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Suplemento Cultural Octubre 2011

http://diariodeleon.es

El Rebeco Cantábrico

Macizo de Mampodre

Allí donde la roca desnuda domina las altas cumbres cantábricas, el rebeco se convierte en el animal más genuino y fácil de observar

Ruta Montañesa

El Otoño Senderismo por León

Momentos mágicos de una estación

Travesía La Uña Oseja de Sajambre Pasando por Peña Ten.

ASTURIAS Territorio mágico e indómito


Portada: Foto: J. Gómez Número 86 Octubre 2011 ● Director: Luís Casado Rodríguez ● Redactora jefe María del Carmen Alonso ● Maquetación Jesús Manuel Oliveros ● Edición gráfica para la revista digital Manolo Ruíz ● Edición gráfica para la revista impresa Cipriano López & J. Pereira ● Fotografías Pablo Martín, Justo Díaz, Alicia Serrano Edita: Revista qué leer, diario de León


Han colaborado en este número……...

MACIZO DE MAMPODRE (Alejandro D. y Luís Buendía). SENDERISMO POR LEÓN Carlos Salle EL PARQUE (Julio Pardo / M. Alborán/ Ana Vicens y Marco López) BEZANES M. González de Hita EL REBECO (Marco López) EL OTOÑO (Oliva Pérez) ...VA DE LIBROS (M. del Foso)


Macizo de Mampodre El macizo del MAMPODRE es, sin duda, uno de los más hermosos de toda la cordillera. Aislado, desgajado del eje principal de la cordillera, es un altivo macizo, con un gran carácter alpino en invierno gracias a sus imponentes cumbres y aéreos collados. Uno de los rincones menos conocidos y que más sorprenderá a aquellos que lo desconocen.

Por: Alejandro D. / Luís Buendía.

Dónde se encuentra La Reserva Regional de Caza de Mampodre se localiza al noroeste de la provincia de León, en la cabecera de los ríos Porma y Curueño, en donde se reúnen montañas, valles, bosques, lagos, ríos, y pueblos, que constituyen un espacio cinegético de gran calidad. Limita al este con la Reserva Regional de Riaño y al norte con la Reserva de Caza de Redes


El Paisaje La reserva toma su nombre de uno de sus parajes más atractivos, los picos de Mampodre. Están situados en la parte oriental, lindando con la Reserva Regional de Riaño, también en la provincia de León. Son un conjunto de picos, con altitudes que superan los dos mil metros, Mampodre (2.190), La Cruz, La Polinosa, rodeados de pastos altiplanos y algunas manchas de matorral. Repartidos por el resto de la reserva se encuentran otra cimas notables: Toneo, Agujas, Nogales, Fuentes, La Pandona, San Justo, Runción, Susarón, Bodón, ... con cotas que rondan los dos mil metros de altura. Desde las altas cimas descienden multitud de arroyos que riegan las praderas en valles como Tronisco, Pinzón, Valdemaría, Illarga, Val de Solle, ... En ellos sigue existiendo la tradicional cabaña ganadera, que resiste a desaparecer. También existen dos lagos de origen glaciar: el de Isoba y el Ausente, ambos de gran belleza paisajística.

Flora y Fauna La gran diversidad de ambientes que se encuentran en el territorio y su buen grado de conservación propician la existencia de una rica y variada fauna y flora. Los variados ambientes boscosos sirven de multitud a pequeños pájaros: carboneros, mosquiteros, petirrojos, pinzones, arrendajos... que buscan incansablemente entre las ramas y hojarasca insectos y semillas. Los bosques albergan también otro tipo de especies más conocidas pero de difícil observación, como corzos, martas, azores, cárabos y en los rincones más tranquilos y alejados habita una de las joyas de la fauna ibérica; el urogallo.


Los Pueblos En la reserva se encuentran 16 pueblos agrupados en tres ayuntamientos: Valdelugueros en la cuenca del Curueño, Puebla de Lillo en la del Porma y Maraña a la orilla del arroyo del Riosol en la cuenca del Esla. Son pueblos de montaña leonesa que conservan buena parte de sus costumbres y tradiciones. En sus calles viven los quehaceres diarios, como el ir y venir de ganado y tractores, pero siempre conservando la calma y el sosiego propios de los ambientes rurales.

Actividad Cinegética La actividad cinegética de este territorio es óptima. Dispone de una amplia oferta, con abundancia de piezas y calidad de trofeos. Todo ello dentro de un entorno de singular belleza, que nos proporcionará unas jornadas de inigualable caza. Podremos poner a prueba nuestra destreza y forma física en los recechos de rebeco por el San Justo, Susarón, Mampodre, Puerta de Faro, Agujas... o detrás de los bandos de perdices "pardas" y "rubias" en los extensos cazaderos de Las Señales, San Isidro, Valporquero... No pueden faltar las tradicionales batidas de jabalí, a base de pequeños ganchos, e incluso jugar con la posibilidad de abatir al mítico lobo, si es avistado durante la celebración de los recechos de corzo, ciervo o rebeco.

Además de cazar La reserva regional de caza no es solo un espacio reservado a los cazadores en sus jornadas de caza. Al finalizar las cacerías, pueden disfrutar de estos mismos parajes realizando otro tipo de actividades, enmarcadas dentro del ocio y el turismo rural, que completarán su estancia

en

este

valioso

rincón

de

la

montaña

Leonesa.

La mayor parte de la reserva está incluida en el espacio natural protegido denominado Parque Regional de Picos de Europa de Castilla y León. Este parque se creó el 18 de Julio de 1994, con la finalidad de contribuir a la conservación de sus ecosistemas naturales y valores paisajísiticos en armonía con los usos, derechos y aprovechamientos tradicionales, y con el desenvolvimiento

de

actividades

educativas,

científicas,

culturales,

recreativas, turísticas o socioeconómicas, compatibles con la protección del

espacio.

A pie o en bicicleta e incluso a caballo, pasearemos por sus veredas, atravesando campos y pueblos, entendiendo a su paso los valores naturales que han llevado a la inclusión de este territorio en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Castilla y León. Luís Buendía. (Periodista y aficionado a la montaña)


El Mampodre o los Mampodres como muchas veces se le denomina en términos montañeros, toma su nombre, según una vieja leyenda, de la expresión “Manos-Podadas”, pues aquí cuentan que tuvieron los romanos prisioneros a los astures tras años de montaraz guerrilla y que en represalia a tanto daño causado al

Título

ejercito de Roma, el Cesar mandó Fecha: 00/00/00 cortar las manos a todos los varones Hora: 00:00 Astures, erradicando así posibles revueltas.


Al noreste de la provincia leonesa, antes de que Declarada zona de Reserva Geológica del la vista se encuentre con las alturas de Picos de Complejo Glaciar del Mampodre por la Europa, existe una de las cadenas de montañas administración, esta tierra es todo un manmás hermosas del norte de España, el Macizo jar para el geólogo profesional y aficionado. de Mampodre. Pero no hace falta saber mucho de geoloEl Mampodre es la gran sierra que divide las cuencas fluviales del Esla y el Porma, separan-

gía para entender que estas montañas nos recuerdan, en época de nieve, a épocas pasadas, épocas donde grandes glaciares se

do al mismo tiempo dos grandes entidades his- acumulaban en estas hoyas y descendían tóricas de la montaña leonesa: Valdeburón y con sus lenguas hacia zonas más llanas. Puebla de Lillo. Alejandro D. González.


        

Lago de Isoba Collada de Lois La Cervanita Las Biescas Monte Ranedo Liegos—Acebedo Monte La Bollería


LAGO DE ISOBA.

La marcha se inicia en las inmediaciones de la estación de servicio de Puebla de Lillo, utilizando el camino que sube al depósito de agua del pueblo para salir a una ancha pista de tierra. Por la izquierda, este camino forestal nos conduce en progresivo ascenso hasta una pradera rodeada de bosque, donde la pista desaparece momentáneamente en el pastizal. Las roderas continúan por el margen izquierdo del descampado con una nueva subida, que conduce al monte Polvoredo, cubierto por un hermoso robledal. Al poco de entrar en el bosque, encontramos una bifurcación; hay que seguir el camino de la izquierda para acometer un tramo sin apenas desnivel disfrutando de la paz que reina en el interior de la masa forestal. En su trayecto por el bosque de Polvoredo, la pista tropieza con un corrimiento de tierras, que ha abierto una asombrosa cárcava en la ladera. Esto no supone ninguna dificultad para el senderista, que puede seguir el trazado del camino forestal unos metros más adelante hasta el lindero del bosque, donde la pista termina bruscamente en un altozano con grandes vistas hacia la vega del río Silván. Debemos continuar por una senda que sigue el borde del arbolado mientras atraviesa una empinada ladera horadada por varias bocaminas, que rememoran los inicios de la minería de talco en la zona. Perdiendo altura con rapidez, salimos al camino que utilizaban, hasta hace algunas décadas, los obreros de Lillo, Cofiñal y Redipollos para acudir a su trabajo en las minas de talco de San Andrés. De este modo, seguimos su misma ruta rodeando el montículo de Castiltejón para llegar a un nuevo cruce. Continuamos por la derecha, por un tramo empedrado que cruza los cortados de La Foz encajado en la roca. Al otro lado de la peña, se entra en el antiguo escenario de las minas, ahora abandonadas. Atravesando las cajas abiertas para el tránsito de camiones, encontramos una senda que se aleja de las minas, ladeando la caída occidental de la Peña los Niales. Este sendero finaliza repentinamente en una pista de tierra, que nos permitirá salvar el último repecho previo a la contemplación de la mejor de las panorámicas del Lago de Isoba.


