristo capaz de lavar el corazón de sus discípulos, con la capacidad liberadora de quien armoniza los opuestos, desposeído de las medias unidades y los extremos) es el Cristo que a diario niega Pedro (la iglesia), el Cristo anulado por los Papas, el Jesús omitido por los tetrarcas del Vaticano desde el comienzo de la historia judeo- cristiana. La Iglesia reniega de ese Jesús, de la pobreza de ese Jesús, de la otra mejilla de ese Jesús. El Jesús inventado por la Iglesia es excluyente (odia a los homosexuales y a las prostitutas), elitista (está diseñado para las clases dominantes), ávido de poder (entre más cerca estén de los gobiernos, mucho mejor). El Jesús de Saramago y Kazantzakis es humilde, poético, sabio, hombre ante todo, goza con la belleza, se enamora de las cosas, los objetos, el mun-

Iustración: Diana Forero Meneses

do, lo femenino como máxima representación de lo divino (algo que también nos recuerdan Norman Mailer (El evangelio según el hijo) y Giovanni Papini (Historia de Cristo). Ese Jesús es mi preferido. Aquel hombre de huesos y nervios, pulsaciones y ritmos, capaz de congraciarse con la belleza de Magdalena (nunca la perdonó porque para perdonar primero hay que condenar y Jesús nunca la condenó: «el que esté libre de pecado que tire la primera piedra»), poseedor de un discurso coherente (fue un hombre de izquierdas y de derechas), habitado por el acto creativo, por un estro poéticopolítico; fue un transgresor, un revolucionario sin revolución, un hombre de espíritu. Ese mismo Jesús es percibido por Dan Brown (El Código Da Vinci), donde se plantea la hipótesis de un Jesús enlazado con María Magdalena -ella representaría el Santo Grial-, donde se dice, entre líneas, que la descendencia sanguínea recae en lo femenino, lo sagrado, el vaso multiplicador. El Jesús de Nikos Kazantzakis, José Saramago y Dan Brown se avergonzaría de aquellos sacerdotes que condenan y anulan. La persecución a aquellos presbíteros que han confesado ser padres y han aceptado su debilidad ante la carne, carece de toda lógica y presentación. Estoy más que convencido que el 90% de los representantes de Dios ante los hombres han tenido la tentación, han sucumbido ante la belleza -llámese masculina o femenina-. Lo que pasa es que sólo el 10 o 5% lo reconocen públicamente. Eso del celibato es un acto inhumano, va en contra de la naturaleza humana -que se sepa, no hay un solo animal célibe-, cohíbe el Acto Liberador, va en contravía de la máxima virtud universal: el amor. Un sacerdote no puede hablamos del amor si se sustrae de él; no puede hablarnos del mundo si se margina de él. ¿De qué manera creerle a una monja cuando ha pasado la mitad de su vida sumida en el encierro, la negación de las emociones, la omisión de las pasiones y el goce exterior? Sólo es verdaderamente sabio quien se enfrenta al mundo, como lo hizo el Jesús de Mailer, Papini, Kazantzakis, Saramago y Dan Brown. Lo demás es pura teoría, falsa retórica, miedo a caer.

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Zona de pesca

Con seis años vinculados a un Plan maestro, EPN reitera su compromiso de conservación.

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a Cuenca Hidrográfica del Río Las Ceibas conformada por más de 28 micro cuencas del suroriente de la ciudad, es el ecosistema estratégico más importante para Neiva por su biodiversidad, su producción agrícola y principalmente por ser la única fuente de agua potable que surte a cerca de 360 mil habitantes. Y así lo ha entendido las Empresas Públicas de Neiva EPN, que además de asegurar la captación y suministro de agua, tiene el compromiso por recuperar esta fuente de agua e implementar estrategias de educación ambiental, en momentos donde todavía creemos que es ficción el fenómeno del Calentamiento Global. De esta manera, el Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica del Río Las Ceibas POMCH, es el proyecto ambiental más ambicioso del sur colombiano, el cual crea una bolsa común con la Alcaldía de Neiva, EPN y la Gobernación del Huila, contratada por la Corporación de Alto Magdalena CAM, para la recuperación y manejo sostenible de los recursos naturales renovables de la cuenca del río Las Ceibas, buscando un equilibrio entre su estructura físico -biótica y el aprovechamiento económico de tales recursos, en especial del recurso hídrico, en un territorio escarpado de casi 300 kilómetros cuadrados. Una tarea colosal para más de 20 años, que ya arroja después de 6 años, resultados favorables debido a que no se han vuelto a presentar avalanchas, ni desabastecimientos prolongados, ahora incluso menos, con la entrada en operación del Reservorio Poco a Poco.

En el año 2013, el aporte que EPN hizo al Plan de Ordenamiento del Río Las Ceibas, llegó a los 640 millones de pesos, un aumento cercano al 30% respecto al año 2012, lo que se traduce en un enorme avance que consolida este proyecto. Estrategia conjunta

En este sentido Alejandro Serna Subgerente de EPN, como una de las entidades comprometidas con este Plan, aclara que la gestión de esta Empresa Pública, va más allá de la entrega de recursos y del servicio de acueducto, alcantarillado y aseo: “es llevar una estrategia conjunta donde se vea presencia institucional, aplicación de normas, y de procesos pedagógicos, que ayuden a crear conciencia y compromiso de conservación ambiental por parte de la ciudadanía”.

Es así como en el año 2013, EPN facilitó procesos de enseñanza-aprendizaje con cerca de 500 madres comunitarias que en este momento son conscientes de la importancia del ahorro de agua y el uso eficiente del líquido vital en sus hogares; además se está capacitando a líderes comunitarios y Juntas de acción comunal en temas relacionados con el manejo de residuos y conservación de fuentes hídricas. Así mismo, para este año 2014 aparecen los Vigías Ambientales en las 10 comunas de Neiva, como actores claves en

Alejandro Serna Subgerente de EPN, en el reservorio.

procesos pedagógicos y ambientales, encaminados a minimizar los riesgos y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Otra de las tareas, encaminadas al objetivo de la conservación, lo viene tejiendo las Empresas Públicas de Neiva EPN, con miras a implementar un proyecto de recuperación y manejo de las bocatomas El guayabo y El tomo, ubicados sobre la parte baja de la Cuenca, y que en estos momentos son epicentro de la contaminación permanente producida por los residuos que cientos de bañistas cada fin de semana arrojan al río y sus riberas, en el denominado paseo de olla. Ante esta amenaza, EPN y la Secretaría de Gobierno Municipal, vienen diseñando este modelo seguimiento a las bocatomas para todo el año 2014, y donde la participación de las comunidades es vital para el éxito del proyecto, que al final establece conductas y usos de éstas áreas naturales que son claves para la captación del recurso hídrico. Otro proyecto importante para la ciudad de Neiva y tiene que ver con el tema ambiental del ahorro del agua, es la sectorización, que es un motivo del cual EPN viene librando una gran cruzada entorno a las perdidas imperceptibles de agua, que superan los índices del 65%; aguas que se están tratando pero que por sectores subnormales, rupturas, y fugas de tubos específicos, donde la gente sufre las suspensiones del servicio de manera pasajera. Para corregir esto, se implementa para este año, el proyecto de sectorización, que es dividir a la ciudad en la red de acueducto en 57 subsectores, que en la actualidad está dividida en 17 sectores, lo que al final evitará que grandes zonas donde se presente la ruptura, queden sin agua; es determinar en tiempo real en donde se está presentando esa fuga, debido a las bajas presiones, para actuar además de manera más rápida.

