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actrices del nuevo cine argentino


actrices del nuevo cine argentino

Nahuel Berger Constanza Boquet


Prólogo por Mercedes Morán “Ellas hacen cine. Vienen. Se presentan. Lloran. Te sonríen. Tienen con la Cámara el mejor de sus romances. Entonces te enamoran... Son frágiles, sinuosas. Son fuertes, son directas. Son. En blanco y negro o en colores. Crecen, se convierten, te dicen la verdad, te mienten. Entonces te convencen... Son pequeñas magas. Son actrices jóvenes. Las nuevas hechiceras... Yo las miro, las conozco, las quiero. Y al mirarlas me reconozco, me reciclo Y no muero.” “Ellas hacen cine. Vienen. Se presentan. Lloran. Te sonríen. Tienen con la Cámara el mejor de sus romances. Entonces te enamoran... Son frágiles, sinuosas. Son fuertes, son directas. Son. En blanco y negro o en colores. Crecen, se convierten, te dicen la verdad, te mienten. Entonces te convencen... Son pequeñas magas. Son actrices jóvenes. Las nuevas hechiceras... Yo las miro, las conozco, las quiero. Y al mirarlas me reconozco, me reciclo Y no muero.”


Ser actriz por Constanza Boquet A nadie llama la atención que una niña se disfrace, use peluca y cambie su voz para jugar. Que pose vestida con ropa de la madre y se haga llamar la princesa Juana durante toda la tarde. Jugar a ser otro es el más tradicional de los juegos entre los niños y se transforma en una de las más enigmáticas profesiones si lo sigues haciendo cuando terminas la escuela. Ellas, son un montón de niñas que jugaban con tanta devoción y talento que no pudieron abandonar esta afición por ser otro ¡Así, se convirtieron en actrices! Disfrutando este interesante y complicado camino de la actuación, se toparon con el cine. Plasmando su talento en imágenes encadenadas en el tiempo. Todas y cada una de ellas traen consigo una historia particular que las acompaña y las caracteriza. La historia de cada actriz, por más personal que sea, nunca escapa a la paciencia, la lucha y perseverancia. La paciencia, cualidad infaltable en el closet de cualquier artista, el saber esperar. Saber que el momento indicado llegará, sin bajar los brazos y al mismo tiempo sin estar quieto. Estudiar, formarse, entrenar, estar ahí preparado para cuando el universo, o por lo menos algún director, necesite de vos. ¿Que pasa cuando ese momento parece no llegar? ahí se suma

otra de sus virtudes, la capacidad de lucha. Paciencia + lucha, si era difícil lograr ser paciente hay que agregarle actitud. La lucha de toda actriz, levantarse cada mañana sin un trabajo y al mismo tiempo con la sensación de tener en mano millones de oportunidades, audiciones, castings, ensayos a la vuelta de la esquina y ellas aún en pijamas. La lucha pasa a ser tarea de todos los días, leer, buscar, estar aquí y allá, concurrir, llamar, audicionar. La verdadera lucha se transforma en perseverancia. Llueve o truene, su novio la haya dejado la noche anterior o sea el casamiento de su mejor amiga, no hay razón para abandonar esta tarea tan explosiva, agotadora y apasionante. Por suerte siempre llegan, a calmar las ansiedades, los periodos donde las actrices actúan. Estos trocitos de tiempo, así duren días, horas o temporadas, nos las entregan plenas, resplandecientes. Así es como las vemos al verlas trabajar, con el alma en acción. Tanto los lugares comunes, como las sensaciones encontradas, las experiencias obvias, las no tan obvias, y las más llamativas singularidades hacen de cada una de estas actrices una historia para contar.


Ailín Salas Ailín pasaba toda el día de escuela esperando llegar a su casa para jugar. Cada tarde encarnaba su personaje favorito, la más valiente y fuerte de las chicas superpoderosas, acompañada por un gran elenco compuesto por su papá, abuela y primas. Ailín era una de las protagonistas de varios enredos de la gran historia de una familia muy poco tradicional. Viajaba de un país a otro, acompañaba a su abuela al teatro, a papá a los castings, iba y venía con otro montón de niños que por algún punto de conexión eran, también, su familia. Ailín sentía que no tenía nada que envidiarle a la pequeña niña superpoderosa de los dibujos animados. Solo le faltaba pasar el día entero haciendo lo que mas la hacia feliz, jugando a ser otro. Y como la escuela de su juego favorito estaba en casa, no le causo mucho trabajo pasar a jugar a las ligas mayores desde muy temprana edad. A los 9 años Ailín se paro por primera vez delante de una cámara para hacer un casting, y superando los miedos, nervios e inseguridades de los primeros instantes se dio cuenta que ese era el juego al que quería jugar por

siempre. Como esta niña tiene superpoderes, uno a uno los castings se iban convirtiendo en películas, en personajes, en situaciones, en textos, en escenas, en imágenes, en sensaciones. Y mientras esto sucedía Ailín , del otro lado de la cámara, se iba convirtiendo en una niña superactriz. Cada película fue un desafío, Ailín iba conociendo su propio mundo a medida que encarnaba el mundo de otros en cada personaje. Más de una situación la tomó por sorpresa en un rodaje antes que en su vida privada, y con un poco de ficción y otro poco de realidad, Ailín , esta dejando atrás esa niña superpoderosa para transformarse en una gran actriz. Vivir sin rutina, estar aquí y ahora con el propio cuerpo, ser muchas personas a la vez, experimentar situaciones insólitamente reales, sentir, probar, transitar. Ser actriz y jugar a ser otro tienen los mismos ingredientes solo que un plato esta en el menú de adultos y el otro escondido en la cajita feliz. Ailín tiene la dulce capacidad de saltar de un menú a otro sin que nadie lo note, de conservar la frescura y credibilidad del juego infantil en lo sutil y exacto de su trabajo como actriz.