Collada de Lois. El punto de inicio de este recorrido está situado en el área recreativa de Reyero, desde donde es preciso caminar por la carretera vecinal hasta el pueblo. Al llegar a las primeras casas, nos desviamos a la izquierda para tomar cualquiera de las dos calles que siguen por detrás de la iglesia y que confluyen más adelante, a la salida del pueblo, en la pista de Valderriero. Tras cruzar el arroyo del mismo nombre, nos enfrentamos a un cruce de caminos: el que se desvía a la izquierda sube hacia el puerto pirenaico de Valdehigüende, mientras que la pista que sigue de frente se dirige a la majada de Recubiles. Como quiera que ambas pistas se volverán a encontrar en la cabecera del valle, estamos al principio de un circuito que se

recomienda iniciar por el camino de Valdehigüende.

De esta forma, vamos ganando rápidamente altura, primero a través de un pujante robledal y, más adelante, por una loma desarbolada que permite disfrutar de una magnífica panorámica de la fértil llanada que precede al pueblo de Pallide.

Superado el tramo de subida más fuerte, llegamos al hermoso puerto de Valdehigüende, tendido a los pies de una sucesión de crestas calizas que recibe el ilustrativo nombre de Los Cabezas. La ruta continúa subiendo por la cresta que separa los valles de Valderriero, a la derecha, y del arroyo de Remolina, a nuestra izquierda, hasta alcanzar la base de una peña. Nuestro camino se cruza perpendicularmente con otra pista: por la izquierda podemos asomarnos en un breve desvío a la callada de Reyero, si bien la ruta prosigue por la derecha, que comienza a descender por la cabecera del valle de Valderriero pasando por debajo de la callada de Lois. En este punto, merece la pena salvar el pequeño desnivel que nos separa de la callada para colar la mirada hacia el recóndito valle del río Dueñas, donde se levanta el pueblo de Lois. Volviendo a la pista, afrontamos una fuerte bajada que nos conduce a la majada de Recubiles, donde los ganaderos de Reyero disponen de un redil para guarecer el ganado vacuno que suben a los pastos de altura. El descenso sigue siendo rápido y acentuado a partir de Recubiles, aunque solo en un tramo relativamente corto, que finaliza cuando el camino regresa a las orillas del arroyo de Valderriero. A partir de este punto, tan solo nos separa del pueblo un cómodo y bonito trayecto por el fondo del valle.


La Cervatina. Enseguida cruzamos el río del Celorno para tomar una ancha pista de tierra que se desvía enseguida por el valle secundario del arroyo Patina. Tras un buen tramo de suave pero constante ascenso, alcanzamos el cruce de la variante que lleva po r la derecha al collado de las Posadas y que permite acortar considerablemente la excursión; en cambio, la pista que vamos siguiendo salva un breve repecho para situarse en la hermosa pradería de Vega Ternillo, rodeada de bosque. A partir de aquí el recorrido se interna en el hayedo y alcanza rápidamente un primer alto, dando vista a la frondosa cabecera del arroyo de Ruidosos. Sin apenas perder altura, avanzamos hasta una nueva bifurcación, en la que elegimos el camino de la izquierda para cambiar de valle a través del cercano Canto del Oso, coronado por recias hayas y agrietados robles. Comenzamos entonces el descenso definitivo hacia la vega del arroyo de Rebueno, si bien antes encontraremos un cruce de caminos que, por la izquierda, nos permitirá acercarnos al monte de La Cervatina, donde existe un mágico rodal de tejos centenarios. Tras es-

te breve desvío seguiremos bajando en busca del valle, cuyo fondo se alcanza al pie de la confluencia de los arroyos la Támbado y Rebueno.

A partir de aquí la pista llanea al encuentro de la Fuente Fombea y del área recreativa de Pega rúas, donde se recibe por la derecha el camino del circuito corto. A parti r de aquí la pista llanea al encuentro de la Fuente Fombea y del área recreativa de Pega rúas, donde se recibe por la derecha el camino del circuito corto. En este punto sale a la izquierda un ancho sendero que lleva a la ermita de Pegarúas, situada en un resalte del terreno y visible también desde nuestra ruta unos cientos de metros más adelante. Poco después salimos a una pista asfaltada, que da servicio a las minas de talco de Respina, en un valle vecino. Casi inmediatamente, volvemos a desviarnos por un camino que nace a nuestra derecha, al pie de un pequeño refugio, y que bordea la vega del río Silván para ir a fundirse con las calles de Puebla de Lillo a los pies de la Casa del Parque.


Las Biescas. Se inicia el recorrido, por la calle principal de Solle, que atraviesa el pueblo y acaba transformándose en una pista de tierra que abandona el poblado en dirección al puerto de Linares. Un suave ascenso, por una vega de prados. Sólo en la umbría existe una amplia mancha boscosa: la masa forestal de Las Bisecas, para llegar a ella, remontaremos primero el valle en dirección a una gran mole rocosa, la Peña del Valle, que llama la atención en su cabecera. En este trayecto la pista se irá haciendo progresivamente más empinada hasta alcanzar el entronque de un camino de carros que se desvía a nuestra derecha y que se dirige hacia Las Biescas sin apenas desnivel. Así, al cabo de unos cientos de metros, nos internaremos en un espeso bosque de avellanos por un bonito camino cubierto de hojas secas y césped. Este tramo finaliza repentinamente en el collado de Orones, desde el que se tienen buenas vistas de los Picos de Mampodre y desde el que se atisba el valle vecino de Orones. A partir de aquí la senda, algo diluida, comienza el descenso hacia el pueblo, que se ve al fondo con su caserío de tejados rojos y humeantes chimeneas. Tenemos que bajar en zig-zag por el Prado del Toro, que se distingue frente a nosotros, hasta coger un camino bien marcado que se interna de nuevo en el bosque de avellanos. De este modo, ganaremos enseguida el alto de La Forcada, collado que da paso a un conjunto de prados aterrazados. Debemos continuar bordeando las fincas por nuestra izquierda hasta un pequeño resalte rocoso, ya muy próximo al pueblo. En el último tramo tendremos que vadear el arroyo la Llosa que, por lo general, lleva muy poca agua, para entrar en Solle por el mismo camino por el que habíamos iniciado la excursión.


Monte Ranedo. Salimos de Lario, frente a la Casa del Parque de Valdeburón, utilizamos la carretera local que atraviesa los prados de siega del valle de Hornedo para llegar a las inmediaciones de Polvoredo. Antes de cruzar el puente que da acceso a las primeras casas, la ruta se desvía por una pista que nace a la derecha de la carretera, describiendo un profundo giro para ganar rápidamente altura sobre el pueblo. Así, continuamos avanzando en dirección a la Peña del Prao las Cortinas, cuya altiva figura nos sirve de referencia en todo momento. Pasada la Fuente el Pastor, un abrevadero situado por debajo del camino, salimos a la inesperada planicie del Prao las Cortinas, un extenso pastizal de uso comunal limitado por espinos albares, manchas de genistas espinosas, piornales y bosque. Hay que rodear toda la majada para ascender a La Collada, desde la que se contempla la frondosa cabecera del valle de Pedroya. En este punto debemos abandonar la pista para cruzar el collado en dirección al bosque, en cuya umbría encontraremos un ancho camino forestal. De este modo, a través de un hayedo con abundantes robles, afrontamos una breve subida que nos permite cambiar de vertiente hacia la solana del valle de Hornedo. Al poco se atraviesa un claro, en el que se puede contemplar un chozo tradicional, con su pintoresca cubierta vegetal y su corral de piedra asociado, que servía para recoger el ganado. El siguiente tramo es un paseo delicioso por las espesuras del Monte Ranedo, en progresivo descenso hacia la vega del Esla por la cuerda divisoria del valle de Pedroya. A medida que vamos perdiendo altura nos adentramos en una zona de robledal más joven, donde el camino, cada vez más ancho y mejor marcado, cambia bruscamente de sentido, acentuando su inclinación para bajar de regreso a Lario, donde hace su entrada por el emplazamiento de la Casa del Parque. Casa del Parque de Valdeburón (987 742 215). El río Duero ocupa un lugar destacado en la encrucijada histórica de la Península. Se convirtió en una línea fronteriza en la Reconquista, de ahí que parte de sus conjuntos históricos artísticos, incluida la construcción de un buen número de castillos y grandes monasterios, haya condicionado el devenir de los pueblos que le abrazan. Su recorrido permite al viajero atravesar espacios naturales creados por la acción natural de su curso y convertidos en reservas medioambientales y faunísticas de gran importancia. Al mismo tiempo, el Duero riega los viñedos de las comarcas vitivinícolas más afamadas del sur de Europa y es el marco idóneo para las actividades del turismo acuático con cruceros por el río y práctica de deportes en los numerosos embalses construidos a lo largo de su cauce. El corredor del Duero es, por lo tanto, un itinerario que parte en dos la Comunidad y que permite disfrutar de una oferta turística de naturaleza, arte y gastronomía.