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Otras acciones de conservación

En este camino también El municipio de Neiva como compromiso de gobierno, creó en el año 2013 la Secretaría del Medio Ambiente, un esfuerzo institucional que dota a la ciudad de una dependencia que a medida que pasan los meses, de convierte en un soporte para la estrategia de educación, gestión, control y seguimiento a todo lo relacionado con la fauna y la flora de nuestra ciudad, como también de nuestros espacios públicos naturales. Como parte de esta gestión se consolida el denominado comparendo ambiental, un piso jurídico y normativo que le empieza a hacer frente a la contaminación producida por los neivanos.


Ciudad desoles

Anzuelos y carnadas

Entrevista a la profesora huilense Yineth Angulo, quien hace memoria de Neiva bajo el mango de su patio y es una de las voces que integran la reciente publicación antológica de mujeres poetas del Huila, Mujeres al verso. Por: Mayela Fernanda Trujillo Polanco

Nací en Garzón, pasé toda mi infancia allí, hasta que a mis diez años mis hermanos mayores decidieron hacer la travesía de venir a Neiva. Yo nunca había salido de Garzón, para mí eso fue toda una aventura, una epopeya, un descubrimiento, una nota muy linda… los paisajes, el río Magdalena, llegué aquí, desde ese momento no salí de Neiva, aquí he estudiado, trabajado, me he enamorado, he tenido mis hijas, Neiva es mi mundo, mi espacio, mi todo (sonrisas).” Un limbo es el patio jardín de la casa de la profesora y poeta Yineth Angúlo, quien ha visto crecer a Neiva por más de 20 años y que paradójicamente vive en la carrera Quinta a tres casas de ese “Éxito” occidental al que le da la espalda. Esta mujer me abre las puertas de sus recuerdos, sus percepciones, su nostalgia y sus sueños, en esa casa madre y abuela en medio de la carrera quinta, entre cantinas, bares y discotecas lucrativas: Mayela _ Neiva Yineth_ ¡Río, sol y calor! Neiva es Sol, con esta lluvia que duró poco era delicioso, pero si Neiva no fuera sol no sería Neiva. Es mi ciudad, la recorro, me gusta la gente taimada, como el Taimado Caimán de San Agustín, es gente buena, conservamos gente honesta a pesar de los cambios que la ha vuelto algo frenética.

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M_ “Neiva ciudad de soles” ¿Ciudad sin corazón? Y_ Ciudad sin corazón…sí, Neiva es así, pero tiene mucho, lo que sucede es que laten a la vez, entonces aturden. Es el sol tan tenaz, que a veces parece matar los sueños, pero tiene la ventaja de que la noche es lo más bello que hay, las noches neivanas son un privilegio. Salir, el clima ideal, caminar, aunque ahora ya no se pueda caminar como antes por la inseguridad, no se sale con la tranquilidad de otros tiempos donde no había andenes pero uno caminaba mejor, con aguardientico no nos preocupábamos, además no teníamos nada que nos robaran (Risas). Neiva es un nota, como decía Cortázar sobre Paris, que era un Mandala, Neiva también es un Mandala; ese río que la bordea, la teje, los árboles y el calor. El calor ¿a usted no le seca los sueños?

"En las páginas de mujeres al verso nos encontramos a nosotros mismos. Los textos de sus autoras nos muestran las complejidades de las almas humanas, nuestros laberintos iluminados por una nueva luz. Esta luz nos reconcilia con la vida, nos hace recordar que no estamos solos y nos confirma que la palabra acerca, rompe los muros de la indiferencia y que gracias a ella y con ella es posible trasformarnos". Myriam Oviedo Córdoba

los vecinos de la vuelta y los apartamentos que deben sufrir con la bulla. Era una calle vital, hacía parte importante del comercio de la ciudad, ahora los negocios desde la trece se cambiaron por sitios de venta de bebida. M_ ¿A qué suena la carrera Quinta? Y_ Por aquí suena a bulla, a rumba, ya incluso el vallenato se ha desplazado, en este sitio de aquí al lado ponen pura electrónica, ya el vallenato y la ranchera han sido desplazados por esa parte más de ciudad, de los pelados, de la gente joven.

Yineth Angulo Poeta; Licenciada en Lingüística y literatura; Especializada en Comunicación y Creatividad para la Docencia, de la Universidad Surcolombiana.

Lo que pasa es que uno tiene que luchar aquí para que no se mueran, algunas veces es tan agobiante, no sólo el clima sino el ambiente, es pesado. Pero como le digo, la noche, los árboles. M_ ¿Cómo más describirías a Neiva? Y_ Yo he intentado hablar de esta Neiva, el río, la miseria, el miedo que se vive aquí, esta zona donde llega mucho desplazado, desterrado y tiene toda esa ebullición. A mi me gustaría contar eso que no está aquí en el centro sino en los extramuros, en partes donde ni nos imaginamos. Me parece que Neiva es como ese poema que hice, es más bien de la gente. Ahora estaba escribiendo un poema a “la loca de la toma” a Nancy, es una loca; hablar de los habitantes de Neiva, de mi mamá, de la Toma, de las Ceibas, de los Almendros que están desapareciendo. Los Almendros eran propios de nuestra región y ahora sólo se ven en los barrios más antiguos, es eso, hablar del alma “ya que no tiene corazón” (Risas). Hay que caminar la ciudad, conocerla, recorrerla. Yo les digo a mis estudiantes, ellos no salen del San Pedro plaza, sus conjuntos y la Toma. Ahora ya uno no deja que sus hijos anden, los reprimimos, nos los dejamos explorar en ese ánimo de cuidarlos, los cuidamos tanto que no los dejamos volar. Que vuelen. M_ Hablando de Ciudad de Soles ¿Cuándo lo escribió? Y_ Creo que lo escribí durante toda mi vida, salió hace como tres años, pero lo hice pensando más en mi adolescencia, en mis años de estudiante de la Surcolombiana, en la vida bohemia, tuvimos una buena época para esa vida. Aún los muchachos encuentran los espacios, en ese momento cargábamos los libros en la mochila con aguardiente y nos la pasábamos caminando todo, Santa Inés, Cándido, el Altico y el río Magdalena, que en ese tiempo no estaba tan “bonito” como ahora pero era habitable, ahora ya no, uno no puede ir allá a leer un poemita, a pasar una tarde en un árbol; en esa época nos trepábamos a una Ceiba inmensa, que todavía está, a leer, a ver el río, a ver el atardecer. De esa nostalgia surge el poema, es como mi vida, mi juventud. También de la angustia de ver que no hay salida para los muchachos, de ver la frustración de muchos pelados, me veo a mí misma ahí, pelados que estudian con tanto esfuerzo para salir a qué, si sólo hay bebederos, de la parte del alma, de