Guadalupe Docampo Guadalupe miraba tanta tele que sus vecinos pensaban que un día se iba a meter adentro de esa caja. Desde que la televisión por cable llego a su barrio se pasaba horas y horas sentada frente a la pequeña pantalla, sin darse cuenta que poco a poco se fue convirtiendo en una aficionada y enamorada del cine. Y como dicen que los primeros amores se plasman en cada romance de nuestras vidas, Guadalupe fue dejando en cada una de sus historias de amor un poco de su inocente cinefilia. A los quince años se pasaba las tardes entre besos y alquileres de vhs en el video club donde trabaja su primer novio. Parada detrás del mostrador imaginaba algún día llegar a estar dentro de esas otras cajitas, o actuar como Julianne Moore, o ser dirigida por Paúl Thomas Anderson. ¡Guadalupe, despertáte, hay que ir al colegio! Uhhhh el colegio, no había obstáculo más grande e indeseable que se interponga a los sueños de la pequeña Guadalupe. Dejar la escuela era otra de las ideas que más a menudo pasaba por su cabeza, pero rápidamente el colegio paso a un segundo plano y por fin Guada estuvo más

cerca de su verdadero amor. Entro a la universidad a estudiar “Cine” ,sí, cine. No alcanzaba con estar enamorada de él, parece que había que estudiarlo. Mientras pasaban los años de estudio, como lo habían predestinado sus vecinos Guadalupe ya estaba adentro de la tele, conduciendo un programa infantil. Entre la actuación, sus primeros trabajos en televisión y sus nuevos amigos, tan amantes del cine como ella, se iba adentrando más y más en ese apasionante mundo de contar historias a través de las imágenes. Encontrar un lugar en este nuevo mundo no fue tan fácil como pensaba, pero hoy vemos, que no le resulto imposible. Comenzando con El Custodio, destacándose en La Tigra Chaco y La sangre brota, entre otras. Aprendiendo en cada oportunidad de sus compañeros más experimentados y directores. Trabajando con todo el material que tiene como actriz, con ella misma, con su intuición, su imaginación y talento. Guadalupe se metió sutilmente en cada cajita que anheló.


Julia Martínez Rubio Julia buscó desde siempre su propio espacio, uno que la llenara de una energía única, que la alimentara de una actitud emprendedora, que la hiciera olvidarse del mundo. Un espacio ideal, con el clima perfecto, la energía adecuada, un espacio cómodo. Cuando lo encontró, cuando paso la línea que divide lo real de lo imaginario, ahí por primera vez sintió que había encontrado un lugar más cómodo que su propia cama. No es el sillón de la abuela, ni siquiera algún sofá de una sala de espera. El lugar más cómodo que existe, es el teatro. En el teatro podes dormir la siesta más confortable del mundo, soñando que sos un rey a punto sumar mas tierras a su reinado, podes tomarte unos mates acompañado por todo un elenco. En el teatro podes pasar horas frente a un espejo de camarín probando miles de pelucas distintas para el peinado de tu personaje favorito. En el teatro podes, acabar con la guerra, promover tus pensamientos más íntimos, podes enamorarte, podes vivir al otro lado del mundo, podes descubrir la vacuna la más esperada, podes ser madre, hija, amiga, abogada, cocinera, prostituta o enfermera. En el teatro, descubrió Julia, podes sentir la comodidad mas grande del mundo. El teatro, concepto que engloba, la actuación, el escenario,

el trabajo en grupo, el juego de la imaginación, explorar millones de sensaciones, una consecución de desafíos constantes, provocación. Eso! el teatro es provocar, pensaba julia sentada una de las sillas de su primer taller de teatro, cuando apenas tenia ocho años. De que sirve hacer de mi, para eso esta la vida. Y así comenzó a buscar la provocación desde sus primeras elecciones como actriz. Será por eso que con ojos para ser princesa, boca para ser doncella y piel de porcelana, para vivir en una casa de muñecas. Julia prefería disfrazarse de varón. Ser el príncipe, el ogro malvado o simplemente el jardinero de una historia, le resultaba mucho más interesante que ponerse un vestido y hacer de niña bonita. Para eso, repetía, estaba la vida. Del teatro de escuela paso a la televisión, sin darse cuenta. Y de ahí, otra vez al teatro, giras por escenarios de todos lados y todavía Julia no lo había notado. La pantalla grande se aprovecho de ella sin que se le moviera un pelo. Julia esta tan cómoda que sigue durmiendo su mejor siesta en el lugar más cómodo del mundo. Sueña que es julia y miles de personas distintas en un mismo instante, sigue soñando el más provocador de los sueños. Esperemos que no despierte nunca.