Liegos-Acebedo. Salimos de Liegos tomando el Camino de San Pelayo que es una pista de tierra para encaramarse a la loma que sirve de divisoria con el valle del río Belluco. A partir de este alto, la pista desciende al fondo del llamado Valle de San Pelayo, en el que se entremezclan bosques, roquedos y pastizales. Sigue una larga travesía hasta alcanzar una bifurcación cerca ya de los collados que limitan la cabecera del valle. Por la izquierda se sube hacia la Collada de Anciles, pero nosotros iremos por el ramal de la derecha, que nos sitúa en lo alto del Collado Demedios. Al otro

lado de este paso de montaña, la pista inicia el descenso a la vera del río Laco en dirección al pueblo de Lois. Muy pronto el valle se estrecha, y donde tomaremos un nuevo desvío por nuestra derecha, que nos introduce en la vega de Llorada, donde llaman la atención las ruinas de una antigua explotación de cinabrio.

El camino continúa ascendiendo por el valle, dando vista a una preciosa cabecera orlada por bosques de hayas. Frente a nosotros se alza el Cordal de Recacabiello, inconfundible por estar coronado de antenas, que nos sirve de referencia para avanzar hacia la collada que se abre a su izquierda. De este modo, nuestro camino no tarda en internarse en un hayedo, en el que encuentran sitio algunos pies de Roble Albar extraordinariamente gruesos, viejos y agrietados. Aunque la subida es dura por momentos, el último tramo por el interior del bosque resulta muy agradable y nos proporciona sombra prácticamente hasta las inmediaciones de la Collada del Hito o, como la llaman en Acebedo, el Collado de Lois. Dando vista a los valles que bajan desde los Picos de Mampodre hacia Acebedo y el Esla, avanzamos unos cientos de metros para enlazar con la pista que lleva al repetidor del Pico Mediodía, cima a la que, si nos sobran fuerzas, podemos ascender sin dificultad para gozar de unas grandes panorámicas. No obstante, la ruta sigue esta pista en sentido contrario, bajando por el valle de Erendia hasta las cercanías de Acebedo. Para cerrar el circuito será preciso regresar a Liegos por la carretera Riaño-Puerto de Tarna, en un trayecto de algo más ..f de 5 km que atraviesa el núcleo de Lario.


Monte La Bollería. A las afueras de Maraña, a unos 300 m del pueblo, en el lugar conocido con el nombre de El Barrero, tomamos una pista de tierra que sube desde la carretera hacia los prados de siega de El Belledo.

Apenas iniciada la marcha se encuentra una bifurcación en la que hay que optar por el ramal de la derecha, que baja a vadear un arroyo antes de seguir subiendo hacia el monte La Boyería. Una vez alcanzado el nivel de los prados que limitan con el bosque, la ruta prosigue sin más desnivel que ligeras bajadas y cortas subidas por el interior de un hermoso y tranquilo robledal. Todavía cerca del lindero del bosque, antes de salvar la vaguada de Los Llamargos, dejamos a la izquierda una pista de tierra que utilizaremos a la vuelta. De este modo se inicia un recorrido circular, sin pérdida posible, por el interior de la masa arbolada, en la que domina el roble albar pero en cuyas entrañas también existen buenos rodales de haya, que prefieren los enclaves más húmedos y umbríos del monte. En un momento dado, después de una corta bajada, la pista cambia radicalmente de sentido, ganando rápidamente altura por el interior de una mancha de hayas. No obstante, la pendiente se suaviza enseguida, lo que permite emprender el regreso por otro tramo de escaso desnivel pero situado a bastante más altura. Será un poco más adelante cuando el camino comience el descenso que nos conducirá de regreso a Los Llamargos a través de una solana monopolizada por los robles. De vuelta en la pista inicial de La Boyería, solo queda desandar el primer tramo del recorrido en dirección a Maraña.


En el sector central de las montañas asturianas se encuentra el último espacio protegido declarado en Asturias, EL PARQUE NATURAL DE REDES.


D

e relieve muy quebrado sus faldas están tapizadas por frondosos bosques caducifolios, principalmente hayedos, en donde no falta ninguno de los emblemas de la fauna astur como el urogallo, el lobo, el rebeco e incluso el oso pardo, que ocasionalmente hace incursiones en la zona. El nombre de Redes, que designaba uno de los montes arbolados más representativos de las tierras asturianas del

alto Nalón, se mantuvo en la memoria de los habitantes de los pueblos próximos, a pesar de que en 1943, y por una mala transcripción publicada en el BOE, se constituyó como Coto Nacional de Caza de Reres el que habría de ser uno de los más famosos territorios cinegéticos ibéricos. La popularidad que alcanzó y un cierto desprecio por la preservación de la cultura popular hicieron que en los círculos de decisión


se mantuviera la denominaci贸n incorrecta. Es pues Redes, nombre de bosque, de monte en Asturias, y es denominaci贸n muy apropiada para el parque natural, ya que en

las 37.622 hect谩reas que componen el espacio protegido son los 谩rboles los que dominan el paisaje, suponiendo la superficie forestal casi un 50% del total.


S

i se tiene en cuenta que casi la mitad del territorio de Redes es bosque, unos montes que ocupan grandes extensiones en las umbrías de los terri-

torios forestales, no es extraño que la madera haya sido un recurso ampliamente aprovechado por sus habitantes a través del oficio de madreñero.


D

e la naturalidad y salubridad de este espacio de montaña da fe el río que lo vertebra, el Nalón, cuya estratégica situación hizo que desde antiguo se estudiara la posibilidad de abastecer con sus aguas a la población y a la industria que se asienta masivamente en la zona central de Asturias. A finales de los 60 se dieron los pasos definitivos para la

constitución del Consorcio de Abastecimientos y Saneamientos (Cadasa) que fue el aprovechamiento dual de las aguas del río: la producción eléctrica y el abastecimiento. Hoy en día de Redes bebe la gran mayoría de la población asturiana, y los embalses de Tanes y Rioseco han aportado a su vez diversidad al alto Nalón.


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ituado en pleno parque de Redes, el Tabayón de Mongayo en un cascada declarada monumento natural en el año 2003 con un salto de agua de 60 metros sita en las inmediaciones del pueblo casín de Tarna. La Cueva Deboyu con unos 200 metros de longitud por la

cual discurre el río Nalón es otro de los espacios paisajísticos que ofrece Redes; se encuentra cercana a la localidad de Campo de Caso. Esta cueva junto con la cascada, son de extraordinaria belleza y están considerados en el parque como los monumentos naturales más importantes.


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na forma de descubrir el parque es caminar por sus rutas. Desde Pola de Laviana llegaremos hasta la presa de Tanes, un embalse en el que algo más arriba aparece la cueva Deboyu, atravesada por el río Nalón. Tras sobrepasar los pueblos de Veneros, Soto de Caso, Bezanes y Tarna, el último pueblo para adentrarnos en la provincia de León, se pueden observar bellos y bucólicos paisajes, totalmente

espectaculares. En el parque de Redes existen diversas rutas transitadas a diario por los turistas. Merece la pena observar entre otros la majestuosa Vega de Brañagallones, en Bezanes. El pico de los Arrudos que se inicia en el pueblo de Caleao; el lago Ubales de La Felguerina. El canto del Oso, y el Tiatordos desde la zona de Pendones, pasando por el gran roble centenareo de Tarna y el salto de la cascada de Mongayo.


L

a importancia medioambiental de Redes, viene dado por la abundancia de su fauna y su flora, su diversa vegetación, sus frondosos bosques, ricos sobre todo en eso, en su rica fauna. En Redes puede verse el oso pardo, los ciervos y corzos, el lobo ibérico, el armiño, el gato

montes, el pito negro y sobre todo los urogallos. En todo el territorio abunda el fresno común, el cerezo, el olmo de montaña y el avellano, como también las hayas, el sauce blanco y la mimbrera y salguera negra, vinculados estos al medio acuático.


Bezanes Ubicado en pleno parque de Redes Bezanes es una zona marcadamente agropecuaria, donde en la antigüedad la población bezanexa vivía casi exclusivamente de esa actividad agrícola complementada con la ganadería y la industria madreñera como únicos medios de subsistencia familiar, don-

de las gentes estaban sujetos, (al contrario que muchos otros pueblos casinos que estaban exentos), a unos impuestos excesivos para la época: el pago de los diezmos reales o del clero, en los que se ha de entender que junto a la nobleza la iglesia era la institución más poderosa del momento...


Una Mirada Retrospectiva

MarĂ­a E. GonzĂĄlez de Hita


L

os diezmos se originaron durante la edad media y constituían hasta el año 1836 un impuesto enorme para la época, así en años atrás se decretó una especie de ley (un fuero real) en el que los bezanexos debían pagárselos al cura por la cosecha y los animales. Los diezmos eran, por un lado, el derecho del diez por ciento que se habría de pagar al rey

sobre el valor de las mercancías que entraban y pasaban de un reino a otro, o, en el caso de Bezanes parte de la siembra que tenían que pagar a la iglesia, esto es que al cura le pertenecía como digo la décima parte de la cosecha que recogían. Aunque no sólo se hacían “cargo” de los productos de la huerta, sino que también lo hacían del ganado, donde se diezmaban los terneros en diversas cuantías, y donde los bezanexos


estaban por “ley” sujetos a estas normas que constan algunas del siglo XVI, bajo pena de excomunión. En el año 1142 Alfonso VII dona a Martín Díaz la villa de Taramna (Tarna) para que cree allí un hospicium transeantibus (algo así como un albergue de caminantes) y en 1146 recibe de nuevo del mismo rey la iglesia de Santa María de Belerda, donde todas las zonas desde Belerda hasta Collau