la parte artística no hay espacios o no los conozco. Ni siquiera sitios de beber donde se puedan encontrar a tertuliar, la vaina no es emborracharse sino compartir, elevar globos, soñar. En la época en la que nosotros estudiábamos estaba por lo menos el cineclub que era barato; estaba Rayuela un bar de música salsa y social, era de la negra Yolanda, era estudiante. Estaba el Caedizo que era una sala de teatro, ahora uno no ve mucho o no los conozco. M_ Carrera Quinta Y_ ¡Locos, Loros! y… ahora trago. M_ ¿Cómo es haber vivido 20 años en la carrera Quinta? Y_ Aquí ya fue la parte de mi aterrizaje, ésta es la casa materna de mi esposo, cuando ya nos organizamos y tuvimos la nena mayor nos vinimos. Es como estar en el corazón de Neiva, es rico porque se tiene todo a la mano, no necesitamos pagar taxi, es práctico. En el San Pedro era tener primera fila,

M_ ¿Cómo era la calle 14? Y_ Casas familiares y hasta hace poco había burdeles, con calles horribles en pleno centro de Neiva, la 14 entre Quinta y Sexta hasta el año pasado la arreglaron, la 15 entre Quinta y Cuarta en Noviembre la pavimentaron. Ahora esto se volvió una mina a raíz de la peatonal, esta nueva zona rosa ya está contemplada en el P.O.T. Sin embargo, uno piensa, que cerrar estas vías, arreglarlas y ponerlas bellas para que se vuelva una cantina, no tiene sentido. Cuando la Gobernación de Cielo inauguró el paseo de José Eustasio Rivera hicieron las vallas y uno esperaba que se viera una protección a ese espacio público cultural, familiar. Yo siempre imaginé – uno que es como iluso- que podría ser un espacio para la familia, con arte, helado, cultura, restaurantes. Le hicieron un negocio quién sabe a quién, no hay ningún sitio que tenga que ver con la cultura, excepto el centro de convenciones. Ahí está la mirada de los gobernantes y de nosotros, porque si no nos apropiamos de la ciudad ¿cómo la defendemos? cuando yo paseaba con los pelados de la cátedra de Riveriana aquí, muchos ni sabían que hacía referencia a José Eustasio Rivera y a la cultura del Huila.

“Creo que lo escribí durante toda mi vida, salió hace como tres años, pero lo hice pensando más en mi adolescencia, en mis años de estudiante de la Surcolombiana, en la vida bohemia, tuvimos una buena época para esa vida”. después se convirtió en una tortura porque nosotros no somos de borracheras de ese tipo, entonces se volvía tedioso. La carrera Quinta es algo emblemático de Neiva, es como estar en la jugada, después de que me vine de mi casa no volví a tener vida de barrio, mis vecinos son los loquitos, la señora de la empresa de al frente. Es hacer parte de la historia de la ciudad. Estar aquí en esta casa en pleno centro es una maravilla, la gente no se imagina que tiene este espacio tan lindo, es como tener el campo aquí, es un regalo, aquí uno se aísla un poco del ruido y de la gente de la ciudad, como un oasis. M_ ¿Cómo era la carrera Quinta? Y_ Cuando yo me vine a vivir aquí tenía doble vía, era muy movida, había muchos sitios de comercio de todo, el tráfico era mayor, pasaban colectivos por ambos lados, todavía había varias casas de familia, ya todos se han ido, somos los únicos que permanecemos con

M_ ¿Cuál es el mejor recuerdo que tiene de la Carrera Quinta? Y_ Recuerdo cuando hacían competencias de ciclismo, recuerdo una que tenía que ver con los cumpleaños de Neiva; a mí siempre me ha gustado el ciclismo, por Garzón pasaba la vuelta Colombia, nosotros jugábamos dándonos nombres de los ciclistas de moda. El San Pedro me gustaba, los desfiles populares, cuando no había tanta gente, recoger dulces, recorrer la Quinta, echar globitos. Los loritos, los árboles de flores rosadas que se ven bellos. M_ Calle 14 Y_ Abandono, fea y… ¡excesos! (Risas) M_ ¿Cómo las describes? Y_ Esa calle siempre me ha producido mala vibra, nunca me ha gustado caminarla, ni siquiera ahora, es fea. Cuando estaba sin pavimentar parecía salida de una película de horror, donde va a salir un asesino… evitábamos pasar por ahí.


Cien años de olvido Por: Luis Alfredo Vera

Espejo de agua

Ilustración: Hérico. Dr. malatesta

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on ocasión de cumplirse 100 años de la visita del Alemán Konrad Theodor Preuss a la región que hoy ocupa el Parque Arqueológico de San Agustín, las autoridades pensaron en trasladar a Bogotá 20 esculturas para organizar la exposición que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia llamó ‘El regreso de los ídolos’. El pueblo de San Agustín se opuso no solo con razones, sino impidiendo el traslado físico de las esculturas. Tras la polémica a través de los medios –que respaldaron la intención gubernamental–, la Ministra de Cultura, debió ceder y cancelar la exposición. El siguiente texto es corolario de esta ‘batalla’ cultural.