Ana Lucía Antony Ana Lucía nació en la provincia de Santa fe donde creció junto a su hermano y su amiga Rocío. Los admiraba tanto que los seguía y copiaba en todo lo que hacían. Fue siguiéndolos, donde descubrió el placer que genera actuar. Desde sus doce años participaba en todos los cursos, muestras y obras que proponían en la escuela de teatro de Santa fe. Su adolescencia estuvo sumergida en una verdadera producción teatral. Desde el texto, los ensayos, escenografía y vestuario hasta los volantes y vender las entradas, todo eso y mucho más es actuar para Ana Lucía. Llego a Buenos Aires unos años más tarde que su hermano Pedro y su amiga Rocío, no fue tan difícil entonces enfrentar al inmenso monstruo de la gran cuidad. Dejando atrás el juego y la dinámica del todo vale en el teatro, entró a la Escuela Municipal de Arte Dramático encontrándose con los obstáculos, las barreras, las presiones y ese sabor oscuro del no saber del estudiante. Prueba y error, prueba y error, prueba otra vez y errores a borbotones de eso se trata en muchos casos la época de la escuela. Esta sensación de sufrimiento por sentir que uno no lo logra nunca, la llevaron a buscar otra vez en su origen teatral. Allí es-

taban una vez más Pedro y Rocío con un poco más de camino recorrido para escucharla, aconsejarla y acompañarla. Hacer, ¡eso hay que hacer! Actuar, escribir, dirigir y volver a actuar eso hay que hacer. Una obra siguió a la otra, miles de aciertos y muchas otras elecciones no tan acertadas formaban de poco en poco su carrera. Sin buscar en ningún lado más que en ella misma y en sus fieles y adorados compañeros y maestros. Ana Lucía encontró su camino. Así como ella sin buscar se ubicó en un lugar especial dentro del teatro, fue el cine que la descubrió a través de la mirada de Marco Berger en Plan B. Suerte que no le dió tiempo de pensar y la propuesta de la película llego casi tan pronto como el rodaje, suerte, porque no le alcanzó el tiempo a decir que no. No hubo tiempo de sentir miedo pensando que nunca había estado frente a una cámara, ni de procesar la idea que estaría enfrentando una situación desconocida como actriz. Rescatando su particularidad y despecho nos cuenta en Plan B una deliciosa ramonera. Brillando sin notarlo con un único propósito, el de seguir actuando.


Carla Quevedo El lenguaje es la base de todo. Hablar, leer, conocer idiomas nuevos, comunicarse, y hasta inventar palabras, fueron siempre las actividades preferidas de Carla. De chica jugar en Ingles le resultaba tan natural como hacerlo en español, y en sus primeras actuaciones con el idioma extranjero, se dió cuenta que así le resultaba mucho más divertido actuar. Le llamaba tanto la atención la palabra, que pensó en estudiar letras. Pero la carrera de letras era muy sacrificada y le sacaría tiempo a su mayor sueño, convertirse en una gran actriz. Entonces comenzó a jugar con la palabra, donde y cuando una palabra apareciera. Hablar de una manera distinta, decir textos que no nos pertenecen, estudiar largos diagolos, leer, comprender y memorizar letras, frases y palabras; es, al fin y al cabo, gran parte del trabajo del actor. Mientras el tiempo pasaba, se daba cuenta que no alcanzaba con aprender textos y ensayar escenas, para ser actriz y trabajar de actriz no basta con trabajar duro, ni entregar tu cuerpo y ni siquiera tu alma. Para ser actriz y trabajar de actriz, le contó un pajarito, hay que tener un representante. ¿Un que? Un representante. Fue allí donde comenzó un sinfín de llamadas telefónicas a un señor que no conocía pero que estaba segura que era

el indicado. Y con su firme perseverancia y su gran facilidad de palabras Carla consiguió tener quien la represente, así ella podía ocuparse de re-presentar. El afortunado destino logró que en poco tiempo tuviera un casting para la película de Campanella, uno de los directores con quien Carla siempre había querido trabajar. Este pequeño empujón sumado a su talento y frescura le dieron su primer papel en cine. El desafío inicial, una escena difícil, rodeada de experimentados actores y una gran producción la transportaron con solo veinte años a participar de una película ganadora del oscar. Tras el oscar y su deleite de actuar en otro idioma Carla se mudo a Nueva York. Con un único gigante primer paso en el cine Argentino, Carla pasó a explorar escenarios extranjeros. Para encontrarla solo hay que caminar por Nueva York. Puede que la sorprendas estudiando, formándose, aprendiendo, audicionando o tal vez trabajando. Pero seguro si de cerca y la miras a los ojos la notarás firme y perseverante concentrada en seguir buscando más y más formas de expresarse en esta sutil y apasionante carrera, la carrera del actor.