Castiello son de su propiedad, en el que con el fin de hacer perdonar sus pecados y errores da al final de su vida a los curas del monasterio de Eslonza sus pertenencias, siendo por tanto en el Concejo de Caso el vicario de Eslonza el que cobraba los diezmos, donde llegó un momento en que por parte de los eclesiásticos se producían muchos abusos hacia los campesinos y no se daba o se falsificaba lo recaudado, por lo cual en


el año 1776 se envió por las parroquias de Caso un delegado que tomaba declaración jurada de una parte a los párrocos y por otro a cinco vecinos para comprobar la veracidad de las aportaciones, especificando en un libro de cuentas los diezmos recaudados. Estos diezmos que habían de pagarse a los curas dándoles de la siembra una parte de la cosecha fue muy típico en Bezanes, donde algunos otros valles del concejo se li-

braban de ellos por ser tierras mucho más pobres... En aquella época la suerte de este pueblo es que cuenta con una tierra de buen regadío, gracias al río Monasterio, al Nalón o al regueru Tremau, donde no hay que olvidar que antiguamente los pueblos donde el agua fuese escasa se les consideraba de categoría inferior, donde en Bezanes proporcionaba ese agua una fuente de suma riqueza en las utilidades que suelen


darse para las diversas aplicaciones rurales (coladas, molinos, abastecimiento para el ganado o las personas, y para el cultivo). Era por tanto Bezanes una tierra de gran producción fructífera, además, en todos los sentidos presentes, donde los frutos salvajes también solían desarrollarse mejor que en otras zonas casinas. Por tanto los diezmos aun mermando la producción y el trabajo de

los bezanexos en los productos de la siembra auguraban más proporciones para los curas y demás clases “señoriales” que se llevaban más cantidades que en otros lugares de Caso, por como ya hemos visto, la riqueza de sus tierras fértiles. En la antigüedad el acceso al pueblo de Bezanes se hacía por medio de la vía o el camino real, aunque la comunicación era muy pésima, donde su


aislamiento era tal, que los gobernantes no se hacían cargo, (a no ser que fuese general y consecuentemente para todo el resto de Caso) de sus tierras, propiedades o rédito, hasta al menos principios del año 1200, donde posteriormente, ya en el año 1447, con fecha 9 de junio Juan II otorgaba el privilegio de libre pasto por todos sus reinos y señoríos. Estos "favores" o privilegios con que contaba Caso y consecuentemente el pueblo

de Bezanes se ejecutó bajo el reinado de los Reyes Católicos, que anulaban el embargo de sus tierras por otras zonas o concejos (en el año 1487), y de Felipe II que liberó a sus habitantes de la obligación de pagar portazgo( 12 de agosto 1562), hasta extenderse a Fernando VII que anuló también algunas deudas, donde el concejo al ser pobre


sin duda se vio favorecido al concederle todos estos ciertos privilegios firmados por los reyes en diferentes épocas o años ( Enrique IV 25 de abril de 1455 / Juana y Carlos, 5 abril de 1524 / Felipe III el 13 de noviembre de 1601 / Felipe IV en 1622 / Carlos II mayo 1668 / Felipe V el 2 de septiembre de 1704 / Luis I 20 de junio de 1724 / Fernando VI 1749 / Carlos

III 7 de mayo de 1762 / Carlos IV etc...) . La liberación de pagar portazgo que era de aquella un impuesto de tráfico por lo que antes de pasar de un lugar determinado a otro se había de pagar una cantidad estipulada, fue consecuentemente muy favorable para el concejo pues contribuyó a una mayor afluencia de mercaderes que comercializaban con varios géneros, y a los que popularmente se les denominaba como arrieros o carreteros.


E

n Bezanes hubo, y sobre todo de forma masiva en el año 1800 personas a quienes una vez liberados de pagar por traspasar de una zona a otra se dedicaron a estos menesteres de la tradicional arriería, donde los arrieros de la zona han sido piezas clave en el entramado económico, social y cultural de Caso, en el que los bezanexos con sus medios de transporte rudimentarios de tracción animal (carros, ca-

rretas, mulas, burros y caballos) hacían viajes con frecuencia desde Bezanes a Castilla y viceversa, donde desde su pueblo transportaban, debido al gran número de artesanos de la madera presentes allí, las típicas madreñas, que era el calzado más característico o representativo del concejo casín, en los que en las zonas castellanas no aficionados a la ejecución de esta artesanía demandaban este calzado que era el más usado


en los enclaves rurales. También los arrieros de Bezanes llevaban junto con las madreñas aperos de labranza además de otros artilugios relacionados con la madera, como vasijas, jarras y cuencos, que intercambiaban por comestibles o licores. Los arrieros de Bezanes constituyeron el principal canal de comunicación entre los grupos humanos, en los que están íntima-

mente relacionados con el folclore popular de Caso, donde para animar sus largas caminadas por los caminos reales recitaban poesías, cantaban canciones y narraban historias en forma de coplas que aun las mentes de los más ancianos del lugar conservan. En la edad media las normas, derechos y privilegios otorgados por el rey o los señores de las tierras, donde


mediante estatutos jurídicos que eran aplicables en una determinada localidad cuya finalidad era, generalmente regular la vida local estableciendo unos preceptos, tuvo su “sitio” también en Caso, donde con fecha 9 de junio de 1447, el monarca Juan II firmaba en Arévalo un documento por el cual otorgaba al concejo casín el privilegio de libre pasto por todos sus reinos y señoríos, confirmándolo en Tudela de Duero el 12 de

octubre del mismo año, y manteniéndose hasta el año 1817. La aldea de Bezanes se vio sin duda muy beneficiada por este documento, contribuyendo a una mejora en su maltrecha economía. El privilegio permitía pastar libremente por los territorios de la corona, así en el pueblo tras ese decreto comenzó a darse buen uso de los pastos comunales, aunque en esas y otras fechas posteriores como en Bezanes existía mayormente una


miseria generalizada, aun al poder andar con el derecho al paso franco por los pastos, en las épocas veraniegas esto no dejaba de ser por supuesto un buen recurso, mas la cosa empeoraba cuando se sucedían las grandes nevadas donde había que meter el ganado en las cuadras. Los pastos al ser propiedades de señores feudales, monarcas y abades, una vez que llegaban los duros e intensos inviernos de grandes nevadas, ese privilegio de pastar libre-

mente se hacía inútil pues la nieve tapaba el territorio, así entonces los bezanexos buscaron otra alternativa para poder mantener a su ganado, donde esta solución sería dar paso inevitablemente a la trashumancia... Las diferencias climáticas entre las estaciones provocaban una producción de forraje diferencial, donde en Bezanes era más extrema entre el periodo del invierno al verano, y donde en esta última estación el


forraje era abundante, mas cuando llegaba el invierno y la nieve, el frío es tan intenso que detiene el crecimiento vegetal, con lo cual la situación ganadera en Bezanes empezaba a ser un problema acuciante. Fue entonces la trashumancia llevada a cabo en el pueblo durante años la que consiguió paliar esas necesidades imperativas de proveer de alimento al ganado. Los antiguos bezanexos pasaban de las dehesas de invierno a las de verano y viceversa, donde esas trashumancias se hacían por supuesto cada año, en

las que se conducía el ganado preferentemente a las zonas costeras, donde al haber una climatología más cálida había por tanto un mayor sustento para el ganado. Una vez más la vía pecuaria era el camino real. En Bezanes me contaron diversas escenas de las antiguas trashumancias que se hacían duras y complicadas, donde dicen que los pastores o ganaderos andaban a merced del tiempo, me dicen que “si llovía moyábense, si fecía calor sudaben” y solían detener su ganado en los abrevaderos, pilones, ríos,


arroyos o remansos donde el ganado bebía, y en las majadas pasaban la noche donde algunos tenían suerte y se resguardaban en las cabañas que por el camino fuesen encontrando. La tarea de mantener el rebaño cohesionado cuando se dispersa resultaba a menudo difícil al encontrarse con diversos elementos que dificultaban tal labor de conducir el ganado, puesto que en épocas antiguas el concejo casín se encontraba abarrotado, por ejemplo, de lobos que campaban a sus

anchas por los montes, y que en un descanso del pastor aprovechaban tal circunstancia para apropiarse de los terneros u ovejas. En Bezanes existió en la antigüedad un palacio que contaba con una iglesia, sitios en los cuales moraba Don Bernardo. En el medievo había en el pueblo gente, como el antedicho Don Bernardo (aunque sea de una fecha mucho más posterior) que


tenían un mayor poder adquisitivo que el que habitualmente se reflejaba entre los habitantes del pueblo, es decir, que tenían una solvencia monetaria y un estatus social más elevado que el resto del vecindario, donde en periodos arcaicos de trashumancia tenían bajo su dominio a rabadanes que cuidaban de los rebaños. Los rabadanes eran simples criados, “pastorcitos” de poca monta, mancebos que se exponían como hemos visto a las inclemencias del tiempo, al ataque de animales salvajes y a un sin fin de

dificultades... no eran tampoco ajenos a robos, pérdidas o extravíos de ganado. En aquellas épocas la gente no tenía otro medio de transporte salvo la alpargata, así que acercarse a tierras leonesas por ejemplo, o a otras zonas asturianas se hacía a pie por largos y angostos senderos, solitarios y, cuando caía la noche, totalmente oscuros, donde al paso a menudo salían los “salteadores de caminos. En Caso hubo una gran proliferación de gentes que con sus ganados se asentaban en otros lugares


de pastos, como ya hemos visto, en el tiempo intermedio de invierno a verano. A este trasiego de personas, a la acción en sí se le llamaba también en Bezanes “ir a la marina”. Los problemas a los que se enfrentaban eran

tan numerosos que no faltaban los entuertos que tenían con los campesinos por la invasión de tierras de labor, el robo y la apropiación de los animales perdidos o rezagados por agricultores o por otros pastores...