En el año de 1913, el etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss inició excavaciones en la vereda de Mesitas del municipio de San Agustín, con el interés de hallar monumentos líticos precolombinos. En cuatro meses logró sacar un sinnúmero de piezas; dejó algunas y se llevó otras, quizás con el deseo de salvaguardar los objetos rupestres de las manos de guaqueros o foráneos; o tal vez con la intención de montar una exposición en el museo de Berlín como eventualmente se dio en 1923. En esta exposición, da a conocer al mundo la cultura prehispánica agustiniana. Esta exposición se puso al mismo nivel que la hecha un año antes sobre el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en Egipto, por el arqueólogo británico Howard Carter. Desde entonces han pasado 100 años de investigaciones arqueológicas sobre la cultura milenaria ubicada en el sur del Huila. Las investigaciones han sido muy pocas en comparación con los estudios sobre los Mayas o los Egipcios que existen alrededor del mundo. Como dice el escritor David Dellenback en su libro ‘Las Estatuas del Pueblo Escultor’ : “las puertas de la investigación se han mantenido cerradas en Colombia […] las publicaciones serias del Pueblo Escultor han sido publicadas a cuenta gotas” (Dellenback, 2012). Incluso el libro publicado en 1929 por Konrad Preuss titulado ‘Arte Monumental Prehistórico’, escrito en alemán y traducido al español en 1931, no tiene traducción en inglés, el idioma de la ciencia. Después de haber sido declarado el Parque Arqueológico de San Agustín (ubicado en la vereda de Mesitas) como Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1995, y después de 100 años de la llegada del susodicho etnólogo alemán, la celebración se tiñe de imposturas y fanfarronerías. Si bien Preuss fue el primer investigador en promocionar a las estatuas en Europa, antes de él llegaron investigadores que le sirvieron de soporte para venir a Colombia, como lo fueron el italiano Agustín Codazzi en 1857 y el colombiano José Cuervo Márquez en 1892. La lectura de ‘Peregrinación de Alfa de Codazzi’ o el libro ‘Estudios Arqueológicos y Etnográficos de Cuervo’ fue central para que el etnólogo pudiera perfilar su estudio y es una lástima que se le endiose y que estos precedentes pasen al olvido. Ahora, el hecho más atrabiliario corresponde a que el señor Preuss, simpatizante del Partido Nacional Socialista del Führer, en su expedición por Colombia se llevó 35 estatuas de las cuales tres se exponen en el museo de Berlín, mientras las otras están tiradas y olvidadas en la bodega. De milagro las estatuas sobrevivieron el bombardeo a Berlín en la segunda guerra mundial. El escritor David Dellenback en un artículo titulado ‘Las estatuas en Berlín’ nos cuenta: “Sin lugar a dudas, el razonamiento de Preuss (el cual tal vez era un sofisma) era que si removía las estatuas de sus

lugares originales, es decir de los alrededores de San Agustín, y las llevaba con él a su museo en Berlín, las estaba sacando de la soledad y del peligro de estos inhóspitos parajes selváticos, en donde “cualquier cosa puede pasar,” y las llevaba a un lugar más seguro, estable y con más conocimiento técnico, como Berlín. Por supuesto, la ironía es que en realidad las llevó directo y precisamente hacia el ojo de la tempestad, a Berlín, al blanco principal de la Segunda Guerra Mundial”. Respecto a lo que se salvó del bombardeo Dellenback afirma: “Milagrosamente, la mayoría de estatuas que Preuss llevó a Alemania sobrevivieron los bombardeos. Sin embargo, la gran colección de cerámicas y otros artefactos no corrieron con la misma suerte; todos estos objetos, como personalmente lo pude constatar, quedaron reducidos a unas cuantas cajillas llenas de pedacitos de escombros”. Lo peor y lo más triste es que el Gobierno colombiano y los entes gubernamentales promotores de la cultura y el patrimonio como el Ministerio de Cultura o el Incanh, no han mostrado el suficiente interés en hacer la gestión para repatriar esas piezas líticas. La negligencia, el descuido y la ignorancia de nuestros alcaldes, gobernadores, presidentes y demás aprovechadores públicos es la misma. San Agustín es un pueblo que existe gracias a las estatuas, sino sería cualquier otro poblacho colombiano sumido en la dejadez. Vive de la agricultura y su principal actividad comercial es el turismo. Por desgracia, el turismo natural y cultural carece de promoción y desarrollo socio-económico; no hay vías adecuadas, algunos sitios arqueológicos están abandonados, la oferta hotelera y gastronómica es insuficiente, la infraestructura es precaria, el supuesto circuito turístico surcolombiano —que ya debería existir— apenas está en planeación. Cien años de investigaciones arqueológicas sin investigación, sin plata para la investigación y sin gente interesada en investigar. Dellenback, continuando con su artículo expone: “Las autoridades del museo me dieron una bienveni-

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da de “brazos abiertos”, cosa que rara vez he experimentado con sus colegas aquí en Colombia. Los encargados del museo me contaron que durante los 70 años que han permanecido las estatuas en Berlín no existe registro de la visita de ningún investigador colombiano que haya llegado al Museo con el fin de estudiarlas, cosa que me sonó ridículo, pero que resulta ser cierta. Lo consideré un comentario fuerte y demoledor”. Lo trágico es la deficiente educación en nuestro país y en esta región. La cultura arqueológica de San Agustín no es sólo ignorada por los dirigentes políticos, es ignorada por los profesores y por los estudiantes. Si es ciega para el séquito de intelectuales y el gremio docente, imagínense para el común de la gente, que solo piensa en sobrevivir en medio de un país antropófago. Las conferencias establecidas por el INCANH denominadas ‘Cátedra del centenario’ parecen ser creadas para un selecto grupo de personas. La participación de los interesados es una nimiedad. Queda abierto el debate sobre la participación de los actores sociales y políticos en el derecho de petición de repatriar las estatuas expuesto por David Dellenback, no tanto para la embajada alemana, más bien es un jalón de orejas al Gobierno colombiano en cabeza de sus eminencias. Si los peruanos lograron en el 2011 (Centenario del descubrimiento de Machu Picchu) repatriar sus piezas arqueológicas que estaban en la Universidad de Yale, ¿podremos los colombianos hacerlo? ¿Tendremos conciencia del patrimonio? La celebración del centenario queda reducida a un rotundo fracaso. No hay nada a festejar, por el contrario hay mucho por hacer. Es la hora de que la gente deje de alabar a sus ídolos y vea la realidad colombiana en la que vivimos, se comprometa como actor social y político en responder por las decisiones y acciones que se toman en la vida en comunidad. Ojalá que el próximo año San Agustín no se olvide y esta celebración no se haga un espectáculo de circo para entretener al pueblo, para que los políticos de turno hagan una breve e inerte aparición.