Inés Efrón Nació en México por una mudanza transitoria de sus padres, y aunque a los pocos meses volvieron para Argentina, Inés trae debajo de su imagen suavemente frágil, la fuerza y el espíritu guerrero de la cultura Azteca. Un verano en la adolescencia, decidió anotarse en alguna actividad que la llevara a la capital por lo menos una vez por semana. Tomarse el tren, conocer gente nueva y hacerse amigos era un buen plan para pasar el verano. Llevando el arte en el alma y con un gran incentivo por parte de sus padres, Inés pensó: ¿Clases de teatro? ¿Porqué no? Fue en aquellas clases donde, además de encontrar todo eso que buscaba, descubrió el ingrediente que la estimularía a sumergirse dentro del mundo de la actuación. Descubrió, el intenso sabor, de la mirada de los otros. “Esta muy bueno lo que hace esta chica” dijo una compañera nueva, y con ese simple comentario, inauguró el mayor de los placeres. Ser mirada y agradar, mientras creás y hacés lo que más te gusta. Esa primer e inocente mirada no se equivoco. Muchos otros ojos la siguieron eligiendo, Lola Arias confío en su

talento para aquel personaje de Poses para dormir. Desde aquella adolescente soldado en el Camarín de las musas, se desencadenaron un montón de personajes adolescentes, que bajo su temple, inundaban nuevas historias. Un sinfín de directores ya no podían pasar por alto ese caudal de energía y ese sello tan personal que trae Inés al actuar. El cine fluyo de golpe con Glue y con Cara de queso, sin planearlo demasiado y casi paralelamente, estas dos películas dieron comienzo a una gran lista. Divertida, sólida, fresca, despreocupada y comprometida, la niña, casi eterna, del cine saltaba de un registro a otro con comodidad y arrojo. Esa habilidad de particularizar lo extraordinario no paso inadvertida y a través de otras tantas miradas se formo una actriz capaz de sostener infinidad de mundos. Una actriz que pasea por las aguas más exóticas con total naturalidad y tiene la hermosa capacidad de hacer cada personaje único. Hoy, Inés, dejando de a poco la impronta adolescente sigue acaparando miradas, explorando, investigando, creando y transmitiéndonos todo su universo artístico.


Julieta Zylberberg Hay fotos que comprueban que Julieta no había dejado el chupete y ya posaba vestida únicamente por collares. Su juguete preferido eran los disfraces y su juego engañar a las vecinas para que se pinten la cara con marcadores simulando maquillajes. Sabía desde el primer día que lo mejor que uno podía hacer en la vida era pasarla bien, y ella la pasaba bien actuando. Entonces no había razón para dejar de actuar. Imitar personajes de la tele, actuar frente a la cámara de papá, dirigir el juego de sus hermanas y amigas, todo se daba tan naturalmente como las primeras clases de teatro. Su espacio lúdico no encontraba límites, jugar era vivir, vivir era actuar, y así aprovechaba cada momentito para ser algún otro. Llena de pelucas, vestuarios, accesorios, y calzando zapatos de grandes entro a Magazine for fai. Así sin darse cuenta comenzó su carrera. La divertida infancia planto un sello en su forma de ver la actuación. Poco a poco y madurando fue dejando atrás la caricatura y los labios de marcador como única metodología y comenzó a investigar que es esto de actuar sin casi actuar. Fueron las marcaciones de los directores, los consejos de sus maestros y su inevitable transitar, que conformaron esta nue-

va manera de manipular su yo para devenir en tantos otros. Este paso de niña a mujer lo dió inmersa en su mundo como actriz, fluyendo y sin notificar que el juego ya no era vida y la vida ya no era actuar. La actuación es una increíble profesión, que tiende a tomarte casi por completo, que lucha constantemente entre la exposición y introspección. Da millones de satisfacciones a cambio de un terrible esfuerzo, es un camino arduo pero placentero. Actuar es como subirse a la montaña rusa, disfrutas del viento en la cara, la adrenalina del primer tirón, el dolor de panza de no saber que sigue, la emoción de haber dado una vuelta completa, carcajadas de felicidad y pánico de estar tan lejos del piso. Julieta se subió y todavía no baja. Nosotros que desde acá la vemos, disfrutamos su capacidad de juego tan verdadero como en la infancia, sumado al perfecto condimento denso de la adultez. Versátil y sutil como pocas habita cada rincón que le otorgan, lo siente y lo transmite tan desde adentro que impresiona. Se arroja tan libremente y transita con tanta seguridad cada escenario que las pruebas hoy ya son millones. Lo lleva en la sangre y brilla en su piel, incluso antes que lo pudiera saber.


María Abadi Viniendo de una familia de universitarios María pensaba que su destino al terminar la escuela secundaria era la universidad. Por eso se anotó en dos de las entidades mas reconocidas de arte dramático en Argentina, y como si esto fuera poco, decidió complementar sus estudios con una carrera teórica de Artes en la universidad de Buenos Aires. Ya decidida a llevar esta mochila académica a cuestas por unos cuantos años, María se va de vacaciones a Brasil con sus amigos como despedida de una vieja etapa. Cuentan las buenas lenguas, que Brasil estaba tan divertido que las vacaciones se fueron extendiendo más y más y aquel año previsto de exámenes y cargas horarias se transformo en un año casi sabático para disfrutar de nuevas experiencias. Si la pregunta es que hacer en un año libre para juntar un poco de plata, a María se le ocurrió probar con castings de publicidad. Objetivamente hermosa, dueña de una mirada azul e intensa, de sonrisa contagiosa, de piel sutil y muchas mas, pequeñas y grandes cualidades físicas. Con semejante belleza nadie hubiera imaginado que no quedaría en ninguno. Por suerte, la más mágica de las bellezas es la que lleva dentro, su manera de hablar, de mirar, de decir, de reír, simple-

