Issuu on Google+

Universidad: El movimiento estudiantil post mayo del 68 Claudio Rama

1

Las luchas estudiantiles de los sesenta en el mundo y en América Latina, más allá de sus causas nacionales y dinámicas ideológicas asociadas a la radicalización de las capas medias y la crisis económica, fueron la luz roja del fin de los viejos modelos universitarios de élite. Aunque en su casi manifiesto preliminar “los muros tienen la palabra”, los reclamos eran anhelos más profundos de libertad que superaban las agendas universitarias, esas luchas finalmente impulsaron un cambio definitivo y radical de las políticas públicas en educación superior y sentaron las bases políticas que derivaron en las transformaciones universitarias. La eclosión del 68 desde Paris a Tlatelolco o desde Berkeley a Uruguay -cuyo mártir por ironía de la historia se llamaba Liber Arcefueron el cenit de aquel movimiento estudiantil ya de antaño, y también el inicio de su desaparición. Terminó el tiempo histórico de las élites de estudiantes de tiempo completo dominadas por varones, blancos, urbanos e hijos de las clases acomodadas. La radiografía del epifenómeno nació en el propio París en la cuna del movimiento estudiantil de Mayo del 68 en la Universidad de la Sorbonne: allí luego de las revueltas, y de la caída de De Gaulle, la Universidad fue dividida en varias universidades públicas, iniciando la diferenciación institucional de la educación superior y abriendo puertas de acceso para nuevos sectores sociales. En América Latina los gritos estudiantiles no fueron tan nihilistas y la propuesta fue más política al promover una Universidad Revolucionaria y cambiar el libro por el fusil. En la región se establecieron los mecanismos de selección de los accesos, la creación de nuevas universidades públicas con menos autonomía, la expansión del sector privado y la irrupción de los institutos no universitarios. En Venezuela, la Ley de Universidades de 1971 fue la clara y limpia expresión de lo que pasó en toda la región con sus propias especificidades. 1968, visto desde hoy, y reducido el enfoque a lo propiamente universitario, funcionó como el detonante de esos cambios, que fueron también la puerta de la democratización de la educación superior al permitir la diferenciación institucional que terminó el monopolio de algunas universidades y abrió las puertas a la educación superior a nuevos estudiantes de sectores antes excluidos.

1

Ex Director de UNESCO/IESALC

1


En ese pasaje nacieron nuevos movimientos y sectores que fragmentaron el movimiento estudiantil en varias expresiones: el de estudiantes trabajadores mayoritariamente nocturnos y dedicados a acumular capital humano; el de los tradicionales estudiantes de las universidades públicas de élites; y también el de los sin cupo que quedaron fuera del acceso. En los inicios de este siglo han aparecido nuevas configuraciones que han complejizado nuevamente al estudiantado: los estudiantes de postgrado (hoy son casi la misma cantidad en América Latina de los estudiantes que había en 1968), los estudiantes a distancia (el doble de los estudiantes totales de 1968), los estudiantes extranjeros (la cuarta parte del total de los estudiantes del 68). Los estudiantes han dejado de ser un sector de elites, y expresan una significativa diferenciación social, geográfica y de género, que dificulta hablar de un único movimiento estudiantil, sino de muchos movimientos estudiantiles que varían por su condición social, étnica, cultural o religiosa, por el tipo de institución, nivel o modalidad en el cual se forman, por la localización geográfica de sus instituciones de educación superior o inclusive por sus culturas organizacionales. Tienen distintos recorridos, interés y demandas, y muchas veces son contradictorias y hasta irreconciliables sus propuestas. Sin embargo, la sociedad sigue viendo la nueva realidad estudiantil con el cartabón de 1968 que marcó las mentes y las ideas que quedaron atrapadas allí. Pero la historia no se detiene y aquellas luchas de los sesenta, lo que más hicieron fue impulsar la dinámica universitaria por nuevos derroteros nunca soñados ni deseados seguramente por aquellos que tirábamos piedras y quemábamos cauchos hace casi 38 años.

2


el_movimiento_estudiantil_post_mayo_68