Pacta sunt servanda Ricardo Adolfo Lopez Rujana Abogado Universidad Surcolombiana Teléfonos: 314 435 79 68 - 8 72 34 34 correo: canek7@hotmail.es


Texturas

De Neiva con amor

Armas de juego Por: Benhur Sánchez Suaréz

H

e sido invitado a presentar en la ciudad de Neiva la novela Armas de juego, el más reciente libro del escritor huilense Marco Polo, autor nacido en Gigante (Huila) y radicado en la actualidad en Bogotá. Recuerdo con mucha nitidez sus cuentos publicados en dos libros: Cartas de Goma (1988) y Cuarto de amor discreto (1992). Pocos autores como él guardaron la memoria de los movimientos estudiantiles de la década de los años sesenta y su influencia en la región y esas escenas se fijaron en mi subconsciente y ahora reviven con su nuevo libro. París, México D.F., Bogotá, Neiva, Garzón deben estar vivas aún en algunos habitantes del planeta con sus represiones, sus gases lacrimógenos, sus bolillos, sus disparos y su asesinato de estudiantes. Por lo menos los nuestros han quedado en la escritura de Marco Polo. Desde esos primeros textos, Marco Polo demostró su interés por la recuperación del espacio y el tiempo de sus territorios nutricios, los pueblos donde naciera, biológicamente en Gigante, literariamente en Garzón. En este sentido, Armas de juego se estructura a partir de la existencia de los

cuentos, que luego articula en un fluir vertiginoso de escenas, como en una película. Y es en esa serie de instantes acumulados donde nace la historia familiar que se dibuja nítida, párrafo a párrafo, cuento a cuento, y va creciendo como el recuerdo hasta darle la textura de novela. Entonces Marco Polo juega a ensamblar esa colección de narraciones en las que une los pensamientos y las acciones de sus personajes principales, hace las actualizaciones necesarias, articula sus primeros textos con los nuevos, retrata los espacios específicos y hace crecer la historia como si fuera una sola. Crea así la acción narrativa en la que los cuentos reunidos inician con la muerte del protagonista y terminan cuando es asesinado. Los recuerdos se recuperan desde el más allá. En el entretanto sucede todo lo demás: los recuerdos de infancia, los pueblos que habita el narrador, la catarsis final. Marco Polo le da un nombre singular a esas anotaciones, los tacuinis, serie de notas y apuntes de unos cuadernos negros que el narrador crea para consignar sus impresiones sobre lo que acontece a su alrededor y en su interior y que, sin ser un diario, dan cuenta de su transcurrir físico y mental y sientan su posición en el mundo. En nada semejante a la escritura de novelas en nuestro medio, abanderada por decirlo de algún modo de la renovación del concepto de novela como goce estético, es la propia escritura, manejada con maestría por su autor, la que le otorga a Armas de juego la contundencia que nos permite celebrar hoy su alumbramiento.

Odio a los poetas O

dio a los poetas. Los odio. Odio a esos poetas jóvenes, ilusos, que abanderados por Mario Benedetti ladran versos sin sentido destinados a cambiar el mundo. Se les puede encontrar, con megáfono o sin él, sobre todo en los camiones, aunque los hay que de pronto resultan ubicuos e infestan plazas, cafeterías, monumentos y debajo de las piedras; porque ellos, a pesar de haber nacido al final de los años ochenta o durante los noventa, han descubierto el “arte acción”, y les parece muy contracultural y antisistema contaminar los espacios públicos con sus berridos. Es que están llevando la Poesía a quien no la tiene. Ah. Se les puede encontrar también en las escuelas de letras, denostando a sus maestros, el programa de estudios y la burocracia escolar, pero incapaces de redactar una tarea sin faltas de ortografía. Son amantes de los puntos suspensivos porque piensan que llenan sus textos de misterio y sensibilidad, acusan al Estado de marginarlos por sus ideales y se autopublican en plaquettes y ediciones cartoneras con títulos como Las llamas de mi fuego, Mi corazón se desmorona, o La poesía invade mi ser.

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No les gusta leer para no contaminarse. Los únicos escritores que conocen son Sabines y Sabina. La trova los conmueve hasta las lágrimas y les incita a continuar con su labor. Todos se parecen. Los odio por igual. Los peores son los poetas jóvenes que, además de conciencia social, tienen conciencia ecológica. Son los que escriben poesía verde dando voz a los lamentos de la pachamama. Los odio. Son los que poniendo el ejemplo sobre el cuidado del agua, pueden pasar mes y medio sin bañarse. Odio a los poetas de mediana edad. Los odio. Esos que ganaron un certamen municipal o una beca estatal y llevan su libro de 1998 a todas partes. Esos que no se pierden ningún evento cultural porque son los únicos momentos en que pueden beber vino, aunque sea barato, y alardear acerca de su próxima obra maestra, esa que llevan escribiendo la mitad de su vida y que revolucionará el lenguaje y nuestra manera de ver a los árboles y las flores. Esos que son titulares en el taller de creación literaria de la universidad local, los editores de la revista de la universidad local; y que participan en toda presentación, conferencia, seminario, charla o debate de la universidad local

Por: Elma Correa

donde haya café y surtido rico de Gamesa, así sea sobre las últimas investigaciones veterinarias acerca del moquillo en las razas mestizas. Los odio. Odio a las señoras ultrasensibles que visten huipil, rebozo y tacones de doce centímetros, esas que organizan los recitales para las glorias del pueblo y aprovechan los últimos minutos de la velada para leer sus sentidos pensamientos y reflexiones en rima sobre la importancia de la niñez, la fealdad de los pobres y el crimen del aborto. Las odio. Odio sus libros impresos con dinero de sus amigas, la Chiquis Corcuera, la Nena Vildosola, la Beba Videgaray y las otras chicas del bingo; esos libros cuya portada es una foto panorámica de la playa, con la autora en primer plano, alzando sus brazos al sol del amanecer. Odio a los poetas. Los odio.Odio a los poetas viejos, esos envilecidos por la vida literaria de provincia. Esos que creen que la credencial del Insen les otorga por default el paso a la gloria y posteridad. No importa que no tengan talento. No importa que no hayan publicado en los últimos veinte años. Esos que sobreviven impartiendo talleres por todo el país en donde les pagan por trabajar los textos de los participantes, pero que se dedican a vociferar contra la institución que los contrató, a maldecir a los funcionarios que firman sus cheques y a romper las ilusiones de los asistentes con frases del tipo: “¿Quién te dijo que esta cochinada es poesía?”, “Tú no sabes escribir, dedícate a la carpintería”, “¿Dónde esta mi dentadura?”, o “Esa de las tetas grandes, ¿cómo se llama?”. Los odio. Odio a los poetas hipsters, los que sueñan con publicar en La Tempestad y bailan sonidero. Esos que citan a Walser por lo que han leído en Wikiquotes. Los que en las cantinas de mala muerte conversan con los borrachos del lugar para sentir la miseria humana de primera mano, y les pagan una ronda antes de arrancar su automóvil híbrido. Esos que llegan a sus lecturas en bicicleta, luciendo intencionalmente desaliñados, acompañados de una trophy girlfriend anoréxica y disléxica. Los odio. Los odio a todos. Pero odio mucho más a los artistas multidisciplinarios.