El itinerario habitual pa-

ra ir a la marina era bajar hasta Campo de Caso “y alante” hasta Villaviciosa Lastres y Llanes. Y si de lo contrario se tomaba la otra alternativa iban en dirección a Castilla por el puerto de Tarna… Cuando había poco que echar por la primavera se iba también hasta la Guariza Coballes, donde está el túnel ahora… Hay que distinguir la trashumancia que ya hemos visto, efectuada en periodos invernales con aquella otra

que se hacía en el tiempo contrario, esto es de primavera a invierno, es la denominada trashumancia en corto. En Bezanes se desplazaban a la vega de Brañagallones, me dicen que allí “na más acabar col herba se agarraba el gochu y les gallines y eso y pa la vega hasta que se derrompín los cotos”. Allí permanecían hasta el invierno donde hacían madreñas y se estilaba una práctica: el linteriu, que los lugareños lo explican así:


“L´interiu era bajar la leche pa toes les cases, una lechera pa cada vecín, y después subín el comestible. Baxaba una persona cada día, al que-y tocaba, pero había uno de Bezanes que se llamaba Quintiliano Gallinar que nunca encontraba la caballería pa nu ir con el l´interiu”…

de vértigo tanto en Bezanes como en otros pueblos del concejo, donde ya no se estila ninguna de estas prácticas, en las que como mucho se llevan las vacas a las majadas donde allí a su libre albedrío pastearán y son vigiladas de cuando en cuando por las personas que se acercan hasta allí para ver si está La trashumancia se “todo en orden”. extinguió a una velocidad


Entre 1830 y 1835 Caleao

fue ayuntamiento, ejerciendo una gran influencia sobre los demás pueblos del concejo, donde se dictaban allí ordenanzas para el aprovechamiento de pastos comunes. El disfrute de los pastos comunales era un beneficio para la condición única de “vecino”, donde era legitimado por los propios habitantes del pueblo, que bajo preceptos regulaban quiénes podían hacer disfrute de las majadas y las condiciones en que las disfrutaban. Esto existía

en todos los pueblos casinos, donde por ejemplo los amplios pastos que ofrecía el puerto de Tarna para el pueblo del mismo nombre sólo, mediante fijaciones de ordenanzas sin excepciones, lo aprovechaban los tarninos. En Bezanes la vega de Brañagallones que deriva de nombre de braña y gallones porque había muchos urogallos en la zona, que popularmente la gente antigua en vez de urogallos los llamaba gallones, era o es una majada de pasto colectivo, donde la gente aprovechaba la libertad que les brindaba


el mantener el ganado a su “aire” para dedicarse a otras labores como la artesanía de la madreña, labor fundamental para paliar algunas necesidades elementales, donde esta aldea alberga grandes artesanos madreñeros .“ Las gentes del pueblo también iban con el ganado a Valdebezón, que es una majada que está para arriba de Brañagallones, pero los que más iban y van son de Soto y Belerda, porque se comparte el territorio de pasto, de Valdebezón y la Vega,

mientras que Pociellu y Cerreu se comparte con los de La Foz. En Bezanes existían las típicas veceras, donde los vecinos se turnaban para pastorearlo. En el pueblo la vecera de ovejas estaba en los pastos desde San Pedro hasta San Miguel.. Se apostaban en una cueva en Anciu, y al pastor que le tocara ir dormía allá, y se bajaban comúnmente los sábados toda la vecería para hacer recuento. Predominaba en el pueblo la vaca casina, que


es autóctona de la zona, siendo un ganado muy bien adaptado a lo abrupto y agreste que se presenta el concejo. Su pelaje es rojizo u ocre, donde de su leche procedía el queso casín, un queso que es fundamentalmente graso, donde esta raza vacuna es la apropiada tanto para el queso como para la manteca por como digo sus cualidades grasas. Lo “malo” de esta vaca es que no cuenta con una amplia producción lechera, aunque esto era lo justo y necesario para proveer a los bezanexos, que no se dedicaban a ex-

portar leche, sino que ésta se quedaba para el autoabastecimiento y consumo único y exclusivo familiar. Este queso casín elaborado en la zona es uno de los más antiguos de España, en 1328 Domingo Pérez, el capellán de Sobrecastiello y el escudero Gutier Ferrándiz, arrendaban del monasterio todos sus bienes y derechos en la parroquia de San Salvador por 70 maravedís y 12 quesos anuales, siendo esto último una prueba de que la fabricación del queso casín debía estar bastante generalizado. Tiempo más


tarde, el capellán de Sobrecastiello, que vivía en Bezanes renovaría ese contrato. (El monasterio de Santa María de la Vega, en Oviedo, que poseía tierras en Bezanes, recibía como pago de arriendo esos quesos…) Con la leche se hacía también la manteca, denominada mantega en Bezanes, donde para obtenerla se deja en un envase amplio la leche de hoy para mañana, donde a otro día se quita la nata. Se mazaba entonces en el “ballicu” que es una

especie de envase realizado con piel de cabrito; sino en la lechera o en un botijo donde se golpea o se bate para que se separe la mantega, la mantega se extrema así de la leche. Después se amasa en forma redonda, más bien oblicua, y se adorna con dibujos hechos con un cuchillo o con el tenedor. En Bezanes había un invento, donde a la lata de aceite de cinco litros, las típicas de “Carbonel” se le ponía una tapa de madera que tenía encima un agujero por el cual se le


ponía un palo que bajo él estaba una tabla, donde dándole vueltas mazaba la mantega. Por un lado quedaba el resultado de la nata y por otro la leche que a veces se bebía pero como sabía agrio comúnmente se echaba a los cerdos, a esta leche se le denominaba en Bezanes “leche en brena”.

la arquiEntecturaBezanestradicional del pueblo está formado por casas de piedra adyacentes a cuadras y tenadas. Destacan, en algunas antiguas construcciones la madera labrada de la que por sus calles se pueden contemplar trabajos decorativos de diversos tipos, resaltando que Bezanes en general ha sido uno de los valles con más incidencia de personas dedicadas a la ejecución del calzado de madera, , las típicas madreñas. Destaca también en el pueblo la presen-


cia de hórreos beyuscos que se caracterizan por tener el tejado a dos aguas a diferencia del tradicional asturiano que cuenta con cuatro. Estas construcciones no son típicas del lugar, simplemente cuando renovaban el tejado se reconstruía éste a dos aguas y se realizaban otras mejoras poco ortodoxas, ya que se cerraban algunos de ellos totalmente por la parte baja que servía como almacén. Si hablamos de la economía bezanexa de la antigüedad cabe destacar

que ricos en el pueblo eran los del palacio de Don Bernardo, y los Cobos y los del mesón. Pero a pesar de que se dan cita algunos “emparentados” con la hidalguía, Bezanes no es precisamente el que cuenta con un gran número de ellos, a excepción de las gentes anteriormente mencionadas pertenecientes a unas posiciones acomodadas, mas las personas eran principalmente de clase campesina y obrera, que por tal adaptaban sus construcciones a su modo de existencia agrí-


cola y ganadera. Para poder cubrir todas las necesidades de su medio de vida los bezanexos levantaban sus hogares con construcciones adyacentes, como cuadras u hórreos, capaces estos últimos de conservar a salvo de roedores los productos como el grano y demás producciones de cultivo. Las casas antiguas de Bezanes suelen o solían ser de planta rectangular con tejado a dos vertientes, con distribuciones interiores muy elementales: cocina, habitaciones, desván y en la parte baja portales destinados

tanto a los trabajos artesanales como la creación de artilugios en madera o a las tareas domésticas como la tradición de reunirse varias personas para deshojar y enristrar las panoyas de maíz, la tradicional “esfoyaza”. Antiguamente el suelo de las cocinas de las casas de principios de 1920 era de tierra compacta, aunque había quien forraba el suelo con llábanas de pizarra . De esas casas más antiguas conservan la gente anciana recuerdos de las trébedes donde ponían al fuego perolas o de cuando colga-


ban en la posición central de la cocina el pote en les “calamiñeres”, unas gruesas cadenas de hierro sujeta a uno de los pontones superiores de la cocina, donde en medio de la misma se encendía un fuego, lo cual se expandía por la cocina el humo pues no había “tiro” ni chimenea exterior (Las casas de poyu y de treme eran las casas que eran a teya bana, sin chimenea). Las paredes de piedra se hallaban por tanto sobrias, teñidas todas de negro por la acción del fuego. Al

lado se encontraba los típicos escaños de madera en forma de “u”, y diversos “gavitos” destinados a colgar los instrumentos de la cocina como garcillas, tanques, sartenes de mango largo etc., e incluso las viandas de la matanza, de ahí esa frase que abunda tanto por Caso en el que se suele decir que: “donde pienses que hay jamones, igual sólo está el gavitu pa colgalos” refiriendose al hecho de que por tener la creencia de que en una casa abundaba la riqueza tal vez no


fuera para tanto. …A lado del fuego también se sentaban en “tayuelos”. Y sobre el hogar se situaba el “sardu”, realizado con varas de avellano que a modo de secadero se utilizaba para las castañas, y un “gavitu” muy particular en las esquinas realizado con un palo largo para los “colgamentos” de más peso al que los bezanexos más ancianos denominan con el particular e irónico nombre de “tentemozu”. En Bezanes no se estilaba el uso de la alfarería, por lo que más aumentaba era el trabajo de la

