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AÑO 3 JULIO - AGOSTO 2013 ARG $15

TODOS LOS NÚMEROS ANTERIORES SE VENDEN AL PRECIO DE TAPA ACTUAL

NOVEDADES SOBRE LAS ARTES NUESTRAS


EDITORIAL

APAGÁ LA TELE JULIO/AGOSTO 2013 www.revistanan.blogspot.com.ar revistanan@agencianan.com.ar

STAFF Ailín Bullentini Emmanuel Videla Esteban Vera Nahuel Gomez Nahuel Lag Nicolás Sagaian Sergio Sánchez

Gastón Souto Juan Cruz González Majo González (Majox) Nahus

COLABORADORES Ana Esperança Claudia Cesaron El Niño Rodríguez Facundo Arroyo Facundo Gari Gabriel Fernández Chapo Gustavo Obligado Juan Ignacio Sapia Juan Manuel Domínguez Juan Manuel Strassburger Juan Sasturain Laura Fernández Mariano Verrina Paula Sabatés Soledad Arréguez Manozzo Yeneily García

FOTOGRAFÍA Agustina Plata Analía Osaba Antonella Casanova Emiliana Miguelez Laura Bernatené Lautaro Aránguiz Mariela Bobba Pablo Piovano Pamela Zarnowski Tomás Ballefin

ILUSTRACIÓN DE TAPA Gustavo Sala COLOR Juan Manuel Tumburus ILUSTRACIÓN Camila Rapetti

EDITORA DE FOTOGRAFÍA Cecilia Villegas

ilustración DE CONTRATAPA Juan Cruz González CUADRITOS Andrés Valenzuela HISTORIETA Diego Villa DISEÑO GRÁFICO Victoria Gilles Fernández

NaN permite la reproducción total o parcial de la presente revista, siempre que no sea para fines de explotación comercial. Registro de la propiedad intelectual en trámite. NaN es una publicación bimestral de circulación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y zonas de la provincia de Buenos Aires. Su finalidad es brindar información sobre arte y cultura. PUNTOS DE VENTA CONURBANO BONAERENSE: puesto de diarios en República de Siria, a la entrada de la estación Lomas de Zamora, lado oeste; andén 4 de la estación Lanús; y andén 2 de la estación Monte Grande. CIUDAD DE BUENOS AIRES: puestos de diarios en la estación de subtes Constitución, andén central; estación de subtes Avenida de Mayo, andén hacia Retiro; estación de subtes Diagonal Norte, andén hacia Retiro; puesto de diarios en Callao 397, esquina Avenida Corrientes; Punto de Revistas Culturales, Avenida Corrientes 3307, frente al shopping Abasto. Más en www.revistanan.blogspot.com Si no conseguís la revista en la Ciudad de Buenos Aires, contactate a 4308-1813 o escribí a distribuidorasinfin@gmail.com. El grupo de comunicadores de NaN es también responsable del sitio sobre arte autogestivo y cultura Agencia NAN (www.agencianan. com.ar). Los artículos firmados expresan la opinión de quienes los escriben. NaN no es responsable por el contenido de las páginas web a las que hace referencia en sus artículos o publicidades. El contenido de los avisos publicitarios es exclusiva responsabilidad de los anunciantes. Facebook: http://www.facebook.com/revistanan Twitter: @revistanan

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na puerta. Cerrada, inmóvil. Del lado de adentro, el hall de un edificio. Uno cualquiera. Afuera, un batallón de hombres y mujeres trajeados y maquillados se acartonan ante máquinas que los teletransportan a millones de cocinas, livings, habitaciones para hablarles del mediáticamente llamado “caso Ángeles”. No pasa nada. La puerta no se abre ni se cierra, pero se convirtió en símbolo de suspenso, de tensión, de horror, de pena y, por sobre todas las cosas, de la frivolidad más escalofriante. ¿Qué revela el tratamiento incesante y continuo de la muerte de la chica de 16 años? No es el único caso en el que “la tele” abusó violentamente de un hecho de características similares. Sin embargo, en esta ocasión se fueron al carajo. Hasta hace algunas semanas, la cantidad de horas de transmisión televisiva que llevaba el caso equivalía a 25 días ininterrumpidos. De repente, apareció el cuerpo de la joven en el Ceamse y ya no pasó nada más. Fue violada, no fue violada, fue asesinada por su padrastro, ¿su hermanastro?, el portero, el portero a quien la chica sorprendió in fraganti con su padrastro o con él más su madre. ¿Tirada a un container muerta? Tirada viva, ¿muerta o viva? Abogados amantes de los micrófonos, una empleada doméstica que sólo por ser empleada doméstica genera dudas, tacheros, especialistas de todo tipo y panelistas. Ese harén sediento de comentar percepciones personales, de una bola informativa que no se produce sino que se recicla, taladró desde “las noticias”. ¿Pueden los medios de comunicación manipular ese hecho con tanto desdén ético? “El caso Ángeles tiene todos los condimentos de una película de suspenso. Atrapa”, se atajan los que no paran de transmitirlo. ¿Los televidentes son los que piden más y más sobre el tema o es al revés? La defensa de los programadores es que todo lo relacionado al caso es “lo que la gente pide”, justifican. Desde NaN preferimos confiar en las personas o, cuanto menos, en su capacidad de distinguir la basura entre el montón. Horas y horas de transmisión de la imagen de una puerta inmóvil de un edificio no es primicia, no es dato nuevo, no es información. Los que hablan del doloroso crimen de una adolescente lo saben. Allí está el límite de la responsabilidad y la ética periodística. Los conductores y movileros que detallaron una y otra vez cada paso dado en la investigación saben que las hipótesis caen y toman otros caminos, pero no lo indican porque perdería “los condimentos de una película de suspenso”, perdería fuerza el “último momento”, el “exclusivo” que parece traer toda la verdad al menos por un par de horas. La vara de la frivolidad pervierte a la información y la reduce a mera mercancía. La tarea del periodismo como la entendemos desde NaN es iluminar: no como concepto vanguardista; no somos quienes iluminarán las mentes del resto de la sociedad. Iluminar en el sentido de poner la mirada en aquello que se deja de lado cuando prima la velocidad por consumir, acumular y ascender sin mirar al costado. Pero, mientras la televisión sólo se ocupó de esta causa, otras cosas pasaban. Valga un ejemplo: cuando cerrábamos esta nueva edición de NaN, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a la Argentina por la violación de los derechos de cinco adolescentes, como Ángeles, a los que se condenó a cadena perpetua cuando aún no habían cumplido los 18 años. De la violación de los derechos de estos pibes no es responsable una supuesta familia, ni un portero, o un taxista, ni la empleada doméstica, sino el propio Estado. ¿Alguien escuchó hablar a todo un país de esto? Otros hechos podrían ser comentados y reflexionados para que se conviertan en la preocupación cotidiana de quienes prenden la tele en casa, pero claro, son más complicados de transformar en mercancía. Así que, mejor, apagá la tele.


VERMÚ

El libro taxi

Rolando Rivas, artista Carlos Avalle es escritor, pero los caminos de la vida lo llevaron a convertirse en tachero. Publicó en internet su primera obra redactada sobre ruedas: un compendio de reflexiones, poemas en prosa y relatos que nada tienen que ver con el bizarro anecdotario aurinegro que podría esperarse. Facundo Gari

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l taxi de Carlos Avalle es el más libre de todo Buenos Aires. Sobre ruedas, escribió Taxi, fragmentos de vida de un taxista en Buenos Aires, una panorámica de observaciones, pensamientos, poemas en prosa y relatos breves que editó y subió al sitio web www.librotaxi.com.ar, desde el que se puede leer gratarola, como ya lo hicieron más de 979 personas. No se trata de historias necesariamente de tachero, sino de fragmentos que podrían provenir de la cabeza de cualquiera con poder de “observación sobre cosas que parecen no tener mucha importancia”. Así describió el músico Daniel Melero la pluma de Avalle en el prólogo de otro de sus libros, aún inédito. Tiene veinte encajonados que pronto estarán disponibles en su baúl 2.0. “La libertad que te da internet para expresarte no la había antes. Y nunca sabés dónde vas a terminar. Me encanta que me manden dos líneas personas que nunca vi, que me digan que el libro es bueno o una mierda. Hacer algo y que alguien reaccione es una tarea cumplida”, sostiene en diálogo con NaN. Nacido y crecido en la ciudad de Saavedra, pero a sus 60 años anclado en Tortuguitas, partido de Malvinas Argentinas, Avalle no es un taxista devenido escritor sino viceversa. Estaba sin laburo hace cinco años cuando comenzó a buscar alternativas. “Siempre me gustó ser independiente. El taxi es guita todos los días, me permite hacer las cosas cómo y cuándo quiero”, apunta. Por entonces, en tiempos de mercado editorial más concentrado, se había arrimado a varios sellos sin encontrar bienvenida pero tampoco desaliento. “Me gusta escribir. Lo hice siempre y me voy a morir escribiendo. Es así de fácil”, asevera. Su hija, empleada en una multinacional de software y electrónica, fue la que lo empujó a compartir sus pinceladas de alfabeto. Hubo además otro incentivo a esa idea. El taxista escritor es amigo de Juan Carlos Diez, autor de Martropía (Aguilar), libro fundamental para fanáticos de Luis Alberto Spinetta, quien por entonces se encontraba difundiendo online su publicación.

“Contar pelotudeces no vale la pena. Me copó la idea de escribir sobre el taxi desde mi forma de ser.”

Laura Bernatené Para cuando se interesó por internet, Avalle ya contaba con el libro. Lo había arrancado un año después de subirse al tacho, tras un raid de providenciales comentarios desde el asiento trasero. “¡Qué bárbaro que nadie haya escrito un libro, con la de cosas que pasan acá arriba!”, le repetían los pasajeros. Probó con un boceto de “anécdotas de taxi”, pero lo abandonó por “mamarracho”. “Contar pelotudeces no vale la pena”, se dijo. “Pero me copó la idea de escribir sobre el taxi desde mi forma de ser. Empecé con el celular y con un grabador. Le tomé cariño y sumé un montón de reflexiones en cuatro años”. Claro, las expectativas de quienes le habían aconsejado un compendio de bizarreadas de sexo, drogas y rocanrol se vieron truncas cuando leyeron, por ejemplo: “Como en una vieja tapa de Abbey Road, decenas de personas cruzan el teclado de asfalto”. “¡Pero usted no habla de las cosas que todos buscan!”, empezaron a decirle. “Ajá, bueno, ahora voy a hacer un libro para menos gente todavía. Me voy a poner más ultra, más a fondo”, desafía. Vaya postura para un tipo que ejerce un laburo muy prejuiciado por los pasajeros de mirada progresista. “El mundo de los taxistas es un carnaval. Los conozco poetas, músicos y pintores”, contraría Avalle, aunque luego concede: “Sí, el 90 por ciento de los tacheros es complicado”. Larga su teoría: “Son tipos frustrados. Lo digo sin pretender agredir a nadie. Qué hacen: muestran su inteligencia. Te dicen ‘mirá, pibe, para estar en la calle tenés que sacarte esa barba’. Tratan de demostrarte que están ahí, pero que podrían ser gobernadores”. Ojo, a no vanagloriarse. El análisis incluye además una mirada sobre los clientes: “El público de taxi es agresivo, es gente que te impone. Como el taxista se siente inferior y te quiere mostrar con conversación que no lo es, el de atrás te ningunea permanentemente. Me pasa que parecieran no poder aceptar que el taxista sea escritor. Por suerte, también hay pasajeros buenísimos”. Por suerte, también, hay taxistas artistas.


VERMÚ

Servicio de Retratos de Mascotas

mirá quién habla ahora ¿Qué cifran esas pinturas naturalistas? ¿Qué dicen del arte esos cuadros? Nos encontramos cara a cara con la artista plástica Verónica Gómez, que desde 2009 retrata perros, gatos, iguanas, conejos, ratones, canarios por encargo, para encontrar algunas respuestas. NAHUEL LAG

TOMÁS BALLEFIN

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e llama Alonso porque pensaron que era “hombre” o “macho”, según la nomenclatura asignada al reino animal, pero fue rebautizada: Señorita Alonso. Es una iguana, pero no cualquiera, sino la primera de la familia de los Iguanidae en recibir tratamiento homeopático. Su dueña, especialista en medicina alternativa, observó que Señorita Alonso tenía cambios de humor muy oscilantes, comenzó a aplicarle menjunjes para estabilizarla y registró las modificaciones, que llevaron el caso de la señorita verde a congresos internacionales. Eros y Afrodita se pasearon en el Edén, entre sus cascadas, a la sombra de las tetas de su Eva, que observaba con su andar cansino. Eros y Afrodita fueron dos de las treinta tortugas de la Coca Sarli. Cuando tantos quelonios fueron algo imparable para la actriz, las donó a un zoológico. El cuidador notó que se deprimieron y las puso al cuidado de su hermana. No se sabe si fue el pasado en aquel parque erótico o si, al mismo tiempo que su dueña, ambas descubrieron que eran machos y gays. Dicen que Eros y Afrodita aún disfrutan el placer de “salir del caparazón”. Estas tortugas, perros, gatos, pájaros, peces, arañas y otras especies menos amables para la rutina casera se alejan de lo salvaje cuando se explora su relación con el mundo humano. ¿Quién pone el límite entre las especies? ¿Cómo un género clásico de las artes Pinturas barrocas o hasta kitsch son parte del repertorio de esta retratista plásticas como el retrato puede ayudarnos a develar esta incógnita? de mascotas. “Muchos dueños humanizan al animal y retratarlos significa darles un lugar como miembros de la familia. Dejan de ser salvajes y pico u ocho patas responde: ¿Cómo llegó a la casa? ¿Cómo eligieron en relación con los humanos, pasan a ocupar varios roles: hijo, hijo el nombre? ¿Con qué color la asocia? ¿Con qué sueña? no querido, padre o madre o hermano del bebé que nació”, comenta A partir de ese caudal de información, la especialista crea: un viVerónica Gómez, sentada en su gabinete del Servicio de Retratos de deo con la entrevista al dueño, un relato fabuloso sobre la historia Mascotas (SRM), que hasta principios de julio pasado atendió en el del agasajado y la pieza principal. El retrato del SRM “provee la poMuseo Eduardo Sívori, durante su primera muestra oficial. sibilidad de ordenar y traer a la conciencia una cantidad de informaLlega un mail o suena el teléfono en el estudio y Verónica arregla ción afectiva que ahorraría a varios unas cuantas horas de terapia”, la cita. Toca el timbre y espera con una valija metálica, de bordes asegura Guadalupe Chirotarrab, curadora de la muestra. rosas, con imágenes de todo el reino animal. La abre y saca una El resultado es una paleta amplia de colores, alegres y vitales, cámara de fotos, una de video y un anotador. En dos horas, la re- para captar animales de miradas penetrantes y posturas victoriosas. tratista reconstruye la historia Pinturas barrocas ―cargadas de del homenajeado: los dueños ―la los elementos que representan al artista no acuerda con el término “me divierte. NO HAGO UNA DENUNCIA DE LA mundo creado entre mascotas y “tutores”, eufemismo utilizado en PARAFERNALIA MARKETINERA.” dueños― o hasta kitsch como el las revistas de cuchas― ofrecen cuadro de Pocho, con corona, haun recorrido por los lugares que das y enanitos y otros souvenirs. más le gustan de la casa (al animal), le muestran sus “chiches” o Esa carga afectiva traducida en merchandising de petshop no es un los elementos caseros con los que suelen jugar (o romper). problema para la retratista: “No hago una denuncia de la parafernalia “Las mascotas son terapéuticas, y, muchas veces, son los dueños marketinera. Me divierte. No creo que sean necesarias para el anilos que terminan pareciéndose a sus animales. Cuando cuentan so- mal, pero sí para la relación: ‘Me dejo vestir, me dejo adornar, pero bre ellas, los límites se empiezan a perder, hablan de características estoy al lado de la estufa’. Son los pactos de cualquier convivencia”. que les son propias a ellos y no al animal”, asegura. El amo ―de ―Y ahora que la Presidenta presentó a sus cinco perros vía TwitFabián Casas a Cathy Fulop, pero también amantes de los pichichos ter… ¿Qué pasa si te llama para retratarlos? y otras especies que no serían tapa de la perra revista Ohmydog!― ―Jaja, no sabía eso. Igual, creo que se lo va a encargar a (Daniel) acomodado al lado de su fetiche peludo, emplumado, verde, con Santoro.

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ESPECIAL

Día del Payador


NOBLEZA GAUCHA Luis Barrionuevo es la viva voz de un canto que todos los días lucha por sobrevivir. Es el creador de La Casa y el Monumento al Payador de Tres Arroyos. Palabra autorizada si la hay. Su historia permite condensar en pocas líneas los devenires de lo más profundo del folklore de la Pampa. Nahuel Gomez (desde tres arroyos)

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ara escribir sobre el Día del Payador era menester encontrar un cantor repentista que resulte lo suficientemente representativo y consciente de su arte. Tarea compleja y sencilla a la vez: los payadores son cada vez menos, pero los que quedan sostienen su canto con tal compromiso, que cualquiera de ellos podría contar cómo se defiende y se pelea lo que se siente como vocación. Un par de generaciones, un vestir diferente, los 500 kilómetros que hay entre Buenos Aires y Tres Arroyos y unos cuantos picos de stress eran algunas de las cosas que me separaban del payador Luis Barrionuevo. Nos diferenciaba también el hecho de que, durante los primeros días de junio, mientras uno recibía felicitaciones por el Día del Periodista, el otro esperaba al menos que se recuerde quién fue el primero de ellos. ¿Mariano Moreno? ¡No! “El primer periodista oral fue y seguirá siendo toda la vida el payador. En aquellos tiempos duros, en los que no había medios de comunicación, el payador iba dos días a Tres Arroyos y se informaba de todo lo que ocurría acá. Se iba para Dorrego y allá cantaba todo lo que había ocurrido en Tres Arroyos. La información corría de pueblo en pueblo junto con la payada”, advierte, a partir de aquí, mi colega Luis. Barrionuevo es el creador de La Casa del Payador de Tres Arroyos, un museo inaugurado en 2006 que se emplaza en el predio de la abandonada estación de ferrocarriles de la ciudad. Allí, muestra al público el material acumulado durante sus treinta años de carrera: pueden verse fotos de encuentros internacionales de payadores —participó de congresos en Chile, Perú, México y España— documentos, libros, vestimentas típicas e infinidad de pequeños objetos acompañados de anécdotas. En el mismo lugar, dos pizarrones y una mesa conforman el aula en el que enseña a los más chicos el arte de payar. Entre tantas imágenes añejas, señala orgulloso una foto reciente de Fernandito, a quién reconoce como uno de sus alumnos más talentosos. Plantado en el perímetro de la ciudad, más específicamente en la intersección entre la Ruta 3 y la 228, se encuentra el Monumento al Payador y al Resero. Obra construida

Gentileza de DIARIO “LA VOZ DEL PUEBLO” también por la iniciativa de Barrionuevo. Recubierta con yeso, de cinco metros de alto, y una tonelada de peso, la obra esculpida por el local Sergio Caraduje representa la figura de un payador en su pose clásica, con uno de sus pies encima de un banco. Desde su inauguración en 2005, al menos una vez al año, Luis agarra una brocha y, con sus seis décadas a cuestas, se cuelga del monumento para pintarlo o, de ser necesario, realizar tareas de mantenimiento junto al escultor. La Municipalidad prefiere no hacerse cargo de ese trabajo y, ante los reclamos del payador, las autoridades se lavan las manos alegando que la idea de la escultura no fue de ellos. Centenares de payadores y curiosos de pueblos cercanos, pero también de otras provincias e incluso del exterior ya la visitaron y reconocieron a su cultor por el esfuerzo. El arte payadoril tiene un lugar relativamente pequeño de reconocimiento dentro del folklore nacional. Lo efímero de su interpretación, su forma musical y literaria característica —tradicional e inmutable, en la era en que todo cambia y se mezcla— y la simpleza de las composiciones hacen que esta corriente no comulgue con la realidad musical de hoy. El género se apoya desde la música en solo tres formas rítmicas: el estilo, la cifra y la milonga (esta última es la más empleada por los payadores riopla-

Ju (Juan Cruz González) la carta fuerte de los payadores y el verdadero valor artístico se encuentra en la improvisación: “A mí me ha dicho al aire una persona en un medio: ‘¡Qué van a improvisar los payadores! ¡Van con los versos preparados!´ Nosotros cuando vamos a payar a un escenario le pedimos temas al público para que nos tire y que vea que improvisamos. Uno se acostumbra a improvisar a través de los años. Vos abrís la boca y la décima sale sola. Pero más allá de eso, es un don el que nosotros tenemos”, señala Luis. —¿Es consciente de esa estructura a la hora de improvisar? —El primer reglón va con el cuarto y el quinto y el segundo va con el tercero. Vos ya cuando empezaste tenés que saber cómo vas a terminar el segundo y tercero, pero atendiendo al cuarto. Brasa, pasa, casa, cerrada, rayada. Nace, base, clase, hace (dice mientras mueve los dedos de un lado a otro del pizarrón). —¿Cuál es la importancia de Gabino Ezeiza en la payada rioplatense? —Él es quien hace que la milonga se relacione con la payada. Fue también por él que tenemos el Día del Payador en la Republica Argentina. Un día se entera que en Uruguay tocaba un tal Juan Navas, un payador muy talentoso a quien el negro Gabino admiraba. Entonces le propone un desafío: una payada de contrapunto. En aquel entonces,

“El payador no anda con mentiras ni con vueltas. Es el canto primero de la tierra. Fue el primer periodista oral, el primer cantor del tango, el padre del folklore.” tenses de nuestro tiempo). En lo poético, la payada suele estructurarse en fragmentos de diez versos. Esta forma es conocida como “décima espinela” —en honor a su creador, Vicente Espinel, un poeta español del siglo XVI—. Los versos son, más allá de leves variaciones, octosilábicos y se forman según patrones de consonancia: el primer verso debe rimar con el cuarto y el quinto, el segundo con el tercero, el sexto con el séptimo y el décimo, y el octavo con el noveno. Más allá de atender o no a las estructuras,

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incluso hasta se jugaba por plata. Se hacían competencias de payada y se ponían jurados. Entonces, pactaron un acuerdo: Gabino le dice si podía ser el público con su aplauso el que diera el veredicto de la payada. Esto fue en Uruguay. Se llevó acabo un 23 de julio de 1884 y entonces el público uruguayo le otorga las palmas a Gabino Ezeiza, declarándolo vencedor. En el pueblo y en el país de Navas se lo declara vencedor a Ezeiza, argentino él. Incluso el presidente del Uruguay de ese entonces,


Don Máximo Santos, se levanta, le cede el asiento y también lo declara vencedor. Y como fue la payada histórica de todos los tiempos, luego de un montón de trámites, consideran que era oportuno declarar esa fecha como el Día Nacional de Payador en la Republica Argentina. —¿Como nació su vinculación con la payada? —Yo fui jinete. Arranqué con 20 años. Dejé la jineteada por cuestiones de trabajo. Y lo sentí mucho, porque era algo mío y no lo quería abandonar, pero lo tuve que hacer. Entonces me dediqué a animar jineteadas. Tenía conocimiento de lo que era la jineteada pero no lo que era una animación. Lo que sabía era porque veía a los animadores. Miraba su trabajo. A todos los jinetes que participan les teníamos que hacer un verso, una animación. Yo empecé escribiéndolas en una libretita chiquita en mi casa y el mismo día iba con la listita escondida. Después me decidí por improvisar. Estuve un tiempo animando fiestas con otros colegas. Ellos me daban un pie para que yo improvisara. Me tiraban un tema y yo arrancaba. Pero yo me negaba a ser payador, me conformaba con animar. Un 14 de abril del año 1984, se hizo una fiesta grande en Copetonas, partido de Tres Arroyos. Fuimos contratados junto con otros dos muchachos payadores para animar y actuar. En la noche agarraron mi guitarra y la templaron a la par de la de ellos. Y les digo: “¿Para qué me templaron la guitarra? Para mí es una falta de respeto subir a payar con ustedes. No lo voy a hacer”. Eran Walter Moseguiby y Carlos López Terra, payadores uruguayos. López Terra me responde: “Si vos no subís con nosotros tendrás que pasar vergüenza, porque te vamos a llamar al escenario”. Finalmente me llamaron, me presentaron y sentí vergüenza. Sentía que era una falta de respeto ante payadores de tanta trayectoria. Subí y gracias a Dios las primeras décimas me salieron bastante bien. El público me aplaudió, me alentó y me ovacionó, y así fue como me dieron coraje. Cuando a uno le dan coraje, vos ves que los nervios se te van. Entrás en confianza con el público y con el canto improvisado. Aquella noche me nombran payador. Yo anduve diez años improvisando en escenarios de toda la zona y no permitía que me llamaran payador. —¿Qué es lo que más le atrae de la payada? —Cuando yo escucho la guitarra de la milonga payadora se me paran los pelos. Me agarra emoción. Quiero y adoro el canto del payador. Para ir a verlo me voy a cualquier lado. Lo adoro, admiro, respeto y valoro porque sé lo que es la lucha de un payador. Yo creo que los payadores no pueden faltar en las fiestas tradicionales. Siempre tiene que estar ese canto. Yo he tenido que remar en contra de la corriente. Será porque el payador es gaucho y viste de gaucho. Por eso digo que tenemos que respetar un poco su canto. Hagamos algo por él, para que no se pierda. —¿Qué debe tener un buen payador? —Las condiciones naturales y el estudio. Preocuparse por eso que Dios te da. —¿El estudio de qué? —De historia. —¿Lee con frecuencia? —Leer es muy importante. Yo nunca tuve tiempo porque trabajé toda mi vida. Empecé a laburar en el campo a los doce años y no he parado hasta hoy. No tengo mucho tiempo, en realidad hago lo que puedo. Pero sí muestro las vivencias importantes. Yo no tengo estudios, mis padres no me pudieron dar estudios. Vengo de familia muy pobre, somos once hermanos. Había una mesa y una olla para trece personas contando a mis padres. —¿Por qué decidió crear el museo? —Porque se me ocurrió homenajear a Catino Arias, quien había hecho tanto por el payador de Tres Arroyos. Primero hicimos el monumento y me trataron de loco. Yo se los prometí y ahí lo tienen. Gracias a Dios tenía una amiga que era senadora provincial y me dio una mano muy grande en todo eso. Las autoridades de acá también me ayudaron. Fue un día histórico, con un desfile de instituciones tradicionalistas. Ese día recibí una alegría muy grande cuando destapamos el monumento. Vinieron medios radiales de Mar de plata, Viedma, Bahía Blanca, de todos lados.