Pescadores de historias

Por: Juan Guillermo Soto

— ¿Está listo? —No, creo que no, aún no sé muy bien lo que me va a preguntar. —Creo que conoce muy bien esas preguntas. — ¡No quiero esas preguntas, estoy hastiado de ellas! —Bueno, podría empezar por allí ¿Qué le molesta? —Mmmm… —El entrevistado mira al vacío. La mano en el mentón—; Cuando iba a algún toque, en Neiva, grabadora en el bolsillo, libretita con lapicero en el otro, y me dirigía hacia algún parche de “metachos” que de entrada me hacían mala cara, o la hacían después de escuchar mi carreto: entrevista, tesis, metal, testimonios, algo breve… me daban ganas de sentarme a lado de ellos y burlarme de mí mismo, mentalmente, desde luego, como seguramente lo hacían ellos, pues los metaleros son muy respetuosos o al menos fingen muy bien serlo; sentarme en ese andén y burlarme de ese personaje parado al frente con un chaleco y sombrero de periodista tratando de indagar sobre la cultura del metal para después escribir algo al respecto y poderse graduar. Los comprendía perfectamente, comprendía su malestar. Por otro lado, como periodista dudaba un poco de quienes parecían ver en la grabadora una especie de micrófono por el cual cantaban, con demasiada seguridad sombría, sus visiones del mundo a un público que los escuchaba atento: yo. Aunque realmente no llevaba ni chaleco ni sombrero de periodista, muy seguramente desde alguno de esos andenes donde la gente esperaba el concierto, así me vería. Y si nadie me veía así, en muchas ocasiones así me sentía. Bueno, el hecho de tener el cabello largo podría considerarse como un elemento a favor de la empatía con el parche metacho, pero para mí, o sea, el que se sienta al lado de los metachos a burlarse mentalmente de mí mismo, no es de fiar un man de cabello largo, al parecer metalero, preguntando sobre el ser metalero. Es por eso que desde ese andén era posible pensar que, de seguro, el chaleco y el sombrero se me habían quedado en casa por alguna razón importante, o que aún me aguardaba en alguna butic (el sombreo) o en la bodega de algún periódico local (el chaleco), pero de que lo tenía o lo tendría, lo tenía o lo tendría. ¿Me estoy saliendo del tema? —Un poco, pero no importa, me interesa que toquemos nuevos tópicos, con ello no tendré que preguntarle lo que está usted cansado de preguntar. —Le agradecería. Si para mí ya era difícil hacer ese tipo de preguntas ahora imagínese lo que es responderlas. —Entiendo, pero por favor, me llena usted de curiosidad. A qué tipo de preguntas se refiere, creo que estoy un poco confundido y no sé si hablamos de las mismas preguntas. —Yo creo que sí, ya sabe, ¿Se considera metalero? ¿Qué es para usted ser metalero? ¿Cree que es una etapa? ¿Cuándo fue que…? ¿Hasta cuándo será? ¿Qué le aporta? ¿Qué siente? ¿Qué piensa? ¿Qué oye? ¿Qué ve?... —Bueno, pero tampoco era necesario preguntar todo eso, al fin y al cabo usted estaba ahí, en los conciertos, y lo estuvo por muchos años arriba, en tarima, tocando, y podía percibir muchas de esas cosas.

Foto: Archiefe Fernández

*Este texto ocupó el primer puesto en el concurso departamental de ensayo Jenaro Díaz Jordán, año 2009.

¿Se considera metalero? ¿Qué es para usted ser metalero? ¿Cree que es una etapa? ¿Cuándo fue que…? ¿Hasta cuándo será? ¿Qué le aporta? ¿Qué siente? ¿Qué piensa? ¿Qué oye? ¿Qué ve?

—Es que ese era el problema, el haber trasegado por los caminos del metal me daba la capacidad de entender muchas cosas, pero sobre todo, de entender lo que se siente ahí, en las vísceras, lo que se piensa sin pensar, lo que sería una estupidez decir o entender o tratar de razonar y analizar desde un punto de vista académico; en síntesis, lo que simplemente se puede vivir y ni siquiera vivir para contarla, sencillamente vivir para vivirla, vivir para “sollarla”, o de contarla, sería a través del compartir más que del decir ¿Me entiende? —Creo que sí. —Ahora usted, señor entrevistador, respóndame algo, ¿cuál es el objetivo de esta entrevista? —De acuerdo. El objetivo es que usted me cuente realmente cómo vio la cultura del metal; es decir, que se quite no sólo el chaleco y el sombrero de periodista sino también que guarde su lupa de investigador y académico y que me cuente lo que ha visto y vivido en su trasegar por el metal durante algo más de una década, y cómo se vio a sí mismo, ahí sí con todos sus atavíos, en su labor investigativa de los últimos dos años. El entrevistado cruza la pierna izquierda, toma un vaso y bebe un sorbo de algo. La pregunta lo hace sentir como un punto, tal vez aparte; pero después de otro sorbo el punto observa con claridad y sosiego la llegada de una idea. —Bien. Siendo así, empezaré por decir que la música es algo muy importante para la vida de las personas en casi todo el mundo, pero sólo en contados casos, sean músicos o melómanos, ésta llega a con-

vertirse en un eje fundamental en sus vidas. Esta importancia se ratifica y se fortalece al ser compartida en grupo, y ese grupo, engatillados sus intereses en el poderoso armamento mediático, da a luz toda una cultura juvenil globalizada, ¡ojo!— Levanta el dedo índice—, siempre nativa del mundo, puesto que se crea continuamente, aquí y allá, en cualquier lugar, siempre diferente, reinventada. —Parece que le es difícil despojarse de esa lupa y ese sombrero ¿no? Risas —Creo que me es difícil desdoblarme aún más, pero si usted quiere… —No le pediré más imposibles. Siga por favor. —Bien. Le decía… Lo que me parece interesante es cómo la música llega a convertirse entonces en un lente a través del cual se percibe ese mundo y no sólo me refiero al mundo tribal, por así mal llamarlo, sino también al mundo total. — ¿Y qué se encuentra en esa mirada? —Esa mirada, ante todo, es una mirada estética. Inicia con el enganche del joven, en este caso al metal, por x o y canción o circunstancia; sigue con el cultivo (escuchar música, educar el oído) y en algunos casos, la mayoría, desafortunadamente, termina con la parcialización del oído. En esa mirada se encuentra entonces un juicio estético acerca de todo, pero no sólo es un juicio, sino que también es un modo de existencia. —¿Cuando dice todo, se refiere a Todo? —Sí, pero claro, de ese Todo,