mente su manera de actuar. Esta fue la belleza que nos obnubilo, mucho más que sus ojos, en su trabajo en Géminis, su primer largometraje. Ese casting de actuación, el primero, derivo en su primer trabajo y tras él nuevas propuestas, nuevos caminos, temporadas en teatro y otras en televisión. Con veinte y unos pocos años más María se armo su propia universidad, con sus horarios variables. En vez de aulas se pasa el día estudios de grabación, rodeada de actores, directores y productores que le toman asistencia. No tiene materias por rendir, pero se anota en todos los cursos y talleres donde pueda perfeccionarse. Leyendo libros por placer pero estudiando letra por obligación. María se sigue formando, sigue enriqueciéndose cada día, convirtiéndose así en una actriz con mucho oficio. Una vez pensó que su destino era la universidad y otra vez sintió que su destino era confiar en sus instintos y elecciones momento a momento. No queda lugar para ninguna duda. El mejor camino en el arte siempre será sentir, elegir y confiar.


María Alché Fue un grupo de gimnasia artística del barrio al que concurría con amigas, el cual la llevo a formar parte de una compañía teatral donde su labor era hacer acrobacia. Así desde chica, María, se vio deslumbrada por la energía de los camarines. La ansiedad previa a una función, la adrenalina del escenario, el trabajo colectivo, las giras y la fuerte sensación de comunidad la conquistaron de tal manera que dió el gran Sí con el teatro incluso antes de sentirse actriz. Más por abducción que por elección, la actuación la tomo por completo. No le dió tiempo a preguntarse, a pasar por la incertidumbre adolescente, a investigar, a desechar otras tantas posibilidades, el teatro se apodero de ella y la traslado a otra dimensión. En esta nueva dimensión uno es capaz de perder la noción de todo. Los limites del espacio se ensanchan al punto de perderse y en ese instante donde uno llega a disolverse, a disfrutar el transe de no pensar, ahí mismo se genera la magia de actuar. Magia que cuando sucede produce un quiebre, un antes y un después en el propio transito artístico. Estar ahí, tanto con

uno como con el otro, devuelve en un instante todo el esfuerzo del trabajo previo transformado en pura satisfacción. Durante su estadía en este tentador universo fue convocada para su primer personaje en cine en La niña santa de Lucrecia Martel. Una mezcla de alegría, vértigo, exceso de responsabilidad y un reiterativo, ¡No lo puedo creer! Se escapaban de sus ojos con solo imaginarlo. Gran desafío para una joven actriz, trabajar rodeada de talentosos y grandes actores a quienes admiraba desde chica. Un personaje con mucha carga simplemente para comenzar. Así logro interrumpir la cotidianeidad de todos, con solo una mirada. Nos ofrece un continuo clima que oscila entre tensión y arrojo, un estar ahí, que invita y convence. María investiga, casi científicamente, cada particularidad que encuentra en su carrera, pero nunca deja de ser leal a su lado primitivo que la llevo a convertirse en actriz. Tan epistemológica como intuitiva construye su propio camino. Dando clases, entrenando, estudiando, asistiendo, colaborando, siempre cuidadosa y minuciosamente crece y se sigue formando.


María Villar ¿Qué querés ser cuando seas grande? Le preguntaban todos a María desde que era muy chiquita, y ella encogiéndose de hombros contestaba siempre, No sé. A medida que fue creciendo, la pregunta se convertía en un clásico; pero María con un aire despreocupado ahora contestaba, no se y no me importa. La secundaria estaba terminando y el mundo pedía a gritos una respuesta. ¿Qué vas a hacer? Sabía que la universidad tradicional no era para ella, que quería hacer cosas distintas todos los días, tener tiempo libre para disfrutar de sus actividades, desayunar tranquila en las mañanas y trabajar en grupo. María necesitaba vivir una intensa aventura todos los días. Probando entro al conservatorio de arte dramático, y junto a otros compañeros se adentro en su primer obra, en una pequeña salita del congreso. Había que juntarse, buscar el vestuario y la escenografía, había que conseguir público, preparase para las funciones, había que consensuar opiniones, ensayar hasta tarde, estudiarse la letra, pasarla una y otra vez y volver a ensayar; eso si era una aventura. El teatro le dió a María la capacidad de concentración que no encontró en ninguna otra actividad, le dió la fuerza de

defender el trabajo propio en el escenario cada día, la felicidad de estar rodeada de un heterogéneo elenco, y la increíble satisfacción de sentir pasión por algo a cambio de aplausos y emociones de otros. Esta misma pasión y sus amigos actores la llevaron a probar otra nueva forma de actuar, el cine. María filmó su primera película con un grupo de trabajo durante un año, cuando todos podían, cuando estaba la locación, cuando estaban los equipos, ellos se juntaban y filmaban una escena más. Esa intermitente manera, casi como un collage, era la gran aventura que estaba buscando para su día a día. Hoy en día cuando alguien le pregunta ¿María a qué te dedicas? sigue sin responder. Todos sabemos que es actriz. Pero ella, desprejuiciada nos enfrenta y nos miente. Para no decir la verdad es capaz de inventarle un historia a un taxista, decirle a un mozo que es docente o esquivar una y mil veces la respuesta en el médico o en la peluquería. Esencialmente es una aventurera que disfruta y se forma con las inconstantes idas y vueltas del arte. Fluir, parar, comprometerse, tomarse descansos, volver, escapar, alimentarse de otras actividades, para regresar desde otro lugar, esta es la actriz que María lleva dentro.