Con sus más de treinta años de carrera Barrionuevo hace escuela en su pueblo.

La payada tiene un lugar relativamente pequeño DE reconocimiento dentro del folklore. Lo efímero de su interpretación, su forma musical y literaria característica –tradicional e inmutable– hacen que esta corriente no comulgue con la realidad musical de hoy. Ilustres desconocidos Luis no es el primer payador de Tres Arroyos en trascender las fronteras de su ciudad. Catino Arias supo llevar la payada al público masivo de la Ciudad de Buenos Aires. Burrero de alma, se hizo amigo del famoso jinete de turf Irineo Leguisamo, y logró, a través de ese contacto, llevar su música a los oídos del mismo Carlos Gardel. Una serie de presentaciones en Radio Nacional y unos cuantos libros sobre el tema que lo apasionaba bastaron para que se lo conociera como el “Payador del Turf” y llevara la payada a audiencias inesperadas. —¿Qué influencia tuvo usted de Catino Arias? —No lo pude conocer. Yo siempre digo con toda la voz que tengo: “¡Qué alegría hubiera sido para mí haber podido compartir una payada con Catino! ¡Qué cosas buenas hubiéramos hecho los dos!”. Siempre me pregunté porqué Catino se fue de Tres Arroyos. Hoy creo que vivo la respuesta en carne propia. Será porque somos de acá y vivimos allá a la vuelta. No nos valoran. Será porque no fuimos a la escuela y nos vestimos de alpargatas. Yo siempre digo que Catino nunca negó su pueblo. Tendrían que haberlo cuidado, haberlo ayudado. —¿Siente que el payador ya no es valorado? —Nosotros le hemos dado cosas importantes al payador con este tremendo monumento. Y con esta primera casa que se abrió con muchísimo sacrificio. Mucha gente nos trató de locos cuando se nos cruzaron estas ideas. Cumplí con todo lo que se me pasó por la cabeza. Hicimos hasta una escuela. Hay chicos que hemos presentado en el escenario y han improvisado. Entraban acá sin saber que es un a décima, una sextilla o una milonga. Lo que yo sé quiero transmitírselo a ellos porque a uno se le van los años y el día de mañana no quiero que quede el payador olvidado como ya ha pasado alguna vez. Vos hablabas del payador y era una mala palabra. No quiero que eso pase. A pesar que de que nos matan todos los días, el canto del payador está vivo. Será porque el payador dice tantas verdades que hay gente que no lo quiere. El payador no anda con mentiras ni con vueltas. Es el canto primero de la tierra. El payador fue el primer periodista oral. Fue el primer cantor del tango, el padre del folklore. Hay que ayudarlo.


MEDIOS

En Una Baldosa

El fútbol que le gusta a la gente En tiempos en los que la pelota viaja demasiado por el aire, los partidos son un embole y las transmisiones no se quedan atrás, este grupo de inadaptados 2.0 invita a mirar el mundo de la redonda de otra manera. Antonella CASANOVA

MARIANO VERRINA

H

ay dos periodistas y un abogado. El departamento del Mencho, el abogado, es el escenario del inédito cónclave. “La verdad, es la primera vez que nos juntamos para ver un partido”, remarcan los tres como buena introducción para empezar a ponerle un marco adecuado a la cuestión. Hay un televisor encendido, un par de birras que se abren, una notebook preparada y no mucho más. Hay un partido de fútbol. Una buena excusa para hacer humor. Y el humor como un interesante atajo para hacer periodismo. “Lo del minuto a minuto empezó porque los partidos eran un embole. Son un embole. No lo tomamos como un laburo sino como algo divertido”, define Juan Castro, el “organizado” del trío que conforma En Una Baldosa. El camioncito de Iveco, los etílicos comentarios del Mariscal Perfumo los viernes por la noche, las apolilladas frases de Julio Ricardo, el hincha de Arsenal de Tafí del Valle o las publicidades del Gobierno en el entretiempo. Pequeñas manchas en esa pelota que suele ir demasiado por el aire e invita a mirar los partidos de otra manera. Como en un momento el escape fue bajar el volumen y poner al relator preferido por radio, ahora el celular, la compu o los mismos televisores en la parte inferior de la pantalla ofrecen el Twitter como un dinámico y entretenido juguete para superar el aburrimiento y, por qué no, cobrar protagonismo –curiosamente- desde el anonimato. El doctor Khumalo, sudafricano que cayó de un paracaídas para jugar en Ferro en 1995 y tuvo un par de minutos de gloria, es el prototipo del jugador baldosero y fue el puntapié inicial del blog enunabaldosa.com que ya lleva diez años de actividad. “Es lo que más nos gusta, ahí hay trabajo periodístico, investigación, buenas historias”, coinciden. Con textos futboleros imposibles de encontrar en otros sitios, hacen culto de lo bizarro mediante filtros originales que ponen el foco adonde la cámara de los medios tradicionales no apunta. “Creo que somos un complemento a lo que hay en el resto de los medios. La gente se aburriría mucho si todos fuéramos como En Una Baldosa”, advierte Juan. Ahora, también apareció la radio en el universo de la baldosa. El año pasado el programa sirvió de comodín y, gracias a su formato de historias grabadas, Rock&Pop le sacó jugo en cada hueco que quedaba los fines de semana. En 2013 el ciclo ganó su lugar propio de lunes a jueves, de 21 a 22, con la conducción de Santiago Scheffer y ahora en vivo, para seguir interactuando con los baldoseros. “Lo de la radio es groso porque pudimos trasladar no el espíritu pero sí el material del blog. Logramos darle un cauce a todo eso que escribíamos y que tantos años de laburo nos había llevado”, subraya Juan, el CEO de esta organización, tal cual enrostra la firma de sus mails. Suena el teléfono y del otro lado la voz de algún cráneo de marketing de una empresa top que hace una propuesta. Lo que en

Ahora también apareció la radio en el universo de la baldosa.Van de lunes a jueves de 21 a 22 por la Rock&Pop.

Con textos futboleros imposibles DE encontrar en otros sitios, hacen culto de lo bizarro CON FILTROS ORIGINALES QUE ponEN el foco donde la cámara de los medios tradicionales no apunta. principio era sorpresa ahora resulta natural para los pibes. Sus ciento y pico de miles de seguidores en Twitter seducen en esferas impensadas y hacen que los 140 caracteres adquieran un condimento extra. De ahí a la pregunta repetida “che, ¿ustedes viven de lo del Twitter?” hay un abismo pero, si llega Adidas y pide que feliciten a Messi por la obtención de un nuevo Balón de Oro, por qué negarse, ¿no? “Nosotros a Messi le decimos putito, pero bue…”, aclaran sin entender del todo las curiosas reglas del mercado que solicita sus servicios. La tele sigue prendida. Nicolás dice algo, el Mencho lo escribe y el rebote es instantáneo. “Es muy loco, a veces ponés algo que sabés que es una boludez. Es más, avisás que lo que vas a poner es una boludez, pero igual tenés cientos de retwitts”, abre los brazos Nicolás. El partido todavía no terminó, pero las latitas se quedaron sin cerveza hace rato. La pelota sigue por el aire, el relator se equivoca, el comentarista se enreda, los barras se suben al alambrado, el árbitro regala una nueva jugada polémica de la que se hablará, se debatirá, se sospechará y no se demostrará nada durante toda la semana. Por suerte, el celular ofrece otra cosa. O lo mismo, pero de otra manera.

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ESOS RAROS SONIDOS NUEVOS

Luvi Torres

EL UNIVERSO MANIFIESTO En cada nota, cada tema, cada disco, esta artísta prolífica del sur del conurbano desnuda un espíritu inquieto en constante experimentación. Dice que aún busca su voz, pero su obra contiene una marcada estética visual en la que convive lo ancestral, lo tribal, lo nuevo y lo urbano. Sergio Sánchez

Agustina Plata

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años, recién cumplidos”, responde Luvi Torres, sentada en el pasto del Parque Lezama, uno de esos refugios verdes que encuentra entre todo este cemento de la Ciudad. Hizo tanto en tan poco tiempo que los números parecerían no cerrar. Aunque, sí, tiene apenas 24. Si bien nació en Quilmes, de pequeña vivió un tiempo en Wilde y otro tanto en San Juan. Ya más grande, eligió rumbear por Salta y luego por Córdoba. Hoy, los compromisos musicales la llevaron hasta Villa Crespo, donde vive. Su nomadismo y su espíritu inquieto también se reflejan en el plano musical. Pasó por el canto lírico, el rock, el blues, el jazz, el gospel, la experimentación, la música étnica y el folklore hasta que encontró su propia canción o, como le gusta decir, una canción que “la atraviesa”. “Canciones a través de Luvi Torres, no por Luvi Torres”, enfatiza y se explaya: “Lo que uno se anima a llamar composición propia, en realidad es algo que nos atraviesa; es algo que uno toma prestado del universo, del día a día. Es decir, aparece una cuota de co-creación con ese universo. Mi arte, para denominarlo de alguna manera, surge a partir de mi necesidad de sanar, de poner en claridad un pensamiento, un sentimiento, y darle una dirección”. De esa búsqueda nace su primer disco solista, El último intento arrebatado (2010), un registro casero y revelador a la vez. Sucede algo (o muchas cosas) con esta muchacha: sus canciones huyen de las convenciones, se escapan de los esquemas habituales. Sus piezas desconciertan pero dejan una hermosa estela luminosa. La música de Luvi Torres es un río que desemboca en lugares inciertos. “Es folklore pero no es”, dirá luego. Al cierre de esta edición, la joven cantora se encontraba grabando las canciones de su nuevo disco, Ser el agua, que saldrá este año y aún busca financiamiento a través del sitio Idea.me. NaN tuvo acceso a las maquetas (las canciones en su estado primario) y pudo saber por dónde viene la cosa. Se trata de un trabajo conceptual y, en cierta forma, experimental, que propone una forma muy particular de entender ritmos folklóricos como la copla, la zamba o la chacarera. Hay bombo legüero, hay vientos, pero están atravesados por otro lenguaje, un idioma nuevo. El de su voz, por ejemplo, que es casi imposible de definir. Por su garganta se cruzan sonoridades tribales, ancestrales, de África y de la América morena; y también los ritmos de la ciudad. Y mucho más. ¿Por qué un disco sobre el agua? “La idea del disco nace a partir de los viajes que empecé a hacer por el interior de la Argentina y Uruguay, donde empecé a ver que había agua y faltaba también. En Córdoba, por ejemplo, veía que el tipo que tiraba agua para regar las plantas en su hotel derrochaba algo que nosotros bebíamos. Y, a la vez, veía un caudal, un cacho de agujero en la tierra totalmente vacío, en una época que tiene que estar lleno. Entonces, empecé a


preguntarme ‘¿Qué pasa con el agua?’ La escasez y la contaminación del agua son problemas del mundo. Y nosotros somos setenta por ciento agua que resuena en todos los tejidos, células y órganos. Nosotros precisamos el agua y el agua precisa de nosotros”. Todas las canciones, entonces, hablan sobre este recurso vital y aluden a experiencias personales. Por ejemplo, “La creciente”, que surgió cuando sobrevivió al desborde de un río en Salta. “Son trece canciones que hablan del agua, con sus diferentes paisajes, colores y emociones”, sintetiza. Bajo la producción de Sebastián Souza y Martín Longoni, el disco contará con invitados como Miss Bolivia (rapea en “Ay lunitay”), Gaby Kerpel, Mariana Baraj, Ernesto Snajer, Mariano “Tiki” Cantero, Richard Nant, Renzo Baltuzzi, entre otros. —¿Considerás que se trata de un disco de folklore? —Es un disco que tiene colores de folklore, pero no es folklore o quizás es mi manera de entender el folklore. Y a veces, de hecho, hasta parece que no son canciones. Es muy loco: cuando empecé a crear Ser el agua me encontré con otras maneras de componer, en las que una “canción” tiene un montón de episodios musicales que pinta a un espacio-tiempo de la musicalidad, algo mucho más amplio que una canción. Se parece más a una película. Tiene más que ver con pintar un paisaje, con hacer un recorrido desde las percepciones. La canción es un formato muy accesible: tiene un orden que está medianamente preestablecido por una escucha común. En cambio, creo que en la mayoría de estas “canciones” empieza a pasar que la canción nace y muere naturalmente en lugares quizás inesperados. Tiene que ver con una manera de contar desde lo visual o lo audiovisual llevando al “espectador” por un recorrido más orgánico, no por una cuestión concreta del orden de la historia. El disco tiene claramente colores de aquellos años donde yo hacía música negra, de aquella vida que habré tenido en la selva; también tiene colores urbanos y del campo. Busqué unir esas dos partes de mi vida, en donde la naturaleza finalmente es en nosotros, al igual que el agua. “Todos podemos cantar y tenemos la capacidad para expresarnos. El sonido está en todas partes, hay que encontrarlo”, sostiene Torres. Aunque estudió canto desde muy chica, recorrió un largo camino hasta encontrar una voz propia. “Tenía la necesidad de encontrarme con esa tierra que sentía que había perdido”, dice. Por eso, en medio de una crisis existencial, abandonó proyectos de jazz y blues que integraba y se largó a viajar. En el camino, investigó la copla, estudió las músicas del país, pero se dio cuenta que era “’imposible hacer covers’ —cita a Liliana Herrero—, porque cuando uno se atraviesa por esa música que toma prestada empieza a crear con eso”. Y sigue: “En este proceso de empezar a poner afuera ese ser esencial, saliendo a la Pachamama,

“Me encontré con otras maneras de componer, EN LAS QUE una ‘canción’ tiene más que ver con pintar un paisaje, con hacer un recorrido desde las percepciones.”

Su nomadismo y su espíritu inquieto se reflejan en los matices variopintos de su canción. yendo y viniendo por la Argentina y por los géneros musicales, apareció ‘mi canción’. Lo curioso fue que mi voz esencial tampoco estaba en los cantos originarios ni en África, si no que habita aquí y ahora. La naturaleza también está en la ciudad; está en mí y en todos nosotros. Esto de dejar pasar el canto fue un trabajo súper emocional que necesariamente tuvo que ver con encontrarme con momentos límites de mi vida, donde por la gracia del universo estuvo la voz ahí para salir”. Sin embargo, considera que aún no encontró su voz definitiva. “Hoy es esta, pero mañana será otra”. —¿Cómo te diste cuenta de que tu música no estaba en otro lado sino en vos, en tu tiempo y lugar? —Me ha pasado de estar en una comunidad diaguita-calchaquí en Cafayate y ser el inmigrante; aquel que está ahí en son de paz, trabajando en comunidad, compartiendo una comida, viviendo en ese espacio, cuidándolo de la misma forma, pero no pertenecer. Hay una clara diferencia entre alguien de la comunidad y el tipo que viene de afuera, de la ciudad, con su sed de algo. Entonces, estando ahí también me sentí incómoda, porque no era mi lugar. Yo iba a buscar mi folklore, pero ese folklore era esa coplera que necesariamente vivía en esa montaña y que yo, si quería hacer lo mismo que ella, no podía.

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Fuerza Bruta

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n 2011, cuando vivía en Salta, recibió un llamado inesperado de Fuerza Bruta que le cambió el rumbo. “Con mi compañero de aquél entonces nos estábamos haciendo una casita de adobe en Salta —cuenta Luvi— y la idea también era viajar por Latinoamérica. Pero un día recibo un llamado telefónico: ‘Hola, qué tal, ¿Luvi Torres? Vamos a hacer un show en el Luna Park con Fuerza Bruta y te necesitamos’. Querían, precisamente, una cantante versátil que interpretara muchas cosas, que tocara la percusión, que tuviera carisma teatral, pero que no tuviera problema en hacer sonidos, fonemas, esas cosas que tienen algunos cantos bastante étnicos que no tienen letras. Dieron conmigo y me convocaron para armar un espectáculo”. Como las cosas en Salta no estaban del todo bien, no le costó mucho tomar la decisión de aceptar la propuesta y volver a Buenos Aires. Así, durante dos años formó parte del espectáculo Wayra, de Fuerza Bruta, donde se desempeñó como vocalista, percusionista y coach vocal.


FUERA DE FOCO

Déficit habitacional / La escasez del suelo

PROPIEDAD PRIVADA Millones de personas hacen malabares para vivir bajo techo. El déficit habitacional hoy parecería ser un problema que no tiene vuelta atrás. La falta de tierras, la concentración urbana, el negocio inmobiliario y la postura del Estado construyen un escenario complejo en el que los que ganan, como siempre, son los grandes terratenientes. Aquí, una ecografía de esta “injusticia espacial”. AILÍN BULLENTINI

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PABLO PIOVANO

CAMILA RAPETTI

na puerta. Un techo. Paredes. Muebles. Una cama. In- na en amontonarse en los centros urbanos? Al igual que la zona timidad. La tranquilidad de llegar a un terreno en el metropolitana (metrópoli, ¿no?, curioso), ciudades como Córdoba, que uno es uno y ya. Es difícil desgranar cada uno de Rosario y Mendoza, aunque podríamos nombrar a casi todas las los componentes que sirven para comprender lo que significa capitales del país, demuestran en sus superficies los síntomas de tener un lugar en donde vivir cuando efectivamente se lo tiene: la ausencia del Estado en cuestiones que tienen que ver con la hacuando se atraviesa una puerta, se circula por habitaciones de- bitabilidad, con el “estar en” la ciudad: grandes cordones de villas limitadas por paredes, se utilizan muebles o se duerme en una y asentamientos, enormes barrios enteros construidos a los poncama. Según el último Censo Nacional, más de tres millones chazos, y a lo largo de décadas por sus propios vecinos —títulos de de argentinos viven en espacios que, por alguna razón, hacen propiedad, hola ¿qué tal?—, colchones, frazadas y familias enteras de su vida allí dentro una cuestión de supervivencia: pisos de en las calles. En los centros urbanos se concentra el trabajo y destierra, paredes de cartón o planchas de madera, carencia de de allí se expanden —hasta no muy lejos— las ofertas públicas de baño, de servicios básicos (luz, gas, agua corriente, cloacas) educación y salud. Por eso la concentración. Pero lo que también es histórico, en Argentina y en todas las paro de ambientes debidamente separados e incluso, valga la redundancia, de espacio. Eso, sin tener en cuenta que la última tes de este mundo que son adeptas al sistema capitalista, es la encuesta que el Estado realizó para pintarnos de cuerpo entero propiedad. “Desde su conformación histórica, Argentina tiene un a los argentinos no contó con la gente que duerme y vive en la régimen de propiedad absoluto. Es un país liberal en el que el procalle. Una, dos, todas las variables mencionadas en estas líneas pietario puede hacer lo que quiere con el suelo que posee: consse convierten en características de una vivienda tipo siempre y truir, usarlo, no usarlo, especular y destruirlo, si eso fuera posible. cuando estén atravesadas (o no) por otra, fundamental a la hora La Constitución Argentina, la base jurídica del país, y sobre todo el de pensar la cuestión habitacional —de la vivienda, bah— de un Código Civil, resguardan esa concepción total de la propiedad”, depaís: el suelo. Con tierra hay casa con una, varias o ninguna de talla Raúl Fernández Wagner, arquitecto “reconvertido”, tal como se autodefine el académico de la Universidad Nacional de General las carencias. Sin tierra, solo hay calle. El suelo es, tal vez, el tema fundante de la problemática de la falta Sarmiento e integrante de Habitar Argentina, iniciativa multisectode casas o de la existencia de muchas en malas condiciones. ¿Fal- rial “por el derecho a la tierra, la vivienda y el hábitat”. Por un lado, la propiedad habilita impunidad a la hora de conta lugar físico adonde ubicar las viviendas que restan para llevar la tar derechos y obligaciones cifra del déficit habitacional a de la tierra. Por otro, cero? Más despacio, que la cosa “La Constitución, la base jurídica del país, y sobre respecto se convierte en factor de status no es tan simple, y la margarita y estabilidad: “Sobre todo en que tenemos que deshojar para todo el Código Civil, resguardan un régimen de los sectores populares, la prollegar a la respuesta de esa prepropiedad absoluto.” Fernández Wagner piedad tiene mucho peso. ‘Ser gunta entrelaza aspectos culturales, históricos, económicos, propietario’ da un marco de espolíticos y, fundamentalmente, tabilidad a la vida cotidiana en de poder. un contexto de crisis económicas y cambios. Tener una propiedad es tener un ahorro importante, no tener que pagar alquiler, en un contexto de bajo salario o desocupación, se convierte también en Lo mío es mío y con lo mío hago lo que quiero legado para los hijos”, allana la antropóloga que lidera el grupo de Desde su conformación en tanto Nación, la planificación habita- estudio Infohábitat, también de la UNGS. Si bien no existe un registro que ponga al alcance de quien quiera cional en Argentina persiguió una cuestión: la oferta de trabajo. “Hay quienes plantean que el problema de falta de vivienda en las revisar la distribución del suelo nacional, Cravino asegura que en grandes ciudades se soluciona con la construcción de casas en el Argentina “el suelo tiene grandes, medianos y pequeños propietainterior. No, chicos, no resulta. La gente no migra por falta o no rios” y señala que el Estado se inscribe dentro del último grupo. de lugares en donde vivir, sino por falta de trabajo”, se enoja la Pequeño. Sí, pequeño gran problema. “Desde siempre el suelo es antropóloga María Cristina Cravino cuando enfoca la teoría de la un bien escaso. Cuando uno tiene tierra el otro no. Y esa tierra “sobrepoblación” de las urbes argentinas. Su respuesta está des- posee algunos atributos que a otro le están siendo negados por no tinada a la cuestión actual y específica del problema que inunda tenerla”, añade Fernández Wagner. al territorio porteño y al conurbano bonaerense, lo que se conoce como la zona metropolitana del país. Sin embargo, también sirve Maldita burbuja para ahuyentar mitos o, mejor, establecer bases de discusión. ¿Falta suelo en Argentina? No, es un país grande, responderá el No hay cifras que escupan así, directamente, el déficit habitacioseñor Sentido Común. Y, entonces, ¿por qué la gente se empeci- nal. Pero sí hay números que funcionan como ladrillos si nos permi-