esencialmente el arte y específicamente lo relacionado con la música y el universo de lo sonoro. Entonces me refiero a que se califica la música en general, y casi al sonido mismo, bajo los parámetros estéticos propios del metal: velocidad, oscurantismo, saturación, fuerza. De esta manera, los más radicales llegan a declarar que el vallenato, el merengue, el reguetón sobre todo, no son música. Inclusive algunos géneros que hacen parte de la familia del rock (blues, ská, punk…) son de igual forma poco valorados. Aquí ya vamos encontrando cómo ese juicio estético de la música va permeando ese todo del metalero en cuanto que este es un ser social y tiene que relacionarse con otras estéticas, pero sobre todo con una estética de masas alimentada por los medios masivos. — ¿La música popular, por ejemplo, o el tropi-pop? —Exacto. —Pero el metal también es un fenómeno mediático y un producto más de la industria cultural ¿no? —Sí, pero es un fenómeno de públicos, no de masas. —Entiendo, sin embargo, aún veo esa mirada del metalero, ese juicio estético, demasiado relacionado con lo musical y usted me hablaba de algo que trasciende lo musical para arraigarse en la existencia propia del joven… —Mire, La estética es un proceso de creación y posicionamiento del concepto de lo bello mediado por la cultura, y la belleza, al igual que la fealdad, la encontramos en muchas cosas; no se: el color del cielo en la mañana, una sonrisa, la mujer, el lenguaje, la misma muerte, a veces en la exageración y la extravagancia, una manzana podrida… en fin, no sólo en la música. Entonces esos parámetros estéticos forjados en el seno de la cultura del metal, se hacen latentes en el diario vivir del metalero en cuanto que éste, así se encierre en su burbuja negra, sigue siendo un ser social. —Entiendo. —Mire; estética, existencia y creación, son tres conceptos claves a tener en cuenta. Hablamos de una mirada estética porque la cultura en cuestión gira en torno a una música con una estética propia (Propia pero mutante, ¿no?); hablamos de existencia porque dichos parámetros estéticos forjan la construcción y descripción de sí mismos y de su mundo. Y todo esto constituye un acto creativo en cuanto que dichos conceptos se construyen, más no se imitan al pie de la letra. —Cómo se recuerda a sí mismo, hace diez años, en dicho proceso de autoconstrucción en y con el grupo. —Mi caso estaba relacionado con el deseo de hacer música. Mi forma de vivir el metal era haciéndolo. Yo tocaba guitarra como desde los 14 años y escuchaba rock, pero incluso desde antes, desde niño, me veía a mí mismo tocando en una banda de rock. Finalizando el colegio conocí el metal. Me cautivó el virtuosismo de sus guitarristas, y entonces ya me comencé a ver fue en una banda de metal. Yo iba a los toque de Casa Teatro, a finales de los 90, prácticamente solo, si acaso con algún amigo; no tenía parche, entonces yo iba era a gozar netamente del espectáculo de la música, ahí sentado, como muchos otros. Al terminar el concierto llegaba a mi

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Ciudad instantánea casa y me quedaba horas enteras mirando al techo, con el sonido latente de una chicharra en los oídos, recapitulando la experiencia vivida y anhelando mi turno de estar allá parado. Así lo viví por un tiempo hasta que fundé mi banda, Árkanot. Entonces pasé del ensueño al hacer. — ¿Siempre es así de fantasiosa e idílica esa imaginería que detona el metal en la mente de los jóvenes? —Al principio sí. El deseo de “hacerlo uno mismo”, hacer la música que a uno le gusta, con las herramientas que se tengan y bajo las condiciones que sean, en un espacio que se vuelve propio inmediatamente es ocupado, donde se comparte ese mismo gusto con otros y donde el sentirse especial en esa minoría es como un triunfo que cada quien se otorga por el hecho de sentirse creador y conocedor de ese mundo, todo esto genera un prolongado y fantasioso divagar, pero también un hacer. Y no sólo me refiero a los que deciden tomar una guitarra e intentarlo (por más que se intente, hacer música no es para todos), sino también a los que se asumen como público. Pero es un poco como el amor, al principio la novedad lo enviste todo de belleza y fantasía, después ya no tanto. — ¿Cambió su mirada de la escena cuando ésta dejó de ser novedad para usted? —Claro, uno va deslizándose y mutando a medida que transita en el universo del metal. En un principio es clave eso de que uno se construye con el otro (en y con el grupo), pero no es algo impuesto o que uno tenga que hacer para no desentonar con el grupo, como muchas veces se quiere hacer ver, porque a la final uno no está obligado y uno hace lo que hace y viste como viste y todo eso, porque hay un gusto por todo eso. Sin embargo, en la medida que se conoce más el terreno, surge una mayor confianza en la exposición de sí mismo. De esta manera, cuando ya empiezo a tocar, cambia la forma en que me ven y la forma en la que veo que me ven. Y así le pasa a todo el mundo. — ¿Cuándo se da eso que usted llamó anteriormente “la parcialización del oído”? —Eso pasa sin darse cuenta. De repente sólo escuchas metal y nada más. Yo mismo, que me considero un tipo poco radical y de mente abierta, de repente sólo escuchaba metal. En el caso de los que dan similar importancia, o aún más, al parche que a la música en sí, de repente sólo parchan con los mismos y hablan de lo mismo. Creo que eso es algo negativo en este tipo de culturas juveniles en las que su estética, en un principio, estimulan las puertas de la percepción para enseñarnos otras formas y contenidos diferentes a los tradicionales, sin embargo, para muchos esto termina siendo un giro de 360 grados. — ¿Pero, no cree usted que desde el radicalismo es que se hacen las cosas, es que realmente se actúa? —En eso tiene razón. Además,

inarius Buxus es un proyecto musical de, así lo llaman ellos, falso rock electrónico (instrumental) que lleva tres años cocinando su ópera prima en una terraza de la ciudad de Neiva. Este plato cuenta con ingredientes clásicos y contemporáneos del jazz, rock y la música electrónica.