Martina Juncadella Martina es casi una adulta, que nació hace mucho menos años que el resto de los adultos. Sabe, conoce, experimenta de todo un poco con mucha fuerza y decisión. Se forma, lee, investiga y camina paso por paso un recorrido único y personal. Desde chica fue apoyada en todos sus proyectos e intereses, y fue su mamá quien la oriento para que eligiera un grupo de teatro desde muy temprana edad. Su tarea como actriz empezó casi tan rápido como se integro en el taller, y de ahí en más fue su trabajo quien la acompaño siempre. Actuar te acompaña. Te toma por completo de tal manera en la que nunca más te puedas sentir solo. Desde el primer momento en el cual tenia algún contacto con un personaje que debía encarnar ya no se sentía tan sola. Estas otras chicas, con distintos nombres, diversas vidas y extrañas situaciones acompañaban a Martina. Con tan solo leerlas en un guión, estas chicas conviven junto y dentro de ella al mismo tiempo y todo el tiempo. Sin poder dejar de sentir en cada actividad cotidiana que son también ellas quienes se ríen, leen un libro o simplemente se pintan las uñas de un color que martina jamás hubiera elegido.

Paso a paso Martina se entregaba tanto a la actuación que esta se había apoderado de ella. Ya no sabÍa ni como ni porque, pero dejaba ser una chica más para ser una prisionera de la prisión mas interesante y acogedora que existe. Desde ese instante Martina vive dentro de una cárcel donde la única regla es la libertad. El juego, la magia y la pasión de ser otro por un rato la conmueven y la llevan a explorar desde un lugar distinto cada vez que se enfrenta su trabajo como actriz. Sin repetir patrones ni mecanismos salta de un molde al otro, rompe sus propias estructuras y se entrega al hermoso arte de actuar. Esta inmensa felicidad de sentirse tomada por un huracán incontrolable e impredecible le abre el corazón y le relaja la mente. Sumergida en un estado que la toma por completo ya ni piensa, solo actúa. Su imagen fresca y provocadora entusiasma la pantalla, y dan ganas de más. Su actitud dedicada e inquieta no da respiro y prospera a la espera de una gran actriz sin bordes. Con un largo camino por delante y con un talento y energía para recorrerlo descalza Martina ansía seguir cautiva de este arte y ser, así, cada día mas libre.


Pilar Gamboa Pilar siempre deseo descubrir ese mundo al que pertenecía, caminarlo, vivirlo investigarlo hasta el fondo. El mundo del actor. Con solo mirarla uno percibe que esta hecha del material correcto, moldeada perfectamente y con las terminaciones más exactas de una auténtica actriz. Parece casi ridículo que no haya entrado al conservatorio de arte dramático cuando se lo propuso. En un gran panel cuadriculado, mezclada en un gran listado estaba la noticia. Gamboa, no entro. Luego de esta terrible sensación de encontrarse en el listado de los no admitidos y un llanto tan fluvial como adolescente, entendió que el camino indicado era la autogestión. Formar un grupo con la gente que uno quiere y trabajar desde ahí. Así surgió la primera de tantas obras generadas en este seno, Colores verdaderos. Después vinieron muchas más, con la misma fuerza e inocencia que la primera, trabajaron sin pestañar, recorrieron más de una sala, ganaron premios y hasta viajaron por el mundo. ¡Somos unos genios! Era el pensamiento que la despertaba a Pilar en cualquier almohada de cualquier gira. Gran devota del puro teatro, dedica minuciosamente su tiempo y alma a cada uno de sus personajes. Busca, piensa, siente y vuelve a buscar una vuelta nueva para que esas mu-

jeres que conviven bajo su imagen tengan, todas, su propia particularidad. Con tanta fe y trabajo forzado se convirtió en un habitante ejemplar de este micromundo teatral. Amante de los desafíos, comenzó a explorar el mundo del cine hace muy poco. Todavía esta investigando como se hace para actuar con la sonrisa mientras las piernas saltean cables, o como se mecaniza verosímilmente mirar y hablarle a una luz como si fuera otro actor, que a su vez es tu marido. Tarea difícil pero no imposible, le presenta el cine. Disociar su propio instrumento y librarse al collage, para quedar impresa en una foto en movimiento. Ella y todo su entorno confían en su secreto. Si hasta su papá, oponiéndose a todas las leyes de los padres, destapó un vino el día en que Pilar dejo su trabajo, administrativamente agobiante, en una empresa que la ayudo a mantenerse por años. Simplemente nada sobre el escenario como si para eso estuviera hecha, miente con su mirada como si no conociera la diferencia entre lo verdadero y lo falso. Juega, morbosa, con la emoción de quien la observa. Se divierte con nuestra risa y nos paraliza con su pasión. Pilar sabe y nos muestra, en cada actuación, que pertenece al mundo para el cual nació.