Las fotos pertenecen al ensayo de Pablo Piovano sobre el barrio 17 de Noviembre, apostado a la vera de Camino Negro, en Lomas de Zamora. timos ser sarcásticos y pensar el concepto como si fuera una pared. una parte importante de la población, que termina allí porque no * Casi dos millones de personas viven en espacios que no pueden le queda otra. Ese mercado informal está estallado también, está ser considerados casas o departamentos —las categorías, según a full”, asegura Fernández Wagner, quien aboga por la “justicia eslas bondades del último censo realizado por el Instituto de Estadís- pacial”: “Una ciudad puede tener un plano urbano prolijo, pero si ticas y Censos (Indec) en 2010, abarca desde casillas y “ranchos” no actuás para equilibrar lo que el mercado desequilibra, no vas hasta locales no aptos para la a hacer otra cosa que agravar vivienda—. Cabe remarcar que la injusticia espacial”. A princiesa encuesta no registró a las “El suelo tiene grandes, medianos y pequeños pios de julio, Habitar Argentina personas en situación de calle. propietarios; y el Estado se inscribe dentro de este pidió ante el Congreso que el Al momento de leer esta nota, Gobierno nacional declare la acordate de cuántas en este es- último grupo.” María Cristina Cravino emergencia habitacional de las tado ves a diario e intentá hacer villas y asentamientos de todo el cálculo. el país y active la regularización * Unas 100 mil personas alquilan espacios para vivir que no pue- dominial de esos terrenos. den ser consideradas casas o departamentos. Otras poco más de En palabras de Cravino, la atención del suelo urbano de parte del 80 mil pagan una renta mensual por vivir en lugares que tienen Estado debe ser “urgente”. “De esa forma no solo se descomprime piso de tierra, carentes de provisión de agua por cañería o de ino- el déficit, sino que también se colabora con la mejora de la situadoro con descarga de agua. Según los cálculos de Infohábitat, la ción a futuro. Es una manera de empezar a escaparle al mercado. cantidad de inquilinos en villas se duplicó en los últimos diez años. Actualmente, hay una política muy activa de vivienda. En cuatro ¿Cuánto pagan? “1500 pesos por mes por una pieza en un lugar años se construyó lo que no en 30, a través de los planes federales. que les ofrece, en la mayoría de los casos, el baño dos pisos más Sin embargo, el impacto es mínimo y, a su vez, provocó el aumento abajo”, añade Fernández Wagner. del precio del suelo”. * Según el último censo, sólo en la Ciudad de Buenos Aires hay cerca de 350 mil viviendas vacías. Allí, calcula el arquitecto, “el Función social de la tierra déficit habitacional es de unos 130 mil hogares”. * En poco menos de ocho años, el costo de compra de una vivienA grandes rasgos, la ausencia de la función social de la tierra da se triplicó. “En el barrio de Almagro (Ciudad de Buenos Aires), implicó a lo largo de los años dos grandes problemas según el teel metro cuadrado valía 500 dólares en 2004. Ahora cuesta 1600”, rritorio en el que uno se pare a echar un vistazo, para colmo, en cuenta desde la propia experiencia el arquitecto. la actualidad, no hacen más que profundizarse. En la Ciudad de Para invertir la situación, lo que debería cambiar, coinciden am- Buenos Aires, donde no hay efectivamente un centímetro de suelo bos, es “el accionar del Estado”. vacío, existen cientos de miles de viviendas deshabitadas en manos “El gran problema es que hay un gran mercado formal crecien- de dueños que sólo buscan la concentración de bienes y especulan temente costoso e inalcanzable para cualquier nivel razonable de con el valor del ladrillo. En zonas aledañas a los grandes centros salarios, y un mercado informal que se convierte en el destino de urbanos, la oferta de suelo existe, pero su precio es exorbitante. Allí,

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la especulación sobre la valorización pasiva de la tierra está a la orden del día y, si bien hasta mediados de los ‘70 tales territorios eran el destino de familias que venían “a probar suerte a la gran ciudad”, desde hace un tiempo comenzaron a caer en manos de las clases altas que en búsqueda de confort y buena vida ubicaron allí sus “barrios cerrados” y sellaron la suerte de los desposeídos en los sinuosos pasillos de las villas y asentamientos. Cravino asegura que la carencia de suelo urbano afecta a “la clase media, que prefiere comprar una casa a crédito o un departamento que ponerse a construir, como sí lo hacen los sectores populares, que autoconstruyeron siempre, y a quienes por supuesto también perjudica la falta”. Si no hay suelo no hay vivienda ni acceso a la ciudad, con todo lo que aquello implica. Pero tampoco hay redención. En el conurbano la válvula de escape son las ocupaciones, aunque no todos están dispuestos a hacerlo, y el hacinamiento. En la Ciudad de Buenos Aires son las villas”, explica la titular de Infohábitat. Remiendos. Vacío, en forma de terreno baldío, u ocupado, con decenas de pisos de hormigón encima, el suelo en casa debería ser dotado de una función que pese más que los derechos absolutos del propietario “en la medida que aquellos perjudiquen al colectivo social”, idealiza Fernández Wagner una solución que supere al remiendo. La función social de la tierra es una cuestión de cultura

y de poder, más allá de que en Argentina no exista siquiera en letra de ley. “El aparato jurídico, conservador, está parado sobre la supremacía de la propiedad y de allí no lo mueve nada, con lo cual las cosas se complican. Para regularizar villas, por ejemplo, necesitás de la función social. Para arreglar

“Una ciudad puede tener un plano urbano prolijo, pero si no actuás para equilibrar lo que el mercado desequilibra, no vas a hacer otra cosa que agravar la injusticia espacial.” Fernández Wagner y negociar con el propietario del terreno en donde está asentado el barrio tomado, también”, fundamenta el arquitecto. Ok, falta que se reconozca la función social de la tierra, pero no es la única alternativa con la que el Estado cuenta para empezar a revertir la situación. No existe ese elemento, pero tampoco hay una estructura de políticas públicas que, cuanto menos, amainen el efecto del mercado sobre una necesidad básica que, de no estar cubierta, golpea y duro. Fernández Wagner plantea la “concepción social de la propiedad”, algo que pone los puntos sobre la mesa respecto de los derechos, pero también las obligaciones que debe respetar todo propietario. “No hacer

nada con una propiedad, tanto de un pedazo de tierra como de una casa, repercute directamente en las reglas del mercado: aumenta la escasez porque el propietario quita esa propiedad del mercado y, por lo tanto, los precios se elevan. Hacia allí apunta la concepción social”, indica el arquitecto: “Está comprobadísimo que si se aplica un impuesto a la casa o terreno baldío o se cobra un plus en la factura del alumbrado, barrido y limpieza obligás a los dueños a ocuparla, a meterla de nuevo en circulación”. Para Cravino, en tanto, la inexperiencia del Estado en participar de estas cuestiones es viento en contra. “El regular el asunto, presionar a los propietarios y pelear la especulación lo enfrenta a la definición de propiedad como una cuestión impune. Es la sociedad en general la que defiende esta cuestión y el Estado no sabe cómo controlar todos los frentes”, evalúa, luego de desilusionarse con lo ocurrido con la Ley de Acceso Justo al Hábitat en la provincia de Buenos Aires. “La norma no creó, como se quiso imponer mediáticamente y desde los sectores de poder, la expropiación. Esa herramienta ya existe desde hace mucho tiempo. La norma la plantea como alternativa para intentar una redistribución. Se vinieron todos encima”, reseña. “El problema está instalado”, remarca Cravino: “El Estado no cuenta con una maquinaria que le permita hacerse de suelo y ahora no quedan dudas: si sale a pelear en el mercado, los dueños aumentarán su precio. Con tantos años de nada, el Estado quedó atrapado en la lógica de mercado”.


RESEÑAS

EL CORAZÓN ES EL LUGAR (Pablo Dacal) SERGIO SÁNCHEZ

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ablo Dacal es de esos tipos que piensan la música. Que la enmarcan en su justo tiempo y lugar. Que sostienen las canciones con la palabra. De eso hay mucho en El corazón es el lugar (2013), su nuevo disco, con una edición en vinilo. No se trata de un disco más en la versátil obra de Dacal. Inspirado en cantores del siglo pasado, como Ignacio Corsini, Gabino Ezeiza y Agustín Magaldi, Dacal lanza un disco de canciones criollas contemporáneas junto a Las Guitarras del Tiempo (Julio Sleiman y Nicolás Pazcuzzo). Un repertorio compuesto por vals, tango, milonga y bachata que reflota una tradición regional y latinoamericana, y a la vez habla del presente. El trabajo cuenta con destacadas composiciones propias como “El corazón es el lugar”, la contundente “El artista popular” y el manifiesto de época “Más allá del bien y del mal”. También visita a otros autores populares: “A San Telmo” (Roberto Grela), “Mañana es domingo” (Magaldi-Lorruso-Noda), “El adiós de Gabino Ezeiza” (Blomberg-Maciel) y “El último habitante del planeta” (Nacho Mastretta). Tampoco faltan músicos invitados de su generación como Faca Flores, Germán Cohen, Pablo Grinjot, Alfonso Barbieri, María Ezquiaga y el uruguayo Franny Glass, entre otros. pablodacal.bandcamp.com

CUADERNO DE PRIPYAT

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n su segunda novela, Carlos Ríos extrae fotogramas de la vida cotidiana de Pripyat, una cybersiberia apocalíptica, villera, y los pone a funcionar unos con otros, dotándolos de un vuelo autónomo, que se potencia en la acumulación, en la asociación. Como un poema novelado, cada capítulo de Cuaderno de Pripyat (Entropía) despliega variables estéticas propias, y a la vez, construye un universo único. El mismo Ríos, con tres poemarios publicados, confesó en una entrevista que no le interesaba hacer una novela realista. Y se nota: el narrador, los personajes y las voces que cuentan a Pripyat muestran imágenes distorsionadas. Ríos cuenta la historia de Malofienko, un artista que vuelve a Pripyat, su pueblo natal, donde explotó la planta nuclear de Chernobyl. Entre edificios derruidos y cadáveres mutantes, Malofienko reconstruye la historia de la población y la geografía urbana de Pripyat. Es sorprendente la multiplicidad de registros: el autor pasa de un reportaje a una crónica expresionista, y de ahí a un intercambio epistolar. Hay un esmero casi documentalista de representación que, sin embargo, se deforma en la prosa, que roza el surrealismo. En definitiva, es una novela con una voz propia, que articula la obra narrativa de Ríos con su obra poética.

(Carlos Ríos) Juan Ignacio Sapia

CUMBIA HASTA EL LUNES (Cumbia hasta el lunes) Sergio Sánchez

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n un tiempo no muy lejano, el rock y la cumbia parecían estar en veredas opuestas. O por lo menos ahí los habían ubicado ciertos códigos musicales y lógicas de mercado. En verdad, el principal prejuicio provenía desde el rock. Pero en la actualidad, esa “rivalidad” parece haber mermado. Por ejemplo, el grupo Cumbia Hasta El Lunes da cuenta del cambio de época. Se trata de un grupo integrado por músicos porteños, con procedencia rockera, que se largó a caminar por la senda de la cumbia para aportar una “mirada propia”. En su disco debut, editado este año, cierta instrumentación y la forma de interpretación evidencian la genética del grupo: las canciones están atravesadas por riffs de guitarras eléctricas y distorsionadas. Ejemplos de ello son “Doña Juana”, “Bebiendo”, “Déjala” o “Libre que antes”. De esta forma, construyen cumbias bailables y potentes que se conjugan con instrumentos propios del género, como teclado, acordeón, güiro, timbales y congas. Así entienden la cumbia, “con la conciencia de haber nacido en Buenos Aires, en esta parte de la historia del mundo multicultural, pobre, rico y medio, simple y retorcido”. De esta forma, la escena de cumbia porteña engorda a base de bandas, orquestas, DJ’S y otras variantes. cumbiahastaellunes.bandcamp.com

CUADERNOS DE LENGUA Y LITERATURA (VOLÚMENES V, VI Y VII)

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e puede hablar bellamente sobre sintaxis, estructuras gramaticales y la morfología de la letra? ¿O acaso recordar la historia de la tipografía Times New Roman conduce inevitablemente al tedio más absoluto? Si a un pibe que se pasó la víspera de un examen distinguiendo sujeto y predicado alguien le ofrece los Cuadernos de lengua y literatura (Eterna Cadencia), probablemente se los tire por la cabeza sin leerlos. Y será una pena, porque se perderá tres volúmenes de curiosa belleza: un recorrido emotivo y sensorial en torno a ideas sobre las letras. Es difícil situar los textos del bahiense en algún género puntual. Desmenuza con naturalidad las fronteras entre crónica y ensayo, entre autobiografía y teoría. Están todos ahí. El lector sabe que le están contando algo y a la vez reflexionando sobre el objeto narrado. Percibe que el autor está ahí, pero que también ordena un mundo de ideas. Esta edición incluye “Al pie de la letra”, “Crítica de la imaginación pura” y “Tratado de fitolingüística”, y en el primero, una frase que define esos tres volúmenes y todos los anteriores: “son ejercicios de un alumno: no el poema como algo acabado, sino un momento provisorio del lenguaje”.

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(Mario Ortíz) Andrés Valenzuela


ENTREVISTA

Emiliana Miguelez

INCURSIÓN AL CONURBANO PROFUNDO A través de un notable trabajo de diez años, esta fotógrafa retrató la ebullición cotidiana de las barriadas bonaerenses. Con su cámara encuadró las tensiones por la posesión de la tierra. En su muestra propone un recorrido histórico que pone en crisis la legitimidad de un barrio privado por sobre un asentamiento. “Lo que me interesa poner en discusión es la mirada de la gente, la que le ofrece la televisión y luego escuchás en la calle, ésa que legitima una toma y no otra”, plantea. NAHUEL LAG

EMILIANA MIGUELEZ


―Más allá del poder de síntesis de una imagen, es difícil retratar el gran rompecabezas de la identidad del conurbano… ―Mi impulso vital fue el de sentir “esto se está yendo”. Observar algo, pasar al otro día y ver que donde había un circo había un baldío. Son espacios que mutan todo el tiempo de manera acelerada. El impulso fue agarrar, arañar algo que estaba desapareciendo. Al leer ese impulso a lo largo del tiempo sentí que el espacio cambiaba, pero siempre lo hacía alrededor de algo: la necesidad básica del territorio. Por eso, en la narración final que intenté darle a las fotos para la muestra me enfoque ahí. Miguelez fue la promoción ‘93 de un bachillerato de Banfield, con orientación en Comunicación, que sólo duró unos pocos años más, y donde la cooperativa de docentes y psicólogos sociales proponía una currícula con talleres de imagen, video, fotografía y periodismo. Primero, segundo y tercer año América latina era el eje en Biología, Geografía e Historia. Siempre atraída por la imagen, Historia fue la carrera que comenzó en la universidad, después de un viaje por la ruta maya ―Honduras, Guatemala, México―. En paralelo, comenzó la carrera en la Escuela de Fotografía de Avellaneda (Edaf), que luego abandonó para hacer talleres, y cerró la etapa con fotoperiodismo en TEA. Historia y fotografía, esa es la cuestión. “La imagen siempre me atrajo, mientras que con la carrera de historia siempre dudé de cómo insertarme, sobre todo desde el campo académico, donde corrés el peligro de producir información para la misma academia. Siempre me gustó estar más en la calle que en la biblioteca. Me interesa salir a buscar los procesos históricos, los momentos en los que vivo, lo que me está pasando a mí como elemento de esta época”. En el Viaje… que propone Miguelez la perspectiva territorio-imágenes-historia es fundamental y “La Conquista” ―nombre que también lleva el primer capítulo de la muestra― dialoga entre los desalojos policiales, la construcción de un barrio privado que lleva el nombre “Campos de Roca” y un mural que retrata a los gauchos en la campaña de “La conquista del desierto” sobre la misma pared de la que cuelga un retrato de José Hernández ―autor del Martín Fierro― en un salón de baile de Avellaneda. Las imágenes no están montadas de forma contigua sino que se intercalan: “Son herramientas simbólicas para reflexionar sobre las diferentes formas de ocupación de la tierra que es un problema que ocurre desde hace cien años, continúa ahora y seguirá en el futuro”. ―¿Qué relación encontrás entre las imágenes de José Hernández, los desalojos policiales y los barrios privados? ―En la muestra trazo una línea histórica entre las ocupaciones de hoy y las campañas de conquista del siglo XIX. ¿Hace doscientos años de quién eran esas tierras? ¿Quién hizo que fueran de quienes hoy las poseen? ¿Quién dice que es más legítimo que el dueño sea el familiar de alguien que hace doscientos años fue con un caballo y un arma que alguien que hoy necesita la tierra para vivir? Si uno recorre el proceso histórico que tiene la asignación de tierras por parte del Estado nacional ―en gran medida por la fuerza y repartida entre los sectores de poder― también puede poner en tela de juicio quiénes son los dueños de la tierra. ―De todas maneras en la muestra esa línea de interpretación aparece difusa, mezclada entre otras lecturas posibles, otras imágenes… ―No hay un mensaje unívoco, no lo pensé así, no entiendo así la manera de mirar. Cuando me acercó a una muestra o leo un diario si encuentro un mensaje unilateral trato de desarticularlo e intento lo mismo al construir mi narración. Lo que intento es dar algunas herramientas con coherencia para hablar del territorio y las diferentes legitimidades entorno a su abordaje.

Quizás la foto de José Hernández nos esté hablando de quienes, como Fierro, aún esperan a alguien que cante sus desdichas. Unos y otros, los rebeldes y los que no encuentran como serlo, se enfrentan al horizonte infinito de una tierra de la que no son dueños. Eduardo Jozami, director nacional del CCMHC. Texto para la muestra.

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ema: Conurbano. ¿Qué ocurriría si desde la escuela primaria las maestras bonaerenses nos hubiesen dado un tema diferente a “la vaca”? ¿Cómo describiríamos esa porción de tierra que rodea la Ciudad de Buenos Aires ―una veintena de partidos― y concentra casi la mitad de la población del país? ¿Cómo explicar ese collage de costumbres, arquitectura, campo, ciudad, barrios privados y villas miseria? Emiliana Miguelez, fotógrafa, cerca de licenciarse en Historia, nació en 1976 en Lomas de Zamora, se crió en Burzaco y pasó su adolescencia en las calles lomenses de Villa Albertina. Tuvo el “impulso vital” de retratar la mutación acelerada que veía en esos barrios de clase trabajadora y cambios amontonados: “Lo torturaba saber qué pronto lo que caminó no estaría concreto en ninguna partícula de su historia”, escribió en un cuaderno años atrás. La imagen no podía más que mil palabras. Años después, ya reportera gráfica, la mandaron a hacer una nota sobre La Salada ―la gran feria que mueve millones de pesos y personas, millones legales e ilegales ― y un vecino la llamó: “Están desalojando a la gente que tomó el Campo Tongui”. Fue, disparó la cámara un centenar de veces, la empresa periodística publicó algunas imágenes ―“no las que a mí me hubiesen gustado”―, pero ese día, en ese predio de 100 hectáreas, que se convertiría en la toma más grande del país en las últimas décadas, capturó una foto que llamó “La Conquista”, la misma que hasta el 2 de septiembre abre su primera muestra: Viaje Conurbano. “Nunca pensé en montar las fotos para exhibirlas o como la libretita de tapas duras en la que organice el trabajo de forma priva-

“MÁS ALLÁ DE LAS EXPECTATIVAS DE LOS EDITORES Y DE LA LÍNEA EDITORIAL DEL DIARIO, EL RECORTE DE LA REALIDAD ES PERSONAL.” da. Tengo una forma caótica de crear y surgió como una necesidad de ordenar ese caos”, sincera Miguelez. Pasaron más de diez años desde la foto que tomó en el túnel peatonal de la estación de trenes de Burzaco a un afiche de estética cumbiera que invitaba a la misa de un pastor evangélico o del click al cartel de campaña de un Duhalde todavía gobernador provincial, todavía con los dedos en V, en la marquesina frente del telo Acapulco, ubicado sobre Camino Negro, a cuadras de Puente La Noria. En 2008, capturó al efectivo de la Bonaerense, casco azul y sobretodo azul, vigilando hectáreas arrasadas por un desalojo violento, mientras dominaba su caballo, que corcoveaba sobre un fondo de fuego, chapas y esqueletos de casillas que no fueron. Y es que la muestra que reúne más de un década de imágenes y textos de la fotógrafa del sur se formó de las mismas capas, una sobre otra, de las que está hecho el conurbano, y eso se refleja en el espacio que las cobija en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. “Cada foto tiene un tiempo y un espacio accidental, porque la mayoría de ellas son un recorte de lo que me estaba pasando”, indica. Entonces, el tema: Viaje Conurbano, se vuelve personal, emotivo, histórico, profesional y urgente. ―¿Cómo surgió este Viaje…? ―Desde la adolescencia caminé muchos barrios como Villa Albertina porque fueron lugares sobre los que tenía la impresión de que el proceso de cambio malo o bueno era voraz y constante. Tenía el impulso de fotografiarlo. Lamentablemente, no tengo una manera de organizarme sino que me manejo por un impulso caótico, pero había algo latente en lo que fotografiaba: el territorio. Cuando me di cuenta empecé a ajustar el registro sobre ese tema porque era la identidad y las nociones de pertenencia alrededor de la tenencia de la tierra lo que me interesaba contar.

“SI UNO RECORRE EL PROCESO HISTÓRICO QUE TIENE LA ASIGNACIÓN DE TIERRAS POR PARTE DEL ESTADO –EN GRAN MEDIDA POR LA FUERZA Y REPARTIDA ENTRE LOS SECTORES DE PODER– PUEDE PONER EN TELA DE JUICIO QUIÉNES SON SUS DUEÑOS”.

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―¿Cuáles serían esas legitimidades? ―Dock Sud y la Isla Maciel son otros dos barrios que caminé mucho. Allí tomé una imagen, que quedó fuera de la exposición, de cómo una empresa de logística cerró el paso de una calle para uso propio con solo una barrera. El Ejecutivo local aprobó el permiso y nadie se quejó. Sin embargo, cuando un grupo de personas toma una porción de tierras que durante 50 años nadie usó más que como basural, la mirada social y mediática sobre el hecho es de condena. Uno creería que es mucho mas loable que alguien tome una tierra para vivir que para hacer negocios. La mirada de la tierra como necesidad o negocio aparece al contraponer, por ejemplo, la imagen de un león de mármol que cuida, descansa, vigila desde el jardín de un barrio privado y la mirada perdida de una mujer, con su bebé en brazos, echada en el pasto sobre la lona estacada que intenta transformarse en la parcela donde construir un techo. Pero no se muestra la acción de tomar la tierra ni la de encerrarse tras cuatro murallas. ¿Entonces? La interpretación es libre y de repente aparece una foto tomada después de aquella nevada histórica del 9 de julio de 2007. Una garita de seguridad de madera: sola, blanca, en medio de un campo abierto entre las calles de Villa Celina. “¿Cuidamos hasta lo que no usamos? ¿De quién lo estamos cuidando? ¿De quiénes nos cuidamos?”, deja otra interpretación la reportera gráfica. Ella sale a la calle con su cámara desde adolescente. Uno de sus primeros ensayos fotográficos fue sobre la estación de trenes Constitución, lo que le abrió el camino profesional al publicar esa serie en la revista de la Universidad de Lomas de Zamora Gran Buenos Aires Gran ―dos imágenes de ese ensayo también participarían en la muestra colectiva Fotografía Callejera, en el Centro Recoleta―. Lue-

go ingresó a los zonales del diario Clarín y más tarde quedó como fotógrafa estable del matutino. Gran parte de las fotos que integran la muestra fueron tomadas por Miguelez durante coberturas diarias, porque nunca perdió el foco de aquello que “latía” en el proyecto conurbano. “Cuando estoy en la calle, yo generó el material, soy mi filtro. Más allá de las expectativas de los editores y de la línea editorial del diario, más allá de lo que se vaya a publicar o no, la libertad de estar en la calle es del fotógrafo y el recorte de la realidad es personal. Ya perdí mis expectativas sobre los medios de comunicación, pero estar todos los días en la calle me hace seguir trabajando en esto”, resume su ética. Esa mirada propia le permitió hacer tomas durante coberturas mediáticas que cargan con una poética bien distinta de la foto de la realidad creada por los medios. “Ninguna imagen puede evitar el contexto en el que es publicada: el diario, el título, la bajada”, lamenta. —En Viaje… no aparece el conurbano violento, el cordón que es “tierra de nadie” sino que aparece otro tipo de violencia, la del abandono, la ausencia y el despojo. Predominan los tonos grises, retratos de soledad… —Cuando en el diario me asignan una nota, generalmente, la situación ya explotó y se va a tomar imágenes de eso. En esas capturas, la violencia es de los que tienen el agua hasta el cuello, pero no se ve cómo el agua fue subiendo. En la foto de la explosión social, la necesidad básica no aparece. La necesidad sobre la tierra va a estar siempre presente y será una cuenta pendiente a menos que ocurran cambios trascendentales. Por eso, lo que me interesa poner en discusión es la mirada de la gente, la que le ofrece la televisión y luego escuchás en la calle, ésa que legitima una toma y no otra.

En el Viaje… que propone Miguelez la perspectiva territorio-imágenes-historia es fundamental.

Retazos

¿Dónde?

Este proyecto de fuerte impronta personal también le permitió plasmar a Miguelez retazos que constituyen la identidad del conurbano: un caballo gris en el desolado balneario de Punta Lara, que supo ser la atracción de las familias trabajadoras; el avión Electra 5-T-3 que descansaba en un galpón de chatarra en Camino de Cintura hasta que la investigación sobre los crímenes cometidos durante la última dictadura revelaron que fue parte de la escuadrilla de los vuelos de la muerte; o el juego de té y el libro de Evita en el despacho del ex intendente de Lanús Manuel Quindimil.

La muestra –curada por Cristina Fraire– puede visitarse hasta el 2 de septiembre en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (CCMHC) espacio que para la artista “termina de darle el sentido a la narración de la obra”. Para ella, “es la última foto”. Es que la exposición comparte la mirada del Conti “enmarcada en una política cultural de derechos humanos”, considera. “No me interesaría montar la muestra en un espacio que solo pertenezca al mercado del arte”. Por eso, también puede verse en camaraoscura.com.ar.