Foto: Lania Velásquez

emociones tan básicas como el miedo o la alegría, pero en las personas, éstas se vuelven complejas gracias al lenguaje, porque utilizamos símbolos, signos y significados. Ahora lleve usted esto al lenguaje de la música y tal vez la cosa se vuelva más compleja porque su lectura es mucho más subjetiva, pero al mismo tiempo, y eso es lo bello, ésta se vuelve algo sencillo y placentero de decodificar puesto que demanda básicamente un sentir, un sentir al que le otorgamos un alto valor porque es estimulado por el arte, y el arte, se dice, es la forma de expresión más sublime que ha encontrado el hombre… —…Mmmm… —Está bien, seré más concreto. Es un fenómeno emocional porque gira en torno a la música y su decodificación, esencialmente, demanda el sentir de un sin número de emociones. —Eso que me dice me hace pensar que su investigación, desde ese punto de vista, debió haberla hecho un psicólogo y no un comunicador. —Pues se equivoca. Mire, ese sentir del que le hablo, de ser una experiencia placentera (No a todos les resulta grato. Algunos se asoman por la ventana del metal y no les cuaja para nada esa música, mucho menos el parche, y se van) como toda experiencia placentera, siempre buscaremos su repetición; este proceso de búsqueda y aprendizaje termina siendo a su vez un proceso de interacción social y comunicacional porque resulta que como uno, hay muchos otros jóvenes en todo el mundo que están en lo mismo. Por otro lado, insisto, hablamos de una cultura movida por la música y ésta, como todo arte, involucra artistas, públicos, obra y difusores, quienes dan a luz todo un proceso social y comunicacional. Entonces ¿Cómo no va a ser un comunicador el desafortunado indicado para seguirle el hilo a toda esta maraña? —¿A qué le suena el metal? —Es difícil responder esa pregunta después de haberle escuchado tantas respuestas. Mmmmm… me suena al rugir de un león antes de ser devorado por él. —Con todo respeto, creo que su respuesta es muy visaje, artificiosa. —Tiene razón. Por favor cámbiela por esta: el metal me suena a cavernas. Los sonidos guturales son los ancestros de la palabra. El metal me suena a esos ecos… —Bien, la entrevista ha terminado. —Qué bueno. La verdad, por alguna razón, ya me estaba irritando mucho, demasiado, ver su mano sosteniendo el mentón a la espera de mi respuesta. —Tranquilo, yo opino lo mismo.

Binarius Buxus

de la Fundación Gilberto Alzate (Bogotá); CALIBRE Festival 2012 (Cali); semifinalista en el concurso Exporock 2012 (Bogotá); Media Torta (Bogotá), como banda preseleccionada para las audiciones de Rock al Parque 2013. De igual forma se ha presentado en bares de de Neiva la capital como Asilo Bar, La Hamburguesería, La Redada El dúo conformado por Juan y en Rockeller (Manizales). Trujillo y Juan Guillermo Realizó la música de la serie Soto ejecuta instrumentos documental Cardinal Sur y Reanálogos en vivo: guitarra, latos de Tierra Caliente, para trompeta, bajo y teclados. el canal de televisión Señal Si los escuchas y no los esColombia (de la productotás viendo, pensarías que ra Huilense Atarraya Films), hay en tarima mínimo cinco loquitos dando a luz ese sonido. Pero no. Son solo ellos dos, para el mismo canal. En el 2012, estos chicos hicieron parte del procesando sus instrumentos digitalmente, experimentando compilado nacional de bandas independientes Rock Dali Radio. con ruido blanco proveniente de transistores y teclados interAhora tienen en las manos su regalo de año nuevo: un compilado venidos con la técnica del circuit bending y con la construcción de bandas del cual hacen parte, junto a otras agrupaciones como de bucles y programas en vivo que genera elementos musicales Travesti (Argentina), Trío banana (Italia), Beso Negro (México), simultáneos. Mueran Humanos (Alemania), y muchas otras. El Cd lo produce el sello independiente TheBurros, en Medellín, donde la banda se La agrupación ha realizado una serie de presentaciones a nivel local presentará próximamente. y ha sido seleccionada a nivel nacional para el ciclo de conciertos

Disco Burrocracia

B

veo que este radicalismo es al fin y al cabo producto de una decisión y eso es respetable. —Pero también puede ser producto de una rutina… —También, claro. Pero, ¿quién no tiene rutinas, a excepción de los chamanes? — ¿Perdón? —Nada, que estos chavales también tienen derecho a construir sus propias rutinas. El periodista observa desconcertado y anota algo. —Bien. ¿Por qué es importante todo esto? — ¿Es importante para quién? o ¿debe ser importante para quién? —Para usted y el tercero que considere. —Es importante para mí, y por eso elegí investigar al respecto para mi tesis, porque el metal fue uno de los principales escenarios en los cuales me formé como persona a través de la música, su hacer y vivir. —¿De qué forma se da esto? —Es algo muy sencillo. Simplemente existe un gusto por una música y de repente el compartir ese gusto con otros se va convirtiendo en toda una forma de sociabilidad y existencia. Es decir, lo que quiero que me entienda es que todo es muy básico y poco pretencioso. Uno no busca moldear valores, asumir posiciones políticas, posicionar estereotipos, prácticas o simbologías, narrarse a sí mismo o amasar ideologías. Sin embargo, todo o mucho de esto termina pasando. Pero no es algo racional. Simplemente caminas y al caminar levantas polvo. Es por estas razones que muchas veces he pensado… ¿No será que estoy sobre valorando todo esto, complejizando lo evidente?

—Evidente para usted, o para el actor a estudiar, pero acaso ¿No se supone que para eso existe la ciencia, para poder Ver (con mayúscula) o comprender lo aparentemente evidente, la caída de una manzana y lo que esto implicó, por ejemplo, las formas de existencia de unos jóvenes que ven la música, más que como telón de fondo de una farra, como la banda sonora de un periodo de sus vidas o, en algunos casos, de toda su vida? —Mmmm, sí. Pero usted mencionó algo clave con lo cual aspiro hacerme entender: actor a estudiar. Hace poco escuché la experiencia de una antropóloga sobre su trabajo de investigación acerca de los Nasas; es decir, no un trabajo hecho sobre los Nasas sino con los Nasas. ¡Hasta llegó a hablar de una interpretación conjunta! Inmediatamente pensé en mi investigación sobre el metal: ¿interpretación conjunta? ¿Pero cómo podría ser en este caso? Al metalero no le interesan esas interpretaciones de la cultura juvenil a la que le dicen que pertenece, ni mucho menos llegar a trabajar en ello. La idea en sí es graciosa. — Bueno, pero es sólo una metodología; que sería ideal… —El ideal… es una canción que compondré mañana. Mejor no especular ahora. — ¿Por qué denomina a todo este entramado un fenómeno emocional? —Porque el elemento que convoca es la música. — ¡Pero en el ser humano cualquier experiencia pude generar una emoción, no sólo la música! —Sí, le entiendo, hasta los animales comparten con nosotros esas

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Rock

La locura del dato, es el tema de Binarius Buxus que conforma junto a 21 bandas más de rock, Burrocracia, álbum compilado del sello discográfico “independiente” de la ciudad de Medellín The Burros. The Burros Discos es un Sello que difunde músicos y artistas de las cloacas, así como géneros musicales que nacieron muertos, abortos mutantes del rock y del jazz. The Burros Discos es para rebeldes. Un sello disquero conformado por varios amigos nada más que para hacer ruido .

El Magolo - Prensa cultural  

Periodico cultural de Neiva, crónicas, poesia, zona de pesca, ilustración. #4.

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