Rocío Pavón Dicen que uno nunca sabe como va a encontrar su vocación. Algunos van probando de una carrera a otra hasta dar con la indicada, otros siguen el legado de sus padres, hay quienes confían en algún test vocacional y otros dicen no haberla encontrado nunca. Cuando Rocío era chiquita, mucho más de lo que es ahora, le hubiera gustado ser invisible. Era tan tímida que las reuniones familiares se las pasaba escondida debajo de la mesa para que nadie la viera. No saludaba ni a sus parientes y trataba de esquivar a cualquier conocido que pudiera cruzarse en la calle. Las maestras en la escuela estaban preocupadas porque la veían sufrir en cada acto escolar, ni siquiera para el 25 de mayo, disfrazada de mazamorrera con la cara pintada con corcho, se le iba un poquito la vergüenza. Que otros la miren era el peor castigo que le podían dar. Frente a esta timidez excesiva su mamá ya no sabía que hacer y la mando al psicólogo. Fue este visionario profesional quien recomendó que Rocío tome algunas clases de actuación, para vencer su timidez, relacionarse con otros chicos y enfrentarse por primera vez a esa difícil mirada de un otro. Así fue como a los nueve años entro en el mundo del tea-

tro, casi a los empujones. Si alguien escucho que el teatro es mágico, esta pequeña historia lo reafirma una vez más. El escenario, el trabajo en grupo, los juegos teatrales, crear personajes, improvisar, estudiar textos, ver a sus compañeros y que sus compañeros la vean, habilito en esta niña un espacio casi inesperado. Un espacio lúdico y de gran libertad, donde lejos de querer ser invisible disfrutaba que todos aplaudieran cuando la veían. En teatro podía bailar, actuar, desfilar, sin pensar que la vergüenza podía llegar a interponerse. Su mamá la notaba tan feliz levantándose los sábados bien temprano para ir a sus clases que comenzó a llevarla a castings y audiciones. Con la belleza que la caracteriza y su inocente naturalidad al actuar sus primeros trabajos llegaron rápidamente. Hoy quiere seguir actuando, haciendo cine como hasta ahora. También se imagina desfilando, haciendo fotos como una súper modelo y sueña con formar parte de una telenovela. Si todavía no sabes como encontrar tu vocación, proba como Rocío debajo de la mesa, puede que este esperándote ahí escondida.


Romina Paula Una pregunta daba vueltas en la cabeza de Romina una y otra vez. ¿Qué voy a ser? Desde chica sentía que la respuesta tenía que ser solo una. Ella pensaba que cada uno elige solo una profesión, y sacrifica otras elecciones para entregarse por completo a aquello que uno ama. Tanto le gustaba el teatro y tanto le gustaba escribir que se sentía entre la espada y la pared a la hora de decidirse por un solo amante. Dejo sus clases de actuación para anotarse en la universidad y estudiar letras, carrera que abandono más tarde para volver a teatro. Por fin había decido cual iba ser su profesión, quería ser actriz. Y como toda actriz se preparaba, estudiaba, entrenaba, ensayaba, audicionaba. Esperaba, como toda actriz, que la sorprendiera ese gran momento único donde la vida te cambia. Las primeras experiencias como actriz en teatro y cine no tardaron en llegar, expectante buscaba afirmar la decisión que tanto le había costado. Lejos de afirmarse únicamente como actriz se iba dando cuenta que la vida no cambiaba con el estreno de una obra o una película, por el contrario a medida que pasaba el tiempo más interrogantes se abrían

y mas inquietudes se le presentaban. No hay un día o un trabajo que te cambie la vida, pero sí hay muchos momentos, ensayos, procesos, clases, personas y detalles que colaboran día a día a que tu vida vaya trasformándose. Y en ese fluir de tiempo, crecimiento y aprendizaje empezó a dejar de actuar para cederle más tiempo a las letras y la dirección. Solo basta ver alguna obra de teatro que Romina dirija o leer uno de sus libros para darse cuenta que si cualquiera de esas hubiera sido la única elección, sería la correcta. Pero por alguna razón, su propia actriz no puede dejarla ir y sigue presente en la gran pantalla. El cine la llama cada vez que se sienta a escribir y le pide al oído que por favor no lo abandone. Con la vulnerabilidad que trae como actriz, la fortaleza de una gran directora y la exactitud de su forma al escribir. Hay días en los cuales todavía se pregunta ¿qué voy a ser?. Será que todavía no se dio cuenta que ella, ya es. Una gran creadora de mundos, historias y personajes. Con una increíble capacidad de envolvernos hasta quitarnos el aire cada vez que se lo propone.