ANECDOTARIO

Alberto Breccia

Breccia, el Viejo Juan Sasturain *

MAJO GONZÁLEZ (MAJOX)

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Alberto lo conocí de grande. Para el otoño de 1987 ya hacía seis años que lo trataba y cinco que trabajaba junto a él como guionista de Perramus y otras historietas ocasionales. Alberto tenía por entonces 68 años, andaba muy bien de salud y de trabajo; yo estaba por cumplir 42, había publicado hacía un tiempo Manual de perdedores y era jefe de redacción de Fierro. Éramos parientes —estaba en pareja por entonces con su hija Patricia, a través de quien lo conocí— pero además éramos compañeros de trabajo y amigos. Nos veíamos regularmente todas las semanas, tanto en su hermosa casa de Haedo en la calle Vignes, donde vivía con Irma, su segunda mujer, como en la mía, cerca de la estación de San Andrés. Y fue durante algunos sábados a la tarde en su maravilloso estudio que daba al parque, y durante varios domingos en el estrecho living del chalecito de San Andrés que daba a la calle, que grabamos —entre marzo y mayo— estas largas sesiones. Las voces familiares y amistosas, los ladridos de perros y el ruido del tren sirven de fondo a la grabación. No está nada mal. El clima, digo. Este libro debería estar acompañado de aunque más no fuera por unos pocos minutos de audio, para dar una idea. Alberto tenía una lindísima voz cascada y se reía como un viejo sátiro… La charla siempre fue informal y amistosa. Llevado por la ansiedad documental y la necesidad de precisar el dato, siento ahora —al escucharnos— que lo interrumpía demasiado… y que podría haber ahondado en aspectos conceptuales, tocar zonas que no fui capaz de abordar. Por otra parte, sí nos detuvimos largamente en los recuerdos de infancia y en lo que era su entorno, el mundo de Mataderos en los años veinte, donde y cuando se crió. Le gustaba hablar de eso y —por esos años— frecuentaba regularmente el viejo barrio, se juntaba con quienes todavía tenía cosas que compartir. Y creo que era feliz ahí. En la época de la grabación teníamos muy buena relación. Compartíamos —con él y con Patricia— no sólo el laburo sino los gustos, las charlas sobre libros, sobre películas y música. Y cuando digo música quiero decir tango. Aprendí a disfrutar del Flaco Morán, por ejemplo. Pero además, laburábamos. Siempre apurándome él: nunca fui rápido para los guiones, siempre me costó… En aquel momento de la charla, puntualmente, trabajábamos en la tercera parte de Perramus —“La isla del guano”— y ha quedado alguna referencia al respecto en el diálogo. Cabe aclarar que por entonces, aunque nuestra historieta se publicaba en el exterior, acá sólo había salido parcialmente en Fierro —al director, Cascioli, no le gustaba y levantó la segunda parte— y todavía faltaban un par de años para que hubiera una primera edición argentina en libro. No era fácil. Para cuando finalmente apareció, en 1989, la edición de ECADe la Flor con las dos primeras partes de la saga, todo o mucho había cambiado. Las circunstancias habían hecho que nos viéramos menos. Entre otras cosas me rajaron de Fierro, publiqué Arena en los zapatos, y me fui a vivir a Barcelona a empezar nueva vida. Así, el episodio final, “Diente por diente”, lo terminamos — creo recordar— trabajando a distancia. Finalmente, tras algunos nunca explicitados desencuentros, con el Viejo —como se dice— quedamos ahí. Regresé a Buenos Aires en el verano del 92 y tras un llamado de Patricia volví a verlo, sólo una vez, cuando estaba internado en el Hospital Francés. Charlamos amistosamente. Y eso fue todo. Nunca más.

BREVE BIOGRAFÍA

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lberto Breccia (1919-1993) nació en Uruguay, pero Argentina lo adoptó como propio. Aquí se crió y realizó su obra. Con ella revolucionó la historieta mundial gracias a su potencia expresiva aparentemente ilimitada. De su colaboración con Héctor Germán Oesterheld queda la segunda versión de El Eternauta, Sherlock Time, Ernie Pike y Mort Cinder (para muchos, la auténtica obra maestra de HGO). Adaptó Los mitos de Cthulhu, Informe sobre ciegos, y La gallina degollada. Dibujó Un tal Daneri (con Carlos Trillo) y Perramus (con Sasturain).

* Periodista, escritor, guionista de historietas. El texto corresponde a extractos de la introducción a Breccia, el Viejo, de próxima aparición.

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ARTIVISMO

Volver a Habitar

TRAZOS DE LO QUE FUE Y SERÁ… La tragedia que azotó a La Plata fue narrada desde la urgencia y mediatizada por una lente masiva, que en la mayoría de los casos dejó afuera voces e historias enteras. Este proyecto de jóvenes artistas, fotógrafos y comunicadores pretende recuperar aquello que no se vio, a través de murales, devenidos en puntos de encuentro, para unir lazos y reconstruir el espacio público. ANA ESPERANÇA

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a primera casa invadida por el agua que se va a pintar es la de Mercedes y Marcelo, del barrio Villa Elvira. Es domingo por la tarde y desde la esquina, se divisa un grupo de personas sentadas alrededor de una mesa, perros, nenes en bicicleta y colores aún sin forma sobre una pared. Más de cerca, todo es más claro: se ve a los dueños de casa compartiendo mate y torta con sus vecinos, y a los chicos del proyecto Volver a Habitar registrando con sus equipos la totalidad del cuadro. Las manos de Luxor se barajan entre el aerosol y el látex. En cuestión de segundos, lo que era una superficie gris, se convierte en un hombrecito que nada por el agua calma. La obra —que será la primera de una serie de tantas otras— se titulará: “El que nada no se ahoga”. El paso del agua inmediatamente muta en algo más. El corazón de Volver a Habitar busca registrar lo que pasó después del último 2 de abril en La Plata. Apunta a dar lugar a lo que la gente tiene para contar, a tres meses de aquella tragedia que afectó la vida de todos. Las pintadas en cada casa o en cada establecimiento, además, pretenden generar un diálogo con los vecinos. “(La inundación) Fue un hecho excepcional, que a partir de ahora debemos pensar como no excepcional. Son situaciones que modifican lo cotidiano y vamos a tener que ver cómo pensamos enfrentarlas. En la gente hay muchas ganas de hablar”, describe el comunicador social Matías David López, que comparte equipo con Luxor, Santiago Goicoechea, DanPeople, y Florencia Cariello.

ANALÍA OSABA A unos metros, se escucha la voz de Marcelo que le pregunta a un recién llegado: “¿Querés un mate? ¡Tomá, vení!”. Es una voz entusiasta y feliz. Luxor retoma su tarea y los demás lo observan todo. Los vecinos receptivos del color dejan agasajarse por esa intervención que es como un bálsamo de luz. Mientras, Luxor pinta y asegura que no tiene, a priori, pistas sobre lo que será: “Lo voy decidiendo sobre la marcha. No puedo llegar a la calle con un significado cerrado. La calle te tira muchas cosas. El significado de la obra lo voy armando con lo que me dice la pared. A veces vengo con una idea, hoy no. Hoy vine a improvisar, a ver qué pasaba”. Florencia Cariello dispara el clik de su cámara fotográfica y registra cada instancia de la obra. En la captura de cada imagen, los intersticios de conexión entre una y otra se funden en un proceso que pareciera tener el efecto de movimiento de los libros animados. Hace una pausa en el registro y cuenta: “Este proyecto es salir al barrio y ver qué le pasó a la gente. Una señora nos contó que armó un centro donde hacían intercambio de cosas. Y no fue algo organizado culturalmente ni tuvo intervenciones partidarias de ningún tipo. Solo surgió del encuentro entre los vecinos. Hablaban de hacer un comedor en ése terreno de ahí. Para nosotros, es vital llegar a registrar eso que no está mediatizado. Y también tomar nota del paso del tiempo. Qué pasa dentro de un año, de dos. No olvidar esta situación más allá de la foto que vimos del agua, de la tragedia. Lo importante es ver cómo modificó. Registrar eso y cómo se está levantando la gente. Este proyecto tiene que ver con eso. La foto de la tragedia ya la vimos”, afirma.


Construir una memoria

se lee la frase: Detonar el proceso creativo construyendo una memoria abierta y colectiva. En la plataforma digital van narrando el proceso, compartiendo el registro y adelantando los pasos a seguir. Los fondos reunidos a través del crowfounding mediante el sitio Idea. me son destinados a cubrir material, viáticos y gastos de traslado. Al cierre de esta edición, ya se había pintado una segunda pared en Parque Castelli. —¿Buscan preservar una memoria directa desde este ángulo? Luxor: —La memoria es un músculo; sin uso se atrofia. Nos bombardean de tanta información que la perdemos rápidamente. Es algo que sucede históricamente, sobre todo en Argentina. Con esto buscamos mantener la discusión viva. Los medios con su inmediatez y verborragia intentan que lo olvidemos con una nueva proble-

“Postragedia, lo que pasó fue un problema mediático: estaba lo que los medios tenían para decir, lo que la gente tenía para decir, y el discurso político”, asegura DanPeople, y analiza el boom de solidaridad que emergió inmediatamente después: “Lo que desata la solidaridad es una tragedia. Después, se pone en evidencia cuán fuertes y espontáneos fueron esos lazos solidarios. Ahí está la cosa. En realidad, lo que hubo fue una respuesta a una urgencia. La construcción de la Memoria está por fuera de la urgencia: claramente no va a darle de comer ni salvar la vida de nadie, pero tiene la intención de recuperar ciertas voces. El 2 de abril hubo un contrapunto muy evidente entre las voces oficiales y las voces en la calle; una falta de correspondencia notable. La gente sabe que los muertos no fueron los que aparecen en la lista, y tiene conocimiento porque fue una

tragedia de todos. Al final, el boca en boca termina siendo el eje de información más importante a al cual hoy podemos tener acceso”. El proyecto tiene una dimensión vinculada a la resignificación de lo sucedido, además de la valoración desde un registro depurado de sus consecuencias. “Contar, más allá de que se inundó la casa, lo del después; los vínculos, cómo se movieron esos días. Dar todo eso a conocer sin intermediarios, adonde la historia termina siendo digerida por los medios. Así, gente que no tendría manera de alzar su voz en un medio masivo puede hacerlo. Lo interesante es que cuenten su propia historia sin que haya nadie acomodándola a lo que debe decir. Nosotros también digerimos la historia, no podemos poner ocho horas de registro, editamos, pero desde lo que dice la gente, no vamos a recortar en beneficio de un tercero”, dice Luxor. Y Santiago agrega: “Las prácticas de los vecinos en torno a la inundación son muy importantes en nuestro registro. Fue una gran sacudida que tiene como positiva la necesaria renovación en todos los planos. Es en el intercambio donde uno le pregunta a otro qué te falta, qué necesitas. Y en una serie de rituales generados más allá de la solidaridad, ya desde una cuestión humana. No es que post inundación se acabó el mundo. Ya estuvieron los diarios para decir eso. Le estamos poniendo colores”. La serie de obras que trabajará Luxor en esta movida es temática y gira alrededor del agua. El objetivo es dejar una metafórica marca visual. Estos dibujos protegen las relaciones entre la gente, no a la casa para que no se inunde o la roben. “Son protectores de los barrios. Lo más interesante es lograr dejar un rastro y que la gente se junte alrededor de la pintura a contar historias. Al toque de que estás en la calle, salen miles de historias. Para mí, ese es el trabajo que tenemos que darnos los pintores de la calle. Lograr utilizar la pintura, más allá de embellecer, para reunir. Que no sea algo tan uno punto cero, que sea un lugar de encuentro, un espacio dinámico para conocerse, intercambiar”. Desde la web de Volver a Habitar (En Facebook: /volverahabitar)

“No puedo llegar a la calle con un significado cerrado. La calle te tira muchas cosas. El significado de la obra lo voy armando con lo que me dice la pared.” Luxor mática. Pero siempre somos los mismos los sectores que tenemos el problema. Con este tipo de iniciativas, seguimos molestando. Si no olvidamos, mejoramos el presente y construimos un futuro diferente. Sobre todo, nos permitimos cambiar el presente, no podemos cambiar el futuro sin pensar la realidad. Yo ideo la obra pensando que el futuro es hoy. Se cuenta desde ahí, desde construir una memoria popular en la vía pública, y que la gente que no sea de La Plata pueda ver lo que pasó. —Una perspectiva alternativa desde la memoria viva… Luxor: —Nuestra tarea es utilizar las calles para contar cosas, lo que se resume en esa frase de que las paredes son los periódicos del pueblo. No olvidarnos de construir una pintura pública y popular. Nuestra pasada por el mundo es limitada: está bueno dejar plasmado en la calle lo que pasaba en tu momento. Son pinturas rupestres contemporáneas de la calle. Cuando pintás, la gente saca las mesas a la puerta, los pibes salen a jugar. La actividad en la calle reúne. Por eso, salir a la vía pública es salir a la seguridad. Que los pibes jueguen a la pelota en la calle o se junten en la esquina es seguridad, en contrapunto a ese discurso instalado de la inseguridad en la calle. Nunca pasó nada en la calle, te ven pintando y la gente se acerca. Si nos quedamos adentro y nos encerramos cada vez, se genera más inseguridad. El miedo se potencia al encerrarse en el individualismo. O vivís o te guardás. Yo elijo vivir, y mis pinturas intentan decir eso.

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NOTA DE TAPA

Rock de acá

CÓMO sIGUE LA mANO…


Después de Cromañón, el rock se suspendió en el centro, pero en la periferia, especialmente en el conurbano sur y La Plata, una generación de músicos y bandas capitaneadas por El Mató A Un Policía Motorizado se apropió de los nuevos paradigmas y logró una lírica con identidad. Gracias al manejo de las nuevas tecnologías y a un mensaje específico, el circuito independiente y underground ya marcó la primera generación del siglo XXI. FACUNDO ARROYO

LAUTARO ARÁNGUIZ (PÁG. 22 y 26) y PAMELA ZARNOWSKY (PÁG. 25)

A

maneras para ejecutar el plan de una banda independiente. En ese horizonte, el indie americano y europeo forjaron un influjo importante. Un ejemplo para reflejar el resultado significativo de este proceso: Daniel Johnston —el californiano campeón del Lo-fi y referente de la escena que tratamos— tocó este año en Buenos Aires y armó para la ocasión una banda con músicos locales. La elección no fue azarosa ni aconsejada: el bueno de Daniel juntó para su banda argentina a integrantes de La Patrulla Espacial, Prietto…, Punga, 107 Faunos y Señor Tomate. Entonces se produjo una buena postal: el tío yanqui contando historias a sus sobrinos lejanos, todos de la misma sangre. A nivel compositivo, la nueva escena se desarrolló con elementos similares que muy pronto recibieron el mote de “indie”, sin que termine de definir características específicas. “Chica rutera”, canción de El Mató…, sirve de ejemplo: “Espero que vuelvas / chica rutera”. No más. La letra, como un haiku suburbano, puede manejar varios estados de ánimo: sonar fuerte o baja, ser la postal de la mejor escena de una película clase B o invertir su sentido en todas las variantes posibles. Las letras de estas bandas, y quizá este sea el rasgo más importante del circuito, tienen identidad propia. Son historias que cualquiera podría vivir. Historias de acá a la vuelta con proyección hacia cualquier barrio del mundo. Luego, habrá detalles que quizás varíen en las bandas: esencia naif, relatos encantadores, suplicios de amor, desamor, borracheras stone. Pero aquí algo quedó bien claro: la lírica de sus canciones es un reflejo de época, un tiempo de sol fuerte que supera la nostalgia. Esa que en el grunge sonaba demoledora. Esa que en el crack de nuestro país 2001 proyectaba el no future. El EP Tormenta roja (2003) de El Mató… y La fruta desquiciada (2004) de Señor Tomate; más el demo Punga de Javi Punga (2004) fueron los primeros en iluminar la futura escena. Entonces, se notó el quiebre que definiría las nuevas formas de desarrollar un proyecto artístico: nuevos paradigmas y apropiaciones a partir del inevitable avance de internet, la difusión on-line, el abrigo de sellos independientes y una concepción de autogestión con fundamento, voluntad de trabajo y ejecución. Las bandas crecieron de la mano de sellos discográficos independientes como Laptra y Triple RRR, entre otros, —armados por amigos de otras bandas o amigos que estudian en la universidad disciplinas relacionadas a la imagen y el sonido— y trascendieron sobre un margen que tarde o temprano recibiría el auspicio (ya no se podía negar) de los medios especializados en el mainstream y los grandes festivales, sin aún ser alcanzados por el resto del circuito comercial: sellos multinacionales, radios comerciales y poco o casi nada de televisión. Esta visibilización se vería reflejada en giras por Latinoamérica y la participación en festivales como “BUE” y “Personal Fest” (Buenos Aires), “Vive Latino” (México) y “Primavera sound” —festival que se realiza en Barcelona y es uno de los más grandes de Europa— de El Mató…, puerta que también se abrió para que 107 Faunos y Shaman salgan a girar por el viejo continente y que seguramente también sirva para las otras bandas del circuito.

l inicio del siglo XXI, el rock en Argentina vivió años de transición. Se editaron pocos buenos discos y el fenómeno de “el aguante” entró en crisis. En ese marco, llegó el 2004, cuando el rock argentino tuvo su herida más dura: el incendio de República Cromañón. Una tragedia con múltiples significados para hablar sobre los jóvenes, su cultura, la corrupción, los políticos, la música y el mercado. Para hablar, hablar y hablar. Esos extensos debates también iban a ser bisagra para que nuevos fenómenos artísticos empiecen a desarrollarse. En ese mismo año se cumplirían diez del suicidio de Kurt Cobain —de un escopetazo en la cabeza, aparentemente el último acto de rock and roll—, La Renga metería 74 mil personas en el estadio de River Plate anunciando el show solo en su web oficial y mediante el incomprobable método del “boca en boca”. Antes, Los Redondos —la banda de rock independiente más convocante de Latinoamérica— grabaría su último disco de estudio (Momo-sampler, 2000). Un año después, se moriría, arriba de una moto y contra el asfalto, Pappo. Pero, en aquel 2004, también, pasaba algo curioso por debajo: unos amigos con una banda de rock de nombre raro sacarían su disco debut y lo anunciarían por internet. Una cadena de mails, en la que se veían todas las direcciones agregadas, decía: “El Mató A Un Policía Motorizado presenta su primer disco”. La tragedia de Cromañón arrasó con la música en la Ciudad de Buenos Aires. La parodia estatal tuvo que salir a cerrar boliches, bares, escenarios no tan grandes y tratar de prohibir hasta el más mínimo detalle que los medios pudieran detectar como “peligroso” o “irregular”. Lo “clandestino” sería perseguido; no era momento para torcer los códigos contravencionales. Así también se dio otro fenómeno: la producción “en vivo” se concentró en los márgenes de la gran metrópoli y condensó lo que sería la creación de un nuevo circuito rock. Dos cuestiones deben ser analizadas en este sentido. Por un lado, para que el circuito aparezca, el contexto debe estar garantizado: el cambio socio-cultural en la idiosincrasia bonaerense permitía esta gestación —la tragedia de Cromañón, la persecución de la música en la Ciudad de Buenos Aires y el desarrollo nuevos espacios en la periferia—. Y por otro lado, se debe entender por “circuito” no solo a las bandas que lo conforman sino también a los lugares donde tocan (ver recuadros), los periodistas y medios que registran el movimiento, los artistas de otras disciplinas que pululan tras esta música y los usos y costumbres que definen al universo artístico: centros culturales, nuevas plataformas para medios de comunicación, redes sociales, estudios portátiles, y el downloads. Esa periferia tuvo dos puntos fuertes en el mapa metropolitano: el sur del conurbano y La Plata. Y algunas bandas conforman el núcleo duro de este circuito en proceso: El Mató…, 107 Faunos, El Perrodiablo, Los Reyes del Falsete, Shaman, Viva Elástico, La Patrulla Espacial, Prietto viaja al cosmos con Mariano, Valentín y los Volcanes, Señor Tomate y Javi Punga —representante de los solistas cuyas influencias se diferencian de la joven camada de “Cancionistas del Río de La Plata”—. El sonido de este nuevo circuito tiene elementos culturales de época en común. La mayoría de sus integrantes escucharon, gracias a internet, bandas por fuera de las promocionadas por los grandes sellos discográficos, apagaron los canales de música (abanderados por MTV) y sacaron ventaja de los nuevos formatos de sonido (mp3, wma, m4a). Estas influencias ofrecieron nuevas

Los chicos Luego de Tormenta Roja, El Mató… sacó una trilogía en formato EP que reflexionó sobre el nacimiento, la vida y la muerte: Navidad de reserva (2005), Un millón de euros (2006) y Día de los muertos (2008), que los confirmó como la renovación del rock independien-

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te y underground. A fines del año pasado y tras la entrega de dos simples —Mujeres bellas y fuertes y Chica de oro—, “porque nos gustan algunos gestos lindos del pasado”, explicaron el gusto por adelantar de esa maneras temas del disco, editaron su segundo LP La dinastía Scorpio. Santiago Motorizado o “el Chango”, su cantante, le saca solemnidad al asunto y explica: “Yo entiendo que parte del trabajo a llevar a cabo es poco romántico. La idea de un rockero que es un bohemio loco-tirado existe y está bien, y tiene una relación con el mundo del arte, pero eso en el rock de ahora es para alguien que tiene a toda una empresa trabajando para él”. Y uno de los compositores más originales del rock es consecuente con esta idea cuando se pone en el lomo el arreglo de varias de las fechas de la banda, diseña la imagen y cada flyer para sus recitales y, en un principio, llevaba adelante toda la difusión. “Cuando lo conocí me sorprendió su aspecto: era enorme y usaba un bombín. Además me mató cuando me dijo lo que hacía: una mezcla de Violeta Parra con Sid Barret. Ahí mismo acepté la producción”, pintó alguna vez Daniel Melero a Shaman, a quien le produjo el último LP homónimo. Shaman, el cantor oriundo de la oscura Comodoro Rivadavia y residente en La Plata, niega a NaN ser el Gurú de la escena: “Eso lo dicen porque soy grandote, tengo nombre raro y los ojos un poco achinados”, ironiza. Pero Shaman olvida su participación como productor en discos de El Mató… (Navidad de reserva y Día de los muertos), su colaboración en La Patrulla Espacial con guitarra acústica y voz, su otro rol de guitarrista en Señor Tomate y, claro, su carrera solista junto a Los Hombres en llamas y ahora como Los pilares de la creación, próximos a sacar su disco debut que será también un LP. “Disfruto mucho vivir en La Plata, es una ciudad muy zarpada. Flasheé eso cuando volví de Europa (hace referencia a su gira del 2012 donde recorrió más de ocho países). Es una ciudad muy tranquila pero en las personas hay un agite”. Durante la primera etapa de estos primeros discos de su carrera y también los de sus bandas amigas a Shaman se lo veía siempre en primera fila en todos los recitales. Parecía el personaje de un cuento de Poe. Luego Shaman se alejó un poco de esa dinámica (“cuestiones de salud”) pero ahora quiere volver, porque ya sabe que Un Planeta y Güacho son bandas nuevas en la ciudad y siente que “hay una renovación”. Los Reyes… grabaron El último nectae en 2008 y La fiesta de la forma en 2009 —más algunos EP’s entre medio: Las ciclovacaciones, Disco duro, Uno de flores—. Pero los de Adrogué prendieron la mecha del reconocimiento como banda cuando Litto Nebbia los llamó por teléfono y los invitó a “charlar y encontrar caminos comunes”. De ese encuentro surgió la grabación de “Los niños” (ver recuadro) incluida en Días nuestros, disco que los colocó como referencia importante en este circuito. Desde entonces, no pararon. “Últimamente tenemos la suerte de tocar en una variedad de lugares increíbles, pero siempre tenemos favoritos y clásicos como Pura Vida, en La Plata, o El Tío Bizarro, en Burzaco. Esos lugares nos llenan el alma de amor, amistad y cerveza”, cuenta su guitarrista Juanchy Manchy a NaN. La irreverencia y la esperanza infantil marcó a 107 Faunos durante su corta vida. Con sus dos LP 107 Faunos (2008) y Creo que te amo (2010) más el EP El tesoro que nadie quiere, adelanto de su próximo larga duración, los faunos andan siempre desordenados y desprolijos. En mayo y junio giraron por Europa y en su camino marcaron la ruta: colores claros e historias del romanticismo más naif hecho en La Plata, capital de la contracultura. El destino de Viva Elástico siempre fue más pop. Por eso en su celebrado Agua, sal y fiebre (2012), la aparición de Leo García y Ale Sergi como invitados fue un acierto para muchos. Aunque también tienen a Palo Pandolfo entre sus líneas y ahí marcan sus influencias: Virus, Smiths y Cerati, pero además Don Cornelio y Nacho Vegas. “Cuando dejaron de hablar de nuestras influencias y empezaron a hablar de Viva Elástico me puse muy contento. Nosotros queríamos ir mas allá de la idea del indie, levantando, un poco banalmente, las banderas del Hi-fi y del Music for the masses, creada por los genios de Depeche Mode en los ´80”, explica Alejandro Schuster.