madera, por otra parte abundante en el pueblo. Con las varas de mimbre se hacían cestas, “xardos, cestones” en algunos casos, era una artesanía popular extendida en el pueblo por la falta de otros recursos como calderos, baldes etc., donde en los cestos se recogían los productos de la huerta, los del monte como las castañas y bellotas o cualquier otro recurso que tuviese como función, como dicen en Bezañes, “la apañaera”… El mobiliario de la cocina y de la casa en general entraba en función de las capa-


cidades económicas de las personas, donde el conjunto de muebles reflejaban las diferencias sociales entre el campesinado y la burguesía. En Bezanes primaban las arcas o arcones con sublimes decoraciones destinadas a alojar diversas materias, donde no se abastecían de ellas fuera, sino que eran construidas por artesanos locales, así como los escaños o tayuelos y las maseras. Las habitaciones eran rudas, con camas donde antiguamente era popular que compartieran el sueño

varias personas, y en las casas de más “lustre” me dicen que existían las palancanas, a veces con su correspondiente jarra de agua para acicalarse en las mañanas. El mobiliario solía en general ser muy austero, donde el menaje se limitaba a las cosas más elementales para cubrir las necesidades primordiales. Un elemento bastante popular en las casas eran los corredores, donde en sus barandales se colocaban ristras de mazorcas, o donde se airean las cebo-


llas u otros productos de la huerta. En una casa antigua de Bezanes se puede contemplar por ejemplo a día de hoy el cierre de una parte de la solana efectuada con las mismas varas que se utilizan para los cestos y de forma también entrelazada.

A

lo largo de los años, la antigua población bezanexa se vio diezmada por diversas enfermedades características de la época de hambruna y penurias materiales, donde al ser la asistencia sanitaria reducida o más bien nula como producto de estos factores coyunturales se desarrollaron males como el tifus o la tuberculosis, enfermedades características de esos tiempos precarios, donde se trataban con remedios caseros en la mayoría de los casos poco efectivos. Pero sin duda la que más afectó a


la población fue la peste, la lepra y una especie de gripe que como no se sabía qué enfermedad era, por los pueblos de Caso se le llamó “la enfermedad grande”, denominándola tradicionalmente como el “enfermón”, donde esta pandemia en tiempos antiguos y en el año más cercano entre los años 1918 y 1928 acabó con muchos vecinos de Bezanes. No se libró el pueblo de la temible enfermedad de la lepra, la peste que se llevó un considerable número de víctimas, donde el

conde Rodrigo Álvarez de las Asturias en su testamento hecho el 16 de agosto de 1331 hace una manda de 400 maravedís a los lacrados de Caso. Dado que la lepra fue una enfermedad muy extendida en Asturias y para hacer frente a amparar a las víctimas se fundan Malaterías, en Caso la de Moño, cuya función principal era el atender a los leprosos que carecían de medios para curarse. En cuanto a el enfermón se decía en Bezanes que si entraba era


raro el que se salvara, esta especie de gripe venía acompañada con pulmonía y arrasó con muchas familias, uno de los casos de las muchas muertes que hubo fue el de tíu José Esteban, que era de La Foz y tenía un hijo casado en Bezanes llamado Nazario, donde él mismo (José Esteban) hubo de llevar en el carro a enterrar a su mujer puesto que no había gente que pudiese enterrar, unos por estar afectados de esta enfermedad y otros que no lo estaban pero no querían acercarse a las personas enfermas para no

contagiarse. La última que murió fue Beatriz Rodríguez, madre de Constante el pescador, su marido la enterró y al regresar a su hogar se acostó en la cama donde había muerto la mujer, pero casualidades de la vida a él no le pasó nada… Se decía que la enfermedad duraba unos ocho días, unos se curaban y otros, los más, se morían. A lo largo de los años muchas de estas y otras enfermedades se cebaban con los bezanexos, donde entonces, en aquellas épocas, debido a la carencia de asistencia médica se


paliaban las enfermedades con medicinas populares, donde al médico se asistía sólo cuando la cosa parecía ser mucho más seria, ya irremediable. Los médicos y los medicamentos escaseaban así que se evitaban estas enfermedades con tratamientos popularmente denominados como “herbatos” que se administraban como fomentos o por vía oral, conocido era el tomar por ejemplo manzanilla para los dolores estomacales, para los torzones o empachos. La menta y el poleo

o el orégano mejoraban los catarros. Y ya, con fines tal vez más estéticos se prevenía la caída del pelo cociendo ortigas y añadiendo a la cabeza el líquido, y en las décadas del enfermón se decía que se curaba éste con sarro que se ponía tras calentarlo encima de un trapo en la parte del pecho del enfermo. Para las verrugas se decía que si cada mañana se “lamían” la propia saliva hacía que se “secaran” y caían. La genciana cocida, cuyo líquido se bebía durante


nueve días seguidos en ayunas ayudaba a combatir enfermedades posteriores, con lo que se “limpiaba” el organismo. Para los “rapaces roínos” una “raspina” y dos flores de manzanilla se les administraba para abrir las ganas de comer. La hoja de la “Carvaza”, la “Planiega” se usaba para curar las heridas infectadas, así me cuentan que “per un lau la fuella hacíalo madurar la herida y pel otro sacaba el pus” se iba entonces intercambiando la hoja de lado para sanarlas. Cuando existían picaduras en la piel

el orín aplicado en fomentos se decía que bajaba las inflamaciones. Si se tenía lombrices en el cuerpo lo más eficaz era comer ajos o hacer un collar de ajos, donde al parecer al enristrarlos en un hilo y ponerlos cerca de la nariz el propio olor que desprendían hacían desaparecer las lombrices, dicen también que: “pa la muyer hortolana y el hombre apiu…” Para la tiña lo más conveniente era aplicar un ungüento consistente en la grasa del cerdo y pimiento, todo ello mezclado y colocado encima de la costra o ulcera-


ciones. Para las pulmonías en papel de estraza se untaba “untu” (grasa) y se ponía en el pecho, a esto se le llamaba “parche”. Para los flemones producidos por el mal de las muelas era propicio tomar un poco de aguardiente sin tragarlo, donde se “llevaba” al lado de donde estuviese el flemón y allí se mantenía durante unos segundos, luego se escupía el aguardiente, pero si se tragaba (unas cuantas veces) decían (con sorna, claro) que se pasaba mejor el malestar; también

para el dolor de muelas se decía que era bueno, tal cual como el aguardiente, aplicar el humo de un cigarrillo, cosa esta que se hacía sobre todo para los niños que no podían resistir el fuerte sabor del orujo, a quienes se les obligaba a dar una “calada” al cigarrillo o a la pipa. …Con huevo y una copa de jerez se friccionaba la espalda y se trataba la anemia. Para los dolores de oído se añadía unas gotas de aceite templada y se tapaba con algodón. También para los males


de los animales se aplicaban ciertas soluciones, por ejemplo cuando tenían hernia con una “estiella” se empujaba la zona abdominal donde la hernia sobresalía y al empujarla hacia adentro desaparecía y para la gente se ponía paños calientes, para ello usaban popularmente las boinas. A las gallinas que estuvieran “gachas” se les daba una aspirina, y a aquellas que no

comían se les quitaba manualmente la “pebida”, esto es que en la lengua les crecía una especie de protuberancia que se les arrancaba y así la gallina mejoraba. Estos eran algunos de los típicos remedios con los que la población bezanexa a expensas de otros métodos más efectivos como los medicamentos usaban para sanar o al menos paliar sus males.


Bezanes C onse fueel tiempo modernizando. Los más viejos del lugar recuerdan que el primer alumbrado eléctrico en el pueblo fue el 30 de enero de 1924. El primer automóvil llegó a Bezanes el 29 de junio de 1918, cuando aún estaba la carretera en construcción. El 1 de mayo de 1920 llegó el primer coche-correo, el cual hacía 16 años era transportado por peatones, donde para reducir el aislamiento de los pueblos casinos, mucho tiempo después

apareció un invento nuevo: el teléfono, donde con un gran esfuerzo por parte de todos los vecinos y mediante donaciones voluntarias –desde 100 ptas. en adelante-, se formó una comisión pro-teléfono congregada por los pueblos de Soto, Belerda, Bezanes, La Foz, Pendones y Tarna para poder tender la línea telefónica desde Campo de Caso hasta Tarna y rematarla con la instalación de los aparatos que permitieran la comunicación con el resto del mundo.


En el año 51 gracias al capital procedente de los emigrantes de Argentina se hizo el lavadero actual, que consta de más o menos vente “piletes”, como así lo denominan allí, en el que también matizan que por entonces era tan moderno que tenía váter y tou… El saneamiento por aquel entonces en el pueblo era muy reducido, en otras localidades casinas como llegaron los de “Regiones Devastadas” se acondicionaron los desagües, pero en Bezanes se apañaban con pozos negros, hasta que el

ayuntamiento se hizo cargo de todo ello hace no muchos años. Así como no había agua corriente en las casas las mujeres de entonces hacían sus coladas en diversos lavaderos que se desparramaban por la zona, donde iban con frecuencia al Prau más Altu, donde había una fuente de agua muy caliente; a la fuente del Anal o a la del Argallu; para las coladas en Bezanes estos eran los lugares más apropiados. Tarea atribuida a la mujer era también llevar el


agua hasta casa, donde con un simple trapo en la cabeza llevaban suelto en ella un caldero y uno o dos en cada mano, y aunque como digo eran las mujeres las que iban siempre a por el agua habĂ­a un vecino

llamado RamirĂłn que se lo llevaba a su mujer; ponĂ­a en el hombro una palanca o vara larga y gruesa, dos calderos a cada lado de la misma y llevaba otros dos, uno en cada mano.