Violeta Urtizberea Una mamá actriz y un papá músico fueron quienes le presentaron, sin segunda intención, el teatro. Crecer dentro de una familia dedicada al arte significa saber desde el comienzo a lo que uno se enfrenta, tanto lo bueno como lo no tan bueno. Pero aún conociendo sus contras, algunas elecciones son inevitables. Sobre todo si naciste con un único punto de vista, el de una actriz. El punto de vista de una actriz vive en un escenario, ve a través de una cámara, imagina una historia en cada sensación, percibe por medio de objetos y siente en cada palabra leída. Violeta es una de esas chicas que nació con este filtro en su mirada, y así fue condenada a una profesión terriblemente encantadora. Aunque desde muy chica formo parte de varios elencos en teatro y televisión fue con su primer obra independiente donde descubrió el verdadero trabajo actoral. Acompañada por otras dos actrices y por Ana Katz como directora, ocupo todos los roles necesarios para autoafirmarse como actriz. Se habilitaba felizmente un espacio de creación donde poder darle lugar a las ganas de hacer, investigar y

experimentar, tan sutil como bruscamente todos los rincones de su propia actriz. De la mano de la misma directora salto al cine, en un clima festivo e independiente rodeado de muchas ganas filmo su primer película. Aprovechó esa chance que da el cine para seguir explorando. Una nueva forma de actuar que trasciende, más allá de una primer mirada, mientras el ensayo se funde con la escena y la función permite ser vista desde afuera. Luego de algunos años, nos encontramos con una actriz poco prejuiciosa, que se divierte con cada personaje. Elije sorprenderse siempre, antes que esperar la llegada de un momento deseado. Trae en su forma un viento infantil que la libera de la solemnidad y la posiciona cada vez en una apuesta jugosa. En su trabajo se refleja una Violeta creativa e inspiradora, cuenta, muestra, compone. Basta mirarla para ver tras sus ojos todo aquello que se sostiene su punto de vista, una actriz entregada que disfruta y comparte el inmenso placer de transitar una escena.


Biografías Nahuel Berger

Constanza Boquet

Nahuel Berger nació en Buenos Aires, Argentina. Desde niño sintió una gran afición por imprimir su mirada. Así se inicio en la fotografía, cuando a los 12 años su madre le presto una cámara de fotos personal. A los pocos años la fotografía dejo de ser solo un juego para convertirse en una anhelada profesión. Sus primeros trabajos fueron como asistente de fotografía, para luego comenzar a trabajar como fotógrafo independiente en el Teatro Nacional Cervantes, en la ciudad de Buenos Aires. Iniciando su carrera publicitaria que continua al día de hoy realizando las graficas para Adidas, Audi, Peugeot, Unilever, Sony, Chevrolet México, entre otras. Su trabajo fue creciendo paralelamente a su necesidad de contar, a través de su mirada, sus distintos intereses. Destacándose como fotógrafo de retratos, naturaleza y deportes. Otorga un reflejo particular de diversas situaciones cotidianas. Su último proyecto personal “Actrices del nuevo cine Argentino”, un libro de fotografías en blanco y negro, que retrata a cada una de las nuevas actrices del cine Argentino de una manera autentica y peculiar. Entre el año 2000 y 2005, Nahuel Berger, vivió en diferentes ciudades de Europa, entre ellas Madrid, Barcelona y Bergen (Noruega) en donde realizo campañas publicitarias, premiadas en los festivales de “Cannes” y “San Sebastián”. Actualmente reside en México donde continúa su labor como fotógrafo y comienza a desarrollar proyectos cinematográficos.

Constanza Boquet nació en Buenos Aires, Argentina. Con muy corta edad ya estaba segura hacia donde quería enfocar su vida. Contar historias, crear personajes y explorar otras vidas. Su primera elección fue el teatro, inicio sus estudios en su adolescencia con grandes maestros como Augusto Fernándes, Julio Chávez y Javier Daulte. Desde muy joven trabaja como actriz y escribe para completar su necesidad de expresarse. Hoy finalizando su licenciatura en Artes en la Universidad de Buenos Aires, alterna su vida entre el Distrito Federal y su ciudad natal, recorriendo escenarios y dando lugar a sus proyectos personales. Sumando a la dramaturgia, proyectos literarios y cinematográficos nace “Actrices del nuevo cine Argentino” donde sus relatos retratan con palabras a cada una de las actrices fotografiadas.


Ficha técnica Fotógrafo: Nahuel Berger Reseña y entrevistas: Constanza Boquet Idea Original: Marco Berger Prólogo: Mercedes Morán Asistente de fotografía: Agustín Giataganellis Diseño Editorial: Valeria Boquete Vestuario: Yamila Corsunsky Maquillaje: Mery García, Cecilia Martínez, Abril Cuperman, Mevi Marinelli María Alché La niña santa 2004 María Abadi Géminis 2005 Inés Efrón Glue 2006 Violeta Urtizberea Una novia errante 2006 María Villar El hombre robado 2007 Guadalupe Docampo La tigra, Chaco 2008 Ailín Salas La sangre brota 2008 Ana Lucía Antony Plan B 2009 Julia Martínez Rubio Castro 2009 Julieta Zylberberg La mirada invisible 2010 Martina Juncadella Abrir puertas y ventanas 2010 Pilar Gamboa La flor 2010 Carla Quevedo Abril en New York 2010 Roció Pavón Ausente 2010 Romina Paula El estudiante 2010


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ACTRICES Del Nuevo Cine Argentino