El camino de Señor Tomate es más artesanal y ranchero. Quizás por su mencionado “Folk psicótico” se aleje un poco del sonido predominante de la escena, pero sus amistades y maneras de producir lo vuelven a acercar a este mundo para confirmar una de las hipótesis de este circuito creativo: “En La Plata se puede armar un recital en cualquier casa y esa situación se aprovecha para dar los primeros pasos como otras miles de bandas de por acá. Y cuando vamos a otros lugares solemos caer en centros culturales y no siempre en los boliches o bares donde se arma movida”, apunta Poli, cantante de Señor Tomate, que cuenta con una discografía compuesta por varios EP’s compilados desde 2004 y dos LP Ritmo de vida (2008) y Allá en la tierra (2012). Si a El Perrodiablo le dicen que pertenece al circuito por ser “indie”, son capaces de mearte en la cara, mientras Doma (su histriónico cantante) desayuna sentado arriba de todos tus discos. Pero ya lo resumió el Chango: “Sería muy romántico ver tocar a El Perrodiablo en la mesa de Mirta Legrand”. No hay que asustarse ni tampoco ponerse estrictos. Es una banda de rock rabioso que no tiene problemas de compartir fechas ya sea con los faunos o con una banda de heavy metal. En mayo de este año, fueron teloneros en la presentación del último disco de Pez —Nueva era, viejas mañas, el más heavy de la banda liderada por Minimal— en el Teatro de Flores. “La esencia de la banda está en vivo, después los discos acompañan. Es una expresión en su máximo estado, es una catarsis, un viaje. El sonido lo podés depurar pero la esencia no. Si sos medio careta vas a ser siempre medio careta”, le escupe Doma a NaN. Entonces sólo diremos que el último disco que sacaron el año pasado se llama El espíritu. Prietto viaja al cosmos con Mariano está descansando —Prietto se dedicó a ponerle guitarra eléctrica, voz y coros, además de la mezcla, al cuarto álbum de Los Espíritus— quizás para siempre. Pero desde Capital, la banda de Prietto y Mariano, un dúo donde predomina la zapada colgada-caótica-conbaladas-yalgunosblues,

La lírica de sus canciones es un reflejo de época: un tiempo de sol fuerte que supera la nostalgia; esa que en el grunge sonaba demoledora o que en el crack de 2001 proyectaba el no future. compuso una obra plagada de EP´s y larga duración lo-fi artesanales —sonido, fabricación y distribución a cargo de los músicos— y canciones que llegaron a ser hits en México. Por eso viajaron hacia tierras aztecas y fueron entrevistados por varios medios como banda argentina revelación. El estilo del dúo porteño también caracteriza a La Patrulla Espacial —el año pasado editó un LP homónimo—, que se suma a esta generación haciéndose fuerte desde el blues psicodélico y suburbano. Luego de dos festejados EP’s Boogie en la luna (2006) y Boogie en el humo (2007), editaron Todos los ocasos (2008), su primer larga duración. Siempre bajo el ala de otro influyente sello independiente: Mandarinas Records. En Valentín y los Volcanes y Javi Punga aparecen las historias encantadoras. Canciones personales que retratan mundos universales. “Ir caminando por diagonal 80 y escuchar en la habitación de un pibe Todos los veranos del mundo (2012, segundo disco de VyV) es hermoso”, celebra Jo Goyeneche, cantante de la banda. En Punga se aglutina la lírica de los cancionistas del circuito — Antolín, Reno, Míster y Lautaro Barceló, entre otros—, pero con una prolijidad y un trabajo arduo para destacar. Punga hace todo con un principio, un desarrollo y un fin. Su acabada obra contiene seis discos, grabados entre 2004 y 2012, cuando editó Rock and roll Punga. Originario de La Plata y radicado en Azul —“la federalización de la escena”, dice—, el solista le canta tanto a Leticia Bredice como a la chica rollinga o la cheta de una ciudad ilustrada. Canta bizarreadas, ironías y suena con un bagaje en Sonic Youth, Tom Petty o Pixies, extendiendo la influencia del resto de las bandas de la escena por ser algo más grande.


Su último discoDías nuestros colocó a Los Reyes del Falsete como referencia importante en este circuito.

Una demostración de que se puede Juan Manuel Strassburger* La génesis del Festipulenta ya la contamos alguna vez: Nico Lantos y yo volviendo (o yendo) en el Plaza a La Plata para ver esas bandas que nos gustaban (107 Faunos, Sr. Tomate, El Mató, Vivita, El Perrodiablo) y cuestionándonos por qué no podíamos experimentar algo parecido en Capital. También aquella nota que escribí en el Suple NO de Página/12 (“Llega el Indie Cabeza”) que alertaba sobre una nueva manera de vivir el indie (más corporal, más desprolijo, más pasional), a diferencia de ese otro (más abúlico, más refinado, a veces más snob) que languidecía en Capital con los estertores de Radiohead. Era 2008, el campo se había levantado en armas y de repente, una mañana, Buenos Aires había amanecido cubierta de cenizas. No es que las bandas que nombré al principio —salvo El Mató— no tocaban seguido en Capital sino que no tocaban prácticamente nunca y, salvo excepciones, no eran registradas por la prensa o el circuito de Buenos Aires. Con Nico, entonces, tomamos el toro por las astas y —con evidente amateurismo, pero también con ideas claras, mucho entusiasmo y ganas de hacer las cosas bien— nos lanzamos a hacer este bendito Festipulenta que el año que viene estará cumpliendo cinco años, 20 ediciones y un Compipulenta (más un segundo en camino) en su haber. Desde el principio supimos que no queríamos hacer otro ciclo de rasgos exclusivos. O sea: entradas caras, consumiciones chiquitas, entorno esponsoreado. No queríamos un evento; sí, algo más acorde al ambiente amiguero que veíamos que sucedía en Pura Vida de La Plata, El Tío Bizarro de Burzaco o incluso Plasma en Barracas. Pero en

tamaño festival: dos días, ocho bandas, agite, emoción, vitalidad. Queríamos recuperar el mito del under de los ochenta y la cultura alternativa de los ‘90, pero desde las bandas de hoy (por eso los DChampions, herederos de Perdedores Pop, estuvieron presentes desde el principio; y lo mismo Hernán Martínez, ex Voltura, y Olfa Meocorde, la otra cara del under porteño). Recuperar el pasado, pero también atendiendo al presente con la bandas que nos quemaban las manos en ese momento. En ese sentido, el lugar fue clave: con todas las críticas que podrán hacérsele al Zaguán (al igual que a cualquier otro lugar), lo cierto es que nos permitió generar el ambiente que buscábamos: ladrillos a la vista, capacidad adecuada, barrio rockero (¿o no había rock en Balvanera en los ‘80?), sonido y condiciones dignas, espacio para armar una feria de comics, libros y discos (¡fundamental!), y una barra que cuando le pedías una birra te entregaba un litro y no un mísero chop. En el Zaguán el Festipulenta fue posible. Y lo mismo podríamos decir al revés: sin el Festipulenta, el Zaguán no sería lo que es hoy, uno de los lugares insoslayables para tocar rock o armar tu movida en Capital. ¿Cómo veo el panorama a casi cinco años de aquel primer Festi? Lo veo mejor sin duda. Más efervescente y diverso. Más allá de los gustos y los intereses de cada uno (que pueden diferir, por supuesto) me parece que el Festipulenta es un gran aliento y un lindo ejemplo para toda movida futura o actual que desee hacer las cosas a su manera y a la vez posea cierta repercusión real. Dejar algo. Creo que el Festi es una demostración de que se puede.

* Es periodista de espectáculos y cultura rock. Escribió entre otros para Clarín, Página/12, La Mano, Rolling Stone, El Acople y, actualmente, para Tiempo Argentino. También co-conduce “La hora pulenta” por Nacional Rock FM 93.7.

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Contale al mundo En el circuito “indie” y underground no son estas las únicas bandas. Pero esta generación, nacida en los ´80, supo renovar de manera revoltosa esa música de tradición popular que llaman rock, a pesar de que hace más de diez años la declaran muerta. Acompañada por otros géneros de tradición popular como la camada de cancionistas del Río de la Plata, la joven guardia del tango o en la creciente actitud urbana fundada en el verso y el scrach. Luego del fiel desarrollo que muestra la escena, también hay renovación. Bandas que comienzan a desprenderse del sonido predominante del circuito pero que sin embargo buscan el mismo espíritu: colgado, arrollador y estéticamente conciente. Esta generación que se crió en el under, ahora va asomando la jeta. Cada uno de ellos fue personal y genuino, compartieron las mismas influencias y los mismos avances tecnológicos, y también comparten fechas en La Plata, el conurbano sur y la Capital. “No necesitás ser famoso, ni mainstream. Vamos a las provincias y la gente nos quiere. Es re fácil disfrutar de eso, así que para qué pensar en lo demás, si ya viene sufi-

“Nosotros queríamos ir mas allá de la idea del indie, levantando un poco banalmente las banderas del Hi-fi y del Music for the masses, creada por Depeche Mode en los ´80.” Ale Schuster ciente gente a los shows como para que estén buenos”, relaja el Chango. Juanchy de Los Reyes… engloba: “Creo que hay muchos sonidos y géneros nuevos. Siempre hay coincidencias, pero a veces pienso que en realidad más que un género o un sonido, la escena y el público es lo que nos une; además de la amistad que tenemos con un montón de bandas del conurbano y La Plata”. Y Ale Schuster cierra con el mensaje pop: “Es tan variado el panorama como divertido. Lo importante, como decía una banda que admiro es ir ‘aprendiendo cada movimiento’”. Como dijo Miguel Grinberg en su Cómo vino la mano. Orígenes del rock argentino: “Algunos creen que el rock es para siempre, una ronda interminable de tipo legendario. Otros consideran que el rock ya fue, quemó todos sus cartuchos y se diluye en el tiempo. Pero lo que más importa no pasa por los vaticinios. Pues más allá de los estilos derivados de este género musical original (o híbrido, como se prefiera) y de las teorías que puedan fabricarse al respecto, en el alma de varias generaciones vibra un concierto supremo, inalterable: el rock que nos hizo y nos hace bien”.

Fiel desarrollo que muestra la escena, la renovación está en marcha con nuevos sonidos.


Su escenario, el Federico Moura Lo primero que pasó con el Bar Pura Vida es que de arranque no les cobró a los músicos para tocar. Pagar para tocar: una fija que se estaba volviendo ley en La Plata. Después dobló la apuesta: la puerta para los músicos y una radio online para transmitir sus propios recitales en vivo y luego, durante el día, armar una pauta de puro rock platense. “Nosotros no buscábamos este reconocimiento. Pura Vida es una circunstancia dentro de la movida que hay, somos parte del engranaje”, suele decir su comandante, Diego Cabanas. El lugar parece un páramo de cemento. Está ubicado en diagonal 78 entre 8 y 61, frente a la Facultad de Bellas Artes, pero sin embargo está aislado. Es una casa antigua y turbia, en donde, cada vez que se abre su puerta, sale una música del carajo. Entre la facultad y el bar está la plazoleta “La noche de los lápices” que sirve de pulmón para los que salen a tomar aire. Allí está el punto exacto entre lo claro y lo oscuro. En la puerta

de Bellas Artes hay una luz de mercurio naranja que ilumina todo el frente del edificio y en la puerta de Pura Vida hay una luz tenue que forma una neblina rojiza cuando se mezcla con el humo que se junta en la entrada. Un separador de Radio Universidad dice sobre ese triángulo: “La manzana de las artes”. Adentro hay un cuadro que pide por la aparición (¡ya!) de Jorge Julio López, calaveras con flores tatuadas en la nuca, dos barras, baños intervenidos por el rock y un escenario con nombre: “Federico Moura”. “El rock va en como cada uno lo quiera vivir. Un recital puede estar bueno con 500 o con 10 personas. Acá, a veces hay esa excitación plena de noches tremendas, y hay veces que a las 11 de la noche uno se emociona con cantautores haciéndole un homenaje a Mister América”, explica Diego y Pantro Puto (guitarrista de El mató) se lamenta: “Nosotros llegamos tarde para la movida de Pura. Nos encantaría tocar de sorpresa en ese lugar”.

esta generación, nacida en los ´80, supo renovar de manera revoltosa esa música de tradición popular que llaman rock, a pesar de que hace más de diez años la declaran muerta.

Un nuevo aporte al rock argentino ¿Qué es eso que empieza como una canción de cuna coreana, con susurros de villancicos del sur del conurbano -uno con remera tropical de La Nueva Luna- y explota con un zen extraño y de pelo largo? Largan juntos: “Siento que te amo”. Patada tras patada en los arreglos musicales aparece la intervención de un solo latoso y falseado que se mete entre el despiole atmosférico del gaseoso clima. Los Reyes del Falsete y Litto Nebbia, en una hermosa y arriesgada cruzada generacional, cantan “Los niños”, una canción que hacía falta. ¿Y si los fundadores del rock nacional siguen atentos a las nuevas expresiones? ¿Y si la vanguardia del rock actual aprendió de quien tenía que aprender? Los Reyes del Falsete sacaron Días nuestros, su segundo disco (sucesor de La fiesta de la forma, 2009) con un invitado especial, sorprendiendo al ambiente. Mezcla de Adrogué con el Barrio de Once, la química surge como si él, cantador de “La Balsa” (en el año en que esa canción cumplió 45 años) y cafiolo de Los Gatos,

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sería su tío, su padrino. Las voces de los Reyes —se sabe: por eso lo de falsete— suenan como hienas de las que no comen carne, de las que ríen de alegría. La banda de Brooklyn y New York MGMT logra captar en su éxito internacional la misma búsqueda que los de Adrogué, de hecho, si vienen al país, un doblete adentro de algún reducto no tan canchero sería una gloria. Santi Amor, de los DChampions, fue el puente y Litto declaró en Radar: “Santiago me acercó unos cuantos discos de gente del sur y me gustaron los de Los Reyes del Falsete y Viva Elástico. Después de mi comentario surgió la posibilidad de que Los Reyes vinieran a mi casa a tomar algo y charlar de música, lógicamente. Nos caímos bien y apareció el convite para participar en su nuevo disco. Me mostraron temas, me gustaron y sugerí algunas cosas”. De algunas de esas cosas surgió la mejor canción del 2012, básicamente haciendo con “Los niños” un nuevo aporte al rock argentino.


CRÓNICA

Desempleo

SE BUSCA, TRABAJO


El índice de desocupación entre los jóvenes duplica la media a nivel nacional. Ante un mercado laboral cada vez más cerrado, este problema se vuelve sistémico. Un cronista de NaN, en primera persona, narra las complejidades cotidianas de una afección que castiga a una generación entera, más allá de todas sus diferencias. Esteban Vera

NAHUS

M

artes 21 de mayo. Al borde de armar un laboratorio para co- días, a las 13 en la dirección que me da, por la avenida Corrientes. cinar meta-anfetaminas ―como tantos de ustedes habrán El día de la entrevista hay una asamblea en la redacción de la punpensado alguna vez―, un día más busco trabajo. Repito la tocom, discuten medidas a tomar para alcanzar un aumento. Me voy rutina del día anterior: apenas me despierto me lavo con prepoten- bien vestido, casual pero prolijo, con una estampita de San Cayetacia la cara y enciendo la notebook. Antes, caliento agua para pre- no, santo patrono de los desempleados, en la billetera. Me acerco, pararme el mate. Regreso a mi escritorio y me siento frente a la una chica morocha imposta una sonrisa y saluda. Le digo que tengo portátil. Le doy play a algún disco on line, chequeo el correo y redes una cita con E. F. Después hace un llamado, le habla a alguien de mí sociales, navego sin rumbo por Internet. En definitiva, hay que ad- y me dice que espere unos minutos. Atravieso la redacción, pequeña mitirlo, procrastino1 antes de leer avisos en las páginas de ofertas y oscura como una vieja oficina perdida de un tribunal, y me dejo laborales y buscar trabajo, aunque necesito un cheque a fin de mes. caer en un banco, mientras frente a mí finaliza la asamblea. Tras Luego leo perezosamente el sumario de un diario. Cliqueo en un unos minutos me llaman a una sala con una mesa larga y varios artículo acerca del desempleo en Argentina. El medio titula “Poco es- plasmas sintonizados en canales de noticias y en el programa de pacio para los nuevos trabajadores2”; la nota intenta consolar y dice Jorge Rial donde me recibe A. L. Luego de una batería de preguntas de rigor, explica que el trabajo que no fue “por una destrucción de puestos de trabajo, sino porque el mercado no pudo absorber a quienes buscaron incorporarse” en será para redactar, refritar y editar notas, y también editar fotos. el primer trimestre del año, como yo; un monotributista categoría B De 12 de la noche a 8 de la mañana, a razón de dos notas y media (hasta 24 mil pesos de Ingresos Brutos por año y 296 pesos men- por hora. Veinte notas por día a ritmo fordista. En síntesis, ofrecían suales de impuestos y obra social), que hace malabares para sub- un trabajo apasionadamente de oficina. El día anterior llamé a una sistir, con zozobra, mientras busca un empleo con una remuneración amiga que trabaja allí para preguntarle qué sabe, qué me conviene mensual. Busco la noticia en otro de los matutinos: también se habla decir. Respondo tratando de causar una buena impresión, exaltando aquí de desempleo, pero con la aridez de una noticia sombría. Alerta: mis pocos meritos y a su vez disimulando, con cuidado, mis defec“En apenas tres meses se perdieron 255.000 puestos de trabajo”3, y tos, sobre todo el no haber terminado la licenciatura de Periodismo, al abandonar cuando me restaban despliega una lectura antagónica, dos materias. pero sin trazos gruesos ni letras Finalmente, el entrevistador altas. En otras palabras: son notas En los jóvenes hasta 24 años hay una tuvo a bien a preguntarme “¿qué infumables. desocupación del 15,3 por ciento, duplicando sueldo andás pensando?”. Pero Escéptico, cierro las pestañas. es una pregunta capciosa y, si Pienso en un reflejo de resisten- la media nacional (7,9 por ciento), según los fuéramos gente cien por ciencia: no debo dejarme intimidar últimos datos. to honesta, responderíamos lo por las interpretaciones de las que pensamos que es justo. Al estadísticas algo engañosas, pero tienen algo de razón, y eso es una mala noticia. Más tarde gugleo final, la frase que nadie escuchar, el latiguillo que trata que el bo“INDEC” y encuentro más números, claro. Siempre fui metódico, así chazo sea lo menos deshonroso e incómodo posible: “En unos días que cliqueo, copio, pego, cruzo, comparo y analizo cifras, porcen- te llamamos”. En ese preciso momento sabemos que no nos van a tajes y variables. Miro las tablas: en los jóvenes hasta 24 años hay llamar, ya que es el equivalente a esos SMS o llamados que nunca una desocupación del 15,3 por ciento, duplicando la media nacional devolvemos. En fin: el primero de una serie de rebotes, mientras (7,9 por ciento). Todo viene a cuento de la búsqueda de trabajo de tiraba con trabajitos temporales, mal pagos, como sucede con un los jóvenes. Las estadísticas me sirven como puerta de entrada a gran porcentaje de jóvenes, siempre entre los primeros en ser golun problema estructural del mercado laboral en la región: el des- peados por las crisis. Pasan algunos días y me entero que pedí más de lo que ofrecían, a empleo juvenil4. En conclusión: necesito dinero, pero estoy desempleado; la ecua- pesar de haber respondido apenas 3000 pesos. Pero sobre todo, el ción me desfavorece, sin lugar a dudas. No soy el único al que le entrevistador A.L. llegó a la conclusión de que soy “fumanchero y de pasa. Pero, ¿para qué negarlo? Al fin y al cabo solo me importa lo izquierda por mi CV”, y yo ni milito ni tolero a la izquierda nacional y universitaria. Aunque en mi CV menciono que soy integrante de un que me pasa a mí. Por lo pronto, abro finalmente las páginas de búsqueda de trabajo colectivo de comunicadores que edita de manera autogestiva una para leer los clasificados del día y aplicar a través de Internet; por revista independiente de cultura. Pero no es para tanto. NOTA: mosuerte quedaron en el siglo pasado esas largas filas de gente, con dificar urgente mi currículum: destacar una pasantía en Página/12, el diario en la mano, que buscan empleo y han acudido al aviso. De una investigación sobre fundaciones privadas en Argentina para una paso, envío a una revista una nota sobre medios de internet, con es- productora de TV y mi formación en la agencia de noticias AUNO de píritu militante, que dan cuenta de la efervescencia del rock indie y la UNLZ. En fin: decepción y a pensar positivamente, aunque en el centro la ola cancionista; medios siempre atentos a un público que escucha una música muy diferente a la que suelen programar las cadenas de esta postura “filosófica” está la VOLUNTAD: si uno quiere algo, lo tendrá. Pufff. Pero algo de optimismo no está de más. Es que, si en sus grillas. la memoria no me falla, una vez escuché decir a un médico en la televisión que la desocupación prolongada causa estrés, depresión *** y afecta severamente la salud de los jóvenes; aparte pronosticaba Mayo de 2012. Es lunes por la mañana y me llaman por teléfono baja esperanza de vida y más posibilidades de ataques cardiacos para una entrevista. Es para editar en un portal de noticias sensacio- en la adultez. nalistas. El hombre habla rápido y le digo que sí a todo. Me pide que *** lleve un CV impreso. Quedamos en una cita para dentro de un par de

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Recuerdo que hace poco entrevisté a un pibe de Villa Fiorito. Busqué en mis anotadores y encontré lo que escribí después de aquella entrevista. Vamos por partes. * El remís en el que viajé, un Fiat Duna rojo, dejó atrás Banfield y se internó en una calle de Villa Fiorito, en los márgenes de Lomas de Zamora. Por aquí no hay un trazado urbano inteligente y la situación de los jóvenes se precariza considerablemente. * Allí nomás viven Estela Rojas y su marido, Mario Espínola. Un terruño humilde como cualquier otro, pero tomado por niños y pibes del barrio. Lo que se dice familia extendida. Ubicada en la calle Bucarest 259, allí funciona desde 1995 la organización Chicos del Sur. De lunes a viernes, los pibes pueden comer y asistir a talleres de carpintería, panadería, música, huerta y manualidades de macramé. Cuestión que le referí a Estela que producía una nota sobre jóvenes que buscan empleo. Y empieza a hablar Estela: “Los chicos del barrio, en general, no buscan trabajo. Es que se sienten defraudados antes de comenzar. Lo que buscan, es lo que entienden está destinado a este sector social: subsidios. Tal vez, alguna changa, pero no hacen una búsqueda formal de trabajo. No lo ven como una alternativa real”. Mario agrega: “Estamos viviendo una era de encierro en el barrio. Las fuerzas de seguridad no permiten que los pibes salgan del barrio. Eso afecta muchísimo a los pibes. No encuentran un par afuera del barrio. Así, para ellos el trabajo es el cartoneo, el cirujeo o el plan social, que ahora no tiene que ver con el clientelismo, sino con tranquilizarlos y desengrosar las listas de desocupados”. * Joan se llama el pibe. Tiene 18 años y los dientes arruinados. Es igual a cualquier otro wachín. Mejor dicho, es igual a esos fantasmas construidos por la clase media que provocan cruzar a la vereda de enfrente al verlo. Cuenta que fue hasta octavo grado a la escuela. Hace tres años vive con algunos amigos. “Todo bien con mi mamá —confía— pero no me llevo”. Por unos amigos llegó hace dos años a la casa de Estela y Mario. Para él, palabras como trabajo y búsqueda de empleo son sinónimo de changas o rebuscársela como sea. Completa Estela: “El razonamiento es: ¿Para qué voy a salir a buscar trabajo, si no me lo van a dar? Internalizan la derrota antes del intento”. * Aquí la otra alternativa es acercarse al puntero de turno y preguntar ¿qué hay? Palabra más, palabra menos, le dirá que se quede cerca, que algo le va a tocar. Con suerte, claro. O ir hasta las ofici-

nas de Desarrollo Social en la Municipalidad y aplicar a un subsidio. Pero pocos toman la vía formal, ya que no saben cómo hacerlo. *** Miércoles 26 de junio. Días atrás, Laura B., compañera de ruta en una revista, vino en mi ayuda y me recomendó para trabajar en la recepción de un hostel de Palermo, propiedad del batero de Pier. Ella me hace pensar en esa posibilidad, qué está cómoda, qué gana bien para bien para vivir sola, que es un laburo tranquilo. Ante la imperiosa necesidad de dinero, no me importa que no sea un empleo relacionado con el periodismo tras varios meses vagando en busca de trabajo. En la entrevista me preguntan si creo que mi nivel de inglés es bueno para hablar con nativos y europeos. Incapaz de codificar oralmente otro idioma que el español, no miento, pero digo “más o menos”, dado que no tengo una good pronunciation and very good grammar, pero le pongo garra. Al final, me dan un formulario de check in y me piden completarlo con mi nombre, apellido, DNI, teléfono, correo y dirección; y me piden una fotocopia del documento. *** Es miércoles todavía. Aturdido por el ruido de la construcción de dos edificios que no me dejan conciliar ideas, leer o siquiera ver un episodio de la adictiva Breaking Bad, decido salir a caminar por el barrio en el que vivo, Palermo, hasta llegar a un café barato y bastante silencioso. Retomo. En el balance entiendo algunas cosas: 1) cuando buscamos trabajo somos encargados de marketing y mercadería, vendedor ambulante y artículo en venta5; 2) hay “circuitos de vida” —me ayuda Bernardo Kliksberg— que hace que los jóvenes sean totalmente diferentes según el estrato social al que se pertenezca (…) Los jóvenes pobres (…) tienen vidas marcadas por la falta de oportunidades (…) y su inserción laboral es muy problemática, difícilmente logran quebrar la situación de privación de sus familias de origen6; 3) en cambio hay jóvenes de clase media que no se niegan nunca a laburar, pero, eso sí, buscan un trabajo a su gusto; 4) la desocupación con el tiempo arrastra consigo un cúmulo de enfermedades; 5) el desempleo juvenil es un problema estructural; 6) no tengo el suficiente conocimiento para cocinar cristales de metanfetamina; 7) estas líneas que glosamos no son novedad, claro; y 8) no crean en todo lo que digo.