Criome mio madre Feliz y contentu. Cuando me dormía Me iba diciendo: Tú has de ser marqués, Conde o caballeru, Y pa mio desgracia, Salí madreñeru. Facía madreñes En mes de enero Y allá les cobraba Dispués del inviernu. Así ye mio vida De madreñeru ¡qué diría mio madre Si volviera a abrir el güeyu! (Águeda Moro y Manolo el de Carrascosu)

No se puede acabar este especie de “dossier” sobre este pueblo de Caso sin detenernos unos instantes en la industria madreñera en la que hubo unas épocas en las cuales Bezanes contaba con unos 50 artesanos que tras elaborarlas las vendían a Manuel Lozano, que tenía una tienda de ultramarinos, donde él las llevaba a Laviana en tren para Santander. También los artesanos se las vendían a otro comerciante del pueblo: Elías, el cual cuando


juntaba un gran número de ellas las vendía a un hombre de León llamado Lobo. Cada semana salían desde Bezanes unos tres mil pares de ellas.. La madreña no tuvo nunca una gran explotación como pueden tener otros calzados, porque parten de la base de que al realizarlos artesanalmente y aun en producción masiva en aquellas épocas no era sino un cal-

zado típico y casi exclusivo de la cornisa cantábrica, de las zonas propiamente dichas como Asturias, Santander y Galicia, fuera de ahí, en otros lugares resulta prácticamente desconocida. Sin embargo como es un producto realizado totalmente en bruto, es decir, que sus materiales son gratuitos a no ser que se les añada el herraje o pintura el oficio de madreñero era una labor que consiguió paliar muchas de las escaseces y necesidades del pueblo de Bezanes.


C urioso era en este pueblo

la ley o norma para los recién casados y que se llamaba “les medies cuadrilles”. ...No se sabe la fecha del testamento, pero al parecer dicen que “dos muyerines” que estaban solteras y no tenían familiares directos a quien pudiesen poner como herederos hicieron un legado a los habitantes de Bezanes. Son 111 parcelas aproximadamente de cien metros cuadrados; estas son las dos partes “buenas” de una zona llamada la Vega y enfrente de los Cobos. Una vez que

existe una boda cada matrimonio tiene derecho a 2 parcelas. La ley aún hoy sigue vigente, y como obligación imponían el tener que echar una misa a “les ánimes”. ...Había leyes y preceptos, así por ejemplo una de las normas existentes era que tenían que estar viviendo en la fecha “clave”, siendo esta el día de San Martín el 11 de noviembre, si ese día no estabas, las perdías. Otra ley era que no se podían pasar a los hijos; en momento que los herederos matrimoniales fallecían, las “medies cuadrilles” se perdían...


C omo por aquellos an-

tiguos tiempos de posguerra el pueblo de Bezanes no era un pueblo aislado, contaron con la visita de la “Cátedra Ambulante”, esto eran las de la Sección Femenina de la Falange, unas “mocitas” que se acercaron hasta el pueblo para ofrecerles según decían la capacidad de mejorar el nivel de vida principalmente a las mujeres campesinas, así el cometido formativo de las de la Cátedra era enseñarles a

cocinar, a coser etc. Además de dar charlas y coloquios, que algunos bezanexos califican de atractivo interés imprescindible y otros como verdaderas “boberías”. Respecto al nivel educacional de la época era muy pésimo, como en todo el resto de los pueblos de Caso. La generación del 35 por ejemplo con ir 4 años a la escuela sobraba, donde con enseñarles a leer y a aplicarles en las reglas básicas como sumar, restar, etc parecía ser más que suficiente.


C uando

en 1478 se otorga concesiones destinadas a la prospección y aprovechamiento de las minas que pudiesen existir en el concejo, otorgando licencias para talar la madera que necesitasen para explotarlas, los más acaudalados pasaban los días escarbando por las zonas para localizar minas de hierro con la finalidad de sacar provecho de las mismas. En Bezanes, a pesar de no quedar la economía tan maltrecha como en otros pueblos casinos, arrasados por completo durante

el periodo de la guerra civil del 36, la mina de Pedrosín ubicada en la falda del río Monasterio parecía augurar grandes cambios sociales para la población, pero tal mina que era de mercurio no tuvo mayor transcendencia sobre la estructura socioeconómica de Bezanes, donde sólo funcionó unos 4 ó 5 años. Ya había sido descubierta por los antiguos dueños de los Caso Cobos, que se pusieron a explotarla pero no pudieron por falta de dinero, puesto que llevar allá la maquinaria costaba muy caro.


N o todo en Caso, en

la antigüedad era pesadumbre. Las fiestas en los pueblos constituían el paréntesis que tenían los campesinos en sus faenas cotidianas. Los únicos momentos de expansión de entonces eran éstas, las romerías, las misas dominicales y una o dos veces al año el mercado de ganado o la feria. San Salvador y San Antonio son los patronos del pueblo. En esos años antiguos la gastronomía en periodos festivos

iba asociada al “derroche”, siendo lo típico el cabrito y como postre comúnmente los brazos de gitana. Un año de fiesta una gran cocinera del pueblo llamada Máxima la de Juan, hizo 52 brazos de gitana, donde a última hora mandaba que le batieran las mozas las claras de los huevos “al punto de nieve” pues ella ya no podía darle más al brazo… La fiesta de San Antonio cae el 13 de junio, antiguamente se hacía el día que caía, pero ahora para que haya más


asistencia de gente suele trasladarse al sábado. La fiesta de San Salvador es el 6 de agosto, y quienes animaban en aquellas épocas el evento era por un lado el músico de Belerda, el popular Milio con la gaita, que amenizaba con ese instrumento las procesiones, mientras que ya en la noche había una orquesta que formaron unos cuantos de Orlé (Angelín, Jesús y Mario), que tocaban respectivamente la batería, la corneta y la gaita. Luego había otro “aficionado” por la zona que se llamaba

Rafaelito, de La Foz, que falleció en Bezanes con un sobrino llamado Natalio. Existen a día de hoy documentos antiguos de Bezanes en los que se cita que allí como instrumentos musicales populares destacaban las panderetas y castañuelas u otros sencillos cachivaches sonoros fabricados todo ello por los artesanos del mismo pueblo, instrumentos estos que acompañaban las tradicionales giraldillas o contradanzas. Cuando tocaba la procesión se paseaban por las


calles a San Antonio y San Salvador donde con ellos va la virgen de la Inmaculada que tiene en Bezanes su historia, pues había una capilla que se llamaba del Pandu y allí estaba tal virgen, más en época de guerra civil fueron un día los milicianos, checas incontroladas que odiaban todo lo eclesiástico donde por tal se dedicaban a destruir templos, catedrales e iglesias y todas aquellas simbologías clericales, dedicándose a desterrar de los altares a los santos, y cuando en

Bezanes pasaron junto a la iglesia cogieron a la virgen, pero al pasar por la casa de una mujer que se llamaba Josefa, al ver ésta que se llevaban a la Inmaculada para destrozarla les ofreció a cambio una gallina para comer, los milicianos aceptaron y le dieron la santa, y así la mujer la libró de una destrucción segura. La ocultó un tiempo en su casa y una vez finalizada la guerra la devolvió a la iglesia. Dicen que antes esta virgen se le llamaba de la Concepción.


C omo elementos básicos

rurales existían en Bezanes los molinos. En tiempos más modernos hubo o hay uno en el Mesón que estuvo durante un tiempo alquilado a dos vecinos, Adela y Manolín. En el pueblo dado que construir un molino completo se reservaba como quien dice para la gente “burgues” siendo un monopolio señorial, ya que requería ser levantado en zonas de agua y disponer de complicados complementos de piedra labrada para las muelas y ejes y ruedas de

madera, y poco de ello estaba al alcance de los bolsillos modestos de la época, se estilaba en el pueblo la maquila, que era una proporción de grano que correspondía al molinero por la molienda. El molino de los Cobos, la casa señorial era el mejor puesto que lo molía más fino que el del Mesón, incluso algunos iban hasta La Foz donde allí estaba el molino de Casiano. Allí en el de los Cobos, Moisés, Ángel el de la Llera, Graciano y Logia de Soto entre otros lo atendían, además de cuidar el ganado, o acondicionar


prados; el sueldo de aquella rondaba las 15 pts. Aparte de los molinos existía en el pueblo una industria artesanal de hierro en la que se fabricaban aperos y enseres y que se fue desmantelando una vez que llegó la carretera y empezaron a traer diversos elementos de hierro que procedían de otros lugares, para lo que hasta entonces era, como quien dice, un comercio local. Manuel el “ferreru” y su hijo Feliz, donde el puente del cruce tenían allí la fragua, donde para

que la sociedad bezanexa funcionase era imprescindible la figura del herrero a la hora de fabricar utensilios o reparar los ya realizados. omo sucede en todos los pueblos Bezanes cuenta con su propia historia, leyendas populares, y sucesos aunque a veces irónicos, totalmente reales… Se comenta que en la Llongar de Ramirón hay una de esas leyendas

C


si hay buena climatología, si el tiempo está bueno, aunque lo esté, si se siega ese prado rompe a llover… Existe también el relato de los perros de Don Bernardo que vivía en un antiguo palacio de la zona. Abundantes en aquellas décadas los lobos por la zona, un vecino se encontraba en aquel momento en el T esu de la Oración y al hombre poco más y lo alcanzan los lobos. Él como pudo consiguió entretenerles tirándoles piedras donde una vez que avistó Bezanes se subió a una cerezal, empezó a silbar

y subieron los perros de Don Bernardo que corriendo tras los lobos consiguieron salvarlo. Pasados dos días los perros regresaron ensangrentados por las carrancas. En Bezanes, con su particular forma de expresarse dicen que “fui del tou verídicu”. Del dueño de los perros se dice que tenía muchas cabras y un cabrito muy guapo que él quería dejar para castrón, así que lo retiró a una “arcona” de madera y allí le iban echando de comer y beber con la finalidad de que al estar protegido del ataque de los lobos


se hiciera grande para poder mejor defenderse de éstos. Pero un día uno de sus criados fue al monte y encontrándose con unas crías de lobo las llevó hasta casa y no se le ocurrió otra cosa más que meterlos en la arcona con el cabrito, y claro, le comieron el cabrito… En Bezanes la época de guerra y posguerra fueron devastadoras para el concejo en general, aunque Bezanes tuvo la suerte de que al contrario que en otros pueblos casinos, los republicanos no quemasen

totalitariamente el pueblo, (sólo se quemaron las casas de la carretera, el Mesón, la fábrica de la luz…) aunque como consecuencia del conflicto también pasaron por diversas dificultades. Dicen los que vivieron y rememoran la posguerra que fue la castaña quien les dio la vida… Cuando estalló la guerra bombardearon mucho la zona; intentaron quemar el puente donde el Monasterio y el de Soto de Caso desde los aviones, para impedir el paso.


Pero no acertaron a los puentes, ese mismo día hubo una masacre terrible en Campo de Caso, donde a esperas del suministro en la plaza fallecieron dos niños de Bezanes, uno de Fonso Coya otro de Adela la de Manolín llamado Sabino. Según los soldados iban avanzando, los bezanexos se refugiaban en las cuevas de la zona, como la Palomita, Ánciu o la Foceya, allí se metían de día, luego de noche dormían en las caserías, porque los aviones bom-

bardeaban durante el día, no en la oscuridad. Los nacionales entraron por la Vega y se apostaron en los Cobos; mas tarde en el cuartel de la guardia civil que estaba situado en una casa por la parte de debajo de la plaza. En el momento en el que habían quemado los pueblos de Tarna, Pendones y la Foz, volando lo que denominan la puente nueva de ese último pueblo, salvo el primero: Tarna que quedó totalmente arrasado, los vecinos de los otros pueblos una


vez que los nacionales se hacían con el “control” de la zona volvieron a residir en sus casas, mas la posguerra para los bezanexos, como para todos, no fue nada fácil. En seguida, unos por rencillas, otros por dinero, los vecinos se acusaban unos a otros, aunque afortunadamente éstos eran los menos, donde iban por las casas en las que sabían que había gente “significao” y los coaccionaban para que les dieran dinero, presionando a las familias, donde algunas de éstas quedaban

arruinadas por no ver por ejemplo, a un hijo morirse… En ese tiempo los montes de Bezanes acogían a algunos fugaos como Manolín el de Llorío, el Tranquilu, de Tanes, y un tal Luís de Bezanes. La guerra trajo al pueblo multitud de avatares, donde los vecinos, como bien pudieron volvieron a componer sus vidas, donde para hacer más llevadera sus vidas haciendo frente a las necesidades surgieron recursos como la dedica-


ción al estraperlo o al contrabando de mercancías, y aunque en el pueblo no había de manera “oficial” gente que estraperlara, había una tal Máxima que había nacido en Redipollos (León) y o bien cuando iba allá o cuando venía al pueblo de Bezanes traía sacados de lentejas, garbanzos, azúcar etc., e iban las mujeres con una taza a ocultas a por lo que fuera. Dicen que por la zona la estraperlista más famosa era de Soto de Caso, y se llamaba Rosaura la de tía Aurora. Como anécdota se cuenta

que en Bezanes tuvieron un cura “atolondrado” de la cabeza que cuando estaba casando a la hija de Rosaura se le olvidaron los papeles y dijo: “desean contraer matrimonio por un parte ese que le llaman lata de Veneros, con la hija de… de… de la contrabandista de Sotu”… En la posguerra, épocas muy duras para el concejo se aprovechaba entonces de todo, de los recursos naturales, como la castaña, que según dicen los salvó de las carencias alimenticias, y de otros recursos como la miel, donde por ejemplo Armando


Caldevilla dicen que las considera como un ganado más de la casa; así como de las matanzas del cerdo que apenas nada se despreciaba y mientras los hombres hacían madreñas las mujeres se ocupaban de las tareas domésticas, funciones éstas como la maternidad atribuidas sólo a ellas, donde para el correcto funcionamiento familiar de las casas bezanexas la mujer siempre ha sido la trabajadora necesaria, en las que asumían las labores de la siembra y el ganado y to-

das las actividades hogareñas, como la elaboración del pan y del queso, el mondongo, la confección del hilo para tejer y las interminables coladas, donde Bezanes tiene un muestrario de los antiguos pilones en los que se hacían esas coladas. Los pilones de Bezanes eran de piedra, bastante profundos, redondos, donde se puede observar uno en la casa de Regina o donde el portal de los de la rectoral. Del pueblo es necesario mencionar a Marino,


un aficionado poeta que de todo y a todo sacaba y dedicaba versos. Falleció en el 2009 con 90 años aunque no lo aparentaba. No tenía hijos, así que estuvo al cuidado de una vecina: Maximina Fernández Vega, mujer por cierto de gran memoria y muy solícita a la hora de atender a los foráneos que reclamen su atención para, sobre todo, los temas culturales. La subsistencia de los bezanexos dependía del monte, de vegas como Pociellu y Brañagallones, Valdebezón, la Fumiosa, Cerreu y

la Ablanosa. Un tal Jesús se fue de minero al pozo de Sotón, luego más adelante Toribio, que es de los más jóvenes, pero curiosamente los demás preferían la madera y el zurrón. Tal vez sin duda porque Bezanes tuvo que soportar diversas carencias, la emigración, que fue un proceso social importante en ese periodo en el que las gentes iban en busca de mejores condiciones de vida se llevó a cabo en el pueblo, donde familias enteras iban a la Argentina, pero desgraciadamente ninguno vino muy rico, tal cual como


los de la Torre o los Simones de Tarna; dicen que en el pueblo hubo quienes traían algo de dinero y tenían por ello más que otros, pero hoy día vienen a estar todos a un mismo nivel económico. En Bezanes primeramente se emigraba a Argentina, luego posteriormente a Europa, a países como Suiza y Bélgica, donde dicen que de allí unos venían “bien” y otros “pelaos”… Relatos extraídos de: La trashumancia, arrieros y carre-

teros en caso ( revista ábaco) ; Arquitectura popular del pueblo de Bezanes (Molinos, casas, fraguas y hórreos) (revista Fusión) .La madreña en Caso (revista alto Nalón). Romances y coplas populares del pueblo de Tarna (del libro Tarna, Memorias). El papel desarrollado por la mujer en la antigua sociedad de Bezanes y Riaño (Diario de León). Documentos y citas testimoniales en la zona de Caso (La voz de Asturias). Y del libro, aún inédito: Bezanes. Memorias.


¿Cómo distinguir?... El rebeco cantábrico tiene un tamaño medio, entre 110 y 130 centímetros de longitud y de 70 a 90 centímetros de altura en la cruz. El rebeco cantábrico (R. pyrenaica parva) es el menor de todos, como indica su denominación subespecífica parva, y su peso habitual varía entre 20 y 25 kg. frente a los 30 o 35 que pesa el rebeco de los pirineos. El pelo es corto, siendo en verano de color pardo rojizo, con vientre y pecho


más oscuro, el pelaje invernal es más oscuro, de color gris o castaño, y más contrastado, presentando en ambos costados dos manchas claras en la parte anterior y posterior del cuerpo. Posee una cola corta que es de color negro en el rebeco de Pirineos y pardo rojiza en el cantábrico. Ambos sexos presentan un par de cuernos no ramificados y retorcidos hacia atrás en forma de gancho, aunque son más gruesos en los machos.


zona

El Otoño

el 20 o 21 de marzo hasta

otoño

es

una

de las cuatro estaciones del año

y una de

las dos de la zona intertropical.

Astronómi-

camente, comienza con el

equinocio

del

hemisferio sur va desde

Estación mágica... El

intertropical

de

otoño

(20 o 21 de marzo en el hemisferio sur y 22 o 23 de septiembre

en el

el

22

o

23

de

septiembre. Sin embargo, a veces es considerado

como

los

meses enteros de marzo, abril y mayo

y en

el hemisferio sur y de septiembre, noviembre

octubre y

y

en el he-

misferio norte.

hemisferio norte), y termina con el solsticio

de

invierno

(alrededor

del

21

de junio en el hemisferio sur

y del

21 de diciembre

en

el hemisferio norte). En

la

zona

inter-

tropical del hemisferio norte comienza desde el 22 o 23 de septiembre hasta el 20 o 21 de marzo. En la

En

ambos

hemisferios,

el otoño es la estación de las cosechas de, por


ejemplo, el maíz y el gi-

caen

ayudadas

por

rasol. En la literatura,

viento que sopla….

el

el otoño, en sentido figurado,

representa

madurez.

Durante

el otoño, las hojas de los árboles caducos cambian y su color

verde

se

vuelve amarillento y amarronado, que

se

hasta

secan

y

la

Oliva Pérez


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