1. Del latín procrastinare (diferir, aplazar) se refiere a postergar de manera sistemática para más adelante una tareas u obligación. 2. Edición del martes 21 de mayo de 2013 de Página/12. 3. Edición del martes 21 de mayo de 2013 de Clarín. 4. Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2013, de la Organización Internacional del Trabajo. 5. Véase Zygmunt Bauman, Vida de consumo [2007, Fondo de Cultura Económica] 6. Fascículo III ¿Qué está pasando con los jóvenes? del suplemento especial ¿Cómo enfrentar la pobreza y la desigualdad?, de Bernardo Kliksberg, publicado en Página/12. Link: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-178116-2011-10-02.html


COBERTURA/TEATRO

Al Servicio de la Comunidad

HISTORIA DE UNA TRAGEDIA ARGENTINA Apelando a reminiscencias shakesperianas, esta pieza que cierra la trilogía iniciada con La Patria Fría no solo pone en escena las tensiones de aquella Buenos Aires de 1910 sino que permite repensar la relación entre la política y el arte amateur.

PAULA SABATÉS

U

n burdel de 1910 como escenario. Afuera, montaje y parafernalia en las celebraciones por el primer centenario de la Patria emancipada. Adentro, la dura realidad paralela que el progreso trajo a cuestas. Un grupo de mendigos que ha decidido rechazar la caridad se vuelca al teatro y prepara un Hamlet nacional para enfrentar la pobreza. Ese juego de opuestos crean Mariano Saba y Andrés Binetti en Al servicio de la comunidad (epopeya isabelina), flamante espectáculo que culmina la trilogía de obras con las que los autores buscaron pensar la argentinidad y que completan La patria fría (grotesco ambulante) y Después del aire (sainete oral). Rica en situaciones y de dramaturgia notable, esta pieza que se ve los sábados a las 21 en Apacheta Sala Estudio (Pasco 623) permite pensar la relación entre la política y los grupos artísticos amateur, siempre desde una perspectiva simbólica-metafórica, jamás didáctica. Así, muestra cómo independientemente de la época, estos artistas en general quedaron al margen de los grandes acontecimientos y también de los grandes cambios (en la pieza, por ejemplo, a los mendigos se les prohíbe salir del prostíbulo para no ser vistos por las grandes personalidades políticas que desfilan en la calles). Además de trabajar en la “reactualización del grotesco”, que los autores se propusieron para las tres obras y que se da en el cuidado lenguaje seleccionado y en el uso político y poético que hacen de él los personajes, en

GENTILEZA DE MARISOL CAMBRE

Al servicio de la comunidad la dupla logra algo hecho de ser tantos otorga dinamismo y acparticular: tender un puente entre el teatro del ción a la obra (colabora en esto la escenograsiglo XIX y el siglo XX. En este último aparecen fía, que con distintos ambientes hace que el por primera vez los personajes como tales, tránsito de los actores sea fluido y no haya un con entidades biográficas imaginarias pero, al amontonamiento deslucido en escena). Los igual que todos los humanos, con un pasado y logros de la escritura, principalmente en lo un presente y con características físicas y psi- que refiere al ya mencionado tratamiento del cológicas bien definidas. Ya no hay papeles o grotesco, también son visibles en las interroles estables, como sucedía con anterioridad. pretaciones, lo que hace que la pieza tenga En la obra, sin embargo, los sujetos compar- una coherencia interna que el espectador ten características de ambos teatros: por un aprecia y agradece. lado, son tipos claramente identificables (el mendigo, la gitana, IRÓNICA, PROFUNDA e INTELIGENTE, esta obra la prostituta, el agenPLANTEA UNA NUEVA FORMA DE HACER Y VER TEATRO. te político), y cumplen una función específica. Por otro, están dotaIrónica, profunda y sobre todo inteligente, dos, todos ellos, de personalidades complejas y son perfectamente individualizables. Al servicio de la comunidad plantea una nueLa participación de cada uno está justificada va forma de hacer y ver teatro. No se trata por el lugar que ocupa su universo personal de una de esas puestas que intenta penetrar en la historia general. Esta unión, novedosa al espectador a través de la fascinación y el y bien lograda, otorga a la pieza un carácter shock visual, sino que ofrece una revolución de reflexión sobre el teatro mismo que resulta mucho más profunda de los signos teatrales que tiene que ver con la reflexión, por parinteresante. Como sus predecesoras, la obra es dirigida te de los autores, sobre la disciplina teatral por Binetti, que en esta oportunidad tiene a en sí y las posibilidades que ésta tiene con cargo nada más y nada menos que a doce ac- respecto al tratamiento de una historia. En tores, número ampliamente superior que el este sentido, el texto dramático es una base de los elencos que ―por presupuesto o cues- importantísima de la obra pero no se mantiones de ego― suele verse en los espectá- da sólo a realizar esta conquista sino que se culos teatrales de todos los circuitos. Pese vale de todos los otros elementos ―creados al número, todas las actuaciones son muy cuidadosamente desde su concepción― para logradas y, lejos de distraer al espectador, el despertar sentido.

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ENTREVISTA

Luciano Mansur

EL CORRECAMINOS No es Jack Kerouac ni su alter ego Sal Paradise, sino un joven clown itinerante que recorrió con su bombín y nariz roja Latinoamérica. De paso, fundó el Teatro de Integración Latinoamericana. Aquí rescata anécdotas y detalles de aquel viaje iniciático. EMMANUEL VIDELA Y SOLEDAD ARRÉGUEZ MANOZZO

LAURA BERNATENÉ


U

so que confronta también con el poder de turno. “Yo apoyo a Cristina Fernández de Kirchner, pero soy muy crítico. Mañana voto y al otro día también estoy en la calle diciendo que no quiero la ley antiterrorista”, explica. Se da cuenta que se metió en un quilombo cuando se refirió a la política, no porque no tenga cómo fundamentarlo, sino porque se estaba concentrando en la evocación de ese viaje interminable. Cae de vuelta y siempre que relata es imposible que se separe de sentir a las personas como parte fundamental de su arte: “La gente en Colombia pone de todo para que comas y que puedas llegar a los pibes. O en Perú, en el cerro. Un festival para cinco mil personas. Compartís todo en la villa más extrema del Perú”.

n día de octubre de 2010 Luciano Mansur se las tomó. Colgó el traje de oficinista y se puso la nariz de payaso. Así, de una, se fue para el norte argentino y desde ahí se tiró un lance por los caminos de Latinoamérica. Este chabón criado en Pilar se define por las aventuras y el trote. ¡Vaya trote! El viaje es “el peligro de estar vivo”, precisa y le podríamos sumar a la sentencia lo espontáneo, porque nunca supo dónde iba a terminar cuando a finales de 2010 comenzó a recorrer Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Brasil. Otra vez Perú y Bolivia, y así hasta regresar a Argentina. Mansur es un fuera de serie. Se caga de risa. Tirado en el suelo de la plaza Monseñor d´Andrea, en Recoleta, y con un mate, a este clown lo mata la indiferencia de los que pasan por la calle y de los que no sienten nada por nada, que no se les mueve un pelo. Pequeño detalle: escuchar a Mansur es todo un espectáculo. Le brota lo clown, su ADN es ese. De una, se estalla de risa, pero no siempre fue así. “Sentía que tenía que irme. Tenía todo el trabajo del mundo acá. Trabajaba para el Ministerio de Cultura, además de las clases de teatro. Viajaba en avión. Hasta fui a un colegio católico que me lastimó mucho. Te niegan la historia. Estaba muy tapado, la vida no es esto. Había mucho más y eso lo descubrí después”, relata este payaso de 29 años, egresado de la Escuela de Teatro Andamio/90. Así, transformó al teatro en su vida. Fue el instrumento para encontrarse consigo mismo, en cada pueblo, en cada trabajo, con cada persona. “Fue mi camino ―cuenta―. Trabajé de muchas cosas antes de hacer teatro, pero encontré ese lugar que me expresa… el arte como transformación social”. Entonces, renunció a todo y sin meditarlo tanto partió… ―¿Tuviste que laburar mucho para mantenerte? ¿Cómo bancaste el viaje? ―En el camino, estaba en Sucre, viviendo en la casa de un payaso. Ya estaba trabajando en un negocio de harina. Me levantaba a las 5 de la mañana, bajábamos bolsas de 50 kilos en el lomo, comía en el mercado campesino, en los agachaditos por tres pesos. Los indígenas no entendían qué hacía un gringo ahí. Ahí empezás a ver las manos, la historia de los hombres, la historia de nuestra tierra, más apegado a Latinoamérica, al terruño. Todo eso es raíz. Y la historia también la tiene. Empecé a investigar sobre las cosas que no aprendíamos. Ahí se me ocurrió el teatro de insurrectos latinoamericanos, de teatro indigenista, de insurrección. Me dije: “Yo soy guerrillero, pero no quiero las armas para el cambio”.

“YO SOY GUERRILLERO, PERO NO QUIERO LAS ARMAS PARA EL CAMBIO.” Humor de aquí y humor de allá ―¿Qué te sorprendió en las intervenciones callejeras? ―El humor. Todo es diverso. En Cuzco, en las plazas, los humoristas se burlan del público, pero los machos se la bancan. Te están bardeando y se quedan. Bueno, es el humor que les gusta. En Bolivia, el humor es más chabacano. La mujer se la ve desde una visión machista. Te empezás a mimetizar con los acentos. Podés hacer una antropología del público. Acá, el teatro está en la ciudad, dicen que es más sofisticado, pero la verdad es que la ciudad se chupó todo siempre. ―Y, ¿en Buenos Aires qué encontrás? ―Si yo digo: “Estoy acá y la plaza se derrite. Caen gotas. Acá triste, solo”. Si te ponés a decir esto, es porque estás al pedo en tu casa, tenés guita y te ponés a hablar de estas pelotudeces. Y es muy violento por un lado, pero no quiero estar en esa vereda. Tampoco estoy bardeando a ese tipo de teatro, no es lo mío. En cambio, en el afuera te encontrás la espontaneidad de la gente. No es el público que te dice “¡ja!, ¡ja!, ¡ja!”, porque eso es muy lindo. Pero venite afuera. ―En esa mirada de los otros tipos de hacer humor, ¿cómo definís lo que hacés? ―Si lo miramos desde el etnocentrismo argentino, el teatro que hice es una cagada. Pero ahora, si unos pibes se juntaron para hacer teatro, en lugar de fumar paco, e intuyeron, sin ningún maestro, es diferente. Digo: ¿Qué ponés en la balanza? ―¿Qué te llevaste de los barrios? ―Me gustó mucho trabajar con chabones a mí lado. El barrio siempre me saca las “s”. Cuando me viene la magia, es la potencia. Capaz esa fugacidad es mucho más valiosa. A veces siento que acá hay mucha gente que quiere ser actor, pero como un osito, es decir, que pongan una moneda y que te saquen y que te pongan como quieran. De algún lado me pega. Todo el tiempo lo reviso. ¿Qué apuestas tenés? Sos excelente actor, pero no podés dormir en tu casa, tranquilo. Pese a tanto trote, corridas y pateadas por las calles de Latinoamérica, aun así Mansur no olvida sus raíces más cercanas, esa Buenos Aires “mística y llena de cemento”, según la pinta. “Acá, muchos pibes ponen mucha plata para hacer teatro y encima cuando terminan, no pueden vivir de eso. Terminan animando de Harry Potter en los cumpleaños. Solo dos trabajan en la televisión y morfan de eso. El resto se queda laburando en otro lado, en el call center, donde te cagan explotando”, lamenta Mansur. Un poco más de aliento le queda a este trotamundos, y se explaya por otras experiencias teatrales que conoció, que fueron negadas cuando se encontraba en la vorágine de la Ciudad de Buenos Aires. Se detiene. Ahora califica y, sí, enumera: “Hay muy poco teatro muy bueno. Todo eso bueno está en Perú, en el grupo Yuyachkani. En Ecuador, el grupo Malayerba. El Teatro de los Andes, de Bolivia. En Venezuela, La Barraca, ese no me acuerdo bien. Todos descentralizados”. Pero todo llega a su fin, en parte. Después de la gira por Latinoamérica, a fines del año pasado, regresó a Argentina, y decidió tirar los bolsos en el placard, aunque, esta vez, ya no regresó a la oficina, sino que siguió con la nariz roja. “Volví a fines de septiembre. Argentina está caliente, me quise a quedar, a aportar acá historia, hice todo el resto para hacer esto”, reflexiona.

Integración artística, pa’lante De ahí, cayó a las artes escénicas, pero no en las tablas, encerrado en una sala, manifestación artística que no desmerece, sino que, de tono conciliador, siente que no es lo suyo: “No me cabe”. Ahora sí, ya no es el “teatro de los insurrectos”, sino que se carga el grupo del Teatro de Integración Latinoamericana, un movimiento que armó con tantos otros payasos a medida que fue conociendo los rincones de América. Se mimetiza con ese movimiento que hizo surgir en el golpe a golpe del viaje. “Con lo cotidiano y el teatro de calle nos acercamos más a la gente. Los buscamos y los enamoramos, porque a pesar de que no tengamos grandes recursos, nos enfocamos en la actuación, que es lo más importante”. El cuerpo lo es todo, y así lo vivieron los venezolanos de Puerto la Cruz, Valencia, Tucupita, Guanare y los Valles del Tuy, algunos de los escenarios, las calles y plazas que recorrió, casi sin un mango. No es cualquier país, para Mansur, Venezuela. Descansa allí, “el visionario” ―el comandante Hugo Chávez―de la “patria llena de amor”. Tampoco se privó de estar junto al espectáculo La Rumba Varieté, en el pintoresco parque caraqueño Francisco de Miranda, donde también fue recibido por “toda esa gente linda”. El payaso estaba en acción y ese mismo impulso lo llevó al Parque Central y a la Universidad Nacional Experimental de las Artes, en el marco de festivales de títeres y clowns. De un salto, de tierras bolivarianas pasó a Colombia, país donde este clown viajero le da fin a sus andanzas por los países hermanos. “Todo es autogestionado allá”, apunta. Esas tierras donde existen maratónicas sesiones de narraciones orales en universidades, en plazas y calles, se mezcló con la alegría y la garra que llevaba el paya-

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CONTRATAPA

Vivir y crear en Cuba

La isla de los desafíos Un cineasta al que no le gusta el apelativo, un estudiante de microbiología con alma de trovador, un periodista que no puede evitar hacer literatura y una colega que entiende el pulso cultural de Cuba accedieron a compartir sus visiones sobre los retos que hoy propone el quehacer artístico en la isla. NaN abrió sus páginas para que cuenten sus motivaciones, sus preocupaciones pero, por sobre todas las cosas, cómo marca sus días ese lugar mágico, debatido entre odios y amores. Yeneily García (PRODUCCión)

NAHUEL LAG Y Ailin BULLETINI

El desafío es insertarse en la contemporaneidad con la fuerza de lo propio por Yeneily García * Cuando me piden hablar de mi país generalmente me ponen en un aprieto. ¿Qué decir? ¿Qué no? Siempre recuerdo la advertencia que nos hacían cada vez que coincidíamos en eventos o festivales con “amigos de otras naciones” hace ya tiempo, cuando estaba en la universidad: “Cuando hablen con ellos, ustedes serán la cara de esta sociedad”. Y eso, créanme, es una pesada carga. ¿Me entenderán los “amigos”? ¿Sabrán discernir que detrás de todas las críticas, del desaliento que a veces asoma de un poquito, de la sensación de desconcierto, del encogimiento de hombros que ofrecemos los cubanos cuando no podemos explicar algo, se esconden unas inmensas ganas de hacer (y deshacer) porque nos nace, porque nos viene por herencia, porque la apatía se acaba cuando llega la hora de hablar más allá de las consignas? Los de derecha sólo quieren oír sobre lo que está mal y lo que falta: las calles sin asfaltar de la Vieja Habana, tan cerca de las maquilladas para bien del turismo internacional; los ancianos y niños que se acercan a conversar y de paso te piden una moneda; la escasez, el atraso conectivo y la falta de vivienda. A los de izquierda hay que perdonarles el entusiasmo y oírles proclamar que tenemos suerte de vivir en el paraíso socialista donde las carencias no importan si se tiene dignidad, sin saber que ya ese no es el lenguaje que los más jóvenes quieren escuchar y que los más de 50 años de llamados al sacrificio ya no surten efecto. No es el mismo escenario ni somos los mismos. Es difícil mantener las expectativas de todos. Unos y otros marchan un poco descorazonados cuando perciben que no somos el infierno, pero tampoco el paraíso que esperaban. Para los que aquí vivimos (y creamos), Cuba es una realidad que marca todo lo que hacemos. En varias ocasiones, artistas de las más heterogéneas corrientes han afirmado que si no hubieran nacido y crecido en la Isla su obra hubiera sido muy distinta. Y no hablo del entorno tropical, las palmeras, el mar azul y el sol castigador. Hablo de esa cultura de resistencia que definitivamente ha permeado todo cuanto hacemos y a la que nos aferramos en un ambiente en el que definitivamente las leyes de mercado marcan la pauta y los grandes centros imponen una hegemonía que controla las mentalidades en todos los órdenes de la vida. Pues nosotros consideramos que, ahora mismo, la cultura de resistencia es la alternativa de todo el Sur. Todo arte joven es por definición un ente trasgresor y a menudo viene aparejado con la intención de incomodar e indagar sobre lo que no se habla “oficialmente”. Pero, en Cuba, hay más, porque aquí también se advierte una intención social, una tendencia hacia el reflejo y la

Fuera de La Habana no existen tantos espacios de difusión del arte joven.

transformación a través del reconocimiento de la realidad, a menudo la más hiriente y dura, con el propósito de comunicar circunstancias particulares a un público más amplio. El gran reto de los artistas jóvenes cubanos es insertarse en la contemporaneidad con la fuerza y la autonomía que emerge de lo propio, de una búsqueda de un espacio en el mundo cultural de hoy sin comprometer por su eso su visión. Son muchos los jóvenes cubanos que apuestan al arte, y muchos de ellos se encuentran en la Asociación Hermanos Saíz (AHS), una institución cultural que agrupa de manera selectiva a escritores, artistas, intelectuales y promotores de todo el país menores de 35 años y que labora con fuerza para promocionar el trabajo de los artistas que integran sus 16 filiales. En sus más de veinte años de existencia ha funcionado como puente entre el sistema institucional y la producción artística más arriesgada desde el punto de vista estético. Los que por allí circulan son hombres y mujeres que tienen un trabajo que suple medianamente sus necesidades económicas y que, en sus ratos libres, crean porque no pueden evitarlo, porque tiene necesidad de expresarse y hacer llegar su mensaje. Todos desearían vivir de su arte. Muy pocos llegan a la posición en que pueden darse ese lujo. Entonces, ¿por qué seguimos haciendo arte a pesar de lo difícil del camino? Quizá por tozudez, porque tenemos mucho que decir, porque la misma realidad nos empuja o porque nuestro temperamento, cocinado a fuego lento por siglos de mezclas y herencias, no permite la pasividad.

* 26 años. Editora de la sección Cultura de la Agencia Cubana de Noticias. Completó la licenciatura en Periodismo en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en la provincia cubana de Villa Clara. Vive en La Habana.


En Cuba tienes tiempo para crear por Carlos Machado Quintela *

Lo mejor y lo peor de hacer arte en Cuba La palabra artista siempre me ha dado miedo. Prefiero pensar que soy un carpintero que en lugar de trabajar con madera, lo hace con otro material, aunque de todas formas tenga que usar el martillo. Siento que, de vivir en Cuba, lo mejor es el tiempo. Tener demasiado tiempo es malo, porque realmente te desvirtúa mucho, a veces te aleja de lo que debes hacer, pero tener tiempo disponible es importante. Aquí en Cuba hay mucho tiempo para perder que le puedes dedicar al cine por ejemplo. Pasan muchas cosas que, a simple vista, no generan ningún interés. Pero, el hecho de tener tiempo para no hacer mucho, me permite paradójicamente hacer bastante. Eso me gusta de Cuba, tener tiempo para hacer cosas que me llaman la atención y encontrar pepitas de oro en esa pérdida de tiempo. Entonces, el escuchar un montón de gente hablando de repente se convierte en alimento para el cine. Lo bonito que tiene este arte es, justamente, que puede alimentarse de cualquier cosa. A lo mejor voy a la panadería y oigo algo allí que me sirve de material para crear: puede ser un diálogo, una situación que ocurra, lo que sea en cualquier momento del día. Pero no todo es bueno. Muchas veces desarrollas un proyecto hasta el punto en el que se traban, no los puedes seguir y lo engavetas. Eso sucede en todas partes del mundo, pero siento que en Cuba es más frecuente. Mucho se pierde por trabas burocráticas y un montón de factores que no tienen relación necesariamente con lo que uno quiere hacer, con lo creativo. Por ejemplo, para el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el organismo rector del cine cubano y a la vez casa productora, la gasolina puede ser un problema a la hora de hacer una película. En otros países, tal vez, lo son cuestiones de índole creativa, no cuestiones administrativas. Cuba está llena de eso y, al final, se vuelve una carrera de obstáculos.

Motivaciones Hay cosas que me seducen. Entre ellas la voluntad, en tanto cualidad inherente a las personas. Me llama la atención cómo a veces uno sigue luchando —y no hablo en términos políticos— y tiene la voluntad de seguir adelante aunque no se logre nada. Tener esa capacidad y demostrarse a sí mismo que se la tiene es algo que me llama mucho la atención. No es algo que he tratado, pero es algo sobre lo que quisiera contar.

La falta de recursos se nota. Es complicadísimo grabar un demo o conseguir instrumentos nuevos. ese deseo y sin protestar porque él es el cliente; tienes que buscar la manera de adaptar tu trabajo y hacerlo funcionar. De todas formas, hay veces en las que hay que discutir, porque no cabe.

El mercado

Arte joven en la Cuba de hoy

Vivo en Cuba. Aquí no hay mercado. No pienso en eso. Mucha gente no piensa en eso aquí. Es muy difícil hacer una película y vaticinar que les gustará a todas las personas que la vayan a ver al cine. Es posible que hagas cosas que les sea afín a un grupo, sea más grande o más chico. Entonces, lo que realmente tengo que hacer es ser fiel a mí mismo porque mientras más sincero sea conmigo, mejor puede ser la película y si es mejor, va a irrefutablemente a llamar la atención. A lo mejor no, pero digamos que ése el modus operandi que llevo a cabo ahora mismo. Y no pienso en el mercado mundial. He hecho concesiones cuando he trabajado de guionista. Esto tiene que ser así porque si el director lo pide, uno tiene que tratar de encontrar la forma de integrar la narración orgánicamente a

Realmente no sé si gusta o no. Hay tanta gente haciendo tanto y que no se conoce. Si eso es aquí en La Habana, imagínate en otros lugares en los que no existen espacios para la difusión. Hay cosas que están por encima de lo que uno puede hacer. A lo mejor si hubiera otros medios, si hubiera Internet (NdE: la hay, pero no cuenta con la capacidad para cargar películas online) tal vez los mismos artistas podrían encargarse de hacerse existir. Hay mucha gente haciendo cosas buenísimas que no llegan al gran público. Un amigo le prestó su casa a otro amigo pintor. Era un muchacho de venticortos que hacía cuadros que me parecieron muy interesantes, que llamaban la atención. Sin embargo, ese muchacho no está, sólo existe en la sala de la casa de mi amigo.

* 28 años. Cineasta. Estilo: especialista en cortos, integra la nueva generación de realizadores audiovisuales cubanos. Aseguró que su ópera prima, La Piscina (2011) -la historia de cuatro adolescentes discapacitados y su entrenador durante un día en una piscina-, “refleja a la sociedad cubana y su actitud en el tiempo que le ha tocado vivir”. Marca personal: Cosechó premios en el 33º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, el Festival Cinelatino de Toulouse, Francia, y el XXX Festival Internacional de Cine de Miami.

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Cuba es el escenario ideal para inspirarse por Alejandro Ulloa Rodríguez *

“El mar marca a la creación artística con un sentimiento de aislamiento”, señala Alejandro Ulloa Rodríguez.

Lo mejor y lo peor de hacer arte en Cuba Cuba es una gran generadora de historias, de personajes y de contradicciones. Cuando uno se sienta a escribir cualquier cosa, ya sea una crónica, un cuento o una poesía, siempre va a estar matizado de toda una realidad convulsa, cambiante y que tiene diferentes modos de expresarse. Lo peor es la falta de espacios para la joven creación que no está insertada en mundos como la AHS o la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y las barreras geográficas que tiene que superar todo artista que no viva en la Habana a la hora de buscar una superación, de espacios y contactos de debate, de socializar sus contenidos. Los premios son importantes, pero cuando haces un balance, comprendes que no existe la planificación de mercado para que un escritor pueda penetrar los públicos. No hablo de crear hábito de lectura, sino vender un producto artísticamente concebido, culturalmente influyente en la realidad cubana. Entonces, te puedes encontrar un libro ganador del Premio David en una librería abarrotada de ejemplares y sin ninguna venta.

Motivaciones Prefiero la poesía de las cosas, la poesía de la vida, donde en una parada de guagua puedes encontrar muchas historias, muchos rostros que pueden hacerte contar esta realidad diferente. Me interesa mucho la visión de la mujer; hago muchas analogías entre Cuba y una mujer. Aunque exista el machismo, creo que las mujeres andan en este país por encima de cualquier machismo.

También me nutro de mi vida personal, de las experiencias que vivo y las comparo; trato de imaginarme otros mundos, otras personas, que son enteramente posibles.

El mercado La insularidad es algo que marca al cubano desde siempre. Somos una isla que por diversas razones a lo largo de la historia se ha mantenido más hacia adentro que hacia fuera, por la misma particularidad de no tener fronteras y tener el mar. Ese mar marca la creación con un sentimiento de aislamiento, en algunos casos con un nacionalismo absurdo, como eso de que “Cuba no se parece a nada”. Cuando te ves así, insertarte en mercados internacionales es difícil. La influencia del mercado, por otro lado, afecta las creaciones. Cuando eres popular, encontraste un nicho y estableces un nombre, puedes dedicarte más honestamente a crear, a establecer pautas creativas. La otra parte está cuando haces demasiadas concesiones y te divorcias de los que los públicos necesitan como consumo cultural. De todas maneras aquí tenemos nuestros propios códigos; creo que no estamos tan permeados de literatura comercial y eso es bueno.

Arte joven en la Cuba de hoy Existen espacios para el arte, pero son para las élites. El cubano medio no sabe quienés son los escritores y artistas jóvenes. No existe además fuera de la Habana un mecanismo de propagación de ese arte, que sea asequible.

* 24 años. Periodista y escritor. Estilo: Combina el diarismo con la literatura y las funde en su blog www.esquinasdecuba.com. Marca personal: su corta estadía en La Habana no le ha quitado la espina y el dolor por los que todavía sufren a causa la fatalidad geográfica que afecta a todo el que vive y quiere hacer arte en provincia, Santiago de Cuba.


No puedo escribir canciones si no son acerca de lo que veo por Javier San Juan Galán *

Lo mejor y lo peor de hacer joven artista en Cuba Lo mejor es la musa; la hay de sobra, porque hay bastantes problemas, pero muy poca gente dedicada a enfocarlos. Tenemos un antecedente muy importante: todo el legado que nos dejó la nueva trova allá por los años ´60 y ´70, que venía bien cargada de canción de protesta y que intentaba denunciar los problemas de la sociedad en aquel entonces. Lo peor es la cuestión de la falta de recursos. Es complicadísimo siquiera grabar un demo y con la cuestión de los instrumentos sucede algo similar. Creo que el impulso que le dan a estas cuestiones las instituciones vinculadas al mundo de la trova es favorable. Conozco gente de la revista el Caimán Barbudo y a Fidel Díaz Castro, su director, quien es increíblemente atento, sobre todo con los trovadores jóvenes, y siempre está muy dispuesto a promover el arte hecho por jóvenes.

Caminos para darse a conocer La AHS es una vía hasta cierto punto, pero tienes que jugar con el mercado aunque no quieras. Tengo amigos que son miembros de la AHS y sí, los conocen en su barrio o en la zona donde se han logrado insertar, pero mas allá de eso no han llegado. Muchas veces las peñas que consiguen son alejadas de los centros culturales o complicadas para llegar y no siempre la aceptación de lo que se hace es la mejor. No me gustaría tomar sólo a La Habana como referencia porque sé que se hacen muy buenas cosas en el resto de las provincias. El trabajo es muy amplio en Santa Clara y en Oriente. En La Habana, las peñas El patio de la EGREM y La Utopía, en el Diablo Tun Tun son buenos espacios aunque es una lástima que la gente joven no se los haya apropiado. Hay otras peñas que no están impulsados por ninguna institución y que funcionan en algunos talleres de determinados artistas, enfocadas no sólo en la trova, sino en la poesía y el teatro. En Cienfuegos están los Novos. En Oriente se llevan a cabo cosas interesantes, sobre todo en Guantánamo. También están los festivales, entre ellos el Longina de Santa Clara y el de la canción de protesta, que también contribuyen al intercambio entre los artistas de provincia e incluyo con cantautores extranjeros. En las Romerías de Mayo, en Holguín, hubo muchos músicos brasileros y argentinos.

Muchos artistas son buenísimos músicos, pero caen demasiado en lo rebuscado o en lo comercial. des la canción. Por esto culpo un poco a la influencia foránea. Fito Páez y Pedro Guerra son excelentes compositores y saben lo que están haciendo, pero los locales muchas veces los imitan sin éxito.

El mercado A veces uno se tiene que ir por la línea comercial aunque no quiera. Yo estudio. Estoy metido en una carrera universitaria de la que pretendo graduarme y ejercer. Hacer las dos cosas es bastante complicado, pero hay personas que sí, que están enfrascadas en lo que están haciendo y por muy bueno que esté su trabajo, necesitan dominar el mercado. Con lo que vendan es con lo que podrán llevar a la mesa un plato de comida, por lo que no les queda otro remedio que hacer cosas que le gusten a todo el mundo. Lo genial sería encontrar el equilibrio, lograr algo lo suficientemente bueno como para que a todo el mundo le guste y con lo que te sientas lo suficientemente cómodo.

Motivaciones y temas Siempre he tratado de exponer lo que se ve a diario, de no mercantilizarme. Recuerdo que Frank Delgado —otro cantautor— se denominaba a sí mismo un “cronista de la vida”. Yo también me siento así. Al final, la esencia del trovador es narrar historias y tratar que la gente se siente reflexionar sobre ellas. Se ha perdido un poco eso de tratar que el público o quienes escuchan la canción se pongan a pensar. “La gente no está para que le digan las verdades”, me dicen a veces. ¿De qué quieren que escriba si lo que veo por la televisión es caos y enciendo la radio y es lo mismo? No puedo escribir canciones si no son acerca de lo que veo y el resto de la gente que está haciendo cosas a veces se tapan los ojos, se monotematizan y te sueltan, una, dos, tres y cuatro canciones de amor. Están buenas, pero no todo es amor en el mundo. Muchos artistas son buenísimos músicos, pero caen demasiado en lo rebuscado o en lo comercial y llega un momento en que no entien-

Arte joven en la Cuba de hoy Siempre habrá cosas malas, pero creo son más las buenas. Sería muy bueno que retomara lo que se hizo con el movimiento de la Nueva Trova, cuando el Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico y Leo Brouwer trató de alguna manera de culturizar musicalmente a esa gama de trovadores de aquella época. Hay mucha gente que no tiene idea de que está haciendo cosas buenas porque no sabe de teoría musical. Me siento uno de ellos: he estudiado música de forma autodidacta, no tengo un conocimiento amplio, pero me gustaría nutrirlo. Sería genial si se dieran cursos de capacitación.

* 22 años. Trovador. Estilo: Heredero del movimiento de la “nueva trova” e influenciado por algunos de sus nombres clave, como Santiago Feliú y Pedro Luis Ferrer. Forma parte de la joven vanguardia musical, llamada “novísima trova”, que se niega a que desaparezca la figura del cantautor como cronista social y que lucha por hacerse oír, en un ámbito casi enteramente dominado por los géneros musicales bailables. Marca personal: es estudiante de Microbiología en la Universidad de La Habana.

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ENSAYO

Violencia institucional sobre los jóvenes pobres

Callejones sin salida ¿Cuál es el laberinto que están obligadas a recorrer las personas que buscan en el Estado una mano para ayudar a sus hijos e hijas? ¿Qué encuentran esos jóvenes, en lugar de aquello? Palos en un mostrador, indiferencia en otros. La necesidad de que existan mecanismos y actitudes para evitar recorridos que terminen en la muerte lenta del encierro o en la inmediata de la bala policial. Claudia Cesaroni*

L

as noticias recurrentes sobre niños asesinados me retrotraen a unos años atrás. En 2009 trabajaba en una oficina pública del área nacional de Derechos Humanos en donde me sentía parte de lo que Pierre Bourdieu llama “la mano izquierda” del Estado: “(El) conjunto de agentes de los ministerios llamados dispendiosos, que son la huella, en el seno del Estado, de las luchas sociales del pasado”. Este sector, conformado por asistentes sociales, educadores, magistrados de base, profesores y maestros, se enfrenta a la mano derecha, en la que militan los banqueros, burócratas y gabinetes ministeriales: “Creo que la mano izquierda del Estado tiene la sensación de que la mano derecha ya no sabe o, peor aún, no quiere realmente saber lo que hace la mano izquierda. En cualquier caso, ya no quiere pagar su coste. Una de las principales razones de la desesperación de todas esas personas procede, en realidad, de que el Estado se ha retirado, o está a punto de hacerlo, de cierto número de sectores de la vida social que le correspondían y de los que se responsabilizaba: la vivienda social, la televisión y la radio públicas, la escuela pública, la sanidad pública, etc...”1 Esa sensación de que a una parte del Estado no solo no le importa sino que le molesta lo que intenta hacer la otra parte se siente fuerte en esos espacios en donde resuenan palabras como derechos humanos, lucha contra la impunidad, violencia institucional. Sobre todo cuando toca atender a madres de jóvenes asesinados por la Policía o dejados morir en cárceles y comisarías. Casi siempre las que van a pedir ayuda a las oficinas públicas son las madres: llorosas, graves, sintiéndose culpables. Una parte de su tiempo la usan para eso, para recorrer oficinas, cárceles y comisarías. El resto, para cuidar la casa y al resto de los hijos. Distribuyen los recursos: el salario escaso y los ingresos que llegan a través de las políticas sociales. Mano izquierda y mano derecha se juntan para asegurar el control social de los sectores populares. Dice Loïc Wacquant: “Esta dinámica unión de las manos izquierda y derecha del Estado opera a través de una distribución familiar de los roles entre los sexos. La burocracia de la ayuda pública, ahora reconvertida en un trampolín administrativo hacia el empleo inseguro, asume la misión de inculcar el deber de luchar por el trabajo a las mujeres pobres (e indirectamente a sus hijos): el 90 por ciento de los beneficiarios de asistencia social en Estados Unidos son madres. El cuarteto formado por la policía,

Gastón Souto

TÉLAM

los tribunales, las cárceles y los custodios de quienes están en libertad condicional o bajo palabra asumen la tarea de domesticar a sus hermanos, novios o maridos, y a sus hijos: el 93 por ciento de los reclusos en Estados Unidos son hombres”.2 Los números por aquí son similares: el 91 por ciento de las personas privadas de libertad en el ámbito federal son varones, y las cifras se repiten en todas las jurisdicciones.3 Como hacían las Madres de Plaza de Mayo en la dictadura, aprendiendo al andar, en 2009 otra madre buscaba ayuda en una oficina pública. En las oficinas de la dictadura, la respuesta era el silencio, las promesas falsas y en ocasiones el pedido de dinero para prolongar más la agonía vestida de esperanza. A veces se les decía que sus hijos habían muerto en enfrentamientos, porque se habían querido fugar o que estaban en Europa. O directamente no les respondían nada, porque, como señaló el dictador Jorge Rafael Videla en una célebre y brutal conferencia de prensa, “los desaparecidos no estaban ni vivos ni muertos, no eran, no tenían entidad”.4 La madre que en 2009 llegaba a una oficina pública de la democracia se llama María Angélica Urquiza. Mostraba una libretita prolija a la que llamaba “la libretita de Jonathan”5, donde anotaba nombres, teléfonos y direcciones, como los de la titular del Juzgado Nacional de Menores Nº 5 y sus empleadas, sobre todo el de una que le preguntaba, cuando ella pedía una solución para su hijo: “Pero señora, ¿usted no entiende lo que le digo? Usted tiene obra social, el Estado no puede gastar plata en su hijo”. Jonathan, de sobrenombre “Kiki” y de apellido Lezcano, era difícil como todo adolescente de 17 años, y más todavía porque consumía drogas en exceso —sobre todo paco—, había abandonado el colegio y necesitaba un amparo que su familia buscó una y otra vez. María Angélica Urquiza había intentado encontrar ayuda en la justicia “de menores”, el espacio donde una parte de niños y adolescentes van a parar recurrentemente acusados de delitos que casi siempre comienzan con una “resistencia a la autoridad”. Resistirse a la autoridad es la versión policial de un acto básico de autodefensa: negarse a una detención, sobre todo cuando esa detención es sin motivo, por puro hostigamiento, para diversión de la tropa y como mecanismo para mejorar las estadísticas a los ojos de los jefes y de la población “sana”. He visto un acta de detención de un niño de


Aquel peregrinaje de Angélica es igual al de tantas Mirtas, Elbas o Juanas: comisarías, juzgados, centros para adictos, institutos, cárceles, cementerios, siempre a las oficinas públicas.

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Resistirse a la autoridad es la versión policial de un acto básico de autodefensa.

13 años cuyo motivo era “salir corriendo cuando vio que se acercaba el patrullero”, firmada por un policía de la Comisaría tercera de Avellaneda, ubicada en pleno Dock Sud. O, hace dos semanas, otra que fundamentaba la detención a una muchacha de parte de la policía de San Rafael, Mendoza, por “actitud sospechosa”. Si un adolescente al que se pretende detener (o “aprehender”, como dicen más eufemísticamente los mendocinos) intenta negarse, por razones de justicia —o sea, porque no hizo nada malo como para ser detenido— o por razones basadas en el natural temor de ser maltratado, pasará a tener una causa penal: “Atentado y resistencia a la autoridad”. Y si además de intentar que no lo lleven, lanza un insulto al aire, aprieta el brazo del “agente del orden” o apenas “pone manos en la autoridad”, la causa se agravará y tendrá más pena: de seis meses a dos años.6 Aquel peregrinaje de la mamá de Jonathan es demasiado parecido al de tantas Mirtas, Elbas o Juanas: idas a la comisaría, de la comisaría al juzgado, del juzgado a los centros para adictos —de donde sus hijos les suplican que los saquen porque el tratamiento consiste en pastillas o vejaciones—, visitas a los institutos, después a las cárceles, a veces a los cementerios, siempre a las oficinas públicas. En ocasiones, el rol de madres lo cumplen otras mujeres de la familia. Allí está Vanesa Orieta, buscando a su hermano Luciano Arruga. Pero no solo desde el 30 de enero de 2009, cuando desapareció, sino desde mucho antes, cuando los policías de Lomas del Mirador lo levantaban en la calle y lo detenían, lo retenían por horas, le pegaban un rato y luego, gracias a la insistencia de madre y hermana, lo entregaban: “El 22 de setiembre de 2008, Luciano es detenido. Cuando Vanessa lo va a buscar y mientras un policía de apellido Torales (teniente), está hablando con un fiscal cuyo nombre desconoce, preguntándole qué hacer con Luciano, que no tenía documentos, escucha que su hermano grita porque le están pegando. Ella también grita, y cree que sus gritos son escuchados por el fiscal, porque se encontraba

muy cerca del teléfono. Aproximadamente a las 20 es entregado a su madre. Cuando se están por ir del destacamento, Luciano le señaló a su madre qué policía le había pegado. La madre intentó obtener el nombre de ese policía, pero éste no se dio vuelta ni se identificó. Los policías le decían: ‘Bueno, Negrito, callate porque te vamos a volver a meter.’”7 Tres meses después, y hasta el día de hoy, Luciano desaparece. No está. El 7 de julio de 2009 Jonathan Ezequiel Lezcano estaba parado conversando en Lugano, su barrio, con su primo Sergio (19) y su amigo Ezequiel Blanco (25). Se acercaron dos policías. Uno le dijo: “Una vez sí, pero dos no, Kiki. Voy a ser tu sombra”. El otro le sacó una foto con su celular. Un día después, Jonathan Lezcano y Ezequiel Blanco se tomaron un remise, prometieron volver en una hora, y desaparecieron, como Luciano. La mamá de Kiki llenó su libretita con los nombres y las direcciones que recorrió durante dos meses: juzgados, fiscalías, comisarías, organismos públicos. Imprimió fotos, hizo carteles, fue a Missing Children. La foto de “Kiki”, sonriente, apareció en programas de televisión y diarios. Mientras todo esto sucedía, Jonathan Ezequiel Lezcano y Ezequiel Blanco estaban muertos. Los había matado un policía federal el mismo 8 de julio en el que Jonathan se despidió de su mamá diciéndole “me voy a ver a mi chica”. El hecho fue caratulado como “robo de automotor”. Las carátulas judiciales describen lo que la burocracia entiende como importante, o lo que cuenta que se está investigando. A veces, marca al sujeto equivocado: en un caso resonante en el que se juzgó un robo a la salida de un banco que tuvo como consecuencia la muerte de un bebé a punto de nacer, el “nombre” de la causa era el apellido de uno de los acusados que, después de pasar dos años preso, fue absuelto. La carátula que albergaba la causa en la que se contaba el destino de Ezequiel y Jonathan no aludía a dos jóvenes muertos, sino a un robo. Y como eso era lo más importante, el titular del Juzgado de Instrucción Nº 49, Facundo Cubas, ordenó rápidamente liberar al policía que supuestamente se defendió del intento de

robo matando con dos balazos al primero y con otro al segundo. Un video brutal, difícil de ver, muestra al policía burlándose de los estertores de Jonathan, sentado en su auto, muriéndose. Su cadáver estuvo enterrado como NN por orden del juez Cubas y por eso su mamá no pudo encontrarlo hasta el 14 de setiembre de 2009, cuando fue a preguntar qué novedades había en la Fiscalía 44, donde había denunciado el hostigamiento de los policías de la Comisaría 52. Allí le dijeron que su hijo estaba fallecido, y la mandaron al Juzgado de Instrucción 49, en donde le escribieron en un papelito verde: “Morgue Judicial. Junín 760 cadaver nº 1563/09 (Jonathan Ezequiel Lezcano) cadáver nº 1562/09 (Nelson Ezequiel Blanco)”. En la morgue, un empleado leyó el nombre de Jonathan en el papelito y dijo: “No, no, a éste ya lo enterramos el viernes como NN, el otro está a punto de salir”. Pasaron varios años desde la desaparición de Luciano y el asesinato de Jonathan y Ezequiel. Pasaron otros adolescentes con nombres parecidos. Recordé esos casos y esas módicas ayudas que pudimos ofrecer los manoizquierdas del Estado, mientras leía acerca de las sucesivas y valientes acciones del defensor penal juvenil de La Plata, Julián Axat, denunciando el asesinato de siete adolescentes en el lapso de un año, en el marco de procedimientos similares. Axat —que tiene a su madre y su padre desaparecidos por la última dictadura— llamó a esa masacre “Prácticas de eliminación social de jóvenes prontuariados8: siete homicidios de niños de entre 11 y 17 años: Maximiliano De León, de 14 años, el 1 de agosto de 2012; Franco Quintana, de 16 años, el 27 de diciembre de 2012; Lucero Axel, de 16 años, el 27 de febrero de 2013; Rodrigo Simonetti, de 11 años, el 6 de junio de 2012; Omar Cigarán, de 17 años, el 14 de febrero de 2013; Sebastián Nicora, de 16 años, el 18 de febrero de 2013; Bladimir Garay de 16 años, el 19 de mayo de 2013. Los manoizquierdas, a pesar de las derrotas, siguen batallando, para que los lucianos, jonathans, maxis, francos y sebastianes puedan evitar recorridos que terminan en la muerte lenta del encierro o en la inmediata de la bala policial.

1. Pierre Bourdieu, Contrafuegos, Barcelona, Anagrama, 2000, págs. 12 y 13. 2. Loïc Wacquant, Castigar a los pobres, el gobierno neoliberal de la inseguridad social, México, Gedisa, 2009, págs. 45 y ss. 3. Estadísticas del Servicio Penitenciario nacional. 4. Artículos periodísticos varios en donde se rescata la frase de Videla, registrada en video. 5. Los fragmentos citados corresponden a una colaboración titulada “La libretita de Jonathan”, publicada en la Agencia Pelota de Trapo. 6. Código Penal de la Nación 7. Informe sobre Luciano Arruga elaborado por la autora en febrero de 2009, para el Programa Nacional de Lucha Contra la Impunidad. 8. Axat, Julián; Prácticas de eliminación social de jóvenes prontuariados.

* Abogada especializada en derechos de las personas privadas de su libertad; referente del Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos.


RESEÑAS 2.0 por Esteban Vera

COMÚNDRAMA

REBELDE MULE

PANAL DE IDEAS

comundrama.blogspot.com.ar

rebeldemule.org

panaldeideas.com

ediante el peer-to-peer (P2P), modelo de intercambio descentralizado a través del cual los usuarios comparten archivos que tienen en sus propias computadoras, la comunidad de camaradas rebeldemule.org apela al download de largos, cortos, documentales, libros y discos, como herramientas que generen conciencia social. En el fichero de esta mula hay sobre todo películas para sociabilizar, desde estrenadas recientemente a otras rescatadas de celuloides de principio de siglo XX. Como todo puede ser clasificado, cuenta con una nube de tags para ayudar en las búsquedas. Claro, anticapitalismo, marxismo, anarquismo y represión, son algunas de sus categorías.

s una plataforma de financiamiento colectivo (crowdfunding) independiente que permite a artistas hacer una vaquita 2.0 para volver realidad sus obras. A cambio, los colaboradores reciben una compensación de acuerdo con su aporte cuando la idea se vuelva real. A diferencia de Idea.me o Banana Cash no cobra comisiones; aunque sí realiza una curaduría para decidir si es viable o no la propuesta. Con el acento puesto en la cultura under, los seguidores pueden financiar artes plásticas, teatro, fotografía, diseño, libros, revistas y danza, entre otras disciplinas. Por lo pronto, hay nueve proyectos on line pasando la gorra.

CAMINO CANCIÓN

FAN

LULA BAUER

youtube.com/user/caminocancion

radiolk.com.ar

flickr.com/photos/lulabauer

L

a web como escenario de la creación de dramaturgias en proceso o no estrenadas de jóvenes dramaturgos es lo que ofrece el recientemente estrenado comundrama.blogspot.com.ar, sitio creado y dirigido por la actriz, directora y dramaturga Vanina Montes. Así se pueden conocer cómo se gestan algunos esbozos de textos teatrales que podrán o no ser montadas en un teatro o servir de disparador para elaborar otra obra. En su cartelera se pueden leer guiones de Agustina Muñoz, Natalia Casielles, Ariel Monteleone o la joven promesa Camila Fabbri, entre otros. Los textos son acompañados por breves biografías de los autores.

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uscripto a la experiencia primordial del vivo, como Sonido Ambiente TV o La Blogothèque del director francés Vincent Moon, este proyecto naciente busca registrar a músicos latinoamericanos. A través de su canal de youtube.com/user/ caminocancion se pueden ver videoclips, que incluyen unas pocas preguntas en off para presentar al artista. Por lo pronto, ya grabaron videos con la cancionista Marina Fages, la joven folklorista Luvi Torres y el bajista uruguayo Daniel Maza. Al igual que sus predecesores, todos los cortos son filmados con mínimos retoques audiovisuales, con pocas tomas y sin butacas ni público de por medio.

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in lugar a dudas, el nerdismo juvenil hoy es buena onda después de años de estar asociado al paradigma de los “perdedores”. De su venganza da cuenta el magazine FAN con su dedicación fetichista al mundo de las historietas, de los superhéroes, los videosjuegos, Internet y el cine. El programa, que está en el éter virtual desde mediados de abril pasado, tiene un formato cercano al talk show de la AM. Conducido por los pibes de la distribuidora de cine independiente VideoFlims Hernán Panessi (colaborador de esta revista) y Flope Babouian, el ciclo va los domingos de 17 a 19 por radiolk.com.ar. Que la fuerza los acompañe.

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nstantáneas de recitales, retratos y momentos robados a Tomi Lebrero y su puchero misterioso, Pablo Dacal, Alvy Singer, Lucio Mantel y Julieta Rimoldi, entre otros cancionistas que discuten la sociedad artística imperante, es lo que documenta, algo vertiginosamente, la fotógrafa Lula Bauer (Buenos Aires, 1979) con su Flickr. Con la identidad de la nueva canción popular como atmósfera, su galería flickr.com/ photos/lulabauer es una exposición de 499 imágenes de las fotos que viene sacando con su cámara en los últimos siete años. Ideal para conocer los rostros de esta generación de músicos mientras se escucha “lo que está sonando”.


Cuadritos, periodismo de historieta por Andrés Valenzuela

Sobre la crítica de historieta

El extraño oficio de escribir En el universo de los cuadritos se vive un auge en la producción de discurso sobre el cómic, con la novedad de que ya no es sólo para el lector fiel, sino que es apto para todo público. Así ha ganado espacio en diarios, revistas, suplementos culturales, la academia e incluso en la pantalla chica.

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unca hubo tiempo mejor que este para hablar de historieta. Desde luego, es una afirmación temeraria. Más si se lanza desde un espacio dedicado al periodismo y crítica de historieta. Analicemos un poco más la cuestión, entonces. El discurso sobre historieta no es nuevo. Sin salir de las fronteras argentinas, en los ’60 Oscar Masotta y otros intelectuales argentinos, siguiendo las corrientes académicas que llegaban de Europa, intentaron descubrir lo específico del universo de los globitos. Para la misma época salía la revista Dibujantes (de corta resurrección digital hace unos años) orientada a los profesionales del medio. Con los años el interés académico se mantendría en casos aislados. En las décadas que siguieron, varias revistas de historietas incluían artículos sobre ella. Fue la era de los Trillo, los Saccomanno y los Sasturain. En los ’90, afirmada la paridad cambiaria y con la industria local lanzando sus últimos estertores, llegó la invasión de material norteamericano a precios irrisorios. Ahí surgió Comiqueando, para facilitar la circulación de información de las escasas publicaciones locales y ayudar a distinguir al lector entre “la papa fina” y las apuestas más olvidables de Marvel, DC, Image y compañía. Aunque está plagado de omisiones, todo el párrafo anterior resume los puntos más altos de cinco décadas de discurso sobre historieta. ¿Qué pasa ahora? En este momento hay en un canal de cable (Encuentro, oficial)

un programa que habla sobre historieta que va por su cuarta temporada en el aire. En un diario razonablemente influyente (Página/12) hay una sección mensual de crítica de historietas, y suelen publicarse noticias y entrevistas a sus autores. En los otros diarios hay periodistas especializados, aunque no aborden tanto el tema (Diego Marinelli en Clarín, Juan Manuel Domínguez en Perfil). La Nación una vez al año intenta convencer a sus lectores (o a sí mismos) que la historieta “ya no es sólo para chicos”. Varias revistas de buena tirada incluyen reseñas o notas sobre historieta (Inrockuptibles, Rolling Stone). En un momento u otro, todos los portales de noticias publican alguna nota dedicada a la disciplina. También hay webs especializadas, como la que da origen a estas páginas o la reconvertida Comiqueando. En lo académico, surgió un congreso internacional (Viñetas Serias) que nuclea los desarrollos de la región. Allí abundan los becarios volcados a investigar el pasado de la historieta argentina. La UBA abrió un área de “narrativas dibujadas” y en la Universidad Nacional de Córdoba hay un grupo de trabajo dedicado a este lenguaje. En otras universidades, también empiezan a surgir trabajos de investigación y teóricos. Los libros que surgen de estos trabajos están en muchas librerías. Las instituciones oficiales tomaron nota de ello y ahora la Biblioteca Nacional tiene un Archivo de historieta y humor gráfico. El párrafo anterior resume un simple corte temporal: el día en

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Descubrí más en http://avcomics.wordpress.com/

que se escribe este artículo. Más allá de la extensión entre un párrafo y otro, de la cantidad de cosas que suceden hoy y el desarrollo de las décadas pasadas, conviene prestar atención a un elemento fundamental: antes el discurso sobre historieta se dirigía al especialista: al académico ya interesado, al lector fiel, al comiquero. La historieta como consumo cultural del que tenía sentido hablar no cabía en los medios de comunicación pensados “para todo público”. Eso cambió. La cuestión está, en todo caso, en ver cómo y por qué cambió. En los círculos académicos empieza a reconocerse que ciertos prejuicios que persistían empezaron a disolverse. Esa idea de la historieta como “arte menor” o cosa limitada a las aventuras y los superhéroes (como si de cualquier modo, ya eso de por sí no fuese material para jugosos análisis). Las facultades de comunicación y ciencias sociales ya entienden que las viñetas son un objeto de estudio válido. Las de bellas artes, en cambio, aún están un paso más atrás y los alumnos dependen más de su inquietud y de la fortuna de encontrar un profesor piola que de un programa que la contemple.

En el campo periodístico se operó un doble cambio. El primero hacia adentro de los medios, que gracias a la irrupción de algunas grandes obras empezó a entender a la historieta como un lenguaje del que tenía sentido hablar. Y por otro lado, un aspecto derivado del desarrollo de la disciplina como industria cultural. La historieta se alejó del campo de los consumos “populares”. El acercamiento a las librerías y la pérdida de espacios en los kioscos de diarios y revistas es el síntoma de ello. Por supuesto, un cambio en tirada, modo de circulación y formato también supone un cambio necesario en el modo de llegar a conocimiento de los lectores. Ya no basta con una tapa atractiva y estar expuesta a la vista. Así que la historieta se suma al circuito de recomendaciones, críticas y artículos que también recorren discos, películas, obras teatrales y literatura. Este cambio es fundamental, pero también tiene otra pata: tiene que haber material para reseñar, comentar y autores a los que entrevistar. Y los hay. Por suerte, sino, estas líneas no existirían.

Las formas de la crítica por Laura Fernández *

Un juicio estético lo puede hacer cualquiera, pero ¿qué nos lleva a superar esta instancia casi caprichosa para desarrollar su justificación y, en los mejores casos, llegar a entender si esta valoración se sustenta o no? Distingamos entre “la crítica” como una actitud, un posicionamiento ante la realidad, y el campo de la crítica, es decir, el sistema donde actúan estos actores legitimados como críticos. Quién o qué los autoriza es un debate largo para discutir. Subrayo, en cambio, el primer aspecto, porque permite pensar que la crítica no necesariamente está sujeta a un formato en particular. Antes de ampliar esta idea, me parece importante explicar que los estudios y la crítica sobre historieta en Argentina tienen una historia que no es lineal ni unidisciplinar. A grandísimos rasgos, existe una primera época en los años ´60 y ´70 (Masotta, Steimberg, Verón) renovadora, lúcida y de predominancia académica. Casi en paralelo, las fronteras entre crítica y producción de historietas comienzan a difuminarse (primero con Trillo, Bróccoli y Saccomanno, poco después con Sasturain y De Santis). Ellos son el puente para la crítica que se desarrolla desde los noventa hasta la actualidad. La heterodoxia en el análisis no solo aparece en las “herramientas” teóricas, también puede tomar la forma de una historieta. ¿Metalenguaje? En algunos casos, aunque este recurso no se limita a una simple moda: es también

la búsqueda de nuevas estrategias para mirarse, para entender el presente del medio. Una actitud crítica nos permite evaluar nuestra situación, nuestros méritos, carencias o necesidades. Nos orienta en cómo y hacia dónde crecer. La expansión de la historieta en estos últimos años tiene, más allá de algunos motivos económicos y sociales, una gran base de sentido: poder mirar críticamente aquel “pasado dorado” que nos suele intimidar como un maestro severo. Hoy, cada evento, cada terreno ganado debe aprovecharse. Grupos como el de Estudios y crítica de la historieta, de la Universidad de Córdoba, o la flamante Área de Narrativas Dibujadas y Animadas, en la UBA, son espacios que fomentan e incluyen la crítica desde diferentes disciplinas, de gente que pertenece al mundo de las viñetas o que se acerca a él. Gente que, por sobre todo, lee y disfruta de las historietas. * Laura Fernández es historietista, profesora y licenciada en Artes Visuales (UNCuyo). Tiene título de Magister en Arte Latinoamericano y es becaria del Conicet, mientras cursa su doctorado. Como dibujante colaboró en distintas antologías, revistas y portales web, además de publicar los libros Ani (con Roberto von Sprecher) y Vientre (con Roy Leguísamo y Nacha Vollenweider). Su libro Historieta y resistencia. Arte y política en Oesterheld (1968-1978) recibió una mención en los últimos Premios Banda Dibujada.

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Formas lúcidas de registro por Juan Manuel Domínguez *

Por instinto, por hecho fáctico y erosionador de mi vida y sus consumos culturales, por hermosamente artificial, se me hace imposible, tremendamente, crear una argumentación de por qué importa (o no) el escribir sobre cómics (obvio hay variantes dentro de esa actividad: periodismo informativo, texto fanático pegajoso, reflexión real y sin lastre de fanboy, rayos X académicos). Reprogramando: no tanto imposible sino que me aterra la posibilidad que se traduzca esa acción como un gesto que busca hacer universal un don (o maldición) que me dieron determinados cruces e híbridos culturales (la imagen sería una especie de villano chillón que quiere crear una nube gaseosa para que todos padezcan su condición física). Algo que quizás no debería salir del hemisferio derecho de mi cerebro. Pero sí, en ese vagón de recuerdos cruzados, puedo entender que en mi vida como PacMan de historietas fue tan fundamental pispear el Breccia de La gallina degollada a la edad equivocada como cazar y fascinarme con ese mundo inmenso que me presentaba cada ejemplar de Historia de los Cómics, que pude vivir mucho tiempo sin saber quién era cada autor de Batman pero que un día descubrí quienes eran y eso se me hizo un hermoso lugar donde seguir la historieta. Amo a los historietistas. Los respeto más

que a cualquiera de mis átomos. Pero amo, y demasiado, los diarios de la cultura: tener la posibilidad de entender instantes de la industria cultural, sea por meras entrevistas que solo querían llenar páginas o por reales intentos de mostrar la humanidad detrás de la página, es algo que me fascina. Por eso amo leer sobre cómics tanto como leerlos: la crítica se me hace una de las formas más lúcidas de crear un registro sobre un instante que alguien, algún día, con suerte podrá leer dentro de un mosaico más grande. La crítica, la investigación, la foto, la recreación, la crónica: cada uno que lidie con sus demonios (la zonza y muy de consorcio idea de que solo los que crean pueden pensar un arte) y yo seguiré entendiendo al mundo desde gente que escribe cómics. Y desde la que escribe sobre ellos. * Juan Manuel Domínguez es periodista cultural y crítico especializado en historieta. Es colaborador en las revistas Inrockuptibles, Bacanal, Rolling Stone y la norteamericana The Comics Journal. También en el diario Perfil y ocasionalmente publica en los suplementos Radar, Ñ, y ADN. Además, integra el equipo de organización del Festival Internacional de Historietas Viñetas Sueltas y colabora con el Bafici.

El papel se muere por El Niño Rodríguez *

El papel se muere. Chau pasta de árboles, vas a seguir estando en todas nuestras vidas para limpiarnos la estrellita pero ya no para que te impriman dibujitos con tinta. Y con el papel se muere la historieta. ¡Chau historieta! Fuiste uno de los tantos lenguajes que dio la explosión de las comunicaciones en el Siglo XX, y te vas yendo, junto con los cigarrillos y el teléfono de línea. Aw, no se pongan así, che. Tuvo sus momentos. Nos dejó buenas historias y personajes que explotaron a través de toda la cultura popular analógica mundial del siglo pasado. Para los críticos, será perfecto. Porque los críticos de historietas viven llorando. Lloran siempre. Lloran como tono permanente y quejoso en toda nota que se lea sobre historietas. Siempre hay una razón para la lágrima en el mundo del cómic, el relato melancólico de una decadencia interminable. Porque no se vende como hace cincuenta años. Porque se vende menos que el año pasado, o el próximo. Porque se mueren los autores viejos, viejísimos. Porque

los nuevos no tienen espacio, y siguen surgiendo para realizar un arte sin demanda. Porque hay cosas buenas que nadie conoce. Porque lo que todos compran es una garcha. Por esto por lo otro porque ay, ay, ay. Imagínense qué panzada de drama cuando salga la última revista de historietas, la última del mundo, como el rinoceronte extinguiéndose para siempre for ever and ever. Ahí los críticos todos juntos en llanto unánime le gritarán al mundo YO SE LOS DIJE Y NO ME ESCUCHARON para realizar luego en forma total, grupal y demente un sepukku masivo. Sepukku o bukkake, no me acuerdo. No soy tan Otaku. * El Niño Rodríguez es historietista, humorista gráfico, ilustrador y diseñador. Además de colaborar en cantidad de revistas y de exponer en infinidad de muestras, llevó la tira diaria Lucha peluche en el extinto diario Crítica, recopilada por Ediciones de la Flor. Hoy publica un chiste en el interior del diario Clarín.

Entrevistas Reseñas Noticias Más. Más.


COBERTURA/MÚSICA

Benigno Lunar

EN LA CIUDAD DE LA EUFORIA POP La banda de rock oriunda de Córdoba visitó los pagos porteños para presentar un nuevo repertorio de canciones guitarreras que conjugan euforia juvenil y pop sensible. GUSTAVO OBLIGADO

MARIELA BOBBA

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nteojos de marco grueso, ropa de feria americana. Cuatro a sus borrachas horas de ensayo. Tanto en “Sin dormir” como en benignos se calzan sus instrumentos en un perímetro reduci- “Amuleto” pusieron en evidencia una oferta cancionera anclada en do, que los amuralla entre paneles de sonido. El frío invernal la nueva escuela post Cromañón que lidera, entre otros, El Mató A porteño recibe a los cordobeses de Benigno Lunar en la primera Un Policía Motorizado. El último disco de Benigno Lunar, el tercero de su carrera, se enraíza semana de junio, en una gira relámpago. Hipnotizan oídos en la casa-cueva donde funciona El Archibrazo, en Almagro. Un espacio en diez temas de tres minutos promedio que permiten una amistosa cultural propicio para presentar las canciones del disco recién saca- escucha. El resultado es una postal musical que combina estribillos pop con contundentes arreglos de guitarras. El pulso de la batería do del horno: La religión de los árboles (2013). El nuevo repertorio que mostraron en Buenos Aires y también en pasa al frente en estas nuevas composiciones, sin llegar a ser invasiva. La Plata tranquilamente podría ser parte del menú de alguna atenta En definitiva, es una fórmula que ya habían trabajado en los dos discos estación de FM, pero a los benignos las cosas se le dan de a poco y anteriores Astronauta (2009) y el homónimo Benigno Lunar (2007). Pero el nuevo LP apunta a sostener con firmeza lo que hoy mal a su tiempo. Con la autogestión a flor de piel y el empujón que sigllamamos “indie” y que sirve para nificó llegar a la final del concurso caracterizar una forma de hacer Conexión ’07 —organizado por la las cosas. La decisión central revista Inrockuptibles y la Alianza LOS CORDOBESES COMPARTEN UNA BÚSQUEDA del grupo es reforzar ese sonido Francesa— se sumergieron en un ESTÉTICA CON BANDAS COMO TOBOGÁN ANDALUZ Y guitarrero y componer los temas viaje por un mapa musical que es VALENTÍN Y LOS VOLCANES. agregándole arreglos más sutiles. caldo de cultivo constante. Lo primordial, para ellos, es manNicolás Rizzo (bajo, guitarra y voces), Guillermo Ochoa (primera guitarra), Tomás Ferrero (bajo, tener una actitud rockera pero comprometida y encarar las letras guitarra y voces) y Emanuel Bastos (batería) son cuatro estudiantes desde una poesía desganada e ilustrativa, que habla sobre patas de veinteañeros de Villa María que allá por 2005 se enfrentaron a un rana y huracanes. El resultado, entonces, engloba una esencia más proyecto musical con el plan de pasarla bien. De esa forma, acu- homogénea. Los cordobeses abren un horizonte distinto y sorprenden cuando mularon aventuras que luego se transforman en letras. Algunas de ellas parecen brotar desde la euforia juvenil, y otras sorprenden con suenan los primeros acordes de la canción que da título al disco. La melodía se apoya en un colchón de notas de teclado y deja al incursiones de un pop sensible. Con la idea de cambiar el aire de las sierras, cultivaron amista- público hipnotizado durante unos minutos. El tiempo del tema se des con bandas bonaerenses con las que comparten una búsqueda retrae y repiten: “nosotros adoramos a la lentitud”, y el reducto de estética como Tobogán Andaluz, Valentín y Los Volcanes, y Digisa- Almagro parece hamacarse en una cuna gigante. La pieza es el gas. Las noches largas en los bares donde suelen coincidir termi- ejemplo de su pop más sensible y provoca un quiebre con el resto naron por forjar una amistad y una ida y vuelta que se refuerza con de la lista propuesta. El público se amontona en rondas grandes para estar cerca de los esta nueva visita. Durante una hora, los cordobeses repasaron los temas de su úl- músicos y en silencio escucha los sutiles arpegios de “Ficciones”, timo registro y se animaron a esbozar algún estreno. En vivo, su del segundo disco. Termina el tema y algún nostálgico se anima a música confirma una prolijidad desprolija que sobresale gracias pedir una canción de Pavement.

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CUENTITO Y AL PIE

“HAPPY END” GABRIEL FERNÁNDEZ CHAPO *

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manezco y ya el olor a fritura de mi vecina me perfora la nariz. No tengo opción. Mi vejiga hinchada es un globo aerostático que me lleva sin escala al baño. ¡Mierda! ¡Por qué carajo siempre está inundada esta mierda! ¿Me escuchás? Ya puteo como vos. ¡Qué mal! Con las medias mojadas, no quiero mirar al doble que me espía desde el espejo del baño; le esquivo la mirada. Sé que ninguna pasta dental podrá extirparme lo rancio que llevo dentro. Me siento un vaso sucio más que espera infructuosamente ser lavado desde hace días en la pileta de la cocina. Deseo evitar este día. Aspirarme del almanaque este número y mes. Dejo el espejo y me acomodo silenciosamente en la cocina en un titubear de piernas somnolientas. Si espero algo tuyo, es después del mediodía. Antes imposible. No hace falta explicar por qué. Traigo desde la cama una gota de sudor dibujándome un signo de admiración en la espalda. Saco la jarra de la cafetera. Trato de recordar cuándo hice ese café. ¿Hace dos días? No puedo recordar. La fiaca le gana a mi fucking prevención y ahí nomás me clavo un café tibio calentado en un microondas con manchas de la salsa fileto de anoche. Ya no me queda tabaco para armar, pero no me quiero alejar del teléfono. Por las dudas. Por esas mismas dudas que después me voy a criticar. Por la puerta entreabierta del cuarto, se ve el pie desnudo de Naty escapar de las sábanas. Eso es lo que más me atrae de ella. Tener solo pinceladas de su ser, pedacitos dispersos de su persona. La totalidad me agobia. Por eso sólo la amo dormida, o en primerísimos planos, o por teléfono, o enferma, o cuando está de viaje, o cuando nos sentamos en asientos diferentes en el bondi. Ni siquiera ella con su risa fácil y sus tetas generosas me da algo de alivio. Dejo las horas trepar el reloj mientras recuerdo cuánto te admiraba. Qué estúpido se siente uno cuando recuerda las cosas que lo fascinaban de chico. Con el tiempo, te sentís un terrible pelotudo y te dan ganas de pasarle borratinta a la historia de tu vida. Sí, vos eras mi ídolo. Mi gran ídolo. Cosa rara, ¿no? Pero lo eras. Te pusiste arito hace veinte años. Y no en una, sino en las dos orejas. Y el pelo te llegaba a mitad de la espalda cuando los caretas se lo cortaban al ras. Hace veinte años carajo. No nos perdíamos ninguna marcha ni movilización. Yo era pendejito pero ya medio que entendía la cosa. Me corregías las faltas de ortografía de las pancartas que pintábamos todos los jueves. Ni hablar de cómo juntábamos monedas para comprar papel y lápiz y mandarlos a Cuba. Yo sí me acuerdo de esto. Viviste con furia el esplendor de los ´80. Hasta te creía esa historia de que una noche te emborrachaste en un bar del centro con Enrique Bunbury, o uno de los Mecano, o vaya a saber qué español que andaba de gira por aquí… Que se pelearon sobre si el genio de The Beatles era Lennon o Mc Cartney, que te gritó “que os den por culo” y que vos te bajaste los pantalones en medio del bar y ofreciéndoles tus nalgas, le decías “pues hazlo tú, cagón chupacirios”. En aquellos años, si hubiera podido, me habría calcado tu vida en mis días. Un llanero imposible de domesticar. Naty se despierta, busca su ropa interior entre las sábanas y se levanta. Me da un beso donde reconozco mi propio olor. Se roba el último sorbo de café que queda en mi taza, me dice algo que no recuerdo y

se va vistiéndose por el pasillo. Ya ni se preocupa en hacer la cama. Ni yo en prepararle el desayuno. Solo tenemos sexo por inercia. Para no sentir que los años se vuelan. Para cansarnos y poder dormir. Me sirvo otro café. Esta vez frío. Ni ganas de poner los treinta segundos en el aparato. Suena el teléfono. Sé que no sos vos. Pero igual atiendo impostando la voz y queriendo sorprenderme. “Metete el auto y toda la concesionaria bien en el orto, máquina de mierda.” ¿Quién le dijo a esta pelotuda empresa de telemarketers que pertenezco al target de los que pueden comprar un auto 0km? Forros. Fíjense el prefijo. Vivo en un barrio del “Tercer Cordón”, como les gusta llamarnos ahora en los medios. Hasta hace unos años nos comíamos las palomas acá. Le tiro un toque de cognac al café frío. Ya sé que a vos no te gusta. Las bebidas no se mezclan. Primero te bajás una cosa y después la otra. Que se mezclen adentro carajo. La tarde avanza lentamente. Paso buen rato pensando las cosas que debo hacer, pero que no haré. Abro una lata de atún y unas galletitas de agua. Me lleno el cuerpo de migas y la cabeza de preguntas. Empiezo a prometerme las cosas que debo cambiar. Doce menos cinco de la noche y ya estoy seguro que no vas a llamar. Vos. El que le ofreció el culo a una estrellita del rock español de los ´80 en pleno bar. No lo vas a hacer. Y como no lo vas a hacer, lo hago yo. El teléfono suena treinta dos veces hasta que atendés. Las cuento. Ya lo sé. De acuerdo al número de veces que lo dejás sonar, me doy cuenta lo mal que estás. Te encuentro completamente borracho. Tu ronquera grave whisky y Rivotril. ¿Cómo estás? No parece bien. Me contás que te querés ir a bailar y te interesa saber si está bien que te pongas desodorante en las pelotas por las dudas. No llego a contestarte y me tirás: “El sexo por atrás es amor. ¿Natalia te ama?”. La concha de la lora, sos mi viejo. No me hablés como si fuera tu compañero de putas. Tengo ganas de decirte. No lo hago. Me limito a monosílabos que separan tus incoherencias. Sí, ya me contaste la de Bunbury, papá. También cuando te encamaste con mi maestra de sexto grado en tu Gordini gris modelo 63 todo original. Y cuando te mandaste a Pergamino con dos vagos más para desalambrar los campos de la zona también. Percibís mi fastidio. Que ya no río de tus historias. No me pasa nada, te contesto. Nos quedamos en silencio. El mismo tiempo que tardaste en atender. Sí. Son 32 rings de teléfonos y 32 golpeteos de mi pie en el piso de silencio. Luego te prometo que no tendré hijos y que ninguna mujer se va a quedar más de un otoño en mis sábanas. Te ponés contento. Como creyendo que hiciste un buen trabajo de padre. Decís unas cuantas palabras seguidas más. No las escucho. Te siento respirar agitado. Me dan ganas de preguntarte si tenés algo de droga. “Pa...”. Te quedás mudo unos segundos. Te voy a pedir. Siempre tenés. Me arrepiento. No digo nada. Me ahorro el disgusto de verte. Te tiro un chau fuerte para que no te queden dudas de que me estoy despidiendo. Vos me decís: No dejés de llamarme, pibe. No, papi, en mi próximo cumple te vuelvo a llamar. Chau.

* Gabriel Fernández Chapo nació hace 37 años en Lomas de Zamora, donde todavía vive. Es escritor, guionista, dramaturgo, director teatral, docente universitario y vice-director del Centro de Documentación DOC/SUR.

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